Jürgen habermas ciencia y técnica como ideología

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  • 1. CEME - Centro de Estudios Miguel Enrquez - Archivo Chile

2. Ciencia y tcnica como ideologa Jrgen Habermas Traducido por Manuel Jimnez Redondo En: Ciencia y tcnica como ideologa. Tecnos, Madrid, 1986 Ttulo original: Wissenschaft und Technik als Ideologie, 1968 La paginacin se corresponde con la edicin impresa. CEME - Centro de Estudios Miguel Enrquez - Archivo Chile 3. CIENCIA Y TCNICA COMO IDEOLOGA* A Herbert Marcuse con ocasin de cumplir su sep- tuagsimo aniversario el 19VII1968. Max Weber introduce el concepto de racionalidad para definir la forma de la actividad econmica ca- pitalista, del trfico social regido por el derecho pri- vado burgus, y de la dominacin burocrtica. Ra- cionalizacin significa en primer lugar la ampliacin de los mbitos sociales que quedan sometidos a los criterios de la decisin racional. Paralelamente a esto corre, en segundo lugar, la industrializacin del tra- bajo social, con la consecuencia de que los criterios de la accin instrumental penetran tambin en otros mbitos de la vida (urbanizacin de las formas de exis- tencia, tecnificacin del trfico social y de la comunica- cin). En los dos casos se trata de la implantacin del tipo de accin que es la racional con respecto a fines: en el segundo caso esa implantacin afecta a la orga- nizacin de los medios, y en el primero a la eleccin entre posibles alternativas. Finalmente, la planificacin puede ser concebida como una modalidad de orden superior de la accin racional con respecto a fines: tiende a la instauracin, mejora o ampliacin de los sistemas de accin racional mismos. La progresiva * Publicado con anterioridad, ligeramente abreviado, en Merkur, nm. 243, julio 1968, pp. 591610, y nm. 244, agosto 1968, pp. 682 693. 53 Versin castellana de Manuel Jimnez Redondo. CEME - Centro de Estudios Miguel Enrquez - Archivo Chile 4. racionalizacin de la sociedad depende de la insti- tucionalizacin del progreso cientfico y tcnico. En la medida en que la ciencia y la tcnica penetran en los mbitos institucionales de la sociedad, transformando de este modo a las instituciones mismas, empiezan a desmoronarse las viejas legitimaciones. La seculariza- cin y el desencantamiento de las cosmovisiones, con la prdida que ello implica de su capacidad de orientar la accin, y de la tradicin cultural en su conjunto, son la otra cara de la creciente raciona- lidad de la accin social. I 54 Herbert Marcuse toma como punto de partida este anlisis weberiano para demostrar que el concepto de racionalidad formal, que Max Weber extrae tanto de la accin racional del empresario capitalista y del obrero industrial como de la de la persona jurdica abstracta y del funcionario moderno, y que asocia tanto con criterios de la ciencia como de la tcnica, tiene implicaciones que son de contenido. Marcuse est convencido de que en lo que Max Weber llamaba racionalizacin, no se implanta la racionalidad en tanto que tal, sino que en nombre de la raciona- lidad lo que se impone es una determinada forma de oculto dominio poltico. Como la racionalidad de este tipo slo se refiere a la correcta eleccin entre estra- tegias, a la adecuada utilizacin de tecnologas y a la pertinente instauracin de sistemas (en situaciones dadas para fines dados), lo que en realidad hace es sustraer la trama social global de intereses en la que se eligen estrategias, se utilizan tecnologas y se instau- ran sistemas a una reflexin y reconstruccin racio- CEME - Centro de Estudios Miguel Enrquez - Archivo Chile 5. nales. Aparte de eso, esa racionalidad slo se refiere a las situaciones de empleo posible de la tcnica y exige por ello un tipo de accin que implica dominio, ya sea sobre la naturaleza o sobre la sociedad. La accin racional con respecto a fines es, por su estruc- tura misma, ejercicio de controles. Por eso, la racio- nalizacin de la vida segn criterios de esta raciona- lidad viene a significar la institucionalizacin de un dominio que se hace ya irreconocible como dominio poltico: la razn tcnica de un sistema social de accin racional con respecto a fines no se desprende de su contenido poltico. En su crtica a Max Weber, Marcuse llega a la siguiente conclusin: El concepto de razn tcnica es quiz l mismo ideologa. No slo su aplicacin sino que ya la tcnica misma es dominio sobre la naturaleza y sobre los hombres: un dominio metdico, cientfico, calculado y calcu- lante. No es que determinados fines e intereses de dominio slo se advengan a la tcnica a posteriori y desde fuera, sino que entran ya en la construccin del mismo aparato tcnico. La tcnica es en cada caso un proyecto histricosocial; en l se proyecta lo que una sociedad y los intereses en ella dominantes tienen el propsito de hacer con los hombres y con las cosas. Un tal propsito de dominio es material, y en este sen- tido pertenece a la forma misma de la razn tcnical. Ya en 1956, en un contexto muy distinto, Marcuse haba llamado la atencin sobre el peculiar fenmeno de que en las sociedades capitalistas industriales avan- zadas el dominio tiende a perder su carcter explotador y opresor y a tornarse racional, sin que por ello desa- parezca el dominio poltico: el dominio est ahora condicionado por la capacidad y el inters en mantener 1 Industrialisierung und Kapitalismus im Werk Max Weber, en Kultur und Gesellschaft. II, Frankfurt a. M., 1965. 55 CEME - Centro de Estudios Miguel Enrquez - Archivo Chile 6. el aparato en su conjunto y ampliarlo2. La raciona- lidad del dominio se mide por el mantenimiento de un sistema que puede permitirse convertir en funda- mento de su legitimacin el incremento de las fuerzas productivas que comporta el progreso cientficotc- nico, si bien, por otra parte, el estado de las fuerzas productivas representa precisamente tambin el poten- cial, medidas en el cual, las renuncias y cargas im- puestas a los individuos aparecen como cada vez ms innecesarias e irracionales3. Marcuse cree poder reco- nocer la represin objetivamente superflua en la intensificacin del sometimiento de los individuos al inmenso aparato de produccin y distribucin, en la desprivatizacin del tiempo libre, en la casi irresoluble fusin de trabajo social productivo y destructivo. Pero, paradjicamente, esta represin puede desapa- recer de la conciencia de la poblacin, ya que la le- gitimacin del dominio ha adquirido un carcter dis- tinto: ahora apela a la creciente productividad y creciente dominacin de la naturaleza, que tambin proporcionan a los individuos una vida ms con- fortable. El aumento de las fuerzas productivas instituciona- lizado por el progreso cientfico y tcnico rompe todas las proporciones histricas. Y de ah extrae el marco institucional sus nuevas oportunidades de legitima- cin. La idea de que las relaciones de produccin pudieran encontrar su instancia crtica en el potencial de las fuerzas productivas desarrolladas queda cer- cenada por el hecho de que las relaciones de produc- cin existentes se presentan como la forma de organi- zacin tcnicamente necesaria de una sociedad racio- 2 Trieblehre und Freiheit, en Freud in dir Gegenwart, Frankf. Beit. z. Soz., vol. VI. 1957. 3 Ibd., p. 403. 56 CEME - Centro de Estudios Miguel Enrquez - Archivo Chile 7. nalizada. La racionalidad en el sentido de Max Weber muestra aqu su doble rostro: ya no es slo la, instancia crtica del estado de las fuerzas producti- vas, ante el que pudiera quedar desenmascarada la represin objetivamente superflua propia de formas de produccin histricamente caducas, sino que es al mis- mo tiempo un criterio apologtico en el que esas mis- mas relaciones de produccin pueden ser tambin jus- tificadas como un marco institucional funcionalmente necesario. A medida que aumenta su fecundidad apo- logtica, la racionalidad queda neutralizada como instrumento de la crtica y rebajada a mero correc- tivo dentro del sistema; lo nico que todava puede decirse es, en el mejor de los casos, que la sociedad est mal programada. En la etapa del desarrollo cientfico y tcnico, las fuerzas productivas parecen entrar, pues, en una nueva constelacin con las rela- dones de produccin: ya no operan en favor de la ilustracin como fundamento de la crtica de las legi- timaciones vigentes, sino que se convierten en las mismas en base de la legitimacin. Y esto es lo que Marcuse considera histricamente nuevo. Pero si esto es as, no habr entonces que entender la racionalidad materializada en los sistemas de accin racional con respecto a fines como una racionalidad especficamente restringida?, esa racionalidad de la ciencia y de la tcnica no contendr ya en su seno, en lugar de reducirse, como pretende, a las reglas de la lgica y de la accin controlada por el xito, un apriori material surgido histricamente y por eso tam- bin superable histricamente? Marcuse responde con la afirmativa: Los principios de la ciencia moderna estaban estructurados a priori de forma que podan servir como instrumentos conceptuales para un uni- verso de controles productivos que se ejercen auto- 57 CEME - Centro de Estudios Miguel Enrquez - Archivo Chile 8. mticamente. El operacionalismo terico vino al cabo a corresponderse con el prctico. El mtodo cientfico, que conduca a una dominacin cada vez ms eficiente de la naturaleza, proporcion despus tambin tanto los conceptos puros como los instrumentos para una dominacin cada vez ms efectiva del hombre sobre el hombre a travs de la dominacin de la naturaleza... Hoy la dominacin se perpeta y ampla no slo por medio de la tecnologa, sino como tecnologa; y sta proporciona la gran legitimacin a un poder poltico expansivo que engulle todos los mbitos de la cultura. En este universo la tecnologa proporciona tambin la gran racionalizacin de la falta de libertad del hom- bre y demuestra la imposibilidad tcnica de la reali- zacin de la autonoma, de la capacidad de decisin sobre la propia vida. Pues esta ausencia de libertad no aparece ni como irracional ni como poltica, sino ms bien, como sometimiento a un aparato tcnico que hace ms cmoda la vida y eleva la productividad del trabajo. La racionalidad tecnolgica, en lugar de eliminarlo, respalda de ese modo la legalidad del do- minio; y el horizonte instrumentalista de la razn se abre a una sociedad totalitaria de base racional4. La racionalizacin de Max Weber no es solamente un proceso a largo plazo de mutacin de las estruc- turas sociales, sino a la vez racionalizacin en el sentido de Freud: el verdadero motivo, el manteni- miento del dominio objetivamente caduco, queda ocul- to por la invocacin de imperativos tcnicos. Esta apelacin a imperativos tcnicos slo es posible por- que la racionalidad de la ciencia y de la tcnica ya es por su propia esencia una racionalidad del disponer, una racionalidad del dominio. 4 El hombre unidimens onal [1964J. Joaqun Mortiz, Mxicoi 1968. pp. 177 y ss. 58 CEME - Centro de Estudios Miguel Enrquez - Archivo Chile 9. Esta idea de que la racionalidad de la ciencia es una formacin histrica la debe Marcuse tanto al estudio de Husserl sobre la crisis de las ciencias euro- peas como a la destruccin que Heidegger lleva a cabo de la metafsica occidental. Y en un contexto mate- rialista, tambin Bloch ha desarrollado la idea de que la racionalidad de la ciencia, desfigurada en trminos capitalistas, arranca tambin a la tcnica la inocencia de una simple fuerza productiva. Pero slo Marcuse convierte el contenido poltico de la razn tcnica en punto de partida analtico para una teora de la so- ciedad del capitalismo tardo. Y dado que a ese punto de vista no slo quiere desarrollarlo filosficamente, sino que tambin trata de probar su alcance para el anlisis sociolgico, bien podemos servirnos de l para poner de manifiesto las dificultades de esta concepcin. Y en este sentido voy a limitarme a apuntar una duda que ya aparece en el propio Marcuse. II 59 Si el fenmeno al que Marcuse liga su anlisis de la sociedad, a saber; el fenmeno de esa peculiar fusin de tcnica y dominio, de racionalidad y opresin, no pudiera interpretarse de otro modo que suponiendo que en el apriori material de la ciencia y de la tcnica se encierra un proyecto del mundo determinado por intereses de clase y por la situacin histrica, slo un proyecto, como gusta de decir Marcuse recurriendo al Sartre fenomenolgico; si eso es as, entonces no cabra pensar en una emancipacin sin una revolucin previa de la ciencia y la tcnica mismas: En algunos pasajes Marcuse casi no resiste la tentacin de enlazar esta idea de una nueva ciencia con la promesa, familiar CEME - Centro de Estudios Miguel Enrquez - Archivo Chile 10. en la mstica juda y protestante, de una resurreccin de la naturaleza cada: promesa que, como es sabido, penetra a travs del pietismo suave en la filosofa de Schelling (y de Baader), reaparece en los manuscritos de economa y filosofa de Marx, constituye hoy la idea central de la filosofa de Bloch y, de forma re- flexiva, alimenta tambin las esperanzas ms secretas de Benjamin, Horkheimer y Adorno. Y as tambin Marcuse: Lo que quiero demostrar es que la ciencia, en virtud de su propio mtodo y sus conceptos, ha proyectado y fomentado un universo en el que la do- minacin de la naturaleza queda vinculada con la do- minacin de los hombres, lazo que amenaza con ex- tenderse como un destino fatal sobre ese universo en su totalidad. La naturaleza, comprendida y domeada por la ciencia, vuelve a aparecer de nuevo en el aparato de produccin y de destruccin, que mantiene la vida de los individuos, y la mejora, y los somete a la vez a los amos del aparato. As, la jerarqua ra- cional se fusiona con la social. Y en esta situacin, un cambio en la direccin del progreso, con capacidad para torcer ese fatal destino, tendra que influir tam- bin en la estructura de la ciencia misma, en el pro- yecto de la ciencia. Sin perder su carcter racional, sus hiptesis se desarrollaran en un contexto expe- riencial esencialmente distinto (en el de un mundo pa- cificado); a consecuencia de lo cual, la ciencia llegara a unos conceptos sobre la naturaleza esencialmente distintos y constatara hechos esencialmente distintos.5. Muy consecuentemente, Marcuse no solamente est pensando en un tipo distinto de construcciones te- ricas en la ciencia, sino tambin en una metodologa esencialmente distinta. El marco trascendental en el 60 5 Ibd., pp. 185 y s. CEME - Centro de Estudios Miguel Enrquez - Archivo Chile 11. que la naturaleza se convertira en objeto de una nueva experiencia, no sera el crculo funcional de la accin instrumental, sino que el punto de vista de la posible disposicin tcnica quedara sustituido por el de un carioso cuidado que liberara y desatara los potenciales de la naturaleza: existen dos formas de dominio: uno represivo y otro liberador6. A todo esto hay que replicar que la ciencia moderna slo podra ser concebida como un proyecto histricamen- te restringido si por lo menos fuera pensable un pro- yecto alternativo; adems, la definicin de una nueva ciencia alternativa tendra que comportar la definicin de una nueva tcnica. Pero basta esta simple consi- deracin para desanimarnos, ya que la tcnica, si en general pudiera ser reducida a un proyecto histrico, tendra evidentemente que tratarse de un proyecto de la especie humana en su conjunto y no de un proyecto histricamente superable. Arnold Gehlen ha llamado la atencin, y a mi juicio de forma concluyente, sobre el hecho de que existe una conexin inmanente entre la tcnica que conoce- mos y la estructura de la accin racional con respecto a fines. Si al crculo funcional de la accin controlada por el xito lo entendemos como una asociacin de decisin racional y de accin instrumental, entonces cabe reconstruir la historia de la tcnica desde el punto de vista de una objetivacin de la accin ra- cional con respecto a fines. En cualquiera de los ca- sos la evolucin de la tcnica se ajusta al modelo interpretativo siguiente: el hombre habra proyectado uno a uno a nivel de los medios tcnicos los com- ponentes elementales del crculo funcional de la ac- cin racional con respecto a fines, que inicialmente 61 6 Ibd., p. 253. CEME - Centro de Estudios Miguel Enrquez - Archivo Chile 12. radican en el organismo humano, descargndose de esta forma de las funciones correspondientes7. Primero son reforzadas y sustituidas las funciones del apara- to locomotor (manos y piernas); despus, la produc- cin de energa (por parte del cuerpo humano); des- pus, las funciones del aparato de los sentidos (ojos, odos y piel) y, finalmente, las funciones del centro de control (del cerebro). Si se tiene, pues, presente que la evolucin de la tcnica obedece a una lgica que responde a la estructura de la accin racional con respecto a fines controlada por el xito lo que quiere decir.: que responde a la estructura del trabajo, entonces no se ve cmo podramos renunciar a la tcnica, es de- cir, a nuestra tcnica, sustituyndola por una cualita- tivamente distinta, mientras no cambie la organiza- cin de la naturaleza humana y mientras hayamos de mantener nuestra vida por medio del trabajo social y valindonos de los medios que sustituyen al trabajo. En lo que Marcuse est pensando es en una actitud alternativa frente a la naturaleza, pero de ah no cabe deducir la idea de una nueva tcnica. En lugar de tratar a la naturaleza como objeto de una disposicin posible, se la podra considerar como el interlocutor en una posible interaccin. En vez de a la naturaleza explotada cabe buscar a la naturaleza fraternal. A nivel de una intersubjetividad todava imperfecta podemos suponer subjetividad a los animales, a las plantas e 7 Esta ley enuncia un acontecer intratcnico, un decurso que en su conjunto no ha sido querido por el hombre, sino que, por as decirlo, esta ley se impone a espaldas de ste o instintivamente a lo largo de toda la historia de la cultura humana. Adems, segn esta ley, no puede haber ningn desarrollo de la tcnica por encima de la automatizacin ms completa posible, pues no podra especi- ficarse ningn mbito ms de la actividad funcional humana que pudiera ser objetivado (A. Gehlen, Anthropologische Ansicht der Technik, en Techn k im technischen Zeitalter, 1965).i 62 CEME - Centro de Estudios Miguel Enrquez - Archivo Chile 13. incluso a las piedras, y comunicar con la naturaleza, en lugar de limitarnos a trabajarla cortando la comu- nicacin. Y un particular atractivo, para decir lo me- nos que puede decirse, es el que conserva la idea de que la subjetividad de la naturaleza, todava enca- denada, no podr ser liberada hasta que la comu- nicacin de los hombres entre s no se vea libre de dominio. Slo cuando los hombres comunicaran sin coacciones y cada uno pudiera reconocerse en el otro, podra la especie humana reconocer a la naturaleza como un sujeto y no slo, como quera el idealismo alemn, reconocerla como lo otro de s, sino recono- cerse en ella como en otro sujeto. Sea como fuere, las realizaciones de la tcnica, que como tales son irrenunciables, no podran ser sustitui- das por una naturaleza que despertara como sujeto. La alternativa a la tcnica existente, el proyecto de una naturaleza como interlocutor en lugar de como objeto, hace referencia a una estructura alternativa de la accin: a la estructura de la interaccin simblica- mente mediada, que es muy distinta de la de la accin racional con respecto a fines. Pero esto quiere decir que esos dos proyectos son proyecciones del trabajo y del lenguaje y por tanto proyectos de la especie humana en su totalidad y no de una determinada poca, de una determinada clase o de una situacin superable. Pero si no es admisible la idea de una nueva tcnica, Tampoco puede pensarse consecuentemente la idea de una nueva ciencia, ya que en nuestro contexto, a la ciencia, la ciencia moderna, se la ha de considerar como una ciencia obligada a mantener la actitud de una posible disposicin tcnica: lo mismo que en el caso del progreso cientficotcnico, tampoco para la fun- cin de la ciencia es posible encontrar un sustituto que fuera ms humano. 63 CEME - Centro de Estudios Miguel Enrquez - Archivo Chile 14. El mismo Marcuse parece dudar de que tenga sen- tido relativizar la racionalidad de la ciencia y de la tcnica reducindolas a un proyecto. En muchos pasajes del Onedimensional Man, la revolucin sigue significando slo un cambio del marco institucional, que no tocara a las fuerzas productivas en tanto que tales. Se mantendra, pues, la estructura del progreso cientficotcnico; lo nico que cambiara seran los valores rectores. Los nuevos valores seran traducidos a tareas solucionables tcnicamente; lo nuevo sera la direccin de ese progreso, pero el criterio mismo de racionalidad no sufrira cambios: A fuerza de univer- so de medios, la tcnica puede tanto debilitar como aumentar el poder del hombre. En la etapa actual el hombre es quiz ms importante que nunca frente a su propio aparato8. Esta afirmacin restablece la inocencia poltica de las fuerzas productivas. Lo nico que aqu hace Mar- cuse es reiterar la definicin clsica de las relaciones entre fuerzas productivas y relaciones de produccin. Pero con ello no acierta en el blanco de la conste- lacin a la que apunta, como tampoco lo acierta con la afirmacin de que las fuerzas productivas estuvieran polticamente corrompidas de parte a parte. La pecu- liar racionalidad de la ciencia y de la tcnica que caracteriza, por una parte, un creciente potencial de fuerzas productivas excedentes que sigue constituyen- do como siempre una amenaza para el marco insti- tucional, y que por otra parte, proporciona tambin el criterio con que se legitiman las restrictivas rela- ciones de produccin la disonancia, digo, de esta racionalidad no puede representarse adecuadamente ni recurriendo a la historizacin, ni volviendo a la 64 8 El hombre unidimensional, loc. cit.. p. 252. CEME - Centro de Estudios Miguel Enrquez - Archivo Chile 15. concepcin ortodoxa, ni apelando al modelo del peca- do original, ni tampoco partiendo del modelo de la inocencia del progreso cientfico y tcnico. La formu- lacin ms cuidada del estado de cosas que sin duda alguna hay que examinar, me parece la siguiente: El apriori tecnolgico es un apriori poltico en la medida en que la transformacin de la naturaleza tiene como consecuencia la del hombre y en que las creaciones del hombre surgen de una totalidad social y vuelven a ella. Y sin embargo, cabe insistir en que la ma- quinaria del universo tecnolgico es como tal indi- ferente frente a los fines polticos puede servir de acelerador o de freno a una sociedad. Una calculado- ra electrnica puede servir lo mismo a un rgimen socialista que a un rgimen capitalista; un ciclotrn puede ser un buen instrumento, lo mismo para una guerra que para un partido pacifista... Pero si la tcnica se convierte en la forma global de produccin ma- terial, define entonces a toda una cultura; y proyecta una totalidad histrica un mundo9. La dificultad que este nfasis que pone Marcuse en el contenido poltico de la razn tcnica no hace otra cosa que encubrir es la de determinar de forma categorialmente precisa qu es lo que quiere decir que la forma racional de la ciencia y de la tcnica, es de- cir, que la racionalidad materializada en los sistemas de accin racional con respecto a fines acaba cons- tituyendo una forma de vida, una totalidad histrica de un mundo de la vida. Con el concepto de raciona- lizacin de la sociedad Max Weber se haba referido a este mismo proceso y haba tratado de explicarlo. A mi entender, ni Max Weber ni Herbert Marcuse lo han conseguido de manera satisfactoria. Por eso 65 9 Ibd., pp. 173 y s. CEME - Centro de Estudios Miguel Enrquez - Archivo Chile 16. voy a intentar reformular el concepto de racionaliza- cin de Max Weber en un marco de referencia distinto, para discutir despus sobre esa base tanto la crtica que Marcuse hace a Weber como su tesis de la doble funcin del progreso tcnico y cientfico (como fuerza productiva e ideologa). Me limito a proponer un es- quema de interpretacin, que ciertamente puede ser introducido en un ensayo, pero del que no puedo pre- tender seriamente probar su alcance en el marco de este ensayo. De ah que las generalizaciones histricas no tengan otra funcin que la de ejemplos ilustrativos del esquema; no pretenden sustituir a la interpreta- cin misma. III 66 Con el concepto de racionalizacin Max Weber intenta aprehender las repercusiones que el progreso cientficotcnico tiene sobre el marco institucional de las sociedades que se encuentran en un proceso de modernizacin. Weber comparte este inters con toda la vieja sociologa: todas las clasificaciones bi- polares desarrolladas en esta disciplina giran en torno al mismo problema: el problema de reconstruir con- ceptualmente el cambio institucional que viene induci- do por la ampliacin de los subsistemas de accin racional con respecto a fines. Status y contrato, co- munidad y sociedad, solidaridad mecnica y solida- ridad orgnica, grupos informales y grupos formales, relaciones primarias y relaciones secundarias, cultura y civilizacin, dominacin tradicional y dominacin burocrtica, asociaciones sacras y asociaciones secu- lares, sociedad militar y sociedad industrial, estamento y clase, etc.: todos estos pares de conceptos repre- CEME - Centro de Estudios Miguel Enrquez - Archivo Chile 17. sentan otras tantas tentativas de aprehender el cambio de estructura del marco institucional de una sociedad adicional en su trnsito a una moderna. Incluso el catlogo de Parsons de posibles alternativas de orien- taciones de la accin ha de ser incluido entre estas tentativas, aunque Parsons pretenda lo contrario. Parsons pretende, en efecto, que su lista constituye una representacin sistemtica de las decisiones entre orientaciones de valor alternativas que el sujeto tiene que tomar en cualquier accin, con independencia del contexto cultural o histrico particular. Pero si se mira con atencin la lista, es difcil no darse cuenta de la dimensin histrica del planteamiento que le subyace. Los cuatro pares de orientaciones alternativas de va- lores: affectivity versus affective neutrality particularism versus universalism ascription versus achievement diffuseness versu specifici ys t que agotaran todas las decisiones fundamentales po- sibles, estn cortadas a la medida de un proceso histrico. Definen, en efecto, dimensiones relevantes del cambio de actitudes dominantes, en el paso de una sociedad tradicional a una moderna. Pues de hecho en los subsistemas de accin racional con respecto a fines las orientaciones que se exigen son la confor- midad con el aplazamiento de las gratificaciones, la organizacin del comportamiento segn normas gene- rales, una motivacin centrada en el rendimiento in- dividual y en la dominacin activa y, finalmente, la atencin a relaciones especficas y analticas, ms bien que las orientaciones contrarias. 67 CEME - Centro de Estudios Miguel Enrquez - Archivo Chile 18. Para reformular lo que Max Weber llama raciona- lizacin, voy a tratar de ir ms all del enfoque subjetivo que Parsons comparte con Weber, y propo- ner un marco categorial distinto. Voy a partir de la distincin entre trabajo e interaccin, que considero fundamental10. Por trabajo o accin racional con respecto a fines entiendo o bien la accin instrumental o bien la elec- cin racional, o una combinacin de ambas. La accin instrumental se orienta por reglas tcnicas que descan- san sobre el saber emprico. Esas reglas implican en cada caso pronsticos sobre sucesos observables, ya sean fsicos o sociales; estos pronsticos pueden resul- tar verdaderos o falsos. El comportamiento de la elec- cin racional se orienta de acuerdo con estrategias que descansan en un saber analtico. Implican deducciones de reglas de preferencias (sistemas de valores) y mxi- mas generales; estos enunciados pueden estar bien de- ducidos o mal deducidos. La accin racional con res- pecto a fines realiza fines definidos bajo condiciones dadas. Pero mientras la accin instrumental orga- niza medios que resultan adecuados o inadecuados segn criterios de un control eficiente de la realidad, la accin estratgica solamente depende de la valo- racin correcta de las alternativas de comportamien- to posible, que slo puede obtenerse por medio de una deduccin hecha con el auxilio de valores y mximas. Por accin comunicativa entiendo una interaccin simblicamente mediada. Se orienta de acuerdo con normas intersubjetivamente vigentes que definen ex- 10 Sobre las races de estos conceptos en la historia de la filosofa cfr. mi aportacin al homenaje a K. Lowich. Trabajo e interaccin. Notas sobre la filosofa hegeliana del periodo de Jena, en este volumen, pp. 11 y ss. 68 CEME - Centro de Estudios Miguel Enrquez - Archivo Chile 19. pectativas recprocas de comportamiento y que tienen que ser entendidas y reconocidas, por lo menos por dos sujetos agentes. Las normas sociales vienen urgidas por sanciones. Su sentido se objetiva en la comunica- cin lingstica cotidiana. Mientras que la validez de las reglas tcnicas y de las estrategias depende de la validez de enunciados empricamente verdaderos o analticamente correctos, la validez de las normas sociales slo se funda en la intersubjetividad del acuerdo sobre intenciones y slo viene asegurada por el reconocimiento general de obligaciones. La viola- cin de las reglas tiene consecuencias que son dis- tintas en cada uno de los casos. El comportamiento incompetente que viola reglas tcnicas o estrategias cuya correccin est acreditada, est condenado al fracaso al no poder conseguir lo que pretende. El cas- tigo viene inscrito, por as decirlo, en el fracaso mismo frente a la realidad. Un comportamiento des- viado, que viola las normas vigentes, provoca san- ciones que slo estn vinculadas a la regla de forma externa, esto es, por convencin. El aprendizaje de las reglas de la accin racional con respecto a fines nos provee de la disciplina que representan las habi- lidades, la internalizacin de normas de comporta- miento nos dota de la disciplina que representan las estructuras de la personalidad. Las habilidades nos capacitan para resolver problemas y las motivaciones nos permiten practicar la conformidad con las normas. En el diagrama que sigue se recogen estas determi- naciones; sera menester una explicacin ms detalla- da, que no podemos dar en este lugar. Empezamos por no tener en cuenta el contenido de la fila ltima; precisamente esa fila ltima recuerda las tareas por mor de cuya solucin introduzco la distincin entre trabajo e interaccin. 69 CEME - Centro de Estudios Miguel Enrquez - Archivo Chile 20. Marco institucio- nal: interaccin simblicamente mediada. Sistemas de accin racional con res- pecto a fines (ins- trumental y es- tratgica). Reglas orientado- ras de la accin normas sociales reglas tcnicas Niveles de defini- cin lenguaje ordinario intersubjetiva- mente comparti- do lenguaje libre de contexto Tipo de definicin expectativas rec- procas de com- portamiento pronsticos condi- cionados: impe- rativos condicio- nados Mecanismos de adquisicin internalizacin de roles aprendizaje de haT bilidades y cua- lificaciones Funcin del tipo de accin mantenimiento de instituciones (conformidad con las normas por medio del reforzamiento recproco) solucin de pro- blemas (conse- cucin de fines definida en rela- ciones finmedio) Sanciones cuando se viola una re- gia castigo basado en sanciones con- vencionales (fra- caso frente a la autoridad) ineficacia: fracaso ante la realidad Racionalizacin emancipacin, in- dividuacin; ex- tensin de la co- municacin libre de dominio aumento de las fuerzas produc- tivas; extensin del poder de dis- posicin tcnica 70 CEME - Centro de Estudios Miguel Enrquez - Archivo Chile 21. Valindonos de estos dos tipos de accin podemos distinguir a los sistemas sociales segn predomine en ellos la accin racional con respecto a fines o la inte- raccin. El marco institucional de una sociedad se compone de normas que dirigen las interacciones lin- gsticamente mediadas. Pero existen subsistemas, co- mo son el sistema econmico o el aparato estatal, para seguir con los ejemplos de Max Weber, en los que lo que fundamentalmente queda institucionalizado son acciones racionales con respecto a fines. En el lado opuesto, tenemos subsistemas, como son la familia o el parentesco, que ciertamente estn asociados con una gran cantidad de tareas y habilidades, pero que fun- damentalmente descansan en reglas morales de inte- raccin. Por eso, a nivel analtico, quiero distinguir entre 1) el marco institucional de una sociedad o de un mundo sociocultural de la vida, y 2) los subsis- temas de accin racional con respecto a fines que estn insertos en ese marco. En la medida en que las ac- ciones estn determinadas por el marco institucional vienen a la vez dirigidas y exigidas por expectativas de comportamiento, objeto de sancin, que se entrela- zan unas con otras. En la medida en que vienen de- terminadas por los subsistemas de accin racional con respecto a fines responden a los modelos de accin instrumental o estratgica. Pero la garanta de que se atengan con cierta probabilidad a reglas tcnicas y a estrategias esperadas slo puede venir asegurada por medio de la institucionalizacin. Estas distinciones nos permiten reformular el concepto we- beriano de racionalizacin. 71 CEME - Centro de Estudios Miguel Enrquez - Archivo Chile 22. IV La expresin sociedad tradicional se ha hecho usual a la hora de referirse a los sistemas sociales que responden a los criterios de las culturas superiores (civilizations). Estas representan una determinada eta- pa en la evolucin histrica de la especie humana. Se distinguen de formas sociales ms primitivas: 1) por la existencia de un poder central (organizacin estatal del dominio frente a la organizacin por parentesco); 2) por la divisin de la sociedad en clases socioeco- nmicas (distribucin de las cargas y compensaciones sociales entre los individuos segn su pertenencia a las distintas clases y no segn las relaciones de paren- tesco); 3) por el hecho de que est en vigor algn tipo de cosmovisin central (mito, religin superior) que cumple la funcin de una legitimacin eficaz del dominio. Las culturas superiores estn asentadas sobre la base de una tcnica relativamente desarrollada y de una organizacin del proceso de produccin social, basada en la divisin del trabajo, que hace posible la obtencin de un excedente por encima de la satisfac- cin de las necesidades inmediatas y elementales. Y deben precisamente su existencia a la solucin del problema que slo se plantea con la produccin de un excedente: es decir, el de la distribucin de forma desigual, y sin embargo legtima, de la riqueza y del trabajo segn criterios distintos que los que ofrece el sistema de parentesco ll. En nuestro contexto resulta relevante la circuns- tancia de que las culturas superiores, sobre la base de una economa dependiente de la agricultura y de la artesana, pese a considerables diferencias de una a 11 Cfr. sobre esto G. E. Lenski, Power und Privilegs. A Theory of Social Stratification. New York, 1966. 72 CEME - Centro de Estudios Miguel Enrquez - Archivo Chile 23. otras, slo han tolerado dentro de determinados l- mites las innovaciones tcnicas y las mejoras organi- zativas. Como indicador de los lmites a que tradicio- nalmente ha estado sometido el desarrollo de las fuerzas productivas, baste referirse al hecho de que hasta hace unos 300 aos ningn gran sistema social logr producir ms que el equivalente de, a lo sumo, 200 dlares per cpita y ao. El modelo estable de una forma de produccin precapitalista, de una tcnica preindustrial y de una ciencia premoderna hace posible una relacin tpica del marco institucional con los subsistemas de accin racional con respecto a fines: estos subsistemas, que se desarrollan a partir del sistema del trabajo social y del stock de saber tcnica- mente utilizable acumulado en l, no han alcanzado nunca, pese a sus considerables progresos, ese punto a partir del cual su racionalidad hubiera podido con- vertirse en una amenaza abierta para la autoridad de las tradiciones culturales legitimadoras del dominio. La expresin sociedad tradicional hace referencia a la circunstancia de que el marco institucional reposa sobre el fundamento legitimatorio incuestionado que representan las interpretaciones mticas, religiosas o metafsicas de la realidad en su conjunto tanto del cosmos como de la sociedad. Las sociedades tra- dicionales slo pueden subsistir mientras la evolucin de los subsistemas de la accin racional con respecto a fines se mantiene dentro de los lmites de la eficacia legitimadora de las tradiciones culturales.12. Esto da lugar a una superioridad del marco institucional, superioridad que ciertamente no excluye reestructura- ciones inducidas por un potencial excedente de las fuerzas productivas, pero que s excluye la disolucin 73 12 Cfr. P. L Berger. The Sacred Canopy. New York. 1967. CEME - Centro de Estudios Miguel Enrquez - Archivo Chile 24. crtica de la forma tradicional de legitimacin. Esta inatacabilidad representa un buen criterio de demar- cacin de las sociedades tradicionales frente a las que han cruzado el umbral de la modernizacin. Este criterio de superioridad resulta, por tanto, aplicable a todos los estadios de una sociedad de clases estatalmente organizada, que se caracterice por el hecho que la validez cultural de las tradiciones intersubjetivamente compartidas (que legitiman la vi- gente organizacin del poder) no es puesta explcita y seriamente en cuestin segn los criterios de una racionalidad universalmente vlida ya sea la de las relaciones instrumentales o la de las relaciones estra- tgicas. Slo despus que el sistema de produccin capitalista dota al sistema econmico de un mecanis- mo regular, que asegura un crecimiento de la produc- tividad no exento ciertamente de crisis, pero s con- tinuo a largo plazo, queda institucionalizada la intro- duccin de nuevas tecnologas y de nuevas estrategias, es decir, queda institucionalizada la innovacin en cuanto tal. Como han propuesto tanto Marx como Schumpeter, cada uno a su manera, la forma de produccin capitalista puede ser entendida como un mecanismo que garantiza una extensin permanente de los subsistemas de accin racional con respecto a fines y que, con ello, socava la superioridad tra- dicional del marco institucional frente a las fuerzas productivas. El capitalismo es en la historia univer- sal la primera forma de produccin que ha institucio- nalizado un crecimiento econmico autorregulado: ha dado lugar al industrialismo, que despus, pudo ser desligado del marco institucional del capitalismo y asentado sobre mecanismos distintos que los de la revalorizacin del capital en trminos de economa privada. 74 CEME - Centro de Estudios Miguel Enrquez - Archivo Chile 25. El umbral que existe entre una sociedad tradicional y una sociedad que ha entrado en un proceso de modernizacin no viene caracterizado por el hecho de que bajo la presin de fuerzas productivas relativa- mente desarrolladas venga impuesto un cambio es- tructural del marco institucional. Este ha sido el me- canismo de la evolucin histrica de la especie desde el principio. La novedad estriba ms bien en un estado evolutivo de las fuerzas productivas que convierte en permanente tal expansin de los subsistemas de accin racional con respecto a fines y que, de esta forma, pone en cuestin la forma que las culturas superiores tienen de legitimar el dominio por medio de interpretaciones cosmolgicas del mundo. Estas cosmovisiones de ca- rcter mtico, religioso o metafsico obedecen a la lgica de los contextos de interaccin. Proporcionan una respuesta a los problemas centrales del hombre relativos a la convivencia social y al destino individual. Sus temas son la justicia y la libertad, el poder y la opresin, la felicidad y la satisfaccin, la miseria y la muerte. Sus categoras son la victoria y la derrota, el amor y el odio, la redencin y la condenacin. Su lgica se ajusta a la gramtica de una comunicacin distorsionada y a la causalidad del destino que ejercen los smbolos escindidos y los motivos reprimidos13. Ahora bien, la racionalidad comunicativa de los juegos lingsticos se ve confrontada en el umbral del mundo moderno con una racionalidad de las relaciones fin medio que va ligada a la accin instrumental y estra- tgica. En cuanto esta confrontacin se produce, asis- timos al principio del fin de la sociedad tradicional: la forma de la legitimacin del dominio empieza a resultar insuficiente. 75 13 Cfr. sobre esto mi estudio: Conocimiento e inters, Taurus, Madrid 1983. CEME - Centro de Estudios Miguel Enrquez - Archivo Chile 26. El capitalismo viene definido por una forma de produccin que no slo plantea, sino que tambin resuelve este problema. Ofrece una legitimacin del dominio, que ya no es menester hacer bajar del cielo de la tradicin cultural, sino que puede ser buscada en la base que representa el trabajo social mismo. La institucin del mercado, en el que los propietarios privados intercambian mercancas, que incluye al mer- cado en el que personas privadas que carecen de propiedad intercambian como nica mercanca su fuerza de trabajo, promete la justicia de la equiva- lencia en las relaciones de intercambio. Con la cate- gora de la reciprocidad, tambin esta ideologa bur- guesa sigue convirtiendo todava en base de la legiti- macin a un aspecto de la accin comunicativa. Pero el principio de reciprocidad es ahora principio de or- ganizacin del proceso de produccin y reproduccin social mismo. De ah que el dominio poltico pueda en adelante ser legitimado desde abajo en vez de desde arriba (invocando la tradicin cultural). 76 Si partimos de que la divisin de una sociedad en clases socioeconmicas descansa en una especfica distribucin entre los distintos grupos, de las fuerzas de produccin que resultan relevantes en cada caso, remontndose a su vez esta distribucin a la institu- cionalizacin de relaciones de poder social, entonces podemos partir del supuesto de que este marco insti- tucional se ha identificado en todas las culturas su- periores con el sistema de poder o dominio poltico: la dominacin tradicional era dominacin poltica. Slo con la forma de produccin capitalista, puede la legitimacin del marco institucional quedar ligada de forma inmediata con el sistema del trabajo social. Pues slo entonces puede el orden de propiedad tro- carse de una relacin poltica en una relacin de pro- CEME - Centro de Estudios Miguel Enrquez - Archivo Chile 27. duccin, ya que para legitimarse puede apelar ahora a la racionalidad del mercado, a la ideologa del justo intercambio, y no ya a un orden de dominacin legtimo. El sistema de dominio puede ahora a su vez quedar justificado apelando a las relaciones legtimas de produccin. Este es el peculiar contenido del de- recho natural racional desde Locke hasta Kant14. El orden de la sociedad es slo mediatamente poltico, e inmediatamente econmico (el Estado burgus de de- recho como superestructura). La superioridad de la forma de produccin capi- talista estriba en las dos cosas siguientes: en la instau- racin de un mecanismo econmico que garantiza a largo plazo la ampliacin de los subsistemas de accin racional con respecto a fines y en la creacin de una legitimacin econmica bajo la que el sistema de do- minacin puede adaptarse a las nuevas exigencias de racionalidad que comporta el progreso de esos subsis- temas. Es ese proceso de adaptacin lo que Max Weber entiende como racionalizacin. En este proceso de adaptacin podemos distinguir dos tendencias, una racionalizacin desde abajo y una racionalizacin desde arriba. Desde abajo se hace sentir una permanente presin a la adaptacin tan pronto como, con la institucio- nalizacin de las relaciones territoriales de intercambio de bienes y de fuerza de trabajo por un lado y de la empresa capitalista por el otro, se impone la nueva forma de produccin. En el sistema del trabajo social queda asegurado el progreso acumulativo de las fuer- 14 Cfr. Leo Strauss, Naturrecht und Geschichte. 1953; C. B. Mac- Pherson, The Political Theory of Possessive Individualismus. O.U.P, 1962; J. Habermas, Die klassische Lehre von Politik in ihrem Verhltnis zur Sozialphilosophie, en Theorie und Praxis.2, Neuwied, 1967. 77 CEME - Centro de Estudios Miguel Enrquez - Archivo Chile 28. zas productivas y, con ello, una expansin horizontal de los subsistemas de accin racional con respecto a fines, aunque ciertamente no sin pagar el precio de las crisis econmicas. Por este medio, las formas tradi- cionales se ven cada vez ms sometidas a las condi- ciones de la accin instrumental o de la racionalidad estratgica: la organizacin del trabajo y del trfico econmico, la red de transportes, de noticias y de co- municacin, las instituciones del derecho privado, y partiendo de la administracin, las instituciones del derecho privado, y partiendo de la administracin* de las finanzas, la burocracia estatal. Surge as la infraestructura de una sociedad bajo la coaccin a la modernizacin. Esta infraestructura se apodera poco a poco de todos los mbitos de la vida: de la defensa, del sistema escolar, de la sanidad e incluso de la fa- milia, e impone, lo mismo en la ciudad que en el campo una urbanizacin de la forma de vida, esto es, subculturas que ensean al individuo a poder pasar en cualquier momento de un contexto de interaccin a la actitud que comporta la accin racional con respecto a fines. Paralela a la presin a la racionalizacin ejercida desde abajo corre una coaccin a la racionalizacin desde arriba, pues las tradiciones que legitiman el dominio y orientan la accin, especialmente las inter- pretaciones cosmolgicas del mundo, se ven despro- vistas de su carcter vinculante al imponerse los nue- vos criterios de la accin racional con respecto a fines. Lo que Max Weber llamaba secularizacin tiene, a este nivel de generalizacin, tres aspectos. Las im- genes del mundo y las objetivaciones tradicionales 1) pierden su poder y su vigencia como mito, como religin pblica, como rito tradicional, como metaf- sica legitimante, como tradicin incuestionada. En * Sic. Se trata de un error en la edicin impresa [N. de E. digital.] 78 CEME - Centro de Estudios Miguel Enrquez - Archivo Chile 29. lugar de eso 2) quedan transformadas en convicciones y ticas subjetivas, que aseguran el carcter vinculante, en trminos privados, de las modernas orientaciones de valor (tica protestante), y 3) son reestructuradas en construcciones que proporcionan las dos cosas si- guientes: una crtica de la tradicin y una reorgani- zacin del material de la tradicin as liberado, de acuerdo con los principios del trfico jurdico formal y del intercambio de equivalentes (derecho natural ra- cional). Las legitimaciones resquebrajadas son sus- tituidas por otras nuevas, que, por ua parte, nacen de la crtica a la dogmtica de las interpretaciones tradicionales del mundo y pretenden por tanto tener un carcter cientfico, y que, por otra, mantienen fun- ciones legitimatorias, poniendo as a las relaciones de poder existentes a resguardo tanto del anlisis como de la conciencia pblica. Slo as surgen las ideologas en sentido estricto: sustituyen a las legitimaciones tra- dicionales del dominio al presentarse con la preten- sin de ciencia moderna y justificarse a partir de la crtica a las ideologas. Las ideologas son coetneas de la crtica ideolgica. En este sentido no puede haber ideologas preburguesas. La ciencia moderna asume en este contexto una funcin peculiar. A diferencia de las ciencias filosficas de viejo cuo, las ciencias experimentales modernas vienen desarrollndose desde los das de Galileo en un marco metodolgico de referencia que refleja el punto de vista trascendental de la posible disposicin tc- nica. Las ciencias modernas generan por ello un saber, que por su forma (no por su intencin subjetiva) es un saber tcnicamente utilizable, si bien, en general, las oportunidades de aplicacin slo se dieron posterior- mente. Hasta fines del siglo XIX no se registra una interdependencia de ciencia y tcnica. Hasta entonces 79 CEME - Centro de Estudios Miguel Enrquez - Archivo Chile 30. la ciencia moderna no contribuy a la aceleracin del desarrollo tcnico y, por tanto, tampoco a la pre- sin racionalizadora que se ejerce desde abajo. Su aportacin al proceso de modernizacin es ms bien indirecta. La fsica moderna es objeto de una lectura filosfica, que interpreta a la naturaleza y a la sociedad en complementariedad con las ciencias naturales; la fsica moderna indujo, por as decirlo, la imagen me- canicista del mundo del siglo XVII. En este marco se emprendi la reconstruccin del derecho natural cl- sico. Este derecho natural moderno fue el fundamento de las revoluciones burguesas de los siglos XVII, XVIII y XIX, por medio de las cuales las viejas legitimaciones del poder fueron definitivamente destruidas15. V Para mediados del siglo XIX la forma de produccin capitalista se haba impuesto en Inglaterra y en Francia hasta el punto de que Marx poda reconocer el marco institucional de la sociedad en las relaciones de pro- duccin y al mismo tiempo poda criticar el funda- mento legitimatorio que representaba el intercambio de equivalentes; Marx llev a cabo la crtica de la ideologa burguesa en forma de economa poltica.: su teora del valortrabajo destruy la apariencia de la libertad con la que la institucin jurdica del libre contrato de trabajo haba hecho irreconocible la vio- lencia social subyacente a la relacin de trabajo asalariado. Lo que Marcuse critica a Max Weber es que ste, sin prestar atencin a la idea de Marx, se atiene a un concepto abstracto de racionalizacin 15 Cfr. J. Habermas, Naturrecht und Revolution, en Theorie und Praxis 2, Neuwied, 1967. 80 CEME - Centro de Estudios Miguel Enrquez - Archivo Chile 31. que no desvela sino que vuelve a ocultar una vez ms lo especfico que hay de clase en esa adaptacin del marco institucional al progreso de los subsistemas de accin racional con respecto a fines. Marcuse sabe que el anlisis marxiano no puede aplicarse ya sin ms a la sociedad del capitalismo tardo, que es la que Max Weber tena ya a la vista. Pero utilizando como ejemplo el anlisis de Max Weber lo que quiere es mostrar que la evolucin de la sociedad moderna en el marco de un capitalismo regulado por el Estado no puede ser comprendida adecuadamente si antes no ha sido trado a concepto el capitalismo liberal. Desde el ltimo cuarto del siglo XIX se hacen notar en los pases capitalistas avanzados dos tendencias evolutivas: 1) un incremento de la actividad interven- cionista del Estado, tendente a asegurar la estabilidad del sistema, y 2) una creciente interdependencia de investigacin y tcnica, que convierte a las ciencias en la primera fuerza productiva. Ambas tendencias des- truyen esa constelacin de marco institucional y sub- sistemas de accin racional con respecto a fines que caracteriza al capitalismo de tipo liberal. Ya no se cumplen determinadas condiciones para la aplicacin de la economa poltica en la versin que Marx le haba dado, no sin razn, al centrar su anlisis en el capitalismo liberal. A mi juicio, la tesis fundamental de Marcuse de que la ciencia y la tcnica cumplen tambin hoy funciones de legitimacin del dominio nos proporciona la clave para analizar esa nueva cons- telacin. La regulacin a largo plazo del proceso econmico por la intervencin del Estado se produce como una reaccin frente a las amenazas que representan para el sistema las disfuncionalidades del proceso econ- mico capitalista cuando queda abandonado a s mis- 81 CEME - Centro de Estudios Miguel Enrquez - Archivo Chile 32. mo, cuya evolucin efectiva estaba manifiestamente en contradiccin con su propia idea de una sociedad civil que se emancipa del dominio y neutraliza el poder. La ideologa bsica del intercambio justo que Marx haba desenmascarado tericamente, se hundi tambin en la prctica. La forma de revalorizacin del capital en trminos de economa privada slo pudo mantenerse gracias a los correctivos estatales que su- puso una poltica social y econmica estabilizador del ciclo econmico. El marco institucional de la sociedad se repolitiz. Hoy ya no coincide de forma inmediata con las relaciones de produccin, es decir, con un orden de derecho privado que asegura el trfico econmico capitalista y con las correspondien- tes garantas generales de orden del Estado burgus. Pero con eso se ha transformado la relacin del sistema econmico con el sistema de dominio. La poltica ya no es solamente un fenmeno superestruc- tural. Y si la sociedad ya no es autnoma, es decir, ya no se mantiene, autorregulndose, como una esfera que precede y subyace al Estado que era lo espe- cficamente nuevo del modo de produccin capita- lista, entonces el Estado y la sociedad ya no se encuentran en la relacin que la teora de Marx haba definido como una relacin entre base y superestruc- tura. Y si esto es as, tampoco es posible desarrollar ya una teora crtica de la sociedad en la forma exclu- siva de una crtica de la economa poltica. Pues un tipo de anlisis, que asla metdicamente las leyes del movimiento econmico de la sociedad, slo puede pre- tender captar en sus categoras esenciales el contexto de la vida social cuando la poltica depende de la base econmica y no al revs, cuando a esa base hay que considerarla ya como funcin de la actividad del Estado y de conflictos que se dirimen en la esfera de 82 CEME - Centro de Estudios Miguel Enrquez - Archivo Chile 33. lo poltico. La crtica de la economa poltica era, segn Marx, teora de la sociedad burguesa slo como cr- tica de las ideologas. Pero cuando la ideologa del justo intercambio se desmorona, entonces tampoco el sistema de dominio puede ser ya criticado de forma inmediata en las relaciones de produccin. 83 Despus del desmoronamiento de esa ideologa, el dominio poltico requiere una nueva legitimacin. Ahora bien, como el poder ejercido indirectamente a travs del proceso de intercambio es controlado a su vez por medio de un dominio preestatalmente organizado y estatalmente institucionalizado, la legi- timacin no puede ser deducida ya de un orden apo- ltico como son las relaciones de produccin. En este sentido vuelve a registrarse esa coaccin a la legiti- macin directa que caracterizaba a las sociedades pre- capitalistas. Pero por otra parte el restablecimiento de un dominio inmediatamente poltico (en la forma tra- dicional de una legitimacin basada en la tradicin cultural) es algo que ya no resulta posible. Pues por un lado, esas tradiciones han quedado ya disueltas, y, por otro, en las sociedades capitalistas avanzadas los re- sultados de las luchas de emancipacin burguesas con- tra el dominio poltico inmediato (los derechos funda- mentales del hombre y el mecanismo de las elecciones generales) slo podran ser ignorados por completo en perodos de reaccin. Es decir, que la dominacin en trminos de democracia formal, propia de los sistemas del capitalismo regulado por el Estado, se ve ante una necesidad de legitimacin, que ya no puede ser resuelta recurriendo a la forma de las legitimaciones prebur- guesas. De ah que la ideologa del libre cambio quede reemplazada por un programa sustitutorio que se centra en las consecuencias sociales no de la institucin del mercado, sino de una actividad estatal que compensa CEME - Centro de Estudios Miguel Enrquez - Archivo Chile 34. las disfunciones del libre intercambio. Ese programa vincula el momento de la ideologa burguesa del ren- dimiento individual (no sin que la atribucin de status segn el rendimiento individual queda desplazada del mercado al sistema escolar) con la garanta de un mnimo de bienestar, de la estabilidad en el puesto de trabajo y de la estabilidad de los ingresos. Este pro- grama sustitutorio obliga al sistema de dominio a man- tener las condiciones de estabilidad de un sistema global que garantiza la seguridad social y las opor- tunidades de promocin personal y a prevenir los riesgos del crecimiento. Esto exige un espacio de ma- nipulacin para intervenciones del Estado que al pre- cio ciertamente del recorte de las instituciones del derecho privado, aseguran, sin embargo, la forma pri- vada de la revalorizacin del capital y vinculan a esta forma el asentimiento de la masa de la poblacin. 84 En la medida en que la actividad estatal se endereza a la estabilidad y crecimiento del sistema econmico, la poltica adopta un peculiar carcter negativo.: el objetivo de la poltica es la prevencin de las disfun- cionalidades y la evitacin de riesgos que pudieran amenazar al sistema, es decir, la poltica no se orienta a la realizacin de fines prcticos, sino a la resolucin de cuestiones tcnicas. Sobre esto ha llamado la aten- cin Claus Offe en su comunicacin al congreso na- cional de sociologa celebrado este ao en Francfort: En esta estructura de las relaciones entre economa y Estado, la poltica degenera en una actividad que se atiene a los numerosos imperativos de evitacin que vuelven a plantearse una y otra vez; en esta situa- cin la masa de informacin proveniente de las dis- tintas ciencias sociales que desemboca en el sistema poltico permite tanto prever con tiempo cules pueden ser las zonas de riesgo como el tratamiento de las CEME - Centro de Estudios Miguel Enrquez - Archivo Chile 35. amenazas actuales. Lo nuevo en esta estructura es... que los riesgos que amenazan la estabilidad, implcitos en el mecanismo de la revalorizacin privada del ca- pital en mercados altamente organizados, pero riesgos en definitiva manipulables, delinean y predefinen el tipo de acciones preventivas que van a ser aceptadas mientras puedan ser puestas en consonancia con la oferta de legitimacin existente (esto es, con el pro- grama sustitutorio)16. Offe se da cuenta de que, en virtud de esta orienta- cin a la accin preventiva, la actividad estatal se res- tringe a tareastcnicas resolubles administrativamen- te, de forma que las cuestiones prcticas quedan fuera. Los contenidos prcticos quedan eliminados. La vieja po- ltica, aunque slo fuera por la forma que tena la legiti- macin del dominio, se vea obligada a definirse en relacin con fines prcticos: las interpretaciones de la vida feliz se referan a relaciones de interaccin, cosa que puede afirmarse todava de la ideologa de la sociedad civil. Por el contrario, el programa sustitu- torio hoy dominante se endereza slo al funciona- miento de un sistema regulado. Excluye las cuestiones prcticas y con ello la discusin sobre criterios que slo podran ser materia de una formacin democr- tica de la voluntad poltica. La solucin de tareas tcnicas no est referida a la discusin pblica, ya que lo nico que sta hara sera problematizar las con- diciones marginales del sistema dentro de las cuales las tareas de la actividad estatal se presentan como tcnicas. La nueva poltica del intervencionismo estatal exige por eso una despolitizacin de la masa de la poblacin. Y en la medida en que quedan excluidas las 85 16 C. Offe, Zur Klassentheorie und Herrschaftsstruktur im staatlich regulierten Kapitalismus (manuscrito). CEME - Centro de Estudios Miguel Enrquez - Archivo Chile 36. cuestiones prcticas, queda tambin sin funciones la opinin pblica poltica. En cualquier caso, el marco institucional de la sociedad sigue siendo todava algo que no se identifica con los subsistemas de accin racional con respecto a fines. Su organizacin sigue siendo una cuestin de la prctica ligada a la comu- nicacin, y no solamente un problema tcnico, aunque la tcnica sea de cuo cientfico. De ah que la suspen- sin de las cuestiones prcticas que lleva aneja la nueva forma de dominacin poltica sea algo que no resulta comprensible sin ms. El programa sustitutorio legiti- mador del dominio deja sin cubrir una decisiva ne- cesidad de legitimacin: Cmo hacer plausible la des- politizacin de las masas a estas mismas masas? Marcuse podra responder: en este punto la ciencia y la tcnica adoptan tambin el papel de una ideologa. VI Desde fines del siglo XIX se impone cada vez con ms fuerza la otra tendencia evolutiva que caracteriza al capitalismo tardo: la de la cientifizacin de la tcnica. Siempre se ha registrado en el capitalismo una presin institucional a elevar la productividad del tra- bajo por medio de la introduccin de nuevas tcnicas. Pero las innovaciones dependan de inventos espor- dicos, que, por su parte, podan ciertamente estar inducidos econmicamente, pero que no tenan un carcter organizado. Pero esto ha variado en la me- dida en que el progreso cientfico y el progreso tcnico han quedado asociados y se alimentan mutuamente. Con la investigacin industrial a gran escala, la ciencia, la tcnica y la revalorizacin del capital confluyen en 86 CEME - Centro de Estudios Miguel Enrquez - Archivo Chile 37. un nico sistema. Mientras tanto esa investigacin industrial ha quedado asociada adems con la investi- gacin nacida de los encargos del Estado, que fomen- tan ante todo el progreso tcnico y cientfico en el mbito de la produccin de armamentos; y de ah fluyen informaciones a los mbitos de la produccin civil de bienes. De este modo, la ciencia y la tcnica se convierten en la primera fuerza productiva, y con ello, caen las condiciones de aplicacin de la teora del valor trabajo de Marx. Pues ya no tiene sentido com- putar las aportaciones al capital debidas a las inver- siones en investigacin y desarrollo, sobre la base del valor de la fuerza de trabajo no cualificada (simple) si, como es el caso, el progreso tcnico y cientfico se ha convertido en una fuente independiente de plusvala frente a la fuente de plusvala que es la nica que Marx toma en consideracin: la fuerza de trabajo de los productores inmediatos tiene cada vez menos im- portancia17. Mientras las fuerzas productivas dependan de ma- nera intuitiva y evidente de las decisiones racionales y de la accin instrumental de los hombres que pro- ducan en sociedad, podan ser entendidas como un potencial de creciente disposicin tcnica, pero no po- dan ser confundidas con el marco institucional en el que estaban insertas. Sin embargo, con el progreso tcnico y cientfico el potencial de las fuerzas pro- ductivas ha adoptado una forma que hace que en la misma conciencia de los hombres el dualismo de trabajo y de interaccin pase a un segundo plano. Ciertamente que lo mismo antes que ahora son los intereses sociales los que determinan la direccin, las funciones y la velocidad del progreso tcnico. Pero 87 17 E. Lbl, Geistige Arbeitdie wahre Quelle des Reichtums. 1968. CEME - Centro de Estudios Miguel Enrquez - Archivo Chile 38. estos intereses definen al sistema social tan como un todo, que vienen a coincidir con el inters por el mantenimiento del sistema. La forma privada de la revalorizacin del capital y la clave de distribucin de las compensaciones sociales que aseguran el asen- timiento de la poblacin, permanecen como tales sus- tradas a la discusin. Como variable independiente aparece entonces un progreso cuasiautnomo de la ciencia y de la tcnica, del que de hecho depende la otra variable ms importante del sistema, es decir, el pro- greso econmico. El resultado es una perspectiva en la que la evolucin del sistema social parece estar de- terminada por la lgica del progreso cientfico y tc- nico. La legalidad inmanente de este progreso es la que parece producir las coacciones materiales concre- tas a las que ha de ajustarse una poltica orientada a satisfacer necesidades funcionales. Y cuando esta apariencia se ha impuesto con eficacia, entonces el recurso propagandstico al papel de la ciencia y de la tcnica puede explicar y legitimar por qu en las so- ciedades modernas ha perdido sus funciones una for- macin democrtica de la voluntad poltica en rela- cin con las cuestiones prcticas y puede ser sustituida por decisiones plebiscitarias relativas a los equipos alternativos de administradores. A nivel cientfico, esta tesis de la tecnocracia ha recibido distintas ver- siones18. Pero a mi entender, es mucho ms impor- tante el que esa tesis haya podido penetrar como ideologa de fondo en la conciencia de la masa despo- litizada de la poblacin y desarrollan su fuerza legiti- 88 18 Cfr. H. Scheisky, Dar Mensch in der technischen Zivilisation, 1961; J. Ellul, The Technologie al Society. New York. 1964, y A. Gehlen, ber kulturelle Kristallisationen, en Studien zur Anthro- pologie. 1963; del mismo, ber kulturelle Evolution, en Die Philosophie und die Frage nach dem Fortschritt. 1964. CEME - Centro de Estudios Miguel Enrquez - Archivo Chile 39. matoria19. El rendimiento peculiar de esta ideologa consiste en que disocia la autocomprensin de la socie- dad del sistema de referencia de la accin comunicativa y de los conceptos de la interaccin simblicamente mediada y los sustituye por un modelo cientfico. En la misma medida, la autocomprensin culturalmente determinada de un mundo social de la vida queda sustituida por la autocosificacin de los hombres bajo las categoras de la accin racional con respecto a fines y del comportamiento adaptativo. El modelo conforme al cual habra de llevarse a cabo una reconstruccin planificada de la sociedad est tomado de la investigacin de sistemas. En principio es posible entender a empresas y a organizaciones particulares y tambin a subsistemas polticos y eco- nmicos y a sistemas sociales en su conjunto segn el modelo de sistemas autorregulados. Ciertamente que es muy distinta que el marco de referencia ciberntico se emplee con fines analticos o que, ajustndonos a este modelo, tratemos de organizar un sistema social dado como sistema hombremquina. Pero esta trans- ferencia del modelo analtico al nivel de la organiza- cin social est ya contenida en el planteamiento mis- mo de la investigacin de sistemas. Y de atenernos a esta intencin de una estabilizacin de los sistemas sociales anloga a la estabilizacin que representa la programacin instintual, resulta la peculiar perspec- tiva de que la estructura de uno de los dos tipos de accin, es decir, la estructura del circulo funcional de la accin racional con respecto a fines, no solamente man- tiene un predominio frente al marco institucional, sino 89 19 No existen, que yo sepa, investigaciones empricas que se refieran especficamente a la difusin de esta ideologa de fondo. Nos vemos pues obligados a hacer extrapolaciones a partir de otros resultados de las encuestas. CEME - Centro de Estudios Miguel Enrquez - Archivo Chile 40. que va absorbiendo poco a poco a la accin comu- nicativa en tanto que tal. Y si con Arnold Gehlen consideramos que la lgica inmanente de la evolucin tcnica estriba en que el circulo funcional de la accin racional con respecto a fines queda disociado pro- gresivamente del sustrato del organismo humano y queda proyectado al nivel de las mquinas, entonces esa intencin que alimenta la tecnocracia puede ser considerada como la ltima etapa de esa evolucin. Si se consigue simular a nivel de los sistemas sociales a la estructura de la accin racional con respecto a fines, el hombre no slo podra ya, en tanto que homo faber, objetivarse ntegramente a s mismo por primera vez y enfrentarse a sus propios productos autonomizados, sino que tambin podra quedar integrado a su propio aparato tcnico como homo fabricatus. El marco insti- tucional, que hasta ahora se haba sustentado en otro tipo de accin, quedara a su vez, segn esta idea, absorbido en los subsistemas de accin racional con respecto a fines que estn insertos en l. 90 Ciertamente que esta intencin tecnocrtica no est realizada en ninguna parte ni tan siquiera en sus pasos iniciales, pero por un fado sirve como ideologa para una poltica dirigida a la resolucin de tareas tcnicas que pone entre parntesis las cuestiones prcticas y, por otra, responde en cualquier caso a ciertas tendencias evolutivas que pueden llevar a una lenta erosin de lo que hemos llamado marco institucional. El dominio manifiesto de un Estado autoritario se ve reemplazado por las coacciones manipulativas de una administra- cin tcnicooperativa. La implantacin moral de un orden sancionado, y con ello de la accin comunica- tiva, que se orienta de conformidad con un sentido articulado lingsticamente y que presupone la interio- rizacin de normas, se ve disuelta, cada vez con ms CEME - Centro de Estudios Miguel Enrquez - Archivo Chile 41. amplitud, por formas de comportamiento condiciona- do, mientras que las grandes organizaciones como tales se presentan cada vez ms con la estructura de la accin racional con respecto a fines. Las sociedades industria- les avanzadas parecen aproximarse a un tipo de control del comportamiento dirigido ms bien por estmulos externos que por normas. La reaccin indirecta por estmulos condicionados ha aumentado sobre todo en los mbitos de aparente libertad subjetiva (compor- tamiento electoral, consumo y tiempo libre). La signa- tura psicosocial de la poca se caracteriza menos por la personalidad autoritaria que por la desestructuracin del superego. Pero este incremento del comportamiento adaptativo es slo el reverso de la continua erosin de la esfera de la interaccin mediada lingsticamente, bajo la presin de la estructura de la accin racional con respecto a fines. A esto responde, subjetivamente, que la diferencia entre accin racional con respecto a fines e interaccin no solamente desaparezca de la conciencia de las ciencias del hombre, sino tambin de la conciencia de los hombres mismos. La fuerza ideolgica de la conciencia tecnocrtica queda de- mostrada precisamente en el encubrimiento que pro- duce de esa diferencia. VII Como consecuencia de las dos tendencias evolutivas dichas, la sociedad capitalista ha cambiado de tal forma que dos de las categoras claves del pensa- miento de Marx, a saber, la de lucha de clases y la de ideologa ya no pueden ser aplicadas sin ms. 91 La lucha de clases sociales slo pudo constituirse como tal sobre la base de la forma de produccin CEME - Centro de Estudios Miguel Enrquez - Archivo Chile 42. 92 capitalista, dando lugar con ello a una situacin objetiva, desde la que, en una visin retrospectiva, poda ser reconocida la estructura de clases de la so- ciedad tradicional, organizada de forma inmediata en trminos polticos. El capitalismo regulado por el Es- tado, que surge como una reaccin a las amenazas que representaba para el sistema el antagonismo abierto de las clases, acalla ese conflicto de clases. El sistema del capitalismo tardo est hasta tal punto determinado por una poltica de compensaciones que asegura la lealtad de las masas dependientes del trabajo, lo que significa, por una poltica de evitacin del conflicto, que es precisamente ese conflicto, que sigue inscrito en la estructura misma de la sociedad con la revalorizacin del capital en trminos de economa privada, el que con ms probabilidad va a quedar en estado de latencia. Decrece frente a otros conflictos, que cierta- mente estn asimismo determinados por la forma de produccin, pero que no pueden adoptar ya la forma de conflictos de clase. En la comunicacin menciona- da, Claus Offe se refiere a la paradjica situacin consistente en que los conflictos en torno a intereses sociales se desatan con tanta mayor probabilidad cuanto menores son las consecuencias que en trminos de amenazas al sistema tiene la violacin de esos intereses. Fuentes potenciales de conflicto son las ne- cesidades que quedan en la periferia del mbito de la accin estatal, ya que estn alejadas del conflicto cen- tral al que se mantiene en estado latente, y por eso no se les da prioridad en los procedimientos de pre- vencin de riesgos. Esas necesidades dan lugar a con- flictos en la medida que la distribucin no equilibrada de las intervenciones del Estado genera mbitos retra- sados en lo que al desarrollo se refiere, con las con- siguientes tensiones que nacen de las disparidades CEME - Centro de Estudios Miguel Enrquez - Archivo Chile 43. as creadas: La disparidad en el desarrollo de los distintos mbitos de la vida se hace visible sobre todo cuando se compara el nivel institucionalizado de hecho con el nivel posible de desarrollo tcnico y social: la desproporcin entre los modernsimos aparatos de produccin y de defensa y el estancamiento en la organizacin de los sistemas de intercambio, sanidad y educacin es un conocido ejemplo tanto de la dis- paridad en los distintos mbitos de la vida como de la contradiccin entre la planificacin y regulacin racionales de la poltica fiscal y financiera y la evo- lucin salvaje de ciudades y regiones. A estas contra- dicciones no se las puede interpretar ya adecua- damente como antagonismos entre clases, pero s como resultados del proceso de revaluacin privada del capital, dominante lo mismo antes que ahora y de una relacin de clases especficamente capitalista: los intereses predominantes son aquellos que, sin ser loca- lizables de una manera unvoca, si que estn en si- tuacin, en virtud de la mecnica establecida de la economa capitalista, de reaccionar a la violacin de las condiciones de estabilidad con la generacin de riesgos relevantes. Los intereses tendentes ahora al mantenimiento de la forma de produccin ya no son unvocamente lo- calizables dentro del sistema como intereses de clase. Pues precisamente un sistema de dominacin que se endereza a la evitacin de los peligros que amenazan al sistema, excluye un ejercicio del dominio, bien sea como dominio poltico, bien sea como dominio social mediado por la economa, que pudiera provocar que un sujeto de clase se enfrentara a otro como grupo especificable. 93 Esto no comporta una cancelacin, pero s una latencia de los conflictos de clase. Siguen subsistiendo CEME - Centro de Estudios Miguel Enrquez - Archivo Chile 44. todava diferencias especficamente derivables de la es- tructura de clases, en la forma de tradiciones sub- culturales y sus correspondientes diferencias no slo de nivel de vida y de costumbres, sino tambin de actitudes polticas. A esto hay que aadir la probabi- lidad socioestructuralmente condicionada, de que la clase de los asalariados se vea ms duramente afec- tada por las disparidades sociales que otros grupos. Y finalmente, el inters generalizado por el manteni- miento del sistema sigue teniendo todava hoy una es- tructura de privilegios a nivel de las oportunidades inmediatas que ofrece la vida: el concepto de un in- ters por completo autonomizado frente a los sujetos vivientes debera cancelarse a s mismo. Pero el do- minio poltico en el capitalismo de regulacin es- tatal ha asumido en s, con la prevencin de los peligros que amenazan al sistema, un inters por el mantenimiento de la fachada distributiva compen- satoria, inters que trasciende los lmites latentes de clases. 94 Por otra parte, el desplazamiento de las zonas de conflicto de los lmites de clase a los mbitos sub- privilegiados de la vida, no significa en modo alguno que no existan graves potenciales de conflicto. Como demuestra el caso extremo de los conflictos raciales en USA en determinados mbitos y grupos puede acumularse tal cantidad de consecuencias de las dispa- ridades sociales, que lleguen a producirse explosiones que se asemejen a guerras civiles. Pero si no conectan con potenciales de protesta de otra proveniencia, los conflictos que surgen de tales situaciones de subprivi- legio se caracterizan porque, como mucho, pueden po- ner al sistema en el brete de responder con reacciones que ya no son compatibles con la democracia formal, pero, propiamente, no pueden subvertirlo. Pues los CEME - Centro de Estudios Miguel Enrquez - Archivo Chile 45. grupos subprivilegiados no son clases sociales. Tam- poco representan potencialmente nunca a la masa de la poblacin. Su privacin de derechos y su paupe- rizacin no coincide con la explotacin, ya que el el sistema no vive de su trabajo. En todo caso, pueden representar una fase pasada de la explotacin. Pero las aspiraciones que legtimamente sustentan, no las pueden hacer valer amenazando con retirar su coo- peracin; por eso mantienen un carcter apelativo o testimonial. La desatencin de que a largo plazo son objeto sus aspiraciones, puede llevar a los grupos sub- privilegiados a reaccionar en casos extremos con des- trucciones y autodestrucciones. Pero a estas explo- siones en forma de guerra civil le faltan, sin embargo, las perspectivas del xito revolucionario de la lucha de clases, mientras no se produzcan coaliciones con grupos privilegiados. Con una serie de restricciones parece que este mo- delo puede aplicarse incluso a las relaciones entre las sociedades capitalistas avanzadas y lo que en otro tiempo fueron sus dominios coloniales. Tambin aqu la creciente disparidad tiene como consecuencia una forma de subprivilegio, que en el futuro cada vez ser menos posible entenderla en categoras de explo- tacin. Ciertamente que a este nivel los intereses eco- nmicos se ven reemplazados por los inmediatamente militares. 95 Sea como fuere, en la sociedad del capitalismo tar- do, los grupos subprivilegiados y los grupos privile- giados, en la medida en que los lmites del subprivi- legio siguen siendo especficos de grupos y no corren transversalmente separando a categoras enteras de la poblacin, ya no pueden enfrentarse como clases socio- econmicas. Con esto queda mediatizada una relacin fundamental que se ha dado en todas las sociedades CEME - Centro de Estudios Miguel Enrquez - Archivo Chile 46. tradicionales y que emerge como tal en el capitalismo liberal: la del antagonismo de clase entre oponentes que se encuentran en una relacin institucionalizada de dominio, de explotacin econmica y de opresin poltica, relacin en la que la comunicacin est tan distorsionada y restringida, que las legitimaciones que ocultan ese hecho ideolgicamente no pueden ser pues- tas en cuestin. La totalidad tica que describe Hegel de un contexto de la vida que se ve desgarrado por el hecho de que un oponente no satisface en trminos de reciprocidad las necesidades del otro, ya no cons- tituye un modelo adecuado para la mediatizada rela- cin de clases en el capitalismo de organizacin. La acallada dialctica de lo tico genera la peculiar apa- riencia de una posthistoria. Y la razn es que un relativo crecimiento de las fuerzas productivas ya no representa eo ipso un potencial excedente con conse- cuencias emancipatorias, en virtud de las cuales las legitimaciones del orden de dominacin vigente pu- dieran empezar a desmoronarse. Pues ahora, la pri- mera fuerza productiva: el progreso cientficotcnico sometido a control, se convierte l mismo en fun- damento de la legitimacin. Esta nueva forma de le- gitimacin ha perdido, sin embargo, la vieja forma de ideologa. 96 La conciencia tecnocrtica es, por una parte, menos ideolgica que todas las ideologas precedentes; pues no tiene el poder opaco de una ofuscacin que slo aparenta, sin llevarla a efecto, una satisfaccin de inte- reses. Pero por otra parte, la ideologa de fondo, ms bien vidriosa, dominante hoy, que convierte en fetiche a la ciencia, es ms irresistible que las ideologas de viejo cuo, ya que con la eliminacin de las cuestio- nes prcticas no solamente justifica el inters parcial de dominio de una determinada clase y reprime la CEME - Centro de Estudios Miguel Enrquez - Archivo Chile 47. necesidad parcial de emancipacin por parte de otra clase, sino que afecta al inters emancipatorio como tal de la especie. 97 La conciencia tecnocrtica no es una fantasa desi- derativa racionalizada, no es una ilusin en el sen- tido de Freud, en la que o bien se representa o sobre la que se construye o fundamenta una trama de relaciones de interaccin. Todava las ideologas bur- guesas podan ser reducidas a la figura fundamental de la interaccin justa y libre de dominio, y satisfactoria para ambas partes. Precisamente ellas cumplan los cri- terios de una proyeccin desiderativa y de una satis- faccin sustitutoria de deseos sobre la base de una comunicacin de tal modo restringida por represiones, que, con la relacin de capital, ya no poda ser llamada por su nombre la relacin de poder que institua en otro tiempo la base institucional de la sociedad. La causalidad de los smbolos escindidos y de los motivos inconscientes, que da lugar tanto a la falsa conciencia como a la fuerza de la reflexin a la que se debe la crtica de las ideologas, no subyace ya, empero, de la misma forma a la conciencia tecnocrtica. Esta ofrece menos flancos a la reflexin, puesto que no es ya sola- mente ideologa: Pues ya no expresa una proyeccin de la vida feliz, que aunque no pretendiera identificarse con la realidad mala, s que pudiera ponerse al menos en una conexin satisfactoria con ella. Cierta- mente que lo mismo la nueva ideologa que la vieja sirven para impedir la tematizacin de los funda- mentos sobre los que est organizada la vida social. En otro tiempo era el poder social el que subyaca de forma inmediata a la relacin entre capitalistas y tra- bajadores; hoy son las condiciones estructurales las que definen de antemano las tareas del mantenimiento del sistema; a saber: la forma en trminos de economa CEME - Centro de Estudios Miguel Enrquez - Archivo Chile 48. privada de la revalorizacin del capital y una forma poltica de la distribucin de las compensaciones sociales que asegura el asentimiento de las masas. Pero hay dos aspectos en los que se distinguen la nueva y la vieja ideologa. Por un lado la relacin de capital, precisamente por tener que ir asociada a una forma poltica de distri- bucin que garantice la lealtad, no es hoy ya funda- mento de una explotacin y opresin irrectificables. La virtualizacin del persistente antagonismo de clases presupone que la represin que le subyace ha emergido histricamente en la conciencia y que, despus, ha sido estabilizado de forma modificada como propiedad del sistema. La conciencia tecnocrtica no puede por ello basarse en una represin colectiva de la misma forma que lo hacan las viejas ideologas. Pero, por otro, la lealtad de las masas slo puede obtenerse por medio de compensaciones destinadas a la satisfaccin de ne- cesidades frivolizadas. La interpretacin de las realiza- ciones en las que el sistema encuentra su justificacin no puede, por principio, ser poltica. Se refiere inme- diatamente a oportunidades de ingresos monetarios que se mantienen neutrales en lo que atae a la utilizacin de los mismos, y de tiempo libre, y, me- diatamente, a la justificacin tecnocrtica de la exclu- sin de las cuestiones prcticas. De ah que la nueva ideologa se distinga de las antiguas en que a los cri- terios de justificacin los disocia de la organizacin de la convivencia, esto es, de la regulacin normativa de las interacciones, y en ese sentido los despolitiza; y en lugar de eso los vincula a las funciones del sistema de accin racional con respecto a fines que se supone en cada caso. 98 En la conciencia tecnocrtica no se refleja el mo- vimiento de una totalidad tica, sino la represin de CEME - Centro de Estudios Miguel Enrquez - Archivo Chile 49. la eticidad como categora de la vida. La conciencia positivista imperante abole el sistema de referencia de la interaccin en el medio del lenguaje ordinario, sis- tema en el que el dominio y la ideologa surgen bajo las condiciones de una distorsin de la comunicacin y en el que tambin pueden ser penetrados por la reflexin. La despolitizacin de la masa de la pobla- cin, que viene legitimada por la conciencia tecnocr- tica, es al mismo tiempo una objetivacin de los hom- bres en categoras tanto de la accin racional con respecto a fines como del comportamiento adaptativo: los modelos cosificados de la ciencia transmigran al mundo sociocultural de la vida y obtienen all un poder objetivo sobre la autocomprensin. El n- cleo ideolgico de esta conciencia es la eliminacin de la diferencia, entre prctica y tcnica un reflejo, que no concepto, de la nueva constelacin que se produce entre el marco institucional depotenciado y los sistemas autonomizados de la accin racional con respecto a fines. 99 La conciencia tecnocrtica viola con ello un inters que es inherente a una de las dos condiciones fundamentales de nuestra existencia cultural: al len- guaje, o ms exactamente, a una forma de sociali- zacin e individuacin determinadas por la comunica- cin en el medio del lenguaje ordinario. Este inters se extiende tanto al mantenimiento de una intersub- jetividad de la comprensin como al establecimiento de una comunicacin libre de dominio. La conciencia tecnocrtica hace desaparecer este inters prctico tras el inters por la ampliacin de nuestro poder de disposicin tcnica. La reflexin que est exigiendo esta nueva ideologa tiene que remontarse por detrs de un inters de clase determinado histricamente y sacar a la luz el complejo de intereses que como tal CEME - Centro de Estudios Miguel Enrquez - Archivo Chile 50. caracteriza a una especie que se constituye a s mis- ma20. VIII Si se confirmara esta relativizacin del mbito de aplicacin del concepto de ideologa y de la teora de las clases, tambin sera menester reformular el marco categorial en el que Marx desarroll lo supues-s tos fundamentales del materialismo histrico. La cone- xin de fuerzas productivas y relaciones de produccin tendra que ser sustituida por la relacin ms abs- tracta de trabajo e interaccin. Las relaciones de pro- duccin se refieren a un nivel en el que el marco ins- titucional ha estado ciertamente anclado, pero tan slo durante la fase del despliegue del capitalismo liberal pero no antes ni tampoco despus. Por otra parte, no cabe duda de que las fuerzas productivas, en las que los sistemas de accin racional con respecto a fi- nes acumulan procesos de aprendizaje organizados, han sido desde el principio el motor de la evolucin social, pero, en contra de lo que Marx supuso, parece que no en todas las circunstancias representan un po- tencial de liberacin ni provocan movimientos eman- cipatorios en cualquier caso han dejado de provocar los desde que el incremento continuo de las fuerzas productivas comenz a depender de un progreso cientficotcnico que cumple tambin funciones legi- timadoras del dominio. Tengo la sospecha de que un sistema de referencia desarrollado en trminos de la relacin anloga, pero ms general, de marco institu- cional (interaccin) y subsistemas de la accin racional con respecto a fines (trabajo en el sentido amplio 100 20 Conocimiento e inters, p. 159 en este volumen. CEME - Centro de Estudios Miguel Enrquez - Archivo Chile 51. de accin instrumental y estratgica) resulta ms ade- cuado para reconstruir el umbral sociocultural de la historia de la especie. 101 Algunos indicios abonan la sospecha de que durante el largo perodo inicial hasta principios del mesoltico, las acciones racionales con respecto a fines slo pu- dieron ser motivadas por medio de una vinculacin ritual con las interacciones. Un mbito profano de sub- sistemas de accin racional con respecto a fines slo parece haberse diferenciado de las interpretaciones y formas de accin del trfico comunicativo entre sujetos en las culturas sedentarias que se dedicaban a la cra de animales y al cultivo de plantas. Y slo en las condi- ciones que presentan las culturas superiores de una sociedad de clases estatalmente organizada debi po- der producirse una diferenciacin tan amplia del traba- jo y la interaccin, que los subsistemas dan lugar a un saber tcnicamente utilizable que pudo ser almacenado y empleado con relativa independencia de las interpre- taciones sociales del mundo; entretanto, las normas so- ciales se separaron de las interpretaciones legitimado- ras del dominio, de forma que la cultura obtuvo una cierta autonoma frente a las instituciones. El umbral de la modernidad vendra entonces caracterizado por ese proceso de racionalizacin que se pone en marcha con la prdida de la inatacabilidad del marco ins- titucional por los subsistemas de accin racional con respecto a fines. Las legitimaciones tradicionales se ha- cen criticables al ser cotejadas con criterios de la racionalidad propia de las relaciones finmedio; las informaciones provenientes del mbito del saber tc- nicamente utilizable penetran en las tradiciones y com- piten con ellas, y de esta forma obligan a una re- construccin de las interpretaciones tradicionales del mundo. CEME - Centro de Estudios Miguel Enrquez - Archivo Chile 52. Nosotros hemos seguido este proceso de raciona- lizacin desde arriba hasta el punto en que la ciencia y la tcnica mismas, en la forma de una conciencia posi- tivista imperante articulada como conciencia tecno- crtica asumen el papel de una ideologa que sus- tituye a las ideologas burguesas destruidas. Es el punto a que se llega con la crtica de las ideologas bur- guesas: y aqu es donde radica el origen de esa equi- vocidad en el concepto de racionalizacin. Esa equi- vocidad fue diagnosticada por Horkheimer y Adorno como dialctica de la ilustracin, y la tesis de la dia- lctica de la ilustracin queda extremada por Marcuse en la tesis de que la ciencia y la tcnica se convierten ellas mismas en ideolgicas. 102 El modelo de la evolucin sociocultural de la especie ha estado determinado desde el principio por un cre- ciente poder de disposicin tcnica sobre las condi- ciones externas de la existencia, por un lado, y, por otro, por una adaptacin ms o menos pasiva del marco institucional a la extensin de los subsistemas de la accin racional con respecto a fines. La ac- cin racional con respecto a fines representa la forma de adaptacin activa que distingue la autoconservacin colectiva de os sujetos socializados de la conserva- cin caracterstica de las especies animales. Nosotros sabemos cmo someter a control las condiciones fun- damentales de la vida, lo que significa: cmo aco- modar culturalmente el entorno a nuestras necesida- des, en lugar de limitarnos a adaptarnos nosotros a la naturaleza externa. Por el contrario, los cambios pro- ducidos en el marco institucional, en la medida en que derivan de forma inmediata o de forma mediata de nuevas tecnologas o de perfeccionamientos de estra- tegias (en los mbitos de la produccin, del intercam- bio, de la defensa, etc.) no han asumido la misma CEME - Centro de Estudios Miguel Enrquez - Archivo Chile 53. forma de adaptacin activa. Por lo general esas mu- taciones siguen el modelo de una adaptacin pasiva. No son el resultado de una accin planificada, ra- cional con respecto a fines y controlada por el xito, sino producto de una evolucin espontnea. Sin em- bargo, esta desproporcin entre adaptacin activa por un lado y acomodacin pasiva por el otro, no pudo venir a la conciencia mientras la dinmica de la evolucin capitalista qued encubierta por las ideolo- gas burguesas. Slo con la crtica de las ideologas burguesas aparece esa desproporcin abiertamente ante la conciencia. 103 El testimonio ms impresionante de esta experiencia sigue siendo todava el Manifiesto Comunista. Marx ensalza en encendidos trminos el papel revoluciona- rio de la burguesa: La burguesa no puede existir sin revolucionar permanentemente los instrumentos de produccin, y con ello, las relaciones de produccin, y por consiguiente, la totalidad de las relaciones sociales. Y en otro pasaje: La burguesa en su ape- nas cien aos de dominacin de clase ha creado fuerzas productivas ms masivas y colosales que todas las anteriores generaciones juntas. El sometimiento de las fuerzas naturales, la maquinaria, la agricultura, la navegacin a vapor, los ferrocarriles, los telgrafos elctricos, la apertura y aprovechamiento de regiones enteras del planeta, la navegabilidad de los ros, po- blaciones enteras como surgidas de debajo de la tie- rra.... Marx se da cuenta tambin de la repercusin de todo ello sobre el marco institucional: Quedan disueltas todas las slidas relaciones tradicionales con su cohorte de representaciones venerables y todas las nuevas envejecen antes de que puedan llegar a asentar- se. Todo lo estamental y estable se evapora, todo lo santo se desacraliza, y los hombres se ven obligados CEME - Centro de Estudios Miguel Enrquez - Archivo Chile 54. a mirar descarnadamente sus relaciones reciprocas. A esta desproporcin entre adaptacin pasiva del marco institucional y sometimiento activo de la na- turaleza responde tambin la famosa frase de que los hombres hacen su historia, pero no con voluntad y conciencia. El propsito de la crtica de Marx era la de transformar tambin esa adaptacin secundaria del marco institucional en una adaptacin activa y poner bajo control el cambio estructural de la sociedad misma. Con ello habra de quedar superada una fundamental situacin de toda la historia transcurrida hasta ese momento y quedar consumada la auto- constitucin de la especie: el fin de la prehistoria. Pero esta idea era equvoca. Ciertamente que Marx consider el problema de hacer la historia con voluntad y conciencia como la tarea de una dominacin prctica de los procesos de evolucin social, incontrolados hasta ese momento. Pero otros lo han entendido como una tarea tcnica. Quieren poner bajo control a la sociedad de la misma forma que a la naturaleza, es decir, reconstruyndola segn el modelo de los sistemas autorregulados de la accin racional con respecto a fines y del comporta- miento adaptativo. Y esta intencin no solamente la podemos encontrar entre los tecncratas de la plani- ficacin capitalista, sino tambin entre los tecncratas del socialismo burocrtico. Slo que la conciencia tecnocrtica echa una cortina de humo sobre el hecho de que el marco institucional slo podra ser disuelto como contexto de interaccin mediado por el lenguaje ordinario al precio de cancelar la dimensin que ms importa por ser la nica accesible a la humaniza- cin. 104 En el futuro se ampliar notablemente el repertorio de tcnicas de control. En la lista que da Herman CEME - Centro de Estudios Miguel Enrquez - Archivo Chile 55. Kahn de los descubrimientos tcnicos21 probables en los prximos 33 aos encuentro entre los primeros cincuenta ttulos un gran nmero de tcnicas de control del comportamiento y de modificacin de la persona- lidad: 30. new and pervasive techniques for surveillan- ce, monitoring and control of individuals and orga- nizations; 33. new and more reliable educational and propaganda techniques effecting human behaviour public and private; 34. practical use of direct elec- tronic communication with and stimulation of the brain; 37. new and relatively affective counterinsur- gency techniques; 391 new and more varied drugs for control of fatigue, relaxation, alertness, mood, perso- nality, perceptions and fantasies; 44. improved capa- bility to change sex; 42 other genetic control or influence over the basic constitution of and individual. Un pronstico de este tipo es extremadamente con- trovertible. Pero de todos modos indica un mbito de futuras oportunidades de disociar el comporta- miento humano de un sistema de normas vinculadas a la gramtica de los juegos de lenguaje e integrarlo en lugar de eso en sistemas autorregulados del tipo hombremquina por medio de un influenciamiento psicolgico inmediato. Las manipulaciones psicotc- nicas del conocimiento pueden ya hoy eludir el rodeo que pasa por la interiorizacin de unas normas sus- ceptibles de reflexin. Las intervenciones biotcnicas en el mecanismo de reaccin endocrino y sobre todo las intervenciones en la transmisin gentica de las informaciones hereditarias podran maana penetrar ms profundamente en el control del comportamiento. Entonces, las viejas zonas de la conciencia desarro- lladas en la comunicacin en el lenguaje ordinario, 105 21 Toward the Year 2000, en Daedalus, verano, 1967. CEME - Centro de Estudios Miguel Enrquez - Archivo Chile 56. tendran que secarse por completo. A este nivel de la human technique, si pudiera hablarse del fin de las manipulaciones psicolgicas en un sentido parecido a como hoy se habla del fin de las ideologas pol- ticas, quedara superado el extraamiento natural, el rezagamiento incontrolado del marco institucional. Pero la autosubjetivacin del hombre se habra con- sumado en un extraamiento planificado. Los hombres haran su historia con voluntad, pero no con con- ciencia. 106 No quiero decir que esta fantasa ciberntica de una autoestabilizacin de las sociedades en trminos an- logos a los del instinto, ste en trance de cumplirse, ni tan siquiera que sea realizable. Pero pienso que si lleva a sus ltimas consecuencias en forma de utopa negativa lo que no son ms que vagos supuestos bsicos de la conciencia tecnocrtica, y que en este sentido apunta a una lnea evolutiva que se perfila bajo el suave dominio de la ciencia y la tcnica como ideologa. Y sobre este transfondo queda so- bremanera claro que hay que mantener bien separados dos conceptos de racionalizacin. A nivel de los sub- sistemas de accin racional con respecto a fines, el progreso cientfico y tcnico ha obligado ya a una reorganizacin de las instituciones y de determi- nados mbitos sociales, y parece estarla exigiendo a mayor escala todava. Pero este proceso de des- pliegue de las fuerzas productivas slo podra con- vertirse en un potencial de liberacin a condicin de que no sustituya a la racionalizacin en el otro ni- vel. La racionalizacin a nivel del marco institucio- nal slo puede realizarse en el medio de la interac- cin lingsticamente mediada misma, consiguien- do que la comunicacin se vea libre de las restric- ciones a las que est sometida. La discusin pblica, CEME - Centro de Estudios Miguel Enrquez - Archivo Chile 57. 107 sin restricciones y sin coacciones, sobre la adecuacin y deseabilidad de los principios y normas orientadores de la accin, a la luz de las condiciones sociocul- turales del progreso de los subsistemas de accin racional con respecto a fines: una comunicacin de este tipo a todos los niveles de los procesos polticos, y de los otra vez repolitizados, de formacin de la voluntad colectiva, es el nico medio en el que es posible algo as como racionalizacin. En tal proceso de reflexin generalizada, las instituciones se veran transformadas en su composicin especfica, ms all de los lmites de un mero cambio de legitimacin. Pues una racionalizacin de las normas sociales ven- dra entonces caracterizada por un decreciente grado de represividad (lo que a nivel de las estructuras de la personalidad elevara la tolerancia frente a los con- flictos de rol). Y tambin por un decreciente grado de rigidez (lo que redundara en un incremento de las oportunidades de una autopresentacin individual ms adecuada en las interacciones cotidianas). Y, fi- nalmente, por la aproximacin a un tipo de controles del comportamiento que permitiera el distanciamiento con respecto a los roles y una aplicacin flexible de normas bien internalizadas, pero accesibles a la re- flexin. Una racionalizacin que tuviera su medida en los cambios producidos en estas tres dimensiones, no conduce, como ocurre en el caso de la racionaliza- cin de los subsistemas de accin racional con respecto a fines, a un incremento del poder de disposicin sobre los procesos objetivados de la naturaleza y de la so- ciedad; no conduce per se a un mejor funciona- miento de los sistemas sociales; pero dotara a los miembros de la sociedad de oportunidades de una emancipacin ms amplia y de una progresiva indivi- duacin. El aumento de las fuerzas productivas no CEME - Centro de Estudios Miguel Enrquez - Archivo Chile 58. coincide con la intencin de una vida feliz, pero s que puede servira. Ni siquiera creo que la idea de un potencial tec- nolgicamente excedente, que no puede ser utilizado dentro de un marco institucional mantenido represi- vamente (Marx habla de fuerzas productivas encade- nadas) responda todava al capitalismo regulado por el Estado. El aprovechamiento de un potencial aun no- realizado puede conducir a la mejora de un aparato econmico industrial, pero hoy no conduce ya eo ipso a un cambio del marco institucional con consecuen- cias emancipatorias. Pues la cuestin no es que ago- temos las posibilidades de un potencial disponible o de un potencial aun a desarrollar, sino que elijamos aquello que podemos querer para llevar una existencia en paz y con sentido. Mas tras decir eso, hay al punto que aadir que lo nico que podemos hacer es plantear la pregunta, pero en absoluto adelantar una respuesta; pues lo que esa pregunta ms bien exige es una comunicacin sin restricciones sobre los fines de la prctica, fines frente a cuya tematizacin el capita- lismo tardo, remitido estructuralmente a una opinin pblica despolitizada, se comporta ofrecindole resis- tencias. IX 108 Una nueva zona de conflictos, en lugar del virtua- lizado antagonismo de clases y prescindiendo de los conflictos que las disparidades provocan en los mr- genes del sistema, slo puede surgir all donde la socie- dad del capitalismo tardo tiene que inmunizarse por medio de la despolitizacin de la masa de la poblacin contra la puesta en cuestin de la ideologa tecnocr- tica de fondo: precisamente en el sistema de la opinin CEME - Centro de Estudios Miguel Enrquez - Archivo Chile 59. pblica administrada por los medios de comunicacin de masas. Pues slo ah puede quedar afianzado el encubrimiento que el sistema exige de la diferencia entre el progreso de los subsistemas de accin racional con respecto a fines y las mutaciones emancipatorias en el marco institucional entre cuestiones prcticas y cuestiones tcnicas. Las definiciones permitidas pblicamente se refieren a qu es lo que queremos para vivir, pero no a cmo querramos vivir si en relacin con los potenciales disponibles averiguramos cmo podramos vivir. Resulta muy difcil pronosticar quin podra avivar esas zonas de conflicto. Ni el viejo antagonismo de clases ni el subprivilegio de nuevo cuo contienen potenciales de protesta que por su propio origen tiendan a la repolitizacin de esta opinin pblica disecada. El nico potencial de protesta que a travs de intereses reconocibles se dirige a las nuevas zonas de conflicto surge principalmente entre determinados grupos de estudiantes. Voy a referirme a tres tipos de constataciones: 1. El grupo de protesta que constituyen los estu- diantes es un grupo privilegiado. No representa ningn inters que surja de forma inmediata de su posicin social y que pudiera ser satisfecho de modo conforme con el sistema con un aumento de compensaciones sociales. Las primeras investigaciones americanas22 sobre los activistas estudiantiles confirman que no se recluan en las capas del estudiantado en ascenso social, sino en capas del estudiantado que gozan de 109 22 S. M. Lipset, P. G. Altbach, Student Politics and Higher Education in the USA, en S. M. Lipset (eds.) Student Politics, New York. 1967; R. Flacks, The Liberated Generation. An Explo- ration of the Roots of the Student Protest, en Journ. Soc. Issues. julio, 1967; J. Keniston, The Sources of Student Dissent, ibid. CEME - Centro de Estudios Miguel Enrquez - Archivo Chile 60. una posicin favorable en lo que se refiere a status y que provienen de estratos sociales econmicamente favorecidos. 2. Las ofertas de legitimacin que hace el sistema de dominio no parecen resultarles convincentes a estos grupos por razones plausibles. El programa sustituto- rio con que el Estado social reemplaza a las ideolo- gas burguesas tras el desmoronamiento de ests com- porta una orientacin hacia el status y el rendimiento. Pues bien, segn las mencionadas investigaciones, los activistas estudiantiles parecen menos privatistica- mente orientados hacia la carrera profesional y a la creacin de una familia que el resto de los estudiantes. Sus rendimientos acadmicos estn por lo general por encima de la media y su proveniencia familiar no fomenta un horizonte de expectativas que estuviera determinado por la anticipacin de las coacciones pre- visibles del mercado de trabajo. Los activistas estu- diantiles, que con frecuencia provienen de las especia- lidades de ciencias sociales, las de historia y filologa, resultan ms bien inmunes frente a la conciencia tecnocrtica, ya que las experiencias primarias hechas en su propio terreno de trabajo universitario no con- cuerdan con los supuestos fundamentales de la tec- nocracia. 110 3. En un grupo as constituido el conflicto no puede versar sobre la proporcin de disciplina y cargas que se le exigen, sino solamente sobre el tipo de renuncias que se le imponen. Por lo que los estudiantes luchan no es por una mayor participacin en las compensa- ciones sociales del tipo disponible, como son los ingre- sos y el tiempo libre. Su protesta se dirige ms bien contra la categora misma de compensacin. Los pocos datos de que disponemos abonan la sospecha de que la protesta de estos jvenes provenientes de CEME - Centro de Estudios Miguel Enrquez - Archivo Chile 61. familias burguesas no concuerda ya con el modelo del conflicto de autoridad. Los estudiantes activos tienen ms bien padres que comparten sus actitudes crticas; con relativa frecuencia han crecido en un ambiente de ms comprensin psicolgica y de unos principios educativos ms liberales que los grupos de control no activos23. Su socializacin parece haberse llevado a cabo en subculturas exentas de premuras econmicas inmediatas, en las que las tradiciones de la moral burguesa y de sus derivaciones pequeo burguesas han perdido su funcin, de tal forma que el training para la sintonizacin con las orientaciones valorativas de la accin racional con respecto a fines, no incluye ya la fetichizacin de este tipo de accin. Estas tcnicas de educacin pueden posibilitar experiencias y favorecer orientaciones que chocan frontalmente con la conser- vacin de una forma de vida propia de una economa de la pobreza. Sobre esta base puede cristalizar una incomprensin y rechazo de principio de la reproduc- cin absurda de virtudes y sacrificios que se han hecho ya superfluos; un no entender por qu la vida del individuo, pese al alto grado de desarrollo tecnolgico, sigue estando determinada por el dictado del trabajo profesional, por la tica de la competitividad en el rendimiento, por la presin de la concurrencia de status, por los valores de la cosificacin posesiva, y por los sucedneos de satisfaccin ofertados, ni por qu han de mantenerse la lucha institucionalizada por la exis- tencia, la disciplina del trabajo alienado y la elimina- cin de la sensibilidad y de la satisfaccin estticas. 23 Cfr. Flacks: Activists are more radical than their parents; but activists parents are decidedly more liberal than others of their status. Activistn is related to a complex of values, not ostensible political, shared by both the students and their parents; Acti- vistss parents are more permissive than parents of nonactivists. 111 CEME - Centro de Estudios Miguel Enrquez - Archivo Chile 62. 112 Para esta sensibilidad tiene que resultar insoportable la eliminacin de las cuestiones prcticas del espacio pblico despolitizado. Pero de todo ello slo puede resultar una fuerza poltica si esa sensibilizacin afecta a algn problema sistmico insoluble. Y a mi entender en el futuro puede plantearse un tal problema. Efec- tivamente, la proporcin de riqueza social que crea un capitalismo industrialmente desarrollado y las condi- ciones tanto tcnicas como organizativas bajo las que se produce esta riqueza, hacen cada vez ms difcil vincular la atribucin de status, aunque slo sea de forma subjetivamente convincente, al mecanismo de la evaluacin del rendimiento individual24. Por eso, la protesta de los estudiantes podra acabar destruyendo a la larga esta ideologa del rendimiento que empieza a resquebrajarse, y, con ello, derrumbando el funda- mento legitimatorio del capitalismo tardo, que ya es frgil, pero que est protegido por la despolitizacin. 1968 24 Cfr. R. L. Heilbronner, The Limits of American Capitalism. New York. 1966. CEME - Centro de Estudios Miguel Enrquez - Archivo Chile 63. __________________________________________ Informacin disponible en el sitio ARCHIVO CHILE, Web del Centro Estudios Miguel Enrquez, CEME: http://www.archivochile.com Si tienes documentacin o informacin relacionada con este tema u otros del sitio, agradecemos la enves para publicarla. (Documentos, testimonios, discursos, declaraciones, tesis, relatos cados, informacin prensa, actividades de organizaciones sociales, fotos, afiches, grabaciones, etc.) Enva a: archivochileceme@yahoo.com NOTA: El portal del CEME es un archivo histrico, social, poltico y cultural, bsicamente de Chile. No persigue ningn fin de lucro. La versin electrnica de documentos se provee nicamente con fines de informacin y preferentemente educativo culturales. Cualquier reproduccin destinada a otros fines deber obtener los permisos que correspondan, porque los documentos incluidos en el portal son de propiedad intelectual de sus autores o editores. 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