Luis de Miranda - Romance Elegaco

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    18-Jul-2015

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Romance Elegaco por Luis de MirandaRomance Elegaco por Luis de Miranda de VillafaaEscritor espaol que naci en Plasencia, aproximadamente en 1500, y falleci hacia 1575. Lleg a Sudamrica con Pedro de Mendoza y se vio envuelto en la poltica de Paraguay en el bando de Alvar Nez Cabeza de Vaca. Tras el encarcelamiento de ste, Fray Luis conspir para conseguir su liberacin, y por ello fue sentenciado a ocho meses de prisin. Romance elegaco trata de la conquista del Ro de la Plata y es uno de los primeros poemas que habla del Paraguay. Su primera obra teatral la escribi en Asuncin; se trata de un drama en siete actos titulado Comedia prdiga, en ella combina elementos sacados de la Celestina, con la historia bblica del hijo prdigo. Ms tarde Mujica Linez va a escribir "El hambre", cuento integrado en Misteriosa Buenos Aires, donde establece una relacin intratextual con el Romance.Ao de mil y quinientos que de veinte se deca, cuando fue la gran porfa de Castilla, sin quedar ciudad ni villa, que a todas inficion, por los malos, digo yo, comuneros, que los buenos caballeros quedaron tan sealados afirmados y acendrados como el oro. Semejante al mal que lloro cual fue la comunidad tuvimos otra en verdad subsecuente: en las partes del poniente, en el Ro de la plata. Conquista la ms ingrata, a su seor desleal y sin temor, enemiga del marido, que manceba siempre ha sido que no alabo, cual los principios al cabo aquesto ha tenido cierto que seis maridos ha muerto la seora. Y comenz la traidora tan a ciegas y siniestro, que luego mata al maestro que tena, Juan Osorio se deca el valiente capitn Juan de Ayolas y Lujn y Medrano. Salazar por cuya manotanto mal nos sucedi; Dios haya quien lo mand tan sin tiento tan sin ley ni fundamento, con tan sobrado temor, con tanta envidia y rencor y cobarda. En punto desde aquel da, todo fue de mal en mal, la gente y el general y capitanes. Trabajos, hambres y afanes nunca nos falt en la tierra y as nos hizo la guerra la cruel. Frontera de San Gabriel a do se hizo el asiento, all fue el enterramiento de la armada; cosa jams no pensada, que cuando no nos catamos de dos mil aun no quedamos en doscientos. Por los malos tratamientos muchos buenos acabaron y otros los indios mataron en un punto. Y lo que ms que esto junto nos caus ruina tamaa, fue la hambre ms extraa que se vio. La racin que all se dio de harina y bizcocho, fueron seis onzas u ocho, mal pesadas. Las viandas ms usadas eran cardos que buscaban y aun estos no los hallaban todas veces. El estircol y las heces que algunos no digeran, muchos tristes los coman, que era espanto. Alleg la cosa a tanto que como en Jerusaln, la carne del hombre tambin la comieron. Las cosas que alli se vieron, no se han visto en escritura. Comer la propia asadura de su hermano! Oh, juicio soberano que not nuestra avariciay vio la recta justicia que all obraste! A todos nos derribaste la soberbia por tal modo que era nuestra casa y lodo todo uno. Pocos fueron o ninguno que no se viese citado, sentenciado y emplazado de la muerte. Ms tullido el que ms fuerte, el ms sabio ms perdido, el ms valiente cado y hambriento. Almas puestas en tormento en vernos, cierto, a todos. De mil maneras y modos ya penando. Unos contillo llorando por las calles derribados, otro lamentando echados tras los fuegos, del humo y ceniza ciegos, y flacos, descoloridos, otros de desfallecidos tartamudos. Otros del todo ya mudos que huelgo echar no podan; as los tristes moran rabiando. Los que quedaban, gritando, decan: Nuestro General ha causado aqueste mal, que no ha sabido gobernarse, y ha venido aquesta necesidad. Causa fue su enfermedad, que, si tuviera ms fuerzas y ms pudiera no nos viramos a punto de vernos as tan juntos a la muerte. Mdenos tan triste suerte, dando Dios un buen marido, sabio, fuerte y atrevido a la viuda!

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