TEMA 1- Competencia lingüística y comunicativa. MUESTRA CEDE ...

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    06-Jan-2017

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  • Desarrollo de los temas

    TEMA

    1 Lenguaje y comunicacin. Competencia lingstica y competencia comunicativa.

    LENGUA CASTELLANA Y LITERATURA

    elaborado por EL EQUIPO DE PROFESORES DEL CENTRO DOCUMENTACIN

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    GUIN - NDICE 1. LA COMUNICACIN Y EL LENGUAJE 2. EL PROCESO DE LA COMUNICACIN TEORAS 2.1. Teora matemtica de la comunicacin 2.2. El modelo de Jakobson 3. EL ESTUDIO DE LA COMUNICACIN

    3.1. Semitica/semiologa 3.2. Perspectiva lingstica: Saussure 3.3. La crtica a la concepcin estructuralista de signo 3.3.1. La funcin sgnica o semitica 3.3.2. Planteamiento del problema: indicios, iconos y smbolos 3.3.3. El significado gramatical de los signos sincategoremticos

    3.3.4. Significado convencional y significado textual o situacional: la cooperacin textual

    3.3.5. La abduccin 3.3.6. La hipercodificacin y la hipocodificacin 3.4. La semitica de Charles Sanders Peirce

    3.4.1. Una semitica lgica: tres categoras para describir los fen-menos

    3.4.2. Objeto, representamen, interpretante 3.4.3. La semiosis ilimitada 3.4.4. Los tipos de signos segn Peirce

    4. COMPETENCIA LINGSTICA Y COMPETENCIA COMUNICATIVA

    4.1. Concepto de competencia segn Chomsky 4.2. Conceptos actuales de competencia lingstica y competencia comu-

    nicativa

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    BIBLIOGRAFA

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    CANALE, M. y SWAIN, M. (1980, versin en espaol de 1996). Fundamentos teri-cos de los enfoques comunicativos, en Signos, 17 y 18.

    CASTAARES, W. (1994). De la interpretacin a la lectura. Madrid: Iberediciones.

    CONSEJO DE EUROPA (2001, versin espaola de 2002). Marco comn europeo de referencia para las lenguas: aprendizaje, enseanza, evaluacin. Madrid: MECD y Anaya. Disponible en la pgina web del instituto Cervantes: http://cvc.cervantes.es/ obref/marco/.

    CHOMSKY-MILLER (1972). El anlisis formal de los lenguajes naturales. Madrid: Comunicacin.

    CHOMSKY (1957, ed. en espaol 1994). Estructuras sintcticas. Mxico: Siglo XXI.

    CHOMSKY (1965, ed. espaola 1997). Aspectos de la teora de la sintaxis. Barce-lona: Gedisa.

    DAVIS, F. (1976). La comunicacin no verbal. Madrid: Alianza Editorial.

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    GUIRAUD, P. (1974). La semiologa. Buenos Aires: Siglo XXI.

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    MALMBERG, B. (1970). La lengua y el hombre. Madrid: Istmo.

    MALTESE, C. (1972). Semiologa del Mensaje Objetual. Madrid: Comunicacin.

    MARTINET, A. (1968). La lingstica sincrnica. Estudios e investigaciones. Ma-drid: Gredos.

    MOUNIN, G. (1972). Introduccin a la Semiologa. Barcelona: Anagrama.

    OLIVERAS, A. (2000). Hacia la competencia intercultural en el aprendizaje de una lengua extranjera: estudio del choque cultural y los malentendidos. Barcelo-na: Edinumen.

    PEIRCE, CH.S. (1988). El hombre, un signo. Barcelona: Crtica.

    Recomendacin del Parlamento Europeo y del Consejo, de 18 de diciembre de 2006, sobre las competencias clave para el aprendizaje permanente [Diario Oficial L 394 de 30.12.2006].

    REZNIKOV (1970). Semitica y teora del conocimiento. Madrid: Comunicacin.

    R. ADRADOS, F. (1980). Lingstica estructural. Tomos I y II. Madrid: Gredos.

    SCHAFF, A. (1966). Introduccin a la semntica. Mxico: F.C.E.

    SMITH y otros (1976). Comunicacin y cultura. Volumen I: La teora de la comu-nicacin humana. Buenos Aires: Nueva Visin.

    VAN EK, J. (1986). Objectives for Foreign Language Learning (Vol I.). Estras-burgo: Council of Europe.

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    COMENTARIO BIBLIOGRFICO

    Todos estos trabajos sobre comunicacin, lenguaje y semiologa (a excepcin del ma-nual de Mestral libros, que es de carcter general) recogen tendencias de las diferentes escue-las que hoy investigan la lengua y los signos como instrumentos de comunicacin y como cdi-gos semiolgicos.

    Unos son ms estrictamente lingsticos (Barthes, Bobes, Chomsky, Guiraud, Marti-net, Adrados, etc.), otros ms introducidos en el campo de la informacin o de la cultura (Dor-fles, Eco, Hund, Maltese, Reznikov, Schaff, Smith, etc), o bien partiendo de lenguajes o sig-nos formales como Peirce, Chomsky y Miller, Prieto, o el equipo compuesto por Vern: Ek-man, Wallace y Friessen, Sluzki, etc. Deben citarse, igualmente aqu, dos voluminosos traba-jos: Trait du Langage. Encyclopdie de la Pleyade, Gallimard, Pars, 1986, dirigido por Andr Martinet. Y La Communication. CELP. Pars, 1988, enciclopedia sobre la comunicacin y los cdigos semiolgicos, dirigida por Abraham Moles.

    La obra de Adrados se publica en dos gruesos volmenes. En el primero de ellos se desarrollan los siguientes contenidos: Principios generales, Fonologa, Morfologa y sistemas morfolgicos, La palabra (Caps. I-IV); Sintagmas, oraciones y unidades superiores (Cap. V), Notaciones gramaticales y anlisis conexos (Cap. VI); Paradigmas, sustituciones y transforma-ciones (Cap. VII, pp. 440-490) y Oposiciones en sistemas y sentido de las unidades (El Lxico, Cap. VIII). El vol. II contina el estudio de las oposiciones en sistema y sentido de las unidades (La Gramtica); sigue la Estilstica y lo diferencial en el sistema (Cap. X), la Fonologa diacrni-ca, la Diacrona de las unidades significativas (Caps. Xl y XII, respectivamente), y por ltimo, el estudio de los Universales de la lengua y la tipologa lingstica (Cap. XIII, pp. 842-940). Este ltimo captulo es el que ms nos puede interesar para el presente tema, en especial su apar-tado III (La lengua y otros sistemas de signos, pp. 840-898), al que remitimos.

    Para el apartado sobre competencia lingstica y comunicativa, la bibliografa actual-mente es muy abundante, especialmente en el campo de la enseanza de segundas lenguas. Para el concepto clsico de competencia, remitimos a las dos obras de Chomsky. Para ampliar las teoras actuales, recomendamos la obra de Llobera et alii, donde se incluyen, entre otras, las propuestas de Bachman, Canale y Hymes.

    El libro de Oliveras se centra en la competencia intercultural, pero ofrece un breve compendio bsico sobre los tipos de competencias en la actualidad, siempre desde el enfoque de la enseanza de espaol como lengua extranjera.

    Para la aplicacin didctica de ambos conceptos, en el mbito de la enseanza de se-gundas lenguas recomendamos el Marco de referencia europeo. En el caso de la aplicacin de

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    las competencias lingstica y comunicativa en la ESO, los documentos fundamentales son la LOE, donde se habla de las competencias bsicas y, entre ellas, las que son objeto de este tema. Tambin el documento con la recomendacin del Parlamento europeo, que est en la base de la propuesta de la LOE.

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    1. LA COMUNICACIN Y EL LENGUAJE

    A lo largo de la historia son varias las definiciones que se han dado acerca del lenguaje y tambin son numerosos los rasgos citados para caracterizarlo. Sin embargo, el hecho de servir como instrumento de comunicacin y vehculo del pensamiento es, sin duda, uno de los rasgos ms significativos de esa facultad humana.

    Por otro lado, la comunicacin es un proceso de intercambio de informa-cin. En la comunicacin humana, en la que dos o ms seres comparten informaciones, pen-samientos, sentimientos, etc., el lenguaje juega un papel fundamental como principal va de comunicacin.

    En consecuencia, lenguaje y comunicacin mantienen una estrecha rela-cin y estn ligados. Prueba de ello es el inters que ha despertado el estudio de la comunica-cin en el mbito de la Lingstica y, al mismo tiempo, el estudio del lenguaje como medio de comunicacin humano desde otras disciplinas ms amplias, como la semitica.

    . EL PROCESO DE LA COMUNICACIN. TEORAS1

    2.1. TEORA MATEMTICA DE LA COMUNICACIN

    Como es sabido, la teora general de la comunicacin tuvo su origen en la obra de Claude E. Shannon y Warren Weaber The Mathematical theory of communication (1948). Estos investigadores, que trabajaban para la BeIl Telephone Company y el Massachussets lnstitute of Technology, buscaban elaborar una serie de modelos matemticos que mejoraran el rendi-miento de los medios de transmisin. La ciencia de la comunicacin naci as en el seno de la tecnologa y no en el de las ciencias sociales, lo que provoc que sus avances se centraran en un principio en los mecanismos de transmisin de la informacin y no en el proceso de crea-cin de esa informacin. No les interesaba, como es lgico, el proceso de creacin y compren-sin del mensaje, sino cmo este mensaje llegaba en mejores condiciones a su destino.

    Esta orientacin, ajena a las ciencias sociales del lenguaje, se basaba en la concepcin de la comunicacin como un proceso de estmulo-respuesta, de evidente races conductistas. En l, el emisor no codifica un mensaje ni el receptor lo descodifica para reconstruirlo, sino que el primero manda una seal ante la que el segundo, de manera inevitable, reacciona automti-camente. Es el proceso que se produce, por ejemplo, entre un termostato y la calefaccin, o

    1 Como sealamos al principio, el tema 1 y el 6 estn relacionados, si bien este ltimo se centra en el proceso de la comunicacin. Por ello, el desarrollo de este apartado en el tema 1 es ms breve. Remitimos para completar informacin al desarrollo del tema 6.

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    entre el mando a distancia y la televisin. Se trata, por tanto, de un proceso de codificacin-descodificacin.

    Ahora bien, lo que ms interesa destacar de esta concepcin es que excluye el mo-mento que para semilogos y lingistas es el meollo de sus investigaciones, el momento de la creacin del mensaje y de su comprensin, as como la propia naturaleza del mismo. En otras palabras, concibe una comunicacin sin significado, es decir, sin el proceso de simbolizacin por el que algo material remite a otra cosa, que es, sin duda, el aspecto clave de toda comuni-cacin humana. El hombre es, ante todo, un ser simbolizador (lo que le permite ser un ser so-cial) por lo que todas las reflexiones sobre la comunicacin humana deben ir encaminadas a desentraar ese intrigante proceso por el que se crean y se entienden significados. Adems, como ha venido poniendo de relieve gran parte de la ciencia semitica y la pragmtica, las condiciones en que la simbolizacin se produce (lugar, tiempo, interlocutores, etc.) tambin in-fluyen determinantemente en cmo se produce esa simbolizacin.

    2.2. EL MODELO DE JAKOBSON

    Desde un punto de vista lingstico, existen otros modelos para representar el esquema de la comunicacin, especialmente si nos centramos en la comunicacin verbal, ya sea oral o escrita.

    El modelo clsico para representar este tipo de comunicacin es el propuesto por R. Jakobson: el emisor enva un mensaje al receptor expresado en un cdigo comn, ubicado en un contexto extralingstico, denominado referente, y a travs de un canal fsico. Adems, para que este proceso tenga lugar, es necesaria la realizacin de dos actividades complementarias: codificacin y descodificacin. No obstante, son varias las crticas que ha recibido este modelo de codificacin y descodificacin. Algunos autores han sealado que ambos procesos son insu-ficientes para explicar ese proceso y han sustituido ese modelo por el de ostensin-inferencia.

    Por otro lado, con el avance de disciplinas como la Pragmtica, otros autores han des-arrollado algunos componentes de ese esquema, como la intencionalidad del emisor o el con-texto.

    3. EL ESTUDIO DE LA COMUNICACIN

    3.1. SEMITICA/SEMIOLOGA

    La ciencia que estudia los procesos de simbolizacin por los que el hombre construye mensajes es la semitica o semiologa. En principio, ambos trminos suelen utilizarse como sinnimos, si bien cada uno de ellos se vincula con una tradicin. Como es sabido, esta ciencia

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    nace independientemente en Europa y en Estados Unidos, de la mano de dos grandes pensa-dores. La diferente formacin y las diferentes preocupaciones cientficas de estos dos investi-gadores hicieron que, desde sus comienzos, convivieran en la semitica dos modos de conce-bir el proceso semiolgico que, si bien comparten algunas ideas, se diferencian en la mayora de ellas.

    El trmino Semitica se halla ms vinculado a la tradicin anglosajona, cuyo principal representante es Pierce, un filsofo pragmatista (adems de matemtico, gelogo, periodista, etc.) que elabora una compleja teora que incluye miles de pginas y que sienta sus bases en la tradicin filosfica ms antigua. Para l, la semitica es la doctrina casi necesaria o formal de los signos y la lgica, en su sentido general, no es sino otro nombre de la semitica. La semiologa no tiene conexiones con la psicologa ni con la sociologa, sino que es una forma de la lgica con estrechas relaciones con la fenomenologa2.

    Por otro lado, el trmino Semiologa se vincula a la tradicin europea, ligada a Saussu-re, quien es, ante todo, un lingista, y no dedica a la semiologa ms que unos breves prrafos (unas quince alusiones en total). En ellos, se limita a sealar la necesidad de una ciencia que estudie la vida de los signos en el seno de la vida social3. Esta ciencia, por tanto, formara par-te de la psicologa social, y dentro de ella se situara la lingstica.

    De estas dos concepciones se derivan una serie de diferencias que dan lugar a dos teoras distintas que veremos a continuacin. Una de ellas es que los estructuralistas hacen hincapi en las diferencias que separan al lenguaje de otros modos de comunicar, la semitica peirciana recalca, en cambio, sus semejanzas. As, Mounin, en la obra citada, seala que el trmino lenguaje debe utilizarse slo cuando nos encontramos ante comunicacin intenciona-da4, para, a continuacin, criticar, como ejemplo, a aquellos bilogos que describen fenmenos genticos con trminos de la semitica. Los semilogos peircianos, por el contrario, sealan que los procesos mentales que se producen en el uso del lenguaje humano verbal son cualita-tivamente iguales a cualquier otro proceso comunicativo, por lo que son menos remisos a usar el trmino lenguaje en otros mbitos que el meramente verbal5.

    2 La lgica, en su sentido general, es (...) slo otro nombre de la semitica, la doctrina cuasi-necesaria, o formal, de los signos (Peirce, Collected Papers, 2.227. Seguimos la norma general de citar esta coleccin de escritos de Peirce: la primera cifra se refiere al volumen, las siguientes al prrafo. Desgraciadamente, los CP no estn tradu-cidos al espaol. Algunos de los escritos en ellos contenidos han aparecido en algunas obras recopilatorias ver bibliografa. Por ello, nos vemos obligados a citar por la edicin de la Harvard University Press). 3 Saussure, Ferdinand de, Curso de lingstica general, Buenos Aires, Losada, 19697, pg. 33. 4 Mounin, Op. Cit., pg. 35: Es comprensible que los lingistas reprueben y desaconsejen el uso inmoderado y a priori de la palabra lenguaje para describir fenmenos, sin investigacin cientfica previa. De este modo se corre el riesgo de postular que hay una intencin de comunicacin all donde no existe. 5 Como ejemplo, pinsese en la intervencin que Umberto Eco hizo en el simposium The semiotics of cellul com-munication (Lucca, septiembre de 1986), simposium de inmunologa organizado para proponer a un grupo de es-tudiosos de semitica algunas teoras segn las cuales el sistema inmunolgico puede considerarse un fenmeno

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    Es la concepcin estructuralista la que ha dominado el pensamiento europeo hasta los aos setenta, y las aulas hasta hoy en da. En las prximas pginas, expondremos esta con-cepcin brevemente, pues es ms conocida y fcil de estudiar en los manuales al uso, y nos extenderemos con algo ms de amplitud en la crtica a ella que se ha venido desarrollando desde hace dos dcadas, as como en la semitica de Charles Sanders Peirce, pues son stos aspectos cuya bibliografa puede ser de ms difcil acceso para el opositor.

    3.2. PERSPECTIVA LINGSTICA: SAUSSURE

    Las diferencias en el punto de partida que acabamos de mencionar tienen consecuen-cias importantes en el desarrollo de ambas teoras. As, la semitica estructuralista que se deri-v de Saussure es una ciencia, ante todo, verbocentrista. En otras palabras, sus reflexiones sobre la semiosis en general se ven muy condicionadas por sus reflexiones sobre la comunica-cin verbal en concreto, de modo que, por ejemplo, la concepcin saussuriana del signo es producto directo de la concepcin del signo lingstico. La semitica peirciana, en cambio, pre-tende hacer una reflexin ms general sobre los procesos de semiotizacin, que, posteriormen-te, podr ser aplicada a la lengua.

    Como consecuencia de esto, nos encontramos con una primera diferencia concreta de importancia capital. Para los semilogos estructuralistas slo existe comunicacin cuando un emisor emite intencionadamente un mensaje. Segn Mounin,la primera distincin fundamen-tal consiste en separar perfectamente los fenmenos que implican una intencin de comunica-cin (aun cuando no es siempre fcil probar cientficamente la existencia de una intencin) de aquellos que no implican ninguna6. De este modo, slo hay comunicacin propiamente dicha en la comunicacin humana (dejando aparte los atisbos de comunicacin animal intencionada monos, abejas, delfines, etc. estudiados en la zoosemitica) y cuando el hombre lo hace conscientemente. Esto excluira del estudio semitico fenmenos como el acento regional, el rubor, la gesticulacin, y, por supuesto, la investigacin detectivesca, la meteorologa o el dia-gnstico mdico. Es decir, excluye al tipo de signo que luego llamaremos ndice o indicio, y se centra solamente en los smbolos y algunos iconos.

    Adems, de esta idea se desprende otra consecuencia fundamental: la semiotizacin recae sobre todo en el emisor; el peso del proceso comunicativo es del emisor, mientras que el receptor acaba convirtindose en un ente pasivo que se limita a deshacer el proceso semioti-zador (o codificador, si se quiere) que ha hecho el emisor. De este modo, se da mucha ms importancia a la creacin del mensaje que a su interpretacin.

    de comunicacin entre linfocitos. Este trabajo est recogido en Eco, Umberto, Los lmites de la interpretacin, Bar-celona, Lumen, 1992, pgs. 239-253. 6 Mounin, Georges, Claves para la lingstica, Barcelona, Anagrama, 1976, pg. 30.

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    Como es sabido, el signo es para Saussure una entidad biplnica en la que un signifi-cado queda asociado a una entidad material que remite a l. El signo, as, se concibe como la unin indisoluble de un significado, que es un concepto, con un significante, que es una imagen acstica. Ambos planos son solidarios, es decir, uno no puede concebirse sin el otro, y para explicarlo Saussure metaforiza ambos planos como el anverso y reverso de una hoja de papel, o la cara y la cruz de una moneda. Es muy de sealar que Saussure insiste en que denomina signo a la unin de ambos, no slo al significante, pues esto lo separa radicalmente de la semi-tica peirciana, que llama signo solamente al elemento material (el representamen) y no a lo que ello remite (el objeto dinmico).

    Tambin es de sealar que para Saussure tanto el significante como el significado tie-nen carcter psquico. El concepto es plenamente psquico, mientras que el significante es psi-cofsico, pues aunque se manifiesta como una sucesin de sonidos, es, en realidad, la imagen mental que subyace a estas realizaciones, que pueden ser muy diversas7.

    Ahora bien, si el significante de un signo es una entidad virtual que se actualiza en sus manifestaciones concretas, el significado tambin se actualiza en los referentes a que seala. Mientras que el significado casa es un concepto, es decir, el conjunto de caractersticas que me permite agrupar a una serie de objetos parecidos, en cada acto comunicativo nos referire-mos a una determinada casa concreta, que identificaremos gracias al contexto o a determina-dos recursos del cdigo. Esta triple relacin entre el significante, el significado y su referente ha sido ejemplificada por Ogden y Richards mediante el llamado tringulo semitico:

    Cuadro 1

    En este sentido, se suele llamar significado intensional o intensin de un signo a su

    significado conceptual, y significado extensional o extensin de un signo a su significado refe-rencial. A veces, sin embargo, la diferenciacin entre uno y otro no es tarea fcil. Pinsese, por ejemplo, en las palabras decticas, que parecen no tener intensin, o en los signos sincatego-

    7 En este mismo sentido, Peirce distinguir el signo tipo (type), es decir, el modelo, del signo ocurrencia (token), que es cualquiera de las manifestaciones de ese modelo. Recordamos que donde Peirce dice signo, Saussure dira significante.

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    remticos (preposiciones, conjunciones, etc.) que parecen no tener extensin, o en los signos de relacin, cmo?, =, etc.

    Por otra parte, se dice que el significante connota el concepto y denota el referente, es decir, que informa de las notas o rasgos que integran el significado (con-notar) y que seala, remite a la realidad externa o a un mundo posible.

    Otra de las caractersticas bsicas de la concepcin saussuriana del signo es que ste se entiende como una unidad en relacin directa de contraste u oposicin con otras unidades semejantes a ella (concepcin derivada de la unidad gramaticalizada que, segn ellos, es el signo lingstico), unidad que, adems, manifiesta una correlacin fija con una porcin de pen-samiento. Para Saussure el pensamiento es una masa amorfa e indistinta, una nebulosa donde no hay nada delimitado. Segn vamos construyendo el mensaje, vamos haciendo corresponder una porcin de pensamiento a un significante, lo que crea el signo. As, tanto el significante como el significado se presentan como dos elementos perfectamente analizables y que van a construir sistemas estructurados de oposiciones entre ellos8.

    Aos despus de Saussure, y en este mismo sentido, Hjelmslev concebir el signo como la unin de una forma de la expresin con una forma del contenido. Se llama campo de la expre-sin a aquel que atae al significante y campo del contenido a aquel que atae al significado. Pues bien, Hjelmslev cree que en ambos campos cabra distinguir una sustancia amorfa que, para servir a efectos semiticos debe ser conformada, y una forma que es la que conforma esa sustancia y la hace til para el trabajo semitico. En el campo del contenido la sustancia es la realidad mental, el fenmeno9, que dira un filsofo, y la forma es el concepto10. En el campo de la expresin, la sustancia sera el sonido o la materia de que se componga el significante, y la forma la imagen acstica o el conjunto de rasgos visuales, olfativos, etc., que comporten signifi-cado. A estos rasgos en que se puede descomponer la forma de la expresin se los llama rasgos distintivos o pertinentes (por ejemplo, en el dibujo de una cebra sera distintivo la forma de la si-lueta y las rayas que cruzan la figura, pero no la longitud de la cola). En conclusin, un signo es, para Hjelmslev, una forma de la expresin asociada a una forma del contenido.

    8 No creemos que sea ste el lugar para tratar de la concepcin estructuralista de sistema y de la concepcin de lengua. Para ello, nos remitimos a los temas 6 y 1 0 de este temario. 9 Otro tema es que, para algunos filsofos (entre ellos Peirce) el fenmeno sea ya una semiotizacin de la reali-dad. 10 Recordamos aqu que para el estructuralismo, los conceptos se ordenan tambin por oposiciones, y que cada lengua ordena el mundo en una red de conceptos propio de ella, lo conceptualiza en modo diferente.

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    3.3. LA CRTICA A LA CONCEPCIN ESTRUCTURALISTA DE SIGNO

    3.3.1. La funcin sgnica o semitica

    Aun dentro del estructuralismo, los estudiosos ms preocupados por la semitica se percataron de que la definicin saussuriana de signo, la unin de significante y significado co-mo las dos caras de una moneda, dejaba mucho que desear. En efecto, el propio Hjelmslev afirma en Prolegmenos a una teora del lenguaje que un signo no es una entidad semitica fija, sino el lugar de encuentro de dos elementos mutuamente independientes, procedentes de dos sistemas diferentes y asociados por una relacin codificadora. En rigor, no existen signos, sino funciones semiticas.

    Existe, as, funcin semitica cuando una expresin y un contenido (un significante y un significado, hubiera dicho Saussure) estn en correlacin. En este caso, se dice que ambos elementos son funtivos de la funcin semitica. Los signos son, de este modo, los resulta-dos provisionales de reglas de codificacin que establecen relaciones transitorias. Entra en cri-sis con esta idea el concepto, podramos decir, ingenuo de signo, y ste se disuelve en un retculo de relaciones mltiples y mudables.

    De este planteamiento de partida se desprenden dos consecuencias de capital impor-tancia:

    En primer lugar, que, como ya seal Morris en Foundations of a theory of signs11, algo es un signo slo porque un interprete lo interpreta como signo de algo. En efecto, la funcin semitica viene producida por el intrprete, que es el que pone en relacin a los dos funtivos. As, se produce comunicacin siempre que hay funcin semitica, es decir, siempre que un intrprete interpreta (y esta palabra es clave, porque interpretar es algo ms que establecer equivalencias), independientemente de que en el origen haya habido, o no, intencin comunicativa. No es necesario, pues, que se emita inten-cionadamente, con lo que debemos considerar como signo todo objeto que sea consti-tuido en funtivo de una funcin semitica. Por tanto contina Morris la semitica no tiene nada que ver con el estudio de un tipo de objetos particular, sino con los objetos comunes en la medida en que (y slo en la medida en que) participan de la semiosis.

    En segundo lugar, la segunda consecuencia que se deriva de la definicin de funcin semitica es que el concepto de signo no sirve cuando se lo identifica con el de uni-dad de signo y con el de correlacin fija, de modo que si deseamos seguir usando este concepto (al que algunos proponen renunciar) debemos considerar como signo

    11 Traducido al espaol como Presentacin del lenguaje, Madrid, Taurus, 1972.

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    toda correlacin entre una textura expresiva bastante imprecisa y una porcin de con-tenido. Debemos, pues, ante todo, renunciar a la identificacin entre signo y unidad gramaticalizada (cosa que para nosotros, lingistas, puede resultar difcil) y ampliar, en cambio, la definicin de signo a cualquier tipo de correlacin que instituya relacin entre dos funtivos, independientemente de su tamao y analiticidad. De hecho, en la revisin crtica a que ha venido siendo sometida la nocin estructuralista de signo, se ha pro-puesto con cierta insistencia sustituir el concepto de signo, demasiado atmico para analizar procesos comunicativos complejos, por el concepto de texto. Ya veremos que, sin embargo, ambos conceptos son en el fondo lo mismo, ya que, gracias a la nocin de interpretante, todo texto es un signo y todo signo es un texto.

    3.3.2. Planteamiento del problema: indicios, iconos y smbolos

    El interesante problema que plantea esta crtica a la concepcin saussuriana es el de

    describir con precisin los mecanismos en virtud de los cuales se ponen en relacin el signifi-cante y el significado. Es decir, stos ya no se entienden como indisolublemente unidos y formando un todo unitario, sino que, como son independientes y se unen transitoriamente gra-cias a la accin de un intrprete, debemos profundizar en cmo se realiza esa unin.

    En principio, parecen existir dos grandes mecanismos:

    La relacin de remisin se basa en un mecanismo inferencial. Por ejemplo, vemos la huella de un animal e inferimos que el animal ha pasado por all: si aparece el signo p, entonces es que se da el significado q. Es el mecanismo que se da en los llamados in-dicios, en los que el proceso inferencial viene provocado por una relacin natural o ex-periencial entre significante y significado (el intrprete hace la inferencia porque su ex-periencia del mundo le dice que debe hacerla, que si hay una huella es porque ha pa-sado un animal). Ntese que la inferencia no implica certeza absoluta en el significado. Por ejemplo, vemos humo e inferimos si humo, entonces incendio, pero bien pudiera tratarse de una hoguera u otra circunstancia.

    La relacin de remisin se basa en un mecanismo de equivalencias. Es decir, si per-cibo un signo, entonces, necesariamente, viene implicado su significado. Si oigo el sig-no madre, se genera en m automticamente el significado madre. En otras palabras, el significante no mantiene una relacin de implicacin con el significado, sino que re-mitira obligadamente al significado porque mantiene con l una relacin de equivalen-cia. El proceso mental, por ello, no sera inferencial, sino deductivo. Sera el proceso que se dara en los smbolos, y, por ello, en el lenguaje verbal, donde el proceso viene motivado porque la relacin entre significante y significado es arbitraria, inmotivada.

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    Por ltimo, existiran unos signos en los que la relacin semitica se establecera a medio camino entre los dos expuestos. Por un lado, existiran en ellos corresponden-cias puntuales entre expresin y contenido, de modo que seran arbitrarios como los smbolos, pero, por otro lado, contendran elementos de motivacin. Es decir, entre el significante y el significado se establecera una relacin de semejanza o contigidad que implicara un proceso mental inferencial. Es lo que se dara en los llamados iconos.

    Este planteamiento de partida (ntese el condicional con que hemos redactado los p-

    rrafos anteriores) es la base para separar radicalmente el lenguaje verbal de otros tipos de co-municacin, ya que ambos tipos de actividades resultaran de procesos mentales completa-mente diferentes. El lenguaje verbal sera un proceso deductivo que establecera equivalen-cias, mientras que otros tipos de comunicacin (la msica, la pintura, la actividad detectivesca, el cine, etc.) seran procesos inferenciales que unen significantes y significados sin sistematici-dad ni automaticidad.

    Y, sin embargo, parece que la tradicin filosfica occidental sostiene que ambas reali-dades tienen algo en comn, pues si no, no existira desde los griegos el concepto de signo. La pregunta que se plantea as es: no existe algo en comn que subyazca a los signos, digamos, deductivos, y a los inferenciales? En realidad, como seala Eco12, no es tan sencillo distinguir entre los dos procesos mentales. Imagnese, dice, que Fulano lleva en la solapa un distintivo con una hoz y un martillo. Estamos ante un caso de significado intencional (Fulano quiere de-cir que es comunista), o ante un caso de representacin pictrica (este distintivo representa la unin de obreros y campesinos), o ante un proceso inferencial (si Fulano lleva este distintivo, entonces es comunista)? Lo importante, sealan quienes prefieren resaltar las semejanzas que hay entre los diferentes tipos de signos (y por ello entre el lenguaje verbal y, como ellos diran, otros lenguajes), es que en todos los casos se da algo que est por otra cosa (aliquid stat pro aliquo, definicin clsica de signo). Adems (y aqu es donde se plantea la gran divergencia con los estructuralistas) no es cierto que en el lenguaje verbal se produzca un mecanismo de-ductivo de correlacin de equivalencias. En el lenguaje verbal, afirman, se produce un meca-nismo inferencial idntico al de otros procesos de comunicacin no verbales, por lo que distin-guir lenguaje y otros modos de comunicacin es absurdo. Veamos ahora sus argumentos para defender esta postura.

    3.3.3. El significado gramatical de los signos sincategoremticos

    Como es sabido, la gramtica distingue tradicionalmente entre un significado lxico y un significado gramatical. El primero es aquel que remite de algn modo a la realidad extralin-gstica, y es el que tienen los lexemas y los morfemas derivativos, los cuales poseen un signi- 12 Eco, Umberto, Semitica y Filosofa del Lenguaje, Barcelona, Lumen, 1990, pg. 29.

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    ficado lxico gramaticalizado (ver tema 12). El significado gramatical, en cambio, es propio de los morfemas flexivos y de los morfemas libres o trminos sincategoremticos (preposiciones, conjunciones, etc.). Es aquel que se define en trminos de la propia gramtica, es decir, el que hace referencia a la organizacin del discurso. En otras palabras, es un significado relacional que slo puede ser concebido teniendo en cuenta otros elementos del discurso que estn en relacin sintagmtica con el trmino portador de significado.

    Si consultamos el DRAE, descubriremos que para fijar, por ejemplo, el significado de la preposicin de, debe recurrir a instrucciones de interpretacin que slo pueden ser aplicadas en contextos especficos: sirve para fijar la aplicacin de un nombre apelativo, se emplea tambin para esforzar un calificativo, etc. En efecto, el significado de un trmino sincategore-mtico es un bloque de instrucciones para sus posibles inserciones contextuales y para sus distintos usos semnticos en contextos diferentes.

    De ello se deriva inmediatamente que, o bien consideramos que hay un sinnimo de de para cada contexto en que aparece, cosa obviamente inviable, o bien, lo que parece ms lgi-co, que no existe una relacin de equivalencia automtica entre el significante de y sus signifi-cados posibles. Si esto es as, el intrprete que se encuentre ante un significante de esta natu-raleza no podr unirlo automticamente a un significado, sino que deber sopesar otros ele-mentos, bien otros signos que lo rodeen, como, por ejemplo, para decidir que en temor de Dios, de indica destino, o bien otras condiciones contextuales, como, por ejemplo, para decidir si en la destruccin de los enemigos estamos o no ante un acusativo interno.

    Represe entonces que el mecanismo mental es idntico al que realizamos ante los in-dicios. Por ejemplo, ante el humo en el horizonte, sopesamos otros elementos (tipo de terreno, estado del tiempo, etc.) para decidir si se trata de un incendio o no. En ambos casos, si hace-mos una mala evaluacin de los elementos que rodean al signo, podremos equivocarnos en la asignacin de los significados, lo que provoca los malentendidos, en el caso del lenguaje ver-bal. En ambos casos estamos ante un proceso inferencial, y, como tal, ante un proceso que no garantiza la certeza en la interpretacin.

    De todos es sabido la importancia fundamental que los signos sincategoremticos tie-nen en el lenguaje verbal. Pues bien, si estos signos verbales tan importantes se rigen por un mecanismo similar al de los indicios, parece claro que las fronteras entre lenguaje verbal y otros modos de comunicarse se van difuminando.

    No queda aqu, con todo, la crtica a la concepcin tradicional del signo, pues los se-milogos postestructuralistas llevan su argumentacin an ms lejos. Segn ellos, no slo los trminos sincategoremticos se producen como resultado de un proceso inferencial, sino tam-bin los categoremticos. Veamos como lo fundamentan.

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    3.3.4. Significado convencional y significado textual o situacional: la cooperacin textual

    No debemos olvidar, antes de seguir adelante, que la semitica estudia procesos de

    comunicacin reales y efectivos en condiciones autnticas, y no abstracciones idealizantes de la realidad. Por ello, es necesario distinguir el significado convencional de un trmino del signi-ficado textual o situacional que se da de hecho, debido a que un texto tiene significados direc-tos e indirectos. Para entender estos ltimos, son necesarios procesos de cooperacin textual, interpretativa, mientras que los primeros son comprensibles sobre la base de una lengua L. El proceso, por ello, no es sencillo. En primer lugar, ante cualquier expresin debemos decidir so-bre las opciones que nos ofrece la lengua L haciendo inferencias apoyadas en el cotexto o en el contexto. Podremos entonces decir que el significado de un trmino es una serie de equiva-lencias establecidas por convencin independientemente de los contextos en que puede apa-recer el signo?

    Una de las ideas que ms ha cambiado la reflexin semitica y lingstica en las lti-mas dcadas es la que tuvo el filsofo del lenguaje ingls H.P. Grice al distinguir en todo acto verbal entre lo que se dice y lo que se quiere decir, entre lo que aparentemente se comunica y lo que se est comunicando en realidad. De este modo, en todo acto verbal tendremos los si-guientes elementos:

    1) Un Emisor E que produce un enunciado y para un destinatario D. 2) Una clase Y de enunciados tipo (ver nota 6) de los que y es ocurrencia. 3) Una lengua L compartida por E y D. 4) Una situacin S en la que E produce y para D. 5) Un acto de enunciacin e, con el que E produce y para D, que no engloba solamente al enunciado y, sino que rene otros elementos (gestos, tonos, etc.) y se da en S. 6) Un significado x que L asocia convencionalmente a y. 7) Una serie de significados situacionales a, b, c, d... que D atribuye a y.

    Pues bien, para poder asignar y a a, b, c o d, el destinatario tiene que comparar x con

    la serie de datos que constituyen S, y a partir de esa comparacin debe hacer inferencias, arriesgadas en muchos casos. Transcribamos el divertido ejemplo que Umberto Eco pone en Semitica y filosofa del lenguaje:

    Supongamos ahora que E produce en S1 un y (que es una fonacin) transcribible alfa-bticamente como:

    /El delantero centro del Inter ha dado una buena leccin al defensa de la Juvel (...)

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    Supongamos (...) que E enuncie y y quiera que D se d cuenta de que no pretenda decir (slo) x sino tambin alguna de las siguientes cosas:

    a) Que el delantero centro no ha dado una buena leccin (E es propenso a la iro-

    na).

    b) Que E cree que el delantero centro ha dado una buena leccin (E quiere que D lo considere inexperto en ftbol; en realidad el delantero centro ha jugado muy mal).

    c) Que no deben hacerse ciertas preguntas (D haba preguntado a E si haba te-

    nido una cierta relacin sentimental con cierta dama, y E claramente cambia de tema).

    d) Que E ha tenido una relacin sentimental con cierta dama (D ha hecho la pre-

    gunta mencionada en c, y E sabe que cambiando de tema har creer a D que le resulta embarazoso dar una respuesta afirmativa).

    e) Que es forofo del Inter (y por tanto se deshace en elogios de la hermosa jugada

    del delantero centro).

    f) Que D no debera ser tan fanfarrn (D ha desafiado a E a un partido de ftbol, y E le recuerda que otros antes que l han recibido severas lecciones).

    g) Que al da siguiente llegar un alijo de cocana (E est hablando en clave).

    h) Que E est al corriente de los trficos de D (E cita y a D porque sabe que y en

    clave significa g, y sabe que D recibi ayer un mensaje similar, y E quiere que D sepa que l sabe todo).

    En todos estos casos, E est tratando de que D entienda algo que va ms all del sig-nificado convencional de y13.

    As pues, en toda comunicacin verbal, se produce tambin un mecanismo inferencial

    idntico al de la comunicacin indicial o icnica, tanto en las palabras sincategoremticas como en las categoremticas. Ello implica que la esencia de todo signo no es que significante y signi-ficado vayan unidos de manera esencial, sino que la unin entre ambos se produce como re-sultado de un proceso en que un intrprete realiza un mecanismo inferencial que los asocia. 13 Eco, Umberto, Semitica y Filosofa del Lenguaje, Barcelona, Lumen, 1990, pgs. 86-88.

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    Ello demuestra, adems, que la comunicacin verbal es esencialmente igual a otros modos de comunicacin no verbales.

    3.3.5. La abduccin

    As, pues, el movimiento lgico que hacemos para interpretar un signo es bastante ms audaz que el mero establecimiento de equivalencias, que la mera deduccin de una causa o una consecuencias necesarias. Es decir, toda unin de un significado y un significante es pro-ducto de un proceso del tipo p entonces q, o, en otras palabras, un signo no se descodifica, sino que se interpreta. Esta interpretacin es una inferencia lgica que Peirce ha llamado ab-duccin, y que se describe en contraste con los otros dos modos mediante los cuales extraer una conclusin de unas premisas, la induccin y la deduccin.

    La deduccin consiste en aplicar una regla a un caso, de modo que si la regla y el caso son ciertas, el resultado lo es necesariamente:

    Regla: todas las judas de este saco son blancas. Caso: estas judas son de este saco. Resultado: estas judas son blancas.

    La induccin consiste en la inferencia de la regla partiendo del caso, es decir, extrae-

    mos repetidas veces judas blancas de un saco (tenemos diferentes casos) y de ello llegamos a concluir que todas las judas del saco son blancas. Ntese que, mientras que la deduccin es una inferencia analtica (o si se quiere, meramente mental), la induccin se basa en la expe-riencia. Adems, la induccin es arriesgada, pues la conclusin no es necesaria (podra suce-der que en el fondo del saco hubiera tres o cuatro judas negras), y, por ello, permite ampliar nuestro conocimiento, no slo explicarlo:

    Caso: estas judas son de este saco. Resultado: estas judas son blancas. Regla: todas las judas de este saco son blancas.

    Por ltimo, la abduccin o hiptesis permite explicar un hecho que aparece como sor-

    prendente al considerarlo, hipotticamente, como el resultado de aplicar una regla a un caso. En el ejemplo de las judas, si viramos un puado de judas blancas junto a un saco de judas blancas abduciramos que las judas son de ese saco.

    Regla: todas las judas de este saco son blancas. Resultado: estas judas son blancas. Caso: estas judas son de este saco.

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    La abduccin es un caso de inferencia sinttica en que encontramos una circunstancia muy curiosa que podra explicarse por la suposicin de que es el caso especfico de una nueva regla general, y, por tanto, adoptamos dicha suposicin (Collected papers, 2.624). As, mien-tras que la deduccin va de la causa a la consecuencia, la abduccin va de la consecuencia a la causa (Peirce tambin la llam retroduccin). Es el proceso que sigui, por ejemplo, Kepler, cuando, al enfrentarse ante el hecho sorprendente de que algunos datos de su observacin de los planetas contravenan la regla de que stos se movan circularmente, tuvo que postular una nueva regla, la de las rbitas elpticas, que luego ratific con nuevos datos. Es el mismo proce-so que sigue un mdico al enfrentarse con sntomas diversos que exigen de una hiptesis (es sarampin) para explicarlos, o el que sigue Sherlock Holmes para hipotizar la solucin de un caso (resoIver un caso policial, o diagnosticar una enfermedad, no es sino leer un texto!!!). Y es el mismo proceso que sigue un oyente cuando al or, por ejemplo, el coche devoraba quil-metros, debe hipotizar una serie de reglas (retricas en este caso) que explique el hecho sor-prendente de que un ser inanimado devore un ente abstracto.

    Si el signo se rigiese por una simple relacin de equivalencia, su descodificacin consti-tuira un proceso deductivo, como en el caso de las equivalencias de las semias sustitutivas: /.-/ est siempre en lugar de /a/; ahora se da el caso de que /.-/, por lo tanto /a/. Si no conocira-mos el significado de un signo y tuvisemos que reconstruirlo a travs de experiencias repeti-das, el proceso correspondiente sera de tipo inductivo. Es lo que sucede en los primeros esta-dios del aprendizaje de una lengua extranjera por inmersin. Cada vez que el hablante de esa lengua desconocida pronuncia la expresin /x/ indica el objeto /y/ o bien se da simultneamente la experiencia /y/, luego /x/ debe de significar con razonable probabilidad /y/.

    La abduccin, en cambio, acta cuando debo interpretar figuras retricas, y cuando de-bo interpretar huellas, sntomas e indicios. Pero lo mismo sucede cuando debo interpretar el valor que determinado enunciado, palabra clave o episodio adquieren en un texto. Por tanto, la abduccin representa el intento aventurado de trazar un sistema de reglas de significa-cin que permitan al signo adquirir su propio significado.

    3.3.6. La hipercodificacin y la hipocodificacin

    Peirce, dentro del concepto de abduccin, incluye dos movimientos hipotticos diferen-tes.

    En un caso, hablamos de hipercodificacin (o hiperabduccin) cuando, a partir de una regla anterior que se ve violada, se propone una regla adicional para explicar esa violacin, regla que supone una complicacin muy particular de la primera regla general. Es el caso del ejemplo anterior, en el que se viola la regla de que devorar exige un sujeto animado y un objeto no abstracto. Para explicar este caso, debemos postular una regla retrica que complica la re-

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    gla anterior, algo as como que devorar posee un uso metafrico que no hace explcita referen-cia al acto alimenticio, pero en el que conserva unos rasgos semnticos como la rapidez, la brusquedad, la desaparicin y disminucin del objeto, etc. que vienen derivados de su signifi-cado ms comn.

    La hipercodificacin acta en dos direcciones. Por un lado, mientras que el cdigo asigna significados a expresiones mnimas, la hipercodificacin regula el contenido de ristras ms macroscpicas: las reglas retricas e iconolgicas son de este tipo. Por otro lado, dadas determinadas unidades codificadas, se las analiza en unidades menores a las que se asignan nuevas funciones semiticas, como ocurre cuando, dada una palabra, la paralingstica hiper-codifica los diferentes modos de pronunciarla asignndoles diferentes matices de significado.

    En otros casos, Peirce designa con el concepto abduccin tambin un proceso mental ms impreciso y ms amplio que se denomina hipocodificacin (o hipoabduccin) y que se de-fine como la operacin por la que, a falta de reglas ms precisas, se admiten provisionalmente porciones macroscpicas de ciertos textos como unidades pertinentes de un cdigo en forma-cin, capaces de transmitir porciones vagas, pero efectivas, de contenido, aunque las reglas combinatorias que permiten la articulacin analtica de dichas porciones sigan siendo descono-cidas. Es el proceso que sigue un destinatario no formado al interpretar, por ejemplo, una pieza musical o un poema surrealista (no hablamos de un msico o un crtico literario): percibimos una serie de elementos vagos y sin aparente unidad, pero que, sin embargo, son portadores de significado, son signos, y, de una manera inconsciente, los aunamos en una sensacin unitaria, difcilmente explicable a veces con palabras, que es su contenido. La abduccin es, en este sentido, un instinto que se apoya en la percepcin inconsciente de conexiones entre aspectos del mundo, y del texto (musical o potico), o, en otros trminos, una comunicacin subliminal de mensajes, de modo que la hiptesis viene a cambiar una complicada maraa de predica-dos sobre un tema por una percepcin simple (Collected Papers, 2.643). Lo cual, dicho sea de paso, produce segn Peirce un cierto tipo de emocin que le hace decir que la hiptesis aporta el elemento sensual del pensamiento. (CP, 2.643). Los distintos elementos de una hiptesis interpretativa estn en nuestra mente antes de que seamos conscientes de haberla formulado, pero es el hecho de ensamblar lo que antes nunca habamos soado ensamblar lo que en-ciende la sugestin de nuestra contemplacin (CP, 5.181). Peirce describe la formacin de una hiptesis como un acto de penetracin, de sugestin abductiva que se nos acerca co-mo un relmpago (lbidem). La nica diferencia entre una hipocodificacin y una hipercodifica-cin es que la primera no est sujeta al anlisis lgico, mientras que la segunda s.

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    3.4. LA SEMITICA DE CHARLES SANDERS PEIRCE

    3.4.1. Una semitica lgica: tres categoras para describir los fenmenos

    La semitica peirciana, como variante que es de la fenomenologa, estudia ante todo un proceso mental que se da, consciente o inconscientemente, en el ser humano. Para Peirce, existe comunicacin all donde se d un proceso simbolizador, sea de la naturaleza que sea, es decir, all donde alguien se vea remitido a otra cosa por un elemento material que, por ello, no tiene slo valor en s mismo. Habra, pues, comunicacin en el acto de pagar con moneda, en seguir la pista de un animal, en averiguar lo que alguien piensa por sus expresiones faciales. Lo que le interesa a Peirce es penetrar en la naturaleza de ese acto mental que pone en rela-cin el signo y su significado.

    La consecuencia de esto es que la clave del proceso semiotizador la tiene el receptor, y no el emisor. Poco importa, por ejemplo, que Cristina se haya dejado el cepillo de dientes en mi casa conscientemente o no; lo importante es que yo, al verlo, lo considero signo de que Cristi-na ha estado en mi casa este fin de semana, y por tanto recibo una informacin. Por ello, lo ms importante es cmo se interpreta un signo (o un texto), no cmo se produce, pues el peso del proceso de comunicacin recae en el receptor, que es un ente activo y creador. Las conse-cuencias de esta concepcin son claves para la hermenutica, la pragmtica, la psicolingsti-ca, la sociolingstica, y, por supuesto, para la semitica.

    El fracaso de la concepcin saussuriana de signo (fracaso que ponen de relieve en los aos 60, entre otros, autores postestructuralistas agrupados alrededor de la revista Tel Quel tan conocidos como Barthes, Kristeva o Derrida) dej libre el camino a la concepcin de Peirce (en mbitos cientficos, hay que decir, pues en las aulas universitarias, y por supuesto escola-res, se sigue ignorando an hoy la inmensa riqueza de las ideas de Peirce). Las diferencias entre ambas concepciones surgen, como ya se desde su origen. Como ya dijimos, la semitica peirciana tiene conexiones con la lgica y con el resto de las disciplinas filosficas, especial-mente con la fenomenologa. As, frente a la tendencia inmanentista de la semitica saussuria-na, la peirciana tiene un carcter abierto al resto de las disciplinas humanas. Para Peirce, la semitica es la ciencia que se ocupa de las variedades fundamentales de la semiosis posible (CP, 5.488), es decir, de la significacin.

    Desde el principio de su carrera, Peirce intenta crear una ciencia de los contenidos de conciencia o fenmenos que escapase del mentalismo a travs de la lgica. Para ello, va perfi-lando una teora de las categoras para explicar dichos fenmenos que se convertir en el sis-tema central de toda su obra. Segn l, para describir los fenmenos bastan tres categoras (frente a las diez aristotlicas o las doce kantianas) a las que llega examinando atentamente el modo en que se dan las diversas experiencias de la conciencia (frente a la deduccin metafsi-

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    ca de Aristteles y la deduccin trascendental de Kant). Las denomina primeridad (Firstness), segundidad (Secondness) y terceridad (Thirdness). La gran generalidad de estas categoras se debe aplicar a otras de carcter menos general, y as, si los fenmenos se refieren a objetos, las categoras pueden llamarse cualidad-realidad-ley; si a sujetos, sensibilidad-esfuerzo-hbito; si a entidades semiticas, representamen-objeto-interpretante; etc.

    3.4.2. Objeto, representamen, interpretante

    Por semiosis escribe Peirce entiendo una accin, una influencia que sea, o supon-ga, una cooperacin de tres sujetos, a saber, un signo, su objeto y su interpretante, influencia trirrelativa que en ningn caso puede acabar en una accin entre parejas (CP, 5.484). Por sig-no entiende aqu Peirce lo que en otros pasajes denomina representamen, es decir, algo que est en lugar de otra cosa para alguien en ciertos aspectos o capacidades (CP, 2.228), o sea el aliquid, o funtivo de la expresin, en la funcin semitica. As, todo signo o representamen es tal porque representa a un objeto. ste puede ser cualquier cosa perceptible, imaginable o in-cluso inimaginable en algn sentido. Ahora bien, Peirce distingue entre el objeto inmediato, que es el objeto tal y como viene representado por el signo, en base a lo que Peirce llama el fundamento del representamen14, y el objeto dinmico, que es el objeto fuera del signo, rea-lidad que desborda la relacin semitica y que de alguna manera determina el signo (ntese el parecido con los conceptos estructuralistas de significado y referente)15. En otras palabras, todo signo o representamen expresa inmediatamente un objeto inmediato (que podra definirse co-mo su contenido) pero a los efectos de explicar un objeto dinmico, de modo que el objeto in-mediato es la manera en que el objeto dinmico es dado por el signo (no es lo mismo decir Pe-pe Prez que el excelentsimo seor Don Jos Prez, aunque se refieran al mismo objeto di-nmico), y el objeto dinmico, que estimula la produccin del signo, es la cosa en s.

    14 Un objeto que se convierte en signo de otro puede poseer numerosas caractersticas o propiedades, pero slo en funcin de alguna de ellas se convierte en signo. Este aspecto o propiedad por lo que algo se convierte en sig-no es el fundamento. Si alguien pretende comprar pintura de una tonalidad determinada, puede presentar al de-pendiente de la droguera una muestra. Esa muestra de color es signo de la pintura que desea comprar. Tal mues-tra puede tener variadas formas, ser de distintos materiales, etc. Pero ninguna de esas propiedades es pertinente; slo su color sirve para hacer que la muestra sea signo de la pintura. En este caso, el color es el fundamento del signo (Castaares, Wenceslao, De la interpretacin a la lectura, Madrid, Iberediciones S.L., 1994, pg. 132). 15 Peirce seala que el objeto dinmico (referente si se quiere, a efectos pedaggicos) determina el signo porque no hay signo sin objeto, y por eso el objeto debe ser conocido de alguna manera para que un signo pueda repre-sentarlo. Un signo por s solo no puede dar conocimiento o reconocimiento del objeto: hay que conocer el objeto para que el signo pueda proveer la informacin adicional sobre l (Castaares, Wenceslao, Op. Cit., pg. 184). Parece claro que de poco sirve que te digan el signo, si nunca has tenido percepcin del objeto que designa (pin-sese, por ejemplo en los nombres de plantas y animales de la realidad hispanoamericana) y, sin embargo, cual-quier nio occidental, mucho antes de ver un elefante o una jirafa real ha visto signos (dibujos, fotos) de esos obje-tos, signos que le sirven luego para reconocer el objeto como tal Parece, pues que en estos casos, el signo est antes que la realidad.

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    Ahora bien, la clave de la concepcin peirciana de la semiosis estriba en la nocin de interpretante. En efecto, un representamen puede representar alguna otra cosa slo porque la relacin entre l y su objeto se da gracias a la mediacin de un interpretante: un signo, o re-presentamen, es un primero que est en tal relacin tridica genuina con un segundo, llamado objeto, como para ser capaz de determinar a un tercero, llamado su interpretante, a asumir con su objeto la misma relacin tridica en la que l est con el mismo objeto (CP, 2.274). En otras palabras, un signo o representamen es algo que para alguien est en lugar de algo en algn aspecto o capacidad. Se dirige a alguien, es decir, crea en la mente de esa persona un signo equivalente, o quiz un signo ms desarrollado. Ese signo que crea es, para m, el interpretan-te del primer signo (CP, 2.228). Por tanto, el significado de un signo no puede representarse si no es por otro signo, es decir, para establecer el significado de un signo, para representar su objeto inmediato, es necesario un interpretante: el significado de un signo es el signo en que debe traducirse (CP, 4.132). El objeto de la representacin no puede ser sino una representa-cin de aquello cuyo interpretante es la primera representacin, o, ms sencillamente, otra re-presentacin referida al mismo objeto, de modo que el interpretante es la definicin del repre-sentamen, y, por lo tanto, su intensin. Ahora bien, debe quedar claro que los interpretantes no son asociaciones o imgenes mentales, sino correlaciones formuladas en trminos culturales, es decir, cualquier propiedad intensional de un contenido debidamente codificada, la serie ente-ra de las denotaciones y connotaciones de una expresin (el interpretante es comunicable, es decir, verificable intersubjetivamente). No podemos decir que un interpretante de gato sea el animal que ms me gusta, pero s que lo es el animal venerado por los antiguos egipcios.

    3.4.3. La semiosis ilimitada

    Las consecuencias tericas de la idea de funcin semitica como relacin tridica (y no didica) que se gozna en el concepto de interpretante son importantsimas, porque podemos concebir una serie ilimitada de representaciones de un mismo objeto inmediato (que a su vez sera una representacin del objeto dinmico) cada una de las cuales sera representante de la que la precede. En otras palabras, todo interpretante es, a su vez, representamen de una rela-cin tridica, y as ad infinitum: un signo es toda cosa que determina alguna otra cosa (su in-terpretante) a referirse a un objeto al que ella misma se refiere (...) del mismo modo, con lo que el interpretante se convierte, a su vez, en signo, y as sucesivamente hasta el infinito (CP, 2.300).

    Ahora bien, obviamente el interpretante nunca representar al objeto inmediato exac-tamente igual que el representamen, y, de hecho, Peirce define el interpretante como un signo ms desarrollado. Es decir, el interpretante no slo explica al interpretado en algn aspecto, sino que ensancha sus lmites, permite conocer algo ms acerca del interpretado, ampla su comprensin. An ms, es una exposicin compleja que no slo expresa, sino que, adems, desarrolla por inferencia todas las posibilidades lgicas contenidas por el signo.

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    De este modo, la semiosis es un proceso ilimitado que se basa en la interpretacin. El signo para Peirce no requiere de la sustitucin de un significado por un significante, sino de una posible interpretacin. El criterio de interpretancia permite, as, partir de un signo para recorrer, etapa por etapa, toda la espiral de la semiosis. Este es, para Peirce, el nico modo en que los seres humanos establecen, acuerdan y reconocen los significados de los signos que usan, y el nico modo de mostrar cmo los procesos semiticos, por va de continuos desplazamientos que refieren un signo a otros signos o a otras cadenas de signos, circunscriben los significados (es decir, las unidades que la cultura ha determinado en el curso de un proceso histrico de asignacin de pertinencia al contenido) sin llegar nunca a tocarlos directamente, pero volvin-dolos ms accesibles mediante otras unidades culturales.

    Ahora bien, en esta continua circularidad de un signo a otro, y dado que no existe inter-pretante alguno que, al adecuar el signo que interpreta, no desplace sus lmites, se puede lle-gar a poner en tela de juicio la forma del contenido, el modo en que la cultura ha segmentado el mundo. Mediante la formulacin de un objeto inmediato y su constante redefinicin a travs de sucesivos interpretantes, se modifica la forma atribuida al objeto dinmico, es decir, se pone en entredicho, se reformula, el mundo. As, la semiosis es el instrumento mediante el cual el pro-pio sujeto se construye y deconstruye permanentemente.

    3.4.4. Los tipos de signos segn Peirce

    La clasificacin de los signos hecha por Peirce es considerada una de las partes ms originales de su semitica. Ello es debido, entre otras cosas, a que, mientras la mayora de las clasificaciones de signos son descriptivas y a posteriori (es decir, se observan signos realmente existentes y a partir de ah se los ordena y clasifica), la de Peirce es formal, apriorstica, analti-ca y no descriptiva, de modo que luego habr que someterla a verificacin emprica.

    Para hacer esta clasificacin, Peirce parte, por un lado, de sus tres categoras fenome-nolgicas, y, por otro, de las relaciones que pueden establecerse entre los tres elementos que intervienen en la semiosis, representamen, objeto e interpretante. As, obtendremos tres trico-tomas de signos bsicos, es decir, nueve signos bsicos, que luego al combinarse darn hasta sesenta y seis clases de signos.

    La primera tricotoma es aquella que clasifica los signos segn su representamen, o, dicho de otra manera, aquella que considera el signo en s mismo. En l, como en las otras tres, se aplican las categoras fenomenolgicas, de modo que se obtiene el cualisigno, el sin-signo y el legisigno.

    La segunda tricotoma es la ms importante y tambin la ms conocida. En ella, se cla-sifican los signos segn la relacin que mantiene con su objeto. Obtenemos as: iconos, ( sig-

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    nos que mantienen con su objeto una relacin de semejanza o contigidad, por ejemplo, un dibujo o un esquema), ndices, (signos que mantienen con su objeto una relacin dinmica, generalmente causal, por ejemplo, la fiebre) y smbolos (es una regla que determina a un inter-pretante, esto es, representa a su objeto en virtud de una ley o una convencin, pero represen-ta a una clase y no a un objeto en particular, por ejemplo la palabra mesa).

    La tercera tricotoma clasifica los signos segn su relacin con el interpretante (rema, signo dicente y argumento).

    4. COMPETENCIA LINGSTICA Y COMPETENCIA COMU-NICATIVA

    Se atribuye a Chomsky el haber introducido el concepto de competencia en

    la ciencia lingstica. Este concepto, formulado por l, tena un marcado carcter lingstico Sin embargo, autores posteriores, partiendo de su propuesta, han ido reformulando ese concepto, matizndolo y amplindolo desde distintas perspectivas, como desarrollamos a continuacin.

    4.1. CONCEPTO DE COMPETENCIA SEGN CHOMSKY

    En el marco del nacimiento de la lingstica como ciencia, Saussure haba propuesto un objeto claro y delimitado de estudio para dicha ciencia: la lengua, objeto que posea una serie de caractersticas que lo definan.

    En 1957 Chomsky publica Estructuras sintcticas, obra que introduce un nuevo modelo en la Lingstica cientfica. En esta obra, Chomsky desecha cualquier consideracin del lengua-je y de las lenguas que tenga un soporte material de carcter social. Por el contrario, se inclina por una visin basada en el carcter mental del fenmeno lingstico. Para l, el objeto de la ciencia Lingstica es la competencia lingstica, que se define como el conocimiento, general-mente inconsciente, que tiene un hablante-oyente ideal de su lengua nativa.

    Opuesto a la competencia est el concepto de actuacin, que es la puesta en prctica de esa competencia, en actos lingsticos concretos.

    Por otro lado, la competencia lingstica es idntica para todos los hablantes de una misma lengua y se define siempre atendiendo a la figura de un hablante-oyente ideal, aunque en el plano real, las actuaciones lingsticas concretas pueden ser muy diferentes entre hablan-tes de una misma lengua.

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    El concepto de competencia equivale, por tanto, a capacidad o facultad mental y es in-nato en el individuo, de manera que todos los hablantes tienen la misma competencia lingsti-ca de su lengua materna.

    En su obra posterior, Aspectos de la teora de la sintaxis (Aspects of the theory of syn-tax,1965:5), Chomsky ofrece la siguiente definicin de competencia lingstica:

    lo que concierne primariamente a la teora lingstica es un hablante-oyente ideal, en una comunidad lingstica del todo homognea, que sabe su lengua perfectamente y al que no afectan condiciones sin valor gramatical, como son las limitaciones de memoria, distraccin, cambios del centro de atencin o inters y errores (caractersticos o fortui-tos) al aplicar el conocimiento de la lengua al uso real.

    Las crticas a esta concepcin del objeto de la Lingstica no se hicieron esperar y se

    centraron sobre todo en el concepto de comunidad lingstica homognea, atacando funda-mentalmente lo utpico e imposible de que se d este factor. Sin embargo, de esta definicin no se debe deducir que Chomsky pensara realmente en la existencia de una comunidad de hablantes con esa caracterstica, algo a todas luces imposible. Por el contrario, dicha condicin est puesta al servicio de una definicin del objeto de estudio de la ciencia lingstica, es decir, es la aplicacin de un principio epistemolgico, de una hiptesis de trabajo de carcter terico, segn el cual el objeto de estudio de una ciencia debe ser algo de carcter regular, uniforme e invariable. Del mismo modo, anteriormente y desde la perspectiva estructuralista, Saussure haba hablado de la necesidad de encontrar un objeto de estudio invariable y permanente para la nueva ciencia, objeto que, en su caso, fue la lengua.

    Si buscamos un paralelismo con la propuesta estructuralista, debemos matizar que, al contrario que lengua y habla, los conceptos de competencia y actuacin no son complementa-rios. Ello se debe a dos motivos:

    La competencia no conduce directamente a la actuacin, porque esta ltima se halla condicionada, a su vez, por una serie de factores extralingsticos que impiden que re-fleje fielmente la competencia del hablante, algo que s suceda entre los conceptos de lengua y habla de Saussure.

    La actuacin en la teora de Chomsky no se puede tomar como punto de partida para elaborar sobre ella la competencia Saussure trabajaba de un modo inductivo y la len-gua se elaboraba tomando como punto de partida el habla. Sin embargo, a Chomsky le interesa ms el carcter mental del fenmeno lingstico, por lo que toma como punto de partida la propia competencia.

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    En consecuencia, deben evitarse las identificaciones de algunos, que intentan hacer equivalentes los conceptos de ambos autores, estableciendo equivalencias que realmente no son tales entre lengua-competencia por un lado y habla-actuacin por otro.

    Adems del carcter interior e inconsciente, la competencia es tambin limitada, ya que no abarca todos los fenmenos lingsticos. Segn el autor norteamericano, son cuatro los co-nocimientos que posee el hablante en virtud de la competencia lingstica:

    1. Capacidad para emitir juicios de gramaticalidad/agramaticalidad: los hablantes son capaces de identificar qu oraciones estn bien construidas desde el punto de vista gramatical y cules no lo estn.

    2. En virtud de la competencia lingstica se pueden detectar tambin ambigedades bajo oraciones que comparten la misma forma, pero bajo la cual subyacen dos signifi-cados diferentes. Esa ambigedad puede ser lxica o estructural.

    3. De manera opuesta, tambin permite identificar significados idnticos bajo formas estructurales distintas.

    4. Finalmente, todos los hablantes pueden detectar relaciones de co-referencialidad en-tre nombres y pronombres en una lengua.

    Estas capacidades de todo hablante gracias a la competencia lingstica determinarn

    en parte el modelo de anlisis generativo que Chomsky desarrolla y las diferencias entre es-tructura profunda y estructura superficial, cuya finalidad es poner de manifiesto el conocimiento ese conocimiento implcito que tienen los hablantes acerca de su propia lengua.

    4.2. CONCEPTOS ACTUALES DE COMPETENCIA LINGSTICA Y COMPETEN-CIA COMUNICATIVA

    A partir de Chomsky, el concepto de competencia en lingstica ha tenido mucho xito

    y han sido numerosas las reformulaciones que distintos autores han realizado desde distintas perspectivas.

    La lingstica como ciencia ha ido paulatinamente ampliando su campo de estudio y re-lacionndolo con otras disciplinas. Esta apertura de la lingstica, estrictamente inmanente en un principio, ha propiciado en parte esas reformulaciones que recogemos a continuacin. La mayora de ellas tienen su campo de aplicacin prctico en la enseanza de segundas lenguas y lenguas extranjeras. De igual modo, en el rea de la educacin tambin se ha introducido el concepto de competencia recientemente y de forma global en la enseanza secundaria.

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    La contribucin ms importante, consecuencia de la ampliacin de ese concepto, ha si-do la nocin de competencia comunicativa. La primera definicin fue realizada por Hymes, en el marco de la Sociolingstica y la etnografa de la comunicacin. Este autor, en 1971, publica un artculo en el que, adems de realizar crticas al concepto de competencia lingstica ante-riormente formulado, introduce el criterio de aceptabilidad social, excluido anteriormente por Chomsky, de manera que los enunciados formulados por un hablante, adems de cumplir las caractersticas enumeradas por l, deban ser socialmente aceptables, lo que implicaba que el hablante tuviera en cuenta criterios relacionados con el conocimiento extralingstico y la situa-cin comunicativa. En este modelo, la competencia lingstica, entendida como competencia gramatical, quedara integrada en la competencia comunicativa, que sera ms amplia al tener en cuenta esos criterios extralingsticos que acabamos de citar.

    La definicin que da Hymes es la siguiente: La competencia comunicativa es el trmi-no ms general para la capacidad comunicativa de una persona, capacidad que abarca tanto el conocimiento de la lengua como la habilidad para utilizarla. La adquisicin de tal competencia est mediada por la experiencia social, las necesidades, motivaciones, y la accin, que es a la vez una fuente renovada de motivaciones, necesidades y experiencias.

    A partir de ah, el concepto se ha desarrollado, reformulado y utilizado en la prctica en el marco de la enseanza de segundas lenguas y lenguas extranjeras. Destaca entre otras, la propuesta de Canale y Swaim (1980), quienes sealan que la competencia comunicativa est integrada por otras cuatro competencias: lingstica, sociolingstica, estratgica y discursiva. De ellas, la competencia lingstica se centrara en los aspectos formales de la lengua, la com-petencia sociolingstica tiene que ver con la adecuacin del enunciado a una situacin comu-nicativa concreta; la competencia estratgica alude a la capacidad de recurrir a elementos de naturaleza verbal y no verbal con el fin de garantizar la efectividad de la comunicacin; por l-timo, la competencia discursiva se refiere a la capacidad para formar textos dotados de cohe-rencia y cohesin y adecuados a las caractersticas textuales propias de cada tipo. De entre todas ellas, manifiestan la importancia de la competencia discursiva, ya que engloba el dominio de las habilidades y estrategias que permiten a los interlocutores producir e interpretar textos, as como el de los rasgos propios de los gneros discursivos de la comunidad de habla en la que se encuentra un hablante determinado.

    Posteriormente, Van Ek (1986) suma otras dos competencias a esa lista: la competen-cia social y la competencia sociocultural, ambas diferentes de la competencia sociolingstica. Ambas competencias se relacionaran con la necesidad de que el aprendiz reconociera la vali-dez de otras formas diferentes de conceptualizar y expresar la experiencia que rodea a un indi-viduo. En definitiva, el autor pone el acento en la importancia de la cultura para el aprendizaje de una lengua extranjera o segunda. En dicha competencia entrara en juego las diferencias culturales causantes de fenmenos como la falta de correspondencia para determinados ele-

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    mentos lxicos entre dos lenguas, el riesgo de transferencias errneas o los aspectos ligados a la comunicacin no verbal, as como los conocimientos acerca de la religin, la geografa, la historia, etc.

    Como se puede observar, este concepto queda lejos de lo estrictamente lingstico. Por este motivo, documentos oficiales relacionados con la enseanza de segundas lenguas, como el Marco de referencia europeo, no lo incluyen dentro de las competencias lingsticas, sino que lo relaciona con el conocimiento del mundo que tiene que tener un individuo de la lengua que est aprendiendo. Sin embargo, no por ello se le resta importancia a este concepto, inclui-do, como una subcompetencia comunicativa. Ms bien al contrario: esta formulacin de Van Ek ha dado pie al desarrollo de la importancia de la cultura en el aprendizaje de una lengua y ha permitido la formulacin de otras competencias, como la competencia cultural y la competencia intercultural. Debemos destacar la importancia que, desde el punto de vista educativo, se le ha concedido a esta ltima no tanto desde el punto de vista lingstico, sino desde el punto de vis-ta de la educacin en contextos acadmicos multiculturales, como los que podemos encontrar la mayora de las veces en nuestra sociedad actual.

    Por ltimo, una de las propuestas ms recientes y reconocidas en relacin con la com-petencia comunicativa es la de Bachman (1990). Este autor parte de las propuestas anteriores, pero las reorganiza y reformula algunos conceptos. l utiliza la expresin competencia en el lenguaje para referirse a la competencia comunicativa. En ella incluira varios tipos de sub-competencias, que se referiran a distintos tipos de habilidades de los hablantes:

    Competencia en el lenguaje

    1. Competencia organizativa: se refiere al dominio de las siguientes competencias: 1.1. Competencia gramatical: dominio de la estructura formal del lenguaje: 1.1.1. Vocabulario. 1.1.2. Morfologa. 1.1.3. Sintaxis. 1.1.4. Elementos fonticos y grafmicos. 1.2. Competencia textual: conocimiento acerca de la construccin del discurso.

    Incluye: 1.2.1. Cohesin. 1.2.2. Organizacin retrica.

    2. Competencia pragmtica. Incluye: 2.1. Competencia ilocutiva: dominio de los rasgos funcionales del lenguaje: 2.1.1. Funciones ideacionales (habilidad para expresar ideas y emociones).

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    2.1.2. Funciones manipulativas (capacidad para lograr que algo se lleve a cabo).

    2.1.3. Funciones heursticas (capacidad para usar el lenguaje para ense-ar, aprender y resolver problemas).

    2.1.4. Funciones imaginativas: capacidad para ser imaginativo. 2.2. Competencia sociolingstica: incluye distintas sensibilidades: 2.2.1. Sensibilidad hacia tipos de dialectos y registros. 2.2.2. Naturalidad o cercana a los rasgos caractersticos de la lengua. 2.2.3. Comprensin de referentes culturales y figuras idiomticas.

    Adems de este esquema de competencias y subcompetencias, Bachman concede a

    la competencia estratgica una especial importancia, en tanto que en ella se integran las rela-ciones entre el conocimiento lingstico, el conocimiento del mundo, el conocimiento del con-texto y los mecanismos psicolgicos y fisiolgicos. Todos ellos intervienen en el desarrollo del acto comunicativo para garantizar su efectividad y su realizacin. Estara, por tanto, fuera de la competencia comunicativa y se entendera como una capacidad ms general de los seres humanos.

    Para terminar, dejando de lado las referencias de otros muchos autores, el concepto de competencia comunicativa en relacin con el de competencia lingstica ha tenido ltimamente una aplicacin nueva en el campo educativo. Recientemente, la Comisin Europea de Educa-cin ha establecido unas competencias clave o destrezas bsicas necesarias para el aprendi-zaje de las personas a lo largo de la vida. Se define la competencia clave o bsica como la ca-pacidad de responder a demandas complejas y llevar a cabo tareas diversas de forma adecua-da. Supone una combinacin de habilidades prcticas, conocimientos, motivaciones, valores ticos, actitudes, emociones y otros componentes sociales que actan conjuntamente para lo-grar una accin eficaz.

    Las competencias clave son aquellas en las que se sustentan la realizacin personal, la inclusin social, la ciudadana activa y el empleo. El marco europeo16 define, entre otras, la comunicacin en la lengua materna, que es la habilidad para expresar e interpretar concep-tos, pensamientos, sentimientos, hechos y opiniones de forma oral y escrita (escuchar, hablar, leer y escribir), y para interactuar lingsticamente de una manera adecuada y creativa en todos los posibles contextos sociales y culturales. Por otro lado, incluye tambin como competencia la comunicacin en lenguas extranjeras, que implica, adems de las mismas competencias bsicas de la comunicacin en lengua materna, la mediacin y comprensin intercultural. El

    16 Recomendacin del Parlamento Europeo y del Consejo, de 18 de diciembre de 2006, sobre las competencias clave para el aprendizaje permanente [Diario Oficial L 394 de 30.12.2006].

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    grado de dominio depende de varios factores y de las capacidades de escuchar, hablar, leer y escribir.

    En Espaa, la LOE ha aplicado el concepto de competencia para referirse a las destre-zas o habilidades bsicas que deben adquirir los alumnos de secundaria en distintas materias y que deben trabajarse de manera trasversal. Son ocho y una de ellas es, precisamente, la com-petencia en comunicacin lingstica.

    Desde esta perspectiva, la competencia en comunicacin lingstica se refiere a la utili-zacin del lenguaje como instrumento tanto de comunicacin oral y escrita como de aprendiza-je y de regulacin de conductas y emociones. La comunicacin en lenguas extranjeras exige tambin poseer capacidades tales como la mediacin y la comprensin intercultural. Esta com-petencia contribuye a la creacin de una imagen personal positiva y fomenta las relaciones constructivas con los dems y con el entorno. Aprender a comunicarse es establecer lazos con otras personas, es acercarnos a nuevas culturas que adquieren consideracin y afecto en la medida en que se conocen. El desarrollo de la competencia lingstica es, por tanto, una clave para aprender a resolver conflictos y para aprender a convivir.

    RESUMEN

    1. Hemos tratado en el presente tema de repasar las diferentes ideas que, acerca de la relacin entre comunicacin en general y lenguaje verbal en particular, se han dado en este siglo. Hemos contrapuesto las ideas de aquellos que opinan que el lenguaje verbal se separa esencialmente de otros modos de comunicacin a las de aquellos que opi-nan que son cualitativamente iguales.

    2. Para ello, hemos repasado la concepcin estructuralista del signo, eminentemente verbocentrista, y, a continuacin, hemos desarrollado las crticas que se le han hecho para resaltar que la comunicacin verbal funciona como cualquier otra. Por ltimo, hemos hecho un brevsimo recorrido por los aspectos bsicos de la semitica de Peir-ce, como ejemplo de reflexin semiolgica que incluye al lenguaje verbal como cual-quier otro tipo de comunicacin.

    3. La ciencia de la comunicacin naci as en el seno de la tecnologa y no en el de las ciencias sociales, lo que provoc que sus avances se centraran en un principio en los mecanismos de transmisin de la informacin y no en el proceso de creacin de esa in-formacin. No les interesaba, como es lgico, el proceso de creacin y comprensin del mensaje, sino cmo este mensaje llegaba en mejores condiciones a su destino.

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    4. La ciencia que estudia los procesos de simbolizacin por los que el hombre constru-ye mensajes es la semitica o semiologa. Como es sabido, esta ciencia nace indepen-dientemente en Europa y en Estados Unidos, de la mano de dos grandes pensadores, el suizo Ferdinand de Saussure y el estadounidense Charles Sanders Peirce. La dife-rente formacin y las diferentes preocupaciones cientficas de estos dos investigadores hicieron que, desde sus comienzos, convivieran en la semitica dos modos de concebir el proceso semiolgico que, si bien comparten algunas ideas, se diferencian en la ma-yora de ellas.

    5. El signo es para Saussure una entidad biplnica en la que un significado queda aso-ciado a una entidad material que remite a l. El signo, as, se concibe como la unin in-disoluble de un significado, que es un concepto, con un significante, que es una imagen acstica. Ambos planos son solidarios, es decir, uno no puede concebirse sin el otro, y para explicarlo Saussure metaforiza ambos planos como el anverso y reverso de una hoja de papel, o la cara y la cruz de una moneda. Es muy de sealar que Saussure in-siste en que denomina signo a la unin de ambos, no slo al significante, pues esto lo separa radicalmente de la semitica peirciana, que llama signo solamente al elemento material (el representamen) y no a lo que ello remite (el objeto dinmico).

    6. Otra de las caractersticas bsicas de la concepcin saussuriana del signo es que ste se entiende como una unidad en relacin directa de contraste u oposicin con otras unidades semejantes a ella (concepcin derivada de la unidad gramaticalizada que, segn ellos, es el signo lingstico), unidad que, adems, manifiesta una correla-cin fija con una porcin de pensamiento.

    7. Para Saussure el pensamiento es una masa amorfa e indistinta, una nebulosa donde no hay nada delimitado. Segn vamos construyendo el mensaje, vamos haciendo co-rresponder una porcin de pensamiento a un significante, lo que crea el signo. As, tan-to el significante como el significado se presentan como dos elementos perfectamente analizables y que van a construir sistemas estructurados de oposiciones entre ellos.

    8. Dentro del estructuralismo, los estudiosos ms preocupados por la semitica se per-cataron de que la definicin saussuriana de signo, la unin de significante y significado como las dos caras de una moneda, dejaba mucho que desear. En efecto, el propio Hjelmslev afirma en Prolegmenos a una teora del lenguaje que un signo no es una entidad semitica fija, sino el lugar de encuentro de das elementos mutuamente inde-pendientes, procedentes de das sistemas diferentes y asociados por una relacin codi-ficadora. En rigor, no existen signos, sino funciones semiticas.

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    9. El interesante problema que plantea esta crtica a la concepcin saussuriana es el de describir con precisin los mecanismos en virtud de los cuales se ponen en relacin el significante y el significado. Es decir, stos ya no se entienden como indisolublemente unidos y formando un todo unitario, sino que, como son independientes y se unen transitoriamente gracias a la accin de un intrprete, debemos profundizar en cmo se realiza esa unin.

    10. Cuando interpretamos un mensaje (ya no nos vale el trmino descodificar) efec-tuamos procesos mentales lgicos mucho ms complejos y refinados que el del mero establecimiento de una equivalencia. Para ello, debemos conocer no slo el significado elemental del signo, sino una serie de particularidades suyas que lo vinculan de una u otra manera a determinados contextos y que en ellos le cambian ms o menos la natu-raleza.

    11. Debemos conocer los contextos culturalmente establecidos (codificados) y en base a estos conocimientos debemos hacer abducciones (lanzar hiptesis) acerca del signi-ficado del signo, no slo de lo que dice convencionalmente, sino de lo que da a enten-der conversacionalmente. En realidad, si tuviramos que escuchar, leer, observar cada expresin que se nos comunica, analizndola elemento a elemento (haciendo equiva-lencias elemento a elemento) la comunicacin sera imposible.

    12. Continuamente nos adelantamos a expresiones de los dems, llenamos los espa-cios vacos de los textos, prevemos palabras que el interlocutor dir y presuponemos palabras que el interlocutor no ha dicho. De esta actividad abductiva depende, pues, las reglas de intervencin que rigen los actos de habla y que estudian la filosofa del lenguaje, la sociosemitica, la pragmtica, la etnometodologa, etc.

    13. Para interpretar o crear un mensaje no basta con conocer los significados conven-cionales y las reglas de combinacin de signos (gramtica), sino que es necesario un conocimiento ms extenso de los contextos y los usos que en ellos se dan, as como de otros elementos culturalmente codificados.

    14. Desde el principio de su carrera, Peirce intenta crear una ciencia de los contenidos de conciencia o fenmenos que escapase del mentalismo a travs de la lgica. Para ello, va perfilando una teora de las categoras para explicar dichos fenmenos que se convertir en el sistema central de toda su obra. Segn l, para describir los fenmenos bastan tres categoras (frente a las diez aristotlicas o las doce kantianas) a las que llega examinando atentamente el modo en que se dan las diversas experiencias de la conciencia (frente a la deduccin metafsica de Aristteles y la deduccin trascendental de Kant).

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    15. Por semiosis Peirce entiende una accin, una influencia que sea, o suponga, una cooperacin de tres sujetos, a saber, un signo, su objeto y su interpretante, influencia trirrelativa que en ningn caso puede acabar en una accin entre parejas. Por signo en-tiende aqu Peirce lo que en otros pasajes denomina representamen, es decir, algo que est en lugar de otra cosa para alguien en ciertos aspectos o capacidades, o sea el aliquid, o funtivo de la expresin, en la funcin semitica.

    16. La clasificacin de los signos hecha por Peirce es considerada una de las partes ms originales de su semitica. Ello es debido, entre otras cosas, a que, mientras la mayora de las clasificaciones de signos son descriptivas y a posteriori (es decir, se ob-servan signos realmente existentes y a partir de ah se los ordena y clasifica), la de Peirce es formal, apriorstica, analtica y no descriptiva, de modo que luego habr que someterla a verificacin emprica.

    17. El concepto de competencia lingstica fue introducido en la Lingstica gracias a Chomsky, para el cual la competencia sera el objeto terico de su disciplina cientfica, de su Lingstica. El concepto de competencia en Chomsky se opone al de actuacin, pero la relacin no es la misma que existe entre los conceptos de lengua y habla en Saussure.

    18. Con el nacimiento de la Lingstica aplicada y el desarrollo de la didctica de Len-guas extranjeras, el concepto de competencia Lingstica encontr un importante mbi-to de aplicacin. En este marco, se ha ido desarrollando, cambiando y ampliando. En la actualidad, se entiende que el objetivo de todo estudiante de lenguas no es solo la competencia lingstica, sino sobre todo la competencia comunicativa. Este concepto es ms amplio que el anterior, al cual engloba.

    19. As entendidas, la competencia comunicativa sera la capacidad de un aprendiz de lengua para saber utilizar esa lengua con xito y conseguir el objetivo fundamental, que es comunicarse. La competencia comunicativa englobara otros tipos de competencias, de saberes necesarios para poder utilizar una lengua. Esos saberes tienen en cuenta la necesidad de conocer la cultura de la lengua extranjera, de adecuarse a la situacin comunicativa, etc. Una de esas competencias es la competencia lingstica, entendida por algunos como competencia gramatical, y que se referira al dominio de los meca-nismos estrictamente lingsticos y formales, que son una parte de la competencia co-municativa, pero no bastan para desenvolverse sin problemas al usa una lengua en contextos comunicativos concretos.

    20. Como fuentes fundamentales, hemos utilizado los libros de Eco Tratado de Semi-tica General y Semitica y Filosofa del Lenguaje para el punto 3 y 4; de Wenceslao

  • 1.36 CEDE LENGUA CASTELLANA Y LITERATURA

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    Castaares De la Interpretacin a la Lectura, para el punto 5; y, para el punto 2, hemos usado el manual de lengua de COU para profesores de la editorial Mestral, que hace un resumen interesante de la semitica estructuralista (si se quiere profundizar, lase la Introduccin a la Semiologa de Georges Mounin en Anagrama). Para el apartado de la competencia, nos hemos basado en los libros clsicos de Chomsky, as como en el manual de Oliveras, en la obra de Lloberas y en el Marco de Referencia europeo.

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