La Verdadera Historia de San Pedro de Choya (Libro)

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    19-Jun-2015

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Esta es la verdadera historia del villorio de San Pedro de Choya, considerado como el primer country (barrio privado) de la Argentina.

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1La verdadera historia de San Pedro de ChoyaLa Provincia de Santiago del Estero presenta muchas y diversas caractersticas, algunas de ellas inverosmiles, otras paradojales y las ms, simplemente, curiosas o tpicas. De estas, la poblacin de San Pedro de Choya ofrece un ejemplo harto elocuente. Choya es, en la actualidad, una regin situada al S. O. de la Provincia. En el testamento de D. Luisa de Quiroga, esposa que fue de D. Joaqun de Islas, otorgado el 5 de abril de 1804, figura como una extensa zona dentro de los siguientes linderos: al Sud Albigasta, al Oeste La Calera, al Norte Simogasta y al Este el Ro. En esta vasta regin San Pedro es un pequeo, un dimi nuto pueblo. Se levanta sobre sobre la suave ladera de una serrana azul, all donde se pierden las ltimas estriba ciones de la sierra de Gasayn, y parece emerger de entre vega 1 y alcores, de las sinuosidades apenas perceptibles de la tierra, ocre, violcea, rodeada de colinas y lomazos, apretado por un tupido monte y que en pocas pasadas constitua una nsula 2 tnico-social Este pequeo pueblo fue fundado hace muchos aos por D. Juan Francisco Espeche, (emparentado con el Gobernador de Catamarca del mismo apellido), D. Flix Rosa Tolosa (uno de cuyos colaterales figura en el poema de Ascasubi), D. Fermn Brizuela (sobrino del General Brizuela, que se hace matar en El Raco) y D. Crisanto Gmez 1 (que Gobernara la Provincia de Catamarca). Todos ellos, parientes, emigran de su suelo nativo por causa de la guerra civil, compran tierras en Santiago del Estero, forman sus estancias, se fijan y arraigan definitivamente, dando origen a familias prolficas, que nacieron| mezclndose entre s con pureza, afinacin y probidad selectiva 2; y se criaron como en un almcigo de moral, entre principios y normas absolutas, amuralladas y esquivas en sus costumbres familiares, en sus modalidades propias. Comprendis, ahora, porqu he dicho que formaron una nsula tnico-social? No es verdad que esos cuatro apellidos, y los de Tula (proveniente del Conquistador Tula Cervn), Agero, Molina y Bazn gobiernan la grey, y que, por causa de la seleccin sexual, sus mujeres son hermosas, y los varones presentan un sello inconfundible, y -sus nombres son tan pintorescos como extraos? No habis repasado con la memoria la arquetpica y curiosa onomstica choyana? No es verdad que en ella se encuentran nombres como Elosa, Elsiario, Duvilda, Doralisa, Adesinda, I Argira, Mardoqueo, Metodio, Orosimn Gumer, Sila, Atenedor, Estratn, Guillabaura, Genvera, Miserata, Odofio, Tarmenin, Deifila, Gozuinda, Nomiranda, Duverl, Consifisin, Azulina y tantos otros? Yo he ido a este pueblo. El San Pedro viejo, que fuera fundado hace tantos aos, ya no existe. Slo quedan de l algunas ruinas a tres o cuatro cuadras del pueblo actual, hacia la caada, en un declive pronunciado del terreno. El San Pedro de hoy vive la agona de los pueblos que no saben qu hacer despus de haberlo hecho todo.D. Antonio Tula1D. Crisanto Gmez naci en El Alto en 1820. Estudi en el Seminario. Se cas en 1340 o 41 con Noem Btachieri Olmos y Aguilera. Se estableci en San Pedro despus de haber ejercido el cargo de Gobernador de Catamarca desde 1868 al 1371, falleciendo a los 65 aos el 13 de Agosto de 1885, siendo sepultado en el cementerio de San Pedro en el nicho N 25 de la tercera fila. D. Crisanto cobij a D. Gaspar Taboada en Bajo Hondo, casa de D. Ramn V. Espeche, situada 4 leguas al Sud de San Pedro. 2 Un caso semejante de seleccin se presenta en Brasil (Ro Formoso, donde un hidalgo holands, Gaspar Van Der Lev, del squito del conde Mauricio de Nassao, radicse en el extremo Sud de la Capitana, constituyendo el tronco de una familia que conserv una relativa pureza nrdica unindose sucesivamente entre los "miembros de la misma. Este "inbrereding:" consanguneo, determinado por el casamiento de primos con primas o tos con sobrinas, hecho ms por razones naturales y econmicas, que por exclusivismos sociales o raciales, origin en San Pedro de Choya curiosas y pintorescas deturpaciones (deformaciones, afeamientos, [RAE]) familiares como en uno de los casos en que la abuela materna resultaba prima hermana del yerno y la abuela paterna, en la misma familia, ta carnal de la abuela materna y ta segunda de sus nietos.2En San Pedro viva hace poco D. Antonio Tula3, era una excelente persona. D. Antonio era un caballero chapado a la antigua, un tradicionalista y no quera abandonar el viejo poblacho, su casona antigua. Todos los das al levantarse, se arreglaba cuidadosamente y se diriga a la estacin prxima, donde atenda su escritorio. Al trmino de su trabajo, D. Antonio volva a San Pedro, a su casa solariega. Yo he llegado una maana a esta casa y me he puesto a contemplar su alta fachada rosa y azul y sus gruesas columnas el relieve que sostienen la cornisa amplia, y el parapeto4 imponente. Y despus de ver las rejas que cierran el vano de sus ventanas y de trasponer un desmesurado portal, que da al zagun, ancho, espacioso, me han conducido a una amplia sala, donde han puesto mi dormitorio. Ser preciso decir que en este trnsito he visto ya el patio, vasto, abierto, lleno de luz, y que en este patio he visto tambin un jardinillo? Con las pupilas todava encandiladas por el sol he penetrado al aposento que me destinan. La familia Tula Gmez. He sentido un frescor de muros encalados y adustos en la penumbra atmsfera de la sala. Y, mientras me quitaba el polvo del tren, he ido mirando el ropero, con su luna ensombrecida por los aos; la cama ancha, pulcra; el velador con su lmpara de noche; la jarra colmada; el vaso transparente; y haciendo esquinero en un ngulo, el tocador monumental y la jofaina5 de loza y, aqu y all, un antiguo divn y algunas sillas. No es verdad que estos enormes aposentos, con sus muebles obscuros y severos, os sobrecogen e intimidan, sobre todo si echis, luego una mirada hacia arriba y veis el techo, altsimo, negruzco, sostenido por un artesonado de cabriadas, de soleras y de vigas, e imaginis el tejado, encima, agobiado por los aos con sus cenefas rotas, y los vientos, y los soles, y las lluvias, carcomindole poco a poco, royndole despaciosamente, mientras abajo la vida parece continuar inmutable? Y no habis pensado que estos vetustos aposentos os sobrevivirn y que estos techos resistirn ms all de vuestra muerte? A travs de las puertas, por entre la tablazn desportillada, se cuelan hilos de luz, rayas hirientes de un amarillo fulgido. Y he sentido deseos de salir y me he asomado al patio. El patio me parece, ahora, ms vasto, ms desmesurado, ms abierto, como si toda la quietud y la soledad de la campia se hubiesen refugiado en l, entre los altos paredones que lo circundan, bajo los arcos del corredor que descansan sobre gruesas pilastras cuadradas, o, simplemente, bajo el naranjo; bajo la tupida mata del jazmn o de la glicina. Sin embargo, este patio, era ms grande an. Una construccin moderna lo ha dividido en dos, cercenando la perspectiva del aljibe, de la cuadra o pesebre y de los aposentos interiores, que slo se alcanzan a travs de una cancela de hierro, donde se encuentra la cocina, de fogn humoso. He traspuesto el portal. Me, he asomado a la calle y he visto la plaza, obra de D. Deolinda Gmez de Tula. El paisaje, adusto, dormido, est inundado de sol. Son las diez, o las once, o las doce. La luz es intensa, clida, vibrante. La soledad inhspita. El silencio, denso, henchido de tedio. Por las amplias vas que circundan la plaza (plantada con algunos arbolillos, laureles y rosales) corre un aire fino, tenue, sutil. Estas vas son amplias. Estas vas estn desiertas y se internan pronto en el campo, donde el panorama es, si cabe, ms callado y solemne, donde hay quiebras de tierra violcea que el agua de la lluvia, al descender de la sierra, cava sinuosamente, dejando en el fondo un limpio manto de arena. Y, luego, estas vas anchurosas se ahilan 6 y desaparecen finalmente en un recuesto o tras de un arbolillo. He sentido una profunda, una callada emocin ante este pueblo desierto; ante estas casas blancas, rojizas, azules, con sus puertas cerradas; ante los verdes collados enmudecidos que descienden hasta la3vega; ante este pueblo despoblado donde an se levanta como un smbolo la casona de D. Antonio, recia, enhiesta, voluntariosa. Y mi emocin ha crecido al recordar a los que vivieron en este pueblo, en estas viejas casas, en aquellos tiempos en que las construyeron, amasando con el barro la esperanza y la fe: D. Crisanto, D. Indabor, D. Eufemio, D. Teodomira. D. Antonio, D. Flix, D. Delmira, D. Eulogia, D. Ermilio, D. Luis, D. Pastor, D. Raquel, D. Clemira. De ellos slo queda alguna casa, alguna ruina y de otros ni siquiera el recuerdo. San Pedro de Choya en el pasado siglo, fue el centro social de las estancias y de los puestos circunsvecinos, que existen todava, aunque un tanto abandonados, y que se llaman: Las Lomitas, El Palomar, San Bartolom, Los Chaaritos, La Verde, La Ensenada, El Divisadero, Santa Luca, El Simbolar, Casa Blanca, La Guardia y Ancajn; este ltimo que figura en la merced acordada al Capitn D. Joseph de Quiroga y Guzmn en 1734 y, que en el siglo pasado seala el lugar por donde penetran a Santiago las huestes de Lamadrid, que tantas depredaciones cometieron antes de trabarse en lucha con las fuerzas santiagueas del Gobernador D. Juan Felipe Ibarra. Y otros puestos ms, con sus represas naturales, enormes y bien abastecidas, que le dieron sus nombres: El Rincn, Bajo Hondo, Pozanccnes, Buenaventura, rbol solo, La Trinidad, Las Tejas y Cinco Pozos. El Ro Dulce, en sus desbordes, llegaba hasta la Meliaua y El Mercado, alimentando al Saladillo, que tomaba sus aguas ce estas lagunas. Millares de aves acuticas vivan y se reproducan en ellas. Las praderas eran inmensas. Los bosques, frondosos. Y en este ambiente vivieron los hijos de aquellos fundadores y siguieron viviendo sus nietos y bisnietos, con su corte de criados, de mensuales, de agregados, esclavos y domsticos, surgiendo de estos los artesanos: Toms Lobo, maestro albail, que en San Pedro construy las casas de D. Crisanto (hoy de los hijos de D. Antonio) y de D. Eufemio Gmez, que fue luego de D. Justo Tolosa Espeche; Juan Brandn. el platero; Jos Mara Gmez, "el nio", maestro zapatero de ordinario y Gaspar Pez; del mismo oficio, pero especializado en la manufactura de lujo, sin contar con Antonia, la panadera, y los comerciantes Herrera, Escobar y Eugenio Gmez, y otras mujeres dedicadas a la industria domstica de hilados y tejidos, con sus celebradas telas de barracn jaspeado para pantalones y las mantas y colchas multicolores y las entendidas en la confeccin de dulces y arropes o en la elaboracin de quesos y manjares diversos como eran aquellas comidas de estofados, pasteles y jigotes. All trabajaron y proliferaron las esforzadas familias choyanas en estos menesteres y en los de la ganadera y agricultura, y leudaron su riqueza. Y all se formaron en la abundancia y la mancomunidad social, esos ncleos rurales que seran luego, ejemplos de organizacin del rgimen de la Colonia y donde tuvo su gnesis el caudillismo argentino. De la regin de Maquijata, actualmente departamentos Choya y Guasayn, salieron los defensores seculares en nuestra lucha contra el indio, como lo atestigua el documento del 23 de Febrero de 1685, en el que el Procurador de la Ciudad de Santiago del Estero, D. Joseph Daz Casares, manifiesta su reconocimiento porque los que habitan en aquella parte que es la sierra de Maquixasta son las personas ms prontas a los socorros que se han dado y dan a la Frontera de Esteco y a todas las dems que se ofrecen del Real Servicio y est formada la Compaa con Capitn y Oficiales y en la presente ocasin estn alistadas y prevenidas en cumplimiento de la convocatoria general a la entrada que se trata de hacer al castigo de los indios mocoves de la Provincia del Chaco. De estos ncleos surgieron no slo los soldados y guerrilleros, cuatro hermanos Gmez son enviados a la defensa de Buenos Aires contra los ingleses con el contingente santiagueo y muchos otros actan en las guerras civiles7 sino la esposa y madre, figura simblica de la matrona castiza, que gobierna sin mandar, prolfica, severa, hacendosa, de temple y de carcter, formada en la moral de una religin sin abuso de confesonario, pero virtuosa, generosa, abnegada, caritativa, que sin mezclarse en los asuntos y afanes de su esposo -Al que permita holgadas libertades- le azuzaba para la conquista de un bienestar econmico-social, acompandole siempre en su esforzada lucha; esa mujer sencilla en la pobreza y lujosa en la prosperidad, buena y afable, pero que no abdicaba, an entre los suyos, de una exquisita solemnidad protocolar. De ese ambiente surgi tambin el hombre, poco demostrativo en sus afectos, pero apegado a la tierra, a la familia y a la amistad; ese choyano obsecado, orgulloso, seorn e intrpido, que mandaba porque siempre fue servido, porque no trabaj jams en menesteres artesanos y tena el empaque del espaol y era como l jactancioso, jugador, derrochn y mujeriego, con un fondo de reservas hidalgas y morales; que siendo campesino despreci siempre la bota, el chirip y el cuchillo, que no convivi como el gaucho con el caballo ni con la tradicin gauchesca, pero que tempranamente manej el revlver y se envaneci de hombra. Con estos elementos formse el pueblo de San Pedro. Se construyeron las casas y se erigi la capilla, de barro y teja, que dur hasta el ao 1870. De ellos surgi la sociedad que brillara a fines del pasado siglo, con sus saraos, bazares y festines, con sus lujos de alfombras y cortinados, con su despliegue de galas, de jaquets y levitones, con la4hermosura de sus mujeres profusamente enjoyadas y llenas de gracia, las cuales, entre valses, shotis, polcas y mazurkas, desplegaban el maravilloso arte de un refinamiento social trascendente. En esas fiestas y en las de la Virgen del Rosario (del 6 al 15 de Octubre) y de San Pedro (del 21 al 30 de Junio) aflua toda la poblacin de los puestos y de las haciendas, con su cortejo de criados y de sirvientes, se atiborraban las casas del pueblo que esplendan de luces y alegra, y en carnaval salan a relucir sorpresas de mariposas y monillos de pega, y lluvias de oro y micalinas bicoloras y volcanes de papel picado y huevos de agua florida A veces, la campana de la vieja capilla, doblaba a muerte y, entonces, toda esa gente senta un solo dolor y vesta un solo luto y aflua al pueblo silenciosa y formaba en el cortejo de los dolientes que se encaminaba hacia el pequeo cementerio de la aldea. Han pasado los aos. Las sequas, las lluvias, los vientos y las heladas, no pudieron vencer la voluntad mancomunada de los choyanos. La unidad haba triunfado siempre sobre las adversidades, pero un da atraves por esos campos el tren y se dej or el silbato de la mquina horadando el silencio, con su largo, agudo gemido. Y todos, como convocados por un hado malfico, dejaron sus campos .abandonaron sus haciendas, malvendieron sus bienes, ante el espejismo de la ganancia fcil del obraje. Era el progreso y San Pedro se despobl. El ferrocarril no pasaba por el pueblo, porque haba que cortar las tierras elevadas del alto de Quiscaya y fund nuevos pueblos a la orilla del riel. San Pedro empez a morir. Haba empezado la era de la explotacin forestal y el xodo. Son las diez, o las once, o las doce. He escuchado un chirrido. He visto pasar un carro cargado de lea y he vuelto a la realidad. La iglesia se levanta en el mismo solar de la capilla antigua. La iglesia tena una torre que no existe ya. La iglesia ostenta un frontis coronado por un tmpano. El tmpano, con su cruz en el vrtice, est sostenido por dos robustas columnas que forman tres arcos. La fachada presenta tambin algunas caladuras y mechinales y las campanas penden de un grueso leo y permanecen mudas, quietas, adormecidas, en esta inmensa mansedumbre, callada, dormida, de la maana. A uno y otro lado de esta iglesia se ven unas rejas de barrotes de hierro enmohecido. Y por una puertita desgonzada he penetrado al solar y he caminado entre pastizales y he sentido el fresco de una sombra de rbol. Luego, he mirado los muros carcomidos y las tejas mohosas de las construcciones vecinas y al fondo un aljibe de brocal todava enhiesto, pero rodo, desconchado, aflorando un polvillo rojizo y me he asomado y he visto su profundidad insondable, oscura, y en las paredes, unas telaraas y unos hierbajos. Sobre la tapia del lindero opuesto asoman el viejo tejado de un solar baldo, un cactus y, entre los restos vetustos de un paredn de adobe, un algarrobo, triste, desmelenado. Y ms all, la casona de D. Justo, construida en 1881, con los desages intiles que penden del saledizo8, y las paredes mohosas, con costurones, grietas y roturas. Al entrar a la iglesia he sentido una emocin de recuerdos hondamente guardados. Ah estn los altares mayor y de la Virgen del Valle. Aqul ha sido tocado por un rayo que le ennegreci su ptina de oro. Ah estn las imgenes de San Pedro, Predicador y Obispo, de San Antonio, de Santa Marta, de San Judas, del Corazn de Jess, de las vrgenes del Rosario y del Valle y de Santa Teresita. Ah estn los floreros y los candelabros y el pulpito callado, con una inscripcin que dice "Vctor Righetti, dona, fecit, 1898". A esta iglesia vinieron a prosternarse3 los- fieles de toda la comarca y en ella oficiaron misa numerosos sacerdotes, entre ellos aquel famoso fillogo italiano que se llam Miguel ngel Iossi, padre de la gramtica quichua. He penetrado a la sacrista, he abierto uno de los viejos muros parroquiales y he ledo al azar algunas partidas de defuncin, encontrando que durante la peste de clera de 1868 haban muerto D. Eladia Gmez, casada con D. Fermn Brizuela, D. Pedro Ignacio Gmez, hijo de D. Juan .Nicols Gmez y de D. Juana Petrona Espeche, avecindado en La Punta de las Higuerillas y personaje importante en la zona. He imaginado la sensacin de estupor que producira la noticia de su deceso, la capilla ardiente con susLa iglesia y la casona de huspedes.3prosternarse. (Etim. disc.). 1. prnl. Arrodillarse o inclinarse por respeto. [RAE]5velones humoso?, el velatorio a cargo de deudos, amigos, agregados, mensuales y esclavos y, luego, el triste cortejo, dirigindose al campo santo, mientras la campana difunda sobre la paz augusta de los montes y serranas quejumbroso son. En la sacrista hay una caja con herrajes herrumbrados. Esta caja contiene los ornamentos del culto. Hay tambin un armario, negruzco; una mesa con candelabros de bronce, chorreados por el esperma de las velas; algunas imgenes antiguas; uno que otro farol; unas andas y flores de papel. He continuado leyendo: D. Noem Bracheri Olmos de Gmez, esposa de Crisanto, muri en 1883; D. Melitona Brizuela de Tolosa, falleci en 1873; Flix Rosa Tolosa, un nio de 10 aos, hijo de D. Flix Rosa Tolosa y de D. Teresa Gmez, que muere en 1865. He sentido un poco de tristeza recordando todo lo que quedaba de esperanza inflorecida y trunca y pensando lo que quedaba tras de la muerte de tantos otros: afectos, riquezas, haciendas y campos. He seguido hojeando las amarillosas pginas. En 1885, siendo cura prroco D. Miguel ngel Mossi, muere Nicanor Gmez, hijo de D. Mara Juana Jerez y de D. Eufemio Gmez, y en el mismo ao el ex-Gobernador de Catamarca. D. Crisanto Gmez, hijo de D. Bernab y de Doa Francisca Antonia Molina. He salido. He cerrado tras de m la ancha portada. Y la Choya, -de ese San Pedro de otros tiempos, que no debe morir, como no ha muerto en la memoria de los pocos que no le abandonaron y siguen viviendo pegados a la tierra con la ilusin de asistir algn da a su nuevo despertar industrial y comercial. He entrado al pueblo cuando el sol caa a plomo. He sentido toda la tristeza de su agona, toda !a angustia de su muerte prxima, toda la soledad de su silencio. Choya, de ese San Pedro de otros tiempos, que no debe morir, como no ha muerto en la memoria de los pocos que no le abandonaron y siguen viviendo pegados a la tierra con la ilusin de asistir algn da a su despertamiento industrial y comercial. He entrado al pueblo cuando el sol caa a plomo. He sentido toda la tristeza de su agona, toda !a angustia de su muerte prxima, toda la soledad de su silencio. Fin del fragmento1vega.(De la voz prerromana *vaica). 1. f. Parte de tierra baja, llana y frtil. 2. f. Chile. Terreno muy hmedo. 3. f. Cuba y Ven. Terreno sembrado de tabaco. [RAE] 2 nsula. (Del lat. insla). 1. f. Lugar pequeo o gobierno de poca entidad, a semejanza del encomendado a Sancho en el Quijote. [RAE] 3 Las fotografas de la familia Tula Gmez han sido suministradas -con gran amabilidad- por LEGT. 4 parapeto. (Del it. parapetto). 1. m. Arq. Pared o baranda que se pone para evitar cadas, en los puentes, escaleras, etc. 2. m. Mil. Terrapln corto, formado sobre el principal, hacia la parte de la campaa, que defiende de los golpes enemigos el pecho de los soldados. [RAE] 5 jofaina. (Cf. aljofaina). 1. f. Vasija en forma de taza, de gran dimetro y poca profundidad, que sirve principalmente para lavarse la cara y las manos. [RAE] 6 ahilar. (Del lat. *affilre, de filum, hilo). 1. intr. Ir uno tras otro formando hilera. 2. prnl. Padecer desfallecimiento o desmayo por falta de alimento. 3. prnl. Adelgazarse por causa de alguna enfermedad. 4. prnl. Dicho de una planta: Criarse dbil por falta de luz. 5. prnl. Dicho especialmente de la levadura o del vino: Hacer hebra por haberse maleado. 6. prnl. Dicho de un rbol: Criarse alto, derecho y limpio de ramas por estar muy junto con otros, lo cual se procura a veces artificialmente para obtener la madera de hilo. MORF. Se conjuga como aislar. [RAE]7Relacionados con estas guerrillas y montoneras transcribimos algunos documentos interesantes: Carta de D. Toms Arlas al Gobernador de Santiago D. Manuel Taboada,, desde Salta. Marzo 28 de 1853: "Felicito a Ud. por la captura que han hecho los choyanos de uno de los asesinos del Capitn D. Ignacio Gmez". 8 saledizo, za. 1. adj. saliente (o que sobresale). 2. m. Arq. Parte que sobresale de la pared maestra. [RAE]