Que Hace Feliz a Tu Cerebro - David DiSalvo

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    26-Dec-2015

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  • ndicePrlogo, por Wray HerbertIntroduccin: Adentrndonos en el mbito cognitivo

    Parte 1: LA CERTEZA Y LA SEDUCCIN DE LA OPORTUNIDAD

    Captulo 1: Las aventuras de la certezaCaptulo 2: Modelos seductores y monos fumadores

    Parte 2: CAMBIOS, DESCARTES Y HUIDAS

    Captulo 3: Por qu un cerebro feliz descarta el futuroCaptulo 4: El magnetismo del piloto automticoCaptulo 5: Inmersin y la Gran Huida

    Parte 3: MOTIVACIN, RESTRICCIN Y PESAR

    Captulo 6: Poniendo su mquina en movimientoCaptulo 7: Escribir promesas en huecograbadoCaptulo 8: Querer, conseguir, lamentar, repetir

    Parte 4: LA INFLUENCIA DE LOS FLUJOS Y REFLUJOS SOCIALES

    Captulo 9: La vida social con monos como nosotrosCaptulo 10: La gran verdad de la adhesinCaptulo 11: Cmo coge su cerebro resfriados psicosocialesCaptulo 12: El poder oculto de las cosas

    Parte 5: MEMORIA Y MODELADO

    Captulo 13: Tu mente reeditadaCaptulo 14: Nacidos para copiar, aprender y practicar

    Parte 6: NADA TAN PURO COMO LA ACCIN

    Captulo 15: Cuidado con la brechaCaptulo 16: Anime a su fabricante de significados

    Seccin especial 1: Fuentes sugeridasSeccin especial 2: Todava ms

    Reconocimientos Notas

  • EPrlogo

    N las primeras pginas de este atractivo volumen David DiSalvo nos cuenta la historia del fallidointento de robo en una tienda. La cosa hubiera podido ser peor nadie result muerto, pero dos delos colaboradores de DiSalvo resultaron gravemente heridos y corrieron riesgos desproporcionados,teniendo en cuenta el suculento botn de los ladrones que se reduca a unos paquetes de tabaco. Losempleados de la tienda no eran precisamente unos tipos muy osados, y saban muy bien cmocomportarse de forma ms delicada y menos peligrosa. Pero no lo hicieron. En lugar de ello y decalcular el riesgo que podran correr decidieron obrar de forma atrevida e inconsciente. Por qu?

    DiSalvo expone la irracional forma de pensar de estos dos desventurados empleados cuyas decisionesresultaron notablemente equivocadas debido a unos prejuicios bastante comunes. Uno de los dos jvenesqued obnubilado por el arcaico concepto de no comportarse de manera cobarde y afeminada, prejuicioque con frecuencia acta por debajo de un nivel consciente. El otro empleado tambin actuimprudentemente, en este caso por el deseo de obrar de acuerdo con el guin de hroe. Ambos secomportaron de manera impetuosa y automtica, sin pensarlo bien, adoptando unas decisiones de las quehabran de lamentarse ms tarde.

    Los estereotipos y guiones son valiosas herramientas cognitivas, reglas que todos solemos utilizardiariamente para andar por la vida. S in la ayuda de tales herramientas y de otras muchas similares nosmostraramos indecisos y paralizados. Pero dichos elementos tambin pueden constituir trampaspotenciales si se utilizan de forma inapropiada, o si se aplican en la situacin equivocada, como les sucedia los colaboradores de DiSalvo al lanzarse a impedir el mencionado robo. Todos nos movemoscontinuamente de acuerdo con estereotipos y guiones establecidos, utilizndolos como elementos ecacespara proteger nuestro tiempo y nuestra energa. Pero como podemos comprobar por la ancdotamencionada, en ocasiones dichos elementos pueden confundir nuestro juicio.

    Me gusta esta historia y muchas ms que el autor relata en su libro por su cotidianidad. Losdelincuentes no tienen por qu ser siempre inteligentes o malvados, ni los honrados empleadosnecesariamente tontos. Pero en ocasiones se comportan neciamente, como lo solemos hacer todos cuando adiario tomamos algunas decisiones. Es por ello que nos resulta tan fcil simpatizar con esos juicios yacciones desacertadas y, sin embargo, honestas. Asimismo, me gusta la historia mencionada, porque haceresaltar dos puntos importantes sobre el comportamiento humano y sobre la forma cmo pensamos yescribimos acerca de la psicologa.

    El primer punto es que la psicologa humana resulta complicada. He pasado gran parte de mi vidaprofesional dedicado a ello, y puedo decir que la cosa no es tan evidente como se pudiera pensar. El reto deescribir sobre la ciencia del comportamiento a diferencia de la astronoma, la inmunologa o la fsicacuntica es que los lectores ya tienen un conocimiento de la materia a un nivel muy bsico. Todo elmundo ha experimentado alguna vez en mayor o menor medida las emociones humanas, desde el terror alplacer, o se ha visto en ocasiones motivado o desmotivado, o se ha propuesto ejercitar el autocontrol y ladisciplina, y no lo ha conseguido. Por tanto, los lectores conocen el terreno que pisan, el paisaje

  • psicolgico. El desafo que se les presenta a los psiclogos es descubrir otro nivel de la comprensincientca que no resulta tan evidente; y el reto que asimismo se presenta a los escritores sobre temaspsicolgicos es el de convencer a los lectores de que tales hallazgos son novedosos y dignos de serconocidos. DiSalvo posee un muy merecido prestigio en el campo de investigar con su trabajo en losdetalles de la vida diaria, sorprendiendo no obstante a sus lectores con una visin inesperada.

    Creo que escribir sobre psicologa es una de las especialidades cientcas ms difciles. S i da la impresinde que es algo que est en contra de la intuicin, es debido solo a que las llamadas ciencias serias parecen ms abstractas y matemticas. Pero no lo son. Adems, explicar la ciencia psicolgica de forma que tenga sentido es algo un tanto complicado y requiere un nivel altamente sofisticado de literatura cientfica. El comportamiento humano es algo muy matizado e imprevisible, que se mueve siempre en el terreno de lo indefinido. Por el contrario, el periodismo incluyendo lo que podra entenderse como ciencia literaria es con frecuencia demasiado aburrido intelectualmente y poco matizado. Por consiguiente, explicar las sutilezas del pensamiento, de las emociones y del comportamiento humano con las herramientas del periodismo constituye una tarea formidable.

    El segundo de los puntos a que me refera es que nuestras vidas son mucho ms automticas de lo queimaginamos o de lo que nos gustara admitir, y esto no siempre es positivo. Esta es una de las ideasclave que emergieron durante los ltimos aos en la psicologa cognitiva; y esto es algo que DiSalvo haescogido para explorar en estas pginas. Nuestro pensamiento est guiado y, con demasiada frecuencia,mal guiado no solo por unos cuantos prejuicios irracionales, sino por cientos de tales prejuicios.Interactan unos con otros, se amplican en ocasiones, y en otras circunstancias se contradicen. Losdescubrimientos realizados en decenas de laboratorios de todo el mundo han demostrado que la mentehumana pese a su gran poder de anlisis tambin se ve profundamente engaada por todos esosprejuicios. Del mismo modo en que nos dejamos llevar por guiones e interpretaciones equivocadas queguan nuestras conductas, tambin nos vemos conformados por nuestra necesidad de encontrar certezas yconclusiones; por nuestro deseo de fomentar el contacto social, y por otras fuerzas cognitivas que DiSalvoilumina con notable claridad en estas pginas.

    Estas percepciones que forman parte de nuestra toma automtica de decisiones son relativamentenuevas, y se encuentran entrelazadas con la idea de que la mente humana es una especie de ordenadordual. Nos movemos de ac para all sin cesar entre una forma de pensar analtica y pesada, y otra rpida eimpresionable. Como individuos podemos tender a mostrarnos ms intuitivos o prudentes en nuestraforma de pensar, pero, en el fondo, todos somos una mezcla de intuicin y de clculo. Somos capaces depensar serenamente, pero no siempre sabemos hacerlo en el momento adecuado. Hay situaciones quedemandan un pensamiento rpido y visceral, y otras que exigen calma y prudencia. Todo tienen que vercon la conveniencia del momento; y el hecho cierto es que no todos sabemos adecuar convenientementenuestro pensamiento al problema que tenemos entre manos. Dicho de otro modo: pensar es un asuntocomplicado.

    Pero el hecho de escribir sobre esta complicacin no es sencillo, porque resulta muy fcil sentirseseducido por ciertas falacias a la hora de una explicacin. Cuando lo que estamos relatando es algocomplejo, deseamos simplicarlo estableciendo ciertas categoras, una tendencia a la que llamamosreduccionismo. Pretendemos analizar la naturaleza humana de una manera bastante supercial y no de formaprofunda. Al fundamentar su anlisis en ejemplos extrados de la vida real, DiSalvo evita este peligroreduccionista.

    Los escritores sobre temas psicolgicos tienen tambin que hacer frente en estos tiempos a un reto muyespecial; y ese reto estriba en resistirse a la seduccin del cerebro. Las percepciones que encontramos en estelibro proceden de un trabajo paradigmtico que se halla dentro del campo de la psicologa. Estos logros sehan visto acompaados por otros similares hechos en el campo de la neurociencia, incluyendo eldescubrimiento de la notable neuroqumica del cerebro y de mtodos que estudian la actuacin del cerebro.Esta rica y novedosa ciencia proporciona nuevas explicaciones del comportamiento humano, y ha servidopara enriquecer una autntica proliferacin de libros y de otros trabajos sobre la ciencia del cerebro.S iendo, como son, estas percepciones tan sorprendentes, continan mostrndose limitadas en la capacidadque tienen para explicar el pensamiento y las emociones humanas.

    Constituye un error bastante generalizado pensar que escribir sobre el cerebro es ms sosticado o

  • ms cientco que el escribir sobre la mente o la conducta. Y son muchos los autores que caen en estafalacia. Pero, de hecho, lo cierto es todo lo contrario. Tanto la anatoma como la qumica cerebral sefundamentan en la biologa y de ah procede su estatus privilegiado en la literatura cientca, perotales investigaciones no llegan a explicar, ni siquiera de forma aproximada, la naturaleza humana, talcomo prometen. El hecho es que cerebro y conducta no son elementos equivalentes, y que la informacinsobre la actividad cerebral no esclarece necesariamente cuestiones importantes como, por ejemplo, la raznpor la que hacemos cosas que no son buenas para nosotros. Para poder acceder de algn modo a estascomplejas e interesantes cuestiones uno tiene que leer complejos textos sobre psicologa experimental.

    Existe actualmente una especie de reaccin violenta contra el reduccionismo y las grandes promesas de laneurociencia, en la que los mismos cientcos sealan las limitaciones que presenta este campo. Esto noquiere decir que el estudiar y escanear el cerebro no sea importante; y no hay duda alguna de que llegar elda en el que se encontrarn respuestas para ello, pero, de momento, el cerebro no logra explicar losmatices de la psicologa humana. Por tanto, necesitamos seguir estudiando psicologa. DiSalvo, conmucha cordura, no se deja tentar por esa forma ms fcil, pero menos profunda, de analizar la cuestin.

    Importantes y prestigiosos autores de psicologa se enfrentan actualmente a otro desafo muy singular:cmo superar la increble abundancia de malos textos sobre psicologa que existen en el mercado. La tpicaseccin sobre psicologa que podemos encontrar en cualquier librera denominada frecuentementelibros de autoayuda est llena de textos en los que se pontica la condicin humana. Algunos de losautores de estos libros tienen credenciales acadmicas y otros no; pero esto, en el fondo, no es lofundamental. Lo sustancial es que todos ellos ofrecen frmulas para vivir mejor, pero pocas de estasfrmulas tienen una base cientfica, o estn rigurosamente basadas en una seria investigacin.

    Qu hace feliz a tu cerebro no es un libro de autoayuda. En lugar de ello su autor ha dado en llamarlo ciencia-ayuda. Lo que esto quiere decir es que DiSalvo ha realizado un intenso trabajo de campo visitando unabuena cantidad de laboratorios y asimilando la suciente literatura cientca como para poder ofrecernoscon este libro una serie de perspectivas valiosas sobre el razonamiento humano. Las frmulas yprescripciones que nos ofrece son modestas, como debe ser, porque la parte prctica de la psicologacognitiva todava es joven. Lo mejor que nos puede ofrecer en estos momentos un escritor cientco almenos, su prescripcin ms responsable es hacer que sus lectores sean conscientes de las mltiples ysorprendentes formas en las que la mente humana se equivoca diariamente. Nuestra responsabilidadestriba en hablar detenidamente de los peligrosos e irracionales juicios y decisiones que llegamos a hacer,pero DiSalvo nos ayuda en esta labor proporcionndonos para ello algunas nuevas y valiosasherramientas.

    * * *

  • UIntroduccin

    Adentrndonos en el mbito cognitivo

    Qu peculiar privilegio posee esta pequea agitacin del cerebro a la que llamamos pensamiento.

    DAVID HUME, Dialogues Concerning Natural Religion

    Siempre existe una solucin fcil para todo problema humano; una solucin, clara, plausible y equivocada.

    H.L MENKEN The Divine Afflatus

    Nuestros cerebros son mquinas de prediccin y modelos de percepcin que deseanestabilidad, claridad y consistencia. Algo genial, excepto cuando no lo es

    STED entra en la oficina en su primer da de trabajo. Siente cmo un soterrado temblor le recorre todoel cuerpo y se muestra tan alerta como lo estara un cervatillo bebiendo en una laguna infestada decaimanes. En realidad, este no es su primer da de trabajo; ya ha vivido esta situacin en otrosempleos anteriores, por lo que tales sensaciones no le resultan enteramente nuevas. De todos modoseste trabajo es nuevo, por lo que usted se encuentra tan ansioso al respecto como lo estuvo conocasin de su primer empleo, hace de esto ya bastantes aos. Existe, sin embargo, una diferenciaimportante, aunque no la vea con total claridad, a medida que va avanzando por el pasillo de laocina, y mientras sigue andando y observa los despachos por los que pasa y trata deimpregnarse del ambiente existente, un pensamiento empieza a tomar cuerpo dentro de usted: Voy a

    estar bien aqu.

    Por qu se va abriendo paso este pensamiento en usted, a pesar del miedo que no le abandona? Qu eslo que est cambiando a medida que ha dejado el hall de entrada, y que al avanzar por la ocina empieza aincorporar cuanto sucede a su alrededor? Aunque no est demasiado claro el porqu, su cerebro estlevantndole el nimo. Todo cuanto ve, huele, toca y oye est siendo procesado, analizado y descodicado.

  • Su cerebro est realizando su funcin, y lo est haciendo muy bien. Tan bien que, de hecho, usted empiezaa experimentar una respuesta emocional que se opone a su natural nerviosismo. Su cerebro le estsugiriendo que ya ha estado aqu antes. No de una forma literal, por supuesto; pero su cerebro estestructurado para adecuarle a los estmulos y circunstancias de este nuevo ambiente en el que estentrando y que se parece a otros que usted ya conoci. Su cerebro le est anunciando que todos estoselementos que ahora le rodean deben resultarle lo bastante familiares como para que usted pueda establecerbuenas perspectivas al respecto. Y a medida que le van presentando a otros empleados, su cerebro procesams estmulos, detecta ms circunstancias, aade ms elementos a la red de informacin que se estcreando por todo cuanto experimenta.

    A medida que va avanzando el da, ms a gusto se va sintiendo usted con la mayor parte de las cosas deeste nuevo ambiente; aquellas cosas que en su momento le pudieron resultar peligrosas y dignas de unaexcesiva atencin, y que ahora ya no lo son. A lo largo de esa primera jornada de trabajo su cerebro haido elaborando un nuevo micromundo en el que vivir mientras se encuentre en este empleo. Su cerebroir aadiendo nuevos elementos, modicndolos, ajustndolos y retorcindolos, pero todo ese procesotendr lugar dentro de la estructura de una serie de modelos previos que l ya codic, identic y valoren su momento.

    Aos de investigacin neurocientca han llevado al convencimiento actual de que el cerebro es unamquina de prediccin, un rgano sorprendentemente complejo que procesa la informacin necesaria paradeterminar lo que va a suceder de inmediato. Y de un modo muy especco ese mismo cerebro estespecializado en la deteccin y reconocimiento de modelos, en la anticipacin de posibles peligros y en sucorrespondiente descripcin. El cerebro vive a base de su dieta preferida, que se basa en la estabilidad, lacerteza y la consistencia; y percibe lo impredecible, lo incierto y lo inestable como amenazas a susupervivencia; una supervivencia que, de hecho, es la nuestra.

    El problema radica en que la capacidad que posee nuestro cerebro para evitar y defenderse de talesamenazas una capacidad que ha permitido sobrevivir a las especies tiene un montn de subproductosque se encuentran estrechamente vinculados a nuestra forma cotidiana de pensar y actuar. En este librovamos a ocuparnos de algunos de ellos, cada uno de los cuales irnicamente trata de atraparnos,mientras procuramos anticiparnos a lo que pudiera hacer feliz a nuestro cerebro. En las siguientespginas vamos a investigar en relacin con varios puntos:

    Anhelamos la certeza y el sentimiento de tener razn.

    Confiamos en la memoria como respaldo de tal sentimiento.

    Somos propensos a tomar en cuenta las coincidencias, y a establecer posibles conexiones con unainformacin deficiente.

    Queremos controlar las situaciones.

    Tratamos de evitar las prdidas.

    Adecuamos nuestra conducta moral para sentirnos equilibrados.

    Procuramos evitar la pena.

  • Generalizamos cuando sera ms beneficioso ser concreto.

    S i logrramos vivir la vida sin que en ella estuvieran presentes los prejuicios, las distorsiones y lasilusiones vanas, el mundo sera un lugar idlico. Pero no podemos, aunque ignoremos totalmente laimportancia ese hecho. Funcionamos la mayor parte del tiempo con un aire de misticacin sobre por quhacemos lo que hacemos, y por qu pensamos cmo pensamos. Y no lo hacemos as porque seamos torpes.Todo lo contrario: solo un cerebro que se haya desarrollado lo suciente para enredarse en pensamientoscomplicados y en autorreexiones es susceptible de esa clase de misticacin que oscurece la visin decmo nuestra mente funciona realmente.

    Pero antes de seguir adelante demos un par de pasos atrs y observemos en dnde hemos estado,cognitivamente hablando, y adnde nos dirigimos.

    Abrindose paso en los malentendidos de la mente

    Para llevar a cabo cualquier anlisis de la mente que resulte til es necesario que antes conozcamos cmofunciona nuestro cerebro. Teniendo en cuenta que tal conocimiento es limitado hemos de reconocer que seha desarrollado enormemente en las ltimas dcadas, proporcionando una comprensin que muy pocaspersonas hubieran credo posible hace tan solo un siglo. S i, por ejemplo, usted le hubiera dicho a unneurlogo de principios del siglo xx que, al cabo de cien aos, la tecnologa desarrollara una tcnica quepermitira a los parapljicos que, mediante un proceso mental, podran controlar brazos y emente, sereiran de usted abiertamente. Por supuesto que las novelas de ciencia-ccin y ciertas publicacionesjuveniles mencionaban invenciones de esa clase de tecnologa, pero un cientco serio jams hubieradedicado su tiempo a intentar una cosa as. Pero en la actualidad no solo sabemos que eso es posible, sinoque podemos comprobarlo. Del mismo modo hemos aprendido lo suciente sobre el mecanismo del cerebrocomo para saber que el viejo dualismo mente-cuerpo es algo que ya est pasado de moda. S in embargo,todava resulta difcil para muchos que la mente se libere de las ataduras biolgicas, bsicamente porque lacomplejidad del pensamiento parece un enigma demasiado grande para que lo pueda contener nuestrocerebro. Como seal uno de mis profesores de biologa: Cmo miles de millones de interruptores deencendido y apagado pueden convertirse en algo tan complejo como es la mente?.

    La ciencia cognitiva no ha dado respuesta de forma exhaustiva a esta clase de preguntas, pero en suinmersin en los misterios del cerebro ha descubierto que tampoco esas preguntas estuvieron realmente enel punto de mira. La analoga del interruptor de encendido y apagado, por ejemplo, representa un errorcategrico. S i creemos que el cerebro es esencialmente un instrumento corpreo compacto y de estructuraelctrica por muy complicado que pueda ser resultar imposible llegar a una explicacin que tenga elmenor valor de lo que en realidad es la mente.

    La ciencia cognitiva pone a prueba nuestro sistema de categoras, derribando los silos mentales quehemos construido para entender y dar sentido a las cosas. Consideremos, por ejemplo, la tentacin deestablecer que los pensamientos y las emociones se encuentran en determinadas y precisas zonas del

  • cerebro. Sera lo mismo que pensar, por ejemplo, que la ira parte de una zona especca del cerebro, enlugar de aceptar que tal sentimiento no vive en una determinada parte del mismo, sino que constituye elresultado de la interaccin de mltiples regiones cerebrales que actan de forma muy compleja.

    Esto es algo que se hace muy difcil de aceptar cuando se trata de los recuerdos. Qu recuerdo de aquelda en que, a los diez aos, te encontrabas montado en una montaa rusa del parque de atracciones?Debido a que nuestro recuerdo de aquel hecho nos parece ms o menos completo deseamos creer que tieneque encontrarse en algn lugar de nuestra cabeza. Y cuando queremos revisitar ese recuerdo tratamos decoger un libro imaginario de los estantes de nuestro cerebro y buscar la pgina exacta en la que seencuentra. Pero ahora ya sabemos que la memoria no funciona de ese modo; y que, de hecho, el recuerdode aquellos rizos, de aquellas subidas y bajadas de la montaa rusa no se hallan de forma exacta en tucerebro, ni est de ninguno modo completo.

    Estas comprensiones se encuentran totalmente desordenadas, y la ciencia que las sostiene no satisfacenuestra ansia por obtener respuestas inequvocas. Retrocedemos en el tiempo a n de llenar los vacosexistentes, porque el hecho de carecer de respuestas se nos hace desconcertante, y no quisiramos que talcosa sucediese. Desde el momento en que el rgano adecuado escapa a la explicacin para dar sentido anuestro entorno, es perfectamente comprensible que nos sintamos frustrados por el silencio que muestra elcerebro ante nuestros propios esfuerzos. Y, no obstante, la realidad es que usted y yo mantenemos estedebate precisamente porque ese sorprendente rgano que se aloja en nuestra cabeza produce esa cosa quehemos dado en llamar mente. O tambin podramos decir ms exactamente que la mente no es algoproducido por el cerebro, sino que es lo que hace al cerebro. Dicho todava de otro modo: la actividad delcerebro y, por ende, la actividad de todo nuestro sistema nervioso es nuestra mente. Citando alneurocientfico Simon LeVay diremos que La mente es el cerebro cumpliendo con su cometido 1.

    Durante gran parte de un siglo nos hemos alejado insistentemente de la idea de que el cuerpo(incluyendo al cerebro) y la mente eran entidades separadas; una creencia popularizada por lo que ellsofo francs del siglo xvii, Ren Descartes, denomin el problema de la mente-cuerpo, o el dualismo.En lo que ese dualismo estaba equivocado era, parafraseando al lsofo contemporneo John Searle, lanecesidad de empezar a revisar en primer lugar 2. Pero la razn de ese revisar la bifurcacin decerebro y mente resulta fcil de ver: pues cuando los seres humanos hemos sido capaces de pensar sobreel tema, no nos han gustado las alternativas. S i la mente es lo que hace el cerebro, entonces todo se puedereducir a un proceso biolgico. Y nada importa cun complejos puedan ser tales procesos, porque siguensiendo el producto de la carne, de la sangre, de la celulosa y de los msculos. Cmo podemos estar estascriaturas tan magncas y tan superiores al comn de los seres animales que creemos ser tan toscamenteunidas a nada ms que aquello a lo que los neurocientcos denominan disco hmedo (el equivalentebiolgico de lo que es el disco duro de los ordenadores)? Este es el reto para nuestra autocomprensinque la investigacin de la ciencia cognitiva nos presenta y que solamente se podr resolver a medida quesurjan a la luz ms revelaciones sobre el funcionamiento del cerebro.

    Buscando mejores respuestas

    Si tenemos ese dualismo a nuestra espalda, qu tenemos delante de nosotros? S i nos hemos desprendidode la comodidad que representaba tener a la mente fuera de ese disco hmedo que llevbamos en nuestro

  • cerebro, qu lo va a reemplazar? La respuesta constituye el punto central de la argumentacin que voy ahacer a lo largo de estas pginas. Hemos penetrado en una etapa de autocomprensin que resultabavagamente imaginable antes de que la nueva ola de la neurociencia y la psicologa cognitiva abriesen lapuerta y nos empujasen adentro. Nos encontramos tan solo en el principio de esa etapa, y es necesario sermuy cautelosos antes de extraer conclusiones rpidas de unas investigaciones que todava se encuentranen paales. Pero nos hallamos denitivamente en una nueva senda de autocomprensin, y ya no esposible retroceder al cmodo refugio del dualismo. En esta nueva etapa, cuando hablamos de la menteestamos hablando de lo que hace nuestro cerebro. Cuando hablamos de pensamiento, estamos hablandode la aceptacin de la mente, de ese tema de la incesante actividad del cerebro. La divisin dualista, pormuy ilusoria que fuera, ha llegado a su nal. Y ese nal ha representado la muerte de un millar deconceptos falsos.

    A lo que todo esto parece estar apuntando es a una fantstica oportunidad. Una oportunidad que noshace creble la comprensin de por qu hacemos lo que hacemos; y, tan importante como eso, el sabercmo podemos llegar a modicar nuestros pensamientos y comportamientos, volubles y contradictorios,para nuestro mayor benecio. S i semejante armacin tiene para usted un aroma de autoayuda,permtame que le corrija por anticipado. Creo realmente que la nueva ola de investigacin cognitiva leproporcionar, y a mucho mejor precio, una gran cantidad de informacin de lo que se ha venidoentendiendo como consejos de autoayuda; y que lo continuar haciendo en los aos futuros mostrandocun vaco, inconsistente y fraudulento es aquel tipo de consejos. La confusin de estos malentendidossobre el cerebro y la mente ha permitido que el concepto de la autoayuda se extendiese con toda impunidaddurante decenios, estimulada por los miles de millones de dlares proporcionados por todos aquellosconsumidores bien intencionados que buscaban una respuesta a sus problemas. La ciencia cognitiva nopuede ofrecer el complemento de unas respuestas concretas que reemplacen a esa industria de laautoayuda, ni tampoco pretende hacerlo la autntica psicologa. Lo que, sin embargo, pueden hacer tantola neurociencia como la psicologa es convertirnos en evaluadores ms inteligentes de nuestros propiospensamientos y conductas, proporcionndonos esa luz tan necesaria para esclarecer temas sumamentedifciles. Mediante la utilizacin de una slida investigacin como fundamento para la reconsideracin denuestra conducta podremos encontrarnos en un terreno ms rme que el proporcionado por esa industriade la autoayuda. As pues, no necesitamos ms autoayuda, lo que realmente necesitamos es ms cienciayuda.

    Siguiendo las corazonadas

    Soy persona pragmtica. S iento predileccin por todo aquello que funciona y que tiende a estudiarcrticamente cuanto tiene que ver con una corazonada. Pero tambin comprendo y considero que a vecestodo cuanto tenemos es una corazonada; y aunque eso no proporcione una respuesta completa es posibleque nos conduzca a una. La investigacin no funciona al margen de las corazonadas. Los mejoresinvestigadores que he conocido son fabricantes de corazonadas de primera clase que, en ciertas ocasiones,encuentran el camino de la investigacin ms creativa y determinante gracias a esa corazonada quetuvieron mientras estaban, por ejemplo, tomando su desayuno. Partiendo de una simple corazonadallegan a una nueva comprensin de un problema que, a veces, todo un inmenso trabajo de investigacinsobre el problema pas por alto. El recorrido por semejante investigacin, que ha llevado a la redaccin deeste libro, me ha demostrado que, en ocasiones, es necesario tener plena fe en las corazonadas.

    No obstante, a la par de esa fe existe cierta ingenuidad cuyo precio es necesario pagar con mayorfrecuencia de la que uno considerara necesaria. Parte de lo que anima ese inmenso universo de la

  • autoayuda y, ms recientemente, de la oreciente industria edicada sobre conclusiones apresuradas de lainvestigacin neurocientca, es una visin ingenua para resolver problemas. Lo que queremos sonrespuestas. Lo que queremos es atender a aquella gente que clama por tener respuestas. Lo que queremoses resolver problemas de un modo que podamos sentirnos a gusto con sus soluciones. Resulta dolorosodarse cuenta de que con ms frecuencia que la deseada no logramos lo que queremos o, al menos, no comolo habamos previsto. Pero la ingenuidad tambin constituye una fuerza formidable con poder sucientepara superar saludablemente el escepticismo de lo que se ha considerado como la respuesta. S i no nosmostramos cuidadosos, el sincero deseo de encontrar una solucin puede conducir a la ingenua aceptacinde una simpleza aparentemente bien expuesta.

    Como ejemplo de lo dicho hemos de mostrarnos extremadamente cuidadosos con extraer conclusionesirrefutables de algunas funciones de la imaginacin del cerebro. La comunidad neurocientca est muylejos de ponerse de acuerdo sobre el papel que, en muchos casos, desempea la activacin de las diferentesregiones cerebrales. Todava tendrn que realizarse profundos trabajos antes de que sepamos con claridadlo que quieren decirnos las imgenes. Por ejemplo, por qu se activan, variando de un estudio a otro, lasdiferentes regiones cerebrales testadas bajo las mismas condiciones? El hecho de que el cerebro sea todo unmundo de contrastes representa un problema para los investigadores que, hasta ahora, no hanencontrado una frmula infalible para resolverlo. Hay algunos que todava van tan lejos como paraarmar que deberamos utilizar la capacidad imaginativa del cerebro como si se tratase de un tribunal en elque se dilucidase su culpabilidad o inocencia; una perspectiva verdaderamente aterradora para unatecnologa que todava se halla muy lejos de ser perfecta 3. Se podran mencionar muchos otros temas,pero baste decir que el asunto de la ciencia no es el de proporcionarnos seguras respuestas con las quenuestra cabeza pudiera descansar plcidamente por la noche. De hecho, somos lo sucientemente sabioscomo para esperar que se produzcan ms preguntas que respuestas en cualquier investigacin que merezcatal nombre.

    Una vez dicho esto, el autntico proceso de la investigacin cientca un estudio que se vaconstruyendo mediante conrmaciones o desafos es el de inspirar esperanza. Lo que diferencia lasautnticas armaciones cientcas de la multitud de los asertos pseudocientcos que apenas tienen unabase slida es precisamente ese proceso. Exige mucho ms de sus ejecutores, porque ese proceso tiende, encierto sentido, a la autodestruccin. No se propone cacarear la perfeccin de sus logros; por el contrario,pide desafos que muy bien pudieran socavar tales logros para empezar otros nuevos.

    Esto es lo que, en pocas palabras, constituye el principio de este libro. La ciencia es tan solo uninstrumento, pero tambin es el mejor instrumento de que disponemos para analizar los complejos temasque nos ataen y que ataen asimismo a nuestro mundo. Y creo tambin que es el mejor instrumento quetenemos para comprender aquello que cataliza nuestros pensamientos y motiva nuestra conducta. S ihemos de proclamar de forma creble el conocimiento de por qu pensamos lo que pensamos, yobramos como obramos, entonces hemos de enfrentarnos hasta el fondo con esas cuestiones, y aceptar lasinherentes limitaciones que conlleva el proceso de descubrimiento.

    Siguiendo adelante

    En principio, hemos de establecer unas cuantas revelaciones. La primera es que a lo largo de este libroutilizar la metfora, intencionadamente muy simplicada de cerebro feliz. Los cerebros, por supuesto,

  • no puede ser estrictamente hablando, felices, tristes o airados; ni tampoco pueden querer, desear,manifestar o comprometerse. En palabras de Todd Essig, importante psiclogo y psicoanalista de NuevaYork:

    Los cerebros no tienen ms deseos que los que puedan tener los pulmones por cantar o las rodillas por batir rcords de altura.S on parte de lo que quiere o de cmo lo quiere la persona. S iempre hay una persona situada, contextualizada, culturizada entre elcerebro y el deseo 4.

    Lo que yo quisiera comunicar con la metfora de un cerebro feliz es sencillamente que, bajodeterminadas condiciones, nuestro cerebro tiende hacia una posicin que establece el mayor placer enesquivar la prdida, en minimizar el riesgo y en evitar el dao. Nuestro cerebro ha evolucionado parahacer exactamente eso, y hemos de estarle muy agradecidos de que lo haga as. No obstante, esas mismastendencias protectoras ( lo que estoy denominando tendencias de un cerebro feliz) pueden ir demasiadolejos y convertirse en obstculos en lugar de virtudes. Nuestro reto estriba en saber cundo hemos depensar y actuar de forma contraria a las tendencias nativas de nuestro cerebro.

    En segundo lugar, quisiera dejar claro que este no es un libro sobre patologas psicolgicas. No soypsiclogo ni psiquiatra, y no tengo inters en desempear el papel de terapeuta virtual mediante un libro ocualquier otro medio. Soy simplemente un neurocientfico y no pretendo poseer conocimiento alguno de ladinmica neuronal que solamente una plena titulacin en la materia podra aportar. Soy un escritorcientco interesado especialmente en el funcionamiento de nuestro cerebro, y que se ha dejado llevar porla pasin de comunicar a una mayor audiencia lo que ha aprendido. Tambin soy un pedagogo que hapasado aos desarrollando e implementando estrategias para estimular la atencin y catalizar lasmodicaciones conductuales entre su auditorio; un auditorio que en ocasiones era reducido , y en otrasmasivo. Me siento estrechamente familiarizado con esa brecha que existe entre el conocimiento y suaplicacin. La mayora de nosotros podemos vislumbrar la sustancia de un problema, e incluso adoptarlos medios necesarios para superarlo, pese a lo cual solemos fracasar con frecuencia. Y es precisamente labrecha existente entre el conocimiento (o la conciencia) y la accin la que me ha impulsado a escribir estelibro. He querido saber la razn por la cual los seres humanos hacemos a menudo cosas que no son lasmejores para nosotros. Y de modo ms concreto he querido comprender qu atributos de nuestro cerebrosubyacen en esos pensamientos y acciones destructoras que forman parte de todas las personas quehabitamos en este planeta.

    Cuando inici esta investigacin, hace ya ms de tres aos, esperaba centrarme principalmente en laspropensiones cognitivas; en esa multitud de errores mentales bien documentados que tan a menudo noshacen tropezar 5. Pero despus de haber estudiado innidad de trabajos y de debatir con expertos en elcampo de la psicologa cognitiva y de la neurociencia, descubr una pieza todava ms esencial delrompecabezas cognitivo; una pieza que tiene mucho que ver con lo que hace feliz a nuestro cerebro.

    Mis investigaciones tambin me llevaron a una conclusin posterior: el hecho de saber simplementecmo fracasa nuestro cerebro no es de gran utilidad. La mayor parte de los libros sobre los errores delcerebro nunca van ms all de ese punto. Pero, qu tiene de bueno saber si no logramos hacer nada alrespecto? Podemos saber que hemos de hacer algo para evitar una tentacin (por ejemplo), pero el aplicar eseconocimiento adecuadamente es cosa muy diferente; algo que, tambin, forma parte de nuestra realidadneuronal. Esa es la brecha existente entre el conocimiento y la accin; y como tema prctico resultasumamente crucial para entender el funcionamiento de nuestro cerebro.

    Por ltimo, quisiera decir que lo que usted va a encontrar en los prximos captulos es un estudio

  • bastante extenso de una serie de temas. No he pretendido entrar a fondo en cuestiones demasiado tcnicas,sino ms bien centrarme en lo que considero que constituyen los temas ms relevantes para un debate. Mipropsito es que este sea un libro informativo pero, al mismo tiempo, til. Confo en que usted, lector,encontrar ambas cosas a medida que vayamos profundizando en nuestros debates en las pginassiguientes.

  • Parte 1

    La certeza y la seduccin de la oportunidad

  • ECaptulo 1

    Las aventuras de la certeza

    La duda no es una condicin agradable, pero la certeza es una condicin absurda.

    VOLTAIRE. De una carta a Federico II de Prusia

    Una mente llena de tiburones

    L 9 de octubre de 1997 los observadores del Point Reyes Bird Observatory divisaron una ballenaasesina enfrentndose a un enorme tiburn blanco cerca de Faralln Island, a veintisis millas de lacosta de San Francisco. La visin de semejante combate foment comentarios salaces. S iempre sehaban establecido especulaciones, y generado una gran curiosidad, sobre lo que podra suceder siambos predadores llegaran a enfrentarse alguna vez, pero hasta ese da nunca se haba producidosemejante hecho. Se tom en vdeo el enfrentamiento desde un barco, y las imgenes recorrieron todoel mundo gracias a Internet 1.

    En cualquier caso, el enfrentamiento dur poco. La orca no tuvo muchos problemas para acabar con suamenazador oponente, y una vez lo hubo liquidado se limit a devorarle el hgado, dejando todo el restodel cadver para alimento de las gaviotas. Tal vez este enfrentamiento desilusionase a muchos de losespectadores que esperaban un combate sangriento, en funcin de las terribles mandbulas de los dostitanes de las profundidades, pero en todo caso los cientcos se lo pasaron en grande contemplando elsangriento espectculo.

    La razn que basaba su inters tena bastante que ver; en primer lugar, con el motivo que habaenfrentado a los dos monstruos marinos, y en la manera cmo la orca haba liquidado al tiburn. Por logeneral, los grandes predadores no son muy amigos de enfrentarse entre ellos, por la simple razn de quela lucha entre dos bestia de gran peso y ferocidad suele terminar con graves heridas. Y tales heridasreducen su capacidad para seguir cazando, lo que quiere decir que para el perjudicado el juego se haacabado.

  • Conociendo tal circunstancia los cientcos estaban ansiosos por saber por qu dos de los ms grandespredadores del planeta se haban enfrentado en mar abierto. La respuesta sorprendi a todos. S inembargo, no se haba tratado de una mera pelea callejera: en realidad la orca se haba propuesto cazar altiburn.

    Para entender las razones de tal hecho hemos de retroceder un poco para estudiar cmo las ballenasasesinas aprenden el ocio que les da su nombre. Al igual que los humanos, las orcas tienen su propiacultura. Pero a diferencia de muchas culturas humanas, la de las orcas gira en torno a una sola cosa:conducta cazadora. Algunas orcas cazan arenques, otras cazan focas, otras preeren pastinacas y, porltimo, hay otras que se dedican a los tiburones. Los observadores que se encontraban a bordo de aquelbarco haban visto cmo una orca se dedicaba a su aficin o cultura por la caza de tiburones.

    El segundo descubrimiento fue presenciar cmo la orca haba liquidado tan limpiamente al tiburn. Enla cultura de las orcas la tcnica de la caza se aprende mediante mecanismos de demostracin e imitacin.Esto es algo muy importante a la hora de convertir a las orcas en predadores tan ecaces. Adquieren sutcnica muy ecazmente, aprendiendo y practicando la caza de unas a otras. Cuando una orca pone enprctica un mtodo de matar eficazmente a su vctima, las dems copian su tcnica.

    Los cientcos han llegado a la conclusin de que, hasta cierto punto, la orca ha descubierto que siembiste con fuerza al tiburn por uno de sus costados, el escualo da una vuelta de campana y se quedainmvil, incapaz para defenderse y atacar. En efecto, esa orca inteligente produce en su adversario unainmovilidad tnica; es decir, un estado de parlisis temporal que sufren muchos tiburones cuando giransobre sus lomos. El descubrimiento que han hecho los humanos de esta inmovilidad tnica que sufren lostiburones es relativamente reciente, lo que hace todava ms notable el comportamiento de las orcas 2.

    Esta tcnica de caza, fatal para los tiburones, que puede convertir a los ms eros elementos de estaespecie en individuos indefensos, es el equivalente en la orca a lo que los humanos denominaramosmimo, esa unidad de ideas y de prcticas culturales que se transmiten de una mente a otra. SusanBlackmore, autora de The Meme ement, deni con mucha sencillez esta tcnica del mimo con la expresinde aquello que es imitado 3. El corolario biolgico del mimo es, evidentemente, un gen; una unidadhereditaria transmitida de un organismo a su descendencia. Las ballenas asesinas son, por su procesohereditario, poderosas cazadoras; pero ahora sabemos que su cultura se ve fuertemente inuenciada por lamanera cmo utilizan sus capacidades innatas. Por ejemplo, no es probable que una orca que pertenece auna cultura cazadora de arenques sea capaz de atacar a un gran tiburn blanco; de la misma forma queuna orca cazadora de ballenas no tiene apetencia por atacar a las pastinacas.

    El punto clave es que la cultura de las orcas les permite pasar esos genes mimticos que beneciarn asus miembros aprendiendo, as, tcnicas de perfeccionamiento necesarias para su supervivencia. El cerebrode la orca est tan avanzado que puede hacer efectiva esa transferencia de una manera que ninguna otracriatura ocenica lograra hacer. Dicho con otras palabras: nada podr evitar que consiga tan ecazmentesu men.

    A diferencia del ya mencionado, el cerebro humano constituye el indiscutible elemento ms capacitadopara el aprendizaje existente en el planeta. Nuestra cultura es innitamente ms compleja que la que puedatener la orca, porque la capacidad y profundidad de los elementos mimticos que podemos intercambiar esde una magnitud muy superior. El punto dbil de esta realidad es que si bien nuestro cerebro est tandesarrollado tambin arrastra una serie de complejas limitaciones que transmite fcilmente.

    Uno de los genes mimticos ms peligrosos que posee el ser humano es la nocin de certeza. Tantonuestra naturaleza como nuestras disposiciones aprendidas nos hacen creer que tenemos razn, tanto siestamos en lo cierto como si no lo estamos. Este es un error que nunca cometera una orca que noestuviera preparada para atacar a un gran tiburn blanco, porque sus genes mimticos no se lopermitiran. S i la cultura de las orcas no tuviera en cuenta semejante caracterstica, hace mucho tiempo

  • que esos animales habran desaparecido de este mundo. Por el contrario, los humanos no tenemos encuenta esos genes, como sucede con el concepto de certeza que utilizamos diariamente. Y pese a que casinunca esto funciona bien, es raro que lo tengamos en cuenta y sepamos pararnos a tiempo.

    La razn de nuestra terquedad es ms profunda de lo que pensamos. La investigacin neurocientcarevela que el estado de incertidumbre es un lugar muy poco confortable para nuestro cerebro. Cuantomayor sea aquella, ms grande ser nuestra incomodidad. En 2005 el equipo dirigido por el psiclogoMing Hsu realiz una investigacin por la que se descubri que incluso una pequea dosis deambigedad incrementa notablemente la actividad de las estructuras de las agmdalas del cerebro, que sonlas que desempean el papel ms importante en nuestra respuesta ante los miedos 4. Cada una de lasagmdalas es un haz de clulas nerviosas que se asientan sobre su correspondiente lbulo temporal a cadalado del cerebro. La informacin llega a las agmdalas desde mltiples fuentes. Las agmdalas ltran lainformacin para determinar su correspondiente nivel de miedo y movilizar la respuesta adecuada. Almismo tiempo el cerebro muestra una menor actividad en el estriatum ventral, la parte del cerebroencargada de nuestra respuesta a un estmulo graticante (se supone que la actividad del estriatum ventralse ve incrementada cuando, por ejemplo, esperamos un aumento de sueldo, unas vacaciones o, incluso, unbeso). A medida que el nivel de ambigedad se incrementa, tambin contina aumentando la actividad delas agmdalas, y disminuyendo la del estriatum ventral.

    Lo que esto nos viene a decir es que el cerebro no se limita a preferir simplemente la certeza a laincertidumbre, sino que la reclama ardientemente. Nuestra necesidad de tener razn es, en el fondo, lanecesidad de sentirnos bien. El neurlogo Robert Burton acu el trmino propensin a la certezapara describir este sentimiento, y cmo puede sesgar nuestro pensamiento 5.

    Lo cierto para todo el mundo es que cuando nos sentimos bien sobre una decisin o una creencia yasea grande o pequea nuestro cerebro se siente feliz. Y puesto que a nuestro cerebro le agrada sentirsefeliz, tambin a nosotros nos gusta sentirnos bien. En nuestra vida cotidiana sentirse bien equivale a estarbien (ya que si admitiramos que solamente nos sentimos bien, tal vez no estaramos del todo realmentebien; y, por supuesto, desde el punto de vista de nuestro cerebro seguro que no lo estaramos).

    Nuestros eros primos ocenicos no se sienten divididos por el bagaje existencial de este anhelo decertidumbre. Sus necesidades son mucho ms simples, y sus cerebros evolucionaron para facilitarles unaprendizaje que les permite satisfacer sus necesidades. Como por desgracia lo pudo descubrir eseinfortunado tiburn blanco, la orca sabe muy bien lo que tiene que hacer.

    Nuestros cerebros son tambin muy buenos para lo que hacen; pero como consecuencia de sushabilidades expansivas, el camino que hemos de seguir para sobrevivir y para luchar no nos resulta tansencillo. Nuestro deseo intenso de sentirnos bien es tan solo un ejemplo de esta singular realidad humana.Y de eso vamos a tratar en este captulo.

    Cegado por lo evidente

    Meet Phil, joven programador en una escuela para estudiantes ciegos y sordos, era el responsable del

  • bienestar y tutela de los muchachos que vivan en la institucin. Phil (que, por si fuera poco, es un tiposumamente espabilado) recuerda una situacin sucedida cuando inici su trabajo. Se encontraba haciendosu ronda nocturna por todos los pisos de los dormitorios de los chicos invidentes para asegurarse de quetodos los estudiantes se encontraban en la habitacin que les corresponda. Por la experiencia que tena desus anteriores trabajos en otras instituciones, la ronda de vigilancia de los dormitorios era sinnimo deapagad las luces, pero en este caso se le advirti que los estudiantes ciegos solan dormir frecuentementecon las luces encendidas (ya que para ellos era lo mismo que estuvieran encendidas como apagadas) y laAdministracin prefera que las estancias estuvieran iluminadas por motivos de seguridad.

    A medida que fue realizando su ronda, piso por piso, comprob que todas las luces estaban encendidasy los estudiantes en sus respectivas camas. Al llegar a un dormitorio en el que las luces estaban apagadas(una excepcin que se haba tomado como norma recientemente) anduvo a oscuras y llam al estudianteque segn la lista que tena ocupaba aquel dormitorio. No obtuvo respuesta. Volvi a hacerlo, esta vezcon ms nfasis. S igui sin producirse respuesta alguna. Cuando, un tanto asustado, repiti el nombrepor tercera vez sin obtener contestacin, se puso a revisar todas las salas, los baos y pasillos. Al noencontrar al estudiante en cuestin, corri a la ocina para informar de lo sucedido. All le preguntaron siestaba completamente seguro de que faltaba el estudiante; Phil asegur que haba revisado todas laestancias del edicio y estaba completamente seguro de que el estudiante de marras no estaba en sucuarto ni en ninguna otra parte. Semejante armacin puso en alerta a los encargados del Centro queiniciaron una bsqueda del muchacho desaparecido, bsqueda que se extendi a toda la ciudad y quedur bastantes horas.

    De pronto, mientras todo el mundo se entregaba a la bsqueda del ausente, Phil sinti que ciertaintuicin empezaba a recorrerle nerviosamente el cuerpo. Dio media vuelta, subi corriendo hasta lahabitacin del estudiante (que se encontraba completamente a oscuras), se acerc a tientas hasta la pareden la que estaban los interruptores y encendi la luz. El estudiante, supuestamente desaparecido, seencontraba tranquilamente echado sobre su cama escuchando msica por sus auriculares.

    Cmo pudo Phil pasar por alto algo que pareca tan evidente? Rebobinemos por un momento el tema yveamos lo que sucedi. En primer lugar, Phil estableci una nueva regla para hacer las cosas bien:cuando las luces se hallan encendidas las cosas estn como tienen que estar. En sus puestos anteriores locorrecto era justamente todo lo contrario; por consiguiente, su cerebro tuvo que reajustarse a la nuevaregla. En su nuevo puesto estaba obligado a comprobar que todos los cuartos tuvieran las lucesencendidas. Esta nueva experiencia hizo que su cerebro se readaptase a una situacin diferente e hiciesesuya la nueva norma.

    Podemos analizar la cosa desde otro ngulo: la atencin de Phil se volvi extremadamente selectiva. Unamodicacin de la regla alarmaba su atencin, y la urgencia de esa alarma rebasaba la consideracin decualquier otra opcin. Phil se volvi ciego a los detalles que hubieran podido modicar el resultado; deforma ms especca, si hubiera encendido la luz. Su comportamiento es un ejemplo de la atencinselectiva, tambin llamada selectividad de las predisposiciones: la tendencia de orientarse hacia yprocesar informacin solamente una parte de nuestro entorno excluyendo todas las dems, sin queimporte cun obvias y evidentes puedan ser dichas partes.

    Los psiclogos han descubierto el funcionamiento de esta dinmica utilizando un mtodo deinvestigacin denominado Eriksen Flankers Task 6. A los participantes se les muestran tres series desmbolos un smbolo central anqueado por otro a cada lado que se les proyectan brevemente sobreuna pantalla. En unos casos los smbolos laterales apuntan hacia el smbolo central (a estos se lesdenomina smbolos congruentes), en otros casos dichos smbolos sealan hacia fuera (smbolos incongruentes) ytodava hay un tercer grupo en el que los smbolos laterales no sealan direccin (smbolos neutrales).Una vez que se proyecta cada smbolo se les pide a los participantes que digan qu signos soncongruentes, cules son incongruentes y cules neutrales. Asimismo, se les pide que establezcan una escalade lo seguros que estn de sus respuestas.

    Los resultados de la prueba son notablemente uniformes. Los participantes arman estar muy seguros

  • de sus respuestas, pero la verdad es que terminan equivocndose en un cincuenta por ciento. La razn deesto se encuentra en que resulta sorprendentemente fcil inuir en el cerebro para que ignore parte de suentorno. Por el mero hecho de proyectar smbolos en un modelo y, seguidamente, cambiar el modelo, elcerebro permanece centrado selectivamente en una variable excluyendo las dems; sencillamente, no lasve. El tiempo de proyeccin juega un papel importante en el trabajo de determinacin de los smboloslaterales. Los smbolos se proyectan a propsito durante un breve momento, obligando a que losparticipantes realicen una rpida determinacin antes de que se proyecte la siguiente serie. Se ha observadoque cuanto ms tiempo se conceda entre la proyeccin de una y otra serie las respuestas mejorannotablemente.

    Otra de las investigaciones que ilustran con mucha claridad hasta qu extremo puede llegar el efecto dela selectividad es la que se ha dado en llamar Gorilas entre nosotros. Se trata de un estudio efectuado porlos psiclogos Daniel Emen y Christopher Chabris 7. A los participantes en este estudio se les pide queobserven detenidamente un vdeo en el que un grupo de personas juegan pasndose una pelota debaloncesto unas a otras, y que cuenten las veces que se la pasan. Mientras los participantes estn contandoaparece en la escena una mujer disfrazada de gorila que atraviesa lentamente el campo de visin, se para enmedio, se golpea el pecho como lo hara un gorila, y desaparece despacio de la escena. Toda la secuenciadura unos nueve segundos. Una vez concluida la visin del vdeo se hace a los participantes algunaspreguntas como, por ejemplo, Ha visto algo inusual en este vdeo?, o, Advirti la presencia en lapantalla de alguien o de algo, adems de las personas que estaban jugando?. Por ltimo, se les hace lapregunta denitiva: Vio usted un gorila en la pantalla?. Ms de la mitad de los participantes en laprueba respondieron que no haban visto nada inusual, ni mucho menos un gorila.

    Emen y Chabris haban sabido catalizar con xito la atencin selectiva de los participantes pidindolesque se centraran en la pelota y que contaran las veces que se la pasaban los jugadores. S iguiendo estemodelo la mayora de los participantes no vieron la curiosa figura que haba aparecido ante sus ojos.

    Los que participaron en este estudio mostraron su asombro ante lo sucedido al no haberse dado cuentade lo que haba pasado. Los que en la prueba anterior se jaron en los smbolos laterales suelenarmar que estaban plenamente seguros de lo que decan. Los que, por su parte, participaron en el testdel gorila se quedaron asombrados de haber pasado por alto algo tan evidente.

    Volviendo al caso de Phil, dado que al inspeccionar las habitaciones eran todas iguales, las pudoconsiderar que estaban bien o mal con muy poco tiempo. De hecho, como aquella parte de su trabajole resultaba muy sencilla es probable que la realizase de forma automtica y sin prestarle mucha atencin.Cuando lleg a una habitacin que se apartaba de la norma establecida se despist un poco y no lleg afijarse en lo que era evidente (aunque el cuarto estuviera a oscuras).

    Qu es lo que hubiera podido hacer Phil en ese caso? Ahora la respuesta nos resulta obvia: debierahaberse detenido un poco ms y jarse en lo que suceda. Unos instantes de examen le habran aclarado loque estaba pasando por alto. Pero, para hacerlo, habra que haber puesto a prueba su convencimiento deque estaba haciendo las cosas correctamente, esa vinculacin a la certeza. Le sucedi algo parecido a lo queexperimentaron los participantes en el texto del vdeo, que se sorprendieron al comprobar que se habanequivocado. Podemos asumir, por consiguiente, que Phil tambin se sorprendi de haber pasado por altoaquel detalle que era evidente. En todo caso, la historia de Phil concluy relativamente bien, cosa que nosuele suceder siempre para quienes viven en la jungla de la certeza, como veremos seguidamente.

    Rateros de tienda

  • Con una profunda ofensa a mis conocimientos acadmicos tuve que trabajar en una tienda durante losaos de adolescencia para ganarme algn dinerillo extra para mis caprichos. Cierto da me encontrabatrabajando en la caja registradora cuando un individuo, que mostraba un disimulado pero apreciablenerviosismo, se aproxim al mostrador. Me dijo que quera hacerme algunas preguntas sobre el tipo depelcula que utilizaba en su nueva cmara de 35 mm, y extendi sobre el mostrador una serie de diferentescajas de rollos de pelcula.

    Mientras trataba de mostrarle la diferencia existente entre las velocidades de exposicin de unas y otraspelculas, advert la presencia de una mujer vestida con un gran abrigo que se colocaba delante del pasilloen donde se apilaban los cartones de cigarrillos (por aquel tiempo todava se vendan cigarrillos en lastiendas). Yo segu hablando con el cliente de los rollos fotogrcos, pero sin quitar el ojo de aquella otramujer. El cliente se dio cuenta de que me mostraba un poco distrado y empez a hablar ms deprisa paraque yo centrase mi atencin en lo que me estaba diciendo. Al cabo de un par de segundos vi cmo la mujerse meta un cartn de cigarrillos bajo el abrigo. Entonces ca en la cuenta de que aquellos dos trabajan enequipo: el tipo trataba de distraerme con lo de los rollos fotogrcos mientras ella se encargaba de sustraerlos cigarrillos.

    Cog el telfono interior y llam a Ed, el encargado que se encontraba en su despacho. En ese momentotanto la mujer como el hombre se dieron cuenta de que haban sido pillados y apretaron el paso hacia lasalida pero tratando y al mismo tiempo de dar a su escapada un aire de aparente despreocupacin. Ed seapresur a colocarse delante de la puerta para impedir que los dos rateros pudieran escaparse. En cosa desegundos pens en lo que iba a hacer: poda detener al hombre o a la mujer, pero no poda detener aambos a la vez. Estaba claro que uno de los dos escapara. Pens que lo mejor sera detener a la mujer que,lgicamente, sera la ms dbil; as que la agarr por el hombro, tratando de impedir que se largase. Fueuna mala decisin. La mujer se gir hacia l y, mientras l no sala de su sorpresa, ella le cogi el dedondice retorcindoselo de tal manera que se pudo or el crujido del hueso. De ese modo, mientras el pobreencargado se doblaba de dolor, la pareja de rateros ech a correr hacia la calle.

    Ed haba considerado el problema y tomado una decisin aparentemente sencilla pero equivocada: elhombre es ms fuerte, la mujer no. Adems, l perteneca a esa clase de personas que seguan manteniendola clsica opinin de que las mujeres son, sin lugar a dudas, el sexo dbil. Pensando de ese modo actu deun modo que, como lamentablemente pudo comprobar, le sali el tiro por la culata.

    S in embargo, no es este el nal de la historia. Poco despus del descalabro sufrido por Ed, otro empleado(al que llamaremos Ned) se lanz en pos de la pareja de rateros. Ned era ms fuerte que Ed y a menudopresuma de su dominio de las artes marciales. Logr dar alcance a la pareja en el prking y les grit que sedetuvieran, cosa que estos hicieron. El hombre se volvi hacia Ned y se enfrent a l; este adoptinmediatamente una posicin de luchador de judo-karateka haciendo exhibicin de sus habilidades yadvirtiendo al otro con quien se las estaba jugando. Pero por desgracia para Ned, al hombre no leimpresionaron en absoluto sus maneras y le solt un puetazo, justo debajo del ojo derecho, que lotumb al suelo. Acto seguido, la pareja ech a correr hacia el coche que tenan en el prking y se largarona toda prisa.

    Lo que les sucedi, tanto a Ed como a Ned, es que ambos no supieron enmarcar adecuadamente lasituacin a la que se enfrentaban y malinterpretaron una informacin que, de otra manera, hubieralogrado un resultado muy diferente. El mejor modo de que nuestro cerebro acte ante una determinadasituacin es permitindole que encuadre el autntico marco de la situacin a la que se enfrenta, y no seobnubile con informaciones internas; porque, de ser as, actuar de acuerdo con dichas informaciones, yno prestar la atencin que requiere el marco externo de la autntica realidad.

  • Podemos ver claramente cmo esta tendencia afect, en el presente caso, a Ed y a Ned. Por ejemplo, porqu se enfrent Ed fsicamente a la pareja de rateros? Su encuadre interno le llev a creer que podrasobreponerse a uno de ellos; por supuesto, al que consideraba como ms dbil. De hecho, la fuerza de eseencuadre era mayor que lo que pudiera sospechar acerca de la resistencia fsica que podra presentarle unapersona a la que no conoca en absoluto.

    Por su parte, Ned pens que con su destreza en las artes marciales dominara a sus adversarios. Pero noconsider la posibilidad externa de este encuadre; a saber, que sus habilidades tal vez no fueran tangrandes como l supona, que las de sus oponentes fueran mayores que las suyas, o que incluso pudieranir armados. Tampoco tuvo en cuenta la informacin de la que haba sido testigo: cmo el ladrn habaretorcido el dedo de su compaero Ed como si se tratara de un barquillo.

    Los psiclogos Amos Tversky y Daniel Kahneman fueron los primeros en identicar esta actitud comouna tendencia, o propensin, cognitiva (a la que denominaron sencillamente tendencia de encuadre),denindola como la decisin de la persona que concibe actos, resultados y contingencias asociadas a unadeterminada opcin. El encuadre que adopta el autor de una decisin se halla controlado parcialmente porla formulacin del problema, y en parte por las normas, hbitos y caractersticas personales de la decisindel autor 8.

    Ed y Ned tomaron decisiones sobre la marcha, atenindose a su encuadre interno sin demasiadaatencin por el resto (por lo que merecen que les demos un tirn de orejas). S i pudiramos pelar laconciencia de estos dos, descubriramos en ellos un nivel ms profundo de encuadre interiorizado, al quemuy bien podramos denominar preencuadre.

    El lsofo y psiclogo Sam Keen cuenta cmo tanto l como su hermano fueron calicados yetiquetados intelectualmente desde pequeos por sus padres. El hermano de Sam era todo un genio de lamecnica desde muy jovencito. Antes de cumplir los seis aos ya era capaz de desmontar y volver amontar un cortador de csped. Sus padres contaban a todo el mundo que el chico haba nacido ingeniero;en resumen, que era una autntica maravilla de la mecnica. Sam, por el contrario, era un muchachosensible y juicioso. Careca de toda aptitud para la mecnica, y sus padres no se privaban de hacer notartanto al propio Sam como a los dems lo diferentes que eran los dos hermanos. Posteriormente Samtuvo que pensar qu profesin debera seguir en la vida, dadas sus capacidades. Se le rog que consultaracon un asesor profesional, para que este valorara su posible vocacin. El consejero, tras examinar laspruebas realizadas, le dijo que tena un buen nivel intelectual, pero que sobre todo destacaba en sucapacidad para cuanto tuviera que ver con la mecnica. El joven, que al or aquello se quedcompletamente asombrado, le respondi: Perdone, pero usted ha debido confundir los resultados. Ese esmi hermano 9.

    La historia de Keen revela un punto insidioso sobre la conexin del encuadre con el sentimiento de lacerteza: acta sobre nuestra mente como un guin escrito por otras personas, que se ve coloreado porciertas influencias de las que no somos totalmente conscientes.

    Por supuesto que el encuadre es tambin una inuencia externa que nos afecta en el presente. Se hanllevado a cabo un buen nmero de investigaciones sobre el papel que tienen los medios de comunicacinsobre el encuadre, especialmente cuando afectan a temas sensibles. Kahneman y Tversky realizaron un tipode estudio que especicamos seguidamente para ilustrar cmo funciona este aspecto del encuadre.Considere cada escenario expuesto y piense su respuesta.

    Usted trabaja en un Center for D isease Control (D epartamento de control sanitario) y, de repente, se produce un brote de unapeligrosa enfermedad llamada gripe asitica en una poblacin de seiscientas personas. S e calcula que si usted no toma lasmedidas oportunas morirn todas esas seiscientas personas. Un especialista en el tema le ha presentado dos programas diferentes

  • para luchar contra la epidemia:

    Con el Programa 1: Se pueden salvar doscientas personas de la poblacin.

    Con el Programa 2: Hay una posibilidad, de 1:3, de que se puedan salvar seiscientas personas, y otra posibilidad, de 2:3, de queno se salve nadie.

    Qu programa escoger usted?

    Poco despus, otro experto le presenta otras dos posibles opciones:

    Con el Programa 3: Van a morir cuatrocientas personas.

    Con el Programa 4: Hay una posibilidad, de 1:3, de que nadie muera; y otra posibilidad, de 2:3, de que mueran las seiscientaspersonas.

    Cul de ellas escoger usted?

    Para el primer grupo de programas, el 72 por ciento de los individuos entrevistados escogieron elPrograma 1. Para el segundo grupo, el 78 por ciento escogieron el Programa 4. Estoy seguro de que ustedse habr dado cuenta, sin embargo, de que los Programas 1 y 3 son iguales, y de que lo mismo sucede conlos Programas 2 y 4. La nica diferencia es la forma en que se encuadr la informacin. En el primerejemplo de encuadre del programa lo escogieron el 72 por ciento de las personas entrevistadas; en elsegundo ejemplo del mismo programa, solo lo escogieron un 22 por ciento. Cuando el encuadre nublanuestro juicio, los aspectos prcticos del contenido importa mucho menos, tanto si nos damos cuenta deello como si no.

    La irnica conclusin de la historia de nuestros amigos Ed y Ned es que la mejor decisin que pudierontomar hubiera sido dejar que se fueran los ladrones y avisar inmediatamente a la polica; cosa que, porcierto, es lo que yo hubiera hecho. Pero, como dije anteriormente, hay algo que podemos alegar en defensade nuestros amigos, y es que se vieron obligados a actuar as porque les presionaba el factor tiempo. Pero,como veremos seguidamente, para realizar adecuadamente el encuadre de una situacin no es convenienteni una pizca de urgencia.

    Una traduccin mal encuadrada

    Hace pocos aos en que me encontraba en China en viaje de negocios me tom un da de descanso para

  • hacer algunas visitas. La primera de la lista era la Gran Muralla. Me acompaaba un expatriado, denombre Mark, que haba vivido varios aos en Beijing y que se encontraba muy familiarizado con loshbitos y costumbres locales y, tambin afortunadamente, con el mandarn que hablaba con uidez. Mehaba puesto al corriente de todo lo que deba y no deba hacer, de las mejores formas de interactuarcon los chinos e, incluso, de aquellas cosas que no debera hacer aun cuando fueran perfectamenteaceptables en los Estados Unidos.

    Una de sus primeras advertencias fue que cuando se me acercaran vendedores ambulantes tuvieramucho cuidado de no tocar nada que no pensase comprar. Aunque una costumbre as fuera corriente enAmrica, los vendedores ambulantes chinos conocen la tendencia que tenemos de investigar lasmercancas cuando queremos comprar algo. Esta norma se me antoj sumamente ridcula. Cmo voy asaber qu artculo me puede interesar si antes no la examino? Su respuesta fue tajante: Que no sete ocurra. Hazme caso.

    A lo largo de la avenida que conduca a la Gran Muralla abundaban una serie de vendedores quemostraban toda una innita serie de souvenirs. Uno en especial me llam mucho la atencin. Se trataba deuna imitacin de un antiguo gorro de invierno utilizado por el Ejrcito Rojo, que se adornaba con suscorrespondientes orejeras protectoras. Di un par de vueltas en torno al puesto en que se exhiba aquelartculo. Bueno, me dije, en este caso es normal que uno se lo pruebe antes de comprarlo paracomprobar si le sienta bien. As que, haciendo caso omiso de la advertencia de mi amigo, tom aquelgorro y me lo puse. Como no era de mi talla lo volv a colocar en el mostrador en donde estaba.

    Antes de que pudiera darme cuenta de lo que suceda, dos de los vendedores del puesto se me colocarona la espalda. Uno de ellos cogi el sombrero y me lo puso en la mano al tiempo que no paraba de hablar enmandarn. Aunque yo no entenda ni una palabra de lo que me estaba hablando, la cosa estaba clara:Compra el sombrero! me deca. Yo le sonre, negu con la cabeza tratando de demostrarle midesconocimiento de aquella costumbre y volv a colocar el sombrero en el estante. Entonces el otrovendedor cogi de nuevo el gorro y esta vez me lo encasquet a la fuerza en la cabeza. Yo me lo quit yvolv a colocarlo en su sitio, aunque el gesto dur muy poco porque inmediatamente me lo volvieron aponer encima. Finalmente, Mark vio lo que estaba sucediendo e intervino para aclarar la situacin; peroaun as los dos vendedores nos siguieron durante todo el camino hasta que, por n, se dieron porvencidos y nos dejaron cuando ya estbamos a punto de entrar en la Gran Muralla.

    Este encuadre manitico tiene un aire un tanto diferente de lo que les sucedi a Ed y a Ned. En mi casose me haba explicado claramente que si me comportaba de una determinada manera tendra queapechugar con las consecuencias. Tambin haba tenido tiempo suciente para saber lo que deba hacer.No obstante segu apegado a mis hbitos adquiridos y obr de acuerdo con ellos.

    Las investigaciones llevadas a cabo por los psiclogos Keith E. S tanovich y Richard F. West sugierenque el error cometido en mi caso fue un fallo a la hora de acoplarme a la ignorancia heurstica10. Enpsicologa se denominan heurstica una serie de reglas sencillas y ecientes ya se encuentren grabadas enel disco duro de nuestro cerebro, o hayan sido fruto de un aprendizaje que desempean un papelecaz especialmente cuando nos enfrentamos a problemas de los que tenemos una informacin incompleta.La heurstica constituye un instrumento fabuloso de comportamiento que es utilizado continuamente porlos seres humanos, pero que tambin puede conducirnos a un callejn sin salida; cosa que sucede,precisamente, cuando debiramos permitir la entrada a un conocimiento externo que nos sirva paracomplementar, y tal vez, para superar nuestras tendencias internas.

    Cuando una conducta heurstica equivocada ha estado dominando nuestra jornada, psiclogos comoStanovich y West nos dicen que ese da hemos sucumbido a la predisposicin heurstica. Una manera decomprender esta predisposicin heurstica es imaginar un libro de normas lleno de: 1) reglas que hanestado siempre presentes en el libro, y 2) reglas que se le han venido aadiendo continuamente. Usted llevasiempre el librito de normas con usted y se reere a l frecuentemente. S in embargo, ese libro encierra unpar de problemas serios. Muchas de esas normas se redactaron como si fueran absolutas e irrefutables(aunque no lo sean), y muchas otras se redactaron tambin como si pudieran aplicarse a todas las

  • situaciones (lo que no es cierto). Desgraciadamente, resulta difcil decir cuando una de esas normas nodebe ser aplicada, de modo que tiene que ser usted el que decida lo que deber hacer en una determinadasituacin. Cunto ms cuestione las normas, a ms ambigedad tendr que enfrentarse y su cerebro sesentir ms amenazado. As pues, la tendencia es ir con la norma y resolver el tema por su cuenta. Esohace feliz a su cerebro aunque el resultado quiz no sea muy agradable.

    Volviendo a la historia a la que nos referimos, empec por encuadrar estrechamente la situacin delvendedor, excluyendo la informacin que se me presentaba. As pues, actu segn la norma que gurabaen mi libro: haz caso omiso de cualquier advertencia si no est de acuerdo con tu experiencia. Me sentbien tomando esas decisiones, por ms que ambas resultaran un tanto cobardes.

    Al nal de este captulo debatiremos ms extensamente el hecho de saber cuando es convenientepresionar la tecla adecuada. De momento, dejemos un rato el tema de la heurstica y hagamos una breveincursin en la Antigedad.

    Esto es Esparta. Largaos!

    Soy un gran acionado a la pelcula Los 300, esa vvida recreacin del famoso enfrentamiento que tuvieronlos espartanos contra los persas en el paso de las Termpilas, en aquella ocasin en que trescientos de losms valientes guerreros de Esparta se enfrentaron a un enemigo tan inmenso que resulta difcil estimar sunmero de combatientes. En realidad se trata de la recreacin del libro grco de Frank Emen sobre laguerra que mantuvieron los espartanos por la libertad contra el notablemente cruel ejrcito persa 11.

    La razn por la que me gust la pelcula nada tiene que ver con la verosimilitud histrica, de la que ellm se aparta abiertamente. Al margen de las secuencias de los combates, que estn magncamenterealizadas, me gust la pelcula porque constituye un excelente ejemplo de cmo se escoge la informacinpara confirmar unas determinadas posiciones.

    Poco despus de que se proyectase la pelcula, ciertos personajes de centro derecha, tanto en la radio, enla prensa como en la televisin, se aprovecharon de los temas de la pelcula en que se hablaba de lucharpor la libertad y de enfrentarse a la opresin para aplicarlos a sus tertulias segn su propiaconveniencia. De esta forma la pelcula se convirti en parte de sus arengas populistas, y los valerosos ybronceados protagonistas, los espartanos, se transformaron a su vez en hroes populares.

    Lo que no dijeron esos mismos personajes en sus prolongados monlogos fue que los tan cacareadosespartanos fueron tambin brutales amos de esclavos. La razn de que los varones espartanos seentregaron de forma tan ecaz a convertirse en guerreros profesionales a tiempo completo es quedisponan de legiones de esclavos que les resolvan las actividades no militares. En resumen, los espartanosno tenan mucho que ver con el principio de la libertad; lo nico que les importaba era su propialibertad.

    Otra de las caractersticas de los espartanos era que difcilmente encarnaran esa clase de hroes que

  • admirara cualquiera que sintiera respeto por lo que se entiende por valores familiares. Aquellos bebsespartanos que en su nacimiento no mostraban el vigor corporal que constituira, ms adelante, una de lascaractersticas ms estimadas en un guerrero se les daba muerte arrojndolos desde los acantilados. A losmuchachos se les dejaba que se las arreglasen por su cuenta, por lo que muchos perecan de hambre omoran de un modo que hubiera resultado absolutamente brutal a una sensibilidad moderna. Esta formade equivocada perspectiva utilitaria representa la anttesis de lo que respetan y veneran la mayor parte delos americanos.

    Las preguntas que cabe formular son: Por qu nadie tuvo en cuenta esta cuestin? Cmo los temas deuna pelcula hecha para ser vista mientras se consumen palomitas de maz o barritas de helado pudo tenersemejante acogida en un entorno familiar tan centrista? La respuesta es que el tema de la libertad, y todo loque tiene que ver con ella, encaja a la perfeccin en las creencias de quienes pregonan y suscriben esemensaje populista. Las realidades histricas que cuestionan ciertos temas no suelen ser bien vistas y, portanto, se ven excluidas. Los psiclogos denominan estas tendencias que buscan la conrmacin de ciertasevidencias, y tratan de ignorar aquellas otras que las impugnan predisposicin a la conrmacin; algoque es tan propio del ser humano como el sexo, el sueo, o la comida campestre.

    Otro sencillo ejemplo que tiene mucho que ver con esos tipos tan duros y violentos, servir para ilustrartambin lo que decimos. Digamos, por ejemplo, que usted es un hincha deportivo hasta la mdula de undeterminado club de ftbol. Cierto da en que usted se encuentra frente a su ordenador decide enviar unoscuantos mensajes para conocer los ltimos rumores que corren sobre su equipo y, mira por donde, leaparece un titular en el que se critica duramente su actuacin. Pincha en l y empieza a leer todos loscomentarios al respecto. Algunos de ellos no son otra cosa que insultos descarados, y aunque lo ponen austed enfermo, no quiere prestarles mucha atencin. Pero ciertas crticas que atrapan su inters se reerena hechos concernientes a su equipo en los que usted ya ha venido pensando durante mucho tiempo. Msadelante lee algunas otras referencias que, lejos de carecer de base, estn bien justificadas.

    Qu es lo que experimenta usted en ese momento? No se trata exactamente de un sentimiento de enojo,porque eso sera demasiado rpido y pasajero. Las emociones que est sintiendo ahora son de ndole msdirecta y compleja. Aunque a usted le pone de los nervios que haya gente que critique severamente a suequipo, tambin empieza a preocuparle el hecho de que algunos de esos comentarios puedan tener unabase cierta. Y si eso es verdad, tal cosa signica que algunos de los juicios que usted ha sostenido tanardientemente hasta el momento pudieran ser falsos. Trata de decirse que eso no puede ser verdad, perotampoco es posible ignorar lo que acaba de leer. As pues, se decide a hacer alguna investigacin por sucuenta. Sabe perfectamente adnde ha de dirigirse: justamente al centro deportivo en donde se encuentranlos seguidores de su equipo. En qu otro lugar podra encontrar mejor informacin para su caso?

    Pise el freno. Ya sabe adnde le va a llevar esto. Las motivaciones que hay en este asunto no sonrealmente las de evaluar la informacin que ha descubierto; y, en caso de que fueran ciertas, cambiar suopinin al respecto. No. Su motivacin real es encontrar una informacin que conrme la opinin quehasta ahora le mereca su equipo, porque nada hay en este mundo que le vaya a hacer cambiar de idea. Ypunto.

    Esto es lo hacemos continuamente en toda clase de posicionamientos y creencias. Qu pretendemosrealmente cuando buscamos pruebas que conrmen, rechacen o ignoren aquello que nos molesta? Enpocas palabras: echamos el cerrojo. Veamos algo ms a este respecto en la prxima visita a Turn y en loque le sucedi a su perro.

  • La Sbana Santa de Turn y el bao del perro

    La Sbana Santa de Turn, esa fantstica y resistente ballena blanca de la arqueologa religiosa, seencuentra siempre sometida a nuevos debates sobre su autenticidad. Lo que hace notable este continuoresurgir del tema es el hecho de que todas las pruebas cientcas demuestran que se trata de un engao detiempos medievales. Una y otra vez la datacin por radiocarbono ha demostrado que la sbana es unacreacin del siglo xiii o xiv, pero que no se trata de ningn modo de un fenmeno del primer siglo denuestra era. Pese a ello, el debate contina, y con fuerza.

    En 2009, una investigadora del Vaticano, insistiendo en la clsica campaa de la Sbana es autntica,arm haber encontrado en el mencionado sudario unas palabras, virtualmente invisibles, escritas engriego, latn y arameo. Las palabras, segn armaba la mencionada investigadora, incluan el nombre deJess el nazareno, escrito en griego. S i el sudario hubiera sido una falsicacin medieval, sostena lainvestigadora, el nombre de Jess no hubiera sido escrito sin una clara mencin a su divinidad.

    Spock tiene razn, los humanos carecen de lgica

    El seor Spock, el lgico y estoico aliengena de Star Trek, casi nunca volvi a aparecer, despus del primer episodiodel programa. Cuando la serie televisiva Star Trek se emiti por primera vez en 1966, la representacin del actorLeonard Nimoy, que encarnaba el papel de Spock, constituy para algunos una interpretacin memorable, y paraotros la cosa ms desagradable que jams haban visto. Con sus orejas picudas, sus ojos profundos y su perilla dechivo, Spock impresion a algunos telespectadores, incluyendo a algunos ejecutivos de la NBC, que lo consideraroncomo un ser demonaco. Temiendo que tal personaje pudiera ofender a la audiencia en especial a un sectorde espectadores cristianos a los que no agrad en absoluto la figura del aliengena de aspecto satnico losdirectivos decidieron suprimir el personaje de Spock de la serie. Sin embargo, Spock (y Nimoy) no se quedaron sinpatrocinadores; y tras realizar algunos cambios en la imagen (como la de afeitarle su barba de chivo), el personajesobrevivi convirtindose en uno de los iconos ms significativos de la cultura pop de la historia de la televisin

    12.

    Ni siquiera el falsicador ms zalamero hubiera cometido un error tan descarado, arguyeron losinvestigadores del Vaticano. Por consiguiente, el sudario debera pertenecer al siglo I. La investigadora quediriga el trabajo era una historiadora empleada por el Vaticano, y conocida por los estudios que habarealizado sobre la Orden secreta de los caballeros Templarios. A lo largo de tales estudios la investigadoraarm que dichos caballeros haban posedo en su momento el famoso sudario, cosa que rechazaronfrontalmente la mayora de los historiadores que haban estudiado aquella poca, y que consideraronsumamente extraa tal armacin, dado que el Temple fue abolido en los inicios del s. xiv, y el primercomentario sobre la existencia del sudario data aproximadamente de 1360, en Francia 13. Su informacinms reciente sobre el sudario tambin fue recibida con absoluto escepticismo. Durante aos quienes hanestudiado el sudario saben muy bien que la tela ha sido acribillada con palabras, algo que no tiene nada denuevo, pero esa investigadora es la nica en asegurar que ha encontrado pruebas denitivas de la

  • autenticidad de dichas palabras. No obstante, existen unos cuantos problemas que demuestran laimposibilidad de su conclusin. Por ejemplo, ella arma que parte del texto est escrito en latn, unalengua que jams se emple en los ritos funerarios judos del siglo i de nuestra era. Es posible que seproduzca un gran acuerdo? No lo parece en este debate 14.

    La pregunta es: por qu existen personas que se dedican a probar que algo es verdadero cuando ya seha demostrado que es falso? En primer lugar, hemos de tener en cuenta la profunda emocin que estunida a esta creencia. A pesar de las apariencias, este debate no es solamente un tema de evidencias. Paramuchas personas el considerar que el sudario es autntico representa un punto capital para sus creenciasespirituales.

    S i la posicin de la creencia religiosa no puede separarse de una evaluacin que est ms cerca de laobjetividad cientca, entonces siempre se mantendrn los mismos resultados. Son demasiado fuertes lasapuestas para que puedan prevalecer los hechos que no la conrman. De este modo la evidencia se versiempre cuestionada, por muy importante que sea el tema.

    Llevemos ahora el debate a un tema mucho ms banal como puede ser quin de los dos usted o sucnyuge ha de encargarse de lavar al perro; una tarea domstica que no est precisamente entre las msagradables. Ambos creen que han sido los que lo han hecho la ltima vez. Lo cierto es que los dos sonpersonas muy ocupadas y que, con frecuencia, se confunden en lo que ataa a las tareas domsticas. No esde extraar, pues, que cualquiera de los dos se equivoque al recordar quin de los dos lav al animalito.

    S in embargo usted no da su brazo a torcer, manteniendo su posicin como si se encontrase defendiendoun tema importante en las Naciones Unidas. Pero entonces su pareja le presenta pruebas irrefutables deque la cosa no es como usted dice. Ella le asegura que no pudo lavar el perro cuando usted arma haberlohecho, porque justamente ese da usted se march muy pronto a la oficina para asistir a una reunin. Perousted sigue manteniendo que lo hizo ya que se levant muy temprano para lavar al perro. Est claro quelos dos no pueden tener razn. La cosa parece lgica, pero usted sigue insistiendo en que tiene razn. Esposible que se haya equivocado de fecha; al n y al cabo, ya han pasado un par de semanas desdeentonces. Cualquiera de los dos puede estar equivocado.

    No obstante, ya se le ha roto la coraza que le protega y ahora usted empieza a preguntarse si realmentelo que ha armado es verdad. S i no puede recordar cul fue el da en que tuvo aquella temprana reunin,tambin es posible que se haya olvidado de cul fue el da en que usted, o alguien, lav al perro. Haestado revisando datos en su memoria para aanzar su postura? No es probable que haya tratado demodicar las cosas para justicar el hecho de no haber lavado a su perrito, que si bien es un animal muysimptico siempre est sumamente sucio? Con esas dudas que le empiezan a asaltar y que le hacen perderla seguridad en lo que ha dicho, no sera bueno ceder?

    La propensin a conrmar la veracidad de la Sbana Santa de Turn est fuertemente unida a unacreencia religiosa. Tiene cierto parecido con el debate sobre la evolucin, en el que mantener una posturade debate equivale a desacreditar aquellas creencias espirituales que estn por encima de todo. En laancdota del lavado del perro no existe una tendencia basada en un tipo de creencia, sin embargo, es unapostura que se encuentra vinculada a un sentido de credibilidad personal, a ese historial de tener, o no,la razn. Para la mayor parte de la gente una posicin de credibilidad no llega a ser algo tan inexiblecomo una posicin que est basada en una creencia, pero no por ello deja de constituir una exageradaobstinacin.

    Hay razonables motivos para suponer que, finalmente, uno de los dos miembros de la pareja ceder en eltema del lavado del perro (porque, despus de todo, el animal no lo pudo hacer por su cuenta), si bien esono quiere decir necesariamente que l, o ella, admitir haberse equivocado. Incluso en algo tan trivial comoesto, la predisposicin a algo es una fuerza que nos supera. Ambas partes necesitan demostrarse quetienen razn en lo que arman. Una discusin como esta ancdota del lavado del perrito ofrecen lo

  • que usted podra llamar una fruta accesible. Poner punto nal a asuntos de poca monta es algo tan fcilcomo coger del rbol una fruta que est a mano. A nuestro cerebro le agradan estas cosas porque ponerpunto nal a un debate es como una pequea recompensa, un sustancioso punto de certeza. S i fueraposible ganar la discusin sobre la Sbana Santa de Turn (cosa que no es posible), el resultado seraalgo pico. Ganar la conclusin cognitiva a ese nivel sera, por emplear otro smil arquetpico, lograr elSanto Grial de certeza para nuestro cerebro. Pero en el caso del clebre sudario, como es el caso del Grial,esa certeza siempre se mantendr fuera de nuestro alcance.

    Pero, qu pasara si llegara a demostrarse que est comprobado que una creencia profundamentesostenida hasta el presente es tan falsa que no hay persona que pueda probar lo contrario? Se vendranabajo los puntales que hasta el momento sostenan el peso de esa insuperable evidencia? Vamos a verlo.

    El desafo del maestro de Kiai

    Existen en este planeta un gran nmero de artes marciales que aseguran tener la sorprendente capacidadconocida como el ataque sin contacto. Se trata justamente de eso, de derribar al adversario sin tocarfsicamente su cuerpo. Uno de los practicantes de este asalto sin tocamiento atiende por el curioso apodo deLa pistola humana. Otros se limitan a llamarse maestros de Kiai (el trmino kiai es una variacin de lapalabra Chi o Ki que hacer referencia a la fuerza interior que se supone tiene toda persona debidamenteadiestrada en las tcnicas marciales).

    No nos confundamos: los que creen en esta clase de ataque sin contacto fsico estn absolutamenteconvencidos de que es algo real. Hay una legin de vdeos que muestran cmo los maestros de kiaitumban a sus estudiantes sin el menor esfuerzo en sus dojos (lugares especialmente diseados parapracticar artes marciales). Con unos suaves movimientos de manos que hacen pases en el aire estosmaestros golpean, hacen caer, tropezar y sacudir a cuantos alumnos intentan en vano atacar a esa especiede magos de carne y hueso que tienen enfrente.

    Los extraos es decir, los que no son estudiantes de esta tcnica cuestionan su validez (los que semuestran ms crticos incluso la llaman peyorativamente bullshido*. Son muchos los que, sin seralumnos, han desaado a maestros kiai para demostrar su capacidad en el combate, pero generalmente estetipo de desafos suelen ser ignorados por los maestros. Aseguran estos insistentemente que no tienen quedemostrar nada a los extraos. Ah estn los vdeos que constituyen las autnticas pruebas para quienesdeseen comprobar la realidad de su tcnica. As que lo tomas, o lo dejas.

    S in embargo, un maestro kiai decidi que no solamente estaba dispuesto a demostrar sus habilidadescon personas que no fueran sus alumnos, sino que haca una apuesta en dinero. La cantidad apostada erade cinco mil dlares que se le entregaran a quien lograra vencer al maestro de forma contundente; undesafo que tendra lugar ante las cmaras de televisin japonesas. Para dar incluso mayor inters a laapuesta, el maestro no tena inconveniente en enfrentarse a adversarios que practicaran AMM (ArtesMarciales Mixtas). Es decir, expertos en mltiples artes marciales como el krate, jiujitsu, y otras. Nosorprendi que alguien aceptara tal desafo.

  • El maestro Ryukerin, que armaba haber vencido en doscientos combates, acept que su adversarioviniese a su propio dojo para el enfrentamiento. Como era previsible haba una gran expectacin concmaras de televisin incluidas. El adversario del maestro acept que si no lograba vencer a Ryukerinrenunciara a los cinco mil dlares estipulados. Tras establecerse todas las formalidades se inici la prueba15.

    La cosa no dur mucho. El experto en AMM se enfrent al maestro Ryukerin, que empez a mover susmanos en el aire del mismo modo que sola hacer cuando tumbaba a sus estudiantes. Pero en esta ocasin,y para asombro de los espectadores, el maestro de kiai fue abatido sin piedad. Ryukerin volvi a levantarse,y de nuevo hizo girar sus manos en el aire en todas direcciones y hacia su adversario, pero de nuevoresult abatido hasta el punto que debi reconocer su absoluta derrota.

    Cualquier persona que hubiera visto el vdeo de este fracaso se preguntara por qu Ryukerin sometivoluntariamente su fe (y su cuerpo) a semejante prueba tan penosa. Fuera cual fuera la respuesta, lo queparece claro es que el hombre crea sinceramente que posea la capacidad de mover los objetos sin tener quetocarlos. Puso su dinero, su reputacin y su orgullo en demostrar que poda hacerlo. Pero al obrar as nosproporcion involuntariamente un magnco ejemplo de la predisposicin a una creencia en la quepensaba vencer a su adversario, y que termin en un sonoro fracaso. Yo no estoy hablando de lo que austed pueda importarle la conrmacin que aquel hombre tena de su propia predisposicin. A lo que merefiero es a la predisposicin que mostraban aquellos que crean en lo que l crea; me refiero a sus alumnosy a sus seguidores que aseguraban que la capacidad que tena el maestro de kiai para hacer lo que haca eraabsolutamente legtima. Seguramente ya no podran seguir pensando lo mismo, no es verdad?

    Pues no lo es. A pesar de lo sucedido, muchos de sus seguidores siguieron creyendo a rajatabla en laecacia del ataque sin contacto. Unos pensaban que el experto en artes marciales se las haba compuesto dealguna manera para canalizar las energas del maestro durante el enfrentamiento. Eso crean. Otrospensaban que Ryukerin haba estado pachucho y que eso le haba impedido desarrollar todo su poder.Aquella derrota era algo anmalo. No demostraba nada. El arte del ataque sin contacto y todos cuantos loenseaban seguan creyendo en l; algo que uno no hubiera podido imaginar, cuando miles y miles depersonas haban presenciado claramente la fenomenal derrota del maestro Ryukerin.

    Esto es, en resumen, el poder que tiene la conrmacin de la predisposicin. Usted puede machacar a sucontrario, romperle los brazos y las piernas, dejarlo hecho una piltrafa ante cientos de espectadores. S inembargo, la creencia sigue en pie.

    Esquema para sus pensamientos

    Adoptar una postura en cualquier discusin ya sea grande o pequea representa un asuntoresbaladizo para nuestro cerebro. Podemos tener la mejor intencin de conseguir una respuesta; sinembargo, somos lo sucientemente necios como para pensar que nuestro mtodo es objetivo cuando, dehecho, es cualquier cosa menos eso. La ciencia cognitiva ha ayudado a descifrar este enigma mediante lainvestigacin de las estructuras teorticas mentales del uso que hace nuestro cerebro para organizar lainformacin, lo que se ha dado en llamar esquematismos 16.

  • Un esquema (forma singular de los esquematismos) es como un mapa mental de conceptos que semantiene unido por asociacin. Por ejemplo: el esquema que usted tiene de escuela contiene asociacionesentre profesor, libros y asignaturas. Cada una de ellas posee asociaciones adicionales: asignaturasest unida a matemticas y literatura, por ejemplo. La ciencia cognitiva sugiere que a medida que se vadesarrollando el esquematismo se estrechan los parmetros por los que se puede incluir la informacin.

    La razn de esto es muy prctica: Formulamos juicios basados en las articulaciones de nuestroesquematismo. S i la informacin no se expone conjuntamente de forma estructurada, y si ciertas piezas dela informacin no estn excluidas del mapa, podemos realizar incluso juicios bsicos extremadamentedifciles.

    Imagine por un momento que usted ha formado parte del mundo laboral durante unos diez aos y estsiendo entrevistado para un empleo. El entrevistador le habla de las obligaciones del trabajo, del horario,del sueldo y de otros detalles pertinentes. Todo eso es necesario, pero igualmente importante es lo que leaporta a usted ese puesto. Su esquema de, vamos a llamarlo carrera, incluye un conjunto de conexionesque usted ha venido desarrollando en el transcurso del tiempo y que le permiten establecer una serie dejuicios. Es la rma que le est entrevistando compatible con su carrera? Le conviene el horario, el sueldoque le ofrecen, la importancia de la empresa, los desplazamientos que se ver obligado a hacer? Porsupuesto que usted puede modicar razonablemente su criterio sobre alguno de estos puntos, pero elhecho es que no ha entrado en esa ocina como si fuera un cesto vaco dispuesto a ser llenado. Usted haentrado con un esquema preestablecido de acuerdo con la carrera que le sirve de plataforma paraformular tales juicios.

    Y ah es donde radica el problema. Los esquematismos preestablecidos guan nuestra atencin paraevaluar la nueva informacin, pero al mismo tiempo tambin pueden guiar nuestra atencin a la hora deseleccionar una informacin que no se adapte a nuestros esquematismos.

    Para entender las razones de esto hemos de volver a considerar lo que hace feliz a nuestro cerebro.Cuando un esquema bien establecido se ve cuestionado por una nueva informacin, el cerebro reaccionacomo si se viera amenazado. Las agmdalas cerebrales se enardecen (respuesta de amenaza) y el estriatumventral se revoluciona (respuesta de recompensa). Y una situacin as no es la ms cmoda para el cerebro.Al contenido sobrecargado de su cabeza no le gusta tener que estar en guardia, lo que le gusta esmantenerse tranquilo y estable. La ambigedad resultante de tener que considerar la nueva informacinrepresenta una amenaza. Podemos permitir que dicha amenaza siga presente porque no disponemos detoda la informacin necesaria, o bloquearla rechazndola o ignorndola. O tambin podemos dejar a unlado la informacin, pensando que ya la analizaremos ms adelante. Todo ello es algo que no puedeignorarse por completo, pero que tampoco desafa o cambia el esquema existente.

    Los investigadores de la ciencia cognitiva se sienten especialmente interesados en saber cmo nuestrocerebro mantiene esquematismos preestablecidos. Sondeando en las profundidades de las creenciasreligiosas, por ejemplo, parecen descubrir la s formas en que nuestros cerebros buscan la estabilidad.Adems las creencias, en general, parecen tener mucho que ver con la inclinacin a la homeostasis,denida por el reconocido silogo Walter Bradford Cannon como la propiedad de un sistema que regulasu circunstancia interna y tiende a mantener una condicin estable y constante17.

    Los humanos somos proclives a establecer las creencias por su valor. Creer en Dios es ms importanteque creer que dos y dos son cuatro. Pero las investigaciones neurocientcas han mostrado que en elcerebro todas las reacciones ante las creencias tienen el mismo valor, ya se trate de algo importante (comopuede ser un tema religioso) como neutral (un problema aritmtico) 18. Tanto si el valor que hemosasignado a una creencia desde nuestro punto de vista subjetivo es alto o bajo, el cerebro desea lomismo: estabilidad y consistencia. Pocas veces nos damos cuenta de esto, pero casi todo lo que hacemostiene esa misma tendencia.

  • Acoplando la anulacin cognitiva, capitn

    Est a punto de salir al mercado un nuevo producto, y me parece que usted debe estar al tanto. Se llama elSuper Novum. Con la forma del casco alargado de motorista, la usuaria se lo pone en la cabeza ypresiona un botn para que la cosa empiece a funcionar. Ella todava no lo sabe, pero acaba de dotar a sucerebro de un avance tcnico asombroso que supera a todos los cerebros que andan por ah. Algunas delas aplicaciones que va a experimentar incluyen una capacidad de reducir la atencin selectiva, ya no msdetalles perdidos! Una mayor capacidad para el encuadre se acab la miopa mental! Y una informacinque desaando sus creencias puede llevarla hasta una valoracin objetiva, no ms predisposicionesinciertas! Adems, el Super Novum se presenta en una gama de colores y modelos que dotarn a supropietario de una personalidad exclusiva.

    Incluso si existiese un artilugio de esa ndole me pregunto si en el fondo desearamos poseerlo. Valdrala pena cortocircuitar partes de nuestro cerebro para evitar las manas de la certeza de las que hablamos eneste captulo? Probablemente, no. Podran formularse preguntas ms adecuadas: si el cerebro anhela lacerteza por qu no vamos a darle lo que quiere? Por qu no proporcionarle esa apetencia de sentirsebien, si eso es lo que hace feliz al cerebro?

    Por qu creemos en lo increble?

    Segn afirma el autor y psiclogo cognitivo Bruce M. Hood, todos podemos haber nacido con un supersentidoque nos lleva a creer en cosas muy arcaicas. En su libro Supersense: Why We ement in the Unbeliebable (Elsupersentido: Por qu creemos en lo increble?). Afirma Hood que los seres humanos hemos nacido con cerebrosestructurados para darle sentido al mundo, y que con frecuencia tendemos a creer lo que se encuentra ms all detoda explicacin natural. A decir verdad, tales cerebros deberan tener una caracterstica sobrenatural. Nossentimos inclinados desde el principio a pensar que existen modelos, fuerzas y esencias no visibles que habitan estemundo. Esta forma de pensar es inevitable, y puede formar parte de la naturaleza humana, a fin de poderconectarnos unos a otros en este nivel ms profundo. Tambin apunta Hood que tales creencias pueden servirpara unir a los individuos en base a valores sagrados compartidos que trascienden a lo meramente humano,convirtindose en lo profundo

    19.

    Antes de que pretenda dar respuesta a estas preguntas quisiera contarles una breve ancdota sobre miesposa, a la que le gusta profundamente el paracaidismo. Poco antes de casarnos decidi que ya haba

  • llegado el momento de saltar desde un avin, deseo que ya haba aplazado durante mucho tiempo.Encontramos un centro muy famoso al norte de Virginia, de modo que ella se prepar para complacercuanto antes aquella pasin por los deportes de alto riesgo. A mi juicio aquello no era ms que una locura.As que todo lo que quieres es saltar desde un avin a cuatro mil metros de altura, recuerdo que le dijeporque lo cierto era que el asunto empezaba a molestarme profundamente, mientras revisbamos laprobabilidad de renunciar a tal deseo (con argumentos del tipo: Sabes muy bien que esa clase deactividades puede costarte la vida). Pero para ella, cada instante que le acercaba al salto era motivo de unaespecie de xtasis. No se trataba de que no estuviera algo nerviosa (supongo que solo un zombi no sentiraalgo de nerviosismo antes de dar un salto a miles de metros sobre el nivel del mar), sino que aquellasensacin enervante de hacer algo que haba estado deseando hacer durante tanto tiempo llevar a cabouno de sus ltimos desafos desplazaba a cualquier otro sentimiento. Finalmente, realiz con xito susalto en paracadas, mientras yo me las compona para presenciar todo aquello con los ojos cerrados.

    Hemos de tener en cuenta que nuestros cerebros no nacieron ayer. Disponemos de mecanismos que nosadvierten de los peligros y que nos protegen contra la inestabilidad, porque en eso han estado trabajandodurante mucho tiempo. No podramos estar en este mundo si no los tuviramos. Del mismo modo quecualquier persona normal siente aprensin ante el hecho de saltar desde un avin, nuestro cerebro haceque el organismo se ponga en alerta cuando amenaza un peligro, ya sea este tangible o intangible. Perohemos de saber cundo es necesario anular esa alarma y arriesgarnos a tomar por ese camino que no esprecisamente el ms cmodo.

    Las investigaciones llevadas a cabo por un equipo conjunto de psiclogos americanos e italianos handescubierto que las personas con una menor necesidad de cierre cognitivo disponen de una mayorcapacidad para resolver problemas creativos que sus homlogas 20. Dicho de otro modo: aquellas personasque son capaces de superar el deseo del cerebro por la certeza esa necesidad de cerrar la puerta acualquier riesgo y de preservar la estabilidad tienen una mayor capacidad para afrontar retos msvariados y saber superar los riesgos a los que se enfrentan. Saltar en paracadas desde un avin, auncuando el cerebro nos est diciendo !Para!, es en ocasiones lo que justamente hemos de hacer. Esa es laenerga que estimula los descubrimientos cientcos, los avances tecnolgicos y toda una gama de otroslogros del ser humano.

    Todo lo cual no quiere decir, evidentemente, que no debamos prestar atencin a lo que nos dice nuestrocerebro. Porque no siempre resulta ventajoso actuar en contra de nuestras inclinaciones neuronales. Aveces est bien establecer el marco debido para una determinada situacin y, a veces tambin, es necesariodesestimar una nueva informacin. Hemos de bailar un poco con nuestro instinto para imaginar cundoes bueno dar el salto y cuando debemos quedarnos en tierra. Ese es el reto del ser humano; el de tener ungran capitn capaz de disponer de la grandeza necesaria para que podamos sobrevivir.

  • HCaptulo 2

    Modelos seductores y monos fumadores

    La ilusin tiene tantos apoyos como copos hay en una nevada.

    RALPH WALDO EMERSON, La conducta de la vida

    Quin es el que va a decrmelo?

    AGAMOS un pequeo experimento mental. En primer lugar, imagnese que se encuentra en unaeropuerto. Mientras da vueltas por los pasillos se encuentra con una serie de variables que seproducen como al azar, pero que podran interpretarse fcilmente como coincidencias bastantemisteriosas. Por ejemplo, el mismo nmero (digamos, el 429) aparece en cuatro sitios diferentes en eltranscurso de cuarenta y cinco minutos: en el precio de una revista; en la esfera de su reloj cuando leecha un vistazo; en la espalda de una camiseta de alguien que pasa a su lado; y en el precio de unhelado de yogur. Todas estas sorprendentes coincidencias le van sucediendo mientras pasea y hacetiempo antes de subir al avin. Cuando llega el momento de embarcar, el nmero de su vuelo queaparece en el panel de avisos sigue incrementando la cadena de coincidencias, porque su vuelo es el

    1429. Ante semejante situacin usted tiene dos opciones: o tratar de descubrir el signicado de estascoincidencias o ignorarlas por completo. Se le estar dando una seal sobre el vuelo que va aemprender? S i es as, quin se la da, y qu puede signicar? Subir a ese avin o, tal vez, deber cancelarel vuelo y comprar otro billete que tenga un nmero distinto?

    Un ejemplo como este es ms que suciente para poner a prueba el escepticismo de muchas personas,hacindolas pensar si esas coincidencias tienen algn signicado cuando parecen estar formando parte deun modelo concreto. Pero si ese modelo signica algo, de qu manera podr descifrarse su mensaje?Puesto que usted se encuentra a punto de subir al avin, la primera reaccin que le viene a la mente es quequiz todas esas coincidencias constituyan una advertencia para que no tome ese vuelo. Bastanteprobable. Pero, en ese caso, cuntas otras personas ms que van a tomar el mismo vuelo recibieron unaadvertencia parecida? Y si no la recibieron, por qu ha de ser usted el nico receptor de tan privilegiadainformacin? Y tambin puede existir una posibilidad completamente distinta: que se le haya dado unaseal de que algo bueno pueda sucederle en ese vuelo. Quiz se vaya a sentar al lado de una persona quellegue a convertirse en su futuro marido (o esposa); o de alguien que le puede ofrecer un excelente empleo.Pero, insistamos, cmo puede dar por cierto lo que llegue a pasarle? Valdr la pena correr el riesgo? S i se

  • sube a ese avin y este se estrella, en los instantes previos a la catstrofe comprender que se le estuvoenviando una seal que usted no tuvo en cuenta. El pensar en todas esas posibilidades hace que sufrente se vaya cubriendo de sudor.

    Muy bien. Ahora deje de darle ms vueltas a la cabeza y respire profundamente.

    S i usted encuentra que lo que acaba de leer le ha resultado frustrante, entonces la primera parte de miexposicin est clara. Es sencillamente as: los signicados que concedemos a los modelos de coincidenciase originan y viven exclusivamente en nuestras mentes y son proyectados al mundo. El problema estribaen que una vez que a nuestro cerebro se le proporcionan los rudimentos de una historia historia quetanto puede ser benca como peligrosa le resulta difcil apartarla del proceso mental. En tal caso sercomplicado rebobinar la cinta y preguntarse por qu empez a jarse en el nmero 429. Tal vez usted vioel nmero dos veces, e incluso ese pequeo detalle puso en alerta a su cerebro, obligndole a centrarse enese modelo. Una vez que eso ha sucedido, el encontrar en el aeropuerto ms nmeros 429 no ser nadadifcil. Empezarn a destacarse como si fueran seales rojas de nen sobre fondo negro. La realidad es quesu seguridad nunca estuvo en peligro; sigue tan segura como si jams hubieran aparecido semejantescoincidencias. Y, racionalmente, usted siempre supo que eso era as. Pero como iremos viendo en eltranscurso del libro, la brecha existente entre lo que podramos denominar la biblioteca del conocimientode un cerebro feliz y nuestras propias acciones es mayor de lo que sabemos.

    Veamos otro ejemplo; en este caso un ejemplo totalmente autntico y extrado de mi propio repertorio decoincidencias.

    Cierto da, cuando tena unos ocho aos, ms o menos, y viva en Rochester, Nueva York, meencontraba jugando con la nieve cerca de la entrada de mi casa. Mientras segua jugando all afuerasucedieron tres cosas muy extraas. La primera fue que percib un olor desagradable, como el de unanimal muerto. A esa edad yo no tena mucha experiencia en animales (si exceptuamos a mi perro), peropor alguna razn un el olor que perciba en el aire con el de un animal de una determinada especie. Elolor desapareci en cosa de un par de minutos, y yo segu jugando. Lo que me sucedi seguidamente fueque o lo que consider que era una respiracin muy fuerte, demasiado intensa para que fuera de unapersona. Mir alrededor de la casa pero no vi nada ni a nadie, y en este caso el ruido tambin desapareci.Por ltimo, mientras estaba construyendo un fuerte con la nieve que haba en un terrapln cerca de casa,descubr all abajo, en el terrapln, un montn de nieve que tena una forma rara. Cuanto ms me fijaba enl, ms denidos se me hacan sus contornos, por lo que llegu a la conclusin de que poda tratarse de unoso; casi lograba distinguir su cabeza, su cuerpo, sus patas y garras. Poco despus mi madre me llampara que entrase en casa a cenar. Entre todas las noticias que dieron esa noche en la tele hubo una que medej atnito: un oso negro se haba escapado del zoo de la ciudad y todava no se le haba encontrado.

    Qu piensa usted de todo esto? Se trat de una extraa coincidencia o de una seal para evitar elpeligro? Le dejo que piense en ello mientras seguimos adelante.

    Pienso, luego me conecto

  • Desde el momento en que nuestros cerebros estn adaptados para hallar y establecer conclusionespartiendo de determinados patrones, nada tiene de sorprendente que las coincidencias capten nuestraatencin. El gran psiclogo Carl Gustav Jung lleg hasta el punto de armar que lo que consideramoscomo coincidencias son realmente asociaciones interconectadas que forman una especie de red invisible (lutilizaba el trmino sincronicidad para describir esa fuerza etrea) 1. Una industria muy prspera, a caballoentre la New Age y el mundo de la autoayuda, supo rentabilizar muy bien la armacin de Jung. El bestseller internacional, The Celestine Prophecy, que trata del poder de la coincidencia, y todos los libros quesiguieron a continuacin constituyen los ejemplos ms significativos sobre el tema.

    Esta compulsin por conectar experiencias, smbolos, imgenes e ideas surge directamente de la funcinvital del cerebro como rgano que ha evolucionado para dar sentido a nuestro entorno. Como ya hemosvisto, sin esta capacidad hace mucho tiempo que nuestra especie se habra extinguido. El problema es quenuestra dependencia de la vinculacin como otras muchas caractersticas de nuestro cerebro puededescontrolarse. Cuando eso sucede, nuestro cerebro llega a imaginar cualquier cosa y nos resultaimposible dejar de hacerlo una y otra vez.

    Consideremos, por ejemplo, el caso autntico de una psicloga que se ha enamorado del archivendidolibro El secreto otra nueva forma de pensamiento positivo, y del mantra considrese rico y querecomienda a su paciente que tambin lo lea. Para demostrar hasta qu punto ha cambiado ese libro lavida de la psicloga, le muestra a su paciente una foto de un nuevo modelo de BMW descapotable. Leexplica que el libro le convenci de que deba concentrarse en aquello que ms deseara (el automvil, eneste caso) y recordarse que ella poseera el BMW. Le sigue diciendo que desde el momento en que empez apensar as, ve ese automvil en todas partes. De hecho, en los ltimos das ha visto ese modelo unas cincoveces en la calle; y esto, sigue dicindole, es seguramente una seal de que su estrategia de pensamientopositivo est funcionando. Incluso una psicloga tan preparada como ella no logra darse cuenta de que seest engaando. Al poner toda su atencin en la imagen del coche su cerebro lo est buscando all adondevaya. En lugar de poner un poco de orden en su forma de pensar, la mujer termina pensando que suconcentracin positiva est produciendo signos de que va a conseguir pronto su ansiado objetivo 2.

    Incluso si usted no se considera especialmente proclive a este tipo de comportamiento es muy posible quecaiga en esta trampa de la conexin sin haberlo pensado siquiera, y aunque no llegue al extremo del casode la paracaidista que hemos mencionado anteriormente. Los especialistas en marketing suelen utilizarreclamos publicitarios de corte psicolgico para vender productos que desean promocionar,estimulndonos para que su compra nos pueda resultar conveniente. Esta tcnica suele denominarse algoas como ilusin de conjunto. Por ejemplo, se colocan varios discos de un determinado grupo musical al ladode otros, del mismo grupo, que tienen un precio ms elevado, pero manteniendo para los primeros unprecio algo ms bajo, con lo que esperan vender ms ejemplares. La razn que encuentran los vendedorespara que el cliente compre los primeros es que sitan los discos ms baratos al mismo nivel que los mscaros, y el comprador se dejar llevar por la ilusin de que est comprando un producto a precio msbarato, sin caer en la cuenta de que la calidad de lo que est comprando es inferior. El vendedor conocemuy bien la psicologa del comprador que cree que ha conseguido una ganga, con lo que est dando salidaa un producto que tena inmovilizado.

    Nuestro cerebro establece este tipo de asociaciones, porque esto es lo que suele hacer (en parte). Ysiempre resulta til recordar que la capacidad de adaptacin de nuestro cerebro como es el patrn dereconocimiento no evoluciona tan deprisa como para incorporar la complejidad de las modicacionescomerciales del entorno en que vivimos 3. Para hacer las cosas ms interesantes tambin nos sentimospredispuestos a querer tener siempre una causa para cada efecto; y si no nos resulta convincente, nuestrocerebro tratar de crearse una que le satisfaga.

  • Causas alegadas, efectos supuestos

    Supongamos que alguien se entera de un estudio realizado sobre los efectos del caf, en el que se aseguraque el beber como mnimo tres tazas diarias mejora la atencin y la memoria. Esa persona poneinmediatamente en prctica la medida e incrementa su dosis matutina de caf hasta las tres mencionadastazas. Durante el mes siguiente la persona en cuestin cree que ha mejorado su atencin y que ahora tienemejor memoria debido a esas tazas de caf que se toma por la maana. Pero, poco despus, esa mismapersona lee un nuevo estudio en el que se arma que beber ms de dos tazas de caf al da reducen laatencin y aumentan la ansiedad Este segundo estudio se ha realizado con tanto entusiasmo como elprimero y, por si fuera poco, viene avalado por investigadores de peso. La persona piensa entonces que esverdad que ltimamente se siente ms ansiosa y que, tal vez, no logra concentrarse tanto como lo hacaantes, por lo que decide reducir la ingesta de caf a dos tazas.

    Al cabo de un par de semanas la persona en cuestin se siente ms atenta y no tan ansiosa. Pero pocodespus lee otro artculo que echa por tierra al segundo y apoya al primero. En realidad, los efectos que vaviviendo a lo largo de todo ese proceso tienen muy poco que ver con el caf, y mucho ms con la creenciaexistente entre el comportamiento que vive y los resultados que obtiene.

    La analoga que establezco para ilustrar esta tendencia es la del mono fumador, una especie de ridculojuguete que se hizo popular en los aos 1960. Se trataba de la gurita de un mono, de plstico o decermica, que tena un cigarrillo en un agujero de la boca. Cuando se enchufaba la gura, pareca como siel mono estuviera fumando, incluso haca sus correspondientes anillos de humo. La gura del monitoestaba hueca y haba un segundo hueco en su soporte por donde circulaba el aire a travs de su cuerpecillodando la impresin de que el cigarrillo estaba ardiendo. En el fondo es la misma circunstancia de causa-efecto que se produce cuando a alguien se le sopla una idea que termina circulando por su mente comoalgo autntico. En el caso del fumador es el aire el que circula por el cigarrillo y lo mantiene encendido.

    Este ejemplo podra constituir una analoga perfecta que diera sentido al simptico rompecabezas siexceptuamos el hecho de que el mono no fuma del mismo modo que lo hace el ser humano; y que, enrealidad, el agujero que hay en la gura nada tiene que ver con el cigarrillo, en el que el papel delcigarrillo est fabricado para que humee sin que llegue a quemarse.

    Por lo general, somos como esa persona que ve el otro agujero, que obtiene un poco de informacin, yestablece de inmediato una vinculacin entre causa y efecto (eso que los psiclogos denominan causacin).Nos enfrentamos todos los das con monos fumadores, y nuestros cerebros se sienten felices estableciendoconexiones que en realidad no existen. Lo que nuestro cerebro est buscando en ese escenario del monofumador es una historia que tiene mucho sentido. Vamos a ver seguidamente por qu es as.

    Eso debe tener algn sentido, no es cierto?

  • El contar historias es una medicina muy poderosa para la mente. Una de sus razones (ya se trate de relatoscontados en los libros, vistos en la tele, o de otra manera) es que forman parte de fragmentos de unsignicado que, nalmente, producen otro signicado de mayor relieve. Dicho con otras palabras: loscuentos, o las historias, dan sentido al mundo. Por consiguiente, hacen felices a nuestros cerebros. Peroalgunas de las historias que omos no tienen un nal muy agradable. Veamos seguidamente una historiaautntica que ilustra lo que decimos.

    Hace unos cuantos aos yo trabajaba en una campaa de salud pblica en Birmingham, Alabama, ytuve ocasin de escuchar una noticia que pona una trgica inicial A a la palabra azar.

    El caso fue que una mujer que conduca su coche por el centro de la ciudad se detuvo en un cruce,esperando a que cambiase la luz del semforo. Lo que ella no poda saber es que haba parado su cochejustamente encima de la rejilla de una alcantarilla. Y lo que tampoco poda saber es que el sistema desuministro de aguas de la ciudad estaba experimentando un sistema de conduccin de agua; unaconduccin que se calentaba mucho ms cuando llegaba a un cruce de calles.

    En los escasos minutos que la conductora del coche aguardaba a que se pusiera el semforo en verde, lapresin del agua alcanz la alcantarilla sobre cuya rejilla estaba parado el vehculo. Al golpear el agua apresin la parte ms dbil de la rejilla la hizo saltar en pedazos surgiendo como un giser de vapor de aguaa travs de la rejilla. La desventurada mujer se coci mortalmente en su coche como una langosta en aguahirviendo.

    Resulta difcil imaginar las probabilidades de que suceda un hecho de semejante clase; hice unos clculosaproximados y me sali un caso entre 500.000 (teniendo en cuenta el promedio de conductores queconducen por el centro de Birmingham, el nmero de bocas de alcantarillado, y la posibilidad de quesuceda un problema de tuberas como el mencionado; posteriormente me enter de que se denomina a esasituacin martillo de agua). Estoy seguro de que mis clculos estn muy lejos de ser exactos, pero seacual sea el nmero, est claro que las posibilidades de morir de ese modo son extremadamente remotas. Y,sin embargo, en una tranquila tarde en la que todo parece que sigue el curso normal de cualquier otro da,sucedi aquella desgracia. Al conocer una historia como esa, realmente podemos sentir cmo nuestrocerebro, a la hora de esforzarse en entender una tragedia de esa ndole, pretende unir la casualidad asucesos que llevan a semejantes resultados. Pero aunque podamos darle una explicacin fsica a lo quesucedi (el incremento de la presin del agua, por ejemplo), al final uno se pregunta Por qu sucedi.

    La razn de esto es que nos resulta difcil aceptar que una cosa de tal naturaleza pueda sucederle acualquiera, incluso a nosotros; y el hecho de que algo as representa una terrible amenaza para nuestrocerebro. Dicho de otro modo la carencia de un Por qu recalca el poder de la aleatoriedad en nuestras vidas.Buscamos ansiosamente una razn para que las cosas sucedan. Y de ah procede esa armacin tanfrecuentemente citada: Todo sucede por una razn. Pero, cul es la razn? No la conocemos, peroarmamos que tiene que existir algo que lo justique. Este pensamiento tambin nos proporciona unelemento que resulta absolutamente necesario como razn de la existencia: un organismo causante. Enpsicologa un agente es una persona, o una cosa, responsable de que algo se produzca. Estamosbuscando continuamente ese tipo de agentes ya sean elementos personales o impersonales yescogemos palabras que impliquen la existencia de ese organismo causante, aun cuando sepamos que noexiste. Por ejemplo: un profesor est intentando dar su clase utilizando un ordenador o un proyector. Elproyector no funciona, y al cabo de repetidos intentos para ponerlo en funcionamiento, el profesortermina diciendo: Parece que este proyector se ha propuesto arruinar mi clase. l sabe, como lo sabencuantos estn en la clase, que el proyector no es el agente causante de semejante accin, pero sus palabrasdelatan el deseo del cerebro de asignar una responsabilidad, pese que se trate de un hecho fsico.Maldecimos a nuestro coche porque no arranca, a nuestro ordenador por no conservador los archivos, alas plantas porque no crecen lo suciente, y as una y otra vez. El lsofo Daniel Denner llama a estoactitud intencional. Nos referimos a los objetos, ya sean animados o inanimados, como si tuvieran mentesque entendieran lo que realmente est pasando 4.

  • Por otra parte, podemos encontrar probablemente un posicionamiento evolutivo para esta tendencia adisponer de un cerebro feliz; concretamente algo, que al identicar lo que est causando una determinadaaccin, pueda salvar nuestras vidas. Imaginmonos a uno de nuestros antepasados buscando alimentos enla espesura de la selva. De repente, escucha un crujido en un rbol cercano: ser el viento, una avecillaindefensa o un tigre devorador de hombres? El descifrar rpidamente ese ruido y encontrar la verdaderacausa que lo produce puede establecer la diferencia entre llevar algo de comer a la familia, o ser comido.Ahora, aunque ya hemos abandonado denitivamente la vida en la selva tambin podemos ver cmo esatendencia ha evolucionado a n de descifrar las intenciones de los dems. El animal humano es el mspeligroso del planeta; y no solamente a la hora de actuar contra otras especies, sino tambin contra lasuya. El hecho de no identicar correctamente las intenciones reales del otro, muy bien puede representarel ltimo error que cometa la persona.

    Las estadsticas y su cerebro. Una materia poco gratificante

    La estadstica no es precisamente la asignatura preferida de la mayora de los estudiantes. Con el clculoy la qumica orgnica pueden constituir las clases menos graticantes de cualquier colegio. S in embargo,lo cierto es que la estadstica rige nuestras vidas en cada minuto de cada da. Baste decir al respecto quetodos somos presa de la probabilidad. Disponiendo de tiempo suciente, de suciente nmero deconductores, de un buen nmero de problemas en la conduccin de aguas, es posible que alguien quedetenga su coche sobre la reja del alcantarillado pueda saltar por los aires. Es posible que eso solo sucedauna vez en un ao, o en diez aos o, quiz, en un periodo ms prolongado de tiempo, pero puede suceder.Cmo lo sabemos? Pues porque ya ha sucedido.

    El sofisma de la conjuncin. Qu es la funcin paranormal?

    El sofisma de la conjuncin se refiere al error de pensar que el conjunto de una afirmacin verdadera es msverdadero que la afirmacin en s misma. Por ejemplo, si yo le digo a usted que Jaime es una persona que ha sidoelegida como funcionario pblico, y que, al mismo tiempo, tambin es un magnfico tirador aficionado, ustedimaginar inmediatamente el tipo de persona que es Jaime. Si entonces le pregunto a usted que elija cul es laafirmacin ms veraz acerca de Jaime, si 1) es un polt ico, o 2) que es un polt ico que no apoya el uso de las armas,usted se enfrentar a dos tipos de afirmacin, y ambos encerrarn el nico hecho cierto que sabemos sobre Jaime(que es un polt ico). Sin embargo, la segunda afirmacin incluye una deduccin: que a pesar de que Jaime es unmagnfico tirador, no debe apoyar el uso de las armas. Es, pues, esta afirmacin ms veraz que la primera? No, nolo es; porque si bien usted est en lo cierto acerca de la posicin de Jaime sobre el permiso de armas, la primera desus afirmaciones tampoco es menos cierta. Y lo que todava es ms importante: la segunda afirmacin se basa enuna especulacin polt ica sobre Jaime, y existen realmente muy pocas razones para considerarla cierta. Lainvestigacin psicolgica indica que quienes creen en lo paranormal son especialmente proclives a la falacia de laconjuncin. Esto tiene ms sentido y se hace evidente si usted reemplaza la autntica afirmacin del ejemplo antesmencionado con otra afirmacin relacionada, pongamos por caso, con la precisin con que una vidente mencionade forma exacta el nombre del pariente de alguien que ya est muerto, durante una de esas sesiones de

  • comunicacin con el ms all. Si la vidente conoce el nombre exacto del muerto (y, por consiguiente, laafirmacin que pueda hacer al respecto es correcta) se le abre una puerta para que establezca una serie deconjunciones ms o menos verdaderas. Pero si, por el contrario, se equivoca y se expresa de forma ambigua,terminar permitindose el lujo de establecer cuantas falsificaciones le vengan en gana 5.

    Los trminos azar y suerte no son otra cosa que los equivalentes de una expresin ms elaboradaresultados probabilsticas. Cuando un tornado se desencadena sobre una ciudad y destruye todas las casas deun vecindario excepto una que ha quedado en cierto modo intacta con sus setos inmaculados, escomprensible que se diga que esa casa que sigue en pie (y las personas que haba en ella) han sidoafortunados. O, tal vez, haya quien piense que esa casa se salv y las dems quedaron destruidas por lavoluntad de Dios o de Satn 6. Pero, si se realizase un estudio estadstico, se podra llegar a la conclusinde que ese hecho sucedi debido a diferentes factores, como la estructura y velocidad del tornado, lasituacin de la casa con respecto a las dems, etc. El estadstico tambin tendra en cuenta el estudio deotros tornados en los que sucedi algo parecido, es decir, en los que una casa sobrevivi al resto de susvecinas; o, a la inversa, cmo solamente fue una casa la que qued destruida entre todas las dems quesiguieron intactas. Ninguna de estas informaciones puede responder de forma exacta a la pregunta por quesa casa qued intacta o fue destruida; no obstante, un hecho as no permite armar que esa clase desucesos carezcan de explicacin 7.

    A pesar de ello a nuestro cerebro le cuesta mucho aceptar ciertas explicaciones. Inmediatamentepensamos que tuvo que haber una causa que lo justicara, y descartamos que no exista, en ltimainstancia, un porqu. De hecho, y a una escala mucho menor, este tipo de cosas suceden continuamente. Yotodava me siento impresionado cada vez que oigo una palabra o una frase por ejemplo, una locutoraque dice algo de un caballo marrn y al cabo de un rato, al mirar por la ventanilla del coche descubroun caballo marrn en un establo cerca de la carretera. Probablemente, esto no sea algo muy importante.Pero en el momento en que sucede, intento buscar un signicado para lo que me ha pasado. Y no se tratade una tontera: es justamente lo que hace nuestro cerebro.

    Una palabra final sobre la importancia del porqu

    Existe otra dimensin para este debate que he dejado de forma intencionada para el nal, con la esperanzade que pueda resultar interesante. Los psiclogos utilizan la expresin ilusin de control para describir lo quesucede cuando nos otorgamos el papel de agente de una situacin que, en realidad, no tiene responsablealguno 8. Procuramos creer entonces que cuando nos sucede algo trgico, ya sea a nosotros o a alguien aquien amamos, no est de ms pensar: S i solamente hubiera entonces esto no habra sucedido. En lamayora de los casos ese control que creemos que pudimos ejercer para impedir la tragedia es ilusorio. Perola necesidad de explicar el porqu de la tragedia, y el ansia de suponer que pudimos tener mucho que veren esa situacin acaba por convencernos de que, en cierto modo, fuimos responsables de lo sucedido.

  • Otra forma, muy diferente, de esta forma de pensar tiene mucho que ver con el juego, ya se trate de lalotera nacional o de cualquier juego de azar en Las Vegas. El fenmeno de lotera se basa en la ilusin decontrol que existe en su misma existencia. Muchos jugadores de lotera estn convencidos de que elnmero que han escogido (en contraposicin al que pueda surgir de una mquina) es mejor, por elsimple hecho de haber sido seleccionado por el propio jugador. S i este se salta un da sin jugar dichonmero y sucede que ha sido premiado, es muy probable que vaya al prximo puesto de lotera paracomprar otro. De este modo se pasar el tiempo escogiendo un determinado nmero, una y otra vez.Acta bajo la ilusin de que controla la probabilidad de que le toque el nmero escogido, aunque, en elfondo, no haya cambiado en absoluto la probabilidad de que pueda ganar.

    Los casinos se aprovechan de esta forma de pensar que suelen tener sus clientes. La prxima vez queusted entre en uno de esos casinos, pregunte a los jugadores que estn en las mquinas qu frmulautilizan para ganar. Seguro que va a orles decir que tienen un sistema infalible, y que con l terminarnganando, ms pronto o ms tarde. De nuevo estn actuando bajo la ilusin de que pueden cambiar losresultados de la suerte con su perfecta frmula ganadora. Por desgracia, la nica frmula que tienen paraganar es dejar de jugar.

    Por qu siempre gana la casa

    Un estudio realizado por el Journal of Gambling Studies >ha demostrado algo sobre el juego que si bien resultaparadjico es perfectamente comprensible. Los investigadores analizaron a veintisiete millones de jugadores depker que estaban conectados a la red, y descubrieron que cuantos ms jugadores ganaban menos cantidad dedinero obtenan. Segn crean los analistas la razn era que muchas ganancias suelen ser producto de pequeasapuestas. Pero que para conseguir esas ganancias usted tiene que jugar durante mucho tiempo; y cuanto msjuegue usted ms probabilidades hay de que ocasionalmente pierda usted. Y esas prdidas suelen superar conmucho las ganancias que haya podido obtener. Los jugadores que estaban conectados a la red no juzgabanacertadamente la discrepancia de lo que les costaba el correr el riesgo del juego, especialmente porque lasmltiples, pero pequeas, ganancias obtenidas le daban al jugador la falsa sensacin de su xito. Resultado: La casasiempre gana. Solamente existe una garanta de que sea usted el nico afortunado en esta situacin: que siconsigue un buen premio se largue del casino sin prdida de tiempo. Siga jugando, y la casa volver a ganarle 9.

  • Parte 2

    Cambios, descartes y huidas

  • UCaptulo 3

    Por qu un cerebro feliz descarta el futuro

    Jams pienso en el futuro, llega demasiado pronto.

    ANNIMO

    NA maana le llama a su despacho su supervisor para decirle que est calibrando una nuevainiciativa. Le describe con todo detalle en qu consiste el proyecto, los motivos por los que lacompaa ha jado un presupuesto para llevarlo a cabo y los resultados y benecios que espera sacardel citado proyecto. Finalmente, aborda el punto principal que desde el primer momento usted haestado esperando ansiosamente. Estara usted dispuesto a esforzarse de una forma importante en l?

    El problema que ahora se le presenta es que el montn de proyectos en el que ahora se ocupa rozaya lo insoportable, y que tal situacin no tiene visos de cambiar a corto plazo. Usted le explica esto a

    su supervisor, que dice que lo comprende muy bien; pero, aade, no debe preocuparse porque este nuevoproyecto no se iniciar hasta, por lo menos, dentro de seis meses. Insiste, adems, en que si usted decide noaceptar la oferta, no se le va a tener en cuenta. El trabajo que ahora mismo est desempeando lo realizamuy bien, y que las cosas no van a cambiar.

    S in embargo, usted se dice que si toma parte en el nuevo proyecto la consideracin de que se le harobjeto en la empresa crecer notablemente. Y puesto que el proyecto no va a comenzar, como mnimo,hasta dentro de seis meses, el dejar pasar semejante oportunidad podra constituir un grave error. Aspues, usted responde armativamente comprometindose a trabajar en el nuevo proyecto adems decontinuar con todo lo que ahora est haciendo. Cuando termina la reunin, usted se siente bien por ladecisin tomada y el efecto que con eso ha causado en su superior, y regresa a su trabajo sin darle msvueltas al tema.

    Trascurridos poco ms de seis meses recibe un e-mail de su supervisor en el que le especica una larga ybien reglamentada lista de obligaciones que, por supuesto, han de ser realizadas en un mximo de dossemanas, teniendo en cuenta que usted es un elemento clave en el nuevo proyecto. El trabajo existente esya enorme como ya prevea hace seis meses, y por si fuera poco ahora se ve sobrecargado con nuevasresponsabilidades. De golpe se ve dominado por el pnico, y se maldice por haberse hecho cargo de unasnuevas responsabilidades cuando, medio ao antes, ya saba que el trabajo que estaba haciendo en aquelmomento le superaba. En qu estara pensando entonces cuando acept la propuesta?

  • Siempre que se nos presenta una obligacin que surgir a largo plazo, nuestra tendencia normal es aquitarle importancia; especialmente si ello conlleva una recompensa inmediata 1. En el caso que acabamosde mencionar la recompensa inmediata era la favorable impresin que tendra de usted su supervisor, cosaque muy probablemente se traducira en un ms que posible aumento de sueldo. Pero cuando laobligacin se materializ, el miedo a no poder hacer frente a todas esas nuevas obligaciones se ha hechopalpable Y ahora qu? Es muy probable que su trabajo se resienta notablemente, por el mero hecho deque seis meses antes acept lo que no debera haber aceptado.

    Futuros inciertos

    Cuando nos enfrentamos a una obligacin que todava consideramos lejana, tropezamos con la dicultadde que el cerebro nos ha colocado en un futuro carente de exactitud. Debido a que nuestro cerebro estconcebido para tomar decisiones sobre el entorno existente y solamente sabe establecer las amenazas y losbenecios que hay en ese momento, no le es posible jar perspectivas exactas sobre el futuro, aunque setrate de unas pocas semanas. Tan importante como esto es el hecho de que nuestros cerebros se sientensiempre muy felices al capitalizar una recompensa inmediata. Al combinarse estos elementos, el desafopara ganar una perspectiva futura y el deseo de una recompensa corren el riesgo de enfrentarse a muchosproblemas. Los economistas denominan esta tendencia descuento hiperblico 2. Los vendedores de artculoscaros suelen utilizar continuamente estas tendencias para vender coches, casas, cronmetros y cosas por elestilo. Cuando usted tiene que discutir el precio de una compra con un vendedor de automviles, fjese enque este siempre hace hincapi tan solo en lo que usted tendr que pagar mensualmente. S i, por elcontrario, usted hace referencia en su conversacin a lo que ser su precio total, y no de las simplesmensualidades, el vendedor tratar de llevarle a este ltimo punto. La razn de esta tcnica de ventas esque si el problema ms inmediato lo que usted habr de pagar mensualmente se hace asequible, eltema de pago a largo plazo es decir, lo que usted tendr que abonar durante aos a partir de estemomento (y con sus correspondientes intereses) quedar un tanto eclipsado. Y en el caso de que ustedno pueda adquirir un determinado coche, el objetivo del vendedor consistir en metrselo utilizandootros argumentos, como el de nanciar el artculo mensualmente a un precio que le har pensar a usted enque, al fin y al cabo, est haciendo una buena compra.

    Advierta asimismo que la nanciacin del vehculo se va a realizar en otro despacho y con un vendedordistinto. El cometido de esta otra persona naturalmente vinculada al que acaba de vendrselo esmejorar y masicar la oferta de nanciacin del coche para que usted se sienta satisfecho. As, por ejemplo,si usted no puede pagar la compra en cinco aos, ahora se lo van a ampliar a seis. Y usted accede a estaestratagema pensando que, en el fondo, la diferencia entre cinco y seis aos no va a constituir una grandiferencia de coste. Y que si bien tendr que pagar doce meses ms de intereses lo que puede suponermiles de dlares de diferencia eso no estropea el placer de disponer inmediatamente de ese magncocoche que tanto le gusta.

    La labor de este segundo vendedor consiste tambin en enmascarar el tipo y nmero de productos(llammosles garantas) que le van a incluir en esa venta, pero restndole importancia a todo ello yhaciendo que usted se mantenga interesado en el placer a corto plazo. Y, por encima de todo, el vendedorha de insistirle en que debe hacer su compra ese mismo da, a n de no dejarle tiempo para que piense quelos compromisos que acaba de contraer le puedan amargar el placer inmediato de la realidad que se le vieneencima a largo plazo. La venta es una especie de juego del momento, en el que se trata de complacer lasapetencias inmediatas del comprador, aunque ellas le puedan ocasionar problemas en el futuro.

  • Quiz uno de los ejemplos ms signicativos de esta tendencia es algo que sucede con frecuencia entreamigos y familiares; y que, lamentablemente, suele daar esas relaciones. Alguien le pide ayuda a unamigo o a un familiar, por ejemplo, para que le eche una mano en un traslado de residencia. Ese cambio notendr lugar, digamos, que hasta dentro de siete meses, pero requerir como mnimo un par de das detrabajo incesante. Es probable que en el momento en que se hace la peticin la persona a la que se le pide elfavor acceda a la demanda por complacer al otro o, tal vez, porque se ve obligado a decir que s. Encualquier caso, la persona a la que se formula la peticin no puede evitar una recompensa ms o menosinmediata: la satisfaccin por ayudar al que le pide ayuda, o porque no se siente capaz de decir que no(esto ltimo es un punto que ha de tenerse en cuenta; porque si bien pensamos que una recompensa esconseguir algo, tambin puede serlo saber que no nos negamos a hacer una cosa que no nos agrada).

    El problema, evidentemente, no es que la persona a la que se le pidi el favor no quiera ayudar, sino quees muy fcil que llegado el momento se sienta incmodo por la promesa contrada, y la consecuencias detal cosa sean con mucho peores que si se hubiera negado en un principio. Cuando nalmente llega elmomento de cumplir obligacin, con frecuencia nos preguntamos cmo es posible que nos hayamoscomprometido a un cosa as, cuando tenemos otras muchas obligaciones a la que hacer frente y querequieren nuestra atencin.

    La evolucin tiene poco que ver con los problemas interpersonales de los seres humanos. A diferencia denuestros primos los monos, cuyo mundo si bien muestra ciertas complejidades es mucho ms sincero ysencillo que el nuestro, hemos aadido nuevos desafos al complicado y sosticado entorno social en quenos movemos. Nos agrada cumplir con nuestras obligaciones, y el no hacerlos se considera como algo untanto vergonzoso de nuestro carcter. De tal modo que lo que hace felices a nuestros cerebros al principiodel tnel de la obligacin muy bien puede convertirse en algo doloroso y molesto, para nosotros y para losdems, al nal de ese tnel. Llegado el caso, barajamos muchas restricciones mentales, del tipo que sean,antes de satisfacer aquel primer deseo inicial.

    Muerte por la urgencia

    Otra forma que adopta esta tendencia nada tiene que ver con la de complacer a los dems (o de sentirsegraticado por haber escapado al mal rato de tener que decir no), y s mucho que ver con nuestraclaricacin mental. Generaciones de empleados de grandes compaas (por escoger un sector de lasociedad) han sido vctimas del sndrome de la urgencia; una urgencia que sacrica decisiones serias yduraderas en pro de una mentalidad de hacer las cosas ya. Enfrentados a una serie de actos que tienenfechas tope, y a una carencia de recursos para resolverlos adecuadamente, resulta fcil tomar decisionesrpidas en casos en los que los resultados no se van a materializar de inmediato; y que, planicados deotro modo, hubieran permitido disponer de tiempo suciente como para que nuestra lgica ansiedad antetales compromisos hubiera podido suavizarse.

    Examinemos el ejemplo de ese joven ejecutivo responsable de organizar una comida para un grupo declientes en una ciudad que est bastante lejos; un banquete que tendr lugar como colofn a unaconferencia que se celebrar dentro de cinco meses. En este momento el empleado tiene que atender a unmontn de proyectos, con fechas tope que no van ms all de unos cuantos das o, como mucho, dealgunas semanas. En lugar de planicar adecuadamente esa todava lejana, pero importante, comida paralos clientes y de asegurarse de que tanto el sitio como todos los dems elementos adicionales sern del

  • agrado de los asistentes para lo que es necesario que establezca la adecuada logstica desde este precisomomento el hombre se decide por tomar una decisin rpida, escogiendo para el mencionado acto elprimer restaurante que gura en una lista. Lamentablemente para l, cuando al cabo de varios meses llegael momento de que se celebra la comida citada, los comensales se quedan pasmados ante el lamentablerestaurante al que los han llevado, ante la baja calidad de la comida servida y de los servicios prestados.Todo ello redundar en una psima impresin sobre la firma que los ha invitado; y, como consecuencia, enuna prdida de negocio y de los consiguientes benecios. Este desastre ha sido debido a que en unajornada de mucho trabajo, un joven empleado tom una apresurada decisin que muy bien hubierapodido modicar si le hubiera dedicado un poco ms de tiempo. Las consecuencias de todo ello son lanegativa impresin que ha causado la compaa ante sus clientes; y, muy probablemente, la lamentablerepercusin que va a tener en el trabajo del ejecutivo que se encarg del evento.

    De todos modos, no deberamos mostrarnos demasiado duros con el joven empleado. Al n y al cabo, elhombre reaccion obligado por la presin de las circunstancias actuales. Por la informacin que habarecibido en ese momento, su cerebro calcul una serie de posibles resultados y pens que ya habra tiempode organizar la comida que, al n y al cabo, se celebrara al cabo de varios meses. Esos clculos leobligaron a pensar en que deba centrarse en los problemas urgentes que tena en ese momento y queposiblemente redundaran en benecios para l si se resolvan adecuadamente, y dej en suspenso unevento, todava lejano, cuyo resultado, en el supuesto de que fuese benecioso, no poda compararse conlo que tena en ese momento ante la mesa.

    Evidentemente, usted podra imaginar un sinfn de ejemplos similares que conllevaran tambin unsinfn de vctimas, todas las cuales nos llevan a una conclusin parecida, que est directamenterelacionada con el sentido de la inmediatez. Pero los clculos a corto plazo no representan el nicoproblema, como veremos seguidamente.

    Lo que siento ahora y lo que creo que sentir ms adelante

    Si me hubiera estado en esa situacin, hubiera tenido He aqu una frase muy aburrida, pero quetodos, en un momento u otro, hemos dicho. Y al decirla queremos signicar que estamos convencidos deque si nos hubiramos encontrado en una situacin similar, como le ha podido suceder a otra persona,hubiramos actuado de forma diferente (por ejemplo, de una manera ms eficaz).

    Mi referencia favorita sobre este punto es un programa televisivo que se titula Qu hara usted?, en elque se somete a una serie de personas a situaciones difciles y sumamente emotivas, y utilizando cmarasocultas se trata de exponer cmo se puede reaccionar en el calor del momento 3. Por ejemplo, en un casoun actor desempea el papel de un empleado de un restaurante que proere una serie de insultos racistas aotros clientes (que tambin son actores), mientras determinados clientes contemplan lo que estsucediendo. Algunos de los presentes intervienen, pero la mayora prefieren no hacerlo.

    Entre la clientela hay quienes tratan de no tomar en cuenta la trifulca, se limitan a observar lo que pasa,o bien se sienten asombrados por la escena que estn presenciando pero no dicen palabra. Finalmente, elpresentador del show pone punto nal al alboroto y aclara a los telespectadores que simplemente se tratabade un show televisivo. Entonces pregunta a las personas que han intervenido y a los que no lo hicieron

  • qu les impuls a obrar de la manera que lo hicieron. Se hace bastante desagradable comprobar cmoaquellas personas que no hicieron nada para evitar el enfrentamiento justican las razones que tuvieronpara no intervenir en l. Pero resulta muy fcil imaginarse que tambin nosotros hubiramos podidoformar parte de ese grupo de los que no hicieron nada por impedir la pelea

    Lo que nos dice la investigacin psicolgica, sin embargo, es que todos cuantos somos testigos de unaescena as no tenemos la menor idea de cmo llegaramos a reaccionar en una situacin parecida, a menosque hubiramos estado en uno u otro bando. Adoptamos una actitud titubeante a la que los psiclogosdenominan propensin de intensidad, que viene a decir que sencillamente que somos unos pobrespronosticadores de nuestras reacciones emotivas 4. Existe un trmino en la jerga psicolgica que est unpoco relacionado con lo que acabamos de decir, el pronstico moral, que hace referencia a nuestra ecazactuacin moral ante una determinada situacin. Cuando nos encontramos en un estado de nula cargaemocional (como el que podemos sentir cuando estamos viendo un programa de televisin cmodamentesentados en nuestra sala de estar), podemos imaginar cmo podramos reaccionar ante una situacinconictiva; pero todas esas proyecciones que nos hacemos sobre el futuro carecen de la viva presenciaemocional que realmente llegaramos a sentir ante una situacin intensa.

    Sucede una cosa parecida cuando tomamos una decisin a corto plazo, sin tener en cuenta la perspectivaque pueda tener a la larga. En el momento presente, somos capaces de procesar una decisin que estdesconectada de lo que en realidad sentiramos cuando se presentase la situacin. En ocasiones estofunciona bien, especialmente si el resultado de la decisin tomada es acertado (como en el caso hipotticodel mencionado ejecutivo, que realmente pudo obtener mejores benecios del nuevo proyecto que se lepresentaba, aunque le resultase costoso llevarlo a cabo). Otras veces, las limitaciones de nuestra previsinsobre el futuro nos ocasionan problemas, tanto para nosotros como para los dems. Y aunqueretrospectivamente nos podamos contar una historia diferente, raramente vemos venir el problema talcomo habr de presentarse.

    Y aqu se centra la cuestin de si realmente estamos prestando atencin a lo que sucede, o simplementenos limitamos a flotar entre las nubes. Estudiaremos este tema en el captulo siguiente.

  • UCaptulo 4

    El magnetismo del piloto automtico

    No es oro todo lo que brilla; ni estn perdidos todos los que vaganpor el mundo.

    J.R.R TOLKIEN, La Hermandad del anillo

    Hora de volver a casa

    STED est conduciendo su coche una noche despus de un da de trabajo, con la mente llena de todoel barullo de la jornada. Gran parte de los treinta minutos de su recorrido los hace por la autopista, ynada ms entrar en ella le ha agradado comprobar que hoy hay menos trco del acostumbrado. Lastensiones y los compromisos de esta jornada laboral vuelven a apoderarse de su mente. En particularrecuerda la discusin que tuvo con un compaero que dio la impresin de estar acusndole de habersaboteado un proyecto que l tena. Lleg un momento en que sus palabras le morticaron hasta elpunto en que no supo qu replicarle y reaccion defendindose airadamente. Ahora, al cabo de unascuantas horas de pensar en lo sucedido no puede dejar de preguntase si, tal vez, reaccionexageradamente. Trata de recordar sus palabras, la cara que puso y el tono de voz que emple del

    que ahora mismo no se acuerda muy bien. Desde el punto de vista de su compaero, quiz la situacintenga unos visos muy diferentes a cmo usted la ve; cmo es posible que le haya podido acusar de algotan ridculo? Adems, ese to es generalmente una persona razonable y, en n, Y usted sigueconduciendo hacia su casa, comprobando que, afortunadamente, la salida de la autopista est perfecta.

    S i este escenario le suena familiar, piense que no le pasa solo a usted. Todos tenemos la impresin dehaber perdido el tiempo en algn momento; y no logramos imaginarnos cmo pudimos pensar en esto oen aquello sin prestar la menor atencin a lo que en ese momento concreto estbamos haciendo. Cuandose da cuenta de lo que acaba de pasarle, probablemente experimente un buen susto al pensar en que sudistraccin mental pudo ocasionar un accidente, por ejemplo salirse de la carretera o atropellar a alguien.

    La razn por la que nuestros cerebros se encuentran bien al poner el piloto automtico es un tema degran inters para los cientcos cognitivos. La ltima conclusin a la que se ha llegado es la de que la

  • mayora de nosotros pensamos en cosas distintas de las que estamos haciendo, en un porcentaje de un 30 aun 50 por ciento, durante nuestro estado de vigilia. Otra cosa que sorprende igualmente es lo que subyacea ese porcentaje mencionado. Convertirnos en miembros de un viaje espacial puede resultar algo muyatractivo. Pero como tantas otras cosas para las que sentimos cierta capacidad de adaptacin, cuanto msnos dejemos llevar por ellas, ms probable ser que tengamos un tropiezo.

    Dejarse llevar por la divagacin

    La teora de que existe una estructura especca y neutral detrs de la mente divagadora no tiene muchoms de diez aos. Hasta entonces fueron muchos los investigadores (uno de los ms notables fue JeromeSinger, de Yale) que sospechaban que la ensoacin de la vigilia era algo ms que una simple distraccindel sistema nervioso central y que tena cierta utilidad, aunque lograr pruebas de que esto fuera asresultaba muy difcil 1. El estudio del cerebro ha servido para llenar el vaco existente, demostrando queciertas zonas cerebrales se estimulan cuando nos entregamos a la divagacin. En especial, una red deneuronas apodada la red defectuosa anima tres regiones cerebrales (el cortex prefrontal, el crtexcingulado posterior y el crtex parietal) que se activan cuando nuestro cerebro se pone a trabajar con elpiloto mecnico 2. Cuando no estamos concentrados en algo capaz de atraer nuestro inters, esa redneuronal entra en accin. O, esta es otra teora, dicha red siempre se encuentra en el transfondo de nuestrocerebro, pero solamente se hace notar cuando no nos concentramos en algo en particular.

    Varios cientcos ofrecen posibles explicaciones de la razn de que exista dicha red, pero a mi juicio lams convincente es que la mencionada red defectuosa forma parte integral de nuestro sentido del yo.Imagine un mundo en el que su atencin siempre estuviera concentrada en el exterior. De esta manera sumente estara ecazmente externalizada sin que usted tuviera la oportunidad de explorar su mundointerior. Jams podra conectar con el t, dentro del t que interacta con el mundo exterior. Tambinle resultara imposible procesar informacin sin centrarse en ella de forma directa. La red defectuosa parecepermitirnos digerir datos mientras divagamos; y, muy posiblemente, mientras dormimos. El antiguoadagio de acostarse con un problema y despertarse con una solucin, no est carente de base. En unsentido muy real nuestro cerebro es capaz de resolver un problema a falta de otra opcin. Citando al granhumorista John Cleese: Cuando estaba en el colegio me acostaba a las nueve con un problema ycuando me levantaba no solo me apareca claramente su solucin, sino que ni siquiera poda recordar qutipo de problema haba tenido la noche anterior. No poda entender cmo no haba visto antes lasolucin 3.

    Tambin sabemos que la red defectuosa se dispara cuando existe un estado de estrs incrementado, deaburrimiento, de un entorno catico o de somnolencia. Y segn las investigaciones efectuadas por elpsiclogo de Harvard Daniel T. Gilbert nos mostramos menos felices cuando nos encontramos en eseestado de mentalidad defectuosa, an cuando (segn su trabajo) nuestras mentes estn divagando el 46por ciento del tiempo 4. Resulta difcil decir por qu no nos sentimos especialmente alegres en ese estadodefectuoso; pero el hecho es que la mente que divaga con frecuencia incluye el recuerdo de situacionesestresantes que, probablemente, tengan mucho que ver en ello. Tanto si nos sentimos felices, como si no,en ese estado de automatismo, lo que es cierto es que nuestra mente se encuentra a gusto en l. Alresultarnos igual todo lo dems, nuestros cerebros se sienten como si otaran en un mundo sinproblemas.

  • Por el contrario, las investigaciones apuntan a la existencia de una fuerte conexin entre la mentedivagadora y la creatividad 5. Esto parece especialmente cierto para aquellos de nosotros que podemosevadirnos a nuestro mundo de ensoacin a voluntad. La capacidad para poder estar en las nubes yregresar a tierra rme quiz sea una de las funciones autoprotectoras ms ecaces que poseemos,permitiendo exilarnos de un entorno insano y alojarnos en el espacio mental que hemos escogido. En eseespacio nos sentimos menos constreidos para ver las soluciones creativas a los problemas que puedanpresentrsenos; o que simplemente nos permite pintar imgenes ilimitadas en nuestro lienzo mental. Elfilsofo Bertrand Rusell habla de este tema en su libro La conquista de la felicidad, cuando dice:

    El hombre que puede olvidar sus preocupaciones por medio de un autntico inters en, digamos, la historia de las estrellas, seencontrar que cuando regresa de esa excursin al mundo de lo impersonal, ha adquirido un aplomo y una calma que le permitenenfrentarse mejor a la preocupaciones que le agobian 6.

    Ms felices cuanto ms ocupados, pero vinculados a la pereza

    Si usted tuvo ocasin de ver aquella serie televisiva, Fraggle Rock, tan popular en los Estados Unidos de finales delsiglo X, recordar que los Doozers eran unas pequeas criaturas que se pasaban todo el tiempo haciendo cosas. Pordesgracia para ellos, a los Fraggles criaturas mucho ms perezosas les encantaba devorar cuanto construan losDoozers ( aunque no llegaban a devorar a estos), y se lo pasaban en grande comiendo en un periquete cuanto aaquellos diminutos seres les costaba tanto trabajo construir. Pero los Doozers no se mostraban en absolutofrustrados por esta desgracia y seguan construyendo y construyendo. La investigacin psicolgica ha demostradoque nos sentimos mejor comportndonos como los Doozers, aunque nuestra tendencia natural sea como la de losFraggles.

    En una prueba llevada a cabo al respecto, se ofreci a dos grupos de participantes la misma recompensa ( unabarrita de chocolate) a quienes rellenaran un cuestionario que deberan entregar en un departamento, que estabaa unos quince minutos alejado de la clase, o bien hacer el mismo cuestionario, entregarlo a la puerta de la clase yesperar a que regresaran sus compaeros. El 68 por ciento de los participantes prefirieron hacer el cuestionario enla clase y esperar a sus compaeros. Cuando se cambi el premio, mejorando un poco ms la calidad de la barra dechocolate, el 59 por ciento prefiri caminar los quince minutos y entregar el cuestionario en el sit io correspondiente(y hay que aadir que los dos grupos reconocieron que las barras de chocolate que se daban a unos y a otros erande la misma calidad). Posteriormente, los participantes que haban optado por darse la caminata mostraron sentirsems felices que los que se haban quedado sentados. Esto parece demostrar que nuestro instinto bsico es lapereza, pero que cuando se nos da un motivo para ser activos (aunque sea algo de poca importancia) preferimosactuar y, consecuentemente, nos sentimos mejor. Pero antes de que usted se ponga a buscar un trabajo quehacer, recuerde que nuestro vestigio gentico por conservar la energa es difcil de superar. Lo crea o no, lapereza, en pequeas dosis, tiene mucho sentido 7.

    Perdidos en el escapismo

  • La exagerada tendencia que muestra nuestro cerebro a la dispersin mental es, no obstante, un problemaque potencialmente puede resultar frustrante. Incluso los psiclogos han acuado una frase para describiresta situacin: obsesin rumiadora. Quienes somos proclives a esta forma de rumiar nuestros pensamientosde forma obsesiva corremos el peligro de perdernos en otros mundos de nuestra propia creacin. Estosmundos, y la libertad que nos proporcionan, poseen una cualidad compulsiva que no es diferente alescapismo del papel que desempeamos (problema que trataremos en el prximo captulo).

    Lo que tambin parece cierto es que esa continua obsesin rumiadora llega de diferentes formas, unasms directamente que otras. Mientras a usted le es posible manejar en mayor o menor medida el ujo desus pensamientos, para m puede ser una tarea inabordable. Cuanto mayor sea la capacidad que uno tengade controlar sus pensamientos errabundos, mayor ser tambin la posibilidad de apartarse de ellos y devolver al aqu y al ahora, como dice Russell. Esta es una tarea mucho ms ardua de lo que pueda parecer,especialmente porque la falta de actividad de la red cerebral es ms intensa cuando no sabemos que nosalejamos de su signicado. Este fue el descubrimiento que hicieron los investigadores de la Universidad deBrtish Columbia al estudiar esa escapada neuronal que aleja nuestra atencin 8. Cuanto ms intensa ycompleja se torne nuestra deriva hacia lo etreo, ms se consumir nuestro espacio mental.

    Advertencia: Algo muy parecido sucede cuando bebemos alcohol. No le ha sucedido alguna vez quedespus de beber un par de copas su mente ha empezado a perderse en una especie de nebulosa? S i nopuede recordar que le ha pasado eso, es porque seguramente tiene ahora un par de copas de ms. Lasinvestigaciones indican que el alcohol tiene el doble efecto de hacer que nuestras mentes vaguen aunqueno nos demos cuenta de que se escinden, lo que constituye esencialmente una versin amplicada denuestra tendencia normal al escapismo (y como ya hemos visto, nuestro cerebro no necesita ayuda parahacerlo) 9.

    Las investigaciones indican que las personas que rumian sus ideas de manera obsesiva tienden a hacerhincapi en pensamientos y emociones negativas. De hecho existe una fuerte correlacin entre estaobsesin mental y la depresin. Al repetir una y otra vez en la mente los errores, los recuerdos dolorosos,las situaciones estresantes y otros pensamientos de parecida ndole es como si estuviramos pegados a unapelcula autodestructiva que sigue iluminando nuestra parte sombra. Y cuando empieza esa pelcula esdifcil pararla porque nuestra dependencia a dejarse llevar aunque tal escapismo est plagado de oscurospensamientos es algo que se ha construido en nuestro cerebro.

    De las particularidades de esta tendencia hablaremos seguidamente. Es el instinto de la gran huida.

  • TCaptulo 5

    Inmersin y la Gran Huida

    Cuida de no perder la sustancia por agarrarte a la sombra.

    ESOPO, Fbulas El perro y la sombra

    Cuando la Red era joven

    ODAVA me acuerdo claramente de aquel da en que vi por primera vez los trminos World Wide Web(WWW). Era uno de esos momentos de dnde estabas t cuando... que suelen referirse a algnhecho histricamente trgico, aunque en esta ocasin se trataba de una invencin tecnolgica quecambiara el mundo, de una manera fantstica y, a la vez, trgica.

    Era 1993, y yo me encontraba en el laboratorio de la University of Florida Interactive Media, endonde un reducido grupo de compaeros nos habamos reunido para ser testigos de lo que porentonces se describi como una transparencia grca para la World Wide Web, llamada Mosaico.

    Solamente unas pocas personas saban de la existencia de la WWW. Esas siglas, que constituan un textopara todo, no producan una gran excitacin en las masas. Los husmeadores de toda clase de informaciny los que estaban al tanto de los boletines tcnicos (tngase en cuenta que, por entonces, no superaban los2400 mdems) haban patrocinado la red durante algn tiempo; pero, para que el resto del mundo seenterase de la novedad, era necesario que sucediera algo de mayor importancia; algo expansivo quesuperara los intereses de los enclaves tecnolgicos. Bueno, al principio pas lo ms importante y despuslleg el resto.

    Nos habamos quedado inmviles, sin palabras, sin apenas creer lo que estaba sucediendo ante nuestrosojos. Como estudiantes de tecnologa, absortos en la historia de la meditacin y en el futuro potencial queofrecan los nuevos medios, todos nosotros sabamos que estbamos siendo testigos de una autntico bigbang tecnolgico.

    Por aquella poca resultaba menos evidente cmo llegara a afectar este nuevo universo a toda una

  • poblacin y a sucesivas generaciones de poblacin a lo largo y ancho del mundo fsico. Quin hubierapodido saberlo? Las crnicas de los medios, aunque hagan alguna referencia a los cambios habidos en loshbitos juveniles, poco tienen que decir sobre los efectos de una tecnologa profundamente absorbente; enespecial de una tecnologa que posee la fuerza orgnica necesaria para desarrollarse con una velocidad yuna potencia que compite con la del mismo pensamiento.

    Por supuesto que se hicieron multitud de predicciones; tantas, que ni en este captulo (ni en todo ellibro) podran mencionarse. Pero para el propsito que nos interesa, hay una que sobresale del resto,aunque las dcadas transcurridas desde 1993 hayan demostrado que, en el mejor de los casos, se hanmostrado inadecuadas.

    Pero antes de que nos pongamos a debatir sobre los medios de inmersin mental, y de susconsecuencias, quisiera retroceder rpidamente hasta hace un par de dcadas, antes de que la tcnica ldicadel Mosaico sorprendiera al mundo; antes de que el escapismo tecnolgico fuera el nico juego existente.Me estoy reriendo a aquellos das en que se jugaba a Dungeons & Dragons, nuestro Dragones ymazmorras, tan extendido entre nuestros jvenes, utilizando para tal n el trazado que guraba en el libro,el papel, el lpiz y los dados correspondientes. Se podra decir que se trataba de la experiencia ldica desugestin ms increble que se haba inventado hasta el momento. D&D, como se le llam entonces, erapara los forneos algo espeluznante que casi rozaba lo peligroso. Para otros, se trataba simplemente de unjuego diablico. Cada pocos meses nos enterbamos de que un muchacho jugador de D&D se habalanzado desde lo alto de un edicio, o de que otro haba apualado a un jugador contrincante que queraconvertirlo en una vctima suya. Los canales de la televisin de ndole religiosa no se cansaban de bramaren sus sermones contra un juego que consideraban tena que haber sido inventado por el mismsimoLucifer.

    La mayora de estas reacciones tanto religiosas como agnsticas no se consideraron otra cosa quepomposas diatribas. Al n y al cabo D&D era el motivo de crtica para cualquiera que se subiera a unplpito o a una tribuna callejera; y no pocas de las crticas que se hicieron al dichoso juego eran bastantenecias. Pero lo que no dejaba de ser cierto era que D&D haba facilitado algo evidentemente poderoso: unaexperiencia de sugestin capaz de proporcionar una rabiosa cualidad compulsiva.

    La frmula para cualquier tipo de estos juegos de rol es atribuir poderes al participante para que asumauna identidad que le aleje de la suya cotidiana todo cuanto quiera, proporcionndole un mundointeractivo y dinmico que se abre ante l para que lo explore.

    Aunque los parmetros de la existencia fsica resulten demasiado aparentes, esta nueva identidad permiteiniciar una existencia virtual sin lmites. En realidad no puede entenderse muy bien el encanto de vivirotra vida, una vida que posee el mismo espacio craneal que la que necesita respirar aire y beber agua.

    Y deber tenerse en cuenta, adems, que cada uno de nosotros viene equipado para desarrollaridentidades diferentes que encuentran su propia forma de emerger, ya sea por medio del juego de rol o pormedio de otras experiencias que encajen con la necesidad del momento 1. Por ejemplo, el t maldicienteque se lanza continuamente en la autopista a los otros conductores que nos incordian, no esprobablemente el mismo t que se muestra tan educado en la ocina. En este sentido, el adquirir nuevasidentidades por medio de la inmersin en cualquier otra forma virtual no es algo que llegue a extenderse anuestros cerebros. Lo que sucede, simplemente, es que algunas formas de inmersin virtual son msconvincentes que otras.

    A pesar de que ahora nos parece algo anacrnico, el D&D fue al juego de rol lo mismo que el Macintosha la autoedicin. Los jugadores (y en mi adolescencia yo fui uno de ellos) empleaban cierta energa mentalen el juego a un nivel difcil de apreciar por quien no se hubiera visto transformado personalmente enaquellos mundos fantsticos que eran instantneamente accesibles cuando surga un nuevo juego. A lolargo de los aos de que dispuse para digerir y reexionar sobre esta experiencia, lo ms importante que

  • me ense el juego de D&D fue que nuestro cerebro es perfectamente capaz de participar en existenciasescindidas; al menos, hasta cierto punto.

    Es este punto el que reclama nuestra atencin en mayor medida, porque los medios virtualesinmersitos han vuelto borrosa la distincin entre existencias que se encuentran ms all de lo que nadiehubiera pronosticado en los primeros aos del juego de rol. Por ejemplo, a m me hubiera resultado muydifcil imaginar que miles de cibercafs se pudieran desplegar por el sudeste de Asia y tuvieranpatrocinadores durante las veinticuatro horas del da. Y seran muy pocos los que daran importancia alhecho de que hubiera padres que abandonaran a sus hijos para atender a otros retoos virtuales a los quese entregaran da y noche alimentndoles virtualmente, mientras que sus autnticos hijos perecen de malnutricin y deshidratacin en la misma habitacin de la casa. Podra alguien haber vaticinado unproblema lo sucientemente importante, como para que un gobierno establezca leyes que obliguen a losestablecimientos que disponen de Internet a cerrar sus locales por la noche, para impedir que susacionados siguen pegados todo el tiempo a las maquinitas? No se trata de ejemplos irreales. Como ya hedicho, Corea del Sur y Vietnam, entre otros pases, no saben qu medidas ecaces han de tomar para ponerfreno a esta adiccin al juego de rol 2.

    Cuando nos sumergimos en este mundo, estamos caminando sobre un hilo muy no. Por desgraciapara nosotros para algunos ms que para otros, nuestros cerebros saben evitar el lado peligroso deesa lnea, y las serias consecuencias que puede acarrear. Y lo mismo sucede con muchas otras actividadesque parecen introducirse en nuestros cerebros de manera tan rpida que no nos damos cuenta de lo queest sucediendo. Por qu parece ser que nuestro cerebro desea ms de aquello que, en denitiva, es lomejor para nosotros?

    Peligrosos paseos por la senda de la compulsin

    Para abordar de forma adecuada el tema de la utilizacin compulsiva de los medios electrnicos, o decualquier conducta compulsiva, es necesario que les dediquemos unos minutos y nos zambullamos en loque nos dice la ciencia cognitiva sobre los motivos que tiene nuestro cerebro para mostrarse proclive a estetipo de comportamientos. Afortunadamente, disponemos de una persona muy cualicada para este debate.Citando al psicoanalista y psiclogo clnico Todd Essig: Aunque todas las adicciones se vuelvencompulsivas, no todas las compulsiones son adicciones 3. Es este un punto crucial, porque resultademasiado fcil meter toda la actividad compulsiva en el mismo simplista saco, e ignorar las diferencias,algo que los medios populares de informacin suelen hacer habitualmente.

    Citemos nuevamente al doctor Essig: Las compulsiones no adictivas pueden complicar tanto una vidacomo la que pueda tener un yanqui: continuos lavados de manos, caminar hacia atrs, restriccionescalricas, modicaciones corporales, tics faciales, ciruga plstica, etc 4. Aunque los coreanos insomnesadictos a los videojuegos se parezcan ms a los ement o a los que padecen el sndrome de Touree o acualquier vctima de otro tipo de locura el tema todava tiene mucho que debatir. Por eso la distincinentre una persona que se diga adicta a un medio electrnico, o que se vea arrastrada compulsivamente aeso, es un tema que merece ser conocido a fondo.

  • Lo que sabemos es que nuestro cerebro dispone de un centro de recompensa que le sirve para adecuar suconducta a cuanto benecie a su especie. Estos comportamientos incluyen todo rudimento desupervivencia: alimento, cuidado de los hijos y sexo, por enumerar unos cuantos. Y tambin incluyenconductas que nos ayudan a prosperar en nuestro entorno; lo que en trminos generales podramosdescribir como logros motivadores. S in esta motivacin y tendencia a conseguir experiencias placenteras,no seramos ms que una especie muy aburrida y siempre en peligro.

    Este centro de recompensa (llamado centro mesolmbico de recompensa), aunque resulte indispensable paranosotros, constituye una estructura sin proteccin a la que se pueda acceder fcilmente desde fuerzasexteriores. Estas fuerzas utilizan el mismo circuito de recompensa que nos benecia de muchas maneras;dicho sistema de circuitos (denominado incentive salience circuitry, o ISC) se adapta para responder yacomodar recompensas beneciosas. El problema estriba en que las nuevas graticaciones que se jan en elISC no son, por lo general, beneciosas. Pero nuestro cerebro sufre una especie de ceguera de distincingratificadora, y las nuevas impresiones quedan integradas en la red 5.

    Cuando el centro de recompensa se ve superado por impresiones graticadoras desventajosas, decimosque alguien es adicto a una determinada sustancia o a un determinado comportamiento. Llegado a estepunto el centro graticador se halla en un estado de mal funcionamiento; un problema que resulta difcilde invertir. Desde que se han entendido mejor los apuntalamientos neuronales de la adiccin, tambin seha comprendido que el denominador comn de todas las conductas compulsivas es el mal funcionamientodel centro de recompensa. S i bien el abuso de drogas, del juego, de la comida o del comportamiento sexuales el culpable, la misma dinmica subyacente es la que facilita la continuacin e intensicacin de dichasconductas.

    Las ms recientes investigaciones sobre la adiccin utilizaron a nuestras amigas las ratas para testar lateora de que la estimulacin del centro de recompensa puede hacerse compulsiva. Se insertaron diminutoselectrodos en la zona cerebral de las ratas que se supona era la responsable del comportamiento que lasmotivaba a buscar placer. Se entren posteriormente a las ratas para que presionaran una palanca queactivaba los electrodos y golpeaba el centro de recompensa. Antes de que pasara mucho tiempo secomprob que las ratas disfrutaban con ese golpe, porque no paraban de presionar la palanca. Dehecho, no queran comer, beber, dormir ni aparearse si no tenan acceso a la palanca. Muchas murieron deagotamiento, y a las ratas que no se les forz a comer perecieron de hambre, pero nunca renunciaron apresionar la palanca 6.

    Estas investigaciones explican en gran medida por qu los adictos a las drogar se olvidan de comer,dormir o de las relaciones sexuales para buscar tan solo aquellas sustancias que sus cerebros anhelan. Ytambin aclaran el hecho de por qu tantos padres que se despreocupan de sus hijos para que estosdisfruten de la gran recompensa que signica jugar con sus ordenadores. Aunque los procesos a lo quenos referimos no son necesariamente idnticos a los producidos por la adiccin a las drogas, es un hechoclaro que la inmersin en los aparatos electrnicos constituye una recompensa; y que el continuarbuscando dicha recompensa se ha convertido en algo compulsivo, que adquiere el rango de educar a unhijo que se entrega a la mstica bsqueda online. Cuanto ms se busque la recompensa, ms se reforzarel comportamiento compulsivo.

    La adaptacin neuroqumica en estos y en todos los escenarios es la dopamina. Especcamente, se tratade la actividad receptora de la dopamina que tiene lugar en una zona cerebral denominada rea tegmentalventral (ATV). Denominado frecuentemente neurotransmisor de recompensa, la dopamina es esencialpara nuestra supervivencia; pero constituye tambin un poderoso enemigo cuando el circuitorecompensatorio del cerebro se ve saturado con cierta clase de recompensas errneas.

    Evidentemente, ciertas personas son ms susceptibles a conductas compulsivas que otras, porque no sepuede negar un componente gentico. Pero lo que resulta verdaderamente alarmante es que cualquiercerebro puede volverse tericamente adicto a una sustancia o a un determinado tipo de conducta, si se danlas circunstancias de exposicin convenientes. Y una vez que sucede esto, los caminos de la adiccin estn

  • abiertos para que por ellos transite cualquier comportamiento compulsivo adicional; es por ello que lasadicciones al juego, a las drogas o a conductas sexuales se presentan frecuentemente en la misma persona.Dicho de otro modo: la increble plasticidad del cerebro su misteriosa capacidad para adaptarse al cambio puede atraparnos por entero.

    Lo que nos devuelve a la vida online

    La razn por la que en este captulo me he centrado en mayor medida en los medios electrnicos, y menosen las corrientes de otros comportamientos compulsivos en los que podemos caer cualquiera de nosotroses, sencillamente, porque se trata de un fenmeno que est en todas partes, que es ubicuo dira queincluso ubicuo a un nivel que carece de precedentes y que no parece detenerse. Hemos visto solamente elprincipio de este expansivo universo online. Y las investigaciones indican que la inmersin en este mundoelectrnico posee un elemento compulsivo de gran aceleracin.

    En su libro iBrain, el doctor Gary Small, director del UCLA Memory and Aging Research Center, delemen Institute for Neuroscience and Human Behavior, explica que las consecuencias, especialmente paraestas tendencias tecnolgicas de tipo compulsivo, pueden ser muy graves. Citando al doctor Small:Cualquiera que tenga tendencias obsesivo-compulsivas ya est predispuesto a un nivel de conductasadictivas; y la tecnologa posee la frmula para acelerar este proceso 7. Se trata de un punto muyimportante porque no est claro qu porcentaje de la poblacin se halla predispuesta a desrdenescompulsivos, aunque algunas estimaciones mencionan cifras tan elevadas como la de cincuenta millonesde personas, solamente en los Estados Unidos 8. Incluso la mitad de esta cifra representara un porcentajemuy significativo en un pas. Para qu hablar de lo que significara en todo el mundo.

    Una de las razones de este efecto hipercompulsivo pudiera ser la recompensa neuronal que se obtiene alsaber cuntos somos los que pertenecemos a este mundo interactivo online. Sco Caplan, profesor asociadodel Departamento de Comunicacin de la Universidad de Delaware, comentaba al respecto: Lasinvestigaciones indican que las personas que preeren la interaccin social online a la que se pueda tenercara a cara, tambin son ms numerosas en la utilizacin compulsiva de Internet, empleando este mediopara modicar su humor 9. En 2007 Caplan dirigi una prueba realizada a 343 estudiantes paradeterminar las variables ms importantes que contribuan al uso problemtico de Internet. Estudi lasvariables relacionadas con la personalidad, tales como la soledad y la ansiedad social, pero tambin otrasactividades potencialmente compulsivas como las de entregarse a juegos de vdeo en ordenador, asesiones pornogrcas y otro tipo de juegos de Internet para determinar cual era de todas ellas la queresultaba ms compulsiva 10.

    Una de estas variables, la ansiedad social, pareci mostrarse como la ms fuerte. El razonamiento quedescubr en mi investigacin es que los individuos que tienen problemas de relaciones cara a cara son losque se entregan ms intensamente a este tipo de relaciones online, dice Caplan. Y aade: Mi hiptesis esque al desarrollar una preferencia por la interaccin social online, empiezan a utilizar esos canales pararegular su carcter, lo que los hace ms compulsivos 11.

  • Es importante reconocer que no se puede meter a todo el mundo en el mismo cesto. Y que al igual quesucede con la adiccin al alcohol o al juego, hay personas que son ms proclives e inician su derivacompulsiva de forma inmediata; otras, por el contrario, parece como si no se sintieran afectadas, inclusodespus de largas exposiciones. Indiscutiblemente esto tambin sucede con la vida online. Sin embargo, hayen esto una diferencia crucial que es el incremento existente en todos los grupos por este tipo de actividad,que supera el de otras conductas potencialmente compulsivas. En este momento en que escribo estas lneastodava estn poco claros los efectos que podr tener una tendencia que se hace cada vez mayor. Pero de loque no hay duda es que las investigaciones hechas al respecto nos hablan de una tendencia peligrosa aunque no hay que mostrarse paranoicos en el futuro de la vida online.

    El cerebro al que se quiere pertenecer

    Algunas de estas evidencias proceden de estudiar la repercusin que tuvo en su momento el campen delos medios electrnicos: la televisin. Desde la dcada de los aos setenta del siglo pasado, la investigacinpsicolgica realizada muestra que los efectos producidos por la televisin apenas han disminuido; inclusoy a pesar de que Internet ha ido ganando progresivamente una cuota mayor de nuestra atencin. Como sepuede apreciar, la televisin posee un admirable poder de captacin de la atencin, a pesar de los mltiplestipos de diversin que han venido surgiendo. Y debido a que ha estado con nosotros tanto tiempo (casiuna eternidad si la comparamos con el mundo online) constituye todava una de nuestras mejores fuentespara descubrir cmo afectan a nuestro cerebro el resto de los elementos electrnicos.

    Un equipo de investigadores encargados de este tema se dedic a preguntar si podramos sentirnosemocionalmente liados con los personajes de ccin que aparecen en un programa de televisin. Cuatrotrabajos llevados a cabo por investigadores de la Universidad de Bualo testaron la hiptesis desustitucin social que sostiene que los seres humanos pueden utilizar tecnologas, como la televisin,para experimentar un sentimiento de pertenencia del que carecen en sus vidas reales 12. Y no solamente esla televisin la que, segn esta teora, puede llenar este vaco, sino que tambin lo hacen las pelculas, lamsica y los juegos de vdeo. En el experimento se midieron diferentes categoras de reaccin emocional como la autoestima, la sensacin de pertenencia, la soledad, el rechazo y la exclusin, respondiendo a lasdescripciones de los sujetos que aparecan en los programas favoritos de la tele. En uno de losexperimentos se pidi a 222 estudiantes que hicieran un trabajo de diez minutos en el que hablaran de susprogramas preferidos, y que despus mencionaran aquellos otros programas que vean cuando no habanada mejor en la pantalla; y tambin sobre la experiencia que podra constituir el lograr algo valioso en sucolegio. Por ltimo, se les pidi que expresaran oralmente, y todo lo detalladamente que pudieran, lo queantes haban escrito.

    Estos fueron los resultados: Tras escribir sobre sus programas favoritos de televisin, los participantesmanifestaron verbalmente que con ellos tenan menos sentimientos de soledad y de exclusin que cuandovean programas de relleno o de ndole acadmica. La razn se encuentra en que el sustituir las relacionespersonales mediante personajes cticios o personalidades en los programas de televisin puede cubrir lasnecesidades emocionales del telespectador.

    Otro de los experimentos vino a demostrar que el pensar en los programas preferidos de televisinconstitua un estmulo contra la cada de la autoestima y el sentimiento de rechazo que acompaa al nalde una relacin; era como una vacuna contra el corazn roto. Estos resultados apuntalan el concepto

  • psicolgico que le molestara un poco admitir a la mayora de la gente: La tecnologa produce sentido depertenencia. Que el hecho de pasarnos media hora con nuestros personajes imaginarios favoritos puedaalimentar nuestros sentimientos amorosos resulta un poco extrao, pero quiz sea ms autntico que loque desearamos admitir.

    La realidad y la ficcin son solamente pxeles separados

    Resultados como los que acabamos de ver en este estudio presentan claramente una cuestin crucial:Cmo distingue el cerebro lo que es realidad y lo que es ccin?; y otra pregunta todava ms importante,Distingue el cerebro lo que es realidad y lo que es ficcin?

    La conexin neuronal entre soledad y conflicto

    El neurocientfico John Cacioppo dirigi un estudio en 2009 para identificar las diferencias existentes en elmecanismo neuronal de las personas que se sentan solas y las que no sentan solos. Concretamente deseabaconocer qu suceda en el cerebro de la personas que mostraban un acusado sentido de aislamiento social,elemento clave de la soledad que nada tiene que ver con sentirse fsicamente solas, y s mucho con el sentimientode la soledad. Mientras eran estudiados por un aparato MRI (Mquina de representacin de resonancia magntica),a unos sujetos se les presentaban una serie de imgenes, algunas con connotaciones positivas como, porejemplo, personas que se mostraban felices haciendo cosas divertidas, y otras que conllevaban asociacionesnegativas, como escenas de conflictos humanos. Mientras los dos grupos contemplaban escenas agradables, la zonadel cerebro que reconoce la recompensa mostraba una respuesta significativamente mayor en las personas que nose sentan solas que en las otras. De igual modo, el crtex visual de las personas que se sentan solas respondanmucho ms fuertemente ante las imgenes desagradables de personas que ante imgenes desagradables deobjetos. Este estudio hizo suponer que la atencin de las personas que se sienten solas se concentra de formaespecial en los conflictos humanos. En el caso de los sujetos que no se sentan solos no se mostr diferencia algunaentre ambas imgenes. En resumen, parece ser que las personas que acusan un agudo sentido de aislamientosocial muestran una respuesta ms reducida ante las cosas que hacen felices a la mayora, y una respuesta msintensa ante los conflictos humanos. Esto explica muchas cosas sobre las personas que no solamente se hunden enla desgracia, sino que tambin parecen obsesionadas con los dramas emocionales de los dems 13.

    Esta pregunta sirvi como desempate para otro estudio que se llev a cabo en el departamento delInstituto Max Planck de Ciencias Humanas y Cognitiva Cerebrales, que trat de identicar cmo responde

  • el cerebro cuando se ve expuesto a contextos en los que se mezclan personas reales y personajes deficcin 14. Los investigadores realizaron un estudio similar llevado a cabo en 2008 que llevaba por ttulo:Competicin entre George Bush y la Cenicienta: Respuesta neuronal cuando se separa lo real de la ccinen el contexto de nuestra realidad.

    En el mencionado estudio los investigadores utilizaron la representacin funcional por resonanciamagntica (fMRI) para valorar las regiones cerebrales del sujeto concretamente, los crtex anterior medioprefrontal y cngulo posterior (amPFC, PCC) cuando eran expuestas a contextos que afectaban a tresgrupos: 1) familia y amigos (identicados como grupo de alta relevancia), 2) gente famosa (relevanciamedia), y 3) personajes de ccin (relevancia baja). La hiptesis de trabajo era que la exposicin acontextos que poseyeran un alto grado de relevancia produciran una activacin ms fuerte del amPFC ydel PCC.

    En estudios realizados anteriormente, el amPFC y el PCC demostraron que desempeaban un granpapel en el pensamiento autorreferencial y en la memoria autobiogrca (especialmente, en lo referente a laparte mi de su cerebro). La idea que est detrs de la presente hiptesis es que la informacin sobre lagente real, como opuesta a los personajes de ccin, se encuentra codicada en el cerebro de tal modo quesuscita una respuesta autoreferencial y autobiogrca del mi. Cuanta ms relevancia personal tenga elcontexto, mayor ser la respuesta. Los resultados estuvieron acordes con la hiptesis, mostrando unpatrn de activacin en el que la mayor relevancia del sujeto se asociaba con una mayor respuesta deamPFC y del PCC. Estos resultados tambin se mostraron idnticos a las respuestas obtenidas en otrasregiones cerebrales, aunque en diferente grado. Dicho de otra forma; para nuestro cerebro la realidad tienela misma importancia en ambas situaciones.

    Pero entonces, cmo podemos poner n a esa fusin con los personajes cticios (o virtuales) queaparecen en la pantalla de la televisin o del ordenador? Para dar respuesta a tal pregunta tendremos queprofundizar en lo que signica actualmente para nosotros el trmino relevancia. Lo cierto es que somosmuchos los que pasamos ms tiempo conectados con personajes televisivos y online que con la gente realque est frente a nosotros.

    El neurocientco social John Cacioppo, cuyas investigaciones sobre la soledad han abierto nuevaspuertas a la comprensin de la ms oscura de las emociones, ha observado que vivimos en una poca deconstante interaccin y que, sin embargo, la mayora de nosotros decimos sentirnos solos, mucho msque en otros tiempos. Seala Cacioppo que la soledad nada tiene que ver con la cantidad de personas quepuedan rodearnos, sino que esencialmente tiene que ver con el fracaso que sentimos al no obtener denuestras relaciones lo que necesitamos 15. Nos dicen las investigaciones llevadas a cabo que laspersonalidades de internet y los personajes de la televisin se han convertido en los sucedneos denuestras necesidades emocionales, y que por ello ocupan los vagos contornos en los que a nuestro cerebrose le hace difcil distinguir lo real de lo irreal. Cuanto ms conemos en tales personalidades y caracteres,buscando un sentimiento de conexin, tanto ms los considerarn relevantes nuestros cerebros.

    Todo esto puede decirse de otro modo: nuestro cerebro engaarse, y lo irnico del asunto es quenosotros somos cmplices de semejante engao. Como animales que somos y que necesitamos serdirigidos, buscamos el camino que ofrezca menor resistencia para obtener lo que necesitamos, de la formaque sea. Y la inmersin en el mundo de la electrnica nos proporciona la senda, que, sin ser un productoqumico, resulta la ms accesible de cuantas hasta ahora se han inventado.

  • Consideraciones finales

    El debate a que estamos asistiendo sobre el efecto que producen los medios de comunicacin, con suscorrespondientes puntos extremos por ambos lados, corre el peligro de estar muy cerca de caer en unairremediable simplicidad. Estrictamente hablando, los medios no son en forma alguna la causa de ningntipo de comportamiento humano. Decir otra cosa sera incorporar la anticuada idea, abandonada hace yamucho tiempo, de la mente en blanco de nuestra naturaleza humana. Aportamos un conjunto complejode variables psicolgicas a la experiencia de los medios; y es justamente la interrelacin entre lo queaportamos y lo que vemos, omos y leemos lo que inuye en nuestros pensamientos y en nuestrasconductas. Para unas personas, estas inuencias sern sutiles y virtualmente inapreciables. Para otras,pueden resultar significativamente ms pronunciadas y dainas.

    Hemos de recordar tambin que es la gente la que escoge sumergirse en un determinado tipo de medio, oen ninguno. Mientras el sistema de recompensa pueda verse secuestrado por fuerzas externas, siemprehabr un motivo para el juego de rol u otras formas de escapismo. Dar una completa explicacin de lasrazones por las que la gente las busca es algo que est fuera del contexto de este libro. El gran tema es quevivimos en un mundo en el que hay cada vez ms diversiones de tipo compulsivo, y que parece que eso seva a intensicar en los aos futuros. Una cuidadosa consideracin de las consecuencias que todo ellopueda acarrear lo cual nada tiene que ver con una visin paranoica o una vacua tolerancia del temano sera una mala idea.

  • Parte 3

    Motivacin, restriccin y pesar

  • MCaptulo 6

    Poniendo su mquina en movimiento

    El trueno es grandioso, el trueno es impresionante; pero el rayo es el que hace el trabajo.

    MARK TWAIN, Carta a un desconocido

    Golpeando el sistema como un tambor

    E gustara presentarles al ms sorprendente de los genios industriales. Empecemos por observar loque hace Miguel en el colegio. Para emplear una expresin que se sola utilizar coloquialmente allpor los aos ochenta es un absoluto caos. Suele faltar a clase, y cuando se decide a asistir aalguna siempre llega tarde. A lo que jams falta es a una esta. Para esto siempre se puede contarcon l. Duerme muy poco y siempre est de marcha. En el colegio estn en un tris de expulsarlo.

    De lo que casi nadie se ha dado cuenta es de que este muchacho tiene una acin que noabandona por nada de este mundo: quiere aprender cuanto se pueda saber acerca de los rayos lser.

    Desde muy pequeo se sinti fascinado por la luz, ya fuera de linternas o de barras uorescentes,mostrando una curiosidad insaciable por conocer el mecanismo que hace funcionar a estos aparatos. Elcolegio le aburre. La educacin que recibe, en lo que a l concierne, procede de las lecturas que realmente legustan. A veces se pasa horas enteras en la biblioteca leyendo libros sobre la tecnologa lser: cmofunciona, cules son sus aplicaciones y cul es su futuro.

    La otra cosa que casi nadie sabe de l es que representa un caso de libro en cuanto a pereza se reere; enresumen, que no da de s, ni por asomo, todo lo que pudiera dar. Aunque le cuesta lo suyo sacar unasnotas mnimas, es todo un as a la hora de realizar tests, incluso sin la ms mnima preparacin. Y de estemodo logra llegar a la universidad en donde se siente con mayor libertad para aprender lo que realmente leinteresa, cosa que hace excepcionalmente bien. De hecho, lo hace tan bien que le ofrecen un puesto en unprograma de tecnologa lser en la universidad Carnegie Mellon. All tiene ocasin de estudiar con losexpertos en lser ms famosos del mundo. Mientras sigue en la universidad crea su primera empresaespecializada en lser para ordenadores. Finalmente, crea tres compaas ms, cada una de ellas centradaen el desarrollo de las aplicaciones del lser.

  • Hoy da es uno de los mayores expertos en lser del mundo, y ha creado una serie de aplicaciones en estecampo que difcilmente podramos imaginar. Sus empresas trabajan con las mayores corporaciones delmundo. Se podra decir que est ayudando a disear el futuro.

    La historia de Miguel es un caso ms de que no siempre nos dedicamos a aquello para lo que estamosmejor dotados. Personas que podran resultar brillantes si se lograra estimular el inters y la pasin por loque realmente les atrae, terminan por convertirse en autnticos fracasados. Los sistemas educativos tratande resolver esta situacin en cierta medida, pero, por lo general, fallan. Esto permite que personas comoMiguel comprendan cmo han de trabajar para evitar los defectos del sistema, y los suyos propios, o bienhundirse en el polvo. Miguel lo consigui concentrndose en la nica cosa que le gustaba hacer desde queera nio.

    Para complicar ms las cosas, el cerebro feliz no est estructurado desde su nacimiento para desafiar a lossistemas en que vive. Consideremos por un momento un sistema, ya sea educativo o de otra ndole, comoun entorno que ha sido construido para personas como nosotros. De hecho, las escuelas son justamenteeso: entornos concebidos para aprender. Una vez que nos hacemos parte de ese entorno, nuestro cerebroempieza a trazar el mapa de ese territorio, de modo que podamos sentirnos seguros en l. Cuando se haconseguido esto, cambiar las cosas nos produce inestabilidad; y esa inestabilidad constituye una amenazapara un cerebro feliz.

    Entonces cmo es posible que a una persona que, como Miguel, (o como cualquier otro de los mltiplesejemplos que podramos presentar) no se la considera que est dando lo mejor de su potencial porque noha logrado integrarse plenamente en un colegio o en una universidad, logre convertirse en un autnticogenio de la industria? Esta pregunta nos lleva a nuestro primer tema.

    Lo que es un logro para m es un aburrimiento para ti

    Teniendo la historia de Miguel como teln de fondo, empecemos a preguntarnos qu clase de triunfador esusted. S i yo le pidiera que colocase en una lnea, representando el punto extremo de la izquierda laquintaesencia de la holgazanera, y el extremo derecho la mana del que quiere conseguirlo todo, endnde se colocara usted? Volveremos a este punto inmediatamente, pero primero hablemos un poco deuna vieja generalizacin.

    Todo el mundo est de acuerdo en que las personas que poseen grandes potenciales, o que llegan muyalto en la vida, hacen muchas cosas y las hacen bien, particularmente cuando estn convencidos de que talexcelencia requiere que desarrollen al mximo su capacidad. A los que, por el contrario, no estn en estalnea, como ya hemos visto, les cuesta mucho sentirse motivados, y con frecuencia se sienten como elfelpudo de los primeros. Esta es la generalizacin, y como todas las generalizaciones tambin esta tiene suslmites. Una investigacin realizada en la Universidad de Florida, y dirigida por William Hart, descubriuna variable que pone patas arriba este escenario, y que tiene mucho que ver con lo que les sucede a losque poseen bajos potenciales de realizacin 1.

  • Los investigadores llevaron a cabo mltiples estudios para evaluar hasta qu punto la actitud de losparticipantes que pretenden triunfar inuye en su actuacin. En uno de estos estudios se preparaba a losparticipantes proyectndoles en la pantalla de un ordenador trminos de alto reconocimiento(relacionados, por ejemplo, con triunfo, excelencia, etc.). Cada palabra apareca en la pantalla solodurante un instante, con la suciente rapidez como para que no se pudiese reexionar sobre susignicado. Los participantes que manifestaban un alto grado de motivacin realizaban notablementemejor sus tareas tras haberse preparado con los trminos que haban visto en la pantalla, que aquellosotros estudiantes que mostraban una motivacin baja.

    En otro estudio a los participantes que tenan que completar un rompecabezas se les interrumpa en undeterminado momento para ofrecerles la opcin, o bien de concluir el trabajo, o de hacer otra cosa que lespareciese ms agradable. Aquellos estudiantes que mostraban un mayor grado de motivacin eran msproclives a volver al rompecabezas para concluirlo denitivamente, que los que no mostraban semejantemotivacin.

    Los resultados de estos estudios apoyan lo que generalmente se conoce sobre las personas que tienen unelevado grado de pretensiones y quieren llegar muy alto, y aquellas otras que no sienten de ese modo. Peroel estudio nal constituy una irona cruel. A los estudiantes se les estimulaba primero con trminos dealto nivel (por ejemplo, excelente, competente, ganador) y se les peda despus que completaran un puzle. Peroen esta ocasin, en vez de describirles la tarea como una prueba seria de eciencia verbal, losinvestigadores la calicaban simplemente de una broma. Resultado: los participantes que habanmostrado anteriormente una alta motivacin para sus logros realizaban peor la prueba que los otros.

    Los autores del estudio creen que cuando los sujetos que disponen de un alto potencial para lograr algoque consideran elevado y digno de su capacidad, se ven obligados a trabajar en otra cosa que seasimplemente divertida, esta especie de frustracin reduce su deseo de hacerla bien. S i algo es divertido yplacentero cmo puede ser fuente de un autntico logro? Por el contrario, los estudiantes que reciben elmismo entrenamiento, pero que poseen una menor ambicin consideran que una tarea divertida es algoque vale la pena realizar. Y en este caso no solamente mejor su motivacin para realizarlo, sino quetambin lo hizo su capacidad para ejecutarlo.

    Este sorprendente cambio dice mucho de por qu falla con tanta frecuencia la estrategia de adoptar unsistema educacional que se supone es vlido para todo el mundo. Para los estudiantes que se sientenmotivados para lograr algo excelente, el realizar tareas de mero entretenimiento puede minar su capacidad.Del mismo modo, a aquellos que no tienen la apetencia del xito y se les describe una tarea como algo serioy urgente se les est brindando la posibilidad de lograr un resultado aceptable.

    Volviendo a mi pregunta inicial diremos que tanto si la respuesta le acerca ms al punto de los quetienen menos ambiciones, como si le acerca al punto opuesto, el problema consiste en que el forzarle austed a que haga algo a lo que por su idiosincrasia no est motivado, no dar buen resultado. Pordesgracia, muchos de los sistemas con los que nos topamos, ya sea en el campo educacional como en otros,estn pensados sin tener en cuenta este conocimiento. Por consiguiente, depende de nosotros conseguir laforma de lograr una mejor realizacin.

    El punto bsico que debemos recordar es que nuestro cerebro no est sintonizado originariamente paradesaar al sistema. El enfrentarse de plano con las convenciones establecidas produce alteraciones en laestabilidad y en la coherencia, lo que dispara las alarmas. Usted puede tomar en cuenta estas alarmas yseguir rme en su puesto, o bien puede avanzar para encontrar una forma de manejar el conicto. Porejemplo, usted puede ser el tipo de persona al que le motiva un trabajo que sea sumamente difcil. Puedeentonces enfrentarse a su falta de motivacin tratando de superarla por ser necesario, pero, aunque se tratede un proceso duro, usted no lo ve tan costosos. Es el momento apropiado para examinar qu tipo decarcter tiene usted y establecer la dinmica de motivacin en la que encaja mejor. S i piensa que se sientems cercano a esa tipologa de escasas pretensiones que se encuentra en un extremo de la lneaanteriormente fijada, pregntese si disfrutar llevando a cabo los proyectos que se ha propuesto.

  • El remedio puede ser muy sencillo, como escuchar msica mientras est trabajando. O puede ser algoms elaborado, como tomarse un pequeo descanso, salir del despacho en diferentes momentos del da yhablar con un colega sobre alguna pelcula, una obra musical o cualquier otra cosa que le inyecte unadosis de distraccin en su jornada laboral. O, tal vez, lo que usted necesita sea revisar sus proyectos paraencontrar una forma que ilumine su disposicin hacia requisitos ms banales. Trate de ser creativo a lahora de encontrar la solucin adecuada.

    S i se encuentra siempre a gusto con las tareas y los proyectos que se lleva a casa, cambie su perspectiva ypregntese si le resulta duro concluir sus tareas, porque no est lo suficientemente motivado para lo que esusted, S i le encanta trabajar en el jardn porque le resulta agradable, y lo considera una ocupacinentretenida pero, sin embargo, detesta ordenar su garaje (por diversas razones), trate de buscar un puntomedio de distraccin en el compromiso que establezca consigo mismo. Los sbados, por ejemplo, dediquetres horas a poner en orden el garaje. Los domingos ya no piense en el garaje para nada, y dedquese acuidar su jardn a su gusto. Emplear el tiempo en hacer lo que a usted le divierte se convierte, en realidad,en una autntica recompensa para llevar a cabo aquello que no le atrae en absoluto.

    Resulta muy fcil caer en el tpico popular de que siempre se puede conseguir la motivacin sucientepara hacer cualquier cosa si hay el deseo y la voluntad sucientes para llevarla a cabo. El caso es que lafalta de un gran deseo de lograr algo no quiere decir que usted no pueda lograrlo, o que sea unincapacitado para conseguir logros. Las investigaciones indican que simplemente lo que usted necesitaes ser algo ms creativo. S i lo hace as, la pelea por lograr los objetivos que se ha propuesto se hace menosardua, y hasta puede convertirse en algo que le guste. Recuerde: su cerebro est estructurado para seguirpor el camino de la menor resistencia, porque ese es precisamente el menos amenazador; pero eso no quieredecir que haya de ser el que le lleve a conseguir sus mayores xitos.

    La competicin y el tamao de su pecera

    Cambiemos ahora de rumbo y vaymonos hasta una atalaya desde la cual podamos examinar qu clase decompetidor es usted. Es acaso un trabajador solitario o, por el contrario, rinde ms cuando ve a suscompetidores y les toma la talla antes de enfrentarse a ellos? S i cree que pertenece a la segunda categora,entonces es como la mayora de nosotros. Segn arma la sabidura popular, uno de los elementos quems motivan la competitividad es la compasin social. Empezamos a competir con los dems en cuantonos comparamos con ellos. Tanto si las apuestas son minsculas como grandes, hay algo en nosotros quenos impulsa a medirnos con el otro, palmo a palmo.

    La investigacin llevada a cabo por el profesor de psicologa de la Universidad de Michigan, S tephenGarca muestra, sin embargo, que nuestra apetencia competidora no se desarrolla en el vaco: No essolamente el hecho de encontrarse entre un grupo de competidores, sino del nmero de competidores queestn rivalizando con uno, lo que aporta un efecto directo en nuestra motivacin por competir 2. Sucerebro no le va a permitir lanzarse a una competicin sin disponer de una oportunidad para que puedainterrumpir sus esfuerzos y volver a un confortable estado mental en el que no tenga que enfrentarse acompeticin alguna.

    Veamos un ejemplo: Jessica se sienta en una clase en la que hay otros diez estudiantes. Echa un vistazo a

  • su alrededor, evala el panorama competitivo y llega a la conclusin de que sus posibilidades de quedarbien en el grupo son buenas. El profesor reparte el examen de fsica, y Jessica se lanza de lleno a surealizacin, motivada por el deseo de estar entre los mejores de la clase.

    Jason asiste a otra clase para hacer su examen, que es mucho ms extenso que el de Jessica. En realidad,es como diez veces ms extenso y, adems, Jason tiene que encontrar un asiento entre aquella multitud decompaeros que son casi un centenar. Echa un vistazo alrededor y se le forma un nudo en la garganta. Esimposible que pueda competir con toda aquella gente. El profesor distribuye el examen y Jasn empieza ahacerlo sin el menor estmulo.

    La falta de motivacin que siente Jason, en comparacin con la disposicin tan optimista mostrada porJessica, es a lo que los psiclogos se refieren como el Efecto-N: un estado de nimo que se produce cuando elnmero total de competidores disminuye la motivacin de cada uno de los integrantes. Los investigadoresaseguraron la veracidad de este efecto mediante una serie de cinco estudios. El primero examinaba lapuntuacin del SAT (Test Acadmico de Aptitud) y del CRT (Test Cognitivo Reexivo) en funcin de lacantidad de personas que, a lo largo de aos, realizaron tests en determinados lugares. Aunque era precisocontrolar otras variables, los investigadores descubrieron una importante correlacin inversa entre elnmero de los que hacan el test y la puntuacin alcanzada: cuantas ms personas hacan el test, peor eranlas puntuaciones. Otro de los estudios examin si los que participaban en el test, una vez advertidos quedeberan realizarlo lo ms rpido posible, lo hacan ms deprisa si tenan que competir contra diez, otenan que hacerlo contra cien. Como se haba previsto, los que terminaron la prueba, con mejorpuntuacin y ms deprisa, fueron aquellos que tuvieron que competir con un grupo reducido.

    Por qu la concienciacin personal estimula la motivacin

    Cul es la mejor manera de evitar que el Efecto-N malogre su motivacin a la hora de competir? Comosucede con tantas inuencias inconscientes, la solucin estriba en identicar este efecto lo antes posible ysuperarlo antes de sucumbir ante l. En otras palabras: estimule aquellos mecanismos mentales quepodran cegarle ante la influencia producida por la situacin.

    Por ejemplo: digamos que usted va a ser entrevistado para un empleo, y que nada ms entrar en la salade espera ve a otros seis candidatos que aspiran al mismo puesto. Mientras toma asiento, usted se pone apensar que si aquel da hay seis candidatos para la entrevista, es ms que probable que otros muchos yahayan sido entrevistados, lo cual le hace pensar que el nmero total de aspirantes al puesto es muchomayor de lo que usted haba calculado. Su primera reaccin es pensar que sus posibilidades de conseguir elpuesto son escassimas. Ese pensamiento le hace sentirse intimidado y su motivacin se desploma.

    Pero detngase un instante ah y pregntese: S i yo no supiera cuantos otros candidatos msestuvieron optando a este puesto, sentira esta misma sensacin de fracaso? Qu ha cambiadorealmente?. La verdad es que el nico factor que ha cambiado es su propia conciencia de que al menosseis, y probablemente ms, han estado compitiendo con usted, le hace semejante observacin menosinteligente, hbil o experimentado de lo que era cuando acept tener esta entrevista? Absolutamente, no.Su carrera para competir al ms alto nivel de capacidad no se ha visto disminuido ni en un centmetro. S ise da cuenta de esto, debe seguir adelante con la entrevista y poner en ella todo el inters por conseguir su

  • puesto. Y como veremos seguidamente, tambin hace bien en creer que recibir el resultado poco despusde que abandone el edificio.

    Informacin: cuanto ms rpido, mejor

    Cambiando ligeramente nuestro punto de observacin, hablemos del papel que juega la informacin en eltinglado emocional. Se puede establecer un fuerte argumento acerca de que una informacin positivaincrementa la motivacin y que, por el contrario, una negativa la frustra. Pero tambin se puede hacerotro argumento igualmente poderoso que diga que una informacin negativa incrementa la motivacin, almenos para algunos de nosotros, porque representa un desafo a superar. No es muy fcil debatir estepunto, porque, dependiendo de cmo sea usted, se podr aplicar cada uno de estos dos argumentos. Loque ya no resulta tan claro es el efecto de cundo recibimos esa informacin; o, para ser ms precisos,cundo esperamos recibirla.

    Pongamos el caso de que se est preparando para hacer un test sumamente importante que tanto ustedcomo aproximadamente otro centenar de compaeros de clase deber hacer tambin dentro de una semana(o, si lo preere, podemos hablar de un examen de preparacin, o de otra prueba igualmente importante).Pocos das antes de realizar la prueba se entera de que su instructor se ir de viaje poco despus de que seconcluya el test, y que proporcionar a los estudiantes el resultado de la prueba, tanto por va oral comoescrita, un da despus de realizarla. Esto es algo poco corriente, porque, por lo general, el instructorespera una semana, o ms, antes de proporcionar la informacin de los resultados. Aproximadamente lamitad de la clase descubre que recibir la informacin de los resultados rpidamente, y la otra mitad creeque no la recibir hasta pasados varios das, como de costumbre.

    Qu grupo es el que probablemente realizar mejor la prueba?

    Usted puede tener miedo a perder, pero no pierda la perspectiva

    Manos y labios sudorosos, dedos temblorosos y rodillas inquietas, pensamientos frenticos y acelerados: todo elloson seales de un tumulto emocional cuando nos enfrentamos al riesgo de una prdida; y todas esas sealesparecen surgir involuntariamente. Pero un estudio indica que podemos influir en el grado de reaccin emocional yen nuestro nivel de aversin a la prdida. Veamos la solucin en pocas palabras. Por un momento piense como lohara un comerciante. Los comerciantes experimentados tienen sumo cuidado en no perder la perspectiva cuandohan de hacer frente a una prdida potencial. Contemplan esa prdida como parte del juego, pero no como su final;y aceptan de forma racional que correr un riesgo encierra la posibilidad de perder. Los investigadores quisieroncomprobar si las estrategias cognitivas de regulacin (por ejemplo, las estrategias para cambiar de ideas, como lasque utilizan los comerciantes) podran utilizarse en el caso de la aversin a la prdida, y a su correlacin psicolgicade enfrentarse a la prdida.

    Se les dio a una serie de individuos la cantidad de 30 dlares y se les ofreci la oportunidad de jugrselos ycorrer el riesgo de perderlos, o de guardrselos. Tericamente podran ganar 572 dlares o perder los 30 que seles haba dado y quedarse sin nada. El resultado de sus elecciones se revelaran inmediatamente una vez que se

  • eligiera la opcin (por ejemplo, usted gan). Los participantes completaron dos series completas de elecciones(140 elecciones para cada serie). Durante la primera serie se les dijo a los participantes que la eleccin quedabaaislada de cualquier contexto mayor (como si fuera la nica a considerar). Durante la segunda serie se les dijo alos participantes que su eleccin formaba parte de un contexto mayor (como si se estuviera creando unacartera); en otras palabras: la introduccin de un contexto mayor (estableciendo una perspectiva diferente)funcionaba como una estrategia de regulacin cognitiva. Los investigadores realizaron este estudio dos veces: En laprimera, observaban el comportamiento; en la segunda observaban el comportamiento y empleaban un testadicional (una prueba cutnea que meda la actividad del sistema nervioso) para comprobar el nivel de excitacinemocional.

    Los resultados fueron los siguientes: el empleo de la estrategia de regulacin cognitiva produca una reduccinde la aversin a la prdida. Pero lo ms importante fue descubrir que solamente los individuos que lograban reducirsu aversin a la prdida adquiriendo una nueva perspectiva reducan tambin la respuesta fisiolgica a una prdidapotencial. As pues una regulacin cognitiva produca una menor aversin a la prdida; dicho con cierto humor: lessudaban menos las manos 3.

    La pregunta sobre qu grupo realiz mejor la prueba fue analizada por Keri Kele y Gerald Haubl, de laUniversidad de Alberta. Ellos establecieron la hiptesis de que la simple anticipacin de una informacinaproximada redundara en una mejore realizacin del test. Investigaciones anteriores haban demostradoque cuando la informacin es rpida aumenta el temor a una decepcin 4. El deseo de evitar el sentimientode insatisfaccin que existe al quedarse corto en las expectativas constituye un fuerte elemento motivadorpara hacer las cosas bien.

    Los estudiantes fueron seleccionados mediante correos electrnicos que se enviaran uno, ocho o quincedas antes de realizar un complejo test de representacin, que consistira en una presentacin pblica. Seles record la fecha en que tenan que presentar la prueba, y tambin se les dijo cuando recibiran sucalicacin, la cual ira en funcin de su ordenacin numrica (por ejemplo, el nmero 90, el 70, etc.) Se lespidi tambin que trataran de predecir sus posibles resultados, en una escala de uno a diez. Participaronen el estudio 271 estudiantes, cuyas edades iban de los dieciocho a los treinta y dos aos.

    Los resultados conrmaron las hiptesis establecidas. Los participantes que enviaron ms rpidamentela informacin tuvieron la puntuacin ms elevada. Pero lo que result sorprendente fue la diferencia decalicaciones que se produjo para cada grupo. Los estudiantes que pensaron que recibiran unainformacin rpida coparon el 22 por ciento de los mejores puestos, en comparacin con aquellos otrosque pensaron que no recibiran la informacin hasta varios das despus; y este hecho fue vlido paratodas las puntuaciones.

    Al mismo tiempo la previsin sobre la calidad de la representacin sigui una direccin absolutamenteopuesta. Los estudiantes que haban previsto que seran los mejores en hacer la presentacin, resultaronser los peores; y los que haban pronosticado que lo haran muy mal, fueron los mejores.

    La razn de estos resultados es que los estudiantes que le tenan autntico pnico a obtener malosresultados (es decir, aquellos que creyeron que recibiran inmediatamente la informacin) se encontraronmucho ms motivados para hacerlo bien, aunque de forma simultnea reducan sus expectativas y sepreparaban para recibir malas noticias. Dicho de otro modo: la motivacin para hacer una buenarepresentacin y las expectativas pesimistas no se excluyen mutuamente. De hecho, parece que se llevan alas mil maravillas.

    Los otros estudiantes no consideraron que pudieran sufrir una desilusin y, consecuentemente, se

  • preparan menos para el test, aun cuando pensaron que lo haban hecho bien. El asunto que nos ocupatiene para m unas consideraciones muy prcticas: cuando usted se encuentre a punto de enfrentarse a untest de presentacin (en cualquier terreno profesional) imagine que recibir la informacin necesaria yacte en consecuencia. La posibilidad de una probable desilusin har que se muestre ms agudo ypreparado para llevar a cabo esa presentacin.

    Y no se sienta mal si un poquito de pesimismo le sirve de ayuda para prepararse ante el futuro impacto.Lo mejor es que vea ese pesimismo como una forma que tiene su cerebro de alertarle ante la posibilidad deun fallo; algo que parece resultar muy desagradable para ese convencional estado de felicidad mental.Como ya hemos visto, es un tipo de alarma que usted puede muy bien aceptar; y al hacerlo as se estpermitiendo elevar el nivel de realizacin que tanto desea.

    Compromiso total

    Hasta ahora hemos venido hablando del potencial que usted tiene, del papel de la competicin y del efectoque tiene la adecuacin del tiempo en la informacin y en cada caso hemos visto que la motivacin sealza o decae dependiendo de un montn de variables que podemos identicar, y que al obrar as nosofrecemos a nosotros mismos un mejor oportunidad de capturar la magia de la cosa. Hablemos ahora de sipublicar nuestras intenciones como hacen tantos programas publicitarios aumentan nuestramotivacin. Para ello vamos a utilizar un ejemplo extrado de la mxima obsesin de toda Amrica: laprdida de peso.

    Varios de los programas de prdida de peso ms populares actan trabajando sobre el principio delcompromiso pblico. Se desafa a una serie de personas para que armen pblicamente (lo que a vecesquiere decir solamente que se maniesten ante un reducido grupo de personas dispuestas a perder peso)que desean perder tantos kilos en un determinado tiempo. El compromiso gira en torno al convencimientode que el citado programa no va a fallar. S i alguien no tiene xito o no logra un avance sustancial en supropsito, todo el mundo va a saberlo.

    A primera vista este principio parece que suena a cosa seria, puesto que nadie quiere quedar mal deforma pblica, o ser considerado como un hipcrita. S in embargo, en la prctica hay un problema. Porquepara que el principio del compromiso pblico sea plenamente vlido, sus partidarios deben de sentir ciertotemor ante la desaprobacin de los dems, cosa que no es verdad en ningn caso.

    Un trabajo dirigido por los investigadores Prashanth U. Nyer y S tephanie Dellande estudiaron hastaqu punto el compromiso pblico afecta a las personas que temen la desaprobacin social; es decir,aquellas personas que tienen una susceptibilidad muy elevada, lo que los psiclogos llaman influencianormativa (SNI). Y aquellos otros individuos que no se ven fcilmente inuenciados por las opiniones delos dems (SNI bajo). Tambin estudiaron la ecacia que representa un compromiso pblico a corto y alargo plazo, y asimismo un compromiso de tipo privado 5.

    Para este estudio se analizaron los resultados de doscientas once mujeres, en edades comprendidas entre

  • los veinte y los cuarenta y cinco aos. Se les inscribi en un programa de adelgazamiento diecisissemanas establecido para que los integrantes perdieran en ese plazo entre siete y nueve kilogramos(aproximadamente) y mantuvieran esa reduccin de peso durante tiempo. Todas las interesadascompletaron un cuestionario en el que se meda su nivel de SNI y la motivacin personal para esareduccin de peso. A las participantes se las dividi al azar en tres grupos: compromiso pblico a largoplazo, compromiso pblico a corto plazo y, nalmente, a un compromiso que no se hara pblico. Lasparticipantes del grupo a largo plazo escribieron sus nombres y objetivos de reduccin de peso en unastarjetas que se distribuyeron pblicamente en gimnasios durante las diecisis semanas del tratamiento. Lasque haban optado por el tratamiento a corto plazo hicieron lo mismo, pero las tarjetas se distribuyeronsolo durante las tres primeras semanas. Por ltimo, las que haban establecido un compromiso privado norellen ningn tipo de formulario.

    Al nalizar el estudio, se hizo evidente el efecto de las que haban rmado un compromiso pblico alargo plazo. Las integrantes de este grupo haban perdido ms peso que las que lo haban hecho a cortoplazo, o las que lo no lo haban hecho pblico. Al cabo de las diecisis semanas, las del grupo a largo plazohaban excedido su objetivo propuesto en un 102 por ciento, mientras que las de corto plazo solo lolograron en un 96 por ciento, y las que no lo haban hecho pblico alcanzaron un 88 por ciento.

    El efecto del SNI tambin se evidenci. Las integrantes a largo plazo que haban manifestado tener unbajo SNI es decir, las que armaron tener una baja susceptibilidad a la presin social alcanzaron unpromedio de un 90 por ciento de los objetivos que se haban propuesto. Por el contrario, las que habanarmado tener un elevado SNI excedieron su meta de reduccin de peso con un margen signicativo: unpromedio cercano al 105 por ciento.

    Lo que nos dice este estudio es que, en general, el principio del compromiso pblico produce unosresultados evidentes, especialmente si se hacen a largo plazo. Pero en el conjunto de personas queestablecen un compromiso, aquellas que sinceramente temen la opinin social son las que probablementeconsiguen mejores resultados. Aquellas otras que no se preocupan por lo que piensen de ellas son las quemenos se esfuerzan.

    Conversando con su Bob interno

    Es usted una de esas personas que habitualmente se dicen a s mismas que probablemente no lleguen aconseguir lo que les agradara lograr? Le dice esa voz de su cabeza la voz de un cerebro que anhelaestabilidad cosas como S realista, t no logrars hacer eso? Quiz, harto de tantas chcharaspositivas de los medios de comunicacin, usted se dice que la nica conversacin interna que vale la penaescuchar es la realista, la que le dice cmo es.

    Sean cuales fueren sus sentimientos acerca de la psicologa positiva y sus mltiples derivados, quisieraasegurarle que las investigaciones serias hechas al respecto tienen algo que decir sobre el asunto; y que,por supuesto, usted no debera desentenderse de esa vocecita interior. La profesora Dolores Albarracin ysu equipo, de la Universidad de Illinois, han demostrado de manera convincente que quienes dudan de sillegarn a hacer lo que pretenden, generalmente lo hacen mejor que quienes se dicen a s mismos quepueden hacerlo 6.

  • Pero primero hagamos una pequea digresin. S i usted tiene hijos pequeos o preadolescentes, tal vezse acuerde de aquel programa de la tele: Bob el constructor. Bob es un hombrecillo de carcter positivo al quele gusta enormemente construir y arreglar cosas. Antes de emprender cualquier nueva tarea se pregunta,tanto as mismo como a su equipo, en alta voz: Podremos arreglarlo? A lo que el equipo contestarotundamente: !S , podemos!. Ahora, compare usted semejante armacin con esa de la PequeaMquina del Podra cuya repetida cantinela, a la hora de pensar en un posible xito, es Creo quepodrCreo que podr. En resumen: lo que pretendemos investigar aqu es cul de esos dosposicionamientos mentales es el mejor.

    Los investigadores estudiaron las dos posturas en cincuenta participantes, pidindoles que consideraranla posibilidad de realizar una tarea o de pensar si podran acometerla. Los participantes mostraron unamejor disposicin para construir anagramas (modicando la disposicin de ciertas palabras para crearotras nuevas) cuando se preguntaban si podran completar una tarea que cuando se decan que podranhacerlo.

    En otro experimento se pidi a los estudiantes que escribieran dos frases aparentemente noemparentadas empezando, por ejemplo, con la frmula Yo quiero, o Quiero yo, y despus trabajaransobre el mismo contenido de la frase que se les pudiera formular. Los participantes respondieron mejorcuando escriban Quiero, seguido por Yo, aun cuando no tuvieran idea de lo que vendra despus.Dicho de otro modo, cuando la gente se hace una pregunta, es ms probable que construyan su propiamotivacin que si, sencillamente, se dicen que van a hacer lo que se han propuesto.

    El tema que tenemos entre manos es que esa vocecita interior tiene su sentido. Decirnos a nosotrosmismos que podemos conseguir un objetivo, quiz no nos lleve demasiado lejos. Pero, por el contrario,hacernos la pregunta de si podremos lograrlo puede dar muy buenos resultados. Reconsidere su charlainterior para centrarla en las preguntas en lugar de presuponer las respuestas; y permita que su menteconstruya las motivaciones pertinentes a esa pregunta. O bien, tome un atajo y limtese a recordar el lemade Bob el Constructor.

    Algo similar al tema de la motivacin es el compromiso con los objetivos propuestos, y el control que senecesita para lograrlos. En el prximo captulo nos ocuparemos de estas cuestiones.

  • RCaptulo 7

    Escribir promesas en huecograbado

    Puedo resistirlo todo excepto la tentacin.

    OCAR WILDE, El abanico de Lady Windermere

    Esta vez lo prometo realmente

    OBERTO es un renombrado farmaclogo que dirige una clnica para pacientes diabticos en Orlando,Florida. Muchos de sus pacientes no quieren empezar un rgimen de inyecciones de insulina (debido arazones evidentes: la molestia de la inyeccin y el estigma de tener que someterse a esa clase detratamiento), aun cuando no han logrado controlar su nivel de glucosa en sangre por otros medios.La prdida de peso ofrece la nica esperanza de poder eliminar la necesidad de insulina, y los pacientessuelen pedir otra oportunidad para perder peso y evitar as las inyecciones. Casi el cien por cien de lasveces, de acuerdo con la experiencia del mencionado farmaclogo, este ciclo contina indenidamente(o hasta que l le pone n). En cada nueva entrevista el, o la, paciente volver a pedirle otraoportunidad para empezar el tratamiento de reduccin de peso, y se lo promete muy seriamente con la

    clsica frase de esta vez, s.

    Pero son muy pocos los que cumplen lo prometido. S iempre existe una razn por la que la ltima vez nose pudo llevar a cabo el tratamiento. Pero arman que ellos son capaces de mejorar su rgimen de comidasy de hacer ms ejercicio ahora que algunas circunstancias han cambiado (es que tuvimos a familiares encasa, Es que tuve una situacin muy complicada con mi hermana, Es que he cambiado de trabajo,Es que tuve un resfriado muy fuerte, etc.). El ciclo contina, y su salud empeora progresivamente.

    Para los pacientes que caen sistemticamente en este ciclo de fallos Roberto utiliza una tcnica de supropia cosecha. l pone n al juego, por as decir, tomando la iniciativa por su cuenta y estableciendouna negociacin. Primero, les expone a sus pacientes si realmente se han dado cuenta de que no existenms que dos opciones: perder peso o tratamiento a base de inyecciones de insulina. Cuando esto haquedado aclarado les pide que se comprometan a perder una determinada cantidad de kilos en eltranscurso de un mes. Es el paciente el que establece una cifra. Entonces les pide que se comprometan

  • tambin a jar un determinado da en el que se pesarn para comprobar la prdida de peso. Una vezms, es el paciente el que escoge el da. Lo importante de este mtodo es que es precisamente al paciente alque se le ha dado poder para que consiga su objetivo. Una vez llegado a este punto se establece el rmecompromiso de que si llegada la fecha no se ha cumplido el objetivo previsto, se iniciar el tratamiento conlas inyecciones de insulina. Casi todos aceptan los trminos de la negociacin.

    Lo que Roberto ha aprendido a lo largo de aos de experiencia es que el 90 por ciento de los pacientes noperdern peso, debido a que han sido ellos (y no l) quienes establecieron los objetivos y los parmetros,con lo cual a ellos les resulta ms fcil aceptar las consecuencias. Es entonces cuando l les hace ver eljuego al que se entregan; y de esa forma acaba con el ciclo de fallos. S i un paciente no pierde pesoentonces no les quedar ms remedio que aceptar, con ms o menos voluntad, el tratamiento necesario.

    Este es un ejemplo del fallo crnico de las autorestricciones; y tambin de una estrategia de intervencinque impide las consecuencias de resultados todava peores. S i Roberto se desinteresara de la situacinde sus pacientes, el ciclo perdurara; y para muchos de sus pacientes el final sera catastrfico.

    La mayora de nosotros no podemos permitirnos el lujo de disponer de un mdico como Roberto quesepa poner coto a los fracasos de nuestro autocontrol; y lo que todava resulta peor es que nuestroscerebros no estn adecuados para ofrecer mucha ayuda. Como sabe cualquier persona que est sometida argimen, cuando usted reduce seriamente su dieta calrica, su cerebro responde disminuyendo la quema decaloras, que son las que protegen su vida (el hecho de que nunca exista el riesgo de morirse de hambre, eslo de menos). Cuando usted priva a su cuerpo de carbohidratos, como sucede con cualquier dieta en la quese reduzcan las protenas, nalmente su cerebro estar solicitndolas, con lo que se conseguir que lo quese haya podido ganar con la dieta, y su correspondiente reduccin de peso, se volver a perder alrecuperarlo. Por cada movimiento agresivo que hacemos, nuestros cerebros tienen dispuesto sucorrespondiente contraataque. No resulta un tanto irnico que todos estos movimientos se originen en elmismo sitio? Investiguemos algunas de estas rarezas y veamos si nos es posible manejar de mejor maneraesta aparente sinrazn.

    Todas las restricciones que usted puede digerir

    Durante seis meses ha estado esforzndose duro en seguir la dieta impuesta, y la cosa mereci la pena. Nosolamente ha perdido peso, sino que ahora se siente ms capaz de restringir el viejo impulso de comeralimentos perjudiciales. Sus amigos le dicen lo impresionados que estn por su capacidad de resolucin; y,digamos las cosas claras, usted tambin se encuentra mucho mejor que nunca.

    Esta es la razn por la que rondando ya el sptimo mes usted decide que su esfuerzo por controlar ladieta ya se ha visto sucientemente comprobado, y que ya no es necesario evitar los helados, los nachos,las alitas de pollo y todas esas cosas que sola comer con sus amigos. Se ha pasado medio ao cambiandosus gustos alimenticios y la cosa funcion muy bien. No ser difcil mantener lo conseguido, aunque secambie un poco el estilo de comida. Es hora de volver a vivir!

    Creo que no es necesario que le cuente cmo termina esta historia. Es la tragedia clsica que a muchos

  • de nosotros nos resulta demasiado familiar. El orgullo siempre est presente en el fallo; pero incluso es msfrecuente que sea nuestra sensacin de agobio por tantas restricciones la que anticipe la cada.

    Investigadores de la Universidad de S tanford, de la Northwestern y de la Universidad de msterdam sereunieron para investigar la dinmica que subyace en el repetido convencimiento de que podemos superarla impulsividad y que somos capaces de evitar nuestras peores tentaciones 1. Esta particular tendenciahacia el autoengao es lo que los psiclogos denominan predisposicin a la restriccin. Se llevaron a cabocuatro estudios para testar la hiptesis que est ms extendida en nuestra especie sobre la propensin alcontrol, a la restriccin.

    En uno de los experimentos se entrevist a las personas que entraban y salan de una cafetera, y altiempo que se les presentaban siete diferentes tipos de canaps, ricos en grasas, se les preguntaba culeseran los que les gustaban ms y cules menos, estableciendo una escala de preferencias. Una vez hechoesto se les deca a los participantes que escogieran un canap y que, es ms, podran comer ese tipo decanap cuantas veces quisieran; pero que si lo volvan a poner en su sitio al cabo de una semana,recibiran cinco dlares y, adems, podran quedarse con el canap. Tras hacer su eleccin, losparticipantes se informaron si podran volver por el dinero al cabo de la semana. Tambin rellenaron uncuestionario en el que manifestaban su grado de apetito y sus ideas sobre el control de los impulsos.

    Los participantes que entraban en la cafetera dijeron que tenan apetito y, por el contrario, los quesalan decan mostrarse satisfechos. As pues, la primera evaluacin consisti en saber si los que salan dela cafetera con el estmago lleno manifestaban un mayor control de los impulsos, lo que as fue. Lasiguiente evaluacin consisti en comprobar si los participantes que no mostraban apetito y quemanifestaban tener un gran control de sus impulsos habran escogido el canap ms tentador (y msgraso). Tambin fue as. Por ltimo, volveran al cabo de una semana aquellos que haban escogido elcanap ms apetecible? Pues s, volvieron.

    En otro experimento se les pidi a unos fumadores empedernidos que hicieran un test en el quemanifestasen el nivel de su control de impulsos. El test era ngido, y estaba pensado solamente para saberqu porcentaje de los participantes tenan una gran capacidad de autocontrol y qu otro la tenan msbaja. En cualquier caso se informaba a los participantes de los resultados obtenidos.

    Posteriormente se les peda a los participantes que tomaran parte en un juego en el que se les enfrentabaa la tentacin de fumar como una oportunidad de ganar dinero. El objetivo del juego consista en ver lapelcula titulada Coee and cigarees* sin disponer de un cigarrillo. Los participantes podan escoger cuatroniveles de tentacin, a cada uno de los cuales se les asignara un premio en metlico: 1) tener el cigarrilloen otra habitacin: 5 dlares; 2) tener el cigarrillo sobre una mesa cercana: 10 dlares; 3) sostener uncigarrillo apagado en la mano durante toda la pelcula: 15 dlares; 4) sostener un cigarrillo apagado en laboca durante toda la pelcula: 20 dlares. Los participantes ganaran el premio solamente si no fumaban elcigarrillo durante toda la pelcula.

    Como se haba previsto, los fumadores que haban dicho que tenan una gran capacidad de autocontrolaceptaron exponerse a una tentacin mayor que los que reconocieron poseer una capacidad menor. Portrmino medio los participantes de bajo autocontrol optaron por ver la pelcula con el cigarrillo sobre lamesa; los que haban manifestado un mayor grado de control prefirieron verla con el cigarrillo en la mano.

    Puede controlarse usted mejor que un chimpanc?

  • Copiar de forma impulsiva es una habilidad ms complicada que lo que a simple vista parece, y durante muchotiempo se pens que era algo que solamente los seres humanos podan hacer. Si pone un caramelo delante de ungrupo de nios y les dice que si se resisten a la tentacin de comrselo recibirn posteriormente ms caramelos, seproduce un nmero de comportamientos interesantes. Algunos nios tratarn de distraerse con sus juguetes ohaciendo dibujos con los que tratan de enfrentarse a la frustracin que supone tener que esperar por lagratificacin prometida (algunos incluso tirarn la toalla y cogern el caramelo). Este tipo de comportamientorepresenta un problema de solucin bastante complejo, por lo que result muy sorprendente comprobar quetambin los chimpancs podan hacerlo.

    Unos investigadores realizaron la siguiente prueba: mostr a un grupo de chimpancs un montoncito degolosinas que, poco a poco iban haciendo cada vez mayor, pero que resultaba inaccesible para los animales.Despus les dieron una serie de juguetes. De vez en cuando permitan a los chimpancs que pudieran acceder a lasgolosinas. Algunos de los chimpancs se dieron cuenta de que cuanto ms tiempo esperaran para coger lasgolosinas, mayor sera la cantidad que tendran de estas: por lo que trataron de distraerse con los juguetesesperando que el montn de golosinas se fuera haciendo mayor, y entonces pudieran coger una buena cantidad.Los chimpancs parecan concentrarse en los juguetes cuando tenan la oportunidad de coger las golosinas, demodo que demostraron que trataban de distraer su atencin, a la espera de que ms adelante pudieran obteneruna mayor recompensa 2.

    Resultado: el porcentaje de fallos en quienes dijeron poseer un fuerte autocontrol fue mucho mayor queel de los del grupo de bajo autocontrol, en un porcentaje de un 33 por ciento contra un 11 por ciento.Aquellos que se consideraron ms capaces de resistir la tentacin de encender el cigarrillo lo hicieron tresveces ms que los que pensaban que fracasaran.

    Una forma de interpretar estos resultados es vindolo como un reforzamiento de una idea muy antigua:somos nuestros peores enemigos. La predisposicin al control ocupa un puesto muy elevado en la lista depropensiones en que solemos caer; y el hecho de que caigamos en una trampa una vez no constituyeninguna garanta de que no volvamos a caer una y otra vez. Los que pretenden mantener una dieta fallanen su propsito, los fumadores fracasan tambin; todo aquel que muestre una tendencia compulsiva, recae;y, por lo general, ms de una vez. Este estudio sugiere que parte de esta repeticin se debe a pensar queestamos capacitados para enfrentarnos a ms cosas de las que, en realidad, podemos.

    Otra de las cuestiones es que se ha creado toda una industria basada en reforzar nuestro impulso decontrolar. Los libros de autoayuda y los comentaristas de corte psicolgico nos hacen creer que existecomo un halo dorado de control al que todos podemos acceder: siga el sistema X y lograr llegar all. Perola realidad de este estudio es que incluso en el caso de que usted llegue all, nalmente se dar cuenta deque ese all nunca existi. Se le ha vendido a usted un milagro en forma de una inada autopercepcindel control.

    Lo sentimos, pero no podemos devolverle su dinero.

  • Las maniobras del autocontrol

    Resulta corriente entre las parejas que llevan muchos aos juntos el fenmeno de que cada uno de losmiembros suele terminar la frase del otro. Al cabo de cierto tiempo esa costumbre se convierte en una deesas cosas graciosas que hacen las parejas, Y si usted se ja, ese fenmeno especialmente cierto cuandouno de los miembros est intentando recordar algo; el otro llena ese vaco de la conversacin conrecuerdos que al otro le resulta imposible recordar. Los psiclogos, al estudiar el mecanismo de esteproceso, lo han llamado memoria transactiva, lo que simplemente viene a decir que a lo largo de la relacinlos miembros de la pareja se apoyan mutuamente para recordar ciertas cosas 3. Se convierten en unamemoria a do, compartiendo ciertos recuerdos que ninguno de los dos puede reconstruir enteramente.S i nos atenemos a la estrategia de la conservacin de energa cerebral (de la que hablaremos msextensamente en el captulo 10) esta especie de arreglo tiene mucho sentido.

    Al parecer, algo similar sucede con el autocontrol; y esto tiene su lado bueno y su lado malo. El ladobueno es que el autocontrol transactivo pone de relieve la existencia de un fuerte lazo entre losmiembros de la pareja, y probablemente contribuye a alcanzar ciertos objetivos a largo plazo, como unaforma de disciplina para conseguir, por ejemplo, una titulacin. La parte negativa es que parece que socavalos objetivos de autocontrol a corto plazo; como, por ejemplo, el deseo de perder peso. Tal fue laconclusin a la que lleg un equipo de psiclogos de las universidades de Duke y de Northwestern, quevaloraron los pro y contra del autocontrol combinado que se da en los miembros de las parejas muyunidas 4. El estudio demostr que cuando alguien espera un cierto nivel de apoyo por parte de su parejapara, por ejemplo, mantener una dieta, esa persona disminuir su propio gasto energtico. Este efecto semostr especialmente intenso en aquellos participantes que ya se haban desgastado en otros intentos.Conjuntamente con este resultado se comprob que los participantes que se apoyaban en su pareja paralograr cierto tipo de ayuda en sus estudios solan posponer su esfuerzo en mayor medida que los que lohacan por su cuenta.

    La razn, volviendo a tocar un tema ya conocido, se basa en la conservacin de la energa. Nuestrocerebro es un gran consumidor de energa (el 20 por ciento de nuestra ingesta calrica diaria lo utiliza elcerebro), pero se muestra muy tacao a la hora de emplearla. S i se da la circunstancia de que puede utilizarun suministrador ajeno de energa, en lugar de consumir la que tiene almacenada, puede estar ustedseguro de que lo utilizar. Resulta irnico, como demuestra este estudio, que lo haga as en los daos quecausa el autocontrol a corto plazo, debilitando nuestro propsito de intentar lo que de otra manerahubiramos podido hacer. (De todos modos, conviene no interpretar errneamente estos resultadospensando que contradicen los compromisos de los que hablaremos en el ltimo captulo. En este caso elcompromiso se ve reforzado por otras apoyaturas responsables necesarias para que logremos nuestrosobjetivos, y sin que ello impida que hagamos el trabajo que sea necesario hacer.)

    Sabores de la imaginacin que rechazan la tentacin

    Piense por un momento en el chocolate. En esa tableta de un delicioso chocolate belga que tiene ah, al

  • alcance de la mano, y que es enteramente suya. Imagnese desenvolvindola, oliendo su aroma suave,partiendo un pedacito y llevndoselo a la boca en una especie de xtasis placentero.

    Para la mayora de nosotros (dejando a un lado a los que, inexplicablemente, no les guste el chocolate)una descripcin como esta estimular su ansia de chocolate o de algo dulce. De hecho, los estudiosrealizados sobre autocontrol han descubierto que la descripcin no necesita ser tan precisa. En uno de losestudios qued patente que el mero hecho de imaginarse poniendo en un cuenco treinta deliciososbombones, incrementaba de modo significativo el nmero de los que deseaban estar ya comindolos 5.

    Pero veamos cmo surge aqu un curioso cambio. Cuando a los participantes en el estudio se les dijoque se imaginaran comiendo los bombones, en realidad comieron menos, exactamente 1,6 veces menos queel grupo al que se dijo que se imaginara ponindolos en el cuenco. Parece que la razn es que la respuestadel cerebro a la imagen de colocar o de comer esos bombones se parece mucho a la respuesta cerebral anteel hecho de comerlos. La anticipacin de comer la golosina incrementa la tentacin de hacerlo; pero laimagen de estar ya degustndolos frena la energa de la tentacin.

    Evidentemente, el problema estriba en posponer la tentacin lo bastante como para visualizar el placerque se producir en el momento en que se satisfaga. Algo ms fcil de decir que de hacer.

    Oh, qu diablos!

    He aqu algo que veo frecuentemente y que, debo admitirlo, tambin lo hago en excursiones de autobs.

    Un amplio grupo de personas se sienta a la mesa en un agradable restaurante, y una pareja encargadistintos aperitivos para todos, adems de un par de botellas de vino para empezar las cosas como esdebido. Los aperitivos vienen acompaados de una canastilla de pan que se van pasando y que se devoranen un santiamn. Despus se encarga el men, y cada cual pide una ensalada o una sopa para empezar, ydespus un plato de carne u otro plato bien sabroso. Se bebe ms vino. Finalmente, la mayora tambinpide postre y caf para terminar la cosa, aunque hay quien prefiere una copa de Oporto o de grappa.

    Antes de sentarme a la mesa suelo decirme que solo tomar un pequeo entrems y no probar el pan.Despus pedir una ensalada, no demasiado recargada, y un plato que sea bastante sano (al menos, si locomparo con lo que pedirn los dems) como, por ejemplo, un pescado. Nada de postre. Como mucho,una copita de vino. Eso es lo que me digo. Pero cuando empieza el jaleo sucede algo extrao.

    Los aperitivos tienen un aspecto delicioso, y como yo tengo ms apetito del que imaginaba, tomo dos otres canaps. Despus viene el pan, y me digo Bueno, ya que com ms aperitivos de los que pensaba, qudiablos, tambin me puedo comer una barrita. Cuando llega el momento de escoger el primer plato, elefecto qu diablos! ha subido ms de tono, y me pido un buen lete en lugar del pescado que habapensado en un principio. Para entonces el qu diablos! es un sentimiento bien encarnado; yhabindome saltado a la torera hace tiempo el compromiso propuesto, me siento la mar de bien pidiendo

  • postre y caf.

    Tomemos buena nota de la degeneracin que ha experimentado el autocontrol, y cmo con cada deslizse hace ms fcil cometer el siguiente. Y tambin es importante advertir que el efecto !qu diablos! no serefiere tan solo al autocontrol sino al fracaso de alcanzar el objetivo propuesto.

    Janet Polivy y su equipo de colaboradores penetr en las profundidades de ese qu diablos! con unexperimento que ofrece dos simpticos rasgos: la pizza y las galletas 6. Los investigadores invitaron amujeres algunas de las cuales estaban siguiendo un plan diettico, y otras no con la disculpa de queiban a probar y testar una variedad de galletas. A todas se les advirti que no deban comer nadaanteriormente. Se les sirvi un pedazo de pizza cuando llegaron al local (un pedazo del mismo tamaopara todas) y despus se les pidi que probaran y valoraran los diferentes tipos de galletas.

    Veamos lo sucedido: a una parte de las participantes se les hizo creer que haban recibido una porcin depizza mayor, o menor, que la de sus compaeras. Algunas de ellas haban visto en una sala contigua unaserie de trozos de pizza, antes de que se llevaran a la sala en la que se iba a realizar la prueba. Los trozosen cuestin eran un tercio ms grandes o un tercio ms pequeos que los que se les haban dado a comer alas participantes. En resumen, algunas de ellas pensaron que haban comido ms pizza que las otras, auncuando realmente todas haban comido la misma cantidad.

    Posteriormente se colocaron tres grandes bandejas con galletas de todo tipo: con pasas, con pepitas dechocolate o baadas en este. Se les dijo a las participantes que podan comer cuantas galletas necesitaranpara constatar la calidad de las mismas. Lo que ellas no saban era que las bandejas se pesaran antes ydespus de servirlas, de modo que los investigadores podan calcular exactamente cuntas galletas sehaban comido. Cuando las galletas se pesaron, se descubri que las participantes que estaban siguiendouna dieta y que pensaban que ya se haban saltado su rgimen diettico, haban comido un cincuenta porciento ms que las que no seguan ninguna dieta. Por otro lado, las participantes que pensaron que noestaban excediendo el lmite de su rgimen de caloras comieron la misma cantidad de galletas que las queno seguan ninguna dieta.

    Una vez ms comprobamos que se trata de los objetivos que nos hayamos jado y de nuestra percepcinde lo lejos, o cerca, que nos encontremos de conseguirlos. Cuanto ms lejos creamos estar de conseguir elobjetivo jado, tantos ms qu diablos! habr en nuestro comportamiento. Y esta tendencia es aplicablea una gran variedad de objetivos, y no solo al tema diettico. Tal vez su meta sea dejar de fumar. Se pasausted un par de semanas sin fumarse un cigarrillo, y una noche va a una esta con unos amigos, parte delos cuales fuman. Usted se dice que como ya han pasado dos semanas sin fumar, bien puede encender un pitillotratndose de un acto social como el que est viviendo. Esa misma noche, un poco ms tarde, sus amigos siguenfumando y la esta est en todo su apogeo, por lo que usted se dice. Bueno, ya he fumado un cigarrillo estanoche, as que qu diablos!, bien puedo fumarme otro. No ha de pasar mucho tiempo hasta que tenga quehabrselas con el hecho meridiano de que no ha sabido cumplir en absoluto con su propsito, y quetendr que empezar de nuevo.

    Una clase diferente de control

  • Hasta aqu todo lo que hemos estado tratando en este captulo tiene que ver con la aplicacin del control(o con la falta del mismo). Pero existe una manera completamente distinta de autocontrol que realizamossin apenas darnos cuenta de ello. Pero contemos primero una pequea historia.

    Elton es un lntropo que se dedica a recabar fondos para construir hospitales peditricos por todo elmundo. En algunas ocasiones colabora con instituciones locales para desarrollar negocios que ayuden aconstruir un nuevo hospital, generalmente destinado al Tercer Mundo, en donde se necesitandesesperadamente. En otros casos acta de forma directa con posibles patrocinadores para descubrirhospitales que necesiten ayuda, trabajando intensamente para establecer la logstica necesaria que permitaun buen uso de los fondos recaudados. Durante los ltimos quince aos, ms o menos, ha ayudado arecaudar mil millones de dlares para hospitales peditricos de cincuenta pases; el equivalente a ayudar aunos cien mil nios para que tengan los cuidados sanitarios esenciales que jams llegara a tener sin laexistencia de esos centros hospitalarios peditricos funcionando a pleno rendimiento en sus respectivospases.

    A Elton se le present un problema de ndole tica en el curso de su trabajo. Algunos patrocinadores noestaban tan interesados en mejorar la salud infantil como en conseguir ciertas prebendas de lasautoridades locales, las cuales a la vista de las inversiones que se estaban realizando en el pas hacan lavista gorda en las manipulaciones que se traan entre manos esos inversores. En ocasiones pasaban poralto regulaciones aduaneras, reducan los impuestos e, incluso, en casos extremos pasaban por altoactividades claramente ilegales.

    Generalmente, el lntropo es consciente de que esas cosas suceden; y sabe tambin que si las actividadesen cuestin son srdidas las cantidades de dinero que recibir para su proyecto se vern incrementadas.Sabe, por tanto, por qu est recibiendo ms dinero y que tambin podra rechazarlo. De hecho, podraponer n al trato o, como mnimo, rechazar todo tipo de cooperacin. S in embargo, no lo hace. Para l lascosas estn equilibradas. S i no participara en esos chanchullos no podran construirse ni mantenerse loshospitales que tanto necesitan los nios. Ignora esos comportamientos poco ticos y, en ocasiones, inclusoacepta cantidades que no son otra cosa que sobornos para que se mantenga callado. l piensa que, bueno,con ese proceder poco honesto est ayudando a llevar a cabo un trabajo noble.

    Lo que Elton piensa, y lo que hace, ilustra claramente lo que los psiclogos han apodado en sus ltimasinvestigaciones como efecto moral de autoregulacin; es decir, la tendencia en algunos casos a equilibrarnuestros actos poco honestos con la realizacin de otras actividades morales; y en otras ocasiones, nohaciendo nada en absoluto 7.

    Cuando hacemos un acto moral para compensar otro inmoral, estamos comprometidos en lo que sedenomina limpieza moral. Cuando no hacemos nada o, incluso, realizamos algo considerado comoinmoral (porque consideramos que ya hemos hecho sucientes cosas buenas como para permitirnos algnactividad incorrecta), nos hemos metido de lleno en lo que se denomina concesin moral.

    Gran parte del marketing verde se basa en la suposicin de que la gente comprar aquellos productosque les permitan compensar otras deciencias de tipo moral que tienen en su vida. Otras formas de estosmensajes verdes, como esa que aparece en los hoteles de lujo en los que se pide a los clientes que seanparcos en el uso de las toallas de bao, emplean la misma dinmica. Al cliente no se le ofrece otra cosa, acambio de que no utilice demasiado las toallas, que un sentimiento de contribuir al bienestar del medioambiente. Ese sentimiento que le compensar al usuario de su mala conciencia por no hacer lo mismo ensu casa (por poner un ejemplo). Mientras tanto, el hotel se benecia notablemente al reducir los costes dellavado. (No pretendo aqu criticar las campaas que se hacen para mejorar el medio ambiente, sino tansolo exponer cmo se manipula el autocontrol moral en determinadas situaciones).

    La sutileza de este efecto se encuentra al mismo nivel que un ruido de fondo: aunque est producindoseconstantemente, no es fcil que le prestemos atencin. Lo que realmente importa es que recordemos que

  • utilizamos mecanismos como la autorregulacin moral para lograr un equilibrio emocional y parasentirnos ms a gusto con el puesto que ocupamos en este mundo. Ese equilibrio hace feliz al cerebro, yesa sensacin de comodidad es como la guinda del pastel.

    Ms adelante volveremos a tocar este punto que se reere a las maquinaciones del autocontrol, peroahora vamos a ocuparnos de uno de los ciclos de mayor incomprensin que est presente en la vida detodos nosotros: el ciclo del lamento y de todas las emociones que lo rodean.

  • MCaptulo 8

    Querer, conseguir, lamentar, repetir

    Lo veo perfectamente claro; hay dos opciones posibles: poder hacer esto o aquello. Mi honesta opinin y amistosoconsejo es este: Tanto si lo hace como si no lo hace, siempre lamentar cualquiera de las dos opciones.

    SOREN KIERKEGARD, Equilibrio entre esttica y tica, vol. 2: O O

    Ir a Z en lugar de ir a Y Por qu?

    ADISON nunca estuvo muy segura de si quera ser abogada. Tras pasarse dos aos en un bufete,lleg a la conviccin de que nunca llegara a ser una buena abogada. Las expectativas que habapuesto en la profesin tal vez hubieran estado erradas, o quiz haba tenido desde el principio unavisin muy ingenua del mundo de las leyes. No le importaba reconocer ahora cualquiera de estasdos hiptesis, pero tal reconocimiento no le haca ms fcil la vida de cada da. Continuar ejerciendouna profesin que no le inspiraba el menor grado de pasin ni de compromiso era una perspectivaverdaderamente horrible; pero cmo iba a poder cambiar ahora de direccin despus de habersepasado aos en esta profesin, por no hablar de los enormes gastos que le haba ocasionado llegarhasta donde haba llegado, y que le llevara aos en poder amortizarlos? Para Madison cada da

    constitua un renovado motivo de lamentaciones.

    Tras ver una estampa como esta estoy seguro de que cualquier lector recordar con desagrado algunasituacin parecida que le haya podido pasar en la vida, tal vez no tan extrema como la expuesta; pero noexiste ser humano que no haya tenido que lamentar en su vida alguna decisin, fuera en el campo quefuera. De hecho, ms de una. Nuestro cerebro vive la lamentacin como una forma de prdida y, como yahemos visto, el evitar esa sensacin de prdida es lo que le hace feliz. El problema es que no siempre resultaposible evitar la lamentacin. Y el intentarlo constituye un asunto a veces peligroso. Tambin nosequivocamos al juzgar lo que es, en realidad, la lamentacin; porque encubre formas que se materializanen nuestro cerebro con distintos niveles de prdida. La lamentacin es un tema sumamente complicado ydecepcionante por los miedos y repulsas que produce; por no mencionar un campo muy diferente: el de losmiles de canciones, poemas que ha inspirado a lo largo de la Historia.

  • En este captulo vamos a intentar desvelar, al menos, parte del enigma que encierra.

    Wile E. Coyote, las novias tramposas y eBay

    Para aquellos de nosotros que crecimos viendo los programas de dibujos animados de Looney Tunes, de laWarner Brothers, las peripecias de Correcaminos era una visin obligada la maana de los nes desemana. La idea era muy simple: un correcaminos (pjaro muy rpido que vive en el desierto) escontinuamente perseguido por un desesperado coyote. Haga lo que haga el coyote, incluso utilizandotodas las triquiuelas prohibidas por la Asociacin de Amigos de los Animales, el correcaminos se lascompone de manera que siempre logra escapar a sus zarpas. El primero de la serie de estos dibujosanimados sali al aire en 1949, y desde entonces el increble do ha aparecido en incontables episodiosrealizados tanto para la televisin como para el cien. Con un argumento tan sencillo y tan solo dospersonajes, es curioso comprobar cmo se pudo mantener este programa durante ms de sesenta aos.Volveremos a este tema en un momento.

    El director cinematogrfico Steven Soderbergh se ha hecho famoso por una serie de pelculas en la que setocan temas escabrosos y en las que l no se anda con muchos miramientos. Su estilo es proporcionar a losespectadores una visin del tema que sea lo ms realista posible, utilizando cmara en mano, unailuminacin muy cambiante y situando a los espectadores en el centro de la accin. En 2009 se interes porla prostitucin de alto nivel en una pelcula titulada The Girlfriend Experience. La pelcula expone el caso deuna serie de prostitutas de mucho xito que intentan seguir subiendo en su standing. Tal como sedesprende del ttulo de la pelcula* el argumento se basa en cmo mantener una relacin ertica con unahermosa prostituta sin tener que complicarse la vida. Los clientes de la muchacha son individuos ricos,generalmente casados, y cada uno de los cuales busca experiencias erticas diferentes. Algunos buscanexclusivamente sexo, otros lo nico que desean es hablar. Al mismo tiempo, la protagonista pretendeseguir manteniendo la relacin con su novio, el cual adopta una extraa forma de comprender el ocio desu chica; una relacin que terminar fracasando, a medida que la pelcula avanza. En cierto momento, laprotagonista considera que tal vez pueda tener una relacin seria con uno de sus clientes, cosa a la queeste accede pensando que la cosa pueda funcionar. Como era previsible, la relacin no funciona. En cuantose abre el abismo existente entre la ya conocida experiencia amorosa y la nueva y seria relacin de pareja,la fantasa llega a su fin.

    A usted le va a llevar mucho tiempo y mucha energa encontrar a alguien que no haya cado en latentacin de hacer alguna puja en el mercado de eBay*. Se han realizado innumerables investigaciones yescrito libros sobre este fenmeno de subastas online. Tiene un inters especial conocer lo que anima a lagente a seguir pujando sobre artculos de segunda mano, incluso cuando el precio excede el valor de eseartculo cuando era nuevo; o qu cantidad estaba dispuesto a pagar en un principio el posible comprador1.

    Al estudiar este fenmeno se han citado muchos factores que lo puedan causar y no hay duda de quelas razones no son las mismas para todo el mundo, pero el motivo que parece mostrarse como el mspoderoso parece ser el atractivo de ser el primero en ganar la puja. De hecho es tan poderoso que trasconcentrarse durante das en conseguir un artculo y pelearse con los contrincantes que tambin quisieranadquirirlo, una vez logrado su empeo los apostadores suelen experimentar una especie dederrumbamiento emocional. Por supuesto que han ganado la puja y en pocos das recibirn por correo el

  • artculo conseguido. Pero la excitacin no viene incluida en el paquete.

    Como estoy seguro de que ya se habr dado cuenta usted, los tres ejemplos que le he presentadocomparten un mismo tema: la fuerza de tener la satisfaccin de conseguir lo que uno se haba propuesto.La razn de que la serie de dibujos animados, que ya cuenta con sesenta aos de existencia, y que no tienems que dos personajes, un coyote y un pajarillo, siga en candelero, es que en ella nunca decae la tensin.La cosa no tendra gracia si el coyote lograse atrapar al correcaminos. A la gente le gusta estos dibujosanimados porque Coyote desea, con todas las bras de su corazn, conseguir su premio; y es por ello porlo que es conveniente que siempre fracase. Para la chica de alterne, seguir con su provechosa profesin nole es suciente, ya que lo que desea es lograr una experiencia duradera. El objetivo de la energa (y eldinero) empleados en ese propsito viene dada por la tensin de conseguir algo que nunca va a realizarse.Y para los apostadores de eBay el motivo que los lleva a hacer cada vez mayores apuestas es sencillamentela emocin de la caza; aunque bien pudieran haber conseguido el objeto subastado por mucho menosdinero, y sin el menor gasto de tiempo y energa, en cualquier tienda de ocasin.

    Conseguir el objeto que uno se ha propuesto suele llevar con frecuencia a un sentimientodesesperanzado que se ve sazonado con el ingrediente de la confusin. A eso se le llama la lamentacin delconseguir; un sentimiento de prdida para el que, si se nos permitiera, podramos preguntar: Y ahora,qu?.

    Cantando las melodas de la habituacin

    Y como ya poda suponer usted, nuestro cerebro tiene una respuesta para esa pregunta: jarse una nuevarecompensa. Semejante respuesta tiene sentido, porque el sistema de recompensas del cerebro se hallaestructurado para llevarnos a una continua bsqueda de benecios, ya se llamen comida, agua, sexo,cobijo o aquello con lo que se puedan conseguir todo eso: dinero y todo lo que con este se logra.Evidentemente, el problema estriba en que cuando logramos lo que ansibamos el juego se ha acabado.Los psiclogos denominan habituacin a ese sentimiento de acostumbramiento que nos inunda al cabo deunos das o de unas pocas semanas de haber conseguido el objeto en cuestin 2.

    Un ejemplo de este proceso que podemos comprobar diariamente lo constituyen la compra de losaparatos de las nuevas tecnologas, ya se trate del ordenador ltimo modelo, la consola de videojuegos oun telfono porttil supermoderno. Al principio nos sentimos entusiasmados, incluso antes de realizar lacompra. Cuando nalmente lo adquirimos, aquel estado de entusiasmo da paso a una acin intensa, lacual, a su vez y al cabo de unas semanas, se convertir en un sentimiento de aprecio neutral. Todo esteproceso puede durar un cierto tiempo pero, finalmente, el objeto que tanto desebamos se convirti en otrams de la coleccin de sus pertenencias que tiene cierta utilidad (en el caso de que siga siendo til). Aquellasensacin inicial de entusiasmo ya nunca ms podr ser recuperada por ese objeto, una vez que se hayacerrado el crculo de su ciclo de inters. Cul es entonces la respuesta del cerebro? Centrarse en laadquisicin de otra cosa y reiniciar as el proceso de entusiasmo.

    De hecho, el sentimiento de pesar puede anticiparse incluso antes de que nalice el proceso que hemosmencionado. Las investigaciones demuestran que el pesar, la lamentacin, es uno de los factores que

  • ms inuencian en la toma de decisiones, porque hemos sentido con tanta intensidad la anticipacin delpremio, que una vez conseguido este nos produce mucho menos entusiasmo del que imaginbamos. Amenudo la despreocupacin incluso se produce antes de que haya concluido la toma de la decisin 3.

    Varios ejemplos van a ilustrar este proceso. Por ejemplo, pensemos en un hombre o en una mujer que seha divorciado y vuelto a casar repetidas veces. La investigacin psicolgica sobre la habituacin en lasrelaciones indica que muchas personas nunca llegan a lograr el entusiasmo esperado, una vez que tienelugar el compromiso. Entonces ese sentimiento de pesar llena el vaco, y el matrimonio se resiente por ellohasta que termina por deshacerse. No es ninguna coincidencia que el porcentaje de divorcios de segundosmatrimonios sea ms elevado que el de los primeros. Intentando volver a tomar el anticipo de larecompensa desencadena un nuevo ciclo de habituacin y pesar.

    Otro ejemplo que puede resultarnos familiar a muchos de nosotros es el que se reere a la compra de uncoche nuevo. No es infrecuente experimentar esa sensacin de pesar incluso antes de que se hayaconcluido la compra, porque en cuanto el posible comprador entra en la sala de exposiciones se enfrenta ala comparacin existente entre el coche que pretende comprar y todos los otros que estn all expuestos. Alcomprobar la serie de prestaciones que tienen esos coches y las carencias del que va a comprar, se vaabriendo un poco ms la puerta a esa sensacin de pesar. Cuando el coche ya est comprado, empiezan lasinevitables comparaciones con los otros coches que pasan por la calle, con los modelos que se ven en latelevisin, en las revistas, etc. En estos casos el proceso de la habituacin y el del pesar, o lamentacin,marchan paralelos.

    O, por ejemplo, consideremos el hecho de cambiarse de ciudad para empezar un nuevo trabajo. Escorriente creer que el nuevo puesto ser notablemente mejor que el que hasta ahora hemos tenido. Lanovedad viene envuelta en una especie de atraccin mstica, aun cuando resulte increblemente corta, yraramente cumpla las expectativas previstas (debido a que tales expectativas estn coloreadas por el deseoinalcanzable de un entusiasmo perenne). Cuando nos trasladamos al nuevo lugar y empezamos adesempear el nuevo puesto, se vuelve a establecer el mismo ciclo de lamentacin y pesar de esarecompensa que no se alcanzar. Por ello no hay que desechar el curioso pero intuitivo dicho: Vayasadonde vayas, siempre sers t.

    Un lamentable enfrentamiento: Necesidad frente a Atraccin

    Pongamos por caso que se encuentra en una subasta de eBay y ve que se est subastando algo que desea. Noduda en pelearse a brazo partido por conseguirlo, y he aqu que cuando est a punto de lograrlo pierde la pujaante un nuevo cliente de ltima hora. Molesto por lo sucedido se da una vuelta por el local y encuentra el mismoartculo, ms caro, en una oferta del momento. Sin dudarlo lo compra, pagando por l una cantidad notablementesuperior a la fijada al final de la subasta que acaba de perder. Una semana ms tarde el artculo le llega a casa. Alabrir el paquete se quedar entusiasmado, verdad? Pues no. De hecho, incluso no logra recordar por qu le pudogustar tanto ese objeto en su momento. Y esa misma noche lo devuelve para que lo subasten en eBay.

    Tiene esto algn sentido para usted?

    Un estudio publicado por la revista Psychological Science indica que este escenario, con cualquier tipo deelementos que quiera aadirle, no solamente es verosmil, sino previsible; y que tiene mucho que ver con la peculiarrelacin amor-odio entre lo que se desea y lo que a uno le gusta, con las lamentables consecuencias que elloproduce.

  • Como todos hemos podido comprobar, cuando usted realmente desea algo pero no le es posible conseguirlo, eldeseo se incrementa. Esto es tan cierto en el caso de los objetos como en las personas. El sndrome del amanterechazado es uno de los temas favoritos de Hollywood, porque casi todo el mundo tiene cierta experiencia en ello.Los investigadores iniciaron su trabajo con ese fenmeno tan bien conocido y quisieron saber cmo se podrancrear una dinmica de contra-impulso entre lo que es el querer, o desear, y el gustar: es decir, qu es lo que leimpulsa a alguien a perseguir su deseo incluso despus de que ese gusto haya desaparecido.

    En el transcurso de un experimento se les ofreci a los participantes la oportunidad de ganar el premio quedecan que les gustaba. Cuando no lo consiguieron (dicho de otro modo: cuando su deseo qued frustrado), seles ofreci otra oportunidad: la de comprar el mismo objeto por ms dinero que el de su precio de coste. Por unamplio porcentaje aquellas personas que haban quedado frustradas lo hicieron. Pero cuando, posteriormente, seles pregunt si queran deshacerse del citado objeto, la mayora de los que se haban quedado frustrados por nohaberlo conseguido en su momento dijeron: S, puede llevrselo.

    En otro experimento se les concedi a los participantes la oportunidad de ganar unas gafas de sol de la marcaGuess. A los que fallaron y no pudieron ganar las gafas se les propuso que escogieran entre un reloj de pulseramarca Guess y otro de marca Calvin Klein. La mayor parte de los que habran fracasado escogieron el reloj marcaGuess. Tal vez usted piense que lo escogieron porque les gustaban los productos Guess, verdad? Pues no.Cuando se les pidi que hicieran una valoracin de los relojes Guess, sorprendentemente los valoraron muy bajo.Qu es lo que estaba pasando entonces? El equipo de investigadores cree que cuando nuestro deseo se veincitado, nos encontramos en un intenso estado emocional de seguir la moda. Pero cuando somos rechazados, laintensidad de nuestra emocin se hace negativa, y esa negatividad se adhiere al objeto que originalmentedesebamos, catalizando de este modo un sentimiento de pesar. Lo curioso del caso es que esa misma intensidadtodava nos empuja a conseguir (o a intentar conseguir) el objeto que desebamos, incluso cuando ya ha dejadode gustarnos 4.

    El enigma del antiobjetivo

    Pese a su evidente negatividad, el pesar posee realmente una importante funcin de adaptabilidad. S in esesentimiento nuestra capacidad para aprender, para cambiar y progresar no conseguira lo que hanecesitado siempre nuestra especie para sobrevivir y esforzarse. El pesar, como instrumento de aprendizaje,se produce a travs de algo llamado pensamiento antiobjetivo, una dinmica que tiene dos los tan agudoscomo los de una navaja 5. Cuando volvemos la vista atrs sobre una decisin y pensamos: S i hubierahecho A en lugar de B, entonces no tendra que habrmelas con el horrible C, estamos cayendo en elpensamiento antiobjetivo.

    En el caso que pusimos al principio de este captulo, Madison piensa que si se hubiera dejado llevar porsu objetivo de convertirse en una buena diseadora grca, y no se viese atemorizada ante la perspectivade encontrar un buen trabajo tras concluir la carrera, no tendra que lamentarse ahora de tener quetrabajar como abogada. Como implica su mismo nombre, el pensamiento antiobjetivo engloba una formade pensar sobre lo que hubiera o pudiera haber sucedido si se hubieran dado una serie diferente de hechos.Desde el punto de vista del aprendizaje, esto puede ayudarnos inmensamente, porque la prxima vez quetengamos que enfrentarnos a una situacin similar tendremos muy presentes los resultados de nuestro

  • pensamiento antiobjetivo y no cometeremos los mismos errores (o, al menos, esperemos que as sea).

    Desde un punto de vista de salud emocional, el emplear mucho tiempo en el examen de los antiobjetivospuede acarrearnos consecuencias graves 6. S i no dejamos de darle vueltas a la mala decisin tomada, ytodo cuanto podamos hacer es evitar un mal resultado, las emociones negativas obstruirn los beneciosde lo que hayamos podido aprender. Para las personas que sufren de depresin, el pensamiento obsesivoantiobjetivo es como echarle gasolina al fuego.

    Por desgracia, el procurar no pensar en las malas decisiones tomadas es un hbito que cuesta muchoromper. Nuestro cerebro vuelve una y otra vez sobre estas decisiones porque el hecho de aprender de loserrores es una razn fundamental para que el cerebro pueda sentirse bien. El problema estriba en quecarecemos de un elemento interior que regule hasta qu punto debemos aprender de ese proceso. De estemodo lo que hubiera podido ayudarnos termina por perjudicarnos.

    Cmo manipulan el pesar los grandes almacenes

    Dado que la lamentacin es una dinmica poderosa, constituye una de las tcticas reina utilizada por los quedesean, mediante zalameras, llevarnos a su terreno en el plano comercial. Por e jemplo, un vendedor tratar deexponernos los factores que benecian una compra para que los tengamos en cuenta y no tengamos quelamentarnos ms tarde por no haberle hecho caso. Es as como los grandes almacenes venden los sistemas deseguro de los productos que venden; algo que realmente es un benecio ms para ellos, pues el comprador casinunca va a necesitar ese seguro. Es posible que usted haya odo esta estrategia de los labios del vendedor alcomprar, por e jemplo, un televisor o un ordenador: El seguro de este artculo no llega siquiera al cinco porciento de su coste total. Y de este modo usted siempre se sentir tranquilo si se da el caso de un brusco cambiode potencia que dae irreparablemente su equipo. Lo de los bruscos cambios de potencia constituye elargumento preferido para suscitar en usted el pensamiento antiobjetivo. Evidentemente, usted no puede saber sialguna vez se dar el caso de ese brusco cambio de potencia.

    I magnese, sigue soltando su rollo el vendedor, que usted no se hace el seguro y dentro de un ao sutelevisor de dos mil euros queda totalmente destrozado por un brusco cambio de corriente. El cliente empieza apensar en esa posibilidad futura, y en ese televisor que ha situado tan a gusto en su saln y que, de repente, sehace polvo con los dos mil euros que ha pagado por l. Es que, acaso, su seguridad futura no vale ms que esemiserable cinco por ciento? Por supuesto que es una idea excelente la que le estn proponiendo. Pero, pinseloun poco ms detenidamente. Porque es muy probable que est pagando por algo totalmente innecesario.

    Y cules son las buenas noticias?

    Entonces, qu podemos hacer? Investigaciones recientes indican que podemos entrenar a nuestrocerebro para suavizar las expectativas de la recompensa sin llegar a anularlas (se pueden producir ciertosdaos cerebrales por la prdida de expectativas de recompensa; no es algo que la mayora de nosotros

  • quisiera perder). Al mismo tiempo la investigacin psicolgica indica que cuando tomamos decisionessobre lo que queremos, el concentrarse en experiencias que tienen que ver con los amigos y la familiaconllevan mayores recompensas y mucho menos pesar a largo plazo, que si se reeren a simples comprasde objetos materiales. El tema es ms complicado cuando nos referimos a las relaciones sociales, pero hayinvestigaciones serias que tambin han arrojado luz sobre este tema.

    Profundizaremos ms en estas apreciaciones en el captulo 15. De momento hemos de dedicarnos aexaminar el terreno en el que todos nos movemos; y qu es lo que nos dicen las investigaciones sobre lainfluencia que poseemos y las influencias que nos poseen a nosotros.

  • Parte 4

    La influencia de los flujos y reflujos sociales

  • Captulo 9

    La vida social con monos como nosotros

    La sociedad es un baile de mscaras en el que todos esconden su carcter, y lo revelan al esconderlo.

    Ralph Waldo Emerson, Conducta de vida

    El mono ve, el mono teatraliza

    La profesora Laurie Santos es una de las primatlogas ms destacadas del pas. Desde su puesto dedirectora del Yale University CapLab (el Aka, Laboratorio de Cognicin Comparativa) ha logradocomprender sistemas sociales que tienen los monos de la especie capuchino, que desafan muchas de lassuposiciones mantenidas durante largo tiempo sobre las distinciones existentes entre los monos y los sereshumanos. Explica ella que, a veces, observar a los capuchinos es como si uno estuviera viendo unatelenovela (sin esos horribles dilogos). Los monos desarrollan sentimientos de celos, de pena, depreocupacin, de alegra y de otras emociones que solamos creer que eran exclusivas de los sereshumanos. Ellos tambin chismorrean sobre sus parejas, roban y se apartan de los otros, igual que lohacemos los humanos. Tal como parece, la dinmica de la sociedad de los monos no diere de la nuestra y,en algunos aspectos, es increblemente parecida.

    Lo que ya no se parece, segn apunta la doctora Santos, es cmo nos comportamos humanos ymonos en nuestros respectivos ambientes sociales. La razn de esta diferencia radica en que la evolucinnatural y la evolucin cultural se mueven a velocidades completamente distintas. Santos comenta: Lacultura se mueve mucho ms deprisa que la seleccin natural; demasiado deprisa para que la seleccinnatural pueda afectarnos biolgicamente 1.

    Otro argumento que apuntala esta observacin es que nuestra infraestructura social es mucho mscompleja que la que hubiera podido prepararnos la seleccin natural. Cuando observamos a los monos,vemos especies que muestran trasfondos emocionales similares a los nuestros, y los tratan con lashabilidades bsicas que encajan con sus necesidades.

  • Por otro lado, si nos observara una raza de extraterrestres veran en nosotros una especie de seres queluchan a brazo partido para habrselas con la complejidad social en la que nos hallamos inmersos y queamenaza con ahogarnos el da menos pensado.

    Lo que todo esto quiere decir es que nuestro cerebro est, en muchos sentidos, en desacuerdo connuestro entorno social. El cerebro feliz es protector, predecible y conservador; unas caractersticas que noson las que mejor encajan en una sociedad que concede un alto valor a la imprevisibilidad, a la rapidez y alconsumo. S in embargo, aqu es donde nos encontramos, y nuestra cultura social se las arregla parasubsistir sin que importen las enormes dicultades existentes. Al n y al cabo, somos los artces denuestra sociedad. As pues, sigamos excavando un poco ms.

    Oye t, que te estoy evaluando!

    Empezaremos por un elemento esencial de la dinmica social: las primeras impresiones. Todos sabemosintuitivamente la importancia que tienen las primeras impresiones. Desde una edad muy temprana elmantra que reza Nunca olvides una primera impresin est grabada en nuestra psique. Pero qu es loque sucede realmente cuando nos encontramos por primera vez con una persona que nos produce unenorme impacto? Investigadores de las universidades de Nueva York y de Harvard trabajaronconjuntamente para identicar qu sistemas neuronales son los que entran en juego en ese primercontacto. A n de llevar a cabo ese trabajo el equipo investigador cre un nuevo experimento en el que seexaminaba la actividad cerebral cuando los participantes mostraban sus primeras impresiones sobreindividuos de ficcin 2.

    A los participantes se les proporcionaron los perles de veinte individuos en los que se describandiferentes rasgos de su personalidad. Los perles se acompaaban con fotografas de esos personajescticios, incluyendo escenarios en los cuales se mostraban los rasgos positivos (por ejemplo, inteligencia) ylos negativos (por ejemplo, pereza) de dichos individuos.

    Una vez ledos esos perles se preguntaba a los participantes que evaluaran lo mucho que les gustaba odesagradaba cada una de esas personas. Estas impresiones variaban dependiendo del valor asignado a lostrazos positivos y negativos. Por ejemplo, si un participante valoraba la inteligencia ms que laagresividad, se estableca una impresin positiva del perl en lo referente a la inteligencia. Durante estasimpresiones del periodo de formacin se estudi la actividad cerebral de los participantes mediante unmecanismo de representacin ptica por resonancia magntica (fMRI). Basndose en las evaluaciones delos participantes, los investigadores pudieron determinar la diferencia de la actividad cerebral cuando seenfrentaban a una informacin que se mostraba como la ms importante a la hora de establecer la primeraimpresin.

    Dos zonas cerebrales mostraron una actividad importante durante la codicacin de la impresin msrelevante: la agmdala que, segn las investigaciones realizadas al respecto, se ha vinculado al aprendizajeemocional sobre objetos inanimados y valoraciones sociales de conanza; y el crtex cingular posterior,que tambin se encuentra vinculado con la toma de decisiones econmicas y la valoracin de lasrecompensas.

  • Estas dos zonas cerebrales se hallan unidas a la forma de cmo determinamos el valor de las cosas (oprocesamiento del valor, si preere que lo llamemos as). S i bien la lnea del estudio de los resultados dela interferencia conductual nunca es perfectamente recta, parece que este estudio indica que todosposeemos elementos cerebrales que se muestran como severos evaluadores de la otra persona, incluso antesde que se pronuncie la palabra Hola. La evaluacin subjetiva que hacemos cuando nos encontramos conuna persona desconocida incluye por decirlo de forma directa lo que signica para nosotros. Estainterpretacin no es en modo alguno tan cnica como pudiera parecer. En gran parte estamos inclinados aevaluar a los dems sobre una base de conanza; y para nuestros cerebros la conanza est unida a larecompensa. Tanto el hecho de ganarnos la conanza del otro, como el sentirnos cmodos al ampliarnuestra conanza a esa otra persona son recompensas en el lenguaje de un cerebro feliz. Por consiguiente,tiene sentido que nuestro cerebro comience su evaluacin desde el primer momento en que establecemos larelacin con la otra persona.

    Otro aspecto, no tan evidente, sobre las primeras impresiones, es que la impresin que tratamos de darinuencia en la manera cmo evaluamos a los dems. Este es el descubrimiento que se hizo con un estudioen el que se incluan cientos de participantes a los que se les proyect un corto cinematogrco, y sobre elcual deban debatir posteriormente con otro de los participantes 3. A la mitad de estos se les proporcionun formulario de impresin de la gestin del objetivo para que mostraran su impresin sobre el carcterintrovertido, extravertido, elegante, able o feliz que haban apreciado. Tras el debate, los participantes seevaluaban a s mismos y a la persona con la que haban hablado, sobre distintos rasgos de la personalidad.Aquellos que tenan su propia impresin de la gestin del objetivo concedieron a la otra persona, a travsde la conversacin mantenida con ella, una calicacin baja en aquellos rasgos conductuales que tratabande mostrar en s mismos, y no en ningn otro rasgo de la personalidad.

    Parece que esto es debido a que cuando tratamos de mejorar un rasgo determinado en nosotros, deforma inconsciente incrementamos el nivel de exigencia de ese mismo rasgo en los dems, por lo que nosuelen satisfacernos. As pues, porque esa otra persona a la que usted intenta impresionar no le parezcatan sociable o segura de s misma como cree ser usted, no debe pensar que en realidad no lo sea. Podrasuceder que su cerebro no logre adecuarse a sus cambios de perspectiva.

    Razones para dudar de THOMAS

    Segn el neuroeconomista Paul Zak lo ms importante de poder hacer una estafa no es convencer al incauto paraque confe en usted, sino ms bien convencerle a l de queusted confa en l. El sistema neuroqumico que tieneque ver con la estafa es la oxitocina humana* que acta en el sistema de adhesin. (Las siglas en ingls sonTHOMAS: The Human Oxytocin Mediated Attachment System). THOMAS es un poderoso circuito cerebral quelibera la oxitocina neuroqumica cuando nos mostramos confiados, e induce a que deseemos obtener la mismasensacin de confianza en la persona que tenemos enfrente aunque se trate, incluso, de un extrao. CuandoTHOMAS es activado por alguien que muestra confianza, nos volvemos ms vulnerables a las trampas de unapersona sin escrpulos. El crtex prefrontal, en donde se asienta nuestra capacidad de deliberacin, y por tanto delas facultades ms vigilantes, se repliega dejando que THOMAS flirtee con el desastre. La otra cara de esta monedaes que si THOMAS no funcionara, jams podramos empatizar con nadie o mantener relaciones con otras personas.La investigacin de Zak indica que un 2 por ciento de las personas con las que nos tropezamos en situaciones deconfianza son individuos inseguros. Suelen mostrarse engaosos, incapaces de mantener relaciones duraderas, yque disfrutan aprovechndose de los dems. Resultan especialmente peligrosos porque han aprendido a simular lafiabilidad, lo que los hace parecidos psicolgicamente a los socipatas4.

    * Oxitocina: hormona existente en el lbulo posterior de la hipfisis, que tambin estimula la contraccin uterina. (N. del T.)

  • Cmo poder reducir nuestros contactos sociales

    Lo primero que hemos de tener en cuenta: vamos a trabajar en la dinmica de las relaciones ms comunes:las amistades y las relaciones sociales. Con el inicio de la edad de los contactos a travs de la red, estasrelaciones han empezado a navegar en aguas cada vez ms turbias; y no porque esta clase de contactossociales los haga necesariamente menos vlidos, sino porque la interaccin de tipo virtual hace ms difcilpoder identicarlos adecuadamente. Vamos a examinar un aspecto de esta ambigedad: la renovacin queha experimentado el concepto de las relaciones a lo largo del tiempo.

    Los socilogos han debatido desde hace mucho tiempo si es la preferencia personal o el contexto social elque ejerce mayor inuencia a la hora de conocer personas o de establecer nuevas relaciones (por ejemplo:ha conocido usted al que hoy es su marido en un bar, o porque se lo present una de sus mejoresamigas?).

    El socilogo Gerald Mollenhorst quiso aventurarse en el conocimiento de esta cuestin realizando unestudio en el que investig cmo el contexto en el que conocemos a las personas se ve inuenciado por elmundo social de las redes sociales 5. Para su sorpresa descubri que perdemos y reemplazamos casi lamitad de nuestras amistades cada siete aos; en consecuencia, la amplitud de nuestras relaciones socialessigue mantenindose igual a lo largo del tiempo. Mollenhorst dirigi una encuesta con 1007 personas deedades comprendidas entre los dieciocho y los sesenta y cinco aos. Siete aos ms tarde volvi a contactarcon las personas anteriormente encuestadas, y entrevist a 604 personas. Los entrevistados respondieron apreguntas tales como: Quin le habla a usted de temas personales importantes? Quin le ayuda a realizarproyectos en su hogar? A quin le hace usted alguna breve visita? Dnde lleg usted a conocer a esapersona? En dnde se encuentra ahora con esa persona?

    Mollenhorst descubri que el tamao de las redes sociales permaneca estable, pero que muchos de susmiembros eran nuevos. Solamente el 30 por ciento de las amistades originales seguan manteniendocontacto entre ellas al cabo de siete aos; y solamente el 48 por ciento de todos los contactos seguanformando parte de la misma red social. La oportunidad que tenemos de escoger a nuestros amigos se velimitada por las circunstancias; y, con frecuencia, la gente elige a sus amistades en el contexto en el queanteriormente ya logr hacerlas. S i en la charca hubo peces la primera vez, por qu no volver a pescar enella? Como contraste, en el estudio se pudo comprobar que la gente suele separar cosas como el trabajo, losclubes sociales y los amigos, aunque el estudio tambin demostr que con frecuencia estas caractersticascoinciden.

    Las preferencias sociales de un cerebro feliz

  • As pues, comprobamos que nuestras redes sociales no tienen nada de estticas. No solo esperamos que seproduzcan entradas y salidas en nuestros crculos sociales, sino que tambin reconocemos los factores queinuencian en ellos y los limitan. Otro de estos factores es el grado de anidad que podemos tener conalguien que todava no forma parte de nuestro crculo social; el sentimiento preexistente de estar con ode estar fuera que cada uno de nosotros percibe cuando establecemos un nuevo conocimiento. No essorpresa alguna que la gente tienda a preferir a los que pertenecen al mismo grupo. S i, por ejemplo, ustedes partidario acrrimo de un candidato poltico y se cruza con alguien que lleva en el parachoques de suvehculo la pegatina de apoyo a ese determinado candidato, usted experimenta un atisbo de sersemejante a esa persona. S i, por el contrario, la pegatina que lleva en el parachoques es del candidatooponente, sentir un ramalazo de ser distinto a esa persona. S i se le preguntara por qu, le diran que laprimera de esas personas probablemente comparte muchos de sus puntos de vista y que usted est, ms omenos, en su mismo equipo. En el caso del segundo conductor, la pegatina est diciendo que pertenece aotro equipo. De hecho, usted experimentar un sentimiento de conanza en la primera persona, que notendr con la segunda.

    Pero, por qu, exactamente, conamos en un extrao ms que en otro, si no conoce a ninguno de losdos? Esa pregunta se formul en un trabajo realizado por investigadores de la Australian NationalUniversity y la Universidad Hokkaido, de Japn6. El trabajo se inici estableciendo dos posiblesfundamentos para la conanza basada en el grupo. El primero posee un carcter estereotpico: la gentetiende a considerar a los miembros del mismo grupo como personas ms agradables, ms generosas, ablesy dignas. El segundo se basa en las expectativas: la gente tiende a esperar que sea mejor tratada por losmiembros del mismo grupo, porque se supone que tienden a valorar y a tener los mismos intereses queellos. A los participantes en el trabajo se les ofreci la eleccin de tomar una suma de dinero procedente deun miembro del mismo grupo, o de otro diferente (advirtindoles que tanto los de un grupo como los delotro les asignaran el dinero para que lo distribuyeran como mejor les pareciese). El resultado inicial fueque los participantes escogieron de forma aplastante la opcin del grupo con el que se alineaban. Y,sorprendentemente, este resultado se mantuvo incluso cuando las caractersticas del grupo simpatizantefueran ms negativas que las del otro grupo. Ya fueran buenas, malas o indiferentes, se pasaron por altolas caractersticas del grupo en favor de la identidad grupal. Pero cuando se les dijo a los participantes queel donante del dinero del grupo simpatizante no saba que ellos formaban parte de su mismo grupo, lasituacin cambi. Cuando sucedi eso, los participantes establecieron su eleccin basndose en elestereotipo. Es decir, si el grupo de los simpatizantes manifestaba una postura ms negativa, entonces losparticipantes preferan acogerse a la opcin del grupo con el que no simpatizaban, y viceversa.

    El poder que tiene la postura: un asunto de bioqumica

    Pongamos por caso que usted est a punto de discutir un tema importante con su director, y que est convencido de tener larazn. Hay dos formas en las que puede asistir a esa reunin: con una disposicin de seguridad fsica, dispuesto a dejar clarossus puntos de vista con voz fuerte y con unos movimientos impositivos de mano; o tambin puede ir con los brazos cados, lacabeza baja y una voz que apenas se oye. La opcin que escoja es algo ms que un tema de poltica interpersonal, porque afectartambin a su reaccin bioqumica.

    Los investigadores han realizado un estudio para descubrir si los gestos corporales, como los que acabo de mencionar,alteran realmente los niveles de testosterona (hormona asociada con la firmeza y el enfrentamiento al riesgo) y el cortisol(asociado a la ansiedad y al miedo). En otras palabras, confiere el poder postural una ventaja bioqumica que aumenta lasensacin de poder y de tolerancia al riesgo? Segn este estudio, as es. Los que ocupan puestos elevados y poderosos tieneestimulada la testosterona y reducido el cortisol. Los que, por el contrario, tienen poco poder experimentan justamente locontrario. Pero, qu est primero, la gallina bioqumica o el huevo conductual? Este estudio indica que la eleccin conductual

  • presiona las reacciones bioqumicas, sugiriendo que incluso esa persona insignificante puede alcanzar un gran estmulo con laayuda de un poco de potencia postural 7.

    Este estudio indica que cuando los miembros de un grupo simpatizante son conscientes de su semejanzaexiste la expectativa de recibir un mejor trato que el que podran recibir de los miembros del grupo de losdesemejantes. Pero cuando esa conciencia queda embarrada, la conanza en el estereotipo se viene abajo.Qu nos dicen estos estudios sobre nuestra predisposicin a la hora de escoger a un nuevo miembro denuestro mismo crculo social? Pues nos dice en primer lugar que generalmente empleamos criterios muyfrgiles a la hora de hacer juicios sobre la gente. Pensamos que un desconocido merece ms que otronuestra conanza, porque hemos valorado mucho, y de forma injusticada, su parecido con nosotros; oporque, sencillamente, no encaja en nuestro estereotipo. Ninguna de estas tendencias nos dejan en muybuen lugar, aunque ponen de maniesto tendencias bsicas que probablemente estn impresas a nivelneuronal. De hecho, la investigacin neurocientca ha identicado estructuras neuronales en nuestrocerebro que se correlacionan con nuestra predisposicin social. Todo ello constituye una prueba valiosa deque la predisposicin social, en cierto modo y hasta cierto punto, est profundamente unida a nuestrocaletre 8.

    Negociando la justicia: Indignidad contra integridad

    Como les suceda a los monos del laboratorio de la doctora Santos, los seres humanos estamosperennemente comprometidos en el juego engaoso del toma y daca. La doctora Santos acu el trminomonmica para describir esta interaccin entre los monos capuchinos. Cuando un mono percibe que le vamal en una negociacin, rechaza seguir participando ms tiempo en ella; o, al menos, hasta que el errorhaya sido recticado (lo que, por lo general, quiere decir que el otro mono le entrega el racimo de uvas).Los humanos nos encontramos continuamente con circunstancias similares, aunque con los componentesde complejidad que nos hacen saber hasta qu punto podemos llegar en la proverbial lnea del desafo.

    Digamos, por ejemplo, que usted est estableciendo una negociacin con otra persona sobre cmo serepartir una cantidad de dinero que ambos reclaman pero que, por desgracia, est en poder de la otrapersona. Usted dispone de la oportunidad de hacer un trato, pero la otra persona no tiene por qu seguirnegociando con usted. Desde el momento en que el otro se encuentra en la mejor posicin, le dice queconsidera justo hacer un reparto del 70-30 por ciento, quedndose l con el 70 por ciento. En el caso de queusted aceptase el trato se quedara tan solo con el 30 por ciento del dinero; si lo rechaza, se quedara sinnada. A usted le parece que ese trato es injusto, pero entre tomar el 30 por ciento o quedarse sin blanca,acepta ese porcentaje, verdad?

    Pues quiz, no. En vez de eso usted puede rechazar la propuesta como forma simblica de mostrar sudisgusto, y tener as la oportunidad de decirle al otro la psima opinin que tiene de l. Y que, adems, austed el dinero le importa un cuerno.

  • OK. Pero ahora imagnese que usted est negociando con una persona a la que se le ha dicho que puededecidir por su cuenta el dinero que le ha de dar a usted, y que usted no tiene voz en ese captulo. Dichocon otras palabras: en lo que concierne a la otra persona, esta puede decidir la cantidad que ha de darle austed sin que le importe mucho ni poco lo que usted pueda pensar. Por lo que le afecta a usted, sinembargo, todo lo que sabe es que le van a ofrecer una cantidad de dinero y que usted puede aceptarla orechazarla. No obstante, usted no puede discutir la cantidad con la otra persona ni expresarle si cree que eltrato es justo o injusto, porque no tiene recursos para hacerlo.

    As que de nuevo le ofrecen un 30 por ciento del dinero, y en esta ocasin no solo se encuentra ante laalternativa de tomar esa cantidad o no tomarla, sino que tampoco tiene la satisfaccin de poder decirle alotro lo injusto que es ese reparto y protestar, aunque sea de una forma simblica. En esta ocasin pareceque est claro que usted debiera aceptar el dinero, verdad?

    Pues de nuevo es muy posible que no sea as. Pero, por qu no? Usted no tiene posibilidad de hacer queel trato sea ms justo, ni tampoco la oportunidad de expresar su disgusto, entonces por qu ha dedevolver el dinero? Eso es lo que precisamente se ha investigado en un estudio publicado en Proceedings ofthe National Academy of Sciences 9. A los participantes en el estudio se les hizo tomar parte en los dosescenarios del juego anteriormente mencionados. Al primero se le llam Juego de la Impunidad, unavariante del Juego del Ultimtum.

    En el Juego del Ultimtum a un proponente se le da una suma de dinero y se le dice que negocie con laotra persona cmo se ha de repartir esa cantidad. El proponente tiene dos opciones: 1. Se acepta la sumapropuesta y ambas partes llegan a un acuerdo sobre la cantidad de dinero a repartir, y 2. Se rechaza lacantidad propuesta, y ninguna de las dos partes consigue el dinero. El resultado lgico de este juego esque la mayora de las ofertas injustas son rechazadas, y ambas partes aceptan un reparto del 50-50.

    En el Juego de la Impunidad el contestatario (es decir, la persona a la que se le hace la propuesta) puederechazar la oferta, pero, al hacerlo, pierde toda oportunidad de reclamacin. Se trata de un toma un X porciento, o nada. En los resultados de este juego vemos que de un 30 a un 40 por ciento de las personas alas que se les ha propuesto el trato lo rechazan, porque les parece injusto. En este caso los afectadospierden el dinero, pero al menos manifiestan su opinin.

    La ltima de las variantes se denomina Juego de la Impunidad Privada (el segundo escenario que le hepropuesto), y en l se le dice al proponente que puede establecer la cantidad que ha de dar a la otrapersona. A esta, sin embargo, tambin se le dice que puede rechazar la oferta, pero que el proponentenunca sabr la decisin que ha tomado. En este caso el resultado previsto es que casi todos losparticipantes obrarn con sensatez y tomarn el dinero, ya que saben que no tienen posibilidad de recursoni tampoco hacerle ver al proponente su disgusto.

    Esto es lo que se vaticinaba; pero, sorprendentemente, tampoco en esta ocasin resulta cierto. Elporcentaje de los que rechazan la oferta es apreciable, entre un 30-40 por ciento. La razn que parecededucirse de este estudio se reduce a una simple palabra: emocin. Cuando nos enfrentamos a una ofertainjusta, tenemos la oportunidad de aceptar racionalmente el incentivo y de este modo poner n a ladisputa, o bien permitirnos una respuesta emocional. Respondemos emocionalmente a un tratamiento queconsideramos injusto por la misma razn que un oso ataca a cualquier intruso en su territorio. Y porquesabemos muy bien que los osos se comportan agresivamente si se sienten desaados o amenazados, losevitamos. La misma dinmica se nos puede aplicar a nosotros: si sabemos que una persona se sentirmoralmente agraviada y responder de forma agresiva a un trato injusto, porque tiene fama de obrar as,trataremos de evitar enfrentarnos con dicho sujeto.

    Lo que tambin nos dice este estudio es que no solamente nos preocupamos de mostrarnos coherentescon nuestra reputacin externa, sino que lo hacemos tanto o ms con la coherencia interior. Nuestrarespuesta emocional se guarda muy bien de aceptar incentivos inmediatos que comprometen nuestra

  • integridad. Con el paso del tiempo, esta consistencia interna que preserva la integridad tambin puedearreglar nuestra reputacin externa. Dicho de otro modo: la mayora de nosotros preferimos serconsideramos como osos y no como ovejas.

    Pero surge una pregunta: si realmente lo mejor que podemos hacer es tomar lo que nos dan, porque deotro modo nos quedaremos sin nada y, sin embargo, rechazamos tercamente esa propuesta, habremostomado la mejor decisin? La parte engaosa radica en saber qu constituye la mejor decisin; o si,quiz, admitir un golpe momentneo a nuestra dignidad nos resultar ms benecioso a la larga. Pordesgracia, nuestro cerebro no se muestra muy eciente al hacer este tipo de juicios a corto plazo. El tiempoes siempre un factor a considerar. S i la respuesta emocional defensiva es lo sucientemente fuerte, esprobable que ningn otro clculo adicional pueda modicarla, sobretodo cuando las cosas suceden deprisa(y as suele pasar).

    Digamos nuevamente que nada es blanco o negro para las tendencias de nuestro cerebro. Las opinionessobre los escenarios que acabo de exponer son sumamente variadas. Pero el punto esencial permanecesiempre el mismo: la forma cmo reacciona nuestro cerebro en una determinada situacin, muy bien puedesocavar nuestros mejores intereses a corto o a largo plazo.

    Ahora vamos a cambiar a otra dinmica social que representa el eje de toda relacin (y no solamente delas relaciones con otras personas): el poder de la influencia.

  • JCaptulo 10

    La gran verdad de la adhesin

    Ciertamente, a nivel de la vida social, lo que recibe el nombre de adecuacindel hombre a su entorno tiene lugar mediante ficciones.

    WALTER LIPPMAN, Public Opinin

    Opiniones consensuadas

    USTAMENTE ayer noche usted vio una pelcula que no es fcil de calicar. Algunas pelculas sonsencillamente malas, otras claramente buenas, pero esta en particular tiene calidad un tanto escurridiza.Usted se va a Internet para comprobar otras opiniones. Cuando se para a pensarlo, se da cuenta de queest haciendo algo un poco raro, despus de haber visto la pelcula. Por lo general, usted suele consultarestas opiniones cuando quiere buscar una pelcula que no le haga perder el tiempo ni el dinero. Pero eneste caso usted quiere saber qu opinan otros sobre el lm, aunque usted ya lo haya visto. Incluso poneuna nota en la Red preguntando si alguien ha visto la pelcula y qu opinan de ella. No contento coneso manda una serie de e-mails a un montn de amigos, preguntndoles lo mismo.

    Por qu busca esas opiniones? Qu es lo que pueden aportarle ahora que ya ha visto la pelcula? S iformulamos la pregunta de otro modo, qu falta de capacidad crtica cree tener para pedirle a los demsque le den una opinin que llene esa carencia?

    Este tipo de preguntas coquetean con un incmodo territorio psicolgico. Nos gusta pensar que somosrbitros autosuficientes para saber juzgar nuestras propias experiencias. Pensar de otro modo sera admitirque no pensamos de forma independiente. Pero durante estas ltimas dcadas la psicologa y, msrecientemente, la investigacin neurocientca ha venido aportando pruebas de que el pensamientoindependiente no es en modo alguno algo absoluto, sino que posiblemente sea un producto ms de laimaginacin de nuestro ego. Lo cierto es que nuestros cerebros no estn diseados para mantener unacompleta independencia. Por el contrario, somos una especie social que se inclina de forma excepcionalhacia la interdependencia. La nuestra es una existencia sometida a inuencias y a contrainuencias, yninguno de nosotros se mueve por calles de una sola direccin.

  • Sabiendo esto resulta mucho ms fcil entender por qu buscamos otras opiniones sobre una pelcula, osobre cualquier otra cosa que ponga a prueba nuestro sentido de la autosuciencia. Pero esto, como todaslas tendencias del cerebro feliz, puede llegar rpidamente muy lejos. S i no hacemos una autorrevisin, ladependencia continua de los dems para formar nuestras opiniones y tomar decisiones es algo daino;principalmente porque nos impide alcanzar; es decir, correr riesgos psicolgicos que son importantespara la formacin del carcter y el fortalecimiento de la personalidad. Tambin existen, evidentemente,buenas razones para fomentar esta tendencia; y, en algunos casos, producen varios beneficios.

    T decides, yo decido, t decides

    En lugar de etiquetar la tendencia a buscar refuerzos de opinin como una debilidad de carcter, u otracalicacin peyorativa, mejor haramos en buscar que nos impulsa a ello. La investigacin neurocientcase ha propuesto buscar algunas respuestas que proporcionaron algunos sorprendentes resultados. Porejemplo, un estudio realizado por investigadores de la Emory University, de Atlanta, quiso descubrir qusucede en el cerebro cuando descargamos sus decisiones en fuentes externas. En el caso de este estudio,las fuentes fueron expertos financieros 1.

    Se pidi a los participantes en el estudio que hicieran una serie de elecciones nancieras, tanto dentrocomo fuera de un escner de resonancia funcional magntica (fMRI). Las elecciones se dividieron en doscategoras: ganancia segura y lotera. Durante la sesin de escaneo los investigadores introdujeron aun experto nanciero en el estudio, al que dotaron de una amplia experiencia para hacer resaltar suinuencia. El consejo del experto se les presentaba a los participantes en la pantalla del ordenador sobre lasopciones nancieras que aquellos hubieran tomado. S i el experto recomendaba una opcin, apareca sobreella la palabra Acepto; si no le pareca recomendable la opcin elegida, apareca la palabra Rechazo. A lo largode la mitad de las pruebas tambin apareca la expresin No disponible, para indicar que el experto no tenaasesoramiento para esa decisin.

    Los resultados del estudio indicaron que los patrones de la activacin, tanto conductual como neuronal,se vieron profundamente afectados por el consejo del experto. Cuando apareca la seal de Acepto por partedel experto, los participantes tendan a tomar la decisin basndose en el consejo. De forma simultnea seatestiguaba la actividad neuronal correspondiente a la evaluacin cuando no se produca el consejo delexperto; no obstante, cuando se produca este, no se apreciaba una importante actividad neuronal. Dichode otro modo, pareca como si el cerebro se descargase de la responsabilidad de escoger la mejor eleccincuando estaba presente el consejo del experto nanciero; si este se manifestaba, el cerebro de losparticipantes dejaba de esforzarse en su trabajo.

    Cuando se public por primera vez esta investigacin, aparecieron titulares en los medios decomunicacin como El estudio indica que el consejo del experto produce un bloqueo de nuestro cerebro.De hecho, el estudio no indicaba esto ni mucho menos. Muy por el contrario mostraba una tendenciaactiva no pasiva del cerebro feliz: conservar los recursos propios cuando se puede acceder a fuentesexternas ables. Tambin demostraba que el tiempo es un factor crtico que afecta a la tendencia de ladescarga. A los participantes en el estudio se les concedi un promedio de 3,5 segundos para tomar ladecisin, lo que quiere decir que carecan de tiempo para poder deliberar. Los investigadores habandiseado este estudio de forma deliberada para empujar al cerebro de los participantes a tomar unadecisin. Disponiendo de menos tiempo, el cerebro tiene que trabajar ms intensamente para calcular los

  • resultados. Consideremos por un momento la energa que se gasta en correr un kilmetro al sprint, enlugar de hacer la misma distancia en plan de jogging. Indiscutiblemente se cubre la distancia en menostiempo, pero se emplea mucha ms energa al hacerlo. Cuando disponemos de una fuente externa pararealizar un trabajo, en lugar de vernos obligados a consumir los recursos internos, el cerebro lo aceptamuy a gusto. La representacin cerebral que resulta de este estudio demuestra una atenuacin de laactividad neuronal en el momento de la evaluacin es decir, un estrechamiento o reduccin de laactividad , que es exactamente lo que esperaramos ver en un cerebro que se descarga cuando otroelemento hace su trabajo. Otra forma de imaginarnos este proceso es el ejemplo que vemos en una carrerade coches, cuando un conductor trata de abrirse paso entre los rivales sin tener que gastar ms energa. Elconsumir ms combustible le obligar a tener que hacer ms paradas en el foso; en vez de eso, lo que haceel conductor es forzar al contrincante a que consuma ms energa. Del mismo modo, el cerebro fuerzalos recursos externos, y de este modo conserva los propios.

    La presin de los camaradas

    Indiscutiblemente, los camaradas ejercen una gran inuencia entre ellos, pese a la tendencia de laconservacin de energa que muestra el cerebro. La adolescencia no tendra sentido si no constituyera unmodelo, en su ms puro estilo, de la inuencia de los camaradas. Pero los psiclogos han tenido queluchar a brazo partido para descubrir dnde radica la fuerza irresistible de la inuencia de los camaradas,de los compaeros, de los iguales. Se trata simplemente del deseo de parecer ms guay, o es que, enrealidad la inuencia de los camaradas cambia nuestra mente? En un estudio llevado a cabo por un equipode psiclogos de la Universidad de Harvard se emple una combinacin de psicologa social y demetodologas neurocientcas para descubrir si la inuencia de los camaradas puede modicar realmente laforma que tiene la gente de valorar algo; en este caso se trataba del atractivo de un rostro 2.

    Catorce jvenes valoraron las fotografas de 180 mujeres cuyos rostros aparecan en la pantalla de unordenador. Tras establecer su propia estimacin, los estudiantes concedieron a cada rostro el mismopromedio de valoracin que haban dado anteriormente cientos de otros estudiantes. Aunque losparticipantes lo ignoraban, los investigadores ya haban establecido esas estimaciones, que en ocasioneseran ms altas que las de los participantes, y otras veces ms bajas. Posteriormente, los participantesvolvieron a calicar los mismos rostros mientras se sometan a un escner cerebral. Los resultadosindicaron que el contemplar los rostros produca un efecto denitivo en aquellas regiones cerebrales queestaban relacionadas con el concepto de recompensa; y que este efecto dependa de la informacin que losparticipantes haban recibido previamente acerca de cmo haban valorado sus camaradas aquellos mismosrostros. En otras palabras: la informacin de sus camaradas haba modicado la actitud de losparticipantes sobre el atractivo de aquellos rostros. Y esta valoracin se mantuvo incluso para aquellosrostros que los participantes ya haban considerado atractivos. En el caso de que a los participantes se leshubiera dicho que aquellos rostros haban sido valorados como ms atractivos por sus compaerosanteriores, se hubiera producido una mayor actividad de las regiones cerebrales relacionadas con larecompensa, que les llevara a mejorar tambin sus valoraciones. Lo mismo sucedi cuando se les dijo quesus compaeros anteriores haban considerado ciertos rostros como menos atractivos; en los nuevosparticipantes decreci su actividad cerebral recompensatoria y pensaron lo mismo que los otros.

    De nuevo parece ser que la razn de que se produzcan estos efectos est relacionada, una vez ms, con eldiagrama neuronal. Los investigadores que dirigieron este estudio creen que las mismas estructurasneuronales que nos hacen valorar una serie de cosas ya se trate de alimentos, de bebidas o de sexo se

  • ponen en funcionamiento cuando nos sentimos de acuerdo con la opinin de los dems. El cerebrointerpreta las valoraciones que hacen los dems como una seal de que es necesario ajustarse a ellas paraconseguir mejores resultados. De ah procede el dicho: S i eso es bueno para los otros, tal vez sea buenopara m.

    Enviando seales de identidad

    Otro aspecto del efecto de la influencia tiene mucho que ver con quin es el que escoge qu cosa.

    Como animales sociales que somos tenemos profundamente arraigado el deseo de pertenecer a un gruposocial, a una tribu preferida, si quiere decirlo as. Cuando los miembros de un determinado grupo socialemplean o aprueban algo, envan una seal a otras personas dicindoles que el objeto en cuestin esbueno para el grupo; en pocas palabras, que es coherente con la identidad de la tribu. Los investigadoresque estudian esta dinmica utilizan los trminos adaptacin y convergencia segn est la inuencia basada, ono, en la identidad. Por ejemplo, podemos predecir con cierta seguridad si una persona se verinuenciada a la hora de decidir una compra. Nos mostramos ms proclives a adaptar nuestra conducta ala del grupo cuando vemos que otras personas compran un artculo (una determinada pasta dentfrica,por ejemplo), porque el grupo enva seales de que ese producto es superior a los dems. En tal casono importa que las otras personas pertenezcan o no a un determinado grupo social; lo que cuenta sobretodo es la eleccin que haya hecho el grupo.

    Por otro lado, somos ms proclives a converger con aquellas personas (o, simplemente, a unirnos aellas) que pertenecen a un selecto grupo social cuando vemos que compran artculos de categora, artculosque demuestran su estatus social. En este caso lo que importa es quin lo est comprando. S i los del gruposocial al que pertenece Ron son unos entusiastas de los Mercedes-Benz, es muy probable que l no se salgade la norma y compre un Lexus (a menos que al obrar as demuestre una preferencia que le distingasocialmente para mejor).

    El primer ejemplo ilustra un tipo de conformidad de eleccin que no est basada en la identidad. Elsegundo ilustra una eleccin de convergencia, que se halla fuertemente vinculado a la identidad. En amboscasos la eleccin se vio inuida por los dems, pero la conformidad se enraza en la bsqueda del valor msalto; la convergencia tiene que ver con lo que somos o con lo que pensamos que deberamos ser. Lointeresante de las decisiones que se basan en la identidad es que nos va a costar mucho explicar por qu lashacemos, aunque expongamos mltiples razones que, en el fondo, no tienen mucho que ver con la raznprincipal (Tiene un mejor acabado, Posee un cambio de marchas suave, Ofrece una conduccinimpresionante, etc.). Es muy raro que alguien diga: Este coche encaja perfectamente con la identidad demi grupo social; y lo compr precisamente porque mi identidad se deriva en parte de la identidad delgrupo.

  • Cuidado!: Las verdades milagrosas abundan

    Por consiguiente, no es necesariamente malo que los recursos externos inuyan en el proceso de la tomade decisiones y de las opiniones. De hecho puede constituir una hbil estrategia que nos resulte muy til.Y tambin parece que la inuencia de los colegas constituye una estrategia de adaptacin cerebral paraestablecer recursos valiosos, e incluso para establecer nuestra anidad con un determinado grupo social.Todo esto est muy bien (en muchas ocasiones), pero la parte negativa est en que estas tendenciastambin pueden predisponernos a sentirnos inuenciados por la propaganda y por los engaos de todandole.

    Hay dos dinmicas que estimulan la aceptacin cerebral de estas inuencias: la repeticin, y algo que lospsiclogos llaman fluidez cognitiva. Desde los tiempos en que se empez a estudiar la propaganda, durante laSegunda Guerra Mundial, la investigacin psicolgica ha demostrado que cuanto ms se repita unmensaje ms probable es que lo creamos, especialmente si le prestamos poca atencin. Las series de mensajesatractivos que se repiten insistentemente, y que escuchamos de forma pasajera y casi inconsciente, son losque nalmente nos bloquean crendonos la ilusin de la verdad. Por el contrario, es probable quecuanto ms nos fijemos en el mensaje menos posibilidades haya de que nos veamos influidos por l.

    La uidez cognitiva se reere a la tendencia de nuestro cerebro a aceptar mensajes que son fciles deentender y que encajan sin dicultad en nuestro sistema de esquemas (vase lo comentado en el captulo1). Es una tendencia que cuando se emplea de forma positiva representa un instrumento muy til para elaprendizaje 3. La razn para que estos mensajes resulten persuasivos es que son cortos, concisos yfcilmente asimilables en cosa de segundos, por lo que los procesamos tan rpidamente que se nos vuelvenfamiliares sin que siquiera nos demos cuenta de ello. Aunque la sabidura convencional arme que lafamiliaridad favorece el desdn, en el mundo de la inuencia la familiaridad favorece la aceptacin. Esto sedebe, una vez ms y en gran parte, a la propensin del cerebro a conservar sus recursos: los mensajesfamiliares requieren menos recursos cerebrales para descifrar su proceso; y un cerebro feliz es precisamentefeliz porque toma siempre la lnea del menor esfuerzo.

    Por el contrario, los mensajes que se hacen ms difciles de procesar producen el efecto opuesto: somosmenos proclives a creerlos. Existen pruebas abundantes de esto: consideremos, por ejemplo, la dicultadque encuentran los polticos en explicar al pblico temas complicados; y lo difcil que igualmente resultaconvencernos de que debemos creer propuestas complicadas, cuando nos estn lavando el cerebrodiariamente con una oleada de mensajes ms sencillos e inuyentes. El problema que se le presenta acualquier persona que trate de comunicar un mensaje complicado es que nuestro cerebro no se inclina pornaturaleza a aceptar esa clase de mensajes. No desea realizar un notable esfuerzo de atencin paracomprender mensajes sencillos y concisos que podran ser captados con un gasto menor de recursosenergticos.

    Los publicistas y los estrategas polticos saben muy bien esto, naturalmente; y por ello se aprovechandel hecho de que crear la ilusin de que algo es verdad genera ms votantes o consumidores 4. No es unaexageracin decir que casi todas las campaas polticas que se llevan a cabo en Estados Unidos constituyenuna batalla de falsas ilusiones. Cuanto ms dinero tenga a su disposicin un candidato para crear mayornmero de estrategias mensajsticas, ms posibilidades tendr de ganar. S i usted no puede conseguir crearesa ilusin de la verdad las veces que sean necesarias para contraatacar a los mensajes de su adversario ycrear mayor nmero de electores, sus esfuerzos se vern truncados y, probablemente, sin posibilidad dereparacin. Se trata de un simple y trgico algoritmo que ha dominado la poltica y el mercado durantems de un siglo.

    Merece la pena anotar que la investigacin tambin tuvo el propsito de descubrir cuntas veces debe

  • repetirse un mensaje para que consiga su efecto ptimo. Estos estudios indican que ponemos msconanza en un mensaje cuando este se ha repetido de tres a cinco veces. Cuanto ms all de ese puntonos quedamos saturados, la repeticin pierde persuasin e incluso puede producir el efecto contrario.

    Viajeros al tren del transporte narrativo!

    Innecesario es decir que no es siempre nuestro cerebro el que marca la pauta para aceptar o rechazar lainuencia externa. Se quedara sorprendido si descubriera, por ejemplo, que incluso los personajes deccin de nuestros programas televisivos favoritos pueden alterar nuestra forma de pensar sobre temasdelicados. Tal fue la conclusin a la que se lleg en un estudio en el que se mostraba que la donacin derganos, cuando se expone de forma convincente en los seriales de la televisin, puede estimular dichasdonaciones en el pblico. Esto puede ser bueno o malo, dependiendo de cmo usted lo vea.

    De un tiempo a esta parte los investigadores han estado demostrando que la televisin es un mediopoderoso para facilitar lo que los psiclogos llaman aprendizaje social; es decir, la tendencia de la gente amodelar las actitudes y comportamientos ajenos bajo determinadas condiciones. Se requieren para ello doselementos: atencin y memoria. Los programas televisivos que logran atrapar la atencin del espectadorconsiguen dos efectos: absorben la atencin y catalizan la formacin de la memoria. Cuando un espectadorse identica fuertemente con un determinado personaje de la serie, el efecto al que en los crculospsicolgicos se denomina transporte narrativo es todava ms potente. En este caso un equipo deinvestigadores dirigido por Lauren Movius, profesor de Psicologa de la Purdue University, se mostrinteresado en saber si la representacin de donacin de rganos en seriales televisivos como CSI, Anatomade Grey y House inuenciaran en el conocimiento referente a la donacin de rganos, e incrementaran lamotivacin para hacerse donante. Tambin queran saber cmo inuenciaba en el espectador en el casode que as fuese la precisin de la informacin en el conocimiento del tema y en la motivacin quepudiera generar 5.

    Se les pidi a los participantes que vieran una seleccin de episodios de seriales televisivos en cuyosguiones se incluyeran descripciones, tanto positivas como negativas, de donacin de rganos;posteriormente deberan completar una encuesta en la que se estableciese el orden de los factores quehaban impresionado ms intensamente al espectador en el programa visionado (y no se trataba de ungrupo reducido de encuestados, ya que fueron ms de cinco mil persona las que hicieron la encuesta sobreHouse).

    Los resultados indicaron que los espectadores que antes de ver el programa no haban sido donantes semostraron ms propensos a serlo, cuando la donacin de rganos se representaba de forma positiva y lospersonajes estimulaban la donacin. Los espectadores que se involucraron de forma ms emocional con loque se contaba en el programa fueron los ms propensos a hacerse donantes. Finalmente, los espectadoresconocieron el tema a travs del programa, aunque este no se hubiera representado de forma muy precisa.

    Y esto es lo que se entiende por dependiendo de cmo lo mires. El estudio nos est diciendo realmentedos cosas diferentes: el involucrarse emocionalmente con la narracin afecta a la manera de pensar de lagente y les proporciona unos conocimientos que muy bien pudieran no ser verdaderos. Probablemente la

  • mayor parte de la gente est de acuerdo en que la donacin de rganos es un bien social, y que losprogramas de la tele estimulan muy bien esos sentimientos. Pero la parte conictiva del asunto es que lamisma dinmica que se emplea para hacer el bien puede utilizarse con idntica ecacia para hacer el mal. Lapseudociencia, el alarmismo sobre las vacunas y la charlatanera de toda ndole logran la mismarepercusin en el pblico.

    En otro estudio realizado, los investigadores quisieron descubrir si este efecto era igual en la pantallagrande, en esta ocasin sobre el tema del tabaco. S i un espectador se identicaba intensamente con undeterminado protagonista en una pelcula, inuenciara sobre ese espectador el hecho de que elprotagonista fuera un fumador?

    Pues result que s. Se pronostic una mayor identicacin con el protagonista fumador: 1)asociaciones implcitas ms fuertes entre el espectador y el tabaco, tanto para los fumadores como paralos no fumadores (dicho de otro modo: asociaciones de las que no eran conscientes o que no las admitiranexplcitamente) y 2) aumento de deseo de encender un cigarrillo en los que ya eran fumadores.

    Los investigadores llegaron a la conclusin de que cuando vemos una pelcula nos solemos identicarms con un determinado personaje por una serie de razones. Nuestra atencin queda prendida por susemociones y comportamientos, nos ponemos en su pellejo; y, como sucede en la vida real, resulta ms fcilverse inuenciado por alguien con el que compartimos hbitos y tendencias. Cuanto ms fuerte se vuelvaesta identicacin ms inuenciados se vern nuestros pensamientos, y nuestro comportamiento amenudo seguir al suyo.

    La influencia de la metfora

    Ya sea personalmente o en una pelcula, las inuencias ms fuertes ejercidas sobre nuestra forma de pensarson las que surgen en la verborrea que todos empleamos en nuestras discusiones, ya sean grandes opequeas. Nos referimos a las metforas. Pongamos por caso que estamos comparando ciudades quehemos visitado o que quisiramos visitar, y menciono una en la que todava no he estado pero que usteds conoce. Usted dice, por ejemplo:

    Es algo enorme, como una sentina que huele que apesta y que est llena de una basura inimaginable quese extiende por todas partes.

    Inmediatamente mi cerebro crea una imagen de una charca pestilente cubierta de residuos de todaespecie, sobre la que se pasean a su gusto ratas y cucarachas. Poco importa que la metfora que se ha

  • expuesto sobre esa ciudad se acerque o no a la realidad; lo que realmente importa es que en los escasosminutos que hemos estado hablando, usted me ha proporcionado unos rudimentos metafricos con losque yo construyo una imagen que ya estar unida en mi cabeza a esa ciudad. Es posible que un da visiteesa ciudad y compruebe que su metfora fue poco exacta, o tal vez concluya que era totalmente ajustada;pero hasta entonces o hasta que consiga ms informacin que contradiga o verique lo que usted me hadicho la imagen estar ah. E incluso despus de eso, me resultar muy difcil modicar la primeraimpresin.

    Ese es el poder de la metfora, un poder tan sutil que raramente nos damos cuenta del impacto que ejercesobre nuestro pensamiento. Los investigadores Paul Thibodeau y Lera Boroditsky, de la Universidad deStanford, demostraron la inuencia de la metfora mediante una serie de cinco experimentos concebidospara establecer el por qu y el cundo del poder que tiene la metfora 6.

    En primer lugar, los investigadores pidieron a 482 estudiantes que leyeran uno o dos informes sobre lacriminalidad en la ciudad de Addison. Posteriormente, tendran que sugerir soluciones para el problema.En el primero de los informes se describa la criminalidad como si una bestia salvaje estuviera atacando ala ciudad, y merodease por la vecindad. Despus de leer estas palabras, el 75 por ciento de losestudiantes expusieron soluciones que se refera a una mayor vigilancia o al establecimiento de mayorescastigos, con la construccin de ms crceles o, incluso, de hacer un llamamiento al ejrcito para queviniese en su ayuda. Solamente un 25 por ciento sugiri reformas sociales, como podan ser: arreglar laeconoma, mejorar la educacin o proporcionar una mejor sanidad pblica.

    El segundo informe era exactamente igual al primero, excepto que en l se describa la criminalidad comoun virus que afectaba a la ciudad, y que constitua una plaga para las comunidades. Tras leer estaversin solamente el 56 por ciento opt por tomar mayores medidas de fuerza, mientras que el 46 porciento restante sugiri reformas sociales.

    Lo que resulta interesante en este estudio es que fueron muy pocos los participantes que se dieroncuenta de cmo se haban visto afectados por la descripcin de la criminalidad en las dos metforas.Cuando Thibodeau y Boroditsky pidieron a los participantes que identicaran qu partes del texto habaninuido ms en sus decisiones, la mayor parte indicaron las estadsticas de la criminalidad, y no ellenguaje. Solamente el 3 por ciento seal a las metforas como responsables. Los investigadoresconrmaron sus resultados con ms experimentos en los que utilizaron los mismos informes sin grandescomentarios. Aun cuando describieron a la criminalidad como una bestia o como un virus, tan solo unavez, encontraron las mismas tendencias que se haban mostrado anteriormente. Tambin descubrieron queel texto, en s mismo, no ejerca una gran inuencia. Cuando Thibodeau y Boroditsky pidieron a losparticipantes que mencionaran otros sinnimos para bestia o para virus antes de leer idnticosinformes sobre la criminalidad, ofrecieron soluciones parecidas para resolver los problemas ciudadanos. Enotras palabras: las metforas solo funcionaban si enmarcaban la historia. S in embargo, si aparecan al naldel informe, apenas tenan efecto alguno.

    Hasta qu punto somos maleables?

    Si lo que hasta ahora ha ledo en este captulo no le ha convencido todava de que nuestro cerebro puede

  • ser engatusado e inuido por un buen nmero de inuencias, el siguiente debate puede resultar unargumento irrebatible sobre el tema.

    Cmo el lenguaje da forma a nuestras percepciones

    Shakespeare escribi: Qu es lo que hay en un nombre? Aunque diramos a la rosa otro nombre seguirateniendo el mismo dulce aroma. Segn la profesora de psicologa Lera Boroditsky, de la Universidad de Stanford,eso no es exactamente as. Centrndose en las diferencias gramaticales de gnero existentes entre el alemn y elespaol, Boroditsky indica que el gnero de una palabra establece unas determinadas diferencias en los nombres,que nos dan de modo inconsciente las caractersticas que ese nombre tiene de acuerdo con su gnero gramatical.Tomemos, por ejemplo, la palabra bridge (puente, en ingls); en alemn se dice die brucke, que es unsustantivo femenino; sin embargo, en espaol es el puente, sustantivo masculino. Afirma Boroditsky que cuandose nos pide que se describa un puente, los alemanes utilizarn adjetivos como hermoso, elegante, esbelto; losespaoles, por su parte, emplearn para el mismo trmino adjetivos como fuerte, firme, slido. Lgicamente, estotambin funciona en sentido inverso. El trmino key (llave, en ingls) tiene gnero masculino, en alemn, yfemenino, en espaol. As pues, si se le pide a un alemn que describa una llave utilizar los calificativos pesado,duro, metlico. Por el contrario, un espaol dir de la llave que es dorada, intrincada, hermosa. Boroditsky inclusolleg a crear su propio idioma (llamado Gumbuzi) con sus calificativos gramaticales de masculino y femenino, paratestar la hiptesis partiendo de cero. Despus de estudiar el nuevo lenguaje durante tan soloun da losparticipantes empezaron a hacer descripciones de nombres influidos por su gnero gramatical. El estudio llevado acabo por la profesora Boroditsky indica que la forma cmo vemos el mundo se encuentra fuertemente influenciadapor la gramtica que aprendemos desde nuestra ms tierna infancia 7.

    Qu pasara si le dijera que el juicio que usted pueda tener sobre el bien (lo bueno) y el mal (lomalo) estn fuertemente inuenciados por el hecho de que sea usted zurdo o diestro? En realidad, este noes un descubrimiento nuevo. Estudios anteriores han demostrado que, de hecho, somos proclives aestablecer juicios que se corresponden con el lado con el que solemos trabajar ms cmodamente. Laspersonas que utilizan la mano derecha preeren aquellos objetos y personas que se encuentren a suderecha; lo mismo sucede con los zurdos, es decir, los que utilizan la mano izquierda. La pregunta quepodemos hacernos es por qu? Se encuentran estas preferencias fuertemente impresas en nuestro cerebrodesde el principio, o son producto de un aprendizaje posterior? Los investigadores Daniel Casasanto yEvangelia Chrysikou, de la New School of Social Reseca y la Universidad de Pennsylvania investigaroneste tema utilizando una serie de experimentos que comprobaron ambas posibilidades 8.

    Para analizar la cuestin de si estas tendencias se encuentran fuertemente impresas en nuestro cerebrodesde el principio los investigadores escogieron a trece pacientes que utilizaban la mano derecha y quehaban sufrido daos cerebrales que haban debilitado o paralizado una parte de su cuerpo. Cinco de ellosseguan siendo diestros, es decir, seguan utilizando la mano derecha. El resto haba perdido el uso de sulado derecho y se volvieron zurdos. Se les mostr a los pacientes una vieta en la que se vea la cabeza deuna serie de animales que se encontraban entre dos cajas vacas, y se les dijo que a los que les gustaban lascebras era porque eran buenas, y a los que les desagradaban los pandas porque eran malos (y viceversa).Despus se les pidi qu escogieran sus animales preferidos y que los metieran en su correspondiente caja,la de la derecha o la de la izquierda. Todos los pacientes que seguan siendo diestros pusieron a losbuenos animales en la caja de la derecha. De los que se haban vuelto zurdos, todos menos uno pusierona sus animales en la caja de la izquierda.

  • Se deducira de este experimento que las preferencias del cerebro (derecha o izquierda) pueden versedenitivamente alteradas? Es debida esta modicacin a un ajuste neuronal, o a un nuevo aprendizaje?Para descartar que la respuesta se debiera a la impresin cerebral, los investigadores escogieron a un grupode cincuenta y seis personas sanas que utilizaban la mano derecha. Les pidieron que la mitad se pusiera unguante de esqu en la mano izquierda, y la otra mitad en la derecha. Se les pidi despus que cogieran deuna caja dos chas de domin, cogiendo simultneamente una cha con cada mano, y las colocaran deforma simtrica sobre unos puntos que estaban distribuidos a lo largo de una mesa. S i una de las chas dedomin se caa tenan que ponerla de pie utilizando tan solo la mano correspondiente. Se comprob que lamitad de los diestros se haban vuelto zurdos a lo largo del experimento. Despus se les llev a otrahabitacin y se les present la misma caja de los animales que anteriormente se haba mostrado a lospacientes con lesiones cerebrales. Los resultados fueron que tres cuartas partes de los que tenan la manoderecha sin guantes pusieron a los animales buenos en la caja derecha, y dos tercios de los que se habanvuelto temporalmente zurdos los metieron en la caja izquierda. Fueron necesarios doce minutos deentrenamiento para cambiar, a un porcentaje signicativo de los participantes, sus tendencias de manoderecha a mano izquierda.

    Lo que nos dice este estudio, y otros similares, es que incluso nuestros juicios bsicos cotidianos se veninuidos por factores aparentemente tan inocuos como puede ser la utilizacin de nuestra mano preferida,o ms utilizada. S ignica esto que no podamos conar en nosotros mismos para tomar decisiones serias yresponsables? No. Pero s quiere decir que la mayora de nuestras decisiones, opiniones y juicios se venafectados por muchas ms inuencias de las que nos damos cuenta. Y como ahora vamos a ver, estotambin significa que nuestro cerebro es propenso a crear grmenes psicosociales.

  • Captulo 11

    Cmo coge su cerebro resfriados psicosociales

    Sera difcil exagerar el grado en que somos influenciados por aquellosa quienes influenciamos.

    ERIC HOFFER The Passionate State of Mind

    Me sientes?

    Usted est en una esta con unos cuantos amigos, y parece que todos lo estn pasando bien. El palique esinformal y optimista, tal como usted se lo haba imaginado: la msica est alta, y resulta difcil poderescuchar lo que te dicen a ms de medio metro de distancia. Pero de pronto usted empieza a or lo que leparece que es una disputa que tiene lugar al fondo del saln. Presta un poco ms de atencin y, s, ahoraasegurara que alguien est chillando: se trata de dos voces masculinas que se oyen por encima de lamsica. Se acerca a ese rincn del saln, con otras cuantas personas, y en cosa de minutos todo el mundoest pendiente de los dos tos que estn chillando. Alguien apaga la msica y parece que se va a armar lagorda. No pasa mucho tiempo antes de que uno de los dos discutidores le lance un puetazo al otro, peroeste logra evitarlo y ambos se enzarzan en una pelea cayendo de espaldas sobre una mesa. Finalmente seles logra separar y se les dice que se larguen. Pero como ya se sabe lo que va a pasar cuando ambos salgana la calle, todo el mundo los sigue. Y, como era de esperar, la pelea contina. Unos jalean a uno de los dostos, y otros al otro. Dos de los que ms chillan se enfrentan entre s, y unos cuantos ms hacen lo mismo.En cosa de minutos lo que empez siendo un grupo amistoso y en buena armona se ha convertido enuna bomba que est a punto de estallar. Todo ha pasado en cuestin de seis minutos, ms o menos. Lafiesta se ha acabado.

    Esta historia tan jovial constituye todo un ejemplo del fenmeno del contagio social; la tendencia averse infectado por las emociones, los pensamientos y la conducta de los dems. Un cerebro feliz secontagia emocionalmente con bastante facilidad y tambin se complace en pasar el virus. Esto, comosucede con todas las tendencias de un cerebro feliz, tiene su lado bueno y su lado malo. La clera (o, comosucedi en el ejemplo de la esta, la clera mezclada con la histeria) es uno de los diferentes contagios queha identificado la investigacin psicolgica. Veamos unos cuantos ms:

    Culpabilidad.

    Estrs.

  • Miedo.

    Disgusto.

    Ansiedad.

    Felicidad.

    Ofensa moral.

    Percepcin del riesgo.

    Comer excesivamente.

    Comportamiento inmoral.

    El estudio ms amplio que se ha realizado hasta la fecha sobre contagio emocional se ha centrado enobservar cmo se extiende la felicidad a travs de las redes sociales. En el estudio se utilizaron los datosrecogidos a lo largo de veinte aos en el Framingham Heart S tudy para identicar distintas caractersticasimportantes de la felicidad contagiosa 1.

    En primer lugar, el estudio indica que la felicidad se extiende en tres grados de separacin, como puedeser el de amigos de amigos de amigos. Los investigadores tambin descubrieron que las personas que sehallan rodeadas por gente feliz tienen una mayor probabilidad de vivir una felicidad futura. Ydescubrieron que la felicidad es una poderosa fuerza para aglutinar a la gente, al margen del hecho de queesas personas pudieran parecerse. En resumen, la felicidad es altamente contagiosa y sus efectos sonduraderos, a menos, o hasta que, la separacin geogrca pueda poner trabas (la nica cosa que corta lainfeccin).

    Otro descubrimiento adicional sobre la conducta contagiosa, realizado en el mismo estudio, fue quesomos un 61 por ciento ms propensos a fumar si tenemos una relacin directa con una personafumadora. S i el amigo de su amigo es fumador, usted sigue teniendo un 29 por ciento de probabilidades defumar. Incluso en un remoto tercer grado de separacin (el amigo del amigo del amigo) tiene un 11 porciento de probabilidades. Recientemente se ha puesto en duda por parte de algunos estadsticos estecontagio en tercer grado; pero incluso dejando estos datos al margen, el impacto producido por lainvestigacin mencionada ha sido muy grande.

    Su sudor me vuelve arriesgado

    Nos obsesionamos con el tema de controlar el sudor, porque pensamos que entraa una situacin embarazosa en

  • el medio social (los tan temidos aromas del sobaco!). Pero un estudio realizado en 2010 indica que hay algo quellama ms la atencin que nuestro sudor, ya que el sudor ajeno puede influir en nosotros de forma inconsciente.Los investigadores recogieron muestras de sudor de deportistas que acaban de hacer una escalada arriesgada y lasmetieron en bolsitas de t inodoras que colocaron bajo la nariz de otros deportistas que estaban a punto deescalar. A otro grupo de deportistas se le suministraron muestras de sudor de personas que acababan de finalizaruna carrera ciclista. Los deportistas que olieron el sudor de los escaladores necesitaron bastante tiempo para tomaruna decisin, pero finalmente optaron tambin por escalar, corriendo un riesgo superior al que podan correr losque haban olfateado el sudor de los ciclistas. Teniendo en cuenta que no exista diferencia en el olor de ambossudores (todos dijeron que las bolsitas de t olan endemoniadamente), parece ser que el sudor ansioso influencide forma ms arriesgada que el sudor normal. Nadie est completamente seguro de cul es la razn de esto, peroteniendo en cuenta que el mundo animal est plagado de ejemplos de influencias qumicas (pinsese en lashormigas o en las abejas, por ejemplo), no resulta difcil creer que tambin los humanos emitimos, de formaparecida, seales que desafan los sentidos 2.

    En otro estudio realizado por los mismos investigadores en esta ocasin en un seguimiento a lo largode treinta y dos aos sobre el contagio en una red social se determin que si su cnyuge se hace obeso/alas probabilidades de que usted tambin se vuelva obeso se incrementan en un 37 por ciento. Y si se da elcaso de que quien se vuelve obeso es un amigo ntimo las posibilidades de que usted tambin empiece aganar kilos es de un 57 por ciento 3.

    Ansiedad sincronizada

    El contagio psicosocial se expande porque nosotros, los humanos, somos seres socialmenteinterdependientes. No solo nos inuimos entre nosotros, sino que tambin expandimos inuencias sinsaberlo a travs de una forma de sincronizacin emocional.

    Una forma de pensar sobre esta dinmica es imaginar a una banda de pjaros que est picoteandotranquilamente en el suelo, hasta que algo sobresalta a algunos que emprenden el vuelo. En cosa desegundos toda la bandada emprende el vuelo en la misma direccin. La historia antes mencionada de laesta que se sali de madre es otro ejemplo de esto. Y una muestra ms es la forma en que se expande laansiedad por los grupos. En cualquier grupo siempre hay alguien ms propenso a la ansiedad que el resto.Pero la investigacin indica que cuando el grupo se ve expuesto a un estmulo que provoca ansiedad,todos sus componentes adquieren el mismo grado de ansiedad, sin que importe lo controlados queemocionalmente pudieran estar en un principio.

    David Eilam, un investigador de la universidad de Tel Aviv midi el impacto que produca en losratones de granero el miedo a las lechuzas. Los ratones representan los roedores favoritos de losinvestigadores porque despliegan unas caractersticas sociales muy particulares como los humanos, yporque desarrollan un alto grado de ansiedad (tambin como los humanos). Cuando una lechuza volsobre ratones que estaban metidos en cajas individuales, se pudo comprobar mediante tests decomportamiento que la ansiedad de cada animal aumentaba en idntica proporcin. Como grupo, losanimales continuaban manifestando el mismo panorama de ansiedad. Eilam tom grupos de ratones condiferentes niveles individuales de ansiedad y los expuso a las lechuzas. La ansiedad se expandi por elgrupo y todos los ratones se convirtieron en autnticos cmulos de nerviosismo.

  • Eilam cree que las normas de comportamiento pueden resultar beneciosas para los animales sociales enmomentos de crisis. Esta convergencia de actitudes conductuales puede ayudar a explicar por qu loshumanos se vuelcan en la religin y en otro tipo de rituales cuando se producen grandes catstrofes. DiceEilam que estas ceremonias pueden ayudar a los seres humanos ms ansiosos a caminar sobre el borde delprecipicio 4.

    Cuidado con los monstruos de la culpa

    La culpabilidad, como elemento especialmente llamativo, queda ilustrado casi perfectamente en un episodiode Twilight Zone (de 1959, ms o menos) titulado Los monstruos de Maple Street.

    El escenario es la tranquila calle de una urbanizacin suburbana en la que una noche todos sushabitantes quedan sobrecogidos de espanto cuando lo que parece ser un meteoro sobrevuela las casas y, derepente, toda la calle se queda a obscuras.

    A partir de ese momento los vecinos se enteran de que aliengenas con forma humana han descendido deese extrao aparato celeste y estn invadiendo la calle Maple. Entonces empiezan a suceder cosas extraascomo, por ejemplo, que en una casa inhabitada se enciendan y apaguen las luces de las habitaciones, o quese haya visto pasar un coche por la calle sin que nadie lo condujese. No transcurrir mucho tiempo antesde que los vecinos empiecen a acusarse unos a otros de ser alienistas invasores. La culpabilidad se vaexpandiendo por toda la comunidad hasta que, nalmente, alguien es tomado por un aliengena y se lemata. Durante todo este proceso, dos aliengenas sentados tranquilamente en una colina cercanacontrolan lo que est pasando en la ciudad, maravillados de comprobar lo fcil que resulta manipular lasemociones de los humanos.

    Dejando aparte las excesivas simplicaciones (aunque estn magncamente relatadas por el creador deTwilight Zone, Rod Serling) la historia apunta directamente al hecho de cun rpidamente se puede extenderla culpabilidad y de qu manera va alimentando, en su transcurso, a otras emociones negativas. La cienciaest de acuerdo en esto. En un trabajo llevado a cabo por investigadores de las universidades de SouthernCalifornia y S tanford se establece que el hecho de culpar en pblico a alguien es el equivalente psicolgicoa lanzar el virus de la gripe entre una multitud 5. En el transcurso de mltiples experimentos losinvestigadores mostraron que el ver cmo una persona desempea el papel de acusador aumenta lasposibilidades de que otra persona tambin la culpe de otros defectos, aunque tales defectos nada tenganque ver con lo que pudieran haber comprobado. El contagio de la culpabilidad tiene mucho que ver con laproteccin de la propia imagen. En el trabajo referido los autores creen que cuando alguien observa lacapacidad que otra persona tiene para culpabilizar, lo mejor que se puede hacer es reforzar la proteccin dela propia imagen. Asimismo, se arma en este estudio que la culpa se hace menos contagiosa si la personaen cuestin anota y arma sus propios valores antes de que alguien pueda culparlo de algo, ya que de esamanera est creando una especie de antdoto de la culpa. Cuanto ms autoprotectora se vuelva lapersona (cuanta mayor cantidad disponga de esa clase de antdoto), menos sentir la necesidad de protegersu imagen.

    As que esa es la culpa. Pero qu decir de su cara emocional?

  • Atrapando el virus de la empata

    Son mltiples las investigaciones que indican que los cerebros felices tienen dicultad en diferenciar entreel observar una accin y participar realmente en ella. La empata una especie de contagio parecedepender en parte de nuestra capacidad para apoderarse de las emociones ajenas mediante un cierto tipode experiencia indirecta. Siempre pienso en esto cuando observo la poca gracia que tiene la actuacin de uncmico. Es como si por un momento incorporase el papel del cmico que est en el escenario y observase,lleno de embarazo, el mal efecto que producen mis palabras en el pblico que me est mirando.

    Sucede algo muy parecido cuando nos sentimos infectados por las emociones de los dems; es como sinuestro cerebro se esforzara por apartarse de lo que ve que est sucediendo a su alrededor. Lasinvestigaciones tambin han mostrado que el cerebro responde al dolor que sienten las personas allegadascomo si ese dolor lo sintiramos nosotros mismos.

    Un estudio realizado por psiclogos de la Universidad de Yale y de la Universidad de California, en Losngeles, investig esta dinmica desde un ngulo muy interesante. Los investigadores queran saber si elobservar a alguien estimula nuestro autocontrol o, por el contrario, lo reduce 6. Se les pidi a losparticipantes que adoptaran el punto de vista de alguien que est ejerciendo autocontrol, o simplementeleyeran sobre alguien que lo est ejerciendo. Tambin se les pidi que adoptaran la perspectiva, o leyeran,sobre alguien que no estaba ejerciendo ese autocontrol.

    He aqu los resultados: los participantes que adoptaron la perspectiva de alguien que est ejerciendoautocontrol fueron incapaces de ejercerlo en la misma medida que aquellos otros que simplemente leansobre alguien que se estaba autocontrolando. Dicho con otras palabras: ponerse en la piel de otra personaque est realizando un esfuerzo agota igual que si lo realizara uno mismo. Por otro lado, los participantesque lean sobre alguien que estaba ejerciendo autocontrol se sintieron ms estimulados en el suyo propioque aquellos que lean sobre alguien que no estaba autocontrolndose. As pues, la lectura proporcionabaun efecto de reforzamiento personal en lugar de un efecto indirecto.

    La diferencia existente en estos resultados reduce a una forma ms sencilla el grado de separacinpsicolgica. El adoptar la perspectiva reduce la separacin psicolgica; y cuanto ms se reduzca esa brecha,mayor ser el efecto indirecto. Leer sobre algo proporciona la oportunidad de ampliar la separacinpsicolgica (desde el momento en que las personas sobre las que est leyendo no se encuentran delante deusted), lo que reduce la posibilidad de un efecto indirecto.

    Las consecuencias de estos descubrimientos resultan sumamente prcticas. El estudio sugiere que si, porejemplo, un grupo de personas est trabajando en un proyecto y algunos miembros de ese equipo estnponiendo un gran empeo en realizar el trabajo, algunos de sus compaeros pueden experimentar undesgaste indirecto de energa. Toda la energa del grupo podra verse afectada por la actuacin de uno odos de sus miembros. Otro ejemplo es la situacin en que se encuentran los policas, el equipo de unhospital, u otras personas que trabajan en situaciones de emergencia, para los cuales es esencial en sutrabajo saber mantener el autocontrol. No es difcil asumir que si experimentaran un agotamientoindirecto las consecuencias podran variar desde pequeos fallos hasta autnticas catstrofes.

  • Dir, como nota al margen, que este estudio tambin me hace pensar en que el autocontrol es, comomnimo, un tanto inapropiado. Las inuencias sociales afectan ms de lo que creemos. Por otro lado,regular la distancia psicolgica que no es algo que se pueda hacer fcilmente representa una autnticaaplicacin del autocontrol. S i el pndulo oscila demasiado en cualquier direccin, las consecuencias nospueden afectar muy profundamente.

    Lo que nos revela el bostezo de los chimpancs sobre la empata

    Creo que estar de acuerdo conmigo en que el contagio del bostezo no es un mito. Las investigacionesrealizadas ltimamente sobre primates indican que estos animales nos pueden decir algo sobre lanaturaleza de la empata.

    Investigadores de la Yerkes National Primate Research Center, de la Universidad de Emory, han estadotrabajando sobre el mecanismo mental que subyace en el contagio del bostezo, tanto en chimpancs comoen humanos 7. Los investigadores descubrieron que los chimpancs bostezan ms tras haber vistobostezar a miembros de su mismo grupo que cuando lo observan en extraos. Los cientcos de Yerkes,Mahew Campbell y Frans de Waal (uno de los primatlogos ms renombrados del mundo) creen que lapropagacin del bostezo entre los chimpancs reeja una empata entre los miembros que se sientenfamiliarizados unos con otros. Estudiaron a veintitrs chimpancs adultos de dos grupos separados entres. Los animales de ambos grupos vieron vdeos, de una duracin de nueve segundos, en los que otroschimpancs bostezaban, o bien hacan otras cosas. Un 50 por ciento de los chimpancs bostezaron conmayor frecuencia cuando vieron hacerlo a miembros de su mismo grupo, que cuando bostezabanchimpancs pertenecientes al otro grupo.

    Campbell y De Waal sealan que los bostezos son contagiosos por la misma razn que lo son tambinlas sonrisas, los fruncimientos de cejas u otras expresiones faciales. Constituyen una medida de empata, yesto representa la parte ms graciosa la empata es influenciadora. Por sorprendente que nos puedaparecer, lo que descubre esta investigacin sobre los chimpancs es que lo que sucede con estos animales essimilar a lo que pasa con los humanos. Empatizamos mucho ms con aquellas personas que nos sonfamiliares; y esta inuencia de la familiaridad queda demostrada en algo tan bsico como puede ser elbostezo.

    Como ya hemos visto, el cerebro feliz es un rgano muy inuenciable. Y teniendo en cuenta queevolucion para adaptarse a la supervivencia, es muy probable que consideremos ms peligrosos a los queno pertenecen a nuestro grupo que a los que ya conocemos (desgraciadamente, con frecuencia puedesuceder todo lo contrario, y los conocidos tambin nos resultan peligrosos; pero eso es otro cantar).

    Un caso de estudio: la psicologa de las normas sociales constituye una potente vacuna contra laviolencia

  • Es posible que se pueda tratar el asesinato como una enfermedad transmitida psicolgicamente? Los resultadosobtenidos de un ambicioso programa anticrimen basado en esta teora, denominado CeaseFire (Alto el fuego!)indican que puede ser as. El programa emplea un nico punto de vista psicolgico, que apunta ms directamente apotenciales represores de la violencia que a potenciales perpetradores de la violencia. Una analoga en el campoepidemiolgico podra ser un programa que tuviese como objetivo a potenciales transmisores del virus del sida, enlugar de trabajar con un grupo de poblacin ms extenso. Se entrenaron a especialistas en materia de ayuda social(denominados interruptores de la violencia para que utilizaran la presin de normas sociales y la dirigieran haciaaquellas personas que se mostraban ms propensas a cometer represalias violentas contra s mismos o contrapersonas cercanas a ellos, en lo que se podra considerar como una forma de detener la transmisin de unaenfermedad antes de que se propagase. Mientras esto tena lugar otros especialistas se ocupaban de comunicar elmensaje en escuelas en las que las represalias no era algo guay, estableciendo de este modo un clima de presinde normas sociales contra la violencia de las represalias. El programa tambin recab la cooperacin de violentoscriminales ya reformados para que comunicasen este mensaje de antiviolencia.

    Los resultados que se obtuvieron al cabo de tres aos de estudios fueron impresionantes. Los tiroteos yasesinatos descendieron entre un 41 y un 73 por ciento en Baltimore y Chicago (Los autores del estudio afirmanque un 17 a un 35 por ciento se deben exclusivamente al proyecto CeaseFire). Los asesinatos por represaliadescendieron en un cien por cien, en cinco de ocho comunidades. Se comprob estadsticamente que la violenciase vio reducida en todas las comunidades. El programa demuestra que las normas de cambio social constituyen unmedio poderoso de modificacin conductual. La razn es que parece que existe en el cerebro una red neuronalasociada a la conformidad con las normas sociales. Un mensaje fuerte incluyendo mensajes sobre el castigoactivan esta red neuronal en distintos grados, produciendo unas determinadas respuestas conductuales. Se diraque el programa CeaseFire ha tenido xito en la comunicacin de aquellos mensajes que actan sobre esta redneuronal, suscitando autnticos cambios de conducta 8.

    No se puede imitar la verdad

    Existe otro importante inconveniente para apresar el virus de la empata, y no quisiramos cerrar estecaptulo sin hablar un poco de l.

    La investigacin sobre la empata realizada durante ms o menos los ltimos veinte aos ha reforzado laidea insistente de que el mimetismo es decir, la tendencia a imitar los comportamientos y expresiones deotras personas no solamente suaviza las rugosidades de la interaccin social sino que facilita una mejorcomprensin emocional. La idea se basa en que el mimetismo ayuda a la gente a sentir lo que sienten losdems, y permite entender mejor lo que una persona habla con otra. Y son muchos los estudios que dicenque esto es as cuando se logra una plena interaccin. Pero qu sucede cuando esa interaccin esengaosa? S i el mimetismo me ayuda a comprenderle mejor a usted, me ayudar tambin a saber cuandoest usted mintiendo?

    En un estudio dirigido por psiclogos de la Universidad de Leyden, en Holanda, se trat de dar unarespuesta exacta a esta pregunta 9. A los participantes se les pidi que interactuaran con personas

  • imitadoras, y no imitadoras, que armaban haber hecho un donativo de caridad; parte de esas personasrealmente haban hecho ese donativo, y otra parte estaba mintiendo. En conjunto el experimento incluya tres grupos de participantes que actuaban bajo tres condiciones: 1) se les dijo que imitaran; 2) se les dijoque no imitaran; 3) grupo de control, al que no se le dio instrucciones.

    Los resultados fueron estos: los no imitadores fueron notablemente mejores que los imitadores a la horade identicar a los mentirosos, y los resultados siguieron en pie cuando se compararon ambos gruposentre s y con el grupo de control. Tambin merece la pena mencionar que ninguno de los tres grupos semostraba muy hbil para detectar mentiras (si bien los no imitadores fueron los mejores). Esto apoya lateora bien conocida de que, por lo general, la gente no es muy hbil para reconocer a los mentirosos.

    Estos resultados tienen otras consecuencias. Tenga mucho cuidado con no imitar a ese vendedor deautomviles de segunda mano que est intentando convencerle de que con esa compra va a hacer ustedun gran negocio. Lo mismo sucede con cualquier vendedor que trate de venderle algo. Tanto si tratande engaarle como si no, lo mejor que puede hacer es establecer cierta distancia entre ellos y usted; y laimitacin, el seguirles el juego, reduce esa distancia. Ni se le ocurra hablar con esa persona que le mira consuficiencia y le dice, sea donde sea, que le est proponiendo el negocio de su vida.

    Pero nada de lo que hemos estado tratando implica que no debamos mostrarnos empticos. A la vista delo que sabemos sobre la fuerza que tiene el contagio emocional, no es mala idea ser conscientes de losinconvenientes que conlleva el enredarse emocionalmente demasiado pronto. Es totalmente posibleempalizar con los dems y, al mismo tiempo, protegernos de posibles engaos.

  • HCaptulo 12

    El poder oculto de las cosas

    Las cosas que usted posee terminan poseyndole a usted.

    CHUCK PALANHUIK, Fight club

    Cerebros en las puntas de mis dedos

    ACE algunos aos formaba yo parte de un equipo que iba a hacer una presentacin para exponer alas instituciones sanitarias las formas ms ecaces de convencer al pblico sobre la calidad del aireque respiramos. Durante nuestra ltima sesin de prcticas, antes de la presentacin real, uno de losveteranos y astutos presentadores apareci con tres pesados paquetes de documentos que descargsobre la mesa, y cuyo peso hizo temblar el facistol. Antes de empezar, le pregunt qu pensaba hacercon todo aquel material. Ya lo vers, me respondi.

    Cuando le lleg el turno de su presentacin, pude ver lo que se propona. Cada vez que haca unareferencia a las investigaciones que apoyaban sus armaciones, coga un paquete de documentos, lolevantaba para que los presentes pudieran verlo bien, y lo dejaba caer sobre la mesa de modo que todo elmundo pudiera apreciar lo que pesaba aquel paquete. Nunca llegu a preguntarle si los documentos queguraban en aquel pesado dossier contenan las investigaciones a las que se haba referido porque, enrealidad, la cosa careca de la menor importancia. El efecto que haba causado con su actuacin haba sidoenorme.

    Lo que yo desconoca por entonces era ese truco del empleo de algo que los psiclogos cognitivosdenominan cognicin incorporada; la hiptesis de que las percepciones corporales, como el tacto, inuencianfuertemente en la manera cmo pensamos. Otra forma de explicar este fenmeno es que nuestro cerebro nose limita a ocupar el espacio existente entre las dos orejas. Puesto que el pensamiento est vinculado a todonuestro sistema nervioso, es muy comprensible que las sensaciones fsicas externas inuencien en nuestrapercepcin. Lo que, sin embargo, hace tan interesante esta hiptesis es que esas inuencias nos afectan sinque nos demos cuenta de ello. Echemos un vistazo a unos cuantos experimentos que ilustran este punto.

  • El peso en la mente

    Un estudio titulado El peso como encarnacin de la importancia arroja luz sobre el ejemplo que puse aliniciar este captulo. A lo largo de mltiples experimentos, los investigadores estudiaron la posibilidad deque los juicios de importancia estuvieran unidos a la experiencia del peso 1. Por establecer tan solo unbreve comentario, piense por un momento de cuntas maneras el peso o los elementos equivalentes alpeso afectan notablemente a nuestros juicios. En ingls utilizamos el trmino weighty (pesado, de peso,importante) para signicar algo sustancial e importante. Tambin empleamos el trmino gravitas (seriedad)para connotar la seriedad, una elaboracin de nuestra forma de entender la gravedad como una fuerza queacta sobre el peso de todas las cosas (incluidos nosotros mismos). As mismo consideramos al peso comorbitro de la fortaleza fsica: cuanto ms podemos levantar o creemos que otra persona puede hacerloms impresin se causa. El peso tambin es una fuerza socioeconmica, como sucede con el tamao delcoche que pueda tener alguien. Me acuerdo cuando por primera vez vimos un modelo Hummer, y omosdecir a mucha gente que era un modelo de seis toneladas, como si con tal especificacin se hiciera resaltarla superioridad de ese vehculo sobre cualquier otro de sus mismas caractersticas.

    En el estudio de referencia se les pregunt a un grupo de participantes que estimaran el valor de ciertasmonedas extranjeras mientras las tenan cogidas con un clip. Haba fajos de billetes que estaban prendidospor un clip pequeo, y otros en los que se haba utilizado un clip ms grande. Como estaba previsto, losparticipantes que cogieron el clip ms pesado consideraron que el valor de esos billetes era notablementesuperior al de los que estaban sujetos con un clip ms ligero.

    En el segundo test se repiti lo que se haba hecho en el primero, pero en lugar de estimar el valor de lasdivisas se pidi a los participantes que juzgaran la importancia de tomar parte en un importante procesode toma de decisiones (se les present un escenario en el que se haba tomado una importante decisin queles afectaba, hecha por la direccin de la universidad). Una vez ms, los participantes que sostenan el clipms pesado estimaron como ms importante el tomar parte en las decisiones, a diferencia de los quesostenan el clip ms ligero. Ello demostraba que incluso algo tan abstracto, como el hecho de tomar unadecisin, estaba ligado a la experiencia del peso.

    Al nalizar los dos tests, se les pregunt a los participantes si estaban de acuerdo, o no, conargumentaciones de distinto peso. Este era un test de elaboracin cognitiva; es decir, la tendencia que tieneuno para asumir y defender una posicin fuerte a la vista de determinados factores.

    De nuevo qued demostrado que los participantes que haban sostenido los clips ms pesadosadoptaron posiciones ms fuertes y polarizadas que los que sujetaban clips ms livianos, y formularonargumentaciones ms fuertes en defensa de sus posiciones. Tambin qued claro que los que sostenan losclips ms pesados se manifestaron con un tono de voz incluso ms injurioso que los otros.

    Lo que hace tan impresionantes a estas pruebas es el hecho de que an rebasando variables tangibles eintangibles (divisas, decisiones, argumentos, etc.) llegan a un resultado totalmente coherente: laexperiencia del peso afecta a nuestro pensamiento, y lo hace sin que a veces nos demos cuenta de ello.

  • Sabor ms amargo, juicio ms amargo

    Si alguna vez ha dado un sorbo a alguna bebida amarga, probablemente su rostro se ha contrado un poco. Segn un estudiorealizado por investigadores del Brooklyn Collage, el sabor desagradable puede producir algo ms que obligarle a fruncir elceo. Los investigadores comprobaron el nivel de desagrado que manifestaban cincuenta y siete estudiantes sobre actuacionesde dudosa moral, como el soborno que aceptaban algunos polticos, el acostarse dos primos en segundo grado, o el que unindividuo se comiese a su perro. Antes de empezar sus evaluaciones se les dio a beber a los estudiantes unos sorbos de trestipos de bebidas: Bitter sueco, ponche de bayas dulces y agua. En una escala de 100 a 1, siendo 100 la peor evaluacin para unacto moralmente reprensible, los estudiantes que probaron la bebida ms amarga dieron una evaluacin promedio de 78; losque bebieron el ponche dulce, dieron 60; y el grupo que bebi agua, 62. Los porcentajes de los grupos que bebieron el ponchedulce y agua fueron estadsticamente los mismos, pero el grupo que bebi la bebida amarga fue significativamente mayor, lo queindic que el mal sabor incrementaba la desaprobacin moral de los estudiantes 2.

    Si se siente ms caliente y distendido, puede ser debido al caf

    Si usted se enfada con una persona, y esa persona empieza a ignorarle, se suele decir que se muestra fra.S i, por el contrario, se siente emocionalmente cerca de alguien, es que tiene sentimientos clidos haciaesa persona. Solemos utilizar un lenguaje metafrico como este para describir las relaciones humanas, peroimplican esas palabras algo ms de lo que dan a entender su significado?

    Un estudio aparecido en el peridico Psychological Science profundiza en si la experiencia real de calor o defro inuye en nuestra percepcin de las relaciones sociales. Dicho de otro modo, estn realmente unidaslas diferencias de temperatura al acercamiento, o alejamiento, en el mbito social? 3.

    El estudio incluy tres experimentos. En el primero, los participantes entraban en el laboratorio y se lessuministraba una bebida fra o caliente. Se les peda entonces que rellenaran un cuestionario (que enrealidad era un elemento bsico del estudio) y se les solicitaba que seleccionaran a una persona conocida yvaloraran la relacin que tenan con esa persona en una escala denominada Inclusin del Otro en M,que estaba convenida para determinar el grado de cercana entre el sujeto y la persona que habaseleccionado. En un momento dado se les pregunt a los participantes si se daban cuenta de que estabansosteniendo una bebida caliente o una bebida fra. Todo lo que supieron decir fue que tan solo se les habapedido que completaran unos cuantos cuestionarios.

    He aqu los resultados: Los sujetos que sostenan la bebida caliente manifestaron un nivel de cercananotablemente ms elevado que los que mantenan bebidas fra, lo que hizo considerar la hiptesis de que elcalor fsico est vinculado a la percepcin de la calidez social.

  • Haga dos fotografas de su ser querido y llmeme por la maana

    Como bien sabe todo aquel que haya estado hospitalizado, se soporta mejor el dolor si tenemos cerca de nosotros a un serquerido. Se realiz un estudio para saber si tambin puede conseguirse esa misma reduccin del dolor por medio de unafotografa, en lugar de la presencia fsica de la persona. Se escogieron para la prueba a 28 mujeres que mantenan relacionessentimentales duraderas. Se las llev a una sala de pruebas, mientras que a sus parejas se las condujo a otra sala contigua parahacerles una foto. A las mujeres se las someti a un test para conocer su umbral de dolor mediante estimulacin trmica. Unavez que quedaron establecidos los diferentes umbrales de dolor para cada una de las mujeres, y mientras seguan soportando lamolestia, se comprobaron sus distintas reacciones en las siguientes condiciones: 1) sosteniendo la mano de su pareja, que seencontraba oculto al otro lado de una cortina, 2) apretando una pelota, 3) sosteniendo la mano de una persona extraa, 4)viendo la fotografa de su pareja en la pantalla de un ordenador, 5) viendo la fotografa de un varn desconocido, 6) sin ver cosaalguna. Las mujeres sometidas al test deberan establecer su grado de malestar en una escala de veintin puntos. Los resultadosfueron los siguientes: tal y como se esperaba, el dolor se redujo notablemente mientras sostenan la mano de su pareja, encomparacin con la sensacin experimentada al sostener un objeto o la mano de una persona extraa. Tambin se produjo unanotable reduccin de dolor al ver la foto de la pareja, en comparacin con la experimentada en las otras condiciones. Lo queresult muy interesante fue comprobar que el contemplar la foto de su pareja reduca ligeramente ms el dolor que el sostenerfsicamente su mano. Parece ser que lo que sucede en estos casos es que nuestro cerebro puede realizar asociaciones mentalescon nuestros seres amados y mantener dichas asociaciones con la simple visin de su foto. El efecto que produce esa visinpuede reducir notablemente el dolor que se est experimentando. Y, como sugiere el estudio, incluso en algunos casos lacontemplacin de la foto puede resultar ms eficaz que la presencia fsica de la persona.

    El segundo experimento consisti en comprobar la diferencia que se establece al ver una escena lmadaen una habitacin fra o en una caliente, y cmo inuencia esta circunstancia sobre el lenguaje utilizadopara describir el lm; partiendo de la hiptesis de que una temperatura ms caliente inuencia en el sujetode modo que le permite utilizar unas expresiones ms concretas (por ejemplo, Juan golpe a David), enlugar de descripciones ms abstractas (Juan est enfadado con David). El resultado del test demostr quelos sujetos que haban estado en una habitacin ms caliente utilizaron un lenguaje ms concreto paradescribir la escena que los que permanecieron en una habitacin fra, quienes emplearon expresiones msabstractas para describir la misma escena. La investigacin mostr igualmente que la utilizacin de unlenguaje concreto se vincula fuertemente con el sentido de cercana social, mientras que un lenguaje msabstracto lo hace con el distanciamiento social.

    Lo pesado y lo duro

    Un estudio extensamente publicado en 2010 mostr un trabajo muy sugestivo realizado sobre la teoracognitiva. Investigadores del MIT*, de Harvard y Yale realizaron seis experimentos para conocer si ladureza, el peso, la forma y la textura de ciertos objetos inuencia en nuestras decisiones en determinadas

  • situaciones 4. Por ejemplo, el estudio demuestra que cuando usted est negociando un asunto es mejorque se siente en una silla dura y pesada, lo que le permitir establecer tambin una negociacin ms rmeque si lo hiciera en otro tipo de asiento. Y cuando tenga que mantener una entrevista de trabajo asegresede llevar un portafolios pesado y de buena calidad. Segn este estudio, los candidatos parecen msimportantes cuando se les asocia a objetos pesados. Pero cuando invite a su novia a cenar llvela a unlugar suave, porque parece ser que los objetos de textura rgida y agresiva hace que las interaccionessociales resulten ms difciles de lo que en realidad son. As pues, abstngase de utilizar vasos biselados yes posible que su cita tenga mayor xito.

    Habiendo estudiado el papel de la inuencia desde mltiples ngulos, vamos a ocuparnos ahora detemas que son esenciales en nuestras vidas, y sin los cuales nos sentiramos perdidos. Literalmente,perdidos.

  • Parte 5

    Memoria y modelado

  • CCaptulo 13

    Tu mente reeditada

    OMO analista consultor para la Agencia de Proteccin Ambiental de los Estados Unidos dediqubastante tiempo a dirigir una investigacin con el n de determinar la efectividad de una campaanacional cuyo objetivo era crear conciencia sobre el envenenamiento en nios debido al plomo de lascaeras y averiguar si estaba llegando a las personas a las que iba dirigida, es decir, a los padres denios pequeos que habitaban en ciudades en las que abundaban las viviendas antiguas. Una de lasformas de hacer llegar el mensaje a estas personas era mediante cortometrajes proyectados antes de lapelcula en cines de mltiples ciudades. A m me correspondi llevar a cabo la investigacin en cinesde la ciudad de Baltimore, para lo que utilic dos tipos de encuestas personales: una primera encuestatuve que realizarla antes de comenzar la pelcula con objeto de determinar el conocimiento que tenan

    las personas acerca del tema, y al terminar la pelcula deba realizar una segunda encuesta a n deconstatar si las personas haban sido inuidas por el mensaje que alertaba sobre el envenenamiento. Conla primera se estableca el nivel de conocimiento previo; con la segunda se determinaba en qu medida elanuncio haba incrementado ese conocimiento. Igualmente, la segunda encuesta determinaba hasta qupunto las personas recordaban el anuncio en cuestin.

    Tras las primeras encuestas comenc a darme cuenta de que estaba sucediendo algo extrao. Lo que mehizo pensar as fue que, segn mis clculos, aun en las mejores circunstancias, como mucho deberamosobtener para este anuncio entre un 30 y un 40 por ciento de tasa de recuerdo (en realidad ms cerca del 25por ciento). S in embargo, estbamos obteniendo unos porcentajes del 60 al 80 por ciento en los cinesencuestados, el doble de la tasa esperada, cosa sorprendente teniendo en cuenta el tipo de personasinvolucradas. De manera que, al reanudar la investigacin, decid que deberamos incluir un par denuevas preguntas dentro de la encuesta posterior a la pelcula, con el n de determinar si las personas erancapaces de recordar detalles relativos al anuncio, y no simplemente el mensaje. Esto puso de maniesto queeran relativamente pocos los que podan recordar algo especco acerca del anuncio, si bien armabanrecordar que haban visto el mensaje que alertaba sobre el envenenamiento por plomo.

    Qu es lo que estaba sucediendo? Tras algunas consideraciones llegu a varias conclusiones; quiz lams importante fue que las personas reciban inconscientemente informacin fragmentaria en el vestbulodel cine, como poda ser el haber visto el logo de nuestra institucin sobre la mesa que utilizbamos, y elque algunos otros habran odo la expresin envenenamiento por plomo mientras deambulaban entrelas personas que estaban siendo interrogadas, o bien que escuchaban los comentarios de personas quesalan del cine tras haber rellenado la encuesta. En denitiva, no ms del 30 por ciento de los encuestadospodan recordar el anuncio del cortometraje que preceda a la pelcula; otras personas haban reunido talcantidad de informacin fragmentaria que crean estar seguros de haberlo visto. Los fragmentos seentremezclaban en su memoria y cuando se les formulaba una pregunta que actuaba como una especie de

  • pegamento mental para estos fragmentos, se sentan seguros de haber visto el anuncio.

    Este ejemplo ilustra una verdad muy simple a la que normalmente somos reticentes de admitir: nuestrosrecuerdos resultan ser errneos con la misma frecuencia que pueden resultar correctos. Lo ms probable esque sean incompletos, aunque estemos dispuestos a aseverar que no lo son. Esto afecta a numerososaspectos de nuestra vida y, en muchos casos nuestros recuerdos, ya sean verdaderos o falsos, tambinpueden afectar la vida de los dems. Pero antes de explorar en mayor detalle lo falible que puede ser lamemoria, vamos a dedicar unos minutos a revisar lo que conocemos acerca del modo de operar de esta.

    Estudio preliminar sobre la memoria1

    Es posible distinguir dos clases de memoria: la explcita y la implcita. La memoria explcita (llamadatambin memoria declarativa) almacena principalmente palabras, nmeros y sucesos. Utilizando los trminosde la neurobiologa, se la puede denominar memoria semntica y episdica. Al tratar de recordar lo quesucedi en la ltima excursin campestre que hicimos con nuestra familia a nales de 2004, por ejemplo,estamos utilizando la memoria explcita.

    La memoria implcita (tambin llamada memoria no declarativa) es en la que se encuentra la denominadamemoria muscular, es decir, las destrezas motoras que, una vez aprendidas, permanecen siempredisponibles. Nos hemos preguntado por qu no tenemos que recordar nunca la manera de cortarnos lasuas o de cepillarnos los dientes? La razn es que ese recuerdo lo proporciona la memoria implcita.

    Esas son las dos divisiones principales de la memoria; pero igualmente existen dos categoras temporalesde memoria (es decir, basadas en el tiempo). La primera es la memoria de trabajo, que normalmente lallamamos memoria de corto plazo, que es la que incluye cualquier cosa que estemos pensandoactivamente en este momento. En anteriores modelos de memoria, la memoria de trabajo y la de cortoplazo constituan dos categoras diferentes, siendo esta ltima considerada como una zona dealmacenamiento pasivo de informacin, con vnculos cercanos a la atencin y a la conciencia. Pero en laterminologa actual de la memoria, estas categoras se consideran sinnimas.

    La segunda categora es la memoria a largo plazo; es el lugar en el que reside todo lo que recordamos.La memoria a largo plazo acta en el corto plazo (por ejemplo en la memorizacin de palabras), as comoen el largo plazo (por ejemplo en los recuerdos de la infancia). Una manera de considerar la memoria acorto plazo (memoria de trabajo) en contraposicin con la memoria a largo plazo es observar quecualquier cosa que se halle presente en la conciencia en este momento involucra la memoria a corto plazo.En la mayora de los casos la memoria a corto plazo tiene una capacidad sumamente limitada: alrededor desiete cosas a la vez. La memoria de largo plazo incluye todo lo que no est actualmente activo, pero quepuede ser recordado y activado. Esto puede incluir desde informacin que se acumul ayer para presentarun examen, hasta la direccin de la casa donde la persona viva a la edad de ocho aos.

    Uno de los descubrimientos ms notables de las ltimas dcadas en relacin con la neurociencia es el deque nuestro cerebro no est constituido por agrupaciones estticas de tejido, sino que es un rganoexible y activo que cambia a lo largo de nuestra vida. El trmino utilizado para describir este nuevo

  • hallazgo es el de plasticidad cerebral. La exibilidad del cerebro o cerebral es esencial para la memoria eindispensable para el aprendizaje. Hablando especcamente, los componentes plsticos de nuestrocerebro los constituyen las sinapsis; es decir, los puntos que permiten a las neuronas transmitir las sealesde unas a otras. Al observar al microscopio las sinapsis de un cerebro humano adulto, se percibenvariados tamaos y formas; algunas presentan forma de hongo, otras adoptan la forma de pequeosmontculos y otras tienen forma de montaas de base ancha. Lo ms increble es que tanto en su cerebrocomo en el mo las sinapsis tienen distintas formas dependiendo de la necesidad, por ejemplo, de la uidezrequerida por las neuronas en un determinado caso; y esto contina repitindose a lo largo de nuestravida.

    Otro descubrimiento notable relacionado con la plasticidad del cerebro es que la cantidad de actividadentre las neuronas se corresponde directamente con la fortaleza con que la conexin seguir existiendo.Los cientcos cognitivos suelen sealar que las neuronas que se activan juntas permanecen conectadasentre s. Esto signica, en trminos de memoria, que cuanto ms intensa sea la actividad entre lasneuronas que constituyen la memoria de un suceso dado, tanto ms robusto ser el recuerdo. Esta es unade las razones por la que es frecuente que los recuerdos cargados de emocin penetren en la conciencia enforma vvida. En mi caso todava recuerdo casi exactamente dnde me hallaba del exterior de mi instituto,en la Florida, cuando ocurri la explosin del transbordador espacial Challenger. Estaba mirando al cielocuando pude distinguir la forma total de la explosin esbozada por el humo. Todos los momentos en losque nos podemos preguntar dnde estaba yo cuando, participan en cierto grado de esta intensidad, loque los hace ms fciles de recordar que cualquier otra cosa que estuviera sucediendo en ese momento. Porejemplo, mientras escribo este libro, se produce un hecho histrico: el presidente de los Estados Unidosanuncia que han matado a Osama bin Laden. Me siento como si con ello hubiese completado el recuerdode los terribles sucesos del 11 de septiembre. Puedo recordar con todo detalle lo que estaba haciendocuando me lleg la noticia del ataque terrorista en 2001, y ahora tambin tendr el recuerdo del lugar enque me hallaba casi 10 aos despus cuando acabaron con el autor intelectual del ataque. Estos sonsucesos emocionales poderosos que van acompaados de una actividad neuronal intensa. Su huella,aunque en cierto modo imperfecta, permanecer con nosotros el resto de la vida.

    S in embargo, esto no ocurre con la mayora de los recuerdos. Incluso los recuerdos ms vividosproducidos por emociones intensas (llamadas frecuentemente recuerdos ash), se ven erosionados en suinfraestructura por el tiempo, que produce grietas y sombras. En lugar de recordar detalles especcos conexactitud, a lo largo del tiempo, lo que constituye los recuerdos son las impresiones generales de sucesos,salpicadas con algunos detalles puntuales; cuanto ms edad tengamos, ms puntuales sern.

    Recuerda una vez; olvida dos veces

    Con el n de averiguar por qu sucede esto, entre otras perturbaciones, la ciencia cognitiva ha investigadola memoria ms agresivamente que quiz cualquier otro tema. El resultado ha sido que poseemos unariqueza creciente de investigacin sobre el tema que nos permite comprender mejor el arte quijotesco delrecuerdo. Lo que ahora conocemos es que nuestro cerebro es capaz de reconstruir los recuerdos, si biencon frecuencia, somos conducidos a engao pensando que las reconstrucciones son recuerdos que seregistran sin ninguna falla.

    En este captulo pretendo convencer al lector de que nuestros recuerdos estn bastante lejos de ser

  • concretos y que pueden ser alterados con relativa facilidad. Esta es la parte negativa. El aspecto positivo esque la memoria imperfecta constituye una adaptacin evolutiva que sirve a nuestra especie la mayor partedel tiempo. La prdida de memoria, y la creacin de nueva memoria, es esencial en un sistema de procesosde la informacin relativamente eciente que nunca descansa. El movimiento selectivo de informacinhacia la memoria de largo plazo constituye una maravilla adaptativa que permite a nuestro cerebroalmacenar pedazos de informacin cruciales de los que dependeremos en el futuro, y que desechainformacin que no merece la pena ser conservada. No se trata de un proceso totalmente limpio, ya que laselectividad de la memoria suele ir en nuestra contra (pensemos en cuntos recuerdos nos gustaraolvidar). Pero comienza a tener sentido cuando se contempla el proceso a travs de la lente de lasupervivencia de las especies. En estos casos es decisivo recordar dnde se localizan las mejores fuentes dealimento; dnde se encuentran los mejores campos de caza; qu reas debemos evitar para no ser alimentode otros; y cmo regresar a salvo a la casa. Para nuestros antepasados, conar en la memoria de losdetalles particulares era un asunto de vida o muerte.

    Nuestro problema actual es que la memoria, a pesar de que constituye una increble adaptacin, seenfrenta a incesantes retos en las sociedades basadas en la informacin. Es un hecho que tenemosdemasiado que recordar en cada momento, y la gran mayora de nuestros cerebros no estn equipadospara manejar esta complejidad. Las expectativas sobre lo que debemos ser capaces de recordar, escasamentelogran emparejarse con lo que nuestros cerebros son capaces de procesar, aunque esto sea una cantidadenorme.

    Igualmente hemos adoptado metforas inexactas para la memoria que nos conducen a conclusionesincorrectas. La metfora de la biblioteca, por ejemplo, que sugiere que cuando necesitamos invocar unrecuerdo lo podemos encontrar catalogado en un estante mental, listo para la consumicin. O la metforadel ordenador, que sugiere que nuestros cerebros almacenan archivos en un disco duro cerebral al quepodemos acceder como lo hacemos con nuestros ordenadores. Estas y otras metforas similares estnequivocadas por razones anlogas: la memoria no reside en un lugar especco de nuestro cerebro, sinoque est distribuida en mltiples regiones cerebrales. Pero persiste la equivocacin debido a quecomprendemos ms fcilmente las metforas mencionadas que la compleja verdad de la memoriadistribuida y reconstruida.

    Seguidamente repasaremos unos cuantos experimentos que destacan lo cambiante que puede ser lamemoria.

    Una foto vale ms que mil maneras de cambiar su memoria

    La mayora de nosotros nos damos cuenta de que la memoria es falible debido a las pequeas cosas quesuceden todo el tiempo. Nos olvidamos de cosas tales como las llaves del coche, las contraseas, si hemosapagado el horno, etc. Pero cuntos de nosotros admitira que nuestra memoria es susceptible de cambiardesde el exterior? Esto es algo diferente a un simple olvidar, es algo que hacemos por nuestra cuenta,porque para que alguien de fuera pueda cambiar nuestra memoria necesita meterse en nuestra cabeza,por as decirlo.

    Lo cierto es que esta forma de influencia de fuera adentro no requiere demasiado esfuerzo para realizarse,

  • solo unas cuantas imgenes y algo de tiempo. Un estudio llevado a cabo por Linda Henkel en elDepartamento de Psicologa de la Universidad de Faireld estuvo dirigido a probar que si se mostraba aunas personas fotos de acciones completadas, tales como un lpiz partido o un sobre abierto, esto podrainducirles a creer que haban hecho algo y eso no era cierto, en particular si se les mostraba las fotos enmltiples ocasiones 2. Se mostr a los participantes una serie de objetos colocados sobre una mesa, y antecada objeto se les peda que realizaran alguna accin o que se imaginaran que la estaban haciendo (porejemplo, cascar una nuez). Una semana despus los mismos participantes regresaban al lugar delexperimento y se les mostraba en forma aleatoria una serie de fotos en la pantalla de un ordenador,correspondientes a una accin completada (por ejemplo, una nuez abierta), una, dos o tres veces. A otrosparticipantes no se les mostraba ninguna.

    Una semana despus, se les volva a convocar para que completaran un test de memoria para el cual seles mostraba unas frases de accin (por ejemplo, yo casqu una nuez) y a continuacin se les peda querespondieran si haban realizado la accin, si se haban imaginado realizndola, o ninguno de los casosanteriores, y valoraban su nivel de conanza para cada respuesta en una escala de uno a cuatro. Losresultados indicaron que cuanto ms se mostraba a las personas una foto de una accin completada, msfrecuentemente pensaban que haban completado la accin, aun cuando solo se haban limitado aimaginarse hacindolo. A los que se les haba mostrado la foto de una accin completada una sola vez eradoblemente probable que pensaran equivocadamente que haban completado la accin, en comparacincon aquellos que no haban visto ninguna foto. A los que se les haba mostrado la foto tres veces eran casitres veces ms proclives a pensar que haban sido ellos los que haban completado la accin encomparacin con los que no se les haba mostrado ninguna foto.

    Hay dos factores incluidos en este estudio que nos hablan de la maleabilidad de la memoria. El primeroes la duracin del tiempo. El experimento se realiz con una semana de separacin entre cada sesin,tiempo suciente para que las acciones y los objetos especcos quedaran un tanto nublados en lamemoria, pero no el tiempo suciente como para que se olvidaran. Esto se parece mucho a las situacionesdel mundo real, como las de proporcionar declaraciones de testigos presenciales, para las que puedentranscurrir varios das o tal vez semanas hasta la recuperacin de los hechos.

    El segundo factor es el de repetir la exposicin a imgenes. El estudio mostr que incluso una exposicina una foto de una accin completada inuenciaba fuertemente sobre el recuerdo incorrecto, en tanto quemltiples exposiciones aumentaban significativamente los errores.

    Si el vdeo lo dice, entonces yo soy culpable

    Si las imgenes estticas pueden utilizarse para manipular nuestros recuerdos, qu puede hacerse con losvdeos? En un mundo dominado por medios electrnicos susceptibles de ser alterados, nunca se puedeestar totalmente seguro de que lo que se muestra en la pantalla es lo que realmente sucedi. Dos estudiossobre la memoria dirigidos por los investigadores Kimberly Wade, Sara Green y Robert Nash, de launiversidad de Warick (UK), ilustran perfectamente este punto 3.

    En el primer estudio los investigadores deseaban averiguar si podan convencer a las personas de que

  • haban cometido un acto que nunca haban hecho. Para lograrlo crearon un programa de ordenador conel n de que los participantes completaran una tarea de juego de azar con opciones mltiples, que consistaen incrementar las ganancias de una suma de dinero tanto como fuese posible contestando preguntas. Eldinero se retiraba de un banco en lnea basado en avisos proporcionados a los participantes por elprograma de ordenador: cuando respondan una pregunta correctamente, se les avisaba de que podanretirar dinero del banco; cuando respondan incorrectamente, se les instrua para que devolvieran dineroal banco. Los sujetos estaban siendo grabados por una cmara mientras completaban la tarea.

    Ms adelante, se peda a los participantes que se sentaran a analizar la tarea con un investigador. Enmedio de la discusin el investigador deca que haba identicado un problema durante la tarea, y luegoacusaba al participante de haber robado dinero del banco. A algunos de los participantes se les deca queexista un vdeo que mostraba la evidencia de que haban estado tomando el dinero (pero no se lesmostraba el vdeo), mientras que a otros se les mostraba el vdeo que probaba que haban tomado eldinero. Lo que los participantes no saban es que el vdeo haba sido modicado para que pareciera quehaban hecho algo que en realidad no haban hecho. A los participantes se les pidi entonces que rmaranuna confesin declarando que efectivamente haban tomado el dinero del banco en lugar de depositarlo enel mismo. Se les dio dos oportunidades para rmar la confesin, y al nal del da todos lo haban hecho.Exactamente el 87 por ciento la rm en la primera ocasin y el 13 por ciento restante lo rm en lasegunda. Lo ms interesante fue que los participantes llegaron a decir que el vdeo les haba mostrado quehaban tomado el dinero, lo que se ajustaba a la confesin.

    El siguiente estudio se bas en el mismo principio, pero esta vez la nalidad era ver si las personasacusaban a los dems de haber hecho lo que no haban hecho. Se volvi a utilizar una tarea de juego, peroen lugar de que la completara una sola persona, ahora eran dos personas a la vez, que se hallabansentadas prximas una a la otra, delante de monitores que situados de tal modo que permitan ver lo quehaca la otra persona. Los sujetos estaban siendo grabados como en el caso anterior, y el vdeo fue alteradocomo antes para mostrar que uno de los participantes estaba llevndose el dinero.

    Al nal se peda al participante inocente que revisara el experimento con un investigador y se le decaque l vdeo probatorio haba mostrado que el otro participante haba robado dinero. El investigadorsegua diciendo que a n de iniciar acciones contra esa persona, el participante inocente tendra que rmaruna declaracin como testigo corroborando el vdeo de la evidencia. Igual que antes, a algunosparticipantes se les deca que exista el vdeo, mientras que a otros se les mostraba el vdeo alterado (yhaba tambin otro grupo de control al que no se le deca nada ni se le mostraba el vdeo).

    Lo que result fue que cuando se les pidi que rmaran la declaracin cmo testigos contra la otrapersona, casi el 40 por ciento de los participantes que vieron el vdeo lo hicieron. Otro 10 por ciento lorm cuando se lo pidieron una segunda vez. Solo el 10 por ciento de los que solo les haban habladoacerca del vdeo aceptaron rmar, y cerca del 5 por ciento del grupo de control rm la declaracin. Estosresultados muestran el alarmante poder del vdeo para conformar y distorsionar la memoria, no solorespecto a los dems, sino respecto de uno mismo tambin. En el primer estudio no fue solo ver el vdeo loque marc la diferencia; solo con decirles que exista un vdeo caus casi el mismo impacto. Y merece lapena sealar que en el segundo estudio, algunas de las personas que rmaron la declaracin como testigosestaban tan convencidos de que la otra persona era culpable que aportaron incluso mayores detalles decomportamiento sospechoso, como si supieran que la otra persona haba estado haciendo algo malo.

    La confianza es el camino hacia los recuerdos falsos

  • Los ejemplos que acabamos de presentar ponen de relieve lo que le puede suceder a nuestra memoriacuando se manipula la informacin visual. Ahora vamos a eliminar el elemento visual y nos vamos acentrar en cmo afecta a la memoria la integridad de la informacin que recibimos o, en forma ms precisa,la integridad del informante. Por ejemplo, si somos seguidores frecuentes de un comentarista de noticias, yleemos todo lo que escribe en cualquier lugar, podemos caer inadvertidamente en una trampa deconanza. Algunos estudios muestran que una vez ponemos la conanza en una fuente particular deconocimiento, es menos probable que en el futuro investiguemos sobre la calidad de la informacin queproviene de esa fuente. Un estudio dirigido por Elizabeth Loftus en la Universidad de California, Irvine ysu grupo llevaron esta investigacin un paso ms, mostrando que la trampa de conanza puedenigualmente resultar en la creacin de recuerdos falsos, y no solamente en el corto plazo 4.

    Los investigadores idearon un diseo experimental en el que exponan a dos grupos de participantes auna serie de imgenes seguidas de una narracin acerca de las mismas. El primer grupo (referido como elgrupo del truco) recibi una narracin exacta acerca de las imgenes. El grupo de comparacin recibimayormente informacin errnea. Posteriormente, ambos grupos completaron las pruebas de recuerdo an de determinar cunta informacin exacta recordaban en comparacin con lo que recordaban deinformacin errnea.

    Transcurrido un mes, los participantes volvieron a someterse al mismo experimento nuevamente,excepto que esta vez el grupo del truco reciba informacin errnea durante la narracin (es decir, eltruco), al igual que el grupo de comparacin. Ambos grupos fueron sometidos una vez ms a un testcompleto de memoria.

    Y esto es lo que sucedi: en la primera sesin, el grupo del truco logr una tasa signicativamente msalta de recuerdo verdadero respecto al grupo de comparacin (lo que era de esperar, ya que solo se le dioinformacin errnea al grupo de comparacin durante esta sesin), con tasas de cerca del 82 por cientopara el grupo del truco y 57 por ciento para el grupo de comparacin.

    Pero en la segunda sesin, en la que ambos grupos recibieron informacin errnea un mes despus, elgrupo del truco logr una recuperacin de memoria verdadera signicativamente inferior que el grupo decomparacin: 47 por ciento contra 58 por ciento.

    La causa ms probable de este efecto es que el grupo del truco cay en una trampa de conanza. Debidoa que la informacin que se le suministr por parte de la fuente narrativa en la primera sesin era exacta (ycomo consecuencia la puntuacin de la prueba fue ms alta), los participantes juzgaron que la fuente eracreble y conable. El grupo de comparacin, por su parte, careca de razones para poner su conanza enla fuente original y mostraron una tasa de recuerdo aproximadamente del mismo nivel en ambas sesiones.

    Lo que es ms interesante observar es lo referente a los tiempos de este efecto. Los investigadoresllevaron a cabo las sesiones con un intervalo de un mes, dejando suciente tiempo como para que el efectode conanza se extinguiera. Pero no ocurri as. Una vez ms apreciamos que las implicaciones de estainvestigacin respecto al mundo real son importantes. La declaracin de los testigos presenciales puedecambiar cuando un testigo escucha una fuente de informacin que previamente haba consideradoconable (ya sean los medios de comunicacin, los interrogadores u otras personas), y este estudio sugiereque la ventana de oportunidad para este efecto es amplia. Cualquier informacin subsiguiente que recibaun testigo presencial desde cualquier fuente puede alterar sus recuerdos significativamente.

  • Creencias falsas originan recuerdos falsos

    S i hay algo que los estudios de psicologa cognitiva han dejado claro a lo largo del tiempo, es que los sereshumanos son excepcionalmente crdulos. Con muy poca presin, estamos inclinados a desarrollar falsascreencias, no solo acerca de los dems, sino tambin acerca de nosotros mismos con igual facilidad, y losresultados pueden ser bastante difciles de creer. Y en el ncleo de muchas de estas falsas creencias se hallanlos falsos recuerdos.

    Por ejemplo, un estudio en 2001 pidi a los participantes que calicaran la verosimilitud de haberpresenciado durante su infancia una posesin demonaca, y su convencimiento de que realmente habanpresenciado una. Posteriormente, a los mismos participantes se les dio artculos que describan lo frecuenteque era que los nios presenciaran posesiones demonacas, conjuntamente con entrevistas con adultos queaseguraban haber presenciado posesiones durante su infancia. Tras leer los artculos, los participantes nosolo calicaron la posesin demonaca como ms verosmil que lo que lo haban hecho anteriormente, sinoque tambin se mostraron ms conados de que ellos mismos tambin haban experimentado unaposesin demonaca de nios 5.

    Otro estudio (menos dramtico) pidi a los participantes que calicaran la verosimilitud de quehubieran recibido enemas de bario cuando nios. Al igual que en el otro estudio, a los participantes se lesmostraba despus una informacin creble sobre la frecuencia de las enemas entre los nios, junto conlos procedimientos detallados para la administracin de una enema. Y una vez ms, los participantescalicaron la verosimilitud de haber recibido una enema de bario en su infancia bastante ms alta que loque lo haban hecho anteriormente.

    Un estudio llevado a cabo por la investigadora S tefanie Sharman, en la Universidad de South Wales,buscaba determinar el efecto de la frecuencia de la informacin (es decir, una medida que establece las vecesque sucede un acontecimiento, haciendo que parezca ms probable y por tanto ms importante) en eldesarrollo de creencias falsas. En l se peda a los participantes que calicaran la tasa de verosimilitud de 10acontecimientos de 1 (no verosmil) a 8 (sumamente verosmil), y la conanza que tenan en haberexperimentado cada acontecimiento, calicando de 1 (no ha ocurrido) a 8 (s ha ocurrido). Losacontecimientos incluan un rango que iba desde lo altamente verosmil (me perd en un centro comercialcuando era nio) hasta lo menos verosmil (fui abducido por un OVNI).

    Cmo una lista de verificacin para el refuerzo de la memoria puede aplazar su lista de cosaspendientes

    Un estudio publicado en el New England Journal of Medicine sobre los resultados de utilizar listas de verificacin paracontrolar la seguridad en ciruga, en hospitales urbanos impor tantes de todo el mundo, pone de manifiesto lo peligrosamentefalible que puede ser la memoria. En todo el mundo se llevan a cabo unos 234 millones de operaciones al ao. Es difcil calcular

  • el porcentaje de fallecimientos derivados de complicaciones posquirrgicas, pero he visto estimaciones que van desde el 1,5 porciento al 5 por ciento, dentro de los 30 das posteriores a la ciruga. Si tomamos la cifra ms baja, esto equivale a ms de 3,5millones de fallecimientos post ciruga cada ao. Un porcentaje significativo de este nmero, quiz un 50 por ciento, esatribuible a infecciones y complicaciones que podran haber sido prevenidas si se hubieran seguido los procedimientos deseguridad. Este estudio incluy ocho hospitales de ocho ciudades, incluyendo Toronto, Nueva Delhi, Manila, Londres y Seattle,es decir, una muestra socioeconmica y cultural de hospitales que participaban en el programa de la Organizacin Mundial de laSalud llamado Una ciruga segura salva vidas. Como referencia, se recogieron datos sobre 3.733 pacientes que habaningresado en forma consecutiva para ser sometidos a ciruga no cardiaca, con edades de 16 aos y superiores. Tras poner enuso la lista de verificacin para una ciruga segura, los investigadores recogieron datos sobre 3.955 pacientes que habaningresado consecutivamente, con los mismos criterios. Se analiz la tasa de fallecimientos y de complicaciones generalesdurante los primeros 30 das siguientes a la operacin. Segn los resultados, la tasa de fallecimientos en los hospitales, queantes era del 1,5 por ciento, despus se redujo al 0,8 por ciento. La tasa de complicaciones era del 11 por ciento antes de lalista de verificacin, y despus se redujo al 7 por ciento. En resumen, el uso de la lista de verificacin redujo la tasa defallecimientos y complicaciones casi a la mitad.

    Esta herramienta bsica hizo que el personal se acordase de seguir los procedimientos seguros en cada momento, lo queresult en menos complicaciones y en menos fallecimientos de pacientes 6.

    Dos semanas despus los participantes regresaban y se les daba informacin sobre cuatro de los eventosque haban calicado previamente, todos ellos de verosimilitud baja a moderada (nada de OVNI). Lainformacin inclua artculos de peridicos, descripciones de terceras personas, y datos sobre sujetos deestudios anteriores, todo esto diseado para dejar ver una mayor frecuencia de los acontecimientos. Losresultados mostraron que la informacin de mayor frecuencia proveniente de todas las fuentes afectaba eldesarrollo de creencias falsas. Particularmente, los participantes a los que se les haba dado informacincon mayor frecuencia en artculos periodsticos falsos se sintieron ms conados respecto al hecho de queellos haban experimentado los acontecimientos, lo que testimoniaba el poder de la palabra impresa sobrela memoria 7.

    De lo anterior se derivan diversas conclusiones. La primera: no debemos ignorar la posibilidad de queseamos tan susceptibles de desarrollar creencias falsas como cualquier otra persona en el mundo. Elcerebro es un supremo milagro de errores y nadie, excepto los descerebrados, est exento. Por otra parte,reconocer que esto es verdad es tambin el mejor preventivo contra un posible autoengao.

    Una ltima palabra: recordarse de todo en el futuro

    Si uno se para a pensar, la capacidad de construir escenarios futuros en nuestra mente es muy notable.Hasta donde podemos saber, todas las especies, incluyendo nuestros ms cercanos parientes primates,reaccionan a los acontecimientos a medida que ocurren. Ellos pueden aprender de estos acontecimientos yaplicar ese conocimiento en el futuro (pensemos en los chimpancs que aprenden a coger hormigasintroduciendo un palillo en el hormiguero y repiten lo mismo en cada hormiguero que encuentran), perono son capaces de reunir fragmentos complejos de informacin para formar un todo coherente con vista alfuturo. En qu forma nosotros realizamos esto?

  • Como sucede con muchos otros aspectos de la ciencia cognitiva, es difcil decirlo con certeza, pero elpensamiento actual propone que nos comprometemos en algo llamado pensamiento episdico futuro, lo quesignica que simulamos el futuro utilizando elementos del pasado. Estudios recientes sobre la imaginacincerebral muestran que algunas regiones del cerebro que son activadas cuando se produce un recuerdopersonal, como son las circunvoluciones del cngulo posterior y del parahipocampo, y el lbulo occipitalizquierdo, tambin estn activas cuando pensamos sobre un acontecimiento futuro 8.

    Est claro que nuestras simulaciones sobre el futuro no son rplicas dedignas del pasado, pero nosapoyamos en la experiencia para generar las simulaciones de la misma forma que un dibujante utiliza losfragmentos de informacin de los que dispone para componer una imagen. A veces nos acercamos, otrasveces estamos muy lejos; cuanto ms separado est el escenario futuro de nuestra experiencia real, menosprobable ser que nos mantengamos en el mbito de la certeza.

    Es posible que esta capacidad, entre otras capacidades de pensamiento abstracto nos otorgue una ventajaadaptativa. Para que el cerebro feliz pueda hacer lo ms parecido a una prediccin exacta sobre nuestromedio ambiente sera conveniente tener acceso a la mayor cantidad de informacin posible a n deconstruir escenarios mltiples de lo que podra suceder. Es posible que lo que nos falta en iniciativainstintiva, como la que poseen los otros primates, lo suplimos con la imaginacin. La capacidad est lejosde ser perfecta, pero es la herramienta de prediccin orgnicamente ms poderosa que se haya desarrolladojams.

  • LCaptulo 14

    Nacidos para copiar, aprender y practicar

    El hielo plano es un paraso para los danzantes expertos.

    FREDERICH NIETZSCHE, La Gaya ciencia

    OS Hermanos Marx fueron maestros de la comicidad, como lo demostraron en 1933 en su divertidapelcula Sopa de Ganso. Groucho, Harpo y Chico aparecen con su famoso maquillaje de las cejas, elbigote y las gafas redondas, y vestidos con gorro de dormir. Son tan indistinguibles, que es casiimposible saber quin es quin, lo que convierte la famosa escena del espejo en un trabajo perfecto.En la escena Groucho aparece de pie a un lado de una puerta y Harpo y Chico al otro lado, pero no almismo tiempo. Cada movimiento que hace Groucho es imitado por uno de los otros dos, creando lailusin de que la puerta es un espejo. Groucho sospecha y trata de deshacerse de su imagen sobre elespejo, pero se encuentra con que los imitadores le siguen movimiento por movimiento durante variosminutos, hasta que al final cometen un error y ambos aparecen en la puerta al mismo tiempo.

    Estoy seguro de que los Hermanos Marx no se dieron cuenta de que estaban proporcionando unailustracin cmica de un aspecto grabado en el cerebro humano que es fundamental para el crecimiento yel desarrollo. Todos nacemos siendo imitadores, y pasamos una gran parte de nuestra vida representandouna versin evolucionada de la escena del espejo. Un cerebro feliz est feliz de copiar, y hacerlo constituyeuna respuesta automtica ms que voluntaria. Es necesario aclarar que esto no es lo mismo que decir quesalimos del tero como una tabla rasa sobre la cual se va a escribir algo. Pero s nacemos preparados parareproducir los comportamientos que observamos, y sin esta habilidad estaramos perdidos.

    Otras muchas especies no estn tan perdidas cuando llegan a este mundo. S i usted ha tenido laoportunidad de ver nacer a un caballo, es notable observar que casi inmediatamente el potrillo trata delevantarse a los pocos momentos de nacer. Su instinto de iniciar un arranque rpido se pone de maniestosin tardanza. Los chimpancs recin nacidos, al igual que los nios humanos, son muy vulnerables eincapaces de hacer mucho por ellos mismos durante casi todo el primer ao, pero al momento de nacer soncapaces de agarrarse a su madre sin haber visto ningn ejemplo a seguir. Poseen el instinto de agarrarse yesa conducta aparece automticamente. Los humanos, por otra parte, nacemos con una nica capacidadperceptible: la de observar. No podemos sentarnos bien, o agarrarnos, o ponernos de pie, pero nuestrospoderosos cerebros estn realizando algo que, con el tiempo, se demostrar mucho ms benecioso quecualquier otra de esas capacidades. Somos los aprendices ms destacados del planeta y nuestro reinocerebral comienza pronto.

  • Estas son las buenas noticias. La noticia no tan buena es que la fantstica capacidad de nuestro cerebropara aprender por imitacin se puede convertir en una desventaja cuando nos excedemos en el terreno dela sobreimitacin. A esto se aade que el cerebro feliz no parece disponer de un interruptor de encendido yapagado muy efectivo si hablamos de imitacin. Cuando alguien carece completamente de la capacidad deregular la imitacin, sufre de un desorden conocido como ecopraxia, que consiste en que su cerebro carecede un factor inhibitorio para impedir la imitacin de las acciones de otros. Este desorden se encuentrafrecuentemente entre los que sufren de autismo. La distincin entre el s mismo y los otros aparece comodifuminada en los que sufren de ecopraxia, casi como si el cerebro no pudiese discernir si est mirando alreejo propio o a otra persona. La mayora de nosotros no sufre de ecopraxia, pero, no obstante, nuestroscerebros normales sufren de limitaciones marginales.

    Lo que los nios nos ensean sobre la imitacin

    La investigacin sobre la imitacin dentro del campo de la psicologa sugiere que, cuando se les instruye alos nios para que repitan el comportamiento de los adultos, no lo hacen nicamente para lograr esa meta,sino que el comportamiento mismo se vuelve tan importante como la meta. Esto puede deberse a que a losnios se les puede persuadir fcilmente a creer lo que los adultos les dicen aun cuando ello contradiga suspropios sentidos, o bien porque nuestra ms potente estrategia instintiva es la imitacin, aun cuando estaimitacin parezca ilgica.

    Un estudio titulado La Estructura Oculta de la Sobreimitacin en los Procedings of the National Academyof Sciences enfoca este ltimo punto. Utilizando el mtodo de repetir esta accin, los investigadorestrataron de lograr una mejor comprensin de por qu los nios repiten ciertas acciones irrelevantes de losadultos, cosa que ni siquiera los chimpancs estn inclinados a hacer. A los nios en este estudio se lespidi que imitasen las acciones de los adultos para sacar un objeto de una caja mgica que tena unavariedad de extraos artilugios adjuntos, aunque ninguno de ellos se necesitaba para conseguir el objeto.Aun cuando se les imparti indicaciones explcitas de limitarse a conseguir el objeto, y era obvio que solose necesitaba una nica accin para lograrlo, los nios imitaron cada accin realizada por los adultos,estirando y presionando los artilugios sin necesidad, como hicieron los adultos, antes de conseguir sacar elobjeto. Cuando se les someti al mismo test a unos chimpancs, sencillamente recogieron el objeto como seles haba indicado. Los investigadores concluyeron que esta tendencia implica algo ms que un procesodinmico social humano, se trata ms bien de un proceso de codicacin cognitiva que es fundamentalpara la manera en que aprendemos, y que lleva implcito un coste. Los nios que observan a un adultomanipulando intencionalmente un objeto tienen una tendencia fuerte a interpretar todas las acciones deladulto como signicativas. Entre las conclusiones de este estudio, est lo siguiente: Este proceso deinterpretacin causal automtica permite a los nios calibrar rpidamente sus creencias causales acerca delos sistemas fsicos ms opacos, pero por otra parte conlleva un costo. Cuando las acciones del adulto soninnecesarias, por ms que esto sea obvio, los nios estn altamente inclinados a considerarlassignificativas 1.

    De modo que este estudio sugiere que el mismo proceso de interpretacin que nos permite desarrollar unsentido de signicacin de la accin, nos inclina tambin, como les ocurre a los nios, a interpretarerrneamente como causalmente signicativas las acciones intiles. Una vez incorporado, este efecto es tanpotente que es sumamente difcil librarse de l.

  • Lo que esto signica en el contexto del aprendizaje a travs de la prctica es que los seres humanoscomienzan la vida con una propensin a aprender de forma equivocada (al igual que de forma correcta).Las malas lecciones se aprenden tan rpidamente como las buenas e, incluso es posible que no nos demoscuenta de la diferencia.

    Ahora llevaremos la discusin a las aplicaciones del aprendizaje a travs de la prctica, comenzando conl infame espectro de la experticia.

    Lo que omos sobre la experiencia, y por qu no es tan importante

    En aos recientes ha abundado lo que se ha dicho sobre la experiencia y los requerimientos de tiempo yesfuerzo para alcanzarla, y estn disponibles varios libros que profundizan en los detalles ms de lo que yopoda esperar. Hemos odo hablar sobre la regla de las diez mil horas, que son el mnimo de horas deprctica que requiere la experticia 2. No voy a emplear tiempo desaando ni armando la regla; baste decirque cualquiera que sea el tiempo requerido para obtener experiencia, se trata de una inversin substancialy de varios aos. Y, desde luego, puede consumir una gran parte de nuestra vida.

    S in embargo, el tiempo no es el nico requerimiento. Pasarse aos practicando cosas errneas noconducir a la experticia en mayor medida que empleando la misma cantidad de tiempo viendo televisin.El tiempo es una condicin previa bsica, pero no suciente en s misma. Existe tambin un cmulo decondicionantes adems del tiempo, tales como el enfoque, la precisin, la disciplina y el deseo, para nomencionar el disponer de maestros efectivos a lo largo del camino. Y tampoco vendra mal tener variosdescansos en medio del esfuerzo.

    Dejaremos en este punto la reexin sobre la experticia, porque en mi opinin se trata de un tpicodel da ms que de un tpico del que merezca la pena hablar. Ms bsico para nuestra vida es la manerade conseguir un alto grado de maestra en las cosas que hacemos, o en las que nos gustara hacer, sinquemarnos o rendirnos prematuramente. Y lo que deseo discutir es que esos dos peligros son siempre unasposibilidades muy reales para el cerebro feliz, principalmente porque tendremos que enfrentarnos aobstinadas tendencias innatas que se oponen a que logremos llegar adonde nos proponemos.

    Usted ignora lo que ignora

    Cualquiera que haya desempeado algn trabajo para el que no estaba capacitado ha tenido contacto conuna sensacin sumamente incmoda, algo semejante a sentirse perdido. Lo que creamos saber sobre cmomanejarnos en el puesto resulta ser equivocado o incompleto. No tenemos claro lo que debemos saber paradesempear la labor. La frase tenerlo sobre nuestras cabezas es muy apropiada, porque lo que no sabemosamenaza con aplastarnos. Los que abren un restaurante por primera vez suelen decir que no tenan idea

  • de en lo que se estaban metiendo. Vindolo desde fuera, solo pudieron apreciar una mnima parte de lo queresultara ser una gran tarea. Cuando comenzaron a enfrentarse cara a cara con ciertas facetas del negocioque ni sospechaban de su existencia, comenzaron a sentirse como nios en medio de un juego de adultos.

    Por supuesto que es preferible comenzar en algn momento en lugar de no intentarlo nunca, y esto eslo que la mayora de nosotros solemos hacer. Pero nos engaamos si pensamos que ser un paseotranquilo si encontramos un nuevo trabajo, otro negocio o cualquier otra ocupacin que nos ofrezca todolo que necesitamos para triunfar.

    Lo que debemos pensar, ms bien, es la manera de dominar cuanto antes las necesidades del trabajo.Esto solo ocurre por medio de lo que el especialista en experiencia K. Anders Ericcson llama prcticadeliberada, prctica orientada al desarrollo de una maestra en las reas especcas requeridas por el papel oel puesto al que estamos aspirando 3. Ya sea que invirtamos diez mil horas o cincuenta mil horas, sin laprctica deliberada el esfuerzo nunca ser suciente. Se trata de un punto crucial, porque la energamalgastada en prcticas que no estn bien dirigidas equivale a estar drenando el cerebro, y cuanto mstiempo se invierta de este modo sin obtener resultados, mayor ser la tendencia a quemarse y a renunciar aello.

    Generalizar o especializar Esa es la cuestin

    Lo fundamental en el tema de la prctica deliberada (a lo que en lo sucesivo llamar buscando un n) es lacuestin de si las estrategias de resolucin de problemas de carcter general o especializado son msefectivas. Esta es una cuestin importante que tiene implicaciones en cmo se ensean las capacidades,siendo la ms importante el pensar. Las estrategias de resolucin de problemas de carcter general sonindependientes del contexto. Por ejemplo, si al polica Carlos se le ensea la estrategia general paradesarmar a criminales, despus estar capacitado para aplicarla a un rango de situaciones que involucrenenfrentarse con criminales armados. La estrategia general produce una capacidad de resolucin deproblemas de aplicacin general.

    Por otra parte, Carlos puede llegar a ser bastante eciente con su estrategia general para desarmarcriminales, a menos que llegara a tener que enfrentarse con una situacin especca que superase sucapacidad general. Por ejemplo, puede ser experto en quitarle el arma a un criminal, pero qu sucede si seenfrenta a un criminal que lleva otra arma oculta en la parte posterior de su cintura y un cuchilloescondido en su calcetn? S i Carlos nunca se haba encontrado ni se haba preparado para esa situacin (uotra parecida), puede que estuviera enfrentndose a algo ms complicado que lo que su estrategia deresolucin de problemas pudiera manejar.

    Un estudio publicado en la revista Cognitive Science respalda el argumento a favor de la especializacin,aunque con un ejemplo menos emocionante que el de desarmar criminales. Se pidi a unos expertosjugadores de ajedrez, especializados en distintas aperturas, que recordasen posiciones y resolvieranproblemas dentro y fuera de su rea de especializacin. El nivel de experticia de todos los jugadores eraaproximadamente el mismo. Los resultados fueron: los jugadores actuaron mucho mejor dentro de su reade especializacin, pero no solo mejor, sino que jugaron a un nivel de jugadores con capacidades generales

  • mucho mayores. En otras palabras, la especializacin super a la resolucin general de problemas eincrement el nivel de juego de los jugadores 4.

    Este estudio sugiere que cuando tengamos que enfrentarnos con algn problema, el conocimientoderivado de la familiaridad con ese problema es ms importante que las estrategias generales de resolucinde problemas. La clave est en la memoria. Conamos en la memoria de experiencias especcas paraelaborar soluciones a nuevos problemas. S i se cuenta con capacidad general experta, pero se carece dememoria contextual especca, se terminar siendo tan eciente como lo permita la capacidad general, y siusted fuera Carlos, puede que eso no fuera suficiente.

    Cmo los magos practican la imitacin para crear ilusin

    Los magos nos engaan con su juego de manos, con su habilidad para hacernos creer que encuentran o colocan un objeto que,en realidad, no est all. La mayora de nosotros no somos capaces de imitarles, lo que hace que el arte de la magia sea muchoms extraordinario. Una investigacin publicada en la revista en Internet PLoS ONE utiliz un enfoque novedoso: la tecnologapara el seguimiento del movimiento, a fin de revelar cmo los magos engaan a nuestros ojos.

    Se seleccionaron diez participantes no magos, junto con diez magos; se les mostr un bloque de madera sobre una mesa y seles pidi que lo cogiesen, o que pretendieran coger un bloque imaginario colocado al lado del real. Cuando los participantesiban a coger el bloque, su visin se oscureca (simulando la tcnica de los magos que apartan la vista del objeto para distraer alos espectadores). El seguimiento del movimiento mostr que la tcnica de asir de los no magos cambiaba si se trataba delbloque real o del imaginario, pero la tcnica de los magos era idntica en ambos casos.

    En un experimento posterior, se pidi que los participantes cogieran una pila elctrica, pero durante la sesin con el objetoimaginario, se retiraba el objeto real de la mesa. Bajo estas condiciones los magos fallaron tantas veces como los no magos. Esteexperimento sugiere que los magos utilizan la visin de los objetos reales para calibrar su forma de asir de los imaginarios. Conel tiempo y la prctica, los magos desarrollan flexibilidad en una parte del cerebro asociada con el razonamiento espacial yaprenden a adaptar con precisin sus movimientos tan suavemente que nuestros ojos no son capaces de captarles en el acto 5.

    Lecciones prcticas tomadas de taxistas y ladrones

    Los taxistas de Londres tienen que someterse durante aos a un intenso entrenamiento conocido como el

  • conocimiento para conseguir su licencia de operacin, incluyendo aprenderse la situacin de ms de25.000 calles de la ciudad. Un estudio realizado por la psicloga Katherine Woolle y su equipo investigsi su experticia podra generalizarse ante nuevas situaciones 6.

    Se pidi a los taxistas y a un grupo de control que vieran vdeos de rutas de una ciudad en Irlanda queno eran familiares para ellos. Despus se les pidi que pasaran una prueba relacionada con el vdeo, queinclua dibujar las rutas, identicar seales y estimar distancias entre lugares. Los taxistas y el grupo decontrol realizaron bien la prueba en su mayora, pero los taxistas lo hicieron signicativamente mejor enla identicacin de nuevas rutas. Estos resultados sugieren que la maestra de los taxistas puedegeneralizarse a reas nuevas y desconocidas. Sus aos de entrenamiento y aprendizaje por medio de laprctica deliberada les prepara para enfrentarse a nuevos retos, incluso en lugares que no conocen bien oque desconocen.

    Al parecer, los ladrones tienen mucho en comn con los taxistas, al menos en el sentido de desarrollarmaestras. Los investigadores entrevistaron a cincuenta ladrones encarcelados, que haban cometido almenos veinte robos en los ltimos tres aos; la mitad haba cometido ms de un centenar de robos. Losinvestigadores les hicieron preguntas en relacin con la tcnica que utilizaban para buscar dentro de lascasas. Ms de tres cuartas partes describieron la bsqueda como algo relativamente rutinario, y muchos deellos utilizaron trminos tales como automtica e instintiva. El estudio tambin encontr que en promedio, aun ladrn experimentado le llev menos de 20 minutos identicar todo lo que mereca la pena robar en lacasa y en salir con ello. En general, los ladrones dijeron que no necesitaban pensar en lo que estabanhaciendo. Los aos de prctica en viviendas similares, con similar disposicin, les servan para realizar sulabor como autmatas. Aunque no constituyan modelos de actuacin, desde un punto de vista demaestra estos resultados son (incmodamente) esclarecedores.

    Reflexiones finales

    Los entrenadores suelen decir a su equipo que trabajen con inteligencia, y esta es la frase que viene bienpara nalizar este captulo. El cerebro feliz est dispuesto a trabajar, pero cuando nos abocamos a unanueva empresa sin un sentido de direccin y propsito en nuestra prctica, se harn presentes losresultados negativos: por ejemplo, quemarse, desilusionarse y eventualmente rendirse. Es mucho mejorponerle atencin lo ms pronto posible y buscar ayuda si queremos hacer que nuestra prctica est llenade propsito y que merezca la pena.

  • Parte 6

    Nada tan puro como la accin

  • ECaptulo 15

    Cuidado con la brecha

    La accin es carcter.

    F.SCOTT FITZGERALD, DE NOTES TO AN UNFINISHED NOVEL, El ltimo magnate

    STOY de pie cerca del mostrador de charcutera en un supermercado. Alrededor de m hay otras cincoo seis personas, y todos estamos mirando las mismas presas: pollos asndose que giran en un hornoenorme situado en la pared del fondo. El temporizador del horno anuncia que faltan unos tresminutos para terminar de asarse. Llega ms gente. Me aproximo ms al mostrador. Los dems hacenlo mismo. Puedo sentir una tensin creciente en la atmsfera; comienzo a sentirme nervioso y micorazn se acelera. Me detengo un momento y me pregunto por qu me siento as. Todos los queestamos presentes frente al mostrador podemos ver que hay suficientes pollos para todos. Aun cuandono los hubiese, estamos en un supermercado lleno de alimentos. Nadie se va a morir de hambreen estas circunstancias. Adems, todos somos adultos capaces de dividirnos cvicamente los pollos

    entre todos cuando llegue el momento. Nadie tendr que luchar por su alimento o arriesgar su vida frentea otros predadores para asegurarse el sustento familiar. Y sin embargo persiste la tensin

    De lo que estoy seguro es de que no puedo sustraerme a la tendencia de mi cerebro de incrementar minivel de energa y de alerta para asegurarse de que consigo el alimento que vine a buscar, tendencia que hasido grabada neuronalmente, por buenas razones, y que se ha mostrado valiosa bajo ciertas condiciones.Lo que puedo hacer es reconocer lo que est sucediendo, identicar por qu la reaccin est fuera de lugardadas las circunstancias y relajarme.

    Este sencillo ejemplo ilustra las dos cosas que deben suceder para que podamos enfrentar las tendenciasproblemticas de un cerebro feliz: aumentar la atencin y actuar. La conciencia de por qu hacemos lo queestamos haciendo es un paso crucial hacia la accin, porque inicia un cambio de pensamiento; es precisohacer una pausa para examinar lo que est sucediendo. Y esta es la razn por la que la ayuda de la cienciaes ms til que la tpica ayuda de uno mismo. Las claves resplandecientes basadas en la ciencia cognitivaproporcionan herramientas para reforzar la conciencia y preparar la accin. No estoy diciendo queproporcionen un camino a toda prueba para la accin, pero confo en que tras haber ledo un libro comoeste, usted dispondr de un conocimiento ms utilizable con el que trabajar que antes. Lo que es vitalrecordar es que la brecha entre el conocimiento y la accin est siempre presente hasta que nos avoquemosa la accin.

  • En el resto de este captulo pretendo ofrecer una seleccin de claves de conocimiento derivadas deinvestigaciones analizadas a lo largo del libro. Muchas de ellas surgidas de las discusiones presentadas encaptulos anteriores; el resto son presentadas por primera vez en este captulo.

    1. Aminore la marcha

    Hay muchos problemas que pueden reducirse aminorando la velocidad para, de este modo, considerarcmo proceder en una situacin dada. Es cierto que en diversas ocasiones no hay tiempo para reducir lamarcha y tendremos que actuar de inmediato. Pero, en general disponemos de ms tiempo del que nospermitimos para tomar decisiones y sacar conclusiones. Aplicando los frenos mentales podremosabstenernos, por ejemplo, de reaccionar con ira ante alguien en la carretera, una situacin quepuede descontrolarse rpidamente. Reducir la marcha proporciona tiempo para considerar lasimplicaciones de algn hecho y si hemos contemplado todos los factores relevantes. S i nos detenemos unmomento tendremos la posibilidad de reexionar sobre alguna accin que estamos a punto de iniciar quepodra tener consecuencias terribles, como puede ser responder un correo electrnico en el telfono mvilmientras estamos conduciendo, en lugar de esperar hasta poder enfocar la atencin en el mensaje quedeseamos enviar, y no estar compartiendo la atencin entre el mensaje y la conduccin. Resumiendo,aminorar la marcha es fundamental para casi todos los temas tratados en este libro. S i muchos de nosotrosnos tomramos un par de minutos ms en pensar a fondo las implicaciones de una accin, nos ira muchomejor.

    2. Ponga atencin a la influencia que sus creencias previas ejercen sobre su pensamiento actual

    Todos somos pensadores parciales. Nadie es una tabla rasa, por lo que nuestra percepcin no est librede la inuencia de las creencias preexistentes. La pregunta es: estamos conscientes de que esto es as? Losracistas suelen justicar sus comentarios diciendo: As es como me educaron. Y es posible que sea as.Las impresiones adquiridas en la niez constituyen una fuente importante de creencias preexistentes, y lamayora se vuelve resistente a la erradicacin. Pero si nos forzamos a estar conscientes de esta inuencia,caso por caso, con el tiempo podremos cuestionar toda la estructura de nuestras creencias mscontrovertidas. La investigacin en psicologa cognitiva suele reforzar este mensaje mostrando que elcambio progresivo es ms efectivo para sobrellevar que intentar un cambio total. El cuestionamiento depatrones de pensamiento profundamente interiorizados requiere trabajo, tiempo y persistencia.

  • 3. Controle su propensin a aceptar lo que estms disponible

    Como se menciona en pginas anteriores de este libro, un cerebro feliz tiende a juzgar usando lainformacin ms accesible que est disponible. Por ejemplo, las personas suelen juzgar la incidencia delcrimen como ms elevada de lo que realmente es. La razn que alegan los investigadores en psicologa esque los medios informativos se centran en el crimen, y de ese modo incrementan su disponibilidad yaccesibilidad para la audiencia. Lo mismo sucede cuando usted se expone a una determinada perspectiva eignora las dems; la disponibilidad de esa perspectiva (sobre poltica, por ejemplo) conduce a unapredisposicin a que el punto de vista elegido sea el correcto. S i todos los comentarios en la radio apoyangeneralmente una perspectiva, podemos predecir con seguridad cmo responder usted ante posicionesdiferentes. Solo con saber esto puede ser suciente para cuestionar el pensamiento pero, con frecuencia, talpropensin est conectada con tendencias relacionadas con la propensin a la conrmacin y alenmarcado (discutido en el captulo 1), y se necesita un esfuerzo sustancial y bastante dosis de humildadpara moverse en otra direccin.

    4. Comprenda lo que significa el enmarcado

    Con anterioridad habamos hablado sobre la tendencia del cerebro a hacer sonar la alarma cuando laatencin se sale de los parmetros del marco de percepcin. Quiz cuando usted estaba creciendo, suspadres y hermanos le decan a usted y a todos los dems que era el listo de la familia, y que su hermanoera el deportista. Usted no se daba cuenta de que al cabo de aos de digerir esas etiquetas se estabacreando un marco alrededor de su autopercepcin. Al no haber cuestionado nunca este punto, acept sermenos deportista que su hermano y esto le inuy para no participar en deportes y dedicar ms tiempo aser el muchacho listo que obtena las mejores notas. En otras palabras, usted fue cmplice de mantenervivo el marco de no deportista que cre su familia. Cambiar de pensar respecto a s mismo equivale a nosentirse bien; hace que uno se sienta ansioso e incmodo. Romper con un marco profundamente arraigadocomo este resulta extremadamente difcil; incluso darse cuenta de que existe constituye un pasoimportante. Desde un punto de vista del da a da, continuamente podemos encontrar marcos dudosos;por ejemplo, en el modo en que se presenta una estadstica o la manera en que se estructura unrazonamiento. S i logramos desarrollar la capacidad de deshacer el marco nos permitir ver explicacionesalternativas, y nos alejar de caer en engaos de personas inescrupulosas.

  • 5. Haga que otros le ayuden a sentirse responsable de sus compromisos

    Es importante no confundir esta propuesta con la de pedir a otros que le ayuden a mantener suscompromisos. De lo que se trata aqu es de que cuando publique sus compromisos entre unos cuantosamigos o familiares, y les pida que veriquen los progresos que va haciendo reciba todava ms incentivospara alcanzar sus metas, asumiendo las opiniones de las personas que son importantes para usted. Estasugerencia nace de la aceptacin de que somos una especie interdependiente; que no somos totalmenteindependientes. Para la mayora de nosotros, pedir a personas a las que respetamos que nos ayuden asentir ms responsabilidad ante nuestros compromisos puede ayudarnos a tener mejores resultados.

    6. Acte sobre los logros a corto plazo que puedan rendir beneficios a largo plazo

    Como lo hemos venido repitiendo, el cerebro feliz tiende a centrarse en el corto plazo. S iendo este el caso,sera una buena idea considerar cules son esas metas cercanas que podemos lograr, y que son las que alnal nos llevarn a lograr las de largo plazo. Por ejemplo, si uno desea reducir quince kilos en seis meses(para llegar a tiempo de lucir en traje de bao en el verano), cules deberan ser las metas prximas quepodran asociarse con perder pequeas cantidades de peso para terminar haciendo que logremos la metanal? Puede que sea algo tan simple como darse una recompensa cada semana que logre reducir un kilo.Lo mismo se aplica a un sin n de metas, como dejar de fumar o mejorar en el desempeo del trabajo.Descomponiendo la meta general en partes ms pequeas y de corto plazo podremos centrarnos en logrosacumulativos en lugar de sentirnos abrumados por la enormidad de la meta.

    7. Propngase metas tangibles y mensurables

    Continuando con la deliberacin sobre las metas, es til hacer que sean tangibles (recordemos que elcerebro feliz est orientado a la valoracin y la recompensa). Es obvio que la prdida de peso tiene unresultado tangible y mensurable. Los benecios de dejar de fumar pueden no ser tan obvios a primerainstancia, pero haciendo un seguimiento de cmo se senta uno antes y cmo se siente unos meses despushace que la meta sea tangible. Este simple truco le llamamos anlisis de reaccin. Es tan simple como tomarunas cuantas notas sobre su estado (sobre su bienestar fsico y mental, por ejemplo, por no mencionar

  • sobre cunto dinero se ha ahorrado), y repasarlas posteriormente unas cuantas semanas o meses despus,con el n de obtener una evidencia tangible del valor de la meta. Son innumerables los modos en que esteprocedimiento puede aplicarse, con tal de que sus evaluaciones iniciales y posteriores sean honestas y lomenos parciales que sea posible.

    8. La caza es ms apasionante que la captura

    Uno de los hbitos ms frustrantes de nuestro cerebro es dedicarse a conseguir una recompensa, paradespus sentir una sensacin de prdida tras haberla logrado. Esto puede llevarnos a entrar en un crculode desear, obtener y lamentarse. Es sumamente importante tener conciencia de que podemos estaratrapados en ese crculo. Si usted est pujando por comprar un objeto por Internet y se ve forzado a seguirpujando ms all de lo que vale el objeto o ms all de lo que estaba dispuesto a gastar, haga un esfuerzopor caer en la cuenta de que lo que est haciendo ha dejado de ser de su propio inters. Decidirse a actuares difcil porque tendr que alejarse de la meta. S i no lo hace, no puede esperar que simplemente pensandoracionalmente se vaya a corregir el problema, porque muy raramente ocurre as. Somos maestros en lajusticacin, y casi cualquier motivo racional que asumamos (ya venga de nuestra parte o de la de otros)para detener una accin podemos desmantelarlo en cuestin de minutos o en menos tiempo. La accin atomar en estos casos tiene que ser absoluta: detenerse y alejarse. Y si las circunstancias lo requieren, correr.

    9. Imagine situaciones competitivas futuras, pero controlesu sesgo autoinducido

    Hemos constatado que nuestro cerebro tiene dicultad para colocarnos en el futuro, y esto complica latoma de decisiones que vayan a tener efecto a largo plazo. Tambin hemos planteado que la memoria poseetanto una dimensin que mira al pasado como una que mira al futuro. Tendemos a simular el futuroreconstruyendo el pasado, y esta reconstruccin rara vez es exacta. Qu podemos hacer? Imaginemossituaciones posibles en el futuro, buenas y malas. Al mismo tiempo, intentemos no colorear estassituaciones con lo que en psicologa se conoce como sesgo autoinducido, que nos lleve a pensar que nuestroxito se deba a nuestras acciones, y que cualquier fracaso se deba a otros factores 1. Por ejemplo, unestudiante se prepara para un examen y est convencido de que si obtiene una alta calicacin, ello sedeber a su inteligencia y dedicacin. S i no la obtiene, eso se deber a que el examen estaba mal planteadoo que el instructor no lo calic con ecuanimidad. La situacin futura del alumno tiene una soladimensin: la dedicacin y la inteligencia ha de resultar en una alta calicacin. Aunque parezca extrao,sugerir que nos imaginemos que el fracaso tambin est en nuestras manos, no es un mal ejercicio para

  • evitar esa clase de pensamiento unidimensional. El fracaso es una posibilidad y debe reconocerse como tal,aun cuando es obvio que diseemos nuestras acciones para el xito.

    10. Trabaje con un fin

    En crculos mercantiles, el trmino pensamiento estratgico se utiliza bastante alegremente. Es un trminomuy general que solo adquiere signicado cuando se aplica a una situacin especca. El pensamientoestratgico en un contexto de marketing no es igual que si el trmino se utiliza en un contexto nanciero.Como propuesta general, el trmino resulta, como mucho, vago. Para una aplicacin especca, puede serindispensable. Lo mismo se aplica a la prctica. Practicar para ser ms rpidos tiene sus ventajas, sin duda,pero esos benecios puede que no sean aplicables a todas las situaciones. Ser rpidos en rugby no tiene lasmismas implicaciones que ser rpidos en una carrera. En rugby, el signicado de rpido es probable queincluya saber cmo hacer cambios bruscos de direccin sin dejar de correr, seguir distintas rutas o evitarser derribados. Para un corredor, esas destrezas son intiles. Practicar con un propsito extrae el mejorprovecho de las destrezas de aplicacin general y lo combina con aplicaciones especcas. En ausencia deuna aplicacin, su preparacin ser bastante deciente. El punto importante a tener en mente es quetambin es posible exagerar en la especializacin y, en ese caso, su cerebro sufrir presiones si tiene queaplicar su aprendizaje a nuevas situaciones.

    11. Termine lo que empiece

    Con esta sugerencia se aprovecha una tendencia del cerebro feliz que juega a nuestro favor. Para nuestrocerebro, lo incompleto representa inestabilidad. Una ilustracin bsica de esto lo constituye el experimentodel crculo abierto. Trace una circunferencia sobre un papel, dejando una pequea abertura para que noquede totalmente cerrada. Seguidamente je su mirada en la gura durante un par de minutos y observelo que sucede: su cerebro intenta cerrar el crculo. Para algunas personas el impulso de cerrarlo ser tanfuerte que terminarn tomando el lpiz para terminar de cerrarlo. La misma dinmica se puede aplicar paradetener la indecisin que le corroe. El truco se reduce a comenzar cualquier proyecto que tenga delante;comenzarlo por cualquier sitio. Los psiclogos lo llaman el efecto Zeigarnik, porque fue este psiclogo rusoquien primero document el hallazgo de que cuando alguien est frente a una meta abrumadora y por elloaplaza su enfrentamiento, comenzar por cualquier sitio desencadenar la motivacin de terminar lo que seha comenzado 2. Cuando se inicia un proyecto, aun cuando se comience con la parte ms pequea y mssimple, se comienza a trazar el crculo. Despus se contina con otra parte (se traza otro poco ms delcrculo), y otra ms (ms crculo), etc. El nico requisito previo para que funcione el efecto Zeigarnik esque en primer lugar, usted est motivado para completar el proyecto.

  • 12. Pregntese; no se lo diga a s mismo

    La automotivacin no es fcil, pero unos cuantos trucos pueden hacer que sea ms sencilla y productiva.Cierta investigacin en psicologa sugiere que preguntarse a s mismo si se puede alcanzar una meta es msefectivo que decirse a s mismo que le va a alcanzar. No es lo mismo decirse: Creo que puedo! Creo quepuedo!, a decirse: Puedo arreglarlo? S que puedo! Esto ltimo resulta ms productivo desde el punto devista motivacional.

    13. Cree hbitos tiles

    Las investigaciones en el campo de la psicologa nos muestran que la cantidad de tiempo necesario paralograr el mximo de automaticidad (jerga que significa hbito) es de sesenta y seis das. Pero cuando se trata dedesarrollar un hbito saludable, es probable que lleve por lo menos ochenta das para convertirse enautomtico. Cuanto ms complejo sea el hbito, ms tiempo tardar en formarse. Adoptar un rgimen deejercicio, por ejemplo, le llevar a la mayora al menos una vez y media ms tiempo que esfuerzos msbsicos tales como cambiar los hbitos alimenticios o de bebida (a pesar de que estos requieren un largotiempo). Usted se podr permitir saltarse uno que otro da, pero cuantos ms das se salte, ms seinterrumpir la formacin del hbito. El punto crucial a recordar es que crear hbitos tiles es tanimportante como desechar los malos, y que merece la pena el esfuerzo.

    14. Su primera impresin depender de cmo quiera que le vean los dems

    En el captulo 9 sealamos que nuestro cerebro interpreta las primeras impresiones como valoraciones. Por

  • otra parte, estamos inclinados a juzgar la primera impresin que alguien nos da por los patrones quetenemos para nosotros mismos. De modo que si queremos pasar por sociables y divertidos, evaluaremos alos dems con esa misma medida. S i se quedan cortos, puede ser debido a que no logran llegar al nivel deun patrn articialmente elevado. Pero Qu pasa si no tenemos una impresin determinada en la mentecuando conocemos a alguien por primera vez? La investigacin sugiere que seguimos haciendo unavaloracin y, en parte, esta estimacin se centra en la conanza. Desde el comienzo, nuestro cerebro estcalculando sobre si la persona que tenemos delante puede estar a la altura como para merecer nuestraconfianza o si hay algo que nos dice que no.

    15. Trate de recordar que su memoria puede estar equivocada

    La memoria no es una grabacin, es una reconstruccin. Estamos inclinados a mezclar fragmentos dememoria verdadera con otra informacin, y un cerebro feliz rene las partes formando algo que fcilmentepuede confundirse con un recuerdo el. La mayora de nosotros no se da cuenta de que el recuerdo de unacontecimiento carece de la informacin que ha sido suplida por nuestro cerebro desde otras fuentes. Estotiene enormes implicaciones en las declaraciones de testigos presenciales, y tambin para usted cuandodiscute con su cnyuge sobre algo que usted asegura recordar perfectamente. Ahora es mejor aceptar elhecho de que la memoria perfecta comparte la misma desventaja que todo lo que es perfecto, y no esas.

    16. Habituarse es algo que sucede

    Un hecho cruel de la existencia humana es que transcurrido el tiempo suciente, podemos aburrirnos decualquier cosa. Ya sea un coche nuevo o un perro nuevo, un plato indio excelente o una magncacancin; finalmente, se desvanece el placer inicial y se convierte en algo rutinario, lo que no significa que lacosa nos llegue a disgustar, sino que nos habituamos a lo que antes nos haba mantenido embelesados yahora lo disfrutamos menos. Incluso el sexo (ejem!) no es inmune a esto. El reto al que nos enfrentamoses el de superar la amnesia de la variedad, es decir, nuestra tendencia a olvidar que hemos estadoexpuestos a una variedad de cosas estupendas, sean estas personas, alimentos, msica, pelculas, muebles uotras cosas, y en su lugar ponemos la atencin en la cosa singular que ya no nos sigue dando emocin.Para librarnos de esta trampa, tenemos que deshabituarnos mediante el expediente de forzarnos arecordar la variedad de cosas que hemos experimentado. Por ejemplo, digamos que se aburre de or a undeterminado grupo musical al que antes no poda dejar de escuchar. La investigacin sugiere que lo quenecesita hacer es recordar la variedad de otras canciones de otros grupos musicales que ha escuchado desdela ltima vez que oy al que era su grupo favorito y, de esta manera, reavivar el aprecio por este. Los

  • psiclogos denominan a este pequeo truco mental una simulacin de la variedad virtual, que sirve parareducir la saciedad, es decir, la reduccin de la satisfaccin a lo largo del tiempo, en un modo similar al deexperimentar la variedad real.

    17. Imagnese comiendo algo agradable para cortocircuitarla tentacin por la comida

    Si se imagina contemplando algo tentador, aumentar su deseo por conseguirlo. Pero las investigacionesindican que si se imagina que est comindola, su deseo se reducir. La razn es que para nuestro cerebro,imaginar una accin y realizarla no es muy distinto. Podemos engaarnos hacindonos creer que yahemos disfrutado de esa golosina, haciendo que el cerebro no tenga motivo para centrarse en ella.

    18. La empata no es ciega

    Se recuerdan de los chimpancs que bostezaban, en el captulo 11? La clave de esta investigacin es quegeneramos ms empata por los que nos son ms familiares, y esta parcialidad por lo familiar es tan bsicacomo lo contagioso del bostezo. Esto tambin se evidencia en lo contagioso de la risa y del llanto, entreotros comportamientos. Nuestra capacidad por sentir empata hacia otros es algo importante, pero si nosdamos cuenta, es mucho ms fcil que empaticemos con alguien conocido que con un desconocido. Larazn es que nuestro cerebro evolucion para relacionarse socialmente con un grupo relativamentepequeo. Algunos especialistas en esta materia piensan que este grupo puede llegar a ser de unos cientocincuenta miembros. Por otra parte, creamos distancias y somos ms selectivos cuando se trata de dedicarenerga emocional. Lamentablemente, esta misma tendencia puede hacernos sentir insensibles a la gravesituacin de quienes necesitan ayuda en otras partes de nuestro pas o en el mundo.

    19. Practique la metacognicin

  • La metacognicin signica pensar sobre el pensar, y se trata de una de las principales facultades quedistinguen el cerebro humano del de otras especies. La capacidad de mirar desde la altura a nuestroproceso normal del pensar, y evaluar por qu pensamos como lo hacemos constituye una maravillaevolutiva. Poseemos esta capacidad porque la parte de nuestro cerebro que se ha desarrollado msrecientemente, el crtex prefrontal, es la zona del pensamiento autorreexivo y abstracto. Podemos pensaren nosotros como si no furamos parte de nosotros. La investigacin sobre el comportamiento de losprimates indica que hasta nuestros primos ms cercanos, los chimpancs, carecen de esta capacidad(aunque poseen algunas capacidades autorreexivas, como ser capaces de identicarse a s mismos en unespejo, en lugar de pensar que la imagen es otro chimpanc). Esta capacidad es un arma de dos los,porque aunque nos permite evaluar por qu estamos pensando lo que estamos pensando, tambin nospone en contacto con cuestiones existenciales difciles que pueden convertirse fcilmente en obsesiones.Para el propsito de este libro, es importante reconocer que la metacognicin es una parte esencial de casitodo lo que hemos venido planteando.

    20. No confe siempre en el sentido comn

    El trmino sentido comn se puede aplicar a todo lo que usted crea que es obvio, o que lo sea para quienesestn dotados al menos de medio cerebro. Esta prctica tiene un problema, y es que muchas de las cosasque inicialmente parecen obvias no lo son (el efecto de la punta del iceberg). Adems, es frecuente quecuando alguien dice que XYZ es de sentido comn, o bien no entiende qu es XYZ y sus implicaciones, opreferira que usted no le hiciese demasiadas preguntas. En otras palabras, puede tratarse de una tctica dedistraccin. Despus de todo, quin quiere ser la persona que cuestiona algo que debera de ser desentido comn? Quiere mi consejo? Sea esa persona.

    21. No todos los contagios son fsicos

    En el anlisis que presentamos en el captulo 9 respecto al contagio psicosocial, repasamos un puado decontagios bien estudiados, como son la ansiedad, la censura y la felicidad. Est claro que existen aspectosbuenos y malos al recibir o transmitir contagios psicosociales (a la mayora de las personas que conozcono les importara que se les pegase un poco ms de felicidad). Lo importante a recordar es que estarconscientes de la inuencia puede prevenir consecuencias negativas, en particular cuando se trata detemor, ansiedad, censura e ira. En un contexto de grupo resulta demasiado fcil ser arrastrados por la

  • expansin del virus de la emocin, lo que nos puede conducir, si no hay un control, a resultadoscatastrcos. Pensemos en las estampidas que a veces se producen durante la celebracin de espectculosfestivos, con el resultado de que algunas personas pueden quedar aplastadas hasta morir. Y tambin en lasescenas de multitudes incontroladas en eventos deportivos y conciertos. Todos estos son ejemplos decontagio psicosocial que se sale de control, y todo lo que podamos hacer para detener su expansin merecela pena.

    22. Sentirse bien no es lo mismo que estar bien

    Una de las debilidades que analizamos en el captulo 1 se relaciona con la manera de sentir la certeza. Uncerebro feliz interpreta la incertidumbre como una amenaza y siente urgencia de volver a lo correcto.Pero lo que solemos obviar es que lo que intentamos recuperar es la sensacin de estar bien, porque es larespuesta emocional al hacer lo que est bien lo que desconecta las alarmas y nos permite sentirnostranquilos. Es fcil confundir esta sensacin con la cosa misma, y todos somos culpables de ello. S inembargo, la verdad es que la evidencia puede no coincidir con el origen de nuestra certeza, y reconocer estaposibilidad se nos hace bastante difcil.

    23. Sepa cundo debe supeditar la heurstica

    La heurstica est constituida por reglas simples y ecaces ya sea que estn impresas en nuestro cerebroo que hayan sido aprendidas que salen a escena en ocasiones, especialmente cuando nos enfrentamos aproblemas con una informacin incompleta. A los cerebros felices les gusta la heurstica porque elimina laincertidumbre. Puede ser una herramienta ventajosa, pero igualmente puede convertirse en una desventajaengaosa. Por ejemplo, cuando estamos intentando decidir qu ruta tomar en un viaje y podemos elegirvarias opciones, es cmodo conar en una simple gua heurstica que dice: Generalmente, lo mejor esseguir la ruta ms directa que represente la distancia ms corta Pero cuando estamos en dudas paradeterminar si debemos avisar a un amigo que est actuando peligrosamente, y sabemos que est en juegonuestra amistad, o bien estamos intentando brindarle apoyo para que supere tiempos difciles y, de esaforma, preservar la amistad, no existe una heurstica bsica que ilumine el camino. La decisin depende delcaso, y la eleccin tiene pros y contras que deben sopesarse comparando las alternativas, e incluso as, ladecisin no ser fcil. Nuestro reto es saber cundo es til la heurstica, cundo no lo es, y cundo pondrpeor las cosas. S i no podemos utilizarla para que nos ayude en la decisin, es el momento de dejarla delado y avocarnos a la difcil labor de enfrentarnos a la ambigedad.

  • 24. Estamos obligados a conectar

    El cerebro humano ha evolucionado hacia la identicacin de patrones mediante la conexin defragmentos de informacin que existen en nuestro medio. S i bien este hbito impreso en nuestro cerebroha sido vital para la supervivencia y, en general nos presta un buen servicio, tambin nos ha llevado asacar algo de la nada. Establecemos conexiones en forma rutinaria entre acontecimientos fortuitos, yasignamos signicado a lo aleatorio. Estas no son tendencias que podamos desechar; pero tomarconciencia de nuestra compulsin a conectar nos deja en mejor posicin para controlarnos a nosotrosmismos cuando nos pasamos de la raya respecto a la tendencia a encontrar patrones. No se trata de unasunto trivial. La gente invierte gran cantidad de tiempo y dinero en sistemas complejos de creencias quese apoyan en poco ms que coincidencias escasamente slidas. La clave reside en valorar la notablecapacidad de nuestro cerebro para detectar patrones, al mismo tiempo que ejercemos una vigilancia sobrecmo aplicamos esa capacidad en nuestra vida.

    25. Ansiamos tener agentes

    Buscar agentes, como hemos comentado en el captulo 2, se reere a nuestro deseo de buscar a alguienresponsable por los acontecimientos buenos o malos que bien nosotros o algn otro experimentamos. S isucede algo horrible y no hallamos un agente aparente que lo haya causado, nuestro cerebro se lasarreglar para encontrar alguno, cueste lo que cueste. Frases como Todo sucede por alguna raznimplican un agente mediador, porque se presupone que alguien o algo ha determinado previamente larazn. Posiciones ms directas como Esto forma parte del plan de Dios sealan a un agente divinocomo la causa, aun cuando el motivo por el que ese agente pudiera desear que sucediera tal cosa seainexplicable. Una de las cosas ms difciles de aceptar por nuestra parte, es que sucedan muchas cosas sinla intervencin de un agente. El mero pensamiento de ello es suciente para poner en guardia a nuestrocerebro feliz, porque ello abre la puerta a la incertidumbre.

    26. Hacer algo es una meta en s mismo

  • Tenemos una tendencia a pensar que las metas deben ser especcas, pero las investigaciones sugieren queuna meta ms amplia que consiste en mantenerse ocupados tambin es inspiradora. Todo esto se resumeen que hacer algo es mejor que no hacer nada, si todo lo dems es igual. Ese algo puede ser cualquiercosa, sin importar lo trivial que pueda parecerles a los dems. Este hallazgo recuerda una cita de MahatmaGandhi que dice: Cualquier cosa que usted haga ser insignicante, pero es muy importante que lahaga.

    27. No somos muy buenos pronosticadores emocionales

    Cuando tratamos de colocarnos en una situacin futura que est ms cargada emocionalmente que en laque nos hayamos ahora, somos presa de un sesgo de intensidad, de un desvo de la perspectiva que noshace creer que podemos predecir cmo reaccionaramos bajo condiciones cargadas de emocin. Por eso esmuy fcil decir: S i yo hubiese estado en esa situacin, habra. Pero a menos que hayamos estado antesen la misma o en situacin similar, no tenemos ninguna base creble para saber cmo reaccionaramos.

    28. Una reaccin rpida estimula una buena actuacin

    El miedo a la decepcin es un gran motivador. Combinado con el hecho de que somos menos propensos apreocuparnos por resultados lejanos, el tiempo de respuesta se convierte en un elemento importante queinuye en el complejo de la motivacin. Cuando la reaccin se pierde en la distancia, se percibe comomenos relevante y, por tanto menos merecedora de la atencin de un cerebro feliz. S in embargo, cuando lareaccin es inmediata, centramos nuestra atencin en lo que est a la vuelta de la esquina y, por tanto,pondremos ms energa en nuestra actuacin.

  • 29. Nuestra capacidad para detectar mentiras es lo mismoque echar a suertes

    El Dr. Paul Eckman ha dedicado su carrera a la comprensin de las claves verbales y no verbales que seobservan en las personas cuando mienten, y en cun ecientes somos en detectar a los mentirosos 3. Suconclusin es que la mayora de nosotros podemos conformarnos con adivinar que alguien estmintiendo, porque incluso cuando tratamos de identicar con seriedad a los mentirosos, no nos va mejorque cuando lo hacemos por casualidad. Resulta alarmante darse cuenta de lo mal que lohacemos intentando descubrir a los mentirosos, y es igualmente alarmante saber que tratar de serempticos puede hacer que seamos peores detectando mentiras. La investigacin sugiere que imitar laconducta de otros, que forma parte de la empata, nos hace ms susceptibles al engao que lo que yaramos. Eso no quiere decir que no deberamos ser empticos, pero debemos tener cuidado de ser muyempticos muy rpidamente.

    30. Haga listas de verificacin y utilcelas

    Dado que la memoria es, como hemos comentado, ms falible de lo que cree la mayora, es til tener amano apoyos para la memoria. Las listas de vericacin son una herramienta sencilla pero ecaz paraimpedir que las lagunas de memoria arruinen su da o su vida. Usted puede leer cualquier cantidad delibros sobre el uso de listas como parte de un sistema de gestin de tiempo, pero mi punto de vista, el quemantengo en este libro que est leyendo, sencillamente es que, cualquiera que sea el sistema que utilice, elprincipio bsico de la lista se mantiene constante: evitar caer presa de la imperfeccin de la memoria. Hagaesas listas y utilcelas.

    31. El pensamiento contrafactual es una interesante y peligrosa habilidad

    Todos tenemos una tendencia a mirar hacia atrs ante una decisin y pensar, S i yo hubiera elegido otracosa, ahora estara mejor. Llegamos a esta determinacin imaginando que los hechos que nos llevaron a

  • la decisin podran haber sido diferentes. Por ejemplo, usted podra pensar: S i hace cinco aos yo hubieraaceptado el trabajo en Nueva York, me habra relacionado ms ecazmente y mi carrera sera ahora mssatisfactoria. Tal vez esta armacin sea totalmente exacta. Pero lo ms probable es que sea en partecorrecta y en parte fabricada por la imaginacin. Carece de la consideracin de todas las variables que setuvieron que tomar en cuenta en el momento, y del hecho de que usted pas das enteros digiriendo esasvariables antes de llegar a una respuesta. El hecho es que con la informacin de que dispona decidi noaceptar el trabajo en Nueva York, y ahora la decisin no se puede cambiar. Pensamos en formacontrafactual por una buena razn; porque nos permite aprender de nuestros errores y tomar mejoresdecisiones en el futuro. Esta es una habilidad de supervivencia profundamente arraigada en el cerebro felizy debemos sentirnos afortunados de que sea as. Pero cuando esta habilidad se aplica mal y empezamos ainsistir en las comparaciones contrafactuales, el resultado no ser agradable (ir desde emocionesgeneralmente oscuras a una depresin grave). Nuestro reto reside en saber cundo arrojar la toalla ydetenernos antes de comenzar la insistencia.

    32. La repeticin es la madre de la persuasin

    Cada ao de elecciones temo a la avalancha de anuncios polticos. Hago todo lo que puedo para evitarlos,y apenas puedo esperar a que terminen. Pero la nica cosa a la que presto atencin es a si los mensajes quems se repiten acaban siendo los factores ms importantes en la eleccin. Casi siempre lo son. Esimportante si es real lo que un candidato est diciendo sobre el otro? A veces, pero generalmente no lo es.Lo que ms importa es que el mensaje se haya repetido lo suciente como para colorear la percepcin delpblico. Y la parte realmente interesante es que el pblico ni siquiera tiene que prestar mucha atencin; dehecho, en la medida que pongamos menos atencin en descifrar un mensaje, ms probable es que locreamos. Cuanto ms nos centremos en el mensaje y ms lo desmenucemos, ms probable es que nosvolvamos escpticos. Necesitamos desesperadamente sumarnos ms a este ltimo enfoque.

    33. La metfora es una medicina poderosa

    Los escritores de discursos experimentados saben que la mejor manera de transmitir un mensaje eshaciendo uso de las metforas que el pblico pueda captar y comprender con poco esfuerzo. Las metforaspueden hacer que los conceptos multifacticos parezcan simples y que las vagas ideas parezcan relevantes.Con muy pocas palabras son capaces de cambiar la forma en que pensamos acerca de temas difciles. Lainvestigacin sugiere que cuando las metforas se utilizan para enmarcar la discusin (por ejemplo, si elcrimen debe ser visto como una bestia o como un virus, rerindonos al captulo 10), el resto de la

  • discusin se ver a travs de la lente de la metfora. Ser conscientes de cmo las metforas se emplean en loque leemos y escuchamos nos coloca en una mejor posicin para evaluar lo que realmente se est diciendo,o lo que no se dijo.

    34. Su cerebro no est solo en su cabeza

    La teora de la cognicin corprea, que propone que nuestro cuerpo es participante activo en lacognicin, ha venido ganando impulso continuamente. Las investigaciones continan demostrando quela mente se ve inuida por el peso, tamao, textura, sabor, temperatura y otros atributos de los objetosfsicos. Experimentar el peso en un sentido fsico, por ejemplo, inuye en nuestra percepcin de lapesadez en un sentido de percepcin. Lo que esto signica es que las inuencias sobre nuestra forma depensar nos rodean todo el tiempo y no nos damos cuenta, aunque todava no est del todo claro por qusucede esto. Lo que s est claro es que la mente, lo que nuestro sistema nervioso hace, nunca estcompletamente aislado del mundo que nos rodea. Por el contrario, est en constante interaccin con elmedio ambiente; y esta interaccin es esencial para nuestra forma de pensar.

    35. Usted no sabe lo que no sabe

    Por obvio que parezca esto, en la prctica no es en absoluto tan obvio. Resulta tentador pensar quepodemos hacernos cargo de repente de una ocupacin y que la vamos a desempear en forma tancompetente como cualquier otra persona. Tal vez los otros hayan estado practicando su profesin duranteaos. Pero an as pensamos, Por qu perder todo ese tiempo cuando puedo empezar de inmediato? Larazn que subyace a esta forma de pensar es que no sabemos lo que no sabemos. La prctica y laexperiencia no consisten solo en la preparacin, sino que forman parte de un proceso de descubrimientoque posiblemente no podra conocer por ser persona ajena a cualquier actividad comercial o profesional enla que espera llegar a ser competente. La frase practica que algo queda es una forma simple, pero precisapara describir el proceso.

  • 36. La fluidez cognitiva permite el aprendizaje, pero tambinser vctimas de la propaganda

    Cuando la informacin se nos presenta en un formato accesible, fcil de digerir, nuestro cerebroexperimenta un menor nmero de obstculos para su procesamiento, incluso si el contenido es complejo.Otra forma de decir lo mismo es que cuanto ms fluidez cognitiva conlleva la informacin, ms fcil serque se aloje en nuestra mente. La uidez cognitiva es crucial para el aprendizaje en todas las etapas de lavida. Sin embargo, la misma calidad que lo hace tan importante para el aprendizaje tambin se convierteen una herramienta potente para la persuasin de todo tipo, desde los anunciantes a los propagandistas.El truco consiste en empaquetar la informacin de tal manera que se vincule con las estructuras deconocimiento existentes en el cerebro (tambin conocidas como esquemas, haciendo referencia al captulo1).

    37. La autorregulacin moral es una actuacin oscilante

    La vida es un acto de equilibrio, y as es nuestro sentido de la moralidad. La investigacin sugiere quecuando nos vemos como moralmente deficientes en una parte de nuestra vida, buscamos acciones moralespara equilibrar la balanza. Tal vez usted sepa que debe comenzar a reciclar, pero nunca se decide a reunirel vidrio, el papel y los plsticos a tiempo para cuando pase el camin del reciclaje. Cierto da da lacasualidad que est en una ferretera y se ja en una estantera llena de bombillas de bajo consumo, y alinstante decide comprar dos docenas para cambiar todas las bombillas de su casa. La deciencia moral (noreciclar) queda, en su opinin, equilibrada por una accin moral (la instalacin de bombillas de bajoconsumo). El problema es que esa oscilacin tambin puede moverse de otra manera: Si creemos queestamos haciendo lo suficiente, moralmente hablando, entonces hay pocas razones para hacer algo ms. Labalanza ya est nivelada.

    38. Para el cerebro, los juicios de creencias tienen el mismo valor

  • Como hemos venido sealando varias veces en todo el libro, el cerebro ha evolucionado para dar sentido anuestro entorno y proporcionarnos una mejor oportunidad de sobrevivir. Muchas de las aplicaciones deestas habilidades adaptativas generales nos parecen muy especcas (el ejemplo de la supervivencia con elque empec este captulo, constituye una ilustracin bsica). Pero la investigacin indica que el cerebro nodistingue entre muchas de las cosas que parecen obviamente distintas. El sistema de retribuciones delcerebro no distingue entre lo que en la jerga moral se llaman retribuciones buenas y malas, sino queresponde de la misma manera a esas retribuciones, a pesar de nuestras posiciones morales. Esto tambin seaplica a los juicios de creencias; ya se trate de creer en el resultado de la aritmtica bsica o de creer en Dios,el cerebro se involucra en el juicio de la misma forma 4. En el da a da, nuestra experiencia de la creenciaes, por supuesto, muy diferente dependiendo del tema, pero eso es una funcin del signicado queotorgamos a las creencias, no de las propias creencias.

    39. Haz las paces con la probabilidad

    Si pensamos que alguien tiene buena suerte o mala suerte, al nal, todo lo que llamamos suerte sereduce a una probabilidad. Es tentador interpretar el resultado de la probabilidad de tal manera queparezca que algo estaba destinado a suceder, pero la verdad es que ganar a la lotera o sufrir la violenciade un huracn son eventos estadsticamente explicables, independientemente de lo agradable o terrible quesea experimentarlos. Esto es difcil de aceptar, particularmente para el cerebro humano, que anhela lacerteza. Saber que la probabilidad subyace a todo lo que hacemos no hace que los resultados sean msfciles de tragar, pero hay satisfaccin en la aceptacin de la verdad tal como es, sin un barniz demistificacin.

    40. Evite la falacia de la conjuncin

    Leah prepara las comidas y dirige la cocina en un restaurante de gama alta, y tambin se preocupa muchopor los asuntos de la mujer. Cul de las siguientes declaraciones sobre Leah es ms verdadera: 1) Leah esuna chef, o 2) Leah es una chef y una feminista? Si ha elegido la 2), pregntese por qu. Probablemente larazn es que alguien que se preocupa mucho por los asuntos de la mujer sea un feminista. Pero lo nicoque realmente sabemos con certeza acerca de Leah es que prepara las comidas y dirige la cocina en unrestaurante de gama alta, lo que significa que es una chef. Si bien es posible que tambin sea una feminista,no lo sabemos con certeza. Por tanto, la ms verdadera de las dos opciones es la (1). La opcin (2), queincluye la (1), es una conjuncin de (1), lo que signica que se superpone parcialmente con la (1) (Leah

  • es una chef en ambas respuestas). Cuando pensamos que una conjuncin de declaraciones es ms ciertaque una de las declaraciones, dicen los lgicos que hemos incurrido en una falacia de la conjuncin.Lgicamente, una conjuncin de un enunciado verdadero no puede ser ms verdadera que la declaracinen s, aunque aade informacin que creemos que tambin podra ser cierta.

    41. Piense dos veces antes de aceptar un valor nominal

    A nuestro cerebro se le engaa fcilmente para que se centre en el valor nominal (o lo que podramosllamar valor facial), haciendo caso omiso al valor real. Un ganador del Premio Nobel, el psiclogo DanielKahneman, llama a esta susceptibilidad a centrarse en el valor nominal la ilusin del dinero 5. Si, porejemplo, le dan un 2 por ciento de aumento de sueldo, pero la tasa de inacin ha aumentado un 4 porciento, en realidad Ud. est pillado por un 2 por ciento. Pero eso no es como la mayora de nosotros lovemos. En su lugar, nos centramos en el equivalente en dinero de un aumento del 2 por ciento, no en elhecho de que la cantidad de dinero es significativamente menor que el aumento del costo de la vida. Si bienpuede ser difcil, o imposible cambiar el monto de su aumento de sueldo, es una buena idea mantener enmente la leccin del valor nominal en comparacin con el valor real, cada vez que est estimando un valor,sobre todo cuando alguien trate de convencerle de que el valor nominal es lo que cuenta.

    42. Dude de su THOMAS

    El sistema de jacin de la oxitocina humana (en ingls, Human Oxytocin Mediated Aachment System:T.H.O.M.A.S.) es un potente circuito cerebral que libera una sustancia neuroqumica llamada oxitocinacuando se confa en nosotros, e induce el deseo de corresponder a la conanza recibida, incluso con losextraos 6. Tener un THOMAS saludable es bueno, porque sin ello nos resultara difcil extender laconfianza a los dems. Pero tambin es una desventaja ya que el mismo sistema que permite la conanza,hace que seamos vctimas de estafadores y delincuentes. La investigacin indica que alrededor del 2 porciento de las personas son incondicionalmente incapaces de devolver la conanza: cuando se confa enellos, no responden con acciones dignas de conanza (por ejemplo, usted confa en alguien lo sucientecomo para prestarle su dinero y nunca se lo devuelve). Lo que esto significa es que usted se encontrar conpersonas que son hbiles para generar confianza con el propsito de sacar ventaja de usted. Su Thomas nosiempre es malo, por supuesto, pero es aconsejable que se mantenga vigilante por si acaso.

  • 43. Es posible que pierda la calma, pero no pierda la perspectiva

    La aversin a la prdida o, simplemente, el miedo a la prdida, es un aspecto bsico del ser humano. Para elcerebro, la prdida es una amenaza, y es natural que tomemos medidas para evitarla. No obstante, no lapodemos evitar de forma indenida. Una forma de encarar las prdidas es adoptando el punto de vista deun corredor de bolsa. Los operadores aceptan la posibilidad de prdida como parte del juego, no como lafinalidad del mismo. Lo que gua este pensamiento es un enfoque tipo cartera; podrn ocurrir gananciasy prdidas, pero es la cartera global de resultados lo que ms importa. Si usted adopta un enfoque decartera, estar menos inclinado a jar su atencin en prdidas individuales, ya que sabe que constituyenpequeas partes de un cuadro mucho ms grande.

    44. Est alerta ante la manipulacin del arrepentimiento

    En el captulo 8 vimos cmo a veces se usa el arrepentimiento para manipular las decisiones. Si alguienquiere que haga A, pero usted est ms inclinado a hacer B, entonces el trabajo de la otra persona consisteen hacerle creer que haciendo B en lugar de A terminar arrepintindose. Es preciso describir esteargumento como una manipulacin del prearrepentimiento, porque usted no ha hecho nada todavapor lo que deba lamentarse. Estn dibujando ante usted un escenario de arrepentimiento como el peorresultado posible, pero que usted puede evitar, si lo desea, tomando la decisin correcta. A veces esbueno que alguien le haga consciente de que puede estar a punto de sentirse arrepentido. Si un amigosuyo insiste en querer conducir su coche en estado de ebriedad, le est haciendo un gran servicio a l y alos dems al hacerle ver lo que podra sucederle, y por qu la decisin correcta es darle a usted las llaves (ysi no lo quiere hacer, por favor, quteselas). Pero cuando un vendedor en una tienda de electrnica esttratando de venderle un plan de seguro del producto dicindole lo mucho que se arrepentir de no haberlocomprado, eso es una manipulacin.

    45. Recuerde cmo los chimpancs y los nios superan la impulsividad

  • A veces, ser impulsivo est muy bien, otras veces causa problemas. Los chimpancs y los nios, que vimosen el captulo 7, utilizan una tcnica similar para la superacin de la impulsividad con el inters de obteneruna recompensa ms grande en el futuro. Mientras estn distrados con los juguetes, son capaces dedemorar ms la graticacin y disfrutar de ms dulces que los que obtendran si hubieran aprovechado laprimera oportunidad para cogerlos. Tan simple como suena, en realidad se trata de una estrategia no tansimple para resolver problemas por la que los adultos nos esforzamos diariamente. Pero, tal vezrecordando que hasta un chimpanc puede hacerlo nos sirva de inspiracin suciente como para seguirintentndolo.

    46. Las palabras dirigen la percepcin

    He aqu un experimento que podemos probar: Prepare un marcador negro y dos bolsas de papel; en unade las bolsas, escriba la palabra Rosas. En la otra, escriba las palabras Pimienta picante. Ahora ponga ptalosde rosa en cada una de las bolsas y cirrelas. Busque algunas personas dispuestas a prestar su poderolfativo para su causa y pdales que huelan cada bolsa (asegurndose de que pueden leer las etiquetas, perono ver su contenido). A continuacin, pdales que digan lo que huelen en cada bolsa. Se trata de unarecreacin bsica de un estudio que investig si el nombre de un objeto afectara a lo que le huele alparticipante. En el estudio, la mayora de las personas confundi los ptalos de rosa de la segunda bolsacon la pimienta picante, a pesar de que el contenido de ambas bolsas era idntico 7.

    47. El modelado es tan humano como el respirar

    Como vimos en el captulo 14, cada uno de nosotros es un imitador innato. Nuestro cerebro est atento aobservar y volver a crear lo que vemos en los dems, y esto, como todos los hbitos del cerebro feliz, es a lavez bueno y malo. Por el lado positivo, la imitacin juega un papel crucial en el aprendizaje. La desventajaes que la imitacin puede sobrepasar los lmites saludables y causarnos, tanto a nosotros como a losdems, innitos daos. Me vienen a la mente dos lecciones. En primer lugar, tenga cuidado con quinorigina el modelo que le est influyendo. Su cerebro tiene dicultades para distinguir entre las leccionesbuenas y malas y las aprender con la misma ecacia. En segundo lugar, tenga cuidado de cmo ustedmodela para los dems. Si usted es padre o tutor de nios pequeos, esta leccin es especialmente

  • importante porque la aptitud de los nios para la imitacin es excepcionalmente fuerte. Incluso cuandopiensa que no estn prestando atencin es posible que, sin saberlo, est usted modelando para ellos uncomportamiento del que ms tarde pueda arrepentirse.

    48. La soledad y el conflicto son socios en el cerebro humano

    Como ya comentamos en el captulo 5, la investigacin en neurociencia ha encontrado una correlacinneuronal convincente entre la experiencia de la soledad y una atraccin hacia el conicto humano. Lasoledad, segn esta denicin, no tiene nada que ver con cuntas personas tenemos fsicamente cerca, ytiene todo que ver con la sensacin de aislamiento social. Esta investigacin da crdito al dicho Ladesgracia quiere compaa, porque las personas que se sienten socialmente aisladas pueden estarpredispuestas a buscar conflicto. Todos los que han trabajado en una ocina con otras personas puedendar testimonio de lo anterior.

    49. El escapismo no es magia

    S i bien es cierto que determinadas formas de escapismo tienen una cualidad inherentemente compulsiva,tambin es cierto que muchas personas participan en juegos de vdeo, en juegos de rol y en una listainterminable de otras diversiones sin llegar a acercarse demasiado al terreno de la compulsin. Lasdiversiones escapistas no ejercen una magia adictiva sobre quienes las practican, de igual manera que losabsurdos espectculos televisivos no vuelven estpidos a los espectadores. Se debe tener precaucin porquesabemos que algunas personas son ms propensas que otras a un comportamiento compulsivo, y cuandoparticipan en un juego de rol absorbente teniendo esa tendencia, por ejemplo, no debera sorprendernosque dos semanas despus se pasen diez horas al da jugndolo. La lnea entre la diversin agradable y elcomportamiento compulsivo puede ser muy delgada y difusa para algunos, pero bien definida para otros.No sabemos cuntas personas caen en la categora de predispuestos al comportamiento compulsivo; demanera que a medida que nos movemos hacia una era cada vez ms saturada de medios de comunicacinelectrnicos absorbentes e intensivos, vale la pena pensar en los posibles resultados, sin caer en elalarmismo.

  • 50. Trabaje por capas

    S i su trabajo consiste en realizar mltiples tareas, al menos trate de hacerlo siguiendo la estrategia de crearcapas de trabajo de tal manera que pueda evitar que concurran dos cosas que requieran muchos recursosal mismo tiempo. Por ejemplo, tratar de responder a un correo electrnico en su telfono inteligentemientras conduce es una idea muy mala. Ambas tareas requieren excesiva energa mental, y es imposibledistribuir la atencin entre ambas de manera uniforme. Si usted est hablando con alguien por telfono(cuando no est conduciendo), es posible hacer algo al mismo tiempo, como revisar un artculo de unarevista, ya que en la mayora de los casos, estas tareas no compiten entre s. Si usted est tratando deconcentrarse realmente en un artculo o un libro, entonces la situacin cambia y, en ese caso, ustedquedara nuevamente fuera de equilibrio. Lo mejor es evitar realizar mltiples tareas simultneamente y enlugar de eso, tratar de ir cambiando de tarea, lo que signica que usted trabaja en una tarea durante ciertotiempo, luego desva la atencin hacia otra, y despus cambia de nuevo trascurrido cierto tiempo,dedicndose a la que haba dejado o a algo completamente distinto, como cuando un tren cambia de vas.Se puede aducir que esta no es una manera especialmente eciente para completar los proyectos, pero elritmo de nuestra vida actual rara vez nos permite disponer de tiempos ininterrumpidos para hacer lascosas. Ir cambiando entre las prioridades que compiten unas con otras puede ser la mejor solucin de quedisponemos, hasta que alguna vez nos caiga del cielo una cantidad inesperada de tiempo.

  • PCaptulo 16

    Anime a su fabricante de significados

    Nuestra obligacin es dar sentido a la vida y al hacerlo,superar la vida pasiva e indiferente.

    ELIE WIESEL Ensayo sobre la indiferencia

    Usted nunca ser feliz si contina buscando en qu consiste la felicidad.Nunca va a vivir si busca el significado de la vida.

    ALBERT CAMUS Escritos de juventud

    ARA terminar, tengo tres ideas que me gustara dejarles, aunque se las voy a entregar de manera untanto indirecta.

    No se complique la vida

    En una seccin no tan conocida del emblemtico cuento Los viajes de Gulliver, de Jonathan Swift, LemuelGulliver se encuentra con una raza de seres parecidos a los caballos sorprendentemente bellos. Loshouyhnhnms (un nombre que signica perfeccin de la naturaleza) son la quintaesencia de lo racional,de lo renado y de lo inteligente, y a los ojos atribulados de Gulliver, son perfectos. Los ve en marcadocontraste con los Yahoos, una raza de criaturas humanoides gobernadas por los houyhnhnms que sonemocionales, sucios y estpidos. Ms tarde, cuando Gulliver regresa a vivir entre los humanos, no puededejar de ver como simples Yahoos a los que le rodean, con unas normas sociales un poco ms elevadas.Nunca se recupera de la desesperacin que le genera esta comparacin, y se pasa la mayor parte del tiempohablando con los caballos en su establo.

  • Si la perfeccin fuera posible y una minora de seres humanos, nalmente la lograsen, entonces, al igualque Gulliver, la mayora de nosotros nos compararamos con los modelos de perfeccin y nosdesesperaramos por no estar a la altura. Las carencias y defectos se convertiran en smbolos evidentes denuestra imperfeccin. La mayora de los que nos rodean (los otros imperfectos) nos pareceran decientestambin, aunque con el tiempo, los estratos de la sociedad imperfecta podran unirse. Finalmente nosconvenceramos de que el hecho de que algunos seres humanos hayan alcanzado la perfeccin signicaque muchos de nosotros, dado suficiente tiempo y esfuerzo, tambin podremos hacerlo, porque los factoresque diferencian la perfeccin de la imperfeccin seran identicables y corregibles. Pronto habr algunosque escribirn libros identicando los problemas que deben corregirse para que nos volvamos perfectos yofrecern sistemas para hacer exactamente eso. S i usted sigue la frmula, entonces ser capaz de salir de losestratos ms comunes de los imperfectos, y se unir a las filas de la minora perfecta.

    Tengo la sensacin de que el sardnico seor Swift tena en mente algo parecido a este escenario cuandollev a Gulliver a la depresin por los defectos de la humanidad. Nosotros, por supuesto, no tenemosningn modelo de perfeccin con el que podamos observarnos y compararnos, pero eso no nos impidecompararnos con un ideal de perfeccin imaginado. Gran parte de la industria de los medios decomunicacin y de entretenimiento se dedica a fomentar esta comparacin y a la venta de productos parareducir el abismo entre nosotros, imperfectos, y el ideal sin tacha. El nmero de sistemas para convertirseen el perfecto usted son legin. Solo hay que pasear por una librera, o entrar en una bibliotecainformtica, para encontrar ms ejemplares que los que le gustara contar. Lamentablemente, nuestroscerebros son susceptibles a estos mensajes.

    Eso es frustrante, pero ser susceptibles no signica que tengamos que hacerles caso. Nuestro cerebro esla maravilla imperfecta ms avanzada de la naturaleza en todo el planeta, y la perfeccin en cualquiergrado, no est en la agenda de la evolucin. Es mejor que lleguemos a un acuerdo con nuestros defectos,tanto innatos como aprendidos, y bailemos el pasodoble de la conciencia-accin para vivir vidas msplenas.

    Pregunta por el significado?

    S i usted escribe la frase sentido de la vida en Google le devuelve 6,1 millones de resultados (por lomenos, ese es el nmero en el momento de escribir esto). Evidentemente es un tema sobre el que pensamosmucho. S i usted busca en la lista, la mayora de las pginas tienen algo que decir acerca de encontrar elsignicado de la vida. Una gran parte de estas pginas tienen un sabor espiritual, y casi un nmero igualofrecen directrices y frmulas para encontrar el grial del signicado. Un nmero menor, aunquesignificativo, son meandros oscuros sobre el sinsentido de la existencia.

    Dudo que existiera algn momento de la historia humana, en el que no se considerase al signicadocomo algo que debe ser encontrado. Somos el nico animal existencial, el nico ser en este planeta con unamente capaz de verse a s mismo y preguntarse: Por qu? S i la respuesta a esta cuestin del signicadono se puede encontrar en el interior, vamos a buscarla fuera de nosotros, y hemos estado haciendo eso lamayor parte de nuestra estancia relativamente breve en la Tierra. La irona es que nuestroscerebros evolucionaron para dar sentido a nuestro mundo, y son bastante buenos para enfrentarse a esereto, pero habitualmente fallan en darnos sentido a nosotros.

  • Yo dira, junto con Wiesel y Camus, que el verdadero problema es la pregunta en s. Preguntarse dndese puede encontrar el signicado de la vida constituye una desviacin del verdadero desafo al que los sereshumanos nos enfrentamos todos los das: darle un sentido a nuestra vida. Este es un desafo que solo unanimal existencial puede aceptar; nuestra carga es solo responder preguntas acerca de nuestro mundo quevan mucho ms all de la reaccin instintiva y del aprendizaje rudimentario. Esta es quiz la caractersticams distintiva de nuestra mente, darle sentido a nuestra experiencia y vivir ese signicado. Otra forma deplantear el ltimo punto es aceptar simplemente que esta enorme capacidad para darle sentido a nuestravida, sin igual en el mundo natural, gue nuestro comportamiento.

    Cognito Finito

    Luchar con las obstinadas tendencias del cerebro feliz es a veces frustrante, agotador e incluso irritante. Amenudo nos encontramos a nosotros mismos pensando y actuando en formas que no sirven a nuestromejor inters, aunque es raro que tengamos claro en cada momento cules son esos intereses. Estamossujetos a una serie de influencias visibles e invisibles, y en nuestros momentos ms desesperados puedeparecer como si nuestro cerebro estuviera conspirando con estas inuencias en contra de nosotros. Vivires, despus de todo, un negocio enredado y, muy frecuentemente, es la ambigedad en vez de la claridad loque llena nuestro espacio-mente.

    La ltima palabra, sin embargo, sigue siendo nuestra. Somos los fabricantes de significado, habilitadospor un cerebro ms avanzado que cualquier otra cosa en el planeta; un cerebro que nos ha llevado muylejos, y nos seguir empujando hacia adelante. Espero que este libro le haya proporcionado unas cuantaspistas y sugerencias ms para la comprensin de ese rgano increble y para construir un significado en suvida.

  • ASeccin especial 2

    Todava ms

    n de desarrollar este libro hizo falta digerir una gran cantidad de investigacin, y en ltimainstancia, no fue posible encontrar lugar en los captulos principales para parte de estosconocimientos. Pero algunos de estos estudios me gustaron tanto que decid incluirlos en estaseccin.

    El mono que ve, es un mono persuadido

    Se le conoce como uno de los ms grandes anuncios que se hayan hecho nunca. Se trata de la publicidaden contra de arrojar basuras a la calle que en 1971, protagoniz el jefe indio Iron Eyes Cody, creada por laagencia de publicidad Marsteller para la campaa de Keep America Beautiful. A medida que la cmara sepasea por un paisaje lleno de basura, el jefe Iron Eyes Cody derrama una lgrima famosa, una lgrimallena de tristeza por el trato cruel de la humanidad hacia la naturaleza; de hecho, la gente sigue tirandobasura, incluso mientras l mira y llora. En otra versin, Iron Eyes navega en canoa por un rocontaminado, mirando desde el agua las orillas atiborradas de fbricas, mientras la gente todava siguearrojando basura, y l todava sigue llorando.

    Ms conocido como el anuncio del llanto del indio, este anuncio y la campaa de prevencin contra labasura ms grande de la que formaba parte tuvieron un gran xito en el reclutamiento de una fuerza detrabajo antibasura por todos los Estados Unidos. De acuerdo a los creadores de la campaa, al nal de lamisma al cabo de veintids aos (y doce aos despus del anuncio del llanto del indio) los equipos localesde voluntarios haban ayudado a reducir la basura hasta un 88 por ciento en treinta y ocho estados.

  • Eso es todo lo que vale la pena comentar (no vamos a mencionar el hecho de que el jefe Iron Eyes Codyno era un americano nativo, sino que, en realidad, era italo-americano, ni que la lgrima era falsa), pero loque es an ms interesante es la investigacin que motiv el indio llorando. Me acord de esto al leer unartculo titulado Los carritos del supermercado nos hacen portarnos mal en el Times Onlne 1. El artculoresume la investigacin reciente que sugiere que los ambientes desordenados y feos inspiran una conductadesordenada y fea.

    El estudio recoge el trabajo del psiclogo Robert Cialdini, autor del libro Inuence: The Psychology ofPersuasion, y el progenitor de lo que se reere a menudo como el efecto Cialdini; en resumen, elcomportamiento que vemos que a los dems les sale bien, nos inuir para decidirnos a imitarlo. S i ustedve todo un estacionamiento lleno de carritos de la compra abandonados en cualquier sitio, es ms probableque tambin abandone el suyo all, de acuerdo con la influyente teora de Cialdini.

    El motivo de que esto me hiciera pensar en el llanto del indio es que hay un lado menos conocido de lahistoria de este famoso comercial. S i bien est generalmente reconocido como parte de una campaaantibasura que tuvo xito, tambin hay la posibilidad de que realmente animase a tirar basura. Porcontradictorio que pueda parecer, el paisaje lleno de basura que hizo llorar al jefe Iron Eyes tambin pudohaber influido en que la gente siguiera tirando basura.

    En un estudio de 1990 (publicado en Current Directions in Psychological Science), Cialdini hizo pruebas paradeterminar si el anuncio del llanto del indio contena una dinmica interna de conicto que obligaba a unefecto contrario al pretendido. He aqu el problema: El anuncio representaba un entorno lleno ya debasura y luego mostraba a la gente arrojando ms basura por todos lados. Cialdini se pregunt si estopodra comunicar el mensaje de que a medida que la gente est tirando basura en lo que es claramente yaun medio ambiente contaminado, probablemente sea normal hacer lo mismo. Citando partes del estudio:

    Hicimos tres predicciones principales. En primer lugar, supusimos que los participantes seran ms propensos a arrojar basuraen un entorno que ya estaba lleno de basura, que en uno limpio. En segundo lugar, supusimos que al ver que un grupo de genteesparca basura en un entorno totalmente sucio, sera ms probable que los participantes tambin tirasen basura, porque se habadesviado su atencin hacia la evidencia de una norma a favor de arrojar basura, es decir, al hecho de que las personas, por logeneral arrojaban basura en ese entorno.

    Por el contrario, pensamos que los participantes que vieron tirar basura a un grupo de gente en un ambiente limpio seranmenos proclives a seguir el ejemplo, porque se les haba desviado la atencin prestada hacia la evidencia de una normadescriptiva antibasura, es decir, al hecho de que (a excepcin del grupo que se le vea arrojar la basura) normalmente la gente notiraba basura en ese lugar. Esta ltima expectativa diferenciaba nuestro enfoque normativo frente a las explicaciones basadas ensimples procesos de modelizacin, en la medida en que nosotros predecamos una disminucin del arrojo de basura despus deque los participantes fueran testigos de un modelo de embasuramiento 2.

    Los resultados fueron como se haba previsto: 1) la gente tiraba ms basura en un entorno que yaestaba lleno de basura que en uno limpio, 2) las personas ensuciaban ms cuando vean a alguien queechaba basura en un entorno ya sucio, y 3) la gente ensuciaba menos cuando vean a alguien que arrojababasura en un medio ambiente limpio.

    Si Cialdini est en lo cierto (y la posterior investigacin le ha respaldado), es razonable creer que elanuncio del llanto del indio present involuntariamente un entorno favorable en el que arrojar basura.

  • La pregunta es: qu norma representada en el anuncio tiene una inuencia ms fuerte sobre elcomportamiento de la gente: la norma por acatamiento (la percepcin de la conducta que es o no esaceptable, es decir, tirar basura est mal y hace llorar al jefe Cody) o la norma descriptiva (percepcin decomportamientos que la mayora de la gente asume, es decir, la gente est ensuciando en un medioambiente que ya estaba muy lleno de basura)? La investigacin muestra que ambas normas inuyen en elcomportamiento, pero cuando entran en conflicto, la gente tiende a elegir lo que Cialdini predice que har,elegir el camino de menor resistencia.

    As que escribamos nuevamente el anuncio: El jefe Iron Eyes Cody rema en su canoa hasta la orilla ycontempla un paisaje prstino, ni siquiera la ms mnima partcula de basura hasta donde alcanza la vista.Entonces, justo cuando est tentado a sonrer viendo esto, alguien que pasa cerca con su coche tira unaenvoltura de Big Mac por la ventanilla. El verdor que antes se hallaba inmaculado, se ve ahoradesfigurado por una rancia mancha de basura. La cmara retrocede hacia el rostro del jefe Cody y, como esde esperar, est llorando.

    Las normas por acatamiento y las descriptivas no estn ya en conflicto: El mensaje que se transmite es(1) tirar basura est mal y (2) algunos irresponsables desvergonzados hicieron algo malo profanando lanaturaleza y haciendo llorar a un actor italo-americano que se parece a un americano nativo.

    Si quieres coger a un mentiroso, ponle a dibujar

    Un hombre acusado de un delito es llevado a una sala de interrogatorios de la polica y se le hace sentarante una mesa vaca. No hay equipos de polgrafo a la vista, y el tpico equipo de dos policas para losinterrogatorios tampoco se deja ver en el cuarto. En su lugar, un ocial entra en la habitacin con untrozo de papel y un lpiz en la mano. Se lo pone delante al sospechoso, da un paso atrs, y con calma ledice: Dibuje.

    Esta es una descripcin muy simplificada de lo que podra suceder en las salas de interrogatorio reales silos resultados de un estudio publicado en la revista Applied Cognitive Psychology fueran ampliamenteadoptados. El estudio es el primero en que se investiga si el dibujo constituye una tcnica ecaz dedeteccin de mentiras, en comparacin con mtodos verbales 3.

    Los investigadores desarrollaron la hiptesis de que en los garabatos y dibujos de los mentirosos seharan evidentes varias tendencias que no se encuentran en las de los no mentirosos. Por ejemplo,sospechaban que cuando se les peda a los mentirosos que esbozaran los detalles de un lugar en el que nohaban estado para encontrarse con alguien con quien, en realidad, no se haban visto, proporcionabanmenos detalles en sus dibujos. Tambin sospechaban que el dibujo parecera menos plausible, en general, yno incluira una representacin de la persona con la que supuestamente se haban reunido.

    Tambin desarrollaron la hiptesis de que los no mentirosos utilizaran una perspectiva hombro-cmara para dibujar la situacin, es decir, mostraran una vista directa sobre la lnea de visin, que unas

  • investigaciones previas haban sugerido como ms indicativas de que estaban diciendo la verdad. Por elcontrario, sospechaban que los mentirosos utilizaran una perspectiva cabeza-cmara, lo que indicarauna sensacin de distanciamiento de la situacin.

    A los sujetos se les dio una misin que inclua ir a un lugar designado y encontrarse con una personacon la que deberan intercambiar informacin. En total se llevaron a cabo cuatro misiones diferentes. Laoperativa de las misiones fue diseada de tal manera que aproximadamente la mitad de los participantes, alser entrevistados, tena que decir la verdad sobre lo sucedido, y la otra mitad tendra que mentir (losinvestigadores imaginaron un tema de espionaje que los participantes deban desarrollar; un detalle muysagaz, al parecer).

    Durante la entrevista, se les pregunt a los participantes acerca de su experiencia, tal como ocurrira enun interrogatorio normal, y tambin se les pidi que dibujaran los detalles de su experiencia. Acontinuacin, los resultados de las respuestas verbales se podan comparar con las respuestas dibujadas afin de determinar qu mtodo era ms eficaz en la identificacin de los mentirosos.

    Lo que pas fue esto: No se observaron diferencias signicativas en el nivel de detalle entre lasdeclaraciones verbales y las dibujadas, pero la verosimilitud de los dibujos veraces era algo mayor que la delos dibujos engaosos. No se hizo evidente una diferencia similar en la plausibilidad entre lasdeclaraciones verbales verdaderas y las engaosas.

    Todava ms interesante fue el hecho de que los que decan la verdad incluyeron en sus dibujos alagente (otra persona que participaba en la situacin) mucho ms que los mentirosos (80 por cientocontra un 13 por ciento). Adems, un nmero significativamente mayor de los que decan la verdad hizo eldibujo desde un punto de vista de hombro-cmara en comparacin con los mentirosos, que por lo generallo dibujaron desde un punto de vista sobre la cabeza (53 por ciento frente al 19 por ciento). Endeclaraciones verbales tambin fueron ms los veraces que mencionaron al agente que los mentirosos (53por ciento frente al 19 por ciento).

    Utilizando el resultado del dibujo del agente por s solo, fue posible identicar el 80 por ciento de losque decan la verdad y el 87 por ciento de los mentirosos, resultados superiores a los conseguidos en lamayora de las tcnicas de entrevista tradicionales.

    La razn principal por la que el dibujo parece ser tan efectivo en la identicacin de los mentirosos esque tienen menos tiempo para cuidar de los detalles. Alguien que est diciendo la verdad ya tiene unaimagen visual de dnde estaba y de lo que ocurri (aunque no sea perfecta que, por supuesto, nunca loes), pero los mentirosos tienen que fabricar los detalles. Es ms fcil inventar algo verbalmente, quevisualizarlo primero y luego recrearlo en papel.

    La falta de honradez y la emocin tiene un vnculo ms fuerte de lo que pensamos

    Digamos que usted trabaja en una ocina con varias personas, y se espera que todos cumplan con ciertosestndares de trabajo. Usted es un empleado excepcional, y es considerado uno de los mejores en laempresa. Un par de ocinas ms all hay un tipo llamado Wendel del que usted siente lstima porque noes muy capaz de cumplir con las normas de funcionamiento y siempre se halla a punto de perder sutrabajo. Su percepcin sobre Wendel es que se trata de un buen tipo que nunca acaba de tener suerte, y

  • que si se le dieran ms oportunidades de triunfar probablemente podra salir de su mala racha.

    Cierto da, usted est trabajando en un proyecto de equipo con Wendel y nota que ha echado a perderun importante informe, tan importante que est seguro de que le despedirn si alguien ms lo ve, perohasta ahora solousted lo ha visto y tiene una mnima oportunidad de encubrir los errores de Wendel. Siusted los encubre, es decir, si usted miente al presentar su trabajo como si fuese el de Wendel, es probableque nadie lo descubra y que Wendel siga trabajando un da ms. Si no lo hace as, l est acabado.

    Qu har usted?

    Normalmente asociamos la actuacin deshonesta con causar dao a otros, pero tambin es muy posibleque un acto deshonesto pueda ayudar a alguien como Wendel. Bajo qu condiciones nos vemos inclinadosa actuar de manera deshonesta para herir o ayudar a otro es lo que investig un estudio en la revistaPsychological Science 4.

    Los investigadores crearon un escenario simulado en el que a los participantes del estudio se les asignaleatoriamente uno de estos dos papeles: solucionador o calicador. Cada solucionador tambin fueasignado al azar a un calicador. Los participantes en ambos roles se convertan en ricos o pobres pormedio de una lotera en la que tenan una probabilidad del 50 por ciento de ganar veinte dlares. Estalotera, junto con el emparejamiento al azar de solucionadores y calicadores, dio origen a cuatro tipos deparejas: calicador rico y solucionador rico; calicador pobre y solucionador pobre; calicador rico ysolucionador pobre, y calicador pobre y solucionador rico. Tras la lotera, los solucionadores resolvieronmltiples anagramas. A continuacin, los calicadores puntuaron el trabajo de los solucionadores. Loscalicadores tuvieron la oportunidad de ayudar o de perjudicar deshonestamente a los solucionadoresalterando el informe de desempeo. S i un calicador exageraba el rendimiento de un solucionador,entonces el solucionador ganaba un dinero inmerecido. S i el calicador subvaloraba el trabajo delsolucionador, este no ganaba el dinero merecido.

    Los resultados: Cuando a un calicador rico le asignaron un solucionador pobre, la inmensa mayorade los calicadores alteraron la puntuacin para ayudar al solucionador (alrededor del 70 por ciento deltiempo). Cuando a un calicador rico le asignaron un solucionador rico, el calicador casi siempre otorgla puntuacin con honestidad (90 por ciento). En el otro lado de la moneda, cuando un calicador pobrefue asignado a un solucionador pobre, el calicador casi siempre alter la puntuacin para ayudar (95 porciento). Cuando a un calicador pobre le asignaron a un solucionador rico, sin embargo, el calicadoralter la puntuacin negativamente con el n de perjudicar al solucionador, alrededor del 30 por ciento delas veces.

    Los investigadores suponen que las razones de estos resultados estn menos ligadas al inters nancieropropio y ms a las respuestas emocionales a la injusticia. Las personas aumentan su comportamientodeshonesto perjudicial y reducen su comportamiento para ayudar, cuando estn en peor situacin que laotra persona. Por el contrario, aumentan el comportamiento deshonesto de ayuda cuando estn en mejorsituacin que la otra persona.

  • Lo que parece resultar de este estudio es la constatacin de que no somos tan racionales, despus detodo. La falta de honradez, en cualquier direccin, parece estar motivada por la reaccin emocional msque por evaluaciones racionales de inters propio, al menos en el contexto de sumas de dinerorelativamente pequeas (sera interesante ver qu pasara si aumentramos la cantidad unos cuantoscientos de dlares).

    Por tanto, para no olvidarse de Wendel, qu pensara usted de l?

    Cun ciego est usted cuando habla por un telfono mvil?

    Todos los das en las noticias vemos historias condenando el uso de telfonos mviles mientras se conduce.Se han publicado cantidad de informes de investigacin que estiman el porcentaje de atencin desviada porel parloteo que mantenemos con el mvil y lo poco que nos centramos en la carretera.

    Esto es muy bueno y me alegro de que se haya abierto un debate, pero podra ser til preguntarse si eluso de telfonos mviles en otras circunstancias (no conduciendo), tiene un efecto similar en la atencin.Qu mejor manera de constatar que el uso del mvil es peligroso cuando se conduce que mostrar su efectosobre alguien que hace algo que no demanda tanta atencin, como caminar, por ejemplo.

    Eso es exactamente lo que queran hacer ver los autores de un estudio publicado en la revista AppliedCognitive Psychology. Los investigadores examinaron los efectos de la atencin dividida cuando la gente est(1) caminando mientras habla por telfono mvil, (2) caminando y escuchando un reproductor de MP3,(3) caminando sin ningn tipo de aparato electrnico, o (4) caminando en pareja 5.

    La medida de cunto se desva la atencin en cualquiera de estas actividades se llama ceguera porinatencin, esto es, no ver lo que est justo delante de usted o a su alrededor, debido a la inuencia de ladistraccin. S i alguna vez ha visto en YouTube el vdeo del gorila caminando entre la multitud de genteque pasa alrededor de una pelota, entonces usted ha visto un ejemplo de la ceguera por falta de atencin.

    Para el primer experimento de este estudio, se coloc a observadores en las esquinas de una plaza grandey muy transitada de un campus universitario. Se recogieron datos de 317 individuos con edades dedieciocho y mayores, en proporcin ms o menos igual de hombres y mujeres. La proporcin entre lascuatro condiciones (con MP3, con el telfono mvil, etc) tambin fue ms o menos igual. Los observadoresmidieron varios resultados para cada individuo, incluyendo el tiempo que tardaba en cruzar la plaza; si elindividuo se detena mientras cruzaba; el nmero de cambios de direccin que haca esta persona; cuntasveces l o ella sorteaba a otros, tropezaba, o vacilaba en su camino, y si alguien llegaba tena unencontronazo con otro viandante o estaba a punto de hacerlo.

    Los resultados: Para los que iban hablando por telfono mvil, cada medida, con la excepcin de dos(duracin y paradas), fue signicativamente mayor que para las dems condiciones. Los usuarios detelfonos mviles cambiaron de direccin siete veces ms que alguien que no tena telfono mvil (29,8 por

  • ciento frente al 4,7 por ciento), tres veces ms que alguien con un reproductor de MP3 (frente al 11 porciento), y sorte a otros viandantes mucho ms que en el resto de las condiciones (sin embargo, es curiosoque los usuarios de MP3 son los que menos veces sortearon de todas las condiciones).

    Las personas con los telfonos tambin reconocieron a otros solo el 2,1 por ciento del tiempo (frente aun 11,6 por ciento para alguien que no usaba el telfono), y choc o casi choc con otros, el 4,3 por cientodel tiempo (frente al 0 por ciento para los que caminaban solos o en pareja y el 1,9 por ciento para los queutilizaban un reproductor de MP3).

    Las personas ms lentas, que tambin fueron los que ms se detuvieron, iban caminando en pareja. Dehecho, los que caminaban en pareja fueron los nicos que llegaron a acercarse a los que usaban el telfonomvil en toda la gama de medidas.

    El siguiente experimento fue una rplica del primero, pero solo se hizo el seguimiento de una medida: silos caminantes se jaban o no en un payaso que iba cruzando la plaza en monociclo. Y se trataba de unpayaso disfrazado en forma muy ostensible, con enormes zapatos rojos, una nariz roja gigante y unbrillante traje prpura y amarillo. Los entrevistadores se acercaban a los participantes que acababan decruzar la plaza y les hacan dos preguntas: 1) Has visto algo inusual? y 2) Has visto al payaso?

    Los resultados: Cuando se les pregunt si haban visto algo inusual, un 8,3 por ciento de los usuariosde telefona mvil dijo que s, en comparacin con un 32 y un 57 por ciento de los que andaban sin losdispositivos electrnicos, con un reproductor de MP3, o en pareja. Cuando se les pregunt si haban vistoal payaso, el 25 por ciento de los usuarios de telefona mvil dijo que s, en comparacin con el 51 porciento, 60 por ciento y 71,4 por ciento de las otras condiciones, respectivamente. En efecto, el 75 por cientode los usuarios de telefona mvil experiment ceguera por falta de atencin. (La discrepancia entre el 8,3por ciento y el 25 por ciento puede deberse a que no consideraron al payaso como algo inusual; despusde todo, el experimento se realizaba en un campus universitario).

    As que, volviendo al punto inicial, si utilizar un telfono mvil afecta la atencin de una manera tandrstica como demuestra este estudio en el caso de los viandantes, sera posible imaginar que sea unabuena idea usarlo mientras se conduce?

    Cuando la visin de uno mismo est sesgada, as estar el estado de nimo

    Algunas personas deambulan por este planeta pensando tan bien de s mismos que sus pies apenas tocanel suelo. Otros tienen una imagen de s mismos tan humilde que casi nunca levantan la barbilla. Es muyposible que ambos tipos de personas se encuentren en un mundo de dolor. Un interesante estudioinvestig los efectos de tener una imagen distorsionada de la visin propia, ya sea demasiado alta odemasiado baja. El estudio se centr en la visin de s mismos que tenan los nios, con edadescomprendidas entre nueve y doce aos, pidindoles a todos que calicasen lo mucho que les gustaban cadauno de sus compaeros de clase. Luego se les pidi que predijesen las calicaciones que haban recibido decada uno de sus compaeros de clase. Para el propsito del estudio, la distorsin de la visin propia se

  • defini como la diferencia entre el status real y el percibido 6.

    Un par de semanas ms tarde, se invit a los nios a participar en un concurso de popularidad enInternet llamado El Juego del Superviviente, en el que un panel de jueces formado por compaeros eligepor votacin al nio que debe retirarse del grupo por ser el que menos gusta a los dems. Poco antes decomenzar el juego, se midi el estado de nimo de cada participante con preguntas como: Cmo tesientes en este momento? Se les pidi que calicaran ocho adjetivos (incluyendo algunos como enojado,nervioso, triste, avergonzado, irritado) en una escala de 0 (nada) a 4 (muy).

    A continuacin, los participantes rellenaron un perl personal describindose a s mismos, y se lesasign al azar, sin su conocimiento, a uno de los dos grupos del concurso: (1) para recibir informacinamenazante durante el juego (por ejemplo, t eres la persona menos simptica) o (2) para recibirinformacin no amenazante o neutra, (por ejemplo, tu oponente es el que menos gusta). Despus semidi de nuevo el estado de nimo de cada participante.

    Los resultados fueron los siguientes: Los sujetos cuya visin propia estaba exagerada inicialmentequedaron aplastados emocionalmente cuando recibieron informacin amenazante durante el juego. Lomismo ocurri con aquellos que no tenan una visin propia exagerada. No se encontr este efecto cuandola informacin no era amenazante.

    Esto es interesante porque contradice la idea de que las visiones propias exageradas tienen la funcin deproteccin contra el impacto emocional de las amenazas sociales (tambin conocida como teora de la ilusinpositiva, lo que sugiere que la ilusin de control es una funcin adaptativa). Los resultados de este estudiorefuerzan el hecho de que lo opuesto es lo cierto: las visiones exageradas de uno mismo parecen aumentar,en lugar de disminuir, la angustia emocional tras los comentarios amenazantes.

    Por supuesto que esto fue un estudio entre nios que han tenido menos experiencia vital, lo que tiendea moderar la imagen propia. Pero cuando usted echa una mirada a una ocina, a cualquier club social,bar, o lugares parecidos, es fcil observar exactamente las mismas imgenes propias aumentadas odisminudas, que las representadas por estos nios de nueve a doce aos de edad. No quiero parecerdemasiado cnico, pero estoy pensando que estos resultados no estn muy lejos de los que se obtendranen el mundo de los adultos, as como en los mundos de la escuela primaria y secundaria, y esto no esto nocarece de importancia.

    La emocin que nos produce el comer, y por qu le echamos la culpa a mam

    Un estudio del Instituto Noruego de Salud Pblica sugiere que se va a culpar a la madre de una cosa ms,cuando los nios alcancen la edad suciente como para quejarse de cmo han sido criados. En el primerproyecto de investigacin que se hizo en el mundo con objeto de analizar los hbitos alimentarios de losnios, en combinacin con las variables psicolgicas maternas, los investigadores encontraron que lasmadres emocionalmente inestables tienden a dar a sus hijos ms alimentos dulces y grasos, lo que les llevaa adquirir ms peso 7.

  • Y este no fue un estudio pequeo. Cerca de veintiocho mil madres se incluyeron en el anlisis, que secentr en los factores psicolgicos tales como ansiedad, tristeza, baja autoestima y una visin generalnegativa del mundo. En su conjunto, estos factores se conocen como afectividad negativa, y las madres quelos poseen, por lo general tienen umbrales ms bajos de estrs y se rinden ms rpidamente cuando seenfrentan con obstculos; por ejemplo, cuando sus hijos estn fuera de control son ms propensas arendirse y dejar que ellos se salgan con la suya.

    Es extrao, sin embargo, que los investigadores no encontraran ninguna relacin entre la personalidadde la madre y los hbitos alimenticios saludables. Es evidente que ser una madre ms conada y positivano significa necesariamente que abunden las frutas y las verduras en los platos de los nios.

    Lo ms lamentable de todo esto es que en estudios anteriores se ha encontrado que el ser unos padresms controladores (y eso signica mam y pap, porque no vale decir, pap no te permitira esto)tambin conduce a una mayor cantidad de azcar en las dietas de los nios. Dejando de lado elcomponente de las emociones negativas del estudio realizado en Noruega, qu debe practicar alguien queejerza de padre a diario? Dos palabras: el modelado y la exibilidad. El Estudio de los Nios deFramingham, que se prolong durante poco ms de una dcada, produjo uno de los resultados msinteresantes que el producido por cualquier otro estudio que sobre este tema se haya realizado, antes odespus. He aqu el resultado: Cuando los padres muestran un comer desinhibido (falta de control),pero predican la restriccin alimentaria (control estricto), sus nios se vuelven gordos 8.

    Lo que en principio suena paradjico, en realidad tiene mucho sentido. A menudo, las personas que seesfuerzan al mximo (y hablan demasiado) por controlar las caloras, tambin experimentan mayordicultad en lograrlo, y es un crculo vicioso: el rigor creciente, con el tiempo conduce a la prdida de unmayor control, lo que lleva a convertirse an en ms estrictos, en mayor prdida de control, y assucesivamente. Y los nios, que son como esponjas, interiorizan el caos y van ganando en kilos.

    El remedio: Romper el crculo con una dosis razonable de exibilidad, y respaldarlo con ayuda demodelos consistentes. Literalmente, despreocuparse.

  • HSeccin especial 1

    Fuentes sugeridas

    E descubierto que si usted va a escribir sobre temas tan dinmicos como la ciencia cognitiva, ser deayuda ser un lector voraz. En esta seccin ofrecemos una seleccin de fuentes, tanto impresas comoen medios informticos que, en su conjunto, constituyen una enorme cantidad de conocimientossobre todas las cosas de la mente, y bien vale la pena el tiempo de un lector vido de conocimientopara encontrarlos y devorarlos.

    Predictably Irrational: The Hidden Forces That Shape Our Decisions

    Por Dan Ariely

    Harper Perennial (2010)

    Dan Ariely es un abanderado de la ciencia del comportamiento, y uno de los pensadores ms perspicacesque escriben sobre la irracionalidad humana hoy en da. Su investigacin ha ayudado a disipar el mito delhomo economicus y ha arrojado luz sobre las inuencias invisibles que afectan cada decisin quetomamos. Si no fuera por el trabajo de Ariely, un libro como el que usted tiene en sus manos nunca sehabra escrito.

    Beyond the Brain: How Body and Environment Shape Animal and Human Minds

    Por Louise Barrett

  • Princeton University Press (2011)

    Louise Barrett nos pide dejar a un lado nuestros espectculos centrados en lo humano y reconsiderar lacognicin humana y animal. En lugar de centrarse nicamente en el cerebro, hace hincapi en que elpensamiento y la conducta son los resultados del funcionamiento del organismo como un todo. Paraconstruir su argumento, profundiza en la ciencia cognitiva, en la psicologa comparada, en la inteligenciaartificial y en una serie de otros temas.

    Remembering: An Experimental and Social Study

    Por Sir Frederick Bartlett

    Cambridge University Press (1932)

    Bartle fue el primero en armar que nuestros recuerdos no son recuerdos, sino reconstrucciones. Senecesitaran muchas dcadas para que su argumento pudiera ser conrmado por la investigacin enneurociencias, pero nalmente se conrmara que sus primeros trabajos resultaron ser muy adelantados asu tiempo.

    The Meme Machine

    Por Susan Blackmore

    Oxford University Press (2001)

    Susan Blackmore es mejor conocida por respaldar la teora meme, que propone que las ideas se replican demente a mente de una manera similar a como se replican los genes en el nivel biolgico. Su obra, que siguesiendo uno de los libros ms respetados en ese campo, es The Meme Machine, en la que expone las piezas dela teora de la meme de una manera accesible y relevante. Para cualquiera que est intrigado por qu ciertasideas aparecen de repente en todo el mundo sin conexin aparente, esta es una lectura que vale la pena yque le dejar con mucho que pensar y explorar.

    Sway: The Irresistible Pull of Irrational Behavior

    Por Ori Brafman y Brafman Rom

    Crown Business (2008)

  • Ori y Rom Brafman forman parte de un grupo de excelentes escritores cuyo santo y sea es la racionalidadhumana. Junto con Dan Ariely, son en parte responsables de una nueva visin de por qu los sereshumanos pensamos como pensamos y actuamos como actuamos, y la explicacin es poco racional.

    On Being Certain: Believing You Are Right Even When Youre Not

    Robert Burton, MD

    Prensa de San Martn (2008)

    Robert Burton sostiene efectivamente que muchas de nuestras posiciones ms recalcitrantes de la verdadno tienen que ver con estar bien, sino con sentirse bien. Postula que las conexiones neuronales entre elpensamiento y la sensacin de estar en lo correcto se fortalecern con el tiempo debido a que el cerebroexperimenta la sensacin como una recompensa. Cuanto ms prolongada sea la recompensa que se recibe,mayor es el refuerzo de la conexin. El libro de Burton explica este y otros temas relacionados de maneraconvincente y coloquial, sin restar importancia a los puntos basados en la evidencia que a menudo quedanfuera de los libros menos importantes.

    Loneliness: Human Nature and the Need for Social Connection

    Por John T. Cacioppo y Patrick William

    W. W. Norton (2008)

    En este libro por excelencia sobre la soledad humana, Cacioppo y Patrick nos dicen que la soledad no tienenada que ver con la cantidad de personas que estn fsicamente a nuestro alrededor, y mucho ms que vercon no llegar a conseguir lo que necesitamos de nuestras relaciones. Su mensaje es particularmenterelevante en la era de las redes sociales, cuando alguien puede tener un millar de amigos en lnea ytodava se siente solo en el mundo.

    Multiplicity: The New Science of Personality, Identity, and the Self

    Por Rita Carter

    Little, Brown (2008)

    Por qu cada uno de nosotros pensamos de nosotros mismos como un yo individual, cuando enrealidad somos varios seres diferentes en el transcurso de un da cualquiera? Rita Carter aborda esta

  • cuestin en lo que considero que es el libro de referencia para la teora de los mltiples yos. Carter, unexpositor maestro sobre temas complejos, argumenta convincentemente que lo que consideramos ser el yono es solo una cosa, a pesar de que operamos bajo la ilusin de que lo es.

    The Invisible Gorilla: And Other Ways Our Intuitions Deceive Us

    Por Christopher Chabris y Simons Daniel

    Corona de Prensa (2010)

    Chabris y S imons son los creadores del famoso experimento del gorila invisible, del que se puedenencontrar versiones de vdeo en todo el Internet. Su experimento original sigue siendo, en mi opinin, elejemplo ms convincente de cmo podemos dejar de ver lo que es obvio, mientras pensamos que nuestrapercepcin es perfecta. En este libro, los investigadores estudian el experimento del gorila, junto conmuchos otros, y explican por qu somos propensos a dejar de ver lo que est delante de nuestros ojos, ypor qu razn confiar en la intuicin puede ser un negocio riesgoso.

    Harnessed: How Language and Music

    Mimicked Nature and Transformed Ape to Man

    Por Mark Changizi

    BenBella Libros (2011)

    Mark Changizi es un neurocientco ms interesado en preguntarse por qu que en cmo. En suanterior libro The Vision Revolution, ofreca una nueva manera de pensar acerca de por qu la percepcinhumana evolucion como lo hizo, y en este libro se propone desarrollar una cuestin an ms grandesobre los factores que contribuyeron al enorme paso evolutivo que dio lugar a los seres humanosmodernos. Changizi siempre es profundo y sus ideas son siempre provocativas.

    Influence: The Psychology of Persuasion

    Por Robert Cialdini, PhD

    Harper Paperbacks (2006)

    Considerado por muchos como el libro denitivo sobre el poder de la inuencia, Influence, va a cambiar su

  • forma de pensar acerca de las negociaciones, ventas, y cualquier otro escenario en el que la persuasin seala dinmica predominante. Transcurridos cincuenta aos, el libro de Cialdini seguir siendo una obrafundamental en ese campo.

    Self Comes to Mind: Constructing the Conscious Brain

    Por Antonio Damasio

    Panten (2010)

    Muchos han tratado de explicar la conciencia, pero sigue siendo el tema ms molesto en la cienciacognitiva (y posiblemente de toda la ciencia). Antonio Damasio, uno de los neurocientcos msimportantes del mundo, aade su voz y su estimable contribucin a la discusin. Una lectura importantepara cualquier persona interesada en el seguimiento de los ltimos avances en el pensamiento basado en laevidencia sobre la conciencia.

    Freedom Evolves

    Por Daniel C. Dennett

    Viking Adult (2003)

    El lsofo Daniel C. Denne combina la biologa evolutiva, las ciencias cognitivas, la economa y otroscampos para desarrollar una fuerte argumentacin en pro de que la tica evoluciona. Como siempre, se lasarregla para decir algo nuevo y desaante sobre un argumento que muchos otros han tratado de cubrir,pero ninguno con tanta habilidad como Dennett.

    The Brain That Changes Itself: Stories of Personal Triumph

    from the Frontiers of Brain Science

    Por Norman Doidge, MD

    Pingino (2007)

    Norman Doidge escribi uno de los primeros resmenes populares sobre la investigacin en la plasticidaddel cerebro, y an se mantiene entre los mejores especialistas que tratan este apasionante tema. Labrillantez del trabajo Doidge es que convierte en relevantes unos conceptos muy complicados de la

  • neurociencia de manera que uno no esperara. S igo rerindome a Doidge para ampliar detalles sobre laplasticidad del cerebro, aun cuando existe una inundacin de libros de neurociencia que se publican cadaao.

    Wrong: Why Experts Keep Failing Us and

    How to Know When Not to Trust Them

    Por David H. Freedman

    Little, Brown (2010)

    David H. Freedman asume el mito de la experiencia en esta exposicin bien argumentada. En su opinin,somos demasiado conados en los expertos, y reticentes a desaarles a causa de su posicin mientras que,como sociedad, a menudo tenemos que sufrir sus lamentables conclusiones. Su argumentacin esrefrescante y proporciona el equilibrio necesario en el debate sobre el valor de la experiencia.

    The Checklist Manifesto: How to Get Things Right

    Por Atul Gawande

    Picador (2009)

    Atul Gawande puede ser considerado como uno de los pensadores ms inuyentes en la historia reciente,aunque el tema sobre el que escribe es engaosamente simple: listas de vericacin. Pero cuando se leesobre la importancia que ha tenido esta sencilla herramienta en la industria de la salud, y cuntas vidashan sido salvadas por su uso, probablemente usted estar de acuerdo en que la voz de Gawande esmerecedora de atencin.

    Stumbling on Happiness

    Por Daniel Gilbert

    Vintage Books (2007)

    Personalmente doy crdito a Daniel Gilbert por ser uno de los ms ecientes en hacer que los temasdifciles, nacidos de una investigacin complicada, sean accesibles a un pblico amplio, y hacerlo sincomprometer la integridad intelectual. Por su validez, Stumbling on Happiness se ha elevado a la altura delescaln superior de los libros de psicologa popular y realmente merece ser ledo. La premisa de Gilbert seresume en la pregunta: Realmente sabes lo que te hace feliz? S i usted piensa que lo sabe, razn de mspara leer este libro.

  • Bad Science: Quacks, Hacks, and Big Pharma Flacks

    Por Ben Goldacre

    Faber y Faber (2008)

    Ben Goldacre es una espina en el costado de la pseudociencia, y yo le aplaudo por ello. En Bad Science,desmonta metdicamente los argumentos errneos de los charlatanes y embaucadores y, al hacerlo, ofrecea sus lectores una municin muy necesaria contra los que nos engaan en nombre de la ciencia.

    The Happiness Hypothesis: Finding Modern Truth in Ancient Wisdom

    Por Jonathan Haidt

    Basic Books (2006)

    Jonathan Haidt trabaja en la vanguardia de la investigacin sobre la moral y las bases emocionales de lacreencia. The Happiness Hypothesis rene los hallazgos de la literatura de investigacin junto a diez ideasinuyentes procedentes de siglos de sabidura aprendida. Encuentro que es una de las obras msinteresantes entre las sntesis psicolgicas escritas hasta la fecha.

    Why We Make Mistakes

    Por Joseph T. Hallinan

    Libros de Broadway (2009)

    Ganador del Premio Pulier, el periodista Joseph T. Hallinan es uno de los mejores escritores para hacerentender lo complejo, y en esta obra de estilo conversacional hace exactamente eso. S i alguna vez sepregunt por qu no consigue ver la botella de cerveza que est buscando en el refrigerador, aunque latenga literalmente delante, usted disfrutar de este libro ingenioso y esclarecedor.

    Our Kind: Who We Are, Where We Came from, Where We Are Going

    Por Marvin Harris

  • Harper Perennial (1998)

    Marvin Harris fue un antroplogo cuyos escritos inuyeron a una generacin de prometedorespensadores de las ciencias sociales, y sus muchos libros siguen inuyendo en los lectores de hoy. En OurKind, los lectores reciben lo mejor de Harris sobre una gama de temas, en ensayos que van desde Lanecesidad de ser amado, hasta Por qu nos volvemos religiosos. Decir que constituye algo menos queun banquete intelectual sera subestimarlo.

    The Moral Landscape

    Por Sam Harris

    Free Press (2010)

    Sam Harris es un escritor situado en el centro de la controversia, pero lo que no saben es que tambin esun neurocientco que estudia la infraestructura neural de la creencia. The Moral Landscape es su intento dedemostrar que es posible vivir una vida moral sin la inuencia de la religin. Yo lo clasico como un libroimportante, y es probable que una obra pionera que otros seguirn.

    On Second Thought: Outsmarting Your Minds Hard-wired Habits

    Por Wray Herbert

    Crown Publishing Group (2010)

    Wray Herbert era mi modelo de cmo escribir sobre temas de psicologa cuando por primera vez comenccomo escritor de ciencia. Su prosa clara y libre de jerga y su atencin a los detalles ms nos de lainvestigacin hace de l una lectura obligada para cualquier persona interesada en los temas que heexaminado en este libro. On Second Thought es una exposicin magistral sobre la inuencia de la heursticaen el pensamiento. Le doy mi ms alta recomendacin.

    SuperSense: Why We Believe the Unbelievable

    Por Bruce Hood

    HarperOne (2009)

  • El psiclogo cognitivo Bruce Hood arma que nacemos con un supersentido, una predisposicin a creeren explicaciones sobrenaturales, cuando otras explicaciones no satisfacen la necesidad de nuestro cerebrode un signicado comprensible. Las aportaciones de Hood estn basadas en slidas investigaciones y suestilo se presta bien para ser entendido por los lectores sin conocimientos en la ciencia cognitiva.

    The Scientific American Brave New Brain

    Por Judith Horstman

    Jossey-Bass (2010)

    Al reunir los recientes avances en ciencia cognitiva en una forma fcil de asimilar, el libro de JudithHorstman es una lectura esencial para aquellos que quieran saber ms sobre los ltimos descubrimientosen este apasionante campo. El libro no solo analiza los recientes hallazgos, para informar al lector acercade lo que conocemos actualmente, sino que tambin se proyecta hacia el futuro para dar una idea de cules el siguiente paso de la ciencia cognitiva.

    The Owners Manual for the Brain:

    Everyday Applications from Mind-Brain Research

    Por Pierce J. Howard, PhD

    Bard Press (2006)

    Cuando se trata de dar visiones generales exhaustivas de la ciencia cognitiva, pocos se comparan con laobra monumental de Pierce J . Howard. S i el lector est buscando un lugar para empezar a leer sobre elcerebro, esta es una opcin excelente. Los escritos de Howard son accesibles a un pblico general y estncimentados en las propuestas basadas en la evidencia acerca de cmo funciona el cerebro.

    How We Decide

    Por Sheena Iyengar

    Hachette Book Group (2010)

    Sheena Iyengar es profesora en una escuela de negocios que ha llevado a cabo una amplia investigacinsobre los factores que inuyen en las decisiones. En How We Decide ella se pregunta: Cunto control

  • tenemos sobre las decisiones que tomamos? Al tejer una variedad de ejemplos relevantes con hallazgoscrebles derivados de las investigaciones, lleva al lector ms cerca de una respuesta, al mismo tiempo que vaplanteando nuevas preguntas.

    Meaning of Truth

    Por William James

    Libros de dominio pblico (2004)

    Una obra clsica por el padrino de la psicologa moderna. Junto con todas sus obras, esta se merece unlugar apreciado en su biblioteca.

    The Rough Guide to Psychology

    Por Christian Jarrett

    Rough Guides (2011)

    Christian Jarre es el escritor que respalda a la institucin britnica de gran prestigio Blog de la Sociedad deInvestigacin Psicolgica, donde lleva a cabo lo ltimo en investigacin psicolgica accesible a una granaudiencia. Este libro cristaliza lo mejor de su trabajo y fomenta el objetivo de abrir el mundo de lapsicologa a los lectores que, de otra manera, podran no haberlo encontrado nunca.

    Born to Be Good: The Science of a Meaningful Life

    Por Dacher Keltner

    W. W. Norton (2009)

    El libro de Keltner se encuentra entre las exposiciones basadas en la evidencia sobre la psicologa positivams crebles escritas hasta la fecha. En lugar de la supervivencia del ms apto, Keltner sostiene queestamos evolutivamente dotados para la bondad, el altruismo, y la respuesta emocional positiva.Basndose en fuentes desde Darwin hasta la neurociencia de hoy en da, Keltner propone un casoconvincente sobre que la clave de nuestro xito como especie no reside tanto en nuestros instintos desupervivencia sino, ms bien, en nuestra capacidad para la conexin con otros seres humanos.

  • Why Everyone (Else) Is a Hypocrite: Evolution and the Modular Mind

    Por Robert Kurzban

    Princeton University Press (2011)

    Robert Kurzban es un psiclogo evolutivo y un escritor interesante. En este libro, arroja luz sobre laexperiencia de la contradiccin en la mente humana y sostiene con efectividad que todos noscontradecimos, y que hacerlo es fundamental para el funcionamiento de nuestro cerebro.

    How We Decide

    Por Jonah Lehrer

    Houghton Mifflin Harcourt (2009)

    Jonah Lehrer es el escritor que mantiene el blog de ciencia ampliamente ledo The Frontal Cortex y tambin elautor del libro Proust Was a Neuroscientist, una de mis lecturas favoritas sobre neurociencia. En How WeDecide, Lehrer analiza los factores que subyacen a las decisiones grandes y pequeas, y ofrece explicacionesbien fundamentadas de por qu incluso las opciones de menor importancia se nos hacen tan difciles deescoger.

    Kluge: The Haphazard Construction of the Human Mind

    Por Gary Marcus

    Houghton Mifflin Company (2008)

    En este libro breve pero bien escrito, el profesor de psicologa de Gary Marcus explica que el cerebrohumano no es una mquina bien engrasada, sino un kluge, trmino de ingeniera que expresa que algose ha unido al azar y que de alguna manera todava funciona. Este libro es una gran opcin paracualquier lector en busca de una visin slida de sesgo cognitivo contenida en un paquete de rpidalectura.

    Human

  • Por Michael S. Gazzaniga

    HarperCollins (2008)

    Gazzaniga se encuentra entre un puado de cientcos responsables de la promocin de la nueva ola deinvestigacin de las ciencias cognitivas y, en el proceso, cambiar la forma en que pensamos acerca denuestras mentes. En Human, adopta un enfoque global sobre lo que es ser un humano. Una esplndidacontribucin de un pionero en el campo.

    Your Brain Is (Almost) Perfect: How We Make Decisions

    Por Read Montague

    Plume (2007)

    Read Montague fue uno de los primeros autores en escribir sobre los nuevos avances en la cienciacognitiva que iluminan sobre lo que pasa en nuestro cerebro cuando tomamos una decisin. Su librosigue siendo un pilar fundamental para aquellos interesados en la ciencia de la toma de decisiones.

    Personality: What Makes You the Way You Are

    Por Daniel Nettle

    Oxford University Press (2007)

    Muy posiblemente el mejor libro breve que he ledo sobre la personalidad humana. La posicin que Nelepresenta sobre el tema es concisa y bien argumentada. S i est interesado en saber ms acerca de por quusted es de esa forma de ser, esta es una excelente obra de fcil lectura, para empezar.

    Do Gentlemen Really Prefer Blondes? Bodies, Behavior, and Brains:

    The Science behind Sex, Love, and Attraction

    En Jena Pincott

    Delacorte Press (2008)

    Jena Pinco es una escritora de ciencia con una excelente habilidad para comunicarse con un pblico

  • amplio. En Do Gentlemen Really Prefer Blondes? presenta una gran variedad de temas sobre los que muchoshemos pensado, pero sobre los que pocos hablamos. Su enfoque es a la vez divertido y mordaz, y despusde haber ledo el libro sentir la sensacin de que sabe 100 por ciento ms que antes sobre el sexo, el amory la atraccin.

    Drive: The Surprising Truth about What Motivates Us

    Por Daniel H. Pink

    Riverhead Books (2009)

    Las discusiones corrientes sobre la motivacin no se pueden comparar con el enfoque de Pink sobre lamateria. Autor del best seller A Whole New Mind, P ink es un maestro en introducir a los lectores en unaperspectiva diferente, y merece mucho la pena considerar sus ideas.

    Brains: How They Seem to Work

    Por Dale Purves

    FT Press (2010)

    Me gusta especialmente el ttulo del libro de Dale Purves, que explica que francamente no sabemos conseguridad cmo funciona el cerebro. Esto es sin duda cierto, pero Purves se las arregla para hacer variosaportes valiosos dentro de los parmetros de lo que parece, que merecen ser ledos.

    Wellbeing: The Five Essential Elements

    Por Tom Rath y Jim Harter

    Gallup Press (2010)

    La organizacin Gallup ha encabezado bastantes investigaciones sobre los puntos fuertes, los talentos, lamotivacin y la personalidad. He disfrutado de varios libros de Gallup, y Wellbeing sin duda merece estaren su lista de lectura si usted quiere saber lo que la investigacin por encuestas tiene que decir acerca de loque nos hace sentirnos realizados. A diferencia de muchos otros libros sobre temas similares, este se basaen hallazgos bien documentados.

  • The Conquest of Happiness

    Por Bertrand Russell

    Liveright (1971)

    Bertrand Russell fue, y sigue siendo, uno de los lsofos occidentales ms inuyentes del siglo pasado. Eneste libro, se toma un descanso de su trabajo como lgico y enfoca su percepcin de gran alcance sobre untema que nos afecta a todos. El resultado es, en mi opinin, uno de los libros ms fascinantes que se hanescrito sobre la felicidad.

    Why Zebras Dont Get Ulcers

    Por Robert M. Sapolsky

    Holt Paperbacks (2010)

    Robert M. Sapolsky es uno de los principales expertos mundiales sobre cmo el estrs afecta a losorganismos. Y lo que es ms importante, es uno de los escritores y ponentes ms destacados sobre temasque tocan la mente humana. Este libro es una lectura atractiva que le har sentir diferente acerca de variossupuestos que normalmente damos por sentado.

    The Paradox of Choice: Why More Is Less

    Por Barry Schwartz

    Harper Perennial (2004)

    De vez en cuando se escribe un libro que toca este tema, el libro de Schwar es, sin duda uno de ellos.Tras iniciar la lectura, usted no querr parar hasta que haya digerido todo. En lugar de un enfoqueacadmico sobre el tema en cuestin, Schwar lo lleva a un nivel prctico para mostrarnos que disponerde un sinfn de opciones no nos da ms satisfaccin, sino todo lo contrario.

    Science Friction: Where the Known Meets the Unknown

    Por Michael Shermer

  • Owl Books (2005)

    Fundador de la revista Skeptic, Michael Shermer es un experto en desenmascarar armacionespseudocientcas y mostrar lo que realmente est sucediendo detrs de la cortina. Este libro es unentretenido desvelamiento de los engaos de los mentalistas y adivinadores, cuya habilidad aprendiShermer, y que l mismo utiliz para demostrar que, en realidad, todo es una farsa.

    iBrain: Surviving the Technological Alteration of the Modern Mind

    Por Gary Small, MD

    Collins Living (2008)

    iBrain es un libro fundamental para entender cmo Internet y otras nuevas tecnologas de los medios decomunicacin estn afectando a nuestro cerebro. Ni alarmista ni indulgente, el planteamiento de Small espragmtico y bien fundamentado. Lo recomiendo para cualquier persona interesada en conocer ms acercade cmo nuestras mentes interactan con el nuevo mundo de los medios de comunicacin en el queapenas estamos empezando a vivir.

    The Empathy Gap: Building Bridges to the Good Life and the Good Society

    Por J. D. Trout

    Vikingo (2009)

    J .D. Trout rene algunas de las lneas de pensamiento de la losofa y la psicologa para hacer frente a loque l llama la brecha de la empata y sus consecuencias. Trout se apoya en un nmero impresionante defuentes, desde la antigedad hasta la modernidad, para crear el argumento de que solo la empata puedeproducir el cambio duradero que nuestra sociedad necesita para prosperar, y que tenemos que estardispuestos a saltar la brecha de la empata, si queremos una buena vida y una buena sociedad.

    La Web

    Mind Hacks

  • http://www.mindhacks.com

    Uno de los blogs mejor actualizados sobre la psicologa y la neurociencia cognitiva. Escrito por VaughanBell, un psiclogo con sede en Londres.

    Neuroskeptic

    http://neuroskeptic.blogspot.com

    Un excelente blog escrito por un neurocientco con sede en el Reino Unido, que mantiene una visinescptica de su campo. Siempre perspicaz y provocativo.

    Neuron Culture

    http://www.wired.com/wiredscience/neuronculture

    Un blog de Wired Science escrito por el periodista cientco David Dobbs, que aborda temas de todo elespectro de la ciencia, con nfasis en la ciencia cognitiva. Los mensajes son de calidad, sin excepcin.

    Neuroanthropology

    http://blogs.plos.org/neuroanthropology/

    Un blog que combina lo mejor de la investigacin en antropologa, con lo ltimo en neurocienciacognitiva. Un nuevo enfoque para ambos temas.

    Neurophilosofy

    http://scienceblogs.com/neurophilosophy

    Un blog escrito por el neurobilogo molecular y del desarrollo convertido en escritor de ciencia, MohebCostandi. Un sitio de primera categora mensaje tras mensaje.

  • BPS Research Digest

    http://bps-research-digest.blogspot.com

    El blog ocial de la Sociedad Britnica de Psicologa, escrito por el psiclogo Christian Jarrett. Mensajesdestacados e informativos escritos para un pblico amplio.

    Were Only Human

    http://www.psychologicalscience.org/index.php/news/were-only-human

    Blog del escritor de ciencia Wray Herbert en la pgina web de la Association for Psychological Science. Elcontenido consistentemente excepcional.

    Sharp Brains

    http://www.sharpbrains.com

    Un sitio web escrito por especialistas en la vanguardia de la investigacin del aprendizaje que cuenta conartculos y entrevistas con personas notables de la neurociencia.

    The Frontal Cortex

    http://www.wired.com/wiredscience/frontal-cortex

    Un blog de Wired Science escrito por el escritor cientco Jonah Lehrer. Uno de los mejores blogs de cienciacognitiva en la web.

    Seed Magazine

    http://www.seedmagazine.com

  • Una revista en lnea consistentemente reexiva que aborda una serie de temas de ciencias, incluyendo laneurociencia cognitiva.

    PLoS ONE

    http://www.plosone.org

    Una revista de acceso abierto, revisada por colegas que publica regularmente estudios sobre temas deciencias cognitivas.

    Over-Simulated

    http://www.psychologytoday.com/blog/over-simulated

    Un blog de Psychology Today escrito por el psiclogo clnico y psicoanalista Todd Essig, con sede en NuevaYork, que se centra en las cuestiones relacionadas con la simulacin de la interaccin social. Puntos devista distintos con poca comparacin en la Web.

    Nature, Brain, and Culture

    http://www.psychologytoday.com/blog/nature-brain-and-culture

    Un blog de Psychology Today escrito por el neurocientfico y autor Mark Changizi, que se centra en por quel cerebro funciona como lo hace. Los mensajes de Changizi nunca dejan de ensear nuevas lecciones.

    The Loom

    http://www.blogs.discovermagazine.com/loom

    Un blog de la revista Discover escrito por el escritor cientco Carl Zimmer, uno de los periodistascientficos ms respetados de la actualidad.

    Science Daily

  • http://www.sciencedaily.com

    Una fuente de noticias basada en la investigacin, bien producida, que habitualmente incluye contenidossobre temas de ciencias cognitivas.

    The Situationist

    http://www.thesituationist.wordpress.com

    Un blog basado en la ciencia, escrito por estudiantes de Derecho de Harvard relacionados con el Proyectopara las Ciencias del Derecho y de la Mente, que aborda temas en el vector de las polticas pblicas, elderecho y la ciencia.

    Project Reason

    http://www.project-reason.org

    El sitio web de la organizacin sin nes de lucro Project Reason, que aborda temas como la naturaleza dela creencia y el papel de la razn en la sociedad civil.

    Rationally Speaking

    http://www.rationallyspeaking.blogspot.com

    Un blog escrito por el profesor Massimo Pigliucci que aborda temas de losofa, de ciencia, de economa, deeducacin y de otras reas. Siempre sincero y bien escrito.

    Psyblog

    http://www.spring.org.uk

    Un blog escrito por el psiclogo e investigador Jeremy Dean, que publica regularmente mensajes sobrepsicologa de la creatividad, la comprensin de las emociones, cmo evitar ser estafado y un archivo ampliode temas adicionales.

  • Revistas

    Scientific American Mind

    New Scientist

    Discovery

    Psychology Today

    Mental Floss

    Science News

    Seed

    The New Humanist

    Science

  • HReconocimientos

    AY muchas personas a quienes debo agradecer su ayuda en la redaccin de este libro, pero a ningunoms que a los miembros de mi familia, que me han apoyado da tras da, semana tras semana, mestras mes. Mi esposa, Jennifer, y mis hijos, Devin, Collin, y Kayla, me motivan a seguir llevandoadelante este proyecto y todos los que emprendo. No cuento con ninguna fuente de energa mayorque su amor y apoyo.

    Desde luego, no habra tenido la oportunidad de escribir este libro si no fuera por los esfuerzosincansables de mi agente, J ill Marsal, cuyo consejo y direccin han demostrado ser de un valor

    incalculable. Tambin me gustara dar las gracias a los amigos que prestaron su tiempo para ayudarme aprofundizar sobre los argumentos, editar documentos, y proporcionarme sus recomendaciones en variosmomentos a lo largo del camino, incluyendo a Je Neale, John Vick, Robert Vandervoort, Donald WilsonBush y Todd Essig. Tambin me he beneciado de una increble red de colegas, que generosamente medieron su tiempo cuando ms lo necesitaba. David Dobbs me ofreci asesoramiento invalorable sobrednde comenzar como escritor de ciencia que pretende entrar en ese mercado. Mark Changizi meproporcion consejos basados en su experiencia como autor y tambin fue lo sucientemente amable paraponerme en contacto con su agente (quien luego se convirti en el mo). Carl Zimmer dedic tiempo a lalectura completa de mi propuesta del libro original y me ofreci informacin til sobre la manera demejorarlo. Robert Burton me aport lecciones de su experiencia como autor que me ayudaron a orientarmis pasos. Daniel S imons, me hizo una aportacin extremadamente til cuando estaba preparando laversin final de este manuscrito.

    Vaya mi agradecimiento especial a Wray Herbert, quien generosamente accedi a escribir el prlogo deeste libro, y mucho antes de eso, estableci un estndar sobre cmo escribir una exposicin slida enpsicologa que me sirvi de modelo desde el primer da. Tambin estoy en deuda con mi primera editora,Karen Schrock, en Scientic American Mind, por conar en mi capacidad de ofrecer contenidos de calidadpara una revista de ciencia de primer nivel. Adems, me gustara dar las gracias a Ryan Sager, uno de losmejores periodistas que conozco, quien me present al grupo directivo en True / Slant: Coates Bateman,Andrea Spiegel, Michael Roston, y Lewis Dvorkin, con la mayora de quienes sigo trabajando en Forbes, yporque todos ellos han contribuido a mi carrera.

    Al principio, cuando empec mi blog, Neuronarrative, tuve la suerte de conocer a varias personasdispuestas a ayudarme a triunfar, incluyendo una multitud de cientcos, escritores, y otros que sinreservas me ofrecieron su tiempo para entrevistarles. Esas relaciones han sido cruciales para todo lo que heperseguido desde entonces; me gustara dar las gracias a todos los que me dieron mucho ms que tiempo,incluso cuando os llam en fro de forma inesperada.

    Gran parte de agradecimiento va dirigido tambin a todos los investigadores de talento que trabajan condiligencia en las instituciones de investigacin y laboratorios de todo el mundo para ofrecer una nueva

  • comprensin de los complejos problemas del comportamiento. S in sus incansables esfuerzos, ninguno denosotros que escribimos en este campo tendramos mucho de qu hablar.

    Agradecimiento y reconocimiento tambin a las redacciones de Psychology Today, de la revista ScientificAmerican Mind, y de la revista Mental Floss que han constituido un gran apoyo y ayuda a travs de nuestrarelacin de trabajo, que espero que contine durante un largo tiempo.

  • Notas

    Introduccin: Adentrndose en el mbito cognitivo

    1. S imon LeVay, The Sexual Brain (Cambridge, MA: MIT Press, 2004).

    2. John Searle, The Rediscovery of the Mind (Cambridge, MA: MIT Press, 1992).

    3. Greg Miller, Growing Pains for fMRI, Science (Junio 2008): 141214.

    4. Todd Essig, PhD, en discusin con el autor, Marzo 2011.

    5. Daniel Kahneman y Amos Tversky, On the Reality of Cognitive Illusions, Psychological Review 103 (Julio 1996): 58291.

    Captulo 1: Las Aventuras de la Certeza

    1. Pamela S . Turner, S howdown at S ea: What Happens When G reat White S harks G o Fin-to-Fin with Killer Whales?, N ational WildlifeFederation, Octubre 1, 2004,http://www.nwf.org/News-and-Magazines/National-Wildlife/Animals/Archives/2004/Showdown-at-Sea.aspx (consultado en Junio 25, 2010).

    2. Telegraph, Killer Whales A ack and Eat S harks, Telegraph, Noviembre 27, 2009, http://www.telegraph.co.uk/earth/wildlife/6668575/Killer-whales-attack-and-eat-sharks.html(consultado en Junio, 2010).

    3. Susan Blackmore, The Meme Machine (New York: Oxford University Press, 2001).

    4. M ing Hsu y otros, Neural S ystems Responding to D egrees of Uncertainty in Human D ecision-making, Science 310 (D iciembre2005): 168083.

    5. Robert Burton, prefacio a On Being Certain: Believing We You are Right Even When Youre Not (New York: St. Martins Press, 2008).

  • 6. Charles W. Eriksen, The Flankers Task and Response Competition: Una herramienta til para la investigacin de una variedad deproblemas cognitivos, Visual Cognition 2 (1995): 10118.

    7. D aniel J. S imons y Christopher F. Chabris, G orillas in Our M idst: S ustained Inaentional B lindness for D ynamic Events, Perception 28(Junio 1999): 105974.

    8. Amos Tversky y Daniel Kahneman, The Framing of Decisions and the Psychology of Choice, Science 12 (Junio 1981): 45358.

    9. S am Keen cont esta historia durante un taller titulado Your M ythic Journey, que fue grabado en cinta para su distribucin porShambhala Press (1996).

    10. Keith E . S tanovich y Richard F. West, Individual D ierences in Reasoning: Implications for the Rationality D ebate?, Behavioral andBrain Sciences 23 (2000): 645726.

    11. Frank Miller, 300 (Milwaukie, OR: Dark Horse, 1999).

    12. Michele Hilms y Michael Henry, NBC: Americas Network (Berkeley: University of California Press, 2007), p. 214.

    13. Rossella Lorenzi, S hroud of Turin S ecretly Hidden, D iscovery N ews, A bril 6,2009, http://dsc.discovery.com/news/2009/04/06/turin-shroud-templars.html (consultado en Julio 5, 2010).

    14. Fox News, D oes Hidden Text Prove S hroud of Turin Real? Fox News, Noviembre 20,2009, http://www.foxnews.com/scitech/2009/11/20/does-hidden-text-prove-shroud-turin-real/ (consultado en Julio 5, 2010).

    15. Kiai M aster vs M M A , vdeo de YouTube, 3:35, subido por vortexblade, Enero 3,2007 http://www.youtube.com/watch?v=gEDaCIDvj6I (consultado en Julio 10, 2010).

    16. Robert A xelrod, S chema Theory: A n Information Processing M odel of Perception and Cognition, American Political ScienceReview 67 (Dieciembre 1973): 124866.

    17. Walter Bradford Cannon, Wisdom of the Body (New York: W.W. Norton, 1963).

    18. S am Harris y otros, The Neural Correlates of Religious and Nonreligious Belief, PLoS O N E 4(2009),http://www.plosone.org/article/infopercent3Adoipercent2F10.1371percent2Fjournal.pone.0007272 (consultado en M ayo 15,2011).

    19. Bruce M. Hood, SuperSense: Why We Believe in the Unbelievable (New York: HarperCollins, 2009).

    20. A . W. Kruglanski, J. Y. S hah, A . P ierro, y L . M annei, When S imilarity Breeds Content: Need for Closure and the A llure ofHomogeneous and Self-Resembling Groups, Journal of Personality and Social Psychology 83, no. 3 (Septiembre 2002): 64862.

    * Algo as como toreo marcial. (N. del T.)

  • Captulo 2: Modelos seductores y monos fumadores

    1. Ernest G allo, Jung and the Paranormal, en The Encyclopedia of the Paranormal, ed. G ordon S tein (A mherst, NY: Prometheus Books,1996).

    2. Historia relatada al autor por una fuente confidencial, Marzo 2011.

    3. S tephen G rossberg, The Link Between Brain Learning, A ention, and Consciousness, C onsciousness and C ognition 8, no. 1 (M arzo1999): 345.

    4. D aniel D enne y otros, The Intentional S tance in Theory and Practice, en Machiavellian Intelligence: Socia l Expertise and the Evolutionof Intellect in Monkeys, Apes, and Humans, ed. Richard W. Byrne y A ndrew Whiten (New York: Clarendon Press/Oxford University Press),pp. 180202.

    5. Paul Rogers y otros, Paranormal Belief and S usceptibility to the Conjunction Fallacy, Applied C ognitive Psychology 23 ( Junio 2008):52442.

    6. D avid A . M oscovitch y Kristin Laurin, Randomness, A ributions of A rousal, and Belief in G od, Psychological Science 21 (Febrero2010): 21618.

    7. Una excelente vision de las probabilidades y sus resultados puede hallarse en la obra de Leonard M lodinow, The D runkards Walk:How Randomness Rules Our Lives (New York: Random House, 2009).

    8. Helena M atute y otros, Illusion of Control in Internet Users and College S tudents, CyberPsychology & Behavior 10 (A bril 2007): 17681.

    9. Kyle S iler, Social and Psychological Challenges of Poker, Journal of Gambling Studies 26 (Diciembre 2009): 40120.

    Captulo 3: Por qu un cerebro feliz descarta el futuro?

    1. D . Read y B . van Leeuwen, Predicting Hunger: The Eects of A ppe tite and D elay on Choice, O rganizational Behavior and H umanDecision Possesses 76 (1998): 189205.

    2. Dasgupta Partha y Eric Maskin, Uncertainty and Hyperbolic Discounting, American Economic Review 95 (2005): 129099.

    3. Primetime: What Would You Do? Es una produccin de ABC patrocinada por el presentador John Quinones.

  • 4. Roger Beuhler and Kathy M cFarland, Intensity B ias in A ective Forecasting: The Role of Temporal Focus, Personality and SocialPsychology Bulletin 27 (2001): 148093.

    Captulo 4: El magnetismo del piloto automtico

    1. Jerome S inger se halla tambin entre los primeros investigadores que trazaron una lnea divisoria entre la mente que divaga y lacreatividad; su labor sigue siendo influyente en estudios actuales que abordan este tema.

    2. Randy Buckner y otros, The Brains D efault Network: A natomy, Function, and Relevance to D isease, Annals of the N ew YorkAcademy of Sciences 1124(2008): 138.

    3. John Cleese habl en el Creativity World Forum en Blgica sobre el tpico de cmo volverse ms creativos, titulado D e Bron vonCreativiteit que fue grabado y publicado en YouTube. John Cleese WCF, vdeo de YouTube, 10:37, subido por zeekomkommers,Marzo 18, 2009, http://www.youtube.com/watch?v=zGt3-fxOvug (consultado en September 14, 2011).

    4. M. A. Killingsworth y Daniel T. Gilbert, A Wandering Mind Is an Unhappy Mind, Science 12 (Noviembre 2010): 932.

    5. Edward R. Watkins, Constructive and Unconstructive Repetitive Thought, Psychological Bulletin 134 (Marzo 2008): 163206.

    6. C. K. Hesse y otros, Idleness Aversion and the Need for Justifiable Busyness, Psychological Science 21(Julio 2010): 92630. xpag

    7. Bertrand Russell, The Conquest of Happiness (London: Liveright, 1996), p. 65.

    8. Kalina Christo y otros, Experience S ampling during fM RI Reveals D efault Network and Executive S ystem Contributions to M indWandering, Proceedings of the National Academy of Sciences 26 (Mayo 2009): 871924.

    9. M ichael A . S ayee y otros, Lost in the S auce? The Eects of A lcohol on M ind Wandering, Psychological Science 20 ( Junio 2009):74752.

    Captulo 5: Inmersin en la Gran Huida

    1. Multiplicity por Rita Carter proporciona una vision excelente sobre la teora de los multiples yos y sus implicaciones. RitaCarter, Multiplicity: The New Science of Personality, Identity, and the Self (Boston: Little, Brown, 2008).

    2. James M cCurry, Internet A ddiction D riving S outh Koreans into Realms of Fantasy, Gaurdian.co.uk, Julio2010, http://www.guardian.co.uk/world/2010/jul/13/internet-addiction-south-korea (consultado en Julio 2010).

  • 3. Todd Essig, PhD, en discusin con el autor, Marzo 2011.

    4. Ibid.

    5. George F. Koob y otros, Neurocircuitry of Addiction, Neuropsychopharmacology 35 (Enero 2010): 21738.

    6. W. M . D oyan y otros, D opamine A ctivity in the Nucleus A ccumbens during Consummatory Phases of Oral Ethanol S elf-Administration, Alcoholism, Clinical and Experimental Research 10 (Octubre 2003): 157382.

    7. Gary Small, MD, en discusin con el autor, Junio 2010.

    8. Gary Null, Get Healthy Now (New York: Seven Stories Press, 2006), p. 269.

    9. Scott Caplan, PhD, en discussion con el autor, Febrero 2010.

    10. S co Caplan y otros, Relations among Loneliness, S ocial A nxiety, and Problematic Internet Use, C yberPsychology and Behavior 10(Abril 2007): 23442.

    11. Caplan, en discusin con el autor.

    12. Jay L . D errick y otros, S ocial S urrogacy: How Favored Television Programs Provide the Experience of Belonging, J ournal ofExperimental Socia l Psychology 45 (Febrero 2009): 35262.

    13. John Cacioppo y otros, Loneliness as a S pecic Risk Factor for D epressive S ymptoms: Cross-sectional and LongitudinalAnalyses, Psychology and Aging 21 (Marzo 206) 14051.

    14. A nna A braham y otros, Reality=Relevance? Insights from S pontaneous M odulations of the Brains D efault Network When TellingA part Reality from Fiction, PLoS O N E 4(2009), http://www.plosone.org/article/infopercent3Adoipercent2F10.1371percent2Fjournal.pone.0004741 (consultado en M ayo 15,2011).

    15. John Cacioppo y otros, A lone in the Crowd: The S tructure and S pread of Loneliness in a Large S ocial Network, J ournal ofPersonality and Social Psychology 97 (Diciembre 2009): 97791.

    Captulo 6: Acelerar su mquina perezosa

    1. William Hart, The Eects of Chronic A chievement M otivation and A chievement Primes on the A ctivation of A chievement and FunGoals, Psychology Bulletin 135 (Julio 2009): 55588.

  • 2. S tephen Garcia, The N-effect: More Competitors, Less Competition, Psychological Science (Julio 2009): 87177.

    3. Peter S okol-Hessner y otros, Thinking Like a Trader S electively Reduces Individuals Loss Aversion, Proceedings of the N ationalAcademy of Sciences 106 (Julio 2008): 503540.

    4. Keri Kele y otros, M otivation by A nticipation: Expecting Rapid Feedback Enhances Performance, Psychological Science (Abril2010): 54547.

    5. Prashanth U. Nyer y otros, Public Commitment as a Motivator for Weight Loss, Psychology and Marketing 27 (Enero 2010): 12.

    6. L . S enay y otros, M otivating G oal-D irected Behavior through Introspective S elf-Talk: The Role of the Interrogative Form of S impleFuture Tense, Psychological Science 21 (Abril 2010): 499504.

    Captulo 7: Escribir promesas en huecograbado

    1. L . F. Nordgren y otros, The Restraint B ias: How the Illusion of S elfRestraint Promotes Impulsive Behavior, Psychological Science 20(Diciembre 2009): 52328.

    2. Theodore Evans y otros, Chimpanzees Use Self-Distraction to Cope with Impulsivity, Biological Letters 3 (Agosto 2007): 599602.

    3. D . M . Wegner y otros, Transactive M emory in Close Relationships, J ournal of Personality and Social Psychology 61 (D ieicembre1991): 92329.

    4. Grinne M. Fitzsimons y otros, Outsourcing Self-Regulation, Psychological Science 22 (2011): 36975.

    5. Carey K. M orewedge y otros, Thought for Food: Imagined Consumption Reduces A ctual Consumption, Science 10 (D iciembre2010): 153033.

    6. Janet Polivy y otros, G eing a B igger S lice of the P ie: Eects on Eating and Emotion in Restrained and UnrestrainedEaters, Appetite 55 (Diciembre 2010): 42630.

    7. S . Sachdeva y otros, Sinning Saints and Saintly S inners: The Paradox of Moral Self-Regulation, Psychological Science 20 (2009): 52328.

    * Pelcula de Jim Jarmusch, exhibida con el mismo ttulo en Espaa, y en la que se vinculan once episodios distintos mediante el tabaco yel caf. (N. del T.)

  • Captulo 8: Querer, conseguir, lamentar, repetir

    1. En este escrito, hay no menos de 10.000 entradas acadmicas para la investigacin relacionada con las subastas de eBay disponiblesa travs de Google Scholar y 2200 a travs deScienceDirect.com.

    2. Michael Wiederman, Why Its So Hard to Be Happy, Scientific American Mind (Febrero/Marzo 2007).

    3. Ibid.

    4. Ab Lit y otros, Lusting while Loathing: Parallel Counterdriving of Wanting and Liking, Psychological Science 21 (Febrero 2010): 11825.

    5. Kai Epstude y otros, The Functional Theory of Counterfactual Thinking, Personality and Social Psychology Review 12 (M ayo 2008):16892.

    6. A . C. Quelhas y otros, Counterfactual Thinking and Functional D ierences in D epression, C linical Psychology and Psychotherapy 15(Septiembre 2008): 35265.

    * Aunque en Espaa la pelcula se distribuy con el ttulo en ingls, este se podra traducir por La experiencia de la amiguita. (N. del T.)

    * EBay es una red internacional de compra-venta de artculos de segunda mano que se realiza mediante subasta . (N. del T.)

    Captulo 9: Socializar con monos como nosotros

    1. Laurie Santos, PhD, en discusin con el autor, Enero 2011.

    2. Daniela Schiller y otros, A Neural Mechanism of First Impressions, Nature Neuroscience 12 (2009): 50814.

    3. Bryan G ibson y otros, How the A doption of Impression M anagement G oals A lters Impression Formation, Personality and SocialPsychology Bulletin 36 (Octubre 2010): 154354.

    4. Paul Zak, How to Run a Con, Psychology Today (blog), Noviembre 2008, http://www.psychologytoday.com/blog/the-moral-molecule/200811/how-run-con (consultado en Noviembre 22, 2008).

    5. G erald M ollenhorst y otros, S ocial Contexts and Personal Relationships: The Eect of M eeting Opportunities on S imilarity forRelationships of Different Strength,Social Networks30 (Enero 2008): 6068.

  • 6. Hashimoto Yamagishi y otros, Preferences versus S trategies as Explanations for Culture-S pecic Behavior, Psychological Science 19(2008): 57984.

    7. D ana Carney y otros, Power Posing Brief Nonverbal D isplays A ect Neuroendocrine Levels and Risk Tolerance, PsychologicalScience (Septiembre 2010): 16.

    8. Elizabeth Tricomi y otros, Neural Evidence for Inequality-Averse Social Preferences, Nature 463 (Febrero 2010): 108991.

    9. Toshio Yamagishi y otros, The Private Rejection of Unfair Oers and Emotional Commitment, Proceedings of the N ational Academy ofSciences 106 (Julio 2009): 1152023.

    Captulo 10: La Gran Verdad Borrada

    1. Jan B . Engelmann y otros, Expert Financial A dvice Neurobiologically Ooads Financial D ecision M aking under Risk, PLoS ONE 4(2009), NOTAShttp://www.plosone.org/article/info%3Adoi%2F10.1371%2Fjournal.pone.0004957 (consultado en Mayo 20, 2010).

    2. Jamil Zeki y otros, Social Influence Modulates the Neural Computation of Value, Psychological Science (2011) [prximamente].

    3. Christian Unkelbach, The Learned Interpretation of Cognitive Fluency, Psychological Science 17 (2006): 33945.

    4. Christian Unkelbach, Reversing the Truth Eect: Learning the Interpretation of Processing Fluency in Judgments of Truth, J ournal ofExperimental Psychology: Learning, Memory, and Cognition 33 (Enero 2007): 21930.

    5. Lauren M ovius y otros, M otivating Television V iewers to Become Organ D onors, C ases in Public H ealth C ommunication &Marketing, Junio 2007,http://www.gwumc.edu/sphhs/departments/pch/phcm/casesjournal/volume1/peer-reviewed/cases_1_08.pdf (consultado en Julio 18, 2011).

    6. Paul Thibodeau y otros, M etaphors We Think With: The Role of M etaphor in Reasoning, PLoSONE (2011), http://dx.doi.org/10.1371/journal.pone.0016782(consultado en Julio 15, 2011).

    7. Lera Boroditsky, How Language Shapes Thought, Scientific American 304 (Enero 2011): 6265.

    8. Daniel Casasanto y otros, When Left Is Right: Motor Fluency Shapes Abstract Concepts, Psychological Science 22 (2011): 41922.

  • Captulo 11: Cmo su cerebro coge resfriados psicosociales

    1. James H. Fowler y otros, The D ynamic S pread of Happiness in a Large S ocial Network, British Medical J ournal 337 (D ieciembre2008).

    2. K. Haegler y otros, No Fear, No Risk! Human Risk Behavior Is A ected by Chemosensory A nxiety S ignals, Neruopsychologica 48(Septiembre 2010): 39013908.

    3. James H. Fowler y otros, The S pread of Obesity through a Large S ocial Network over 32 Years, N ew England J ournal ofMedicine 357 (Julio 2007): 37079.

    4. Carrie Arnold, Were in This Together, Scientific American Mind, (Mayo 2011).

    5. Nathanael J. Fast y otros, Blame Contagion: The Automatic Transmission of S elf-S erving A ributions, J ournal of Experimental Socia lPsychology 46 (Enero 2010): 97106.

    6. Joshua M . A ckerman y otros, You Wear M e Out: The V icarious D epletion of S elf-Control, Psychological Science 20 (M arzo 2009):32632.

    7. Matthew Campbell y otros, Ingroup-Outgroup Bias in Contagious Yawning by Chimpanzees Supports Link to Empathy, PLoS ONE 6(2011),http://www.plosone.org/article/infopercent3Adoipercent2F10.1371 percent2Fjournal.pone.0018283 (consultado en Junio 14,2011).

    8. M. Stel y otros, You Want to Know the Truth? Then Dont Mimic!, Psychological Science 20 (Abril 2009): 69399.

    9. Resultados de estudios que se encuentran en la pgina de Internet CeaseFire Program: http://www.ceasefirechicago.org/results.shtml.

    Captulo 12: El poder oculto del asunto

    1. Nils B. Jostman y otros, Weight as an Embodiment of Importance, Psychological Science 20 (Febrero 2009): 116974.

    2. Kendal Eskine y otros, A Bad Taste in the M outh: G ustatory D isgust Inuences M oral Judgment, Psychological Science 22(Noviembre 2010): 29599.

    3. H. IJzerman y otros, The Thermometer of S ocial Relations: M apping S ocial Proximity on Temperature, Psychological Science 20(Octubre 2009): 121420.

  • 4. Joshua M . A ckerman y otros, Incidental Haptic S ensations Inuence S ocial Judgments and D ecisions, Science 25 ( Junio 2010): 171215.

    * Massachussets Institute of Technology, famosa institucin cientfica de Estados Unidos. (N. del T.)

    Captulo 13: Su mente en una nueva versin

    1. Fuentes mltiples: P ierce J. Howard, The O wners Manual for the Brain (Austin: Bard Press, 2006), pp. 93109; JeaneeNorden, Understanding the Brain: Course Guidebook (Chantilly, VA: Great Courses), pp. 10812.

    2. L inda Henkel y otros, Photograph-Induced M emory Errors: When Photographs M ake People Claim They Have D one Things TheyHave Not, Applied Cognitive Psychology 25 (2011) 7886.

    3. Robert Nash y otros, D igitally M anipulating M emory: Eects of D octored V ideos and Imagination in D istorting Beliefs andMemories, Memory and Cognition 37 (2009): 41424.

    4. B. Zhu y otros, Treat and Trick: A New Way to Increase False Memory, Applied Cognitive Psychology 24 (2009): 11991208.

    5. C. van G olde y otros, High-Prevalence Information from D ierent S ources A ects the D evelopment of False Beliefs, AppliedCognitive Psychology 24(2009): 15263.

    6. Alex Haynes y otros, A Surgical Safety Checklist to Reduce Morbidity and Mortality in a Global Population, N ew England J ournal ofMedicine 360 (Enero 2009): 49199.

    7. Van Golde y otros, High-Prevalence Information, pp. 15263.

    8. Cristina M. Atance y otros, Episodic Future Thinking, Trends in Cognitive Science 5 (Diciembre 2001): 53339.

    Captulo 14: Nacido para copiar, aprender y practicar

    1. D errick Lyons y otros, The Hidden S tructure of Overimitation, Proceedings of the N ational Academy of Sciences 104, no. 50(Diciembre 11, 2007): 1975156.

  • 2. K. A nders Ericsson, D eliberate Practice and A cquisition of Expert Performance: A G eneral Overview, Academic EmergencyMedicine 15 (Noviembre 2008): 98894.

    3. K. A nders Ericsson, The C ambridge H andbook of Expertise and Expert Performance (Cambridge: Cambridge University Press, 2006), pp.685703.

    4. M erim Bilalic y otros, S pecialization Eect and Its Inuence on M emory and Problem S olving in Expert Chess P layers, CognitiveScience 33, no. 6 (Agosto 2009): 111843.

    5. David DiSalvo, Week in Ideas, Wall Street Journal, Marzo 26, 2011.

    6. Christian Jarre, The Expert M ind of a Burglar, BPS Research D igest B log, S eptiembre 2006, http://bps-research-digestblogspot.com/2006/09/expert-mind-of-burglar.html(consultado en Mayo 15, 2011).

    Captulo 15: Cuidado con la brecha

    1. Yoshahisha Kashima y otros, The S elf-S erving Bias in A ributions as a Coping S trategy, J ournal of C ross-C ultural Psychology 17(Marzo 1986): 8397.

    2. Jeremy D ean, The Zeigarnik Eect, Psyblog, http://www.spring.org.uk/2011/02/the-zeigarnik-effect.php (consultado en M ayo 15,2011).

    3. Paul Ekman Group, Dr. Paul Ekman, http://www.paulekman.com/about-ekman/ (consultado en Mayo 15, 2011).

    4. S am Harris y otros, The Neural Correlates of Religious and Nonreligious Belief, PLoS O N E 4(2009),http://www.plosone.org/article/infopercent3Adoipercent2F10.1371percent2Fjournal.pone.0007272 (consultado en M ayo15,2011).

    5. Bernd Weber y otros, The M edial Prefrontal Cortex Exhibits M oney Illusion, Proceedings of the N ational Academy of Sciences 106(Marzo 2009): 502528.

    6. Paul Zak, How to Run a Con, Psychology Today (blog), Noviembre 2008, http://www.psychologytoday.com/blog/the-moral-molecule/200811/how-run-con (consultado en Mayo 15, 2011).

    7. Lera Boroditsky, How Language Shapes Thought, Scientific American 304 (Enero 2011): 6265.

    Seccin Especial 2: Todava ms

  • 1. Anaja Ahura, Supermarket Trolleys Make Us Behave Badly, Times Online, Enero 2009.

    2. Robert Cialdini, Crafting Normative M essages to Protect the Environment, C urrent D irections in Psychological Science (2003): 105109.

    3. A ldert V rij y otros, D rawings as an Innovative and S uccessful L ieD etection Tool, Applied C ognitive Psychology 24 (M ayo 2010):58794.

    4. Francesca Gino y otros, Dishonesty in the Name of Equity, Psychological Science 20 (Septiembre 2009): 115360.

    5. Ira Hyman y otros, D id You S ee the Unicycling Clown? Inaentional B lindness while Walking and Talking on a Cell Phone, AppliedCognitive Psychology 24 (Julio 2010): 597607.

    6. Sander Thomaes y otros, Reality BitesOr Does It?, Psychological Science 20 (2009): 107980.

    7. Norwegian Institute for Public Health, M aternal Personality A ects Childs Eating Habits, June2009, http://www.fhi.no/eway/default.aspx?pid=238&trg=MainLeft_5895&MainArea_5811=5895:0:15,4549:1:0:0:::0:0&MainLeft_5895=5825:74752::1:5896:1:::0:0 (consultado enMayo 15, 2011).

    8. M . Y. Hood y otros, Parental Eating A itudes and the D evelopment of Obesity in Children: The Framingham ChildrensStudy, International Journal of Obesity 24 (Octubre 2000): 131925.

  • Crditos

    Ttulo original: Qu hace feliz a tu cerebro

    ISBN de su edicin en papel: 978-84-414-3258-1

    No se permite la reproduccin total o parcial de este libro, ni su incorporacin a un sistema informtico, ni sutransmisin en cualquier forma o por cualquier medio, sea este electrnico, mecnico, por fotocopia, por grabacin uotros mtodos, sin el permiso previo y por escrito del editor. La infraccin de los derechos mencionados puede serconstitutiva de delito contra la propiedad intelectual (Art. 270 y siguientes del Cdigo Penal).

    2011. David DiSalvo, por Prometheus Books Publishers, Amherst, NY 14228-2119, por acuerdo conUte Krner Literary Agent, S.L., Barcelona- www.uteliag.com

    Diseo de cubierta: Carlos Melcn

    2013 Editorial EDAF, S.L.U.

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    Primera edicin en libro electrnico (epub): abril de 2013

    ISBN: 978-84-414-3281-9 (epub)

    Conversin a libro electrnico: El poeta (edicin digital) S. L.

    PortadillandicePrologoIntroduccinParte 1: LA CERTEZA Y LA SEDUCCIN DE LA OPORTUNIDADLas aventuras de la certezaModelos seductores y monos fumadores

    Parte 2: CAMBIOS, DESCARTES Y HUIDASPor qu un cerebro feliz descarta el futuroEl magnetismo del piloto automticoInmersin y la Gran Huida

    Parte 3: MOTIVACIN, RESTRICCIN Y PESARPoniendo su mquina en movimientoEscribir promesas en huecograbadoQuerer, conseguir, lamentar, repetir

    Parte 4: LA INFLUENCIA DE LOS FLUJOS Y REFLUJOS SOCIALESLa vida social con monos como nosotrosLa gran verdad de la adhesinCmo coge su cerebro resfriados psicosocialesEl poder oculto de las cosas

    Parte 5: MEMORIA Y MODELADOTu mente reeditadaNacidos para copiar, aprender y practicar

    Parte 6: NADA TAN PURO COMO LA ACCINCuidado con la brechaAnime a su fabricante de significados

    Seccin especial 1: Fuentes sugeridasSeccin especial 2: Todava msReconocimientosNotasCreditos