Novena a nuestra Seora del Carmen

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    06-Jul-2015

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Cristo, moribundo, encomienda a Mara a los cuidados del discpulo amado. Pero estas palabras tienen un sentido universal. La Iglesia est representada en la persona de Juan, y recibe como suyo de Jess el regalo de la madre. Cada hijo de Dios, cada bautizado, recibe a Mara como Madre espiritual. As, como tenemos en Dios a un Pa- dre Misericordioso, en Mara tenemos a nuestra Madre Celestial. Sa- bemos que la devocin a Mara es una nota esencial de nuestra vida cristiana, porque ella nos engendra a la fe. Ella nos ha alimentado, vestido, amparado y protegido en los momentos de peligro. Esta verdad la recordamos al vestir el Escapulario de la Virgen del Car- men, que es prenda y seal de la proteccin de la Madre de Dios. No- sotros, imitando las virtudes de Mara, nos hacemos acreedores de su ayuda en la vida y en la muerte

Novena a Nuestra Seora, la Virgen del Carmen Segn la tradicin carmelita, el da de Pentecosts, ciertos piadosos varones que haban seguido el estilo de vida de los Profetas Elas y Eliseo, abrazaron la fe cristiana, siendo los primeros que le- vantaron un templo a la Vir- gen Mara en la cumbre del Monte Carmelo, en el lugar mismo desde donde el profe- ta Elas vio la nube que figu- raba la fecundidad de la Ma- dre de Dios. Estos religiosos se llamaron Hermanos de Santa Mara del Monte Car- melo, y pasaron a Europa en el siglo XIII , con los Cruza- dos, aprobando su regla Ino- cencio IV en 1245, bajo el generalato de San Simn Stock. El 16 de julio de 1251, la Virgen Mara se apareci a san Simn Stock, y le entreg el hbito que haba de ser su signo distintivo. El Papa Inocencio IV bendijo ese hbito y le otorg varios privilegios, no slo para los religiosos de la Orden, sino tambin para todos los Cofrades de Nuestra Seora del Monte Carmelo. Llevando stos el escapulario, que es la reduccin del que llevan los Carmelitas, parti- cipan de todos los mritos y oraciones de la Orden y pueden esperar de la Santsima Virgen verse pronto libres del Purgatorio, si han sido fieles en observar las condiciones impuestas para su uso.

Seor, Dios Nuestro, que al llevar como signo de consagracin a Mara, el Escapulario de la Virgen del Carmen, seamos protegi- dos siempre por Ella y nos sirva de estmulo ante las exigencias del Evangelio de tu Hijo y de esperanza en alcanzar un da la vi- da eterna por Jesucristo, nuestro Seor Amn.

Acto de Consagracin

Virgen del Carmen, mi buena y amantsima Madre, soy todo tuyo, y por tantas razones por ser la predilecta del Padre.

Por haber realizado en ti el Espritu Santo la encarnacin de la pala- bra por ser ejemplar de la Iglesia, en la que, despus de Cristo ocu- pas el lugar ms alto y a la vez ms prximo a nosotros Por estar re- conocida como Madre de Dios, Madre de Cristo y Madre de los Hom- bres porque todos los creyentes te llaman bienaventurada.

Por tener en tu Escapulario un signo de tu proteccin y unin con el Salvador, y un programa de imitacin de tus virtudes. Porque en tu promesa nos ofreces ayuda en los peligros del espritu y del cuerpo. Acudo a ti, Mediadora universal entre Dios y los hombres, y me con- sagro a honrarte especialmente bajo la advocacin de Nuestra Seo- ra del Carmen, en obsequio de Nuestro Seor Jesucristo.

Puestos en la presencia de Dios, nuestro Padre y de Mara, nuestra Madre, disponemos nuestro corazn para este momento de oracin y comunin, haciendo la seal de la cruz. Pedimos perdn por nuestros pecados, y la gracia particular que queremos alcanzar de esta Novena.

dre tuya, Mara concdenos, escudados por su proteccin que nunca nos falte el trabajo y podamos realizarlo dignamente por Jesucristo, nuestro Seor.

Oracin Inicial

Da 8: Mara, madre de los que sufren Cuando se cumplieron los das de la purificacin, llevaron a Jess a Jerusaln para presentarlo al Seor. Simen movido por el Espritu Santo, vino al Tem- plo, y cuando los padres introdujeron al nio Jess, le tom en brazos, le dio la bendicin y dijo a Mara: Este est puesto para cada y elevacin de mu- chos en Israel, ser signo de contradiccin, as quedar clara la actitud de muchos corazones. Y a Ti una espada te atravesar el alma. (Lc 2, 22 - 35).

Virgen del Carmen, queremos a lo largo de estos das, andar el cami- no de la oracin y de la reflexin con una meta concreta: la de cono- certe ms y amarte mejor. Ilumnanos, Seora de la luz, para redes- cubrirte cada da en el misterio de Cristo y de la Iglesia. Haz que te contemplemos como Virgen orante que nos ensea a recibir, medi- tar, vivir y proclamar la palabra de Dios, y como Madre espiritual, que acompaa el nuestra existencia cristiana desde el bautismo has- ta la plenitud en Cristo. Rosa del Carmelo, perfmanos en alma y cuerpo, para que seamos buen olor de Cristo en medio de nuestros hermanos. Estrella del mar, conduce la barca de nuestra vida en la noche oscura del destierro hasta las playas luminosas de la patria celestial. Reina del Cielo: que un da, junto a ti, podamos gozar de la eternidad para proclamar la grandeza del Seor.

Da 1: Mara, llena de gracia El ngel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea, llamada Naza- ret, a una virgen, desposada con un hombre llamado Jos, de la estirpe de Da- vid; la Virgen se llamaba Mara. El ngel entrando en su presencia, dijo: Al- grate, llena de gracia, el Seor est contigo". (Lucas 1, 26 - 28)

Esta profeca del dolor de Mara se cumplir a lo largo de la vida de Nuestra Seora. Esta espada de dolor desgarrar sobre todo las en- traas de Mara en la pasin y muerte de su Hijo. Dios no ha creado el dolor, ni el hombre fue creado para el sufrimiento. Fue el pecado original el que lo introdujo en la familia humana, con su caravana de torturas fsicas y sufrimientos morales. Cristo asumi voluntaria- mente el dolor, hacindolo instrumento de redencin. Desde enton- ces el hombre tiene el privilegio de poder completar lo que falta a los padecimientos de Cristo, sufriendo por su Cuerpo que es la Igle- sia. Por el Escapulario estamos consagrados al Corazn de Mara, traspasado por la espada del sufrimiento. Ella nos ayuda a saber "padecer", reconociendo que slo se llega a la luz por la cruz.

Mara, desde su Inmaculada Concepcin, fue "llena de gracia". Dios otorg a su Madre el don gratuito de la santidad por su cooperacin a la obra redentora, como Madre de Cristo, y en previsin de sus mritos. Pero Mara trabaj incansablemente por cultivar esa santi- dad inicial y corresponder a la misin que el Padre le haba enco- mendado. As, en una entrega rebosante y creciente, Mara se con- vierte en la Madre de la Divina Gracia. Asunta ya a los cielos, contin- a obtenindonos los dones de la salvacin eterna. Nosotros hemos de vivir una vida mariana, como signo de nuestra respuesta a la vocacin universal a la santidad.

Dios, Padre Misericordioso, que quisiste que tu Hijo nos redi- miera por medio de su muerte en cruz, te rogamos que derra- mes tu gracia en nuestras almas y por la intercesin de Nuestra Seora del Carmelo, nos concedas tomar con alegra la cruz co- tidiana y que sta sea camino real para el cielo. Por Jesucristo, nuestro Seor.

Da 9: Mara, nuestra madre del cielo

Junto a la cruz de Jess estaban su madre y la hermana de su madre, Mara, mujer de Cleofs, y Mara Magdalena. Jess, viendo a su madre y junto a ella al discpulo a quien amaba, dice a su madre. Mujer, ah tienes a tu hijo. Luego dice al discpulo: Ah tienes a tu madre. Y desde aquella hora el disc- pulo la recibi en su casa. (Juan 19. 25-27)

Al anuncio del ngel Mara pone un reparo: su virginidad. Pero como para Dios no hay imposibles, Mara ser a un tiempo Virgen y Madre As recibe su fecundidad virginal como un don de la gracia y un pro- digio del poder de Dios. La bienaventuranza de la pureza del co- razn parece que no es para muchos. Cristo la aconseja a los que quieren conseguir la libertad del corazn, para entregarse a la pleni- tud del Amor. Todos, sin embargo, debemos vivir la pureza del co- razn segn nuestro propio estado y condicin. El Escapulario del Carmen, al ser memorial de la Virgen, es espejo de pureza y castidad, camino para un da poder ver a Dios.

Te suplicamos, Seor, que nos asista con su intercesin podero- sa la Santsima Virgen Mara, Madre y Reina del Carmelo, para que, guiados por su ejemplo y proteccin, lleguemos hasta la cima del monte de la perfeccin que es Cristo. l que vive y re- ina por los siglos de los siglos. Cada da Padre Nuestro, Avemara y Gloria, y luego el acto de consagracin.

Da 2: Mara, mujer de fe En aquellos das, se levant Mara y se fue a la regin montaosa, a una ciu- dad de Jud. Entr en casa de Zacaras y salud a Isabel. Y en cuanto oy Isa- bel el saludo de Mara, salt de gozo el nio en su seno, e Isabel qued llena del Espritu Santo: y exclamando con gran voz, dijo: Bendita t entre las mu- jeres y bendito el fruto de tu vientre . Feliz la que ha credo que se cumplir- an las cosas que le fueron dichas de parte del Seor! (Lucas 1, 39 - 4s)

Oh, Dios!, que por la virginidad fecunda de Mara has dado al gnero humano el premio de la salvacin, te suplicamos nos concedas a tus siervos, por la Intercesin de la Virgen del Car- men, la gracia de tener el corazn puro y ser as, siempre tem- plos de tu Espritu. Te lo pedimos por Jesucristo, nuestro Seor.

Da 7: Mara, madre de los trabajadores

Sucedi que viniendo a su patria, Jess se puso a ensear en la sinagoga, de tal manera que la gente deca, llena de admiracin: De dnde le viene a ste esa sabidura y esos milagros ?No es ste el hijo del carpintero? No se llama su madre Mara? Y sus parientes, no estn todos entre nosotros? Entonces, de dnde le viene todo esto? Y se escandalizaban de l. (Mt 13, 53 - 57)

Los de Nazareth tienen a Jess por carpintero e hijo de carpintero. Y Mara era esposa de un trabajador y madre de otro trabajador. Ella trabajaba, como toda esposa y madre, en los quehaceres del hogar. Qu cercana nos resulta esta Mara que realiza los trabajos de la ca- sa!: cocinar, lavar, coser, barrer. Es hermoso proclamarla como Nuestra Seora del Trabajo. Dios hizo al hombre para trabajar como al pjaro para volar. El pecado original manch el trabajo y lo torn penoso, pero Cristo lo redimi y nos redimi con su trabajo, que es un medio para configurarnos con Cristo, que quiso ser un obrero. La autntica devocin a Mara debe incluir una profunda responsabili- dad en nuestros propios deberes, que se traduce en el trabajo diario realizado dignamente. Dios, Creador y Padre de todos los hombres, que adornaste a la Orden del Carmelo con el singular ttulo de la Bienaventurada Virgen y Ma-

Isabel proclama dichosa a Mara por su fe. Mara es una mujer de fe, y en la Encarnacin la manifiesta con un s incondicional que la con- vierte en Madre de Dios. Primero acoge en la fe de su corazn al que luego recibe como hombre en su seno. Esta fe de Mara es coronada luego en la prueba suprema del Calvario, donde su Corazn Inmacu- lado es traspasado por la espada de dolor que haba profetizado el anciano Simen. Mara es la primer creyente de la Iglesia; es una luz que brilla ante el pueblo de Dios en camino y que lo precede como signo de esperanza cierta y de consuelo. Nuestra vida cristiana es una vida de fe con exigencias permanentes, que debe ser demostra- da en obras concretas, en el testimonio heroico ante un mundo que sigue teniendo hambre de Dios.

Oh, Dios!, que desde la eternidad predestinaste a tu Hijo igual a Ti, y a la Santsima Virgen Mara, Nuestra Seora del Carmen, para Madre suya y la asociaste a la obra de la Redencin, te pe- dimos nos concedas por su intercesin, crecer siempre en la fe y testimoniarla con las obras por Jesucristo, nuestro Seor.

Da 3: Mara, mujer de caridad Se celebraba una boda en Can de Galilea. y estaba all la madre de Jess. Fue invitado tambin a la boda Jess con sus discpulos, Y, como faltaba vino, le

dice a Jess su madre: No tienen vino. Jess le responde: Mujer, djame, to- dava no ha llegado mi hora. Su madre dijo a los sirvientes: Haced lo que el os diga . Y los discpulos creyeron en l. (Juan 2, 1 - 12)

Mara aparece en este relato en una actitud que le es caracterstica: su preocupacin por las necesidades de los hombres. Discretamente pide y consigue de Cristo el signo, despus de una negativa. Su gesto nos habla de un corazn rebosante de amor fraterno y solicitud ma- ternal. Los cristianos tenemos que superar nuestros egosmos y pe- queeces, para llegar a la sublime experiencia del amor fraterno, en- tretejido, como el de Mara, de comprensin, delicadeza y servicio.

Seor, que por la plena disponibilidad de Mara que dio fruto en la escucha atenta de la Palabra, has regenerado al gnero humano: te pedimos por la poderosa intercesin de la Virgen del Carmen, un asiduo y frecuente trato con la Escritura, y po- der hacerla vida en nosotros por Jesucristo, nuestro Seor.

Da 5: Mara, mujer de confianza y oracin Y dijo Mara: Proclama mi alma la grandeza del Seor, se alegra mi espritu en Dios, mi salvador, porque ha mirado la humillacin de su esclava. Desde ahora me felicitarn todas las generaciones, porque el Poderoso ha hecho obras grandes por m su nombre es santo. Y su misericordia llega a sus fieles de generacin en generacin " (Lucas 1, 46 - 50)

Oh, Dios, que quisiste que tu Verbo tomara carne en las entra- as puras de la Bienaventurada Virgen Mara, y que por tu soli- citud para con todos, nos la has dado como Madre de todos; te pedimos, por intercesin la Virgen del Carmen que vivamos la caridad en perfecta comunin por Jesucristo, nuestro Seor.

Da 4: Mara, a la escucha de la Palabra Se presentaron donde l su madre y sus hermanos, pero no podan llegar has- ta l a causa de la gente. Le anunciaron. `Tu madre y tus hermanos estn ah fuera y quieren verte Pero l les respondi `Mi madre y mis hermanos son aquellos que escuchan la Palabra de Dios y la practican " (Lucas 8, 19 - 21)

Nadie como Mara ha sabido escuchar y poner por obra la Palabra. En la Anunciacin, Mara escucha la Palabra de Dios transmitida por el ngel, la acepta con fe y obediencia, y el Verbo se hace carne en sus entraas. La Iglesia nos abre los tesoros de la Biblia, sobre todo en la celebracin de la Palabra en la eucarista, y nos recomienda la lectura personal y comunitaria frecuente de la Palabra de Dios, para conocer y amar ms a Cristo. Hemos de hacer de la Palabra Divina nuestro alimento frecuente en nuestro camino de fe, sabiendo que Jess nos ensea que el que de verdad lo ama, cumple su Palabra. Los que portamos el escapulario de la virgen del Carmen debemos imitar a nuestra Madre guardando la Palabra de Dios y meditndola en nuestro corazn. Esta actitud ante la Sagrada Escritura es uno de los signos distintivos de una autntica vida cristiana y mariana.

Estas palabras de Mara ponen de manifiesto que ha sido una mujer de oracin. Reza en el hogar y en el templo. Recita a diario las ora- ciones rituales y se entrega al dilogo amistoso con Dios en la inti- midad. Mara, en su oracin, ante todo, se preocupa por adorar y alabar a Dios, con agradecimiento, y por suplicarle con humildad, porque sabe que el Padre se resiste a los soberbios y da su gracia a los humildes. El hombre es un pobre que todo lo necesita de Dios, y por eso, necesita orar. Como mendigo de Dios, debe acudir a l en busca de ayuda para sus necesidades. La Virgen es gua segura en los difciles y apasionantes caminos de la oracin. Y hoy, ms que nunca, y a su ejemplo, debemos recordar la consigna de Jess. "Es preciso orar siempre, sin desfallecer".

Oh, Dios, concede a tus siervos la gracia de tus dones y tener por intercesora en la vida de oracin a la Bienaventurada Vir- gen Mara del Monte Carmelo, para que entrando en su escuela orante, avancemos en ella, siempre, sin dejarnos vencer por nada. Te lo pedimos por Jesucristo, nuestro Seor.

Da 6: Mara, mujer de corazn puro y limpio

"Y Mara dijo al ngel: `Cmo ser esto (de concebir y dar a luz un hijo), pues no conozco varn? El ngel le contest, `El Espritu Santo vendr sobre ti y el poder del Altsimo te cubrir con su sombra, por eso el que ha de nacer ser santo y ser llamado Hijo de Dios " (Lucas 1 . 34 - 35)