TAPA LOQUELEO La sonada aventura ? Solo su sed de aventuras y su cabeza perfectamente hueca podan

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    20-Aug-2018

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    Ema W

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    Un libro me haca recorrer el mundo en sus coordenadas de espacio y tiempo, o no era nada para m. Ben Malasange es una muestra de esas preferencias.EMA WOLF

    La sonada aventura de Ben MalasangeEma WolfIlustraciones de Tabar

    Beniamino Malasange, este desopilante personaje, tiene la suerte, o la desgracia, de que sus enemigos siempre lo confundan con el Tigre de Malasia. A partir de all se desencadenarn las ms divertidas y delirantes aventuras.

    Ema WolfIlustraciones de Tabar

    La sonada aventura de Ben Malasange

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  • 1987, Ema Wolf 1995, 2005, 2014, Ediciones Santillana S.A. De esta edicin: 2015, Ediciones Santillana S.A.Av. Leandro N. Alem 720 (C1001AAP) Ciudad Autnoma de Buenos Aires, Argentina

    ISBN: 978-950-46-4362-3Hecho el depsito que marca la ley 11.723Impreso en Argentina. Printed in Argentina.

    Primera edicin: octubre de 2015Primera reimpresin: mayo de 2005

    Coordinacin de Literatura Infantil y Juvenil: Mara Fernanda MaquieiraIlustraciones: Tabar

    Direccin de Arte: Jos Crespo y Rosa MarnProyecto grfico: Marisol Del Burgo, Rubn Churrillas y Julia Ortega

    Wolf, Ema

    La sonada aventura de Ben Malasange / Ema Wolf ; ilustrado por Tabar. - 1a ed. . - Ciudad

    Autnoma de Buenos Aires : Santillana, 2015.

    88 p. : il. ; 20 x 14 cm. - (Naranja)

    ISBN 978-950-46-4362-3

    1. Literatura Infantil y Juvenil. I. Tabar, ilus. II. Ttulo.

    CDD 863.9282

    Todos los derechos reservados. Esta publicacin no puede ser reproducida, ni en todo ni en parte, ni registrada en, o transmitida por, un sistema de recuperacin de informacin, en ninguna forma ni por ningn medio, sea mecnico, fotoqumico, electrnico, magntico, electroptico, por fotocopia, o cualquier otro, sin el permi-

    so previo por escrito de la editorial.

    Esta primera edicin de 3.000 ejemplares se ter mi n de im pri mir en el mes de octubre de 2015 en Altuna Impresores S.R.L., Doblas 1968, Ciudad Autnoma de Buenos Aires, Repblica Argentina.

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  • Ilustraciones de Tabar

    La sonada aventurade Ben MalasangeEma Wolf

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  • Al Tigre, con respeto

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  • Presentacin

    Beniamino Malasange capitn Ben lo llamaban se dedic a la piratera en 1848. O sea que ya era tarde.

    Casi ningn ladrn o prncipe de los mares navegaba entonces por el Mar de la Malasia ni por ningn otro mar. Solo su sed de aventuras y su cabeza perfectamente hueca podan haberlo lanzado a ese ofi-cio tan a destiempo.

    Beniamino parti una maana del puer-to de Npoles en un bergantn de dos palos armado con ocho caones y tres bombardetas tiles. Lleva-ba media tripulacin dispuesta a todo; la otra mitad, sabra Dios: pensaba recolectarla por el camino.

    Fueron a despedirlo sus padres, el to Enrico Malasange, su abuela Carmelina y su primo Gianni, que ese da estrenaba pantalones cortos.

    El mar, inmenso y misterioso, se abri ante la proa de su barco. A popa la tierra retrocedi con toda su parentela agitando pauelos blancos que olan a organo de la campia.

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    Largo, largo viaje...En las islas de la Sonda y los mares que las

    rodeaban el capitn Ben emprendi sus correras. Lo habitual era que asaltara barcos portugueses,

    que a su vez eran asaltados por barcos holandeses, que a su vez eran asaltados por fragatas inglesas. O sea que a l le quedaban las migas.

    Ben digmoslo de una vez era el ltimo orejn del tarro de la piratera.

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  • 1A bordo

    Aquel 20 de diciembre haca ya siete meses que los hombres de Ben Malasange no ata-caban un barco cargado de oro ni nada que se le pareciera.

    A esa altura ya nadie soaba con collares de esmeraldas ni esas cosas de la bijouterie. Soaban con comida.

    Ben era supersticioso: desde el da que haban despreciado una goleta cargada de smola por ser muy pobre presa, ese da se haban mufado.

    Ahora, en la soledad de sus amaneceres des-velados, los piratas miraban con gula las telaraas del techo.

    Quin est jugando a los bolos con las balas del can? ruga el capitn Ben.

    No son bolos, seor. Es el fragor de nues-tras barrigas vacas le contestaban francamente.

    Malasange tuvo que tomar medidas terribles para evitar que la tripulacin se amotinara. A un joven grumete siciliano que ocult un carozo de ciruela usado se lo castig con tres das de ayuno.

    Desde entonces, los vveres a bordo estaban contados. Haba uno solo: el gato.

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    Un vvere! Un vvere! haba gritado el Muy Bestia del contramaestre el da que se cruz con el gato en la bodega.

    El animalito de pelo dudoso, amarillo y negro se haba escabullido apenas presinti que las cosas se ponan feas para l. Pero el olfato famlico del contramaestre lo sigui como un buscahuellas hasta su escondite.

    Aunque quin se atreva a tocar el gato, si era el favorito del capitn! Su minino! Su calientapis!

    Mientras Malasange se preocupaba por la dursima situacin que atravesaban todos, los dems imaginaban al micho estofado.

    Seor, el gato se resiste.A qu?A dejarse comer.Sus razones tendr deca Malasange pen-

    sativo y se escarbaba los dientes con la cimitarra. Era uno de esos momentos en que el capitn entraba en sus ensoaciones y se acordaba de los tallarines de su abuela Carmelina.

    Para escapar del contramaestre y sus secua-ces el gato trep un da al palo mayor. Muy alto. Ms arriba de las velas de gavia. Al mismsimo tope.

    Qued agarrado del mstil como las lapas a las piedras del Mar de la China. Saba que si bajaba era un gato muerto.

    El contramaestre cada tanto le pegaba un cabezazo al palo para ver si el gato se desprenda, lo que demuestra (entre parntesis) los malos modales que tena esa gente.

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    Pero el gato aguantaba a pata firme.Cuando el mar estaba agitado el micho cla-

    vaba las uas en la madera para resistir los sacudo-nes del oleaje. En esos casos el Muy Bestia se paraba debajo con la boca abierta al cielo y la esperanza de que cayera.

    En las tormentas el gato flameaba. Era her-moso verlo!

    El da que empieza de veras esta historia esta-ban as las cosas: con el gato ondeando al tope y un viento que no presagiaba nada bueno.

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  • 2La tempestad

    Hundido en sus pensamientos, el capitn Ben no haba visto que una nube espesa en forma de sacacorchos se estaba formando en el horizonte.

    El nico que detect la nube fue, natu- ralmente, quien la tena ms cerca: el gato.

    Hizo gestos desesperados sealando hacia el Este, pero nadie lo miraba en ese momento.

    La primera rfaga de viento furioso encon-tr a todo el mundo bajo cubierta, entretenido con el pedicuro, que era el carpintero por la cantidad de patas de palo que haba a bordo.

    Recin cuando empezaron a rodar los bales un marinero turco se asom por la escotilla. Qued helado de pavor.

    El da se volvi noche! grit.Es la hora de la cena! palmote uno

    esperanzado.Pero no. Era una tormenta de la hostia. El

    cielo estaba tapado de negrura y rfagas huracanadas azotaban el barco con bravos escobazos. El capitn Ben y sus hombres nunca haban visto algo tan terri-ble en su largo trajn por los mares.

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    Ahorremos detalles.Baste decir que en pocos minutos la cubierta

    era un desparramo de cabos, barriles y personas y que el barco se disparaba hacia adelante librado a la tem-pestad como un tranva desbocado.

    El gato, al tope del mstil, era un fantasma empalidecido, una sbana agitada por una lavandera loca.

    Malasange orden arriar todas las velas. Pese a eso, el viento empujaba el barco a una velocidad de catorce millas por minuto.

    Hacia el amanecer divisaron una franja de tierra y cuando se quisieron acordar estaban casi enci-ma. Tena que ser una isla porque por ah no haba otra cosa.

    Unos arrecifes puntiagudos protegan la orilla tapizada de arena blanca. Iban hacia all!

    Los hombres de Malasange se taparon los ojos. El gato los cerr.

    El bergantn pas raspando entre dos rocas afiladas y sigui de largo.

    Y sigui.Lleg a la orilla.Y sigui.Cruz la playa.Y sigui.Una cuadra ms adentro el barco se clav en

    seco. Tan de golpe que los piratas rodaron por cubier-ta y el gato sali volando.

    Incapaz de resistir la frenada, el micho se remont describiendo un arco perfecto, una parbola

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