REFLEXIONES SOBRE LA DESCOLONIZACIN - SOBRE...Bolivia la irrupcin de un pensamiento descolonizador es abierto por Fausto Reinaga, quien deconstruye la historia desde la perspectiva de la revolucin india.

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  • REFLEXIONES SOBRE LA DESCOLONIZACIN

    Ral Prada Alcoreza

    21.07.2013 04:01

    ndice:

    Umbrales y horizontes de la descolonizacin

    Horizontes del Estado plurinacional

    Una nota necesaria sobre descolonizacin

    De etnocentrismo y particularismos

    Crtica a la dominacin colonial y a la condicin poscolonial

    Umbrales y horizontes de la descolonizacin

    Estado y sociedad

    Un punto de partida debera ser desde dnde pensamos, hablamos y nos referimos al

    mundo, a los hechos, a los acontecimiento, a los procesos, a la relaciones, a la

    estructuras y a las instituciones del mundo? Concretamente, desde dnde pensamos

    cuando nos referimos al Estado y a la sociedad? Nombramos el mundo desde algn

    lugar, aqu no hablamos necesariamente de un lugar fsico, sino desde un lugar en el

    horizonte histrico cultural, un lugar en el horizonte epistemolgico, un lugar desde

    donde configuramos las representaciones, las significaciones, los valores, los smbolos,

    los conceptos? Podemos decir incluso un lugar desde donde desarrollamos las prcticas

    discursivas. Nombramos el mundo no desde un afuera sino desde adentro del mundo,

    nombramos el mundo desde el lenguaje, lo que nombramos est cargado de este

    lenguaje, si bien no forma parte del lenguaje, es el conjunto de referentes del lenguaje.

    Hablar del Estado y sociedad es hablar desde estos sititos, desde esta geografa

    imaginaria, si se puede hablar as, pero tambin desde la historia que crea estos

    escenarios, estos espacios, estos mapas conceptuales. El mundo es mundo porque est

    habitado de significados, de sentido, de valores, de smbolos, de conceptos, de

    representaciones. Si, pero no hay que confundir el mundo con estos lenguajes, estos

    mbitos de sentido, estos cdigos culturales, estas alegoras simblicas, estos mapas

    conceptuales, aunque est constituido tambin por ellos, si bien no necesariamente de

    una manera prioritaria, pues la multiplicidad de los campos y conjuntos de referentes

    denotan la autonoma y la independencia de los mismos, ofrecen su resistencia y

    muestran su propia complejidad. Por eso, hablar de Estado y sociedad es hacerlo desde

    determinadas estructuras de categoras, desde determinadas corrientes tericas, desde

    determinados lugares del campo filosfico y del campo de las ciencias sociales. No se

    trata de lugares bien definidos y claros, sino de lugares problemticos, de lugares de

    saturada discusin. Las corrientes tericas que las ponen como unidades de anlisis se

    disputan su conocimiento y comprensin, podemos recorrer toda una historia en el

    desarrollo y desplazamientos conceptuales en lo que respecta a la dilucidacin de estas

    entidades referenciales. Por eso, lo que importa ahora es saber desde donde nombramos

    el Estado y la sociedad para de este modo reconocer los recortes de realidad y las

    estrategias tericas desplegadas en este acto de hablar, en esta accin conceptual. Pero,

    sobre todo, saber cmo concebimos esos mbitos de relaciones que llamamos Estado y

    sociedad, para reconocer ese mbito de relaciones, de prcticas, de normas, de leyes, de

    procedimientos, de instituciones que llamamos Estado, para comprender ese mbito de

  • relaciones, de prcticas, de estructuras, de organizaciones, de movimientos, de

    movilizaciones, de luchas que llamamos sociedad.

    Cul es la relacin entre Estado y sociedad? Para responder a esta pregunta debemos

    situarnos en el contexto histrico de la modernidad, cuando hablamos de Estado lo

    hacemos desde la perspectiva del Estado-nacin, y cuando hablamos de sociedad lo

    hacemos refirindonos a formaciones histricas atravesadas por relaciones de

    produccin, comercializacin y consumo capitalistas. Se trata de formaciones histricas

    involucradas con el mercado, con el mercado capitalista, apreciado tanto en su forma

    interna como externa, mercado interno y mercado externo. Sociedades involucradas,

    insertas en el mercado internacional, afectadas entonces por sus contingencias,

    sociedades organizadas en respuesta y adecuacin a la expansin del capitalismo, de las

    lgicas del capitalismo, pero tambin y obviamente a la lgica de valorizacin del

    capital. No podramos entender estas sociedades sin comprender a su vez el desarrollo

    mundial, regional y local del capitalismo, aunque este haya tenido resistencias y las

    tenga todava, aunque podamos entrever posibilidades de alternativas al capitalismo. Lo

    que decimos es que el capitalismo se ha expandido por todo el mundo y ha conformado

    el mundo mismo, formando una economa-mundo capitalista y conformando un

    sistema-mundo capitalista[1]. Desde esta perspectiva, no nos negamos evaluar y

    dilucidar las singularidades, los particularismos locales, las formaciones abigarradas,

    sino que lo hacemos y entendemos esta tarea posible a partir de la inteligibilidad de la

    acumulacin originaria y ampliada del capitalismo, de sus ciclos, de sus crisis y de su

    ineludible cobertura mundial. No se puede soslayar este acontecimiento de escala

    mundial, eludirlo sera no entender los mismos particularismos, localismos,

    regionalismos y abigarramientos, quedndonos tan solo con la expresin exacerbada de

    las heterogeneidades perdidas en su propio laberinto. Hay que colocarse evidentemente

    en la perspectiva del pluralismo histrico, de la diversidad y diferencia de los procesos

    socioeconmicos y socioculturales, pero hay que hacerlo teniendo en cuenta la

    transversal histrica de la economa-mundo capitalista. Esto nos permite situarnos en el

    lugar, el espacio-tiempo histricos, desde el cul nombramos, pero tambin en el cual

    nos encontramos, para entender lo que hemos llegado a ser en el momento presente

    (Michel Foucault).

    Estado y sociedad en Bolivia

    Las naciones no son otra cosa que mitos en el sentido que son

    creaciones sociales, y los estados desempean una funcin

    central en su construccin. El proceso de creacin de una nacin

    incluye el establecimiento (en gran medida, una invencin) de

    una historia, una larga cronologa y un presunto grupo de

    caractersticas definitorias (incluso cuando grandes segmentos de

    la poblacin incluida no comparten dichas caractersticas)[2].

    Immanuel Wallerstein

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  • La Repblica de Bolvar nace de una conjuncin y combinacin de factores hasta

    compulsivos y contradictorios. Por una parte podemos hablar de la genealoga de sus

    propias guerras, es decir las guerras que atraviesan, afectan, adecuan, se instalan en los

    territorios que van a circunscribirse sucesivamente en lo que va a ser el Qullasuyu, la

    Audiencia de Charcas y la Repblica de Bolivia. Estas guerras son acontecimientos que

    suscitan, se producen y pasan para desaparecer, no del todo, empero quedando en la

    memoria de las generaciones venideras. Podemos hablar de la guerra de conquista a

    mediados del siglo XVI y de su consecuente guerra anticolonial durante los ltimos

    aos del siglo XVIII, de la guerra en Potos entre vicuas y vascongados durante 1626,

    la guerra de guerrilla durante el siglo XIX, acompaada de la llegada de la guerra de

    independencia al Alto Per, las incursiones de los ejrcitos independentistas argentinos,

    las asonadas y levantamientos durante la colonia, pero tambin los amotinamientos y

    cambios de bando. Marie-Danielle Demlas reconoce una cultura guerrera en Amrica,

    dice que existan tres formas de combate: La utilizacin de los mtodos de la guerra en

    pequea escala, la cultura miliciana y la experiencia de las guerras indias[3].

    Despus podemos hablar del desarrollo de la economa minera[4], preponderantemente

    durante la colonia, particularmente en lo que tiene que ver con la irradiacin del entorno

    potosino durante los siglos XVII y XVIII. Este desarrollo y esta irradiacin pueden

    asociarse con el ciclo de la economa de la plata, directamente vinculada a los ciclos del

    capitalismo genovs (siglos XV-XVII), del capitalismo holands (siglos XVI-XVIII) y

    del capitalismo britnico (siglos XVIII-XX)[5]. Este recorte si bien privilegia la

    preponderancia de la economa minera, no obvia las otras formas de organizacin

    econmicas, particularmente las agrcolas, destinadas a comercializar con alimentos

    para las poblaciones de las ciudades y los centros mineros. En este caso, sobresale la

    economa de las haciendas de los valles, fuertemente vinculada al comercio con los

    centros mineros, empero el mercado de alimentos y otros bienes tambin se extiende al

    Oriente, esta es la situacin que podemos apreciar en lo que respecta la vinculacin

    contingente de la economa de las haciendas de los llanos, de la Amazonia y el Chaco

    con la economa minera. No podemos dejar de mencionar la persistente economa de las

    comunidades indgenas, que forma parte de alternativas formas de reproduccin,

    enlazada a otros circuitos simblicos, de reciprocidad y complementariedad. En todo

    este espaciamiento rudimentario del mercado interno, la produccin artesanal y la

    incipiente produccin manufacturera encuentra su sitio. Todo este panorama mercantil

    no termina de dibujarse si es que no mencionamos un eje paralelo a la economa minera

    que tiene que ver con los recorridos de la coca[6].

    As mismo podemos hablar de la jurisdiccin de la Audiencia de Charcas y de una cierta

    continuidad administrativa, tanto poltica como religiosa, que dur desde su pertenencia

    al Virreinato del Per hasta su pertenencia al Virreinato de La Plata, incluso

    prcticamente permaneci en la geografa poltica de la flamante Repblica.

    El diagrama de poder colonial

    Cmo retomar la historia, sobre todo la historia de la modernidad, desde otra

    perspectiva, que no sea la de la supuesta universalidad eurocntrica? Buscamos otra

    perspectiva, la de las sociedades que fueron colonizadas. Este es un problema que ha

    sido retomado por los intelectuales que se colocan en una perspectiva descolonizadora.

    Habra que hacer una historia al respecto. En este decurso tenemos las investigaciones

    de Anbal Quijano, quien trabaja sobre la colonialidad del poder. Podemos citar los

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  • trabajos de Enrique Dussel, quien plantea la construccin de una mirada integral desde

    las vctimas, es decir, los colonizados. En esta perspectiva tambin se encuentran los

    trabajos de Boaventura de Sousa Santos, quien se plantea pensar desde el sur, en

    contraposicin con el norte hegemnico y dominante. No lejos de ellos se hallan las

    formulaciones de un pensamiento propio por parte de Hugo Zemelman Merino. En

    Bolivia la irrupcin de un pensamiento descolonizador es abierto por Fausto Reinaga,

    quien deconstruye la historia desde la perspectiva de la revolucin india. Esta

    problemtica es retomada por Silvia Rivera Cusicanqui con sus estudios sobre los

    movimientos indgenas a partir de la recuperacin de la memoria larga. La lista

    evidentemente puede ser ms amplia, identificando corrientes, si podemos hablar as, la

    corriente de los subalternos, en la que sobresalen las investigaciones de Partha

    Chatterjee y de Gayatri Chakravorty Spivak, de los estudios postcoloniales, de la

    filosofa de la transmodernidad, de la epistemologa crtica o crtica de la epistemologa,

    de la socio-historia indgena. Incluso podemos abrirnos hacia atrs y hacia adelante,

    podemos rastrear las huellas de un marxismo propio cuando Carlos Maritegui se

    plantea sus tesis sobre la realidad peruana, buscando hacer inteligible la formacin

    econmico social peruana. Del mismo modo podemos encontrar en la crtica de la

    economa poltica perifrica, en la crtica de las relaciones de poder y en los anlisis de

    los movimientos sociales desplegados por comuna el desarrollo de una perspectiva

    descolonizadora[7]. Debemos hacer entonces una arqueologa de los discursos sobre

    descolonizacin, sobre las narrativas de la colonizacin y colonialidad, encontrar los

    sedimentos y estratificaciones de estos discursos, sus formas de actualizacin, su haz de

    relaciones, la configuracin de sus enunciados. Esta es una tarea que hemos de

    emprender, empero por de pronto, vamos a situar la problemtica de la colonialidad

    dibujada histricamente por los ciclos del colonialismo.

    Los ciclos del colonialismo

    Hablamos de los ciclos del colonialismo porque consideramos que estos ciclos, de

    alguna manera han seguido los ciclos del capitalismo. No son exactamente lo mismo,

    empero el colonialismo ha acompaado a la expansin y a la acumulacin del

    capitalismo. Concretamente la irrupcin del colonialismo a escala mundial tiene

    inmediatamente que ver con la acumulacin originaria del capital a escala mundial y

    con el nacimiento de la modernidad. Si se quiere con el nacimiento de la economa-

    mundo capitalista, sugerida por Immanuel Wallerstein. El colonialismo es la forma

    mundial de dominacin desatada por las formas hegemnicas del capitalismo, formas

    desplegadas sucesivamente durante los distintos ciclos del capitalismo. Empero las

    estructuras de dominacin colonial no son los mismo que las estructuras de la

    acumulacin capitalista, las relaciones de poder no son lo mismo que las relaciones de

    produccin capitalista, ambos mbitos se imbrican y se complementan de una manera

    morbosa. Anbal Quijano dice:

    La colonialidad es uno de los elementos constitutivos y especficos del patrn

    mundial de poder capitalista. Se funda en la imposicin de una clasificacin

    racial/tnica de la poblacin del mundo como piedra angular de dicho patrn

    de poder y opera en cada uno de los planos, mbitos y dimensiones, materiales y

    subjetivas, de la existencia social cotidiana y a escala societal[8].

    http://dinamicas-moleculares.webnode.es/#_ftn7http://dinamicas-moleculares.webnode.es/#_ftn8

  • Anbal Quijano asocia culturalmente e intersubjetivamente la colonialidad con la

    modernidad, se trata de un patrn de dominacin que se corresponde con los modelos de

    acumulacin. La diferenciacin entre centro y periferia establece la diferencia racial de

    la explotacin de la fuerza de trabajo a escala mundial, distinguiendo formas de

    explotacin, combinando y complementando subsuncin formal y subsuncin real del

    trabajo al capital[9]. El colonialismo y, por lo tanto, la colonizacin constituyen una

    realidad mundial, la colonialidad, que es la forma de hegemona cultural de la

    modernidad y la forma de dominacin capitalista. Anbal Quijano dice que:

    En el curso del despliegue de esas caractersticas del poder actual, se fueron

    configurando las nuevas identidades societales de la colonialidad, indios,

    negros, aceitunados, amarillos, blancos, mestizos y las geo-culturales del

    colonialismo, como Amrica, frica, Lejano Oriente, Cercano Oriente(ambas

    ltimas Asia, ms tarde), Occidente o Europa(Europa Occidental despus). Y

    las relaciones intersubjetivas correspondientes, en las cuales se fueron

    fundiendo las experiencias del colonialismo y de la colonialidad con las

    necesidades del capitalismo, se fueron configurando como un nuevo universo de

    relaciones intersubjetivas de dominacin bajo hegemona euro-centrada. Ese

    especfico universo es el que ser despus denominado como la

    modernidad[10].

    Comprendamos entonces la experiencia del colonialismo y colonialidad, entendiendo

    por colonialismo la prctica imperial de ocupacin de tierras, sometimiento de las

    poblaciones, decodificacin cultural, fragmentacin de las sociedades, ocultamiento y

    desaparicin de las instituciones propias, diseminacin de las lenguas autctonas,

    inscripcin de la historia poltica de la dominacin en la superficie de los cuerpos,

    induciendo conductas y comportamientos de sometimiento, de domesticacin, de

    disciplinamiento, de control y de seguridad, sucesivamente. Comprendiendo por

    colonialidad la configuracin de las identidades societales y la plasmacin de la

    clasificacin racial, conformndose entonces una realidad histrico-cultural diferencial

    a escala planetaria y al interior de los pases. Las identidades societales y las

    clasificaciones raciales van adquirir distintas tonalidades y matices, dependiendo del

    lugar y el contexto de referencia, pero lo importante de esta distincin y clasificacin

    estriba en las polticas de etnicidad[11] y formas de gubernamentalidad[12] que se van

    a implementar en las sociedades poscoloniales, en los Estado-nacin de la periferia de la

    economa-mundo capitalista. La colonialidad tambin puede interpretarse como el lado

    oscuro de la modernidad, as tambin como el lado heterogneo de la modernidad, que

    se pretende universal y basada en principios universalistas. La declaracin de los

    derechos humanos, pero tambin la experiencia vertiginosa cuando todo lo solido se

    desvanece en el aire[13], cuando se disuelven las formas de comunidad pre-capitalistas,

    cuando se diseminan los valores y las instituciones pre-modernas, producindose en este

    caosmosis el tomo del individuo, que entra de lleno al tiempo de la perpetua

    transformacin constante. La modernidad como cultura planetaria del capitalismo

    mundial. Pero ocurre que esta modernidad se expande y desarrolla acompaada por

    formas violentas de dominacin, formas que despojan de sus tierras a poblaciones

    enteras, de sus recursos, de sus formas de vida, de su energa vital y de sus saberes,

    ocupando sus territorios, yuxtaponiendo formas de sociabilidad a las redes de relaciones

    comunitarias ya existentes, cartografiando territorios y marcando cuerpos, de tal forma

    que se da lugar la colonizacin de los mismos, usndolos como recursos explotables,

    diferenciando centro de poder y de acumulacin de periferia sometida y de extraccin,

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  • racializando a las poblaciones, convirtindolas en objetos del ejercicio de la biopoltica.

    Ahora bien, estos territorios, estos cuerpos, con sus formas comunitarias de

    relacionarse, con sus formas intersubjetivas propias de comunicarse, con sus maneras de

    politizar sus demandas, se convierten con el tiempo en resistencias a la modernidad y al

    capitalismo, ofrecindose como ofrenda y sacrificio, diseando alternativas. Podramos

    denominar a la modernidad como una forma aparente y a la colonialidad como su forma

    efectiva, forma aparente cultural, poltica y jurdica, por un lado, y forma efectiva

    subordinaciones culturales, de dominaciones polimorfas que obstruyen las

    democratizaciones, de ejercicios jurdicos discriminadores. Empero esta contradiccin

    entre la forma aparente y la forma efectiva da lugar a culturas proliferantes, actualizadas

    y emergentes, a politizaciones de campos no institucionalizados, a replanteos de

    derechos colectivos que atraviesan los formalismos jurdicos, a la circulacin de saberes

    que se oponen a la ciencia universal y a la filosofa absoluta.

    Etnicidad, nacin y clase

    Las sociedades poscoloniales plantean varios problemas en lo que respecta a su

    comprensin y elucidacin, uno de estos es el que tiene que ver con la relacin entre

    etnia, clase y nacin. Podemos complicar un poco ms an esta situacin si

    introducimos tambin el tema del Estado. La distincin entre Estado y nacin es

    importante, as como lo es la diferencia entre etnia y clase. Aunque la formacin de los

    Estado-nacin absorbe la nacin al Estado, esto no quiere decir que la nacin es lo

    mismo que el Estado. La formacin del Estado, si podemos hablar as, tiene que ver con

    las mltiples gubernamentalidades que son articuladas en forma de agenciamientos,

    engranajes, mquinas polticas que se distribuyen en forma de mapas

    institucionales[14]. La estatalizacin de las territorialidades, de los agenciamientos

    concretos y relaciones de poder locales, es decir, su apropiacin, desarticulacin y

    transformacin a gran escala forma parte del proceso de conformacin del Estado. La

    institucin del Estado pasa por la unificacin de las formas de gobierno y los

    mecanismos de poder, termina ejerciendo su jurisdiccin a la escala de lo que va ser la

    nacin, incorpora de modo transversal la legislacin y normativa jurdica que permite la

    reglamentacin del ejercicio de las prcticas institucionalizadas. Podemos hablar desde

    esta perspectiva de la triangulacin concomitante entre Estado, derecho y nacin. Ahora

    bien, podemos considerar a la nacin como lo sugiere Immanuel Wallerstein, como que

    las naciones no son otra cosa que mitos, en el sentido que son creaciones sociales, y los

    estados desempean una funcin central en su construccin[15]. Desde esta

    perspectiva, los estados habran creado las naciones, las naciones formaran parte de los

    procesos de estatalizacin, pero en este caso se tratara de la estatalizacin de los

    imaginarios. Sin embargo, esta comprensin de Immanuel Wallerstein supone la

    construccin, la supeditacin y la articulacin plena de la nacin al Estado. No hay

    nacin antes del Estado? Podemos ampliar los horizontes histricos de la problemtica

    introduciendo un campo de posibilidades mayor, logrando as una comprensin ms

    abierta de las formas de identidades colectivas, por ejemplo podemos introducir el

    tpico de la luchas de liberacin nacional, as mismo podemos introducir en el anlisis a

    las concepciones de nacin emergentes, por ejemplo, las relativas a los imaginarios

    colectivos de pueblos indgenas. Es indispensable considerar los imaginarios colectivos

    de las resistencias a la colonialidad y a la modernidad, entendidos como actos de

    descolonizacin. Desde esta perspectiva, no se tiene en cuenta la arqueologa del

    trmino nacin, que en principio alude a una relacin de sangre, la nacin concebida en

    el sentido de consanguineidad. Desde esta otra faceta habra una construccin de

    http://dinamicas-moleculares.webnode.es/#_ftn14http://dinamicas-moleculares.webnode.es/#_ftn15

  • imaginarios nacionales antes del Estado, a partir de otras condiciones de posibilidad

    histricas, de otros espacios de intersubjetividad. Aunque podemos circunscribir el

    anlisis de Immanuel Wallerstein a la crtica de la nacin en los lmites del espacio

    abierto por el Estado-nacin, requerimos de una mirada ms inclusiva de las otras

    formas de nacin, para esto solicitamos separar la concepcin de nacin de la

    concepcin de Estado, esto nos puede llevar a pensar una forma poltica ms all del

    Estado, pensar, por ejemplo, las posibilidades alterativas del Estado plurinacional,

    pensar una forma poltica que no necesariamente tenga que llamarse Estado, empero

    comprenda la condicin plurinacional. Entre estas variantes, incluso pensar el Estado

    plurinacional desde una perspectiva no moderna del Estado, como una forma poltica

    que sea instrumento de la sociedad, una forma poltica que se corresponda con las

    sociedades autogestionarias y autodeterminantes. En este sentido, estamos sugiriendo la

    hiptesis de pensar la nacin como imaginario social, pero tambin como mbito de

    reconocimiento, como forma de difusa institucin cultural que adquiere caractersticas

    de contrapoder, de contracultura hegemnica y tambin como espacio dinmico

    intersubjetivo descolonizador. Bajo esta consideracin es aleccionador lo que establecen

    el primer y el segundo artculo de la Constitucin Poltica del Estado de Bolivia. El

    primer artculo define el modelo de Estado como unitario social de derecho

    plurinacional comunitario con descentralizacin administrativa poltica y

    autonomas[16], en tanto que el segundo artculo plantea el reconocimiento de la

    preexistencia colonial de las naciones y pueblos indgenas originarios campesinos, por

    lo tanto el reconocimiento de su derecho al autogobierno, a la libre determinacin, a sus

    instituciones propias, lengua, normas y procedimientos caractersticos, cosmovisin y

    gestin propias, reconocimiento de la autonoma y de la consolidacin de sus entidades

    territoriales[17]. En este caso hablamos de nacin ms en el sentido cultural, incluso en

    el sentido territorial, como es el caso de los suyus, naciones-territorios de las sociedades

    andinas, conformaciones complejas, basadas en los ayllus, comunidades duales,

    asentadas en distintos pisos ecolgicos y markas, pueblos que comprenden a conjuntos

    de ayllus. El sentido de naciones y pueblos indgenas originarios se abre a una

    pluralidad de configuraciones de nacin, a distintas acepciones colectivas histricas

    culturales.

    De acuerdo a Immanuel Wallerstein las categoras de raza, nacin y clase se

    corresponden con cada uno de los rasgos estructurales bsicos de la economa-mundo

    capitalista:

    El concepto de raza est relacionado con la divisin axial del trabajo en la

    economa-mundo; es decir, la antinomia centro-periferia. El concepto nacin

    est relacionado con la superestructura poltica de este sistema histrico, con

    los Estados soberanos que constituyen el sistema interestatal y se deriva en l.

    El concepto de grupo tnico est relacionado con la creacin de las

    estructuras familiares que permiten que buena parte de la fuerza de trabajo se

    mantenga al margen de la estructura salarial en la acumulacin de capital.

    Ninguno de los tres trminos est relacionado directamente con el concepto de

    clase y por ello porque clase y pueblo se definen ortogonalmente, lo cual

    constituye una de las contradicciones de este sistema histrico[18].

    Se puede deducir de esta cita que no slo las categoras de raza, nacin y clase forman

    parte de los rasgos estructurales bsicos de la economa-mundo capitalista, sino tambin

    la categora de etnia, as como el mismo concepto de Estado, como vimos ms arriba.

    http://dinamicas-moleculares.webnode.es/#_ftn16http://dinamicas-moleculares.webnode.es/#_ftn17http://dinamicas-moleculares.webnode.es/#_ftn18

  • Toda la composicin social y poltica es leda a partir de subsuncin formal y real del

    trabajo al capital, como dispositivos histrico sociales de los procesos de subsuncin del

    trabajo al capital. En otras palabras, el capitalismo hace inteligible a las sociedades, a

    los estados, a las formaciones econmicas sociales y a toda la compleja composicin

    histrica cultural de los sistemas-mundo. Todo esto parece contrastarse positivamente

    con la expansin global, dominio y hegemona contempornea del capitalismo. Pero,

    fue siempre as, durante los largos ciclos del capitalismo? Qu pasaba en los lugares

    donde no haba llegado todava el capitalismo en su proceso de expansin, sobre todo al

    principio, durante los primeros ciclos del capitalismo? Qu pasaba antes del

    capitalismo? Estas otras formaciones sociales son incognoscibles? Siguiendo esta

    lgica, volviendo al presente, cmo explicar e interpretar los saberes, las prcticas, las

    formas, los movimientos de resistencia al capitalismo, a la modernidad y a la herencia

    colonial, sus modos de nombrarse, de construir sus imaginarios, de nombrarse y

    representarse? No dejan de ser disfuncionales al capitalismo? Y por lo tanto, no pueden

    entenderse como formas desbordantes al modo de produccin capitalista. Estas

    preguntas nos plantean una duda, la teora de la economa-mundo capitalista, el anlisis

    de los sistemas-mundo, abarcan la totalidad del mundo o hay una parte del mundo que

    escapa a su mirada?

    En primer lugar, qu estamos entendiendo por mundo. Desde una perspectiva filosfica

    Eugenio Tras habla de mundos: Mundo teortico referido al orden de los sucesos (el

    cerco), mundo moral explcito en la proposicin tico-metafsico (el acceso), mundo

    esttico referido al modo simblico de exposicin de la obra de arte y mundo histrico

    moderno explicitado en el juicio o proposicin que determina finalsticamente la propia

    modernidad (el despliegue)[19]. Desde una perspectiva positivista y lgica Ludwig

    Wittgenstein se refiere al mundo como totalidad de todos los hechos. Hablamos de un

    horizonte de visibilidad? Hablamos de un horizonte de sentidos? George Bataille habla

    de mundo como un horizonte de sentido. Tambin se puede hablar de un horizonte de

    visibilidad, por eso se dice que el mundo es mundo desde el descubrimiento de

    Amrico. Con esta expresin nos referimos al horizonte abierto por la modernidad.

    Volviendo al alcance de la economa-mundo capitalista y del sistema-mundo, Immanuel

    Wallerstein se refiere a la totalidad de las sociedades, Estados, naciones, es decir,

    formaciones-econmico sociales concretas atravesadas por las relaciones de produccin

    capitalistas, articuladas por las lgicas de acumulacin del capital, en los distintos ciclos

    del capitalismo, es decir, se trata de una dimensin temporal y espacial. Temporalmente

    hablamos de la historia del capitalismo, historia que comprende las transformaciones

    habidas en la economa-mundo capitalista, espacialmente hablamos del planeta tierra.

    Aparentemente este mundo abarca todo, esto quiere decir que todo estara

    comprometido en el proceso de acumulacin de capital. Nada escapara a esta lgica de

    valorizacin dineraria, a sus redes de relaciones, a sus estructuraciones sociales, a sus

    composiciones econmicas, a sus formaciones polticas, a sus decodificaciones

    culturales, a su produccin de necesidades, a su compulsivo consumismo, a sus

    prcticas competitivas y obviamente al universo complejo y mltiple del mercado, con

    sus contradictorias formaciones monoplicas. Hay algo que dentro de este mundo no

    sea tomado en cuenta? Podramos preguntar de manera paradjica: Hay una afuera de

    este adentro? Que siendo coherentes, tendra que ser llamado hueco. Habra huecos en

    este mundo que escaparan al control del capital, a la hegemona en el ciclo del

    capitalismo en cuestin, al dominio mundial de la forma poltica imperial? Esto

    significara la presencia oculta, velada u opaca de formas o proyectos alternativos

    civilizatorios y culturales? Podemos encontrar esta posibilidad en las resistencias al

    http://dinamicas-moleculares.webnode.es/#_ftn19

  • despliegue, la circulacin y acumulacin del capital, en los movimientos antisistmicos?

    Esta cuestin va a ser tambin tema del presente anlisis.

    Estado, sociedad y comunidad

    El Estado no se desprende de la sociedad como en un acuerdo, pacto o contrato social,

    el Estado se constituye en esa diferenciacin entre Estado y sociedad civil, sobre la base

    de una sociedad atomizada en individuos, reconocindoles sus derechos individuales y

    su ciudadana, aunque paradjicamente esta ciudadana no cubra a todos. Se hace una

    abstraccin en la formacin de los estados y sociedades liberales, se hace como si el

    resto no existiera, mujeres y comunidades. Las comunidades son como la matriz

    anterior, el preludio de la sociedad y el Estado. La comunidad comprende formas de

    sociabilidad anteriores a las sociedades mismas. Las comunidades se conformaron sobre

    la base de las redes de relaciones de parentesco, las alianzas familiares, territorialidades,

    intersubjetividades afectivas, identidades colectivas, configuraciones culturales. Las

    comunidades ancestrales se constituyen imaginariamente en el acto mismo del

    sacrificio, esta vinculacin con la muerte los arrastra fuera de los lmites mismos de la

    vida, al ms all, a elucubrar su relacin con lo sagrado y a descubrir lo sagrado en las

    fuerzas inmanentes de la vida[20]. Esta es una constitucin cultural, simblica,

    ceremonial, con la elocuencia de los ritos, de la comunidad ancestral. Para no hablar de

    los orgenes de la comunidad sino del nacimiento de la comunidad. Se trata de una

    discusin con la historia, por lo tanto mito, acerca de los orgenes de la comunidad; se

    puede hablar de nacimientos plurales, diferenciales, localizados de las comunidades.

    Desde esta perspectiva, de las historias efectivas de las comunidades, se trata de hacer

    genealogas de las comunidades. Estos nacimientos tienen que ver primordialmente,

    probablemente, con la caza y recoleccin, hablamos de las comunidades itinerantes, que

    se confunden, de manera inmediata, con sus propias estructuras de parentesco. La

    arqueologa puede ensearnos mucho de estos nacimientos proliferantes. Tiempos

    despus, cuando las comunidades domestican las plantas y aprenden a manejar sus

    genomas, cuando desarrollan la agricultura, la llamada revolucin verde, las

    comunidades establecen alianzas familiares y territoriales, conformando grandes

    comunidades o formas expansivas de sociedades territoralizadas. Es probable que las

    comunidades mismas se hayan reestructurado y transformado, recodificando y

    revalorando sus relaciones y prcticas, sobrecodificando sus propiossmbolos,

    ampliando los alcances de las jerarquas y el prestigio, estratificando el campo

    comunitario. Esta ampliacin y reestructuracin de las comunidades no las hace

    desaparecer, ms bien las consolida como formas perenes que sostienen el decurso de

    las sociedades mismas, pero tambin de las formas de poder que se conforman y

    despliegan. Las comunidades han sostenido a grandes formaciones sociales y complejas

    conformaciones de poder, han sostenido a seoros, a Tiwanaku, alianza entre pueblos,

    y al Tawantinsuyu, alianza territorial, incluso fueron el sostn en los primeros aos de la

    Repblica, a travs del tributo indgena. Podemos discutir si hoy siguen sindolo, a

    pesar de la injerencia e irradiacin del capitalismo, a travs de los enclaves de

    explotacin minera, la economa de la plata y la economa del estao, y a travs tambin

    de las extensiones, transfiguraciones y simbiosis del mercado, incluyendo

    prioritariamente el mercado de la coca. Esta discusin podemos extenderla a lo que hoy

    llamaramos economa de los hidrocarburos, en vinculacin con el ciclo del capitalismo

    norteamericano, su hegemona, dominacin y declive.

    http://dinamicas-moleculares.webnode.es/#_ftn20

  • En muchos escritos he sostenido que las formas de comunidad siguen siendo la matriz y

    el sostn del Estado-nacin, del Estado y la sociedad, de la formacin econmica social

    boliviana articulada al mercado mundial y la economa-mundo capitalista. La

    explicacin de los salarios bajos se da por el entorno de las comunidades campesinas,

    por el vnculo con estas comunidades por parte de los mineros, que supuestamente

    habran perdido sus medios de produccin, instrumentos de trabajo y tierra, por su

    vinculacin con los entornos familiares, que son como pequeas comunidades en

    relacin con otras formas comunitarias subsistentes y actualizadas. La explotacin de

    los recursos naturales por parte de las empresas trasnacionales en la periferia del mundo

    capitalista, se lo hace no solo ocasionando la proletarizacin de la poblacin autctona,

    sino a travs de la redituacin perversa de las formas comunitarias, que donan fuerza de

    trabajo de manera permanente o intermitente y sostienen multifomemente la

    reproduccin social. En estas condiciones se combinan formas de subsuncin formal, de

    subsuncin real y, si se puede hablar as, de subsuncin virtual, del trabajo al capital. La

    comunidad entonces retorna, se actualiza, transfigurndose, durante los ciclos ms

    avanzados del capitalismo.

    El Estado-nacin habra nacido as, sobre la base de la diferenciacin entre Estado y

    sociedad civil en Bolivia, diferenciacin efectuada a travs de la conformacin de la

    representacin, que vincula a la sociedad civil con el Estado, mediante el ejercicio del

    voto, que a su vez se basa en el reconocimiento de la ciudadana a criollos y mestizos,

    hombres ilustrados, propietarios privados, hacendados, y un entono de sectores medios

    de artesanos. Estaban excluidos de la ciudadana, por lo tanto de los derechos civiles y

    polticos, indgenas y mujeres. Una repblica de minoras sobre los hombros de la

    mayora indgena. Como se puede ver el Estado-nacin era una comunidad

    imaginada[21] en el imaginario de los criollos, por eso mismo una ficcin no

    compartida por los otros imaginarios, los imaginarios indgenas y los imaginarios

    femeninos. Una legitimidad circunscrita a los criollos y mestizos no es una legitimidad

    adecuada y requerida por el conjunto de la poblacin que habita la extensin geogrfica

    de la Repblica. Se trata de una legitimidad restringida, del ejercicio del voto

    restringido, por lo tanto de un mbito de representacin estrecho, as mismo podemos

    pensar en un mapa institucional liberal angosto. Cmo pudo haberse erigido una

    Repblica en estas condiciones tan circunscritas, de una modernidad tan incipiente, con

    la mayora de la poblacin en la sombra? La respuesta no se encuentra en el alcance

    poco propenso de la modernidad, en el tamao exiguo de la prctica poltica, sino en los

    mbitos de las relaciones de poder de carcter colonial. En realidad estos hombres

    polticos no eran individuos modernos sino patrones, hacendados, gamonales, que

    adems de monopolizar tierras y propiedades mineras, controlaban a las poblaciones

    indgenas, dentro de sus haciendas y bajo la cobertura de las relaciones de servidumbre

    y subordinacin. Las verdaderas relaciones de poder que sostenan la forma aparente del

    Estado-nacin corresponden a los mbitos de despliegue del diagrama de fuerzas

    colonial. Entindase que este no es un reclamo de modernidad, sino una apreciacin de

    las formas efectivas de modernidad en la periferia de mundo capitalista. Cunto de

    estas paradojas y formas aparentes se dan en el centro del mundo capitalista? Es posible

    que esto tambin ocurra, aunque con otras caractersticas, sin embargo, debemos

    entender que en este centro hegemnico y de dominacin se han desarrollado de manera

    extensa y ejercido de manera ms minuciosa las estrategias de disciplinamiento,

    diagramas de poder disciplinarios que constituyen al hombre moderno, a partir de

    procedimientos de domesticacin y manipulacin fragmentaria y detalladla del cuerpo.

    Qu clase de internalizaciones, de perfil, de conjuncin de fuerzas, de subjetividad se

    http://dinamicas-moleculares.webnode.es/#_ftn21

  • form en estas tierras atravesadas por estrategias de colonizacin y simultneamente

    ocupadas por resistencias comunitarias? Hombres semi-modernos perversamente

    deformados? Hombres intermediarios, fronterizos? Semi-burgueses intermediarios

    entre los dos espacios de la economa-mundo capitalista, centro y periferia, ricos y

    mediadores en el proceso de acumulacin, por lo tanto patrones como burgueses? La

    modernidad se habra dado de la nica manera que poda darse, como mezcla,

    entrelazamiento, abigarramiento dramtico, en un perfil subjetivo atormentado y

    desdichado. Las formaciones aparentes, el Estado-nacin aparente, deriva en una

    Repblica ilusoria, en contraste con formaciones histricas complejas, que develan que

    las cosas, las relaciones sociales, las instituciones se dan en tiempo heterogneo[22].

    La nacin en tiempo heterogneo

    Qu es la nacin? Un sentimiento compartido? La patria liberada? La comunidad

    imaginada? Si es as, que nacin se imaginaban los guerrilleros de la independencia? La

    guerrilla de los valles slo espordicamente controlaba la geografa de los escenarios de

    una guerra intermitente por la independencia de la patria, trmino usado en el diario de

    Jos Santos Vargas. Dependan de las incursiones del ejrcito de Buenos Aires, as

    como tambin de su ausencia, pues cobraban autonoma de accin en prologados lapsos

    de tiempo. Los guerrilleros acosaron al ejrcito realista, pero tambin eran acosados por

    ellos y perseguidos, hacan los que podan para sobrevivir, movilizaban pequeos

    contingentes de tropas y tenan mandos dispersos en los caudillos, quienes no

    terminaban ponerse de acurdo por la conduccin de la guerra de guerrillas. Contaban a

    veces con el apoyo de comunidades, por lo tanto, a veces crecan sus fuerzas con el

    apoyo indgena, pero la mayor parte del tiempo sus desplazamientos de maniobra corta

    y con pequeos contingentes. Los nombres de los guerrilleros se volvieron famosos en

    las listas del ejrcito realista, el mismo que buscaba acabar con ellos fulminantemente y

    quebrar sus redes de comunicacin. No lo pudo hacer, tampoco venci la guerra de

    guerrillas. Sin embargo la huella de esta guerra quedo marcada en estos territorios de los

    valles de la Audiencia de Charcas. Tuvieron alguna relacin espordica con el gaucho

    Gemes, lder guerrillero del norte argentino, encargado por Buenos Aires de cuidar la

    frontera, pero al final de cuentas dependieron de sus propias fuerzas y de su

    convocatoria. Cul era la nacin por la que peleaban los guerrilleros, pero no pudo ser?

    Porque la nacin que se impuso fue la que dej el ejrcito independentista en

    negociacin con la oligarqua charquea y los doctorcitos de Sucre. Una repblica

    acordada despus de las hostilidades, pues el proyecto de Bolvar, de una Patria grande,

    no pudo materializarse, debido a la oposicin de las oligarquas regionales, que

    prefirieron garantizar sus privilegios de hacendados y propietarios mineros. El proyecto

    de Bolvar era demasiado grande para ellos, donde podan perderse y perder. Hay

    analistas que dicen que las condiciones no estaban dadas. Valga a saber si esto es cierto,

    lo que importa es saber que el ejrcito independentista no poda cumplir por si solo con

    la tarea encomendada, requera de la voluntad de los lugareos, que por lo que sabemos

    iba por otros lados. Las comunidades indgenas no estaban comprometidas con la

    hazaa, como lo estuvieron en los levantamientos del siglo XVIII. No se tejieron

    relaciones de confianza entre comunidades y rebeldes criollos. Si hubo participacin fue

    circunstancial, no comprometida, como ocurri con los levantamientos de Tupac

    Amparu, Tupac Katari, Bartolina Sisa, Tomas Katari, que buscaban, se puede interpretar

    as, la reconstitucin. No se equivocaron las comunidades, porque lo que ocurri

    durante la Repblica fue en contra de ellas, perdieron tierras y autonoma. Pero,

    volviendo a la pregunta de qu nacin se imaginaban los guerrilleros, tendramos que

    http://dinamicas-moleculares.webnode.es/#_ftn22

  • responder que, probablemente, no era algo distinto a la misma Audiencia de Charcas,

    pero sin espaoles, sin chapetones. En el mejor de los casos, la imagen de la

    independencia poda extenderse a todo el Virreinato de la Plata, debido a las

    vinculaciones con el ejrcito argentino. De todas maneras, esto de la imagen de nacin

    de los guerrilleros de la independencia no es algo fcil de resolver, pero de lo que

    podemos estar seguros es que no haba un proyecto poltico, tampoco social, menos

    cultural, de reconstitucin.

    Hay que entender esta insurgencia en el contexto de la crisis del sistema colonia, como

    parte de sus contradicciones inherentes, del declive y decadencia del imperio espaol.

    Desde lejos se puede decir que el imperio espaol, es Estado territorial y extraterritorial,

    comprendiendo a las colonias, ya no era funcional al nuevo ciclo del capitalismo, qued

    obsoleto ante los requerimientos de las formas de acumulacin de capital, con sus

    consecuentes expansiones y transformaciones. Concretamente, qued obsoleto despus

    de la revolucin industrial que se produjo en Gran Bretaa. El nuevo capitalismo corra

    a la velocidad de las mquinas de vapor y el ferrocarril, la maquinaria industrial

    transform las temporalidades de la produccin y la circulacin. Aunque parezca

    paradjico, los nuevos movimientos independentistas, con sus proyectos de liberacin

    nacional, de conformacin de repblicas, con pretensiones de modernizacin y sueos

    de modernidad, terminaron siendo funcionales al ciclo del capitalismo britnico. Esta

    quizs fue la razn y la condicin histrica por la que los movimientos independentistas

    del siglo XIX prosperaron y terminaron materializando sus proyectos nacionales. En

    cambio, los levantamientos indgenas del siglo XVIII fracasaron, no lograron viabilizar

    sus proyectos de liberacin y reconstitucin. Sin embargo, esta frustracin, viendo el

    largo tiempo, la larga duracin, viendo desde las perspectivas de las estructuras de larga

    duracin, fue convertida en memoria e irradiacin histrica, con las recurrentes

    actualizaciones de la guerra anticolonial inconclusa. Para dar algunos ejemplos, de este

    modo podemos leer e interpretar la guerra aymara en la guerra federal de 1899, en los

    recurrentes levantamientos que aparecen insistentemente despus de la derrota de Tupac

    Amaru y Tupac Katari, atraviesan lo que quedaba del siglo XVIII y recorren el siglo

    XIX, para continuar localmente con los levantamientos durante el siglo XX. Por este

    lapso se encuentra los levantamiento de las comunidades de Jess de Machaca, durante

    los primeros aos de la dcada del veinte. Podemos situar resistencias hasta la guerra

    del Chaco y despus de esta guerra, hasta la revolucin de 1952 y despus de esta

    revolucin. Un levantamiento campesino, que se hizo famoso, es el relativo a la

    movilizacin de los campesinos del valle en 1974, que termino en la conocida masacre

    del valle, pero tambin deriv en la ruptura del pacto militar campesino y el nacimiento

    del movimiento katarista, que, retomando la memoria larga, desarrollo un proyecto

    poltico cultural de reconstitucin del Qullasuyu. Sin embargo, lo ms sintomtico, de

    estas actualizaciones de antiguas luchas, concurre durante las movilizaciones sociales

    del 2000 al 2005, donde reaparece con fuerza la forma y las estructuras de la rebelin

    indgena, la alianza guerrera de los ayllus y comunidades, la reterritorializacin de facto

    de los espacios ancestrales, ahora emergentes y sostn de la subversin indgena.

    A modo de hiptesis, podemos hablar de dos estructuras de larga duracin que

    atraviesan los periodos coloniales y republicanos. La primera y fundamental, la

    estructura de la rebelin indgena, constituida, en los levantamiento anticoloniales del

    siglo XVIII, ligada a un proyecto de reconstitucin civilizatorio-cultural y anti-

    moderno; la segunda, la estructura de la insubordinacin criollo-mestiza, conformada

    durante los movimientos independentistas, de la guerra de guerrillas y la guerra de la

  • independencia, ligada a un proyecto nacional y moderno. Ambas estructuraciones han

    tenido una trayectoria casi paralela a lo largo de la historia, hasta encontrarse en los

    acontecimientos de la guerra del gas, de octubre del 2003. Ambas estructuras y

    estructuraciones, actualizadas en distintos contextos, con sus correspondientes

    transformaciones, condicionan los procesos histrico-polticos, sus periodos y sus

    coyunturas, acaecidos en las temporalidades de la formacin econmica social,

    condicionan las formas efectivas del Estado sociedad concretas, sus complejas

    relaciones, sus mbitos pblicos, tambin sus mbitos civiles, y consecuentemente,

    sobrepasando los lmites de la sociedad civil, la configuracin de la sociedad poltica,

    como propuesta relacional, alternativa, de politizacin de la demanda y de la

    elaboracin de proyectos alternativos de los subalternos[23].

    El Estado-nacin en el contexto de la

    globalizacin

    Los Estado-nacin habra iniciado su genealoga con la conformacin de los estados

    entre el siglo XVII y XVIII en Europa sobre la base de las Monarquas absolutas. A

    fines del siglo XVIII se conforma la repblica, como resultado de la revolucin poltica

    en Norteamrica, con la unificacin de los Estados de la Unin, en su forma Federal.

    Poco despus la revolucin francesa instaura la repblica, como resultado de la

    revolucin social, en su forma ms bien unitaria, llevando adelante la declaracin

    universal de los derechos del hombre, inscribiendo en el imaginario popular las

    consignas de libertad, igualdad y fraternidad[24]. Como siguiendo estas declaraciones

    democrticas Toussaint LOuverture dirigi la inaugural contienda triunfante por la

    emancipacin de los esclavos modernos en la colonia francesa de Santo Domingo

    (Hait). Durante el siglo XIX se constituyen las repblicas en las llamadas Indias

    occidentales, como resultado de las guerras de independencia. En el lapso del siglo XX,

    despus de la segunda guerra mundial, las colonias europeas en Asia y frica consiguen

    su independencia. Esta es una brevsima historia de la conformacin de los Estado-

    nacin, pero no podramos tener todo el panorama sino recorremos la historia hasta el

    presente, cuando los Estado-nacin se encuentran cercados y atravesados por una nueva

    soberana, la del imperio[25], en el periodo delirante de los discursos apologetas de la

    globalizacin, en el ciclo y el declive de la hegemona estadounidense.

    Un concepto indispensable para entender la conformacin de los estados es soberana,

    que significa primordialmente legitimidad del poder. Esta soberana es transferida del

    cuerpo del rey al pueblo por medio de la revolucin y las guerras de independencia. En

    segundo lugar soberana significa independencia, quiere decir que el Estado-nacin

    acta en igualdad de condiciones con otros Estado-nacin. En tercer lugar significa

    potestad absoluta sobre sus recursos. En cuarto lugar significa autonoma en cuanto a la

    capacidad de definir y disear sus propias polticas. Todos estos tres ltimos

    significados estn ntimamente ligados al primero, que es fundamental, pues en este

    significado de soberana como legitimidad radica el secreto de las formas de

    dominacin modernas. Aunque se haya transferido al pueblo la soberana como

    referente de la legitimidad, sta justifica la mediacin en las relaciones de poder. La

    soberana faculta la transferencia del poder por delegacin a travs de la representacin,

    la soberana justifica el ejercicio del poder a nombre del pueblo.

    La soberana es una palabra recurrente en los discursos democrticos, pero tambin en

    los discursos revolucionarios, se lo hace de una manera acrtica, espontnea, como por

    http://dinamicas-moleculares.webnode.es/#_ftn23http://dinamicas-moleculares.webnode.es/#_ftn24http://dinamicas-moleculares.webnode.es/#_ftn25

  • costumbre, sin tomar en cuenta la polisemia de sus significados, sobre todo uno, el

    original, en el cual soberana tiene que ver con la legitimidad del poder. Por eso es

    importante hacer una especie rpida de arqueologa de la soberana para develar las

    formas como los discursos encumbren los mecanismos de dominacin.

    Teora de la soberana

    Los discursos de soberana pueden agruparse en aqullos que suponen la teora jurdica

    poltica, que es precisamente la teora de la legitimidad del poder. A propsito de esta

    teora, Michel Foucault dice que la teora poltica de la soberana se remonta a la edad

    media; procede de la regeneracin del derecho romano; se conform en torno a la

    cuestin de la monarqua y del monarca. En este sentido, la teora de la soberana

    ejerci cuatro papeles:

    En primer lugar tiene que ver con un dispositivo de poder efectivo que era el de la

    monarqua feudal. Segundo, sirvi de herramienta y tambin de apologa para la

    constitucin de las grandes monarquas administrativas. En esta secuencia, a partir del

    siglo XVI y sobre todo del siglo XVII, ya en las circunstancias de las guerras de

    religin, la teora de la soberana fue un aparato que transit tanto en un campo como en

    otro, que se esgrimi en un sentido u otro, ya fuera para circunscribir o, al contrario,

    para robustecer el poder real[26].

    En sntesis, la teora de la soberana fue la gran arma de la querella poltica y terica

    entorno de las modalidades de poder de los siglos XVI y XVII. En el siguiente siglo

    (XVIII) volvemos a encontrarla, como versin decimonnica del derecho romano, en

    Rousseau y sus contemporneos, esta vez con un cuarto papel: en ese perodo se trata de

    edificar, contra las monarquas administrativas, autoritarias y absolutas, un prototipo

    alternativo, de las democracias parlamentarias[27]. Como se puede ver se puede decir

    que la teora de la soberana transita, durante este tiempo, de la cuestin de las

    monarquas, de los problemas de legitimidad planteados por el poder absoluto, por el

    poder real, a la cuestin de la legitimidad del poder en las repblicas. Ya no se trata de

    la soberana del soberano sino de la soberana del pueblo. En otras palabras, el pueblo es

    el nuevo soberano. Pero, entonces la figura del pueblo se construye sobre el arquetipo

    de la unicidad del poder, como un solo cuerpo ungido por la legitimidad popular. Bajo

    esta figura el pueblo transfiere el poder a sus representantes. Este es el acto supremo de

    construccin de la representacin como mediacin del poder. Se podra decir, con cierta

    aproximacin no exenta de equvocos, que, de esta forma, el poder ya no la ejerce el

    pueblo sino sus representantes. Esto es relativamente cierto, pues, en verdad, nadie deja

    de ejercer el poder, porque el poder atraviesa a todos, gobernantes y gobernados, como

    tambin a dominantes y dominados, todos lo usan, slo que unos de una determinada

    manera y otros de otra. Los representantes usan el poder de una manera unificada, como

    monopolio, en tanto que el pueblo usa el poder de una manera dispersa, fragmentada, en

    el contexto del tejido de relaciones que componen la sociedad. Se puede decir que los

    representantes ejercen el poder de forma institucional, de una manera molar, y que el

    pueblo ejerce el poder de forma espontnea, de manera molecular. Se produce un

    trastrocamiento, una desmesura, cuando se da lugar la revolucin, poniendo en suspenso

    el mapa institucional y los mecanismos de dominacin.

    Desarrollando los tpicos de la teora jurdica poltica, se puede decir que la teora de la

    soberana est enlazada a una forma de poder que se practica sobre la tierra y sus

    http://dinamicas-moleculares.webnode.es/#_ftn26http://dinamicas-moleculares.webnode.es/#_ftn27

  • productos, no tanto sobre los cuerpos y lo que hacen, como ocurre con otras formas de

    poder, como en el caso del diagrama de poder disciplinario. La teora de la soberana

    atae al traslado y usurpacin, no del tiempo y del trabajo sino de los bienes y la riqueza

    por parte del poder. La teora de la soberana accede transcribir en expresiones jurdicas

    unos compromisos intermitentes y habituales de preceptos, sin llegar a reglamentar una

    vigilancia perpetua; es una teora que faculta fundar el poder alrededor y desde la

    presencia fsica del soberano y no de los procedimientos incesantes y durables de

    vigilancia. La teora de la soberana es lo que permite fundar el dominio absoluto del

    poder; por lo tanto se est lejos del clculo del poder que establece el balance del

    mnimo de gastos y el mximo de eficacia[28]. Se puede decir que el diagrama del

    poder soberano comprende la administracin de las cosas y los recursos, en tanto que el

    diagrama de poder disciplinario trabaja sobre el tiempo de los cuerpos y el detalle de su

    anatoma, sus movimientos y su dinmica de una manera minuciosa.

    Se produce entonces una yuxtaposicin entre el diagrama de poder soberano y el

    diagrama de poder disciplinario, el discurso de la soberana es usado para encubrir los

    mecanismos de dominacin disciplinarios, en tanto que el discurso relativo al diagrama

    disciplinario de desarrolla como discurso de las ciencias humanas. Cuando la teora

    jurdica poltica abandona la cuestin de la monarqua para ocuparse de las democracias

    parlamentarias, la teora de la soberana fue, en el siglo XVIII y an en el XIX, un

    dispositivo discursivo crtico consistente contra la monarqua y todas las dificultades

    que podan oponerse al desenvolvimiento de la sociedad disciplinaria. Pero, tambin, de

    modo superpuesto, esta teora y la disposicin de un cdigo jurdico ajustado a ella

    permitieron entrecruzar a los mecanismos de disciplina un sistema de derecho que

    encubra sus procedimientos, que desvaneca lo que poda haber de dominacin y

    tcnicas de dominacin en la disciplina. En este contexto, la teora de la soberana

    reconoca a cada uno el ejercicio, a travs de la soberana del Estado, de sus propios

    derechos soberanos[29]. La soberana del Estado se convierte en un garante de los

    derechos individuales, de los derechos civiles y polticos, de los derechos humanos. El

    Estado, en otras palabras, la constitucin, es el marco jurdico de estos derechos. Dicho

    de otra manera, hay una concomitancia entre el Estado y los ciudadanos.

    Es importante entender que la teora de la soberana se plantea ineludiblemente fundar

    un ciclo, el ciclo del sujeto al sujeto (sbdito), exponer cmo un sujeto entendido

    como individuo dotado, naturalmente, de derechos, capacidades, facultades, atributos y

    potencialidades puede y debe trocarse en sujeto, pero entendido esta vez como unidad

    sometida en una relacin de poder. La soberana es la teora que va del sujeto al sujeto,

    que instaura la relacin poltica del sujeto con el sujeto. En este sentido, la teora de la

    soberana determina, en el comienzo, una multiplicidad de poderes que no lo son en

    sentido poltico del trmino, sino capacidades, posibilidades, potencias, y slo puede

    componerlos como tales, en el sentido poltico, con el requisito de haber conformado en

    el nterin, entre las posibilidades y los poderes, una situacin de unidad primordial y

    productora, que es la unidad del poder[30]. El Estado se yergue como monopolio

    poltico, pero tambin como dador poltico, como asignador poltico, no slo como

    garante sino tambin como distribuidor, pero tambin como promotor poltico.

    Como se puede ver, hay una relacin constitutiva entre Estado y sociedad, pero tambin

    una relacin de transferencia entre legitimidad y legalidad. La teora de la soberana

    expone cmo puede erigirse un poder no exactamente segn la ley sino segn una cierta

    legitimidad fundamental, ms fundamental que todas las leyes; se trata de una especie

    http://dinamicas-moleculares.webnode.es/#_ftn28http://dinamicas-moleculares.webnode.es/#_ftn29http://dinamicas-moleculares.webnode.es/#_ftn30

  • general de todas las leyes y que puede permitir a stas funcionar como tales. En otras

    palabras, la teora de la soberana es el ciclo de la legitimidad y la ley. Digamos que, de

    una u otra manera, la teora de la soberana conjetura al sujeto; seala a fundar la unidad

    esencial del poder y se despliega siempre en el elemento previo de la ley. Triple

    condicionalidad, por lo tanto: la del sujeto a someter, la de la unidad del poder a fundar

    y la de la legitimidad a respetar. Tringulo instituyente: sujeto, unidad de poder y

    ley[31].

    La soberana del Estado-nacin

    Se dice que el Estado creo la nacin y no la nacin al Estado, como se ha querido

    proponer de un modo retroactivo, en el despliegue del discurso de legitimacin del

    poder del Estado. Antonio Negri y Michel Hardt dicen que la concepcin de nacin se

    despleg en Europa sobre el suelo del Estado patrimonial y absolutista. El Estado

    patrimonial se defina como la propiedad del monarca[32]. Otra es la historia de los

    otros continentes, se puede decir que all lleg el Estado en su forma colonial, como

    expansin imperial, como administracin extraterritorial europea. Despus, la

    constitucin de los Estado-nacin en las excolonias intenta oponerse al colonialismo y

    salir del mismo, empero lo hace en el contexto mundial dibujado por la colonizacin, en

    cierta manera, en las jurisdicciones de las administraciones coloniales se instauran los

    Estado-nacin subalternos.

    Volviendo a la historia europea, los autores del Imperio[33] dicen que el cambio del

    modelo absolutista y patrimonial gravit en un desarrollo gradual que substituyo el

    cimiento teolgico del patrimonio territorial por un nuevo cimiento, igualmente

    trascendente. En el sitio dejado por el cuerpo divino del rey, ahora se colocaba la

    afinidad subjetiva de la nacin, la que formaba del territorio y la poblacin un pueblo

    ideal. Para exponerlo de un modo ms riguroso, el territorio fsico y la poblacin se

    imaginaron como la prolongacin de la substancia trascendente de la nacin. El

    concepto moderno de nacin heredaba as el cuerpo patrimonial del Estado

    monrquico y le inventaba una nueva forma[34]. El imaginario de la nacin se

    configura as sobre la base del arquetipo del cuerpo del Estado absolutista, la

    reconstruccin imaginaria invierte los trminos, la nacin se convierte en el origen del

    Estado, esta invencin histrica, esta reconstruccin actualizada del tiempo histrico,

    tiene que ver con los discursos de legitimidad, con la recomposicin del concepto de

    soberana. La nacin se convierte en la substancia trascendente que atraviesa los

    tiempos, en el espritu que se realiza en el Estado. En esta dialctica de objetivacin, la

    nacin se materializa en el territorio y la poblacin. Algo parecido, en un contexto

    distinto, es lo que sucede en las sociedades que fueron colonizadas, la nacin es un

    imaginario trascendente que fundamenta la independencia y la constitucin de los

    Estado-nacin, slo que en este caso se recurre a la re-significacin y reinterpretacin

    de las propias tradiciones. Visto de esta forma, habra que decir, que en ambos casos, la

    dialctica de la historia concibe la substancia trascendente de la nacin se cmo

    acontecimiento inmanente, como pasin, como sensibilidad social.

    El despliegue imaginario de la filosofa de la historia, sobre todo ante la evidencia de la

    crisis de la modernidad, que todo lo disuelve, la manera de solicitar soporte para el

    poder efmero de la soberana, como arreglo a la crisis de la modernidad, fue

    imputrselo inicialmente a la nacin y luego, cuando la nacin tambin se descubri

    como un recurso perecedero, arrogrselo al pueblo. Dicho de otra manera, as como el

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  • concepto de nacin consuma la nocin de soberana procurando que es preliminar a ella,

    el concepto de pueblo tambin perfecciona el de nacin en integridad de otra imagen

    simulada de retraccin racional. Cada paso metdico hacia a la zaga tiende a coagular el

    poder de la soberana ensombreciendo su plataforma, esto es, establecindose en la

    realidad del concepto. La afinidad de la nacin y ms an la homogeneidad del pueblo

    deben exhibirse como algo congnito y vernculo[35]. Otro tringulo constitutivo:

    Estado, nacin y pueblo.

    Teniendo en cuenta el tringulo constitutivo e instituyente de Estado, nacin y pueblo,

    haciendo una crtica al concepto de pueblo, Antonio Negri y Michael Hardt dicen que,

    aunque el pueblo se plantea como fundamento primigenio, la concepcin moderna del

    pueblo es en realidad producto del Estado-nacin y slo subsiste dentro de las

    condiciones ideolgicas concretas[36]. Ampliando, aproximando y articulando

    categoras, comprendiendo el contexto de la colonizacin, la mundializacin de la

    economa-mundo capitalista, la expansin integral de la dominacin de los Estado-

    nacin centrales, de los imperialismos sucesivos y del Imperio contemporneo, las

    categoras de nacin, pueblo y raza de ningn modo estn muy aisladas entre s. La

    arquitectura de una desigualdad racial categrica es el apoyo primordial para forjar una

    identidad nacional uniforme[37]. Los europeos se van a distinguir del resto del mundo

    mediante este procedimiento geopoltico de racializacin, que es otra manera de

    establecer la diferencia entre dominantes y dominados, colonizadores y colonizados,

    burgueses y proletarios. Por lo tanto se trata de homogeneizar y domesticar la

    diversidad y la diferencia de la multitud en la concepcin de pueblo. La similitud del

    pueblo se erigi sobre un mapa imaginario que escondi y excluy las diversidades y,

    en el nivel prctico, esto se troc en la sumisin racial y el saneamiento social[38]. Se

    trata de distinguir a escala mundial el pueblo blanco de las poblaciones morenas

    colonizadas, dominadas, explotadas y subordinadas a dominio imperialista, primero, y

    del imperio despus. En esta perspectiva, se puede decir que la otra maniobra

    substancial en la arquitectura del pueblo, facilitada por la primera, consisti en superar

    las diferencias internas ocasionando que un grupo, una clase o una raza hegemnica

    representaran a la poblacin en su conjunto. El racimo representativo es el apoderado

    diligente que est a la zaga de la vigencia del concepto de nacin[39]. En este sentido,

    representacin es no slo repeticin sino tambin represin, inhibicin, pero tambin

    expropiacin, usurpacin, de la expresin autentica de las poblaciones y las multitudes.

    Los Estado-nacin subalternos

    El hecho de que se instauren Estado-nacin en la periferia del sistema-mundo, como

    acto de liberacin, como accin anticolonial y acto descolonizador, muestra que la

    modernidad ha llegado a todas partes, nos ha comprometido a todos, al centro y a la

    periferia de la economa-mundo capitalista, a los pases imperialistas y a los pases

    colonizados. Sin embargo, el significado poltico del Estado-nacin no es el mismo en

    uno y otro lugar. En tanto que bajo la influencia de los dominadores el concepto de

    nacin suscita la estasis y la restauracin, bajo la influencia de los dominados es un

    instrumento empleado para provocar el cambio y la revolucin[40]. Podemos decir, de

    cierta manera, haciendo un balance histrico que si bien la construccin imaginaria de la

    nacin precede a la formacin del Estado en Europa, como hemos visto, en cambio en

    los territorios colonizados va a ser una nocin que antecede a la construccin del

    Estado. Esta historia no se da de la misma manera aqu y all, hay que considerar las

    diferencias contextuales histrico-polticas, empero lo que importa, para contrastar, es

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  • constatar la diferencia, la forma invertida en la que se da la conformacin del Estado-

    nacin en la periferia. En este mbito del mundo, si se puede hablar as, de alguna

    manera, la nacin construye al Estado, la comunidad imaginada, a decir de Benedic

    Anderson, construye la materialidad institucional, jurdico-poltica, del Estado.

    Se puede decir que el nacionalismo de los pases dominados se comporta de una manera

    antiimperialista y anticolonial. La complexin progresista del nacionalismo subalterno

    resulta determinada por dos aplicaciones bsicas, ambas en alto grado inciertas. Ante

    todo la nacin se ostenta como progresista en consonancia con la lnea de defensa contra

    la dominacin de naciones ms poderosas y de fuerzas exteriores econmicas, polticas

    e ideolgicas[41]. De esta forma, el nacionalismo subalterno ingresa a la modernidad,

    pero buscando en ella condiciones de igualdad entre los Estado-nacin. Desde esta

    perspectiva, la modernidad no es solamente la cultura donde todo lo solido se desvanece

    en el aire, la experiencia de la vertiginosidad y el suspenso, la volatilidad y la velocidad,

    del trastrocamiento y de la transformacin, sino tambin la cultura de la equivalencia y

    del intercambio, de la analoga y la similaridad, aunque tambin de la mimesis y la

    simulacin, as mismo de la comunicacin y de la virtualidad. Aunque en este contexto

    se logra la liberacin nacional, el concierto de las naciones, el mundo conformado por

    Estado-nacin, no logra resolver el problema de la reiteracin de las desigualdades en

    otras condiciones. No solamente hablamos de las desiguales condiciones de intercambio

    en el mercado internacional sino tambin sino de la reproduccin de nuevas formas de

    dominacin, que se ha venido en llamar neocolonialismo. No hablamos del

    colonialismo interno que suscitan las nuevas repblicas, sino de las condiciones de

    subalternidad en las que se encuentran los Estado-nacin de la periferia respecto al

    centro del sistema-mundo. De todas maneras, ambas formas, el neocolonialismo a

    escala mundial y el colonialismo interno parecen complementarse. Por eso, se puede

    decir que, en cada uno de estos casos, la nacin es progresista estrictamente como una

    lnea fortificada de defensa contra fuerzas exteriores ms poderosas. Sin embargo, as

    como se presentan progresistas en su puesto protector contra la dominacin extranjera,

    esas mismas murallas pueden pasar cmodamente a ejercer un papel inverso en

    correlacin con el interior que protegen[42].

    La dialctica de la soberana colonial

    Hablamos de la crisis de la modernidad, o mas bien, entendemos la modernidad como

    crisis, y lo hemos hecho entendiendo esta crisis como crisis de legitimidad, crisis de la

    soberana, crisis del poder, de la reproduccin del poder, por lo tanto, crisis de

    representacin, crisis de las instituciones, crisis del discurso jurdico-poltico frente a la

    elocuencia de los acontecimientos que se mueven en el mbito histrico-poltico.

    Tambin podemos hablar de crisis de las sociedades modernas, en el sentido ms

    material del trmino, como crisis orgnica y estructural del capitalismo, por eso mismo

    crisis del orden social, de la estructura de clases, comprendiendo a esta crisis como

    lucha de clases, por eso concibiendo esta crisis como revolucin, como devenir de la

    potencia social, como desplazamiento del poder constituyente, por lo tanto como

    democracia. En este sentido entendiendo la democracia como suspensin de los

    mecanismos de dominacin[43]. En la medida que el mundo es mundo desde el

    descubrimiento de Amrica, a medida que el mundo se hace mundo con las conquistas y

    las colonizaciones, con la expansin del sistema-mundo capitalista, convirtindose en

    economa-mundo, la crisis de la modernidad adquiere otras connotaciones, la crisis de la

    modernidad es tambin crisis de la colonialidad. La crisis de la modernidad sostuvo

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  • desde el comienzo una relacin intrnseca con la subordinacin racial y la

    colonizacin[44]. El decurso de la modernidad es contradictorio, por una parte expande

    la utopa de la universalidad, pero por otra parte recrea en otras condiciones las

    cartografas del poder, la geografa de las dominaciones, la geopoltica imperialista. Este

    decurso de la modernidad es contradictorio y parece no poder resolverse sino en tanto

    no se configure una alternativa a la modernidad. De todas maneras, el componente

    utpico, el componente quimrico de la globalizacin es lo que imposibilita caer

    llanamente en el particularismo y el recogimiento como resistencia a las fuerzas

    totalizadoras del imperialismo y la dominacin racista, y lo que, en cambio, nos inspira

    a concebir un propsito contra la globalizacin, un proyecto contra el imperio[45].

    Viendo retrospectivamente, el capitalismo habra surgido en Europa gracias a la sangre,

    el sudor y las lgrimas de los pueblos no europeos conquistados y colonizados[46].

    Visto de esta forma, el capitalismo no puede comprenderse slo a partir de la lucha de

    clases en Europa, entre obreros y burgueses, a partir de la teora del modo de

    produccin capitalista, sino que debe necesariamente incorporarse para su comprensin

    la lucha de los pueblos colonizados. Esto requiere unas teoras plurales de las

    formaciones econmicas sociales, esto conduce a pensar en el devenir, conformacin,

    consolidacin y crisis de la economa-mundo capitalista.

    Bajo estas consideraciones, con todo, la produccin de los esclavos de Amrica y el

    comercio de Esclavos africanos, la indemnizacin, la homogenizacin clasificada de los

    pueblos nativos, no fueron slo, o predominantemente, una transicin al capitalismo.

    Compusieron un cimiento realmente estable, una plataforma de sobreexplotacin sobre

    la cual se edific el capitalismo europeo. Y aqu no hay ninguna contradiccin: la mano

    de obra esclava de las colonias, la mano de obra servil de los nativos, hizo posible el

    capitalismo europeo y el capitalismo europeo no tena ningn inters en renunciar a

    ella[47]. Qu papel jugaron las burguesas, tanto centrales como perifricas, en esta

    expansin arrasadora del capitalismo y la modernidad? En este sentido, ms que delatar

    la irracionalidad de la burguesa, lo imprescindible aqu es entender hasta qu punto la

    esclavitud y la servidumbre puede ser ntegramente compatible con la produccin

    capitalista, como engranajes que restringen la movilidad de la fuerza laboral y

    entorpece sus movimientos. La esclavitud, la servidumbre y todas las dems formas de

    disposicin restrictiva de la mano de obra desde los culies del Pacfico hasta los

    peones rurales de Amrica Latina, el apartheid de Sudfrica son todos componentes

    inherentes a los procesos del desarrollo capitalista[48].

    Podemos hacer una lectura dialctica de la colonizacin, el colonialismo homogeniza

    las diferencias sociales reales instituyendo una anttesis perentoria que lleva las

    diferencias a un extremo absoluto y luego subsume la tesis y la anttesis en la

    construccin de la civilizacin europea. Empero, la realidad no es dialctica; el

    colonialismo lo es[49]. Michel Foucault deca que la burguesa era dialctica pues haba

    hecho la sntesis del modelo monrquico, el modelo jurdico poltico, con la guerra de

    razas, la guerra de naciones, entre conquistados y conquistadores, con la lucha de clases,

    el modelo histrico-poltico. Ahora, Antonio Negri y Michael Hardt dicen que la

    dominacin colonial es dialctica, pues habra hecho la sntesis entre el modelo colonial

    de dominacin excluyente y racial, con la violencia revolucionaria y antiimperialista de

    los pueblos colonizados, en la conformacin de un orden mundial multinacional, que se

    basa en la supuesta igualdad de los Estado-nacin, de acuerdo al derecho internacional,

    y sin embargo vuelve a restaurar la diferencial condicin de dominacin y

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  • subordinacin. El colonialismo es una mquina abstracta que produce alteridad e

    identidad. El primer resultado de la lectura dialctica es pues el falseamiento de la

    diferencia racial y cultural. Esto no significa que, una vez exploradas como

    construcciones postizas, las identidades coloniales se precipiten en el aire; son figuras

    reales y continan desempendose como si fueran fundamentales. Esta comprobacin

    no es una poltica en s misma, sino que estrictamente seala la posibilidad de una

    poltica anticolonial. En segundo lugar, el razonamiento dialctico deja claro que el

    colonialismo y las representaciones coloniales se fundan en una violenta lucha que debe

    renovarse permanentemente. El s mismo europeo necesita ejercer la violencia y

    necesita afrontar a su Otro para sentir y mantener su poder, para de este modo rehacerse

    continuamente[50].

    Como respuesta a la dialctica positiva de la dominacin colonial, los pueblos

    colonizados, en lucha por su emancipacin, desarrollan una dialctica negativa. La

    mayora de las veces, la dialctica negativa fue concebida en trminos culturales, por

    ejemplo, como proyecto de la negritud, el intento de descubrir la esencia negra o revelar

    el alma negra. De acuerdo con esta lgica, la respuesta a las representaciones

    colonialistas debe implicar la creacin de representaciones recprocas y simtricas[51].

    Esta inversin del mundo de las representaciones pretende invertir el mundo de las

    relaciones de poder y de los sujetos involucrados en ellas. Sin embargo, la inversin de

    la estructura colonial no hace otra cosa que conservar la estructura misma, cuando de lo

    que se trata es de ir ms all de esta estructura. De este modo, puede continuarse por

    otros caminos el colonialismo y la colonialidad, aunque hayan sido cuestionados,

    aunque hayan sido rechazados violentamente, en la medida que quede la huella de su

    memoria, pueden repetirse en otras condiciones. A pesar de la congruente lgica

    dialctica de esta poltica cultural sartreana, la estrategia que propone nos parece

    consumadamente ficticia. La pujanza de la dialctica, que en manos del poder colonial

    desfigura la realidad del mundo colonial, se patrocina nuevamente como parte de un

    proyecto anticolonial como si la dialctica fuese en s misma la forma real del

    movimiento de la historia. Sin embargo, ni la realidad ni la historia son dialcticas y

    ninguna gimnasia retrica idealista puede hacerlas entrar en un orden dialctico[52]. La

    violencia inicial de dominacin se inscribe en el cuerpo, esta violencia acumulada en el

    espesor del cuerpo se revierte contra los opresores, esta violencia parece liberarnos, sin

    embargo, en la medida que no trascienda la estructura colonial, en la medida que no

    trastroqu el modelo colonial, no termina emancipando a los sojuzgados. La coyuntura

    original de la violencia es el del colonialismo: la dominacin y la explotacin de los

    colonizados por parte de los colonizadores. La segunda coyuntura, es decir, la

    revelacin de los colonizados a la violencia original, puede adquirir en el contexto

    colonial todo tipo de formas desmedidas. El hombre colonizado manifestar primero la

    agresividad que le fue depositada en sus huesos contra su propia gente[53]. La

    violencia depositada en los huesos se revierte contra los colonizadores, pero en la

    medida que no logra abolir la geopoltica y la anatoma de la dominacin, no termina de

    liberarnos de la superacin dialctica del colonialismo.

    En esta perspectiva, el concepto mismo de soberana nacional liberadora es vacilante, si

    no ya completamente contradictorio. Mientras este nacionalismo pretende liberar a la

    multitud de la dominacin extranjera, erige estructuras internas de dominacin que son

    igualmente implacables[54]. El Estado-nacin postcolonial funciona como un aparato

    primordial y dependiente de la distribucin global del mercado capitalista. Como

    sostiene Partha Chatterjee, la liberacin nacional y la soberana nacional no slo son

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  • impotentes contra esta jerarqua capitalista global, sino que adems contribuyen

    espontneamente a preservar su organizacin y funcionamiento[55].

    Todo el proceso lgico de representacin podra resumirse del modo siguiente: el

    pueblo representa a la multitud, la nacin representa al pueblo y el Estado representa a

    la nacin[56].

    Neo-nacionalismo y neo-colonialidad

    La problemtica indgena es mltiple, est ligada al problema colonial, a la

    colonialidad y, por lo tanto tambin a la descolonizacin. Ciertamente, por eso mismo,

    a la emancipacin y liberacin, as como a la profundizacin de la democracia, al

    despliegue y realizacin de la democracia participativa, del ejercicio plural de la

    democracia, en tanto democracia directa, democracia representativa y democracia

    comunitaria. Pero, la pregunta que debemos hacernos es para quin es un problema el

    indio? Quines consideran que es un problema? Esta pregunta, este problema, este

    quines, est vinculado a los conquistadores, a los colonialistas, a los espaoles, a los

    criollos y mestizos. Es decir, a las clases dominantes. Todos ellos consideran que es un

    problema el indio, todos ellos se hacen la pregunta qu hacer con los indios? Esta

    pregunta es reiterativa en las castas criollas. Una constante. Esta pregunta puesta a

    propsito, pero tambin recogiendo la preocupacin de los gobernantes desde los inicios

    mismos de la repblica, saltando la etapa de los caudillos letrados, pasando por los

    periodos liberales y republicanos, recogiendo las imgenes dramticas o ilusorias

    dejadas por los escritores, ingresando a las polticas y procedimientos nacionalistas de

    homogeneizacin. Hasta ah la pregunta, ese es el momento donde se pierde pues se

    considera que el indio ha sido incorporado como campesino al Estado boliviano desde

    la reforma agraria. Se puede decir que es la pregunta que se hacan las oligarquas

    criollas y mestizas, los gobernantes, que eran como sus representantes. El problema

    desde la reforma agraria va a ser planteado de otra manera tanto por los nacionalistas

    como por los izquierdistas, as tambin, ms tarde, por los neoliberales. El problema va

    ser planteado desde la perspectiva desarrollista, pero tambin clientelar, teniendo en

    cuenta el caudal masivo de votacin que significaban las poblaciones nativas. El

    nacionalismo incorpora al indio en un fallido proyecto desarrollista va farmer,

    incipiente y sin recurso; en todo caso, acompaada esta incorporacin, tambin este

    proyecto desarrollista, con mucho show publicitario en inauguraciones pomposas de

    inauditas instalaciones prricas. Si hacemos una evaluacin de la reforma agraria, del

    tamao de los desafos de la reforma agraria y la magnitud exigida por los

    requerimientos del desarrollo agrario, veremos que el nacionalismo se inclin por el

    teatro poltico y no por la materializacin completa, integral y consecuente de la

    reforma agraria. El imaginario de la izquierda va incorporar al campesino en una

    proyectada alianza de clases obrero-campesina, en la perspectiva de la revolucin

    socialista. Ms tarde, los neoliberales despliegan polticas de descentralizacin

    administrativa contando con recursos de la coparticipacin, adems de intentar una

    reforma educativa intercultural, en los cdigos del multiculturalismo liberal. Como se

    puede ver la pregunta oligrquica y racial prcticamente desaparece en otro contexto de

    sometimiento y dominacin, el de la modernidad perifrica del Estado-nacin,

    desplegada en sus distintas versiones, la nacionalista, la izquierdista y la neoliberal. Lo

    que viene desde el los levantamientos semi-insurreccionales y los movimientos sociales

    del 2000 al 2005 es otra cosa, son otras preguntas, que tienen que ver ms bien con qu

    hacemos con el Estado? Cmo iniciamos la descolonizacin? Estas preguntas ahora no

    http://dinamicas-moleculares.webnode.es/#_ftn55http://dinamicas-moleculares.webnode.es/#_ftn56

  • se hacen las oligarquas criollas sino las propias mayoras nativas, prioritariamente

    indgenas, en sus distintas formas de manifestacin cultural, articulaciones e identidades

    colectivas. Entonces la pregunta qu hacer con los indios? es tambin una pregunta

    desactualizada, corresponde a otra poca, anterior a la reforma agraria de 1953. Esta es

    una de las razones por las que tratamiento de esta pregunta no logra comprender el

    contexto actual, tampoco ubicarse en el presente intenso abierto por los movimientos

    sociales. No logra interpretar las problemticas inherentes a los desafos y a las

    contradicciones de un proceso en curso. Esta es tambin una de las razones por las que

    la ilusin desarrollista cae en la defensa de un nacionalismo trasnochado y sin

    perspectivas en la coyuntura y en la transicin, en los dilemas y vicisitudes de un

    proceso descolonizador que se plantea como tarea la fundacin de un Estado

    plurinacional comunitario y autonmico.

    El discurso neo-desarrollista, correspondiente al neo-populismo, a la restauracin

    nacionalista y sobre todo a la ilusin desarrollista, pretende relativizar o hacer esfumar

    esta problemtica colonial. Su descubrimiento a travs de investigaciones acadmicas

    de diferenciales y tpicos distintos del entramado de las identidades en mundos

    heterogneos y de heterogneas modernidades le lleva a suponer que el tema indgena

    es utpico, romntico, ancestral y esencialista. Como si fuese un invento de

    fundamentalistas. Olvida que las estructuras coloniales no desaparecen por gracia de la

    filigrana de los detalles, de la elocuencia de las diferencias y las riquezas de las vidas

    culturales. Al contrario, es como las estructuras coloniales se restauran al modernizarse

    y complejizarse. Lo que se hace es revalorar una especie de reinvencin del

    nacionalismo, en oposicin a los proyectos descolonizadores e interculturales

    emancipadores.

    Cuando se vuelve a hacer la pregunta qu hacer con los indios? Se lo hace ahora de

    una manera ms trabajada y quizs ms elaborada, de alguna manera mejor informada;

    en todo caso, esta apologa, termina haciendo como un resumen descriptivo de la

    historia de los discursos sobre el indio, de las imgenes del indio de los escritores e

    intelectuales, liberales, indigenistas, nacionalistas, tambin izquierdistas. Esta apologa

    es como un estado del arte, da cuenta de los sedimentos acumulados en una formacin

    discursiva criolla y mestiza. Hasta ah podemos considerarla como un aporte en tanto

    descripcin de una discursividad, de un estilo discursivo. El problema aparece cuando

    se intentan sacar conclusiones apresuradas, despus del balance; lo primero que se

    observa es que se trata de conclusiones, no slo apresuradas, sino que terminan

    formando parte de estas sedimentacin prejuiciosa, de esta geologa de prejuicios,

    estratificada en la formacin discursiva acumulada. Las conclusiones se acoplan a esta

    sedimentacin ideolgica como otros prejuicios ms. Este bagaje ideolgico no logra

    entrever los proyectos emancipatorios de los movimientos indgenas presentes y reales,

    no imaginarios, no logra ubicarse en el presente del proceso constituyente y del proceso

    descolonizador, tampoco en el horizontes del desafo del Estado plurinacional

    comunitario y autonmico. En este sentido, en la diseminacin del espacio semntico,

    en el despliegue bullente de significaciones, atingentes a las elucidaciones, se trata de

    un discurso anacrnico, desactualizado.

    Empero retomemos en el anacronismo, en la extemporaneidad, analogas y

    reminiscencias, conexiones y permanencias, pervivencias que pueden estar presentes en

    el presente, en el momento de transicin descolonizadora iniciada por los movimientos

    sociales y las naciones y pueblos indgenas originarios campesinos. Sobre todo

  • interesan estas pervivencias para interpretar las contradicciones inherentes al proceso en

    curso. Algo que es indispensable, comparar lo que llamaremos la irrupcin de la plebe,

    con toda su composicin heterognea, trabajadores, gremiales artesanos, en vinculacin

    con los intelectuales y oficiales de los estratos urbanos medios, en franco conflicto con

    la descomposicin del llamado Estado oligrquico. Despus de la Guerra del Chaco

    (1932-1935) los oficiales retornan con el proyecto del socialismo militar, marco en el

    cul se dan varios acontecimientos sucesivos, la Convencin Constituyente que escribe

    la Constitucin del trabajo de 1938, la nacionalizacin de la Standard Ol de 1939, el

    Congreso Indigenal de 1945 y la Revolucin Nacional de 1952. Lo que es importante

    retener de todo esta periodizacin emergente del nacionalismo revolucionario es el

    conjunto de articulaciones de la construccin de su hegemona, que perdura hasta la

    cada de las gestiones dramticamente contradictorias de la Revolucin Nacional en

    1964. Estas articulaciones plebeyas e institucionales, que incluyen a los sindicatos

    campesinos y en una primera etapa a los sindicatos obreros, parecen reaparecer en el

    proceso abierto por los movimientos sociales, naciones y pueblos indgenas originarios

    campesinos durante el ciclo de luchas sociales de 2000 al 2005. Esto hace pensar a

    algunos analistas que nuevamente se trata de un proyecto nacionalista retomado y

    reforzado con el ingrediente indianista; se tratara de la indianizacin del nacionalismo.

    Empero no nos dejemos llevar por estas analogas pues no son suficientes para calificar

    y definir el proceso que vivimos. Las diferencia son importantes y fundamentales, no

    hay partido ni vanguardia, no es ninguna oficialidad del ejrcito, no se da el

    enfrentamiento contra el Estado oligrquico, forma al fin o nombre popular del Estado

    liberal criollo, sino contra el Estado mismo boliviano, el Estado-nacin, llamado Estado

    colonial en su devenir histrico. Se trata de movimientos, de multitudes movilizadas y

    autoconvocadas, se trata de proyectos autogestinarios y anticoloniales, aunque tambin

    de fabulosos movimientos urbanos que exigen la autogestin del agua as como la

    nacionalizacin de los hidrocarburos. Se trata de un proceso constituyente que apunta a

    la fundacin del Estado plurinacional comunitario y autonmico. Estas diferencias

    muestran un horizonte distinto al vivido desde la postguerra del Chaco hasta el golpe

    militar de 1964. Las diferencias valen ms que las propias analogas para entender la

    magnitud de la crisis mltiple del Estado y el proceso en curso. Ahora bien, las

    analogas hay que tomarlas como parte de las contradicciones inherentes al proceso, la

    herencia de la memoria del nacionalismo revolucionario todava diseminado en las

    formas de articulacin entre el Estado-nacin y las demandas de la composicin

    abigarrada de la plebe, en la reiteracin del clientelismo poltico y la prebenda poltica.

    Sin embargo, este es el peso que ancla a la transicin al pasado; en tanto que lo que ha

    aparecido como nuevo apunta a un porvenir distinto, la construccin de la interpelacin

    poltica desde la movilizacin social y la construccin de la interpelacin

    descolonizadora desde las estructuras de las organizaciones indgenas. Lo que muestra

    que no ocurre como creen los analistas mencionados, la presencia de un fantasma, la

    aparicin de la imagen mtica del indio. Hablamos de organizaciones reales, de

    demandas concretas de reconstitucin y reterritorializacin.

    En relacin a los desplazamientos demogrficos, es cierto que las mayoras indgenas se

    encuentran en las ciudades, esto da lugar a identidades colectivas diferenciales,

    complejas y en permanente transformacin. Pero esta situacin no descarta el proyecto

    descolonizador de los movimientos sociales, al contrario, lo revive en sus mltiples

    formas y niveles. En octubre del 2003 se evidencio la manifestacin pblica de una

    consciencia aymara, una identidad aymara, que dio lugar a gigantescas marchas de

    campesinos, vecinos, gremialistas, sastres, carniceros, que salieron a defender a los

  • hermanos masacrados en Ilabaya y Warisata. La frase elocuente y repetida por los

    contingentes de los bloqueos y las marchas fue: nos estn masacrando, nos estn

    matando, unos decan como ovejas, otros decan como perros. Esta identidad propia

    construida a partir de la multiplicidad de diferencias muestra la fuerza poltica del

    proyecto descolonizador. Esto es lo que excede a las distinciones, lo que excede a las

    especificidades y localismo, es el sentido histrico y poltico construido, es lo que

    marca la gran diferencia con el nacionalismo revolucionario. La identidad aymara

    define esta configuracin en los comportamientos colectivos; en cambio la identidad

    quischwa es ms complicada en su construccin, pues se halla distribuida en distintos

    sujetos y lugares de enunciacin, los ayllus del sur, las minas de Oruro y Potos, los

    sindicatos campesinos quischwas, las federaciones cocaleras del chapare, los migrantes,

    interculturales y asentamientos urbanos. Los unifica, adems de la lengua, cierta

    cohesin flexible de esquemas de comportamiento e imaginarios mixtos. La

    enunciacin descolonizadora tambin atraviesa los distintos niveles, territorios,

    localidades, identidades colectivas, diferenciadas. La construccin de las identidades

    indgenas en tierra bajas es ms exigente por la condicin de minoras tnicas, sin

    embargo, una voluntad frrea ha logrado no solamente conformar y consolidar una

    organizacin nica, la CIDOB, sino plasmar sus reivindicaciones en la Constitucin.

    Est claro que los sujetos indgenas no son ya los sujetos convocados, como en el caso

    del nacionalismo revolucionario y los discursos de izquierda obrerista, sino que se trata

    ahora del sujeto articulador de lo plural en un proyecto abiertamente plurinacional y

    comunitario. Ciertamente las dificultades y contradicciones de la transicin se han

    transferido al aparato estatal y al gobierno; esto se expresa como crisis de disyuncin.

    Pero estas dificultades no quieren decir que no haya un proceso de descolonizacin ni

    haya un horizonte plurinacional; no se puede sostener que estas dificultades muestran el

    eterno retorno del nacionalismo. Esta es una conclusin fcil, empero extempornea. La

    dificultades y contradicciones contemporneas slo se pueden interpretar a partir del

    horizonte abierto, descolonizador, plurinacional y comunitario.

    En lo que respecta a la historia de lo nacional-popular, se puede decir que el balance

    que va hasta 1964 logra una adecuacin histrica, basada en buena fuentes y en la

    literatura conocida, empero el balance que prosigue de 1964 adelante exige

    actualizacin y sensibilidad ante las variaciones y los desplazamientos del devenir

    poltico, si no se tiene en cuenta las transformaciones en horizonte histrico, puede

    adolecer de falencias y debilidades, quizs porque las fuentes no sean las adecuadas o

    porque no se llega a tener la informacin requerida, tampoco se puede llegar a contar

    con la experiencia vivida, adems que, en la medida que se toma posiciones, estas

    pueden soslayar un anlisis y una discusin adecuada a los contextos y coyunturas

    polticas. Por ejemplo, la apresurada caracterizacin de general populista a Ren

    Barrientos Ortuo obvia temas importantes, como el contexto de la guerra fra y la

    poltica norteamericana de imponer dictaduras militares en Amrica Latina. Por otra

    parte, es problemtico e insostenible que lo que deviene de 1964 adelante se muestre

    como una continuidad del proceso de la Revolucin Nacional de 1952 a 1964, cuando

    es mas bien una ruptura militar, un golpe de Estado, con respecto a esta revolucin lo

    que se produce. La conspiracin e intervencin norteamericana es evidente, sobre todo

    de la CIA, no slo de la embajada, en el derrocamiento del ltimo gobierno del periodo

    de la Revolucin Nacional. La poltica de desnacionalizacin y de desmantelamiento de

    COMIBOL tambin es evidente cuando el gobierno de Ren Barrientos Ortuo levanta

    las reservas fiscales de COMIBOL favoreciendo el crecimiento de la empresa minera

    mediana, de donde va emerger precisamente Gonzalo Snchez de Lozada. El General

  • Patio, alto funcionario de gobierno, que preside COMIBOL y define las polticas

    mineras, va desplegar una poltica puntillosa de desnacionalizacin, atentando contra la

    gran corporacin estatal. Estas ausencias en la descripcin, estas imprecisiones

    flagrantes en el anlisis, son en realidad grandes errores histricos de percepcin.

    Otro tema importante es el que tiene que ver con la historia de los sindicatos

    campesinos, su crisis, cuando se da la masacre del valle (1974), y la reemergencia

    organizativa sindical acompaada de una fluyente influencia de las corrientes kataristas

    e indianistas, que haban venido viviendo un proceso acumulando desde la dcada de

    los sesenta. En este contexto, vinculado a la historia del sindicalismo, se produce el

    despliegue del proyecto de reconstitucin de los ayllus. Al respecto, en lo relativo a la

    percepcin nacionalista, se desprende que sta es frgil y rpida, remonta los hechos de

    pasada, superficialmente, sin detenerse en la interpretacin; deja inerme la discusin,

    arrojando apresuradamente apreciaciones que pretende apoyar la estrategia organizativa

    de los sindicatos y criticando la supuesta utopa del proyecto de reconstitucin de los

    ayllus. La cosa no es tan sencilla como se la presenta, la conformacin de los sindicatos

    en las ex-haciendas no se da de una manera tan simple, sobre todo por el sustrato de las

    relaciones comunitarias y la relacin con la tierra y las aynocas. Por otra parte la

    relacin de los sindicatos con los ayllus es realmente compleja por las sedimentaciones

    en la memoria de los comportamientos y los mandos. El retorno al proyecto de los

    ayllus y de reconstitucin de los suyus est conectado con estructuras de larga duracin,

    no slo con la memoria larga, que la perspectiva nacionalista pone en entredicho o

    sencillamente la desconoce olmpicamente. Esta facilidad como se resuelven problema

    histricos, de organizacin e institucionales-culturales sorprende. Se nota que se

    desconoce toda la discusin y todas las investigaciones etnohistricas, etnolgicas y

    etnogrficas que se han hecho al respecto. La forma con la que se acude a una lectura

    rpida de las investigaciones de Xavier Alb para describir el faccionalismo indgena

    nos traslada a una descripcin puntillosa de las divisiones y defecciones del katarismo y

    del indianismo, empero no logra hacer el balance interpretativo del recorrido del

    discurso katarista y de su proyecto histrico poltico y cultural. Se entiende que estos

    apresuramientos tienen que ver con las conclusiones osadas a las que se quiere llegar.

    La evaluacin del periodo neoliberal (1985-2005) requiere de la consideracin del

    contexto internacional en el despliegue de las fases de aplicacin del proyecto

    neoliberal, se debe profundizar en las razones intrnsecas del proyecto neoliberal;

    cuando no se hace esto, el neoliberalismo queda como ancdota boliviana, circunscrita a

    una historia local de alianzas del MNR y el katarismo de Vctor Hugo Crdenas. Se

    obvia lo importante; ante la crisis de sobreproduccin del capitalismo, arrastrada desde

    los aos de la dcada de los setenta, extendida en la dcada de los ochenta y con

    consecuencias en los noventa del siglo XX, el proyecto neoliberal responde con una

    estrategia de financiarizacin de la crisis, mediante la conformacin de burbujas

    financieras y procedimientos especulativos, acompaados por lo que se llama el retorno

    al procedimiento de desposesin violento de recursos naturales, empresas pblicas y

    ahorro de los trabajadores, es decir, la retoma de la acumulacin originaria de capital

    ante la crisis de la acumulacin ampliada de capital[57]. El sentido destructivo del

    proyecto neoliberal se encuentra en esta estrategia imperial, soslayada por la perspectiva

    nacionalista, que la toma como una combinacin sugerente de muerte del capitalismo de

    Estado, achicamiento estatal, incentivos al capital internacional combinadas con

    medidas derivadas del multiculturalismo liberal. Esto es digno de un reportaje

    anecdtico que no toma en cuenta las condicionantes y determinantes primordiales. No

    http://dinamicas-moleculares.webnode.es/#_ftn57

  • de otra forma podramos explicar el alcance destructivo de la economa y el espacio

    productivo nacional de la implementacin dogmtica del neoliberalismo. Tampoco

    podramos explicar el alcance del costo social y la reaccin resuelta de los movimientos

    sociales. Se deja, como en otros casos, muchos cabos sueltos.

    Lo mismo pasa cuando se describe la experiencia poltica de CONDEPA; se muestra el

    itinerario alucinante del compadre Carlos Palenque y la comadre Mnica Medina desde

    la Tribuna del Pueblo en RTP hasta su gravitante participacin poltica en la regin

    andina, bsicamente del departamento de La Paz. Se hace esto no tanto para poner en

    escena un fenmeno poltico contemporneo de las nuevas formas del populismo como

    para tratar de demostrar otras estrategias mestizas de empoderamiento, irrupcin

    poltica y modernizacin. Descartando sueltamente la atmsfera ideolgica y de

    imaginarios culturales configurada por el discurso poltico y cultural katarista, por

    formas actualizadas de memorias que remontan su larga duracin. Se critica con una

    desfachatez conmovedora la hiptesis interpretativa de Silvia Rivera Cusicanqui de la

    manipulacin de smbolos culturales andinos. Se lo hace sin discutir a fondo estos

    problemas, slo para rebatir someramente lo que se considera que es una construccin

    romntica de las resistencias ancladas en la recuperacin de las instituciones ancestrales.

    Esta es una discusin imaginada por la perspectiva nacionalista, como su esquematismo

    simpln del debate entre los pachamamicos y modernicos. No hay tal cosa,

    tampoco una construccin romntica de retorno a los ancestros. Lo que se ha

    interpelado en las investigaciones de Silvia Rivera Cusicanqui son las estructuras y

    relaciones de dominacin pervivientes en la colonialidad y en el colonialismo interno de

    las formaciones sociales configuradas por la herencia colonial. Lo que se interpela es la

    violencia simblica, adems de las violencias descarnadas, las subjetividades

    subordinadas y los imaginarios y representaciones sociales que los acompaan. La

    descolonizacin implica quebrar estas relaciones de dominacin y sustituirlas por

    relaciones emancipatorias que irrumpan en los mltiples escenarios sociales, polticos,

    econmicos y culturales inventando modernidades heterogneas y alternativas. Se puede

    decir, que desde esta perspectiva nacionalista, no se ha entendido la discusin

    desplegada por lo menos dos dcadas atrs; los analistas nacionalistas estn peleando

    contra sus propios fantasmas, utopistas, romnticos fundamentalistas; no ingresan en el

    debate sobre la descolonizacin. Por eso se cree decir algo ingenioso cuando se recupera

    las identidades cholas y mestizas. Estas identidades fueron estudiadas en sus

    manifestaciones diferenciales, conductas y vestimentas, como parte de la proliferacin

    de resistencias e invenciones de las identidades colectivas emergentes. No est en

    discusin si hay o no cholos o mestizos, cholas y mestizas; lo que est en discusin es la

    genealoga e historicidad de su propia matriz histrica, las resistencias, rebeliones,

    levantamientos, estrategias y tcticas de los y las colonizadas. La pregunta con la que

    hay que empezar es: Hay un proyecto descolonizador? La revisin histrica nos

    muestra que s, que este proyecto ha atravesado distintos escenarios, distintos contextos,

    distintas coyunturas, diferentes periodos, por lo tanto ha plasmado formas y estrategias

    cambiantes retomando una lucha mltiple contra las dominaciones polimorfas.

    Uno esperara que la parte ms fuerte de la perspectiva nacionalista sea la que est

    dedicada a la evaluacin del MAS; sin embargo, adems de toparse con cosas ya dichas

    en investigaciones descriptivas del MAS-IPSP, sorprende el estancamiento en

    interpretaciones consabidas; se dice que se trata de una nueva versin del nacionalismo;

    lo que pasa es que ahora el nacionalismo se ha indianizado. Qu quiere decir esto?

    Qu los nacionalistas ahora llevan poncho y que tienen la piel cobriza, a diferencia de

  • los nacionalistas blanco-mestizos? Qu cambios se supone que hay en todo esto? No se

    ha tomado en serio la hiptesis de las estrategias emergentes de lo nacional-popular, no

    se ha estudiado detenidamente la obra de Ren Zavaleta Mercado, aunque sea

    demorndose en el libro pstumo Lo nacional popular en Bolivia[58]; tampoco se ha

    tomado en serio el gran ensayo de Luis H. Antezana sobre el discurso del nacionalismo

    revolucionario[59], donde lanza la hiptesis de la figura de la herradura del cincuenta y

    dos, que muestra la gama y las variantes mltiples del nacionalismo revolucionario, que

    articulan, en una dilatada alianza y conflicto de clases, desde a la clase obrera hasta las

    clases medias altas, pasando por las clases campesinas. El anlisis semiolgico de Luis

    H. Antezana nos muestra una formacin enunciativa convocativa e interpeladora,

    flexible y articuladora de distintos imaginarios, que sufren transformaciones por

    isomorfismos, capaz de enlazar al discurso radical minero con los discursos propios del

    Estado-nacin, que hacen referencia a la formacin de la consciencia nacional en las

    trincheras del Chaco. Por este camino y contando con una mirada ms terica y

    epistemolgica del tema, se hubiera abordado el anlisis de Luis Tapia Mealla,

    desarrollado en su libro La produccin del conocimiento local[60], donde trabaja la

    obra de Ren Zavaleta Mercado. En este trabajo terico se abordan temas como los

    momentos del nacionalismo, que toca tpicos que trabaja lo que llamara la arqueologa

    del nacionalismo revolucionario, la constitucin del ser nacional, la concomitancia entre

    la cuestin nacional y la cuestin estatal, la estructura explicativa de lo nacional-popular

    en Bolivia. El manejo de estos trabajos conceptuales hubieran servido de mucho para

    elucidar los problemas que se describe, pero que no se los llega asumir

    consecuentemente, pues se los deja como notas anecdticas, recurriendo a frases

    provocativas. Al final no se sabe qu se entiende por nacionalismo. Lo que queda es una

    figura ambigua parecida a las descripciones folclricas del Typical Country.

    Es posible una discusin profunda sobre una genealoga y arqueologa del ideologema

    del nacionalismo revolucionario y sobre la figura hegemnica de lo nacional-popular.

    Pero esta no se da en la perspectiva en cuestin. En todo caso quedara una pregunta:

    Cmo se puede dar una actualizacin y emergencia de lo nacional-popular en pleno

    proceso descolonizador y en el horizonte del Estado plurinacional comunitario? Luis

    Tapia avanza en estos problemas y plantea la necesidad de pensar la articulacin de lo

    plural en tanto se d la configuracin del ncleo comn de lo plural y la diferencia. Esta

    discusin hubiera sido interesante, empero est ausente. Se nota que lo que interesa en

    estos anlisis es la diatriba contra unos fantasmas que se nombra como

    pachamamicos, descartando sus supuestas teoras e interpretaciones. Estos

    pachamamicos no existen salvo en la cabeza de los nacionalistas, tampoco esas

    teoras e interpretaciones fundamentalistas.

    Qu es lo que se tiene? Qu es lo que se presenta despus del discurso del

    nacionalismo revolucionario? Lo que se tiene, lo que se presenta, es lo que llamara la

    otra formacin discursiva descentrada del discurso del nacionalismo revolucionario.

    Cuando Silvia Rivera Cusicanqui se desplaza hacia otra formacin discursiva, ms all

    del discurso del nacionalismo revolucionario, contemplando las estructuras de larga

    duracin y la memoria larga indgena, se sale de la rbita del discurso del nacionalismo

    revolucionario, plantea otro problema, sobre todo a partir de otro orden simblico e

    imaginario. El problema ya no es resolver las reivindicaciones, las demandas histricas,

    a travs de una respuesta patriarcal del Estado-nacin, sino el de la pervivencia,

    emergencia y actualizacin de instituciones culturales de larga data, que si bien

    terminan adaptndose a los contextos histricos de los tiempos, alteran las relaciones

    http://dinamicas-moleculares.webnode.es/#_ftn58http://dinamicas-moleculares.webnode.es/#_ftn59http://dinamicas-moleculares.webnode.es/#_ftn60

  • con el Estado y las sociedad, irrumpiendo con otras formas de cohesin, de

    convocatoria y legitimidades. Esto no se resume a la geografa de lo rural y lo urbano,

    mas bien atraviesa estos territorios; territorializa, desterritorializa y reterritorializa otros

    espesores culturales y espaciales. Esto no tiene que ver con una lectura utpica de lo

    ancestral sino con las redes y estrategias colectivas y sociales que articulan otras

    hermenuticas y complementariedades. Las mismas que no pueden reducirse a las

    supuestas nuevas estrategias de posicionamiento nacional-populares, compuestas de

    ocupaciones, reinvenciones, negociaciones entre lo pblico y lo privado, entre lo

    familiar y lo individual, entre lo propio y lo ajeno, entre la identidad recuperada y la

    modernidad. Esto sera un reduccionismo, que se da en el anlisis en cuestin, al pensar

    que estas estrategias no son otra cosa que formas abiertas y desembozadas del

    proliferante clientelismo. Lo sugerente de la tesis de la descolonizacin es que se abre a

    otros horizontes de visibilidad, a otros horizontes de decibilidad, a otros mundos de

    sentido alternativos, aunque se encuentren encubiertos por la hegemona de la

    modernidad universalista y el sistema-mundo capitalista. Al respecto hay que aclarar,

    que cuando se critica la modernidad se critica su forma dominante homogeneizante y

    universalista, pero no se descartan las invenciones colectivas de modernidades

    heterogneas, hibridas y complejas. La discusin a la que quiere llevar esta perspectiva

    nacionalista se encuentra encerrada en una esquematismo simpln, pachamamicos o

    modernicos, indianistas fundamentalistas o desarrollismo flexibles. Esta no es la

    discusin, el debate tiene que ver con las posibilidades de romper el diagrama de las

    dominaciones polimorfas de la colonialidad, del capitalismo dependiente y de los

    monopolios instituidos por el imperio y sus engranajes, instituciones y burguesas

    intermediarias. Esta posibilidad no tiene nada que ver con el capitalismo de Estado ni el

    nacionalismo, figuras histricas e ideolgicas que se mantienen en el campo geopoltico

    configurado por el sistema-mundo capitalista. En esta perspectiva, extraa la apologa

    que se hace de la tesis dbil del capitalismo andino-amaznico. No se trata de identificar

    los lugares, los localismos y las regiones donde funciona la economa-mundo

    capitalista; si se tratara de esto podramos tambin hablar de un capitalismo de la

    pampa, de un capitalismo costero, de un capitalismo caribeo, ad ifinitum. El

    capitalismo que funciona es el relativo al ciclo del capitalismo norteamericano,

    hegemnico, dominante, empero en crisis; este es el capitalismo que enfrentamos. Al

    que no podemos oponer un capitalismo andino-amaznico, pues este es uno de los

    lugares o regiones de realizacin del ciclo financiero y de acumulacin de capital. Al

    capitalismo se le opone la lucha contra el despojamiento y la desposesin de los

    recursos naturales y de la explotacin del trabajo, la lucha contra la valorizacin

    abstracta y cuantitativa del valor, al capitalismo se le opone la asociacin de los

    productores, la internacional de pueblos, la internacional de los trabajadores, que

    apuntan a la destruccin de las relaciones y estructuras capitalistas, a la destruccin de

    las instituciones de dominacin, entre ellas primordialmente el Estado. Ahora bien, esta

    lucha es un proceso y una transicin, empero transformadora; el pueblo boliviano ha

    definido una forma de transicin transformadora, esta es la construccin del Estado

    plurinacional comunitario y autonmico, que la perspectiva nacionalista campantemente

    desestima y descarta de su elucubraciones. No lo considera. Segn el susodicho anlisis

    parecera que habramos perdido el tiempo en el proceso constituyente y en la pelea por

    el Estado plurinacional desde los movimientos sociales desatados en el 2000. Hay pues

    una pedantera imberbe en todo esto. Lo peligroso de todo esto se encuentra en el

    diletantismo, cuando el turismo acadmico pretende convertirse en una leccin, quiere

    ensearnos las grandes verdades desconocidas por nosotros, aprendidas en entrevistas y

    reportajes, en revisiones bibliogrficas aleatoriamente seleccionadas.

  • Claro que el MAS-IPSP es un desafo al anlisis poltico, por su historia, por su

    composicin, por su crecimiento desorbitado, por los problemas que plantea en su

    relacin con el poder, el Estado, los gobiernos y las instituciones. Pero la explicacin de

    este fenmeno poltico no puede reducirse a la descripcin historiogrfica y sociolgica

    de su formacin, tampoco a la denuncia e identificacin del carcter prebendal de las

    preocupaciones de muchos de sus militantes. Estos problemas al final de cuenta se dan

    en todas partes y es la historia cotidiana de todos los pases, con distintas tonalidades y

    ambivalencias. Tampoco se puede reducir su utilizacin a la necesidad del ascenso y

    movilidad social. Con esto no decimos nada nuevo, sino ms bien son lugares trillados

    en todas partes. Las preguntas que hay que responder son otras: Cules son las

    condicionantes histricas en las que el sujeto indgena, en todas sus formas, tonalidades

    e identidades colectivas, sustituye al sujeto obrero, fundamentalmente a la centralidad

    minera? Qu tiene que ver con esto una sobredeterminacin compleja de distintos

    acontecimientos y singularidades concurrentes, como ser la relocalizacin minera, la

    migracin al trpico, la reiteracin de discursos izquierdistas y antiimperialistas

    adaptados a la defensa de la hoja coca? Cmo afecta la experiencia vivida de una

    guerra de baja intensidad impuesta por la DEA y la CIA en el Chapare? En qu

    momento se da el salto al contexto nacional? Es cuando las federaciones cocaleras y el

    instrumento poltico apoyan a la Coordinadora del Agua y de la Vida en defensa del

    agua, extendindose despus a una defensa de los recursos naturales? Es slo un

    fenmeno electoral? No es ms bien un acontecimiento poltico que despus se expresa

    en las urnas? Cmo explicar la actual crisis del MAS-IPSP? Qu ha develado la crisis

    del gasolinazo? Acaso podemos seguir hablando cmodamente de la hegemona de lo

    nacional-popular, de la vigencia del proyectado capitalismo de Estado, de la

    combinacin pacfica de lo multicultural con la irrupcin indgena en los escenarios de

    las modernidades? No, no se puede, la crisis del gasolinazo ha puesto en evidencia la

    descomunal fragilidad de estos proyectos restauradores, de estas interpretaciones

    nacionalistas, de estas propuestas realistas y pragmticas de combinar capitalismo con

    reivindicaciones culturales. Lo que se ha demostrado es que por este camino

    terminamos en el bolsillo de las empresas trasnacionales de los hidrocarburos, que

    terminan imponindose a travs de sus monopolios de capital, financiero, tecnolgico,

    comercial y de mercado, orientando nuestras polticas hidrocarburferas y obligando al

    gobierno a decretar la descongelacin de precios para obtener superbeneficios. En este

    contexto y coyuntura, el anlisis nacionalista se ha convertido en un apologa del

    camino al fracaso. Este no es el camino de los movimientos sociales, de las naciones y

    pueblos indgenas originarios campesinos. El objetivo ahora es reconducir el proceso

    por el cauce abierto en las luchas sociales de 2000 al 2005 y por el proceso

    constituyente. Construir un Estado plurinacional comunitario y autonmico, ms all de

    horizonte colonial de una modernidad y capitalismo dominantes, ms all del Estado-

    nacin.

    Una vez ms, el horizonte de la pregunta no es qu hacemos con los indios, pregunta

    que supuestamente se haca la casta criolla gamonal dominante, sentido de la pregunta

    que se mantiene hasta la Revolucin Nacional de 1952 y la reforma agraria; despus de

    este acontecimiento poltico, las preguntas y los sentidos de las preguntas son otros, por

    ejemplo, cmo salir de la dependencia, cmo lograr el desarrollo, cmo consolidar las

    nacionalizaciones; ahora que las naciones y pueblos indgenas, los indgenas originarios

    campesinos, como define la constitucin, en todas sus tonalidades, identidades

    colectivas, posicionamientos, se han empoderado del campo poltico, el sentido de la

    pregunta tiene que ver con la siguiente cuestin: Qu hacemos con el Estado? Los

  • bolivianos hemos decidido la respuesta, construir un Estado plurinacional comunitario y

    autonmico como proceso descolonizador. Dejemos al nacionalismo con sus devaneos y

    nostalgias, otro tiempo es el nuestro.

    Horizontes del Estado plurinacional

    Fin del Estado-nacin

    El paso del Estado-nacin al Estado plurinacional, comunitario y autonmico es todo un

    desafo. Se trata de dejar la modernidad, la historia de la soberana en la modernidad, la

    historia del Estado en la modernidad, la historia de una relacin entre Estado y sociedad,

    una historia que define la separacin entre gobernantes y gobernados, entre sociedad

    poltica y sociedad civil, en un contexto matricial donde se demarc la relacin entre

    dominantes y dominados, a partir de mecanismos de dominacin y diagramas de poder

    que atraviesan los cuerpos y los territorios, incidiendo en las conductas y

    comportamientos, en la administracin de la tierra y los territorios, en la explotacin de

    la fuerza de trabajo. Dejamos atrs una historia de colonizacin y dominaciones

    polimorfas desplegadas en el mundo, donde la geopoltica de la economa-mundo y del

    sistema-mundo capitalista divide el planeta entre centro y periferia, racializando la

    explotacin de la fuerza de trabajo y controlando las reservas y recursos naturales,

    estableciendo una divisin del trabajo planetaria, convirtiendo a los pases perifricos en

    exportadores de materias primas y reservas de mano de obra barata, transfirindoles ms

    tarde, a algunos de estos pases que ingresan tardamente a la revolucin industrial,

    tecnologa obsoleta, desplazando la industria pesada, considerada de alta y masiva

    inversin de capital, pero con bajos rendimientos a mediano y largo plazo, prefiriendo

    optar por eso por la circulacin y la inversin del capital financiero, que rinde grandes

    beneficios a corto plazo. Dejamos atrs entonces la ilusin que provocaron los Estado-

    nacin subalternos, una vez concluidas las guerras de independencia y las luchas de

    liberacin nacional, la ilusin de nuestra independencia e igualdad en el concierto de las

    naciones, en el marco jerrquico de las Naciones Unidas. Descubrimos dramticamente

    que no se logr la descolonizacin, tampoco la independencia y menos haber logrado

    establecer condiciones de igualdad entre los estados. Los Estado-nacin centrales, sobre

    todo los que estn en la franja de seguridad de Naciones Unidas, siguen imponiendo

    sus condiciones al resto del mundo, sin importarles el derecho internacional y el derecho

    de las naciones a la autodeterminacin.

    Despus de la cada de los pases socialistas de la Europa oriental, Estados Unidos,

    Europa y Japn, quizs China tambin, impone su diseo de orden mundial al resto de

    los Estado-nacin, bajo la conduccin norteamericana. En lo que corresponde al ciclo

    del capitalismo estadounidense, la hiperpotencia mundial norteamericana condujo la

    expansin, la acumulacin y la transformacin del capitalismo, sobre todo despus de la

    segunda guerra mundial, despus de la conflagracin su gravitante presencia fue

    innegable. Se convirti en el garante de la economa-mundo capitalista, construy su

    expansiva hegemona desde la finalizacin de la guerra mundial hasta la derrota sufrida

    en la guerra de Vietnam; despus de este acontecimiento su hegemona entra en crisis y

    opta por la descarnada dominacin; particularmente esto es patente despus de la cada

    de la Unin Sovitica, cuando se convierte en la nica superpotencia mundial. Podemos

    decir que, en el contexto del declive de la hegemona norteamericana, en pleno

    desplazamiento de la crisis del ciclo del capitalismo estadounidense, en el atiborrado

    momento crtico caracterizado por la hipertrofia financiera, que opta diferir la crisis por

  • medio de la financierizacin, ocasionando no otra cosa que la agudizacin y

    profundizacin de la crisis misma, la forma del Estado-nacin entra tambin en crisis o,

    mas bien, revive su crisis de modo manifiesto. Esto por una razn entre muchas otras,

    adems de la historia crtica de las formas de soberana, la razn es que los Estado-

    nacin no pueden resolver la crisis, no pueden oponerse a su irradiacin, les resulta

    difcil construir una alternativa, a no ser la repeticin tarda de proyectos desarrollistas y

    de las metas de la industrializacin, proyectos que no hacen otra cosa que recrear

    escenarios donde se replantean las relaciones entre centro y periferia, reacondicionando

    y trasladando la dinmica de la crisis a otros espacios, que ya no son slo los

    correspondientes a las economas basadas en la exportacin de materias primas sino

    tambin a las nuevas economas basadas en la industrializacin. Las economas de los

    Estado-nacin, basados en el desarrollo y la industrializacin, son obligadas a competir

    en el mercado internacional con los altamente productivos pases asiticos. Se puede

    decir que los Estado-nacin se mueven en un intervalo de opciones que se circunscriben

    a administrar la crisis.

    La salida a la crisis estructural del capitalismo slo se puede dar a escala mundial, esta

    superacin de la crisis del capitalismo solo se puede dar ingresando a un nuevo

    horizonte histrico y cultural, un horizonte que se sita en otro espacio-tiempo, que se

    encuentra ms all del mundo capitalista, ms all del mundo moderno. Mientras tanto,

    en este encaminarse, en la transicin a un pos-capitalismo, se hace necesario preparar el

    terreno, crear las condiciones para la superacin del capitalismo. Para el transcurso de

    esta transicin transformadora es menester la imaginacin y lo imaginario radicales, su

    potencia creativa, adems de la fuerza instituyente. A propsito, en relacin a la

    estructura institucional - algo que se dijo durante la Asamblea Constituyente vale la

    pena recordar - se requiere un nuevo mapa institucional, pero tambin se requiere un

    nuevo imaginario social. Ambos mbitos, lo imaginario y lo institucional, requieren de

    una conexin simblica. En resumen, estos tres mbitos, lo imaginario, lo simblico y

    lo institucional hacen al horizonte histrico cultural; en ese sentido, un nuevo horizonte

    histrico y cultural se abre cuando se dan transformaciones imaginarias,

    transformaciones simblicas y transformaciones institucionales[61].

    Qu papel juega en todo esto la economa? Si llamamos economa al espacio de la

    produccin, distribucin y el consumo, fuera de denominarse as la disciplina o ciencia,

    como se quiera llamar, que estudia este espacio, estos procesos, estos fenmenos. La

    ciencia econmica cuenta adems con un rea llamada economa poltica. Se puede ver

    que el espacio econmico est constituido por relaciones sociales. En este espacio

    histrico se formaron instituciones, llamadas empresas, en el nivel ms propio de la

    economa, organizaciones organismos, dispositivos jurdicos, disposiciones polticas, a

    escala nacional y a escala mundial. Estas instituciones no podran funcionar sin recurrir

    al leguaje, a nuevas cadenas simblicas, sobre todo no podran constituirse si no se

    instauran tambin en la dimensin imaginaria de la sociedad, en ese sentido la economa

    es tambin una institucin imaginaria. La racionalizacin que conlleva su conformacin

    y organizacin corresponde a los nuevos sistemas simblicos y formas imaginarias

    construidos durante la modernidad. El fenmeno de la autonomizacin econmica es

    moderno, corresponde al desarrollo del capitalismo, que ha convertido al espacio

    econmico no slo en autnomo sino en predominante respecto a otros espacios de la

    vida social. La economa se ha expandido, ha irradiado todas las reas, mercantilizando

    sus relaciones y sus actividades. Hay un dominio casi absoluto de la economa, aunque

    esto se da en el sentido del fetichismo de la mercanca, es decir, como alienacin, como

    http://dinamicas-moleculares.webnode.es/#_ftn61

  • cosificacin; se concibe las relaciones entre humanos como si fuesen relaciones entre

    cosas. No se trata de reducir este problema a la tesis dialctica de la conciencia

    enajenada, conciencia atrapada en la relacin con el objeto, sin poder constituirse en

    autoconciencia que se reconoce en la relacin con otra autoconciencia. El problema es

    ms complejo, aunque, en todo caso tendramos que hablar de una conciencia histrica,

    por lo tanto social, colectiva. El problema no se reduce a lo que le pasa a la conciencia o

    a lo que le pasa al sujeto, sea esta conciencia o este sujeto individual o colectivo; el

    problema responde a sus condicionamientos histricos. Por un lado, el desarrollo del

    capitalismo transforma las sociedades trastrocando sus relaciones, sus instituciones, sus

    mbitos de funcionamiento, sus cadenas simblicas, sus circuitos significantes, creando

    alternativamente mbitos nuevos y sus respectivas autonomizaciones, la

    autonomizacin de la economa, la autonomizacin de la poltica, la separacin entre

    sociedad civil y sociedad poltica; por otro lado, la emergencia de nuevas experiencias,

    de nuevas sensaciones y de nuevas percepciones, hacen emerger empiricidades como el

    lenguaje, el trabajo y la vida, dando lugar a nuevos saberes y ciencias, como la filologa,

    el economa y la biologa, iniciando lo que se viene en llamar la analtica de la

    finitud[62]. La economa viene a ser tanto el referente descubierto por la nueva

    experiencia del trabajo, as como la formacin discursiva que habla de ello. Lo que

    quiere decir que se trata de una formacin enunciativa, de una formacin conceptual,

    que hace el anlisis del mbito del trabajo, la produccin, distribucin y consumo. La

    economa tambin es un espacio de instituciones que hacen de agenciamientos

    concretos de poder. Referente emprico, formacin discursiva e instituciones es el

    tringulo en que nos inscribimos para hablar de economa, de economa capitalista.

    El Estado-nacin deviene, por as decirlo, de otra genealoga, arranca con la

    conformacin de los estados patrimoniales, se constituye en Estado-moderno, en el

    contexto de esa componente articulacin entre Estado territorial y capitalismo,

    convirtindose en una macro-institucin o, mas bien, en un mapa concntrico

    institucional, que abarca un conjunto de instituciones articuladas a un eje de

    funcionamiento y a una direccin poltica, aunque esta se exprese en una distribucin de

    poderes, supuestamente equilibrados. La llamada ciencia poltica se cruza en el camino,

    viene de la teora jurdico-poltica, de la teora de la soberana, se plantea el problema

    del Estado ms que del poder, se propone estudiarlo y analizarlo, empero termina

    desarrollando tesis sobre la legitimidad del Estado. Esta ciencia poltica es una teora

    que corresponde a la analtica de la finitud? Se plantea algn problema sobre el dilema

    de la emergencia de las empiricidades y los a priori trascendentales? No, se trata ms

    bien de una disciplina que restaura los dilemas de la soberana y la legitimidad en el

    contexto de la modernidad. Una formacin discursiva que se plantea los problemas de

    legitimidad en la labor de la restauracin de la vieja maquinaria estatal. Se desentiende

    de los campos de relaciones de poder, tambin de visualizar los mecanismos de

    dominacin. Se trata de un saber que estudia las formalidades del campo poltico. Se

    puede decir, de manera concreta, que la ciencia poltica estudia el Estado. De modo

    distinto a lo que ocurre con otras ciencias y saberes modernos, la ciencia poltica

    pretende mantener una relacin de continuidad con la filosofa poltica; esta suposicin

    es en s problemtica, no solamente debido a la idea ingenua de una historia lineal de las

    ciencias, sino tambin por lo que connotan la filosofa poltica y la ciencia poltica, por

    su relacin problemtica con la poltica. Jacques Rancire dice que la poltica funciona

    sobre el principio de igualdad, principio que ocasiona el litigio entre los que no tienen

    parte ni ttulo, los pobres, y los que si lo tienen, los oligarcas y los aristcratas. Este

    litigio viene acompaado por una distorsin, un desacuerdo, causado por el ejercicio de

    http://dinamicas-moleculares.webnode.es/#_ftn62

  • la libertad; al ser todos libres se tiene derecho a la palabra, los pobres se asumen como

    pueblo, se constituyen como totalidad, conforman la democracia. La poltica entonces

    contiene una desmesura, sobre el principio de la libertad se constituye un todo que es

    ms que las partes, se pasa del reclamo de las partes a las exigencias inconmensurables

    que desata la libertad. Se puede decir en resumen que la poltica es una lucha de clases.

    Ahora bien, lo que se viene en llamar filosofa poltica trata de hacer desaparecer este

    problema, trata de resolver el litigio, en el fondo busca poner en suspenso la

    poltica[63]. Por una parte tenemos a la poltica que es una desmesura, por otra a la

    filosofa poltica que busca hacer desaparecer a esta desmesura; por ltimo tenemos a la

    ciencia poltica, como continuidad de la filosofa poltica, que busca sustituir la poltica,

    la lucha, el litigio, el desacuerdo, por la polica, en el sentido pleno de la palabra, por el

    establecimiento del orden.

    Retomando el hilo conductor, Estado-nacin, economa y poltica, todo el anlisis que

    hemos hecho hasta ahora supone el fin del Estado-nacin, la clausura de la filosofa

    poltica y la ciencia poltica, adems de la crisis terminante del capitalismo. Las

    preguntas que se suceden son: Nos abrimos a una nueva episteme, despus de haber

    abandonado las ciencias generales del orden y las ciencias atravesadas por la

    historicidad, como la economa, la biologa y la lingstica? Es posible otras ciencias

    de las condiciones pluralistas y de la condicin plurinacional, de la emergencia de lo

    comunitario, de la extensin de las formas proliferantes de la descentralizacin

    administrativa y poltica? Cul es la configuracin de la forma de Estado ante la

    geografa poltica de las autonomas? Qu es lo que viene ms all del capitalismo?

    Hay ms preguntas, pero nos vamos a quedar con estas, vamos a detenernos a

    analizarlas y buscar respuestas.

    Hablemos de los lmites del mundo de la economa-mundo y del sistema mundo

    capitalista. Por lo tanto tambin de los lmites del Estado-nacin. Esta macro-

    institucin, esta forma de soberana, fue la instancia de una forma de organizacin

    poltica a escala mundial. Los Estado-nacin se situaron como en una pirmide

    jerrquica distribuyndose el control mundial para los pases centrales y el relativo

    control local para los pases perifricos. Hay por cierto espacios al medio para pases

    que lograron cierto control regional, tambin para los pases que se llamaron del

    segundo mundo, entre los que se encontraban los pases del socialismo real,

    distinguindolos de los pases llamados del primer mundo y de los pases definidos

    como del tercer mundo. Aunque estos trminos quedaron obsoletos en la actualidad

    vertiginosa, mezclada y cruzada, pues el primero, el segundo y el tercer mundo se

    pueden encontrar en un mismo pas, por ejemplo, en cualquier pas del primer mundo,

    en un contexto atravesado por las nuevas corrientes migratorias de trabajadores, que se

    asentaron, dejando generaciones en su nuevo lugar de residencia, en un contexto donde

    el nuevo capitalismo salvaje, que apuesta a polticas neoliberales y de globalizacin,

    recrea grandes diferencias, quizs abismales, entre pobres y ricos en todos los pases y

    en todas las ciudades. De alguna manera la forma Estado-nacin ocult estas

    diferenciaciones, estas jerarquas, estas dominaciones polimorfas. Ahora los estado-

    nacin estallan en mil pedazos; el multiculturalismo liberal trata de matizar esta crisis,

    este desborde, reconociendo derechos culturales; pero lo que no puede detener es la

    emergencia de nuevas formas polticas, de nuevas formas de relacin entre la forma

    Estado y la forma sociedad, lo que no puede detener es el desborde y la desmesura de

    las multitudes, los nuevos imaginarios colectivos, que incluso se llaman en la

    transitoriedad naciones, oponindose al mono-culturalismo, a la forma mono-nacional.

    http://dinamicas-moleculares.webnode.es/#_ftn63

  • Aunque esta forma multinacional perdur como anacronismos en la modernidad,

    recorriendo como tejido resistente las formas institucionales homogeneizantes de la

    modernidad, de la forma Estado-nacin, creando una dinmica de tensiones inherentes a

    la vida poltica de las sociedades y los Estado-nacin, estas contradicciones inherentes

    estuvieron encubiertas, escondidas, ocultadas por los aparatos ideolgicos de los

    Estado-nacin. Su reemergencia presente las actualiza, desatando renovados discursos,

    y sobre todo transformando su condicin encubierta en una condicin develadamente

    plural, desbordando el mapa institucional disciplinario y normalizado de la modernidad.

    En plena crisis estructural del capitalismo la condicin plurinacional, la condicin

    proliferante de lo plural, adquiere otra connotacin, convirtindose en una alternativa al

    mundo nico, al pensamiento nico.

    Hemos llegado a los lmites del mundo, estamos situados en el lugar fronterizo de las

    transformaciones, tambin de las experiencias, de las sensaciones, as como de las

    formas de pensar, de significar y simbolizar el mundo. Eugenio Tras habla de lmites

    del mundo como los relativos a la tautologa y la contradiccin, la tautologa que repite

    lo que es, lo mismo, de manera obsesiva, que no dice nada, y la contradiccin que

    quiere decirlo todo, que desborda y desgarra. Quizs el filsofo ms lcido de la

    modernidad fue Hegel, que consciente de la contradiccin y el universo del sinsentido,

    quiso domesticar ambas, mediatizndolas con una lgica dialctica, buscando el retorno

    a lo mismo, a la repeticin, a la tautologa, despus de haber vivido la experiencia del

    desgarro[64]. Hegel es el filsofo de la restitucin absoluta de la razn, de la filosofa

    de la historia, de la filosofa del derecho, pero tambin de la filosofa del Estado.

    Podemos decir que se trata de una filosofa que coincide con el termidor, que busca

    desesperadamente terminar con la revolucin. Hegel ha muerto y tambin con l la

    filosofa del fin de la historia. Aunque el Estado-nacin haya sobrevivido a su muerte ha

    entrado a su tiempo crepuscular, a su clausura, anunciando su propia muerte, repitiendo

    el crepsculo de los idelogos.

    Nacimiento del Estado plurinacional

    Estamos ante un nuevo nacimiento, lo que en aymara se dice pachakuti, que vendra a

    ser algo as como cambio, trastrocamiento en el espacio-tiempo, de acuerdo a una

    traduccin pretendidamente terica, filosfica. Sin embargo, en la discrecin, en la

    disquisicin, de estas cosas no nos vamos a detener, por el momento. Quizs despus

    volvamos a abordarlas, aunque de alguna manera siempre las tenemos que tener en

    cuenta. Este nuevo comienzo se dara en la geografa poltica de Bolivia, la anterior

    Audiencia de Charcas del Virreinato de la Plata, antes Alto Per del Virreinato del Per,

    y antes del cataclismo de la conquista y su consecuente colonizacin, el Qullasuyu, uno

    de los territorios, de los cuatro del Tawantinsuyu. Este nacimiento se puede considerar

    como el resultado de un dramtico parto, gestado por las guerras polticas desatadas por

    los movimientos sociales, durante el ciclo de luchas que van del 2000 al 2005. Este

    nacimiento tambin tiene que ver con la gestin de gobierno del presidente Evo Morales

    Ayma, durante la cual se nacionalizan los hidrocarburos y se convoca a la Asamblea

    constituyente. Por lo tanto este nuevo comienzo, esta fundacin de la segunda repblica,

    tiene que ver con el proceso constituyente, concretamente con el texto constitucional

    desarrollado por la Asamblea Constituyente, en pleno campo de batallas, en el que se

    convirti la ciudad de Sucre, sede de la Asamblea Constituyente. Una vez que se

    aprueba la nueva constitucin en Oruro, los dados estaban echados, a pesar de las

    modificaciones arbitrarias del Congreso, donde se trat de deformar el sentido del

    http://dinamicas-moleculares.webnode.es/#_ftn64

  • cuerpo de la constitucin, las ciento cuarenta y cuatro modificaciones, no pudieron

    cambiar el espritu constituyente, recurriendo a un lenguaje constitucional, no pudieron

    cambiar los principios y las finalidades de la Constitucin, los contenidos

    descolonizadores, la estructura y los modelos propuesto por la Constitucin, el modelo

    de Estado, el modelo territorial y el modelo econmico. En el Congreso se pretendi

    revertir el proceso, unos quisieron abolir las medidas inherentes a las transformaciones

    institucionales de la Constitucin, como la reforma agraria, otros confundieron la

    poltica con el pacto; se dedicaron a construir escenarios de pacto con la derecha,

    creyendo que ese era el camino, olvidando que todo ya haba cambiado por la energa y

    el poder masivo desplegado por los movimientos sociales durante el lapso que viene del

    2000 y llega al 2005. El pueblo boliviano termina aprobando la Constitucin Poltica

    del estado en un referndum constituyente, referente arrancado por una fabulosa

    movilizacin de las organizaciones sociales, que terminaron sitiando al Congreso

    presionando para la aprobacin de la ley que convocaba al referndum. Otra vez

    mostraban los movimientos sociales su determinacin en empujar el proceso hacia el

    horizonte abierto por las luchas sociales de la guerra del agua y de la guerra del gas.

    Este nuevo empiezo tambin tiene que ver con las consecutivas derrotas sufridas por la

    derecha, las oligarquas regionales, sus partidos, sus medios de comunicacin y todos

    sus dispositivos conspirativos. Fueron derrotados con la aprobacin de la Constitucin

    por parte del pueblo boliviano; tambin fueron derrotados cuando primero la

    Constituyente y despus la Constitucin incorpora las autonomas, demanda regional, al

    texto constitucional, quedando sin bandera y sin discurso, sin capacidad de

    convocatoria; vuelven a ser derrotados en el terreno dibujado por la violencia desatada

    por grupos de choque, en una espiral de la violencia que comienza con la toma de

    instituciones y deriva en la Masacre del Porvenir, esta derrota ya es poltico y militar.

    Estas derrotas polticas se van a expresar en la contundente derrota electoral que van a

    sufrir en las elecciones de diciembre del 2009. El Movimiento al Socialismo (MAS)

    gana con aproximadamente el sesenta y cuatro por ciento, gana en el departamento de

    Tarija, uno de los baluartes de la llamada Media Luna, se recupera el departamento de

    Chuquisaca, se avanza en el departamento de Santa Cruz, de Beni y de Pando; todo esto

    dibuja un escenario expedito en la Asamblea Legislativa Plurinacional, donde el MAS

    controla los famosos dos tercios que se requieren para aprobar las leyes. Todo este

    contexto histrico poltico hace de condicin de posibilidad histrica del nacimiento del

    Estado Plurinacional.

    En el ensayo Articulaciones de la complejidad[65] se escribe lo siguiente:

    1. Esta dems decirlo, que el Estado plurinacional no es un Estado-nacin y,

    no est dems decir, que el Estado plurinacional ya no es un Estado, en el pleno

    sentido de la palabra, pues el acontecimiento plural desbroza el carcter

    unitario del Estado. El Estado ya no es la sntesis poltica de la sociedad,

    tampoco es ya comprensible la separacin entre Estado, sociedad poltica, y

    sociedad civil, pues el mbito de funciones que corresponden al campo estatal

    es absorbida por las prcticas y formas de organizacin sociales. El Estado

    plurinacional se abre a las mltiples formas del ejercicio prctico de la poltica,

    efectuada por parte de las multitudes. Hablamos de un estado plural

    institucional, que corresponden a la condicin multisocietal. Se trata de mapas

    institucionales inscritos en mltiples ordenamientos territoriales; por lo menos

    cuatro: territorialidades indgenas, geografas locales, geografas regionales y

    cartografas nacionales. La emergencia de lo plural y lo mltiple desgarra el

    http://dinamicas-moleculares.webnode.es/#_ftn65

  • viejo mapa institucional, no permite la expropiacin institucional, la unificacin

    de lo diverso, la homogeneidad de la diferencia; se abre mas bien al juego de la

    combinatoria de distintas formas de organizacin, al juego en red y de

    entramados flexibles. Hablamos de matrices organizacionales y de

    estructuracin abiertas a la contingencia. Se vive entonces la poltica como

    desmesura[66].

    Se puede interpretar de la cita que ya no se trata de la forma de Estado moderno sino de

    una nueva forma poltica, de una nueva forma de relacin entre la sociedad y sus formas

    de organizacin poltica, como decamos en la Constituyente, se trata de un nuevo mapa

    institucional. Es cierto que en Europa podemos encontrar estados plurinacionales, pero

    se trata de Estados modernos, que se limitan al alcance dibujado por el

    multiculturalismo, recogiendo incluso formas confederadas, como en el caso Suizo. La

    nueva concepcin de la condicin plurinacional de las formas polticas se tienen que

    decodificar desde la voluntad colectiva de la descolonizacin, implica, adems, el

    reconocimiento de la condicin multisocietal, que recoge la concepcin de la mltiple

    temporalidad, adems de la multiinstitucionalidad. Esta multiplicidad que atraviesa la

    forma homognea del Estado termina desacoplndolo, inventando una nueva forma de

    articulacin, una nueva forma de integracin, ms cohesiva, ms dinmica, creativa,

    flexible, adecuada a la problemtica compleja de la formacin abigarrada, de la

    composicin barroca de la formacin econmico social boliviana, adecuada, sobre todo

    a la forma de gobierno propuesta por la Constitucin Poltica del Estado, que es la

    democracia participativa, que reconoce el ejercicio plural de la democracia, como el

    relativo a la democracia directa, a la democracia representativa y a la democracia

    comunitaria. Se puede decir que esta forma poltica de la condicin plurinacional

    descolonizadora se encuentra ms all del Estado.

    El Estado-nacin ha muerto, nace el Estado Plurinacional, comunitario y autonmico.

    Cules son las condiciones, las caractersticas, la estructura, los contenidos y las

    formas institucionales de este Estado? Uno de los primeros rasgos que hay que anotar es

    su condicin plurinacional, no en el sentido del multiculturalismo liberal, sino en el

    sentido de la descolonizacin, en el sentido de la emancipacin de las naciones y

    pueblos indgenas originarios. Una descolonizacin entendida no slo en el sentido del

    reconocimiento de las lenguas, de la interculturalidad e intraculturalidad, sino tambin

    en el sentido de las transformaciones institucionales, de la creacin de un nuevo mapa

    institucional, encaminadas a la incorporacin de las instituciones indgenas a la forma

    de Estado. Una descolonizacin entonces que implica el pluralismo institucional, el

    pluralismo administrativo, el pluralismo normativo, el pluralismo de gestiones. Y esto

    significa una descolonizacin de las prcticas, de las conductas y de los

    comportamientos, conllevando una descolonizacin de los imaginarios. Esto es la

    revolucin cultural. Una descolonizacin que implica la constitucin de nuevos sujetos,

    de nuevos campos de relaciones intersubjetivas, la creacin de nuevas subjetividades, de

    nuevos imaginarios sociales; esto es el desarrollo de una interculturalidad constitutiva e

    instituyente, enriquecedora y acumulativa de las propias diferencias y diversidad

    inherentes. Una descolonizacin que implique el desmontaje de la vieja maquinaria

    estatal, que no puede dejar de ser sino colonial; se trata de la maquinaria que llega con

    la Conquista, que se consolida en la Colonia, que se restaura y moderniza en los

    periodos republicanos, que termina viviendo una crisis mltiple, de legitimidad, de

    representacin, poltica, econmica y cultural. El estado-nacin fracasa en su proyecto

    consustancial, la revolucin industrial, el desarrollo nacional, el romper con la cadena

    http://dinamicas-moleculares.webnode.es/#_ftn66

  • perversa de la dependencia. El Estado plurinacional se encuentra ms all de los

    umbrales del Estado-nacin, definitivamente se ha abierto otro horizonte, otras tareas,

    otras finalidades, otros objetivos estratgicos, siendo la tarea primordial la

    descolonizacin. No puede haber nada parecido a las estrategias anteriores, si hay

    algunos rasgos que sugieren cierta analoga, como las relativas a la transformacin

    tecnolgica y su incorporacin a la economa social y comunitaria, tienen que leerse en

    los cdigos no de la revolucin industrial del siglo XIX sino en el contexto de lo que

    significa la revolucin tecnolgica, irradiarte, expansiva, en red, impulsando saltos, que

    no pueden leerse desde la linealidad histrica sucesiva de seguir el curso de los pases

    desarrollados. Esto significara volver a aportar por los nostlgicos proyectos

    nacionalistas y populistas. La revolucin del Estado plurinacional es una revolucin

    descolonizadora, aperturante de otro proyecto civilizatorio y cultural. Entonces uno de

    los rasgos fundamentales del nuevo Estado plurinacional es la descolonizacin.

    Otro rasgo fundamental del Estado plurinacional es su carcter comunitario. Si bien el

    artculo uno de la Constitucin establece el carcter plurinacional, comunitario y

    autonmico como los ejes nuevos estructurales y transversales de la constitucin, pues

    lo unitario y social de derecho ya estaban contemplados en la Constitucin anterior, el

    segundo artculo plantea el reconocimiento de la preexistencia a la Colonia de las

    naciones y pueblos indgenas originarios, por lo tanto su derecho al autogobierno, a la

    libre determinacin, a sus instituciones propias, normas y procedimientos propios,

    gestin territorial, beneficio exclusivo sobre los recursos naturales renovables, consulta

    sobre la explotacin de los recursos naturales no renovables, legua y cosmovisin

    propias. Esto significa la reconstitucin y la reterritorializacin comunitaria,

    acompaando profundamente al desplazamiento de la forma de gobierno como

    democracia participativa, incorporando como uno de los ejes de la democracia

    participativa a la democracia comunitaria. El sentido comunitario es transversal a la

    Constitucin, esto implica la actualizacin de las instituciones comunitarias, sus redes,

    sus tejidos, sus desplazamientos, sus alianzas territoriales, sus estrategias de

    reconstitucin. Tambin connota la recuperacin, recreacin, enriquecimiento, e

    irradiacin de sus imaginarios, de sus estructuras simblicas, de sus valores,

    conllevando la restitucin de la dimensin tica comunitaria, haciendo circular los

    saberes colectivos, las memorias largas, la informacin y los conocimientos ancestrales.

    Encaminando la presencia, la inmanencia y trascendencia de la comunidad en la

    perspectiva de la transformacin institucional del Estado, de la relacin entre Estado y

    sociedad y de la descolonizacin de las polticas pblicas. Lo ms propio del interior de

    la periferia, como escrib en Estado perifrico y sociedad interior, en Los lmites del

    poder y del Estado[67], es la forma comunidad, son las instituciones comunitarias, son

    los principios y valores comunitarios como solidaridad, reciprocidad,

    complementariedad y redistribucin, son las innovaciones de las estrategias de

    resistencia y transfiguracin de las sociedades polticas, como las denomina Partha

    Chatterjee, de los bricolaje o los abigarramientos, parafraseando a Ren Zavaleta

    Mercado, o los barrocos modernos, como dira Bolvar Echeverra. Las formas de

    comunidad han atravesado los periodos de la colonia y los periodos republicanos, han

    resistido, se han transformado, se han actualizado y atravesado la modernidad misma.

    Esta institucin imaginaria de la comunidad se convierte en una proyeccin alternativa

    en plena crisis del capitalismo y replanteo de las relaciones entre centro y periferia de la

    economa mundo capitalista, del sistema mundo. Que se haya constitucionalizado la

    forma comunidad, que forme parte de la composicin del nuevo Estado, proyecta una

    luz en los mbitos de las relaciones sociales, en las transformaciones del campo poltico

    http://dinamicas-moleculares.webnode.es/#_ftn67

  • y en las recuperaciones sociales del campo econmico. La comunidad disea el nuevo

    horizonte del Estado plurinacional.

    Otra caracterstica en la arquitectura del Estado plurinacional es la participacin y el

    control social. La participacin social establece otra relacin entre Estado y sociedad,

    convirtiendo al Estado en instrumento de la sociedad, efectiviza la democracia

    participativa, desarrollando una construccin colectiva de la decisin poltica, de la

    construccin de las leyes y de la gestin pblica. La participacin social se convierte en

    la matriz de la nueva forma poltica y el control social hace abiertamente transparente el

    ejercicio de la ejecucin de las polticas pblicas, expandiendo los alcances del acceso a

    la informacin y la rendicin de cuentas a la sociedad. La participacin social es el

    verdadero gobierno del pueblo, la democracia, suspende los mecanismos de dominacin

    y cuestiona la especializacin weberiana del aparato pblico, avanzando a una nueva

    concepcin de la gestin pblica, que ahora tiene que ser plurinacional, comunitaria e

    intercultural.

    Una cuarta caracterstica del Estado plurinacional es precisamente el pluralismo

    autonmico, En el contexto de los pluralismos, pluralismo econmico, social, poltico,

    jurdico y cultural, el pluralismo autonmico es consecuente con esta perspectiva

    mltiple y proliferante. Se trata del nuevo modelo territorial, que concibe, en igualdad

    de condiciones, comprendiendo equivalentes jerarquas, distintas formas de autonoma,

    autonoma departamental, autonoma regional, autonoma regional y autonoma, siendo

    la ms importante la autonoma indgena por las caractersticas del Estado plurinacional,

    se trata del lugar, el espacio, el escenario, donde se plasma efectivamente el estado

    plurinacional. Todas estas autonomas tienen sus competencias exclusivas, adems de

    las concurrentes y compartidas, gobiernan y legislan en su jurisdiccin, en tanto que la

    autonoma indgena adiciona su facultad jurdica debido al pluralismo jurdico, a la

    jurisdiccin indgena originaria campesina. El entramado de las competencias configura

    el espacio de desenvolvimiento de las gubernamentalidades y la gestin comunitarias

    desatadas por la expansin de la descentralizacin administrativa poltica. El pluralismo

    autonmico, el nuevo modelo territorial, definen el otro nivel de complejidad del nuevo

    Estado.

    Una quinta caracterstica del Estado plurinacional es la equidad y alternancia de gnero.

    Esta transversal de la constitucin, esta perspectiva, no slo exige la justicia en lo que

    respecta al gnero, es decir, la igualdad de oportunidades para hombres y mujeres, sino

    que tambin apunta a abolir la dominacin masculina, demoler el Estado patriarcal. La

    emancipacin de la mujer forma parte de los proyectos inherentes a los nuevos

    movimientos sociales, vinculado al desarrollo de los nuevos derechos, abrindose a la

    hermenutica de los nuevos sujetos, de las nuevas subjetividades, comprendiendo los

    contextos culturales diversos, respetando las complementariedades inscritas en las

    formas de relacin masculino femeninas de las culturas indgena originario campesina,

    empero requiriendo la adecuacin a los derechos fundamentales constitucionalizados.

    Con la transversal de la equidad de gnero, el Estado plurinacional se abre a la

    participacin activa de las mujeres en la construccin de la nueva forma de Estado y la

    nueva forma de hacer poltica.

    Una sexta caracterstica del estado plurinacional tiene que ver con el modelo

    econmico, que de acuerdo a una primera definicin que s encuentra en la Constitucin,

    se trata de una economa plural, pero que en el sentido mismo, en la direccin que toma,

  • el proyecto econmico, la segunda definicin explicita del modelo econmico es la

    economa social y comunitaria. Este era en realidad el nombre dado por la comisin

    econmica en la constitucin, se lo cambio por economa plural en mbito de

    negociaciones con las minoras en ese espacio extra asamblesta que se llam la

    multipartidaria. En la parte que corresponde a la organizacin econmica del Estado se

    le atribuye un papel fundamental al Estado como articulador de las distintas formas de

    organizacin econmica, en la industrializacin de los recursos naturales, en el

    potenciamiento de la economa comunitaria y de la pequeo y micro empresa, tambin

    de la forma de organizacin social cooperativa. Empero todo esto hay que contextuar en

    un modelo econmico ms amplio desarrollado en la organizacin econmica del

    Estado. El modelo se ampla a la incorporacin de tierra, territorio, la biodiversidad, los

    recursos naturales, los hidrocarburos, la minera, el agua, la energa, la biodiversidad y

    el desarrollo sostenible. Se puede decir que se trata tambin de un modelo ecolgico.

    Este nivel de complejidad del Estado plurinacional rompe con los lmites y las

    limitaciones del economicismo y de una economa subsumida a la acumulacin

    capitalista. Como se puede ver los desafos son grandes, exigen claridad en cuanto a la

    comprensin de los horizontes abiertos por el Estado plurinacional, adems del

    despliegue de una imaginacin y un imaginario radicales, de una fuerza instituyente

    creadora de los nuevos mbitos del desenvolvimiento social y poltico emancipados.

    Estado plurinacional comunitario. La refundacin del Estado en Amrica Latina.

    Epistemologa del Sur

    El libro de Boaventura de Sousa Santos La refundacin del Estado en Amrica Latina,

    comprende dos partes, una terica y otra analtica, entendida como comparada, de los

    procesos boliviano y ecuatoriano. En la primera parte se trabaja las Dificultades de la

    imaginacin poltica o el fin de lo que no tiene fin, adems de La distancia en relacin

    a la tradicin crtica eurocntrica; tambin se vuelve a exponer Una epistemologa del

    sur. La segunda parte trabaja, en el captulo cuarto, El contexto latinoamericano, en el

    quinto, La naturaleza de la transicin, en el captulo seis, La refundacin del Estado y

    los falsos positivos, en el captulo siete, La reconfiguracin del conjunto poltico.

    Nuevas fracturas, dualidades y oportunidades. Despus vienen las conclusiones. Al

    principio se hace la pregunta sobre si el capitalismo tiene fin, qu tendramos que hacer

    para que llegue ese fin, cul es el fin del capitalismo sin fin. La misma pregunta se

    repite en otro espesor y en otra genealoga, esta vez sobre el fin del colonialismo sin fin.

    La clave de este fin est en la movilizacin coordinada y politizada de los movimientos

    sociales, de las naciones y pueblos der Sur, en el desplazamiento y la ruptura

    epistemolgica del Sur respecto a la herencia eurocntrica, en el desplazamiento poltico

    del centro al Sur del sistema-mundo capitalista; as tambin en la conformacin de las

    condiciones, el desprendimiento y el devenir de un nuevo modelo civilizatorio, que en

    el caso de Bolivia y Ecuador est vinculado al vivir bien, suma qamaa, suma kausay.

    Podr convertirse este modelo que nace de la matriz de las culturas y civilizacin

    indgena, que nace de las cosmovisiones indgenas, en un modelo descolonizador y

    diferencial planetario? Eso depende por lo menos de dos cosas, de la imaginacin

    descolonizadora, del alcance de la descolonizacin, y de la correlacin de fuerzas a

    nivel mundial. Para esto se requiere quebrar los monopolios de los pases imperialistas

    del centro del sistema mundo capitalista. Entre estos quiebres de los monopolios se

    encuentra el monopolio del acceso a las riquezas naturales del planeta, tambin el

    monopolio financiero y el monopolio tecnolgico, adems del monopolio de los medios

  • de informacin y de comunicacin, fuera del monopolio de las armas de destruccin

    masiva. Esta lucha antimonoplica de parte de los pases del Sur no slo tiene que

    llevarnos a un mundo multipolar, saliendo del mundo unipolar basado en el dominio y

    la hegemona norteamericana, sino tambin debe llevarnos a una revolucin cultural a

    escala mundial, que no slo signifique la ruptura y el desplazamiento epistemolgico,

    sino tambin una recodificacin y una revalorizacin mltiple de las conductas, los

    comportamientos, las prcticas, los imaginarios, los cuerpos, en un contexto de procesos

    y acontecimientos que logren las transformaciones institucionales, econmicas, poltica

    y culturales. Una transformacin profundas de las relaciones entre formas de Estado y

    formas de sociedad, creando nuevas formas polticas y de gubernamentalidad, donde las

    multitudes, las naciones, los pueblos, las sociedades tengan incidencia primordial. Esto

    significa la profundizacin y transformacin multitudinaria de la democracia,

    desarrollando la accin directa, las formas colectivas, las formas comunitarias, las

    consultas permanentes, el respeto absoluto a los derechos de las naciones, los pueblos,

    las sociedades, los colectivos, las comunidades, los individuos.

    Boaventura observa que en nuestras temporalidades de transicin se han perdido los

    sustantivos crticos, entre ellos socialismo, comunismo, dependencia, lucha de clases,

    alienacin, participacin, frente de masas; que se produce un desplazamiento

    conceptual, una prdida, una relativizacin, pero tambin la emergencia de nuevas

    formas de pensar, que no caen en la hegemona del pensamiento nico liberal-

    neoliberal, que ms bien proponen alternativas emancipadoras. Se da tambin una

    relacin fantasmal entre teora y prctica. La crtica va dirigida a la tradicin crtica

    eurocntrica, respecto de la cual debemos realizar un distanciamiento. Las posibilidades

    emancipadoras se encuentran en los movimientos del Sur, en los movimientos

    indgenas, en los movimientos sociales, en el conglomerado de movimientos diversos

    que se enfrentan a las formas polimorfas de dominacin del capitalismo y de sus

    estados. Una nueva teora crtica debe adecuarse o, mas bien, devenir de la experiencia

    de las prcticas emancipadoras del Sur. Tomar distancia implica estar simultneamente

    adentro y afuera de lo que se critica, de tal modo que se desprende de esta actitud la

    sociologa transgresiva de las ausencias y de las emergencias. En lo que respecta a la

    sociologa de las ausencias, sta consiste en hacer presente lo ausente, en volver

    existente lo inexistente, en calificar y valorar lo descalificado por la racionalidad

    represiva de la mono-cultura vigente. La sociologa de las emergencias consiste en

    sustituir el tiempo lineal por mltiples temporalidades emergentes, un futuro vaco por

    un futuro de posibilidades plurales y concretas, simultneamente utpicas y realistas.

    Boaventura entiende por epistemologa del Sur el reclamo de nuevos procesos de

    produccin y de valoracin de conocimientos vlidos, cientficos y no cientficos, la

    perspectiva mltiple de nuevas relaciones entre diferentes tipos de conocimiento, a

    partir de las prcticas de las clases y de grupos sociales que han sufrido de manera

    sistemtica las injustas desigualdades y las discriminaciones causadas por el capitalismo

    y por el colonialismo[68]. Qu se entiende por el Sur? El Sur no es un concepto

    geogrfico, es mas bien una metfora del sufrimiento humano causado por el

    capitalismo y el colonialismo y de la resistencia para superarlo[69]. Se trata de un Sur

    anticapitalista, anticolonialista y antiimperialista. Por eso dice Boaventura que la

    comprensin del mundo es mucho ms amplia que la comprensin occidental del

    mundo[70]. Se requiere no tanto alternativas como un pensamiento alternativo de

    alternativas[71]. Las dos ideas centrales de la epistemologa del Sur son la ecologa de

    los saberes y la traduccin intercultural[72]. El fundamento de la ecologa de los

    http://dinamicas-moleculares.webnode.es/#_ftn68http://dinamicas-moleculares.webnode.es/#_ftn69http://dinamicas-moleculares.webnode.es/#_ftn70http://dinamicas-moleculares.webnode.es/#_ftn71http://dinamicas-moleculares.webnode.es/#_ftn72

  • saberes es que no hay ignorancia o conocimiento en general; toda ignorancia es

    ignorante de un cierto conocimiento, y todo conocimiento es el triunfo de una

    ignorancia en particular[73]. Como dijimos, la segunda idea de la epistemologa del Sur

    es la traduccin intercultural; sta debe ser entendida como el procedimiento para crear

    inteligibilidad recproca entre las diversas experiencias del mundo. No atribuye a ningn

    conjunto de experiencias ni el estatuto de totalidad exclusiva ni el de parte

    homognea[74]. Las experiencias del mundo son tratadas como como totalidades o

    partes y como realidades que no se agotan en esas totalidades o partes[75]. El trabajo de

    traduccin incide tanto sobre los saberes como sobre las prcticas. La traduccin entre

    saberes asume la forma de una hermenutica diatpica. sta consiste en un trabajo de

    interpretacin entre dos o ms culturas con el objetivo de identificar preocupaciones

    isomrficas entre ellas y las diferentes respuestas que proporcionan[76].

    La epistemologa de los saberes comprende en su contorno una sociologa de las

    ausencias y una sociologa de las emergencias, en su interior una ecologa de los saberes

    y una traduccin intercultural, entendida como una hermenutica diatpica. Se trata de

    una epistemologa mltiple y diferencial que emerge desde el Sur, una epistemologa

    deconstructiva, tambin una epistemologa emancipadora, que se encamina a hacer

    circular los saberes puestos en la sombra por la ciencia y los juegos de poder de los

    mecanismos de dominacin vigentes. Se trata de una epistemologa descolonizadora,

    que interpela, cuestiona los saberes dominantes, que abre horizontes de visibilidad y de

    decibilidad distintos, diferenciales y alternativos al paradigma cultural dominante, el de

    la modernidad. Una epistemologa descolonizadora por el desmontaje de los

    dispositivos de poder, por la deconstruccin de las relaciones de poder, incorporadas al

    cuerpo y cristalizada en los huesos, transferidas al espesor del cuerpo, internalizadas en

    el sujeto y la subjetividad. Ahora bien una epistemologa de sur no puede ser solamente

    un enunciado, un conjunto de enunciados, un proyecto alternativo, no puede ser slo

    una demarcacin, un deslinde, respecto a la epistemologa eurocntrica de la

    modernidad; tiene que ser algo ms, tiene que ser un despliegue mltiple de prcticas

    discursivas y de prcticas no discursivas, que efectivamente hagan circular la pluralidad

    de los otros saberes y los articulen en una hermenutica mltiple e intercultural. Una

    epistemologa del Sur debe abrirse a una transformacin radical de las formaciones

    discursivas, a alternativas formas de decodificacin, de significacin, de re-significacin

    y de traduccin, de figuraciones, de configuraciones y re-figuraciones. Una

    epistemologa del Sur debe desenvolver nuevas formas, mtodos y tcnicas de

    construccin de los objetos, nuevas lgicas y teoras de construccin de los conceptos,

    nuevas hermenuticas del sujeto.

    La fundacin del Estado plurinacional comunitario y autonmico

    En el anlisis del contexto latinoamericano Boaventura de Sousa Santos distingue

    cuatro dimensiones, la de las luchas, la de la acumulacin, la de la hegemona, y la del

    debate civilizatorio. Diferencia las luchas ofensivas de las luchas defensivas, dice que

    las luchas ofensivas de los movimientos indgenas han conducido al constitucionalismo

    transformador en Bolivia y Ecuador; podramos decir tambin a la apertura del

    horizonte del Estado plurinacional, lo que equivale decir la muerte del Estado-nacin,

    del Estado moderno, del Estado liberal. Empero estas revoluciones tienen que ser

    tomadas en cuenta con respecto a la colateralidad de la revolucin bolivariana en

    Venezuela, caracterizada como nuevo nacionalismo definido en trminos del control de

    los recursos naturales. Como ejemplo de las luchas defensivas entra el resto de los

    http://dinamicas-moleculares.webnode.es/#_ftn73http://dinamicas-moleculares.webnode.es/#_ftn74http://dinamicas-moleculares.webnode.es/#_ftn75http://dinamicas-moleculares.webnode.es/#_ftn76

  • pases, cuyos movimientos sociales se abocan a la lucha contra la criminalizacin de la

    protesta social, contra la contrarrevolucin jurdica que busca desconstitucionalizar las

    conquistas sociales, contra el paramilitarismo y el asesinato poltico, contra el golpismo,

    contra el control de los medios de comunicacin por parte de las oligarquas. Las dos

    formas de luchas no estn separadas pues tambin tienen que combinarse en tanto que la

    articulacin entre los dos tipos de lucha es compleja. Incluso dice Boaventura - en

    pases o contextos polticos donde dominan las luchas ofensivas hay que recurrir a

    luchas defensivas cuando la toma del poder del Estado no es total o cuando el Estado

    no tiene control eficaz sobre los poderes fcticos y la violencia poltica no-estatal[77].

    Habra que decir tambin cuando el Estado no termina de transformarse y resiste al

    cambio y a las revoluciones institucionales, cuando reproduce mecanismos represivos

    ante las demandas y emergencias participativas de los movimientos sociales. Estos

    movimientos buscan radicalizar la democracia, realizando la democracia participativa,

    comunitaria e intercultural, lograr el acceso efectivo a la tierra, la redistribucin del

    excedente de los recursos naturales, la promocin de alternativas al desarroll, como es

    el caso del vivir bien, as como oponerse a la separacin entre sociedad y naturaleza,

    concibiendo mas bien la integralidad de la madre tierra. Tambin podramos decir que

    se trata del trastrocamiento de la concepcin liberal que separa Estado de sociedad civil,

    integrando a la saciedad al Estado, a la forma de Estado y a las formas de gobierno, que

    deben contemplar la democracia participativa, la democracia comunitaria y la

    democracia directa, adems de la democracia representativa.

    La segunda dimensin tratada es la que se refiere a la acumulacin, respecto a la cual es

    indispensable entender la combinacin articulada de las dos formas de acumulacin

    analizadas por Marx, la acumulacin ampliada y la acumulacin originaria, la primera

    relacionada a la transformacin de las condiciones de produccin y por lo tanto a la

    valorizacin dineraria por medio de la explotacin del trabajo y la modificacin de la

    composicin orgnica del capital; la segunda forma de acumulacin relacionada al

    despojamiento violento de los recursos naturales por medio de la ocupacin colonial de

    tierras y el sometimiento de las poblaciones nativas, la privatizacin descomunal de las

    empresas pblicas, el saqueo de ahorro de las sociedades y de los trabajadores, la

    mantencin de formas extractivitas de explotacin orientadas a formar economas

    rentistas. Ambas formas de acumulacin se articulan retroalimentndose de distintas

    formas dependiendo los problemas que enfrenta el capitalismo en su proceso de

    acumulacin y el desplazamiento de la crisis estructural.

    La tercera dimensin que describe y analiza el autor es la del uso contra-hegemnico de

    instrumentos hegemnicos, como son la democracia representativa, el derecho, los

    derechos humanos y el constitucionalismo. Al respecto habra que preguntarse: Se

    puede decir que la lucha del pueblo boliviano, de los movimientos sociales, de las

    naciones y pueblos indgenas originarios campesinos se resume a un uso contra-

    hegemnico de instrumentos hegemnicos? A propsito en un ensayo titulado

    Emancipaciones poscoloniales escribo lo siguiente: Una mirada genealgica de la

    guerra anticolonial, actualizada en distintos contextos de la historia, nos muestra la

    recurrencia transversal de la insurgencia indgena y de una guerra popular

    prolongada. Nos referimos a trayectorias subversivas que terminan inscribiendo las

    huellas de los recorridos alterativos, nmadas y lneas de fuga. En la perspectiva de un

    mapa temporal, nos referimos a la guerra india desatada por quischwas y aymaras,

    acompaada por los levantamientos indgenas del siglo XVIII; siguiendo la secuencia,

    tenemos la continuidad de estos levantamientos durante el siglo XIX, a pesar de la

    http://dinamicas-moleculares.webnode.es/#_ftn77

  • participacin dual de los indgenas en los dos bandos, el realista y el criollo, durante

    las guerras de la independencia, que corresponde a la lucha de los guerrilleros y los

    combates del ejrcito independentista; luego viene el estallido de nuevos

    levantamientos en la primera mitad del siglo XX, incluyendo las resistencias y

    participaciones comunitarias en el reclutamiento para la Guerra del Chaco; en la

    segunda mitad del mismo siglo tenemos ciertas reminiscencias de los levantamientos

    indgenas, estrictamente localizados despus de la Revolucin Nacional y la Reforma

    Agraria; ms tarde, durante el crepsculo del rgimen militar, la reiteracin de

    levantamientos campesinos, durante la masacre del valle y despus, incluyendo el gran

    bloqueo de caminos de 1979 de la flamante CSUTCB, dirigida por el dirigente aymara

    Genaro Flores; cerrando el siglo, como iniciando un nuevo ciclo de levantamientos

    indgenas emerge desde el fondo amaznico la marcha indgena de tierras bajas por la

    dignidad y el territorio, en 1990 y 1992; ya al comienzo del nuevo milenio tenemos al

    magma ardiente del levantamiento indgena contemporneo, emergiendo

    volcnicamente desde las profundidades de las contradicciones y la memoria larga;

    este acontecimiento es el bloqueo de caminos indgena-campesino y el sitio de

    ciudades, en septiembre del 2000; despus viene el tejido de recorridos de-

    constructores de los movimientos sociales, confluyendo de manera entrelazada entre

    mltiples movimientos, en bloqueos y marchas, durante el ciclo semi-insurreccional de

    corrientes sociales e indgenas anticapitalistas y descolonizadoras del 2000 al 2005.

    Este recorrido profuso nos muestra el uso recurrente de instrumentos de contrapoder y

    contra-hegemnicos que nada tienen que ver con una analoga respecto los

    instrumentos institucionales y hegemnicos. Esto es importante anotar, sobre todo

    retomar cuando tengamos que analizar la experiencia democrtica del 2006 al 2010,

    que corresponde a la primera gestin del gobierno indgena y popular y una primera

    parte de la segunda gestin de este gobierno[78]. Podemos decir que es en esta ltima

    etapa cuando se usan los instrumentos hegemnicos de manera contra-hegemnica;

    aunque se pueda detectar en la historia periodos de uso de instrumentos hegemnicos,

    como es el caso del periodo de la Revolucin Nacional (1952-1964), como es el caso de

    parte del periodo llamado democrtico (1982-2005), que incluye el periodo neoliberal

    (1985-2005), el lapso que propiamente se hace uso contra-hegemnico de instrumentos

    hegemnicos es cuando se da la apertura a la democracia plebeya y durante la primera

    gestin del gobierno indgena popular, incorporando tambin la segunda gestin de este

    gobierno (2005-2010). Sin embargo, no puede explicarse esta etapa sin la acumulacin

    histrica de la experiencia del uso de instrumentos contra-hegemnicos en el sentido

    contra-hegemnico. Esto quiere decir que la profundizacin democrtica en Bolivia se

    basa primordialmente en los levantamientos, en la guerra anticolonial, en la

    movilizacin, en las marchas, en los bloqueos, sitios, en los acontecimientos

    insurreccionales, en las emergencias semi-insurreccionales. El espesor histrico, el

    fondo y el trasfondo, del uso de los instrumentos hegemnicos en el sentido contra-

    hegemnico, es pues la desmesura poltica de la revuelta, la revolucin y el proceso de

    movilizaciones.

    La cuarta dimensin encontrada en el anlisis del contexto latinoamericano es el debate

    civilizatorio. Boaventura de Sousa Santos dice: hoy, debido a la renovada eficacia de

    las luchas de los pueblos indgenas y afro-descendientes, el debate civilizatorio est en

    la agenda poltica y se manifiesta a travs de dualidades complejas ancladas en

    universos culturales y polticos muy distintos. No se trata de diferencias culturales

    siempre presentes en el seno de cualquier universo civilizatorio, sino de diferencias

    culturales entre universos civilizatorios distintos. A ttulo de ejemplo, algunas de las

    http://dinamicas-moleculares.webnode.es/#_ftn78

  • dualidades: recursos naturales o Pachamama?, desarrollo o SumakKawsay?, tierra

    para reforma agraria o territorio como requisito de dignidad, respeto e identidad?,

    Estado-nacin o Estado plurinacional?, sociedad civil o comunidad?, ciudadana o

    derechos colectivos?, descentralizacin/desconcentracin o autogobierno indgena

    originario campesino?[79]Se puede resumir el debate civilizatorio en torno al vivir

    bien, suma qamaa, suma kausay, que es tomado, desde la Conferencia Mundial de los

    Pueblos sobre el Cambio Climtico y los Derechos de la Madre Tierra, llevada a cabo el

    22 de abril en Tiquipaya-Cochabamba, como modelo civilizatorio y cultural

    alternativo al capitalismo, a la modernidad y al desarrollo. La peculiaridad del vivir bien

    es que arranca de la matriz de cosmovisiones indgenas del continente y se proyecta

    como proyecto civilizatorio de los movimientos sociales del mundo en lucha contra el

    capitalismo.

    Naturaleza de la transicin

    Cul es la estructura, la composicin, la orientacin y la direccin de la transaccin?

    Esta es la pregunta que no solamente tiene que ver con la temporalidad sino tambin

    con el desplazamiento poltico y la transformacin poltica. La pregunta implcita es

    ms o menos la siguiente: A dnde va la transicin? Tambin podramos preguntarnos:

    Es transformadora la transicin? Y podemos seguir: Cules son las experiencias de la

    transicin? Cules son las percepciones de la transicin? Volviendo atrs, sin

    necesariamente repetir la pregunta: A dnde vamos con la transicin? Dnde nos

    lleva? Sobre todo esta pregunta se hace inquietante cuando sabemos que se trata de la

    transicin hacia el Estado plurinacional comunitario y autonmico. Hemos dejado el

    Estado-nacin? Podemos dejar esta estructura poltica heredada? El Estado

    plurinacional comunitario es una utopa o mas bien es la potencia y la potencialidad

    inmanente del poder constituyente e instituyente, de la voluntad de poder de los

    movimientos sociales y de las naciones y pueblos indgenas originarios campesinos y

    afro-bolivianos? Este proyecto anhelante, esta proyeccin poltica y social, coincide

    con la sustentacin de las condiciones de posibilidad histricas? Puede la voluntad

    poltica multitudinaria cambiar las condiciones, transformarlas? Para responder estas

    preguntas no debemos olvidarnos que nos situamos en campos de correlaciones de

    fuerzas, en el espacio-tiempo de procesos en curso, plsticos y moldeables. Hay que

    distinguir la lectura de las fuerzas desde la perspectiva de su cantidad de la lectura

    cualitativa de las fuerzas, que se basa en la distincin de su diferencia; as tambin

    distinguir la direccionalidad y el sentido del juego de fuerzas. As, por este camino, es

    tambin importante distinguir lo anterior de la interpretacin hecha por la voluntad de

    poder, afirmativa o reactiva. Podemos decir, transformadora o restauradora.

    De acuerdo a la apreciacin de Boaventura de Sousa Santos se cuenta con una vasta

    bibliografa sobre transiciones polticas contemporneas. Hablamos de estudios sobre

    las transiciones de las dictaduras o Estados burocrtico autoritarios de la dcada de

    los aos 60 y 70 del siglo pasado hacia las democracias liberales de los aos 80. Entre

    estos estudios sobresale la investigacin de Guillermo ODonnell[80]. La problemtica

    medular en este conjunto de investigaciones es definir dnde comienza la transicin y

    hasta dnde va[81]. Al respecto, lo importante es subrayar que, en general, la teora

    crtica latinoamericana, en especial de los aos 80 del siglo pasado, concentr sus

    crticas en el carcter superestructural de los anlisis de las transiciones, totalmente

    centrados en las dinmicas y procesos polticos (casi siempre dominados por las lites

    y con muy poco espacio para las clases populares), y en el hecho de que las

    http://dinamicas-moleculares.webnode.es/#_ftn79http://dinamicas-moleculares.webnode.es/#_ftn80http://dinamicas-moleculares.webnode.es/#_ftn81

  • transiciones democrticas ocurrieron al mismo tiempo que la liberalizacin de las

    economas exigida por la nueva ortodoxia, el neoliberalismo, y por eso coincidieron

    con el aumento exponencial de las desigualdades sociales, lo que acab por

    deslegitimar la democracia liberal en la percepcin de las clases populares[82]. En la

    nueva generacin de transiciones de los procesos de transformacin recientes, el perfil,

    la forma, el contenido, la estructura, la composicin y la orientacin de los mismos

    cuestiona las concepciones sobre la transicin conformadas por la academia. Los

    movimientos sociales, los movimientos indgenas, afro-descendientes y campesinos,

    los movimientos relativos a las identidades cuestionan las tesis e hiptesis consolidadas

    sobre la transicin. Estos movimientos subvirtieron los fundamentos de las transiciones

    cannicas en tres dimensiones distintas: a) el inicio y el trmino de la transicin, b)

    el concepto de tiempo que gobierna la transicin y c) las totalidades en cuyo seno

    ocurre la transicin[83].

    En lo que respecta al inicio y el trmino de la transicin, estas conmociones han

    trastornado toda la cuidadosa indagacin sobre las transiciones al mostrar que sus

    duraciones son demasiado cortas, adems de que las transformaciones canonizadas

    por ellas, sin ser minimizadas o menospreciadas, resultan como circunscritas a la

    coyuntura de referencia y no toman en cuenta los contextos histricos expansivos y

    dilatados de la emancipacin y de la liberacin[84]. En lo que respecta a el concepto de

    tiempo que gobierna la transicin, no solamente la temporalidad ha sido alterada, sino

    tambin el concepto de tiempo que le subyace. Dada la concepcin de tiempo lineal que

    subyace a la modernidad occidental, las transiciones son siempre una trayectoria que

    va del pasado al futuro[85]. En lo que respecta a las totalidades en cuyo seno ocurre la

    transicin, el trastrocamiento de las concepciones establecidas tiene que ver con las

    diferentes cosmovisiones que son llamadas a converger en las transiciones de largo

    plazo. Las transiciones cannicas de las dcadas pasadas son transiciones en el seno

    de totalidades homogneas: dictadura y democracia en cuanto dos sub-especies de

    regmenes polticos modernos. En el caso de los indgenas y afro-descendientes, las

    transiciones ocurren entre civilizaciones distintas, universos culturales con

    cosmovisiones propias cuyo dilogo posible, a pesar de tanta violencia y de tanto

    silenciamiento, solamente es posible a travs de la traduccin intercultural y siempre

    con el riesgo de que las ideas ms fundamentales, los mitos ms sagrados, las

    emociones ms vitales se pierdan en el trnsito entre universos lingsticos, semnticos

    y culturales distintos[86].

    La naturaleza de la transicin supone una ruptura y quiebre civilizatorio y cultural, una

    ruptura y desplazamiento epistemolgico, transformaciones radicales institucionales,

    econmicas, polticas y culturales. La interpretacin de esta transicin es

    descolonizadora, entonces el inicio de la transicin se remonta a la emergencia de la

    guerra anticolonial, a los levantamientos indgenas del siglo XVIII; la construccin de la

    nueva conceptualizacin de la transicin descolonizadora supone poner en suspenso los

    mecanismos de dominacin, la violencia corporizada, la discriminacin y la

    explotacin, la internalizacin de las relaciones de poder, la construccin del concepto

    apunta a una nueva forma de pensar la estructura de la temporalidad y el ritmo de los

    procesos; la des-totalizacin de la cultura y la civilizacin hegemnica corresponde al

    ncleo mismo de la transicin, la misma que se orienta a la emancipacin mltiple se

    los sujetos y subjetividades emergentes, de los mbitos de relaciones alternativas y

    actualizadas, de las naciones y pueblos subyugados.

    http://dinamicas-moleculares.webnode.es/#_ftn82http://dinamicas-moleculares.webnode.es/#_ftn83http://dinamicas-moleculares.webnode.es/#_ftn84http://dinamicas-moleculares.webnode.es/#_ftn85http://dinamicas-moleculares.webnode.es/#_ftn86

  • La pregunta de a dnde vamos con la transicin? La vamos a poder responder si

    visualizamos lo que contiene la transicin, las fuerzas que la componen y la dirigen, la

    correlacin de fuerzas, las tendencias en juego. Ya habamos dicho que lo que se nota

    en la inercia del viejo Estado, del Estado-nacin, la resistencia del Estado liberal a

    morir, la restauracin del Estado colonial, la repeticin del Estado moderno mono-

    nacional y mono cultural, atrapado en las redes del orden mundial, de la dominacin

    mundial delos pases dominantes del centro del sistema mundo capitalista, bajo la

    hegemona y dominacin de la hiperpotencia econmica, tecnolgica, militar y

    comunicacional de los Estados Unidos de Norte Amrica. Hablamos de la persistencia

    de las estructuras burocrticas del Estado liberal, de la mantencin obsesiva de sus

    viejas normas, viejos procedimientos, viejas prcticas, que restituyen la forma de

    gobierno liberal que separa gobernantes de gobernados, Estado de sociedad civil.

    Comprendiendo esta restauracin colonial en el marco de un Estado que sigue siendo

    subalterno, por lo tanto enredado en la textura de la mltiple dependencia. Tambin

    hablamos de la dramtica situacin en a que se encuentra la Constitucin Poltica del

    Estado, la aplicacin de la constitucin, pues ante un proceso de restauracin colonial y

    liberal, lo que se hace es desconstitucionalizar el texto constitucional. La elaboracin de

    leyes terminan siendo transitorias, no son el resultado de una construccin colectiva y

    de una ruptura conceptual con las formas coloniales de hacer leyes, reproduciendo

    mecnicamente el pensamiento represivo del derecho y del pensamiento jurdico,

    repitiendo mecnicamente la tcnica legislativa, sin abordar para nada la produccin

    legislativa desde un nuevo paradigma, desde la fuerza creativa de la imaginacin y el

    imaginario radicales. Las leyes fundacionales fundan el nuevo Estado plurinacional

    comunitario y autonmico, no restauran el Estado liberal, el Estado-nacin, el Estado

    moderno, es decir lo que llamamos el Estado colonial. Por lo tanto, podemos encontrar

    dos tendencias en pugna en el proceso de transicin , una, dominante, que encarna el

    proyecto de un capitalismo de Estado, atrapado acrticamente en el marco avejentado e

    intil del paradigma de la revolucin industrial, sin poder articular el cambio del

    modelo productivo, incluyendo la industrializacin efectiva de las reas estratgicas en

    el contexto articulado, complementario e integral de una economa plural, orientada a la

    economa social y comunitaria, la misma que despliega un modelo ecolgico, en la

    perspectiva del modelo civilizatorio y cultural alternativo al capitalismo, la modernidad

    y el desarrollo. La otra tendencia se encuentra subsumida, fragmentada y dispersa,

    tratando de responder desde distintas perspectivas a la aplicacin consecuente de la

    constitucin. Esta corriente abarca corrientes indianistas, ambientalistas, agraristas,

    plurinacionales y comunitarias.

    La fundacin del Estado plurinacional comunitario o ms all del Estado

    Boaventura de Sousa Santos plantea dos vertientes de transformacin del Estado, la

    primera es el Estado como comunidad ilusoria, la segunda es el Estado de las venas

    cerradas. Respecto a la caracterizacin de la primera vertiente dice que:

    El Estado-comunidad-ilusoria tiene una vocacin poltica nacional-popular y

    trans-clasista. La comunidad reside en la capacidad del Estado para

    incorporar algunas demandas populares por va de inversiones financieras y

    simblicas ideolgicas. La accin represiva del Estado asume, ella misma, una

    fachada simblico-ideolgica (la seguridad ciudadana). El carcter

  • ilusorio reside en el sentido clasista del trans-clasismo. Las tareas de

    acumulacin dejan de contraponerse a las tareas de legitimacin para ser su

    espejo: el Estado convierte intereses privados en polticas pblicas no porque

    sea el comit de la burguesa, sino porque es autnomo en la defensa del bien

    comn. Por otro lado, al denunciar las ms arrogantes manifestaciones del

    poder clasista (demonizando la ostentacin, los bonos y gratificaciones), el

    Estado hace que los fundamentos de este poder queden todava ms invisibles e

    intocados[87].

    En lo que respecta a la segunda vertiente de la transformacin del Estado dice que:

    Cuando los movimientos indgenas, en el continente latinoamericano y en el mundo,

    levantan la bandera de la refundacin del Estado lo hacen por haber sufrido

    histricamente y por seguir sufriendo hoy en da las consecuencias de todas las

    caractersticas arriba mencionadas del Estado moderno en muchas de sus

    metamorfosis[88]. De acuerdo a lo que se escribe en Refundacin del Estado en

    Amrica latina, el Estado de las venas cerradas es el Estado plurinacional que se

    construye en Bolivia y Ecuador. Como dijimos varias veces este Estado de las venas

    cerradas no es un Estado moderno, no es un Estado liberal, por lo tanto no es un Estado

    colonial; por lo tanto se trata de un Estado que se construye sobre su condicin

    pluralista, su condicin heterognea no moderna, podramos llamarla postmoderna, su

    condicin comunitaria, su condicin descolonizadora. Para entender esta transformacin

    estatal, esta transfiguracin poltica, debemos tener en cuenta dos cosas, las dificultades

    de la transicin y las condicionantes, los recursos, los medios y experiencias por las que

    pasa esta transicin de la fundacin del Estado plurinacional. Primero evaluaremos las

    dificultades de la transicin y despus pasaremos a los medios de la transicin.

    Teniendo en cuenta estas vertientes de la transformacin del Estado, el proceso de

    refundacin del Estado, incluso podemos decir mejor, el proceso de fundacin de una

    nueva forma de Estado, tiene siete dificultades principales:

    La primera dificultad puede resumirse del modo siguiente: no es fcil transformar

    radicalmente una institucin que, en su forma moderna, tiene ms de trescientos aos.

    La segunda dificultad puede describirse de la siguiente forma: la prolongada

    permanencia del Estado moderno ocasiona que su imaginario est presente en la

    sociedad mucho ms all de su materialidad institucional; esta es la razn por lo que el

    proceso de fundacin del nuevo Estado no se restrinja a una lucha poltica en sentido

    estricto, mas bien se abre a las formas plurales de la lucha social y cultural,

    transformando los smbolos, viviendo transvaloraciones, cambiando mentalidades,

    instaurando nuevos habitus y subjetividades. Visto de esta forma se trata del combate

    por una nueva hegemona[89]. La tercera tiene que ver con la necesidad de contar con

    alianzas estratgicas. Esta querella no puede ser sobrellevada exclusivamente por las

    clases ms explotadas, las naciones y pueblos, los grupos ms oprimidos; es ineludible

    crear alianzas con conglomerados, grupos y clases sociales ms extensos[90]. La cuarta

    dificultad puede asumirse de la siguiente manera: lo que llamamos fundacin del nuevo

    Estado es en el fondo una ruptura y un desplazamiento civilizatorio. En este horizonte

    se requiere de un dilogo intercultural; para que se produzca este dilogo intercultural es

    imprescindible la concurrencia de voluntades polticas diferenciadas histricamente[91].

    La quinta dificultad tiene que ver con la condicin de posibilidad histrica del propio

    proceso de fundacin del Estado; esta condicin exige transformar el orden de

    relaciones y el carcter mismo de las relaciones sociales y culturales; particularmente en

    http://dinamicas-moleculares.webnode.es/#_ftn87http://dinamicas-moleculares.webnode.es/#_ftn88http://dinamicas-moleculares.webnode.es/#_ftn89http://dinamicas-moleculares.webnode.es/#_ftn90http://dinamicas-moleculares.webnode.es/#_ftn91

  • los mbitos de la economa capitalista se requiere transformar las relaciones

    econmicas, las de produccin y las de reproduccin[92].La sexta dificultad tiene que

    ver con distintas perspectivas de los movimientos involucrados en la fundacin del

    Estado. Para los aliados del movimiento indgena la refundacin del Estado significa

    crear algo nuevo, para el movimiento indgena el Estado plurinacional comunitario tiene

    sus races en formas que precedieron a la conquista[93]. Por ltimo, la sptima

    dificultad tiene que ver con representaciones sociales reiterativas de los proyectos

    revolucionarios del siglo pasado. Otra representacin recurrente es la relativa a la

    modificacin reformista del Estado moderno; esto es la experiencia de la

    socialdemocracia y del Estado de Bienestar[94].

    Retomando el hilo, segn Boaventura de Sousa Santos hay dos vertientes de la

    transformacin del Estado, de la fundacin del nuevo Estado, la que tiene que ver con

    Estado-comunidad-ilusoria y la del Estado-venas-cerradas. La primera vertiente se

    resume a mantener el mismo Estado, su misma estructura de poder, su misma

    composicin institucional, operativa y prctica, incorporando reformas en el marco de la

    comunidad ilusoria, que si bien satisfacen parcialmente demandas populares no cambian

    las estructuras mismas que generan las desigualdades, las inequidades, los

    desequilibrios, las dominaciones polimorfas. Mas bien refuerzan estas estructuras

    alimentando la ilusin de transformaciones ficticias, coyunturales, frgiles. La segunda

    vertiente, la del Estado-venas-cerradas, busca responder al desafo de las

    transformaciones estructurales del Estado, de las transformaciones institucionales y de

    las transformaciones econmicas, polticas, sociales y culturales. Se trata de quebrar las

    estructuras que generan desigualdades y dominaciones polimorfas, quebrar al Estado

    estructurado sobre relaciones de poder que reproducen las clases, la discriminacin

    racial y la acumulacin capitalista. Se trata de fundar un nuevo Estado basado en

    relaciones de poder que establezcan la equidad social, la descolonizacin y la

    interculturalidad, la generacin creativa de producciones complementarias e integrales,

    en armona con la naturaleza, formas de vida mltiples en interaccin equilibrada.

    Las condicionantes, los recursos, los medios y las experiencias de la transicin pueden

    describirse del siguiente modo: hablamos del constitucionalismo transformador, de las

    rutas abiertas en el horizonte del Estado plurinacional, del proyecto de pas, de la nueva

    institucionalidad, del pluralismo jurdico, de la nueva territorialidad, de la nueva

    organizacin del Estado y de las nuevas formas de planificacin, de la democracia

    intercultural, del mestizaje postcolonial emergente, de la participacin de las mujeres en

    la fundacin del nuevo Estado, de la educacin para la democracia intercultural y la

    refundacin del Estado a partir de la epistemologa del Sur, y de los recorridos

    experimentales del Estado plurinacional. Llamemos a las condicionantes, recursos,

    medios y experiencias instrumentos de la transicin; entonces estos instrumentos de la

    transicin transformadora en la fundacin del Estado plurinacional comunitario nos

    muestran los mltiples niveles en los que hay que moverse en el acto fundacional y

    creativo del nuevo Estado. Importa entender que el nuevo constitucionalismo es

    participativo, resulta de una construccin colectiva, se proyecta como voluntad poltica

    transformadora de las multitudes. Es indispensable comprender que las

    transformaciones institucionales se abren a otra forma de gobierno, que resulta de la

    participacin activa de los sujetos colectivos, los movimientos sociales, de la ciudadana

    intercultural. El nuevo mapa institucional corresponde a una circulacin horizontal de

    fuerzas y de poder que organizan los instrumentos y agenciamientos polticos en una

    dinmica de profundizacin democrtica. El pluralismo jurdico se abre a distintas

    http://dinamicas-moleculares.webnode.es/#_ftn92http://dinamicas-moleculares.webnode.es/#_ftn93http://dinamicas-moleculares.webnode.es/#_ftn94

  • esferas ticas, incorporando la tica colectiva y la cosmovisin de las naciones y

    pueblos indgena originarios. Este pluralismo forma parte del pluralismo institucional,

    del pluralismo normativo, del pluralismo administrativo, del pluralismo de gestiones del

    Estado plurinacional comunitario. La condicin plurinacional del Estado y la condicin

    autonmica, sobre todo la presencia re-constitutiva de las territorialidades indgenas

    exige un nuevo orden territorial, una nueva territorializacin, entendiendo al territorio

    como espesor cultural y espesor ecolgico. Estas transformaciones conducen a nuevas

    formas organizativas del Estado basadas en el ejercicio plural de la democracia

    participativa, tambin conlleva un nuevo enfoque de planificacin integral,

    complementaria y participativa, desarrollando una visin territorial de las polticas, los

    planes y los programas. El Estado plurinacional supone tanto la reconstitucin

    comunitaria como la articulacin intercultural de la emancipacin. Esto requiere de una

    educacin intercultural que movilice la crtica y las potencialidades descolonizadoras,

    hablamos de una educacin descolonizadora e intercultural. Como puede verse la

    condicin compleja y mltiple del Estado plurinacional exige el uso alternativo de un

    pensamiento pluralista, que recurre a la circulacin crtica de mltiples paradigmas.

    Desidertum en la transicin

    Cmo es lgico, las concesiones se hicieron mayores y ms frecuentes en una

    dinmica en la que no es posible distinguir la gravedad de cada paso que se da.

    Todas las concesiones fueron comprometedoras en grados y medidas siempre

    crecientes. La revolucin no se derrumb de un solo golpe: cay poco a poco,

    pedazo a pedazo. La contrarrevolucin no pas por el pas como una

    aplanadora y sus efectos fueron demoledores, necesit varios aos para echar

    abajo lo que encontraba a su paso.

    Sergio Almarz Paz: Rquiem para una repblica. El tiempo de las cosas

    pequeas.

    El 2006 comienza una nueva etapa, despus de haber vivido y experimentado la intensa

    y expansiva movilizacin general del 2000 al 2005. Esta nueva etapa se caracteriza por

    ser la primera gestin del primer gobierno elegido en diciembre de 2005, como

    consecuencia de la toma de la ciudad de Sucre el 9 de junio por los ayllus en la maana,

    y por el proletariado minero en la tarde, en una especie de clausura de las

    movilizaciones de mayo y junio del 2005. Las elecciones eran un instrumento

    democrtico para viabilizar la agenda de octubre (2003) y el mpetu del poder

    constituyente de los movimientos sociales. Empero en el 2006, despus de la asuncin

    de mando por parte del presidente Evo Morales Ayma y el Vicepresidente lvaro

    Garca Linera, la disyuntiva se presenta al flamante gobierno indgena y popular:

    Cambiar todo o efectuar cambios paulatinos de una manera diferida y pragmtica. Se

    escoge lo segundo ante el temor de no poder manejar un gobierno inserto en radicales

    transformaciones institucionales. Esta decisin cautelosa se toma no sin dudas, sobre

    todo por parte de las organizaciones sociales. Empero tal era el entusiasmo en el que se

    hallaban las multitudes que estos primeros pasos titubeantes eran incluso bien venidos,

    figurando un nio que comenzaba a caminar. Habr sido una buena decisin? Esto slo

    lo podremos saber haciendo un balance analtico y profundo de la primera gestin de

    gobierno, a la luz de los acontecimientos desatados durante este periodo inaugural, que

    incluyen a un dramtico proceso constituyente, pero tambin teniendo en cuenta las

    tareas que tiene que emprender el segundo gobierno de Evo Morales Ayma, en una

  • etapa que denominaremos de la aplicacin de la Constitucin Poltica del Estado,

    temporalidad que exige actos, acciones y leyes fundacionales, transformaciones

    institucionales radicales sobre las que se asiente el Estado plurinacional comunitario y

    autonmico.

    Durante la primera gestin de gobierno se toman dos medidas fundamentales que

    corresponden a la llamada Agenda de Octubre, la nacionalizacin de los hidrocarburos,

    el primero de mayo de 2006, y la convocatoria a la Asamblea Constituyente, el 6 de

    marzo del mismo ao. Estas dos medidas cambian el escenario econmico y el

    escenario poltico del pas. El primer artculo del Decreto Supremo 28.071Hroes del

    Chaco dicen que el Estado recupera la propiedad, la posesin y el control total y

    absoluto de estos recursos. En la Leyespecial de convocatoria a la Asamblea

    Constituyente se dice que El objeto de la presente Ley Especial es convocar a la

    Asamblea Constituyente y se basa en los Artculos 2, 4 y 232 de la Constitucin

    Poltica del Estado y Artculo 1 de la Ley Especial 3091 del 6 de julio de 2005,

    sealando la forma y modalidad que establecen dichos artculos. Con estas medidas se

    inicia el proceso de nacionalizacin de los recursos naturales y el proceso constituyente.

    Ambos procesos van a experimentar sus propias contingencias, el primero tcnicas, de

    implementacin y de creacin de las condiciones para la industrializacin de los

    hidrocarburos, en un mbito internacional de grandes compras de volmenes de gas,

    principalmente por parte de Brasil y de Argentina. El segundo proceso resulta mucha

    ms duro que el primero y cualitativamente diferente, tiene que sortear los problemas y

    los obstculos que le siembran en el camino una oposicin recalcitrante, las oligarquas

    regionales y el Comit Interinstitucional de Chuquisaca que levanta a la ciudad de Sucre

    contra la Asamblea Constituyente. Finalmente, despus de un ao y cuatro meses, el

    tesn, el esfuerzo, hasta el sacrificio y el acto heroico de los constituyentes salvan a la

    Asamblea Constituyente, la mayora de los constituyentes aprueba en el Liceo Militar y

    despus en Oruro la Constitucin Poltica del Estado. El Congreso, declarado

    constitucional, har despus ciento cuarenta y cuatro modificaciones, revisando ciento

    vente y dos artculos, empero no podr cambiar el espritu constituyente, la voluntad

    constituyente, expresada en la estructura misma de la constitucin, en la visin de pas y

    en el modelo de Estado; manifestando esta voluntad principalmente en la parte

    declarativa de la Constitucin y derivando consecuencias importantes en la parte

    orgnica de la misma.

    La primera gestin de gobierno tuvo que enfrentar la conspiracin de la derecha,

    conspiracin que se realiza en varias etapas. Primero se comenz con una agenda

    opuesta a la Agenda de Octubre de 2003, la llamada Agenda Autonmica, despus se

    dio lugar el referndum autonmico, comenzando el 4 de mayo de 2008 en Santa Cruz,

    en franca oposicin al Gobierno Nacional y a la Corte Nacional Electoral. Despus del

    referndum constituyente del 25 de enero de 2009, las oligarquas regionales se lanzan a

    una ofensiva movilizada y violenta, efectuando toma de instituciones gubernamentales,

    utilizando el argumento de que persiguen recuperar la parte del Impuesto Directo a los

    Hidrocarburos (IDH), que supuestamente se les quit, transfiriendo este monto al bono

    dignidad. Esta ofensiva culmina en su espiral de violencia ascendente el 11 de

    septiembre de 2008 con una cruenta masacre de campesinos. El gobierno declara Estado

    de Sitio en Pando e interviene la regin con el objeto de restituir el orden, capturar a los

    responsables de la masacre y juzgarlos. En defensa del decreto que declara Estado de

    Sitio se dice que se establece una situacin excepcional de "extrema gravedad" para

    "garantizar la vida" y "los intereses de la colectividad" en el departamento de Pando.

  • La derecha es derrotada por lo menos cuatro veces en este lapso te tiempo poltico;

    primero con la aprobacin popular de la Constitucin Poltica del Estado en el

    referndum constitucional, segundo con la ratificacin del presidente Evo Morales

    Ayma en la revocatoria de mandato, tercero con la derrota poltico y militar en Pando, y

    cuarto con la derrota electoral de diciembre de 2010. En estas elecciones la derecha se

    encuentra dispersa, fragmentada, desmoralizada, sin discurso poltico, pues el discurso

    autonmico es reapropiado por la Constitucin con una propuesta ms integral de

    pluralismo autonmico. La derecha al oponerse a la aprobacin de la Constitucin

    queda al margen de la propia nueva agenda autonmica. La segunda gestin de gobierno

    se inicia con una abrumadora mayora del Movimiento al Socialismo (MAS) en la

    Asamblea Legislativa Plurinacional, controlando las dos cmaras, lo que habilita al

    gobierno, en coordinacin con la Asamblea, a la promulgacin de leyes que deberan ser

    fundacionales. Estos resultados hacen pensar en las condiciones de posibilidad

    adecuadas para la construccin y conformacin de una hegemona indgena y popular,

    hegemona indispensable para la realizacin de las tareas de transformaciones

    institucionales, polticas, econmicas, sociales y culturales que requiere la fundacin del

    Estado plurinacional comunitario y autonmico.

    Este ambiente despejado y promisorio no se empaa del todo con los resultados de las

    elecciones departamentales y municipales del cuatro de abril de 2010, donde si bien

    gana el MAS en seis de los nueve departamentos, pierde en tres, Santa Cruz, Tarija y

    Beni. Gana en la mayora de los municipios, ms de 200 de los 337 municipios; sin

    embargo, perdi en las elecciones municipales en siete de las diez principales ciudades,

    contndose entre ellas a la ciudad de La Paz, as tambin Oruro, ciudades estas

    asentadas entierras altas donde se despliega la preponderancia electoral del MAS,

    ciudades que se consideran baluartes del Instrumento Poltico por la Soberana de los

    Pueblos (IPSP).Otra cosa que llama la atencin es lo que ocurri en la ciudad de El

    Alto, donde gan el MAS, pero slo con el cuarenta por ciento de los votos, bajando su

    votacin a la mitad respecto a las elecciones presidenciales. Haciendo un balance

    cuantitativo de lo que aconteci en el departamento de la sede de gobierno, el MAS baj

    su votacin en La Paz de ochenta a cincuenta por ciento. Considerando este rpido

    recuento, qu significa este desplazamiento electoral? Un reacomodo de las fuerzas

    polticas? Un desplazamiento hacia el centro? Desacuerdo de las bases en lo que

    respecta a la seleccin de los candidatos? Un sntoma de las variaciones emocionales

    de la gente? Desgaste del MAS? O mas bien se trata de un fenmeno pasajero y

    circunstancial? Estos desplazamientos se explican por la ausencia de Evo Morales

    como candidato, la diferencia entre elecciones nacionales y elecciones departamentales

    y municipales? Estas preguntas dibujan un espacio de preguntas, pero tambin de

    problemas, as como de probables hiptesis, que pueden ayudarnos a analizar y a

    interpretar las coyunturas que se van a suceder desde las elecciones departamentales y

    municipales hasta el conflicto de Potos de agosto de 2010.

    Tres conflictos se suceden en una coyuntura postelectoral; el conflicto de Caranavi por

    la instalacin de una planta de ctricos, que se prolonga durante las dos primeras

    semanas de mayo, derivando en un desenlace fatal que se lleva dos muertos y

    veintinueve heridos; el conflicto con el CIDOB, la central indgena de pueblos del

    Oriente boliviano, que se prolonga casi todo julio, que tiene que ver con un conjunto de

    demandas vinculadas a los territorios indgenas, a la implementacin de las autonomas

  • indgenas, al Fondo Indgena, a la anulacin de concesiones forestales, a la realizacin

    de la consulta, al saneamiento de tierras en los territorios indgenas, as como al

    problema de la presencia de los terceros en territorios indgenas; y el conflicto de

    Potos, que se prolonga durante las dos primeras semanas de agosto, conflicto que

    estalla en principio por un problema limtrofe departamental entre Oruro y Potos,

    conectado con la instalacin de una planta industrial de cemento y la explotacin de

    yacimientos en el cerro Pahua, empero el conflicto se amplifica a un conjunto de

    demandas regionales. Estos tres conflictos dibujan nuevos escenarios en el proceso

    poltico en marcha; se trata de organizaciones sociales, una indgena y otra sindical

    campesina, adems del comit cvico de un departamento; no hay que olvidar que el

    departamento de Potos forma parte de la geografa poltica de apoyo al gobierno, al

    MAS y al proceso. No se puede equiparar estos conflictos con los anteriores, los

    llevados a cabo por los comits cvicos de los departamentos de la llamada media luna

    y el Comit interinstitucional de Chuquisaca; son distintos, son causas diferentes y

    distintos actores, tambin son problemas desemejantes. Sera un error de anlisis el

    creer que hay una continuidad entre estos conflictos y los anteriores. La discontinuidad

    es clara; ahora bien, de lo que se trata es de entender la genealoga de los ltimos

    conflictos.

    Para tal efecto, en primer lugar nos haremos la siguiente pregunta: Cul es la

    materialidad social y poltica de los distintos perfiles de conflictos, el llevado a cabo por

    los comits cvicos de la media luna y el llevado a cabo por los indgenas de tierras

    bajas, los vecinos y campesinos de Caranavi, adems del comit cvico de Potos

    (COMCIPO), donde particip el pueblo de Potos, por lo menos de la ciudad de Potos?

    Respondamos a esta pregunta.

    En un ensayo sobre Estado, Asamblea Constituyente y autonomas, que aparece en el

    libro de Comuna bajo el ttulo Horizontes y lmites del poder y del Estado, publicado

    por el 2005, se escribe lo siguiente:

    El campo social del departamento de Santa Cruz no es nada homogneo. Hay

    una estructura social jerrquica, consolidada de una forma vertical y elitaria.

    Slo una minora controla el monopolio de la tierra, de las finanzas, de la

    economa, de los circuitos de influencia, de la prefectura, del gobierno

    municipal, de los medios de comunicacin. En este espacio social tenemos un

    monopolio de los dispositivos polticos departamentales de parte de una

    oligarqua regional, que es al mismo tiempo una burguesa nacional

    intermediaria. Hablamos entonces de una estructura de poder que tiende a la

    hegemona regional. Hablamos de una estructura econmica basada en la

    concentracin abismal de recursos en unas cuantas familias. Tambin hablamos

    del control casi absoluto del espacio virtual, la caja de resonancia prioritaria en

    el contexto contemporneo, los medios de comunicacin de masa. Los

    empresarios controlan casi todos los medios de comunicacin disponibles a

    nivel nacional, a excepcin de las radios populares, el canal de televisin

    popular (RTP) y otros medios alternativos. Casi todos los medios de

    comunicacin, incluyendo particularmente la prensa, estn controlados por esta

    oligarqua regional. Este monopolio de los medios se manifiesta en su

    programacin, diseo y contenidos que estn vertiendo. En esta programacin,

    diseo y contenidos se puede entrever a donde se est apuntando, cules son los

    objetivos estratgicos. Se trata de una construccin ideolgica, adems del

  • control efectivo de los medios, se trata de un control meditico de la realidad

    nacional, de un control virtual de la informacin. Por medio de estos

    procedimientos los medios de comunicacin crean una realidad virtual, se

    inventan una realidad comunicativa. Esta hiper-realidad termina siendo la

    nica realidad que tenemos en cuenta; porque la realidad real, efectiva, el

    acontecimiento de singularidades acaba siendo ocultada. Por ejemplo no se

    visualizan, no se hacen audibles, las vivencias sociales de las provincias, las

    formas de existencia de las mayoras de los cambas, mestizos, rancheros. Todo

    esto ha desaparecido. Ahora solo existe la representacin del camba en los

    trminos ideolgicos del discurso de la nacin camba. Prctica discursiva

    incipiente, desplegada por una minora, que se ha credo siempre hispnica, que

    ha usado el trmino de cambas bien de modo despectivo. Tardamente trata de

    invertir el trmino usual, otorgndole un valor ideolgico de aglutinamiento,

    buscando desesperadamente la hegemona parcial al interior de la frontera

    regional[95].

    Obviamente este no es el campo social de los conflictos en tierras bajas con el CIDOB,

    tampoco en tierras altas con los conflictos suscitados en Caranavi y en Potos. En lo que

    respecta a la marcha indgena, la composicin social la definen las organizaciones

    indgenas de tierras bajas, aglutinadas en el CIDOB, incluyendo a las organizaciones

    que terminan distancindose de la marcha como la Asamblea del Pueblo Guaran

    (APG). Podemos incluir en esta composicin a las Organizaciones no Gubernamentales

    (ONGs) que apoyan a las organizaciones indgenas de tierras bajas. Entre las

    organizaciones indgenas y las ONGs tenemos una red de tcnicos y asesores de las

    mismas organizaciones; tambin podemos incluir a medios populares e intelectuales que

    simpatizan con las causas indgenas. Trasladndonos a la zona subtropical de Caranavi

    el campo social es dibujado por organizaciones sindicales campesinas de los llamados

    colonizadores, que desde la aprobacin de la Constitucin se hacen llamar

    interculturales, juntas de vecinos de la ciudad intermedia, autoridades municipales,

    instituciones del lugar, medios de comunicacin locales, tambin tenemos que destacar

    la participacin de los representantes asamblestas de la provincia. En lo que respecta al

    conflicto regional de Potos, vale la pena acudir al anlisis que realiza Samuel Rosales,

    militante potosino del MAS; en el documento describe los contenidos y los actores de

    las reivindicaciones de Potos del siguiente modo:

    La movilizacin potosina tiene carcter reivindicativo y contenidos

    desarrollistas con participacin popular De esta movilizacin participan

    sectores populares como desocupados, amas de casa, organizaciones de

    pequeos empresarios, transportistas, magisterio entre otros[96].

    Entre esos otros podemos incluir a las organizaciones del Comit Cvico de Potos

    (COMCIPO), tambin a la Gobernacin del departamento y a los representantes

    asamblestas, a los sindicatos mineros y a los cooperativistas, adems de medios de

    comunicacin regional e intelectuales potosinos. Empero en el espacio del campo social

    del conflicto potosino tambin debemos comprender a las organizaciones campesinas

    aglutinadas en la Federacin Campesina del Departamento de Potos, as mismo al

    Consejo de Marcas y Ayllus del Qullasuyu (CONAMAQ) que, dependiendo del

    momento de la temporalidad del conflicto, han actuado en contra de COMCIPO,

    ventilando una contradiccin entre ciudad y campo. En la extensin de este campo

    social hay que situar a una red de ONGs que trabajan en la regin, que tienen sus

    http://dinamicas-moleculares.webnode.es/#_ftn95http://dinamicas-moleculares.webnode.es/#_ftn96

  • oficinas en la ciudad, empero muchas de ellas trabajan en las provincias, con los

    sindicatos y ayllus; tambin hay ONGs que trabajan con cooperativistas mineros.

    Como se puede ver los campos sociales son diferentes en la media luna y en tierras

    altas, en momentos distintos de dicotmicos conflictos. Esta constatacin nos muestra

    una situacin y un momento diferente del proceso de cambio y de la transicin. Se trata

    de demandas y reivindicaciones sectoriales, locales y regionales que tienen que ver con

    la aplicacin de la Constitucin, autonomas indgenas, el modelo econmico,

    particularmente con su caracterstica de modelo productivo, demandas que tienen que

    ver con la autonoma departamental. Se puede decir que la gente, las multitudes, las

    organizaciones, las localidades y las regiones han combatido, han apoyado, han votado

    varis veces, han resistido al embate de las oligarquas regionales, han marchado y

    sostenido el proceso constituyente, exigiendo la aprobacin de la Constitucin, han

    elegido apoyando el proceso; despus de una larga temporalidad de entrega y despliegue

    de voluntades ahora piden resultados inmediatos de cambio en sus condiciones de vida,

    respuestas y productos concretos de transformacin social, econmica, poltica y

    cultural. Todo esto lo hacen desde sus propias perspectivas sectoriales, locales

    regionales, desde discursos fragmentarios, todava sin concatenar un discurso poltico

    plurinacional comunitario. Hay que entender esta mutacin en las entraas mismas del

    proceso, es indispensable la participacin de la gente, los pueblos, las naciones, las

    sociedades, las poblaciones, los territorios en la conduccin del proceso en los trminos

    aprobados por la Constitucin como sistema de gobierno: la democracia

    participativa.

    Tiempo poltico y decadencia

    La revolucin boliviana se empequeeci y con ella sus hombres, sus proyectos,

    sus esperanzas. La poltica se realiza a base de concesiones, y entre estas y la

    derrota no hay ms que diferencias sutiles. Cundo se tom el desvo que

    condujo a la capitulacin? Previamente debiera interrogarse: los conductores

    estaban conscientes de que capitulaban, se dieron cuenta de que llegaron a

    aquel punto desde el que no hay retorno posible?

    Sergio Almaraz Paz: Rquiem para una Repblica. El tiempo de las

    cosas pequeas.

    Uno de los ms lcidos intelectuales bolivianos es indudablemente Sergio Almaraz Paz,

    sus libros, Petrleo en Bolivia, El poder y la cada, el estao en la historia de Bolivia,

    Rquiem para una Repblica, y otros ensayos, constituyen no slo un valioso aporte al

    anlisis de los grandes tpicos de la problemtica de un pas dependiente y de un Estado

    subordinado, sino tambin constituyen herramientas que hacen inteligible la realidad

    econmica y poltica, los procesos inherentes, los campos de fuerza subyacentes y los

    intereses puestos en juego. Almaraz forma parte de un eje intelectual y crtico de la

    episteme boliviana, conformada por intelectuales preocupados por la defensa de los

    recursos naturales, la soberana, la historia efectiva del poder y las manifestaciones

    concretas de la economa, preocupados por la comprensin especfica y el conocimiento

    concreto de las formaciones histricos sociales abigarradas, preocupados por entender

    las especficas estructuras de poder que se despliega la poltica nacional. En esta lnea

    podemos citar a Carlos Montenegro, Sergio Almaraz Paz, Ren Zavaleta mercado y

    Marcelo Quiroga Santa Cruz. Sus reflexiones, anlisis e investigaciones corresponden a

  • una poca en que est en juego la soberana del Estado-nacin. Su crtica emerge como

    fuerza histrica de un pensamiento propio, una fuerza del entendimiento irradiante de

    las complejas realidades de las periferias de la economa-mundo capitalista. Su

    pensamiento tiene por objeto la crtica a una formacin discursiva colonial, oligrquica,

    enajenante y alienante, seducida por los abalorios de la dependencia. El discurso de

    estos pensadores de la cuestin nacional es denunciativa y militante, comprometida y

    muchas veces solitaria. Pelean como naves intrpidas que cursan el ocano de las

    formaciones enunciativas, como nmadas o viajeros en el desierto de la

    desterritorializacin capitalista, enfrentndose a las fuerzas hegemnicas, aparentemente

    aplastantes y demoledoras; sin embargo, se trata de decursos intelectuales intrpidos que

    logran surcar los ocanos, los desiertos y los bosques de las ideologas dominantes,

    legitimadoras de las estructuras de poder.

    Lo que ahora interesa del anlisis de Almaraz es la evaluacin que hace de la

    Revolucin Nacional de 1952, que dur hasta el 4 de noviembre de 1964, cuando un

    golpe militar interrumpe el problemtico proceso nacionalista revolucionario. En

    Rquiem para una Repblica escribe sobre la Psicologa de la vieja rosca, poniendo en

    evidencia los prejuicios de la oligarqua, su racismo enconado, su desprecio por el pas,

    del que sin embargo viven y se enriquecen; tambin escribe un brillante anlisis del

    ltimo periodo de la revolucin, su fase que podemos llamar decadente, se trata de un

    ensayo que intitula sugerentemente El tiempo de las cosas pequeas. El anlisis es

    minucioso, detallista, persigue seguir los ritmos de los hechos, de los acontecimientos,

    de las polticas y de las decisiones polticas, trabaja la forma de la degradacin, de la

    corrosin y el retroceso de la revolucin. sta fue retrocediendo poco a poco, peleando

    aqu, cediendo all, sin dejar de hacer el clculo puntilloso de dnde se poda resistir y

    dnde se poda resignarse. Empero este mtodo de guerra de posiciones, un tanto

    ambiguo e irreversible, tendi una trampa; se trat de defender la minera a costa de

    entregar el petrleo a los norteamericanos, se defendi al Banco Minero ante la

    exigencia de reorganizacin impuesta por la institucin financiera, tratando de proteger

    a los pequeos productores mineros, empero ya se haba entregado la direccin tcnica

    de COMIBOL a ingenieros norteamericanos, se resisti hasta el ltimo una intervencin

    militar a las minas, exigida por la embajada estadounidense, sin embarg llego de todas

    maneras el enfrentamiento de Sora Sora. Mediante este procedimiento del paso a paso,

    no se dieron cuenta los movimientistas cuando se pasaron al otro lado de la vereda. La

    confusin fue tal que en la abrumadora mutacin poltica, los nacionalistas se vieron

    enfrentados al pueblo que hizo la revolucin. Es este proceso sinuoso el que debe ser

    entendido y analizado; como dice Albert Camus: lo difcil en efecto es asistir a los

    extravos de una revolucin sin perder la fe en la necesidad de sta. Para sacar de la

    decadencia de las revoluciones lecciones necesarias, es preciso sufrir con ellas, no

    alegrarse de esta decadencia. Cmo se pas de una heroica insurreccin que destruy

    al ejrcito, llev raudamente a las milicias de obreros y campesinos a imponer la

    nacionalizacin de las minas y la reforma agraria, a la situacin calamitosa de

    noviembre de 1964 cuando oficiales de aviacin y del ejrcito acribillaban

    oficiosamente a los pocos milicianos que quedaron para defender lo que subsista de la

    revolucin de 1952? Este desenlace catastrfico le llevo a Almaraz a decir que en

    Laicacota se dispar sobre el cadver de una revolucin.

    Hay que evaluar las distintas etapas del proceso nacionalista, 1952-53, que corresponde

    al periodo del Cogobierno; 1953-56, que corresponde a la implementacin de las

    medidas y al reacomodo de las fuerzas integrantes del nacionalismo revolucionario;

  • 1956-1960, periodo que corresponde al punto de inflexin y al comienzo de la curva

    descendente, periodo de regresin y de las grandes capitulaciones, como las del plan

    triangular; 1960-1964; tiempo de las cosas pequeas, periodo de la decadencia de la

    revolucin. Viendo la curva y la funcin del proceso, lo grave fue haber llegado al

    punto de inflexin cuando la curva ascendente se convierte en curva descendente. En

    ese momento se llega a un gobierno pragmtico que busca resolver el problema del

    desabastecimiento, el problema recursos financieros para COMIBOL, el problema de la

    estabilidad y de la gobernabilidad, de una manera tcnica. Es cuando se opta por un

    programa monetarista y por la asistencia tcnica a COMIBOL; prcticamente quedan

    atrs la figura compartida del Cogobierno, tambin se abandona la vigencia de la

    cogestin, es decir de la participacin de los obreros en el gobierno y en la gestin. A

    partir de ese momento la suerte est sellada, se abandonaron los postulados de la

    insurreccin de abril; se prefiri optar por un realismo poltico sin imaginacin,

    creyendo que de esta manera podamos atraer la inversin del capital financiero y

    sortear los obstculos del proceso poltico. Lo que vino despus corresponde a una

    sorda y minuciosa resistencia, que quera defender, mas bien simblicamente, pequeos

    detalles, poses de dignidad, en espacios y desenlaces perdidos. Se puede decir que la

    contrarrevolucin se incub en las propias entraas del proceso, en el propio gobierno,

    en el mismo partido, fortaleciendo al ejrcito que iba a ser el instrumento de la CIA para

    dar el golpe de noviembre, desarmando a las masas, a los milicianos, al pueblo de sus

    propias convicciones logradas durante la formacin de la concierna nacional, que nace

    en las trincheras de la Guerra del Chaco, de las propias certezas de la formacin de la

    conciencia social, que nacen de las luchas de los trabajadores y el proletariado minero.

    Lo que sustituye a estas grandes convicciones, a estas grandes narrativas, es un sentido

    comn de funcionarios atrapados en la coyuntura y en la vida cotidiana, en las tareas

    recurrentes, en las mesas de negociaciones, en el trmite molecular de las polticas

    pblicas y de las azarosas relaciones internacionales dominantes. Las grandes

    finalidades de la revolucin se perdieron, quedaron atrs, como parte de la memoria y

    de los actos heroicos. Lo que se tena delante era mas bien metas pequeas, mediocres,

    algunos pasos para adelante, otros pasos para atrs, decretos para darle forma a una

    micro-poltica paulatina, de intil resistencia, empero de efectiva capitulacin diferida.

    Parafraseando nuevamente a Camus, lo importante es asistir a los extravos de una

    revolucin, sacar de la decadencia de las revoluciones lecciones necesarias; lo

    importante es aprender de la dinmica molecular de sus proceso, de la lgica inherente a

    su decurso, de sus fases sucesivas, de la concatenacin de los hechos y de las decisiones

    que se toman. Lo importante de estas lecciones es utilizar lo aprendido para evitar que

    vuelva a suceder lo mismo cuando se da la oportunidad de un nuevo proceso de

    transformacin.

    Los entretelones del poder: Teatro poltico, burocracia e industrializacin

    La puesta en escena se ha convertido en el procedimiento privilegiado por la accin

    poltica. La escenificacin del poder es el medio indispensable de la reproduccin del

    poder, de la transmisin de sus smbolos, de sus enunciados, de la figura desmesurada y

    jerrquica de la representacin del poder. La irradiacin de los medios de comunicacin

    de masa, su transversalidad y la ocupacin omnipresente de los espacios sociales,

    terminan deformando el sentido de las cosas, instaurando una realidad comunicacional

    sobre la propia realidad real, si se puede hablar as. Lo que importa es la escena, la

    escenificacin, el teatro, la representacin de lo que se suplanta, el referente perdido del

  • mundo y de sus hechos. Lo que importa es la conformacin de lo pblico mediado por

    la publicidad, la propaganda, las noticias, pero sobre todo la exposicin meditica, el

    lenguaje de la imagen y la locucin. Las alegoras del poder son esclarecedoras, dignas

    de tomarse en cuenta; lo que transmite es la jerarqua, el orden, la ceremonia y la

    pleitesa de los mandos, la obediencia y subordinacin, y sobre todo dejar en claro que

    hay gobernantes y gobernados, protagonistas y espectadores. Los que hacen la historia

    y los observadores, quizs hasta vctimas, que se encuentran en el espacio gris de la

    expectacin y quizs tambin de la expectativa; porque no decir esperanza

    multitudinaria en encontrar algo en aquellos espectculos, un sentido de vida, una

    respuesta benevolente, una poltica social que le resuelva sus vidas. Esto pasa, pero lo

    que no podemos olvidar es que el teatro poltico forma parte de la reproduccin del

    poder como ceremonialidad del mismo. Su elocuencia y colorido es necesaria para que

    el pueblo sepa quienes gobiernan, quienes dirigen, quienes deciden por las multitudes

    que conforman el pueblo. La representacin del poder aparece rutilantemente durante

    las cortes del rey, reaparece acompaando las formas burocrticas durante las

    monarquas administrativas, se transforma en una escenificacin apabullante con la

    revolucin arquitectnica y comunicacional de las repblicas. El teatro poltico adquiere

    su densidad acondicionadora en la vertiginosidad de una modernidad trastrocadora y

    cambiante, donde lo que importa es la inflamacin de lo imaginario y la realidad virtual.

    Lo real ha terminado siendo suplantado.

    Otro componente condicionante de la reproduccin del poder, de las formas del poder,

    histricamente constituidas, es el aparato burocrtico, es la burocracia como sistema de

    funcionamiento administrativo y normativo. Las tareas recurrentes y la aplicacin de los

    procedimientos hacen a la rutina de una gestin pblica encaminada a mantener y

    conservar el Estado. La gestin pblica tiene como tarea la realizacin de las polticas

    pblicas, opera, ejecuta, pone en prctica, pero lo hace de una manera aparatosa, que

    termina difiriendo las acciones, dilatando los procesos, a travs de tantas mediaciones,

    convirtiendo al proceso de ejecucin en un crculo vicioso, donde el fin ya no parece ser

    lograr determinados resultados sino el proceso mismo de cumplimiento interminable de

    procedimientos. Franz Kafka retrata mejor que Max Weber este fenmeno de la

    administracin moderna. La burocracia, a pesar de lo que diga el socilogo, que dice

    que se conforma para lograr una eficiente administracin, se convierte en el aparatoso

    conjunto de procedimientos, de normas y reglas que logran eficientemente separar

    Estado de sociedad civil, el dualismo constitutivo del Estado moderno, convirtiendo a la

    sociedad poltica no slo en representante de la sociedad civil, sino en el espacio de

    especialistas que toman decisiones a nombre de la sociedad y del pueblo, aunque estas

    decisiones terminen afectando a la sociedad y al pueblo. Se produce una suerte de doble

    suplantacin, no slo de los representantes respecto de los representados, que ocurre de

    manera ms clara con los legisladores, sino de los que manejan la cosa pblica respecto

    a los pblicos, los pueblos, las sociedades y los usuarios. Estas suplantaciones adquieren

    formas paradjicas en los procesos revolucionarios cuando la dictadura del proletariado

    se convierte en la dictadura del partido sobre el proletariado, y la dictadura del partido

    en la dictadura de la nomenclatura. Tambin se repite en procesos recientes de

    transformacin cuando los funcionarios terminan suplantando a los movimientos

    sociales, la voluntad burocrtica termina suplantando la voluntad de los movimientos

    sociales. Decimos que estas situaciones son paradjicas porque se supone que las

    revoluciones y los procesos de transformacin deben establecer relaciones horizontales,

    participativas y colectivas de accin directa y de democracia comunitaria. Pero no

    ocurre esto sino que se reitera la renovada separacin y suplantacin de los funcionarios

  • respecto a lo que debera ser la auto-organizacin, la autodeterminacin, la autonoma y

    el autogobierno, la capacidad y potenciamiento multiforme de la sociedad. Se produce

    un apoderamiento de los funcionarios de los mecanismos de conduccin del proceso de

    cambio. Por lo tanto podemos ver que la burocracia se convierte en un conjunto de

    mediaciones, procedimientos y normas de restauracin de las formas de poder liberales

    y coloniales, ancladas en las instituciones que perduran y no cambian, cristalizadas en

    los huesos y las mentalidades de los funcionarios, que siguen siendo los mismos.

    Un tercer componente condicionante de la reproduccin del poder es lo que llamaremos

    el imaginario de la industrializacin. A comienzos del siglo XX liberales y positivistas

    soaron con las rutas de ferrocarriles y las plantas industriales, para ellos se trataba de

    los smbolos del progreso y de las estructuras de la modernizacin. Ms tarde, a

    mediados del siglo XX, los nacionalistas apostaron por la sustitucin de importaciones a

    travs del proceso de industrializacin; se trataba de salir de la dependencia de la

    periferia respecto al centro de la economa-mundo capitalista. No se dieron cuenta que

    su obsesin industrialista era una manifestacin paradjica de la dependencia, de la

    dependencia imaginaria del paradigma de la revolucin industrial. Esto no quiere decir

    que no se tenga que industrializar en absoluto, sino que no puedes embaucarte en un

    paradigma industrialista. Los ingleses no necesitaron un paradigma industrialista,

    simplemente lo hicieron, construyeron industrias, transformando las condiciones de

    produccin y de acumulacin del capital. Lo que llama la atencin es que los

    industrialistas de la periferia, los nacionalistas de las dcadas de los cincuenta y sesenta,

    los industrialistas tardos de comienzos del siglo XXI, se mueven y se encuentran

    atrapados en un imaginario industrialista, se hallan enajenados en el paradigma de la

    revolucin industrial, convirtindolo en el nico proyecto poltico, obviando que esto no

    es ms que una manifestacin dramtica de la consciencia dependiente.

    Las tareas polticas y econmicas de la transformacin pueden asumir seriamente la

    implementacin de la transformacin productiva en el contexto de la revolucin

    tecnolgica y cientfica, tomando en cuenta la compleja articulacin entre modelo

    productivo, soberana econmica, soberana financiera, soberana tecnolgica y

    soberana alimentaria, adems de comprender el carcter estratgico de lograr los

    equilibrios de los ecosistemas. En este caso, la apuesta no es industrialista sino la

    construccin de una economa integral y complementaria con la participacin abierta de

    los sujetos y actores econmicos. La construccin transformadora de las polticas

    econmicas ahora debe ser participativa, la Constitucin define una planificacin

    integral y participativa, un presupuesto participativo, un rgimen econmico financiero

    autonmico. Esta perspectiva integral, participativa y complementaria no es

    industrialista, aunque tenga como componente la industrializacin estratgica, no est

    enajenada en el paradigma de la revolucin industrial sino que comprende el modelo

    productivo de una manera abierta y producente, es decir, con el objeto de afectar las

    relaciones de reproduccin, produciendo relaciones sociales alternativas, colectivas y

    comunitarias. Es aqu donde toma importancia la economa social y comunitaria,

    definida en la Constitucin. La economa integral, complementaria y participativa tiene

    como eje gravitante y estructurador a la economa comunitaria y a los emprendimientos

    sociales.

    Cuando nos encontramos con este tringulo imaginario e ideolgico de polticas

    pblicas y polticas econmicos, que se compone con los recursos delirantes del teatro

    poltico, la burocracia circulante y el imaginario industrialista, vemos que se recae en lo

  • mismo de las liberales y coloniales formas de poder. No se necesita mucha imaginacin

    para volver a andar por estos caminos recorridos, tampoco se requiere creatividad y

    menos implican transformaciones institucionales, econmicas, polticas y culturales.

    Este tringulo de la reproduccin del poder moderno es la poltica, la metodologa y la

    ideologa de la restauracin.

    Genealoga del racismo

    Immanuel Wallerstein y Etienne Balibar compartieron una serie de ensayos sobre los

    tpicos del mbito de relaciones entre raza, nacin y clase, ensayos que se agruparon en

    un libro que lleva el ttulo que hace a la conjuncin de esos conceptos, raza, nacin y

    clase[97]. En el libro se trabajan ensayos que tratan de responder a preguntas, hiptesis

    y problemticas sobre el mbito saturado de relaciones cambiantes, de acuerdo a los

    contextos histricos, entre los conceptos en cuestin. Una pregunta es: Existe el neo-

    racismo? Otra cuestin es las relaciones entre universalismo, racismo y sexismo,

    entendidas como tensiones ideolgicas del capitalismo. Otro problema tratado es la

    relacin entre racismo y nacionalismo. Tambin se trabaja histricamente la

    construccin de los pueblos, desde la relacin entre racismo, nacionalismo y etnicidad.

    En la contingencia de la discusin, se analiza la forma nacin, desde la perspectiva de

    su historia e ideologa. De una manera ms concreta se evala la unidad domstica y la

    formacin de la fuerza de trabajo en la economa-mundo capitalista. As mismo el

    conflicto de clases en la economa-mundo capitalista. Retomando la mirada terica, se

    retoma la discusin de la relacin de Marx y la historia, esta vez trabajada desde la

    problemtica de la polarizacin. Otro tema terico recuperado de las polmicas es la

    formacin de la burguesa, su concepto y realidad. Tambin se plantean

    transformaciones en las mismas condiciones de la controversia, se dan lugar

    mutaciones en el tiempo social y poltico, como cuando aparece la pregunta de si

    pasamos de la lucha de clases a la lucha sin clases? Tambin hay trabajos que retoman

    investigaciones empricas, ms descriptivas, para abordarlas en el anlisis terico; el

    tema es el conflicto social en frica negra independiente4, analizado desde el nuevo

    examen de los conceptos de raza y grupos de status. En el conjunto de los ensayos,

    aparece uno sugerente sobre el racismo de clase, otro sobre la problemtica del

    racismo y su vinculacin con la crisis. Estos son los ensayos que comparten y

    conforman un libro rico en la polmica, la actualidad y la reflexin sobre los temas

    candentes puestos en mesa. Retomando los ensayos, optamos por concentrarnos en una

    perspectiva del abordaje; cmo de alguna manera trabajamos con las temticas

    afrontadas por Immanuel Wallerstein[98]. Ahora lo haremos con los ensayos trabajados

    por Etienne Balibar.

    Dos son las preguntas que se hace Etienne Balibar: Cul es la especificidad del racismo

    contemporneo?, y cmo puede relacionarse con la divisin de clases en el capitalismo

    y con las contradicciones del Estado-nacin? Se trabaja el mbito saturado de relaciones

    entre raza, nacin y clase, y a la zaga, por abajo o por encima tribus, etnias, pueblos,

    estados, grupos, comunidades, clanes, castas, capas, segmentos y las gentes. A la

    pregunta de si existe un neoracismo?, contesta: De hecho, no hay racismo sin teoras.

    Sera completamente intil preguntarse si las teoras racistas proceden de las lites o

    de las masas, de las clases dominantes o de las clases dominadas. Por el contrario, es

    evidente que estn racionalizadas por los intelectuales[99]. Empero, tambin dice que,

    la propia categora de masa (o de popular) no es neutra, est en comunicacin directa

    con la lgica de naturalizacin y de racializacin de lo social[100]. La hiptesis es

    http://dinamicas-moleculares.webnode.es/#_ftn97http://dinamicas-moleculares.webnode.es/#_ftn98http://dinamicas-moleculares.webnode.es/#_ftn99http://dinamicas-moleculares.webnode.es/#_ftn100

  • que, contemporneamente, se avanza hacia un racismo diferencial, que consiste

    paradjicamente en incorporar en su seno al antirracismo e incluso al humanismo De

    qu se trata? Etienne Balibar dice que se produce una desestabilizacin de las defensas

    del antirracismo tradicional, en la medida en que su argumentacin viene a contrapelo

    e incluso se vuelve contra l (lo que Taguieff llama oportunamente el efecto de

    retorsin del racismo diferencialista). Se acepta inmediatamente que las razas no

    constituyen unidades biolgicas delimitables; que, de hecho, no hay razas humanas.

    Tambin se puede aceptar que el comportamiento de los individuos y sus aptitudes

    no se explican a travs de la sangre o incluso de los genes, sino por su pertenencia a

    culturas histricas[101]. Qu es lo que ocurre en el paso del racismo tradicional al

    racismo diferencial contemporneo? De hecho asistimos a un desplazamiento general

    de la problemtica. De la teora de razas o de la lucha de razas en la historia humana,

    tanto si se asienta sobre bases biolgicas como psicolgicas, pasamos a una teora de

    las relaciones tnicas (o de racerelations) en la sociedad, que naturaliza, no la

    pertenencia racial, sino el comportamiento racista. El racismo diferencialista es desde

    el punto de vistas lgico, un meta-racismo o lo que podramos llamar un racismo de

    segunda categora, que se presenta como si hubiera aprendido del conflicto entre

    racismo y antirracismo, como una teora polticamente operativa, de las causas de la

    agresividad social[102]. Por lo tanto, se puede concluir que la idea de un racismo sin

    raza no es tan revolucionario como se pudiera imaginar, el racismo se solapa, se

    mimetiza en el desplazamiento de una clasificacin diferencial, esmerada en el detalle

    de la diferencia cultural. Se trata de un paso de la teora de razas a un racismo

    diferenciador, que no es otra cosa que el paso de un racismo, centrado en la distincin

    biolgica, a un racismo, centrado en la distincin cultural.

    Etienne Balibar tambin trabaja la relacin entre racismo y nacionalismo. Dice que

    parte de los historiadores argumentan que el racismo se desprende y desarrollo en el

    campo del nacionalismo, campo omnipresente en la modernidad. De este modo, el

    nacionalismo sera, si no lo nica causa del racismo, en cualquier caso la condicin

    determinante para su aparicin[103]. Dicho de otro modo, las explicaciones

    econmicas o psicolgicas slo seran pertinentes en la medida que iluminaran

    presupuestos o efectos provocados por el nacionalismo[104]. Esta interpretacin

    confirma que el racismo no tiene nada que ver con la existencia de razas biolgicamente

    objetivas, dejando de lado el equvoco de las explicaciones culturalistas, que, de una y

    otra manera, tienden a convertir el racismo en una especie de elemento invariable de la

    naturaleza humana[105]. Sin embargo, no hay que creer que se establece una relacin

    causal entre nacionalismo y racismo; la interpretacin no implica que el racismo sea una

    consecuencia inevitable del nacionalismo, tampoco que el nacionalismo sea

    histricamente imposible sin la existencia del racismo abierto o latente. En este contexto

    de la discusin hay que distinguir el racismo como discurso terico y el racismo como

    fenmeno de masa, aunque ambos fenmenos se hallen conectados y se retroalimenten.

    Segn el autor tenemos tres modelos de racismo heredados del pasado: el antisemitismo

    nazi, la segregacin de los afroamericanos en Estados Unidos, percibida como una larga

    secuela de esclavitud, y el racismo imperialista de las conquistas y dominaciones

    coloniales. La reflexin terica sobre estos modelos heredados ha producido una serie

    de diferenciaciones analticas, ligadas a la defensa de la democracia, de los derechos

    humanos y de los derechos civiles; tambin la liberacin nacional ha producido una

    serie de diferenciaciones, vinculada a la bsqueda de las causas de los efectos de la

    racializacin imperialista y colonial. La primera diferenciacin tiene que ver con la

    http://dinamicas-moleculares.webnode.es/#_ftn101http://dinamicas-moleculares.webnode.es/#_ftn102http://dinamicas-moleculares.webnode.es/#_ftn103http://dinamicas-moleculares.webnode.es/#_ftn104http://dinamicas-moleculares.webnode.es/#_ftn105

  • distincin entre racismo terico, doctrinal, y racismo espontneo, lo que tiene que ver

    propiamente con el prejuicio. Tambin nos encontramos con la diferenciacin entre un

    racismo interior, contra la poblacin considerada minoritaria, y un racismo exterior, que

    es una forma extrema de xenofobia. Tambin podemos caracterizar a determinadas

    posiciones como autorreferenciales, que tienen que ver con los portadores de los

    prejuicios, quienes ejercen la violencia fsica o simblica, en contra posicin de un

    racismo heterorreferencial, en el que se asimila a las vctimas del racismo. El anlisis

    poltico diferencia tambin entre un racismo institucional y un racismo sociolgico. De

    alguna manera esta distincin se yuxtapone a la diferencia entre un racismo terico y un

    racismo espontneo. Esto podemos explicar del siguiente modo: de todas maneras

    siempre hay recurrencia a alguna doctrina para justificar el ejercicio del racismo, esto

    pasa efectivamente cuando median instituciones que segregan; la situacin mencionada

    se distingue de lo que llamamos racismo sociolgico, que supone una dimensin

    dinmica que va ms all de los prejuicios propiamente dichos, enfocndose en los

    problemas que plantean los movimientos colectivos de carcter racista. Sin embargo no

    podemos olvidar que todo racismo histrico es al mismo tiempo institucional y

    sociolgico[106]. Tambin se puede dar una combinacin de modelos de racismo que

    terminan desarrollando otras formas de racismo; desde esta perspectiva podemos

    distinguir entre un racismo de exterminio, excluyente, de un racismo de opresin,

    incluyente[107]. Contemplando este mapa conceptual de diferenciaciones relativas a las

    formas de racismo, Etienne Balibar concluye que: Estas distinciones no sirven tanto

    para clasificar tipos de comportamiento o de estructuras idealmente puros como para

    identificar trayectorias histricas. Su pertinencia relativa nos conduce a la sensata

    conclusin de que no existe un racismo invariable, sino unos racismos que forman un

    espectro abierto de situaciones[108]. Al mismo tiempo el autor advierte que: una

    configuracin racista determinada no tiene fronteras fijas, es un momento de evolucin

    que sus potencialidades latentes y tambin las circunstancias histricas, las relaciones

    de fuerza en la formacin social, se desplazaran a lo largo del espectro de los racismos

    posibles[109].

    Lo anterior nos sirve como para tener una mirada dinmica y en desplazamiento, que

    pueda seguir la mutacin, la transformacin y la transvaloracin de las formas

    diferenciales de racismo. Hay que tener en cuenta, como dice Balibar, que el racismo es

    en s mismo una historia singular, con sus puntos de retroceso, sus fases subterrneas, y

    sus explosiones[110]. La genealoga del racismo en Bolivia ciertamente no se ha

    detenido en el modelo imperialista y colonial; se ha desplegado desprendindose y

    convirtindose en un colonialismo interno, convirtiendo a las mayoras poblacionales

    en minoras polticas y a estas minoras en materia de un racismo interno, que puede ser

    tomado tambin como opresivo. A lo largo de la historia republicana se ha desplegado

    tambin un racismo institucional, que se diferencia de las propias dinmicas de las

    prcticas racistas de la gente. La historia del racismo en Bolivia no se ha detenido en los

    aspectos y caractersticas de un racismo biolgico, centrado en las caractersticas y

    clasificaciones somticas; ciertamente se ha avanzado a las formas del racismo cultural,

    con todas las distinciones y diferenciaciones relativas a los comportamientos, conductas

    y aptitudes ledas por estas formas de racismo. Las formas del racismo no slo son

    diversas, sino que han mutado, en la medida que se han vivido distintos proyectos de

    modernizacin, conducidas por las distintas reformas estatales, borbnicas, liberales,

    nacionalistas y neoliberales. Un racismo demarcador, que estableci el dualismo entre

    dos sociedades histricamente distintas, la hispnica y la indgena, queda como modelo,

    como matriz, de las otras formas de racismo que han de venir sedimentndose; racismo

    http://dinamicas-moleculares.webnode.es/#_ftn106http://dinamicas-moleculares.webnode.es/#_ftn107http://dinamicas-moleculares.webnode.es/#_ftn108http://dinamicas-moleculares.webnode.es/#_ftn109http://dinamicas-moleculares.webnode.es/#_ftn110

  • incluyente y domesticador, que busca normalizar a la poblacin, arraigada a sus

    costumbres, persiguiendo a travs de la reforma educativa condicionar e incorporar

    otros comportamientos, adecuados a la sociedad que pretende ser moderna. El

    nacionalismo, en cambio, ha de buscar a travs del proyecto de mestizacin, subsumir la

    herencia nativa a una sntesis biolgica y cultural. Es otro proyecto de modernizacin,

    mas bien incluyente. Podemos considerar al nacionalismo como movimiento que

    despliega mecanismos institucionales, polticos y legislativos, de inclusin nacional,

    mediante procedimientos democrticos, de construccin de la individuacin a travs de

    la reforma agraria y la reforma educativa. La ideologa del nacionalismo revolucionario

    se puede considerar, desde la evaluacin de la genealoga del racismo en Bolivia, como

    una dialctica racista, que sintetiza las razas en el proyecto poltico, social y cultural del

    nacionalismo, es decir el mestizaje. En este proyecto desaparece del discurso la

    clasificacin racial, como ocurra y ocurre en el discurso de la oligarqua minero-

    latifundista, empero, como dijimos ms arriba no abandona el campo del racismo, sino

    que desarrolla un racismo sin razas, un racismo de clasificacin culturalista y

    sociolgica, encaminada a la incorporacin, a la inclusin, de lo indgena al proyecto

    nacional de capitalismo de Estado. Los discursos socialistas no dejan el campo extenso

    y dilatado del racismo; en la medida que exigen un proyecto de modernizacin, por la

    va del modelo occidental obrerista, descalifican los proyectos alternativos propios de

    las sociedades, pueblos y naciones indgenas. La discusin actual entre comunitaristas y

    socialistas ilustra fehacientemente sobre esta situacin. El discurso neoliberal va tratar

    de implementar polticas pblicas bilinges y multiculturales, en la perspectiva tambin

    de la incorporacin a un proceso que raya en el multiculturalismo liberal, sin lograr

    desplazarse del todo a este nuevo terreno. De lo que se trataba es de subordinar la

    pluralidad cultural y lingstica a las leyes del mercado. La tercera reforma educativa y

    la ley de participacin popular se encaminaron en esta direccin. Ahora bien,

    recorriendo estos decursos y temporalidades heterogneas de la genealoga del racismo

    en Bolivia, analizando el presente a travs de una mirada retrospectiva del pasado,

    debemos preguntarnos si bajo las condiciones del Estado plurinacional comunitario y

    autonmico se termina saliendo del campo extenso y dilatado del racimo. Esta pregunta

    es crucial sobre todo para evaluar los alcances del proceso de descolonizacin.

    Volviendo al libro de Raza, nacin y clase, de Immanuel Wallerstein y Etienne Balibar,

    vemos que se dan yuxtaposiciones, intersecciones, cruces y entrelazamientos complejos

    entre nacionalismos y racismos, en un contexto altamente diferenciado de

    condicionamientos e isomorfismos mutuos. La comunidad imaginada de la nacin ha

    buscado borrar la condicin plurinacional de una formacin histrico social abigarrada

    y barroca, conformada sobre la matriz de los pueblos indgenas. El pasar a la condicin

    plurinacional del Estado, de otra forma de Estado, parece apuntar a escapar del campo

    gravitacional del colonialismo interno y de la colonialidad; el pasar a la condicin

    comunitaria del Estado, parece apuntar a salir de los espacios de atraccin de los

    racismos sociolgicos; el pasar a la condicin de un pluralismo autonmico, que

    contiene a la autonoma indgena, con su autogobierno, libre determinacin, gestiones

    propias y normas y procedimientos propias, parece apuntar a escapar del campo

    gravitacional del racismo institucional. Ser posible? Esto depende de la profundidad y

    de los alcances de las transformaciones estructurales, institucionales, econmicas,

    sociales, polticas y culturales que se den en la transicin del proceso de cambio,

    depende de los actos fundacionales del nuevo Estado. En la medida que el Estado

    plurinacional quede atrapado en una retrica discursiva que no es acompaada por

    transformaciones institucionales y la revolucin cultural, que reitere la forma del

  • Estado-nacin, seguramente el proceso se ha de mantenerse en el campo gravitacional

    reciclado del colonialismo y del campo gravitacional del racismo diferencial. Lo mismo

    pasa con la condicin comunitaria del Estado y la condicin autonmica del Estado. Si

    no se da una construccin efectiva del nuevo mapa institucional, en el sentido del

    pluralismo institucional, administrativo, normativo, econmicos, social, cultural y

    lingstico, seguramente nos mantendremos en las formas de un racismo inclusivo, de

    un racismo cultural y de un racismo sociolgico. En la medida que no demos cabida a la

    participacin abierta de las distintas formas autonmicas, seguramente nos

    mantendremos en un racismo perdurable institucional y centralista. Algo parecido y

    dramtico pasa con el nuevo modelo econmico; en la medida que no se abran espacios

    de realizacin efectivos a los emprendimientos sociales alternativos y a la economa

    comunitaria, no saldremos de lo que llamaremos un racismo diferencial econmico. Las

    tareas de la descolonizacin tienen que concentrarse en estos aspectos complejos y

    diferenciales de las formas econmicas subsumidas y articuladas a la econmica-

    mundo capitalista. La descolonizacin no puede ser solamente un discurso retrico y de

    catarsis, pues este estallido emocional no resuelve los problemas materiales de la

    descolonizacin, tampoco los problemas subjetivos de la descolonizacin, menos los

    problemas epistemolgicos de la descolonizacin.

    Una nota necesaria sobre descolonizacin

    Ciertamente la problemtica de este ensayo trata de la poltica, en sentido moderno,

    tiene como tarea responder a la pregunta qu es la poltica despus de la experiencia de

    los movimientos sociales antisistmicos contemporneos y los movimientos indgenas,

    sobre todo teniendo las experiencias de Sudamrica, la boliviana, la ecuatoriana y a

    venezolana, respondiendo tambin a la pregunta implcita de qu es el poder en estas

    latitudes, cmo funciona, cul es la lgica y la forma de las estructuras y relaciones de

    poder, adems de qu es el Estado, por qu no puede desmantelarse y por qu se traga a

    los gobiernos progresistas, contrastando con los alcances y los horizontes que abren los

    movimientos sociales antisistmicos, con vocacin autogestionaria, con capacidad de

    autoconvocatoria y autogobierno. La tesis de este ensayo supone que la poltica, en

    sentido moderno, en la periferia del sistema-mundo capitalista nace con las luchas

    anticoloniales. Se constituyen sujetos polticos en la experiencia de las resistencias a la

    dominacin colonial, durante las crisis coloniales, abriendo el espacio histrico de las

    emancipaciones de las estructuras coloniales y diagramas de poder colonial. Estas

    luchas se hacen evidentes a lo largo del siglo XVIII, en cuanto guerra indgena

    anticolonial en la regin pan-andina; esta guerra anticolonial es retomada por los

    criollos y los mestizos del continente en guerra por la independencia con un contenido

    liberal y en los cdigos republicanos. En el intervalo la revolucin francesa hace

    emerger el contenido social de la revolucin poltica, planteando de manera universal

    los derechos del hombre. El iluminismo y la ilustracin asociados a las ideologas que

    acompaan a la convulsin poltica y discursiva de la revolucin se irradian y es

    retomado tanto por los insurrectos afros, esclavizados por el descomunal capitalismo en

    expansin, como por los criollos y mestizos americanos. La poltica adquiere las

    dimensiones de las transformaciones sociales, incluyendo la conquista de los derechos

    civiles y polticos, sin dejar su matriz anticolonial. Esto condiciona la experiencia y el

    ejercicio poltico en las periferias pero tambin abre la posibilidad de la conexin de las

    luchas emancipatorias entre el centro y en las periferias, entre el norte y el sur, del

    sistema-mundo capitalista.

  • Ante la crisis estructural del capitalismo, ante la crisis civilizatoria de la modernidad,

    ante la crisis ecolgica, no se puede sino pensar en una articulacin integral y global de

    las luchas anticapitalistas. Tambin es importante comprender que en las periferias se

    cuentan con densos contingentes demogrficos urbanos, directamente afectados por las

    condicionantes de la modernidad, aunque esta sea una modernidad barroca o abigarrada.

    Esta situacin exige construir alternativas de transicin integrales, diferenciales y

    complementarias. Esta es la razn por la que se requiere una discusin integral entre

    descolonizacin, crisis del capitalismo y crtica de la modernidad.

    Este el contexto histrico del presente en el que se mueve nuestro debate sobre las

    experiencias polticas. Estas condiciones histricas van a ser retomadas en la reflexin y

    anlisis de la poltica a partir de las experiencias mencionadas, los discursos polticos

    emancipatorios y de lucha, adems de considerar las reflexiones tericas sobre la

    poltica.

    Antes de comenzar queremos dejar en claro nuestra posicin sobre la tarea primordial

    de la descolonizacin. En tanto el mundo contemporneo ha sido construido por la

    expansin capitalista, a partir del procedimiento violento de la colonizacin, las

    emancipaciones de las dominaciones polimorfas capitalistas y modernas pasan

    necesariamente por la descolonizacin. No cabe duda que esta es la tarea fundamental

    de la poltica contempornea. Entendemos por descolonizacin la deconstruccin y la

    destruccin de los mecanismos de dominacin heredados de la colonia, basados en la

    geopoltica de la racializacin, de la subordinacin, el sometimiento y el despojamiento

    de territorios y recursos natrales. La colonizacin y la colonialidad implican

    colonialismos internos, modulacin de los cuerpos, internalizacin del poder en los

    sujetos, fragmentacin de los imaginarios y subordinacin a la comunicacin meditica.

    La descolonizacin exige una subversin mltiple contra modernidad y el capitalismo,

    para eso se requiere una deconstruccin y destruccin de la modernidad, de sus mitos,

    relaciones y estructuras. Esto exige una crtica demoledora de la modernidad, por eso

    mismo un conocimiento de sus lgicas, de sus funcionamientos, de sus irradiaciones,

    sobre todo de sus formas de totalizacin y universalizacin. Estas tareas deconstructivas

    no se pueden efectuar adecuadamente si se da una actitud de reclusin local, buscando

    un refugio en la exaltacin propia de lo local, tampoco si se persigue una desconexin

    absoluta con el debate sobre la crisis de la modernidad. Decimos esto porque en el

    presente emergen movimientos populares de descolonizacin, entonces la crtica deja de

    ser meramente terica y adquiere caractersticas polticas, es decir de accin

    multitudinaria. Se da entonces un escenario de luchas descolonizadoras

    contemporneas. El desemboque de la accin exige la revisin de los discursos de la

    descolonizacin, sobre todo de los discursos tericos. Al respecto podemos identificar

    tres tendencias sugerentes, en todo un panorama de variaciones discursivas ms o

    menos locales; estas tendencias han aportado al debate de-colonial y postcolonial, sin

    embargo, a la luz de las experiencias de la movilizacin, incluso de gobiernos que

    cuentan con constituciones que se reclaman descolonizadoras, estas tendencias

    descolonizadoras tericas puede convertirse en posicionamientos limitativos de la lucha

    descolonizadora. Una de estas tendencias tiene que ver la invencin de un localismo

    puro, no contaminado, como si la modernidad no la hubiera atravesado. La otra tiene

    que ver con el retiro del debate sobre la modernidad, en algunos casos, tambin el retiro

    de las discusiones sobre la crisis del capitalismo, pretendiendo la fundacin de otro

    saber y otra epistemologa sobre las bases del olvido del presente. A lo mucho que ha

    llegado esta tendencia es a ofrecernos una versin racionalista de la teologa de la

  • liberacin. Una tercera tendencia tiene que ver con el desplazamiento de la reflexin

    crtica hacia los proyectos diseados en encuentros alternativos regionales. Hay una

    riqueza propositiva y una apertura epistemolgica a pensar desde el sur en este trabajo

    descolonizador; sin embargo, su irradiacin y repercusin no ha trascendido de las

    organizaciones, academias y dirigencias vinculada a los foros sociales; no se ha logrado

    afectar el mbito de las costumbres y los habitus, de las prcticas y de las relaciones.

    Una cuarta tendencia tiene que ver con el mbito acadmico, en el cual se ha logrado

    abrir un espacio sobre los estudios poscoloniales; estas investigaciones han permitido

    recuperar las problemticas identitarias de las sociedades poscoloniales y la pervivencia

    de relaciones coloniales; tambin su bsqueda de saberes testimoniales han ayudado a

    hacer otras lecturas de la realidad social, incorporando la voz y el comportamiento de

    sujetos afectados y en lucha por sus derechos. Lo complicado de estos estudios es que

    se quiere construir un conocimiento de la colonialidad desentendindose de la

    modernidad y el capitalismo, lo que contrae limitaciones en el develamiento de la

    problemtica.

    Sin desmerecer los aportes que pueden haberse dado en estas expresiones crticas

    descolonizadoras, creemos que son todava incompletas y limitativas para la accin

    poltica, pues conducen a una suerte de desarme frente a la conflagracin con la

    herencia colonial y de las formas de colonialidad, frente a las propias condicionantes,

    mutaciones y transformaciones de la modernidad. Resulta difcil admitir que las

    interpretaciones de un localismo puro, de la teologa de la liberacin, de los

    desplazamientos investigativos y conceptuales regionales hacia una perspectiva desde el

    sur, as como los aportes hacia una epistemologa propia, adems de la investigaciones

    acadmicas que se concentran el fenmeno de la colonialidad como si fuese un

    fenmeno nico, independiente de la modernidad y el capitalismo, sean la ultima

    palabra ni abarquen toda la complejidad concomitante entre colonialidad, modernidad y

    capitalismo. La apertura a un horizonte epistemolgico emancipado de la modernidad,

    de la colonialidad y del capitalismo, va ser un producto colectivo y de mltiples

    acontecimientos liberadores. Los aportes intelectuales son eso, aportes a una discusin

    necesaria.

    Lo que importa en todo caso es retomar el debate abierto por estas tendencias

    descolonizadoras en el contexto del debate abierto contra la modernidad y el

    capitalismo. Es importante no perder de vista no solo la perspectiva anticapitalista y de

    crtica de la modernidad, sino tambin abordar la crtica desde las experiencias de la

    interculturalidad y de las modernidades heterogneas. Al respecto la corriente de la

    subalternidad hind ensean un abordaje de consecuencias polticas, aportando con

    saberes de contraculturas y contra-hegemonas de las resistencias heterogneas de

    sujetos sociales atravesados por la modernidad mltiple, resistiendo a las formas de

    dominacin. Esto se lo hace tocando los nudos problemticos de la subalternidad, las

    dominaciones polimorfas y las modernidades abigarradas. Por otra parte es urgente

    actualizar la discusin comprendiendo el aporte y los desplazamientos que producen los

    movimientos sociales antisistmicos y los movimientos indgenas recientes.

    En Bolivia, el gran tema transversal a la Constitucin es la voluntad y la tarea de

    descolonizacin. Qu se entiende por descolonizacin? Literalmente significa desandar

    el camino de la colonizacin y de la colonialidad, des-construir lo que ha conformado el

    colonialismo y la colonialidad, por lo tanto emanciparse de las relaciones y estructuras

    de dominacin colonial. El camino de la descolonizacin parece ser largo, pasa por

  • varias etapas; adems la colonialidad sobrevive y continua incluso despus de la

    independencia. La interpelacin indgena a los Estado-nacin y a las sociedades

    nacionales devela la subsistencia de complejas relaciones coloniales, cristalizadas en las

    mismas instituciones nacionales. Las repblicas desconoceran los derechos de las

    naciones y pueblos indgenas. Estos derechos han sido logrados despus de una larga

    lucha en los organismos internacionales y en el espacio nacional, como el dado en los

    procesos constituyentes. Ahora se trata de institucionalizar estos derechos, de

    convertirlos en ley, en prctica, en hbitos y en habitus. Esto requiere transformaciones

    institucionales, construir el pluralismo institucional que sostenga la propia construccin

    del Estado plurinacional comunitario y autonmico, que es el camino de transicin

    optado por la Constitucin y el recorrido descolonizador diseado por este instrumento

    matriz de las normas, las leyes y las instituciones del nuevo Estado.

    La descolonizacin tambin significa una lucha anticapitalista, pues la colonizacin se

    explica como procedimiento violento de la expansin capitalista. Colonizacin y

    capitalismo forman parte del mismo proceso de conformacin del sistema-mundo

    capitalista y de la geopoltica de dominacin mundial. Una lucha anticolonial tiene que

    ser consecuentemente anticapitalista y una lucha anticapitalista tiene que ser

    consecuentemente anticolonial. No se pueden separar estas luchas ni estos conceptos,

    forman parte de lo que se conoce mundialmente como modernidad. Por lo tanto la

    descolonizacin significa tambin una crtica de la modernidad y una orientacin

    civilizatoria que atraviese la modernidad y abra un horizonte ms all de la modernidad

    misma.

    De etnocentrismo y particularismos

    Ninguna cultura es pluralista, todas son etno-cntricas. Salvo si se considera la

    pretensin universal de lo que podemos llamar la cultura moderna, que mas bien es una

    ideologa universal; empero, no lo es por el lado plural, sino negando, mas bien la

    pluralidad, pretendiendo neutralidad cientfica, generalizable. A no ser que se considere

    el multiculturalismo liberal, que es un desplazamiento reciente de la modernidad.

    Puede haber una cultura que sea pluralista? Dependiendo de lo que se entienda por

    pluralismo; si se entiende pensamiento pluralista, entonces puede que la perspectiva de

    algunas formas de pensamiento se haya organizado a partir del reconocimiento de la

    pluralidad del acontecimiento, en contraste de otras formas de pensamiento que han

    privilegiado la unidad, la totalidad, la analoga, de la realidad. Entonces, en este caso

    podramos hablar de un pensamiento pluralista. Empero como cultura, en tanto sistema

    de smbolos, lengua, identidad, costumbres, la cultura de referencia no es pluralista. El

    pensamiento pluralista se ha opuesto al pensamiento universalista, moderno y colonial,

    develando la insostenibilidad de su pretensiosa universalidad. Ahora bien, por ser

    emitido este pensamiento pluralista desde una lengua, sobre todo desde el lenguaje

    terico, es colonialista? No se puede decir que la teora es per se colonialista; toda teora

    tendra que serlo, incluso la teora que critica y se opone al colonialismo. Este tipo de

    posiciones se coloca en el lugar de la in-decibilidad; no se puede decir nada. No se

    puede hablar de la alteridad, de la diferencia; slo se tiene que hablar de uno mismo y

    de la propia cultura, en la propia lengua. Esta posicin olvida que la teora es mirada,

    percepcin; entonces, interpretacin descriptiva y explicativa. La teora crtica desmonta

    el referente de la crtica a partir de sus condiciones de posibilidad histrica; tambin

    devela las relaciones de dominacin inherentes. Quin efecta la crtica? Hay un

    sujeto privilegiado para emitir la crtica? l, la, que sufre? Esta crtica la tienen que

  • hacer slo los y las vctimas? Quines son materia de poder? El proletariado, en el caso

    del capitalismo, los y las colonizadas, en el caso del colonialismo y la colonialidad.

    Bueno esto se puede entender de varias maneras, quin no es proletario, fuera de la

    burguesa, o quin no est destinado a serlo desde la perspectiva de la acumulacin del

    capital, la tendencia al monopolio y la concentracin? Quin no es colonizado, fuera de

    la minoritaria casta que controla y dirige la dominacin colonial? Quin puede decir

    soy el nico colonizado, soy el centro de la descarga de la violencia colonial, los dems

    no tienen derecho a hablar de la colonizacin ni de la colonialidad? El colonialismo ha

    afectado a las tres cuartas partes de la geografa terrestre, a ms de las tres cuartas partes

    de la poblacin, arrastrando a territorios y poblaciones enteras al torbellino del

    capitalismo. Obviamente que estamos ante una inmensa mayora de afectados por las

    historias coloniales. Una mayora de mltiples lenguas y culturas, trastrocadas por la

    modernidad, el capitalismo y la colonialidad. Ninguna singularidad de los afectados por

    el colonialismo y la colonialidad podra reclamar la condicin privilegiada de ser la

    nica vctima o, si se quiere, la ms sufriente de las vctimas, pues se comparte esta

    condicin con muchos y muchas, de distintas lenguas y culturas. No hay pues una nica

    lengua desde la que se podra hablar mejor contra el colonialismo y la colonialidad.

    Desde todas las lenguas y culturas se podra hacerlo. Para efectuar esta crtica y

    denuncia se requiere estar en contra de las dominaciones polimorfas del capitalismo y la

    colonialidad. As como se puede hacer esto, tambin desde cualquier lengua y cultura se

    puede pretender justificar y legitimar las dominaciones, el capitalismo y la colonialidad;

    para que ocurra esto basta estar de acuerdo con las estructuras de dominacin. Esto

    puede pasar incluso con los y las ms miserables, con los ms dolorosamente

    afectados por la violencia colonial y la explotacin capitalista. El poder se cristaliza en

    los huesos, se inscribe en los cuerpos, induce comportamientos de sumisin y

    subalternidad, formas de consciencia esclava. No es sostenible el discurso del buen

    salvaje, tampoco del puro, del no contaminado, indgena. Este es el supuesto de la

    excepcionalidad, supuesto complementario, de la excepcionalidad blanca.

    Este tipo de posiciones inmoviliza, debilita, la lucha poltica. Un pretendido

    fundamentalismo lleva al ms desolado localismo, al ms desamparado particularismo,

    inexistentes efectivamente, pues son productos de la imaginacin.

    Ahora bien, si el planteamiento es otro; si se dice que nadie puede ocupar el lugar del

    otro, nadie puede hablar por el otro, entonces el asunto es distinto. La usurpacin del

    otro, de la otra, es una relacin de dominacin. Pero, dnde y cundo pasa esto?

    Cuando se representa, precisamente en los lugares y espacios donde se efecta la

    representacin. Entre esos lugares, es el Estado la institucin de mayor usurpacin. La

    teora crtica puede caer en esta sustitucin? La teora crtica emite un discurso que

    pretende ser el discurso del otro, de la otra? No, por lo menos en lo que respecta a la

    funcin terica. Puede ocurrir, debido al uso que se haga de la teora, buscando

    precisamente sustituir la expresin del otro, de la otra, de la alteridad. El papel de la

    teora es hacer teora, valga la redundancia. Figurar, configurar, refigurar, interpretar,

    analizar, explicar. La teora no sustituye a la materia de interpretacin, sino que busca

    explicar su condicin de posibilidad histrica, su devenir, su aleatoriedad y causalidad.

    Esta explicacin puede equivocarse o no; pero, no sustituye a la materia o subjetividad

    explicada. La alteridad, el otro, la otra, tienen sus propias formas de expresin, su

    propio lenguaje, para hablar por s mismo. Tiene su propio saber. Tambin puede

    rebelarse y subvertir el orden de dominacin. Empero, esta atribucin no deniega la

    teora, no la excluye al lugar de la inutilidad o del olvido.

  • En relacin a los lenguajes propios de los y las colonizadas nos hallamos ante una

    multiplicidad y diversidad de formas de expresin. Todas estas formas y contenidos de

    expresin son ricas en experiencias y memorias; empero, ninguna, en singular, puede

    reclamar ser la mejor para hacerlo. Cundo se plantea la lucha anticolonial y

    descolonizadora de envergadura mundial, todas las lenguas y culturas involucradas

    tienen la posibilidad de denunciar, criticar y de-construir. Ahora bien, en estas

    condiciones no es sostenible decir que hay un lugar privilegiado, una lengua

    privilegiada, una cultura privilegiada, para hacerlo.

    Ahora bien, en relacin a una lengua dominante, que se ha impuesto colonialmente,

    que se utilice la misma lengua para criticar las estructuras de poder y dominacin

    colonial, invalida la crtica, la inutiliza, por ser precisamente la lengua colonial?

    Cuando los y las colonizadas utilizan la lengua dominante para entenderse en su

    disgregacin, pluralismo, diversidad y disporas, reproducen el colonialismo? Cmo

    tendran que hacerlo, en qu lengua, en cul de las lenguas excluidas por el

    colonialismo? La lengua dominante es completamente, absolutamente colonial? No

    tiene ms bien una historia, una historia de luchas, que se han sedimentado en la

    lengua? No contiene otras posibilidades que no sean de dominacin; al contrario, que

    permitan la crtica y el desmontaje de la dominacin? Las propias lenguas colonizadas

    no han sido afectadas por la lengua colonial, a tal punto que es difcil distinguir lo que

    era la lengua propia antes de la colonizacin? Estos son algunos de tantos problemas

    que hay que responder. Sin embargo, estos problemas no niegan, de ninguna manera, la

    necesidad imprescindible de recuperar las lenguas nativas, darles su lugar, en el mejor

    caso, de igualdad de condiciones culturales. De esto se trata. Pero, tampoco se trata de

    negar la lengua que se ha impuesto, que hace de mediadora entre las distintas lenguas

    nativas. De lo que se trata es llevar adelante la descolonizacin en todas las lenguas. Sin

    embargo, lo que no se puede es pedir que es mejor callarse si no se habla desde alguna

    lengua nativa. Lo mejor es que todas las lenguas hablen, empero, las lenguas estn para

    comunicarse con otras lenguas, no para ensimismarse. La interpretacin y traduccin de

    las lenguas se va a dar de todas maneras. Lo que no se puede es pedir que no se

    interpreten sin se traduzcan, que no se comuniquen; de todas maneras, esto va

    acontecer. Lo que se tiene que exigir es el dilogo intercultural y una hermenutica

    integral y complementaria. Todas estas son tareas pendientes.

    Episteme

    La palabra episteme, episteme, viene del griego antiguo, quiere decir conocimiento,

    saber, ciencia. Esta palabra se ha trasferido al latn y despus a las lenguas derivadas del

    latn, como el castellano. Ms o menos se ha mantenido su significado, salvo las

    actualizaciones y transformaciones habidas por los usos, principalmente filosficos y

    los dados en las ciencias. En otras lenguas hay trminos que se refieren al conocimiento

    y al saber. Es entonces adecuado usar otros trminos en otras lenguas, sobre todo

    nativas, para referirse al significado implcito, teniendo en cuenta las connotaciones y el

    contexto lingstico, adems del debate en cuestin. Por ejemplo, en aymara se usa

    yatia para referirse a aprender, tambin al saber. Ciertamente hay que tener cuidado

    con las connotaciones en el uso de la lengua; siguiendo con el ejemplo, usando la raz

    yati, que significa aprender, por eso se llama al aprendiz yatequeri; yatiaa quiere decir

    hacer saber, avisar, informar; yatichaa ensear; yatichata, enseado; yatichawi, el

    lugar, el espacio donde se ensea; yatichiri, el que ensea, el profesor; en cambio,

    yatichkiri, que instruye; yatikipaa, repasar, seguir aprendiendo; de otra forma,

  • yatinoqaa, acostumbrarse poco a poco en una casa; en cambio, yatintaa, tiene un

    amplitud mayor, acostumbrarse en un lugar, en un pueblo, yatinoqota, ya acostumbrado;

    as, yatiasa, lo que debemos saber; se llama yatiri, al brujo, al que sabe, otros lo

    llaman psiclogo. Usando otra raz, cuando se habla de conocer o reconocer, se dice

    utaa; as mismo, cuando se refiere a lo conocido, se dice utata. Siguiendo el

    desplazamiento lingstico, se usa utasia cuando se habla de expectar; as como

    utasiyaa, cuando se quiere que otro vea, observe, contemple; se usa utasita, cuando

    se compara y se observa que es smil, parecido, idntico, equivalente. En cambio, se

    dice utatani, cuando se tiene un concubino o, en su caso, una concubina. Parece que la

    raz u tiene que ver con mirar; uachayaa, quiere decir mostrar, indicar, con

    precisin; uakipaa, significa examinar detenidamente algn objeto; uantaa, quiere

    decir ver, mirar hacia el interior. Esta raz y sus composiciones son sugerentes, pues, en

    comparacin con la palabra teoria, teora, que viene tambin del griego, que quiere

    decir mirar, conocer o reconocer se acercara a esta apreciacin. Cuando se habla

    entonces de episteme, qu raz conviene usar, yati o u. Es preferible dejar a los

    lingistas estos temas. Nosotros queramos tan solo mostrar las connotaciones que tiene

    un significado en la traduccin, teniendo en cuenta su contexto cultural. Todo esto

    recogiendo las observaciones y crtica que nos hace Vctor Hugo Quintanilla. Estamos

    entonces de acuerdo con la crtica que se refiere a la connotacin cultural, es decir, el

    ncleo y el campo de los sentidos connotados. Se puede traducir episteme? Se trata

    definitivamente de otra experiencia cultural, por lo tanto no se puede? Con estas

    observaciones completamente de acuerdo; empero, lo que no se puede decir que las

    experiencias del conocimiento, del saber, de las ciencias, que todas las sociedades la

    tienen y la viven, a su manera, no puede ser interpretada. No sera posible la

    comunicacin, la interculturalidad, por lo tanto, la interpretacin entre culturas. Que

    esto se tenga que efectuar en condiciones de igualdad, sin reducciones coloniales y

    colonizadoras, esa es nuestra posicin. Sin embargo, no estamos de ninguna de acuerdo

    con la clausura, el cierre, el aislamiento y el hermetismo. No se puede apostar, como

    forma de resistencia, a la intraducibilidad, cuando de lo que se trata es de defender y

    transmitir los valores propios, los significados propios, las experiencias propias, la

    cosmovisin propia.

    Gayatri Spivak dice que es indispensable asumir nuestra historia colonial para poder

    combatir con el colonialismo y la colonialidad; no ignorar esta historia, y pretender una

    pureza que no existe. Asumir la historia colonial es asumir no slo las historias de la

    colonizacin, de las colonialidades, sino tambin de las modernidades heterogneas. La

    colonialidad, la modernidad, el imperialismo, la globalizacin, nos ha incorporado a las

    experiencias de las transvaloracin, de la suspensin de valores, de la pretendida

    universalizacin. En estas condiciones la cultura nativa se encuentra arrinconada, puesta

    en la sombra o, ms bien, fragmentada, dispersada, admitida como parte de la

    multiculturalidad liberal. Tambin puede haber sido reducida a objeto de estudio por las

    ciencias sociales y humanas. Cules son las perspectivas de la revalorizacin cultural

    en esta situacin de subalternizacin? Hay varios niveles. El primero, y quizs el ms

    viable, es el que la reconstitucin cultural es no solamente necesaria, debido a la

    indispensable tarea de constitucin de identidad colectiva, sino tambin por el aporte a

    la hermenutica cultural. Una parte imprescindible de la descolonizacin comienza con

    la subversin de la cultura nativa. Empero, el problema es que al enfrentar a una cultural

    global, a la modernidad vertiginosa y mutable, la cultura nativa requiere convertirse en

    una alternativa a la modernidad; esto quiere decir, tambin en una cultura global. No es

    slo una cultura particular nativa la que puede enfrentar esta tarea; son todas las culturas

  • subalternizadas las que pueden cumplir esta tarea descolonizadora de envergadura

    mundial. En este terreno cobra importancia la crtica de la modernidad, la crtica de la

    economa poltica de la modernidad, la crtica de la economa poltica generalizada. No

    se puede despreciar esta tarea descolonizadora, tampoco se la puede reducir a lo que

    pueda hacer una cultura en particular, pues la modernidad, la colonialidad que conlleva,

    nos ha empujado a todos a la vertiginosidad de la mundializacin y al diagrama de

    poder colonial mundial. En estas condiciones, la emancipacin, la liberacin y la

    descolonizacin son tareas compartidas.

    Hiptesis

    La descolonizacin requiere de una anti-modernidad, que no puede ser sino una

    experiencia mundial, aunque se efecte de mltiples formas singulares, con contenidos

    propios locales. La gran diferencia es que la anti-modernidad no tiene la pretensin de

    universalidad, sino ms bien sustituye a esta pretensin imposible por la pluriversidad.

    Hay dos espacio-tiempo que distinguir; uno es el relativo a la reconstitucin,

    revalorizacin, cultural, de la lengua, de la identidad, de los territorios; otro es el

    espacio-tiempo de la lucha contra la colonialidad, la modernidad, el capitalismo el orden

    de la dominacin mundial. Ciertamente estas luchas se las efecta tambin localmente;

    pero, no nicamente, pues, como hemos dicho, esta es una lucha de todos, de todas las

    lenguas y culturas subalternizadas. Resulta un tanto problemtico que esta lucha se la

    tenga que efectuar desde la comunidad de la subalternidad, de los dominados y

    colonizados. Resulta tambin problemtico que el lenguaje critico de la modernidad se

    realice en un lenguaje que entiende la modernidad, pues es el lenguaje que la ataca y

    busca su deconstruccin, empero, no siempre es comprensible por las poblaciones ms

    afectadas por la dominacin colonial, moderna y capitalista. Obviamente que es

    imprescindible compartir lenguajes, experiencias, perspectivas y miradas de-coloniales,

    en los distintos planos. Las movilizaciones locales conforman las dinmicas

    moleculares de la lucha de los pueblos a nivel mundial; la irradiacin de estas luchas

    depende de la coordinacin de las mismas, as como de la perspectiva compartida

    plural, crtica, en el contexto mundial.

    La lucha poltica descolonizadora requiere entonces asumir las condiciones de

    posibilidad histrica de la lucha. No se puede eludirla en su mltiple dimensionalidad, a

    no ser que se quiera apostar a la resistencia aislada y local, prcticamente destinada, en

    el mejor de los casos, a una victoria coyuntural y provisional, en el peor de los casos, a

    una derrota aplastante por parte de las fuerzas imperiales o de sus cipayos.

    Los y las compaeras, hermanas, de lucha, que todava consideran que slo tenemos a

    mano nuestras lenguas, nuestras culturas, nuestras identidades, retenidas en la memoria,

    tienen que comprender que hemos sido empujados a la situacin de las colonialidades

    mundializadas, de la modernidad, pretendidamente universal, de la globalizacin del

    capitalismo, por siglos de colonialismo, colonialidad, de despojamiento y desposesin

    capitalista. Que el espacio-tiempo en el que se lucha contra las dominaciones polimorfas

    no lo escogimos. Que debemos asumir esta condicionalidad si queremos en serio

    plantearnos las emancipaciones, las liberaciones y las descolonizaciones mltiples.

    La crtica de la epistemologa, la recurrencia a la crtica de la modernidad, del

    capitalismo, de la colonialidad, de las polimorfas formas de poder, es necesaria para

  • lograr perspectivas compartidas y mancomunadas. Aferrarse a lo local, a la

    particularidad, es apostar a localidades y particularidades imaginadas puras, cuando

    estas ya son imposibles. Lo local debe ser asumido como lo que es ahora, como

    singularidad propia e irreductible de la multifactica mundializacin.

    Saberes nativos y pensamiento pluralista

    Es menester diferenciar saber nativo de pensamiento pluralista, aunque el saber nativo

    puede, a diferencia del saber colonial, del saber moderno, estructurarse como

    pensamiento pluralista. As ocurre con el pensamiento animista, inmanente y politesta.

    Empero, el saber nativo responde a su propia historia, a su propia memoria, por lo tanto,

    a su propia experiencia, sus narrativas, sistemas de smbolos, alegoras, mitos y formas

    de expresin. Cuando hablamos de pensamiento pluralista nos referimos principalmente

    a la crtica del pensamiento universalista y moderno, critica efectuada desde la

    perspectiva de la pluralidad y de la multiplicidad de singularidades. El pensamiento

    pluralista comprende al acontecimiento como diferencia absoluta. Se trata entonces de

    posicionamientos tericos, llmense stos filosficos o contra-filosficos. El

    enfrentamiento con el pensamiento universal y moderno se efecta en los mismos

    espacios donde concurre la modernidad; aparecen como resistencia, como alteridad,

    como contraste evidente a las pretensiones de universalidad.

    Mal se puede decir que el pensamiento pluralista pretende sustituir el saber nativo,

    hablar por l. Esto es imposible, tampoco fue nunca ninguna intencin. El saber nativo

    habla por s mismo; es insustituible. Puede comprenderse, puede interpretarse, empero

    su experiencia y conocimiento son propios; pueden aprenderse, pero no sustituirse. La

    crtica del pensamiento pluralista valora los saberes nativos, los saca de la sombra a la

    que fueron condenados por el pensamiento moderno; conforman la herencia de los

    saberes ancestrales y antiguos. Sin embargo, no hay que olvidar, que ningn saber es

    esttico; al contrario, es dinmico. Se actualiza, se adeca a los problemas. En todo

    caso, todo saber es reproducido por los sujetos sociales, que lo aprenden, lo transforman

    y lo transmiten. Un saber no tiene vida propia por s mismo; esto sera caer en el

    fetichismo del saber. La vida se encuentra en la vida de los sujetos, quienes dan forma,

    contenido, expresin y tcnica a los saberes. Es de esperar que los saberes nativos se

    hayan transformado con el tiempo, resistiendo y respondiendo a los desafos y

    problemas de cada presente. Esta es precisamente la riqueza del saber propio; cmo

    todo saber, adquiere informacin, retiene la informacin, constituye memoria, y se

    anticipa, se proyecta, se aplica. Lo interesante es que efecta estas operaciones a

    partir de su matriz cultural, sus estructuras de cdigos, sus sistemas simblicos, sus

    imaginarios sociales. La fuerza del pensar radica en esta confluencia de experiencia y

    condiciones de posibilidad histrica; condiciones de posibilidad que son estructurales,

    pero, no necesariamente a priori, sino sociales, como el lenguaje, la cultura, la tcnica.

    Confluencia que se vive como devenires; devenires que no dejan de ser afectivos y

    atravesados por la imaginacin.

    El saber de un pueblo, de una cultura, de una civilizacin, de una lengua, es patrimonio

    de la humanidad, no como totalidad, sino como pluralidad, como pluriversidad, como

    apertura a potenciamiento. Tambin es patrimonio de la madre tierra, del caosmosis, de

    las ecologas diversas, pues forma parte de cdigos informativos complejos. La

    descolonizacin por eso se propone la reconstitucin de los saberes nativos, su re-

    dinamizacin, su potenciamiento y difusin. La descolonizacin no puede reproducir el

  • etnocentrismo, no puede ser etno-cntrica, requiere de radicales descentramientos para

    precisamente potenciar la lengua, la cultura, la civilizacin propia, con la comunicacin

    con otras lenguas, otras culturas, otras civilizaciones, en igualdad de condiciones.

    Crtica a la dominacin colonial y a la condicin poscolonial

    En su libro sobre La colonialidad del Sistema Educativo Plurinacional[111] Victor

    Hugo Quintanilla hace una crtica a las reformas educativas que implementa el gobierno

    popular, con apoyo de la Asamblea Legislativa. Sobre todo se concentra en la

    elaboracin de la curricula educativa, lo que llama el proceso curricular boliviano. La

    crtica se desarrolla en forma de ensayos, que son los captulos correspondientes. En

    este sentido podemos reunir la crtica de acuerdo al ndice del libro. Una primera crtica

    se refiere a que la educacin no contempla la participacin de la familia comunitaria;

    una segunda crtica tiene que ver con la impertinencia cultural de la educacin en

    familia comunitaria vocacional; la tercera crtica se ocupa de la educacin comunitaria

    productiva con fundamento neoliberal; la cuarta critica est dedicada a la educacin

    alternativa como estrategia de otrificacin; la quinta identifica el colonialismo de la

    formacin tcnica-tecnolgica; la sexta observa la in-formacin de maestras y maestros

    en el Sistema Educativo Plurinacional; en tanto que el ltimo ensayo expone la

    concepcin de la intra-interculturalizacin de la educacin desde una perspectiva

    descolonial pedagoga de la reciprocidad. La composicin de la intra-interculturizacin

    est conformada por una estructura circular; la relacin cara-a-cara; la exteriorizacin

    de la subjetividad; la relacin del lenguaje y su intersubjetividad, que significa ensear-

    aprender en y desde la experiencia; y la comprensin sin explicacin, que significa

    ensear y aprender en la pedagoga de la reciprocidad educacin en y por la vida.

    Como se puede ver el libro toca un tema altamente sensible y fundamental de lo que

    llamaremos el proceso de descolonizacin, la formacin, la educacin, en trminos

    tericos, la constitucin de sujetos. Uno de los instrumentos primordiales de la

    trasformacin educativa es el proceso curricular, el diseo y la dinmica de los

    contenidos, la orientacin de la formacin y la prctica de la enseanza-aprendizaje, la

    participacin de los condicionantes y referentes del mundo del estudiante, la

    comunidad, la familia, su entorno territorial. Para abordar esta temtica vamos primero

    a introducir una reflexin conceptual sobre la colonialidad y poscolonialidad; despus

    retomaremos las tesis de Quintanilla en la perspectiva del debate sobre descolonizacin.

    Los trminos del debate sobre descolonizacin

    La pretensin de las luchas sociales, pretensin expresada a plenitud en la Constitucin,

    es lograr traspasar los umbrales y los lmites de la colonialidad, la herencia colonial en

    las sociedades que se conforman despus de las independencias, sociedades que ya

    arrancan en su configuracin en los periodos coloniales. Sociedades que Bolvar

    Echeverra caracteriza pertenecientes a una modernidad barroca, que ingresan a una

    modernidad iluminista, para instalarse en una modernidad de los Estado-nacin. La

    condicin poscolonial de estas sociedades se refiere, en primera instancia, al

    reconocimiento que fueron sociedades conformadas en la colonia; en segunda instancia,

    tiene que ver con las trasformaciones sufridas durante las modernidades iluministas y

    del Estado-nacin, afectadas por la desestructuracin-estructuracin del capitalismo en

    su nuevo ciclo hegemnico ingls, despus en el ciclo de hegemona estadounidense.

    Sin embargo, estas sociedades, a pesar de estas transformaciones, de estas

    http://dinamicas-moleculares.webnode.es/#_ftn111

  • modernizaciones, incluso podramos decir de las democratizaciones correspondientes y

    consecuentes con las luchas sociales, han reproducido sus condicionantes y estructuras

    estructurantes iniciales, basadas en las dominaciones coloniales. Por lo tanto, en tercera

    instancia, tenemos la irradiacin de la colonialidad hasta los tiempos contemporneos,

    componiendo el sentido de las cosas y de las relaciones. En cuarta instancia,

    recientemente lo poscolonial tambin es usado en el sentido de una salida de los

    horizontes de la colonialidad; quizs es este el sentido atribuido a la significacin dada

    en el proceso constituyente a la descolonizacin.

    La conjetura de todo el proceso constituyente es que emerge un nuevo diagrama de

    poder que va ms all y ms ac de la modernidad, alternativamente una apertura

    civilizatoria y tambin una emergencia de la comunidad, de la matriz misma de la

    sociedad; por lo tanto emerge un pluriverso cultural que escapa a las

    homogeneizaciones de la modernidad. Tambin se plantea las emergencias de formas

    polticas participativas, de formacin de consensos, colectivas y comunitarias. Estas

    emergencias se apoyan en dinmicas territoriales complejas que cuestionan las

    cartografas institucionalizadas y las formas de propiedad y de control de la tierra y el

    territorio. Esto quiere decir que esta conjetura, expresada en un conjunto de hiptesis

    terica, ha permitido leer e interpretar los acontecimientos acaecidos en los periodos del

    proceso. Un primer periodo que tiene que ver con las luchas sociales, un segundo

    periodo que tiene que ver con la gestin de gobierno. En este segundo periodo nos

    encontramos con el proceso constituyente, sobre todo con la realizacin de la Asamblea

    Constituyente, dado en la primera gestin de gobierno. En la segunda gestin de

    gobierno estallan de manera desmesurada las contradicciones del proceso,

    contradicciones que develan el movimiento de placas tectnicas, el choque de fuerzas,

    el antagonismo de proyectos; contexto problemtico en el que el gobierno termina

    enfrentndose al pueblo y a las naciones y pueblos indgenas originarios. Qu es lo que

    ha pasado? Estamos en una etapa de descolonizacin? En otras palabras, se verifica la

    conjetura? Se verifican las hiptesis? Primero debemos definir desde cul de los

    sentidos de pos-colonialidad hablamos, desde qu perspectiva vamos a evaluar las

    hiptesis. Si se trata de las tres primeras significaciones enunciadas ms arriba, entonces

    estamos hablando de una condicin poscolonial que es como una continuidad

    desplazada de la colonialidad, aunque reconfigurada por transformaciones modernas e

    incluso democrticas. Si hablamos de la condicin colonial en el sentido de la cuarta

    significacin, entonces tenemos dificultades, pues el balance hecho al proceso de

    cambio muestra las contradicciones profundas inherentes al proceso. Esta pos-

    colonialidad, su significado descolonizador, sigue siendo un horizonte, ahora definido

    por la Constitucin. Esta pos-colonialidad es la intencin inscrita en la Constitucin y

    en la voluntad de los movimientos sociales, empero es un horizonte que permite evaluar

    los avances mismos del proceso de cambio.

    La contrastacin de la condicin politica tambin es problemtica. En tanto que el

    Estado-nacin se ha mantenido y restaurado, la institucionalidad liberal no ha

    desaparecido, ms bien se ha reforzado. De lo que se puede hablar es de la diferencia

    con el proyecto neoliberal; esta diferencia aparece en la re-estatalizacin de los espacios

    estratgicos de la economa, que tienen que ver, en una economa extractivista, con las

    empresas estatales de la minera y de los hidrocarburos, con la creacin de la empresa

    estatal de fomento a la produccin (EMAPA), aunque hasta ahora se haya atenido a la

    intermediacin comercial, luchando contra la inflacin y el monopolio privado de los

    bienes de consumo domstico, principalmente de alimentos. Ciertamente, el gobierno,

  • la gestin de gobierno, se distancia del proyecto neoliberal, del proyecto basado en la

    privatizacin, en el libre mercado, en la libre empres y en la competitividad. Empero la

    normativa administrativa y la prctica de la administracin de estas normas sigue siendo

    liberal. Aunque, otra vez, la hiptesis nos permite una lectura y una interpretacin

    crtica de la marcha del proceso de cambio.

    La otra hiptesis, que espera una condicin posmoderna en la experiencia del proceso

    de cambio, es ms problemtica que las otras. No solamente para responder a la

    pregunta sobre los lmites de la modernidad, a partir de la crisis misma de la

    modernidad, sino, porque, desde la perspectiva indgena, se expresa una posicin anti-

    moderna. La modernidad es vista como la continuidad de la colonialidad, es ms, como

    parte sustantiva de la colonialidad misma. Entonces para salir del capitalismo, es

    indispensable romper con la modernidad, producir una transicin civilizatoria que vaya

    ms all y ms ac de la modernidad. Estas son las resoluciones de la Conferencia de

    los pueblos y movimientos sociales contra el cambio climtico y en defensa de la madre

    tierra, realizada en Tiquipaya, Cochabamba. Ciertamente esta perspectiva es un

    postulado, que no pretende que la salida de la modernidad se d inmediatamente; se

    requiere una transicin, no solamente en Bolivia, en Sud Amrica, en el continente, sino

    tambin en el mundo. La pregunta que habra que hacerse en relacin a esta hiptesis es

    cunto se ha avanzado en la creacin de condiciones de posibilidad para realizar esta

    transicin.

    Por otra parte, no debemos olvidarnos, de toda la discusin sobre la posmodernidad. Las

    tesis sobre la posmodernidad asumen que la modernidad habra acabado y que la

    sociedad actual, empujada por la propia vertiginosidad de la modernidad, habra

    atravesado ciertos umbrales, transformando esta experiencia en la experiencia de la

    hper-realidad, de la diseminacin, de la disolucin, llevando a los individuos a optar

    por estrategias de las redes, por las opciones del juego de la simultaneidad, del recorrido

    compuesto y combinado de las diferencias y la multiculturalidad. Si, fuese este el

    sentido, nuestras sociedades, asentadas en las periferias del sistema mundo capitalista,

    tambin estaran afectadas por estos acontecimientos extremos de la vivencia de

    mundos simultneos, de la desagregacin molecular del instante, de la seduccin de los

    artificios y las superficies, del derrumbamiento de las grandes narrativas. En este

    sentido, la hiptesis misma ya estara lograda con antelacin. Empero, este no es el

    sentido primordial usado en el estudio. Se trata de pensar ms bien una posmodernidad

    descolonizadora, que rompe con los universales y las homogeneidades, recuperando la

    diversidad y la diferencia, la biodiversidad ecolgica y la diferencia indgena. En este

    sentido, la conclusin que podemos sacar es otra vez una evolucin crtica del proceso.

    El gobierno opta por el modelo extractivista, se apega al Estado moderno, reproduce la

    ilusin desarrollista, convirtiendo al rgimen poltico en una maquinaria ms de los

    dispositivos de la modernidad.

    Qu se entiende por descolonizacin? Hay por cierto sedimentos en esta palabra, hay

    una historia conceptual, que debemos recorrer para evaluar los cambios de significado,

    los desplazamientos, incluso las rupturas y las invenciones, los aportes. Un primer

    estrato de significacin se conforma durante las luchas anticoloniales, que comprenden

    a su vez tres periodos, las del siglo XVIII, las del siglo XIX y las del siglo XX. En tanto

    rechazo a la colonizacin y al colonialismo, sufrido por las poblaciones nativas, tambin

    migrantes forzados por el comercio de esclavos, as como los nacidos en territorios

    conquistados, sean estos mestizos o criollos, se dan lugar resistencias y levantamientos,

  • rebeliones y tambin guerras. Los discursos que acompaan a estas luchas son variados,

    dependiendo de cuando y dnde, por quienes y contra quienes se dirigen. Los pueblos

    nativos tienden a elaborar discursos de reconstitucin, de retorno al tiempo de los

    ancestros, la reconstitucin civilizatoria y el gobierno propio. Las rebeliones de los

    esclavos, que no pueden retornar al frica, se inclinan por una repblica plena, por el

    reconocimiento absoluto de la igualdad, y en los momentos de mayor radicalizacin de

    la revolucin, se inclinan por la independencia y el Estado negro. Los mestizos y

    criollos van a imitar el iluminismo y orientar la guerra de la independencia a constituir

    repblicas, empero repblicas restringidas, que excluyen a los indgenas y descartan a

    los esclavos. Si bien se puede encontrar un sentido comn a esta acepcin de la

    descolonizacin, entendida como independencia, la profundidad de su significacin va a

    depender de quienes planteen la independencia y como la conciban; en la medida que

    las clases ms explotadas, en la medida que los pueblos conquistados, lleven adelante la

    lucha, la independencia adquiere un carcter radical. En cambio, en la medida que las

    clases acomodadas, aunque con contradiccin con los europeos, dirigen la guerra

    anticolonial, la independencia adquiere la significacin de separacin de la metrpoli,

    pero manteniendo la estructura jerrquica de la sociedad colonial, incluso sustituyendo a

    los conquistadores por parte de los mestizos y criollos.

    El significado de la descolonizacin se complica durante el siglo XX, sobre todo cuando

    estallan las guerras de liberacin nacional contra los ocupantes, que son identificados

    como imperialistas. Este enfrentamiento ya no solo es anticolonial sino tambin

    anticapitalista. En la mayora de los casos la lucha es empujada por las clases

    explotadas, en articulacin con organizaciones polticas de elaborados discursos

    nacionalistas o, en su caso, socialistas. En esta etapa se nota una clara influencia y

    pujanza de los partidos marxistas involucrados en la lucha. Sin embargo, en esta etapa

    las naciones liberadas, los estados conformados despus de la guerra de liberacin

    nacional, tienen como objetivo lograr las metas, acortar las distancias, entre las

    flamantes naciones y los pases que fueron las metrpolis de las colonias. El desarrollo

    nacional va a ser una de las metas de estos estados independientes, conjuntamente con

    la revolucin industrial. En el siglo XX la descolonizacin significa liberacin del

    dominio imperialista, tambin, en los procesos ms radicalizados, significa

    emancipacin del dominio capitalista, incluso revolucin socialista. Empero, tambin se

    llega asociar la descolonizacin con desarrollo nacional, en tanto proyecto estratgico

    para salir de la dependencia y el subdesarrollo.

    Con el fracaso de estos proyectos, sobre todo con los proyectos del socialismo real,

    adems con la evidencia de la crisis estructural del capitalismo, su dominio financiero y

    su proyecto neoliberal, surgen nuevos movimientos descolonizadores. Se cuestiona no

    solamente el capitalismo sino el desarrollo, que lleva a la depredacin y destruccin de

    los ecosistemas, y por este camino se interpela a la propia modernidad, como modelo

    civilizatorio causante del capitalismo, la explotacin, la dominacin sobre los pueblos y

    la destruccin del planeta. Resurgen los movimientos indgenas que retoman la

    memoria de sus luchas, empero actualizndolas y efectundolas en otros contextos

    histricos. Asumen la pervivencia de las comunidades, de las relaciones comunitarias,

    de las instituciones comunitarias, de las cosmovisiones ancestrales, como plataforma de

    una transformacin civilizatoria pos-capitalista y trans-moderna. En este caso la

    descolonizacin adquiere la significacin de transicin civilizatoria.

  • En el transcurso, en la arqueologa de la descolonizacin, tambin se ha dado lugar a un

    sentido epistemolgico de descolonizacin, que puede resumirse en el enunciado de

    pensar de otra manera, tambin en el enunciado del pensamiento propio. Se trata de un

    desplazamiento de las formas de pensar, de imaginar, de concebir, de significar.

    Grandes debates, corrientes tericas, escuelas de pensamiento, investigaciones, se han

    desatado en la perspectiva de una emancipacin epistemolgica. La descolonizacin

    adquiere en este caso el sentido de una liberacin subjetiva, tambin de la recuperacin

    de los saberes comunitarios, ancestrales, colectivos, de los conocimientos tradicionales,

    de las experiencias autnticas. Se trata de pensar desde la perspectiva de las periferias,

    desde la perspectiva del Sur, desprendindose de la perspectiva hegemnica y

    dominante de la modernidad, donde se habra plasmado el modelo esttico, cultural,

    racional, econmico, social y subjetivo del perfil de a dominacin.

    La recuperacin de las lenguas, de las culturas, de las prcticas tradicionales, de las

    instituciones propias, de los territorios, de los saberes y conocimientos, de las

    tecnologas tradicionales, van en ese sentido, de la emancipacin subjetiva, de las

    subjetividades, encaminando el proceso a la desconstitucin-constitucin de sujetos.

    Como se puede ver, la arqueologa de la descolonizacin ha adquirido complejidad,

    supone una composicin sedimentada y estratificada, una historia conceptual; lo que

    exige un uso crtico y actualizado del trmino.

    En adelante vamos a abordar la problemtica del libro mencionado, teniendo en cuenta

    estos antecedentes.

    Hacia una pedagoga descolonizadora

    Se requiere de una pedagoga descolonizadora o, si se quiere, dicho de una mejor

    manera, se requiere de pedagogas de la descolonizacin. En trminos formativos, se

    trata de desplegar prcticas de enseanza-aprendizaje-autodeterminantes-constitutivas

    de sujetos emancipados. Esto comprende las condiciones de intraculturalidad, de

    interculturalidad, de transculturalidad, en dinmicas propias pluri-lingsticas y

    plurinacionales, basadas en las matrices comunitarias; es decir, en las redes y tejidos

    sociales colectivos de institucionalidad comunitaria, construyendo el sentido de los

    comn y complementario. La equivalencia cultural, de las naciones, es una condicin

    indispensable de posibilidad para efectuar el despliegue creativo e interpretativo de la

    interculturalidad emancipadora. La transformacin civilizatoria, la emergencia de las

    civilizaciones inhibidas y desarticuladas por la conquista y la colonizacin, la apertura a

    un mundo plural e integrado, desde la perspectiva del vivir bien, es otra condicin de

    posibilidad histrica de esta realizacin.

    Estos postulados se convierten en ejes de efectuacin de las pedagogas

    descolonizadora. Esto equivale a romper con la escuela como institucin disciplinaria,

    por ende colonizadora por excelencia, diseada en la constitucin de los individuos

    modernos y de los sujetos productivos, en el sentido de cuerpos maleables y modulables

    en funcin del trabajo, tambin del consumo, que en la etapa tarda de la modernidad se

    ha convertido en un desborde del consumismo hedonista. Entonces no es la escuela la

    institucin nuclear de la descolonizacin. Los que siguen sosteniendo esta institucin y

    hablan de descolonizacin no son coherentes, emiten un discurso contradictorio,

  • insostenible, pues se basa en una antinomia. No puede producirse la emancipacin a

    travs de uno de los diagramas de poder esenciales de la modernidad, la escuela.

    Entonces, qu a diferencia de la escuela? Hay que suponer un espacio liso de

    formaciones que libere la potencia de los cuerpos, sus capacidades creativas, estticas y

    congnitas. Se trata de lograr seguir el decurso de la formacin de los saberes,

    adquisicin de informacin, memoria y anticipacin en la prctica y en la comprensin

    de las problemticas. La recuperacin de saberes, que pasan por su reconstitucin, su

    libre circulacin y apropiacin, rearmando los cdigos de las lenguas nativas, sus

    cosmovisiones y sistemas simblicos, por lo tanto sus alternativos imaginarios

    colectivos, se hace posible en estos territorios mviles y dctiles de los espacios lisos.

    Se trata de crear las condiciones de procesos auto-formativos, en mbitos de relaciones

    participativas comunitarias, familiares, docentes y estudiantiles. Un recurso

    indispensable es articular al estudiante a las redes, en el buen sentido de la palabra. No

    slo entregar al profesor una computadora, dejando al estudiante a la espera de las salas

    de computacin. Sino de articular a estudiantes y docentes, en redes informticas, en

    bibliotecas alternativas, en talleres de experiencia investigativa. Estos instrumentos

    ciberntico para nada estn peleados con la recurrencia a la vivencia de las

    transmisiones orales y gramatologas comunitarias, la participacin de los amautas, los

    chamacanis, los yatiris, tampoco con la participacin de las familias, de los entornos y

    vecinos. Ambos recursos se complementan.

    En relacin a esta experiencia pedaggica complementaria, es primordial la apertura a la

    experiencia de la interpretacin de los arquetipos inscritos y seales manifiestas de los

    ciclos vitales de la madre tierra, en otras palabras, se trata del aprendizaje de las

    experiencias ecolgicas en inmediato contacto con los seres y ciclos de la vida. Por lo

    tanto hablamos de la recuperacin de las interpretaciones de la archi-escritura inherente

    a las formas y seres de la naturaleza. El logro de la armona del ser humano, de las

    comunidades y de las sociedades humanas con los seres y ciclos de la madre tierra

    depende se la constitucin de sujetos conectados con estos mbitos complejos de

    relaciones en los que estamos insertos, aunque los desconozcamos.

    Un tercer eje de formacin complementaria y participativa, emancipadora y

    descolonizadora tiene que ver con la despatriarcalizacin; es decir, con la

    deconstruccin y el desmontaje de las relaciones y estructuras de dominacin ms

    antiguas, afincadas en la figura del patriarca, en la figura masculina dominante,

    consolidada en una gama proliferante de instituciones patriarcales, que se han dado en

    las historias de las sociedades y los estados. Esto equivale a a la abolicin de la

    dominacin masculina, incluso en las figuras simtricas del feminismo, que vienen

    hacer otros machismos, aunque simtricos y de pollera y falda, para decirlo literalmente.

    Se trata de despertar otros mbitos alterativos y alterativos de relaciones, ms all de la

    poltica, de la identificacin del enemigo. Se trata de emancipar las capacidades

    subjetivas diversas e intersubjetivas mltiples, en el horizonte de la solidaridad y la

    hospitalidad.

    Ahora bien, en todo esto hay un tercer eje indispensable en esta formacin intra-inter-

    pluricultural y multilinge, este tercer eje tiene que ver con liberar la capacidad crtica,

    el uso crtico de la razn y de los saberes, como tambin el uso creativo del placer

    esttico, en pleno sentido de la palabra; sobre todo pensando en el significado de la vida

    plena y la plenitud de la vida (vivir bien). Fuera de la interculturalidad hermenutica

  • entre ciencias y saberes, fuera de la complementariedad entre tecnologas y el

    aprendizaje de las mismas, es primordial el despertar de las sensibilidades e

    inteligencias alternativas a la razn, es fundamental la formacin aperturante de la

    msica, de la danza y del arte.

    Hablando de la malla curricular o ms bien de los procesos curriculares participativos,

    parece ser un punto de partida en la formacin bsica, de las nias y de los nios, la

    inicial experiencia constitutiva de sujetos en la plenitud de sus potencias y capacidades,

    la inaugural experiencia formativa a travs del desarrollo de la inteligencia musical, de

    la inteligencia esttica, as tambin el inicio en la formacin matemtica. Esta

    experiencia formativa tiene como matriz la inclinacin al juego; el despertar ldico de

    los nios es primordial en la liberacin y despliegue de sus capacidades creativas.

    Simultneamente a esta formacin musical, esttica y matemticas se encuentra la

    experiencia en el aprendizaje de la lengua madre, compartida con la madre, la familia y

    la comunidad, tambin la experiencia de la lengua comunicante, que en este caso es el

    castellano, aunque tambin puede ser el ingls, como lengua tcnica de comunicacin

    con el mundo y la tecnologa de punta. El bloque lingstico es transversal a toda la

    formacin bsica, intra-inter-pluri cultural y multi-lingstico, as como el la formacin

    en las ciencias y en los saberes, como en la especializacin y en los posgrados.

    La formacin intra-inter-pluri cultural y multilinge requiere una apertura mayor.

    Ahora bien, aqu tenemos vario problemas. Resulta que se ha heredado de la formacin

    moderna, de divisin de ciencias y de facultades, adems de especializada, un conjunto

    cimentado de contenidos acadmicos que tienen que ver con las ciencias fsico-

    matemticas, las ciencias naturales, las ciencias econmicas, adems de las ciencias

    humanas. Qu se hace con estos contenidos? No se los puede desechar, a pesar de que

    estn diseados para una educacin por disciplinas. Cambiar todo esto en la perspectiva

    de las teoras de la complejidad y las conexiones abiertas multidisciplinarias requiere

    una transicin ms larga. Empero lo que se puede hacer es un uso crtico de las teoras,

    de las ciencias, de las disciplinas, dndole de inicio un sentido integral y

    multidisciplinario.

    Nos encaminamos a una formacin pluriversa, ya no universitaria y pretendidamente

    universal, sino una formacin heterognea, abierta a las diferencias culturales y

    civilizatorias. En todo caso, los mbitos de formacin de la pluriversidad deben gestarse

    sobre la base de talleres transversales y horizontales, donde la investigacin sea no

    solamente la apertura al conocimiento sino la metodologa de enseanza-aprendizaje-

    auto-formativa. Estos escenarios quizs exijan la conformacin de ciudades

    universitarias como grandes espacios de foracin y convivencia, pero tambin de

    convivencia con las comunidades, organizaciones, instituciones y sociedades, como no

    acontece en las ciudades universitarias acadmicas, donde ms bien se asla se efecta la

    educacin por distanciamiento de la realidad.

    Los talleres de la pluriversidad deben estar integrados a los requerimientos de las

    sociedades y comunidades e instituciones, en la perspectiva de aportar en la transicin

    civilizatoria, en la construccin de la economa social y comunitaria, en el modelo

    ecolgico, en la transformacin estructural encaminada al vivir bien. Esta integralidad

    no descarta, de ninguna manera, al contrario, la investigacin terica y epistemolgica.

  • Se trata de investigaciones fundamentales en la comprensin del mundo y en el apoyo a

    la elaboracin de los talleres.

    Los postgrados tienen que abrirse a las investigaciones avanzadas, tanto de tecnologa

    de punta, de microbiologa, de biologas complejas y ecolgicas; tambin se debe abrir

    espacio al estudio de las experiencias de a transicin y estudios del presente. En esta

    tnica tambin son indispensables las investigaciones en la crisis estructural del

    capitalismo, de la crisis de la modernidad y de la crisis ecolgica. Tambin debe

    sostener las investigaciones tericas y epistemolgicas, sobre todo sobre las

    problemticas existenciales abiertas por las transiciones.

    Ahora bien, hay que tener en cuenta que ahora, despus de la Constitucin, en el

    proceso de la revolucin cultural y de la descolonizacin se trata de su sistema

    formativo autopoietico abierto, donde todos y todas estn integrados e incorporados al

    sistema, desde dnde estn, desde lo que son, reconocindose sus saberes y sus

    experiencias, sin mayores exigencias, ni discriminaciones, tampoco exclusiones y

    ttulos nobiliarios acadmicos que reproducen las diferencias de clase. Cualquiera se

    incorpora al sistema formativo intra-inter y pluricultural y multilinge, puede formarse

    desde tcnico y avanzar si quiere hasta la formacin pos-gradual. El sistema formativo

    abierto autopoietico es un constante apoyo al todos, a las comunidades, a las sociedades,

    a las organizaciones, a los procesos productivos ecolgicos, a las territorialidades y

    ecosistemas.

    [1]Ver de Immanuel Wallerstein Anlisis de sistemas-mundo. Una Introduccin.

    Mxico 2006, Siglo XXI. Del mismo autor Capitalismo histrico y movimientos anti-

    sistmicos. Un anlisis de sistemas-mundo. Madrid 2004, Akal.

    [2]Immanuel Wallerstein: Anlisis de sistemas-mundo. Ob. cit. Pg. 79.

    [3] Marie-Danielle Demlas: Nacimiento de la guerra de guerrillas. El diario de Jos

    Santos Vargas (1914-1825). La Paz 2007, Plural. Pgs. 139-140.

    [4]Ver de Roberto Arce lvarez Desarrollo Econmico e histrico de la minera en

    Bolivia. La Paz 2003, Plural.

    [5]Giovanni Arrig escribe: Pueden identificarse cuatro ciclos sistemticos de

    acumulacin, cada uno de ellos definidos por una unidad fundamental de la agencia

    primaria y de la estructura de los procesos de acumulacin de capital a escala

    mundial: un ciclo genovs, que se extendi desde el siglo XV hasta principios del siglo

    XVII; un ciclo holands, que dur desde finales del siglo XVI hasta finales del siglo

    XVIII; un ciclo britnico, que abarc la segunda mitad del siglo XVIII, todo el siglo

    XIX y los primeros aos del siglo XX, y un ciclo americano, que comenz a finales del

    siglo XIX y que ha continuado hasta la fase actual de expansin financiera. Madrid

    1999, Akal. Pg. 19.

    [6]Ver de Ral Prada Alcoreza Fragmentos Territoriales. La Paz 1990, Mitos.

    [7] Colectivo vinculado a los movimientos sociales de Bolivia, durante las gestas

    desatadas del 2000 al 2005. Comuna ha publicado varios anlisis grupales e

    individuales de los movimientos sociales y ensayos tericos polticos.

    [8] Anbal Quijano: Colonialidad del poder y clasificacin social. Journal of world-

    systems research. Festschrift for Immanuel Wallerstein. Volume XI, number 2,

    summer/fall 2000. Pg. 342.

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  • [9] Revisar de Immanuel Wallerstein y Etienne Balivar Raza, nacin y clase. Madrid

    1991, Ie pala.

    [10] Anbal Quijano, Ob. Cit., pgs. 342-343.

    [11] Ver de Benedict Anderson Comunidades imaginadas. Reflexiones sobre el origen y

    la difusin del nacionalismo. Mxico 1993, Fondo de Cultura Econmica. Tambin de

    Partha Chatterjee La nacin en tiempo heterogneo. Buenos Aires 2008, Siglo XXI,

    Clacso.

    [12] Revisar de Michel Foucault Seguridad, territorio y poblacin. Buenos Aires 2004,

    Fondo de Cultura Econmica.

    [13] Frase de Karl Marx, empero atribuida a Shakespeare.

    [14] Revisar de Michel FocaultSeguridad territorio y poblacin. Mxico 2006. Fondo

    de Cultura Econmica.

    [15]Immanuel Wallerstein: Anlisis de sistemas-mundo. Ob. cit. Pg. 79.

    [16]Artculo 1. Bolivia se constituye en un Estado Unitario Social de Derecho

    Plurinacional Comunitario, libre, independiente, soberano, democrtico,

    intercultural,descentralizado y con autonomas. Bolivia se funda en la pluralidad y el

    pluralismopoltico, econmico, jurdico, cultural y lingstico, dentro del proceso

    integrador del pas

    [17]Artculo 1. Bolivia se constituye en un Estado Unitario Social de Derecho

    Plurinacional Comunitario, libre, independiente, soberano, democrtico,

    intercultural,descentralizado y con autonomas. Bolivia se funda en la pluralidad y el

    pluralismopoltico, econmico, jurdico, cultural y lingstico, dentro del proceso

    integrador del pas.

    [18]Immanuel Wallerstein, Etienne Balivar: Raza, nacin y clase. Madrid 1991, Iepala.

    Pgs. 123-124.

    [19]Eugenio Tras: Los lmites del mundo. Barcelona 1985. Ariel. Pg. 19.

    [20] En Subversiones indgenas de Ral Prada se hace un anlisis de la raz y el devenir

    de la comunidad. La Paz 2008, Muela del diablo.

    [21] Revisar de Benedict Anderson Comunidades imaginadas. Reflexiones sobre el

    origen y la difusin del nacionalismo. Mxico 1993. Fondo de Cultura Econmica.

    [22] Revisar de Partha Chatterjee La nacin en tiempo heterogneo. Buenos Aires 2008,

    Siglo XXI, CLACSO.

    [23] Revisar de Partha Chatterjee La nacin en tiempo heterogneo. Ob. Cit.

    Particularmente el captulo La poltica de los gobernados.

    [24] Revisar de Antonio Negri El Poder Constituyente. Ensayo sobre las alternativas de

    la modernidad. Madrid 1994, Prodhufi. En el libro se analiza la diferencia entre la

    revolucin poltica, de la independencia norteamericana, y la revolucin social, relativa

    a la revolucin francesa.

    [25] Ver de Michael Hardt y Antonio Negri Imperio. Buenos Aires 2002, Paids.

    [26] Revisar de Michel Foucault Defender la sociedad. Buenos Aires, Fondo de Cultura

    Econmica. Pg. 42.

    [27] Ibdem. Pg. 43.

    [28] Ibdem. Pgs. 43-44.

    [29] Ibdem. Pg. 44.

    [30] Ibdem. Pg. 49.

    [31] Ibdem. Pg. 50.

    [32]Revisar de Michael Hardt y Antonio Negri Imperio. Buenos Aires 2002, Paids.

    Pg. 97.

    [33] De Michael Hardt y Antonio Negri Imperio.Buenos Aires 2002, Paids.

    [34] Ibdem. Pg. 98.

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  • [35] Ibdem. Pg. 104.

    [36] Ibdem. Pg. 104.

    [37] Ibdem. Pg. 105.

    [38] Ibdem. Pg. 105.

    [39] Ibdem. Pg. 105.

    [40] Ibdem. Pg. 107.

    [41] Ibdem. Pg. 107.

    [42] Ibdem. Pg. 107.

    [43] Ver de RanciereEl desacuerdo.

    [44] Ibdem. Pg. 115.

    [45] Ibdem. Pg. 116.

    [46] Ibdem. Pg. 118.

    [47] Ibdem. Pg. 120.

    [48] Ibdem. Pg. 122.

    [49] Ibdem. Pg. 127.

    [50] Ibdem. Pg. 127.

    [51] Ibdem. Pg. 128.

    [52] Ibdem. Pg. 129.

    [53] Ibdem. Pg. 129.

    [54] Ibdem. Pg. 131.

    [55] Ibdem. Pg. 131.

    [56] Ibdem. Pg. 131.

    [57] Ver de David Harvey: Breve historia del neoliberalismo. Akal 2006. Tambin del

    mismo autor El nuevo imperialismo. Akal 2007. Madrid.

    [58] Ren Zavaleta Mercado: Lo nacional-popular en Bolivia. Siglo XXI. Mxico.

    [59] Luis H. Antezana: Sistemas y procesos ideolgicos en Bolivia (1935-1979). En

    Bolivia hoy. Siglo XXI 1983. Mxico.

    [60] Luis Tapia Mealla: Produccin del conocimiento local. Muela del diablo 2002, La

    Paz.

    [61]Revisar de Cornelius Castoriadis La institucin imaginaria de la sociedad.

    Volumen 1: Marxismo y teora revolucionaria. Volumen 2: El imaginario social y la

    institucin. Buenos Aires 2003. Tusquets.

    [62]Ver de Michel Foucault Las Palabras y las cosas. Una arqueologa de las ciencias

    humanas. Mxico 2005. Siglo XXI.

    [63]Ver de Jacques Rancire El desacuerdo. Poltica y filosofa. Buenos Aires 1996.

    Nueva Visin.

    [64] Ver de Eugenio Tras Los lmites del mundo. Barcelona 1985. Ariel.

    [65] El ensayo aparece en el libro de Comuna intitulado Transformaciones pluralistas

    del Estado. La Paz 2007. Muela del diablo.

    [66]Boaventura de Sousa Santos escribe en El milenio hurfano. Ensayos para una

    nueva cultura poltica, lo siguiente: La supuesta inevitabilidad de los imperativos

    neoliberales ha afectado de modo irreversible al mbito y la forma de poder. Este

    cambio no supone, sin embargo, una vuelta al pasado, ya que slo un Estado

    postliberal puede acometer la desestabilizacin de la regulacin social postliberal. Esta

    desestabilizacin crea al anti-Estado dentro del propio Estado. A mi entender, estas

    transformaciones son tan profundas que, bajo la misma denominacin de Estado, est

    surgiendo una nueva forma de organizacin poltica ms vasta que el Estado, una

    organizacin integrada por un conjunto hbrido de flujos, redes y reorganizaciones

    donde se combinan e interpenetran elementos estatales y no estatales, tanto nacionales

    como locales y globales, del que el Estado es el articulador. Esta nueva organizacin

    http://dinamicas-moleculares.webnode.es/#_ftnref35http://dinamicas-moleculares.webnode.es/#_ftnref36http://dinamicas-moleculares.webnode.es/#_ftnref37http://dinamicas-moleculares.webnode.es/#_ftnref38http://dinamicas-moleculares.webnode.es/#_ftnref39http://dinamicas-moleculares.webnode.es/#_ftnref40http://dinamicas-moleculares.webnode.es/#_ftnref41http://dinamicas-moleculares.webnode.es/#_ftnref42http://dinamicas-moleculares.webnode.es/#_ftnref43http://dinamicas-moleculares.webnode.es/#_ftnref44http://dinamicas-moleculares.webnode.es/#_ftnref45http://dinamicas-moleculares.webnode.es/#_ftnref46http://dinamicas-moleculares.webnode.es/#_ftnref47http://dinamicas-moleculares.webnode.es/#_ftnref48http://dinamicas-moleculares.webnode.es/#_ftnref49http://dinamicas-moleculares.webnode.es/#_ftnref50http://dinamicas-moleculares.webnode.es/#_ftnref51http://dinamicas-moleculares.webnode.es/#_ftnref52http://dinamicas-moleculares.webnode.es/#_ftnref53http://dinamicas-moleculares.webnode.es/#_ftnref54http://dinamicas-moleculares.webnode.es/#_ftnref55http://dinamicas-moleculares.webnode.es/#_ftnref56http://dinamicas-moleculares.webnode.es/#_ftnref57http://dinamicas-moleculares.webnode.es/#_ftnref58http://dinamicas-moleculares.webnode.es/#_ftnref59http://dinamicas-moleculares.webnode.es/#_ftnref60http://dinamicas-moleculares.webnode.es/#_ftnref61http://dinamicas-moleculares.webnode.es/#_ftnref62http://dinamicas-moleculares.webnode.es/#_ftnref63http://dinamicas-moleculares.webnode.es/#_ftnref64http://dinamicas-moleculares.webnode.es/#_ftnref65http://dinamicas-moleculares.webnode.es/#_ftnref66

  • poltica no tiene centro, la coordinacin del Estado funciona como imaginacin del

    centro. Trotta/ilsa 2005. Madrid. Pg.331.

    [67] Ver Horizontes y lmites del poder y del Estado. Texto colectivo de Comuna. La

    Paz 2005. Muela del diablo.

    [68]Boaventura de Sousa Santos: Refundacin del Estado en Amrica Latina.

    Perspectivas desde la epistemologa del sur. Plural 2010, Plural. Pg. 41.

    [69] Ibdem: Pg. 41.

    [70] Ibdem: Pgs. 41-42.

    [71] Ibdem: Pg. 42.

    [72] Ibdem: Pg. 42.

    [73] Ibdem: Pg. 42.

    [74] Ibdem: Pg. 44.

    [75] Ibdem: Pg. 44.

    [76] Ibdem: Pg. 45.

    [77]Boaventura de Sousa Santos: Ob. Cit.; pg. 56.

    [78] Ral Prada Alcoreza: Emancipaciones Poscoloniales. CLACSO 2010.

    [79] Ibdem: Pgs. 61-62.

    [80]Guillermo ODonnell: (1986a; 1986b; 1988; 2008).

    [81]Boaventura de Sousa Santos: Refundacin del Estado en Amrica Latina. Plural

    2010. La Paz. Pg. 54.

    [82] Ibdem: Pg. 54.

    [83] Ibdem: Pg. 54.

    [84] Ibdem: Pg. 54.

    [85] Ibdem: Pg. 54.

    [86] Ibdem: Pg. 54.

    [87]Boaventura de Sousa Santos: Refundacin del Estado en Amrica Latina.

    Perspectivas desde una epistemologa del sur. La Paz; Plural 2010. Pg. 73.

    [88] Ibdem: Pg. 74.

    [89] Ibdem: Pgs. 74-75.

    [90] Ibdem: Pg. 75.

    [91] Ibdem: Pg. 75.

    [92] Ibdem: Pg. 75.

    [93] Ibdem: Pg. 75.

    [94] Ibdem: Pgs. 75-76.

    [95] Comuna: Horizontes y lmites del poder y del Estado. El escrito sobre Estado,

    Asamblea Constituyente y autonomas es de Ral Prada Alcoreza. La Paz, Muela del

    diablo.

    [96] Samuel Rosales: Documento para contribuir a la comprensin de la movilizacin

    del pueblo de Potos por el problema de lmites departamentales y otras demandas.

    Tambin hay otro documento ms reducido, publicado en la poca el 29 de agosto al 4

    de septiembre del 2010: Las jornadas de recuperacin de la dignidad potosina.

    [97] Immanuel Wallerstein, Etienne Balivar: Raza, nacin y clase. Madrid 1991;

    IEPALA.

    [98] En Crisis y cambio. Umbrales y horizontes de la descolonizacin. de Ral Prada

    Alcoreza. La Paz 2010; Comuna, Muela del Diablo.

    [99] Ob. Cit.: Pg. 33.

    [100] Ibdem: Pg. 35.

    [101] Ibdem: Pg. 37.

    [102] Ibdem: Pg.40.

    [103] Ibdem: Pg. 63.

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  • [104] Ibdem: Pg. 64.

    [105] Ibdem: Pg. 64.

    [106] Ibdem: Pgs. 65-66.

    [107] Ibdem: Pg. 67.

    [108] Ibdem: Pg. 67.

    [109] Ibdem: Pg. 67.

    [110] Ibdem: Pg. 68.

    [111] Victor Hugo Quintanilla Coro: La colonialidad del Sistema Educativo

    Plurinacional. Una perspectiva intra-intercultural del proceso curricular boliviano.

    Ediciones AIDES 2010; La Paz.

    Leer ms: http://dinamicas-moleculares.webnode.es/news/reflexiones-sobre-la-

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