Insigne y Nacional Basílica de Santa María de ?· Insigne y Nacional Basílica de Santa María de…

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    26-Sep-2018

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  • Insigne y Nacional Baslica de Santa Mara de Guadalupe

    www.virgendeguadalupe.org.mx

    Homila pronunciada por S. E. Mons. Constancio Miranda Weckman, Arzobispo

    de la Arquidicesis de Chihuahua, con motivo de la peregrinacin anual de

    dicha arquidicesis a la Baslica de Guadalupe.

    27 de julio de 2017

    Queridos hermanos sacerdotes de las diversas parroquias de nuestra

    arquidicesis. Monseor Luis Carlos Lerma Martnez, Vicario General de la

    Arquidicesis y Prroco del Santuario de Guadalupe all en la Sede Episcopal.

    Padre Alejandro Trujillo Daz, Director de la Peregrinacin Anual de la

    Arquidicesis aqu al Tepeyac.

    Queridos padres, queridos sacerdotes, queridos seminaristas, hermanas

    religiosas, pertenecientes a los distintos institutos de la Vida Consagrada que

    hay en nuestra iglesia particular.

    Fieles peregrinos que a travs -por lo menos del ao- han ido pensando en

    este momento tan soado -o a lo mejor ms tiempo- y que ahora nuestra

    Madrecita del Tepeyac nos ha dado y les ha dado a ustedes la oportunidad de

    venir a festejarla, a celebrar los misterios de su Hijo Jess, aqu en nuestra

    casa comn, la Baslica de nuestra Seora de Guadalupe.

    Una vez ms, como lo hacemos cada ao, la Arquidicesis de Chihuahua est

    ante tus plantas, Madrecita de Guadalupe, aqu en tu Casita del Tepeyac.

    Animados por una hermosa tradicin, que se mantiene viva a travs de los

    aos, venimos peregrinando desde lejanas tierras norteas, atrados por tu

    amor.

    Esta experiencia de peregrinacin nos brinda la oportunidad, de renovar

    nuestra fe y de crecer en ella, de ahondar en el conocimiento de Jesucristo, tu

    Hijo, de amarlo y seguirlo con todo el corazn y con toda el alma como

    discpulos fieles suyos.

    Santa Mara de Guadalupe, es la Estrella de la Evangelizacin que gua

    nuestros pasos. Ella nos ha congregado y nos lleva de la mano al encuentro de

    su Hijo, nuestro Salvador.

    Qu hermoso contemplar en el rostro mestizo de esta bellsima imagen,

    plasmada portentosamente en el ayate del indio San Juan Diego, contemplar a

    la Llena de Gracia, a la que es Bendita entre Todas las Mujeres; nuestra

  • medianera, porque por Ella vino a nosotros Jess, y por Ella podemos

    acercarnos al que es ''Camino, Verdad y Vida". A la Guadalupana le debemos el

    ser un pueblo creyente, un pueblo cristiano.

    Hoy venimos a pedirle que nos ayude a seguir viviendo como fieles seguidores

    de Jess, cumplidores de sus enseanzas y mandatos. Al pasar los aos, el

    tiempo que han transcurrido nos hace cada da ms agradecidos no slo por su

    Bendita Imagen que qued impresa en el humilde ayate de san Juan Diego,

    sino tambin por su mensaje de esperanza. Sus palabras y su preocupacin

    maternal resuenan en nuestros odos con la misma frescura de aquellos das

    de diciembre de 1531: "No estoy yo aqu que soy tu Madre?, Acaso no ests

    en mi regazo?".

    Toda la intencin y el sentido de las palabras y del proceder de Mara quedaron

    expresadas en su Bendita Imagen, signo especialsimo de su mensaje y de su

    accin evangelizadora.

    En la presencia de la Imagen, vemos simbolizada su continua intervencin que

    evangeliza a nuestro pueblo, que robustece su fe y anima su piedad. En la

    apariencia mestiza, la Virgen expresa su intencin de unir las dos razas y

    culturas.

    Santa Mara de Guadalupe ha presidido los acontecimientos histricos y ha

    remediado las grandes calamidades. La Virgen congrega en torno suyo con

    sus palabras que estn escritas en el Nican Mopohua del indio Valeriano- a los

    "moradores de esta tierra y a los dems amadores suyos que, olvidndose de

    odios y venganzas, y superadas las miserias y opresiones, se sienten unidos en

    mutua e ntima comprensin.

    As como puso su mirada en un indito humilde para ser portador de su

    mensaje y de su amor, quiere ahora confiar en cada uno de nosotros para que

    en medio de nuestra pobreza y de nuestra pequeez podamos dar testimonio

    con nuestra vida de la ternura, que es signo de Cristo Salvador.

    La autntica devocin mariana, la autntica devocin a la Virgen de Guadalupe

    ser plena cuando se haga realidad su deseo de un templo vivo construido en

    el corazn de cada persona, en donde habite la justicia, la paz y la fraternidad.

    Tenemos el compromiso, hermanos peregrinos, de colaborar en la realizacin

    de ese su anhelo, desterrando de entre nosotros todo lo que pueda ser motivo

    de afliccin, superando divisiones y envidias, y venciendo la violencia con la

    fuerza de la mansedumbre.

    Tenemos una misin, no rehuyamos por pereza o cobarda; es la Virgen

    Morena quien nos lo pide, como a San Juan Diego, que vayamos a cumplir su

    encomienda Qu le encomend?: "Quiero que seas mi embajador muy digno

    de confianza. Qu te aflige?, No estoy yo aqu que soy tu Madre?".

    A dondequiera que vayamos habr un campo que cultivar, personas a quienes

    ayudar dando un testimonio alegre y convencido. Dondequiera podremos,

  • unidos a Dios y protegidos por Mara, ser "luz del mundo y sal de la tierra"

    (cf.Mt.5, 13-16).

    Todos tenemos un pequeo crculo en el que nos movemos, nuestro pequeo

    mundo de la familia, de los amigos, de los compaeros de trabajo, de un

    mundo en el que, aunque no lo pretendemos, damos continuamente testimonio

    con el ejemplo de nuestra conducta, con nuestras palabras y decisiones.

    El mundo de las parroquias, el mundo de las comunidades, el mundo de la

    arquidicesis es el mundo que, si lo comparamos con todo el universo es

    pequeo, no en el sentido de cantidad o de geografa, sino en el sentido que el

    Seor obra, precisamente, all en lo que dijo, en lo sencillo, en lo pequeo, en

    lo humilde.

    En este pequeo mundo s podemos influir de tal manera que desaparezcan de

    l, de ese crculo en que nos movemos, el egosmo y la injusticia, hagamos

    que reine en nuestro ambiente la paz que tanto deseamos no slo para nuestro

    Estado, que est asomado, est tocado por la violencia, a todo Mxico algo le

    pasa. Nosotros podemos hacer que reine, empezando por las gentes que estn

    en torno nuestro, en nuestro corazn primero y luego en nuestros prjimos

    cercanos que reine la paz y la hermandad cristiana, el entendimiento y la

    fraternidad, el perdn, la solicitud, la alegra, el gozo, la esperanza de ser hijos

    de Mara de Guadalupe.

    Transformar y llenar de Cristo a nuestro pequeo mundo con nuestra influencia

    personal, claro con la accin del Espritu Santo que vive en nosotros, nunca por

    nuestras fuerzas, sino por la fuerza del Espritu que vive en nosotros. Eso cae

    dentro de nuestras posibilidades, algo que nosotros podemos realizar y al venir

    peregrinando lo hemos manifestado.

    Queremos colaborar en la construccin de un mundo nuevo, de la Iglesia como

    Cristo la ha fundado. Este compromiso ineludible es y brota de que estamos

    bautizados, brota de nuestra fe, es el compromiso que contrajimos el da de

    empezar a caminar en la vida de Dios, en la afiliacin divina, precisamente, por

    la accin del primer sacramento del Bautismo.

    Quiero terminar con aquellas mismas palabras que san Juan Pablo II le

    pronunci aqu en su Casita del Tepeyac en enero de 1979 a la Virgen de

    Guadalupe: "Madre de misericordia, Madre del sacrificio escondido y silencioso,

    a Ti, que sales al encuentro de nosotros, los pecadores, te consagramos en

    este da todo nuestro ser y todo nuestro amor.

    "Te consagramos tambin nuestra vida, nuestros trabajos, nuestras alegras,

    nuestras enfermedades y nuestros dolores. Da la paz, la justicia y la

    prosperidad a nuestros pueblos; ya que todo lo que tenemos y somos lo

    ponemos bajo tu cuidado. Seora y Madre nuestra".

    "Queremos ser totalmente tuyos y reconocer contigo el camino de una plena

    fidelidad a Jesucristo en su Iglesia: no nos sueltes de tu mano amorosa".

  • Y hoy podemos decir, porque a eso hemos venido, a manifestar nuestro cario,

    a nuestra querida Madre, a decirle:

    Bendice, Madre querida, abundantemente a toda nuestra Arquidicesis de

    Chihuahua!

    Bendice sus aspiraciones por querer ser una familia en que reine tu Hijo

    Jesucristo!

    Que el proyecto diocesano de pastoral, con la operatividad que nos hemos

    propuesto en este ao y poco ms, lo hagamos factible, lo hagamos real

    poniendo a trabajar las ocho comisiones diocesanas en cada una de nuestras

    parroquias y comunidades. Comunidades cristianas, geogrficas, comunidades

    religiosas, comunidades de los grupos apostlicos, comunidad del seminario,

    comunidad de la dicesis. Y as lograremos hacer que nuestra vida pastoral

    unida al querer y a la accin del Espritu de Dios d gloria, precisamente, a su

    santo nombre, al Padre Bueno que est en el cielo.

    Hemos venido Madrecita y nuestro corazn est henchido cuando estamos en

    tu casa y vindote de corazn a corazn, de nuestros ojos a los tuyos, a

    pedirte muchas cosas, a agradecerte ms.

    Queremos depositar en tus manos maternales y en tu corazn de Madre

    nuestras aflicciones, nuestros miedos, nuestras angustias, nuestras

    enfermedades, nuestras peticiones y las de nuestros hermanos que nos

    encargaron, que por no poder venir, ellos nos han dicho: llvale esto, llvale lo

    otro, aqu te lo dejamos Madre. Sabemos que est en las mejores manos,

    porque de ah van a tu Hijo Jesucristo, l que hace el milagro, l que realiza la

    transformacin, l que hace de nosotros una comunidad en familia, que segura

    va tras los pasos del Maestro.

    Te bendecimos, te alabamos, te glorificamos devotamente. Y en este da de

    una manera fsica y manifiesta, los aos que por intercesin tuya nos conceda

    tu Hijo Jesucristo sobre la tierra.

    Bien, pues, no tenemos nada ms que decirte, ni siquiera nos queremos retirar

    de tu casa, nuestra casa, pero sabemos que no nos retiramos, porque en cada

    corazn de los aqu presentes est construido y queremos perfeccionar un

    templo vivo como tu deseo se lo manifestaste a san Juan Diego.

    Por eso juntos queremos decirte, a voz en cuello, viendo tu imagen: (todos)

    Dios te salve, Reina y Madre de misericordia,

    vida, dulzura y esperanza nuestra.

    Dios te salve, a Ti llamamos los desterrados hijos de Eva,

    a Ti suspiramos, gimiendo y llorando en este valle de lgrimas.

    Ea, pues, Seora abogada nuestra,

    vuelve a nosotros tus ojos misericordiosos,

    y despus de este destierro, mustranos a Jess,

    fruto bendito de tu vientre.

  • Oh, clemente! Oh piadosa! Oh dulce Virgen Mara!

    Ruega por nosotros, Santa Madre de Dios,

    para que seamos dignos de alcanzar las promesas de nuestro Seor Jesucristo.

    Amn.

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