Rumana en agosto - Relato

  • Published on
    23-Jul-2016

  • View
    214

  • Download
    1

DESCRIPTION

 

Transcript

  • 2015 Xavier Sirs http://www.xaviersires.com/

    3

    Rumana en agosto

    Qu estoy haciendo, Santo Dios? se dijo Julien

    volviendo en s de repente. Me pierdo.

    STENDHAL

    Haba algo que le llamaba la atencin de Matar, y era que sus habitantes seguan una

    coordinacin sorprendente en sus horarios. Unas calles y plazas se llenaban a una hora

    concreta de la maana, otras se llenaban a horas concretas de la tarde y otras nunca

    acababan de estar ni llenas ni vacas.

    Como tena que salir de viaje, traz una ruta hasta la estacin de autobuses que

    coincidiese con las calles desiertas. Eran las siete de la maana, por lo que no fue difcil

    encontrarlas. Cogi su maleta y la arrastr calle abajo. Desde pequeo le pasaba lo

    mismo: No saba si el ruido de las ruedas sobre los adoquines le gustaba o no. Por un

    lado le recordaba a los redobles de tambores. Un redoble de tambor era sinnimo de

    fiesta mayor y fiesta mayor era sinnimo de alegra. Por esta lgica tena que creer que

    el ruido era agradable... Pero, por otro lado, era similar al de las carracas. Y a quin le

    gustan las carracas? Para ser exactos: a quin le gusta cmo suenan? Su voz es la de las

    chicharras. Y, por ltimo, decir que estos insectos son malos... malficos. Lo cierto era

    que Albert no haba visto una chicharra en su vida, pero con solo orlas al pasar cerca de

    los parques se haca a la idea: Deban de tener ojos saltones, babear y no medir ms de

    diez centmetros. Casi todos los insectos eran iguales.

    Las manos le temblaban, pero no era por la emocin del viaje. Ms bien era por el

    reencuentro con su madre. No haca demasiado tiempo de la ltima vez que se haban

    visto, pero desde que viva en Matar y ella en Banyoles sus relaciones haban sido

    distantes. Cada vez que se encontraban era como conocer a una persona nueva.

  • 2015 Xavier Sirs http://www.xaviersires.com/

    4

    Empezaban con los mismos formalismos una y otra vez: los besos en las mejillas, las

    preguntas clich... Hacan chispear la tensin de los desconocidos. Duraba hasta que

    alguno de los dos rompa el hielo. Cmo? Era suficiente con comentar algn recuerdo

    de cuando Albert era un nio. No haba un momento en que su madre Imma disfrutase

    ms que cuando le describa cmo se comportaba de cro. l, sorprendido, negaba con

    la cabeza y le rebata: No puede ser que yo fuera as! No me lo creo! Lo deca con una

    sonrisa en la cara. En realidad se reconoca en las descripciones de su madre. Gozaba.

    Se le metan legaas en los ojos... o bien eran lagrimitas.

    Haban acordado que se encontraran en la estacin de autobuses de Matar. Ella, como

    viva lejos, haba cogido otro autobs para llegar hasta all. Llevaba ms de dos horas

    dentro de un vehculo cuando, a las siete y cinco, Albert se top con ella. Se dieron dos

    besos y, cada uno con su maleta, se sentaron en una marquesina. Estaban en Plaa de les

    Tereses y tendran que esperar hasta al cabo de un cuarto de hora. Sera un autobs

    negro el que les llevara de esa ciudad del Maresme hasta la terminal 2 del aeropuerto.

    Habra sido ms sensato que quedasen directamente en Barcelona, pero queran

    compartir el trayecto hasta all. Iban resiguiendo la costa; sobre la raya del mar, el

    morado de la noche; sin duda perda su encanto por la madrugada. Y al amanecer la

    costa quedaba tan fea que era mejor ni mirarla. Viniendo de Banyoles, Imma haba

    evitado mirar a travs del cristal. De nuevo en el autobs, se sent en el asiento ms

    apartado del cristal. El otro lado del autobs el que daba a la derecha de la carretera

    estaba lleno de gente; si no, se habran sentado all. Por qu tenan tanta mala suerte?

    Imma no se lo explicaba. Tena que alargar el cuello para mirar a travs del otro cristal.

    Entre Albert y ella y los dos viajantes que haba en la otra fila de asientos, quedaba el

    pasillo por el que haban entrado. Era extraa, esa combinacin: En el pasillo haban

    puesto una moqueta como de plstico. Debajo de los asientos, sin embargo, la moqueta

  • 2015 Xavier Sirs http://www.xaviersires.com/

    5

    se transformaba en una tarima con altura. Sera para que sus pies no se enfriasen?

    Pens que, si era as, lo ms inteligente sera sacarse los zapatos. De qu sirve la

    madera si se pisa con botas?, se pregunt. Y a continuacin se agach. Deshizo los

    cordones de sus botas de campo. Estaban sucias. Se pring los dedos de barro. Al sacar

    los pies de dentro, el calor de los calcetines le subi por los brazos. Era una sensacin

    desagradable. Agosto le volva su propio cuerpo extrao. Sus temperaturas, lo heladas

    que estaban sus manos y lo ardiente de sus talones... Tantos contrastes hacan que se

    sintiera como un cadver. Los jvenes tambin deben de sentirse agobiados? Ya no

    recordaba su propia juventud. Con el olvido, haba acabado por sobrevalorarla. Giraba

    la cabeza hacia la costa y, antes de verla, sus ojos se cruzaban con su hijo. l tambin

    volva la cabeza haca all; ignoraba que el mar a esas horas fuese como mierda, pero

    qu joven sabe reconocer lo que es bello y lo que es feo? Ninguno!

    Ella sonrea. An le sorprenda que le hubiera propuesto viajar juntos. No haca ni dos

    semanas que haban planeado la aventura a la que ahora se embarcaban. Rumana, un

    pas al que haba viajado con su marido veinticinco aos antes. Rumana, un pas al que

    ahora volva sin marido pero con hijo. Rumana... qu decir de Rumana? Echaba mano

    de su memoria y no encontraba ms que recuerdos de otros viajes. Tan poco haba

    significado para ella la primera vez que lo haba visitado? Le decepcionaba el olvido.

    Poda echar las culpas a su mente desastrosa, s. O, si no, poda echar las culpas al poco

    inters de Rumana en el 89. Quin le iba a decir que el mismo ao en que viajase al

    pas, a los pocos meses, vivira una revolucin y sobrevendran tiempos nuevos? No

    recordaba el pas, pero se acordaba de s misma viendo la cada de Ceaucescu por la

    tele. La Rumana que se mostraba en pantalla no coincida para nada con la que ella

    haba visitado. Su marido y ella haban sido vctimas de una estafa; En lugar de ir al

    corazn de los lugares, el gua que haban tenido les haba conducido por sitios de

  • 2015 Xavier Sirs http://www.xaviersires.com/

    6

    menor inters. Cualquiera que hubiera querido acercarse a la realidad del pas en 1989

    lo habra tenido crudo. Ellos, en calidad de turistas, fueron tratados como bobos. Y, sin

    embargo, no tenan motivos para quejarse. Les haban dado de comer, habitaciones en

    las que dormir y alguna que otra distraccin. Si alguien les hubiera preguntado por qu

    haban querido viajar a Rumana, ellos habran agachado la cabeza y susurrado:

    Bueno... ramos jvenes, no cobrbamos demasiado y... y, bueno... era el viaje que

    sala mejor de precio en la agencia con la que fuimos...

    Cuando quedaba menos de media hora para que llegasen, el autobs se desliz hacia

    uno de los mrgenes de la autopista. Se detuvo. Algunos pasajeros se preguntaron qu

    habra ocurrido. La madre de Albert, ms maruja que no intrpida, fue la primera en

    levantarse. Vio que el conductor haba salido del vehculo y lo sigui con la mirada; Iba

    hacia la parte trasera del autobs. Otro coche se haba parado detrs de l. El conductor

    tambin sali. Imma fue hasta el cristal trasero para seguir viendo qu ocurra. En mitad

    del asfalto distingui un retrovisor; el del autobs. Ese coche, al tratar de adelantarlo, lo

    haba arrancado de cuajo. Los dos conductores fueron civilizados; cualquiera habra

    encontrado natural que se echasen a gritar, o por lo menos que lo hiciera el del autobs.

    Al contrario, intercambiaron dos palabras, llenaron un papel, hicieron alguna llamada y

    se estrecharon la mano. El incidente podra haber sido grave, s. Habra podido acarrear

    discusiones, incluso una pelea. El conductor del autobs deba de ser un hombre

    contenido; acostumbrado a hacer ese trayecto hasta el aeropuerto, saba que los

    pasajeros a los que llevaba iban con prisa. No poda permitirse un enfado. Eso es un

    profesional se dijo Imma, y asinti con la cabeza. Se sent de nuevo y el motor del

    autobs volvi a vibrar. Seguan con su camino hasta la pista de despegue.

    Dos minutos ms tarde, se durmi. Tuvo que despertarla Albert cuando estaban cerca

    del aeropuerto. Al mirar hacia el cristal ya no se vea ni la costa mediterrnea, ni la

  • 2015 Xavier Sirs http://www.xaviersires.com/

    7

    autopista... solo el cielo y un avin que lo cruzaba. Ms abajo se extenda un parquin,

    pero que, desde la posicin de Imma, no le alcanzaba a la vista. Ese cielo, por s solo,

    resuma el romanticismo de las grandes ciudades. Ellas tendran ms o menos

    rascacielos, ms o menos avenidas, pero su cielo, siempre contaminado, resistira.

    En la cola de facturacin conocieron a las dems personas con las que visitaran el pas.

    En una agencia de viajes, Albert haba contratado un lote que inclua gua y visitas en

    grupo, adems de los alojamientos en todos los hoteles y las comidas. Aunque l

    prefiriera viajar por su cuenta e improvisar, le asustaba la idea de estar a solas con su

    madre. Yendo con un grupo de guiris, se asegurara de estar siempre rodeado. Lo que le

    incomodaba no era que los silencios entre ellos se alargaran, ni que existiera ningn mal

    rollo... Si lo haca era para poner tierra de por medio. Poner desconocidos de por medio.

    De este modo evitara que su mirada se cruzase con la de su madre; por qu? Porque se

    pasara el tiempo observando a los dems.

    All mismo se presentaron a la chica de la agencia que acompaara el grupo durante el

    viaje. Tena la piel morena y mova mucho las cejas al hablar. Cuando Imma y Albert se

    aadieron a la cola, un montn de turistas del grupo la rodeaban. La acosaban a base de

    preguntas indiscretas. Ella pareca dominar la situacin. Pese a su juventud, se le notaba

    la experiencia de otros viajes que haba dirigido. Se mostr por la pregunta que hizo un

    seor; el ms viejo de cuantos la rodeaban.

    Qu le ha dicho? le susurr al odo Imma. l haba quedado absorto por la

    perplejidad con la que la chica responda al hombre. Si no haba odo mal, le haba

    preguntado por qu ciudades visitaran. Qu clase de turista viaja sin tener ni idea de

    los lugares a los que va a ir? Al hacerse esta pregunta, Albert se acus; tampoco l saba

    cules eran las ciudades que visitaran. Su madre, al contrario, haba aprendido de

    memoria el programa del viaje que haba repartido la agencia. Durante los das

  • 2015 Xavier Sirs http://www.xaviersires.com/

    8

    anteriores, haba estudiado con profundidad cada uno de los sitios que visitaran. Para

    sacarse la culpa del poco inters que puso en Rumana la primera vez, no quera que se

    le escapase el ms mnimo detalle. En su bolso llevaba un libro de Cartarescu. Su hijo

    se lo haba recomendado. De hecho, lo haba tomado prestado de su biblioteca y,

    despus, al comentrselo, l se lo haba recomendado.

    Como lo has cogido de mis estanteras sin pedirme permiso, no me queda otra

    que decirte que te gustar, no?

    Estaba seguro de que no le gustara. Se guard muy mucho de decrselo. Quera ver si,

    para sorpresa suya, lo lea con entusiasmo. Jams la haba visto leer novelas. La imagen

    que tena de ella iba ligada a una mquina de coser. Quiz el sonido de una radio de

    fondo. O las palabras del padre de Albert, confesndole lo feliz que estaba con sus

    proyectos. Soaba con que, algn da, su madre hara algo que le dejase atnito.

    Entonces cambiara su impresin de ella... la cambiara a mejor! Le reconocera sus

    mritos, o incluso cada cosa que hiciera. La admirara. Si hasta entonces no lo haba

    hecho era por falta de inspiracin. Le dola decirlo, pero era cierto: su madre no le

    inspiraba ni un triste poema. Siempre atada a las labores, caminando por la casa y sus

    alrededores... Albert estaba convencido de que cada persona tena dentro miles de

    dimensiones. Luego la miraba y se mora de pena. En qu se equivocaba? Acaso ella

    misma no vea que su estilo de vida la haba llevado a estar vaca? l tampoco destacaba

    por ser alguien de una personalidad explosiva. Pero cuando miraba el mundo que le

    rodeaba, no buscaba su reflejo en los espejos. No le interesaba corregir sus propios

    errores. Viva con el mismo estilo de vida que su madre, pero le dola ms verla a ella

    hundida en la felicidad que verse a s mismo.

    Esperaba que ese viaje marcase un punto y aparte. Era la ltima fase del luto por la

    muerte de su padre, el marido de ella. Desde el da en que les dej, todas las respuestas

  • 2015 Xavier Sirs http://www.xaviersires.com/

    9

    que su madre haban sido indiferentes. Si le preguntaba qu quera comer, le daba igual.

    Si le peda su opinin sobre algo, estaba de ms. Si le peda que le hiciese un favor, ella,

    descarada, contestaba que lo poda hacer l mismo. Con tal de sacarla de esa

    inmovilidad habra ido hasta el fin del mundo. Rumana quedaba un poco ms cerca.

    La cola haba ido avanzando sin que se diera cuenta. No haba tenido la oportunidad de

    saludar a la acompaante del viaje hasta entonces, as que, cuando se la cruz, le puso

    una mano sobre el hombro. Dijo:

    Perdona, nosotros dos tambin venimos. Creo que no nos habas visto. Somos

    Albert e Imma, de acuerdo? Ella, asintiendo, sac un cuaderno de su maleta. Al-

    bert e Im-ma. Se dio cuenta de lo intil que era que le repitiese sus nombres.

    Estpido que soy, pens.

    S, los nombres ya los has dicho. Tendra que saber vuestros apellidos...

    La chica recorri una lista con su boli, y, antes de llegar al final, puso dos tics al lado de

    sus nombres. Exclam: Perfecto, estamos todos! como las profesoras de primaria

    que se alivian al comprobar que no han perdido ningn cro en una excursin. Antes de

    seguir supervisando que todo estuviera orden, la chica les coment que se llamaba E.

    Imma se avanz para darle dos besos. Por ms quietecita que hubiera estado durante el

    luto, segua tan efusiva como cuando su marido estaba vivo. Albert se incomod. Por

    qu haba hecho eso? Se haba dejado en ridculo a s misma y a l tambin. E. no le dio

    ms importancia y respondi a ese gesto con otra de sus sonrisas. Los minutos pasaron.

    Albert no apart los ojos de ella; se dio cuenta de que sonrea a diestra y siniestra, sin

    pensar en quin era la persona que tena delante, si un cliente o su peor enemigo.

    Albert puso la maleta al lado del mostrador de su aerolnea. Mientras sacaba el

    pasaporte y lo mostraba a la dependienta, vio cmo su maleta empezaba a deslizarse

    sobre una cinta. La mir como quien se dice: Ah, no tuve tiempo de despedirme de

  • 2015 Xavier Sirs http://www.xaviersires.com/

    10

    ella... e incluso levant un brazo, intentando retenerla. Lo que llevaba dentro era su kit

    de supervivencia. En caso de una invasin aliengena, las cosas que traa en la maleta

    seran las que habra salvado: una camisa, un par de pantalones y unas cuantas libretas.

    De todas las maletas que haban pasado por esa cinta, la suya era la menos pesada. Al

    mismo tiempo era una de las de apariencia ms desastrosa. Llevaba viajando con ella

    desde que era pequeo. Era cierto que no haba viajado demasiado, pero no debemos

    olvidar que era el tpico desgraciado al que le suelen devolver rota. Ahora, cuando vea

    el tubo al que su maleta caera cuando la cinta llegara a su fin, se lo imaginaba como

    una boca. Una boca con dientes, hambrienta. La devorara como haban hecho tantos

    otros tubos. No se explicaba su mala suerte. Lo ms sorprendente es que solo existiera

    en ese sentido; por lo general, se consideraba bastante afortunado. Situaciones como esa

    le hacan pensar: Ser que todos los aeropuertos del mundo se han compinchado para

    hundir a los que viajamos con poco peso. Somos demasiado ligeros para ser realmente

    humanos... Quiz sea eso lo que haga que los encargados de aeropuertos no se fen de

    m. Ven mi maleta tan insignificante, tan hueca... que se dan cuenta de que las cosas

    materiales me importan poco, muy poco. Si existe el cielo, yo ya estoy en l. Y mi

    maleta, tambin. Lo que pareceran pensamientos de un fumata eran, en realidad, de

    nuestro protagonista. Ser mejor que, por ahora, no lo juzguemos mal. Nos quedan

    muchas pginas por compartir con l.

    Tenan que embarcar a las once menos cinco. El avin alzara el vuelo a eso de las once

    y media. E., antes de que el grupo se dispersara, pidi que todos fueran puntuales; la

    aerolnea con la que viajaban era muy rigurosa, asegur. Y, para demostrarlo, seal a

    una de las azafatas que estaba esperando en la entrada del avin. Frunca el ceo de tal

    manera que a todos les recorri un escalofro. Sobre todo a Albert; su debilidad eran las

    femmes fatales, cada vez que vea una azafata nrdica abra mucho los ojos.

  • 2015 Xavier Sirs http://www.xaviersires.com/

    11

    Traa una mochila como equipaje de mano. Era tan pequea que dentro solo caba un

    libro. En el bolso de su madre, que se ajustaba al tamao de una mano, se podan

    guardar ms mierdecitas. Pero le daba igual; con tener una novela con la que

    entretenerse durante el trayecto le bastaba. Haba escogido un libro de relatos de

    Ionesco; as conjuntara con lo que leyera su madre. Se imaginaba a los dos en asientos

    continuos, al lado del ojo de buey del avin, cada uno con su prosa rumana. Aunque su

    lectura fuera distinta a la de ella, la mirara y comprendera que tambin andaba

    enfrascada en un mundo ajeno al que pisaban.

    Haca tanto tiempo que quera leer alguna ficcin... Desde que se haba separado de su

    chica, haba vivido solo, y, en esa soledad urbana, se haba refugiado en el estudio de

    trabajos universitarios y libros de frases largas. Largas o no tan largas, pero llenas de

    palabras que perdan el significado por el que la gente las conoca, y pasaban a referirse

    a cosas radicalmente distintas... Haba ledo libros que se concentraban en su propio

    ombligo. Su objetivo? Preparar el doctorado que unos aos antes haba dejado

    pendiente. Sin trabajo, sin pareja, sin nadie a quien acudir... qu poda hacer, si no?

    Ms que la opcin escogida, esa era la decisin a la que se haba visto abocado.

    Al mismo tiempo, haba empezado a rechazar todo aquello que ola a ficcin. Esa

    misma maana, por ejemplo, haba dudado diez minutos antes de elegir el libro de

    Ionesco. Se haba dicho: No sera ms provechoso que me llevara un libro sobre el

    tema de mi tesis doctoral? Y, al girar la cabeza hacia la estantera, se haba dado cuenta

    de que todos eran de tapa dura y tenan un grueso que su mochila no poda soportar.

    Salvo dos o tres libritos que ya haba ledo, todo lo referente a su tesis eran monstruos

    del anlisis. Adems, habra necesitado un diccionario en el que consultar los conceptos

    que no conociera. Lo peor habra sido que, cogiera el diccionario que cogiera, todos le

    habran dado informacin incompleta. Desde que haba empezado su investigacin,

  • 2015 Xavier Sirs http://www.xaviersires.com/

    12

    insista en buscar el significado de todas las palabras que no conociera. Era la forma de

    no perder el hilo de las lecturas ms retorcidas. Le sorprenda que la mayora de

    significados estuvieran equivocados; no porque lo que dijeran fuera falso, sino porque

    olvidaban tantos detalles que rayaban el error. Lo habra comprendido en el caso de

    diccionarios escolares, pero los que se arrastraban por su escritorio eran acadmicos y

    temidos.

    Al llegar al aeropuerto, su rechazo hacia la ficcin se haba convertido en rechazo hacia

    la realidad. Llevaba tiempo sin verse rodeado de tanta gente. Las prisas con las que los

    viajeros parecan ir le llevaron a apresurarse en su cabeza: Pensaba rpido, algo inaudito

    en l, amante de saborear cada idea hasta agotarla. l, que, cuando lea, no pasaba al

    siguiente prrafo hasta que se haba repetido lo que deca el actual... l, ahora, vea que

    las maletas corran como coches de caballos. Caballos que eran humanos. Humanos que

    l podra conocer. Porque hablaban la misma lengua que l o no y que, por lo tanto,

    podan expresarle hasta sus sentimientos.

    Esa primera impresin le explot en toda la cara. Habra preferido volver a su

    apartamento mataronense. Se habra recluido en su habitacin y no habra salido hasta

    que hubiera devorado tres o cuatro libros de filosofa. Entenda a las asiticas que se

    ponan mascarillas para ir a sitios pblicos; quin querra que le vieran los labios

    mientras hablaba? Los que estuvieran a su alrededor, aunque no lo oyeran, podran

    haber adivinado qu deca por sus gestos. Quizs eso era lo que ms miedo le haca: que

    los dems se enteraran de lo que comentaba con Imma. Desde los primeros mam, los

    lugares as no estn hechos para m hasta el esperemos que en el avin estemos

    solos! de cuando haban facturado.

    Pero no creamos que Albert era un luntico. Estamos hablando de un hombre que haba

    estado durante meses encerrado entre cuatro paredes. Un hombre que no haba conocido

  • 2015 Xavier Sirs http://www.xaviersires.com/

    13

    a otros hombres ms que por lo que estos ltimos haban escrito. Se trataba, en

    definitiva, del mismo destino que adivinaramos en algunos estudiosos. l mismo era

    una de esas ratas de biblioteca que nos dejan atnitos por su asco hacia las personas

    sencillas. Su propia madre no sera una persona sencilla? Desde luego que lo era! Por

    eso evitaba mirarla a los ojos. Descubra en sus retinas el blanco de quien no se ha

    pasado la noche anterior en vela, leyendo reflexiones. En el fondo, seguro que envidiaba

    a los viajantes que le rodeaban en el aeropuerto. Parecan tan sanos, tan llenos de vida...

    Y l, vestido con su camiseta negra y los cabellos grasientos, perda la belleza que le

    habran dado algunos de sus rasgos; el verde de sus ojos, unos labios gatunos, brazos

    delgados... Su madre se fij en que vesta ms descuidadamente de lo habitual. Dos

    minutos antes de embarcar, cuando hacan cola ante la entrada, le dijo:

    Podras haber estrenado la camiseta que te regal por tu cumpleaos.

    Ya la he estrenado. La he llevado las dos ltimas semanas, todos los das. Esta

    est recin sacada de la lavadora. Tal vez me la ponga durante todo el viaje, aunque

    traigo una de recambio en la maleta.

    Chico, no te entiendo... Con lo bien que te sentaran las camisas de...!

    No es la primera vez que hablamos de esto. Ahora yo te contestar que no

    quiero ms ropa porque no creo que sea necesaria. T me dirs que lo que es

    innecesario es que un chico de mi edad solo tenga dos o tres prendas. Y te responder

    que preferira comprarme miles de libros antes que regalar mi pequea fortuna a un

    centro comercial a cambio de trapos.

    Delante de ellos haba un cristal, y, a travs de este, vean las alas del avin en el que

    volaran. Su cuerpo quedaba tapado por un conducto de metal por el que los pasajeros

    pasaban para llegar hasta la puerta. Las paredes de ese tubo resplandecan. El sol se

    haba levantado y, a esas horas, alcanzaba la terraza ms alta del cielo. Albert no poda

  • 2015 Xavier Sirs http://www.xaviersires.com/

    14

    hacer ms que entrecerrar los ojos e intentar ver a travs de la cortina entre pestaa y

    pestaa. Imma sac algo de su bolso.

    Ni siquiera tienes gafas de sol? le pregunt, sealndolas. Y se las puso. El

    sudor las desliz hasta las aletas de su nariz. Hizo una mueca rara para que no cayeran

    hacia sus labios. Se las volvi a colocar tocando a los ojos. l crea que las gafas de sol

    eran ridculas. Si las pupilas son de un color distinto a las retinas es para que los dems

    puedan ver hacia dnde miramos. Taparse los ojos es la forma ms triste de esconderse;

    es como decir: Tengo tanto miedo de que los otros sepan que los veo que prefiero

    ocultarme detrs de unos cristales oscuros.

    Haban pedido casi rogado! a la seorita de facturacin que pusiera sus asientos

    juntos. Notaban la malicia en lo que haba acabado haciendo: S, estaban en la misma

    fila de asientos, pero, entre el de l y el de ella, quedaba otro. Con que el de Albert fuese

    el que diese a la ventanilla, se daba por satisfecho. Su madre, sin embargo, estuvo un

    cuarto de hora maldiciendo a la dependienta que les haba jugado esa trastada. A Albert

    le sorprendi lo que le dijo sobre ella en poco tiempo; le dejaba blanco la capacidad de

    su madre para observar y sacar conclusiones. Se haba fijado en detalles de aquella

    mujer que Albert no habra percibido ni pasando veinticuatro horas con ella. Y lo que

    era peor: Cada recuerdo de esos detalles sala de su boca con odio. Acaso no haba

    blancos mejores a los que insultar? Su madre no tena enemigos, y por eso se

    descargaba con una desconocida? Fuese como fuese, al cabo de un rato se calm. No

    volvi a enfurecerse en das. Esa actitud recordaba a las tormentas de verano, que

    crecen, eternizndose, hasta que, de un momento a otro, desaparecen.

    Se sentaron en las butacas que les haban asignado. Las azafatas que corran de arriba

    abajo, aunque no supieran cules eran sus asientos, les echaban miradas asesinas, como

    si hubieran odo que tenan la intencin de cambiarse de sitio. Como fueron los

  • 2015 Xavier Sirs http://www.xaviersires.com/

    15

    primeros en subir, Imma, cuyo asiento daba al pasillo, tuvo que esperar de pie a que

    llegara quien se tuviera que sentar en el centro.

    Era curioso que las filas estuvieran ordenadas de forma que en algunas cupieran tres

    personas y, en otras, solamente dos. Curioso, sobre todo, porque ni en primera clase

    contaban con el privilegio de las filas de dos asientos. Los pasajeros ms rezagados

    entraron e Imma se dio cuenta de que una de las filas de dos asientos quedara vaca.

    Tanto le habra dolido a la seorita drsela? Ella misma se plante sentarse all. Golpe

    en un hombro a Albert y le hizo una seal con la mirada. Respondi con molestia; en

    realidad qu ms le daba que no estuvieran juntos durante el trayecto? Total,

    respiraran el mismo aire la semana entera.

    Justo cuando cerraban las compuertas, un nio pas corriendo por el pasillo. Se detuvo

    delante de Imma, con un billete en la mano, y le pidi que se apartara. Era el pasajero

    del asiento del medio. Por lo menos en eso haban tenido suerte; como tan solo tena

    ocho aos, era bajito, por lo que Imma poda mirar a Albert desde su posicin sin

    ningn problema. De todos modos, le pregunt si sera tan amable de cambiarse de

    sitio: Ves? Ese hombre es mi hijo y quisiera charlar con l. Quiz le ofendi la

    sencillez con la que Imma le habl. A algunos nios les ocurre eso; no soportan que se

    los trate como si no entendieran el mundo. Se neg en rotundo. Cogi una revista que

    colgaba del asiento de delante y se concentr en sus fotos. Ella no estaba dispuesta a

    darse por vencida; ante un adulto, hubiera cedido... ni se hubiera atrevido a hacer esa

    peticin. Pero no poda dejar las cosas resueltas as con un nio.

    La misma azafata que antes los haba mirado con hostilidad les trajo el desayuno. Lo

    serva en unas bandejas de aluminio cerradas. Cuando Imma cogi la suya not que

    quemaba. Trag saliva con repugnancia. Suficiente asco le haca la comida de los

    aviones para que adems estuviera caliente. Acerc otra bandeja a su hijo e ignor que

  • 2015 Xavier Sirs http://www.xaviersires.com/

    16

    el nio no tena la suya. La azafata se deba de haber olvidado de l; ni lo haba visto.

    Imma crey que las cuentas quedaban saldadas con su crueldad. Los ltimos minutos se

    haba notado el estmago revuelto. Cuando abri la bandeja y encontr una tortilla que

    humeaba y una salchicha se le pasaron los males. Fue cortando cada cosa con un

    tenedor y se llev los trozos a la boca. Vea de reojo que el nio no dejaba de observarla.

    Deba de sentir tanta envidia... Se imaginaba que su boca babeaba ms de lo que lo

    haca la suya; la comida desgarrndose entre diente y diente.

    Se gir para mirar a Albert. Antes sus ojos se cruzaron con los del nio. Hasta pareca

    enfurecido. Le import poco. Levant un poco la cabeza para ver ms all de sus

    cabellos negros. Lo encontr ensimismado, mirando por la ventanilla. En esos

    momentos el avin an ascenda; la seal de que los pasajeros deban mantener sus

    cinturones puestos estaba encendida.

    No piensas probar bocado?

    Ni me apetece mirar lo que hay dentro de la bandeja... Si te lo quieres comer,

    cgelo... Su madre rechaz la oferta. Haba acabado su racin. Cmo iba a

    sobrevivir l sin la suya? No, no... Insisto, cgela... no pienso comrmela...

    Lo que no vea en los ojos de Albert era lo que, en ese mismo momento, ocurra en su

    cabeza. Despus de tantas semanas de trabajo mental crea imposible que hubiera

    llegado donde estaba. No haba palabras a su alrededor, ni grandes frases en las que

    pensar. Lo que decan los dems pasajeros le saba a poco; mensajes directos, sin dar

    rodeos. Iban al grano. Voy al bao, deca el to de detrs. Lo primero que har ser

    fumarme un pitillo..., oa que exclamaba alguien, delante. Estaba rodeado de

    pensamientos que a travs de voces se convertan en canciones. Nunca se habra

    imaginado que las palabras entraasen tan pocos secretos. Despus de haber luchado

    por comprender algunos de los textos ms misteriosos... ahora se descubra a s mismo

  • 2015 Xavier Sirs http://www.xaviersires.com/

    17

    como alguien de quien se haban burlado. De qu le haba servido volverse una

    persona seria si todos los que le hablaban eran naturales? O es que haba tenido mala

    suerte con los pasajeros que lo rodeaban? Le habra podido decir miles de cosas al

    mundo; centenares que fueran hiptesis y unas decenas en forma de verdades

    absolutas... Unas verdaderas absolutas que solo l conoca! Que eran fruto de

    reflexiones! Tantas horas leyendo y pensando le haban hecho sabio! Pero viendo ese

    nuevo panorama, qu tena que decir? Las palabras ms ciertas sobraban. De vez en

    cuando inclinaba la cabeza sobre su respaldo y la giraba hacia su madre. Se daba cuenta

    de que le haba estado observando. Y lo segua observando. No entenda que las miradas

    de su hijo eran seales de auxilio. Quera salir de all. Se habra levantado y saltado por

    la ventanilla si no hubieran travesado ya las nubes.

    Una azafata diferente a la de antes pas a recoger las bandejas. Deslizaba un carro con

    las manos. La bandeja de Albert estaba sin abrir. La mujer alarg el brazo para recogerla

    y la lanz a la papelera de su carro. Sinti lstima por la comida que acababa de

    desperdiciar. No poda hacer nada por rescatarla; decidi mirar con firmeza al pasajero

    que la haba desaprovechado. Al recoger la de Imma hizo ruido, como para que Albert

    notase su agresividad. l no despeg los ojos de su ventanilla. El exterior del avin era

    una bola de fuego. El sol; tambin llamado el mayor pirmano de la historia. Haba

    incendiado las nubes y las ahogaba en su calor. Un cartel colgaba del techo y deca:

    Temperatura exterior: Menos cincuenta y tantos grados... Cmo era posible? Lo que

    vea con sus propios ojos era un fuego ms vivo que aquel de las hogueras de San Juan.

    Y no pudo evitar esta fantasa: Por algn error tcnico, su ventanilla se abra. El calor y

    el fro penetraban y le cubran de pies a cabeza. O empezando por la cabeza, que era la

    parte de su cuerpo ms cercana a la ventanilla, y acabando por los pies. El fro de los

    menos cincuenta grados y el calor de las nubes de fuego, s. Era una contradiccin

  • 2015 Xavier Sirs http://www.xaviersires.com/

    18

    grave, tan literaria que si hubiera trado un cuaderno la habra anotado. No escriba.

    Nunca escriba salvo cuando preparaba estudios y anlisis. De todos modos, habra

    colado su paradoja en alguna frase de sus textos universitarios. Con lo extensos que

    eran, los profesores que los hubieran ledo ni se habran dado cuenta de la rareza de

    cuatro o cinco palabras. Record una maana que, sintindose agotado despus de

    escribir seis pginas sobre fenomenologa, pero teniendo el compromiso de llegar a las

    diez, empez a soar despierto y a teclearlo que se le vena a la mente. Casi nada de lo

    que escribi era presentable. No obstante, tuvo la impresin de que en ese delirio haba

    cierto talento. Lo hubiera o no, prefiri acabar con l. Y cmo se acaba con un talento?

    Es deprimente saberlo, pero con ignorar que existe basta.

    Las horas pasaron ms rpido de lo que Albert haba previsto. Ya estaban descendiendo

    y l no haba tenido ocasin de abrir su libro. Mientras se pona el cinturn, palp su

    portada y con tristeza se dijo: Tendrs que esperar... A continuacin fij los ojos en la

    ventanilla y vio cmo el pjaro en el que se haba subido, haciendo crculos, bajaba

    hacia la tierra. Hubo un momento en que crey que el avin se encontraba en vertical,

    contra el suelo. Tan inclinados estaban que los objetos que un pasajero haba puesto

    sobre la mesa auxiliar de delante cayeron al suelo. La visin que se tena del exterior era

    preciosa: campos y ms campos. Marrones y verdes. No se saba cules estaban

    cultivados y cules solo labrados. Podramos suponer que los verdes eran los maduros;

    aquellos que tenan los frutos en su punto. Habra dado lo que fuera por caer por la

    ventanilla y aterrizar sobre esos suelos. Con lo blandos que parecan, no se habra roto

    ni una costilla. Era la belleza de las alturas; el mundo, en miniatura, se vea tan simple

    que pareca que pudiera dominarse. Quienes vuelan en avin se sienten dioses; es el

    motivo por el que los billetes son caros. O, aunque no sean dioses, consiguen, por un

    par de horas, la perspectiva que tendra un dios.

  • 2015 Xavier Sirs http://www.xaviersires.com/

    19

    Solo le haca falta poner las manos sobre el cristal de la ventanilla para darse cuenta de

    que aquello era fingido, como una ficcin. Si no poda tocar los campos con sus manos

    era porque no existan. Y los ms crticos dirn: Ah, s que existan, solo que estaban

    fuera de su alcance. Y bien lo que queda fuera de nuestro alcance, existe para nosotros?

    Si ignoramos que podemos tocar lo que hay a travs de las pantallas de nuestras teles,

    diremos que lo que vemos en ellos es real? O una imagen? Era la pega de las

    ventanillas de los aviones: no eran lo mismo que las ventanas de una casa; que permiten

    que se abran, que se respire a travs de ellas, que se salte... No, las ventanillas de los

    aviones son una ilusin como lo son las pantallas de televisin. Una ilusin que le

    embargaba hasta el aterrizaje definitivo. Y, sin embargo, nadie se habra atrevido a

    decirle que lo que estaba viendo a travs de esa ventanilla era puro teatro. Nadie sera

    tan cruel como para sacarlo de sus fantasas. Ni su madre lo hara por ms cabreada que

    estuviera porque, desde que haban empezado a descender, su hijo la ignoraba. Solo

    tena ojos para el espectculo que ofreca el exterior del avin. Vio que en las alas se

    haba pegado algo de muselina de las nubes; de cuando las haban cruzado. So con ser

    l, en lugar del avin, quien las cruzase. Despus de esa experiencia morira en paz.

    Habra necesitado una aventura fuerte para sentirse completo y preparado para dejar de

    vivir. Hasta que no le ocurriera algo por el estilo tena motivos para estar en este mundo.

    Es ms: tena ms motivos para estar en este mundo que los chicos de su generacin

    que, avispados, haban conseguido lo que se haban propuesto.

    El aeropuerto apareci. De entre unos arbustos lo que desde las alturas se ve como

    arbustos en realidad son sauces enormes haba salido una pista de aterrizaje. El avin

    se acercaba a ella. Avin y pista eran como dos amantes en el momento en que se

    acuestan. Avin y pista, hasta que chocaran, ni se inmutaran el uno por el otro. l

    recordaba de otros viajes en avin el momento en que las ruedas golpeaban el suelo; un

  • 2015 Xavier Sirs http://www.xaviersires.com/

    20

    mal trago. Notaba la tensin de los dems pasajeros. Algunos murmuraban malos

    augurios y sus acompaantes respondan: Ah, no digas eso! Si hubiera tenido a su

    madre ms cerca, tambin habra soltado algn comentario... poco conveniente. Lo

    nico que le vena a la mente eran recuerdos de pelis sobre aviones que se estrellan. El

    momento del aterrizaje es el ms peligroso, se repeta. Pero su corazn no bombeaba ni

    ms ni menos de lo normal. No notaba sus venas hirviendo. En realidad, qu ms le

    daba si alguna cosa sala mal? Con un gesto, dej clara su opinin sobre los accidentes

    de aviones; tumb la cabeza sobre el respaldo y pens: Que me den si no salgo de

    esta... por lo menos he vivido como he querido. Imagin su propia levedad. Lo poco

    que importaba todo. Senta la muerte y, al mismo tiempo, saba que era imposible que

    ocurriera nada fuera de la normalidad. Lo extraordinario nunca ocurre a tos como l. Es

    como con los catastrofistas y la probabilidad de que sufran: si esperas lo peor, es posible

    que no te ocurra. Si no te lo esperas, las posibilidades aumentan. No hay ningn

    experimento que lo pruebe, pero estamos de acuerdo en eso, no?

    El avin dio un puetazo a la sombra del suelo. Todos los pasajeros lo notaron. Se

    sintieron en medio de una pelea con lo que va por el cielo y es empujado contra la tierra.

    Como si no quisiera volver a esos adoquines, esos asfaltos, que haba pisado antes. Las

    doscientas o trescientas personas que volaban juntas lo deseaban a la vez: no salir del

    avin y despegar de nuevo. O por lo menos era lo que Albert vea en las miradas de la

    gente. Como adivinador no habra valido un cntimo, es verdad. Pero debemos recordar

    que tena cosas mejores en que pensar. Tena que sacar alguna conclusin de lo que

    haba pensado durante todo el viaje. En la blancura de su mente se haba montado un

    esquema: Por un lado haba su cuarto, Matar, su estabilidad. Su comodidad, en

    definitiva. Y por otro lado haba las vacaciones. S, esas que estaba empezando. Otro

    tipo de comodidad; lo que el mundo ve como una poca para relajarse. Tiempo para uno

  • 2015 Xavier Sirs http://www.xaviersires.com/

    21

    mismo lo llaman. Pero si es tiempo para uno, no sera ms sensato que lo pasase en la

    soledad de su cuarto? Lo que l entenda por tiempo para uno mismo era esa temporada

    de trabajo, de estudio, en la que llevaba enfrascado das, semanas, meses... No le

    discutira a nadie que fuera diferente a tal y como se lo haba imaginado. Al que le

    dijera: pero qu es el tiempo para uno mismo, adems de tiempo para estar en

    familia? lo mirara con indiferencia y asentira. Se negaba a oponer sus ideas a las de

    otros. Se senta lo bastante humillado como para evitar frentes de batalla. No, no era el

    momento para defenderse ni a s mismo ni a la intuicin que le haba llevado a ese

    esquema mental. Que, por cierto, le haba servido para encontrar una relacin entre su

    vida en el trabajo esa vida de pensamiento, en abstracto... y su vida de viaje

    menos querida, una material. Lo que coincida entre la una y la otra era el cielo por el

    que vuelan los aviones y el cielo de su cabeza cuando llegaba a comprender algo

    complicado. Ah, s, su emocin al ver lo uno y encontrar lo otro era igual! La misma!

    No era posible que las azafatas que andaban por all se hubieran hecho amantes de las

    alturas por esa impresin que l solo tena en dos ocasiones: al entender y al volar? Era

    la libertad. Porque una idea que en un principio pareca indescifrable se haba puesto a

    bailar entre sus manos, la poda guardar en su memoria. Y porque un paisaje que el

    hombre no estaba destinado a conocer lo alto del cielo se haba vuelto hasta

    cotidiano. Quin iba a decir a los antepasados de Albert que algn da uno de ellos

    vera las calvas de las nubes? Era el amor por el descubrimiento, por desnudar lo que

    creamos secreto. Como las muequitas rusas que nos parecen sosas hasta que, al

    apretarlas, se nos rompen en las manos: de dentro salen otras muequitas y nos damos

    cuenta del ingenio; son matrioskas. Muecas dentro de muecas, quin lo dira? Se

    sorprenda tanto al ver que la capa azul que siempre haba visto del cielo no era la nica

    existente... Y al leer y entender que las palabras que tena delante no solo eran rayas de

  • 2015 Xavier Sirs http://www.xaviersires.com/

    22

    tinta; hablaban de unas verdades que le haban sido ocultadas. O, si bien no le haban

    sido ocultadas, la gente que lo rodeaba haba pasado de ellas.

    Antes de que fueran a recoger sus maletas a la salida, Imma se par delante de un

    cristal: ms all vea la pista de aterrizaje que haban pisado haca unos minutos. Un

    paisaje montono, que se repeta en todas las ciudades con aeropuerto, se extenda

    frente a ella, pero no dejaba de parecerle maravilloso. Albert se le acerc por detrs y le

    pregunt que qu observaba:

    Nunca me acostumbrar a entrar y salir de un aeropuerto sin tu padre. Sola ir

    a recibirlo cuando llegaba de Londres. Viajaba con frecuencia... aunque ni tus hermanas

    ni t os dabais cuenta. Un da intent explicarte que estaramos unos das sin verle y te

    pusiste tan plido que tem traumatizarte. Desde entonces siempre que no estaba con

    nosotros te menta, asegurndote que en unas horas volvera. Como nio que eras,

    cuando anocheca, ya habas perdido todo inters en l.

    Le sorprendi la sinceridad con la que su madre se confesaba. No haban llegado a esa

    intimidad en ninguno de sus ltimos encuentros. Se le haca extrao que en un pas

    desconocido y sin ningn motivo se envalentonara lo suficiente como para acercarse a

    l. Quiz lo vea otra vez como su querido hijo? Ese hijo que haba dado por perdido

    cuando se haba ido a vivir con otra mujer? La idea le horroriz. Se imagin en una

    especie de retroceso: en lugar de envejecer, un nuevo cordn umbilical le obligaba a

    abrazarse a su madre. Y dio la casualidad que, en ese momento, la cabeza de su madre

    cay sobre su pecho. Se deba de sentir amada delante del joven que haba educado.

    Pero el sentimiento no era compartido, o por lo menos l no lo demostr; se ech para

    atrs, como rehuyendo la caricia. Ella se gir de golpe; busc explicaciones. Por ms

    que le mir, sus ojos no se cruzaron. Qu le pasaba? Haba olvidado cunto le quera?

    No era nada de eso, pero a partir de entonces desconfi de que siguiera habiendo una

  • 2015 Xavier Sirs http://www.xaviersires.com/

    23

    complicidad entre los dos. Albert dio ms vueltas al asunto hasta que acab por creer:

    No es que quiera recuperarme como hijo, no... Es solo que, con los aos, me he vuelto

    su confidente. Es tan amable conmigo como lo es con otros adultos. En cambio, de nio,

    me trataba con una dulzura que hoy no soportara. Si ese sentimiento maternal hubiera

    vuelto a ella, me habra dado cuenta. Me he equivocado al apartarme cuando quera

    tocarme. Cmo corregirlo? Sin que ella lo esperara le puso una mano sobre el

    corazn. Le sonri y, al bajar la mano de nuevo, dej la marca de los dedos en la seda de

    su camisa.

    Todo el grupo subi al autobs que tena que llevarlos hasta el hotel, en el corazn de

    Bucarest. Caa cerca de la Plaza de la Revolucin; los dos cruzaban de dedos para que

    sus habitaciones tuvieran vistas sobre el centro de la ciudad. Las haban pedido

    individuales, aunque, como suele suceder en estos casos, les dieron dos de matrimonio.

    Albert entr en la suya con sigilo, como asegurndose de que nadie corriera a

    esconderse al orlo. Estaba a oscuras. Palp la pared hasta encontrar una ranura, en la

    que tena que meter la llave de su habitacin. Esta llave era una tarjetita. Pegajosa,

    blanca; las manchas se vean sobre su cdigo de barras. Al introducirla las luces se

    encendieron. Las del bao tambin; la tele tambin. Incluso la lmpara de un escritorio

    que haba contra la ventana se ilumin. Se apresur a apagar las innecesarias; qu ms

    le daba? Despus deshizo su maleta y dej un libro sobre cada mueble. Como si as se

    apropiara de ellos.

    Apag la tele y se hizo el silencio. Se pregunt qu impresin le habra hecho a su

    madre la habitacin que le haba tocado. Ella no se esperaba un hotel tan lujoso como

    ese. Por su parte, Albert habra preferido uno con menos clase. No entenda por qu la

    misma agencia de viajes que a veces alojaba a sus clientes en uno de tres estrellas, ahora

    los conduca a un Hilton. Le pareca un sinsentido; si l haba escogido esa agencia era

  • 2015 Xavier Sirs http://www.xaviersires.com/

    24

    porque le pareca la de servicios ms modestos, y, por lo tanto, la ms econmica. Se

    podra haber permitido una ms lujosa, pero de qu le habra servido? Hua de las

    cosas doradas y resplandecientes como de la peste. Su padre le haba enseado que

    cuando se tiene dinero se puede fardar de l. Y su madre, al contrario, le haba hecho

    comprender que, ya que cualquier da podan venir las vacas flacas, era mejor no tentar

    a la suerte pavonendose. Al final, acabaron calando en l las palabras de su madre. De

    quin recibira mejores consejos que de ella?, se preguntaba a veces. Aunque tuviera el

    compromiso de cumplir con los consejos de su padre, se tranquilizaba al pensar: He

    cargado con esta pega: mi madre me ha obligado a ver un extremo de la vida mientras

    que mi padre me obligaba a ver el opuesto. Cualquier padre entendera que acabara

    prefiriendo lo que dijese mam. Al igual que cualquier madre comprendera que me

    dejase guiar por pap... Si ellos no han sabido formar un tndem, la culpa no es ma. Es

    ms; en mi infancia fui una vctima. Vctima de sus contradicciones. Me confundieron

    hasta que acab preguntndome si en el mundo no habra dos realidades, una fiel a lo

    que deca mam y otra fiel a lo que deca pap. Lo que no entraba en su cabeza era que

    si sus padres no le hubieran ofrecido esas dos opciones, habra sido la vida misma quien

    le llevara a una divisin de su camino. Si crea que era el nico que se haba enfrontado

    a sus propias ideas, andaba equivocado.

    Se sent sobre la cama y la not tan mullida que le entr asco. Ese sitio era lo contrario

    a su cuarto en Matar. Mientras que la cama de all era dura, ahora hunda el culo en

    esta otra. Estaba claro: la agencia le haba engaado con sus precios. Aquello que haba

    a su alrededor tena un precio ms elevado que el que haba pagado. Lo que buscaba era

    algo acorde con el dinero que haba gastado. Qu utilidad tena el minibar gratuito?

    la ducha con msica, radio e hidromasaje? No haba pedido nada de eso. Pareca

    que le estuvieran tendiendo una trampa. Queran que cayera en la tentacin. Se haba

  • 2015 Xavier Sirs http://www.xaviersires.com/

    25

    resistido tanto tiempo a comer hamburguesas, tumbarse en sofs, disfrutar de algunos

    delitos, que ahora su voluntad era mayor que cualquier cosa que le ofrecieran. Se habra

    negado a comer bombones si se los hubieran regalado. Habra rechazado ms

    vacaciones. Habra evitado que le diesen nada que no mereciera.

    Pese a la frialdad de su habitacin en Matar, estaba convencido de que era la ms

    clida del mundo. El sol entraba por las ventanas cada maana y le coca la nuca

    mientras que l, de espaldas a la ventana, afrontaba su escritorio. O diramos que se

    enfrontaba a su escritorio; algunos das se senta tan agotado que con solo pensar en el

    estudio le vena el lloro. Esas veces se repeta: No, no te rendirs! No te lo puedes

    permitir! Si hasta ahora te has levantado a las cinco y te has puesto a estudiar a las

    cinco y media, hoy no puedes empezar ms tarde!

    Nuestra duda es la misma, verdad? Nos preguntamos si, teniendo tal fuerza de

    voluntad, haba acabado con sus debilidades. Y la respuesta, por ms que se negase a

    aceptarla, era que no. Del mismo modo que las tentaciones no haban desaparecido, su

    atraccin hacia ellas tampoco. La diferencia con el pasado era que observaba las

    tentaciones y ni pensaba en tomarlas. Las tentaciones de ese cuarto de hotel le suban

    por las piernas y sacudan el pantaln. Firme, responda: Despus de tanto empeo, no

    vais a vencerme.

    Oy que llamaban a su puerta; unos nudillos golpeaban el picaporte y, de paso,

    intentaban forzarlo. Fue a abrir. Era ella, su madre, que le miraba interrogante. Se deba

    de estar preguntando qu le habra parecido la habitacin.

    Qu tal tu dormitorio?

    No es como lo haba imaginado. Tampoco importa.

    Ah! Se me ha ocurrido una cosa. Espera un segundo... E Imma

    desapareci. Se fue corriendo por el pasillo y la vio entrar en la que era su habitacin;

  • 2015 Xavier Sirs http://www.xaviersires.com/

    26

    entre la una y la otra solo haba otras cinco. Delante de una de estas puertas, alguien

    haba dejado una bandeja con una hamburguesa intacta y un vaso de Coca-Cola. Se la

    mir como si se planteara comrsela. Rpidamente cerr su puerta. Durante los

    siguientes minutos no oy ms que el ruido de la calle. Luego volvieron a llamar a su

    puerta.

    No has odo nada? pregunt su madre.

    No me ha parecido or nada. Qu tendra que haber odo?

    Te estaba llamando por telfono. Las llamadas entre habitaciones son gratis,

    sabes? Quiz el tuyo funciona mal. He llamado a recepcin y me han respondido sin

    problema. Tiene que ser el tuyo el que est cortado. Comprubalo, anda.

    Podemos hablar cara a cara. Estamos en el mismo pasillo.

    Imma se dio cuenta del infantilismo de su actitud. Sus hombros se encogieron y sus

    cejas se desplazaron hacia los lados, como quien hunde la expresin en la decepcin.

    Pero no se daba por vencida tan rpido. Volvi a su habitacin. l cerr la puerta de

    nuevo y, antes que se hubiese dado la vuelta, una carta apareci debajo de esta. La luz

    del pasillo, que se colaba entre la puerta y la moqueta, la ilumin. Era un papel con el

    nombre del hotel estampado en la parte de arriba. Lo desdobl y encontr un mensaje

    que deca: Si estuviramos en mi pueblo te lo dira con palabras que fueran mas, pero,

    en este pas extrao, y sintindome confusa, hago esfuerzos para escribir esto y que no

    sea ininteligible: Tierno! Eso me pareces! Sigues siendo lindo, como cuando eras nio,

    y ni de lejos te lo reprochara. Mientras los hijos de los dems han crecido y se han

    vuelto personas distintas, como si hubieran mudado el cuerpo y el alma, t an me traes

    a la memoria al Albert de los ocho aos. No por inmadurez; por educacin. No por

    salvaje; por sincero. Me alegra que el mundo no haya hecho de ti alguien irreconocible.

    Eres uno de esos hombres que tocan la tierra y la tierra no les toca a ellos.

  • 2015 Xavier Sirs http://www.xaviersires.com/

    27

    Por qu era tan poco cuidadosa con las palabras que usaba? Le disculpaba que por el

    jet lag de la hora que quedaba retenida entre Espaa y Rumana estuviera algo alelada.

    Pero saba cunto se haba preocupado l, cuando esa misma maana le haba tocado

    como le tocaba antes; y, sin embargo, le soltaba eso. Ni nada ms ni nada menos que

    sigues siendo mi beb! Como si no le avergonzara lo suficiente viajar con ella a sus

    veinticuatro aos. Por ese mismo motivo haba insistido en que sus habitaciones de

    hotel fuesen distintas. No quera compartirlo todo con ella, como cuando era un cro;

    como cuando eran tero y pez en la pecera. Las cosas haban cambiado, crea haber

    superado esas bobadas que ofenden sobre todo en la adolescencia. En ese sentido segua

    en las mismas. Si haba asumido que no era independiente y que le costaba hacer lo que

    fuera por s mismo, por lo menos quera mostrarse separado de los dems. La sensacin

    que su madre le haba confesado solo le llevaba a pensar algo: Ser que en realidad

    sigo siendo el mismo? Tantos aos esforzndome por volverme diferente a quien me

    haba tocado ser... para nada, nada! No han servido de nada porque hoy me doy cuenta

    de que an soy el mismo nio, con las mismas taras y fobias. Querer huir de ese nio

    habra sido intil. Estaba pegado a l como cada uno est pegado a su propia historia. Si

    le preguntasen cmo describira al chico que una vez haba sido, podra mentir, pero

    seguira siendo un reflejo de ese. Le haban vendido la idea de que la vida olvidaba,

    cuando la verdad era lo contrario; que todo se tiene que recordar, hasta los malos tragos.

    Dej la carta de su madre a un lado y se sent al escritorio. Delante de l a travs de la

    ventana, vea la terraza del hotel. Una mujer del grupo haba salido a fumar; paseando la

    mirada por el edificio, acab por detenerla sobre la ventana de Albert. Los dos se

    observaron un segundo. l gir la cabeza y encontr una calle. La Avenida de la

    Victoria, que conduca a la Plaza George Enescu, donde se levantaba la fachada

    principal del hotel.

  • 2015 Xavier Sirs http://www.xaviersires.com/

    28

    Se levant de la silla y se alej unos pasos, pero sin dejar de mirar por la ventana. A

    travs de otra ventana del cuarto se vea de frente esa misma calle. Su habitacin estaba

    al final del pasillo, y, por lo tanto, coincida con una de las esquinas del edificio. Se

    qued maravillado: Eso era una exclusividad. Las dems habitaciones solo tendran una

    ventana. l, en cambio, disfrutaba de dos vistas distintas. Ventanas con paisajes que, de

    haberse juntado, habran dibujado una gran panormica. S, como un cuadro o... o,

    mejor dicho, como un pesebre. Tena la impresin de que la luz que entraba en su

    habitacin, en realidad, naca en ella y sala al exterior. El resto de la ciudad era el que

    estaba encerrado y su habitacin, que pareca limitada por cuatro paredes, era el mismo

    mundo. Quin le habra contradicho? Si lo cierto era lo que poda tocar con sus manos,

    entonces lo eran los muebles de su habitacin. Si lo falso, en cambio, eran las ilusiones

    que, pese a verse, ni se olan ni se palpaban, entonces lo eran los paisajes de su ventana.

    Del mismo modo que ocurra en el avin. Qu ms daba la terraza, la seora que

    fumaba y dnde fuesen a dar las calles? En ese momento era verdadera la puerta de

    entrada, la del bao y los lugares a los que habra llegado por ellas. Qu triste! Para

    alguien que habra preferido estar en cualquier hotel antes que aquel qu significaba

    que lo verdadero fuese su habitacin, el pasillo, el restaurante de la planta de abajo...?

    Deba salir a la calle. Lo mejor sera respirar aire puro. Fue a llamar a la puerta de su

    madre y le pregunt si quera dar una vuelta. Ella le pidi que esperara. La acompaante

    del grupo les haba ordenado que estuvieran a las seis en recepcin; les presentara al

    gua del viaje y saldran a pasear por el centro. As que entr en la habitacin de su

    madre menos angustiante y se relaj. Se le antoj ms modesta que la suya. Le

    pregunt si no se la cambiara. Al querer saber por qu se lo deca, contest: Por

    nada... Es que mi habitacin es ms fea. Conocindolo tal y como lo haca, desconfi.

    Que en el cuarto de su madre hubiera dos cuadros idnticos a los del suyo le molest.

  • 2015 Xavier Sirs http://www.xaviersires.com/

    29

    Haba credo que los diseadores del hotel al menos tendran la delicadeza de elegir

    pinturas variadas. Eran las mismas copias: un retrato femenino de Da Vinci y el dibujo

    de una fuente. Los marcos dorados que las cubran costaban ms que las copias en s;

    probablemente la obra original del italiano hubiera sido trazada sobre madera, pero poco

    importaba a los del Hilton. Las haban impreso en un papel satinado que, sumado al

    brillo de los cristales, reflejaban la luz y la devolvan a las paredes y al suelo.

    Bajaron por el ascensor y saludaron al que iba a ser su gua. Un chico joven. Cristian. A

    Albert le sonaba un director de cine rumano que se llamaba Cristi, pero no se atrevi a

    referirse a l. No haba suficiente confianza. Era demasiado pronto para retratarse como

    pedante. Encontrar el momento; siempre hay tiempo para quedar en ridculo, se

    consol. Y el grupo entero unos treinta turistas se abalanz sobre las puertas

    giratorias de la entrada cuando E., habiendo presentado a Cristian, exclam: Todo

    listo, a ver qu descubrimos! Era probable que hubiera hecho ese viaje repetidas veces.

    Cmo segua mostrando ese entusiasmo? Su curiosidad era autntica o antes de entrar

    a trabajar en la agencia haba estudiado Teatro? Con solo verla de perfil Albert se pona

    a dudar. Se atreva a pensar poco sobre alguien desconocido; no poda juzgarla si no

    saba nada sobre ella. Su madre haca al revs, y no solo desconfiaba de esa

    acompaante, sino que lo comentaba con su hijo. l rea. Algunas de las paranoias que

    le contaba eran tan raras que le llevaban a decirse: Soy tan poco creativo porque ella se

    qued con la imaginacin que, al nacer, me haba corresponda a m...

    Cruzaron la Plaza George Enescu y el cuello les doli de tanto girarlo hacia la

    izquierda; all estaba el Ateneo Rumano, que, bajo su cpula, refugiaba ventanas,

    columnas y paredes de un blanco amarillento. Algunos suplicaron al gua que les dejase

    tomar fotos en el parque de delante del edificio. Como el plan de esa tarde se limitaba

    deambular, no vio inconveniente. Los que lo haban pedido respondieron sonriendo,

  • 2015 Xavier Sirs http://www.xaviersires.com/

    30

    como un nio a quien le han dado un caramelo. Sorprenda que fuesen adultos, como el

    resto del grupo. Albert, para no avergonzarse de ellos, se acercaba lo ms que poda a su

    madre y daba gracias a Dios porque no hubiera sido ella quien lo haba rogado. No

    aguantaba ese tipo de escenas. En realidad qu inters tienen en sacar fotos del

    Ateneo? No saben ni quin lo construy, ni qu se organiza en l... Ni siquiera haban

    pensado en l antes de verlo esta misma tarde. Imma adivin su mal humor; Con verlo

    andar le fue suficiente. Cuando se enfadaba pisaba el suelo como si este tuviese la culpa

    de lo ocurrido. Cada paso sobre el csped de ese parque era un golpe de tambor. En el

    centro haba una escultura del poeta Mihai Eminescu. No le resultaba familiar. De todos

    modos se la qued mirando como si lo admirara. El material con el que la haban

    construido era lo que le llamaba la atencin: su oscuridad, contrastando con el Ateneo

    detrs, le recordaba los papeles blancos que ensuciaba con lpices negros. Se dedicaba a

    ese juego cuando, habiendo acabado de leer, no saba qu ms hacer: Coga un folio y,

    con un sacapuntas, roa las minas de sus lpices encima. Luego juntaba los restos que

    quedaban en un mismo montoncito y, una vez daba el ritual por terminado, los soplaba;

    volaban por su escritorio hasta desaparecer. Das despus, cuando pasaba la escoba

    encontraba trocitos de mina por todas partes.

    Anduvieron hasta la Plaza de la Revolucin. Se pararon a echar fotos. La paciencia de

    los que no traan cmara era infinita. Albert y su madre eran unos de ellos. Se cruzaban

    de brazos y esperaban a que los fotgrafos de turno inmortalizaran el lugar. Como si no

    fueran a encontrar esas plazas si las buscasen en Google! Ms tarde, en la escalinata del

    Museo Nacional de Historia Rumana, se repiti el espectculo. Esta vez con mayor

    motivo: una escultura estaba de pie sobre un peldao. Iba desnuda, como la del parque

    de enfrente del Ateneo, pero esta tena algo entre las manos: un animal. Ah, era la loba

    capitolina pero qu significaba esa especie de flagelo de bronce que le sala del cuello?

  • 2015 Xavier Sirs http://www.xaviersires.com/

    31

    Haba algo inquietante en ella. Algo que se sala de lo normal. Albert habra apostado un

    brazo a que el escultor que la haba creado tambin tena un punto de inquietante.

    Quin, si no, hara a Trajano a tamao real y le colocara entre las manos un chucho

    deforme?

    Cruzaron por varias calles. Admiraron muchas iglesias. Se detuvieron en otros seis o

    siete puntos en los que no se resistan a sacar las cmaras de sus bolsillos y apretar sus

    botones como quien dispara una pistola. Le pareci curioso que, para algunos, cada foto

    tuviese que ser digna de portada: hacan todo tipo de gestos para lograr el enfoque ideal,

    y, en cuanto lo conseguan, probaban de aadir zoom. Si en ese instante alguien pasaba

    por delante, se despegaban las cmaras de los ojos y miraban con asco a quien les

    hubiera interrumpido. Curiose con la bondad de ms de uno: cuando vea una cmara

    cuyo objetivo apuntaba cerca de l, intentaba taparla. Oa un chasquido de dientes; qu

    gusto daba fastidiar al personal, aunque formara parte del grupo.

    Pronto anocheci. Su gua, que hasta entonces los haba tratado como a un rebao de

    ovejas, los dej en la entrada del Caru' cu bere. Imma, en su investigacin sobre

    Rumana, haba odo delicias sobre ese restaurante. Haba entrado en su pgina web y se

    haba enamorado de las imgenes de algunos detalles que colgaban por el local. Las

    crticas que ley en TripAdvisor le dieron un plus de curiosidad. Haba encontrado un

    Muy bonito pero servicio psimo descorazonador, seguido de un No te lo pierdas si

    vas a Bucarest que renov sus esperanzas.

    La impresin que tuvo al verlo en vivo fue un poco decepcionante. Quin no se ha

    hecho nunca ilusiones con un restaurante? Estaba tan atestado de gente que con verlo

    por fuera ya invitaba a no entrar. Pero E. insisti en que fueran pasando de uno en uno.

    Puso una mano sobre el hombro de Imma y se vio arrastrada al interior. No quedaba un

    solo centmetro que no hubiera sido ocupado con una mesa, un plato o una birra.

  • 2015 Xavier Sirs http://www.xaviersires.com/

    32

    Algunos comensales hablaban tan alto que, si ella misma no hubiera nacido en

    Banyoles, habra exclamado: Dios mo, parecen espaoles! Y con el paso de los

    minutos esa sensacin no cambi. Es ms: se confirm. Al sentarse comprob que si oa

    las voces de los clientes como si gritaran era por la mala acstica. Albert se sent

    delante suyo. Por ms esfuerzos que hizo por comunicarse con ella, acab por darse por

    vencido; llegaban antes a sus orejas los comentarios de los camareros que los suyos.

    As, mudos, tuvieron que esperar a la llegada del primer plato. Una llegada que se

    demor. Y fue entonces cuando el aburrimiento se les cay encima. Lo hizo con el

    mismo efecto de edredn que tiene el sueo o la pereza. Ella empez a creer que si las

    cosas de entonces en adelante tenan que ir en esa lnea, le habra salido a cuenta

    quedarse en casa. Cunto tard en deshacerse de ese mal presagio? Bueno, quiz hasta

    que lleg la ensalada. Unas gotitas de amargura quedaron en sus labios. Mastic cada

    alita de lechuga con esa salsa. Sala de su piel como un chorro de sangre. La noche

    sera larga, estaba claro!

    El segundo plato era una sopa cuyo cuenco estaba hecho de pan. Su corteza era la ms

    dura que nunca haba visto. Albert la toc y le record al cartn piedra con el que hacen

    los cabezudos. De todos modos, una vez hubo apurado la sopa, sigui tan hambriento

    que devor tambin la corteza. Su madre le miraba con incomodidad, o desagrado. No

    habra sabido decirlo. Se le cay el alma al suelo cuando, al mirar hacia otras mesas, vio

    que era el nico que se haba atrevido a destrozar la corteza. Alguna que otra mirada se

    pona sobre su plato y se sorprenda al ver que la haba mordido. Era un jodido glotn!

    S, glotn! Esta palabra ridcula, glotn, se repeta en sus orejas como si el

    restaurante la cantara a coro. Pero no era eso lo que suceda. Eran sus remordimientos.

    Haban tardado ms en llegar que por la tarde en el hotel.

    A eso de las once empez a sonar msica. En un primer momento pensaron que seran

  • 2015 Xavier Sirs http://www.xaviersires.com/

    33

    bailes tradicionales. Sonrieron a la vez. Haban encontrado con qu amenizar la cena. Se

    concentraran en las canciones y se evadiran de lo que pudiera salir mal. Ese optimismo

    les dur hasta que aparecieron dos bailarines. Dieron vueltas por el restaurante cogidos

    de las manos. Movan las caderas en crculos raros. Alzaban las barbillas como si

    bailaran un vals. Sin embargo abran demasiado los ojos. Quienes saben bailar un vals

    tambin sabrn que la mirada se tiene que entornar; es seal de seduccin y

    escepticismo. Se dieron cuenta de que lo que sonaba era flamenco. Esa pareja de

    rumanos no haca ms que mostrarles lo que la madre, el hijo y todo el grupo cataln

    habran encontrado en su propia tierra.

    La llegada del postre no arregl nada. l no estaba dispuesto a quedar como un idiota

    delante del resto de turistas... y menos delante de su madre! Pese a que la tarta de

    manzana (la llamara apfelstrudel, pero, al no saber alemn, tengo la sensacin de que

    todas las palabras se parecen y que esa est cerca del literario bildungsroman o el

    filosfico bermensch) tena una capa de vainilla, la rechaz. Cuando la camarera iba a

    servrsela hizo un gesto negativo con la mano. Como respuesta abri la boca y se puso

    rgida; qu clase de turistas era ese que no disfrutaba con la dulzura? Si quera

    empezar una dieta entonces, que se volviera por donde haba venido!

    Por la cara que puso su madre al probarla adivin que no haba tantas diferencias como

    haba credo entre el apfelstrudel y el bermensch. Porque el apfelstrudel era la clave

    para ser el mayor bermensch.

    Imma an no se haba acabado la tarta cuando pens: Por qu es tan duro consigo

    mismo? He notado que, en el hotel, se crispaba por el lujo del papel de las paredes, la

    cortesa de los recepcionistas, las lmparas de araa... Comprendo que no vaya con l,

    pero de all a que le tenga fobia... Qu debera esperar de un chico que huye de lo que

    cualquier otro habra agradecido? Que se niegue a comer el postre me lo confirma; algo

  • 2015 Xavier Sirs http://www.xaviersires.com/

    34

    ocurre con l. Se sacrifica como si fuera vctima de una religin sdica... se habr

    vuelto protestante? Lo nico de lo que estoy segura es que si sigue con una actitud

    cerrada, me ser imposible descubrirlo. Su ltimo bocado puso el punto final al caos

    de su cabeza. Sin mirar hacia el plato volvi a hincar su cuchara en l; son un

    chasquido metlico. Baj los ojos hacia la mesa. Ah, sorpresa! Se lo haba terminado.

    Se senta satisfecha; solo algo culpable ante la fuerza de voluntad de su hijo. Lo

    correcto no sera imitarle? Por respeto hacia l y por respeto hacia s misma. No sabra

    decir si lo cruel era que l mostrara su esfuerzo o que ella, al darle vueltas, intentase

    justificarlo. Crey que si Albert se comportaba as era porque se haba dado cuenta de

    que los aos no pasaban en vano; al sacarse la camiseta habra visto que su cuerpo no

    era el mismo que unos aos antes. Pero era una posibilidad bastante pequea. Cundo

    haba demostrado ser alguien que se preocupase por su fsico? De adolescente tena ms

    coquetera. Y lo que sorprenda era precisamente eso: Con el paso de los aos y la

    venida de las arrugas, en lugar de ir a ms, haba ido a menos; se fijaba tan poco en su

    fsico que si segua en buena forma era ms por esos esfuerzos que por otros centrados

    en el cuidado de sus msculos. Le asalt otra duda: Debe de ir al gimnasio? Todos los

    chicos de su edad lo hacen. Estoy segura. Los he visto entrar en locales que se dedican a

    eso; a almacenar pesas y bicis. Trabajan sus pechos y sus brazos como si fueran a sacar

    dinero de ellos. Su hijo nunca haba entrado en un gimnasio. La prueba estaba en sus

    bracitos: delgados, delgadsimos. Eran los brazos ms finos de toda la sala. Como las

    mangas de su camiseta eran anchas, quedaban medio escondidos despus de los

    antebrazos. Imma se fij en ellos y vio cmo se movan. Aunque l pareca absorto en

    sus pensamientos, las manos y brazos le temblaban. De qu tena miedo? O qu le

    emocionaba? Ella no habra sabido decrnoslo. Estaba concentrada en la elegancia de su

    piel; peluda, pero poco si se comparaba con otros hombres de veinte aos. Eran los

  • 2015 Xavier Sirs http://www.xaviersires.com/

    35

    brazos de una reina; o una de esas chinas a las que vendaban los pies para que no

    escapasen de su propia felicidad. S, los brazos de alguien que no los ha usado mucho.

    La noche de Bucarest no era tan encantadora como se la haban imaginado. Tuvieron

    que esperar hasta el final de la cena para salir y disfrutar con la negrura de sus calles,

    plazas y calores.

    Pasaron por delante de las ruinas del palacio de Curtea Veche. El gua haba olvidado

    mostrarles esa zona por la tarde. No tuvieron piedad de l, y mientras se burlaban de lo

    desorientado que haba estado dirigiendo el grupo, pasearon por las calles que lo

    rodeaban. Imma sac su mvil y tecle alguna cosa. A continuacin dijo:

    Cito de Wikipedia: Curtea Veche estaba situada en una colina bastante alta,

    rodeada por la orilla sur del Ro Dambovita Se dieron la vuelta de golpe. Detrs

    suyo no haba ni rastro de ese ro. Pero oan sus bramidos muy a lo lejos. Claro que

    tambin dice: segn las descripciones antiguas...

    Tenan el Palacio del Voivoda delante de sus narices. Entre la oscuridad y lo poco

    documentados que iban no lo reconocieron. En el montn de piedra de enfrente solo

    supieron ver tres arcos que recordaban tneles, una columna sobre ellos, como si fuese

    su cuerno, y, delante de esos semicrculos y rectas, una escultura de Vlad. Por qu

    todas las esculturas de la ciudad eran de una piedra tan oscura? Se volva imposible

    hacer turismo nocturno! Fuese como fuese se la quedaron mirando. Albert puso ms

    inters en lo que vio; de pequeo haba estado fascinado por Drcula. Aunque reconoca

    que entre el autntico Vlad y el Drcula de la ficcin haba un abismo, senta respeto

    tanto por el uno como por el otro; como si fueran el mismo. Se fij en el bigote de la

    escultura; se disparaba a izquierda y derecha como flechas dalinianas. Y tambin se fij

    en una estaca que pareca sobresalir de su sombrero... Estaba tan engaado por el cine y

    Bram Stoker que, por ms que intentara sacarse los tpicos de la cabeza, se le venan

  • 2015 Xavier Sirs http://www.xaviersires.com/

    36

    encima.

    Unos metros ms all en la misma Calle Francesa se toparon con el restaurante

    Hanul Manuc. Y vosotros os preguntaris: Qu ms les daba el tal Hanul Manuc? Es

    cierto que les habra importado poco si, despus de Curtea Veche, Imma no se hubiera

    puesto a investigar en Google sitios cercanos.

    Es jodido que su pgina web est en rumano. Por lo que he ledo en alguna

    gua, es un antiguo caravasar. Y no me preguntes qu es un caravasar porque no

    descargu la app del Diccionario antes de salir de Espaa y me queda poco Internet.

    Pasaron al interior. Se convencieron de que un 'caravasar' vena a ser como un corral de

    comedias. Donde debera estar el patio, haba decenas de mesas con gente cenando. En

    los corredores laterales tambin haba mesas, pero estas, en cambio, vacas. Al estar en

    un primer piso, desde ellas se deba de tener una gran perspectiva del lugar. Decidieron

    tomar alguna bebida; avisaron a una camarera. Aunque primero se decidieron a sentarse

    en el patio, la volvieron a llamar y le preguntaron si podan subir al corredor.

    Please, please, please Su dominio de la persuasin se traduca a otros

    idiomas; su madre, sin saber ingls, crea sorprendente que con una sola palabra

    comunicara tanto.

    Una vez arriba se dieron cuenta de que la mesa que queran haba sido ocupada. Una

    familia de cinco rea, sentndose. Se molestaron, pero era demasiado tarde para volver a

    la planta baja. Escogieron otra mesa del corredor. Sin embargo, no era comparable.

    Delante de esta haba una enredadera que impeda ver el patio. No solo quedaron en la

    penumbra, sino que tampoco saban lo que pasaba a su alrededor.

    Ella pidi un cubata, que en el men llamaban cuba libre, y l prefiri algo ms

    ligero: una limonada. Se la sirvieron en una jarra de agua. Flotaban un par de pajillas

    por la superficie. Cogi una con los dedos ndice y pulgar y se la llev a la boca. Saba a

  • 2015 Xavier Sirs http://www.xaviersires.com/

    37

    agua sin ms. Segundos ms tarde apreci el sabor del limn, que deban de haber

    exprimido sin ningn tipo de gracia. Aquello no era lo que l llamara 'limonada'. Era

    agua y jugo de limn mezclados. Quiz haban echado una pizca de azcar. No estuvo

    seguro hasta que sorbi el fondo del jarrn y not que unos granos dulces le

    cosquilleaban la lengua.

    Haces que sienta vergenza, Albert. Cmo puede ser que no te hayas pedido

    otro cubata? Soy tu madre. Deberas acompaarme por lo menos en esto.

    Le halag que hablara en ese tono. Nunca habra dicho que tuviera un humor negro.

    Sum ese detalle a la nueva impresin que se estaba creando de su madre: Ella no le

    trataba como si an fuera su protegido. Haca tiempo que se notaba que ni pensaba en si

    las cosas le iran bien a su hijo en lo econmico y en lo amoroso. Otros habran visto

    mucha inconsciencia en esa manera de despreocuparse de su felicidad. Pero despus de

    tantos aos centrndose en que sus hijas y l tuvieran todo tipo de oportunidades en sus

    manos, no era lo mejor que poda hacer? Liberarse, de nuevo, para vivir como viuda.

    Haba de sentirse como cuando era una joven soltera. Con un mayor peso sobre sus

    hombros, pero la misma inocencia que una adolescente. Ojal las madres de mis

    amigos envejecieran tan bien como la ma!, se deca con esta reflexin.

    El silencio se hizo entre ellos. Dur hasta que Imma, harta de tener la boca cerrada,

    levant los brazos y, chasquendose los huesos del cuello, exclam:

    No hay nada como estar lejos de casa. Te veo cansado, no lo ests? O ms

    bien aburrido... Eres joven; te has mudado de Banyoles a Girona, y de Girona a

    Barcelona. An no sabes lo que es la monotona. Deja que pasen los aos y

    comprenders por qu me ha hecho tanta ilusin que me invitaras a este viaje; he salido

    de la rutina del maldito Pla de l'Estany.

    'Maldito'. Ese adjetivo solo poda usarlo ella. Albert, como cualquiera de su generacin,

  • 2015 Xavier Sirs http://www.xaviersires.com/

    38

    habra dicho 'puto'. En estas diferencias veramos la educacin que cada uno haba

    recibido. La de la madre de Albert haba sido rayana a la censura. La educacin de l,

    que no dejaba de ser la misma que la de Imma, ya que haba sido quien se la haba

    enseado, era ms sucia. Entonces, si la educacin que Imma haba recibido haba sido

    la misma que Albert haba aprendido, por qu ella expresaba con una palabra lo que l

    deca con otra? La edad jugaba un papel importante, claro. Por ms que pidiera cubatas

    y bromeara con la sobriedad de su hijo, cargaba con sus aos. Poda acercarse a l como

    si fuera un colega, pero siempre querra hacerse respetar. No porque fuera adulto ella

    haba dejado de ser su madre. El comportamiento de Albert ya no dependa de ella. Aun

    as, en el caso de que la ofendiera, lo abofeteara; y l no podra rechistar. El nico deber

    que le quedaba era con su amor propio.

    Volviendo a su conversa, tampoco hay grandes cosas que aadir. Por lo menos no hay

    cosas que aadir sobre lo que pas los siguientes diez minutos. Asinti a lo que su

    madre haba comentado. Como Albert estaba acostumbrado a esos silencios, perda la

    mirada por la cara de Imma, o por la mesa, o se ensimismaba con el cielo. Pareca bobo;

    su madre no soportaba esa actitud. Como tampoco soportaba el silencio. Se vea

    obligada a mirar hacia la pared. Hacia dnde si no? Si en lugar de girar la cabeza hacia

    su derecha, lo hubiera hecho hacia su izquierda, se habra encontrado con esa

    enredadera que tapaba el patio. La noche la volva negra. Qu gracia tena observar una

    enredadera a oscuras? Prefera la cal de esas paredes. No tena ningn inters en ellas,

    pero le recordaban que segua existiendo la luz. Aunque en su mesa no la recibieran,

    aunque se hubieran vuelto dos sombras desde que se haban sentado.

    La camarera se acerc para preguntar si quera que le rellenara la jarra. l respondi que

    no; era suficiente. La interrupcin fue til. Imma crey que poda retomar lo que antes

    dicho:

  • 2015 Xavier Sirs http://www.xaviersires.com/

    39

    Y aunque ya no me duela la muerte de tu padre, sigo sin poder hacer nada,

    sabes? Me siento incapaz de empezar negocios, de apuntarme a cursos... Senta esta

    impotencia antes de que muriese. Ahora solo ha crecido. Tengo que confesar que me

    pongo roja cada vez que alguien se compadece de m. Las primeras veces que me dieron

    el psame en su funeral, tuve que ocultarme con una mantilla... con lo que odio las

    mantillas... Pero no tena alternativa. An me habra agobiado ms que me vieran

    enrojecer. Ahora todos me miran como a una viejecita que lo ha perdido todo. Me

    quedan amigos; los veo con frecuencia. Pero no tengo fuerzas para empezar una nueva

    vida. Solo pienso en la que he tenido y espero que t y tus hermanas disfrutis ms de

    las vuestras. Siempre llega el momento en que uno se siente incapaz de volver a

    comenzar.

    No digas esas cosas. Vindote a ti y a otra gente de tu edad, me haba hecho a

    la idea de qu significa envejecer. Tengo miedo del momento del que hablas. Antes de

    que lo dijeras, haba pensado muchas veces en l. No es difcil comprender a la tercera

    edad. Cuando eres joven y tienes las mismas rutinas que algunos abuelos, te identificas

    ms con ellos que con los de tu edad.

    Pero ese no es tu caso, chaval! Eres joven y vives como un joven!

    exclam. Al mismo tiempo pens: Seguro que lo primero que har cuando vuelva a

    Barcelona y yo ya no est con l ser irse con sus amigos de fiesta. Entonces ser

    cuando pida un cubata. Estoy convencida. No tiene por qu mentirme, pero, vaya...

    cuando tena veinte aos tambin quera dar esa impresin a mis padres. Ser una

    persona madura, pensativa... cunto importa lo que piense la familia! Ni se le pasaba

    por la cabeza que le pudiera estar diciendo la verdad. Era un veinteaero, un bribn. Por

    ms que le pidiera que hablara con ella como con un colega, seguira en las mismas.

    Ahora no le cojas miedo a envejecer, eh? Que...

  • 2015 Xavier Sirs http://www.xaviersires.com/

    40

    Le tena miedo antes de que tratsemos el tema. la interrumpi.

    Pues no deberas. Es un inconveniente que en realidad no lo parece. Envejecer

    y perder las ganas de hacer cosas son lo mismo. Siempre queda el recuerdo de la

    juventud y de cmo se aprovech. Vivo de ese recuerdo, de los programas que echan

    por la tele y de la biblioteca que comparta con tu padre. Mientras tanto espero. No s el

    qu, pero espero.

    Saba perfectamente qu esperaba. Se arrepinti de lo ltimo que haba dicho. Albert

    haba notado que desviaba el asunto del nico destino que poda tener. Porque era el

    destino que ellos dos, t, yo tenamos en comn. No hubo ms que decir. La noche se

    ti de pena. Era un sentimiento tan sutil que l lo confundi con alegra. Desventaja

    del silencio: sin palabras, sin dos voces, no saban qu senta el otro. Mientras que

    Albert se alegraba de pasar ese momento con ella, Imma se encoga poquito a poco. En

    un rato regresaran al hotel. Esperaba que aquellas sensaciones no la persiguieran el

    resto del viaje.

    Un rastro de nervios impidi que Albert durmiera en cuanto se tumb en la cama. Antes

    haba adivinado decepcin en la cara de su madre. La haba mostrado como reaccin a

    uno de sus comentarios sobre el estilo de vida que llevaba en Matar. Aunque haba

    tratado de disimularla, nunca haba servido ni para el teatro ni para el engao. Le

    quedaba claro que su madre no estaba de acuerdo con muchas de las cosas que haca; las

    deba de encontrar poco naturales en un joven. Sin embargo, tendra que haber confiado

    en que lo que satisfaca a su hijo era las cosas naturales en alguien como l, y no en

    alguien de su edad. Aunque no todos los de su edad fuesen como l, muchos de los que

    eran como l tenan su edad. Lo vea caminando por la ciudad: No era el nico

    veinteaero que iba solo, con los ojos rojos por la proximidad continua con un flexo de

    escritorio. De biblioteca, de despacho, de habitacin... Lo que la mayora comparta era

  • 2015 Xavier Sirs http://www.xaviersires.com/

    41

    la sensacin de encierro; si les daba placer? Ninguno! De placer, ninguno!

    Suficientemente carcelaria es una ciudad como para encerrarse en otro crculo dentro

    de esta! Cualquiera de ellos habra preferido huir al campo. Pero se resignaban a cerrar

    las puertas de sus cuartos y llevar vidas de monjes. No porque les gustasen, sino porque

    crean que era la nica forma de ser firmes con ellos mismos.

    Con esa filosofa Albert empez su estudio. En un principio tomaba descansos cada dos

    o tres horas. Pas el tiempo y los elimin; eran innecesarios. Solo respet esos en los

    que aprovechaba para prepararse caf.

    Por la maana estaba dispuesto a tomarse uno de esos descansos. No haca ni media

    hora que se haba despertado; desayunaba en el restaurante del hotel. La visita turstica

    con el grupo empezara a eso de las diez. An no se haba reunido con su madre. Pens

    que podra salir a airearse y de paso ver la ciudad desde su mirada solitaria. Odiaba ir

    atado a un rebao de ovejas; aunque, pensndolo bien, era la nica forma en que se

    habra atrevido a viajar. Ni se planteaba ir solo a un pas como ese con lo despistado que

    era...

    Se detuvo delante del Ateneo como la tarde anterior. Volvi a entrar en el parque que

    haba enfrente. Algunos bancos de madera, en los que haban clavado insignias que

    decan Bucuresti, estaban ocupados. La gente sentada en ellos pareca no tener nada

    mejor que hacer. Estaba convencido de que ms de tres cuartos de ellos no tenan una

    casa a la que acudir. Quiz llevaban sentados all desde la noche; al volver al hotel, con

    su madre, haba visto siluetas en la oscuridad del parque.

    Qu distingua estos vagabundos de los que, como basura, preferan dormir en el

    suelo? Haba visto muchos de esos a su llegada. De hecho, desde el banco que haba

    elegido para sentarse vea unos cuantos que se arrellanaban en el suelo. Sera porque,

    con el calor, era ms apetecible el fro de las aceras? No lo comprobara personalmente.

  • 2015 Xavier Sirs http://www.xaviersires.com/

    42

    Las caras alegres de algunos lo confirmaban.

    La escultura de Eminescu le observaba desde el centro del parque. A su alrededor haba

    arbustos secos que cubran el podio al que la haban subido. Y ms all de estos arbustos

    y este musgo haba un crculo de adoquines que rodeaban al poeta hasta el comienzo del

    csped. Resultaba embarazoso que estuviera desnudo mientras el resto de visitantes

    llevaban ropa; Incluso los que son ms pobres de lo que l tuvo que ser en vida,

    pens Albert. Y en realidad l saba nada sobre ese poeta? Poda saber si era rico,

    pobre...? No, no lo s. Me baso en que nunca he visto una escultura que rinda

    homenaje a un pobre. Se hacen pocos homenajes a los pobres. No son gente de cultura.

    Dile a un hombre sin nada que comer que escriba versos y se reir de ti. Se gir de

    espaldas a Eminescu. Delante tena el mismo parquin que haba enfrente del hotel, pero

    desde otro de sus lados. En cambio, dile a este rumano que escriba un poema y lo har.

    Sus poesas se ajustarn a los mrgenes de los libros de texto de los alumnos de aqu.

    Los versos lucirn perfectos con sus voces. Es lo mismo que pasa con las antologas

    escolares en el lugar del que vengo. Se fij en que, en las esquinas del conjunto de

    adoquines, haba unas plantas trabajadas por jardineros. Ascendan hacia el cielo en

    espirales; recordaban a columnas salomnicas. Habran puesto columnas de bronce,

    como las del Baldaquino de San Pedro, sin tanto vandalismo. O si quienes estuvieran

    destinados a disfrutar de esos rizos vegetales fuesen gente ms importante.

    El verde de los parques es el oro de los vagabundos y los viejos. Quiz en los jardines

    de los palacios rusos tambin hubiera verde, pero hablamos de un verde que se plant en

    tiempos de los zares. Ahora nadie que se lo pudiera permitir se fijara en tener un buen

    jardn. El final del siglo XX puso muchos parques en las ciudades; la vegetacin

    cuidada dej de ser un privilegio de ricos. Tambin las clases media y baja podan

    disfrutar de la hierba, las flores y los arbustos si iban a esos nuevos lugares. Por lo que

  • 2015 Xavier Sirs http://www.xaviersires.com/

    43

    los adinerados cerraron a cal y canto las puertas de sus mansiones. Se quedaron en sus

    interiores. Solo paseaban por sus pasillos, por sus salones. Si se dignaban a mirar por

    las ventanas vean, ms all de los tejados, las copas de algunos pinos. Eran de los

    malditos parques pblicos. Esos que haban restado exclusividad a los suyos. Albert se

    deca esto a s mismo y luego aada: Ay, los verdes Cunto dao habis hecho...

    Simpatizaba con los olvidados de los parques. Esos ricos, esos ricos con mala suerte, le

    importaban poco. Mientras que ellos se encerraban en salas de techos altos, l se

    conformaba con su dormitorio; estrecho, claustrofbico.

    Cinco minutos despus su madre fue a visitarlo. No tena ni idea de cmo haba sabido

    que estaba all. Si en Rumana no existan escondites, cmo tomara un respiro durante

    esos das? Lo que ms le gustaba de estar cerca de las personas que amaba era que de

    vez en cuando se alejaba de ellas sin que eso las ofendiera.

    Su madre se haba puesto un pauelo de pashmina y, al sentarse a su lado, lo roz con

    l. Le pregunt qu tal haba dormido. Luego, por qu no le haba esperado para

    desayunar juntos. Albert no supo qu contestar; ni lo haba pensado. Simplemente haba

    salido de su habitacin y, paseando por el hotel, se haba topado con el restaurante.

    Como no le gustaba saludar a la gente mientras coma, se haba sentado de espaldas al

    resto del restaurante; as, cuando la gente del grupo fuera entrando, no tendra que

    desearle unos buenos das. Los modales estn bien, pero cuando un apasionado de la

    comida desayuna es mejor dejarlo en paz. Haba disfrutado de un par de frutas y un bol

    de cereales. Al igual que, un cuarto de hora despus, su madre haba gozado con unos

    huevos revueltos y salchichas. Quin viviera en un hotel para tener desayunos

    continentales cada da! Quin viviera en el Hilton solamente por eso!, le dijo ella.

    Subieron al autobs y, cuando todo el grupo hubo llegado, hicieron un tour por distintos

    lugares de la ciudad. Antes de cruzar la Plaza de la Universidad, pasaron por delante de

  • 2015 Xavier Sirs http://www.xaviersires.com/

    44

    un cine. Llam la atencin de Albert. Coment a su madre que anunciaban la ltima peli

    de uno de sus cineastas favoritos, un tal Corneliu Porumboiu. Ella le pregunt que quin

    era ese tipo. Y l, sonriendo, dijo que solo eso, un tipo. De hecho, Porumboiu no dejaba

    de ser un tipo para alguien que no le conociera, no? Todos los genios eran tipos. O,

    mejor an: t(p)os. Tos que uno se encontraba por la calle y le dejaban indiferente. Lo

    pensaba detenidamente y se deca: Porumboiu debe de vivir en Bucarest porque todos

    los vanguardistas estn locos por las capitales. Quiz ayer mismo me cruc con l por la

    calle y ni me di cuenta. O quiz me cruce con l hoy y tampoco lo reconozca.

    Minutos despus tecle su nombre en Twitter. Le apareci un resultado que deca que

    estaba presentando un ciclo de pelculas en no s qu ciudad europea. Pero no era

    Bucarest. No era una ciudad rumana. Se tranquiliz y dej de mirar a travs del cristal

    del autobs; por ms desconocidos que viera, ninguno sera el que buscaba.

    Se le quedaron pegadas a las retinas las letras con las que haba visto el nombre de

    Porumboiu en la entrada del cine. Encima del nombre del negocio, en una tipografa

    ms cuidada y de mayor tamao, haban colgado un Corneliu Porumboiu que recorra

    la fachada. Deba de estar hecho con metal; si no, la primera lluvia de agosto lo

    destrozara. Letras barnizadas en rojo carmes, como el de la alfombra de delante de las

    puertas. Era un cine como los de antes; como los que ahora se llaman vintage. Pero

    aquel no era una imitacin de lo viejo; era lo viejo. Los cables telefnicos trepaban por

    sus paredes como lo hacan por el resto de la ciudad. El mal estado de algunas ventanas

    invitaba a pensar que llevaba all ms de diez aos. Diez aos? Qu digo? Tal vez la

    maana misma despus de la muerte de Ceaucescu haba sido inaugurado... Y por qu

    no en los das del rgimen? Al hacerse esta pregunta, se par en seco. Por alguna razn

    se le haca inconcebible que en una poca gris se proyectaran pelis. Pareca ignorar que

    el cine haba guiado el ojo a esas fantasas en ms de una ocasin, como en el caso de

  • 2015 Xavier Sirs http://www.xaviersires.com/

    45

    Eisenstein. Era triste asumirlo: Los fotogramas haban sido posibles en los peores das

    de la humanidad. Algunos de los hombres ms crueles haban buscado en ellos, como en

    los pinceles de los pintores y los teclados de los escritores, alguna forma de simpatizar

    con sus votantes. O acaso hemos olvidado el realismo socialista?

    Se anim pensando en los frutos que haba dado el cine rumano en los ltimos aos. La

    lista de creadores no se limitaba a nuestro tipo, Porumboiu. Hasta el da de llegada a

    Bucarest, el poco contacto que haba tenido con Rumana haba sido a travs de su cine;

    desde muchas perspectivas, perspectivas diferentes. No caba duda de que la libertad de

    la que no haban gozado en el pasado naca con ms frescor que en pases donde estaban

    acostumbrados a ella. Albert imaginaba los meses siguientes a ese diciembre del

    ochenta y nueve: rumanos corriendo de arriba abajo y gritando que el renacimiento no

    era solo un sueo. Lo convertiran en realidad. Y lo haban conseguido. La prueba de su

    xito era que Imma, ms de veinte aos despus de su primera visita, lo haba

    encontrado irreconocible. No tan solo por las reformas que haba sufrido; muchas calles

    que no le haban dejado visitar en la primera ocasin estaban abiertas a los extranjeros y

    las pateaban con la mirada despreocupada. No haba controles, ni revisiones de

    pasaportes. La pobreza segua all; se la vea en las esquinas de las plazas. Pero era una

    pobreza muda, quieta; a veces se acercaba a algn turista pidiendo limosna. Sin perder

    la discrecin ni levantar los ojos del suelo.

    El autobs subi por calles empinadas. De vez en cuando Albert miraba hacia el exterior

    y vea unos enormes parterres. Llenos de verde. Algn busto salpicado por all. Otra

    escultura desnuda, rollo Eminescu, por aqu. Tena la sensacin de dirigirse a la cima de

    una colina. Pero en realidad se dirigan a la Catedral Patriarcal de Bucarest. En esos

    momentos Imma estaba consultando unos papeles en los que se explicaba lo que haran

    los prximos das. Haba subrayado los nombres de lugares, como el Monasterio de

  • 2015 Xavier Sirs http://www.xaviersires.com/

    46

    Voronet, que, segn contaban, haba sido apodado como la Capilla Sixtina de

    Oriente Malsima idea, pens Albert. No hay peor manera de darse a conocer que por

    analoga con otros lugares. Esa clase de ingenios para atrapar guiris solo ponen las

    expectativas por las nubes. Luego, al visitar el sitio en cuestin, uno se siente estafado.

    El gusto con el que uno se marcha es amargo; de decepcin, de disgusto. Queran los

    monjes de Voronet que la gente se fuera de su monasterio de mal humor? Quiz s;

    debe de ser lo que pretenden. A estos ortodoxos no hay quien los entienda. Y mientras

    deca esto ltimo bajaba del autobs y se encontraba con un desfile de curas ortodoxos.

    Se dirigan hacia la escalinata de enfrente de la Catedral. Llevaban vestidos largos,

    femeninos, negros. Les favorecan, pero no les volvan ms majestuosos; A Albert se le

    haca imposible no asociarlos con las seoras que an respetaban el luto. Y con los

    cofrades... Eran unos cofrades que haban perdido sus cucuruchos. Los haban sustituido

    por la dignidad de llevar la cara al descubierto. Los sombreros solo escondan sus

    coronillas. Aunque tambin eran grandes, como los de esos cofrades de los que

    hablbamos.

    No se saba de dnde venan. Estaban entrando en la Catedral o saliendo de ella? Al

    toparse con el primer peldao de la escalinata, daban media vuelta y andaban hacia otro

    lado de la plaza. Pareca que se exhibieran como en un desfile de moda. Los haba de

    jvenes y viejos. Si la religin no entenda de edades, aquella era la demostracin. Lo

    primero en lo que Albert se fij fue que los movimientos de esos que an estaban en sus

    veinte eran ms exagerados que los de los ancianos. El tiempo les haba dado esa poca

    afectacin. Cualquier cura al que hubieran enseado un mnimo de modestia se sentira

    incmodo mostrndose en pblico con aquellas prendas. Aunque las enseanzas con las

    que esos ortodoxos habran crecido seran distintas a las relativas a la humildad. Con

    solo mirar sus catedrales, monasterios e iglesias, se daba cuenta: No reparar en gastos

  • 2015 Xavier Sirs http://www.xaviersires.com/

    47

    pareca una condicin necesaria.

    En otro lado de la plaza se encontraba el lateral de una catedral todava ms grande que

    aquella a la que entraban (o de la que salan) los curas. Era la Catedral de la Salvacin

    del Pueblo Rumano, todava en construccin. Unos andamios la cubran. Y, colgando

    como guirnaldas, unas telas grises impedan que se viera el blanco de las paredes. Ese

    detalle llam su atencin. No comprenda qu inters tenan en mantener la fachada

    oculta hasta su estreno. Probablemente daban como excusa que era por motivos de

    seguridad. A l no le daba esa sensacin: toc una de las esquinas descubiertas, como si

    as se asegurara de su firmeza. Piedra contundente. S, se reafirm en que no haba

    motivos para que estuviera tapada. Pens en la conspiracin que habra detrs de todo

    aquello. Y, mientras, los ltimos curas enfilaban la escalinata de la primera catedral.

    Una corte de fieles se haba apelotonado detrs de ellos. Ese momento no sera idneo

    para visitar el interior. Haban visto entrar tantos creyentes y curas que faltaran pocos

    segundos para que las paredes reventaran.

    Como esas ceremonias religiosas podan alargarse durante horas, E. decidi que no

    entraran. Si no hay nadie que est realmente interesado en ver lo de dentro, subamos

    al autobs y vayamos hacia el restaurante. Hemos reservado mesas para la una y media.

    Y, despus, a eso de las cuatro, volveremos a coger el autobs en direccin al

    Parlamento... todo el mundo est de acuerdo? Nadie dijo ni s ni no. Imma pareca

    molesta por el hecho de que esa chica planeara las visitas de forma tan cuadriculada. La

    mir por encima del hombro mientras pona un pie en la escalera del autobs.

    Qu pas durante el almuerzo? No tiene demasiada importancia. Comieron bien. Mejor

    que la noche anterior. El fiasco del Caru' cu bere les haba enseado a desconfiar de la

    gastronoma del pas; Imma olisque su sopa de vegetales y el plato principal antes de

    hincarles el diente. Pese a que tuvieran una pinta decente, los cocineros rumanos usaban

  • 2015 Xavier Sirs http://www.xaviersires.com/

    48

    tan pocas salsas y especias que la carne, el pescado y la verdura olan como si no fuera

    ms que eso; carne, pescado, verdura...

    Una vez estuvieron todos en el autobs se encaminaron hacia el Parlamento. A Albert le

    haban agotado los dos edificios de esa maana. No las visitas, no. Los edificios. Su

    majestuosidad, sus alturas... le parecan demasiado, y no en un buen sentido. Antes de

    que llegasen a su destino, despeg la cabeza del cristal y dijo a su madre:

    Las Catedrales de Bucarest me recuerdan a una serie que vi de los Borgia.

    Insistan en cometer todos los pecados que existieran. Era asqueroso; supongo que el

    hecho de que la produccin de la serie fuese americana tena alguna cosa que ver... Pero

    lo que me la ha recordado es el contraste entre la religin, con sus catedrales gigantes

    an en construccin, y la poblacin... creo que no hemos pasado por ninguna calle en la

    que no hubiera alguien echado en el suelo. No s si los ortodoxos no se quieren dar

    cuenta de la ridiculez de esta desproporcin o si realmente no la ven.

    Cntrate en lo que vamos a ver. La mirada que le clav fue tan tajante que

    pareca que lo dijera desde la mayor seriedad. Albert se neg a creer que ella, habiendo

    demostrado ser bastante reflexiva, le pidiera que se ciera a la realidad que el gua de

    grupo y E. les mostraban. Hemos venido aqu en calidad de guiris, no de viajantes.

    Fjate en la diferencia: Tanto los guiris como los viajantes hacemos viajes, pero los

    suyos son viajes, mientras que los nuestros son viajes... En el primer viajes puso

    nfasis; se qued sin aliento. Ojal algn da puedas ser viajero. Es lo mismo que ser

    un pensionista o un rentista, pero mejor, porque no te quedas en casa y, cuando vuelves

    a ella, opinas sobre poltica internacional como si te enteraras de algo. Es como una

    fusin entre intelectual, tertuliano, hijo de pap... Muchas cosas a la vez. Quin se

    dedicara a viajar...

    No deba de ir equivocada. La mayora de escritores viajeros que l haba ledo venan

  • 2015 Xavier Sirs http://www.xaviersires.com/

    49

    de familias de clase alta. Era triste que personas ms audaces, inteligentes, o

    sencillamente cojonudas, no se hubieran podido dedicar a lo mismo. Algunos autores

    que lea eran pobres pero tenan una brillantez que los destacaba. Como vemos en el

    Hambre de Hamsun, quiz era el mismo hecho de ser pobres lo que les daba lucidez.

    Rumana haba de ser el pas de decisiones ms injustas que haba visitado. Desde el

    lado poltico, desde el religioso... Eso de pensar en el otro se haba desfasado. Y, sin

    embargo, si uno miraba atrs, segua sin ver que nunca hubiera tenido importancia.

    Haba pocas pocas que superasen el siglo pasado cuanto a injusticias. Eso mismo

    frenaba la poblacin de montar una revolucin: Comparando su situacin con la de los

    aos noventa, todo andaba mejor. Los avances se evidenciaban a sus ojos. Estos

    progresos brillaban tanto porque no se los comparaba con la flor y la nata de Occidente.

    A la poltica rumana no le convena codearse con Europa por algunos motivos; con los

    aires de fraternidad de la Unin Europea, Rumana recordara al hermano pequeo, el

    hermano bobo. El que no cuenta con la misma experiencia que el hermano mayor y que,

    a diferencia de l, an no gana dinero. Tal vez a los trajeados rumanos les gustaba la

    comparacin como figura retrica... siempre que aquello con lo que se comparasen

    estuviera en el este... Y, pensando en dos mil quince, cuanto ms al este mejor.

    Se encararon con el Palacio del Parlamento. El segundo edificio ms grande del

    mundo... y qu? Lo que ellos visitaran sera una parte diminuta. La entrada estaba en

    una de sus caras laterales; fue la que vieron primero. No por ser uno de los costados del

    Palacio era menos grandioso de lo que se debera creer: Pareca que se organizase sobre

    dos terrazas, y, entre la una y la otra, haba una hilera de arcos blancos. Cualquiera con

    unos mnimos de buen gusto habra sugerido que dentro de cada arco pusieran vidrieras;

    por lo menos as olvidaramos que era uno de los palacios ms funcionales jams vistos.

    Los cristales que haba, en cambio, eran ntidos, pero, de todos modos, no se distingua

  • 2015 Xavier Sirs http://www.xaviersires.com/

    50

    el interior a travs de ellos. A esas horas de la tarde el sol se colaba por sus capas de

    vidrio y los oscureca ms que si fueran opacos en lugar de transparentes. Reflejaban el

    cielo y devolvan ese azul tan sereno, sencillo... Pero el azul no sera demasiado

    llamativo para un conjunto blanco? Quiz al planificar el Palacio ni lo haban pensado.

    Se haban centrado en que las paredes, los suelos y las columnas fuesen de la nieve ms

    dura. La inocencia con la que se vea ese color acababa por convertirse en molestia.

    El paisaje no difera demasiado de algunas pinturas de los Jardines de Babilonia...

    bueno, para que fuesen ms parecidos tendramos que sustituir las sosas ventanas por

    cascadas. Ah, s, y poner unas gotas de verde. Imma y Albert estaban a una gran

    distancia; aun as, si alguien hubiera colgado una sola flor de una de las paredes, la

    habran visto. Incluso un gladiolo blanco. S, con lo feos que son los gladiolos blancos!

    Uno habra sido suficiente para romper con la armona de las curvas, las rectas y, sobre

    todo, de ese blanco puetero!

    La planta del parquin, que todo el grupo travesaba, estaba repleta de autobuses. Entre

    algunos de ellos haba farolas. Estas eran negras; nosotros nos preguntamos: Tanto

    habra costado hacerlas ms claras? Puestos a exagerar lo mucho que el blanco favorece,

    podran haber sido fieles a s mismos.

    La entrada para turistas quedaba debajo de una balconada. Como era previsible, en ella

    no haba nadie. De hecho, por ms ancho y alto que fuese el Palacio, vindolo desde el

    exterior, se habra dicho que lo haban construido en Detroit.

    Pasaron a una sala bastante oscura. Habra sido terrorfica de no ser por la cantidad de

    gente que haca cola en ella. Todo turista tena que dejar sus bolsas y mochilas en una

    cinta y pasar por un detector de tonteras. Los que lo controlaban miraban a los

    visitantes como si fueran perdonavidas. Pareca que compitieran por ver quin

    entornaba ms la mirada. Giraban sus cabezas a izquierda y derecha; de vez en cuando

  • 2015 Xavier Sirs http://www.xaviersires.com/

    51

    comentaban algo entre ellos y se movan. Era importante que se movieran. Dos pasos

    de rigor cada cinco minutos nos confirman que un funcionario sigue vivo. pens l.

    Uno de los policas, como si hubiese adivinado lo que le pasaba por la cabeza, le

    dispar con la mirada. A Albert no le habra sorprendido que las cuencas de sus ojos se

    hubieran vaciado y hubieran aparecido los caones de dos revlveres a travs de ellas.

    Esta gente sonre cuando est con sus familias? El escenario no se volvi ms

    agradable a medida que avanzaron. Subieron por unas escaleras. La luz entraba por unas

    ventanas ocultas; deba de filtrarse a travs de cortinas. Al fondo, distinguan una niebla

    amarilla, amable. La primera pizca de calor que vean desde que se haban deshecho de

    la presin del sol. Desde el peldao ms alto de la escalera se alcanzaba a ver lo que

    haba al fondo: Una sala mayor, con escaleras que ascendan a derecha e izquierda.

    Perderse en un lugar as habra sido fcil sin tanta vigilancia.

    Una funcionaria que trabajaba como gua se haba pegado a Cristian. Le hablaba en

    rumano. l asenta y se tocaba la barbilla, pensando en cmo traducira cada frase al

    espaol. Imma pens que un gua autntico contara con conocimientos sobre los sitios

    que visitaran con antelacin. Segundos despus se dio cuenta de que no necesitaba ser

    tan cruel. Con que el chico explicara claramente la historia de ese lugar era suficiente;

    los medios? Poco importaban. Solo tena que volver los ojos hacia otro lado y ya no lo

    vera escuchando a la trabajadora del Palacio.

    Anduvieron por distintas salas. Era curioso que, pese a estar abiertas al pblico,

    mostrasen la misma dejadez que una fbrica en ruinas. Casi todas estaban a oscuras. Las

    haba de grandiosas, preciosas, con alfombras venidas de pases exticos, pero con las

    luces apagadas y las cortinas corridas. Incluso aquella que acceda al balcn de la

    fachada principal estaba en la penumbra. Tuvieron que echar las cortinas de un ventanal

    a un lado para llegar hasta el balcn en cuestin. El paisaje con que se encontraron les

  • 2015 Xavier Sirs http://www.xaviersires.com/

    52

    compens por el aburrimiento de la visita: Una avenida, reseguida por una alameda, se

    abra paso ante la baranda; la Avenida de la Victoria del Socialismo, competidora de los

    Champs-lyses o de nuestra Rambla. Su final se vea tan lejano que no habra sido

    difcil convencerse de que recorra toda la ciudad. Los coches que circulaban por su

    derecha se alejaban. Pareca que huyesen de la inmensidad del Parlamento. Esos

    conductores eran los rumanos que le llamaban la Casa del Loco y que lo consideraban

    un deshonor. Pero por la izquierda veamos el caso contrario: Coches acercndose al

    Parlamento y desembocando en la plaza de delante. Una plaza que haca las veces de

    parquin. Y Albert, extraado, empezaba a preguntarse: Tendrn una sola plaza que no

    sea tambin un aparcamiento o una rotonda? Insistan en economizar el espacio.

    En los tres mstiles que haba enfrente del Parlamento las banderas se haban izado con

    poca gracia. La de la izquierda era la europea. En el centro, la de Rumana. Y la tercera

    no la reconoci ni Albert ni Imma: consista en una estrella blanca. El viento la ondeaba

    de tal forma que pareca una brjula con las agujas en movimiento.

    La visita no se alarg mucho ms. La razn? No era que quedasen pocas cosas por ser

    mostradas; tan solo que se repetan una y otra vez. Las mismas salas, los mismos

    pasillos... cuando no oficinas o salas que no sabramos definir. Si le quitaran sus

    dimensiones, el inters de aquel sitio quedara en nada. Sin embargo, haba enamorado a

    Albert. Le recordaba algn que otro palacio que haba visitado en Rusia haca un par de

    aos. Cunto echaba de menos San Petersburgo, Mosc...! No saba qu tenan las

    ciudades con pasados comunistas que le atraa. Tal vez era esa desolacin; que no

    tuvieran nada de humanas. Se trataba de ciudades en reconstruccin, pero una

    reconstruccin que no terminara nunca. Los andamios no desapareceran de las calles

    de Mosc ni lo haran de las de Bucarest. Los servicios seguiran dando asco. Muchas

    cosas funcionaran mal, pero, en el fondo, la esencia de esas ciudades seguira intacta.

  • 2015 Xavier Sirs http://www.xaviersires.com/

    53

    Porque la actitud de su gente y su cultura era demasiado fra como para ser vencida. S,

    Rusia y Rumana sobreviviran aunque no tuvieran un Ministerio de Turismo. Sus

    ciudadanos me miran y parecen querer decir: Est bien que hayas venido, pero, cuando

    te vayas, ser yo quien tendr que buscarme el modo de comer. No se haban sometido

    al turismo. Lo agradeca. Como las Mathildes de La Mole que solo se enamoran de

    quien muestra poco inters por ellas, amaba los pases que no se arrodillaban ante el

    euro o dlar extranjero.

    Regresaron al hotel. E. les anunci que tendran el resto de la tarde libre. Al anochecer,

    cenaran en el hotel mismo; por la maana saldran pronto para Sibiu.

    Sibiu? dijo Albert cuando su madre se lo coment.

    S, as se llama. Pertenece a la regin de Transilvania. Las siguientes ciudades

    en las que nos alojaremos estn ms al norte del pas. Luego, cuando lleguemos a

    Bistrita, iremos descendiendo de nuevo, por el lado contrario... hasta que volvamos a

    Bucarest, y de aqu a...

    l la cort en seco. No quera que siguiera. Saba que iba a decir el nombre de la ciudad

    de la que venan. Le escoca en las orejas como una herida. No quera volver a or sobre

    nada cataln hasta al cabo de unos das. Estaban en agosto; era el mejor para dedicar al

    olvido. Aunque fuera una amnesia momentnea. Haba asumido que, pese a los encantos

    de Bucarest, abandonara la ciudad en breves, pero prefera imaginar que no sera as.

    Lo bueno de viajar en calidad de turista es que uno se vuelve un soador. Puede ir

    desnudo, cantar por la calle... Consiste en una actitud britnica, que diramos los

    vecinos de Salou, pero que define el espritu curioso: Amar el pas del otro! Cagarse

    en l si se quiere! Cuando los pjaros abandonan el nido no vuelven a pensar en l. Les

    da igual que un nio travieso se lo destroce con un palo. El turista parta de su propio

    pas con tan poca memoria como uno de esos pjaros. La diferencia era que nada

  • 2015 Xavier Sirs http://www.xaviersires.com/

    54

    invitaba a los pjaros a volver al nido. En cambio, llegaba un da en que el guiri tena

    que empacar sus asuntos y volver a su origen. Entonces encontraba los destrozos del

    cro... Le satisfaca la idea de que en el pas al que haba viajado tambin l hubiera sido

    travieso.

    Refugiarse en el bar del hotel no era mala idea. Lo que segn Albert s fue una

    mala idea fue pedir un caf. Le cobraron veinte lei. Hasta que no hizo la conversin

    mental a euros no se horroriz. Los pag con algo de asco. Esperaba que por lo menos

    fuese el mejor caf que hubiese probado en aos. Pero, como era previsible, no lo fue.

    Estaba a leguas del mejor caf del mundo; al igual que l estaba a kilmetros de la

    cafetera en la que haba descubierto ese caf buensimo.

    Ah, mam, cuando volvamos a Matar te invitar a la cafetera en la que

    prob el caf del que te hablo. Cada domingo, cuando voy a buscar el diario, me siento

    en su terraza y pido una tacita de caf solo. Siempre lo tomo con leche, pero lo preparan

    con tanta devocin por el grano que... que me parecera un pecado pedrselo con leche,

    espuma, canela...

    Su madre no era una gran aficionada al caf. No se dej conmover. De todas formas

    apreci su esfuerzo: Si le hubiera dicho lo mismo sustituyendo la palabra 'caf' por

    'cubata', habra dado saltos de alegra. En lugar de eso se inclin en su silla. Se haban

    sentado a la barra. Los apliques del bar daban de todo polvo, reflejos tristes sobre los

    cuadros... menos claridad. Estaban cubiertos por unas pantallas. La luz les sala por

    debajo y por arriba; se diriga al techo y al suelo del local. Las butacas y sillas rojas,

    con rayas se juntaban las unas con las otras. Aunque nadie las ocupara, parecan

    insistir en rozarse entre ellas.

    De un momento a otro Albert vio que el camarero que les haba servido sala de detrs

    de la barra. Se dirigi a una butaca de esas y la apret contra las dems. Volvi a su

  • 2015 Xavier Sirs http://www.xaviersires.com/

    55

    posicin de antes. Se puso las manos en la espalda y mir la sala de punta a punta,

    satisfecho. En realidad aquello daba un efecto bastante feo. El bar, que era bastante

    pequeo y cuyas paredes hacan muchos pliegues, recordaba a un saln arrasado por un

    huracn. Los muebles se abrazaban a las paredes como si tuvieran escalofros. Algunos

    clientes del hotel, despistados, entraban creyendo que por all se llegaba a la salida.

    Inmediatamente daban la vuelta. Albert se los quedaba mirando y, a continuacin, se

    rea de su confusin. Comparando la oscuridad del lugar con la iluminacin del hotel, se

    daba cuenta de que era como un escondite. Se imaginaba fcilmente que por la noche se

    llenara de borrachos que ahogaban all sus penas. De hecho, presenci algo as como

    una reunin de chalados: Diez minutos despus de su llegada, dos parejas aparecieron.

    No se conocan entre ellas, ni iban en el mismo grupo que Imma y su hijo, pero

    coincidieron al entrar en el bar. Una se sent en las butacas arropadas a la pared. La otra

    se puso en una de las puntas de la barra; cerca de la primera. Albert haba olvidado que

    su madre lo acompaaba; observaba a los desconocidos, como si no tuviera nada mejor

    que hacer. Como si no pudiera tener una charla de lo ms interesante con ella. No,

    prefera fijar los ojos en esos extraos y deducir de dnde venan por su ropa y sus

    gestos.

    Adivin que una de las dos parejas, la que estaba ms prxima a ellos, hablaba en

    rumano, por lo que probablemente venan de algn sitio cercano o eran de Bucarest. Al

    igual que la pareja de las butacas, deban de rondar los cincuenta aos; alguno

    alcanzara los sesenta. Se los vea bastante alegres. l traa un vaso de plstico del

    McDonald's y lo haba dejado sobre la silla de al lado; para que el camarero no lo viera,

    supongamos. Su mujer tena un rostro severo y un tono de cabello parecido al de la

    mujer sentada en las butacas: castao rojizo. Se haba puesto una rebeca sobre los

    hombros. Debajo llevaba una camisa manchada. Por las muecas que haca se intuira

  • 2015 Xavier Sirs http://www.xaviersires.com/

    56

    que estaba enfadada; Tal vez no haban planeado llegar hasta all. Tal vez... l le haba

    tirado su bebida por encima y ella, cabreada, le haba ordenado que fueran a ocultarse

    en algn antro. Si no hubiera sido por su acento, Albert no habra descubierto su

    procedencia. Los rumanos tenan unos rasgos fsicos poco caractersticos. Su piel

    morena cuando lo era; haba de blanqusimos era de un tono mediterrneo. Un

    poco ms olivceo, tal vez.

    Quien era realmente moreno era el hombre sentado en una butaca cerca de la pared.

    Cualquiera habra credo que viajaba con el grupo de espaoles. Y, sin embargo, su

    mujer, plida como la muerte, desmenta que fueran del sur. Eran una pareja ms rara

    que la anterior: Si se hubiera topado con ellos por la calle, se habra apostado lo que

    fuera a que el hombre era un vagabundo. Un hombre de la calle que haba engatusado a

    una turista para que le siguiera, por ejemplo. Pero las miradas que se cruzaban eran

    demasiado cmplices; revelaban aos de convivencia. La camisa que l llevaba, de

    manga corta y azul elctrico, era la ms llamativa de los cuatro. Combinaba con el azul

    de sus ojos tan moreno y con los ojos azules? Este to rozaba lo excntrico...; era el

    que pareca ms preocupado por su aspecto. Puso una de sus manos sobre la lmpara

    que tena delante. Su mujer le iba hablando. Al mismo tiempo el hombre de la barra

    coloc su mano sobre una esquina del mueble. Los dos llevaban anillo de casados; en la

    misma mano y en el mismo dedo. No habramos recado en este detalle si Albert,

    dndose cuenta de esto, no hubiera mirado sus propias manos. l, que no entenda de

    joyera, era el que llevaba ms anillos. Tres dorados. Pese a no estar comprometido, uno

    se lo haba enroscado en el mismo dedo en que lo llevaban ellos. Se lo sac con la otra

    mano y lo hundi en el pulgar; al anillo le cost entrar. Al final lo logr. Volvi a

    levantar la mirada; las dos parejas charlaban entre ellas. Qu haba ocurrido durante

    esos segundos? Cmo poda ser que la situacin hubiese dado ese tumbo? Qu

  • 2015 Xavier Sirs http://www.xaviersires.com/

    57

    palabras habran dicho primero, y quin las habra dicho?

    Ella tambin se haba dado cuenta de que haba algo particular en esa gente. Haba

    dejado de mirar las musaraas y, como Albert, observaba las dos parejas mientras

    hablaban. Las dos mujeres comentaban alguna cosa entre ellas, casi murmurando.

    Mientras, sus maridos intentaban entenderse con una mezcla de ingls, rumano y un

    tercer idioma. Entiendes en qu lengua habla el que est sentado en la butaca?, le

    pregunt Imma. Albert sonri; estaba atento a los labios de los cuatro... pero no, no

    entenda la tercera lengua. Sonaba torpe, extraviada. Como si quien hablara en ella

    tuviera una piedra en la garganta. Creo que es ruso..., supuso Imma. Y Albert dijo que

    no iba por mal camino. Ahora que le haba hecho recordar cmo sonaba el ruso, lo

    asociaba perfectamente a ese seor.

    You know that... that drink... Jac... Jack Daniel's? El rumano asenta como

    si comprendiese. En realidad se le vea confuso por el giro en la conversacin. Se haba

    puesto un dedo sobre la barbilla; esa pose de concentracin haba puesto de buen humor

    a su nuevo amigo. Vea que tena la oportunidad de soltarle un rollo; quiz era alguien

    dado a los monlogos. Ya se sabe que cuando a uno le gusta hablar siendo escuchado;

    sin esperar respuestas es capaz de hacerlo en esperanto.

    You must eat our fish... recommend you... Con este nuevo giro hacia la

    comida, el rumano dejaba perplejo al ruso. Se notaba que le gustaba hablar del alcohol

    sin ms. No poda dejar de prestar atencin al rumano; este haba levantado las manos y

    le haca indicaciones, como para que viera a qu pescado se refera. Marcaba las

    medidas del animal en el aire y aada adjetivos: long, yellow, shine a lot, you know?, y

    algn otro apao.

    Albert, habindose enderezado, adelant los codos sobre la barra. El ruido al golpear la

    madera asust al rumano. Puede ser que no hubiese notado que l y su madre estaban

  • 2015 Xavier Sirs http://www.xaviersires.com/

    58

    all? Los mir con desprecio: eran unos intrusos. No comprenda por qu se acercaban

    tanto a su conversacin, una conversacin privada pese a no salarse con confidencias.

    Le intimid la hostilidad del rumano. Imma, en cambio, ni se fij en l. Persegua con

    los ojos los gestos del ruso. Desde que haba odo que deca alguna cosa sobre Putin le

    escuchaba con inters. Un mal ingls no era ningn obstculo. Su manera de fruncir el

    ceo y decir: Oh, Putin... fue ms directa que una columna de diario. Al cabo de unos

    minutos, hizo una broma y madre e hijo se unieron a las risas de las parejas. El rumano,

    tan reservado al principio, relaj sus miradas a Albert. Quiz haba sido su sonrisa la

    que le haba hecho dejar de desconfiar. Se gir de medio cuerpo y les dijo:

    And where... you from?

    Imma no se esperaba esa pregunta. Crea que podran ver la conversacin sin intervenir

    en ella. Si hasta entonces los haban tomado por fantasmas, por qu los invitaban a

    hablar? Deban de estar incmodos ante unos oyentes tan silenciosos.

    Well... we come from Barcelona. corri a responder Albert. Yes, yes,

    Barcelona. Yes, it's great, we know. We live there, yes. Well, well, beach is okay, right.

    Yes...

    Desde la distancia el ruso cont una historia a su madre. Las voces de la rusa y la pareja

    rumana que charlaban por su cuenta se cruzaron con la suya; subieron el tono para

    no or la del ruso de fondo. Pero ella asenta a todo lo que este deca; entenda sus

    muecas. Albert, en cambio, se mostr interesado hasta que pens: Lo que est diciendo

    no merece que me esfuerce tanto, y se gir hacia otro lado. El camarero estaba sacando

    brillo a unas tazas. Usaba el mismo pao con el que haba limpiado unas mesas. Albert

    estaba convencido de que les escuchaba. O no estaba tan aburrido como para hacerlo;

    juntaba los labios como si silbase. No se oa nada. Era joven, muy joven, y, por lo tanto,

    discreto. l no habra sabido marcar la lnea entre los camareros maduros y carismticos

  • 2015 Xavier Sirs http://www.xaviersires.com/

    59

    y los jvenes y tmidos; acaso pasaban por una escala evolutiva? Los reservados

    seran los habladores del maana? Se volvi hacia su madre. El ruso le haba soltado

    todo el cuento. Rea mientras le deca que yes, yes, it's fine, I've understood it, yes...

    l no se crea que le hubiera comprendido:

    Qu te ha contado?

    Hablaba sobre una historia local, una que se dice mucho por aqu.

    Pero no era ruso? inquiri.

    Ahora que lo dices... es cierto. No s si se referira a que era local del lugar del

    que viene o a que era local de aqu. La cuestin es que haba una muchacha y un

    muchacho. l le pidi su mano y le dijo que era un hombre atento, que no beba, no

    sala de fiesta, no se iba con mujeres... Y, entonces, ella le sugiri: Ve a una tienda,

    compra una soga y ahrcate. Para vivir as, es mejor no hacerlo...

    Aunque no lo exterioriz se sinti herido. Como si esa leyenda se dirigiera a l. Mir al

    ruso con enfado; estaba discutiendo con su mujer. Ella, en ingls deba de querer que

    los rumanos y ellos dos la entendieran deca: But say why do you tell her that story...

    You drink, you women, you party... you have no apologies! Los rumanos rieron aunque

    no hubieran escuchado la historia. El ruso mir a Imma y sonri; pareca negar que

    tratase de excusarse. La penumbra haba quedado en un segundo plano; ninguno tena

    miedo de las siluetas que le rodeaban. Todas tenan su voz; cada una soltaba sus

    disparates.

    Ese momento fue grandioso, pero la alegra no siempre implica que el tiempo corra ms

    rpido. Cuando la madre y el hijo se cansaron de escucharles, tan solo eran las cinco y

    media de la tarde. En otro orden lgico, podran atrasar la hora de sus relojes a la

    espaola y todava contaran con ms tiempo que desperdiciar. Haber hecho eso habra

    sido agudo, pero lo fue ms la propuesta de Albert: tena curiosidad por el museo de la

  • 2015 Xavier Sirs http://www.xaviersires.com/

    60

    Calle de la Victoria... No, no, no se refera al museo de historia. Haba otro, mucho ms

    prximo al hotel, que rodeaba la plaza de delante del Ateneo, al igual que el Hilton

    mismo. Tan solo tenan que salir y dirigirse a su derecha; encontraran un cerco alto, con

    hojas enredadas. Lo seguiran hasta encontrar una puerta y entraran por ella. Se

    despidieron de las dos parejas y buscaron la entrada del hotel. En dos minutos estaban

    en la plaza de enfrente del Museo Nacional de Arte. Haban cruzado un portn del

    mismo hierro que el cerco que encerraba el edificio. Era curioso que funcionase como

    por crculos dentro de crculos; crculos que haban absorbidos otros crculos en sus

    dimetros. Ese cerco de hierro encerraba el museo; el museo encerraba pinturas; las

    pinturas encerraban las cosas representadas y el aire de las mismas. No tendramos que

    seguir hablando sobre esa obsesin de los hombres por ordenarlo todo en cajones;

    dentro de los cuales hay an ms cajones. Con aceptar que as fueran las cosas era

    suficiente. Para nosotros es ms difcil olvidar un tema con el que nos hemos obcecado;

    Albert, con solo volver los ojos hacia otro lado borraba, todo rastro de su mente. Se gir

    hacia el portn por el que haban entrado; ms all quedaba la Plaza de la Revolucin,

    bellsima a la luz de la tarde. Un foco naranja caa sobre el edificio de Biblioteca de la

    Universidad y la estatua de Carol I que haba delante. El equilibrio era perfecto: el

    cuerpo de la Biblioteca, blanco, contrastaba con su tejado negro; la base sobre la que

    Carol I estaba de pie, blanca, una vez ms, quedaba embrutecida por la oscuridad de la

    estatua. Pareca que algn estafador de turistas maquinara ese espectculo para distraer

    a Albert mientras le robaba por detrs. Habra sido un estafador con conocimientos de

    iluminacin: la luz solar, tal y como decamos, solo se proyectaba sobre el edificio y la

    estatua. Se iba poniendo por levante. Unas montaas, o quiz otros edificios, haban

    ocultado una de sus mitades. El semicrculo que quedaba en la tierra se ocupaba con

    esos monumentos rumanos. Las aceras, los pasos de cebra y las calzadas se haban

  • 2015 Xavier Sirs http://www.xaviersires.com/

    61

    oscurecido. La gente pasaba por ellas como si no se diese cuenta de que las luces del

    mundo apuntaban hacia otro lado. La haban olvidado. O, por lo menos, la haban

    olvidado hasta que se encendiera el entramado de las farolas.

    Seamos prcticos. A Albert le daba lo mismo si el sol dejaba de calentar a los rumanos o

    si dejaba de calentarlo a l. Subi por unas escaleras que conducan al primero de los

    tres adosados del Museo. Era, por otro lado, el Antiguo Palacio Real, por lo que el lujo

    de algunos detalles no le sorprenda.

    Su madre, que le llevaba la delantera, corri a recepcin y, cuando l pis el interior, ya

    tena las entradas. Le coment que la dependienta haba sido esquiva con ella. Eran las

    seis, faltaba una hora para que el museo cerrase; se tendran que dar prisa.

    Mientras paseaban por sus salas, alternaban su atencin. A veces se fijaban ms en las

    obras que colgaban de las paredes y, otras veces, preferan mirar hacia las paredes

    mismas. Que en otro tiempo hubiese sido un Palacio no significaba nada. Lo haban

    vaciado de todo tipo de muebles. Solo las molduras, escaleras de mrmol y columnas

    haban sobrevivido.

    El primer piso, dedicado al arte del siglo XVI y anteriores, les interes poco. Jugaron a

    esconderse de la vigilante de las salas. Tambin fingieron que hacan fotos con sus

    mviles; ella los mir como si supiera que se estaban burlando de las prohibiciones; se

    les acerc dos o tres veces hablndoles en rumano. Ellos guardaban los mviles en sus

    bolsillos y se hacan los locos. Se dispersaban por otras salas y, en un par de minutos,

    volvan a encontrarse. Subieron a los siguientes pisos y, por fin, cuando les quedaba

    poco por ver, encontraron las obras de algunos artistas que reconocieron. En una pared

    haba un Rembrandt brillante. No crticamente 'brillante'; literalmente brillante. Tena

    unos tonos tan oscuros que la luz se estancaba entre su barniz y sus pinceladas. Era una

    lstima que no lo pudieran disfrutar como hubieran querido.

  • 2015 Xavier Sirs http://www.xaviersires.com/

    62

    Albert vena advertido de que all vera cuadros del holands. Haba revisado esas obras

    por Internet. Al verlas de frente se las imaginaba a la perfeccin pese a los

    inconvenientes de la luz. Algunos cuadros estaban tan atestados de capas de pinturas

    que, al acercarse a ellos, tena la impresin de que aquello no era pigmento, sino que

    estaban hechos de pieles. Eran como tatuajes, pero arrancados de las pieles en que se

    haban dibujado, y colgados en paredes de un Palacio. Una idea magnfica: los tatuajes,

    antes entendidos como seal de criminalidad, de gente sucia, y la claridad de un palacio.

    Hay pinturas tan malas que si fuera por m las tiraba por la ventana y, en su lugar,

    colgaba un brazo tatuado. Pero lo siguiente que se deca era: Y quin soy para decir

    lo que debera haber en un museo? Solo he pagado mi entrada. No he pagado por opinar

    sobre obras de las que lo desconozco todo. Parecemos ciervos perdidos en el bosque,

    cruzando cada sala y pasillo sin darnos cuenta de qu es lo que vemos. Le entristeci

    su propia ignorancia. Cundo acabara con ella? Qu da tendra la ocasin de

    aprender las historias de aquellos artistas, a los que se imaginaba escondidos detrs de

    las pinturas? Visitar museos as es una prdida de tiempo. Antes de venir a Rumana,

    tendra que haber estudiado estos hombres. Estoy aqu, en un museo tan apreciado por

    gente que nunca lo visitar, y sin embargo... y sin embargo no lo disfruto como ellos

    haran. Ni de lejos lo disfruto! Ver arte de esta forma es como hacer senderismo. Estos

    paisajes y retratos me transmiten tan poco como una montaa, valle... Su madre le iba

    preguntando qu le pareca tal obra o tal otra; l se cuidaba de no decirle nada sobre sus

    pensamientos. La habra desanimado. No saba hasta qu punto ella tena en cuenta lo

    que su senta y opinaba. De hecho, notaba que haba algo raro en l; algo que no se

    dejaba conocer. A veces pensaba en l como si fuera una musulmana que se tapara la

    cara. Tena que esforzarse por no abrir la boca y exclamar: Dime lo que ests

    pensando. S que tienes un gran carcter e ideas ms grandes an. Quiero que me las

  • 2015 Xavier Sirs http://www.xaviersires.com/

    63

    descubras.

    En estas salas, al igual que en la mayora de palacios rumanos, haba una gran cantidad

    de ventanas; en sus partes superiores remataban el cristal con arcos de piedra. Cuando

    hubieron acabado, antes de volver a la planta baja, se fijaron en una contraventana

    abierta. Les haba atrado el ruido de la calle, que penetraba como si, a la inversa,

    naciera dentro del edificio y se proyectara hacia fuera. Era curioso que la vigilante que

    los segua todo el rato no se hubiera dado cuenta. Tal vez la haba olvidado abierta un

    seor o seora de la limpieza. Pensndolo bien..., se dijo Albert Es posible que haga

    meses que en estas salas no entran ms que esa pesada y algn que otro visitante. El

    silencio, ni siquiera cortado por los pasos de otros turistas, les inquietaba. Cmo poda

    ser que ese museo, exponiendo a Rembrandt, Courbet, El Greco, etc., etc., fuera

    ignorado de tal modo? l no se lo explicaba. Al mismo tiempo, Imma bostezaba con una

    mano sobre la boca. No le haba dejado tan atnita la soledad de ese sitio; hasta la

    comprenda, con lo vacas que le parecan algunas pinturas y esculturas.

    Nosotros, que mirbamos esta escena de lejos, nos acercamos a la ventana y nos tiramos

    por ella. Aterrizamos en el mismo jardn delantero por el que haban entrado. Decidimos

    esperarlos all, como buenos lectores. No tardaron demasiado en bajar; ya haban

    cerrado la tienda de souvenirs, as que, cuando volvieron a la planta baja, el nico

    camino que seguir era el de la salida.

    La verdad es que fuimos un poco torpes al bajar por la ventana. Nos cremos que as

    llegaramos ms rpido, que ahorraramos tiempo. Pero no contbamos con que

    tendramos que esperar a la pareja. Si los hubiramos seguido, sabramos cmo haban

    empezado a hablar sobre comunismo. Era imaginable que un tema cualquiera les haba

    llevado hasta ese; todos los extranjeros, ms por cotilleo que por inters poltico,

    acababan hablando sobre el asunto. En el momento en que salieron, Imma preguntaba:

  • 2015 Xavier Sirs http://www.xaviersires.com/

    64

    Por qu? Descendi por las escaleras de antes y, del ltimo peldao al

    suelo, dio un saltito. Se gir y esper a que l saliera. No apareca. Al cabo de cinco

    segundos, su sombra, con lentitud, se acerc a la escalera. Le volvi a repetir su

    pregunta; solo eran seis letras, tres y tres.

    No apoyo los partidos comunistas, pero creo en el comunismo.

    Por qu?

    Antes de volver a responder, respir hondo. No porque lo necesitara, sino porque le

    fatigaba que alguien le repitiera la misma pregunta con tal de llegar al fondo del asunto;

    inquisitivo y fro.

    Porque he ledo los argumentos de Marx.

    Por qu?

    Porque me tengo que inclinar por un extremo, por la izquierda o por la

    derecha, por el negro o por el blanco, a partir de mi intuicin. Todo es esttico, todo son

    palabras y nada ms que ellas. Primero vemos las cosas a travs de nuestros ojos, y,

    despus, decidimos si lo que hemos visto es injusto o no. Si lo consideramos injusto,

    damos por sentado que en el resto del mundo ocurre lo mismo bajo las mismas

    condiciones. Entonces decidimos cul es nuestra ley. Tanto la derecha como la izquierda

    han marcado sus leyes, y yo... a m solo me seduce la apariencia de este discurso. Quiz

    porque estoy ms cerca de l que de un discurso burgus, quiz porque creo que si la

    justicia existe pertenece a la izquierda...

    No eran ideas ms slidas ni ms frgiles que la que su madre habra defendido. Le

    haba dejado sorprendida que su hijo, siempre callado cuanto a poltica, se hubiera

    rebelado con esas palabras. Iban en contra de muchos de los dramas que, en su infancia,

    haba visto. La mayora de amigos de su familia eran de esa clase media que suea con

    alcanzar un mayor estatus; muchos haban fracaso en el intento y haban cado directos a

  • 2015 Xavier Sirs http://www.xaviersires.com/

    65

    la miseria. Mi hijo, que vio estos casos tal y como yo los vi... saca estas conclusiones?

    Los juzg tan mal como para preferir la igualdad ms injusta a un capitalismo

    arrepentido? 'Capitalismo arrepentido'. Pareca redundante. Siempre se deca que

    cuando una conversa llegaba a tan mal puerto que las palabras perdan sentido, era

    mejor olvidarla. Decidi no responder a lo que haba dicho. Volvieron al hotel en

    silencio.

    Vio que, en la misma Calle de la Victoria, haban adornado algunos cubos de la basura

    con flores. Los seal y se ri de esa horterada. Su hijo haba cruzado uno de sus brazos

    con el de su madre y se abrazaba a ella. Pareca que hubiese olvidado su plan defensivo.

    Avanzaban a paso lento. An les quedaba tiempo hasta la cena.

    En el ascensor del hotel se encontraron con una pareja del grupo. Al principio, a Imma

    le haba sorprendido que dos jvenes se atrevieran a viajar con esa agencia. En sus

    viajes solo solan ir parejas de pensionistas. Ah, s, y casos raros, como el de ella con su

    hijo. A veces se preguntaba: Qu inters tuvo en viajar conmigo, si est en el

    momento ms fresco de su vida? Tras darle dos o tres vueltas, resolvi: Con su

    tacaera, querra que le pagase el viaje y no sabra cmo pedrmelo.

    La pareja iba a la quinta planta, mientras que ellos se alojaban en la siguiente.

    Presionaron los botones cinco y seis; esperaron. Los silencios, como saban, se

    toleraban menos cuando se estaba con extraos. El desconocimiento de los unos por los

    otros meta horror al asunto: quiz callaban porque no queran hablar, quiz porque ni se

    les ocurrira entablar una charla con ellos... Conocer a alguien es difcil, pero, una vez se

    ha pasado por ese trago, uno puede callarse tanto como quiera. Su conocido estar

    convencido de que, si no quisiera hablar con l, ni le habra dirigido la palabra una vez.

    Ahora las dos parejas rezaban porque alguien rompiese el hielo. Fue Imma quien

    coment:

  • 2015 Xavier Sirs http://www.xaviersires.com/

    66

    Es una lstima que haya tantas mujeres desperdigadas por la calle. Mujeres

    con hijos. Se me pasan las ganas de hacer turismo con solo verlos.

    Y los otros tres asentan. Se poda estar ms o menos de acuerdo, pero no era un buen

    momento para contradecirla. Una de las peores cosas que podran haber pasado es que

    la pareja joven dijera: No, no tienes razn. Todo buen rollo se habra roto. Andaban por

    un campo de minas y, hasta que no se conocieran un poco, tendran que hacer como si

    comprendieran perfectamente lo que los otros decan.

    Bueno, cuando nosotros llegamos al hotel, ayer... dijo la joven. Antes de

    seguir, mir a su novio. Dudaba de que fuera correcto contarlo. Albert not ese cruce de

    miradas y puso atencin a la confesin. nos empez a seguir un nio. S, un nio

    de la calle entr silenciosamente en el hotel. Nadie de recepcin se dio cuenta. Subi

    con nosotros en el ascensor. No sabamos qu pensar; creamos que sera el hijo de

    algn matrimonio alojado, pero no fue as. Nos tendi la mano y, cuando llegamos a

    nuestra planta, nos empez a perseguir. bamos con las maletas, as que alargbamos los

    brazos hacia atrs y las interponamos entre l y nosotros. Para que no se acercara,

    entendis? Esa ancdota habra sido interesante, pero llegaron a su planta. La chica

    abri la boca, fastidiada. Era una lstima que tuviese que dejar la historia para otro

    momento; el desenlace era intrigante. Imma dijo que ya se lo contara en otro momento.

    Los jvenes salieron y se despidieron. Las puertas volvieron a cerrarse. l se apoy en

    la pared y sonri; le encantaba la gente que narraba lo que le haba ocurrido como si

    tuviera madera de cuentacuentos. La decepcin de esa chica cuando las puertas del

    ascensor la haban interrumpido era evidente. Si no hubiera ido con su novio, habra

    seguido a la madre y al hijo hasta sus cuartos con tal de acabar el relato. Otra muestra de

    que le apasionaba contar su vida eran los gestos que haba hecho; como si pudiera

    ilustrar su ancdota con las manos.

  • 2015 Xavier Sirs http://www.xaviersires.com/

    67

    A las nueve se reunieron con el resto del grupo para cenar. Sera en la misma sala donde

    haban desayunado esa maana. En la entrada, les salud una encargada y pregunt a E.

    cules eran las habitaciones de los clientes. Las anot en un cuaderno cuadriculado.

    Entraron en el restaurante y se sentaron a las mesas. Como ellos solo eran dos, nunca

    tenan problemas para encontrar asiento. Una familia de cuatro los padres y dos hijos

    mayores tuvo problemas porque el camarero les dijo que no haban mesas de cuatro

    personas. El cabeza de familia, furioso, se dirigi a la matre y le habl en un tono

    demasiado alto. Ella se excus y orden al camarero que juntara dos mesas

    inmediatamente. Lo deca con rabia en los ojos; se deba de sentir avergonzada. Albert

    se preguntaba por qu no era el padre de familia el que se senta avergonzado; lo suyo

    haba sido una salida de tono. Era comprensible que se enfadara, pero siempre

    guardando las formas. Su acento acusatorio al hablar con la matre haba hecho que,

    aunque su ingls fuese una bazofia, se le entendiera perfectamente.

    La mesa de Imma y Albert estaba un poco apartada de las dems. A su lado haba otro

    matrimonio que viajaba con ellos y que, en ese momento, haba llamado al gua para

    que se acercara. Le preguntaron que por qu el servicio de all era tan desagradable y l,

    arrugando su orgullo rumano, brome:

    Entiendan que hemos necesitado diez aos para abrirnos al turismo.

    Necesitamos diez ms para sonrer.

    Y, contradicindose, ri al instante. El matrimonio tambin lo hizo; la esposa, que

    pareca querer retener al gua, le coment una impresin:

    Tengo la sensacin de que el rumano es parecido al cataln, verdad? Esto de

    las lenguas romnicas me vuelve un poco loca. Creo comprenderlas cuando las veo

    escritas y, luego, cuando las oigo en boca de alguien, suenan como mandarn.

    En el sur de Rumana se habla deprisa. dijo el gua. Temindose que ese

  • 2015 Xavier Sirs http://www.xaviersires.com/

    68

    dato, puramente informativo, era demasiado poco, aadi: En Transilvania, en

    cambio, se habla muy lentamente. Ya lo comprobarn maana mismo, cuando crucemos

    la regin y ascendamos por el pas.

    Tanto nos alejaremos del precioso Bucarest?, se dijo Albert. Le haban asegurado

    que Sibiu tambin hechizaba; pero a l le bastaba con Bucarest. Tema aquello que no

    fueran capitales. Pueblos o ciudades ms pequeas se salan de sus esquemas. Entenda

    que Bucarest era, como la Barcelona que conoca, la mano que el pas tenda al mundo.

    Es difcil encontrar una ciudad menos representativa de una nacin que su propia

    capital. Si todas las capitales del mundo se agruparan en la misma lnea, se visitaran sin

    apenas ver diferencias entre las unas y las otras. Una mirada que no se volviese hacia el

    cielo y se solo se fijase en lo que quedase delante de sus narices tiendas, calles,

    alumbrados no notara nada distinto. Alguien observador que se detuviera cada pocos

    metros y se inclinara hacia arriba, vera: En Bucarest, el tejado de la Biblioteca de la

    Universidad y la bveda del Ateneo; en Barcelona, las florituras del Palau de la Msica

    y la prgola del Liceu; en Londres, paredes de cristal... As, comprendemos que la

    mirada de un turista es una que no ve ni matices ni detalles. Siempre toma sus fotos en

    panormicas o en planos medios; nunca se atreve a levantar los ojos. Y aqu

    encontramos otra de las diferencias entre los turistas y los viajeros. Tendra que haber

    nacido para ser viajero y no un guiri., se quejaba. Habra visto fenmenos tan

    humanos y tan bellos que me habra dedicado a escribir en lugar de estudiar y teorizar.

    Siempre me he dicho que la escritura creativa no era lo mo porque no tena

    imaginacin. Sin embargo, cuando un autor escribe un libro de viajes, qu ms da que

    sea imaginativo, si la realidad que ha visto en el extranjero supera toda ficcin? Les

    sirvieron un licor de arndanos y los sueos de literatura volaron de su cabeza. Dos

    minutos ms tarde, les trajeron un entrante de tomates. S, de tomates sin ms; lo

  • 2015 Xavier Sirs http://www.xaviersires.com/

    69

    llamaramos ensalada de tomates. Los dos, que odiaban ese maldito fruto, lo

    acompaaron con pan. Su sabor qued disimulado. El pan era de una corteza tan tostada

    que vaciaron el cesto en pocos segundos. El mantel, cubierto de migajas. Lo sacudieron

    por las puntas procurando no tumbar las copas.

    El estmago de l segua diferentes fases. Eran unas etapas estrechamente ligadas a lo

    que le pasaba por la cabeza. Cuando no tena nada que digerir, le daba por pensar en la

    literatura, como acababa de ocurrir. Se planteaba volverse escritor, apuntar con un lpiz

    hacia un cuaderno y decir: Ah, inspiracin, ven a m. No necesito ms libros

    acadmicos si tengo mis propias musas. La fantasa creca hasta que se llevaba algo a

    la boca. Entonces, a la vez que daba el primer bocado, su sueo se desdibujaba. Pasaba

    a centrarse en lo que iba a comer. Pona unos ojillos tan amables al plato que tena

    delante que cualquiera dira que se enamoraba de l.

    No solo regaron la cena con el licor. Les dieron tanta cerveza Ursus como quisieron. Era

    la cerveza ms consumida en el pas, y, aunque ligera, la gente pareca querrsela.

    Burbujeaba tan poco... Una pinta habra sido tan intensa como nuestra Estrella Damm

    servida en vaso de chupito.

    Los postres llegaron en dos horas. Aunque haban credo que el servicio del Hilton sera

    eficiente, se demostraba que no haba ningn lazo entre la calidad del hotel y la del

    restaurante. Los camareros iban vestidos como suplentes de verano; deban de contar

    con poca experiencia; tardaban una eternidad en servir cada ronda. Mientras fueran

    rellenando la panera de su mesa, a Albert le daba igual cunto se demorasen.

    Dos manos colocaron un pastel delante de l. Lleg cado del cielo. La camarera se

    retir, y la sigui con la mirada; como si dudase de que ese premio fuese para l. Era un

    pastelito tan pequeo que nos habra sabido mal comrnoslo. Tena la forma de una

    rosquilla acostada sobre un futn de nata. Imma cort en dos mitades el suyo; descubri

  • 2015 Xavier Sirs http://www.xaviersires.com/

    70

    que dentro se despedazaba una manzana cocida. Nada en el mundo se habra mirado con

    ojos ms encantados. Los postres brillaban entre las mesas; ms que vestidos de

    lentejuelas, ms que un carismtico. Todos estaban dispuestos a olvidar las caloras; se

    los meteran en la boca y dejaran que surfeasen en ella. La sorpresa del pastel se not

    en el ambiente. La gente empez a hablar ms distendida. Y l pens que la paz era

    cuestin de organizar una conferencia diplomtica y gritar: Pues que coman tartas!

    La despreocupacin era tan real, tan real y delirante... Si dos minutos antes le hubieran

    advertido que reaccionara as ante el pastelito, habra dicho: Quin... yo? Si soy

    incapaz de emocionarme incluso con lo ms sentimental, cmo voy a derretirme por un

    postre...

    Ella mir a su hijo y la nariz de este le record la infancia ms fantstica. Porque la

    infancia es la poca en que los caprichos acaban cumplidos; las aletas de su nariz se

    abran como si necesitara oler lo que tena delante para confirmar que exista. Era el

    mismo procedimiento que el del nio que se sorprende con una recompensa a la que no

    encuentra explicacin; primero intent explicarse por qu haba cado del cielo en su

    mesa, y, despus, desconfi de que realmente hubiera ocurrido. Deba tocarla, verla

    desde muchos puntos de vista, volver a olerla, morderla... Todo para hacerse a la idea de

    que el pastelito estaba all y que su nombre era el de su asesino.

    Desde el principio de la cena, una cuchara haba esperado en horizontal, al norte de su

    plato. Ese bastn de metal era el nico cubierto que quedaba; resplandeca bajo las luces

    del techo. Pareca llamar a Albert, como al pintor le llamaran sus pinceles o al batera

    sus baquetas. Era demasiado pequea hasta para ser una cucharilla; consista en una

    lengeta seguida por un hueco. Una concavidad diminuta, en la que no cabra ni un

    grano de arroz. Lo encontr cruel; le ofrecan esa gloria de manzana, nata y mazapn sin

    darle un cubierto decente con el que comrsela. Pero lo cierto era que su perspectiva le

  • 2015 Xavier Sirs http://www.xaviersires.com/

    71

    haba fallado; cogi la cucharilla con una mano y trat de cortar el pastel con ella. El

    trozo con el que la cuchara se llen era bastante generoso; suficiente para un bocado.

    Con la cuchara en el aire, examinaba ese trozo de cielo. Venido del cielo. Hecho con el

    esmero de artesanos... o dioses.

    Haca tiempo que Imma no vea a su hijo tan relajado como cuando, al fin, se llev la

    cuchara a la boca. La sacudi entre sus dientes, hacindola retintinear. Cerr los ojos. El

    azcar se remova sobre su lengua. No se funda; haca acrobacias. Sobre un ro de

    saliva esos pecios bajaron por su cuello.

    Otro pensamiento le sac del sueo: Qu estoy haciendo, Santo Dios? Me pierdo.

    Dej la cucharilla. Se incorpor en la silla; el trasero se le haba ido deslizando. Apart

    el plato y levant una mano. Un camarero, que pasaba por all, se gir hacia l. Levant

    el plato y, con orgullo, se lo devolvi. Ms de tres cuartas partes de maravilla

    desperdiciadas. Soy un mierdas que no sabe ni cumplir una promesa. Si algn da

    decid ignorar estos placeres, fue porque cre que haba aprendido la leccin: Las cosas

    que dan satisfacciones rpidas, a largo plazo, son dainas. Debera repetirme esa frase,

    como un mantra, como un avemara, hasta que se me vuelva a grabar.

    Imma, entre tanto, haba ido al bao. Cuando regres y vio que el plato de su hijo no

    estaba en la mesa, le pregunt si le haba gustado. Le coment que no haba llegado a

    comer un cinco por ciento de ese pecado? No sabramos cmo llamarlo. Nos haba

    dejado confundidos con su rechazo hacia algo que le habra hecho feliz. Si se lo hubiera

    acabado, sonreira con ms gracia. En lugar de eso, entornaba los ojos y miraba los

    dems comensales; como si se equivocaran. Pensara que cometan un error al comer?

    Las comisuras de sus labios se levantaban un poco; seal de alegra. A qu se deba esa

    satisfaccin? La del vaco? Podemos hablar de una satisfaccin del vaco?

    Seguir describiendo su cara sera arriesgado; si no entendamos por qu tomaba ciertas

  • 2015 Xavier Sirs http://www.xaviersires.com/

    72

    decisiones, tampoco comprenderamos sus reacciones. Nos interesaba ms mirar hacia

    su madre. La haba sorprendido el castigo que se impona. Desde su llegada, haban sido

    demasiadas las veces en que se haba negado a disfrutar, o se haba arrepentido de

    hacerlo. La crueldad con la que se trataba daba miedo. Pareca que tuviera dos

    personalidades diferentes. Dos seores, de mismo nombre y fsico, se desdoblaban en

    sus entraas y competan por ver quin perjudicaba ms su cuerpo en comn. Esa

    imagen, desgarradora, la mare. Se vio en el deber de decir:

    Caray! Acabar por pensar que tu cerebro es absurdo! He visto cmo

    disfrutabas del pastel, por qu te pones tan terco cuando alguna cosa te gusta? Es como

    si quisieras huir de lo que regala la vida. Son momentos que no te van a canjear por

    cupones cuando mueras, sabes?

    Ah, es fcil decir que los momentos ms placenteros se tienen que vivir como

    si no hubiera maana! El problema aparece cuando el maana existe y nos damos

    cuenta de que hay otros placeres ms sanos, ms lejanos, a los que nos acercamos si

    sacrificamos estos primeros.

    Lo deca con un retintn irritante. Como si con esos sacrificios fuera a salvarse; como si

    fuera a dejar a sus espaldas a los que le haban acompaado e irse solo l en el arca de

    No. Porque, en el caso de que en esta arca faltara espacio para la humanidad entera,

    primero entraran los amargados, no? Tal vez tuvieran privilegios sobre los que haban

    vivido. Les daran una segunda oportunidad. Pero, en el fondo, lo que Albert buscaba no

    era esa segunda oportunidad. Odiaba esos placeres y ni pensaba en disfrutar de ellos en

    otro momento. Lo que se repeta, justificndose, era:

    En lo que llevo vivido, he estudiado y escrito. Me lo han reconocido. Sin

    embargo, adems de esos, otros reconocimientos se han cruzado por mi camino. Me he

    negado a aceptarlo. No haba ningn mrito por el que tuvieran que reconocerme. Y, si

  • 2015 Xavier Sirs http://www.xaviersires.com/

    73

    no tena ningn mrito, esos reconocimientos solo habran servido para hinchar mi ego.

    Hinchar mi ego, por cierto, sin que en realidad tuviera que hincharse. Llenndose como

    un globo de helio, y no como se llena de vino una bota, que es como deberamos

    satisfacer nuestra fe en nosotros mismo. De qu me sirve confiar en m si no hay

    ninguna razn detrs? Si no he demostrado que puedo hacer las cosas bien, es decir... si

    no he hecho mritos, por qu tendra que cobrar? Por qu tendra que decirme: esto te

    lo mereces, porque eres genial? No le veo ningn sentido. No s si estars siguiendo lo

    que te digo.

    Su madre haba inclinado la cabeza hacia el plato. Aunque l no quisiera su pastel, ella

    iba a disfrutar del suyo. Por ms que comprendiese lo que deca, no se lo crea tanto

    como para hacerle caso. Obedecerle habra sido como admitir que haba estado

    equivocada; una madre no se comporta as. Le haban enseado que una madre era un

    buen modelo a seguir. Su misin? Ensear a sus hijos cmo deban dar los primeros

    pasos. Y los segundos? Los terceros? Esos tendran que darlos ellos mismos, pero

    siempre guiados por la voz de mam. En su caso, vea que l haba superado los

    consejos que le haba dado. No solo haba hecho esos terceros, cuartos y quintos pasos

    en solitario, sino que haba dejado de escucharla. Qu da se haba dado cuenta de que

    poda romper mis consejos?, se preguntaba ella. Le avergonzaba que ese chico hubiese

    llegado ms lejos de lo que crea posible. Ahora comparaba su moral con la del chaval.

    Dnde aprendi a controlarse de esa manera? Ni yo misma sera capaz. Mis impulsos

    son mis impulsos. No los puedo definir de otra manera porque no decido cules son. Y

    l? Cmo ha logrado decidir sus impulsos... si es que los tiene? No le miraba con

    ganas de averiguarlo. Al contrario, le observaba con rencor. Hasta cierto punto quera

    huir de su lado. Se sentira ms segura con alguien que cediese a la tentacin. Era un

    hecho: su propio hijo le asustaba; no lo conoca.

  • 2015 Xavier Sirs http://www.xaviersires.com/

    74

    Otra posibilidad le rondaba por la mente: Tal vez los valores que haba intentado

    transmitirle no se haban borrado de su cabeza. O, si se haban perdido, qu le haca

    pensar que eran mejores los nuevos? Por qu l no tendra que sentirse arrepentido por

    esa prdida? A fin de cuentas, debera haber visto a su propia madre como la persona

    ideal por quien dejarse aconsejar. Quin mejor que ella para ensearle a vivir? Pero se

    haba agarrado a unos valores raros, ajenos a su familia, que no reconoca y se figuraba

    que l todava menos. Si supiera qu es lo que est diciendo, se echara atrs. Se deca

    que lo que su hijo crea solo eran bobadas. Nada ms ridculo que bobadas. Se haba

    puesto un poco roja; no comprenda cmo haba llegado a pensar que su hijo tuviera

    razn. Los separaban ms de cuarenta aos; un tiempo suficiente para convertirse en

    sabio. Ella le podra hablar de decenas de valores para que su vida se volviera ms

    vida, y menos... 'penitencia'. Tan solo deba estar dispuesto a escucharla. Eso, no

    obstante, era lo ltimo que se le ocurrira. Haba olvidado tanto lo que le haba enseado

    su madre que ni la vea como alguien capaz de educarlo. Alguna vez lo haba hecho en

    realidad?

    No se daba cuenta de que estas cosas pasaban a su alrededor. La preocupacin de ella,

    sus miradas de lstima... Ignoraba las seales y. si las hubiera visto, no las habra sabido

    interpretar. Qu ms daba que su madre negase con la cabeza mientras le vea rechazar

    su postre? Le importaba lo que dijese o al escucharle solo era corts?

    Cinco minutos ms tarde salieron. En el pasillo de esa planta haba una exposicin de

    arte poltico. De las paredes colgaban cuadros con las caras de Marx, Ceaucescu, Stalin.

    Haba dos o tres que, por su estilo, se distinguan del resto; deban de ser del mismo

    artista. Los retratados aparecan en azules, blancos, rojos... Pareca que quisieran

    dialogar con algunas ideas americanas... Aunque, como casi toda pintura, quedaba

    encriptada y, a primera vista, no sabramos si el artista se refera a eso o su paleta se

  • 2015 Xavier Sirs http://www.xaviersires.com/

    75

    reduca a los tres colores.

    Pasearon por delante de las obras. Fingan que las estaban mirando, que pensaban en

    ellas. Nada ms lejos de la realidad. Cada uno tena sus los mentales; no dejaran que

    un pintor se les encarase y an les confundiese ms. Ella bajaba los ojos al suelo; no

    habra abandonado la reflexin de antes. Una reflexin que, poco a poco, se haba

    vuelto una locura. Es difcil medir los pensamientos; nunca sabra si se estaba

    obsesionado o si era normal que le diese tantas vueltas. Y l, por su parte, se haba

    puesto las manos en los bolsillos de los pantalones. Caminaban con tanta lentitud...

    Algunas personas del grupo pasaban por su lado, dirigindose al ascensor, y les

    deseaban buenas noches.

    Albert, has olvidado los valores que te ense? le pregunt de sbito.

    Siempre los he guardado bajo llave. Respir. Pero s, los he guardado.

    Su noche se visti de extraeza. O no era extraeza del todo; ms bien... tuvo la

    sensacin de que se encontraba con un desconocido. Lo ms sensato habra sido que se

    hubiera vuelto a Barcelona; quin, en su situacin, querra compartir ms das con l?

    Pero todos los alojamientos, todas las visitas, todo estaba pagado. Al cabo de cinco das

    tendra escapatoria; deba esperar.

    Llevaba tiempo sin sentir unos remordimientos como aquellos: se preguntaba dnde se

    haba equivocado, y, al mismo tiempo, sealaba sus propios errores con un dedo. Estaba

    clarsimo que sus fallos venan de lejos. Haca aos que haba perdido la oportunidad de

    solucionarlos. Solo le quedaba el recuerdo de una poca; la infancia de Albert. Tal vez

    no haba sido ingenuo ni de nio; era la memoria de ella la que lo haba sido demasiado.

    Si no se hubiera fiado de esos recuerdos, se habra fijado en qu punto del camino haba

    tropezado. Habra corregido lo que pudiera corregir.

    Todo quedaba en agua de borrajas. Su nica opcin era asumir que las cosas eran tal y

  • 2015 Xavier Sirs http://www.xaviersires.com/

    76

    como las acababa de ver. Un turista ha de ser la persona ms ciega, pero, cuando

    recuerda lo que ha vivido en su tierra, se convierte, de nuevo, en una persona corriente.

    Y, de la misma manera que alguien normal, se emociona y llora por aquello que hizo

    mal.

    Albert le pas una mano por la cintura y se la estrech. Anduvieron abrazados. Llegaron

    hasta el ascensor y pulsaron el botn de su planta. Las puertas se cerraron y subieron.

    Lo nico que cambi fue que pasaron a estar solos. Pero no dijeron nada; les faltaban

    cosas que comentar. Siguieron callados hasta la puerta de su habitacin; era una de las

    primeras del pasillo. Una alfombra roja cubra el suelo; sus pasos, sobre esa tela, no se

    oan. Solo unos golpes que algn husped estara dando a la pared de su cuarto. Alguna

    voz que cantaba detrs de otra puerta. Las vidas en los hoteles eran as, discretas y

    silenciosas. La suya, hasta que por la maana se marcharan a otra ciudad, sera una de

    esas vidas.

    Bes a su madre en una mejilla. Estaba muda y ni se senta con nimo para despedirse.

    Introdujo la tarjeta de su cuarto en una ranura y la puerta cedi. La oscuridad de la sala

    impresionaba. Tante por la pared, en busca del interruptor. Dnde estar... el

    dichoso...? En la ventana del fondo se reflejaban las luces de la calle. La bveda del

    Ateneo. Una gra sobre el cielo. Era una noche ms de verano; cinco horas para el

    amanecer.