Paisajes del Valle medio del Guadalqui- vir cordobs ... in the conceptualisation and evolution of landscape in the area known as the ... una amplitud variable entre la Sierra Morena de Crdoba, al norte, y la ...

  • Published on
    20-Apr-2018

  • View
    213

  • Download
    1

Transcript

  • REVISTA DE ESTUDIOS REGIONALES N 96, I.S.S.N.: 0213-7585 (2013), PP. 135-180

    Paisajes del Valle medio del Guadalqui-vir cordobs: Funcionalidad y cambios

    Landscapes of the middle Guadalqui-vir Valley in Crdoba: Functionality and changes

    Martn Torres MrquezUniversidad de Crdoba

    Recibido, Diciembre de 2012; Versin fi nal aceptada, Marzo de 2013.

    PALABRAS CLAVE: Valle del Guadalquivir, Regado, Rururbanizacin, Parcelacin, Agricultura periurbana, Crdoba.

    KEYWORDS: Guadalquivir Valley, Irrigation, Rur-urbanization, Parcelling, Peri-urban agriculture, Crdoba.

    Clasifi cacin JEL: O18, Q15, R14.

    RESUMEN

    Los tradicionales paisajes agrarios del Valle cordobs, ligados a la presencia del Guadalquivir, han sido importantes y tempranas reas de modernizacin econmica, gracias al desarrollo de la agricultura, el regado y la industrializacin. Sin embargo, esas funciones agrarias, antao insepa-rables de la identidad paisajstica de los ruedos y el extrarradio de Crdoba, se hallan en retroceso desde el ltimo tercio del siglo XX, un retroceso provocado por la expansin de la ciudad difusa de Crdoba y su rururbanizacin. Las funciones agrarias de antao han dejado paso a nuevos usos y a nuevos paisajes, todo ello unido al devenir socioeconmico de la capital y a las demandas que sta exige de su entorno. El presente artculo, utilizando argumentos y principios geogrfi co-histricos, persigue la descripcin y concrecin temporal de esos cambios mediante la recopilacin documental, fotogrfi ca y cartogrfi ca, lo que habr de permitir la reconstruccin de esos cambios paisajsticos y de los signifi cados que se le han atribuido con el paso del tiempo.

    ABSTRACT

    The main purpose of the refl ections set out in this article is to outline and defi ne new lines of research in the conceptualisation and evolution of landscape in the area known as the Valle Medio Cordobs, its terraces and meadow lands, its relationships with the immediate surrounding areas and the city of Crdoba, with a view to sketching the landscape dynamics in the area of study and their evolution from traditional agrarian models to the current situation of predominant rur-urbanisation.

    This evolutionary reconstruction of the landscape, and the description of territorial relations which explain its changes, can be expressed through the following issues: evolutionary analysis of possible physical alterations in the area of study; examination of cultural and natural relations and dynamics as shapers of the landscape; evolutionary description of the structure of property and the socioeconomic composition of land ownership; dynamic diagnosis of usage; evolution of organi-

  • 136 MARTN TORRES-MRQUEZ

    REVISTA DE ESTUDIOS REGIONALES N 96, I.S.S.N.: 0213-7585 (2013), PP. 135-180

    sed or infrastructural landscape; communication, service and supply links, etc.; and chronological reconstruction of the landscape identity of the area studied.

    The methodological proposal used, within fl exible parameters, is as follows: search and analysis of historic and recent bibliography; archive search (Municipal Archive of Crdoba, Historic Provincial Archive of Crdoba, Archive of the Hydrographical Confederation of the Guadalquivir, Archive of the Guadalmellato Irrigation Association, Municipal Urban Planning Department, Cadastral Register, General Archive of Simancas, National Historic Archive and Royal Chancery of Granada); search and study of historic and contemporary cartographic sources; and fi eldwork.

    The fi ndings of this research have revealed, fi rstly, the undisputable strategic value of the Valle Cordobs within the geographic and urban context of the city of Crdoba, since this nucleus, its history and socioeconomic needs have since time immemorial conditioned the uses made of its rural surroundings. Similarly, evolutionary analysis of the territory and the agrarian landscape of its outlying areas shows the existence of an evident dynamic of transformation, destruction and reconstruction, associated with the needs of Crdoba and its inhabitants. From natural corridor and communication link, to the current rur-urban scenario, the Valle Medio Cordobs area has moved through the predominance of extensive agrarian uses, the exploitation of the dehesa pasture lands for livestock, and the introduction of irrigation and agro-industrialisation. And in this development, an intensely humanised environment has been shaped, littered with anthropic imprints and also symbols and identities which have changed along with the predominant uses and demands imposed by the city of Crdoba itself.

    From the mid 1950s up to the present day, there has been a process of de-agrarianisation in the Valle Cordobs area, accompanied by a division of property which has practically eradicated the former predominance of large Latifundio estates. There has also been a sustained diminishment, particularly since the 1980s, of the irrigable land area of Guadalmellato, which was once particularly highly valued. In addition to the peri-urban growth of Crdoba and Almodvar, the creation of certain industrial estates, and the increase in residential areas of certain population nucleuses such as Vil-larrubia, this area has also been witness to a process of rur-urban parcelling. The once extensive swathes of agricultural land have been divided up into small plots of just 1,000 and 1,500 m2, which are now home to chalets, swimming pools, allotments, small industries, and restaurants, etc.

    1. INTRODUCCIN

    El rea que analizamos constituye una porcin signifi cativa del estricto Valle del Guadalquivir, en su tramo medio y a su paso por la provincia de Crdoba, que a su vez se integra en la Depresin que fl anquea al susodicho cauce y que constituye buena parte de la identidad agraria de las provincias por las que discurre. El espacio que hemos elegido para examinar el devenir paisajstico, los cambios funcionales y procesos que afectan a buena parte del Valle del Guadalquivir, ocupa el poniente del municipio de Crdoba y el levante del ncleo de Almodvar del Ro (Crdoba). Confi gura un corredor longitudinal de unos 22 km entre las ciudades mencionadas, y se asocia genticamente al propio trazado meandriforme del Guadalquivir, con una amplitud variable entre la Sierra Morena de Crdoba, al norte, y la Campia, al sur (Figura 1).

    Nuestro punto de partida es la concepcin del espacio geogrfi co como el conjunto de objetos-elementos y procesos que los unen, confi gurando siste-

  • 137PAISAJES DEL VALLE MEDIO DEL GUADALQUIVIR CORDOBS...

    REVISTA DE ESTUDIOS REGIONALES N 96, I.S.S.N.: 0213-7585 (2013), PP. 135-180

    mas complejos abiertos y solidarios entre s (Santos, 1997). Entre los elementos constituyentes se encuentran aqullos estrictamente naturales, que existen sin la intervencin humana. Pero tambin entre tales elementos se sitan los que proce-den de la creciente presencia humana. La artifi cialidad antrpica se hace palpable observando la increble huella humana y cmo sta ha alterado la presencia y el signifi cado de los elementos y procesos naturales. La complejidad es igualmente palpable, pues los espacios actuales, debido a la presin humana y a sus tecnologas, constituyen una suerte de complejos sistmicos de elementos naturales, humanos y mixtos, sometidos igualmente a un mosaico similar de relaciones y procesos, y marcados por el comando nico de los deseos humanos, ya que estos otorgan determinadas funciones al espacio geogrfi co y en virtud de ellas lo modelan en benefi cio propio y lo condicionan para futuras generaciones (Montez Gmez y Delgado Mahecha, 1998).

    FIGURA 1ESQUEMA INDICATIVO DE LA LOCALIZACIN, EXTENSIN Y LMITES DE LAS TERRAZAS Y VEGA DEL GUADALQUIVIR DEL PONIENTE CORDOBS,

    ENTRE LA CAPITAL Y LA LOCALIDAD DEL ALMODVAR DEL RO

    Fuente: Elaboracin propia.

  • 138 MARTN TORRES-MRQUEZ

    REVISTA DE ESTUDIOS REGIONALES N 96, I.S.S.N.: 0213-7585 (2013), PP. 135-180

    Teniendo presente las anteriores refl exiones, iniciamos nuestro estudio anali-zando los caracteres naturales del espacio geogrfi co que constituyen el sustrato territorial y paisajstico del Valle Medio del Guadalquivir en Crdoba, ya que forman una urdimbre de elementos y relaciones que a lo largo del tiempo han sido oportu-nidades para los intereses humanos, restricciones y limitaciones a esos intereses, o incluso impulsos para el planeamiento y la gestin del territorio. Abordamos posteriormente un examen cronolgico de los usos y aprovechamientos humanos que se han sucedido en el rea de estudio, pues ha sido la relacin entre recursos naturales y actividades humanas la que ha ido conformando las distintas instant-neas paisajsticas.

    2. LOS COMPONENTES NATURALES

    El Valle Medio del Guadalquivir cordobs, tras una prolongada y creciente presin humana, presenta en la actualidad una considerable y omnipresente artifi -cializacin. Los elementos fsicos naturales, consustanciales a cualquier espacio, han ido perdiendo protagonismo en benefi cio de los componentes de origen antrpico, y los procesos naturales han sido alterados en funcin de los propsitos humanos. Sin embargo, a pesar de esa intensa humanizacin, el Valle sigue presentando unos elementos naturales que lo defi nen y explican su funcionalidad territorial, tanto en el pasado como en el presente.

    Una de las circunstancias fsicas ms signifi cativas es el relieve, ms an cuando precisamente esta variable defi ne la singularidad del Valle respecto a la proximidad de Sierra Morena o la inmediata Campia. La unidad muestra un relieve horizontal y pendientes muy suaves (entre los 170 y 100 m aproximadamente), con una ma-nejable inclinacin a favor del drenaje natural del curso del Guadalquivir. Conviven tres reas topogrfi cas escalonadas y de altitud decreciente: el piedemonte de Sierra Morena, que sirve de nexo entre las terrazas del ro y la propia Sierra; las terrazas fl uviales, que son los elementos principales que conforman el relieve del Valle cordo-bs; y, en tercer lugar, la estricta llanura aluvial o curso actual del Guadalquivir. Esta disposicin topogrfi ca le confi ere a la unidad el carcter de corredor longitudinal natural, delimitado, tanto al norte como al sur, por reas de relieve ms elevadas: Sierra Morena y la Campia. La primera, con altitudes ms notables, le proporciona a la Vega un excelente frente escnico y unos atractivos valores ambientales, as como numerosos miradores desde los que observar el Valle del Guadalquivir. La Campia, por su parte, al sur del curso del Guadalquivir y sobre sus espectaculares torronteras, tambin aporta excelentes miradores sobre el estricto Valle fl uvial, as como un paisaje ondulado que contrasta con la horizontalidad de las Terrazas y Vega del Valle.

  • 139PAISAJES DEL VALLE MEDIO DEL GUADALQUIVIR CORDOBS...

    REVISTA DE ESTUDIOS REGIONALES N 96, I.S.S.N.: 0213-7585 (2013), PP. 135-180

    Dicha estructura topogrfi ca encuentra su explicacin en la evolucin geomor-folgica del espacio y est estrechamente asociada al escenario geolgico generado por la sucesin de diversos acontecimientos tectnicos, erosivos y sedimentarios (Figura 2).

    Los materiales ms antiguos se concentran en la formacin serrana que bor-dea al Valle por su fl anco septentrional y es parte de la ms extensa Sierra Morena cordobesa y andaluza. En su mayora constituye un amplio zcalo fracturado y elevado por los empujes alpinos, si bien el contexto geolgico est integrado por materiales mucho ms antiguos. Pizarras, calizas, lutitas, arcosas y areniscas cm-bricas constituyen los estratos ms representativos de la Sierra Morena cordobesa, seguidos por los contextos volcnicos del mismo perodo y la presencia de enclaves de esquistos, cuarcitas, gneis neoproterozoicos o prfi dos del Carbonfero (Figura 2). As mismo, aunque con una presencia testimonial en el piedemonte serrano, sobresale la existencia de una franja geolgica compuesta por calcarenitas, ca-lizas de algas, brechas, arenas y limos amarillos, que en el pasado confi guraron la plataforma Messiniense, y cuyos depsitos estn relacionados con el drstico descenso eusttico de las aguas del Mediterrneo y el Atlntico (Figura 2) (Martnez del Olmo et al., 1996).

    Al sur del Valle, ocupando buena parte de la Depresin del Guadalquivir, se extiende el escenario campis, caracterizado por su ondulante paisaje de colinas y por el protagonismo de los materiales sedimentarios postalpinos. Los componentes lticos mayoritarios son las margas azules y blancas, acompaadas, en las zonas ms elevadas, por gravas, arenas y limos. Ambos contextos geolgicos pertenecen al piso Messiniense (Figura 2).

    El estricto Valle, inscrito entre las dos unidades precedentes, es un corredor topogrfi co y geolgico asociado a los procesos de erosin y sedimentacin ms recientes. El principal agente de tales procesos es el Guadalquivir y sus afl uentes, ofreciendo, sobre todo el primero, una construccin geomorfolgica condiciona-da por variables climticas, topogrfi cas, hdricas, geolgicas, etc. Los materiales estn representados por la presencia de abanicos aluviales de arcillas rojas, arenas y conglomerados depositados a lo largo del Pleistoceno, que son especialmente evidentes en la margen derecha del Guadalquivir, y que constituyen un medio geolgicamente enriquecido por los aportes procedentes de Sierra Morena. Junto al nivel referido se disponen las habituales terrazas fl uviales pleistocnicas, que de forma discontinua y asimtrica envuelven al curso y drenaje principal de la cuenca. Sin entrar en el nmero de terrazas que se asocian a los sucesivos descensos cuaternarios del nivel de base del Guadalquivir, con su terraza ms antigua en el seno de la actual Campia y con altitudes entre los 200 y 220 m. (Daz del Olmo y Baena, 1997; Nez Granados y Recio Espejo, 2003), el actual Valle presenta, segn la cartografa del IGME, tres terrazas con desigual grado de conservacin. La

  • 140 MARTN TORRES-MRQUEZ

    REVISTA DE ESTUDIOS REGIONALES N 96, I.S.S.N.: 0213-7585 (2013), PP. 135-180

    FIGURA 2ESQUEMA GEOLGICO DEL VALLE DEL GUADALQUIVIR EN EL

    PONIENTE CORDOBS, SITUADO ENTRE SIERRA MORENA, AL NORTE, Y LA CAMPIA BAJA DE CRDOBA, AL SUR

    Fuente: Elaboracin propia segn cartografa geolgica del IGME (2011).

  • 141PAISAJES DEL VALLE MEDIO DEL GUADALQUIVIR CORDOBS...

    REVISTA DE ESTUDIOS REGIONALES N 96, I.S.S.N.: 0213-7585 (2013), PP. 135-180

    ms antigua y alta de las representadas en la Figura 2 pervive bajo el asiento de la actual ciudad de Crdoba y en algunas franjas situadas en la margen izquierda del ro. Las terraza media, que se corresponde con los depsitos del Pleistoceno Medio, presenta una amplia superfi cie en la margen derecha del Guadalquivir, ocupando los terrazgos que rodean a los ncleos de El Higuern o Villarrubia; si bien tambin es importante su presencia en la margen opuesta, aunque de manera discontinua. En tercer lugar, aguas abajo del meandro de La Golondrina y ocupando ambas mr-genes, se extiende la Terraza Inferior, Vega o curso actual del Guadalquivir (Figura 2). En cualquier caso, tales depsitos aterrazados ofrecen los siguientes caracteres: altitudes comprendidas entre los 170 y 100 m; un relieve prcticamente tabular y escalonado; pendientes inferiores al 3 %; y una composicin formada por limos, arenas y gravas de tamao desigual (Figura 2).

    Ms abstractas son las circunstancias climticas, si bien es evidente que sus peculiaridades estn vinculadas a hechos macro, meso y microgeogrfi cos, aunque todo ello en el seno del ms amplio concepto del clima mediterrneo. El rgimen pluviomtrico manifi esta una clara relacin con los matices mediterrneos, acentua-dos por un representativo grado de continentalidad. Las precipitaciones alcanzan su mximo en los meses invernales, seguidos por los primaverales y otoales. Por su parte, el verano representa un marcado dfi cit. Por otro lado, no podemos olvidar la acusada irregularidad anual y la frecuente torrencialidad de las precipitaciones, lo que genera una media, slo orientativa dada esa irregularidad, de poco ms o menos 631 mm/ao (Domnguez Bascn, 1981).

    El rgimen trmico viene marcado por la existencia de un contraste muy acu-sado entre los trridos registros estivales y las ms fras temperaturas invernales, aspecto que est directamente relacionado con esos matices de continentalidad a que nos hemos referido, unido tambin a otros aspectos destacables como la ele-vada insolacin que cabe registrar en buena parte de la Depresin del Guadalquivir, siempre superior a las 2.600 horas (Capel Molina y Viedma Muoz, 1997) y que el Mapa de Insolacin Potencial media anual de Andaluca, cifra por encima de las 4.200 horas/ao. La temperatura media del trmino cordobs es de unos 17,5 C y su oscilacin trmica anual es de 17,4 C, registros que, adems de confi rmar el carcter templado mediterrneo, tambin justifi can esos acusados contrastes entre mximas y mnimas anuales (Domnguez Bascn, 1982a).

    Si cotejamos el volumen y distribucin de las precipitaciones y los registros trmicos a lo largo del ao, no cabe duda de que uno de los caracteres ms sig-nifi cativos del rea es la evaporacin, cuestin que, por supuesto, es otro de los aspectos tpicamente mediterrneos. La evaporacin media anual es bastante alta (1.825 mm). Los meses de mxima evaporacin son Junio, Julio y Agosto, oscilando en torno a los 231-290 mm mensuales, mientras que en el invierno es mnima para los meses de Diciembre y Enero (53 mm en ste ltimo). A ello se suma la variable de

  • 142 MARTN TORRES-MRQUEZ

    REVISTA DE ESTUDIOS REGIONALES N 96, I.S.S.N.: 0213-7585 (2013), PP. 135-180

    la evapotranspiracin. Segn la informacin proporcionada por el MAPA (1989) para el perodo 1940-1980 los meses con dfi cit hdrico son Mayo, Junio, Julio, Agosto y Septiembre. La evapotranspiracin media anual para el periodo considerado fue de 934.5 mm, mientras que la precipitacin media anual fue de 655 mm. El dfi cit hdrico anual fue pues de 279.5 mm, si bien cabe sealar que no son extraos los ejercicios en los que esta cifra se ve incrementada sustancialmente.

    Los datos climticos utilizados nos permiten ofrecer un examen agroclimtico del rea. Si elegimos la clasifi cacin agroclimtica de Papadakis, que resulta til desde el punto de vista de la ecologa de los cultivos, la caracterizacin resultante es la siguiente: Tipo de invierno: Avena Clido (Av); tipo de verano: Algodn Mas Clido (G); rgimen trmico: Continental Clido (CO); rgimen de humedad: Mediterrneo Semirido (me); y, a resultas de lo anterior, tipo climtico: Mediterrneo Semirido Continental (CO,me) (MA, 1979 y MAPA, 1989).

    A tales aspectos macro y mesogeogrfi cos se suman, precisamente debido a la heterogeneidad derivada del contacto Sierra, Valle y Campia, procesos climticos a una escala de detalle y que se asocian a factores como la altitud, la orientacin de las laderas, etc. Cabe citar al respecto la presencia de brisas Sierra-Valle, inver-siones trmicas o los efectos microclimticos asociados a la isla de calor urbano de la ciudad de Crdoba (Domnguez Bascn, 1982b, 1995 y 1999).

    El panorama hidrogeogrfi co, a pesar del elevado grado de alteracin antrpica que hoy presenta, resulta de inters para caracterizar al espacio que nos ocupa, mucho ms an cuando el recurso agua ha sido y es uno de los principales motores de la construccin territorial y paisajstica, bien gracias a procesos naturales, bien atendiendo al manejo humano del agua como sustento vital o econmico.

    Las aguas superfi ciales del rea quedan integradas en la cuenca del Gua-dalquivir, ocupando parte del curso medio de ste. Su eje drenante principal es el curso del Gran Ro, que, domesticado por dcadas de planifi cacin e intervencin humana, conserva an su vocacin de eje articulador del territorio. Por su margen derecha, procedentes de Sierra Morena, le tributan sus aguas numerosos cursos de cuencas estrechas y elevada torrencialidad, pues la impermeabilidad de los materiales sobre los que discurren facilita un rpido desage de la escorrenta. Por la margen opuesta son los cursos campieses y bticos los que ceden sus caudales al Guadalquivir. El ms importante es el Guadajoz, al que le acompaan otros caudales de cuencas amplias y abiertas. El rgimen de todos ellos, incluido el Guadalquivir, posee un carcter pluvial, ya que el perfi l de los caudales lo defi ne la precipitacin cada aguas arriba de la ciudad de Crdoba o aqullas que se registran en la Sierra y Campias cercanas. Esta alimentacin determina, al margen de las alteraciones introducidas por la regulacin humana, la presencia de caudales tan irregulares como las propias precipitaciones, otorgndole a la red fl uvial un evidente ritmo mediterrneo (Torres Mrquez, 1994).

  • 143PAISAJES DEL VALLE MEDIO DEL GUADALQUIVIR CORDOBS...

    REVISTA DE ESTUDIOS REGIONALES N 96, I.S.S.N.: 0213-7585 (2013), PP. 135-180

    A las aguas epigeas hemos de sumar la presencia de aguas subterrneas inscritas en materiales acuferos. Se concentran principalmente en el interior de ciertos paquetes calizos cmbricos y en el piedemonte de Sierra Morena, junto a los ms antropizados recursos que albergan las terrazas que confi guran el estricto Valle del Guadalquivir (Torres Mrquez, 1994). Los primeros constituyen acuferos libres por fi suracin sobre calizas dolomas y calcarenitas que generalmente dan lugar a surgencias de cierta importancia. Mayor es la escala espacial y econmica de los acuferos libres aluviales ligados a las Terrazas y Vega del Guadalquivir o, en menor medida, a las reducidas terrazas del Guadajoz. La presencia de estratos de gravas permite la acumulacin y el movimiento de aguas hipogeas a escasa profundidad, si bien generalmente constituyen unos niveles freticos con caudales tan fl uctuantes como las propias precipitaciones y especialmente frgiles a la contaminacin por infi ltracin difusa.

    CUADRO 1ESQUEMA DE RELACIN ENTRE GEOLOGA, EDAFOLOGA Y

    POTENCIALIDAD AGRONMICAUnidades naturales Suelos Propiedades edfi cas Aptitud general

    SIERRA MORENAPredominio de rocas silceas

    LeptosolesCambisolesRegosoles

    Suelos generalmente cidos y poco profundos

    Usos forestales. Ganadera extensiva asociado a monte adehesado. Aprove-chamientos cinegticos y silvicultura.

    VALLE DEL GUADALQUIVIRMateriales aluviales calcreos

    VEGA:Fluvisoles

    Suelos agrcolas calcreos, profundos e indiferenciados

    Cultivos intensivos arbreos y herb-ceos, en regado. Cultivos bajo cubierta y hortofrutcolas diversos.

    TERRAZAS: LuvisolesCambisoles

    Suelos agrcolas, general-mente calcreos y diferencia-dos en su perfi l. Profundidad, a veces, limitada.

    Cultivos arbreos y herbceos en secano y regado.

    CAMPIAPredominio de margas

    Vertisoles (bujeos)Cambisoles

    Suelos agrcolas calcreos, arcillosos, profundos e indiferenciados

    Cultivos herbceos en secano y rega-do, proteccin frente a la erosin.

    Fuente: Parra Rincn, 1994.

    Las formaciones acuifugas, en rocas impermeables que no contienen y trans-miten volmenes signifi cativos de agua, se distribuyen sobre todo por los estratos paleozoicos y precmbricos del interior de Sierra Morena. Por otro lado, los acuiclu-dos, con capacidad para almacenar agua pero de baja transmisibilidad, son propios de la unidad campiesa, ya que las margas y arcillas que la caracterizan presentan unas modestas propiedades acuferas.

  • 144 MARTN TORRES-MRQUEZ

    REVISTA DE ESTUDIOS REGIONALES N 96, I.S.S.N.: 0213-7585 (2013), PP. 135-180

    A los elementos y procesos citados se suma el escenario edfi co, que tambin ha sufrido importantes alteraciones antrpicas, pues, junto a las aguas, ha sido uno de los principales recursos del sustento econmico humano. El suelo, como soporte fsico y nutriente, presenta en el rea una triple zonifi cacin segn el sustrato geolgico y el relieve. Podemos diferenciar: los suelos de las estribaciones de Sierra Morena, los campieses y, fi nalmente, los que se ubican en las Terrazas y Vega del Guadalquivir (Cuadro 1).

    3. LOS ELEMENTOS Y PROCESOS HUMANOS

    En funcin del diferente grado de oportunidad que el medio natural brinda a la accin humana, en conjuncin con la propia capacidad tecnolgica que la comunidad posee para actuar sobre el entorno ecolgico, el espacio geogrfi co es tambin el recipiente de elementos y procesos antrpicos o de componentes naturales modifi cados por tales procesos. Esa dialctica entre oportunidades ecolgicas y accin humana, en relacin con la variable temporal, ofrece un amplio abanico de posibilidades de interactuacin y resultados, tanto desde la perspectiva sincrnica como diacrnica (Constanza, 1991), un permanente proceso de destruccin y construccin territorial y paisajstico con indudables propsitos productivos y eco-nmicos (Riechmann, 2006).

    Atendiendo al principio expresado, el rea que nos ocupa muestra, al menos generalmente, ms oportunidades que difi cultades a la intervencin humana. Es ms, aunque cada una de las unidades (Sierra Morena, Valle y Campia) ofrecen atractivos desiguales, es evidente que esa triple conjuncin ha sido muy interesante, por plural, accesible y complementaria, al provecho humano. Las virtudes que se derivan de la conexin de las tres unidades, especialmente en la encrucijada y corredor del Valle del Guadalquivir, fueron tempranamente descubiertas por los primeros pobladores, y ello, prcticamente desde el Paleoltico, no ha hecho sino aumentar el nmero de elementos artifi ciales y el proceso de construccin territorial y paisajstica. Esto convierte al Valle en un verdadero colector de recursos y energas que, a sus pro-pias facultades, suma los recursos y procesos de la Sierra y la Campia, bien por la presencia de fl ujos naturales, bien porque el ser humano ha facilitado o regulado la conectividad entre las diferentes unidades. De este modo, en el presente y tras siglos de presin humana, el estricto Valle del Guadalquivir cordobs constituye el espacio geogrfi co ms humanizado y alterado del territorio cordobs, superando con creces los niveles de artifi cialidad que podemos testar en otras regiones naturales provinciales (Domnguez y Ramrez, 2008; Naranjo Ramrez y Torres Mrquez, 2008; VVAA, 2010: 623 y ss). Pero no slo es el espacio geogrfi co ms humanizado del contexto provincial, es tambin aqul que conoce, sobre todo durante el ltimo

  • 145PAISAJES DEL VALLE MEDIO DEL GUADALQUIVIR CORDOBS...

    REVISTA DE ESTUDIOS REGIONALES N 96, I.S.S.N.: 0213-7585 (2013), PP. 135-180

    medio siglo, el mayor dinamismo territorial y tambin las tensiones ms evidentes, casi siempre relacionadas con la expansin del proceso rururbanizador.

    En consonancia con esas propiedades ecolgicas que el medio natural ofrece y a propsito de las exigencias que en cada momento requiere la comunidad humana, cada sociedad histrica ha ido otorgando al espacio geogrfi co, en su evolucin al concepto territorial, determinadas funciones ms o menos especializadas (McNeil, 2004). Al igual que un ingenio mecnico se idea y construye para que pueda cumplir con unas determinadas funciones, el medio geogrfi co tambin se modela y adapta humanamente segn la dialctica natural y antrpica para dar respuesta a unas funciones acordadas. Y de ese modelado surge la organizacin de los recursos y sus aprovechamientos, construyendo unidades territoriales de gestin y paisajes repletos de signifi cados complejos y smbolos culturales.

    La ocupacin humana del Valle del Guadalquivir, en virtud de sus caracteres ecolgicos y tambin de sus limitaciones, arranca muy tempranamente. La presencia de un corredor natural de comunicacin, de suelos cultivables, de un clima solea-do y clido, o de una importante red fl uvial, presidida por el Guadalquivir, revel prontamente las virtudes del espacio. Por supuesto, no slo eran evaluables sus propias caractersticas, pues tambin resulta de inters la conexin con la Sierra y la Campia, reforzando su condicin de espacio-encrucijada. Y todo ello no tard en atraer el inters de sus iniciales pobladores, quienes, en defi nitiva, fueron los primeros en consignarle ciertas funciones y proveerlo de los elementos artifi ciales que mejor respondieran a esas exigencias humanas.

    Los hechos y funciones asignadas al Valle desde edad temprana son esencial-mente cuatro: la existencia de un espacio apropiado para el asentamiento demo-grfi co; la disponibilidad de suelos frtiles y roturables; la presencia de condiciones naturales apropiadas para fi jar un corredor de comunicacin; y, en cuarto lugar, la posibilidad de acceder desde el Valle a recursos cercanos y tiles ubicados en la Sierra y la Campia. En resumidas cuentas, el territorio del Valle se comenz a construir mediante la introduccin del poblamiento, la roturacin de sus tierras y la apertura de vas de comunicacin que complementaban y aseguraban la antigua navegabilidad del Guadalquivir (Chic, 1978; Fornell, 1997). Y esos elementos hu-manos en el medio natural, en el espacio geogrfi co, fueron las primeras muestras de la territorializacin del mbito. Viviendas y ncleos urbanos, entre ellos la antigua Corduba prerromana y la fundacin romana (Murillo y Jimnez, 2002); asentamientos rurales vinculados a la explotacin de las tierras; o la antigua calzada Corduba-Hispalis por la margen derecha del Betis (Rubiato Lacambra, 2002), debieron ser esos los primeros elementos humanos que con el paso de los siglos se multiplicaran hasta confi gurar un territorio organizado y artifi cializado.

  • 146 MARTN TORRES-MRQUEZ

    REVISTA DE ESTUDIOS REGIONALES N 96, I.S.S.N.: 0213-7585 (2013), PP. 135-180

    4. LA CONSTRUCCIN TERRITORIAL Y SUS APROVECHAMIENTOS: LA EVOLUCIN DE USOS Y PAISAJES

    De acuerdo con las condiciones favorables del medio fsico y atendiendo tambin a sus posibles adversidades, especialmente representadas por las limita-ciones pluviomtricas y a los riesgos que pudieran derivarse de las inundaciones del Guadalquivir y sus afl uentes (Vallejo, 2000), el espacio geogrfi co anteriormente descrito se organiz para su adecuada gestin econmica y administrativa, con el fi n de dar cumplida respuesta a las funciones para las que presentaba evidentes aptitudes. Sin adentrarnos en modelos territoriales clsicos o altomedievales1, pues no es ste nuestro propsito, s nos parece oportuno ofrecer una somera descripcin del modelo territorial en la Baja Edad Media, pues ser tras la toma de Crdoba (1236) cuando se geste el modelo inicial que, con evidentes cambios, ha llegado hasta el momento actual.

    4.1. La organizacin territorial y la construccin paisajstica bajomedieval y prein-dustrial.

    Fernando III inici la lenta repoblacin del territorio y el repartimiento de los bienes rurales y urbanos que se haban incorporado al reino castellano tras la con-quista de Crdoba. No se conservan los Libros del Repartimiento, pero utilizando otros documentos2 podemos confi rmar que en nuestro mbito de estudio la corona castellana llev a cabo una importante cesin de bienes rsticos a personajes rele-vantes de la sociedad cristina cordobesa, unos terrazgos que heredarn la estruc-tura previa a la conquista y que parecen articularse a partir del cercado y realengo de la fi nca de Crdoba la Vieja, nombre con el que se conocan y se conocen an los antiguos restos de la ciudad palatina de Madinat al-Zahra. Algunos de estos personajes fueron adalides que haban participado en la toma de la ciudad, nuevos gestores del concejo cordobs e incluso clrigos y el obispado. Ahora bien, aunque algunos de ellos recibieron grandes propiedades, por encima de las 100 ha, no falt la entrega de predios medianos o pequeos (sobre todos huertas, olivares y vias),

    1 Existen estudios que avalan la temprana territorializacin de nuestro mbito de estudio desde poca romana y que se contina bajo el perodo andalus. En este sentido cabe citar la importante cora de la antigua capital califal, as como el signifi cado que en su confi guracin administrativa debi tener el curso del Guadalquivir y sus terrazas o la proximidad de la Sierra Morena y la Campia. Buen ejemplo de esta organizacin territorial la hallamos en los textos islmicos y en las descripciones que nos han legado de la ciudad de Madinat al-Zahra o la presencia en el Poniente cordobs de nobles almunias, ejemplos que hoy siguen presentes en el bagaje patrimonial y cultural de las Terrazas y Vega del Guadalquivir (Arjona Castro, 1997).

    2 Especialmente el Libro de las Tablas de la Catedral de Crdoba, Archivo de la Catedral de Crdoba.

  • 147PAISAJES DEL VALLE MEDIO DEL GUADALQUIVIR CORDOBS...

    REVISTA DE ESTUDIOS REGIONALES N 96, I.S.S.N.: 0213-7585 (2013), PP. 135-180

    lo que testimonia que, al menos en principio, la toma de Crdoba y su posterior Repartimiento no debieron ser los detonantes directos del predominio latifundista que caracterizar al Valle del Guadalquivir hasta bien entrado el siglo XX (Gonzlez Jimnez, 1980a, 1980b y 1998; Carpio Dueas y Torres Mrquez, 2009).

    El anlisis de los documentos del siglo XIII, aunque de manera inconexa y parcial, tambin nos asegura, por un lado, el protagonismo del Poniente cordobs como rea econmica y, sobre todo, la innegable dedicacin agraria de la Vega y Terrazas del Guadalquivir, y su estrecha relacin con la Sierra Morena inmediata y la tambin cercana Campia de Crdoba.

    A pesar de contar nicamente con una informacin parcial sobre estos repar-timientos, podemos extraer algunas conclusiones acerca de los cultivos y aprove-chamientos existentes en la falda de la Sierra o en las inmediatas terrazas del Valle durante el siglo XIII. En primer lugar, hay que sealar que la dedicacin ganadera de importantes extensiones de monte, que sin duda existi, no ha dejado rastros en la documentacin. Ello se explica fundamentalmente por dos razones: en primer lugar, porque los ganados aprovechan baldos, extremos y tierras realengas, que se mantienen con consideracin de tierras de comn aprovechamiento; en segundo lugar, porque la lentitud del proceso repoblador y de la puesta en explotacin de las tierras recientemente integradas en la Corona de Castilla provoca que durante el siglo XIII no se documenten confl ictos entre los intereses de agricultores y ganaderos, al tener ambos grupos tierras y pastos ms que sufi cientes a su disposicin.3

    En cualquier caso, no cabe duda de que la ganadera, sobre todo a partir del siglo XV, debi ir acaparando el inters de los propietarios de las tierras, pues segn los documentos histricos de ese siglo y el XVI, buena parte de las propiedades a caballo entre la Sierra y el Valle pasarn a conocerse como dehesas, siendo la ms popular la creada en el predio de Crdoba la Vieja, que en la segunda mitad del XVI pasara a formar parte de un interesante proyecto equino auspiciado por Felipe II, aunque ya en el siglo XIII ese mismo predio contaba con una importante actividad pecuaria comunal. Sin embargo, el uso del trmino dehesa ha de valo-rarse y matizarse justamente, al menos para el mbito territorial que nos ocupa. En principio es importante considerar que el adehesamiento no ha de suponer una especializacin ganadera a ultranza de los predios, pues la documentacin hist-rica describe la existencia de otros aprovechamientos. Es decir, que tales dehesas solan poseer usos como la tierra calma, los olivares, las vias y las huertas, ya que todo ello salpicaba la falda de la Sierra y el Valle, poniendo notas de color variadas

    3 Segn Lpez Ontiveros, en la documentacin relacionada con los repartimientos nicamente se mencionan las tierras que estaban puestas en cultivo en el momento inmediatamente anterior a la conquista, por lo que no se mencionan montes y pastos (Lpez Ontiveros, 1970).

  • 148 MARTN TORRES-MRQUEZ

    REVISTA DE ESTUDIOS REGIONALES N 96, I.S.S.N.: 0213-7585 (2013), PP. 135-180

    en un paisaje que, contra la interpretacin tradicional, no haban perdido todo el cromatismo de su pasado andalus.

    Aguilarejo, Gorgojuela, Cantarranas, la Albaida, son algunos de los nombres de las principales dehesas que rodeaban a Crdoba la Vieja. Pero, como veremos ms adelante al tratar sobre la evolucin paisajstica, el concepto dehesa debemos entenderlo en un sentido estrictamente jurdico que, si bien da lugar a un tipo de explotacin econmica y de paisaje muy caracterstico, no siempre puede identifi -carse de forma tajante con lo que hoy conocemos como ecosistemas y sistemas de aprovechamiento de dehesa (Argente del Castillo, 1991, 567).

    Segn la documentacin conservada, los viedos ocuparan la mayor parte de las tierras cultivadas en el piedemonte serrano, compartiendo presencia con las dehesas referidas. A veces, se documentan explotaciones mixtas de via y olivar, o incluso de via, olivar y allozos. En ocasiones se mencionan majuelos, lo que nos indica que se estn produciendo en este siglo nuevas plantaciones de viedos, aunque tambin est documentado el arranque de vias para colocar nuevos plantones de olivar, que parece ser un aprovechamiento privilegiado desde el poder en este momento. Precisamente los olivares aparecen mencionados en menos ocasiones que las vias, aunque se trata de un aprovechamiento en expansin a lo largo del siglo XIII.

    Tambin resultan signifi cativas las extensiones de tierra calma. Lpez Ontiveros supone que son tierras calmas explotadas mediante el sistema de ao y vez todas las que aparecen medidas en yugadas, en lugar de aranzadas, por lo que tendramos que integrar en esta categora las situadas en torno al Guadarromn, curso que desciende de la Sierra y que constituye actualmente parte del lmite administrativo entre los trminos de Crdoba y Almodvar del Ro (Lpez Ontiveros, 1970).

    Aunque de menor extensin, los cultivos de regado, en forma de huertas, debie-ron ser muy apreciados ya en esta poca y jugaron un papel destacado en el mercado de alimentos perecederos. Este regado en precario utilizaba aguas de manantiales, alcubillas y pozos, as como elevaciones de arroyos y otros cursos superfi ciales. Generalmente se situaba en los ruedos de la ciudad de Crdoba y Almodvar, as como en ciertos enclaves propicios para la captacin de agua en las laderas de la Sierra y en enclaves puntuales de las Terrazas y Vaga del Guadalquivir.

    En resumen, a pesar de la parquedad de las fuentes documentales, la impresin que nos ofrece la ladera de la Sierra cordobesa y su Valle en el siglo XIII es la de una zona insufi cientemente explotada pero con grandes potencialidades y paisajstica-mente variada, pues distaba de ser un paisaje agrario montono. Ms bien se mani-festaba como un espacio rural especialmente destinado al sustento de la poblacin cordobesa, rico y plural, pues las diferentes condiciones naturales de Sierra, Valle y Campia favorecan una plural produccin y un variado abastecimiento.

    Mayor problema tenemos para determinar si pudo pervivir algn tipo de po-blamiento marginal en torno a la antigua Madinat al-Zahra en el siglo XIII, pues es

  • 149PAISAJES DEL VALLE MEDIO DEL GUADALQUIVIR CORDOBS...

    REVISTA DE ESTUDIOS REGIONALES N 96, I.S.S.N.: 0213-7585 (2013), PP. 135-180

    muy posible que la presencia demogrfi ca previa a la toma de la ciudad se viera muy mermada tras la expulsin de la poblacin islmica. Arjona Castro (2006) llega a afi rmar que tras la conquista cristiana se mantuvo un cierto poblamiento, casi marginal, en el extrarradio occidental de Crdoba.

    Como se ha comentado, la evolucin histrica del rea de estudio est marcada, sobre todo en la Baja Edad Media, por el indiscutible protagonismo de una organizacin territorial vinculada al sustento de la ciudad de Crdoba y sus repobladores. Y esta funcin, en un escenario forzosamente autrquico, obligaba a la delimitacin de unidades de produccin mixtas (Sierra-Valle) que se haca ex-tensible al conjunto del trmino cordobs y de la inmediata fortaleza y poblacin de Almodvar del Ro. Pues slo mediante la complementariedad de los recursos de las referidas unidades se poda sostener una economa autosufi ciente. Todo ello explica que esa organizacin territorial, en principio, estuviera condicionada por la existencia de grandes ncleos de poblacin, para, en segundo lugar, establecer unos lmites terminiegos que facilitaran la mayor pluralidad posible de recursos agrarios, ganaderos, forestales, minerales, acuticos, etc.

    Pero junto al mayoritario aprovechamiento agrario del Valle del Guadalquivir y a la estructura parcelaria, la construccin del territorio del Poniente cordobs, tras la conquista de la urbe, tambin se vio apoyada en la preexistencia y con-servacin de una signifi cativa red de comunicaciones. La va ms utilizada entre Crdoba y Sevilla era el camino que, partiendo de las puertas cordobesas de Sevilla y Almodvar, descenda por la margen derecha del Guadalquivir, va que deba ser la herencia de la antigua calzada romana de Corduba-Hispalis (Crdoba de la Llave, 1995, 90). A mediados del siglo XVIII sabemos que este camino tena dos trazados, alto y bajo, al mencionarse el primero de ellos lindando con la de-hesilla de San Jernimo, propiedad del monasterio, y con la esquina de Crdoba la Vieja. El camino bajo recibe tambin el nombre de camino de la Vega. Ya un documento de 1496 nos indica que en ese momento parece ser tambin doble el trazado del camino, ya que se menciona el camino real que va a Almodvar del Ro y el que denominan camino real que est en lo llano, que transcurre cercano al heredamiento de Majaneque, propiedad situada junto al curso del Guadalqui-vir. El trazado alto de este camino dara lugar, en el siglo XX, a la vigente A-431; mientras el ramal bajo, cercano al Guadalquivir, debe corresponderse con la actual Carretera de Puesta en Riego. El primero, protegido de las crecidas del ro, era frecuentemente utilizado por carretas que hacan el transporte de mercancas entre Crdoba y Sevilla. De hecho, en un documento de 1546 se refi eren a l como camino e carril de carretas.

    En ciertos casos al menos, este transporte terrestre poda combinarse con el fl uvial, utilizando barcas que unan, segn R. Crdoba, Sevilla con Palma del Ro. Exista de hecho un grupo, de unas 40 personas a fi nes del siglo XV, que reciban

  • 150 MARTN TORRES-MRQUEZ

    REVISTA DE ESTUDIOS REGIONALES N 96, I.S.S.N.: 0213-7585 (2013), PP. 135-180

    el apelativo de Barqueros de Crdoba (Crdoba de la Llave, 1995). Al parecer, segn el autor citado, el principal producto que llegaba a Crdoba a travs de esta ruta fl uvial era el hierro vasco. Una vez descargado (posiblemente en Palma del Ro), el retorno de los barcos era aprovechado para cargarlos de productos cordobeses destinados a la exportacin: trigo, lana, pieles, etc.

    Sin embargo, algunas noticias nos indican que el embarcadero ms usado en este comercio fl uvial Crdoba Sevilla pudo estar ms cerca de la primera de las ciudades. El propio R. Crdoba recoge la noticia de Juan de Njera, mercader burgals que contrata con Sebastin Daz el transporte en su barco, desde el Cortijo Rubio hasta Sevilla, de 120 sacas de lana. El embarcadero estara situado, pues, cerca del tradicional puerto existente en Majaneque.4 En 1492 ste segua siendo, en efecto, el puerto principal para el comercio fl uvial entre Crdoba y Sevilla, como consta en un documento relativo a la fi nca El Aguilarejo contenido en el libro de sentencias de Sancho Snchez de Montiel, que cita el puerto y desvaradero de Majaneque, a donde las varcas que venan de Seuilla a Crdoua con mercaderas solan descargar libremente. Citando el camino que iba desde Crdoba hasta este desvaradero lo describe como el lugar por donde yvan y venan los carreteros y harrieros a cargar y descargar a los dichos barcos5.

    La funcin comercial y de comunicacin del Valle, protagonizada por el camino real referido y el fl ujo de mercancas fl uviales, se articula gracias a otros caminos que ya en la Edad Media aparecen refl ejados en documentos diversos. Toda una serie de caminos secundarios, sendas, veredas y caadas surcan la falda de la Sierra y conectan sta con el Valle. Ms complejo resulta hallar referencias de caminos que atraviesen el curso del Guadalquivir y conecten el Valle con la Campia, pues el curso del ro y la diferencia altitudinal complicaban el trazado de vas fciles (Carpio Dueas y Torres Mrquez, 2009).

    A tenor de lo expuesto, parece evidente que, tras siglos de presin humana, el Valle y las laderas de Sierra Morena ya presentaban un alto grado de territorializacin en la Baja Edad Media, un territorio que se construye mediante el desarrollo de un plano parcelario de propiedad, con la explotacin del suelo y gracias a la creciente localizacin del poblamiento. A partir de esta situacin de madurez y por medio de la evolucin de sus aprovechamientos, en virtud de las funciones cambiantes asignadas al territorio, se da comienzo a la construccin de un paisaje cargado de proyecciones culturales, smbolos y estereotipos que, en la mayor parte de los

    4 Archivo de Protocolos de Sevilla, ofi cio 3, leg. 1, fol. 9v. Recogido por CRDOBA DE LA LLAVE, R. (1995): Comunicaciones, transportes y albergues en el reino de Crdoba a fi nes de la Edad Media. Historia, Instituciones. Documentos, n. 22, p. 103, de BONO, J. (1986): Los protocolos sevillanos en la poca del Descubrimiento. Sevilla, p. 62.

    5 1492.04.14. AMC, 12.04.01, doc. 3. Fol. 47r-48v.

  • 151PAISAJES DEL VALLE MEDIO DEL GUADALQUIVIR CORDOBS...

    REVISTA DE ESTUDIOS REGIONALES N 96, I.S.S.N.: 0213-7585 (2013), PP. 135-180

    casos, han girado alrededor del mito y la realidad del complejo urbano y palatino de Madinat al-Zahra.

    Dadas las excelencias de las variables fsicas, especialmente fl exibles al mode-lado humano, y la proximidad a la ciudad de Crdoba, ese territorio que ya queda confi gurado en la Baja Edad Media ir modifi cndose al comps de las necesidades polticas, sociales y econmicas de la ciudad, pues desde la dominacin romana el Valle del Guadalquivir, en mayor media que el resto de su territorio circundante, se ofrece como un espacio que gravita funcionalmente alrededor de la capital y en el que sta se proyecta material y simblicamente. Esa acentuada presencia humana y la pluralidad de usos que se han ido sucediendo en los ltimos setecientos aos estn estrechamente relacionados con el carcter periurbano que el rea posee, lo que, desde tiempo atrs, ha generado un inters econmico, agrcola e infraestruc-tural por sus recursos, a lo que se suma una creciente presin demogrfi ca ligada a la aglomeracin urbana cordobesa.

    4.2. Usos previos al siglo XX: vas de comunicacin, cortijos cerealsticos y ganadera. El predominio del paisaje agrario latifundista.

    El carcter de corredor natural que la Vega cordobesa posee, debido a sus condiciones topogrfi cas y fortalecidas histricamente por su inmediatez a Crdo-ba, le ha llevado a jugar un papel notorio en el desarrollo de las comunicaciones terrestres en la Depresin del Guadalquivir y su arco atlntico y, por tanto, a ser un medio natural y humano apto para el trazado de importantes caminos.

    Este corredor, especialmente indicado para el trnsito de personas y mercancas mediante el antiguo Camino Real que hemos mencionado, se vio fortalecido con el desarrollo de las prcticas trashumantes y las dehesas ganaderas del piedemonte. La conexin peninsular de largo recorrido entre las tierras castellanas y bticas a travs de kilmetros de vas pecuarias, volvi a utilizar la Vega cordobesa como gran corredor de la antigua Mesta. Las Terrazas y Vega del Guadalquivir del Poniente cordobs acogieron el importante eje ganadero de la Caada Real Soriana, a la que se sum un buen nmero de veredas menores que relacionaban Sierra Morena y el curso del Guadalquivir, junto a descansaderos y abrevaderos que jalonaban su recorrido en el occidente cordobs.

    En el siglo XIX se volvi a valorar la aptitud fsica y estratgica del Valle cordo-bs, instalando, prcticamente en su simetra longitudinal, la va ferroviaria Madrid-Crdoba-Sevilla, que se dispondr paralela al antiguo Camino Real y a la mencionada Caada Real Soriana, a cierta distancia del curso del Guadalquivir.

    Estas infraestructuras, adems de potenciar un modelo paisajstico defi nido por su capacidad de comunicacin Este-Oeste, fueron confi gurando una realidad territorial ordenada con tal funcin. Ello cre un territorio repetidamente segregado

  • 152 MARTN TORRES-MRQUEZ

    REVISTA DE ESTUDIOS REGIONALES N 96, I.S.S.N.: 0213-7585 (2013), PP. 135-180

    y dividido por los ejes longitudinales citados, y tambin sirvi como catalizador de otros aprovechamientos o para la apertura de nuevos caminos transversales. Esa red viaria habra de favorecer el desarrollo de equipamientos especfi camente pensados para dar servicio al movimiento de mercancas y pasajeros, y, al mismo tiempo, la transitabilidad del Valle ayud al desarrollo, en principio, de ciertos asentamientos dispersos pero estratgicamente localizados en las cercanas de las vas.

    Junto a las infraestructuras referidas, las Terrazas y Vega del Guadalquivir conocieron, prcticamente desde la presencia romana, una intensa roturacin. Ello provoc una temprana prdida de las condiciones ecolgicas asociadas a la exis-tencia del original bosque mediterrneo o de ribera, que se sustituyeron, al menos hasta las primeras dcadas del siglo XX, por un agrosistema extensivo de secano especializado en la explotacin de amplios latifundios cerealsticos, el aprovecha-mientos de dehesas en el piedemonte serrano o la pervivencia de unos regados que adornaban las laderas de la Sierra, los ruedos de Crdoba y Almodvar, o ciertos enclaves prximos al asiento de los cortijos, lo que podemos llamar los ruedos de cortijo. Prcticamente debemos afi rmar que el rea estudiada mantuvo ese paisaje rural y agrarizado que ya exista en la Baja Edad Media, si bien destacando en l un absoluto predominio de la gran propiedad, resultado de varios siglos de concentracin parcelaria y repetidas donaciones seoriales.

    Un buen ejemplo de esta vocacin agraria y del papel paisajstico de la gran propiedad en la confi guracin de la identidad local lo hallamos en la descripcin documental y grfi ca que de la fi nca La Albaida, a caballo entre el piedemonte y la Sierra, nos ha legado un documento fechado en el siglo XVII (Figura 3). Ya en el siglo XIII en la fi nca se mencionaba la existencia de olivares, vias, huertas y hazas de cereal (Lpez Ontiveros, 1970). En 1414, la Albaida integra huerta, olivares, via, tierra calma, montes, torre, casa, solares, prados y aguas, segn su escritura de compraventa. Se trataba, con total certeza, de un sistema de policultivo que deba de ser el habitual en las medianas y grandes propiedades de la zona, especialmente de las que se extendan entre la Sierra y el Valle (Ostos Salcedo, 2005, 41). La imagen que en siglo XVII deba de ofrecer desde la ciudad no sera muy diferente a la que, en la primera mitad del siglo XIX, describa poticamente el Duque de Rivas al decir: Y desde la ciudad se ve la Albaida, entre encinas y olivares verdinegros; al pi de la sierra alta, coronando un pardo risco entre apacibles huertos6.

    6 Obras completas de D. ngel de Saavedra, Duque de Rivas (ed. 1854), Impr. de la Biblioteca Nueva, Madrid, p. 63.

  • 153PAISAJES DEL VALLE MEDIO DEL GUADALQUIVIR CORDOBS...

    REVISTA DE ESTUDIOS REGIONALES N 96, I.S.S.N.: 0213-7585 (2013), PP. 135-180

    FIGURA 3RECONSTRUCCIN PANORMICA DEL PAISAJE AGRARIO DE LA

    HEREDAD DE LA ALBAIDA EN EL SIGLO XVII, SEGN ACHGR.MPD.128.

    Ms tcnica y sobria, pero igual de efi caz, es la informacin de las Respuestas Generales del Catastro de Ensenada para mediados del siglo XVIII. En ellas se citan e inventaran algunos de los despoblados que rodeaban el extrarradio cordobs, latifundios extensivos que en su mayora haban constituido seoros jurisdiccionales independientes del concejo de la capital. Prcticamente la totalidad de la Vega del Guadalquivir y la Campia deban presentar una agrarizacin generalizada y el no cultivo en tales unidades naturales, muy aptas para tal menester e histricamente roturadas, debera ser anecdtico. Las tierras no cultivadas, por el contrario, apare-cen concentradas en el tercio norte del trmino, en Sierra Morena, si bien el propio Catastro nos da testimonio de que la presin agraria tambin estaba presente en las huertas, olivares y lagares que se localizaban de forma dispersa en los enclaves ms accesibles y amables de los abruptos relieves serranos.

    El modelo ms comn de explotacin agraria en el trmino cordobs, defi nido por el ancestral sistema extensivo, es el que las Respuestas califi can como de cortijos de cereal al tercio. Esta frmula de explotacin de la tierra ocupaba nada menos que el 73 % del trmino y se extenda por la Campia y, al mismo tiempo, por las Terrazas y Vega de la margen derecha del Guadalquivir. Es decir, prctica-mente la totalidad de la Depresin del Guadalquivir estaba ocupada por un paisaje agrario defi nido por la presencia de una estructura de la propiedad latifundista, acortijada y con muy dbiles experiencias intensivas. Este sistema al tercio, pro-pio desde tiempo atrs de toda la Depresin del Guadalquivir, queda descrito del siguiente modo: la sembradura que llaman de cortijo () produce con dos aos de descanso, por sembrarse en cada ao una tercera parte, ocupndolo en sus cinco sextas parte de trigo y en la otra sexta parte de cebada, y adems de dicha hoja, declaran se siembra en cada ao cinco fanegas de cada ciento de las que

  • 154 MARTN TORRES-MRQUEZ

    REVISTA DE ESTUDIOS REGIONALES N 96, I.S.S.N.: 0213-7585 (2013), PP. 135-180

    compongan las otras dos hojas de barbecho y rastrojo de las semillas de habas, escaa, garbanzos, alberjones y yeros, a saber, una tercera parte de dichas cinco por ciento ocupadas de habas y escaa por mitad, y las otras dos tercias partes, de garbanzos, alberjones y yeros por iguales partes.

    Estas explotaciones se hacan especialmente importantes en las aludidas ju-risdicciones despobladas que el Catastro identifi ca en el trmino cordobs. Estas demarcaciones constituan extensas propiedades anexas al trmino cordobs pero sometidas a la jurisdiccin particular de sus propietarios y seores. En trminos generales tales unidades conformaban magnfi cos ejemplos del latifundio acortijado y extensivo, reforzando la representatividad de un paisaje agrario despoblado y defi nido, aunque no nicamente, por el protagonismo del sistema de explotacin al tercio. Sus propietarios eran principalmente nobles, pero tambin existan rentistas sin ttulo e instituciones eclesisticas. En lo referente al origen de tales seoros, las Respuestas Generales del Catastro ofrecen una notable informacin al respecto, confi rmando el fenmeno de la sucesiva seorializacin que afecta al conjunto de la Campia cordobesa desde la poca de los Trastmaras (Lpez Ontiveros, 1973).

    Un demostrativo ejemplo de estos aprovechamientos agrarios, prcticamente idnticos a los que se desarrollaban en la cercana Campia, es el caso de la juris-diccin despoblada de Villarrubia. sta, asentada sobre frtiles tierras y con una topografa apta para la agricultura, no tardara en constituir un latifundio entre el curso del Guadalquivir y el trazado del antiguo camino real de Crdoba a Almodvar del Ro, que discurra prximo a la tambin longeva Caada Real Soriana. La propiedad, a mediados del XVIII, se extenda por la mitad sur de la Vega y Terrazas del Guadal-quivir, ocupando parte de la terraza aluvial y llanura fl uvial. Es decir, presentaba una considerable homogeneidad natural, topogrfi ca y edfi ca. Sin embargo, ese carcter homogneo no era un obstculo para que, como el resto de propiedades prximas del Valle, disfrutara de una explotacin plural y complementaria. La jurisdiccin de Villarrubia contena tierra de regado de hortalizas y frutales interpolados; y de secano, una de sembradura a estilo de cortijo y otra de pasto sin planto.

    La mayor parte de la extensin, un 97 %, estaba ocupada por la explotacin cerealstica al tercio. A esta explotacin se sumaba una reducida porcin de tierras ganaderas, 12 fanegas destinadas a la produccin de pastos; y fi nalmente, 10 fanegas de regado con hortalizas y frutales interpolados que se disponan en las lindes e interior de la huerta. Esta ltima hoja se situaba en las cercanas del casero del cortijo y disfrutaba de un abastecimiento hdrico gracias a la surgencia conocida como alcubilla de Villarrubia.

    A la luz de los ejemplos referidos, la visin global que tenemos sobre las tierras situadas al oeste de la ciudad de Crdoba y al norte del Guadalquivir, nos permite apuntar la existencia en el Valle cordobs de tres realidades paisajsticas y econmi-cas diferentes para la etapa anterior al siglo XX: las llanuras cercanas al Guadalquivir,

  • 155PAISAJES DEL VALLE MEDIO DEL GUADALQUIVIR CORDOBS...

    REVISTA DE ESTUDIOS REGIONALES N 96, I.S.S.N.: 0213-7585 (2013), PP. 135-180

    las tierras del piedemonte de Sierra y la Sierra misma. A estas tres grandes unidades se sumaran los ruedos huertanos de Crdoba y Almodvar del Ro.

    Comenzando desde el ro, encontramos en primer lugar una llanura en la que dominaba el paisaje de los grandes cortijos de dedicacin preferentemente cerea-lstica, propiedad de la nobleza y las capas ms altas de la sociedad cordobesa. En cierto modo se trataba de un medio econmico y paisajstico prcticamente indiferenciado de la Campia, una indiferenciacin que con frecuencia ha susten-tado una identifi cacin poco precisa de la unidad del Valle cordobs respecto a su inmediata Campia.

    Llegados a las primeras estribaciones de la Sierra, el paisaje comenzaba a cambiar. Junto a dehesas y pastizales de aprovechamiento exclusivamente ganadero aparecan olivares, viedos y frondosas huertas que solan ubicarse junto a las zonas ms llanas situadas en los laterales de los cauces de los arroyos.

    Ascendiendo, llegamos a las zonas ms abruptas de la Sierra, donde se conservar el monte ms o menos cerrado durante toda la Baja Edad Media y la modernidad. El Libro de la Montera de Alfonso XI nos presenta en 1341 un buen monte para cazar jabales en torno al casero de la Bastida, como igualmente es buen monte de puerco las inmediaciones del arroyo Guadarromn (Lpez Ontiveros et al., 1991; Montoya Ramrez, 1992).

    Por ltimo, en las inmediaciones de la ciudad de Crdoba, prcticamente hasta el curso del arroyo Cantarranas, y tambin a levante del ncleo urbano de Almodvar, se concentraban las huertas de sus respectivos ruedos, cinturones rurales que en buena medida se veran alterados con la implantacin del regado generalizado del Guadalmellato y que fi nalmente seran depredados por las expansiones urbanas de mediados del siglo XX (Torres Mrquez, 2006).

    Ya Lpez Ontiveros (1970) sealaba esta variedad al establecer para la zona cordobesa estos cuatro grandes paisajes rurales: 1) cinturn de huertas, vias y olivares, prximo a la ciudad; 2) el monocultivo cerealista hacia el sur y el sureste; 3) el policultivo agroganadero del piedemonte serrano; y 4) jarales y encinares en la Sierra. Un panorama rural y agrario que se mantendra prcticamente invariable durante todo el siglo XIX, como cabe descubrir gracias a los datos extrados de la cartografa segn masas de cultivos y las memorias del Catastro de 1899 (Torres Mrquez, 2006 y 2012), y que se perpeta hasta mediados del siglo XX.

    Si el recurso suelo conoci un precoz aprovechamientos humano, tambin el subsuelo fue objeto de explotacin. La presencia de aguas subterrneas a pro-fundidades someras favoreci que, entre los secanos tradicionales, prosperaran ciertas explotaciones irrigadas, casi siempre de pequea extensin y con un apro-vechamiento precario. Para ello se utilizaban pozos con norias y manantiales que de forma natural emergan en el contacto entre las terrazas del Guadalquivir o en las laderas del piedemonte. Tales caudales subterrneos suministraban sus aguas

  • 156 MARTN TORRES-MRQUEZ

    REVISTA DE ESTUDIOS REGIONALES N 96, I.S.S.N.: 0213-7585 (2013), PP. 135-180

    a pequeas huertas, que formaban los conocidos como ruedos de cortijo, se utili-zaban para el regado de los ruedos urbanos o servan para el consumo ganadero de descansaderos y dehesas.

    La otra explotacin hipogea relevante fue la obtencin de calcarenitas, arenas y gravas como materiales de construccin. El benefi cio de las calcarenitas de la falda de Sierra Morena (canteras de Guadarromn, Albaida, El Patriarca, Brillante y el Naranjo), junto a otras explotaciones metalferas ms propias del interior serrano, es la prctica minera ms antigua de las registradas en el rea del Poniente cordobs, y se concentra en la antigua explotacin de las calizas arenosas y biocalcarenitas del piedemonte serrano (Barrios-Neira et al, 2003). Desde la presencia romana tenemos constancia arqueolgica y paisajstica de canteras de esta materia prima que, a la par que serva para construir las murallas o los edifi cios de Crdoba, su extraccin dejaba una huella imborrable en las estribaciones serranas; cuevas naturales y artifi ciales que, en ocasiones, llegarn a conformar un interesante hbitat troglodita como el existente en las Cuevas del Guadarromn o de Artaza.

    La explotacin a gran escala de arenas y gravas se inicia en el siglo XIX y se mantiene activa hasta el momento actual. Su origen en el rea est asociada a la ejecucin, en la segunda mitad del siglo XIX, del ferrocarril Crdoba-Sevilla. Tales explotaciones han generando extracciones abiertas sobre las terrazas o en el curso del Guadalquivir, provocando una relevante alteracin del relieve tabular predo-minante, la presencia de lagunas artifi ciales por invasin del fretico detrtico, as como el empobrecimiento puntual de los suelos y una merma de la productividad del Valle cordobs. Sin olvidar los evidentes impactos sobre el nivel piezomtrico, movilidad y calidad de las aguas subterrneas o la propia contaminacin visual del paisaje agrario del Valle.

    4.3. La modernizacin agraria o el gran regado de mediados del siglo XX: la Zona Regable del Guadalmellato.

    El irrefrenable proceso de humanizacin del territorio, ya organizado y estruc-turado desde antao, conoci una drstica transformacin en la primera mitad del siglo XX, a propsito de la implantacin de la gran Zona Regable del Guadalmellato, la primera de sus caractersticas en la provincia. A fi nales de los aos veinte se con-cluy, sobre los relieves montaosos de Sierra Morena, la presa del Guadalmellato. Al mismo tiempo se construa el canal principal de la Zona, que abarcaba la totalidad de la margen derecha del Guadalquivir entre Alcolea y Almodvar del Ro; y tambin se realizaban las canalizaciones secundarias y acequias. En 1932, cuando las infra-estructuras estaban prcticamente concluidas, se constitua la primera comunidad de regantes de la provincia de Crdoba y una de las ms antiguas de la cuenca del Guadalquivir (Torres Mrquez, 1998).

  • 157PAISAJES DEL VALLE MEDIO DEL GUADALQUIVIR CORDOBS...

    REVISTA DE ESTUDIOS REGIONALES N 96, I.S.S.N.: 0213-7585 (2013), PP. 135-180

    La implantacin del regado del Guadalmellato, circunstancia que no se produjo efi cazmente hasta la fi nalizacin de la Guerra Civil, propici parte de la moderniza-cin rural que se le presupona al regado, aunque, debido a la resistencia social de la gran propiedad, a la escasez de recursos y a la inexistencia de una planifi cacin adecuada, los resultados adolecieron de una falta de ordenacin y de unas estra-tegias que impulsaran los cambios sociales, econmicos y paisajsticos esperados, difi cultando la puesta en prctica de distintos programas y planes de colonizacin iniciados en la II Repblica o durante la posterior Dictadura. Con todo, algunas de las ms signifi cativas consecuencias de la transformacin en regado fueron:

    En el escenario agrario se produjo una transformacin de los antiguos secanos cerealsticos y ganaderos, intensifi cando la produccin del suelo, el desarrollo de una agricultura sin intermisin, la introduccin de nuevos cultivos de regado (remolacha, maz, hortalizas, etc.) y un retroceso de las explotaciones ganaderas adehesadas, que pasaron a convertirse en explo-taciones estabuladas y especializadas en la produccin lctea.

    La introduccin de nuevos cultivos y, especialmente, cultivos industriales, foment el germen de una agroindustrializacin dispersa especializada en la produccin azucarera (Martn Rodrguez, 1982), conservas vegetales o produccin lctea (azucarera San Rafael de Villarrubia, COLECOR, algodo-nera, etc.).

    El inters socioeconmico suscitado por la aparicin de la gran Zona Re-gable del Guadalmellato y por el incipiente sector agroindustrial, provoc un apreciable proceso de inmigracin que afect a la totalidad del Poniente cordobs, registrndose en la dcada de los aos cuarenta crecimientos espectaculares de la poblacin residente. sta, ante la inexistencia de ncleos de poblacin previos, la falta de vivienda y el fracaso de ciertos planes de colonizacin (que slo fructifi caron con el poblado de Encinarejo de Crdoba) (Torres Mrquez, 2000), se asent en los antiguos cortijos, en chozas y viejas cuevas, si bien no tardara en iniciarse la ocupacin espontnea de ciertas vas de comunicacin, vas pecuarias, ferrocarril, arroyos y otros enclaves de propiedad indefi nida o de dominio pblico. A consecuencia de este proceso, anterior al primer PGOU de Crdoba (1958) y que se prolong despus de l, se dio principio a los ncleos, agrupados y camineros, de El Higuern, Caada Real Soriana, Villarrubia, La Golondrina, Majaneque, Veredn de los Frailes y Veredn de los Mochos que, con el tiempo, han consolidado una estructura demogrfi ca y poblacional estable en el Valle de Crdoba, germen de la conurbacin actual y del desarrollo de los ms recientes procesos de parcelacin y rururbanizacin.

  • 158 MARTN TORRES-MRQUEZ

    REVISTA DE ESTUDIOS REGIONALES N 96, I.S.S.N.: 0213-7585 (2013), PP. 135-180

    La superfi cie regada de la zona fue incrementndose hasta 1955, ao en el que se alcanza el mximo de extensin con 9.411 ha. A partir de esa campaa se inicia un lento retroceso de la superfi cie regable, ocasionado por un progresivo aumento de la urbanizacin perifrica de la ciudad de Crdoba, las mejoras y am-pliacin de las vas de comunicacin y el desarrollo de un proceso de parcelacin rururbana que se acentuar sobre todo desde los aos ochenta del siglo XX. A tales causas se suma tambin la frecuente incidencia de los perodos recurrentes de sequa y las crecientes demandas hdricas de la ciudad de Crdoba, lo que se convirti en una reduccin de las garantas de riego y, por ello, en la consolidacin de prcticas agrcolas guiadas por la polticas de subvenciones o el cultivo de co-sechas garantes de las inversiones realizadas (Torres Mrquez, 2002).

    4.4. La conurbacin y rururbanizacin del ltimo tercio del siglo XX.

    El tradicional poblamiento acortijado de la Vega, patrimonio rural que an subsiste y que va desapareciendo lentamente o alterando sus funciones originales (Figuras 4 y 5), fue perdiendo signifi cado econmico y demogrfi co en favor de los nuevos ncleos de poblacin y de la creciente vinculacin con la cercana Crdoba. Las Terrazas y Vega del Guadalquivir, declaradas por el planeamiento como suelo no urbanizable de espacial proteccin agrcola o paisajstica (PGOU de Crdoba, 1986), se reinventa paisajsticamente y se dirige hacia un proceso de conurbacin urbana y rururbana relacionada con un la especulacin del suelo no urbanizable, que nada tiene que ver con necesidades inmigratorias o sociales (Arias Sierra, 2003). Esta dinmica territorial y sus efectos paisajsticos, mientras retrocede la superfi cie irrigada y se asiste a una deslocalizacin industrial, se traduce en un incremento demogrfi co y urbano de los ncleos estables aludidos, que, a partir de los aos setenta y ochenta, se convertirn en el sustento de un rpido e ilegal proceso de parcelacin de tierras no urbanizables, incluidas hasta entonces en la Comunidad de Regantes del Guadalmellato.

    En la dcada de los ochenta, aunque el proceso de parcelacin rururbana ya se haba iniciado, el aprovechamiento del rea conservaba an un cierto protago-nismo de los valores agrarios, especialmente relacionados con el regado extensivo de herbceos (Figura 6).

  • 159PAISAJES DEL VALLE MEDIO DEL GUADALQUIVIR CORDOBS...

    REVISTA DE ESTUDIOS REGIONALES N 96, I.S.S.N.: 0213-7585 (2013), PP. 135-180

    FIGURA 4RUINAS DEL CORTIJO ABANDONADO DE EL RUBIO. CRDOBA

    Fuente: Archivo propio

    FIGURA 5CORTIJO DE EL ALAMILLO, CONVERTIDO HOY EN RECINTO DE CELEBRACIONES Y RODEADO POR LA PARCELACIN DE EL

    ALAMILLO. CRDOBA

    Fuente: Archivo propio

  • 160 MARTN TORRES-MRQUEZ

    REVISTA DE ESTUDIOS REGIONALES N 96, I.S.S.N.: 0213-7585 (2013), PP. 135-180

    FIGURA 6MAPA DE CULTIVOS Y APROVECHAMIENTOS DE LA UNIDAD EN LA

    DCADA DE 1980

    Fuente: Elaboracin propia segn cartografa obtenida mediante el Sistema de Informacin Geo-grfi co Agrario (SIGA) del Ministerio de Medio Ambiente, Rural y Marino.

    Hoy, tras una trayectoria de parcelacin de ms de treinta aos, la rururbani-zacin, sobre todo en el trmino de Crdoba, es un hecho paisajstico preeminente y evidente que, entre otras consideraciones sociales, econmicas y ambientales, hipoteca el futuro del planeamiento territorial y supone la extincin de la tradicional superfi cie agraria, que antao fue considerada smbolo de la modernizacin y una evidente ocasin para el desarrollo social y econmico el Valle del Guadalquivir. Prcticamente la totalidad de la Vega del poniente cordobs, afectando incluso a las laderas serranas, est paisajsticamente defi nida por la existencia de varias bolsas de parcelaciones rururbanas que oscilan entre los 3.000 y 1.500 m2 de superfi cie. En ellas se dan cita usos mixtos, tanto urbanos como rurales y recreativos, conformando un amplio sector territorial con funciones muy heterogneas que hoy caracterizan en buena medida a la ciudad difusa del extrarradio cordobs, convirtindose en una verdadera expansin de las funciones residenciales y recreativas demandas por la

  • 161PAISAJES DEL VALLE MEDIO DEL GUADALQUIVIR CORDOBS...

    REVISTA DE ESTUDIOS REGIONALES N 96, I.S.S.N.: 0213-7585 (2013), PP. 135-180

    poblacin cordobesa. Una ciudad difusa que posee contornos borrosos, pues no hay blancos ni negros, sino una variada gama de grises. Sus rasgos y sus lmites dejan de ser fcilmente reconocibles, al haber abierto sus puertas a la creacin de nuevos paisajes gestados al margen del planeamiento y donde los usos, las vas de comunicacin, los cercados, los huertos, las piscinas y las viviendas se mezclan con los intereses econmicos, culturales y planifi cadores de una sociedad urbana compleja en sus demandas y exigencias territoriales y paisajsticas (Figura 7).

    FIGURA 7MAPA DE CULTIVOS Y APROVECHAMIENTOS DE LA UNIDAD EN LA DCADA

    DEL 2000

    Fuente: Elaboracin propia segn cartografa obtenida mediante el Sistema de Informa-cin Geogrfi co Agrario (SIGA) del Ministerio de Medio Ambiente, Rural y Marino.

    Las numerosas parcelaciones a las que nos hemos referido, que ya aparecen con evidencia manifi esta en las ms recientes ediciones de la cartografa de culti-vos y aprovechamientos (Figuras 7 y 8), han supuesto una drstica alteracin del paisaje rural y agrario del Valle del Guadalquivir, gestando un nuevo modelo ms propio de las periferias urbanas actuales, sometidas a la centrifugacin de la ciudad

  • 162 MARTN TORRES-MRQUEZ

    REVISTA DE ESTUDIOS REGIONALES N 96, I.S.S.N.: 0213-7585 (2013), PP. 135-180

    prxima, que de los tradicionales extrarradios agrarios que antao confi guraban los alrededores de las urbes, bien en rgimen de secano o de regado. Sensu stricto, es el resultado de un fenmeno de especulacin del suelo no urbanizable orquestado para dar respuesta, al margen de la legalidad y el planeamiento, a las demandas de una ciudadana cordobesa que anhela espacios abiertos, amplias perspectivas visuales, viviendas aisladas y una porcin de terreno que poder des-tinar a huerto, jardn y lugar de esparcimiento. Una buena prueba de ese carcter especulativo la tenemos en la propia distribucin de las bolsas rururbanas. Cada una de ellas afecta por lo general a un nico predio agrario, generando lneas muy claras y tajantes entre los predios parcelados y aquellos que junto a la parcelacin conservan sus usos agrarios (Figura 8). Es decir, la venta de una propiedad agraria a un determinado especulador, ha sido el detonante de cada uno de los procesos parceladores que hoy, unidos entre s, conforman casi un continuo territorial junto a los principales ejes de comunicacin que atraviesan el Valle, separados entre s por superfi cies todava cultivadas y regables de forma extensiva o con la ms reciente introduccin del oUna vez adquirida la propiedad y a pesar de las limita-ciones legales, el promotor-especulador, conocido como parcelador, adopta el papel de agente urbanizador, fraccionando el predio primigenio en parcelas de forma y tamao regular, a lo que se suma la apertura de viales que han de servir de red articuladora de la parcelacin. Acto seguido, sin el pudor que una accin ilegal debiera suponer, utilizando un emplazamiento visible, el promotor instala un punto de informacin que ofrece detalles sobre las singularidades de la promocin, sus virtudes y excelencias como rea residencial.

    La demanda, formada por los parcelistas, como demuestra el resultado alcanzado, no se hizo esperar. Miles de cordobeses, movidos por esos anhelos y por el deseo de poseer un pequeo trozo de terreno en el extrarradio de la ciudad, desde el que contemplar la Sierra, el Guadalquivir o el magnfi co yacimiento de Madinat al-Zahra, adquirieron unidades parcelarias sin considerar sus consecuen-cias legales o, menos an, sus efectos paisajsticos, patrimoniales, planifi cadores o ambientales. Y hemos de hacer hincapi que tal rururbanizacin no slo supone un ejemplo paradigmtico del fracaso de la ordenacin urbanstica, sino que tambin lo es desde la perspectiva del planeamiento cultural, ecolgico, hidrolgico, etc. Con ello, obviamente, no afi rmamos que la planifi cacin haya errado en sus principios o estrategias, pero s que de nada sirve el planeamiento, sea del tipo que sea, si los poderes pblicos no ponen el celo sufi ciente en su adecuada aplicacin o en la reconduccin infl exible de las acciones contrarias a los instrumentos de proteccin territorial, cultural, etc.

    A partir de la adquisicin por parte del parcelista cada unidad parcelaria inicia un proceso de construccin autnoma y al margen del resto. Se cerca para afi rmar fsicamente la propiedad y la privacidad, as como la propia autonoma del nuevo

  • 163PAISAJES DEL VALLE MEDIO DEL GUADALQUIVIR CORDOBS...

    REVISTA DE ESTUDIOS REGIONALES N 96, I.S.S.N.: 0213-7585 (2013), PP. 135-180

    parcelista. Seguidamente, por imperativo de subsistencia de la propia parcela, se contrata los servicios de un pocero o empresa de sondeos, pues el agua se hace imprescindible para cualquier actividad posterior. En esta lnea no cabe duda que la presencia de las aguas detrticas del Guadalquivir ha sido un verdadero aliado natural de la rururbanizacin cordobesa, pues su ubicuidad y su facilidad de extraccin han favorecido la extensin del fenmeno salvo muy contados casos.

    FIGURA 8PARCELACIONES RURURBANAS DE LA GORGOJA Y MOROQUIL,

    SITUADAS JUNTO AL TRAZADO DE LA A-431 Y ENTRE LOS NCLEOS DE VILLARRUBIA Y EL HIGUERN (CRDOBA). NTESE LA PRESENCIA DE CONTACTOS BRUSCOS ENTRE REAS RURURBANAS Y PAISAJES

    AGRARIOS

    Fuente: Archivo propio.

    Cerrada la parcela y con agua, se da principio al nuevo paisaje rururbano. Este concepto, acuado en principio por los postulados geogrfi cos urbano-dinmicos de la Escuela de Chicago (Wehrein, 1942), ha ido adquiriendo importancia en la

  • 164 MARTN TORRES-MRQUEZ

    REVISTA DE ESTUDIOS REGIONALES N 96, I.S.S.N.: 0213-7585 (2013), PP. 135-180

    geografa espaola durante los ltimos cuarenta aos, pues son muchas las ciu-dades, grandes y medianas, que estn marcadas por este proceso de imbricacin de los urbano y lo rural, generando un nuevo paisaje hbrido que, como decamos, no es ni negro ni blanco, si no gris. Y esta hibridacin entre los urbano y lo rural se hace patente especialmente en los usos del suelo. Los antiguos campos cultivados, extensas unidades de produccin vinculadas al regado del Guadalmellato, han ido siendo sustituidos por viviendas de segunda y primera residencia, industrias diversas, almacenes, restaurantes, salones de celebraciones, etc. Pero tambin por nuevas vas de comunicacin, cercados, servicios de agua potable, alcantarillado, electri-fi cacin, etc. Es decir, el paisaje agrario generalizado de antao ha mutado en un bien de consumo, en detrimento del espacio productivo original (Estbanez, 1981), pues la titularidad del predio cultivado, directa o indirectamente, ha preferido, con la inestimable colaboracin del parcelador, suspender su labranza ante los sugerentes benefi cios de la atraccin urbanizadora o, en este caso, rururbanizadora.

    Con todo, esta rururbanizacin del Valle cordobs, en menor medida que en la Sierra Morena, no slo representa una evidente penetracin de lo urbano en lo agrario, pues esto ltimo sigue subsistiendo, aunque de forma muy diferente al pasado.

    Si ampliamos la escala de observacin del fenmeno, podemos reconocer cmo cada parcela, junto a la vivienda, jardn y piscina, conserva parte de su suelo como agrario, pero ahora transformado, aunque de forma fl exible, en un huerto familiar a tiempo-parcial-hobby7, relacionado con el consumo domstico o incluso con las prcticas recreativas y de esparcimiento (Figuras 9, 10, 11 y 12). Estos huertos, que por lo general ocupan ms del 50 % de cada parcela, constituyen un modelo de regado con aguas subterrneas basado en un estricto policultivo. Hor-talizas, tubrculos, olivos, ctricos y otros frutales conviven con palmeras, sauces, pinos y otros rboles ornamentales, generando, adems de un medio productivo, la construccin de uno entorno con valores estticos y, al mismo tiempo, saludables, pues el parcelista, y agricultor por hobby, considera que lo que l obtiene de la tierra es ms saludable, sabroso y benefi cio que los mismo productos comercializados de manera convencional.

    Como resultado de este proceso, frenado slo en el ltimo lustro, y de la recali-fi cacin de suelos que ha ido asumiendo el planeamiento urbano, las consecuencias son dignas de destacar, pues han supuesto un drstico cambio en el escenario geogrfi co, demogrfi co y ambiental del paisaje del Poniente cordobs. Desde la perspectiva agraria, las consecuencias ms evidentes han sido las siguientes:

    7 Este concepto ya fue especialmente considerado por el Grupo de Trabajo n 1 del Comit de Agri-cultura de la OCDE, en su reunin de Pars en 1977.

  • 165PAISAJES DEL VALLE MEDIO DEL GUADALQUIVIR CORDOBS...

    REVISTA DE ESTUDIOS REGIONALES N 96, I.S.S.N.: 0213-7585 (2013), PP. 135-180

    Las parcelaciones han reducido de forma ostensible la superfi cie del rega-do del Guadalmellato y su modelo de explotacin y paisaje, reduciendo la efi cacia y el rendimiento de la red de canales y acequias.

    El Valle del Guadalquivir, muy segregado fsicamente por las vas de co-municacin y por los ncleos de poblacin estables preexistentes, se ha segmentado an ms gracias a las bolsas de parcelacin, suscitando un paisaje de regado extensivo relicto y que sobrevive sometido a las presiones rururbanas. En estos retales de suelo agrario los aprovechamientos y cultivos anuales se estn sustituyendo por plantones de olivar y ctricos, donde antao se sembraba recurrentemente trigo, maz, remolacha, tabaco, girasol, etc.

    FIGURA 9PARCELACIN LA GORGOJA-EL MOROQUIL (CRDOBA)

    Fuente: Ortofotografa de Andaluca 2010/11. Junta de Andaluca.

  • 166 MARTN TORRES-MRQUEZ

    REVISTA DE ESTUDIOS REGIONALES N 96, I.S.S.N.: 0213-7585 (2013), PP. 135-180

    FIGURA 10PARCELACIN LA BARQUERA SUR (CRDOBA)

    FIGURA 11PARCELACIN LA FELIPA (CRDOBA)

    Fuente: Ortofotografa de Andaluca 2010/11. Junta de Andaluca.

    Fuente: Ortofotografa de Andaluca 2010/11. Junta de Andaluca.

  • 167PAISAJES DEL VALLE MEDIO DEL GUADALQUIVIR CORDOBS...

    REVISTA DE ESTUDIOS REGIONALES N 96, I.S.S.N.: 0213-7585 (2013), PP. 135-180

    FIGURA 12PARCELACIN LOS LLANOS (ALMODVAR DEL RO)

    En el medio rururbano, lleno de caos y falto de planifi cacin, los usos urbanos se mestizan con aprovechamientos agrarios, pues cada parcela, de manera autnoma, soporta cierta superfi cie agroproductiva; huertos que se destinan al consumo familiar y a la recreacin de sus propietarios, compartiendo la produccin con la no menos valorada funcin esttica y ornamental.

    La creciente residencializacin del Valle cordobs, sobre todo en el trmino de la capital, ha supuesto un drstico cambio del perfi l demogrfi co y del hbitat rural del Poniente, ocasionando relevantes cambios socioeconmicos y la confi guracin de una periferia difusa con funcin de dormitorio y medio de recreacin.

    Las nuevas demandas de esa sociedad rururbana estn generando descono-cidos usos en el rea de estudio y, por tanto, nuevas detracciones al espacio agrario relicto. Entre estos usos cabe citar los servicios a la comunidad, industrias diversas, centros comerciales, nuevos caminos, supermercados, etc; e incluso la aparicin de usos industriales del suelo como los conocidos huertos solares, como el instalado recientemente en el piedemonte serrano de Almodvar del Ro y funcionalmente vinculado a los consumos energticos de la cercana factora farmacutica Prez Jimnez.

    Fuente: Ortofotografa de Andaluca 2010/11. Junta de Andaluca.

  • 168 MARTN TORRES-MRQUEZ

    REVISTA DE ESTUDIOS REGIONALES N 96, I.S.S.N.: 0213-7585 (2013), PP. 135-180

    Las parcelas rururbanas han alterado la calidad ambiental y los procesos natura-les del Valle, incrementando su grado de artifi cialidad, y tensionando el territorio y los diversos agentes implicados, condicionando el futuro de la planifi cacin territorial, urbana, ambiental, agraria y cultural del Poniente cordobs.

    5. A MODO DE CONCLUSIN. LAS MUTACIONES DEL PAISAJE AGRARIO DEL PONIENTE CORDOBS

    La perspectiva gentica y evolutiva que hemos descrito en el apartado pre-cedente, de la vocacin rural-agraria a la presente funcin urbana y rururbana, se plasma en la tambin cambiante construccin paisajstica del Poniente cordobs. Considerando el paisaje como la obra humana sensitiva y emocional resultante de la interaccin de la comunidad con su territorio, el paisaje no es reducible a su realidad fsica o a su ordenacin como espacio gestionado, pues la transformacin del territorio en paisaje representa, siguiendo los criterios de Alain Roger (1997), una metamorfosis de lo material a sus signifi cados o incluso a su posible simbolizacin. Dicho de otro modo, el espacio geogrfi co, mediante la presencia y ordenacin humana, engendra territorio, y ste, repleto de construcciones emocionales, reli-giosas, intelectuales, histricas y artsticas, suele derivar en mltiples y variopintas expresiones paisajsticas que, a la postre, constituyen o pueden constituir un rico recipiente patrimonial de emociones, identidades, recuerdos y manifestaciones artsticas, unas veces claramente perceptibles y otras invisibles a los sentidos.

    Esa metamorfosis del territorio en paisaje no se construye fcilmente y no creemos que sea el resultado de una nica va o que podamos describir un nico mecanismo de edifi cacin paisajstica. Sin embargo, compartiendo algunos de los argumentos esgrimidos por ciertos autores (Garca, Delgado y Ojeda, 2007), no es menos cierto que en la construccin de los paisajes mediterrneos podemos intuir la existencia de unas fases ms o menos consensuadas y no necesariamente secuenciales.

    Esas fases constructivas, adems, no poseen unos principios nicos y tampoco cuentan con resultados predeterminados, ya que la multiplicidad de elementos, factores y relaciones implicadas complican y difi cultan el desarrollo de modelos predictivos.

    Una cuestin de principios, en relacin con el espacio y territorio que nos ocupa, es desentraar cmo se ha generado la construccin de sus valores pai-sajsticos y cmo esa construccin ha ido mutando con el paso de los siglos en virtud de las diferentes funciones que se han exigido al territorio y se han expresado mediante distintos usos y aprovechamientos. As mismo, considerando la vertiente escalar, no es menos cierto que la confi guracin y mutacin paisajstica del Valle cordobs debe observarse desde una doble perspectiva: los componentes zonales y la presencia tambin de elementos singulares o concretos. Los primeros otorgan

  • 169PAISAJES DEL VALLE MEDIO DEL GUADALQUIVIR CORDOBS...

    REVISTA DE ESTUDIOS REGIONALES N 96, I.S.S.N.: 0213-7585 (2013), PP. 135-180

    los caracteres generales del paisaje y defi nen sus grandes rasgos. Los segundos, los elementos singulares, proporcionan al rea la existencia de lugares precisos que, por diferentes razones culturales, histricas, econmicas o ambientales, son eptomes del conjunto o poseen preeminencia propia en el contexto de realidades tangibles, intangibles e identitarias de la compleja confi guracin del paisaje y de su metamorfosis temporal.

    Esta refl exin y su aplicacin al espacio geogrfi co que venimos glosando en-traa dos retos. El primero, meditar sobre los cambios conceptuales que el paisaje del Poniente cordobs ha conocido en los ltimos siglos, as como la identifi cacin de las unidades zonales y elementos singulares. El segundo, buscar la frmula y expresin ms apropiada para enunciar y transmitir de manera resumida y clara la complejidad del proceso y las causas de los cambios. En los Cuadros 2, 3 y 4 sintetizamos ese proceso cronolgico y conceptual.

    Prcticamente desde el siglo XIII hasta el primer tercio del siglo XX (Cuadro 2), el Poniente cordobs, con una vocacin funcional relacionada con la presencia de importantes vas de comunicacin y suelos apropiados para la roturacin y puesta en cultivo, se contextualiza paisajsticamente como un territorio vocacionalmente agrario, cerealstico, mayoritariamente extensivo y de secano; con un poblamiento escaso salpicado de cortijos y casas de labor estratgicamente emplazadas en un territorio con creciente protagonismo de la propiedad concentrada y latifundista. Sin embargo, aunque son estos los caracteres principales, no es menos destacable la existencia de un policultivo en las propiedades del piedemonte serrano, la importancia de las dehesas ganaderas, los huertos de los ruedos y de los cortijos, o incluso la importante funcin que la cercana Sierra cordobesa jugaba en el sustento pecuario o en la recoleccin de otros recursos de inters. La imagen paisajstica del Poniente cordobs para este dilatado perodo se sostiene en la presencia mayoritaria de los citados cortijos cerea-lsticos que, con su tradicional sistema trienal, convertan a la Vega cordobesa en una prolongacin de los terrazgos campieses que se extienden al sur del Guadalquivir. As mismo, junto a ese carcter preeminente, se suma la conceptualizacin de la inmediata Sierra como un medio pastoril, silvcola y minero, sin olvidar otros matices relacionados con lo espiritual y lo paisajstico, pues no cabe duda que su altitud, sus relieve y el policultivo que cubra sus laderas pronto fueron considerados por su especial atractivo esttico y simblico (Naranjo Ramrez, 2007 y 2010). Algunos de los elementos singulares que ejemplifi can este complejo lienzo de realidad y sensaciones paisajsticas de esta primera construccin paisajstica, an persistentes en la composicin actual, son: los todava numerosos cortijos que jalonan el paisaje, las antiguas vas pecuarias, manantiales y alcubillas, la fortifi cacin y elevacin panormica del castillo de Almodvar del Ro, los restos arqueolgicos de Madinat al-Zahra o al-Rummaniyya o el recuerdo de las antiguas paredes que defi nan el Real Sitio de Crdoba la Vieja, que fuera el germen de la raza del caballo espaol (Altamirano Macarro, 2005).

  • 170 MARTN TORRES-MRQUEZ

    REVISTA DE ESTUDIOS REGIONALES N 96, I.S.S.N.: 0213-7585 (2013), PP. 135-180

    CU

    AD

    RO

    2C

    AR

    AC

    TER

    ES

    , FU

    NC

    IN

    , CO

    NS

    TRU

    CC

    IN

    Y C

    AM

    BIO

    PA

    ISA

    JS

    TIC

    O E

    N E

    L P

    ON

    IEN

    TE D

    E C

    R

    DO

    BA

    ETAP

    A AN

    TERI

    OR A

    193

    2

    Func

    ione

    s te

    rrito

    riale

    s:

    Com

    unica

    cione

    s fl uv

    iales

    y te

    rrestr

    es E

    -O.

    Com

    unica

    cione

    s ent

    re V

    alle

    y Sier

    ra.

    Mov

    imien

    to g

    anad

    ero:

    tras

    hum

    ancia

    y tra

    nste

    rmina

    ncia.

    Suelo

    rotu

    rable

    : act

    ivida

    d ag

    raria

    de

    cere

    al, p

    asto

    s y h

    uerta

    .Ca

    ptac

    in d

    e re

    curs

    os n

    atur

    ales:

    silvic

    ultur

    a y c

    aza.

    Obte

    ncin

    de

    recu

    rsos

    mine

    rales

    .

    Desc

    ripci

    ones

    :

    Los s

    ecan

    os a

    l terc

    io:

    q

    ue se

    siem

    bran

    en

    cada

    ao

    la te

    rcer

    a pa

    rte d

    e ell

    as,

    que

    llam

    an la

    hoja

    de

    labor,

    cuy

    o go

    biern

    o eq

    uivale

    a d

    os a

    os d

    e de

    scan

    so y

    uno

    de p

    rodu

    ccin

    , que

    dand

    o las

    otra

    s dos

    hoja

    s, un

    a de

    rastr

    ojo, q

    ue se

    sem

    br

    el a

    o an

    tece

    dent

    e, y

    la ot

    ra d

    e ba

    rbec

    ho, p

    repa

    rada

    par

    a la

    sem

    ente

    ra d

    el sig

    uient

    e

    (Res

    pues

    tas G

    ener

    ales d

    el C.

    de

    Ense

    nada

    , 175

    2).

    Las h

    uerta

    s de

    los ru

    edos

    :

    och

    ocien

    tas y

    cinc

    uent

    a fan

    egas

    q

    ue c

    ompo

    nen

    las

    huer

    tas y

    font

    anar

    en

    que

    se h

    ayan

    inte

    rpola

    dos d

    e to

    das e

    spec

    ies d

    e fru

    tales

    , mor

    e-ra

    s, la

    mos

    , ca

    aver

    ales,

    mim

    brer

    as, e

    ntre

    cuy

    os c

    laros

    se p

    lanta

    n ho

    rtaliz

    as, f

    orra

    jes

    de c

    ebad

    a y a

    lguna

    muy

    cor

    ta p

    orci

    n de

    lino

    y ajon

    jol

    (Res

    pues

    tas G

    ener

    ales d

    el C.

    de

    Ense

    nada

    , 175

    2).

    Pote

    ncial

    idade

    s agr

    arias

    :

    tierra

    s exc

    elent

    es, t

    odas

    [las]

    de la

    Veg

    a de

    l Gua

    dalqu

    i-vir

    , de

    fond

    o, ric

    as y

    llana

    s. No

    cab

    e, p

    ues,

    empla

    zam

    iento

    ms

    ade

    cuad

    o y c

    omo

    el cli

    ma

    es ta

    mbi

    n bu

    eno,

    pro

    met

    e se

    r esta

    zona

    una

    de

    las m

    s ric

    as d

    e Es

    paa

    (B

    oletn

    de

    la C

    mar

    a de

    Com

    ercio

    e In

    dustr

    ia de

    Cr

    doba

    , 190

    5).

    Salva

    cin

    del re

    gado

    : Es

    ta tr

    einte

    na d

    e kil

    met

    ros e

    ntre

    Cr

    doba

    y Al

    mod

    var

    de

    l Ro

    los c

    ruza

    ris

    por e

    ntre

    hue

    rtas a

    nlog

    as a

    las d

    e Va

    lencia

    o d

    e Ar

    anjue

    z, en

    las c

    uales

    pulu

    larn

    una

    muc

    hedu

    mbr

    e de

    fam

    ilias q

    ue te

    ndr

    n tie

    mpo

    de

    esta

    r pa

    rada

    s, an

    tes b

    ien, la

    s arb

    oleda

    s um

    bros

    as, lo

    s cult

    ivos e

    scalo

    nado

    s, co

    n las

    vaca

    s ho

    lande

    sas,

    los c

    erdo

    s sele

    ccion

    ados

    , los l

    impio

    s cor

    rales

    de

    gallin

    as, la

    s colm

    enas

    , et

    cte

    ra, a

    segu

    rar

    n el

    pan

    cons

    tant

    e y p

    or a

    adid

    ura,

    cre

    arn

    nue

    vos f

    ocos

    de

    rique

    za

    (Ca

    rand

    ell, 1

    928)

    .

    Conc

    entra

    cin

    de la

    pro

    pieda

    d:

    vas

    e, p

    ues,

    que

    no s

    lo la

    rique

    za d

    e la

    sierra

    , sin

    o la

    de la

    cam

    pia

    y la

    vega

    se h

    allan

    aca

    para

    das e

    n fo

    rma

    verd

    ader

    amen

    te

    alarm

    ante

    (Ca

    rrin

    , 193

    2).

    Apro

    vech

    amie

    ntos

    :

    Vas d

    e co

    mun

    icaci

    n: c

    aad

    as, c

    amino

    s y fe

    rroca

    rril.

    Seca

    no c

    erea

    lstic

    o ac

    ortija

    do.

    Dehe

    sas y

    poli

    cultiv

    os m

    edite

    rrne

    osSi

    lvicu

    ltura

    y ca

    zaRu

    edos

    hue

    rtano

    s per

    iurba

    nos.

    Rued

    os d

    e co

    rtijos

    .Ex

    plota

    cin

    mine

    ra: c

    alcar

    enita

    s y g

    rava

    s.Us

    o de

    agu

    as su

    bter

    rne

    as y

    man

    antia

    les.

    Cara

    cter

    es:

    Desp

    oblam

    iento

    : pre

    emine

    ncia

    del p

    oblam

    iento

    disp

    erso

    ac

    ortija

    do y

    choz

    os.

    Pobla

    cin

    esta

    ciona

    l seg

    n rit

    mos

    agr

    colas

    .Pr

    edom

    inio

    de la

    s act

    ivida

    des a

    gro-

    gana

    dera

    s exte

    nsiva

    s.Pr

    otag

    onism

    o de

    l latifu

    ndio

    noble

    y bu

    rgu

    s.Co

    ntra

    ste e

    ntre

    la p

    obre

    za y

    las p

    osibi

    lidad

    es fu

    tura

    s der

    iva-

    das d

    el m

    ito d

    el re

    gado

    com

    o sa

    lvaci

    n.

  • 171PAISAJES DEL VALLE MEDIO DEL GUADALQUIVIR CORDOBS...

    REVISTA DE ESTUDIOS REGIONALES N 96, I.S.S.N.: 0213-7585 (2013), PP. 135-180

    Deta

    lle c

    arto

    gaffi

    co

    MTN

    50.0

    00 h

    istr

    ico:

    IGN.

    Det

    alle

    MTN

    , hoja

    923

    C

    rdob

    a (1

    896)

    .

    Repr

    esen

    taci

    n g

    rfi c

    a:

    Imag

    en d

    e ca

    pitele

    s y b

    asas

    hall

    adas

    por

    Ve

    lzqu

    ez B

    osco

    en

    1911

    en

    Crd

    oba

    la Vie

    ja (M

    adina

    t al-Z

    ahra

    ), so

    bre

    el fo

    ndo

    paisa

    jstic

    o de

    la d

    ehes

    a y b

    uena

    par

    te d

    e las

    terra

    zas y

    vega

    s del

    Guad

    alquiv

    ir en

    el po

    nient

    e de

    l mun

    icipio

    de

    Crd

    oba.

    Fue

    nte:

    VE

    LZQ

    UEZ

    BOSC

    O, R

    . (19

    12):

    o. c

    ., p.

    55,

    L

    mina

    XXV

    .

    Choz

    os tr

    adici

    onale

    s en

    los se

    cano

    s de

    l Pon

    iente

    cor

    dob

    s.

    Corti

    jo ce

    real

    stico

    trad

    icion

    al.

    Foto

    teca

    Mun

    icipa

    l de

    Crd

    oba.

  • 172 MARTN TORRES-MRQUEZ

    REVISTA DE ESTUDIOS REGIONALES N 96, I.S.S.N.: 0213-7585 (2013), PP. 135-180

    CU

    AD

    RO

    3C

    AR

    AC

    TER

    ES

    , FU

    NC

    IN

    , CO

    NS

    TRU

    CC

    IN

    Y C

    AM

    BIO

    PA

    ISA

    JS

    TIC

    O E

    N E

    L P

    ON

    IEN

    TE D

    E C

    R

    DO

    BA

    ETAP

    A 19

    32 A

    198

    0

    Func

    ione

    s te

    rrito

    riale

    s:

    Com

    unica

    cione

    s ter

    restr

    es y

    aero

    portu

    arias

    .Int

    rodu

    ccin

    del

    rega

    do, n

    uevo

    s cult

    ivos y

    des

    arro

    llo

    del s

    ecto

    r agr

    oindu

    strial

    . Exp

    resi

    n de

    l Reg

    ener

    a-cio

    nism

    o.

    Mod

    erniz

    acin

    agr

    aria

    y rur

    al m

    edian

    te e

    l rega

    do.

    Espa

    cio d

    e co

    loniza

    cin

    hum

    ana.

    Desc

    ripci

    n:

    Pres

    a, c

    anale

    s y re

    gado

    en

    palab

    ras d

    el pr

    eside

    nte

    de la

    Com

    unida

    d de

    Reg

    ante

    s del

    Guad

    almell

    ato

    seo

    r Enr

    quez

    Bar

    rios e

    n 19

    34:

    Con

    frase

    eloc

    uent

    e ha

    ce u

    n re

    sum

    en

    del e

    sfuer

    zo re

    aliza

    do p

    or e

    l se

    or G

    uerra

    del

    Ro,

    par

    a ve

    r el m

    odo

    de p

    oner

    en

    riego

    la

    may

    or e

    xtens

    in p

    osibl

    e de

    la zo

    na d

    el Gu

    adalm

    ellat

    o. E

    xpre

    s la

    s asp

    iracio

    nes

    de lo

    s reg

    ante

    s y d

    escr

    ibi

    brilla

    ntem

    ente

    el in

    med

    iato

    porve

    nir d

    e aq

    uella

    esp

    lndid

    a zo

    na d

    e re

    gado

    . Dice

    que

    hay

    que

    esti

    mula

    r el in

    ter

    s priv

    ado

    en d

    icha

    zona

    par

    a qu

    e co

    mple

    te la

    obr

    a ofi

    cial. A

    segu

    ra q

    ue e

    sa zo

    na e

    s el o

    rgull

    o de

    And

    aluca

    , de

    Crd

    oba

    y de

    Espa

    a (

    Publi

    cado

    en

    La V

    oz. D

    iario

    Grfi

    co d

    e Inf

    orm

    acin

    , ao

    XV,

    n. 5

    667,

    de

    26 d

    e m

    ayo

    de 1

    934,

    p. 9

    ). La

    sequ

    a p

    ertin

    az d

    e 19

    44:

    La p

    rolon

    gada

    sequ

    a ca

    usa

    gran

    des e

    strag

    os e

    n los

    ca

    mpo

    s cor

    dobe

    ses,

    dond

    e es

    case

    an lo

    s pas

    tos,

    con

    el co

    nsigu

    iente

    que

    bran

    to p

    ara

    la ga

    nade

    ra. E

    l can

    al de

    l pan

    tano

    del

    Guad

    almell

    ato

    se e

    ncue

    ntra

    seco

    y, p

    or ta

    nto,

    to

    da la

    zona

    de

    rega

    do su

    fre la

    s con

    secu

    encia

    s de

    esta

    per

    tinaz

    sequ

    a (P

    ublic

    ado

    en

    Hoja

    Ofi ci

    al de

    l Lun

    es. E

    ditad

    a po

    r la A

    socia

    cin

    de la

    Pre

    nsa,

    po

    ca Te

    rcer

    a, n

    . 25

    6,

    de 1

    4 de

    febr

    ero

    de 1

    944,

    p. 5

    ).

    Repo

    blaci

    n y c

    oloniz

    acin

    agr

    aria

    del IN

    C: l

    os p

    ueblo

    s de

    colon

    izaci

    n es

    tar

    n do

    ta-

    dos d

    e su

    Cen

    tro C

    vico

    cor

    resp

    ondie

    nte,

    com

    pues

    to d

    e Igl

    esia,

    con

    loca

    les d

    e Ac

    cin

    Cat

    lica

    y la

    vivien

    da d

    el Cu

    ra. E

    scue

    las y

    vivien

    da d

    el M

    aestr

    o, A

    yunt

    amien

    to c

    on

    toda

    s sus

    dep

    ende

    ncias

    , Disp

    ensa

    rio M

    dico

    y Fa

    rmac

    ia co

    n las

    vivie

    ndas

    del

    Md

    ico

    y Far

    mac

    utic

    o, u

    n ce

    ntro

    de

    Recr

    eo c

    on p

    eque

    o c

    asino

    , caf

    , bar

    y Ci

    nem

    atg

    rafo

    , qu

    e pu

    ede

    servi

    r al m

    ismo

    tiem

    po d

    e sa

    la de

    fi esta

    s y c

    onfer

    encia

    s (

    Crem

    ades

    y Ad

    aro

    et a

    l, 194

    5).

    Apro

    vech

    amie

    ntos

    :

    Vas d

    e co

    mun

    icaci

    n: c

    aad

    as, c

    amino

    s rea

    les y

    ferro

    carri

    l.Co

    nduc

    cione

    s e in

    fraes

    truct

    uras

    de

    rega

    do.

    Exte

    nsin

    de

    la Zo

    na R

    egab

    le de

    l Gua

    dalm

    ellat

    o.Ce

    real

    en r

    gimen

    de

    rega

    do.

    Nuev

    os c

    ultivo

    s: re

    mola

    cha,

    maz

    , tab

    aco,

    algo

    dn,

    et

    c.Lo

    caliz

    acin

    de

    indus

    trias

    agr

    oalim

    enta

    rias:

    azc

    ar,

    pimen

    tn,

    con

    serva

    s veg

    etale

    s, et

    c.Cr

    ecien

    te p

    resi

    n de

    l pob

    lamien

    to p

    or in

    migr

    acin

    .

  • 173PAISAJES DEL VALLE MEDIO DEL GUADALQUIVIR CORDOBS...

    REVISTA DE ESTUDIOS REGIONALES N 96, I.S.S.N.: 0213-7585 (2013), PP. 135-180

    Cara

    cter

    es:

    Impo

    rtant

    e eje

    nat

    ural

    de c

    omun

    icaci

    n.Pr

    edom

    inio

    de lo

    agr

    ario

    y del

    rega

    do e

    xtens

    ivo.

    Pervi

    venc

    ia de

    l latifu

    ndio

    rent

    ista.

    Subs

    isten

    cia d

    e los

    mod

    elos d

    e ex

    plota

    cin

    indire

    cta.

    Nuev

    os c

    amino

    s der

    ivado

    s de

    la pu

    esta

    en

    riego

    .Pr

    oblem

    as sa

    nitar

    ios: p

    aludis

    mo

    hasta

    los a

    os

    sese

    nta.

    Desa

    rrollo

    de

    ncle

    os d

    e po

    blaci

    n: E

    l Higu

    ern

    , Vi-

    llarru

    bia, C

    aad

    a Re

    al So

    riana

    , Maja

    nequ

    e, E

    l Pun

    tal,

    Vere

    dn

    de lo

    s Fra

    iles,

    etc.

    Repr

    esen

    taci

    n g

    rfi c

    a:

    Cana

    l prin

    cipal

    del re

    gado

    del

    Guad

    alme-

    llato

    a su

    pas

    o po

    r la h

    ered

    ad d

    e C

    rdob

    a la

    Vieja.

    Imag

    en a

    rea

    del

    com

    plejo

    agro

    indus

    trial

    de la

    Azu

    care

    ra S

    an R

    afael

    de V

    illarru

    bia

    en 1

    940.

    Fue

    nte:

    Ebr

    o C

    a, S

    . A.

    Asen

    tam

    iento

    de

    Maja

    nequ

    e, G

    uada

    l-qu

    ivir y

    cult

    ivos d

    el re

    gado

    exte

    nsvio

    de

    l Gua

    dalm

    ellat

    o. A

    rchiv

    o fo

    togr

    fi co

    he

    rede

    ros d

    e An

    drs

    Pale

    nzua

    le He

    ns.

    Asen

    tam

    iento

    de

    la Ca

    ada

    Rea

    l Sor

    iana

    en lo

    s ao

    s ses

    enta

    . Arc

    hivo

    foto

    grfi

    co

    here

    dero

    s de

    Andr

    s P

    alenz

    uale

    Hens

    .

    Deta

    lle c

    arto

    grfi

    co

    MTN

    50.0

    00 h

    istr

    ico:

    IGN.

    Det

    alle

    MTN

    , hoja

    923

    C

    rdob

    a (1

    969)

    .

  • 174 MARTN TORRES-MRQUEZ

    REVISTA DE ESTUDIOS REGIONALES N 96, I.S.S.N.: 0213-7585 (2013), PP. 135-180

    CU

    AD

    RO

    4C

    AR

    AC

    TER

    ES

    , FU

    NC

    IN

    , CO

    NS

    TRU

    CC

    IN

    Y C

    AM

    BIO

    PA

    ISA

    JS

    TIC

    O E

    N E

    L P

    ON

    IEN

    TE D

    E C

    R

    DO

    BA

    ETAP

    A 19

    80 A

    201

    2Fu

    ncio

    nes

    terri

    toria

    les:

    Com

    unica

    cione

    s ter

    restr

    es y

    aero

    portu

    arias

    . Ex

    pans

    in ru

    rurb

    ana

    de C

    rdo

    ba.,

    exige

    ncias

    urb

    anas

    y ru

    rales

    .Fu

    ncion

    es in

    dustr

    iales

    y log

    stica

    s.Fu

    ncion

    es re

    crea

    tivas

    y de

    esp

    arcim

    iento

    .

    Desc

    ripci

    n:

    Las p

    arce

    lacion

    es ru

    rurb

    anas

    : Ya

    en

    los a

    os 7

    0 las

    act

    uacio

    nes d

    e pa

    rcela

    cin

    ilega

    l que

    se p

    rodu

    cen

    en c

    iudad

    es ta

    n im

    porta

    ntes

    com

    o Se

    villa

    o C

    rdob

    a, so

    n ca

    si op

    erac

    iones

    que

    tiene

    n m

    s re

    lacin

    con

    esp

    ecula

    cione

    s de

    suelo

    que

    con

    la

    pres

    in d

    e ur

    genc

    ias in

    migr

    ator

    ias (

    Arias

    Sier

    ra, 2

    003)

    .

    El A

    yunt

    amien

    to d

    e C

    rdob

    a es

    t d

    ecidi

    do a

    ace

    lerar

    el p

    roce

    so d

    e ur

    baniz

    acin

    de

    las p

    arce

    las ile

    gales

    y of

    rece

    rles l

    os se

    rvicio

    s mni

    mos

    . De

    esta

    man

    era,

    las

    urba

    nizac

    iones

    que

    , sin

    esta

    r den

    tro d

    e la

    norm

    a ur

    bans

    tica,

    se c

    onsid

    eran

    reco

    n-du

    cibles

    a la

    lega

    lidad

    , se

    dota

    rn

    en e

    l plaz

    o de

    un

    ao

    y med

    io o

    dos,

    de a

    gua

    y luz

    . El re

    sto d

    e las

    urb

    aniza

    cione

    s que

    est

    n en

    terre

    nos i

    nund

    ables

    o p

    rote

    gidos

    se

    guir

    n sie

    ndo

    ilega

    les. S

    e ca

    lcula

    que

    exist

    en m

    s d

    e 6.

    000

    parc

    elacio

    nes i

    lega-

    les (r

    econ

    ducib

    les o

    no)

    en

    el m

    unici

    pio (E

    L Pa

    s, 7

    /08/

    2011

    ).

    Apro

    vech

    amie

    ntos

    :Inc

    rem

    ento

    de

    las in

    fraes

    truct

    uras

    : car

    rete

    ras y

    ferro

    carri

    l.Re

    troce

    so y

    atom

    izaci

    n de

    la su

    perfi c

    ie lab

    rada

    y de

    l re

    gado

    .Inc

    rem

    ento

    de

    la su

    perfi c

    ie oli

    vare

    ra.

    Cons

    olida

    cin

    urba

    na d

    e los

    nc

    leos c

    ompa

    ctos

    .Ex

    pans

    in in

    cont

    rolad

    a de

    las p

    arce

    lacion

    es ru

    rurb

    anas

    .De

    sloca

    lizac

    in a

    groin

    dustr

    ial.

    Equip

    amien

    tos y

    servi

    cios.

  • 175PAISAJES DEL VALLE MEDIO DEL GUADALQUIVIR CORDOBS...

    REVISTA DE ESTUDIOS REGIONALES N 96, I.S.S.N.: 0213-7585 (2013), PP. 135-180

    Cara

    cter

    es:

    Crec

    iente

    impo

    rtanc

    ia de

    l eje

    natu

    ral d

    e co

    mun

    icaci

    n:

    carre

    tera

    s, fer

    roca

    rril c

    onve

    ncion

    al y a

    lta ve

    locida

    d a

    Sevil

    la y M

    laga

    .De

    sapa

    ricin

    de

    lo ag

    rario

    en

    favor

    de

    los ru

    rurb

    ano

    y ur

    bano

    .Ex

    tinci

    n de

    l latifu

    ndio:

    par

    celac

    in.

    Las p

    arce

    lacion

    es c

    omo

    smbo

    lo de

    l pais

    aje.

    Expa

    nsin

    de

    la ciu

    dad

    difus

    a y l

    a fu

    ncin

    dor

    mito

    rio.

    Deso

    rden

    func

    ional

    y de

    apro

    vech

    amien

    tos d

    el su

    elo.

    Paisa

    je ru

    rurb

    ano

    con

    agric

    ultur

    a de

    hue

    rtas a

    tiem

    po

    parc

    ial.

    Paisa

    je te

    nsion

    ado

    y som

    etido

    s a c

    onfl ic

    tos.

    Repr

    esen

    taci

    n g

    rfi c

    a:

    Perife

    ria a

    ctua

    l de

    Alm

    odv

    ar

    del R

    o y t

    raza

    do fe

    rrovia

    rio

    de a

    lta ve

    locida

    d de

    sde

    el alt

    o de

    l Cas

    tillo.

    Parc

    elaci

    n ru

    rurb

    ana

    en e

    l Pon

    iente

    cor

    dob

    s. Pa

    rcela

    cin

    de L

    a Ba

    rque

    ra.

    Deta

    lle c

    arto

    grfi

    co

    MTN

    50.0

    00 h

    istr

    ico:

    IGN.

    Det

    alle

    MTN

    , hoja

    923

    C

    rdob

    a (2

    005)

    .

  • 176 MARTN TORRES-MRQUEZ

    REVISTA DE ESTUDIOS REGIONALES N 96, I.S.S.N.: 0213-7585 (2013), PP. 135-180

    La segunda etapa, entre los aos 1932 y 1980 (Cuadro 3), viene marcada por la transformacin en regado de prcticamente la totalidad de la Vega cordobesa. La expresin tangible del Regeneracionismo, al amparo de las bondades ambientales de los ya extensos latifundios del Poniente cordobs, fue la puesta en marcha del regado del Guadalmellato y la constitucin en 1932 de la primera comunidad de regantes de la provincia de Crdoba. Esta iniciativa, al amparo de los logros agrarios, econmicos y sociales que se le presuponan al regado (Lpez Ontiveros, 2001), le proporcion a la Vega su identidad respecto a los secanos campieses y gest una imagen paisajstica asociada al atractivo que representaba disponer de agua para asegurar los cultivos tradicionales o incluso introducir nuevos aprovechamientos agroindustriales. El resultado de tales expectativas se tradujo en la conversin del territorio en un medio de atraccin demogrfi ca e inmigracin, lo que habra de suponer un drstico incremento de la poblacin residente y el germen de nuevos asentamiento humanos, origen de las barriadas del extrarradio que hoy diferencian al Valle cordobs. Algunos de esos elementos singulares que avalan esa importante mutacin paisajstica son: canales y acequias del regado, cortijos, restos de antiguas industrias agroalimentarias, algunos secadores de tabaco que sobreviven an al paso del tiempo y al olvido o los propios ncleos de poblacin concentrada y caminera que fueron apareciendo junto a caminos, ferrocarril o vas pecuarias. Pero quizs el mejor elemento singular de esa imagen paisajstica relacionada con el regado y las oportunidades que de l se esperaban es la planifi cacin y fundacin del poblado de Encinarejo de Crdoba, creado por el Instituto Nacional de Colonizacin (INC) en los aos cincuenta y que se sustent en el Plan General de Colonizacin de la Zona Regable del Canal del Guadalmellato de 1945 (Cremades et al, 1945).

    En la ltima etapa (Cuadro 4) el detonante de la metamorfosis paisajstica habr de ser la aparicin del proceso parcelador y la rururbanizacin, pues es este aspecto lo que caracteriza al territorio desde fi nales de los aos setenta del siglo XX. La rururbanizacin, en coexistencia con esas huellas del palimpsesto paisajstico que an subsisten, ha otorgado al paisaje una notable heterogeneidad, resultado de una yuxtaposicin de usos y del propio proceso especulativo sobre el que se sustenta. Mientras otros espacios provinciales se defi nen por su homogeneidad y escaso dinamismo, el Valle cordobs halla su singularidad en la variedad de los apro-vechamientos y en la celeridad de sus transformaciones. Un paisaje que, sometido a una indudable impronta humana y repleto de tensiones, se ofrece al anlisis actual como un documento en el que sobreviven los trazos de escrituras pasadas bajo los ms evidentes renglones de los procesos recientes, en el que el tradicional paisaje agrario se reinventa con el regado intensivo de cultivos permanentes y comparte presencia con los huertos que adornan a las numerosas parcelas rururbanas que salpican las Terrazas y Vega del Poniente cordobs.

  • 177PAISAJES DEL VALLE MEDIO DEL GUADALQUIVIR CORDOBS...

    REVISTA DE ESTUDIOS REGIONALES N 96, I.S.S.N.: 0213-7585 (2013), PP. 135-180

    BIBLIOGRAFA

    ALTAMIRANO MACARRO, J. C. (2005): Historia y origen del caballo espaol (1567-1800). 4 Ed. Ediciones Ecuestres, Mlaga.

    AYUNTAMIENTO DE CRDOBA (1986): Plan General de Ordenacin Urbana. Memoria de Ordenacin, normas ubansticas, fi chas de planeamiento, estudio econmico fi nanciero. Gerencia Municipal de Urbanismo de Crdoba.

    ARGENTE DEL CASTILLO OCAA, C. (1991): La ganadera medieval andaluza. Siglos XIII XVI (Reinos de Jan y Crdoba). Jan, t. II.

    ARIAS SIERRA, P. (2003): Periferias y nueva ciudad. El problema del paisaje en los procesos de dispersin urbana. Serie Arquitectura n 25. Secretariado de Publicaciones de la Universidad de Sevilla, Sevilla.

    ARJONA CASTRO, A. (1997): Urbanismo de la Crdoba califal. Tras las huellas de la Crdoba califal. Ayuntamiento-Real Academia. Crdoba.

    ARJONA CASTRO, A. (2006): Crdoba la Vieja y Madinat al-Zahra. Causa de que los conquistadores cristianos de Crdoba desconocieran que los restos de la llamada Crdoba la Vieja eran los de Madinat al-Zahra, en Boletn de la Real Academia de Crdoba, 150, pp. 135-141.

    BARRIOS-NERIA, J; MONTEALEGRE, L; NIETO, M. y PALMA, J. (2003): Contribucin al estudio litolgico de los materiales empleados en monumentos de Crdoba de distintas pocas, en Arqueologa de la Arquitectura, 2, pp. 47-53.

    CAPEL MOLINA, J. J. y VIEDMA MUOZ, M. (1997): Anotaciones geogrfi cas acerca de la insolacin en Espaa, en Papeles de Geografa, 25, pp. 17-29.

    CARANDELL, J. (1928): El Castillo del Almodvar. Geologa y paisaje. El ayer y el porvenir. Lo tpico-, Ceci tuera cela, en Noticiario Sevillano, de 26 de noviembre de 1928.

    CARPIO DUEAS, J. B. y TORRES MRQUEZ, M. (2009): Evolucin histrica del territorio de Madinat al-Zahra (1236-2009). Crdoba: Estudio e Informe para el PEPMA. Indito.

    CARRIN, P. (1932): Los latifundios en Espaa. Su importancia, origen, consecuencias y solucin. Prlogo de Fernando de los Ros. Grfi cas Reunidas, Madrid.

    CLEMENTE, J. y PANEQUE, G. (1974): Propiedades, gnesis y clasifi cacin de suelos de terrazas del Valle del Guadalquivir I, II, III y IV, en Anales de Edafologa y Agrobiologa, 3 y 4, pp. 215-258 y 295-314.

    CHIC, G. (1978): Consideraciones sobre la navegabilidad del Guadalquivir en poca romana, en Gades, 1, pp. 7-20.

    CONSTANZA, R. (1991): Ecological Economics: The Science and Management of Sustainability. Columbia University Press. New York.

    CREMADES Y ADARO, C.; JIMNEZ DE LA CRUZ, F.; GOMARIZ RODRGUEZ, F.; PEA PASTOR, A. (1945): Plan General de Colonizacin de la Zona Regable del Canal del Guadalmellato. Crdoba, Delegacin Regional del Instituto Nacional de Colonizacin (INC). Mayo-Junio de 1945. Memoria + Anejos + 2 vols. de planos.

    CRDOBA DE LA LLAVE, R. (1995): Comunicaciones, transportes y albergues en el reino de Crdoba a fi nes de la Edad Media, en Historia, Instituciones. Documentos, 22, p. 90.

    DAZ DEL OLMO, F. y BAENA, R. (1997): Interpretacin de la secuencia general del Guadalquivir (Valle Medio y Bajo): terrazas fl uviales y Paleoltico, en Rodrguez Vidal, J.: Cuaternario Ibrico. Huelva, pp. 273-282.

    DOMNGUEZ BASCN, P. (1981): Pluviometra de Crdoba (de 1902 a 1979), en Paralelo 37, 5, pp. 173-182.

    DOMNGUEZ BASCN, P. (1982a): Termometra de Crdoba (1914-1979), en Axerqua, 4, pp. 81-100.DOMNGUEZ BASCN, P. (1982b): Aportacin al estudio del microclima urbano de Crdoba, en Omeya,

    27-28, 11 pp.DOMNGUEZ BASCN, P. (1995): Inversiones de temperatura en el Valle del Guadalquivir. Un factor climtico de

    gran infl uencia en el medio ambiente de la ciudad de Crdoba, en Anales de Geografa de la Universidad Complutense, 15, pp. 281-288.

  • 178 MARTN TORRES-MRQUEZ

    REVISTA DE ESTUDIOS REGIONALES N 96, I.S.S.N.: 0213-7585 (2013), PP. 135-180

    DOMNGUEZ BASCN, P. (1999): Clima, medio ambiente y urbanismo en Crdoba. Contribucin a la planifi cacin ambiental en ciudades del mbito mediterrneo. Diputacin Provincial, Crdoba.

    DOMNGUEZ VELA, J. J. y RAMREZ RAMREZ, A. (2008): La carretera de Sevilla a Crdoba por la orilla derecha del Guadalquivir: una ruta del legado Andalus que estructura Sierra Morena y la Vega del Guadalquivir (1917-1997), comunicacin al 2 Congreso Internacional Paisaje e infraestructuras. Las infraestructuras y los paisajes en transicin. Granada 2008. Noviembre del 11-15, 75 pp. < http://infodigital.opandalucia.es/bvial/bitstream/10326/229/1/CL21.pdf>

    ESTBANEZ, J. (1981): El proceso de urbanizacin del medio rural madrileo, en Estudios de Geografa. Homenaje a Alfredo Floristn. Instituto Prncipe de Viana, Pamplona, pp. 149-168.

    FORNELL, A. (1997): La navegabilidad del curso alto del Guadalquivir en poca romana, en Florentia iliberritana. Revista de estudios de antigedad clsica, 8, pp. 125-147.

    GMEZ GONZLEZ, M. (1923): Colonizacin de las grandes zonas de regado. Relaciones entre propietarios y cultivadores, en Actas del III Congreso Nacional de Riegos. Vol. II, Valencia, pp. 23 y ss.

    GONZLEZ JIMNEZ, M. (1980a): La gran propiedad en la Andaluca del siglo XIII, en La Espaa Medieval, 1, pp. 143-154.

    GONZLEZ JIMNEZ, M. (1980b): En torno a los orgenes de Andaluca: la repoblacin del siglo XIII. Secretariado de la Universidad de Sevilla, Sevilla.

    GONZLEZ JIMNEZ, M. (1998): Andaluca a debate y otros estudios. Universidad de Sevilla, Sevilla.LPEZ ONTIVEROS, A. (1970): Evolucin de los cultivos en la Campia de Crdoba del siglo XIII al siglo XIX,

    en Papeles de Geografa, 2, pp. 9-77.LPEZ ONTIVEROS, A. (1981): Evolucin urbana de Crdoba y de los pueblos campieses. Excma. Diputacin

    Provincial de Crdoba. Coleccin Estudios Cordobeses, Crdoba, 242 pp.LPEZ ONTIVEROS, A. (1990): Crdoba en 1752, segn las Respuestas Generales del Catastro de Ensenada.

    Tabapress, S. A y Centro de Gestin Catastral y Cooperacin Tributaria, Madrid.LPEZ ONTIVEROS, A. (2001): El regado, salvacin de la patria y fuente de felicidad segn los Congresos

    Nacionales de Riegos (1913-1934), en Investigaciones Geogrfi cas, n. 26, pp. 7-40.LOPEZ ONTIVEROS, A.; VALLE BUENESTADO, B. y GARCA VERDUGO, F. R. (1991): Caza y paisaje geogrfi co

    en las tierras bticas segn el Libro de la Montera. Junta de Andaluca, Crdoba.MARTN TODRGUEZ, M. (1982): Azcar y descolonizacin: origen y desenlace de una crisis agraria en la Vega

    de Granada. El Ingenio de San Juan, 1882-1904. Instituto de Desarrollo Regional de la Universidad de Granada, Granada.

    MARTNEZ DEL OLMO, C; RIAZA MOLINA, C. y TORRESCUSA VILLAVERDE, S. (1996): Descenso eusttico messiniense en una cuenca atlntica. El can submarino del ro Guadalquivir (SO de Espaa), en Geogaceta, 20 (1), pp. 138-141.

    MA (1979): Caracterizacin agroclimtica de la provincia de Crdoba. Ministerio de Agricultura, Madrid.MAPA (1989): Caracterizacin agroclimtica de la provincia de Crdoba. Ministerio de Agricultura, pesca y

    Alimentacin, Madrid.McNEIL, J. R. y McNEIL, W. H. (2004): Las Redes Humanas: Una Historia Global del Mundo. Traduccin de Jordi

    Beltrn. Editorial Crtica. Barcelona.MENNDEZ DE LUARCA, J. R. (2000): El Plan Especial de Madinat al-Zahra: una nueva estrategia de

    proteccin territorial, en VALLEJO TRIANO, Antonio (Coord.): Madinat al Zahra 1985-2000. 15 aos de recuperacin; pp. 56-83. Crdoba.

    MONTEZ GMEZ, G. y DELGADO MAHECHA, O. (1998): Espacio, territorio y regin: conceptos bsicos para un proyecto nacional, en Cuadernos de Geografa. Revista del Departamento de Geografa de la Universidad Nacional de Colombia, vol. VII, n. 1-2, pp. 120-134.

    MONTOYA RAMREZ, M. I. (Ed.) (1992): Libro de la Montera. Granada. MURILLO REDONDO, J. y JIMNEZ SALVADOR, J. L. (2002): La fundacin de Crdoba, en Jimnez, J. L. y

    Ribera, A (Eds.): Valencia y las primeras ciudades romanas de Hispania, Valencia, pp. 183-193NARANJO RAMREZ, J. (2007): Los espacios cordobeses con valoracin patrimonial y simblica: identidad,

    caracterizacin y estudio de casos, en Era. Revista Cuatrimestral de Geografa, n. 73-74, pp. 311-336.

  • 179PAISAJES DEL VALLE MEDIO DEL GUADALQUIVIR CORDOBS...

    REVISTA DE ESTUDIOS REGIONALES N 96, I.S.S.N.: 0213-7585 (2013), PP. 135-180

    NARANJO RAMREZ, J. (2010): Los espacios cordobeses con valoracin patrimonial: paisajes y lugares que se han convertido en un referente colectivo, en Andaluca en la Historia, n. 30, pp. 46-49.

    NARANJO RAMREZ, J. y TORRES MRQUEZ, M. (2008): El Valle Medio del Guadalquivir: de Montoro a Alcal del Ro, en J. Rubiales Torrejn, (Edit.): El Ro Guadalquivir. Sevilla: Consejera de Obras Pblicas y Transportes de la Junta de Andaluca, pp. 29-39. < http://helvia.uco.es/xmlui/bitstream/handle/10396/5546/naranjo1.pdf?sequence=1>

    NEZ GRANADO, M. A. y RECIO ESPEJO, J. M. (2003): Evolucin de la red fl uvial de la Campia de Crdoba. Tramo medio del Guadalquivir, en Revista C & G, 18, (3-4), pp. 89-93.

    PALAO, F. de M. (1923): Minas a fl or de tierra, en Memorias premiadas en el concurso de 1923. Datos sobre la transformacin de secanos en regado. Estudio econmico comparativo. Junta Social de Riegos del Pantano del Guadalmellato. Imprenta y Papelera Moderna, Crdoba, pp. 173-294.

    OSTOS SALCEDO, P. (2005): Notariado, documentos notariales y Pedro Gonzlez de Hoces, veinticuatro de Crdoba. Universidad de Sevilla, Sevilla.

    PARRA RINCN, M. A. (1994): Suelos de la Sierra, del Valle y de la Campia, en Lpez Ontiveros, A. y Valle Buenestado, B. (Coord.): Crdoba capital. Geografa. Vol. III, Caja Provincial de Ahorros de Crdoba, Crdoba, pp. 31-38.

    REBOLLO DICENTA, J. (1958): El Plan General de Ordenacin Urbana de Crdoba y su puesta en prctica. Gerencia Municipal de Urbanismo de Crdoba (Documento Indito).

    RIECHMANN, J. (2006): Producir bienes y producir males: la ideal de produccin conjunta, en ESPINOZA, L. E. y CABERO, V. (Eds.): Sociedad y medio ambiente. Ediciones Universidad de Salamanca, Len, pp. 75-94.

    ROGER, A. (1997): Court trait du paisaje. Gallimard, Bibliothque des Sciences Humaines, Paris. Editado en castellano en 2007, con el ttulo Breve Tratado del Paisaje, por Javier Maderuelo y Editorial Biblioteca Nueva, traduccin de Maysi Veuthey, Madrid.

    RUBIATO LACAMBRA, F. J. (2002): Huellas romanas en la provincia de Crdoba: calzadas y puentes, en PH. Boletn del Instituto Andaluz de Patrimonio Histrico, ao 10, 38, pp. 138-147.

    SANTOS, M. (1997): Tecnica, espao, tempo, globalizao e meio tecnico-cientifi co informacional. So Paulo, Editora Hucitec.

    TORRES MRQUEZ, M. (1994): Aguas superfi ciales y subterrneas, en LPEZ ONTIVEROS, A. y VALLE BUENESTADO, B. (Coord.): Crdoba capital. Geografa. Vol. III, Caja Provincial de Ahorros de Crdoba, Crdoba, pp. 39-46.

    TORRES MRQUEZ, M. (1998): La zona regable del Guadalmellato (Crdoba): antecedentes y gnesis (1881-1940). Servicio de Publicaciones de la Universidad de Crdoba. Serie Estudios de Geografa n 11, Crdoba, 254 pp.

    TORRES MRQUEZ, M. (2000): Evolucin historicogeogrfi ca de la localidad de Encinarejo de Crdoba. Un ejemplo de pueblo de colonizacin agraria en la provincia de Crdoba: sus precedentes y la evolucin de su paisaje. Excma. Diputacin Provincial de Crdoba, Coleccin Estudios Cordobeses, Crdoba, 703 pp.

    TORRES MRQUEZ, M. (2002): La zona regable del Guadalmellato (Crdoba). Su evolucin reciente y situacin actual. Tesis doctoral indita dirigida por el Prof. Antonio Lpez Ontiveros en el seno del Departamento de Geografa y Ciencias del Territorio de la Universidad de Crdoba (Espaa). Biblioteca General de la Universidad de Crdoba/Campus de Rabanales.

    TORRES MRQUEZ, M. (2006): La transformacin de los ruedos huertanos de la ciudad de Crdoba (Espaa). Su inclusin en la zona regable del Guadalmellato y desaparicin en la segunda mitad del siglo XX, en Boletn de la Asociacin de Gegrafos Espaoles, n 42, pp. 229-254.

    TORRES MRQUEZ, M. (2009): Geografa e historia del extrarradio occidental del municipio de Crdoba: Villarrubia de Crdoba y sus ncleos de poblacin prximos. Ayuntamiento de Crdoba y Servicio de Publicaciones de la Universidad de Crdoba, Crdoba, 580 pp.

    TORRES MRQUEZ, M. (2012): El paisaje rural segn el parcelario catastral y sus Memorias de la riqueza rstica de 1899. El trmino municipal de Crdoba (Espaa), en Scripta Nova. Revista Electrnica de Geografa

  • 180 MARTN TORRES-MRQUEZ

    REVISTA DE ESTUDIOS REGIONALES N 96, I.S.S.N.: 0213-7585 (2013), PP. 135-180

    y Ciencias Sociales. [En lnea]. Barcelona: Universidad de Barcelona, 1 de agosto de 2012, vol. XVI, n 409. .

    VALLEJO, I. (2000): Las inundaciones en la cuenca del Guadalquivir, en Serie Geogrfi ca, 9, pp. 133-149.VELZQUEZ BOSCO, R. (1912): Arte del califato de Crdoba, Medina Azzahara y Alamiriya. Junta para la

    Ampliacin de Estudios e Investigaciones Cientfi cas, Imprenta Artstica de Jos Blass y Ca, Madrid. Edicin facsmil editada en Sevilla por Extramuros Ediciones. El original para la realizacin de esta reproduccin facsimilar procede de la Biblioteca de la Facultad de Geografa e Historia de la Universidad Complutense de Madrid (Signatura: FA 99).

    VVAA (2010): Paisajes y patrimonio cultural en Andaluca. Tiempo, usos e imgenes. 2 vols. Instituto Andaluz de Patrimonio Histrico (IAPH), Consejera de Cultura de la Junta de Andaluca, Sevilla.

    WEHREIN, G. S. (1942): The Rural-urban Fringe, en Economic Geography, Vol. 23, pp. 217-228.ZOIDO NARANJO, F. (Dir.) (2006): Dimensin paisajstica de Madinat al-Zahra. Sevilla.

Recommended

View more >