Privilegio de Los Veinte

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    24-Jul-2015

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Vctor Fernndez Toms

EL PRIVILEGIO DE LOS VEINTE

A finales de 1118 Alfonso I el Batallador conquist la ciudad de Zaragoza. En aquel tiempo a los seores les interesaba repoblar ciertas reas por motivos econmicos y estratgicos. Las zonas de frontera no ofrecan muchos incentivos para los inmigrantes, por lo que se crearon las cartas puebla y los fueros, que concedan ciertos privilegios a los que se asentaran en el lugar. Con la toma de la urbe se produjo un importante descenso demogrfico al emigrar los musulmanes residentes a otras zonas. Esto llev al monarca a conceder el fuero de los infanzones, segn el cual se divida la ciudad entre los nobles que haban colaborado con el rey en su captura. Sin embargo, la repoblacin de Zaragoza no debi de ser muy satisfactoria, ya que diez aos despus, el 5 de febrero de 1129 la foralidad de la ciudad fue ampliada. Estas nuevas concesiones son similares a las que ya concediera Alfonso I a Tudela en 1127. Dada la radicalidad de estos nuevos privilegios, cuando estos se difundieron por otras poblaciones, slo lo hicieron los de 1119, aadiendo o quitando privilegios segn zonas. En primer lugar, en estos nuevos privilegios se concede unos amplios derechos sobre las tierras: cortar todo tipo de lea salvo los rboles ms grandes, derecho de pastos, de pesca, salvo sollos, que tienen que drselos al merino y derecho de carboneo y fabricacin de yeso. El que se den unos derechos sobre las tierras tan grandes es indicativo de por un lado la necesidad de nuevos habitantes y, por otro lado, la carencia de tierras para repartir entre stos. Tambin se protege a los ciudadanos de embargos y de que se les prohba comprar vino o cereal. El hecho de que se libere adems a los habitantes del impuesto de venta de mercancas a forneos salvo en los puertos, hace suponer que el objetivo de estos nuevos privilegios no era ya atraer nuevos infanzones, sino villanos. Pero lo peculiar de este documento es lo referente a la justicia. Primeramente permite nada menos que tomar prcticamente la justicia por cuenta propia, sin necesidad de esperar cualquier otro tipo de proceso: Os mando que si algn hombre os hiciera algn dao, que le embarguis y presionis en Zaragoza [] hasta que recibis vuestro derecho. Esto es lo que hace que stos privilegios sean conocidos como los de dao por dao (tortum per tortum), o tambin privilegio de los Veinte, ya que, una vez asegurada la lealtad al rey, se establece el nombramiento de veinte hombres, elegidos por los mismos habitantes, que se comprometen a guardar los fueros, adems de tomar juramento del resto de habitantes. Los juicios, aunque siguen corriendo al cargo de personas nombradas por el rey, se tienen entre los mismos vecinos, rasgo de cierta autonoma judicial. Adems se trata de establecer una cierta igualdad entre los habitantes al prohibir que los nobles puedan servir como portavoces. Todas estas concesiones dotan a los ciudadanos de una amplia autonoma a nivel jurdico y lo que es ms importante, una eficaz defensa frente a los seores, sobre todo al impedir a estos participar como voceros en los procesos. Es probable que esto se deba a los enfrentamientos que haba tenido el monarca con la nobleza.

Como era probable que los nobles trataran de enfrentarse a estos privilegios, se establece que nadie puede forzarlos, permitiendo a los habitantes destruir sus casas y todo lo que tenga en Zaragoza o fuera de Zaragoza, y en eso ser vuestra ayuda. No slo les permite tomar la justicia por su mano sino que adems el mismo rey se establece como su representante. Es probable que de este modo el monarca busque la lealtad de las gentes de las ciudades frente a los levantiscos seores. Sin embargo, se debe aclarar que no busca el apoyo de todos los habitantes, sino ms bien de las lites ciudadanas, que se erigirn como gobernantes locales. Ello se desprende de la orden de que juris estos fueros los mejores veinte hombres. Parece bastante obvio que indirectamente se est refiriendo a los ms poderosos. Es una forma de asegurar la fidelidad de las ciudades prescindiendo de la nobleza. Adems, al rey no le favoreca en nada que la capital del reino fuera tierra feudal. No obstante, dada su naturaleza, es razonable pensar que llev al establecimiento de una oligarqua urbana llegando, segn palabras de Salvador Minguijn, a ejerecer una autntica dictadura municipal.

FUENTES Ramn BETRN ABADA, La forma de la ciudad, las ciudades en Aragn en la Edad Media, Zaragoza, Delegacin en Zaragoza del Colegio Oficial de Arquitectos de Aragn, 1992. Jess LALINDE ABADA, Los fueros de Aragn, Zaragoza, Librera General, 1976. Mara Pilar de la VEGA CEBRIN, Privilegio de los veinte, en Estado actual de los estudios sobre Aragn, Zaragoza, 1981, pp. 273-278.