Triduo a la Inmaculada Virgen Mara

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    09-Mar-2016

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Triduo a la Virgen Milagrosa, preparado por el Hno. Jaime Ruiz, c.m.

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    DA 25: MARA, MODELO DE ORACIN

    Queridos hermanos y fieles devotos de la Virgen Mara de la Sagrada Medalla Milagrosa: Este ao, la gran familia vicenciana ha tenido su propio ao jubilar por motivo del 350 aniversario de la marcha a la Misin del Cielo de San Vicente de Pal y de Santa Luisa de Marillac. Todo ao jubilar tiene dos dimensiones que van ntimamente unidas: La espiritual que es ir al templo donde se gana los beneficios espirituales y gozar de las races de nuestra fe, con el trpode: Confesin, Comunin y rezar por las intenciones del Santo Padre. Tambin tiene su dimensin social: Llenos de esta gracia especial nos sentimos enviados a socorrer a los pobres de la misma manera que vamos a apagar el fuego y anunciarles con gozo que el reino de los cielos est cerca y es para los pobres. Estas tres dimensiones: Oracin, Caridad, Misin las vamos a ver de cerca en la figura de Mara para que analizando su conducta e imitando su fe1 podamos vivir con autenticidad nuestra vida cristiana porque Ser cristiano y ver afligido a un hermano, sin llorar con l ni sentirse enfermo con l. Eso es no tener caridad; es ser cristiano en pintura2 y como el servicio a los pobres es primordial y agradable a Dios, en esta lnea nos dice San Vicente: Si se invoca a la Madre de Dios y se la toma como Patrona en las cosas importantes, no 1 Cf. Heb 13,7. 2 San Vicente de Pal XI, 561.

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    puede ocurrir sino que todo vaya bien y redunde en gloria del buen Jess, su Hijo...3 Vamos a ver el primer tema: Mara, modelo de oracin. En la exhortacin apostlica Marialis cultus (MC) el Papa Pablo VI, presenta a la Virgen como modelo de la Iglesia en el ejercicio del culto. Esta afirmacin constituye casi un corolario de la verdad que indica en Mara el paradigma del pueblo de Dios en el camino de la santidad: La ejemplaridad de la santsima Virgen en este campo dimana del hecho que ella es reconocida como modelo extraordinario de la Iglesia en el orden de la fe, de la caridad y de la perfecta unin con Cristo, esto es, de aquella disposicin interior con que la Iglesia, Esposa amadsima, estrechamente asociada a su Seor, lo invoca y por su medio rinde culto al Padre eterno4.

    Aquella que en la Anunciacin manifest total disponibilidad al proyecto divino, representa para todos los creyentes un modelo sublime de escucha y de docilidad a la palabra de Dios. Respondiendo al ngel: Hgase en m segn tu palabra5, y declarndose dispuesta a cumplir de modo perfecto la voluntad del Seor, Mara entra con razn en la bienaventuranza proclamada por Jess: Dichosos (...) los que escuchan la palabra de Dios y la cumplen6.

    3 San Vicente de Pal XIV, 126. 4 Cf. MC 16. 5 Cf. Lc 1,38. 6 Cf. Lc 11,28.

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    Con esa actitud, que abarca toda su existencia, la Virgen indica el camino maestro de la escucha de la palabra del Seor, momento esencial del culto, que caracteriza a la liturgia cristiana. Su ejemplo permite comprender que el culto no consiste ante todo en expresar los pensamientos y los sentimientos del hombre, sino en ponerse a la escucha de la palabra divina para conocerla, asimilarla y hacerla operativa en la vida diaria.

    Toda celebracin litrgica es memorial del misterio de Cristo en su accin salvfica por toda la humanidad, y quiere promover la participacin personal de los fieles en el misterio pascual expresado nuevamente y actualizado en los gestos y en las palabras del rito. Mara fue testigo de los acontecimientos de la salvacin en su desarrollo histrico, culminado en la muerte y resurreccin del Redentor, y guard todas estas cosas, y las meditaba en su corazn7. Ella no se limitaba a estar presente en cada uno de los acontecimientos; trataba de captar su significado profundo, adhirindose con toda su alma a cuanto se cumpla misteriosamente en ellos. Por tanto, Mara se presenta como modelo supremo de participacin personal en los misterios divinos. Gua a la Iglesia en la meditacin del misterio celebrado y en la participacin en el acontecimiento de salvacin, promoviendo en los fieles el deseo de una ntima comunin personal con Cristo, para cooperar con la entrega de la propia vida a la salvacin universal.

    Mara constituye, adems, el modelo de la oracin de la Iglesia. Con toda probabilidad, Mara estaba recogida en

    7 Cf. Lc 2,19.

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    oracin cuando el ngel Gabriel entr en su casa de Nazaret y la salud. Este ambiente de oracin sostuvo ciertamente a la Virgen en su respuesta al ngel y en su generosa adhesin al misterio de la Encarnacin. En la escena de la Anunciacin, los artistas han representado casi siempre a Mara en actitud orante. Recordemos entre todos, al beato Anglico. De aqu proviene, para la Iglesia y para todo creyente, la indicacin de la atmsfera que debe reinar en la celebracin del culto. Podemos aadir asimismo que Mara representa para el pueblo de Dios el paradigma de toda expresin de su vida de oracin. En particular, ensea a los cristianos cmo dirigirse a Dios para invocar su ayuda y su apoyo en las varias situaciones de la vida. Su intercesin materna en las bodas de Can y su presencia en el cenculo junto a los Apstoles en oracin, en espera de Pentecosts, sugieren que la oracin de peticin es una forma esencial de cooperacin en el desarrollo de la obra salvfica en el mundo. Siguiendo su modelo, la Iglesia aprende a ser audaz al pedir, a perseverar en su intercesin y, sobre todo, a implorar el don del Espritu Santo8.

    La Virgen constituye tambin para la Iglesia el modelo de la participacin generosa en el sacrificio. En la presentacin de Jess en el templo y, sobre todo, al pie de la cruz, Mara realiza la entrega de s que la asocia como Madre al sufrimiento y a las pruebas de su Hijo. As, tanto en la vida diaria como en la celebracin eucarstica, la Virgen oferente 9 anima a los cristianos a ofrecer

    8 Cf. Lc 11,13. 9 Cf. MC 20.

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    sacrificios espirituales, aceptos a Dios por mediacin de Jesucristo10. Hemos dicho y hemos odo que Mara es el modelo de mujer orante, y que por su intercesin obtenemos muchas gracias de Dios. Pero, qu es la oracin? Cmo se hace oracin? De qu modo nos puede ayudar Mara a orar? La oracin es la elevacin del alma a Dios o la peticin al Seor de bienes conformes a su voluntad. La oracin es siempre un don de Dios que sale al encuentro del hombre. La oracin cristiana es relacin personal y viva de los hijos de Dios con su Padre infinitamente bueno, con su Hijo Jesucristo y con el Espritu Santo, que habita en sus corazones.11 La oracin no es xtasis con elevaciones, o repeticin rutinaria y distrada de palabras, sin decirlas desde el corazn. La oracin es dejar que el corazn llegue a Dios. Es un encuentro entre un hijo y un Padre. La oracin es acudir a quien puede remediar nuestras necesidades, y confiar plenamente en l. Pero no basta slo pedir; la oracin debe ser un dilogo. A Dios le encanta que le platiquemos cmo nos ha ido en el da. La oracin ms sencilla, la que nace de un corazn humilde, es la que ms agrada a Dios. La oracin es un encuentro con Dios, con su amor y su misericordia. En Jess encontramos el mejor modelo para aprender a orar. l, Hijo de Dios, se dirige a su Padre con confianza,

    10 Cf. 1Pe 2,5. 11 Compendio del Catecismo de la Iglesia Catlica, 534

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    con sencillez, con humildad, con amor. A Jess le gustaba orar en lo alto de una montaa, en silencio de la noche o del amanecer: El Evangelio muestra frecuentemente a Jess en oracin. Lo vemos retirarse en soledad, con preferencia durante la noche; ora antes de los momentos decisivos de su misin o de la misin de sus apstoles. De hecho toda la vida de Jess es oracin...12 En Jess encontramos un corazn repleto de amor, que busca encontrarse con su Padre en la oracin. Pero, De quin aprendi Jess a orar? Conforme a su corazn de hombre, Jess aprendi a orar de su madre13. S. En Mara, su madre, Jess encontr una maestra de oracin. Ella siempre estuvo en un continuo dilogo con Dios y en una actitud de escucha; por eso pudo escuchar la voz del ngel. La oracin de Mara era un encuentro con Dios en su corazn. Mara viva en oracin porque viva con Cristo, platicaba con l con la ms grande naturalidad y cario. Y cmo debemos orar nosotros, con nuestras familias? Acudiendo a Dios en medio de nuestra vida diaria, en medio del trabajo, del estudio, y de nuestras actividades. La familia cristiana constituye el primer mbito de educacin a la oracin. Hay que recomendar de manera particular la oracin cotidiana en familia, pues es el primer testimonio de vida de oracin de la Iglesia...14 12 Compendio del Catecismo de la Iglesia Catlica, 542. 13 Compendio del Catecismo de la Iglesia Catlica, 541. 14 Compendio del Catecismo de la Iglesia Catlica, 565.

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    En la familia encontramos una buena escuela para aprender a orar. Por eso, los paps tienen el deber e ensear a sus hijos la oracin; pero no slo con palabras, sino principalmente con su ejemplo. El modelo que los hijos encuentran en sus padres queda marcado para siempre. Qu importante es que en toda familia haya un ambiente de oracin, de encuentro con Dios! Se puede orar en cualquier sitio, pero elegir bien el lugar tiene importancia para la oracin. El templo es el lugar propio... tambin otros lugares ayudan a orar, como un rincn de oracin en la casa familiar, un monasterio, un santuario. Todos los momentos son indicados para la oracin, pero la Iglesia propone a los fieles ritmos destinados a alimentar la oracin continua: oracin de la maana y del atardecer, antes y despus de las comidas, la Liturgia de la Horas, la Eucarista dominical, el Santo Rosario, las fiestas del ao litrgico.15 Es necesario acordarse de Dios ms a menudo que de respirar (San Gregorio Nacianceno). Cmo es mi oracin? Acudo a Dios solamente en las dificultades, o en todo momento, para agradecerle, platicarle y estar con l? Qu me ensea Mara? Cmo voy a orar de ahora en adelante?

    15 Compendio del Catecismo de la Iglesia Catlica, 566 y 567.

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    DA 26: MARA, MODELO DE CARIDAD

    Queridos hermanos y fieles devotos de la Virgen Mara de la Sagrada Medalla Milagrosa: Mara ha sido considerada desde tiempos antiguos como modelo de seguimiento. Deca San Ambrosio que la Madre de Dios es tipo de la Iglesia en el orden de la fe, de la caridad y de la unin perfecta con Cristo. EN EL ORDEN DE LA FE El Padre de la misericordia, quiso que precediera a la encarnacin, la aceptacin de la Madre predestinada, para que, de esta manera, as como la mujer contribuy a la muerte, tambin la mujer contribuyese a la vida. Ella, por el anuncio del ngel, recibi al Verbo de Dios en su alma y en su cuerpo. Por su fe y confianza dio la vida al mundo. EN EL ORDEN DE LA CARIDAD Mara sobresale entre los humildes y pobres del Seor. Ella, guiada por el Espritu Santo, se consagr toda al misterio de la redencin de los hombres. Siendo ejemplo con su vida de aquel amor maternal con el que es necesario que estn animados todos aquellos que trabajan en la misin apostlica de la Iglesia. La caridad representa el mayor mandamiento social. Respeta al otro y sus derechos. Exige la prctica de la justicia y es la nica que nos hace capaces de sta. Inspira una vida de entrega de s mismo: Quien intente guardar su vida la perder; y quien la pierda la conservar16.

    16 CIC 1889.

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    No ser, pues, superfluo examinar de nuevo y profundizar bajo esta luz los temas y las orientaciones caractersticas, tratados por el Magisterio en estos aos. Entre dichos temas quiero sealar aqu, la opcin o amor preferencial por los pobres que Santa Luisa y San Vicente lo vivieron en su tiempo y la familia vicenciana lo tiene como carisma propio. Esta es una opcin o una forma especial de primaca en el ejercicio de la caridad cristiana, de la cual da testimonio toda la tradicin de la Iglesia. Se refiere a la vida de cada cristiano, en cuanto imitador de la vida de Cristo, pero se aplica igualmente a nuestras responsabilidades sociales y, consiguientemente, a nuestro modo de vivir y a las decisiones que se deben tomar coherentemente sobre la propiedad y el uso de los bienes. La relectura de la Rerum Novarum a la luz de las realidades contemporneas, nos permite apreciar la constante preocupacin y dedicacin de la Iglesia por aquellas personas que son objeto de predileccin por parte de Jess, nuestro Seor. El contenido del texto es un testimonio excelente de la continuidad, dentro de la Iglesia, de lo que ahora se llama opcin preferencial por los pobres; opcin que en la Sollicitudo Rei Socialis [SRS] es definida como una forma especial de primaca en el ejercicio de la caridad cristiana17. Para promover la dignidad humana, la Iglesia manifiesta un amor preferencial por los pobres y marginados, porque el Seor se identific con ellos especialmente. Este amor no excluye a nadie; simplemente, singulariza una prioridad de servicio, que goza del testimonio favorable de toda la tradicin de la Iglesia.

    17 Juan Pablo II, Centesimus Annus [CA] 11.

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    Este amor preferencial por los pobres, y las decisiones que l nos inspira, no puede dejar de abrazar a las enormes multitudes de hambrientos, de mendigos, de vagabundos, desprovistos de la asistencia mdica y, sobre todo, sin la esperanza de un futuro mejor.18 Su amor preferencial por los pobres est inscrito admirablemente en el Magnficat de Mara. El Dios de la Alianza, cantado por la Virgen de Nazaret en la elevacin de su espritu, es a la vez el que derriba del trono a los poderosos, enaltece a los humildes, a los hambrientos los colma de bienes y a los ricos los despide vacos... dispersa a los soberbios... y conserva su misericordia para los que le temen. Mara est profundamente impregnada del espritu de los pobres de Yahv, que en la oracin de los Salmos esperaban de Dios su salvacin, poniendo en l toda su confianza.19 En esta lnea San Vicente propone a las Hijas de la Caridad a la Virgen Mara como modelo a seguir y modelo a imitar en la Compaa:

    - La Hija de la Caridad como Mara es una humilde sierva de Dios que ora y alaba al Padre y con su vida hace realidad esa oracin del Magnificat.

    - La Hija de la Caridad como Mara encuentra el signo

    o seal de la fe en la persona del pobre20 y sale a su encuentro21: Cuando dejis la oracin y la Santa

    18 Juan Pablo II, Ecclesia in Asia 34. 19 Juan Pablo II, Redemptoris Mater 37. 20 Cf. Lc 1,36-37. 21 Cf. Lc 1,39.

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    Misa por el servicio de los pobres, no perdis nada, ya que servir a los pobres es servir a Dios; y tenis que ver a Dios en sus personas22 y si vais diez veces cada da a ver a un pobre, diez veces encontraris en l a Dios... vais a pobres casas, pero all encontraris a Dios. Como dice San agustn, lo que vemos no es tan seguro, porque nuestros sentidos pueden engaarse, pero las verdades de Dios no engaan jams23

    Si un hermano o una hermana estn desnudos -dice Santiago- si les falta el alimento cotidiano, y alguno de vosotros les dice: Andad en paz, calentaos, saciaos, sin darles lo necesario para su cuerpo, para qu les sirve eso? Hoy en da nadie puede ya ignorarlo: en continentes enteros son innumerables los hombres y mujeres torturados por el hambre, son innumerables los nios subalimentados, hasta tal punto, que un buen nmero de ellos muere en la tierna edad; el crecimiento fsico y el desarrollo mental de muchos otros se ve con ello comprometido, y regiones enteras se ven as condenadas al ms triste desaliento.24 Hoy ciertamente son muchos los que, como en otro tiempo hicieran los gentiles, se propasan a censurar a la Iglesia esta tan eximia caridad, en cuyo lugar se ha pretendido poner la beneficencia establecida por las leyes civiles. Pero no se encontrarn recursos humanos capaces de suplir la caridad cristiana, que se entrega toda entera a s misma para utilidad de las dems. Tal virtud es exclusiva de la Iglesia, porque, si no brotara del sacratsimo corazn de 22 SVP IX, 25. 23 SVP IX, 240. 24 Pablo VI, Popolorum Progressio 45.

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    Jesucristo, jams hubiera existido, pues anda errante lejos de Cristo el que se separa de la Iglesia.25 Como es evidente, el grave deber, que la Iglesia siempre ha proclamado, de ayudar a los que sufren la indigencia y la miseria, lo han de sentir de modo muy principal los catlicos, por ser miembros del Cuerpo mstico de Cristo. En esto-proclama Juan, el apstol hemos conocido la caridad de Dios, en que dio l su vida por nosotros, y as nosotros debemos estar prontos a dar la vida por nuestros hermanos. Quien tiene bienes de este mundo y viendo a su hermano en necesidad le cierra las entraas, cmo es posible que habite en l la caridad de Dios?26 En esta lnea dijo San Vicente a las Hijas de la Caridad: Si sois fieles en la prctica de vuestra forma de vivir, seris todas buenas cristianas. No os dira tanto si os dijese que serais buenas religiosas. Por qu se han hecho religiosos y religiosas sino para ser buenos cristianos y buenas cristianas?27 ya que para ser verdaderas Hijas de la Caridad es necesario hacer lo que el Hijo de Dios ha hecho en la tierra. Y qu ha hecho principalmente? Despus de someter su voluntad obedientemente a la santa Virgen y a san Jos ha trabajado constantemente por el prjimo, visitando y curando a los enfermos, instruyendo a los ignorantes para su salvacin. Qu dichosas sois vosotras, hijas mas, de ser llamadas a una condicin tan agradable a Dios! Pero debis tener cuidado de no abusar y trabajar en vuestra perfeccin en esta santa condicin. Vosotras tenis la dicha de ser las

    25 Len XIII, Rerum Novarum 30. 26 Juan XXIII, Mater et Magistra 159. 27 San Vicente de Pal IX, 132.

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    primeras llamadas en este santo servicio, vosotras, pobres campesinas e hijas de artesanos.28 EN EL ORDEN DE LA UNIN PERFECTA CON CRISTO Mara, al abrazar de todo corazn la voluntad salvfica de Dios, se consagr totalmente como esclava del Seor a la persona y obra de su hijo. Esto se manifest desde su concepcin virginal hasta la muerte de Cristo. Concibiendo a Cristo, engendrndolo, alimentndolo, presentndolo al padre en el Templo, padeciendo con l cuando mora en la cruz. Cooper de forma excelente en la obra del Salvador con la obediencia, la fe, la esperanza y la ardiente caridad. Por eso es modelo del seguimiento y la fidelidad para cualquier cristiano. Por eso es modelo de la Iglesia misma.

    28 San Vicente de Pal IX, 15.

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    DA 27: ACTUALIDAD DEL MENSAJE DE LA MEDALLA Queridos hermanos y fieles devotos de la Virgen Mara de la Sagrada Medalla Milagrosa: 1830 es un ao clave: tiene lugar en Pars la primera aparicin moderna de la Virgen Santsima. Comienza lo que Po XII llam la "era de Mara", una etapa de repetidas visitaciones celestiales que se han sucedido hasta nuestros das (Lourdes, Ftima...). . La tarde el 27 de Noviembre de 1830, estaba Sor Catalina Labour, Hija de la Caridad, haciendo su meditacin en la capilla de su Comunidad en Pars, cuando se le apareci la Virgen Mara (esta fue la segunda aparicin a la futura santa, a quien se le haba aparecido cuatro meses antes). Ella misma relata la aparicin con estas palabras: Era el 27 de noviembre de 1830, que caa el sbado anterior el primer domingo de Adviento. Yo tena la conviccin de que vera de nuevo a la SS. Virgen y que la vera "ms hermosa que nunca"; yo viva con esta esperanza. A las cinco y media de la tarde, algunos minutos despus del primer punto de la meditacin, durante el gran silencio, me pareci escuchar ruido del lado de la tribuna, cerca del cuadro de San Jos, como el roce de un vestido de seda .Habiendo mirado hacia ese costado, vi a la SS. Virgen a la altura del cuadro de San Jos. La SS. Virgen estaba de pie, era de estatura mediana; tena un vestido cerrado de seda aurora, hecho segn se dice "a la virgen", mangas lisas; un velo blanco le cubra la cabeza y le caa por ambos lados hasta sus pies; debajo del velo vi sus cabellos lisos, divididos por la mitad, ligeramente apoyado sobre sus cabellos tena un encaje de tres centmetros, sin fruncido, su cara estaba bastante descubierta. Sus pies se apoyaban sobre la mitad de

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    un globo blanco o al menos no me pareci sino la mitad, tena tambin bajo sus pies una serpiente de color verdoso con manchas amarillentas. Con sus manos sostena un globo de oro, con una pequea cruz encima, que representaba al mundo; sus manos estaban a la altura del pecho, de manera elegante; sus ojos miraban hacia el Cielo. Su aspecto era extraordinariamente hermoso, no lo podra describir. De pronto v anillos en sus dedos, tres en cada dedo; el ms grande cerca de la mano, uno de mediano tamao en el medio y uno ms pequeo en la extremidad y cada uno estaba recubierto de piedras preciosas de tamao proporcionado. Rayos de luz, unos ms hermosos que otros salan de las piedras preciosas; las piedras ms grandes emitan rayos ms amplios, las pequeas, ms pequeos; los rayos iban siempre prologndose de tal forma que toda la parte baja estaba cubierta por ellos y yo no vea ms sus pies." Luego, el globo de sus manos desapareci, la Virgen baj los brazos y luego la mirada y habl a Sor Catalina, mandndole que haga acuar una medalla haciendo referencia a su Inmaculada Concepcin, que se conocera ms tarde popularmente con el nombre de Medalla Milagrosa. Sor Catalina acaba su relato con esta exclamacin: Oh que hermoso ser escuchar decir: Mara es la Reina del Universo y particularmente de Francia! Los nios gritarn: Mara es la Reina de cada persona en particular.

    Pocos das despus, en diciembre de 1830, la Santsima Virgen visita a Catalina por tercera y ltima vez, Con el mismo vestido color de aurora y el mismo velo, la Virgen Mara se hacer ver, sosteniendo nuevamente un globo de oro, rematado por una pequea cruz. De los mismos anillos, adornado de piedras preciosas irradiaba, con

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    intensidades diversas, la misma luz. Al narrar esta tercera aparicin, Catalina comenta Es imposible expresar lo que sent y todo cuanto comprend en el momento en que la Santsima Virgen ofreca el Globo a Nuestro Seor.

    El ttulo de Reina se le da a Mara Santsima desde los primeros siglos como indicacin de su preeminencia y poder que los recibe de aquel que es el Todopoderoso: Su Hijo, Jesucristo. A partir del siglo V, casi en el mismo perodo en que el Concilio de Efeso proclama a la Virgen 'Madre de Dios', se comienza a atribuir a Mara el ttulo de Reina. En las Letanas Laurentanas, que las rezamos en el Santo Rosario, se ve asociado el ttulo de Reina a otros secundarios como Reina de los ngeles, de los Profetas, de los Apstoles, etc. Como el vocablo misiones no es utilizado con el significado actual sino hasta despus del siglo XVI, evidentemente no encontraremos el ttulo Reina de las Misiones aplicado a Mara en los primeros tiempos de la Iglesia. Sin embargo, s encontramos desde los primeros siglos el ttulo Reina de los Apstoles (no olvidar que hasta despus del siglo XVI, el trmino apstol, aparte de designar a los Doce, era utilizado entre otros, en el sentido que hoy damos al trmino misionero) que sera como decir hoy Reina de los misioneros. . El ttulo Reina de las Misiones parece originarse en un momento muy posterior a esta fecha, recin en la primera mitad del siglo XX. En Espaa, los Misioneros Pales, editaron durante los aos 1935 y 1956, una revista llamada "Reina de las Misiones", lo cual nos dice que ya en la dcada de 1930, se adjudicaba a Mara este ttulo. Sin embargo, su incorporacin al vocabulario magisterial es posterior. Tal es as que en las invocaciones finales a la virgen en los documentos misioneros modernos del siglo

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    XX escritos por Benedicto XV (Maximum Illud, 1919), Po XI (Rerum Ecclesiae, 1926) y Po XII (Fidei Donum, 1957) se la menciona como Reina de los Apstoles. Recin en la Exhortacin Princeps Pastorum (Juan XXIII, 1959), se la invoca como Reina de las Misiones Mara es Reina de las Misiones, porque ella fue la primera misionera, an antes que el mismo Cristo, al llevarlo en su seno y darlo a conocer al mundo. Estuvo presente en el comienzo de la misin en Pentecosts, junto a los Apstoles, acompa a lo largo de toda la historia el camino heroico de los misioneros, y hoy contina dando a conocer a su Hijo a los hombres. Ella es tambin gua y modelo de los misioneros, por eso es llamada tambin "Estrella de la Evangelizacin" Su fiesta se celebra el 31 de Mayo, fiesta litrgica de la Visitacin, cuando la Virgen realiza su primer peregrinar misionero saliendo de su tierra de Nazareth, para ir al encuentro de su prima Isabel, y lleva a Jesucristo en su seno, para darlo a conocer a su prima. De esta manera, Mara se convierte en la primera misionera en llevar a Jesucristo ms all de las fronteras. Hoy, vamos a recibir la Sagrada Medalla que tal como nos la describi Santa Catalina es un compendio de la Palabra de Dios y nos recuerda que somos hijos de Dios e hijos de Mara. La difusin y distribucin de esta medalla entre los pobres, los enfermos, los afligidos y los atribulados; forma parte de la Misin de la Iglesia, es llevar a Mara en el corazn de cada persona, en el corazn de cada hogar para recibir el consuelo y el amor de Dios por medio de las generosas manos de la Virgen y tambin nos invita a ser solidarios con los pobres.