INFANCIA DE LA VIRGEN MARÍA - ?· INFANCIA DE LA VIRGEN MARÍA Y SAN JOSÉ Revelaciones de Jesús a…

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    21-Sep-2018

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  • INFANCIA DE LA VIRGEN MARAY SAN JOSRevelaciones de Jess a la Beata Ana Catalina Emmerick

    I Los ascendientes de Mara SantsimaII Ascendientes de Santa AnaIII San Joaqun y Santa AnaIV La Santa e Inmaculada Concepcin de MaraV La visin de JoaqunVI Joaqun recibe el misterio del Arca de la AlianzaVII Encuentro de Joaqun y AnaVIII El misterio de la Inmaculada ConcepcinIX Anuncio del MesasX Imgenes de la Inmaculada ConcepcinXI Misterios de la vida de MaraXII Vspera de la Natividad de Nuestra SeoraXIII Oraciones para la fiesta del Nacimiento de MaraXIV Natividad de La Virgen SantsimaXV La Natividad de Mara en el OrbeXVI Anuncio del Nacimiento de Mara VirgenXVII La Nia recibe el dulce Nombre de MaraXVIII Preparativos para la presentacin de Mara en el TemploXIX Partida al Templo de JerusalnXX JerusalnXXI Presentacin de la Nia Mara en el TemploXXII Mara en el TemploXXIII El nacimiento de Juan es anunciado a ZacarasXXIV Infancia y juventud de San JosXXV Desposorio de la Virgen Mara con San JosXXVI El anillo nupcial de MaraXXVII La Casa de Nazaret y XXVIII Traslado de La santa casa de Nazaret a Loreto

    ILos ascendientes de Mara Santsima

    Los antepasados de Santa Ana fueron Esenios. Estos piadossimos hombres descendan de aquellos sacerdotes que en tiempos de Moiss y Aarn tenan el encargo de llevar el Arca de la Alianza, los cuales recibieron, en tiempos de Isaas y Jeremas, ciertas reglas de vida. Al principio no eran numerosos. Ms tarde vivieron en Tierra Santa reunidos en una extensin como de millas de largo y de ancho, y slo ms tarde se acercaron a las regiones del Jordn. Vivan principalmente en el monte Horeb y en el Carmelo.

  • En los primeros tiempos, antes que Isaas los reuniese, vivan desparramados, entregados a la penitencia. Llevaban siempre los mismos vestidos y no los remendaban, no cambindolos hasta que se les caan de puro viejos. Vivan en estado de matrimonio, pero con mucha pureza de costumbres. A veces, de comn acuerdo, se separaban hombre y mujer, y vivan cierto tiempo entregados a la oracin. Cuando coman estaban separados los hombres de las mujeres; coman primero aqullos y cuando se alejaban los hombres, lo hacan las mujeres.

    Ya desde entonces haba, entre estos judos, antepasados de Ana y de la Sagrada Familia. De ellos tambin derivan los llamados hijos de profetas. Vivan en el desierto y en los alrededores del monte Horeb. En Egipto tambin he visto a muchos de ellos. Por causa de las guerras estuvieron un tiempo alejados del monte Horeb; pero fueron nuevamente recogidos por sus jefes. Los Macabeos pertenecieron tambin a ellos. Eran grandes veneradores de Moiss: tenan un trozo de vestido de l, que ste haba dado a Aarn y que les haba llegado en posesin. Era para ellos cosa sagrada, y he visto que en cierta ocasin unos quince murieron en lucha por defender este sagrado tesoro.

    Los jefes de los Esenios tenan conocimiento del misterio encerrado en el Arca de la Alianza. Los que permanecan clibes formaban una agrupacin aparte, una orden espiritual, y eran probados largamente durante varios aos antes de ser admitidos. Los jefes de la orden los reciban por mayor o menor tiempo, segn la inspiracin que reciban de lo alto. Los Esenios que vivan en matrimonio observaban mucho rigor entre ellos y sus mujeres e hijos, y guardaban la misma relacin, con los verdaderos Esenios, que los Terciarios Franciscanos respecto a la Orden Franciscana. Solan consultar todos sus asuntos al anciano jefe del monte Horeb. Los Esenios clibes eran de una indescriptible pureza y piedad. Llevaban blancas y largas vestiduras, que conservaban perfectamente limpias. Se ocupaban de educar a los nios.

    Para ser admitidos en la orden deban contar, por lo menos, catorce aos de edad. Las personas de mucha piedad eran probadas por slo un ao; los dems por dos. Vivan en perfecta pureza y no ejercan el comercio; lo que necesitaban para el sustento lo obtenan cambiando sus productos agrcolas. Si un Esenio faltaba gravemente, era arrojado de la orden, y esta excomunin era seguida generalmente de castigo, como en el caso de Pedro con Ananas, es decir, mora. El jefe saba por revelacin divina quin haba faltado gravemente. He visto que algunos deban slo hacer penitencias: se ponan un saco muy tieso, con los brazos extendidos, que no podan doblar, y el interior lleno de puntas agudas.

    Tenan sus cuevas en el monte Horeb. En una cueva mayor se haba acomodado una sala de mimbre donde a las once reunanse todos para la comida en comn. Cada uno tena delante un pequeo pan y un vaso. El jefe iba de uno a otro, bendiciendo los panes. Despus de la refeccin cada uno volva a su celda. En esa sala vi un pequeo altar, y sobre l panes bendecidos cubiertos, que luego se distribuan a los pobres. Posean muchas palomas tan mansas que picoteaban en las manos. Coman de estas palomas, y supe que tenan algn culto religioso por medio de ellas, porque decan algo sobre las aves y las dejaban volar. De la misma manera he visto que decan algo sobre corderos, que luego dejaban vagar por el desierto.

    Tres veces al ao iban al templo de Jerusaln. Tenan sacerdotes entre ellos, que cuidaban de las vestiduras sagradas, a las cuales purificaban, hacan de nuevo y

  • costeaban su hechura. Se ocupaban de agricultura, de ganadera y especialmente de cultivar huertas. El monte Horeb estaba lleno de jardines y rboles frutales, en medio de sus chozas y viviendas. Otros tejan con mimbres o paos, o bordaban y adornaban vestiduras sacerdotales. La seda no la usaban para s: la llevaban atada al mercado y la cambiaban por productos. En Jerusaln tenan un barrio especial para ellos y an en el templo un lugar reservado.

    Los judos comunes no congeniaban con ellos. Vi llevar al templo ofrendas como uvas de gran tamao, que cargaban dos hombres, atravesadas en un palo. Llevaban corderos, que no eran sacrificados, sino que se dejaban correr libremente. No los he visto ofrecer sacrificio cruento. Antes de partir para el templo se preparaban con la oracin, riguroso ayuno, disciplinas y otras penitencias. Quien se acercaba al templo con pecados no satisfechos penitencialmente tema ser castigado con muerte repentina, cosa que a veces suceda. Si en el camino a Jerusaln encontraban a un enfermo o necesitado, no proseguan su camino hasta no haber ayudado al desvalido.

    Los he visto juntar yerbas medicinales, preparar bebidas y curar enfermos con estos medios: les imponan las manos o se tendan con los brazos extendidos sobre los mismos enfermos. Los he visto sanar a veces a la distancia. Los enfermos que no podan acudir, mandaban algn mensajero, en el cual hacan todo lo que el enfermo verdadero necesitaba, y ste sanaba en el mismo instante.

    IIAscendientes de Santa Ana

    En tiempo de los abuelos de Ana era jefe de los Esenios el anciano Arcos. Este hombre tena visiones en la cueva de Elas, en el monte Horeb, referentes a la venida del Mesas. Saba de qu familia deba nacer el Mesas. Cuando Arcos tena que profetizar sobre los antepasados de Ana, vea que el tiempo se iba acercando. Ignoraba, empero, que a veces se retardaba e interrumpa el orden por el pecado, y por cunto tiempo era la tardanza. Sin embargo, exhortaba a la penitencia y al sacrificio. El abuelo de Ana era un Esenio que se llamaba Estolano antes de su matrimonio. Por su mujer y por las posesiones de sta, se llam despus Garesha o Sarziri.

    La abuela de Ana era de Mara, en el desierto, y se llamaba Moruni o Emorn, esto es, madre excelsa. Se uni con Estolano por consejo del profeta Arcos, que fue jefe de los Esenios por noventa aos, y era un santo varn con quien siempre se aconsejaban antes de contraer matrimonio, para or su palabra y acertar en la eleccin. Me extraaba ver que estos santos hombres y profetas siempre profetizaban sobre descendencia de mujeres y que los antepasados de Ana y la misma Ana tenan siempre hijas mujeres. Pareca que fuera su intento religioso preparar recipientes puros, que deban dar hijos santos, como el Precursor, el Salvador, los apstoles y los discpulos.

    He visto que Emorn, antes de su casamiento, fue a consultar a Arcos. Tuvo que entrar en la sala de reunin, en el monte Horeb, en un lugar sealado y hablar, a travs de una reja, con el jefe supremo, como se usa en el confesionario. Despus se encamin Arcos por muchos escalones a lo alto del monte Horeb, donde estaba la cueva de Elas. La

  • entrada era pequea y unas gradas llevaban hacia abajo. La cueva estaba limpia y aseada y la luz entraba en el interior por una abertura superior. He visto, contra la pared, un pequeo altar de piedra, y sobre l, la vara de Aarn y un cliz brillante como hecho de piedra preciosa. En este cliz estaba depositada una parte del sacramento o misterio del Arca de la Alianza. Los Esenios haban adquirido este tesoro en ocasin en que el Arca haba cado en manos de los enemigos. La vara de Aarn estaba guardada en una vaina en forma de arbolito con hojas amarillas alrededor.

    No podra decir si el arbolito era verdadero o slo un trabajo artstico, como una raz de Jess. Cuando rezaba el superior de los Esenios, por causa de un casamiento, tomaba la vara de Aarn en sus manos. Si la unin se refera a la genealoga de Mara Virgen, la vara daba un brote y ste varias floraciones con la seal de la eleccin. Los antepasados de Ana fueron elegidos brotes de esta genealoga, y sus hijas lo fueron por medio de estas seales, las cuales daban otros brotes cuando estaban por contraer matrimonio. Este arbolito con sus retorcidas ramas, era como el rbol genealgico, como la raz de Jess, mediante el cual se poda conocer, segn lo que hubiera crecido, la proximidad del nacimiento de Mara. Haba all otros pequeos arbustos en tarros, sobre el altar, los cuales tenan significacin cuando reverdecan o se agostaban. En torno de las paredes haban espacios guardados por rejillas, donde se conservaban, envueltos en seda y lana, huesos de antiguos santos varones israelitas que haban vivido y muerto en el monte y en los alrededores.

    Tambin en las mismas cuevas de los Esenios vi semejantes huesos delante de los cuales rezaban, ponan flores o encendan lmparas. Arcos se revesta al modo de los sacerdotes del templo, cuando oraba en la cueva de Elas. Su vestidura se compona de ocho partes. Primero se pona sobre el pecho un vestido que haba llevado Moiss: una especie de escapulario, que tena una abertura para el cuello y caa en igual largo sobre el pecho y las espaldas. Sobre esto se pona un alba blanca de seda, ceida con un cngulo ancho y una estola cruzada sobre el pecho que le llegaba hasta las rodillas.

    Luego se pona una especie de casulla de seda blanca, que por detrs llegaba hasta el suelo, con dos campanillas en la parte inferior. Sobre el cuello llevaba una especie de corbata tiesa, cerrada por delante con botones. Su larga barba descansaba sobre esta corbata. Por ltimo se pona un pequeo manto brillante de seda blanca, que se cerraba por delante con tres garfios con piedras, sobre los cuales haba letras o signos grabados. De ambos hombros colgaba una especie de piedras preciosas en nmero de seis, algunas tambin grabadas. En medio de la espalda haba un escudo con signos y letras. En el manto se vean flecos, borlas y frutos. En el brazo llevaba un manpulo. La mitra era de seda blanca arrollada a modo de turbante y terminada en un adorno de seda que tena en la frente una plancha de oro con piedras preciosas.

    Arcos rezaba postrado o echado sobre el suelo delante del altar. Vi que tuvo una visin en la cual vio que sala de Emorn un rosal de tres ramas. En cada rama haba una rosa y la rosa de la segunda rama estaba sealada con una letra. Tambin vio a un ngel que escriba una letra en la pared. A raz de esto declar Arcos a Emorn que deba casarse con el sexto pretendiente que tendra una hija, con una seal, que sera un vaso de eleccin de la cercana promesa. Este sexto pretendiente era Estolano. No vivieron mucho tiempo en Mara, sino que pasaron a Efrn.

  • He visto tambin a sus hijas Emerencia e Ismeria consultar al anciano Arcos, el cual les aconsej el casamiento porque eran ellas tambin vasos elegidos para la prxima promesa. La mayor, Emerencia, casse con un Levita de nombre Afras y fue madre de Isabel , madre, a su vez, de Juan el Bautista.

    Otra hija de Estolano se llam Enu. Ismeria fue la segunda hija de Estolano y Emorn. Esta tuvo en su nacimiento la seal que dijo Arcos haber visto en la segunda rosa en su visin de Emorn. Ismeria cas con Eliud, de la tribu de Lev. Eran de condicin noble y ricos de bienes. Lo he visto esto en la vasta economa de la casa. Tenan mucho ganado, pero todo pareca que lo destinaban para los pobres y no para s mismos. Vivan en Sforis, a seis horas lejos de Nazaret, donde posean una heredad. Tenan una posesin en el valle de Zabuln, adonde iban en los tiempos buenos del ao y donde Eliud fij su residencia despus de la muerte de su mujer Ismeria. En el mismo valle se haba establecido el padre de Joaqun con su familia. La piadosa educacin que haba tenido Estolano y Emorn pas a su hija Ismeria y a Eliud.

    La primera hija de Ismeria se llam Sobe. sta se cas ms tarde con Salomn, y fue la madre de Mara Salom, que se cas con Zebedeo, padre de los apstoles Santiago el Mayor y Juan. Como no llevase Sobe la seal dicha por Arcos se contristaron mucho los padres y fueron al monte Horeb, a ver al profeta, quien les impuso oracin y sacrificio, y los consol. Por espacio de dieciocho aos no tuvieron hijos, hasta el nacimiento de Ana. Tuvieron entonces ambos una visin nocturna. Ismeria vio a un ngel que escriba una letra en la pared, junto a su lecho. Cont esto a su marido, que haba visto lo mismo, y ambos vieron la letra al despertar. Era la letra M que Ana haba trado al mundo al nacer, grabada en el bajo vientre. Los padres amaban a Ana de una manera particular.

    He visto a la nia Ana: no era hermosa en grado notable, pero s ms que otras nias de su edad. No fue de ningn modo tan hermosa como lo fue Mara; pero era muy sencilla, inocente y piadosa. As la he visto en todo tiempo, como joven, como madre, como anciana, de manera que cuando veo a una campesina realmente sencilla, pienso siempre: Esta es como Ana.

    Ana fue llevada a la edad de cinco aos al templo, como ms tarde Mara. Vivi doce aos all y a los diecisiete volvi a su casa. Entre tanto tuvo su madre una tercera hija, llamada Maraha, y Ana encontr a su vuelta a un hijo de su hermana mayor Sobe, llamado Eliud.

    Maraha consigui ms tarde la posesin de la casa paterna, en Sforis, y fue madre de los discpulos Arastaria y Cocharia. El joven Eliud fue ms tarde marido segundo de la viuda de Naam, Maroni. Un ao despus enferm Ismeria y muri. Desde el lecho de dolor hizo venir a su presencia a todos los de la casa, los exhort y aconsej y design a Ana como ama de casa despus de su muerte. Luego habl con Ana y le dijo que deba casarse, pues era un vaso de eleccin y de promesa.

    IIISan Joaqun y Santa Ana

  • Un ao y medio ms tarde se cas Ana con Hel o Joaqun, tambin por un aviso proftico del anciano Arcos. Hubiera debido casar con un levita de la tribu de Aarn, como las dems de su tribu; pero por la razn dicha fue unida con Joaqun, de la tribu de David, pues Mara deba ser de la tribu de David. Haba tenido varios pretendientes y no conoca a Joaqun; pero lo prefiri a los dems por aviso de lo alto. Joaqun era pobre de bienes y era pariente de San Jos. Era pequeo de estatura y delgado, era hombre de buena ndole y de atrayentes maneras. Tena, como Ana, algo de inexplicable en s.

    Ambos eran perfectos israelitas y haba en ellos algo que ellos mismos no conocan: un ansia y un anhelo del Mesas y una notable seriedad en su porte. Pocas veces los he visto rer, aunque no eran melanclicos ni tristes. Tenan un carcter sosegado y callado, siempre igual y an en edad temprana llevaban la madurez de los ancianos.

    Fueron unidos en matrimonio en un pequeo lugar donde haba una pequea escuela. Slo un sacerdote asisti al acto. Los casamiento eran entonces muy sencillos; los pretendientes se mostraban en general apocados; se hablaban y no pensaban en otra cosa sino que as deba ser. Deca la novia "s", y quedaban los padres conformes; deca, en cambio, "no", teniendo sus razones, y tambin quedaban los padres de acuerdo.

    Primeramente eran los padres quienes arreglaban el asunto; a esto seguase la conversacin en la sinagoga. Los sacerdotes rezaban en el lugar sagrado con los rollos de la ley y los parientes en el lugar acostumbrado. Los novios se hablaban en un lugar aparte sobre las condiciones y sus intenciones; luego se presentaban a los padres. stos hablaban con el sacerdote que sala a escucharlos, y a los pocos das se efectuaba el casamiento.

    Joaqun y Ana vivan junto a Eliud, el padre de Ana. Reinaba en su casa la estricta vida y costumbre de los Esenios. La casa estaba en Sforis, aunque un tanto apartada, entre un grupo de casas, de las cuales era la ms grande y notable. All vivieron unos siete aos. Los padres de Ana eran ms bien ricos; tenan mucho ganado, hermosos tapices, notable menaje y siervos y siervas. No he visto que cultivasen campos, pero s que llevaban el ganado al pastoreo.

    Eran muy piadosos, reservados, caritativos, sencillos y rectos. A menudo partan sus ganados en tres partes: daban una parte al templo, adonde lo llevaban ellos mismos y que eran recibidos por los encargados del templo. La otra parte la daban a los pobres o a los parientes necesitados, de los cuales he visto que haba algunos all que los arreaban a sus casas. La tercera parte la guardaban para sus necesidades. Vivan muy modestamente y daban con facilidad lo que se les peda. Por eso yo pensaba en mi niez: "El dar produce riqueza; recibe el doble de lo que da".

    He visto que esta tercera parte siempre se aumentaba y que muy luego estaban de nuevo con lo que haban regalado, y podan partir de nuevo su hacienda entre los dems. Tenan muchos parientes que solan juntarse en las solemnidades del ao. No he visto en estas fiestas derroche ni exceso. Daban una parte de la comida a los pobres. No he visto verdaderos banquetes entre ellos. Cuando se encontraban juntos se sentaban en el suelo entre tapetes, en rueda, y hablaban mucho de Dios con grandes esperanzas. A veces haba entre los parientes gente no tan buena que miraba mal estas conversaciones y cmo dirigan los ojos a lo alto y al cielo. Sin embargo, con estos malos, ellos se mostraban buenos y les daban el doble. He visto que estos mal criados exigan con

  • tumulto y pretensiones lo que Joaqun y Ana daban de buena voluntad. Si haba pobres entre su familia les daban una oveja o a veces varias.

    En este lugar tuvo Ana su primera hija, que llam tambin Mara. He visto a Ana llena de alegra por el nacimiento de esta nia. Era una nia muy amable; la he visto crecer robusta y fuerte, pero muy piadosa y mansa. Los padres la queran mucho. Tenan, sin embargo, una inquietud que yo no entenda bien: les pareca que ella no era la nia prometida (de la visin del profeta) que deban esperar de su unin. Tenan pena y turbacin como si hubiesen faltado en algo contra Dios. Hicieron larga penitencia, vivieron separados uno de otro y aumentaron sus obras de caridad. As permanecieron en la casa de Eliud unos siete aos, lo que pude calcular en la edad de la primera nia, cuando terminaron de separarse de sus padres y vivir en el retiro para empezar de nuevo su vida matrimonial y aumentar su piedad para conseguir la bendicin de Dios.

    Tomaron esta resolucin en casa de sus padres y Eliud les prepar las cosas necesarias para el viaje. Los ganados eran divididos, separando los bueyes, asnos y ovejas; estos animales me parecan ms grandes que los de nuestro pas. Sobre los asnos y bueyes fueron cargados utensilios, recipientes y vestidos. Estas gentes eran tan diestras en cargarlos, como los animales en recibir la carga que les ponan. Nosotros no somos tan capaces de cargar mercaderas sobre carros como eran diestros stos en cargar sus animales. Tenan hermoso menaje: todos sus utensilios eran mejores y ms artsticos que los nuestros. Delicados jarrones de formas elegantes, sobre los cuales haba lindos grabados, eran empaquetados, llenndolos con musgo y envueltos diestramente; luego eran sujetados con una correa y colgados del lomo de los animales. Sobre las espaldas de los animales colocaban toda clase de paquetes con vestimentas de multicolores envoltorios, mantas y colchas bordadas de oro. Eliud les dio a los que partan una bolsita con una masa pequea y pesada, como si fuera un pedazo de metal precioso.

    Cuando todo estuvo en orden acudieron siervos y siervas a reforzar la comitiva y arreaba los animales cargados delante de s hacia la nueva vivienda, la cual se encontraba a cinco o seis horas de camino. La casa estaba situada en una colina entre el valle de Nazaret y el de Zabuln. Una avenida de terebintos bordeaba el camino hasta el lugar. Delante de la casa haba un patio cerrado cuyo suelo estaba formado por una roca desnuda, rodeado por un muro de poca altura, hecho de pea viva; detrs de este muro por encima de l haba un seto vivo. En uno de los costados del patio haba habitaciones de poca monta para hospedar pasajeros y guardar enseres. Haba un cobertizo para encerrar el ganado y las dems bestias de carga.

    Todo estaba rodeado de jardines, y en medio de ellos, cerca de la casa, se levantaba un gran rbol de una especie rara; sus ramas bajaban hasta la tierra, echaban races y as brotaban nuevos rboles formando una tupida vegetacin. Cuando llegaron los viajeros a la vivienda encontraron todo arreglado y cada cosa en su lugar, pues haban los padres enviado a algunos antes con el encargo de preparar todo lo necesario. Los siervos y siervas haban desatado los paquetes y colocado cada cosa en su lugar. Pronto qued todo ordenado y habiendo dejado instalados a sus hijos en la nueva casa, se despidieron de Ana y Joaqun, con besos y bendiciones, y regresaron llevndose a la pequea Mara, que deba permanecer con los abuelos.

    En todas estas visitas y en otras ocasiones nunca los he visto comer con exceso o despilfarro. Se colocaban en rueda, teniendo cada uno, sobre la alfombra, dos platitos y

  • dos recipientes. No hablaban generalmente en todo el tiempo sino de las cosas de Dios y de sus esperanzas en el Mesas. La puerta de la gran casa estaba en medio. Se entraba por ella a una especie de antesala, que corra por todo lo ancho de la casa. A derecha e izquierda de la sala haba pequeas piezas separadas por biombos de juncos entretejidos, que se podan quitar o poner a voluntad. En la sala se hacan las comidas ms solemnes, como se hizo cuando Mara fue enviada al templo.

    Desde entonces comenzaron una vida completamente nueva. Queriendo sacrificar a Dios todo su pasado y haciendo como si por primera vez estuviesen reunidos, se empearon, desde ese instante, por medio de una vida agradable a Dios, en hacer descender sobre ellos la bendicin, que era el nico objeto de sus ardientes deseos. Los vi visitando sus rebaos y dividindolos en tres partes, siguiendo la costumbre de sus padres: una para el templo, otra para los pobres y la tercera para ellos mismos. Al templo enviaban la mejor parte; los pobres reciban un buen tercio, y la parte menos buena la reservaban para s.

    Como la casa era amplia, vivan y dorman en pequeas habitaciones separadas, donde era posible verlos a menudo en oracin, cada uno por su lado, con gran devocin y fervor. Los vi vivir as durante largo tiempo. Daban muchas limosnas y cada vez que repartan sus bienes y sus rebaos, stos se multiplicaban de nuevo rpidamente. Vivan con modestia en medio de sacrificios y renunciamientos. Los he visto vestir ropas de penitencia cuando rezaban y varias veces vi a Joaqun, mientras visitaba sus rebaos en lugares apartados, orar a Dios en la pradera. En esta vida penitente perseveraron diecinueve aos despus del nacimiento de su primera hija Mara, anhelando ardientemente la bendicin prometida y su tristeza era cada da mayor.

    Pude ver tambin a algunos hombres perversos acercarse a ellos y ofenderlos, dicindoles que deban ser muy malos para no poder tener hijos; que la nia devuelta a los padres de Ana no era suya; que Ana era estril y que aquella nia era un engao forjado por ella; que si as no fuera la tendran a su lado y otras muchas cosas ms. Estas detracciones aumentaban el abatimiento de Joaqun y de Ana.

    Tena sta la firme conviccin interior de que se acercaba el advenimiento del Mesas y que ella perteneca a la familia dentro de la cual deba encarnarse el Redentor. Oraba pidiendo con ansia el cumplimiento de la promesa, y segua aspirando, como Joaqun, hacia una pureza de vida cada vez ms perfecta. La vergenza de su esterilidad la afliga profundamente, no pudiendo mostrarse en la sinagoga sin recibir ofensas. Joaqun, a pesar se ser pequeo y delgado, era de constitucin robusta. Ana tampoco era grande y su complexin, delicada: la pena la consuma de tal manera que sus mejillas estaban descarnadas, aunque bastante subidas de color. De tanto en tanto conducan sus rebaos al templo o las casas de los pobres, para darles la parte que les corresponda en el reparto, disminuyendo cada vez ms la parte que solan reservarse para s mismos.

    IVLa Santa e Inmaculada Concepcin de Mara

  • Cuando Joaqun, que se encontraba de nuevo entre su ganado, quiso ir de nuevo al templo para ofrecer sacrificios, le envi Ana palomas y otras aves en canastos y jaulas por medio de los siervos para que fuesen a llevrselas a la pradera. Joaqun tom dos asnos y los carg con tres animalitos pequeos, blancos y muy despiertos, de cuellos largos, corderos o cabritos, encerrados en cestas. Llevaba l mismo una linterna sobre su cayado: era una luz en una calabaza vaca. Subieron al templo, guardando sus asnos en una posada, que estaba cerca del mercado. Llevaron sus ofrendas hasta los escalones ms altos y pasaron por las habitaciones de los servidores del templo. All se reunieron los siervos de Joaqun despus que les fueron tomadas las ofrendas.

    Entr Joaqun en la sala donde se hallaba la fuente llena de agua en la cual eran lavadas las vctimas; se dirigi por un largo corredor a otra sala a la izquierda del sitio donde estaba el altar de los perfumes, la mesa de los panes de la proposicin y el candelabro de los cinco brazos. Se hallaban reunidas en aquel lugar varias personas que haban acudido para sacrificar.

    Joaqun tuvo que sufrir aqu una pena muy cruel. Vi a un sacerdote, de nombre Rubn, que despreci sus ofrendas, puesto que en lugar de colocarlas junto a las otras, en lugar aparente, detrs de las rejas, a la derecha de la sala, las puso completamente de lado. Ofendi pblicamente al pobre Joaqun a causa de la esterilidad de su mujer y sin dejarlo acercarse, para mayor injuria, lo releg a un rincn.

    Vi entonces a Joaqun lleno de tristeza abandonar el templo y, pasando por Betania, llegar a los alrededores de Maquero. Permaneci tan triste y avergonzado que, por algn tiempo, no dio aviso del sitio donde se encontraba. La afliccin de Ana fue extraordinaria cuando le refirieron lo que le haba acontecido en el templo y al ver que no volva.

    Cinco meses permaneci Joaqun oculto en el monte Hermn. He visto su oracin y sus angustias. Cuando iba donde estaban sus rebaos y vea a sus corderitos, se pona muy triste y se echaba en tierra cubrindose el rostro. Los siervos le preguntaban por qu se mostraba tan afligido; pero l no les deca que estaba siempre pensando en la causa de su pena: la esterilidad de su mujer. Tambin aqu divida su ganado en tres partes: lo mejor lo enviaba al templo; la otra parte la reciban los esenios, y el se quedaba con la ms inferior.

    Tambin Ana tuvo que sufrir mucho por la desvergenza de una criada, que le reprochaba su esterilidad. Mucho tiempo la estuvo sufriendo hasta que la despach de su casa. Haba pedido sta ir a una fiesta a la cual, segn la rigidez de los esenios, no se poda acudir. Cuando Ana le neg el permiso ella le reproch duramente esta negativa, diciendo que mereca ser estril y verse abandonada de su marido por ser tan mala y tan dura. Entonces Ana despach a la criada, y por medio de dos servidores la envi a la casa de sus padres, llenndola antes con regalos y dones, rogndoles la recibiesen de nuevo ya que no poda retenerla ms consigo.

    Despus de esto se retir a su habitacin y llor amargamente.

    En la tarde del mismo da se cubri la cabeza con un pao amplio, se envolvi toda con l y fue a ponerse bajo un gran rbol, en el patio de la casa. Encendi una lmpara y se entreg a la oracin. Permaneci aqu mucho tiempo Ana clamando a Dios y diciendo:

  • "Si quieres, Seor, que yo quede estril, haz que, al menos, mi piadoso esposo vuelva a mi lado".

    Entonces se le apareci un ngel. Vena de lo alto y se puso delante, dicindole que pusiera en paz su corazn porque el Seor haba odo su oracin; que deba a la maana siguiente ir con dos criadas a Jerusaln y que entrando en el templo, bajo la puerta dorada del lado del valle de Josafat, encontrara a Joaqun. Aadi que l estaba en camino a ese lugar, que su ofrenda sera bien recibida, y que all sera escuchada su oracin. Le dijo que tambin ya haba estado con Joaqun, y mandle que llevase palomas para el sacrificio, y anuncile que el nombre de la criatura que tendra, luego lo vera escrito.

    Ana dio gracias a Dios y volvi a su casa contenta. Cuando despus de mucho rezar en su lecho, se qued dormida, he visto aparecer sobre ella un resplandor que la penetraba. La he visto avisada por una inspiracin interior, despertar e incorporarse en su lecho. En ese momento vi un rostro luminoso junto a ella, que escriba con grandes letras hebreas a la derecha de su cama. He conocido el contenido de la frase, palabra por palabra. Expresaba en resumen, que ella deba concebir; que su fruto sera nico, y que la fuente de esa concepcin era la bendicin que haba recibido Abraham. La he visto indecisa pensando como le comunicara esto a Joaqun; pero se consol cuando el ngel le revel la visin de Joaqun.

    Tuve entonces la explicacin de la Inmaculada Concepcin de Mara y supe que en el Arca de la Alianza haba estado oculto un sacramento de la Encarnacin, de la Inmaculada Concepcin, un misterio de la Redencin de la humanidad cada. He visto a Ana leer con admiracin y temor las letras de oro y rojas brillantes de la escritura, y su gozo fue tan grande que pareci rejuvenecer cuando se levant para dirigirse a Jerusaln. He visto, en el momento en que el ngel se acerc a ella, un resplandor bajo el corazn de Ana, y all, un vaso iluminado. No puedo explicarlo de otro modo sino diciendo: haba all como una cuna, un tabernculo cerrado que ahora se abra para recibir algo santsimo. No puedo expresar cmo he visto esto maravillosamente. Lo vi como si fuera la cuna de toda la humanidad renacida y redimida; lo vi como un vaso sagrado abierto, al cual se le quita el velo. Reconoc esto con toda naturalidad. Este conocimiento era a la vez natural y celestial. Ana tena entonces, segn creo, cuarenta y tres aos.

    VLa visin de Joaqun

    He visto tambin la aparicin del ngel a Joaqun. El ngel le mand llevar las ofrendas al templo y le prometi que sera escuchada su oracin. A pesar de que le dijo que fuera despus a la puerta dorada del templo, Joaqun sentase temeroso de ir. Pero el ngel le dijo que los sacerdotes ya tenan aviso de su visita.

    Esto suceda en tiempo de la fiesta de los tabernculos. Joaqun haba levantado su choza con ayuda de sus pastores. Al cuarto da de fiesta dirigise a Jerusaln con numeroso ganado para el sacrificio, y se aloj en el templo. Ana, que tambin lleg el

  • mismo da a Jerusaln, fue a hospedarse con la familia de Zacaras, en el mercado de los peces, y se encontr con Joaqun al finalizar las fiestas.

    Cuando Joaqun lleg a la entrada del templo, le salieron al encuentro dos sacerdotes, que haban recibido un aviso sobrenatural. Joaqun llevaba dos corderos y tres cabritos. Su oferta fue recibida en el lugar acostumbrado: all mismo degolladas y quemadas las vctimas. Una parte de este sacrificio, sin embargo, fue llevaba a la derecha de la antesala y all consumida . En el centro del lugar estaba el gran silln desde donde se enseaba. Mientras suba el humo de la vctima, descenda un rayo de luz sobre el sacerdote y sobre Joaqun. Hubo entonces un silencio general y gran admiracin. Luego vi que dos sacerdotes llevaron a Joaqun a travs de las cmaras laterales, hasta el Sancta Sanctorum, ante el altar del incienso. Aqu ech el sacerdote incienso, no en granos, como era costumbre, sino una masa compacta sobre el altar (era una mezcla de incienso, mirra, casia, nardo, azafrn, canela, sal fina y otros productos y perteneca al sacrificio diario), que se encendi. Joaqun qued solo delante del altar del incienso, porque los sacerdotes se alejaron.

    Vi a Joaqun hincado de rodillas, con los brazos levantados, mientras se consuma el incienso. Permaneci encerrado en el templo toda la noche, rezando con gran devocin. Estaba en xtasis cuando se le acerc un rostro resplandeciente y le entreg un rollo que contena letras luminosas. Eran los tres nombres: Helia, Anna y Miryam (Diversas formas de los nombres Joaqun, Ana y Mara). Junto a ellos vease la figura del Arca de la Alianza o un tabernculo pequeo. Joaqun coloc este rollo escrito bajo sus vestidos, junto al corazn.

    El ngel habl entonces: "Ana tendr una Nia Inmaculada y de Ella saldr la salud del mundo. No debe lamentar Ana su esterilidad, que no es para su deshonra sino para su gloria. Lo que tendr Ana no ser de l (Joaqun) si no que por medio de l, ser un fruto de Dios y la culminacin de la bendicin dada a Abraham". Joaqun no poda comprender esto, y el ngel lo llev detrs del cortinado que estaba separado lo bastante para poder permanecer all. Vi que el ngel pona delante de los ojos de Joaqun una bola brillante como un espejo: l deba soplar sobre ella y mirar. Yo pens que el ngel le presentaba la bola, segn costumbre de nuestro pas donde, en los casamientos, se presenta al sacristn. Cuando Joaqun ech su aliento sobre la bola, aparecieron diversas figuras en ella, sin empaarse en lo ms mnimo. Joaqun observaba. Entend que el ngel le deca que de esa manera Ana dara a luz, por medio de l, sin ser empaada. El ngel tom la bola y la levant en alto, quedando suspendida. Dentro de ella pude ver, como por una abertura, una serie de cuadros conexos que se extendan desde la cada del hombre hasta su redencin. Haba all todo un mundo, donde las cosas nacan unas de otras. Tuve conocimiento de todo, pero ya no puedo dar los detalles.

    En lo ms alto hallbase la Santsima Trinidad; ms abajo, a un lado, el Paraso, Adn y Eva, el pecado original, la promesa a de la redencin, todas las figuras que la anunciaban de antemano, No, el diluvio, el Arca, la bendicin de Abraham, la transmisin de la bendicin a su hijo Isaac, y de ste a Jacob; luego, cuando le fue retirada a Jacob por el ngel con quien luch; cmo pas a Jos en el Egipto; cmo se mostr en l y en su mujer en un grado de ms alta dignidad; y cmo el don sagrado, donde reposaba la bendicin, era sacado de Egipto por Moiss con las reliquias de Jos y se transformaba en el Santo de los Santos del Arca de la Alianza, la residencia de Dios vivo en medio de su pueblo. Vi el culto y la vida del pueblo de Dios en sus relaciones

  • con este misterio, las disposiciones y las combinaciones para el desarrollo de la raza santa, del linaje de la Santsima Virgen, as como las figuras y los smbolos de Mara y del Salvador en la historia y en los profetas. Vi esto en cuadros simblicos dentro de la esfera luminosa. Vi grandes ciudades, torres, palacios, tronos, puertas, jardines, flores, todas estas imgenes maravillosamente unidas entre s por puentes de luz. Todo esto era embestido por fieras y otras temibles apariciones. Estos cuadros mostraban como la raza de la Santsima Virgen, al igual que todo lo santo, haba sido conducida por la gracia de Dios, a travs de combates y asaltos.

    Recuerdo haber visto, en esta serie de cuadros, un jardn rodeado por una densa valla espinosa, a travs de la cual se esforzaban por pasar, en vano, una cantidad de serpientes y bestias repulsivas semejantes. Vi tambin una torre muy firme, asaltada por todas partes por guerreros, que luego eran precipitados desde lo alto de las murallas. Observ muchas imgenes anlogas que se referan a la historia de la Virgen en sus antepasados. Los pasajes y puentes que unan el conjunto significaban la victoria obtenida sobre obstculos e interrupciones que se oponan a la obra de la salvacin. Era como si una carne inmaculada, una sangre pursima hubiesen sido puestas por Dios en medio de la humanidad, como en un ro de agua turbia, y debiesen, a travs de muchas penas y esfuerzos, reunir sus elementos dispersos, mientras el ro trataba de atraerlas hacia s y empaarlas; pero al final, con la gracia de Dios, de los innumerables favores y de la fiel cooperacin de parte de los hombres, esto deba, despus de oscurecimientos y purificaciones, subsistir en un ro que renovaba sus aguas sin cesar, y elevarse fuera del ro bajo la forma de la Santsima Virgen, de la cual naci el Verbo, hecho carne, que habit entre nosotros.

    Entre las imgenes que contempl en la esfera luminosa haba muchas que estn mencionadas en las letanas de la Virgen: las veo, las comparo, las comprendo y las voy considerando con profunda veneracin cuando recito las letanas. Ms tarde se desarrollaban en estos cuadros hasta el perfecto cumplimiento de la obra de la divina Misericordia con la humanidad, cada en una divisin y en un desgarramiento infinitos. Por el costado del globo luminoso opuesto al Paraso, llegaban los cuadros hasta la Jerusaln celestial , a los pies del trono de Dios.

    Cuando hube visto todo, desvanecindose el globo resplandeciente, que no era sino la misma sucesin de cuadros que partiendo de un punto volvan todos a l luego de haber formado un crculo de luz. Creo que fue una revelacin hecha a Joaqun por los ngeles, bajo la forma de una visin, de la cual tuve yo tambin conocimiento. Cuando recibo una comunicacin de esta clase se me aparece siempre dentro de una esfera luminosa.

    VIJoaqun recibe el misterio del Arca de la Alianza

    Tom el ngel, sin abrir la puerta del Arca, algo de dentro. Era el misterio del Arca de la Alianza, el sacramento de la Encarnacin, de la Inmaculada Concepcin, el cumplimiento y la culminacin de la bendicin de Abraham. He visto como un cuerpo luminoso este misterio del Arca. El ngel ungi o bendijo con la punta del pulgar y del ndice la frente de Joaqun; luego pas el cuerpo luminoso bajo el vestido de Joaqun,

  • desde donde, no s decir cmo, penetr dentro de l mismo. Tambin le dio a beber algo de un vaso o cliz brillante que sostena por debajo con sus dos dedos. Este cliz tena la forma del cliz de la ltima Cena, pero sin pie, y Joaqun debi conservarlo para s y llevarlo a su casa. Entend que el ngel le mand a Joaqun que conservase el misterio, y entend, entonces, por qu Zacaras, padre del Bautista, qued mudo despus de haber recibido la bendicin y la promesa de tener hijo de Isabel, bendicin y promesa que venan del misterio del Arca de la Alianza. Slo ms tarde fue echado en menos el misterio del Arca por los sacerdotes del templo. Desde entonces se extraviaron del todo y se volvieron farisaicos.

    El ngel sac a Joaqun del Sancta Sanctorum y desapareci. Joaqun permaneci tendido en el suelo rgido y sin conocimiento. Vi que luego llegaron los sacerdotes y sacaron de all reverentemente a Joaqun y lo sentaron en un silln, sobre unas gradas, que slo usaban los sacerdotes. El silln era cmodo y forrado en el asiento, semejante a las sillas que usaba Magdalena en sus tiempos de lujo. Los sacerdotes le echaron agua en la cara y le pusieron delante de la nariz algo o le dieron alguna cosa para tomar; en una palabra, lo trataron como a uno que se ha desmayado. Con todo, he visto que Joaqun qued, despus de lo recibido por el ngel, todo luminoso, ms joven y rozagante.

    VII Encuentro de Joaqun y Ana

    Joaqun fue guiado por los sacerdotes hasta la puerta del pasillo subterrneo, que corra debajo del templo y de la puerta derecha. Era ste un camino que se usaba en algunos casos para limpieza, reconciliacin o perdn. Los sacerdotes dejaron a Joaqun en la puerta, delante de un corredor angosto al comienzo, que luego se ensanchaba y bajaba insensiblemente. Haba all columnas forradas con hojas de rboles y vides y brillaban los adornos de oro en las paredes iluminadas por una luz que vena de lo alto.

    Joaqun haba andado una tercera parte del camino, cuando vino a su encuentro Ana, en el lugar del corredor, debajo de la puerta dorada donde haba una columna en forma de palmera con hojas cadas y frutos. Ana haba sido conducida por los sacerdotes a travs de una entrada que haba del otro lado del subterrneo. Ella les haba dado con su criada las palomas para el sacrificio, en unos cestos que haba abierto y presentado a los sacerdotes, conforme le haba mandado el ngel. Haba sido conducida hasta all en compaa de otras mujeres, entre ellas, la profetisa Ana.

    He visto que cuando se abrazaban Joaqun y Ana, estaban en xtasis. Estaban rodeados de numerosos ngeles que flotaban sobre ellos, sosteniendo una torre luminosa y recordando la torre de marfil, la torre de David y otros ttulos de las letanas lauretanas. Desapareci la torre entre Joaqun y Ana: ambos estaban llenos de gloria y resplandor. Al mismo tiempo, el cielo se abri sobre ellos y vi la alegra de los ngeles y de la Santsima Trinidad y la relacin de todo esto con la Concepcin de Mara Santsima.

    Cuando se abrazaron, rodeados por el resplandor, entend que era la Concepcin de Mara en ese instante, y que Mara fue concebida como hubiera sido la concepcin de

  • todos sin el pecado original. Joaqun y Ana caminaban as, alabando a Dios, hasta la salida. Llegaron a una arcada grande, como una capilla donde ardan lmparas, y salieron afuera. Aqu fueron recibidos por los sacerdotes, que los despidieron.

    El templo estaba abierto y adornado con hojas y frutos. El culto se realizaba bajo el cielo, al aire libre. En cierto lugar haba ocho columnas aisladas adornadas con ramajes. Joaqun y Ana llegaron a una salida abierta al borde extremo de la montaa del templo, frente al valle de Josafat. No era posible ir ms lejos en esa direccin, pues el camino doblaba a derecha e izquierda. Hicieron todava una visita a un sacerdote y luego los vi con su gente dirigirse a su casa.

    Una vez llegado a Nazaret, Joaqun dio un banquete de regocijo, sirvi a muchos pobres y reparti grandes limosnas. Vi el jbilo y el fervor de los esposos y su agradecimiento a Dios, pensando en su misericordia hacia ellos; observlos a menudo orando juntos, con los ojos baados en lgrimas.

    Se me explic en esta ocasin que los padres de la Santsima Virgen la engendraron en una pureza perfecta, por el efecto de la obediencia. Si no hubiera sido con el fin de obedecer a Dios, habran guardado perpetua continencia.

    Comprend, al mismo tiempo, cmo la pureza, la castidad, la reserva de los padres y su lucha contra el vicio impuro tiene incalculable influencia sobre la santidad de los hijos engendrados. En general, siempre vi en la incontinencia y en el exceso, la raz del desorden y del pecado.

    Vi tambin que mucha gente se congratulaba con Joaqun por haber sido recibida su ofrenda en el templo. Despus de cuatro meses y medio, menos tres das, de haber concebido Ana bajo la puerta dorada, vi que Mara era hecha tan hermosa por voluntad de Dios. Vi cmo Dios mostraba a los ngeles la belleza de esa alma y cmo ellos sintieron por ello inexplicable alegra. He visto tambin, en ese momento, cmo Mara se movi sensiblemente por primera vez dentro del seno materno. Ana se levant al punto y se lo comunic a Joaqun; luego sali a rezar bajo aquel rbol debajo del cual le haba sino anunciada la Concepcin Inmaculada.

    VIII El misterio de la Inmaculada Concepcin

    Vi la tierra de Palestina reseca por falta de lluvia y a Elas subiendo con dos servidores al monte Carmelo; al principio, a lo largo de la ladera; luego sobre escalones, hasta una terraza, y despus de nuevo sobre escalones en una planicie con una colina que tena una cueva hasta la cual lleg. Dej a sus servidores sobre la ladera de la planicie para que mirasen al mar de Galilea, que apareca casi seco, con honduras, pantanos y hoyos llenos de peces y animales muertos. Elas se inclin sobre s hasta poner su cabeza sobre las rodillas, se cubri y clam con fuerza a Dios. Por siete veces llam a sus siervos, preguntndoles si no vean alguna nube levantarse sobre el mar. Finalmente vi que en medio del mar se levantaba una nubecilla blanca, de la cual sali otra nube negra, dentro de la cual haba una figura blanca; se agrand y en lo alto se abri ampliamente.

  • Mientras la nube se levantaba, vio Elas dentro de ella la figura de una Virgen luminosa. Su cabeza estaba coronada de rayos, los brazos levantados en forma de cruz, en una mano una corona de victoria y el largo vestido estaba como sujeto bajo los pies. Pareca que flotaba y se extenda sobre la tierra de Palestina.

    Elas reconoci cuatro misterios de la Virgen Inmaculada que deba venir en la sptima poca del mundo y de qu estirpe deba venir; vio tambin a un lado del mar un rbol pequeo y ancho, y al otro, uno muy grande, el cual echaba sus ramas superiores en el rbol pequeo. Observ que la nube se divida. En ciertos lugares santificados, donde habitaban hombres justos que aspiraban a la salvacin, dejaba la nube como blancos torbellinos de roco, que tenan en los bordes todos los colores del arco iris, y vi concentrarse en ellos la bendicin, como para formar una perla entro de su concha. Fume explicado que era sta una figura proftica y que en los lugares bendecidos donde la nube haba dejado caer los torbellinos hubo cooperacin real en la manifestacin de la Santsima Virgen .

    Vi enseguida un sueo proftico, en el cual, durante la ascensin de la nube, conoci Elas muchos misterios relativos a la Santsima Virgen. Desgraciadamente, en medio de tantas cosas que me perturban y me distraen, he olvidado los detalles, como tambin otras muchas cosas. Supo Elas que Mara deba nacer en la sptima edad del mundo; por esto llam siete veces a su servidor. Otra vez pude ver a Elas que ensanchaba la gruta sobre la cual haba orado y establecer una organizacin ms perfecta entre los hijos de los profetas. Algunos de ellos rezaban habitualmente en esta gruta para pedir la venida de la Santsima Virgen, honrndola desde antes de su nacimiento. Esta devocin se perpetu sin interrupcin, subsisti gracias a los esenios, cuando estaba ya sobre la tierra, y fue observada ms tarde por algunos ermitaos, de los cuales salieron finalmente los religiosos del Carmelo.

    Elas, por medio de su oracin, haba dirigido las nubes de agua segn internas inspiraciones: de otro modo se hubiera originado un torrente devastador en lugar de lluvia benfica. Observ como las nubes enviaron primero el roco; caan en blancas lneas, formaban torbellinos con los colores del arco iris en los bordes, y finalmente caan en gotas de lluvia. Reconoc en esto una relacin con el man del desierto, que por la maana apareca rojizo y denso cubriendo el suelo como una piel que se poda extender. Estos torbellinos corran a lo largo del Jordn, y no caan en todas partes, sino en ciertos lugares, como en Saln, donde Juan deba ms tarde bautizar. Pregunt qu significaban los bordes rojizos, y se me dio la explicacin de la concha del mar, que tiene tambin estos multicolores bordes, que expuesta al sol absorbe los colores y purificada de colores se va formando en su centro la madreperla blanca y pura.

    No puedo explicar mejor todo esto; pero se me dio a entender que ese roco y esa lluvia significaba mucho ms de lo que poda ser considerndolo slo un refrescamiento de la tierra sedienta. Entend que sin ese roco la venida de Mara se hubiese retardado cien aos, mientras las descendencias que se nutren de los frutos de la tierra, y se ennoblecen por el aplacamiento y la bendicin del suelo, realzasen de nuevo esas descendencias recibiendo la carne la bendicin de la pura propagacin. La figura de la madreperla se refera a Mara y a Jess. Adems de la aridez de la tierra por falta de lluvia, observ la esterilidad de los hombres, y cmo los rayos del roco caan de descendencia en descendencia, hasta la substancia de Mara. No puedo decirlo mejor. A veces

  • presentbanse sobre los bordes multicolores una o varias perlas en forma de rostro humano que pareca derramar un espritu que volva luego a brotar con los dems.

    IXAnuncio del Mesas

    He visto que por la gran misericordia de Dios se anunci a los paganos piadosos de esa poca que el Mesas deba nacer de una Virgen en Judea. Esto sucedi en Caldea, donde haba astrlogos, que tenan visiones de una figura en los astros o en mitad del cielo; estos astrlogos profetizaban luego todo lo que vean. Tambin en Egipto he visto anuncios de la futura salud.

    Le fue mandado a Elas que reuniera a varias piadosas familias dispersar en el Norte, Oriente y Medioda y las llevase a Judea. Elas envi a tres discpulos de los profetas, que reconoci aptos para dicho objeto, por una seal que le dio el mismo Dios a Elas. Necesitaba gente muy segura, porque era una empresa ardua y arriesgada. Uno de ellos fue al Norte, otro al Oriente y el tercero al Medioda. Este camino lo llevaba a Egipto por un camino peligroso para los israelitas. Lo he visto en el mismo camino cuando huy a Egipto la Sagrada Familia, y luego en la ciudad de Helipolis. En un valle haba un gran templo, rodeado de muchos edificios, y l lleg all a tiempo que se prestaba adoracin a un buey vivo. De estos animales haba varias figuras en el templo, junto a otros dolos. Se sacrificaban al dolo nios que haban nacido deformes.

    Como el profeta pasara por all, lo detuvieron y lo llevaron delante de los sacerdotes. Por suerte stos eran, en general, muy curiosos de novedades: de otro modo lo habran matado. Le preguntaron de dnde era, y l les contest claramente que nacera una Virgen de la cual vendra la salud el mundo; que entonces todos sus dolos caeran por tierra deshechos. Se maravillaron de lo que les deca, se conmovieron y lo dejaron marchar. Despus se reunieron en consejo e hicieron la figura de una Virgen, que pendieron en medio de su templo, extendida en el aire como si planeara. La imagen tena un peinado semejante al de sus dolos, de los cuales gran nmero haban sido puestos en fila. Tena busto de mujer y el resto era semejante al len .

    La imagen de la Virgen que hicieron los egipcios llevaba en la cabeza un pequeo vaso, bastante hondo, parecido al que usaban para medir las frutas; los brazos hasta el codo estaban pegados a lo largo del cuerpo, separndose de l y extendindose al alzarse. La imagen tena algunas espigas de trigo en las manos; tena tres senos, uno mayor en el centro y otros pequeos ms abajo a cada lado. La parte inferior del cuerpo estaba envuelto en largo ropaje; de los pies, pequeos y muy finos, colgaban algo as como borlas. De los dos hombros se alzaban hermosas plumas en forma de rayos, que parecan alas y que eran como dos peines estrechamente unidos entre s. Tena otras plumas cruzadas a lo ancho de las caderas, replegadas hacia arriba por la mitad del cuerpo. El vestido no tena pliegues. Honraron a esta imagen y le ofrecieron sacrificios, rogndole que no destruyera a su buey Apis ni a las dems deidades. Por otra parte, perseveraron en todas las abominaciones de su culto idlatra, empezando, sin embargo, desde ese momento a invocar a la Virgen de la cual haban hecho la imagen, segn creo,

  • de acuerdo con diversas indicaciones tomadas del relato del profeta y tratando de reproducir la figura vista por Elas.

    He visto cuadros de la historia de Tobas y del casamiento del joven Tobas, por intermedio del ngel, y supe que haba all una figura de Santa Ana y de su historia. El viejo Tobas representaba a la raza piadosa de los judos que esperaban al Mesas. El haberse puesto ciego significaba que no deba tener ms hijos y que deba entregarse ms a la meditacin y a la oracin. Las molestias que le ocasionaba su mujer con sus quejas significaban las formas vacas de los fariseos y doctores de la ley. La paloma era una indicacin de la primavera cercana y de la salud venidera.

    La ceguera indicaba la espera ansiosa de la redencin y la ignorancia del lugar de su advenimiento. El ngel dijo verdad al afirmar que era Azaras, hijo de Ananas, pues estas palabras significaban ms o menos: la ayuda de Dios que viene de la nube de Dios. El ngel era la conduccin de las descendencias y la conservacin y direccin de la bendicin misteriosa, hasta su cumplimiento en la Concepcin Inmaculada de Mara. Las oraciones del viejo Tobas y de Sara, llevadas ante el trono de Dios por los ngeles, por haber sido escuchadas, significaban los clamores y deseos de los piadosos israelitas y de las hijas de Sin, pidiendo la venida de la Redencin, y tambin el clamor de Joaqun y de Ana para conseguir la hija de la promesa.

    La ceguera de Tobas y la murmuracin de su mujer indicaban tambin el desprecio que se hizo a Joaqun al rechazarle su sacrificio. Los siete pretendientes de Sara muertos, significaban aqullos antepasados de Mara y la salud, como asimismo los pretendientes que Ana tuvo que rechazar antes de Joaqun. El desprecio de la criada de Sara indicaba el desprecio de los paganos y de los incrdulos judos, ante la venida del Mesas, que llevaba a los buenos a rezar. Tambin expresaba el desprecio de la criada de Ana, que movi a sta a rezar con ms fervor hasta que fue oda su peticin. El pez que pretenda devorar a Tobas significaba la larga esterilidad de Ana; el corte del hgado, la bilis y el corazn del pez expresaban la mortificacin y las buenas obras. El cabrito que la mujer de Tobas haba trado a casa en pago de su trabajo, era realmente hurtado, que los hombres le dieron por bueno y pagado barato. Tobas conoca a esta gente y lo saba, y fue por esto reprochado. Tena tambin la significacin de los desprecios que sufran los buenos judos y esenios de parte de los fariseos y judos formulistas y otras que no recuerdo. La hiel con la cual el ciego Tobas recobr la vista indicaba la mortificacin y la penitencia, por las cuales los judos elegidos llegaban al conocimiento de la salud y Redencin. Indicaba adems la entrada de la luz en la oscuridad, por medio de la amarga pasin de Jesucristo, desde su niez.

    XImgenes de la Inmaculada Concepcin

    Vi salir de la tierra una hermosa columna como el tallo de una flor. A semejanza del cliz de una flor o la cabeza de la amapola que surgen de un pednculo, as sala de la columna una iglesia octogonal, resplandeciente, que permaneci firme sobre la columna. Esta suba hasta el centro de la iglesia como un pequeo rbol, cuyas ramas, divididas con regularidad, llevaban las figuras de la familia de la Santsima Virgen, las

  • cuales, en esta representacin de la fiesta, eran objeto de veneracin particular. Estaban como sobre los estambres de una flor.

    Santa Ana estaba colocada entre Joaqun y otro, quizs su padre. Debajo del pecho de Santa Ana vi una cavidad luminosa, como un cliz y en ella la figura de un nio resplandeciente que se desarrollaba y creca. Sus manitas estaban cruzadas sobre el pecho; de su cabecita inclinada partan infinidad de rayos que se dirigan hacia una parte del mundo. Me parece que no era en todas direcciones. Sobre otras ramas circundantes haba varias figuras vueltas hacia el centro en actitud respetuosa.

    En la iglesia vi un nmero infinito de santos en fila, rodendola o formando coros, que se inclinaban, a rezar, hacia la Santa Madre. Se exteriorizaba el fervor ms dulce y notbase una ntima unin en esta fiesta, que slo podra compararse a la de un cantero de flores muy variadas, que agitadas por el aura suave girasen hacia el sol, como para ofrecer sus fragancias y sus colores al astro del cual reciban sus propios dones y su propia vida. Por encima de este cuadro simblico de la festividad de la Inmaculada Concepcin, se alz el pequeo rbol luminoso con un nuevo vstago en la extremidad, y en esta segunda corona de ramas pude contemplar la celebracin de una segunda etapa de la fiesta.

    Aqu Mara y Jos estaban hincados de rodillas y algo ms abajo, delante de ellos, Santa Ana. Todos adoraban al Nio Jess, sentado, con el globo del reino en la mano, en lo ms alto del tallo, rodeado de un resplandor maravilloso. En torno de este cuadro veanse a corta distancia varios coros: los de los Reyes Magos, de los pastores, de los apstoles y discpulos, mientras otros santos formaban crculos algo ms alejados del centro. Observ en las alturas algunas formas ms difusas: los coros celestiales. Ms alto an, el brillo como de un medio sol penetraba atravesando la cpula de la iglesia. Pareca indicar este segundo cuadro la proximidad de la fiesta de la Natividad que sigue a la Inmaculada Concepcin. Cuando apareci el primer cuadro me pareci hallarme fuera de la iglesia, bajo la columna, en un pas circundante; despus me encontr dentro de ella.

    Vi a la pequea Mara creciendo en el espacio luminoso, debajo del corazn de Santa Ana. Me senta penetrada de la ntima conviccin de la ausencia absoluta de toda mancha original en la Concepcin de Mara. Le esto con toda claridad como se lee un libro y lo comprend entonces perfectamente. Me fue dicho que en otros tiempos hubo en este lugar una iglesia levantada en memoria de esta gracia inestimable otorgada por Dios; pero que fue entregada a la destruccin a causa precisamente de las muchas disputas y escndalos que se suscitaron a raz de las controversias acerca de la Inmaculada Concepcin de Mara. Entend tambin estas palabras: En cada visin permanece un misterio hasta que se haya realizado. La Iglesia triunfante sigue celebrando all mismo la fiesta de la Inmaculada Concepcin.

    XIMisterios de la vida de Mara

  • A menudo o a Mara contar a algunas mujeres de su confianza, Juana Chusa y Susana de Jerusaln, diferentes misterios relativos a Nuestro Seor y a Ella misma, que saba por iluminacin interior del cielo o por lo que le haba narrado Santa Ana. Le o decir a Susana y a Marta que durante el tiempo que llevaba a Jess en su seno jams haba sentido el ms pequeo sufrimiento, sino un continuo regocijo y felicidad indecible.

    Contaba que Joaqun y Ana se haban encontrado bajo la Puerta Dorada (del Templo) en una hora tambin dorada; que en aquel sitio haban recibido la plenitud de la Gracia divina, en virtud de la cual, Ella sola haba recibido la existencia en el seno de su madre por efecto de la santa obediencia y del puro amor de Dios, sin mezcla de impureza alguna. Les haca comprender tambin que, sin el pecado original, la concepcin de todos los hombres hubiera sido igualmente pura.

    Vi enseguida de nuevo todo lo relacionado con la gracia acordada a los padres de Mara, desde la aparicin del ngel hasta su encuentro bajo la Puerta Dorada. Bajo ella he visto a Joaqun y a Ana rodeados de una multitud de ngeles que resplandecan con luz celestial. Tambin ellos eran luminosos y puros, casi como espritus. Hallbanse en el estado sobrenatural en que ninguna pareja humana se hubo hallado antes.

    Creo que era bajo la Puerta Dorada donde tenan lugar las pruebas y ceremonias de la absolucin para las mujeres acusadas de adulterio, as como otras expiaciones. Debajo del templo haba cinco pasajes subterrneos de esa clase y exista adems otro, bajo el lugar donde habitaban las vrgenes. Estos pasajes servan para ciertas expiaciones. Ignoro si otras personas pasaron por este camino antes que Joaqun y Ana; pero fue este un caso muy raro. No recuerdo si lo usaban para los sacrificios que se ofrecan por las personas estriles; pero s que en esta circunstancia les fue ordenado a los sacerdotes disponer las cosas en la forma sucedida.

    XII Vspera de la Natividad de Nuestra Seora

    Qu alegra tan grande hay en toda la naturaleza!... Oigo cantar a los pajaritos, veo a los corderitos y cabritos saltar de alegra, y a las palomas rondar en bandadas de un lado a otro con inusitado alborozo, all donde estuvo antes la casa de Ana. Ahora no existe nada: el lugar es todo desierto. Tuve una visin de peregrinos de muy antiguos tiempos que, recogidos sus vestidos, con turbantes en las cabezas y largos bastones de viaje, atravesaban esta comarca para dirigirse al monte Carmelo. Ellos tambin notaron esta alegra extraordinaria de la naturaleza. Cuando manifestaron su extraeza y preguntaron a las personas con las cuales se hospedaron, la razn de tal suceso, les respondieron que tales contentos y manifestaciones de alegra se notan todas las vsperas, desde el nacimiento de Mara y que all haba estado la casa de Ana. Hablaron entonces de un varn santo, de tiempos antiguos, que haba observado esta renovacin de la naturaleza, que fue la causa de que se celebrase entonces la fiesta del nacimiento de Mara en la Iglesia Catlica.

    Doscientos cincuenta aos despus del trnsito de Mara al cielo vi a un piadoso peregrino atravesar la Tierra Santa y visitar y anotar todos los lugares por donde haba

  • estado Jess en su peregrinacin sobre la tierra, para venerarlos y recordarlos. Este hombre goz de una inspiracin sobrenatural que le guiaba. En algunos lugares se detena varios das, probando especial dulzura y contento, y reciba revelaciones mientras estaba en oracin y meditacin piadosas. Haba tenido siempre la impresin de que cerca del 8 de septiembre haba una grande alegra en la naturaleza en Tierra Santa y oa en ese tiempo armoniosos cantos de pjaros.

    Finalmente obtuvo, despus de mucho pedir en oracin, la revelacin de que esa era la fecha del nacimiento de Mara. Tuvo esta revelacin en el camino al monte Sina y el aviso de que all haba una capilla murada dedicada a Mara, en una gruta del profeta Elas. Se le dijo que deba decir estas cosas a los solitarios que habitaban en las faldas del monte Sina, adonde le he visto llegar. Donde ahora estn los monjes, haba ya ermitaos que vivan aislados: el lugar era entonces tan agreste del lado del valle, como ahora, necesitndose un aparato para poder subir. Observ que, segn sus indicaciones, se celebr all la festividad del nacimiento de Mara el 8 de septiembre del ao y que luego pas esta fiesta a la Iglesia universal.

    Vi tambin que los ermitaos, juntos con el peregrino, escudriaron la gruta de Elas buscando la capilla amurallada de Mara. No era cosa fcil encontrarla, pues haba muchas grutas de antiguos ermitaos y de los esenios, entre jardines y huertas agrestes, donde an crecan hermosas frutas. El vidente dijo que trajeran a un judo, y la gruta de la cual el judo fuera arrojado afuera, sera la seal de que sa era la de Elas. Le fue dicho esto en una revelacin.

    Tuvo luego la visin de cmo buscaron a un viejo judo y lo llevaron a la gruta del monte, y como ste era siempre arrojado afuera de una gruta, que tena una puerta angosta amurallada, a pesar de que l se esforzaba por entrar. Por este prodigio reconocieron la gruta de Elas, dentro de la cual encontraron una segunda cueva amurallada, que haba sido la capilla donde el profeta haba orado a la futura Madre del Salvador.

    All dentro hallaron huesos sagrados de profetas y de antiguos padres, como tambin biombos tejidos y utensilios que haban servido antiguamente para el servicio divino. El lugar donde estuvo la zarza se llama, segn el lenguaje de la regin, Sombra de Dios, y es visitado por los peregrinos, que se descansan antes. La capilla de Elas estaba hecha con hermosas piedras de colores y floreadas. Hay en las cercanas una montaa de arena rojiza, en la falda de la cual se cosechan hermosas frutas.

    XIII Oraciones para la fiesta del Nacimiento de Mara

    Vi muchas cosas relacionadas con Santa Brgida y tuve conocimiento de varias comunicaciones hechas a esta santa sobre la Concepcin Inmaculada y la Natividad de Mara. Recuerdo que la Virgen Santsima le dijo que cuando las mujeres embarazadas santifican la vspera del da de su Nacimiento, ayunando y recitando con devocin nueve veces el Ave Mara, en honor de los nueve meses que Ella haba pasado en el seno de su madre, y cuando renuevan con frecuencia este ejercicio de piedad en el curso de su preez y la vspera de su alumbramiento, acercndose con piedad a los

  • sacramentos, lleva Ella esas oraciones ante Dios y les obtiene un parto feliz, aunque las condiciones se presenten difciles.

    En cuanto a m, se me acerc la Virgen y me dijo, entre otras cosas, que quien en el da de hoy, (festividad del Nacimiento de La Virgen) por la tarde, recite con devocin nueve veces el Ave Mara en honor de su permanencia de nueve meses en el seno de su madre (Santa Ana) y de su nacimiento, y contine durante nueve das este ejercicio de piedad, da a los ngeles cada da nueve flores destinadas a formar un ramillete que Ella recibe en el cielo y presenta a la Santsima Trinidad, con el fin de obtener una gracia para la persona que ha dicho esas mismas oraciones.

    Ms tarde me sent transportada a la altura, entre el cielo y la tierra. Debajo estaba la tierra, oscura y esfumada. En el cielo, entre los coros de los ngeles y santos, vi a la Santsima Virgen ante el trono de Dios. Pude ver construir para Ella, con las oraciones y las devociones de los fieles del mundo dos puertas o tronos de honor que crecan hasta formar iglesias, palacios y ciudades enteras. Me admir que estos edificios estuvieran hechos totalmente de plantas, flores y guirnaldas, expresando, las diversas especies, la naturaleza y el mrito de las oraciones, dichas por los individuos o por las comunidades. Vi que para conducirlo hasta el cielo los ngeles y santos tomaban todo esto de entre las manos de quienes decan tales oraciones.

    XIVNatividad de La Virgen Santsima

    Con varios das de anticipacin haba anunciado Ana a Joaqun que se acercaba su alumbramiento. Con este motivo envi ella mensajeros a Sforis, a su hermana menor Marha; al valle de de Zabuln, a la viuda Enue, hermana de Isabel; y a Betsaida, a su sobrina Mara Salom, llamndolas a su lado. Vi a Joaqun, la vspera del alumbramiento de Ana, que enviaba numerosos siervos a los prados donde estaban sus rebaos, yendo l mismo al ms cercano.

    Entre las nuevas criadas de Ana, slo guard en su casa a aqullas cuyo servicio era necesario. Vi a Mara Hel, la hija mayor de Ana, ocupndose en los quehaceres domsticos. Tena entonces unos diecinueve aos, y habindose casado con Cleofs, jefe de los pastores de Joaqun, era madre de una niita llamada Mara de Cleofs, de ms o menos cuatro aos en aquel momento. Joaqun or, eligi sus ms hermosos corderos, cabritos y bueyes y los envi al templo como sacrificio de accin de gracias. No volvi a casa hasta el anochecer. Por la noche vi llegar a casa de Ana a sus tres parientas. La visitaron en su habitacin situada detrs del hogar, y la besaron. Despus de haberles anunciado la proximidad de su alumbramiento, Ana, ponindose de pie, enton con ellas un cntico concebido ms o menos en estos trminos: Alabad a Dios, el Seor, que ha tenido piedad de su pueblo, que ha cumplido la promesa hecha a Adn en el paraso, cuando le dijo que la simiente de la mujer aplastara la cabeza de la serpiente. No me es posible repetir todo con exactitud. Se encontraba Ana en xtasis, enumerando en su cntico todas las imgenes que figuraban a Mara. Deca: El germen dado por Dios a Abraham ha llegado a su

  • madurez en mi misma. Hablaba luego de Isaac, prometido de Sara, y agregaba: El florecimiento de la vara de Aarn se ha cumplido en m.

    La he visto penetrada de luz en medio de su aposento, lleno de resplandores, donde apareca tambin, en lo alto, la escala de Jacob. Las mujeres, llenas de asombro y de jbilo, estaban como arrobadas, y creo que vieron la aparicin. Despus de la oracin de bienvenida se sirvi a las mujeres una pequea comida de frutas y agua mezclada con blsamo. Comieron y bebieron de pie, y fueron a dormir algunas horas para reposar del viaje. Ana permaneci levantada, y or. Hacia la media noche, despert a sus parientas para orar juntas, siguindola stas detrs de una cortina cerca del lecho. Ana abri las puertas de una alacena embutida en el muro, donde se hallaban varias reliquias dentro de una caja. Vi luces encendidas a cada lado; pero no s si eran lmparas. Al pie de este pequeo altar haba un escabel tapizado.

    El relicario contena algunos cabellos de Sara, a quien Ana profesaba veneracin; huesos de Jos, que Moiss haba trado de Egipto; algo de Tobas, quizs un trozo de vestido, y el pequeo vaso brillante en forma de pera donde haba bebido Abraham al recibir la bendicin del ngel y que Joaqun haba recibido junto con la bendicin. Ahora s que esta bendicin constaba de pan y vino y era como un alimento sacramental. Ana se arrodill delante de la alacena. A cada lado de ella estaba una de las dos mujeres, y la tercera, detrs. Recit un cntico: creo que se trataba de la zarza ardiente de Moiss.

    Vi entonces un resplandor celestial que llen la habitacin, y que, movindose, condensbase en torno de Ana. Las mujeres cayeron como desvanecidas con el rostro pegado al suelo. La luz en torno de Ana tom la forma de zarza que arda junto a Moiss, sobre el monte Horeb, y ya no me fue posible contemplarla. La llama se proyectaba hacia el interior: de pronto vi que Ana reciba en sus brazos a la pequea Mara, luminosa, que envolvi en su manto, apret contra su pecho y coloc sobre el escabel delante del relicario. Prosigui luego sus oraciones. O entonces que la nia lloraba. Vi que Ana sacaba unos lienzos debajo del gran velo que la cubra y fajndola, dejaba la cabeza, el pecho y los brazos descubiertos. La aparicin de la zarza ardiendo desapareci. Levantronse entonces las mujeres y en medio de la mayor admiracin recibieron en brazos a la criatura recin nacida, derramando lgrimas de alegra. Entonaron todas juntas un cntico de accin de gracias, y Ana alz a la nia en el aire como para ofrecerla. Vi entonces que la habitacin se volvi a llenar de luces y o a los ngeles que cantaban Gloria y Aleluya. Pude escuchar todo lo que decan: supe que, segn lo anunciaban, veinte das ms tarde la nia recibira el nombre de Mara. Entr Ana en su alcoba y se acost.

    Las mujeres tomaron a la nia, la despojaron de la faja, la lavaron y, fajndola de nuevo, la llevaron en seguida junto a su madre, cuyo lecho estaba dispuesto de tal manera que se poda fijar contra l una pequea canasta calada, donde tena la nia un sitio separado al lado de su madre. Las mujeres llamaron entonces a Joaqun, el cual se acerc al lecho de Ana, y arrodillndose, derram abundantes lgrimas de alegra sobre la nia. La alz en sus brazos y enton un cntico de alabanzas, como Zacaras en el nacimiento del Bautista. Habl en el cntico del santo germen, que colocado por Dios en Abraham se haba perpetuado en el pueblo de Dios y en la Alianza, cuyo sello era la circuncisin y

  • que con esta nia llegaba a su ms alto florecimiento. O decir en el cntico que aquellas palabras del profeta: Un vstago brotar de la raz de Jess, cumplase en este momento perfectamente. Dijo tambin, con mucho fervor y humildad, que despus de esto morira contento.

    Not que Mara Hel, la hija mayor de Ana, lleg bastante tarde para ver a la nia. A pesar de ser madre ella misma, desde varios aos atrs, no haba asistido al nacimiento de Mara quizs porque, segn las leyes judas, una hija no deba hallarse al lado de su madre en tales circunstancias. Al da siguiente vi a los servidores, a las criadas y a mucha gente del pas reunidos en torno de la casa. Se les haca entrar sucesivamente, y la nia Mara fue mostrada a todos por las mujeres que la atendan. Otros vecinos acudan porque durante la noche haba aparecido una luz encima de la casa, y porque el alumbramiento de Ana, despus de tantos aos de esterilidad, era considerado como una especial gracia del cielo.

    XV La Natividad de Mara en el Orbe

    En el instante en que la pequea Mara se hallaba en los brazos de Santa Ana, la vi en el cielo presentada ante la Santsima Trinidad y saludada con jbilo por todos los coros celestiales. Entend que le fueron manifestados de modo sobrenatural todas sus alegras, sus dolores y su futuro destino. Mara recibi el conocimiento de los ms profundos misterios, guardando, sin embargo, su inocencia y candor de nia. Nosotros no podemos comprender la ciencia que le fue dada, porque la nuestra tiene su origen en el rbol fatal del Paraso terrenal. Ella conoci todo esto como el nio conoce el seno de la madre donde debe buscar su alimento.

    Cuando termin la contemplacin en la cual vi a la nia Mara en el cielo, instruida por la gracia divina, por primera vez pude verla llorar. Vi anunciado el nacimiento de Mara en el Limbo a los santos Patriarcas en el mismo momento penetrados de alegra inexplicable, porque se haba cumplido la promesa hecha en el Paraso. Supe tambin que hubo un progreso en el estado de gracia de los Patriarcas: su morada se haca ms clara, ms amplia y adquiran mayor influencia sobre las cosas que acontecan en el mundo. Era como si todos sus trabajos, todas sus penitencias de su vida, todos sus combates, sus oraciones y sus ansias hubiesen llegado, por decirlo as, a su completa madurez produciendo frutos de paz y de gracia.

    Observ un gran movimiento de alegra en toda la naturaleza al nacimiento de Mara; en los animales, y en el corazn de los hombres de bien; y o armoniosos cantos por doquiera. Los pecadores se sintieron como angustiados y experimentaron pena y afliccin. Vi que en Nazaret y en las regiones de la Tierra Prometida varios posedos del demonio se agitaban en medio de convulsiones violentas. Corran de un lado a otro con grandes clamores; los demonios bramaban por boca de ellos clamando: Hay que salir!... Hay que salir!.... He visto en Jerusaln al piadoso sacerdote Simen, que habitaba cerca del templo, en el momento del nacimiento de Mara, sobresaltado por los clamores desaforados de locos y posesos, encerrados en un edificio contiguo a la montaa del templo, sobre el cual tena Simen derechos de vigilancia.

  • Lo vi dirigirse a media noche a la plaza, delante de la casa de los posesos. Un hombre que all habitaba le pregunt la causa de aquellos gritos, que interrumpan el sueo de todo el mundo. Uno de los posesos clam con ms fuerza para que lo dejaran salir. Abri Simen la puerta y el poseso grit, precipitndose afuera, por boca de Satans: Hay que salir Debemos salir Ha nacido una Virgen Son tantos los ngeles que nos atormentan sobre la tierra, que debemos partir, pues ya no podemos poseer un slo hombre ms!. Vi a Simen orando con mucho fervor. El desgraciado poseso fue arrojado violentamente sobre la plaza, de un lado a otro; y vi que el demonio sala por fin de su boca.

    Qued muy contenta de haber visto al anciano Simen. Vi tambin a la profetisa Ana y a Noem, hermana de la madre de Lzaro, que habitaba en el templo y fue ms tarde la maestra de la nia Mara. Fueron despertadas y se enteraron, por medio de visiones, de que haba nacido una criatura de predileccin. Se reunieron y se comunicaron unas a otras las cosas que acababan de saber. Creo que ellas conocan ya a Santa Ana.

    XVIAnuncio del Nacimiento de Mara Virgen

    En el pas de los Reyes Magos mujeres videntes tuvieron visiones del nacimiento de la Santsima Virgen. Ellas decan a los sacerdotes que haba nacido una Virgen, para saludar a la cual haban bajado muchos espritus del cielo; que otros espritus malignos se lamentaban de ello. Tambin los Reyes Magos, que observaban los astros, vieron figuras y representaciones del acontecimiento. En Egipto, la misma noche del nacimiento de Mara, fue arrojado del templo un dolo y echado a las aguas del mar. Otro dolo cay de su pedestal y se deshizo en pedazos. Llegaron ms tarde a casa de Ana varios parientes de Joaqun que acudan desde el valle de Zabuln y algunos siervos que haban estado lejos. A todos les fue mostrada la nia Mara.

    En casa se prepar una comida para los visitantes. Ms tarde concurrieron muchas gentes para ver a la nia Mara, de modo que fue sacada de su cuna y puesta en sitio elevado, como sobre un caballete, en la parte anterior de la casa. Estaba sobre lienzos colorados y blancos por encima, fajada con lienzos colorados y blancos transparentes hasta debajo de los bracitos. Sus cabellos eran rubios y rizados. He visto despus a Mara Cleofs, la hija de Mara Hel y de Cleofs, nieta de Ana, de algunos aos de edad, jugar con Mara y besarla. Era Mara Cleofs una nia fuerte y robusta, tena un vestidito sin mangas, con bordes colorados y adornos de rojas manzanas bordadas. En los brazos descubiertos llevaba coronitas blancas que parecan de seda, lana o plumas. La nia Mara tena tambin un velo transparente alrededor del cuello.

    XVIILa Nia recibe el dulce Nombre de Mara

  • Hoy vi una gran fiesta en casa de Ana. Los muebles haban sido cambiados de lugar y puestos a un lado en las habitaciones del frente. Los tabiques de juncos, que formaban habitaciones separadas, haban sido quitados para poder disponer una gran mesa. En torno de la sala vi una mesa amplia, baja, llena de platos y fuentes para la comida. En el centro se haba levantado un altar cubierto con un pao rojo y blanco, sobre el cual haba una cunita tambin de rojo y blanco y una colcha celeste. Al lado del altar haba un atril cubierto, con rollos de pergamino conteniendo oraciones. Delante del altar haba cinco sacerdotes de Nazaret con vestimentas de ceremonias. Joaqun estaba con ellos. En el fondo, en torno del altar, haba mujeres y hombres, parientes de Joaqun, todos con trajes de fiesta.

    Recuerdo a la hermana de Ana, Maraha de Sforis y a su hija mayor. Santa Ana haba dejado el lecho; pero no asisti a la ceremonia, quedndose en la habitacin, detrs del hogar. Enue, la hermana de Isabel, trajo a la pequea Mara, ponindola en brazos de Joaqun. Los sacerdotes se colocaron delante del altar, cerca de los rollos y recitaron en alta voz las oraciones. Joaqun entreg a la nia al principal de ellos, el cual alzndola en el aire, mientras rezaba, como para ofrecerla a Dios, la dej luego en su cuna, sobre el altar. Tom despus unas tijeras de forma particular, con las cuales cort tres pequeas guedejas de cabello a ambos lados de la cabeza y la frente de la criatura, quemndolas en el brasero. Tom luego una caja que contena aceite y ungi los cinco sentidos de la nia, tocndole con el pulgar las orejas, los ojos, la nariz, la boca y el hueco del estmago. Sobre el pecho de la criatura coloc un pergamino donde estaba escrito el nombre de Mara. Luego se cantaron salmos y se sirvi la comida, la cual no pude ver.

    Varias semanas despus del nacimiento de Mara, vi a Joaqun y a Ana que iban con la Nia al templo para ofrecer un sacrificio. La presentaron al templo con vivos sentimientos de piedad y agradeciendo a Dios de un modo parecido a lo que ms tarde hizo la Virgen Santsima cuando present al Nio Jess y lo rescat del templo, segn las prescripciones de la ley. Al da siguiente entregaron su ofrenda, prometiendo consagrar la nia a Dios en el templo dentro de algunos aos. Despus volvieron a Jerusaln.

    XVIII Preparativos para la presentacin de Mara en el Templo

    Mara era de tres aos de edad y tres meses cuando hizo el voto de presentarse en el templo entre las vrgenes que all moraban. Era de complexin delicada, cabellera clara un tanto rizada hacia abajo; tena ya la estatura que hoy en nuestro pas tiene un nio de cinco a seis aos. La hija de Mara Hel era mayor en algunos aos y ms robusta. He visto en casa de Ana los preparativos de Mara para ser conducida al templo. Era una fiesta muy grande. Estaban presentes cinco sacerdotes de Nazaret, de Sforis y de otras regiones, entre ellos Zacaras y un hijo del hermano del padre de Ana. Ensayaban una ceremonia con la nia Mara. Era una especie de examen para ver si estaba madura para ser recibida en el templo. Adems de los sacerdotes estaban presentes la hermana de Ana de Sforis y su hija, Mara Hel y su hijita y algunas pequeas nias y parientes.

  • Los vestidos, en parte cortados por los sacerdotes y arreglados por las mujeres, le fueron puestos en esta ocasin a la nia en diversos momentos, mientras le dirigan preguntas.

    Esta ceremonia tena un aire de gravedad y de seriedad, aun cuando algunas preguntas estaban hechas por el anciano sacerdote con infantil sonrisa, las cuales eran contestadas siempre por la nia, con admiracin de los sacerdotes y lgrimas de sus padres. Haba para Mara tres clases de vestidos, que se pusieron en tres momentos. Esto tena lugar en un gran espacio junto a la sala del comedor, que reciba la luz por una abertura cuadrangular abierta en el techo, a menudo cerrada con una cortina. En el suelo haba un tapete rojo y en medio de la sala un altar cubierto de pao rojo y encima blanco transparente. Sobre el altar haba una caja con rollos escritos y una cortina que tena dibujada o bordada la imagen de Moiss, envuelto en su gran manto de oracin y sosteniendo en sus brazos las tablas de la ley.

    He visto a Moiss siempre de anchas espaldas, cabeza alta, nariz grande y curva, y en su gran frente dos elevaciones vueltas un tanto una hacia otra, todo lo cual le daba un aspecto muy particular. Estas especies de cuernos los tuvo ya Moiss desde nio, como dos verrugas. El color de su rostro oscuro de fuego y los cabellos rubios. He visto a menudo semejante especie de cuernos en la frente de antiguos profetas y ermitaos y a veces una sola de estas excrecencias en medio de la frente.

    Sobre el altar estaban los tres vestidos de Mara; haba tambin paos y lienzos obsequiados por los parientes para el arreglo de la nia. Frente al altar vease, sobre gradas, una especie de trono. Joaqun, Ana y los miembros de la familia se encontraban reunidos. Las mujeres estaban detrs y las nias al lado de Mara. Los sacerdotes entraron con los pies descalzos. Haba cinco, pero slo tres de ellos llevaban vestiduras sacerdotales e intervenan en la ceremonia.

    Un sacerdote tom del altar las diversas prendas de la vestimenta, explic su significado y presentlas a la hermana de Ana, Maraha de Sforis, la cual visti con ellas a la nia Mara. Le pusieron primero un vestidito amarillo y encima, sobre el pecho, otra ropa bordada con cintas, que se pona por el cuello y se sujetaba al cuerpo. Despus, un mantito oscuro con aberturas en los brazos; por arriba colgaban algunos retazos de gnero. Este manto estaba abierto por arriba y cerrado por debajo del pecho. Calzronle sandalias oscuras con suelas gruesas de color amarillo. Tena los cabellos rubios peinados y una corona de seda blanca con variadas plumas. Colocronle sobre la cabeza un velo cuadrado de color ceniza, que se poda recoger bajo los brazos para que stos descansaran como sobre dos nudos. Este velo pareca de penitencia o de oracin.

    Los sacerdotes le dirigieron toda clase de preguntas relacionadas con la manera de vivir las jvenes en el templo. Le dijeron, entre otras cosas: Tus padres, al consagrarte al templo, han hecho voto de que no bebers vino ni vinagre, ni comers uvas ni higos. Qu quieres agregar a este voto?... Pinsalo durante la comida. A los judos, especialmente a las jvenes judas, les gusta mucho el vinagre, y Mara tambin tena gusto en beberlo. Le hicieron otras preguntas y le pusieron un segundo gnero de vestido. Constaba ste de uno azul celeste, con mantito blanco azulado, y un adorno sobre el pecho y un velo transparente de seda blanca con pliegues detrs, como usan las monjas. Sobre la cabeza la pusieron una corona de cera adornada con flores y capullos de hojas verdes. Los sacerdotes le pusieron otro velo para la cara: por arriba pareca una gorra, con tres broches a diversa distancia, de modo que se poda levantar un tercio, una

  • mitad o todo el velo sobre la cabeza. Se le indic el uso del velo: cmo tena que recogerlo para comer y bajarlo cuando fuese preguntada.

    Con este vestido presentse Mara con los dems a la mesa: la colocaron entre los dos sacerdotes y uno enfrente. Las mujeres con otros nios se sentaron en un extremo de la mesa, separadas de los hombres. Durante la comida probaron los sacerdotes a la nia Mara en el uso del velo. Hubo preguntas y respuestas. Tambin se le instruy acerca de otras costumbres que deba observar. Le dijeron que poda comer de todo por ahora dndole diversas comidas para tentarla. Mara los dej a todos maravillados con su forma de proceder y con las respuestas que les daba. Tom muy poco alimento y responda con sabidura infantil que admiraba a todos. He visto durante todo el tiempo a los ngeles en torno a ella, que le sugeran y guiaban en todos los casos.

    Despus de la comida fue llevada a la otra sala, delante del altar, donde le quitaron los vestidos de la segunda clase para ponerle los de la tercera. La hermana de Santa Ana y un sacerdote la revistieron de los nuevos vestidos de fiesta. Era un vestido color violeta con adorno de pao bordado sobre el pecho. Se ataba de costado con el pao de atrs, formaba rizos y terminaba en punta por debajo. Pusironle un mantito violeta ms amplio y ms festivo, redondeado por detrs, que pareca una casulla de misa. Tena mangas anchas para los brazos y cinco lneas de adornos de oro. La del medio estaba partida y se recoga y cerraba con botones. El manto estaba tambin bordado en las extremidades. Luego se le puso un velo grande: de una parte caa en blanco y de otra en blanco violeta sobre los ojos. Sobre esto colocronle una corona cerrada, con cinco broches, que constaba de un crculo de oro, ms ancho arriba, con picos y botones. Esta corona estaba revestida de seda por fuera, con rositas y cinco perlas de adorno; los cinco arcos terminales eran de seda y tenan un botn. El escapulario del pecho estaba unido por detrs; por delante, tena cintas. El manto estaba sujeto por delante sobre el pecho.

    Revestida en esta forma fue la nia Mara llevada sobre las gradas del altar. Las nias rodeaban el altar de uno y otro lado. Mara dijo que no pensaba comer carne ni pescado ni tomar leche; que slo tomara una bebida hecha de agua y de mdula de junco, que usaban los pobres y que pondra a veces en el agua un poco de zumo de terebinto. Esta bebida es como un aceite blanco, se expande, y es muy refrescante aunque no tan fina como el blsamo. Prometi no gustar especias y no comer en frutas ms que unas bayas amarillas que crecen como uvas. Conozco estas bayas: las comen los nios y la gente pobre. Tambin dijo que quera descansar sobre el suelo y levantarse tres veces durante la noche para rezar. Las personas piadosas, Ana y Joaqun lloraban al or estas cosas. El anciano Joaqun, abrazando a su hija, le deca: "Ah, hija! Esto es muy duro de observar. Si quieres vivir en tanta penitencia creo que no te podr ver ms, a causa de mi avanzada edad". Era una escena muy conmovedora. Los sacerdotes le dijeron que se levantara slo una vez, como las dems, y le hicieron otras propuestas para mitigar sus abstinencias. Le impusieron comer otros alimentos, como el pescado, en las grandes festividades.

    Haba en Jerusaln, en la parte baja de la ciudad, un gran mercado de pescados, que reciba el agua de la piscina de Bethseda. Un da qu falt el agua, Herodes el Grande quiso construir all un acueducto, vendiendo, para lograr dinero, vestiduras sacerdotales y vasos sagrados del templo. Por este motivo hubo un intento de sublevacin, pues los esenios, encargados de la inspeccin de las vestiduras sacerdotales, acudieron a

  • Jerusaln de todas partes del pas y se opusieron firmemente. Record en este momento estas cosas.

    Por ltimo dijeron los sacerdotes: "Muchas de las otras nias que van al templo sin pagar su manutencin y sus vestidos, se comprometen, con el consentimiento de sus padres, a lavar los vestidos de los sacerdotes manchados con la sangre de las vctimas, y otros paos burdos, trabajo muy pesado que lastima las manos. T no necesitas hacer esto, porque tus padres te costean tu manutencin". Mara respondi prontamente que quera hacer tambin eso, si era tenida por digna de hacerlo. Joaqun se emocion grandemente al orla. Mientras se hacan estas ceremonias vi que Mara, en varias ocasiones, haba crecido de tal modo ante ellos, que los superaba en altura. Era una seal de la gracia y de su sabidura. Los sacerdotes se mostraron serios, con grata admiracin.

    Por ltimo fue bendecida la nia Mara por el sacerdote. La he visto de pie sobre el tronito resplandeciente. Dos sacerdotes estaban a su lado; otro, delante. Los sacerdotes tenan rollos en las manos y rezaban preces sobre ella con las manos extendidas. Tuve una admirable visin de Mara. Me pareca que por la bendicin se haca transparente. Vi una gloria de indescriptible esplendor y dentro de ella el misterio del Arca de la Alianza como si estuviese en un brillante vaso de cristal, Luego vi el corazn de Mara que se abra en dos como una puertecita del templete, y el misterio sacramental del Arca de la Alianza penetr en su corazn. En torno de este misterio haba formado un tabernculo de variadas y muy significativas piedras preciosas. Entr en el corazn, como el Arca en el Santsimo, como el Ostensorio en el tabernculo.

    Vi a la nia Mara como transformada, flotando en el aire. Con la entrada del sacramento en el corazn de Mara, que se cerr luego, lo que era figura pas a ser realidad y posesin, y vi que la nia estuvo desde entonces como penetrada de una ardorosa concentracin interior. Vi tambin, durante esta visin, que Zacaras recibi una interna persuasin o una celestial revelacin de que Mara era el vaso elegido del misterio o sacramento. Haba recibido l un rayo de luz que yo vi salir de Mara.

    Despus de esto condujeron los sacerdotes a la nia adonde estaban sus padres. Ana levant a su hija en alto y estrechndola contra su pecho la bes con interna dulzura y afecto, mezclada de veneracin. Joaqun, muy conmovido, le dio la mano, lleno de admiracin y veneracin. La hermana mayor de Mara Santsima, Mara de Hel, abraz a la nia con ms vivacidad que Santa Ana, que era una mujer muy reservada, moderada y muy medida en todos sus actos. La sobrinita, Mara Cleofs, le ech los brazos al cuello, como hacen las criaturas. Despus los sacerdotes tomaron a la nia de nuevo, le quitaron los vestidos simblicos y le pusieron sus acostumbrados vestidos. Todava los he visto de pie, tomando algn lquido de un recipiente, y luego partir.

    XIX Partida al Templo de Jerusaln

    He visto a Joaqun, a Ana y a su hija mayor, Mara de Hel, ocupados toda la noche preparando paquetes y utensilios. Arda una lmpara con varias mechas. A Mara Hel la

  • vea con una luz ir de un lado a otro. Unos das antes Joaqun haba mandado a sus siervos que eligieran cinco de cada especie de los animales de sacrificio, entre los mejores y los haba despachado para el templo: formaban estos animales una hermosa majada. Despus tom dos animales de carga y los fue cargando con toda clase de paquetes: vestidos para la nia y regalos para el templo.

    Sobre el lomo del animal acomod un ancho asiento para que se pudiera sentar cmodamente. Los objetos que se cargaron estaban acondicionados en bultos y atados, fciles de llevar. Vi cestas de diversas formas sujetas a los flancos del animal. En una de ellas haba pjaros del tamao de las perdices; otros cestos, semejantes a cuvanos de uvas, contenan frutas de toda clase. Cuando el asno estuvo cargado completamente, tendieron encima una gran manta de la que colgaban gruesas borlas. Todava quedaban dos sacerdotes. Uno de ellos era muy anciano, que llevaba un capuz terminado en punta sobre la frente y dos vestiduras, la de arriba ms corta que la de abajo. Este sacerdote es el que se haba ocupado el da anterior en el examen de Mara, y le he visto dar otras instrucciones ms a la nia. Tena una especie de estola colgante. El otro sacerdote era ms joven. Mara tena en aquel momento algo ms de tres aos de edad: era bella y delicada y estaba tan adelantada como un nio de cinco aos de nuestro pas. Sus cabellos lisos, rizados en sus extremos, eran de un rubio dorado y ms largos que los de Mara Cleofs, de siete aos, cuya rubia cabellera era corta y crespa. Casi todas las personas mayores llevaban largas ropas de lana sin teir.

    Yo notaba la presencia de dos nios que no eran de este mundo: estaban all en una forma espiritual y figurativa, como profetas; no pertenecan a la familia y no conversaban con nadie. Pareca que nadie notaba su presencia. Eran hermosos y amables; tenan largos cabellos rubios y rizados. Mirando a uno y otro lado me dirigieron la palabra. Llevaban libros, probablemente para su instruccin. La pequea Mara no posea libro alguno a pesar de que saba leer. Los libros no eran como los nuestros, sino largas tiras de ms o menos media vara de ancho, enrolladas en un bastn, cuyas extremidades asomaban por cada lado. El ms alto de los dos nios se me acerc con uno de los rollos desplegados en la mano y ley algo, explicndomelo luego. Eran letras de oro, totalmente desconocidas para m, escritas al revs y cada una de ellas pareca representar una palabra entera. La lengua me era completamente desconocida tambin y, sin embargo, la entenda perfectamente. Lstima que haya olvidado la explicacin. Tratbase de un texto de Moiss sobre la zarza ardiente. Me declar: "Como la zarza arda y no se quemaba, as arde el fuego del Espritu Santo en la nia Mara, y en su humildad es como si nada supiera de ello. Significa tambin la divinidad y humanidad de Jess y como el fuego de Dios se une con la nia Mara".

    El descalzarse expliclo como que la ley se cumpla, la corteza caa y llegaba ahora la sustancia. La pequea bandera que traa la extremidad del bastoncito significaba que Mara empezaba su camino, su misin para ser Madre del Redentor. El otro nio jugaba con su rollo inocentemente, representando con esto el candor infantil de Mara, sobre la cual reposaba una promesa muy grande, la cual, no obstante tan alto destino, jugaba ahora como una criatura. Explicronme aquellos nios siete pasajes de sus rollos; pero a causa del estado en que me encuentro, se me ha ido de la memoria. Oh, Dios mo! Cuando se me aparece todo esto qu bello y profundo es y, al mismo tiempo, qu simple y claro!... Al rayar el alba vi que se ponan en camino para Jerusaln. La pequea Mara deseaba vivamente llegar al templo y sali apresuradamente de la casa acercndose a la bestia de carga. Los nios profetas me mostraron todava algunos

  • textos de sus rollos. Uno de stos deca que el templo era magnfico, pero que la nia Mara encerraba en s algo ms admirable an. Haba dos bestias de carga. Uno de los asnos, el ms cargado, iba conducido por un servidor y deba ir siempre delante de los viajeros.

    El otro, que estaba delante de la casa, cargado con ms bultos, tena preparado un asiento, y Mara fue colocada sobre l. Joaqun conduca el asno. Llevaba un bastn largo con un grueso pomo redondo en la extremidad: pareca un cayado de peregrino. Un poco ms adelante iba Ana con la pequea Mara Cleofs y una criada que deba acompaarla en todo el camino. Al empezar el viaje se juntaron con ellas unas mujeres y nias: se trataba de parientas que en los diversos cruces del camino se separaban de la comitiva para volverse a sus casas. Uno de los sacerdotes acompa a la comitiva durante algn tiempo.

    He visto unas seis mujeres parientas, con sus hijos y algunos hombres. Llevaban una linterna, y vi que la luz desapareca totalmente ante aquella otra claridad que derramaban las santas personas sobre el camino en su viaje nocturno, sin que, al parecer, lo notaran los dems. Al principio me pareci que el sacerdote iba detrs de la pequea Mara con los nios profetas. Ms tarde, cuando ella baj del asno para seguir a pie, yo estuve a su lado. Ms de una vez o a mis jvenes compaeros cantando el salmo "Eructavit cor meum" y el "Deus deorum Dominus locutus est". Supe por ellos que estos salmos seran cantados a doble coro cuando la Nia fuera admitida en el templo. Lo escuchar cuando lleguen al templo.

    Al principio vi que el camino descenda en pendiente de una colina, para volver a subir despus. Siendo temprano, y habiendo buen tiempo, el cortejo se detuvo cerca de un manantial del que naca un arroyo. Haba all una pradera y los caminantes descansaron sentndose junto a un cerco de plantas de blsamo. Debajo de estos frgiles arbustos solan poner vasos y recipientes de piedra para recoger el blsamo que iba cayendo gota a gota. Los viajeros bebieron blsamo y echaron un poco en el agua, llenando pequeos recipientes. Comieron bayas de ciertas plantas que all haba, con panecillos que traan en las alforjas. En ese momento desaparecieron los dos nios profetas. Uno de ellos era Elas; el otro me pareci que era Moiss. La pequea Mara los haba visto; pero no habl de ello con nadie.

    As sucede que a veces vemos en nuestra infancia a santos nios y en edad ms madura a santas jvenes o muchachos, y callamos estas visiones sin comunicarlas a los dems por ser tal momento un instante de gozo celestial y de recogimiento.

    Ms tarde vi a los viajeros entrar en una casa aislada, en la que fueron bien recibidos y tomaron provisiones, pues los moradores parecan ser de la familia. En aquel sitio se despidieron de la nia Cleofs, que deba volver a su casa. Durante el da, vi el curso del camino que suele ser bastante penoso, pues hay muchas subidas y bajadas. En los valles hay a menudo neblina y roco; con todo, veo algunos lugares mejor situados, donde brotan flores. Antes de llegar al sitio donde deban pasar la noche, hallaron un pequeo arroyo. Se hospedaron en una posada al pie de una montaa en la cual se vea una ciudad. Por desgracia, no recuerdo el nombre de esa ciudad, pues la he visto durante otros viajes de la Sagrada Familia, por lo cual confundo los nombres. Lo que puedo decir es que ellos siguieron el camino que tom Jess en el mes de septiembre, cuando

  • tena treinta aos e iba de Nazaret a Betania y luego al bautismo de Juan y aun esto lo digo sin certidumbre completa.

    La Sagrada Familia hizo ms tarde este camino en la poca de la huida a Egipto. La primera etapa fue Nazara, pequeo lugar entre Massaloth y otra ciudad ubicada en la altura, ms cercana a esta ltima. Veo por todas partes tantas poblaciones, cuyos nombres oigo pronunciar, que luego confundo unos con otros. La ciudad cubre la ladera de una montaa y se divide en varias partes, si es que realmente todas forman una misma ciudad. All falta agua y tienen que hacerla subir desde el llano con la ayuda de cuerdas. Veo all torres antiguas en ruinas. Sobre la cumbre de la montaa hay una torre que parece un observatorio con un aparato de mampostera que tiene vigas y cuerdas como para hacer subir algo desde la ciudad.

    Hay una cantidad tan grande de estas cuerdas que el conjunto aparenta mstiles de buques. Debe haber como una hora de camino desde abajo a la cumbre de la montaa, desde donde se disfruta de una esplndida vista muy extensa. Los caminantes entraron en una posada situada en la llanura. En una parte de la ciudad haba paganos, considerados como esclavos por los judos, debiendo someterse a rudos trabajos en el templo y en otras construcciones. Esta noche he visto a la pequea Mara llegando con sus padres a una ciudad situada a seis leguas ms o menos de Jerusaln en direccin noroeste. Esta ciudad, se llama Bet-Horon y se encuentra al pie de una montaa.

    Durante el viaje atravesaron un pequeo ro que desemboca en el mar en los alrededores de Jop, donde ense San Pedro despus de la venida del Espritu Santo. Cerca de Bet-Horon tuvieron lugar grandes batallas que he visto y olvidado. Faltaban aun dos leguas para llegar a un punto del camino desde donde se poda divisar a Jerusaln; he odo el nombre de este lugar, que ahora no puedo precisarlo. Bet-Horon es una ciudad de Levitas de cierta importancia: produce hermosas uvas y gran cantidad de frutas. La santa comitiva entr en la casa de unos amigos, que estaba muy bien situada. Su dueo era maestro en una escuela de Levitas y haba all algunos nios. Me admira ver all a varias parientas de Ana, con sus hijas pequeas, que yo crea que haban regresado a sus casas al principio del viaje: ahora advierto que llegaron antes, tomando algn atajo, quizs para anunciar la llegada de la santa comitiva.

    Los parientes de Nazaret, de Sforis y de Zabuln, que haban asistido al examen de Mara, se hallaban all con sus hijas: vi, por ejemplo, a la hermana mayor de Mara con su hija Mara de Cleofs, y a la hermana de Ana venida de Sforis con sus hijas. Con motivo de la llegada de la pequea Mara hubo grandes fiestas. Mara fue llevada en compaa de otras nias a una gran sala, y puesta en un asiento alto, a semejanza de un trono, dispuesto para ella. El maestro de escuela y otras personas hicieron toda clase de preguntas a Mara y le pusieron guirnaldas en la cabeza. Todos estaban asombrados por la sabidura que manifestaba en sus respuestas. O hablar en esta ocasin del juicio y prudencia de otra nia que haba pasado por all poco antes, volviendo de la escuela del templo a la casa de sus padres. Esta nia se llamaba Susana y ms tarde figur entre las santas mujeres que seguan a Jess. (En otra ocasin Ana Catalina dijo que esta nia era parienta de Mara).

    Mara ocup su puesto vacante en el templo, pues haba un nmero fijo de plazas para estas jvenes. Susana tena quince aos cuando dej el templo, es decir, cerca de once ms que la nia Mara. Tambin Santa Ana haba sido educada all a la edad de cinco

  • aos. La pequea Mara estaba llena de jbilo por hallarse tan cerca del templo. He visto a Joaqun que la estrechaba entre sus brazos, llorando y dicindole: "Hija ma, ya no volver a verte". Haban preparado comida y mientras estaban en la mesa, vi a Mara ir de un lado a otro, apretarse contra su madre, llena de gracia, o, detenindose detrs de ella, echarle los bracitos al cuello.

    Esta maana muy temprano vi a los viajeros salir de Bet-Horon para dirigirse a Jerusaln. Todos los parientes con sus criaturas se haban juntado a ellos y lo mismo los dueos de la casa. Llevaban regalos para la nia, consistentes en ropas y frutas. Me parece ver una fiesta en Jerusaln. Supe que Mara tena en ese momento tres aos y tres meses. En su viaje no fueron a Ussen Sheera ni a Gofna, a pesar de tener all amistades; pasaron slo por los alrededores. Vi que el maestro de los Levitas con su familia los acompa a Jerusaln. Cuanto ms se acercaban a la ciudad tanto ms se mostraba Mara contenta y ansiosa. Sola correr delante de sus padres.

    XXJerusaln

    Hoy al medioda he visto llegar la comitiva que acompaaba a Mara al templo de Jerusaln. Jerusaln es una ciudad extraa. No hay que pensar que sea como una de nuestras ciudades, con tanta gente en las calles. Muchas calles bajas y altas corren alrededor de los muros de la ciudad y no tienen salida ni puertas. Las casas de las alturas, detrs de las murallas, estn orientadas hacia el otro lado, pues se han edificado barrios distintos y se han formado nuevas crestas de colinas y los antiguos muros quedaron all. Muchas veces se ven las calles de los valles sobreedificadas con slidas bvedas. Las casas tienen sus patios y piezas orientadas hacia el interior; hacia la calle slo hay puertas y terrazas sobre los muros. Generalmente las casas son cerradas. Cuando la gente no va a las plazas o mercados o al templo est generalmente entretenida en el interior de sus casas.

    Hay silencio en las calles, fuera de los lugares de mercado o de ciertos palacios, donde se ve ir y venir a soldados y viajeros. En ciertos das en que estn casi todos en el templo, las calles parecen como muertas. A causa de las calles solitarias, de los profundos valles y de la costumbre de permanecer las gentes en sus casas, es que Jess poda ir y venir con sus discpulos sin ser molestado. Por lo general falta agua en la ciudad: frecuentemente se ven edificios altos adonde es llevada y torres hacia las cuales es bombeada el agua. En el templo se tiene mucho cuidado con el agua porque hay que purificar muchos vasos y lavar las ropas sacerdotales. Se ven grandes maquinarias y artefactos para bombear el agua a los lugares elevados. Hay muchos mercaderes y vendedores en la ciudad: estn casi siempre en los mercados o en lugares abiertos, bajo tiendas de campaa.

    Veo, por ejemplo, no lejos de la Puerta de las Ovejas, a mucha gente que negocia con alhajas, oro, objetos brillantes y piedras preciosas. Las casitas que habitan son muy livianas, pero slidas, de color pardo, como si estuviesen cubiertas con pez o betn. Adentro hacen sus negocios; entre una tienda y otra estn extendidas lonas, debajo de

  • las cuales muestran sus mercaderas. Hay, sin embargo, otras partes de la ciudad donde hay mayor movimiento y se ven gentes que van y vienen cerca de ciertos palacios.

    Comparada Jerusaln con la Roma antigua, que he visto, esta ciudad era mucho ms bulliciosa en las calles; tena aspecto ms agradable y no era tan desigual ni empinada. La montaa sobre la cual se halla el templo est rodeada, por el lado en que la pendiente es ms suave, de casas que forman varias calles detrs de espesos muros. Estas casas estn construidas sobre terrazas colocadas unas sobre otras. All viven los sacerdotes y los servidores subalternos del templo, que hacen trabajos ms rudos, como la limpieza de los fosos, donde se echan los desperdicios provenientes de los sacrificios de animales. Hay un costado norte, creo, donde la montaa del templo es muy escarpada. En todo lo alto, alrededor de la cumbre, se halla una zona verde formada por pequeos jardines pertenecientes a los sacerdotes.

    Aun en tiempos de Jesucristo se trabajaba siempre en alguna parte del templo. Este trabajo no cesaba nunca. En la montaa del templo haba mucho mineral, que se fue sacando y empleando en la construccin del mismo edificio. Debajo del templo hay fosos y lugares donde funden el metal. No pude encontrar en este gran templo un lugar donde poder rezar a gusto. Todo el edificio es admirablemente macizo, alto y slido. Los numerosos patios son estrechos y sombros, llenos de andamios y de asientos. Cuando hay mucha gente causa miedo encontrarse apretado entre los espesos muros y las gruesas columnas. Tampoco me gustan los continuos sacrificios y la sangre derramada en abundancia, a pesar de que esto se hace con orden e increble limpieza. Haca mucho tiempo que no haba visto con tanta claridad, como hoy, los edificios, los caminos y los pasajes. Pero son tantas las cosas que hay aqu que me es imposible describirlas con detalles.

    Los viajeros llegaron con la pequea Mara, por el norte, a Jerusaln: con todo, no entraron por ese lado, sino que dieron vuelta alrededor de la ciudad hasta el muro oriental, siguiendo una parte del valle de Josafat. Dejando a la izquierda el Monte de los Olivos y el camino de Betania, entraron en la ciudad por la Puerta de las Ovejas, que conduca al mercado de las bestias. No lejos de esta puerta hay un estanque donde se lava por primera vez a las ovejas destinadas al sacrificio. No es sta la piscina de Bethseda. La comitiva, despus de haber entrado en la ciudad, torci de nuevo a la derecha y entr en otra barriada siguiendo un largo valle interno dominado de un lado por las altas murallas de una zona ms elevada de la ciudad, llegando a la parte occidental en los alrededores del mercado de los peces, donde se halla la casa paterna de Zacaras de Hebrn. Se encontraba all un hombre de avanzada edad: creo que el hermano de su padre. Zacaras sola volver a la casa despus de haber cumplido su servicio en el templo.

    En esos das se encontraba en la ciudad y habiendo acabado su tiempo de servicio, quera quedarse slo unos das en Jerusaln para asistir a la, entrada de Mara al templo. Al llegar la comitiva, Zacaras no se encontraba all. En la casa se hallaban presentes otros parientes de los contornos de Beln y de Hebrn, entre ellos, dos hijas de la hermana de Isabel. Isabel tampoco se encontraba all en ese momento. Estas personas se haban adelantado para recibir a los caminantes hasta un cuarto de legua por el camino del valle. Varias jvenes los acompaaban llevando guirnaldas y ramas de rboles.

  • Los caminantes fueron recibidos con demostraciones de contento y conducidos hasta la casa de Zacaras, donde se festej la llegada. Se les ofreci refrescos y todos se prepararon para llevarlos a una posada contigua al templo, donde los forasteros se hospedan los das de fiesta. Los animales que Joaqun haba destinado para el sacrificio haban sido conducidos ya desde los alrededores de la plaza del ganado a los establos situados cerca de esta casa. Zacaras acudi tambin para guiar a la comitiva desde la casa paterna hasta la posada. Pusieron a la pequea Mara su segundo vestidito de ceremonias con el peplo celeste. Todos se pusieron en marcha formando una ordenada procesin. Zacaras iba adelante con Joaqun y Ana; luego la nia Mara rodeada de cuatro nias vestidas de blanco, y las otras chicas con sus padres cerraban la marcha. Anduvieron por varias calles y pasaron delante del palacio de Herodes y de la casa donde ms tarde habit Pilatos. Se dirigieron hacia el ngulo Nordeste del templo, dejando atrs la fortaleza Antonia, edificio muy alto, situado al Noroeste. Subieron por unos escalones abiertos en una muralla alta. La pequea Mara subi sola, con alegre prisa, sin permitir que nadie la ayudara. Todos la miraban con asombro.

    La casa donde se alojaron era una posada para das de fiesta situada a corta distancia del mercado del ganado. Haba varias posadas de este gnero alrededor del templo, y Zacaras haba alquilado una. Era un gran edificio con cuatro galeras en torno de un patio extenso. En las galeras se hallaban los dormitorios, as como largas mesas muy bajas. Haba una sala espaciosa y un hogar para la cocina. El patio para los animales enviados por Zacaras estaba muy cerca. A ambos lados del edificio habitaban los servidores del templo que se ocupaban de los sacrificios. Al entrar los forasteros se les lavaron los pies, como se haca con los caminantes; los de los hombres fueron lavados por hombres; y las mujeres hicieron este servicio con las mujeres. Entraron luego en una sala en medio de la cual se hallaba suspendida una gran lmpara de varios brazos sobre un depsito de bronce lleno de agua, donde se lavaron la cara y las manos. Cuando hubieron quitado la carga al asno de Joaqun, un sirviente lo llev a la cuadra.

    Joaqun haba dicho que sacrificara y sigui a los servidores del templo hasta el sitio donde se hallaban los animales, a los cuales examinaron. Joaqun y Ana se dirigieron luego con Mara a la habitacin de los sacerdotes, situada ms arriba.

    Aqu la nia Mara, como elevada por el espritu interior, subi ligersimamente los escalones con un impulso extraordinario. Los dos sacerdotes que se hallaban en la casa los recibieron con grandes muestras de amistad: uno era anciano y el otro ms joven. Los dos haban asistido al examen de la nia en Nazaret y esperaban su llegada. Despus de haber conversado del viaje y de la prxima ceremonia de la presentacin, hicieron llamar a una de las mujeres del Templo. Era sta una viuda anciana que deba encargarse de velar por la nia. Habitaba en la vecindad con otras personas de su misma condicin, haciendo toda clase de labores femeniles y educando a las nias. Su habitacin se encontraba ms apartada del templo que las salas adyacentes, donde haban sido dispuestos, para las mujeres y las jvenes consagradas al servicio del Templo, pequeos oratorios desde los cuales podan ver el santuario sin ser vistas por los dems.

    La matrona que acababa de llegar estaba tan bien envuelta en su ropaje que apenas poda vrsele la cara. Los sacerdotes y los padres de Mara se la presentaron, confindola a sus cuidados. Ella estuvo dignamente afectuosa, sin perder su gravedad. La nia Mara se mostr humilde y respetuosa. La instruyeron en todo lo que se

  • relacionaba con la nia y su entrada solemne en el templo. Aquella mujer baj con ellos a la posada, tom el ajuar que perteneca a la nia y se lo llev a fin de prepararlo todo en la habitacin que le estaba destinada. La gente que haba acompaado a la comitiva desde la casa de Zacaras, regres a su domicilio, quedando en la posada solamente los parientes. Las mujeres se instalaron all y prepararon la fiesta que deba tener lugar al da siguiente.

    Joaqun y algunos hombres condujeron las vctimas al Templo al despuntar el nuevo da y los sacerdotes las revisaron nuevamente. Algunos animales fueron desechados y llevados en seguida a la plaza del ganado. Los aceptados fueron conducidos al patio donde habran de ser inmolados. Vi all muchas cosas que ya no es posible decirlas en orden. Recuerdo que antes de inmolar, Joaqun colocaba su mano sobre la cabeza de la vctima, debiendo recibir la sangre en un vaso y tambin algunas partes del animal. Haba varias columnas, mesas y vasos. Se cortaba, se reparta y ordenaba todo. Se quitaba la espuma de la sangre y se pona aparte la grasa, el hgado, el bazo, salndose todo esto. Se limpiaban los intestinos de los corderos, rellenndolos con algo y volvindolos a poner dentro del cuerpo, de modo que el animal pareca entero, y se ataban las patas en forma de cruz.

    Luego, una gran parte de la carne era llevada al patio donde las jvenes del Templo deban hacer algo con ella: quizs prepararla para alimento de los sacerdotes o ellas mismas. Todo esto se haca con un orden increble. Los sacerdotes y levitas iban y venan, siempre de dos en dos. Este trabajo complicado y penoso se haca fcilmente, como si se efectuase por s solo. Los trozos destinados al sacrificio quedaban impregnados en sal hasta el da siguiente, en que deban ser ofrecidos sobre el altar.

    Hubo hoy una gran fiesta en la posada, seguida de una comida solemne. Habra unas cien personas, contados los nios. Estaban presentes unas veinticuatro nias de diversas edades, entre ellas Serapia, que fue llamada Vernica despus de la muerte de Jess: era bastante crecida, como de unos diez o doce aos. Se tejieron coronas y guirnaldas de flores para Mara y sus compaeras, adornndose tambin siete candelabros en forma de cetro sin pedestal. En cuanto a la llama que brillaba en su extremidad no s si estaba alimentada con aceite, cera u otra materia. Durante la fiesta entraron y salieron numerosos sacerdotes y levitas. Tomaron parte en el banquete, y al expresar su asombro por la gran cantidad de vctimas ofrecidas para el sacrificio, Joaqun les dijo que, en recuerdo de la afrenta recibida en el templo al ser rechazado su sacrificio, y a causa de la misericordia de Dios que haba escuchado su oracin, haba querido demostrar su gratitud de acuerdo con sus medios. Hoy pude ver a la pequea Mara paseando con las otras jvenes en torno de su casa. Otros detalles los he olvidado completamente.

    XXI Presentacin de la Nia Mara en el Templo

    Esta maana fueron al Templo: Zacaras, Joaqun y otros hombres. Ms tarde fue llevada Mara por su madre en medio de un acompaamiento solemne. Ana y su hija Mara Hel, con la pequea Mara Cleofs, marchaban delante; iba luego la santa nia Mara con su vestidito y su manto azul celeste, los brazos y el cuello adornados con

  • guirnaldas: llevaba en la mano un cirio ceido de flores. A su lado caminaban tres niitas con cirios semejantes. Tenan vestidos blancos, bordados de oro y peplos celestes, como Mara, y estaban rodeadas de guirnaldas de flores; llevaban otras pequeas guirnaldas alrededor del cuello y de los brazos. Iban en seguida las otras jvenes y nias vestidas de fiesta, aunque no uniformemente. Todas llevaban pequeos mantos. Cerraban el cortejo las dems mujeres.

    Como no se poda ir en lnea recta desde la posada al Templo, tuvieron que dar una vuelta pasando por varias calles. Todo el mundo se admiraba de ver el hermoso cortejo y en las puertas de varias casas rendan honores. En Mara se notaba algo de santo y de conmovedor. A la llegada de la comitiva he visto a varios servidores del Templo empeados en abrir con grande esfuerzo una puerta muy alta y muy pesada, que brillaba como oro y que tena grabadas varias figuras: cabezas, racimos de uvas y gavillas de trigo. Era la Puerta Dorada. La comitiva entr por esa puerta. Para llegar a ella era preciso subir cincuenta escalones; creo que haba entre ellos algunos descansos. Quisieron llevar a Mara de la mano; pero ella no lo permiti: subi los escalones rpidamente, sin tropiezos, llena de alegre entusiasmo. Todos se hallaban profundamente conmovidos.

    Bajo la Puerta Dorada fue recibida Mara por Zacaras, Joaqun y algunos sacerdotes que la llevaron hacia la derecha, bajo la amplia arcada de la puerta, a las altas salas donde se haba preparado una comida en honor de alguien. Aqu se separaron las personas de la comitiva. La mayora de las mujeres y de las nias se dirigieron al sitio del Templo que les estaba reservado para orar. Joaqun y Zacaras fueron al lugar del sacrificio. Los sacerdotes hicieron todava algunas preguntas a Mara en una sala y cuando se hubieron retirado, asombrados de la sabidura de la nia, Ana visti a su hija con el tercer traje de fiesta, que era de color azul violceo y le puso el manto, el velo y la corona ya descritos por m al relatar la ceremonia que tuvo lugar en la casa de Ana.

    Entre tanto Joaqun haba ido al sacrificio con los sacerdotes. Luego de recibir un poco de fuego tomado de un lugar determinado, se coloc entre dos sacerdotes cerca del altar. Estoy demasiada enferma y distrada para dar la explicacin del sacrificio en el orden necesario. Recuerdo lo siguiente: no se poda llegar al altar ms que por tres lados. Los trozos preparados para el holocausto no estaban todos en el mismo lugar, sino puestos alrededor, en distintos sitios. En los cuatro extremos del altar haba cuatro columnas de metal, huecas, sobre las cuales descansaban cosas que parecan caos de chimenea. Eran anchos embudos de cobre terminados en tubos en forma de cuernos, de modo que el humo poda salir pasando por sobre la cabeza de los sacerdotes que ofrecan el sacrificio.

    Mientras se consuma sobre el altar la ofrenda de Joaqun, Ana fue con Mara y las jvenes que la acompaaban, al vestbulo reservado a las mujeres. Este lugar estaba separado del altar del sacrificio por un muro que terminaba en lo alto en una reja. En medio de este muro haba una puerta. El atrio de las mujeres, a partir del muro de separacin, iba subiendo de manera que por lo menos las que se hallaban ms alejadas podan ver hasta cierto punto el altar del sacrificio. Cuando la puerta del muro estaba abierta, algunas mujeres podan ver el altar.

    Mara y las otras jvenes se hallaban de pie, delante de Ana, y las dems parientas estaban a poca distancia de la puerta. En sitio aparte haba un grupo de nios del

  • Templo, vestidos de blanco, que taan flautas y arpas. Despus del sacrificio se prepar bajo la puerta de separacin un altar porttil cubierto, con algunos escalones para subir. Zacaras y Joaqun fueron con un sacerdote desde el patio hasta este altar, delante del cual estaba otro sacerdote y dos levitas con rollos y todo lo necesario para escribir. Un poco atrs se hallaban las doncellas que haban acompaado a Mara. Mara se arrodill sobre los escalones; Joaqun y Ana extendieron las manos sobre su cabeza. El sacerdote cort un poco de sus cabellos, quemndolos luego sobre un brasero. Los padres pronunciaron algunas palabras, ofreciendo a su hija, y los levitas las escribieron.

    Entretanto las nias cantaban el salmo "Eructavit cor meum verbum bonum" y los sacerdotes el salmo "Deus deorum Dominus locutus est" mientras los nios tocaban sus instrumentos. Observ entonces que dos sacerdotes tomaron a Mara de la mano y la llevaron por unos escalones hacia un lugar elevado del muro, que separaba el vestbulo del Santuario. Colocaron a la nia en una especie de nicho en el centro de aquel muro, de manera que ella pudiera ver el sitio donde se hallaban, puestos en fila, varios hombres que me parecieron consagrados al Templo. Dos sacerdotes estaban a su lado; haba otros dos en los escalones, recitando en alta voz oraciones escritas en rollos.

    Del otro lado del muro se hallaba de pie un anciano prncipe de los sacerdotes, cerca del altar, en un sitio bastante elevado que permita vrsele el busto. Yo lo vi presentando el incienso, cuyo humo se esparci alrededor de Mara. Durante esta ceremonia vi en torno de Mara un cuadro simblico que pronto llen el Templo y lo oscureci. Vi una gloria luminosa debajo del corazn de Mara y comprend que ella encerraba la promesa de la sacrosanta bendicin de Dios. Esta gloria apareca rodeada por el arca de No, de manera que la cabeza de Mara se alzaba por encima y el arca tomaba a su vez la forma del Arca de la Alianza, viendo luego a sta corno encerrada en el Templo.

    Luego vi que todas estas formas desaparecan mientras el cliz de la santa Cena se mostraba fuera de la gloria, delante del pecho de Mara, y ms arriba, ante la boca de la Virgen, apareca un pan marcado con una cruz. A los lados brillaban rayos de cuyas extremidades surgan figuras con smbolos msticos de la Santsima Virgen, como todos los nombres de las Letanas que le dirige la Iglesia. Suban, cruzndose desde sus hombros, dos ramas de olivo y de ciprs, o de cedro y de ciprs, por encima de una hermosa palmera junto con un pequeo ramo que vi aparecer detrs de ella. En los espacios de las ramas pude ver todos los instrumentos de la pasin de Jesucristo. El Espritu Santo, representado por una figura alada que pareca ms forma humana que paloma, se hallaba suspendido sobre el cuadro, por encima del cual vi el cielo abierto, el centro de la celestial Jerusaln, la ciudad de Dios, con todos sus palacios, jardines y lugares de los futuros santos. Todo estaba lleno de ngeles, y la gloria, que ahora rodeaba a la Virgen Santsima, lo estaba con cabezas de estos espritus. Ah, quin pudiera describir estas cosas con palabras humanas!...

    Se vea todo bajo formas tan diversas y tan multiformes, derivando unas de las otras en tan continuada transformacin, que he olvidado la mayor parte de ellas. Todo lo que se relaciona con la Santsima Virgen en la antigua y en la nueva Alianza y hasta en la eternidad, se hallaba all representado. Slo puedo comparar esta visin a otra menor que tuve hace poco, en la cual vi en toda su magnificencia el significado del santo Rosario. Muchas personas, que se creen sabias, comprenden esto menos que los pobres y humildes que lo recitan con simplicidad, pues stos acrecientan el esplendor con su obediencia, su piedad y su sencilla confianza en la Iglesia, que recomienda esta oracin.

  • Cuando vi todo esto, las bellezas y magnificencias del Templo, con los muros elegantemente adornados, me parecan opacos y ennegrecidos detrs de la Virgen Santsima. El Templo mismo pareca esfumarse y desaparecer: slo Mara y la gloria que la rodeaba lo llenaba todo.

    Mientras estas visiones pasaban delante de mis ojos, dej de ver a la Virgen Santsima bajo forma de nia: me pareci entonces grande y como suspendida en el aire. Con todo vea tambin, a travs de Mara, a los sacerdotes, al sacrificio del incienso y a todo lo dems de la ceremonia. Pareca que el sacerdote estaba detrs de ella, anunciando el porvenir e invitando al pueblo a agradecer y a orar a Dios, porque de esta nia habra de salir algo muy grandioso. Todos los que estaban en el Templo, aunque no vean lo que yo vea, estaban recogidos y profundamente conmovidos. Este cuadro se desvaneci gradualmente de la misma manera que lo haba visto aparecer. Al fin slo qued la gloria bajo el corazn de Mara y la bendicin de la promesa brillando en su interior. Luego desapareci tambin y slo vi a la nia Mara adornada entre los sacerdotes.

    Los sacerdotes tomaron las guirnaldas que estaban alrededor de sus brazos y la antorcha que llevaba en la mano, y se las dieron a las compaeras. Le pusieron en la cabeza un velo pardo y la hicieron descender las gradas, llevndola a una sala vecina, donde seis vrgenes del Templo, de mayor edad, salieron a su encuentro arrojando flores ante ella. Detrs iban sus maestras, Noem, hermana de la madre de Lzaro, la profetisa Ana y otra mujer. Los sacerdotes recibieron a la pequea Mara, retirndose luego.

    Los padres de la Nia, as como sus parientes ms cercanos, se encontraban all. Una vez terminados los cantos sagrados, despidise Mara de sus padres. Joaqun, que estaba profundamente conmovido, tom a Mara entre sus brazos y apretndola contra su corazn, dijo en medio de las lgrimas: "Acurdate de mi alma ante Dios". Mara se dirigi luego con las maestras y varias otras jvenes a las habitaciones de las mujeres, al Norte del Templo. Estas habitaban salas abiertas en los espesos muros del Templo y podan, a travs de pasajes y escaleras, subir a los pequeos oratorios colocados cerca del Santuario y del Santo de los Santos. Los deudos de Mara volvieron a la sala contigua a la Puerta Dorada, donde antes se haban detenido quedndose a comer en compaa de los sacerdotes. Las mujeres coman en sala aparte.

    He olvidado, entre otras muchas cosas, por qu la fiesta haba sido tan brillante y solemne. Sin embargo, s que fue a consecuencia de una revelacin de la voluntad de Dios. Los padres de Mara eran personas de condicin acomodada y si vivan pobremente era por espritu de mortificacin y para poder dar ms limosnas a los pobres. As es cmo Ana, no s por cunto tiempo, slo comi alimentos fros. A pesar de esto trataban a la servidumbre con generosidad y la dotaban. He visto a muchas personas orando en el Templo. Otras haban seguido a la comitiva hasta la puerta misma.

    Algunos de los presentes debieron tener cierto presentimiento de los destinos de la Nia, pues recuerdo unas palabras que Santa Ana en un momento de entusiasmo jubiloso dirigi a las mujeres, cuyo sentido era: "He aqu el Arca de la Alianza, el vaso de la Promesa, que entra ahora en el Templo". Los padres de Mara y dems parientes regresaron hoy a Bet-Horon.

  • XXII Mara en el Templo

    He visto una fiesta en las habitaciones de las vrgenes del Templo. Mara pidi a las maestras y a cada doncella en particular si queran admitirla entre ellas, pues esta era la costumbre que se practicaba. Hubo una comida y una pequea fiesta en la que algunas nias tocaron instrumentos de msica. Por la noche vi a Noem, una de las maestras, que conduca a la nia Mara hasta la pequea habitacin que le estaba reservada y desde la cual poda ver el interior del Templo. Haba en ella una mesa pequea, un escabel y algunos estantes en los ngulos. Delante de esta habitacin haba lugar para la alcoba, el guardarropa y el aposento de Noem. Mara habl a Noem de su deseo de levantarse varias veces durante la noche, pero sta no se lo permiti. Las mujeres del Templo llevaban largas y amplias vestiduras blancas, ceidas con fajas y mangas muy anchas, que recogan para trabajar. Iban veladas.

    No recuerdo haber visto nunca a Herodes que haya hecho reconstruir de nuevo la totalidad del Templo. Slo vi que durante su reinado se hicieron diversos cambios. Cuando Mara entr en el Templo, once aos antes del nacimiento del Salvador, no se hacan trabajos propiamente dichos; pero, como siempre, se trabajaba en las construcciones exteriores: esto no dej de hacerse nunca. He visto hoy la habitacin de Mara en el Templo. En el costado Norte, frente al Santuario, se hallaban en la parte alta varias salas que comunicaban con las habitaciones de las mujeres. El dormitorio de Mara era uno de los ms retirados, frente al Santo de los Santos. Desde el corredor, levantando una cortina, se pasaba a una sala anterior separada del dormitorio por un tabique de forma convexa o terminada en ngulo. En los ngulos de la derecha e izquierda estaban las divisiones para guardar la ropa y los objetos de uso; frente a la puerta abierta de este tabique, algunos escalones llevaban arriba hasta una abertura, delante de la cual haba un tapiz, pudindose ver desde all el interior del Templo. A izquierda, contra el muro de la habitacin, haba una alfombra enrollada, que cuando estaba extendida formaba el lecho sobre el cual reposaba la nia Mara. En un nicho de la muralla estaba colocada una lmpara, cerca de la cual vi a la nia de pie, sobre un escabel, leyendo oraciones en un rollo de pergamino. Llevaba un vestido de listas blancas y azules, sembrado de flores amarillas. Haba en la habitacin una mesa baja y redonda.

    Vi entrar en la habitacin a la profetisa Ana, que coloc sobre la mesa una fuente con frutas del grosor de un haba y una anforita. Mara tena una destreza superior a su edad: desde entonces la vi trabajar en pequeos pedazos de tela blanca para el servicio del Templo. Las paredes de su pieza estaban sobrepuestas con piedras triangulares de varios colores. A menudo oa yo a la nia decir a Ana: "Ah, pronto el Nio prometido nacer! Oh, si yo pudiera ver al Nio Redentor!"... Ana le responda; "Yo soy ya anciana y deb esperar mucho a ese Nio. T, en cambio, eres tan pequea!"... Mara lloraba a menudo por el ansia de ver al Nio Redentor.

    Las nias que se educaban en el Templo se ocupaban de bordar, adornar, lavar y ordenar las vestiduras sacerdotales y limpiar los utensilios sagrados del Templo. En sus habitaciones, desde donde podan ver el Templo, oraban y meditaban. Estaban consagradas al Seor por medio de la entrega que hacan sus padres en el Templo.

  • Cuando llegaban a la edad conveniente, eran casadas, pues haba entre los israelitas piadosos la silenciosa esperanza de que, de una de estas vrgenes consagradas al Seor deba nacer el Mesas. Cuan ciegos y duros de corazn eran los fariseos y los sacerdotes del Templo se puede conocer por el poco inters y desconocimiento que manifestaron con las santas personas con las cuales trataron. Primeramente desecharon sin motivo el sacrificio de Joaqun. Slo despus de algunos meses, por orden de Dios, fue aceptado el sacrificio de Joaqun y de Ana. Joaqun llega a las cercanas del Santuario y se encuentra con Ana, sin saberlo de antemano, conducidos por los pasajes debajo del Templo por los mismos sacerdotes. Aqu se encuentran ambos esposos y Mara es concebida. Otros sacerdotes los esperan en la salida del Templo. Todo esto suceda por orden e inspiracin de Dios. He visto algunas veces que las estriles eran llevadas all por orden de Dios.

    Mara llega al Templo teniendo algo menos de cuatro aos: en toda su presentacin hay signos extraordinarios y desusados. La hermana de la madre de Lzaro viene a ser la maestra de Mara, la cual aparece en el Templo con tales seales no comunes que algunos sacerdotes ancianos escriban en grandes libros acerca de esta nia extraordinaria. Creo que estos escritos existen an entre otros escritos, ocultos por ahora. Ms tarde suceden otros prodigios, como el florecimiento de la vara en el casamiento con Jos. Luego la extraa historia de la venida de los tres Reyes Magos, de los pastores, por medio de la llamada de los ngeles. Despus, en la presentacin de Jess en el Templo, el testimonio de Simen y de Ana; y el hecho admirable de Jess entre los doctores del Templo a los doce aos. Todo este conjunto de cosas extraordinarias las despreciaron los fariseos y las desatendieron. Tenan las cabezas llenas de otras ideas y asuntos profanos y de gobierno. Porque la Santa Familia vivi en pobreza voluntaria fue relegada al olvido, como el comn del pueblo. Los pocos iluminados, como Simen, Ana y otros, tuvieron que callar y reservarse delante de ellos.

    Cuando Jess comenz su vida pblica y Juan dio testimonio de l, lo contradijeron con tanta obstinacin en sus enseanzas, que los hechos extraordinarios de su juventud, si es que no los haban olvidado, no tenan inters ninguno en darlos a conocer a los dems. El gobierno de Herodes y el yugo de los romanos, bajo el cual cayeron, los enred de tal manera en las intrigas palaciegas y en los negocios humanos, que todo espritu huy de ellos. Despreciaron el testimonio de Juan y olvidaron al decapitado. Despreciaron los milagros y la predicacin de Jess. Tenan ideas errneas sobre el Mesas y los profetas: as pudieron maltratarlo tan brbaramente, darle muerte y negar luego su resurreccin y las seales milagrosas sucedidas, como tambin el cumplimiento de las profecas en la destruccin de Jerusaln. Pero si su ceguera fue grande al no reconocer las seales de la venida del Mesas, mayor es su obstinacin despus que obr milagros y escucharon su predicacin. Si su obstinacin no fuese tan grandemente extraordinaria, cmo podra esta ceguera continuar hasta nuestros das?

    Cuando voy por las calles de la presente Jerusaln para hacer el Via Crucis veo a menudo, debajo de un ruinoso edificio, una gran arcada en parte derruida y en, parte con agua que entr. El agua llega, al presente, hasta la tabla de la mesa, del medio de la cual se levanta una columna, en torno de la que cuelgan cajas llenas de rollos escritos. Debajo de la mesa hay tambin rollos dentro del agua. Estos subterrneos deben ser sepulcros: se extienden hasta el monte Calvario. Creo que es la casa que habit Pilatos. Ese tesoro de escritos ser a su tiempo descubierto.

  • He visto a la Santsima Virgen en el Templo, unas veces en la habitacin de las mujeres con las dems nias, otras veces en su pequeo dormitorio, creciendo en medio del estudio, de la oracin y del trabajo, mientras hilaba y teja para el servicio del Templo. Mara lavaba la ropa y limpiaba los vasos sagrados. Como todos los santos, slo coma para el propio sustento, sin probar jams otros alimentos que aqullos a los que haba prometido limitarse. Pude verla a menudo entregada a la oracin y a la meditacin. Adems de las oraciones vocales prescritas en el Templo, la vida de Mara era una aspiracin incesante hacia la redencin, una plegaria interior continua. Haca todo esto con gran serenidad y en secreto, levantndose de su lecho e invocando al Seor cuando todos dorman. A veces la vi llorando, resplandeciente, durante la oracin. Mara rezaba con el rostro velado. Tambin se cubra cuando hablaba con los sacerdotes o bajaba a una habitacin vecina para recibir su trabajo o entregar el que haba terminado. En tres lados del Templo estaban estas habitaciones, que parecan semejantes a nuestras sacristas. Se guardaban en ellas los objetos que las mujeres encargadas deban cuidar o confeccionar.

    He visto a Mara en estado de xtasis continuo y de oracin interior. Su alma no pareca hallarse en la tierra y reciba a menudo consuelos celestiales. Suspiraba continuamente por el cumplimiento de la promesa y en su humildad apenas poda formular el deseo de ser la ltima entre las criadas de la Madre del Redentor. La maestra que la cuidaba era Noem, hermana de la madre de Lzaro. Tena cincuenta aos y perteneca a la sociedad de los esenios, as como las mujeres agregadas al servicio del Templo. Mara aprendi a trabajar a su lado, acompandola cuando limpiaba las ropas y los vasos manchados con la sangre de los sacrificios; reparta y preparaba porciones de carne de las vctimas reservadas para los sacerdotes y las mujeres. Ms tarde se ocup con mayor actividad de los quehaceres domsticos. Cuando Zacaras se hallaba en el Templo, de turno, la visitaba a menudo; Simen tambin la conoca. Los destinos para los cuales estaba llamada Mara no podan ser completamente desconocidos por los sacerdotes. Su manera de ser, su porte, su gracia infinita, su sabidura extraordinaria, eran tan notables que ni an su extrema humildad lograba ocultar.

    XXIII El nacimiento de Juan es anunciado a Zacaras

    He visto a Zacaras hablando con Isabel, confindole la pena que le causaba tener que ir a cumplir su servicio en el Templo de Jerusaln, debido al desprecio con que se le trataba por la esterilidad de su matrimonio. Zacaras estaba de servicio dos veces por ao: No vivan en Hebrn mismo, sino a una legua de all, en Juta. Entre Juta y Hebrn subsistan muchos antiguos muros; quizs en otros tiempos aquellos dos lugares haban estado unidos. Al otro lado de Hebrn se vean muchos edificios diseminados, como restos de la antigua ciudad que fue en otros tiempos tan grande como Jerusaln. Los sacerdotes que habitaban en Hebrn eran menos elevados en dignidad que los que vivan en Juta. Zacaras era as como jefe de estos ltimos y gozaba, lo mismo que Isabel, del mayor respeto a causa de su virtud y de la pureza de su linaje de Aarn, su antepasado.

    He visto a Zacaras visitar, con varios sacerdotes del pas, una pequea propiedad suya en las cercanas de Juta. Era un huerto con rboles frutales y una casita. Zacaras or all

  • con sus compaeros, dndoles luego instrucciones y preparndolos para el servicio del Templo que les iba a tocar. Tambin le o hablar de su afliccin y del presentimiento de algo que habra de sucederle.

    March Zacaras con aquellos sacerdotes a Jerusaln, donde esper cuatro das hasta que le lleg el turno de ofrecer sacrificio. Durante este tiempo oraba continuamente en el Templo. Cuando le toc presentar el incienso, lo vi entrar en el Santuario, donde se hallaba el altar de los perfumes, delante de la entrada del Santo de los Santos. Encima de l, el techo estaba abierto, de modo que poda verse el cielo. El sacerdote no era visible desde el exterior. En el momento de entrar, otro sacerdote le dijo algo, retirndose de inmediato.

    Cuando Zacaras estuvo solo, vi que levantaba una cortina y entraba en un lugar oscuro. Tom algo que coloc sobre el altar, encendiendo el incienso. En aquel momento pude ver, a la derecha del altar, una luz que bajaba hacia l y una forma brillante que se acercaba. Asustado, arrebatado en xtasis, le vi caer hacia el altar. El ngel lo levant, le habl durante largo tiempo, y Zacaras responda. Por encima de su cabeza el cielo estaba abierto y dos ngeles suban y bajaban como por una escala. El cinturn de Zacaras estaba desprendido, quedando sus ropas entreabiertas; vi que uno de los ngeles pareca retirar algo de su cuerpo mientras el otro le colocaba en el flanco un objeto luminoso. Todo esto se asemejaba a lo que haba sucedido cuando Joaqun recibi la bendicin del ngel para la concepcin de la Virgen Santsima. Los sacerdotes tenan por costumbre salir del Santuario inmediatamente despus de haber encendido el incienso. Como Zacaras tardara mucho en salir, el pueblo, que oraba afuera, esperando, empez a inquietarse; pero Zacaras, al salir, estaba mudo y vi que escribi algo sobre una tablilla. Cuando sali al vestbulo muchas personas se agruparon a su alrededor preguntndole la razn de su tardanza; mas l no poda hablar, y haciendo signos con la mano, mostraba su boca. La tablilla escrita, que mand a Juta en seguida a casa de Isabel, anunciaba que Dios le haba hecho una promesa y al mismo tiempo le deca que haba perdido el uso de la palabra.

    Al cabo del tiempo se volvi a su casa. Tambin Isabel haba recibido una revelacin, que ahora no recuerdo cmo. Zacaras era un hombre de estatura elevada, grande y de porte majestuoso.

    XXIV Infancia y juventud de San Jos

    Jos, cuyo padre se llamaba Jacob, era el tercero entre seis hermanos. Sus padres habitaban un gran edificio situado poco antes de llegar a Beln, que haba sido en otro tiempo la casa paterna de David, cuyo padre, Jess, era el dueo. En la poca de Jos casi no quedaban ms que los anchos muros de aquella antigua construccin. Creo que conozco mejor esta casa que nuestra aldea de Flamske. Delante de la casa haba un patio anterior rodeado de galeras abiertas como al frente de las casas de la Roma antigua. En sus galeras pude ver figuras semejantes a cabezas de antiguos personajes. Hacia un lado del patio, haba una fuente debajo de un pequeo edificio de piedra, donde el agua sala de la boca de animales. La casa no tena ventanas en el piso bajo, pero s aberturas

  • redondas arriba. He visto una puerta de entrada. Alrededor de la casa corra una amplia galera, en cuyos rincones haba cuatro torrecillas parecidas a gruesas columnas terminadas cada una en una especie de cpula, donde sobresalan pequeos banderines. Por las aberturas de esas cupulitas, a las que se llegaba mediante escaleras abiertas en las torrecillas, poda verse a lo lejos, sin ser visto. Torrecillas, semejantes a stas haba en el palacio de David, en Jerusaln; fue desde la cpula de una de ellas desde donde pudo mirar a Bersab mientras tomaba el bao.

    En lo alto de la casa, la galera corra alrededor de un piso poco elevado, cuyo techo plano soportaba una construccin terminada en otra torre pequea, Jos y sus hermanos habitaban en la parte alta con un viejo judo, su preceptor. Dorman alrededor de una habitacin colocada en el centro, que dominaba la galera. Sus lechos consistan en colchas arrolladas contra el muro durante el da, separadas entre s por esteras movibles. Los he visto jugando en su dormitorio.

    Tambin vi a los padres, los cuales se relacionaban poco con sus hijos. No me parecieron ni buenos ni malos. Jos tendra ocho aos ms o menos. De natural muy distinto a sus hermanos, era muy inteligente, y aprenda todo muy fcilmente, a pesar de ser sencillo, apacible, piadoso y sin ambiciones. Sus hermanos lo hacan vctima de toda clase de travesuras y a veces lo maltrataban.

    Aquellos muchachos posean pequeos jardines divididos en compartimentos: vi en ellos muchas plantas y arbustos. He visto que a menudo iban los hermanos de Jos a escondidas y le causaban destrozos en sus parcelas, hacindole sufrir mucho. Lo he visto con frecuencia bajo la galera del patio, de rodillas, rezando con los brazos extendidos. Suceda entonces que sus hermanos se deslizaban detrs de l y le golpeaban. Estando de rodillas una vez uno de ellos le golpe por detrs, y como Jos pareca no advertirlo, volvi aqul a golpearlo con tal insistencia, que el pobre Jos cay hacia delante sobre las losas del suelo. Comprend por esto que Jos deba estar arrebatado en xtasis durante la oracin. Cuando volvi en s, no dio muestras de alterarse, ni pens en vengarse: busc otro rincn aislado para continuar su plegaria.

    Los padres no le mostraban tampoco mayor cario. Hubieran deseado que empleara su talento en conquistarse una posicin en el mundo; pero Jos no aspiraba a nada de esto. Los padres encontraban a Jos demasiado simple y rutinario; les pareca mal que amara tanto la oracin y el trabajo manual.

    En otra poca en que podra tener doce aos lo vi a menudo huir de las molestias de sus hermanos, yendo al otro lado de Beln, no muy lejos de lo que fue ms tarde la gruta del pesebre, y detenerse all algn tiempo al lado de unas piadosas mujeres pertenecientes a la comunidad de los esenios. Habitaban estas mujeres cerca de una cantera abierta en la colina, encima de la cual se hallaba Beln, en cuevas cavadas en la misma roca. Cultivaban pequeas huertas contiguas e instruan a otros nios de los esenios. Frecuentemente vea al pequeo Jos, mientras recitaban oraciones escritas en un rollo a la luz de la lmpara suspendida en la pared de la roca, buscar refugio cerca de ellas para librarse de las persecuciones de sus hermanos. Tambin lo vi detenerse en las grutas, una de las cuales habra de ser ms tarde el lugar de Nacimiento del Redentor.

  • Oraba solo all o se ocupaba en fabricar pequeos objetos de madera. Un viejo carpintero tena su taller en la vecindad de los esenios. Jos iba all a menudo y aprenda poco a poco ese oficio, en el cual progresaba fcilmente por haber estudiado algo de geometra y dibujo bajo su preceptor.

    Finalmente las molestias de sus hermanos le hicieron imposible la convivencia en la casa paterna. Un amigo que habitaba cerca de Beln, en una casa separada de la de sus padres por un pequeo arroyo, le dio ropa con la cual pudo disfrazarse y abandonar la casa paterna, por la noche, para ir a ganarse la vida en otra parte con su oficio de carpintero. Tendra entonces de dieciocho a veinte aos de edad.

    Primero lo vi trabajando en casa de un carpintero de Libona, donde puede decirse que aprendi el oficio. La casa de su patrn estaba construida contra unos muros que conducan hasta un castillo en ruinas, a todo lo largo de una cresta montaosa. En aquella muralla haban hecho sus viviendas muchos pobres del lugar. All he visto a Jos trabajando largos trozos de madera, encerrado entre grandes muros, donde la luz penetraba por las aberturas superiores. Aquellos trozos formaban marcos en los cuales deban entrar tabiques de zarzos.

    Su patrn era un hombre pobre que no haca sino trabajos rsticos, de poco valor. Jos era piadoso, sencillo y bueno; todos lo queran. Lo he visto siempre, con perfecta humildad, prestar toda clase de servicios a su patrn, recoger las virutas, juntar trozos de madera y llevarlos sobre sus hombros. Ms tarde pas una vez por estos lugares en compaa de liara y creo que visit con ella su antiguo taller.

    Mientras tanto sus padres crean que Jos hubiese sido robado por bandidos. Luego vi que sus hermanos descubrieron donde se hallaba y le hicieron vivos reproches, pues tenan mucha vergenza de la baja condicin en que se haba colocado. Jos quiso quedarse en esa condicin, por humildad; pero dej aquel sitio y se fue a trabajar a Taanac, cerca de Megido, al borde de un pequeo ro, el Kisn, que desemboca en el mar. Este lugar no est lejos de Afek, ciudad natal del Apstol Santo Toms. All vivi en casa de un patrn bastante rico, donde se hacan trabajos ms delicados.

    Despus lo vi trabajando en Tiberades para otro patrn, viviendo solo en una casa al borde del lago. Tendra entonces unos treinta aos. Sus padres haban muerto en Beln, donde an habitaban dos de sus hermanos. Los otros se haban dispersado. La casa paterna ya no era propiedad de la familia, que qued totalmente arruinada.

    Jos era muy piadoso y oraba por la pronta venida del Mesas. Estando un da ocupado en arreglar un oratorio, cerca de su habitacin, para poder rezar en completa soledad, se le apareci un ngel, dndole orden de suspender el trabajo: que as como en otro tiempo Dios haba confiado al patriarca Jos la administracin de los graneros de Egipto, ahora el granero que encerraba la cosecha de la Salvacin habra de ser confiado a su guardia paternal. Jos, en su humildad, no comprendi estas palabras y continu rezando con mucho fervor hasta que se le orden ir al Templo de Jerusaln para convertirse, en virtud de una orden venida de lo Alto, en el esposo de la Virgen Santsima.

    Antes de esto nunca lo he visto casado, pues viva muy retrado y evitaba la compaa de las mujeres.

  • XXV Desposorio de la Virgen Mara con San Jos

    Mara viva entre tanto en el Templo con otras muchas jvenes bajo la custodia de las piadosas matronas, ocupadas en bordar, en tejer y en labores para las colgaduras del Templo y las vestiduras sacerdotales. Tambin limpiaban las vestiduras y otros objetos destinados al culto divino.

    Cuando llegaban a la mayora de edad, se las casaba. Sus padres las haban entregado totalmente a Dios y entre los israelitas ms piadosos exista el presentimiento que de uno de esos matrimonios se producira el advenimiento del Mesas.

    Cuando Mara tena catorce aos y deba salir pronto del Templo para casarse, junto con otras siete jvenes, vi a Santa Ana visitarla en el Templo. Al anunciar a Mara que deba abandonar el Templo para casarse, la vi profundamente conmovida, declarando al sacerdote que no deseaba abandonar el Templo, pues se haba consagrado slo a Dios y no tena inclinacin por el matrimonio. A todo esto le fue respondido que deba aceptar algn esposo. La vi luego en su oratorio, rezando a Dios con mucho fervor.

    Recuerdo que, teniendo mucha sed, baj con su pequeo cntaro para recoger agua de una fuente o depsito, y que all, sin aparicin visible, escuch una voz que la consol, hacindole saber al mismo tiempo, que era necesario aceptar ese casamiento. Aquello no era la Anunciacin, que me fue dado ver ms tarde en Nazaret. Cre, sin embargo, haber visto esta vez, la aparicin de un ngel. En mi juventud confund a veces este hecho con la Anunciacin, creyendo que haba tenido lugar en el Templo.

    Vi a un sacerdote muy anciano, que no poda caminar: deba ser el Sumo Pontfice. Fue llevado por otros sacerdotes hasta el Santo de los Santos y mientras encenda un sacrificio de incienso, lea las oraciones en un rollo de pergamino colocado sobre una especie de atril. Hallndose arrebatado en xtasis tuvo una aparicin y su dedo fue llevado sobre el pergamino al siguiente pasaje de Isaas: "Un retoo saldr de la raz de Jess y una flor ascender de esa raz". Cuando el anciano volvi en s, ley este pasaje y tuvo conocimiento de algo al respecto.

    Luego se enviaron mensajeros a todas las regiones del pas convocando al Templo a todos los hombres de la raza de David que no estaban casados. Cuando varios de ellos se encontraron reunidos en el Templo, en traje de fiesta, les fue presentada Mara. Entre ellos vi a un joven muy piadoso de Beln, que haba pedido a Dios, con gran fervor, el cumplimiento de la promesa: en su corazn vi un gran deseo de ser elegido por esposo de Mara.

    En cuanto a Ella, volvi a su celda y derram muchas lgrimas, sin poder imaginar siquiera que habra de permanecer siempre virgen.

    Despus de esto vi al Sumo Sacerdote, obedeciendo a un impulso interior, presentar unas ramas a los asistentes, ordenando que cada uno de ellos la marcara una con su nombre y la tuviera en la mano durante la oracin y el sacrificio. Cuando hubieron

  • hecho esto, las ramas fueron tomadas nuevamente de sus manos y colocadas en un altar delante del Santo de los Santos, sindoles anunciado que aqul de entre ellos cuya rama floreciere sera el designado por el Seor para ser el esposo de Mara de Nazaret.

    Mientras las ramas se hallaban delante del Santo de los Santos, sigui celebrndose el sacrificio y continu la oracin. Durante este tiempo vi al joven, cuyo nombre quizs recuerde, (y que la Tradicin llama Agabus) invocar a Dios en una sala del Templo, con los brazos extendidos, y derramar ardientes lgrimas, cuando despus del tiempo marcado, les fueron devueltas las ramas anuncindoles que ninguno de ellos haba sido designado por Dios para ser esposo de aquella Virgen.

    Volvieron los hombres a sus casas y el joven se retir al monte Carmelo, junto con los sacerdotes que vivan all desde el tiempo de Elas, quedndose con ellos y orando continuamente por el cumplimiento de la Promesa.

    Luego vi a los sacerdotes del Templo buscando nuevamente en los registros de las familias, si quedaba algn descendiente de la familia de David que no hubiese sido llamado. Hallaron la indicacin de seis hermanos que habitaban en Beln, uno de los cuales era desconocido y andaba ausente desde haca tiempo. Buscaron el domicilio de Jos, descubrindolo a poca distancia de Samaria, en un lugar situado cerca de un riachuelo. Habitaba a la orilla del ro y trabajaba bajo las rdenes de un carpintero.

    Obedeciendo a las rdenes del Sumo Sacerdote, acudi Jos a Jerusaln y se present en el Templo. Mientras oraban y ofrecan sacrificio pusironle tambin en las manos una vara, y en el momento en que l se dispona a dejarla sobre el altar, delante del Santo de los Santos, brot de la vara una flor blanca, semejante a una azucena; y pude ver una aparicin luminosa bajar sobre l: era como si en ese momento Jos hubiese recibido al Espritu Santo. As se supo que ste era el hombre designado por Dios para ser prometido de Mara Santsima, y los sacerdotes lo presentaron a Mara, en presencia de su madre. Mara, resignada a la voluntad de Dios, lo acept humildemente, sabiendo que Dios todo lo poda, puesto que l haba recibido su voto de pertenecer slo a l.

    Ceremonia nupcial

    Las bodas de Mara y Jos, que duraron de seis a siete das, fueron celebradas en Jerusaln en una casa situada cerca de la montaa de Sin que se alquilaba a menudo para ocasiones semejantes. Adems de las maestras y compaeras de Mara de la escuela del Templo, asistieron muchos parientes de Joaqun y de Ana, entre otros un matrimonio de Gofna con dos hijas. Las bodas fueron solemnes y suntuosas, y se ofrecieron e inmolaron muchos corderos como sacrificio en el Templo.

    He podido ver muy bien a Mara con su vestido nupcial. Llevaba una tnica muy amplia abierta por delante, con anchas mangas. Era de fondo azul, con grandes rosas rojas, blancas y amarillas, mezcladas de hojas verdes, al modo de las ricas casullas de los tiempos antiguos. El borde inferior estaba adornado con flecos y borlas.

    Encima del traje llevaba un manto celeste parecido a un gran pao. Adems de este manto, las mujeres judas solan llevar en ciertas ocasiones algo as como un abrigo de

  • duelo con mangas. El manto de Mara caale sobre los hombros volviendo hacia adelante por ambos lados y terminando en una cola.

    Llevaba en la mano izquierda una pequea corona de rosas blancas y rojas de seda; en la derecha tena, a modo de cetro, un hermoso candelero de oro sin pie, con una pequea bandeja sobrepuesta, en el que arda algo que produca una llama blanquecina. Ana haba trado el vestido de boda, y Mara, en su humildad, no quera ponrselo despus de los esponsales.

    Las jvenes del Templo arreglaron el cabello de Mara, terminando el tocado en muy breve tiempo. Sus cabellos fueron ajustados en torno a la cabeza, de la cual colgaba un velo blanco que caa por debajo de los hombros. Sobre este velo le fue puesta una corona.

    La Virgen Mara es rubia

    La cabellera de Mara era abundante, de color rubio de oro, cejas negras y altas, grandes ojos de prpados habitualmente entornados con largas pestaas negras, nariz de bella forma un poco alargada, boca noble y graciosa, y fino mentn. Su estatura era mediana.

    Vestida con su hermoso traje, era su andar lleno de gracia, de decencia y de gravedad. Vistise luego para la boda con otro atavo menos adornado, del cual poseo un pequeo trozo que guardo entre mis reliquias. Las personas acomodadas mudaban tres o cuatro veces sus vestidos durante las bodas. Llev este traje listado en Can y en otras ocasiones solemnes. A veces volva a ponerse su vestido de bodas cuando iba al Templo. En ese traje de gala, Mara me recordaba a ciertas mujeres ilustres de otras pocas, por ejemplo a Santa Elena y a Santa Cunegunda, aunque distinguindose de ellas por el manto con que se envolvan las mujeres judas, ms parecido al de las damas romanas. Haba en Sin, en la vecindad del Cenculo, algunas mujeres que preparaban hermosas telas de todas clases, segn pude ver a propsito de sus vestidos.

    Jos llevaba un traje largo, muy amplio, de color azul con mangas anchas y sujetas al costado por cordones. En torno al cuello tena una esclavina parda o ms bien una ancha estola, y en el pecho colgbanle dos tiras blancas. He visto todos los pormenores de los esponsales de Mara y Jos: la comida de boda y las dems solemnidades; pero he visto al mismo tiempo otras tantas cosas. Me encuentro tan enferma, tan molesta de mil diversas formas, que no me atrevo a decir ms para no introducir confusin en estos relatos.

    XXVIEl anillo nupcial de Mara

    He visto que el anillo nupcial de Mara no es de oro ni de plata ni de otro metal. Tiene un color sombro con reflejos cambiantes. No es tampoco un pequeo crculo delgado, sino bastante grueso como un dedo de ancho. Lo vi todo liso, aunque llevaba incrustados pequeos tringulos regulares en los cuales haba letras. Vi que estaba bien

  • guardado bajo muchas cerraduras en una hermosa iglesia. Hay personas piadosas que antes de celebrar sus bodas tocan esta reliquia preciosa con sus alianzas matrimoniales. En estos ltimos das he sabido muchos detalles relativos a la historia del anillo nupcial de Mara; pero no puedo relatarlo en el orden debido.

    He visto una fiesta en una ciudad de Italia (Perusa) donde se conserva este anillo. Estaba expuesto en una especie de viril, encima del tabernculo. Haba all un gran altar embellecido con adornos de plata. Mucha gente llevaba sus anillos para hacerlos tocar en la custodia. Durante esta fiesta he visto aparecer de ambos lados del altar del anillo, a Mara y a Jos con sus trajes de bodas. Me pareci que Jos colocaba el anillo en el dedo de Mara. En aquel momento vi el anillo todo luminoso, como en movimiento. A la izquierda y a la derecha del altar, vi otros dos altares, los cuales probablemente no se hallaban en la misma iglesia; pero me fueron mostrados all en esta visin.

    Sobre el altar de la derecha se hallaba una imagen del Ecce Homo, que un piadoso magistrado romano, amigo de San Pedro, haba recibido milagrosamente. Sobre el altar de la izquierda estaba una de las mortajas de Nuestro Seor.

    Terminadas las bodas, se volvi Ana a Nazaret, y Mara parti tambin en compaa de varias vrgenes que haban dejado el Templo al mismo tiempo que ella. No s hasta dnde acompaaron a Mara: slo recuerdo que el primer sitio donde se detuvieron para pasar la noche fue la escuela de Levitas de Bet-Horon. Mara haca el viaje a pie. Despus de las bodas, Jos haba ido a Beln para ordenar algunos asuntos de familia. Ms tarde se traslad a Nazaret.

    XXVIILa casa de Nazaret

    He visto una fiesta en la casa de Santa Ana. Vi all a seis huspedes, sin contar a los familiares de la casa, y a algunos nios reunidos con Jos y Mara en torno de una mesa, sobre la cual haba vasos. La Virgen tena un manto con flores rojas, azules y blancas, como se ve en las antiguas casullas. Llevaba un velo transparente y por encima otro negro. Esta pareca una continuacin de la fiesta de bodas.

    Mi gua me llev a la casa de Santa Ana, que reconoc enseguida con todos sus detalles. No encontr all a Jos ni a Mara. Vi que Santa Ana se dispona a ir a Nazaret, donde habitaba ahora la Sagrada Familia. Llevaba bajo el brazo un envoltorio para Mara. Para ir a Nazaret tuvo que atravesar una llanura y luego un bosquecillo, delante de una altura. Yo segu el mismo camino. He visto a Ana visitando a Mara y entregarle lo que haba trado para ella, volvindose luego a su casa. Mara llor mucho y acompa a su santa madre un trozo de camino. Vi a San Jos frente a la casa en un sitio algo apartado.

    La casita de Nazaret, que Ana haba preparado para Mara y Jos, perteneca a Santa Ana. Ella poda, desde su casa, llegar all sin ser observada, por caminos extraviados, en media hora de camino.

    La casa de Jos no estaba muy lejos de la puerta de la ciudad y no era tan grande como la de Santa Ana. Haba en la vecindad un pozo cuadrangular al cual se bajaba por

  • algunas escaleras. Delante de la casa haba un pequeo patio cuadrado. Estaba sobre una colinita, no edificada ni cavada, sino que estaba separada de la colina por la parte de atrs, y a la cual conduca un sendero angosto abierto en la misma roca. En la parte posterior tena una abertura por arriba, en forma de ventana, que miraba a lo alto de la colina. Haba bastante oscuridad detrs de la casa. La parte posterior de la casita era triangular y era ms elevada que la anterior. La parte baja estaba cavada en la piedra; la parte alta era de materiales livianos.

    En la parte posterior estaba el dormitorio de Mara: all tuvo lugar la Anunciacin del ngel. Esta habitacin tena forma semicircular debido a los tabiques de juncos entretejidos groseramente, que cubran las paredes posteriores en lugar de los biombos livianos que se usaban. Los tabiques que cubran las paredes tenan dibujos de varias formas y colores. El lecho de Mara estaba en el lado derecho; detrs de un tabique entretejido. En la parte izquierda estaba el armario y la pequea mesa con el escabel: era ste el lugar de oracin de Mara.

    La parte posterior de la casa estaba separada del resto por el hogar, que era una pared en medio de la cual se levantaba una chimenea hasta el techo. Por la abertura del techo sala la chimenea, terminada en un pequeo tejadito. Ms tarde he visto al final de esta chimenea dos pequeas campanas colgadas.

    A derecha e izquierda haba dos puertas con tres escalones que iban a la alcoba de Mara. En las paredes del hogar haba varios huecos abiertos con el menaje y otros objetos que an veo en la casa de Loreto, Detrs de la chimenea haba un tirante de cedro, al cual estaba adherida la pared del hogar con la chimenea. Desde este tirante, plantado verticalmente sala otro a travs, a la mitad de la pared posterior, donde estaban metidos otros, por ambos lados. El color de estos maderos era azulado con adornos amarillos. A travs de ellos se vea el techo, revestido interiormente de hojas y de esteras; en los ngulos haba adornos de estrellas. La estrella del ngulo del medio era grande y pareca representar el lucero de la maana. Ms tarde he visto all ms nmero de estrellas. Sobre el tirante horizontal que sala de la chimenea e iba a la pared posterior por una abertura exterior, colgaba la lmpara. Debajo de la chimenea se vea otro tirante. El techo exterior no era en punta, sino plano, de modo que se poda caminar sobre l, pues estaba resguardado por un parapeto en torno de esa azotea.

    Cuando la Virgen Santsima, despus de la muerte de San Jos, dej la casita de Nazaret y fue a vivir en las cercanas de Cafarnam, se empez a adornar la casa, conservndola como un lugar sagrado de oracin. Mara peregrinaba a menudo desde Cafarnam hasta all, para visitar el lugar de la Encarnacin y entregarse a la oracin. Pedro y Juan, cuando iban a Palestina, solan visitar la casita para consagrar en ella, pues se haba instalado un altar en el lugar donde haba estado el hogar. El armarito que Mara haba usado lo pusieron sobre la mesa del altar como a manera de tabernculo.

    XXVIIITraslado de La santa casa de Nazaret a Loreto

    He tenido a menudo la visin del traslado de la santa casa de Nazaret a Loreto. Yo no lo poda creer, a pesar de haberlo visto repetidas veces en visin.

  • La he visto llevada por siete ngeles, que flotaban sobre el mar con ella. No tena suelo, pero haba en lugar del suelo un cimiento de luz y de claridad. De ambos lados tena como asas. Tres ngeles la sostenan de un lado; otros tres del otro, llevndola por los aires. Uno de los ngeles volaba delante arrojando una gran estela de luz y de resplandor.

    Recuerdo haber visto que se llevaba a Europa la parte posterior de la casa, con el hogar y la chimenea, con el altar del Apstol y con la pequea ventana. Me parece, cuando pienso en ello, que las dems partes de la casa estaban pegadas a esta parte y que quedaron as, casi en estado de caerse por s solas.

    Veo en Loreto tambin la cruz que Mara us en feso: est hecha de varias clases de madera. Ms tarde la poseyeron los Apstoles. Muchos prodigios se obran por medio de esta cruz.

    Las paredes de la santa casa de Loreto son totalmente las mismas de Nazaret. Los tirantes que estaban debajo de la chimenea son los mismos. La imagen milagrosa de Mara est ahora sobre el altar de los Apstoles.

    XXIX La anunciacin del ngel

    Tuve una visin de la Anunciacin de Mara el da de esa fiesta. He visto a la Virgen Santsima poco despus de su desposorio, en la casa de San Jos, en Nazaret. Jos haba salido con dos asnos para traer algo que haba heredado o para buscar las herramientas de su oficio. Me pareci que se hallaba an en camino. Adems de la Virgen y de dos jovencitas de su edad que haban sido, segn creo, sus compaeras en el Templo, vi en la casa a Santa Ana con aquella parienta viuda que se hallaba a su servicio y que ms tarde la acompa a Beln, despus del nacimiento de Jess. Santa Ana haba renovado todo en la casa. Vi a las cuatro mujeres yendo y viniendo por el interior paseando juntas en el patio. Al atardecer las he visto entrar y rezar de pie en torno de una pequea mesa redonda; despus comieron verduras y se separaron. Santa Ana anduvo an en la casa de un lado a otro, como una madre de familia ocupada en quehaceres domsticos. Mara y las dos jvenes se retiraron a sus dormitorios, separados.

    El frente de la alcoba, hacia la puerta, era redondo, y en esta parte circular, separada por un tabique de la altura de un hombre, se encontraba arrollado el lecho de Mara. Fui conducida hasta aquella habitacin por el joven resplandeciente que siempre me acompaa, y vi all lo que voy a relatar en la forma que puede hacerlo una persona tan miserable como yo.

    Cuando hubo entrado la Santsima Virgen se puso, detrs de la mampara de su lecho, un largo vestido de lana blanca con ancho ceidor y se cubri la cabeza con un velo blanco amarillento. La sirvienta entr con una luz, encendi una lmpara de varios brazos que colgaba del techo, y se retir. La Virgen tom una mesita baja arrimada contra el muro y la puso en el centro de la habitacin. La mesa estaba cubierta con una carpeta roja y

  • azul, en medio de la cual haba una figura bordada: no s si era una letra o un adorno simplemente.

    Sobre la mesa haba un rollo de pergamino escrito. Habindola colocado la Virgen entre su lecho y la puerta, en un lugar donde el suelo estaba cubierto con una alfombra, puso delante de s un pequeo cojn redondo, sobre el cual se arrodill, afirmndose con las dos manos sobre la mesa. Mara vel su rostro y junt las manos delante del pecho, sin cruzar los dedos. Durante largo tiempo la vi as orando ardientemente, con la faz vuelta al cielo, invocando la Redencin, la venida del Rey prometido a Israel, y pidiendo con fervor le fuera permitido tomar parte en aquella misin. Permaneci mucho tiempo arrodillada, transportada en xtasis; luego inclin la cabeza sobre el pecho.

    Entonces del techo de la habitacin baj, a su lado derecho, en lnea algn tanto oblicua, un golpe tan grande de luz, que me vi obligada a volver los ojos hacia la puerta del patio. Vi, en medio de aquella masa de luz, a un joven resplandeciente, de cabellos rubios flotantes, que haba descendido ante Mara, a travs de los aires. Era el Arcngel Gabriel. Cuando habl vi que salan las palabras de su boca como si fuesen letras de fuego: las le y las comprend.

    Mara inclin un tanto su cabeza velada a la derecha. Sin embargo, en su modestia, no mir al ngel. El Arcngel sigui hablando. Mara volvi entonces el rostro hacia l, como si obedeciera una orden, levant un poco el velo y respondi. El ngel dijo todava algunas palabras. Mara alz el velo totalmente, mir al ngel y pronunci las sagradas palabras:

    "He aqu la sierva del Seor; hgase en m segn tu palabra"

    Mara se hallaba en un profundo arrobamiento. La habitacin resplandeca y ya no vea yo la lmpara del techo ni el techo mismo. El cielo apareca abierto y mis miradas siguieron por encima del ngel una ruta luminosa. En el punto extremo de aquel ro de luz se alzaba una figura de la Santsima Trinidad: era como un fulgor triangular, cuyos rayos se penetraban recprocamente. Reconoc all Aquello que slo se puede adorar sin comprenderlo jams: el Padre, el Hijo y el Espritu Santo, y, sin embargo, un solo Dios Todopoderoso.

    Cuando la Santsima Virgen hubo dicho: "Hgase en m segn tu palabra", vi una aparicin alada del Espritu Santo, que no se pareca a la representacin habitual bajo la forma de paloma: la cabeza se asemejaba a un rostro humano; la luz se derramaba a los costados en forma de alas. Vi partir de all como tres efluvios luminosos hacia el costado derecho de la Virgen, donde volvieron a reunirse. Cuando esta luz penetr en su costado derecho, la Santsima Virgen volvise luminosa Ella misma y como transparente: pareca que todo lo que haba de opaco en ella desapareca bajo esa luz, como la noche ante el esplndido da. Se hallaba tan penetrada de luz que no haba en ella nada de opaco o de oscuro. Resplandeca como enteramente iluminada.

    Despus de esto vi que el ngel desapareca y que la faja luminosa, de donde haba salido, se desvaneca. Pareca que el cielo aspirase y volviese hacia s la luz que haba dejado caer. Mientras vea todas estas cosas en la habitacin de Mara tuve una impresin personal de naturaleza singular. Me hallaba en angustia continua, como si me

  • acechasen peligrosas emboscadas, y vi una horrible serpiente que se arrastraba a travs de la casa y por los escalones hasta la puerta, donde me haba detenido cuando la luz penetr en la Santsima Virgen.

    El monstruo haba llegado ya al tercer escaln. Aquella serpiente era del tamao de un nio, con la cabezota ancha y chata, y a la altura del pecho tena dos patas cortas membranosas, armadas con garras, sobre las cuales se arrastraba, que parecan alas de murcilago. Tena manchas de diferentes colores, de aspecto repugnante; se pareca a la serpiente del Paraso terrenal, pero de aspecto ms deforme y espantoso. Cuando el ngel desapareci de la presencia de la Virgen, sta pisa la cabeza del monstruo que estaba delante de la puerta, el cual lanz un grito tan espantoso que me hizo estremecer. Despus he visto aparecer tres espritus, que golpearon al odioso reptil echndolo fuera de la casa. Desaparecido el ngel he visto a Mara arrobada en xtasis profundo, en absoluto recogimiento. Pude ver que ya conoca y adoraba la Encarnacin del Redentor en s misma, donde se hallaba como un pequeo cuerpo humano luminoso, completamente formado y provisto de todos sus miembros. Aqu, en Nazaret, no es lo mismo que en Jerusaln, donde las mujeres deben quedarse en el atrio, sin poder entrar en el Templo, porque solamente los sacerdotes tienen acceso al Santuario. En Nazaret la misma Virgen es el Templo: el Santo de los Santos est en Ella, como tambin el Sumo Sacerdote y se halla Ella sola con l. Qu conmovedor es todo esto y qu natural y sencillo al mismo tiempo! Quedaban cumplidas las palabras del salmo 45: "El Altsimo ha santificado su tabernculo; Dios est en medio de l, y no ser conmovido".

    Era ms o menos la medianoche cuando contempl todo este espectculo. Al cabo de algn tiempo Ana entr en la habitacin de Mara con las dems mujeres. Un movimiento admirable en la naturaleza las haba despertado: una luz maravillosa haba aparecido por encima de la casa. Cuando vieron a Mara de rodillas, bajo la lmpara, arrebatada en el xtasis de su plegaria, se alejaron respetuosamente.

    Despus de algn tiempo vi a la Virgen levantarse y acercarse al altarcito de la pared; encendi la lmpara y or de pie. Delante de ella, sobre un alto atril, haba rollos escritos. Slo al amanecer la vi descansando. El gua me llev fuera de la habitacin; pero cuando estuve en el pequeo vestbulo de la casa me vi presa de gran temor. Aquella horrible serpiente, que estaba all en acecho, se precipit sobre m y quiso ocultarse entre los pliegues de mi vestido. Me encontr en medio de una angustia horrible; pero mi gua me alej de all y pude ver que reaparecan los tres espritus, que golpearon nuevamente al monstruo. An resuena en m su grito horroroso y me espanta su recuerdo. Contemplando esta noche el misterio, de la Encarnacin comprenda todava muchas otras cosas. Ana recibi un conocimiento interior de lo que estaba realizndose. Supe tambin por qu el Redentor deba quedar nueve meses en el seno de su Madre y nacer bajo la forma de nio; el porqu no quiso aparecer en forma de hombre perfecto como nuestro primer padre Adn saliendo de las manos de Dios: todo esto se me explic, pero ya no lo puedo explicar con claridad. Lo que puedo decir es que l quiso santificar nuevamente el acto de la concepcin y la natividad de los hombres, degradados por el pecado original.

  • Si Mara se convirti en Madre y si l no vino ms temprano al mundo fue porque ella era lo que ninguna criatura fue antes ni ser despus: el puro vaso de gracia que Dios haba prometido a los hombres y en el cual l deba hacerse hombre, para pagar las deudas de la humanidad, mediante los abundantes mritos de su pasin. La Santsima Virgen era la flor perfectamente pura de la raza humana abierta en la plenitud de los tiempos. Todos los hijos de Dios entre los hombres, todos, hasta los que desde el principio haban trabajado en la obra de la santificacin, han contribuido a su venida. Ella era el nico oro puro de la tierra; solamente ella era la porcin inmaculada de la carne y de la sangre de la humanidad entera, que preparada, depurada, recogida y consagrada a travs de todas las generaciones de sus antepasados; conducida, protegida y fortalecida bajo el rgimen de la ley de Moiss, se realizaba finalmente como plenitud de la gracia. Predestinada en la eternidad, surgi en el tiempo como Madre del Verbo Eterno. La Virgen Mara contaba poco ms de catorce aos cuando tuvo lugar la Encarnacin de Jesucristo. Jess lleg a la edad de treinta y tres aos y tres veces seis semanas. Digo tres veces seis, porque en este mismo instante estoy viendo la cifra seis repetida tres veces.

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    XXX Visitacin de Mara a Isabel

    Algunos das despus de la Anunciacin del ngel a Mara, Jos volvise a Nazaret e hizo ciertos arreglos en la casa para poder ejercer su oficio y quedarse, pues hasta entonces slo haba permanecido dos das all. Nada saba del misterio de la Encarnacin del Verbo en Mara. Ella era la Madre de Dios y era la sierva del Seor y guardaba humildemente el secreto. Cuando la Virgen sinti que el Verbo se haba hecho carne en ella, tuvo un gran deseo de ir a Juta, cerca de Hebrn, para visitar a su prima Isabel, que segn, las palabras del ngel hallbase encinta desde haca seis meses.

    Acercndose el tiempo en que Jos deba ir a Jerusaln, para la fiesta de Pascua, quiso acompaarle con el fin de asistir a Isabel durante su embarazo. Jos, en compaa de la Virgen Santsima, se puso en camino para Juta. l camino se diriga al Medioda. Llevaban un asno sobre el cual montaba Mara de vez en cuando. Este asno tena atada al cuello una bolsa perteneciente a Jos, dentro de la cual haba un largo vestido pardo con una especie de capuz. Mara se pona este traje para ir al Templo o a la sinagoga. Durante el viaje usaba una tnica parda de lana, un vestido gris con una faja por encima, y cubra su cabeza una cofia amarilla. Viajaban con bastante rapidez. Despus de haber atravesado la llanura de Esdreln, los vi trepar una altura y entrar en la ciudad, de Dotan, en casa de un amigo del padre de Jos. Este era un hombre bastante acomodado, oriundo de Beln. l padre de Jos lo llamaba hermano a pesar de no serlo: descenda

  • de David por un antepasado que tambin fue rey, segn creo, llamado Ela, o Eldoa o Eldad, pues no recuerdo bien su nombre. Dotan era una ciudad de activo comercio. Luego los vi pernoctar bajo un cobertizo. Estando an a doce leguas de la casa de Zacaras pude verlos otra noche en medio de un bosque, bajo una cabaa de ramas toda cubierta de hojas verdes con hermosas flores blancas. Frecuentemente se ven en este pas al borde de los caminos esas glorietas hechas de ramas y de hojas y algunas construcciones ms slidas en las cuales los viajeros pueden pernoctar o refrescarse, y aderezar y cocer los alimentos que llevan consigo. Una familia de la vecindad se encarga de la vigilancia de varios de estos lugares y proporciona las cosas necesarias mediante una pequea retribucin. No fueron directamente de Jerusaln a Juta. Con el fin de viajar en la mayor soledad dieron una vuelta por tierras del Este, pasando al lado de una pequea ciudad, a dos leguas de Emas y tomando los caminos por donde Jess anduvo durante sus aos de predicacin. Ms tarde tuvieron que pasar dos montes, entre los cuales los vi descansar una vez comiendo pan, mezclando con el agua parte del blsamo que haban recogido durante el viaje. En esta regin el pas es muy montaoso.

    Pasaron junto a algunas rocas, ms anchas en su parte superior que en la base; haba en aquellos lugares grandes cavernas, dentro de las cuales se vean toda clase de piedras curiosas. Los valles eran muy frtiles. Aquel camino los condujo a travs de bosques y de pramos, de prados y de campos. En un lugar bastante cerca del final del viaje not particularmente una planta que tena pequeas y hermosas hojas verdes y racimos de flores formados por nueve campanillas cerradas de color de rosa. Tena all algo en qu deba ocuparme; pero he olvidado de qu se trataba.

    La casa de Zacaras estaba situada sobre una colina, en torno de la cual haba un grupo de casas. Un arroyo torrentoso baja de la colina. Me pareci que era el momento en que Zacaras volva a su casa desde Jerusaln, pasadas las fiestas de Pascua. He visto a Isabel caminando, bastante alejada de su casa, sobre el camino de Jerusaln, llevada por un ansia inquieta e indefinible. All la encontr Zacaras, que se espant de verla tan lejos de la casa en el estado en que se encontraba. lla dijo que estaba muy agitada, pues la persegua el pensamiento de que su prima Mara de Nazaret estaba en camino para visitarla. Zacaras trat de hacerle comprender que desechase tal idea y por signos y escribiendo en una tablilla, le deca cun poco verosmil era que una recin casada emprendiera viaje tan largo en aquel momento. Juntos volvieron a su casa. Isabel no poda desechar esa idea fija, habiendo sabido en sueos que una mujer de su misma sangre se haba convertido en Madre del Verbo Eterno, del Mesas prometido. Pensando en Mara concibi un deseo muy grande de verla y la vio, en efecto, en espritu que vena hacia ella. Prepar en su casa, a la derecha de la entrada, una pequea habitacin con asientos y aguard all al da siguiente, a la expectativa, mirando hacia el camino por si llegaba Mara. Pronto se levant y sali a su encuentro por el camino.

    Isabel era una mujer alta, de cierta edad: tena el rostro pequeo y rasgos bellos; la cabeza la llevaba velada. Slo conoca a Mara por las voces y la fama. Mara, vindola a cierta distancia, conoci que era ella Isabel y se apresur a ir a su encuentro,

  • adelantndose a Jos que se qued discretamente a la distancia. Pronto estuvo Mara entre las primeras casas de la vecindad, cuyos habitantes, impresionados por su extraordinaria belleza y conmovidos por cierta dignidad sobrenatural que irradiaba toda su persona, se retiraron respetuosamente en el momento de su encuentro con Isabel. Se saludaron amistosamente dndose la mano. En aquel momento vi un punto luminoso en la Virgen Santsima y como un rayo de luz que parta de all hacia Isabel, la cual recibi una impresin maravillosa. No se detuvieron en presencia de los hombres, sino que, tomndose del brazo, se dirigieron a la casa por el patio interior.

    En el umbral de la puerta, Isabel dio nuevamente la bienvenida a Mara y luego entraron en la casa. Jos lleg al patio conduciendo al asno, que entreg a un servidor y fue a buscar a Zacaras en una sala abierta sobre el costado de la casa. Salud con mucha humildad al anciano sacerdote, el cual lo abraz cordialmente y convers con l por medio de la tablilla sobre la que escriba, pues haba quedado mudo desde que el ngel se le haba aparecido en el Templo.

    Mara e Isabel, una vez que hubieron entrado, se hallaron en un cuarto que me pareci servir de cocina. All se tomaron de los brazos. Mara salud a Isabel muy cordialmente y las dos juntaron sus mejillas. Vi entonces que algo luminoso irradiaba desde Mara hasta el interior de Isabel, quedando sta toda iluminada y profundamente conmovida, con el corazn agitado por santo regocijo. Se retir Isabel un poco hacia atrs, levantando la mano y, llena de humildad, de jbilo y entusiasmo, exclam: "Bendita eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre. Pero de dnde a m tanto favor que la Madre de mi Seor venga a visitarme?... Porque he aqu que como lleg la voz de tu salutacin a mis odos, la criatura que llevo se estremeci de alegra en mi interior. Oh, dichosa t, que has credo; lo que te ha dicho el Seor se cumplir!"

    Despus de estas palabras condujo a Mara a la pequea habitacin preparada, para que pudiera sentarse y reposar de las fatigas del viaje. Slo haba que dar unos pasos para llegar hasta all. Mara dej el brazo de Isabel, cruz las manos sobre el pecho y empez el cntico del Magnficat: "Mi alma glorifica al Seor; y mi espritu se alegr en Dios mi Salvador. Porque mir a la bajeza de su sierva; porque he aqu que desde ahora me llamarn bienaventurada todas las generaciones. Porque ha hecho grandes cosas conmigo el Todopoderoso, y santo es su Nombre. Y su misericordia es de generacin en generacin a los que le temen. Hizo valentas con su brazo; esparci a los soberbios en el pensamiento de su corazn. Quit a los poderosos de los tronos y levant a los humildes. A los hambrientos hinch de bienes y a los ricos envi vacos. Socorri a Israel, su siervo, acordndose de su misericordia. Como habl a nuestros padres, a Abrahn y a su simiente, para siempre". Isabel repeta en voz baja el Magnficat con el mismo impulso de inspiracin de Mara. Luego se sentaron en asientos muy bajos, ante una mesita de poca altura. Sobre sta haba un vaso pequeo.

    Qu dichosa me senta yo, porque repeta con ellas todas las oraciones, sentada muy cerca de Mara! Qu grande era entonces mi felicidad!

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    XXXIEn casa de Zacaras e Isabel

    Jos y Zacaras estn juntos conversando acerca del Mesas, de su prxima venida y de la realizacin de las profecas. Zacaras era un anciano de alta estatura y hermoso cuando estaba vestido de sacerdote. Ahora responde siempre por signos o escribiendo en su tablilla. Los veo al lado de la casa en una sala abierta al jardn.

    Mara e Isabel estn sentadas sobre una alfombra en el huerto, bajo un rbol grande, detrs del cual hay una fuente por donde se escapa el agua cuando se retira la compuerta. En todo el contorno veo un prado cubierto de csped, de flores y de rboles con pequeas ciruelas amarillas. Estn juntas comiendo frutas y panecillos sacados de la alforja de Jos. Qu simplicidad y qu conmovedora frugalidad!

    En la casa hay dos criados y dos mozos de servicio: los veo ir y venir preparando alimentos en una mesa, debajo d un rbol. Zacaras y Jos se acercan y comen tambin algo. Jos quera volverse de inmediato a Nazaret; pero tendr que quedarse ocho das all. No sabe nada an del estado de embarazo de Mara. Isabel y Mara haban guardado silencio sobre esto, manteniendo entre ellas una armona secreta y profunda, que las una ntimamente.

    Varias veces al da, especialmente antes de las comidas, cuando todos se hallaban reunidos, las santas mujeres decan una especie de Letanas. Jos oraba con ellas. Pude ver una cruz que apareca entre las dos mujeres, a pesar de no existir an la cruz: aquello era como si dos cruces se hubiesen visitado.

    Ayer, por la tarde, se juntaron todos para comer, quedndose hasta la medianoche sentados a la luz de una lmpara, bajo el rbol del jardn. Vi luego a Jos y a Zacaras solos en su oratorio, y a Mara y a Isabel en su pequea habitacin, una frente a la otra, de pie, absortas y estticas, diciendo juntas el cntico del Magnficat. Adems del vestuario mencionado, la Virgen usaba algo parecido a un velo negro transparente, que bajaba sobre el rostro cuando deba hablar con los hombres.

    Hoy Zacaras condujo a Jos a otro jardn retirado de su casa. Zacaras era un hombre muy ordenado en todas sus cosas. En este huerto abundan rboles con frutas hermosas de todas clases: est muy bien cuidado, atravesado por una larga enramada, bajo la cual hay sombra; en su extremidad hay una glorieta escondida cuya puerta se abre por un costado. En lo alto de esta casa se ven aberturas cerradas con bastidores; dentro hay un lecho de reposo hecho de esteras, de musgos o de otras hierbas. Vi all dos estatuas blancas del tamao de un nio: no s cmo se encuentran all ni qu representan. Yo las hallaba parecidas a Zacaras y a Isabel, de cuando seran ms jvenes.

    Hoy por la tarde vi a Mara y a Isabel ocupadas en la casa. La Virgen tomaba parte en los quehaceres domsticos y preparaba toda clase de prendas para el esperado nio. Las he visto trabajando juntas: tejan una colcha grande destinada al lecho de Isabel, para

  • cuando hubiera dado a luz. Las mujeres judas usaban colchas de esta clase, las cuales tenan en el centro una especie de bolsillo dispuesto de tal manera que la madre poda envolverse completamente en l con su nio. Encerrada all dentro y sostenida mediante almohadas poda sentarse o tenderse segn su voluntad. En el borde de la colcha haba flores bordadas y algunas sentencias.

    Isabel y Mara preparaban tambin toda clase de objetos para regalarlos a los pobres cuando naciera la criatura. Vi a santa Ana durante la ausencia de Mara y de Jos, enviar a menudo su criada a la casa de Nazaret para ver si todo segua en orden all. Una vez la vi ir all sola.

    Zacaras fue con Jos a pasear al campo. La casa se hallaba sobre una colina y es la mejor de toda esa regin; otras casitas veo dispersas alrededor. Mara se encuentra sola, un tanto fatigada, en la casa con Isabel. He visto a Zacaras y a Jos pasar la noche en el jardn situado a alguna distancia de la casa. Unas veces los vi durmiendo en la glorieta, otras, orando a la intemperie. Volvieron al amanecer.

    He visto a Isabel y a Mara dentro de la casa. Todas las maanas y las noches repiten el Magnficat, inspirado a Mara por el Espritu Santo, despus de la salutacin de Isabel. La salutacin del ngel fue como una consagracin que haca el templo de Mara Santsima a Dios. Cuando pronunci aquellas palabras: "He aqu la sierva del Seor, hgase en m segn tu palabra", el Verbo Divino, saludado por la Iglesia y saludado por su sierva, entr en ella. Desde entonces, Dios estuvo en su templo y Mara fue el templo y el Arca de la Alianza del Nuevo Testamento. La salutacin de Isabel y el alborozo de Juan en el seno de su madre, fueron el primer culto rendido ante aquel Santuario. Cuando la Virgen enton el Magnficat, la Iglesia de la Nueva Alianza, del nuevo matrimonio, celebr por primera vez el cumplimiento de las promesas divinas de la Antigua Alianza, del antiguo matrimonio, recitando, en accin de gracias, un Te Deum laudamus. Quin pudiera expresar dignamente la emocin de este homenaje rendido por la Iglesia a su Salvador, an antes de su nacimiento!

    Esta noche, mientras vea orar a las santas mujeres, tuve varias intuiciones y explicaciones relativas al Magnficat y al acercamiento del Santo Sacramento en la actual situacin de la Santsima Virgen. Mi estado de sufrimiento y mis numerosas molestias me han hecho olvidar casi todo lo que he podido ver. En el momento del pasaje del cntico:"Hizo valentas con su brazo", vi diferentes cuadros figurativos del Santsimo Sacramento del Altar en el Antiguo Testamento. Haba all, entre otros, un cuadro de Abrahn sacrificando a Isaac, y de Isaas anunciando a un rey perverso algo de que ste se burlaba, y que he olvidado. Vi muchas cosas desde Abrahn hasta Isaas, y desde ste hasta Mara Santsima. Siempre vea el Santsimo Sacramento acercndose a la Iglesia de Jesucristo, quien reposaba todava en el seno de su Madre.

    Hace mucho calor all donde est Mara en la tierra prometida. Todos se van al jardn donde est la casita. Primero Zacaras y Jos, luego Isabel y Mara. Han tendido un toldo bajo un rbol como para hacer una tienda de campaa. Hacia un lado veo asientos muy bajos con respaldos. Anoche vi a Isabel y a Mara que iban al jardn un tanto alejado de la casa de Zacaras. Llevaban frutas y panecillos dentro de unas cestas y pareca que queran pasar la noche en ese lugar. Cuando Jos y Zacaras volvieron ms tarde, vi a Mara que les sala al

  • encuentro. Zacaras tena su tablilla, pero la luz era insuficiente para que pudiera escribir y vi que Mara impulsada por el Espritu Santo le anunci que esa misma noche habra de hablar y que poda dejar su tablilla, ya que pronto podra conversar con Jos y rezar junto a l.

    Tanto me sorprendi esto, que yo, sacudiendo la cabeza, no quise admitirlo; pero mi ngel de la Guarda, o mi gua espiritual, que siempre me acompaa, djome, hacindome una seal para que mirase a otra parte: "No quieres creer esto? Pues mira lo que sucede all". Mirando hacia el lado que me indicaba vi un cuadro totalmente distinto, de poca muy posterior. Vi al santo ermitao Goar en un lugar donde el trigo haba sido cortado. Hablaba con los mensajeros de un obispo mal dispuesto con l y an aquellos hombres no le tenan afecto. Cuando los hubo acompaado hasta su casa lo vi buscando un gancho cualquiera para poder colgar su capa. Como viera un rayo de sol que entraba por la abertura del muro, en la simplicidad de su fe colg su capa de aquel rayo y ella qued suspendida all en el aire. Me admir tanto este prodigio que ya no me asombr de or hablar a Zacaras, puesto que aquella gracia le llegaba por intermedio de Mara Santsima, dentro de la cual habitaba el mismo Dios. Mi gua me habl entonces de aquello a que se da el nombre de milagro. Entre otras cosas recuerdo que me dijo:

    "Una confianza total en Dios, con la simplicidad de un nio, da a todas las cosas el ser y la substancia".

    Estas palabras me aclararon acerca de todos los milagros, aunque no puedo explicarme esto con claridad.

    Vi a los cuatro santos personajes pasar la noche en el jardn: se sentaron y comieron algunas cosas. Luego los vi caminar de dos en dos, orar juntos y entrar alternativamente en la glorieta para descansar en ella. Supe tambin que despus del sbado, Jos se volvera a Nazaret y que Zacaras lo acompaara un trecho de camino. Haba un hermoso claro de luna y el cielo estaba muy puro.

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    XXXIIMisterios del "Magnficat

    Durante la oracin de las dos santas mujeres vi una parte del misterio relacionado con el Magnficat. Debo volver a ver todo esto el sbado, vspera de la octava de la fiesta y entonces podr decir algo ms. Ahora slo puedo comunicar lo siguiente: el Magnficat es el cntico de accin de gracias por el cumplimiento de la bendicin misteriosa de la Antigua Alianza. Durante la oracin de Mara vi sucesivamente a todos sus antepasados.

  • Haba en el transcurso de los siglos, tres veces catorce parejas de esposos que se sucedan, en los cuales el padre era siempre el vstago del matrimonio anterior. De cada una de estas parejas vi salir un rayo de luz dirigido hacia Mara mientras se hallaba en oracin. Todo el cuadro creci ante mis ojos como un rbol con ramas luminosas, las cuales iban embellecindose cada vez ms, y por fin, en un sitio determinado de este rbol de luz, vi la carne y la sangre pursimas e inmaculadas de Mara, con las cuales Dios deba formar su Humanidad, mostrndose en medio de un resplandor cada vez ms vivo.

    Or entonces, llena de jbilo y de esperanza, como un nio que viera crecer delante de s el rbol de Navidad. Todo esto era una imagen de la proximidad de Jesucristo en la carne y de su Santsimo Sacramento. Era como si hubiese visto madurar el trigo para formar el pan de vida del que me hallara hambrienta. Todo esto es inefable. No puedo decir cmo se form la carne en la cual se encarn el mismo Verbo. Cmo es posible esto a una criatura humana que todava se encuentra dentro de esa carne, de la cual el Hijo de Dios y de Mara ha dicho que no sirve para nada y que slo el espritu vivifica?... Tambin dijo l que aqullos que se nutren de su Carne y de su Sangre gozarn de la Vida Eterna y sern resucitados por l en el ltimo da. nicamente su Carne y su Sangre son el alimento verdadero y tan slo aqullos que toman este Alimento viven en l, y l en ellos. No puedo expresar cmo vi, desde el comienzo, el acercamiento sucesivo de la Encarnacin de Dios y con ella la proximidad del Santo Sacramento del Altar, manifestndose de generacin en generacin; luego una nueva serie de patriarcas representantes del Dios Vivo que reside entre los hombres en calidad de vctima y de alimento hasta su segundo advenimiento en el ltimo da, en la institucin del sacerdocio que el Hombre-Dios, el nuevo Adn, encargado de expiar el pecado del primero, ha trasmitido a sus Apstoles y stos a los nuevos sacerdotes, mediante la imposicin de las manos, para formar as una sucesin semejante de sacerdotes no interrumpida de generacin en generacin. Todo esto me ense que la recitacin de la genealoga de Nuestro Seor ante el Santsimo Sacramento en la fiesta del Corpus Christi, encierra un misterio muy grande y muy profundo. Tambin aprend por l que as como entre los antepasados carnales de Jesucristo hubo algunos que no fueron santos y otros que fueron pecadores, sin dejar de constituir por eso gradas de la escala de Jacob, mediante las cuales Dios baj hasta la Humanidad, tambin los obispos indignos quedan capacitados para consagrar el Santsimo Sacramento y para otorgar el sacerdocio a otros, con todos los poderes que le son inherentes.

    Cuando se ven estas cosas se comprende por qu los viejos libros alemanes llaman al Antiguo Testamento la Antigua Alianza o antiguo matrimonio, y al Nuevo Testamento la Nueva Alianza o nuevo matrimonio. La flor suprema del antiguo matrimonio fue la Virgen de las vrgenes, la prometida del Espritu Santo, la muy casta Madre del Salvador; el vaso espiritual, el vaso honorable, el vaso insigne de devocin donde el Verbo se hizo carne. Con este misterio comienza el nuevo matrimonio, la Nueva Alianza. Esta Alianza es virginal en el sacerdocio y en todos aqullos que siguen al Cordero, y en ella el Matrimonio es un gran sacramento: la unin de Jesucristo con su prometida la Iglesia.

  • Para poder expresar, en cuanto me sea posible, cmo me fue explicada la proximidad de la Encarnacin del Verbo y al mismo tiempo el acercamiento del Santsimo Sacramento del Altar, slo puedo repetir, una vez ms, que todo esto apareci ante mis ojos en una serie de cuadros simblicos, sin que, a causa del estado en que me encuentro, me sea posible dar cuenta de los detalles en forma inteligible. Slo puedo hablar en forma general. He visto primero la bendicin de la promesa que Dios diera a nuestros primeros padres en el Paraso y un rayo que iba de esta bendicin a la Santsima Virgen, que se hallaba recitando el Magnficat con Isabel. Vi a Abrahn, que haba recibido de Dios aquella bendicin, y un rayo que partiendo de l llegaba a la Santsima Virgen. Vi a los otros patriarcas que haban llevado y posedo aquella cosa santa y siempre aquel rayo yendo de cada uno de ellos hasta Mara. Vi despus la transmisin de aquella bendicin hasta Joaqun, el cual, gratificado con la ms alta bendicin venida del Santo de los Santos del Templo, pudo convertirse por ello en el padre de la Santsima Virgen concebida sin pecado. Y por ltimo es en Ella donde, por la intervencin del Espritu Santo, el Verbo, se hizo carne. En ella, como en el Arca de la Alianza del Nuevo Testamento, el Verbo habit nueve meses entre nosotros, oculto a todas las miradas, hasta que habiendo nacido de Mara en la plenitud de los tiempos, pudimos ver su gloria, como gloria del Hijo nico del Padre, lleno de gracia y de verdad. Esta noche vi a la Santsima Virgen dormir en su pequea habitacin, teniendo su cuerpo de costado, la cabeza reclinada sobre el brazo. Se hallaba envuelta en un trozo de tela blanca, de la cabeza a los pies. Bajo su corazn vi brillar una gloria luminosa en forma de pera rodeada de una pequea llama de fulgor indescriptible. En Isabel brillaba tambin una gloria, menos brillante, aunque ms grande, de forma circular; la luz que despeda era menos viva.

    Ayer, viernes, por la noche, empezando ya el nuevo da, pude ver en una habitacin de la casa de Zacaras, que an no conoca, una lmpara encendida para festejar el Sbado. Zacaras, Jos y otros seis hombres, probablemente vecinos de la localidad, oraban de pie bajo la lmpara, en torno de un cofre sobre el cual se hallaban rollos escritos. Llevaban paos sobre la cabeza; pero al orar no hacan las contorsiones que hacen los judos actuales. A menudo bajaban la cabeza y alzaban los brazos al aire. Mara, Isabel y otras dos mujeres se hallaban apartadas, detrs de un tabique de rejas, en un sitio desde donde podan ver el oratorio: llevaban mantos de oracin y estaban veladas desde la cabeza a los pies.

    Luego de la cena del sbado vi a la Virgen Santsima en su pequea habitacin recitando con Isabel el Magnficat. Estaban de pie contra el muro, una frente a la otra, con las manos juntas sobre el pecho y los velos negros sobre el rostro, orando, una despus de la otra, como las religiosas en el coro. Yo recit el Magnficat con ellas, y durante la segunda parte del cntico pude ver, unos lejos y otros cerca, a algunos de los antepasados de Mara, de los cuales partan como lneas luminosas que se dirigan hacia ella.

    Vi aquellos rayos de luz saliendo de la boca de sus antepasados masculinos y del corazn del otro sexo, para concluir en la gloria que estaba en Mara. Creo que Abrahn, al recibir la bendicin que preparaba el advenimiento de la Virgen, habitaba cerca del lugar donde Mara recit el Magnficat, pues el rayo que parta de l, llegaba hasta Mara desde un punto muy cercano, mientras que los que partan de personajes mucho ms cercanos en el tiempo, parecan venir de muy lejos, de puntos ms distantes.

  • Cuando terminaron el Magnficat, que recitaban todos los das por la maana y por la noche, desde la Visitacin, se retir Isabel, y vi a la Virgen entregarse al reposo. Habiendo terminado la fiesta del sbado los vi comer de nuevo el domingo por la noche. Tomaron su alimento todos juntos en el jardn cercano a la casa. Comieron hojas verdes que remojaban en salsa. Sobre la mesa haba fuentes con frutas pequeas y otros recipientes que contenan, creo, miel, que tomaban con unas esptulas de asta.

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    XXXIII Regreso de Jos a Nazaret

    Ms tarde, con claro de luna, estando la noche estrellada y limpia, se puso en viaje Jos acompaado de Zacaras. Llevaba un pequeo paquete con panes, un cntaro y un bastn de empuadura curva. Los dos tenan abrigos de viaje con capuz. Las mujeres los acompaaron corto trecho, volviendo solas en medio de una noche hermossima. Ambas entraron directamente en la habitacin de Mara, donde haba una lmpara encendida, como era habitual cuando ella oraba y se preparaba para el descanso. Las dos se quedaron de pie, una en frente a la otra, y recitaron el Magnficat.

    Esta noche he visto a Mara e Isabel. Lo nico que recuerdo es que pasaron toda la noche en oracin, aunque no s la causa de ello. Durante el da he visto a Mara ocupada en diversos trabajos, como ser trenzado de colchas. Vi a Zacaras y a Jos, que se hallaban an en camino: pasaron la noche en un cobertizo. Haban dado grandes rodeos y visitado, me parece, a diversas familias. Creo que les faltaban tres das para el trmino del viaje. No recuerdo otros detalles.

    Ayer vi a Jos en su casa de Nazaret. Creo que ha ido a ella directamente, sin detenerse en Jerusaln. La criada de Ana se encarga del cuidado domstico, yendo de una casa a otra. Fuera de ella no hay nadie ms en la casa de Jos, que est completamente solo. Tambin vi a Zacaras de vuelta en su casa.

    Vi a Mara e Isabel recitando el Magnficat y ocupndose de diversos trabajos. Al caer la tarde pasearon por el huerto, donde haba una fuente, cosa no comn en el pas. Por la noche, pasadas las horas de calor, iban a pasear por los alrededores, pues la casa de Zacaras se halla aislada y rodeada de campias. Habitualmente se acostaban ms o menos a las nueve, levantndose siempre antes de la salida del sol.

    He visto un cuadr indescriptible de la Iglesia. Se me apareci la Iglesia en forma de una fruta octogonal muy delicada que naca de un tallo cuyas races tocaban en una fuente ondulante de la tierra. El tallo no era ms alto de lo necesario como para poder

  • ver entre la iglesia y la tierra. Delante de la iglesia haba una puerta, sobre la fuente misma, la cual ondeaba arrojando de s algo blanco como arena hacia ambos lados, y en derredor todo reverdeca y fructificaba. En la parte delantera de la Iglesia no se vea raz alguna de las que iban a la tierra. Dentro de la iglesia y en medio de ella haba, a semejanza de la cpsula de la semilla de la manzana, un recipiente formado de filamentos blancos, muy tiernos, en cuyos intersticios veanse como las semillas de una manzana.

    En el piso interno de la iglesia haba una abertura por la cual se poda mirar la fuente ondeante de abajo. Mientras miraba esto vi que caan algunos granos resecos y marchitos en la fuente. Esa especie de flor se iba transformando cada vez ms en una iglesia y la cpsula del medio se iba convirtiendo en un artstico armazn parecido a un hermoso ramo.

    Dentro de este artificio he visto a la Santsima Virgen y a Santa Isabel, que parecan a su vez como dos santuarios o Sancta Sanctorum. Vi que ambas se saludaban volvindose una hacia la otra. En ese momento aparecan dos rostros de ellas: Jess y Juan. A Juan lo he visto encorvado dentro del seno materno. A Jess lo vi como lo suelo ver en el Santsimo Sacramento: a semejanza de un pequeo Nio luminoso que iba hacia donde estaba Juan. Estaba de pie, como flotando y llegndose a Juan le quitaba como una neblina. El pequeo Juan estaba ahora con el rostro echado sobre el suelo. La neblina caa al pozo por la mencionada abertura y era absorbida y desapareca en la fuente que estaba debajo. Luego Jess levant al pequeo Juan en el aire, y lo abraz. Despus de esto he visto volver a ambos al seno materno, mientras Mara e Isabel cantaban el Magnficat.

    Bajo este cntico he visto a ambos lados de la Iglesia a Jos y a Zacaras adelantarse, y detrs de ellos otros muchos hasta llenarse la iglesia, que concluy en una gran festividad realizada adentro. En derredor de la iglesia creca una via con tanta pujanza que fue necesario podarla por varias partes. La iglesia asentse, por fin, en el suelo; apareci un altar en ella y en la abertura que daba al pozo se form un baptisterio. Muchsima gente entraba por la puerta a la iglesia. Todas estas transformaciones se produjeron lentamente, como brotando y creciendo. Me es difcil explicar todo esto tal como lo he visto. Ms tarde, en la fiesta de San Juan, tuve otra visin. La iglesia octogonal era ahora transparente como cristal o, mejor dicho, como si fueran rayos de agua cristalina. En medio de ella haba una fuente de agua, bajo una torrecita, donde vi a Juan bautizando. De pronto se cambi el cuadro y de la fuente del medio brot un tallo como una flor. En derredor haba ocho columnas con una corona piramidal sobre la cual estaban los antepasados de Ana, de Isabel y de Joaqun, con Mara y Jos y los antepasados de Zacaras y de Jos algo apartados de la rama principal. Juan estaba arriba en una rama del medio. Pareci que sala una voz de l, y he visto entonces a muchos pueblos, a reyes y prncipes entrar en la iglesia y a un obispo que distribua el Santsimo Sacramento. O a Juan que hablaba de la gran dicha de la gente que haba entrado en la iglesia.

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  • XXXIV Nacimiento de Juan. Mara regresa a Nazaret

    Vi a la Virgen Santsima despus de su vuelta de Juta a Nazaret, pasando algunos das en casa de los padres del discpulo Parmenas, el cual en aquella poca no haba nacido an. Creo haber visto esto en el mismo momento del ao en que sucedi. Tengo la sensacin de que fue as. Segn esto, el nacimiento de Juan habra tenido lugar a fines de Mayo o principios de Junio. Mara se qued tres meses en casa de Santa Isabel, hasta el nacimiento de Juan. En el tiempo de la circuncisin del nio ya no se hallaba all.

    Cuando Mara parti para Nazaret, Jos acudi a su encuentro a la mitad del camino. Cuando Jos volvi a Nazaret con la Santsima Virgen, not que se hallaba encinta, y le asaltaron toda clase de dudas y de inquietudes, pues ignoraba la aparicin del ngel y su revelacin a Mara.

    Despus de su desposorio, Jos haba ido a Beln por asuntos de familia, y Mara, entre tanto, a Nazaret con sus padres o algunas compaeras. La salutacin anglica haba tenido lugar antes del retorno de Jos, y Mara, en su tmida humildad, haba guardado silencio sobre el secreto de Dios. Jos, turbado e inquieto, no demostraba nada exteriormente; pero luchaba en silencio contra sus dudas. La Virgen, que haba previsto esto, permaneca grave y pensativa, lo cual aumentaba las angustias de Jos.

    Cuando llegaron a Nazaret la Virgen no se dirigi enseguida a su casa con San Jos, sino que se qued dos das en casa de una familia emparentada con la suya, donde habitaban los padres del discpulo Parmenas, no nacido an, que fue ms tarde uno de los siete diconos en la primera comunidad de los cristianos de Jerusaln. Aquellas gentes se hallaban vinculadas a la Sagrada Familia, siendo la madre, hermana del tercer esposo de Mara de Cleofs, el cual fue padre de Simen, obispo de Jerusaln. Tenan una casa y jardn en Nazaret. Tambin tenan parentesco con Mara Santsima por Isabel. Vi a la Virgen permanecer algn tiempo en esa casa, antes de volver a la de Jos.

    Entre tanto la inquietud de Jos aument de tal manera, que cuando Mara volvi a su lado, Jos se haba formado el propsito de dejarla, huyendo secretamente de la casa y de su lado. Mientras iba pensando estas cosas se le apareci un ngel, que le dijo palabras que tranquilizaron su nimo.

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    XXXV Preparativos para el nacimiento de Jess

  • Desde hace varios das veo a Mara en casa de Ana, su madre, cuya casa se halla ms o menos a una legua de Nazaret, en el valle de Zabuln. La criada de Ana permanece en Nazaret cuando Mara est ausente y sirve a Jos. Veo que mientras vivi Ana casi no tenan hogar independiente del todo, pues reciban siempre de ella todo lo que necesitaban para su manutencin.

    Veo desde hace quince das a Mara ocupada en preparativos para el nacimiento de Jess: cose colchas, tiras y paales. Su padre Joaqun ya no vive. En la casa hay una nia de unos siete aos de edad que est a menudo junto a la Virgen y recibe lecciones de Mara. Creo que es la hija de Mara de Cleofs y que tambin se llama Mara. Jos no est en Nazaret, pero debe llegar muy pronto. Vuelve de Jerusaln donde ha llevado los animales para el sacrificio. Vi a la Virgen Santsima en la casa, trabajando, sentada en una habitacin con otras mujeres. Preparaban prendas y colchas para el nacimiento del Nio.

    Ana posea considerables bienes en rebaos y campos y proporcionaba con abundancia todo lo que necesitaba Mara, en avanzado estado de embarazo. Como crea que Mara dara a luz en su casa y que todos sus parientes vendran a verla, haca all toda clase de preparativos para el nacimiento del Nio de la Promesa, disponiendo, entre otras cosas, hermosas colchas y preciosas alfombras.

    Cuando naci Juan pude ver una de estas colchas en casa de Isabel. Tena figuras simblicas y sentencias hechas con trabajos de aguja. Hasta he visto algunos hilos de oro y plata entremezclados en el trabajo de aguja. Todas estas prendas no eran nicamente para uso de la futura madre: haba muchas destinadas a los pobres, en los que siempre se pensaba en tales ocasiones solemnes.

    Vi a la Virgen y a otras mujeres sentadas en el suelo alrededor de un cofre, trabajando en una colcha de gran tamao colocada sobre el cofre. Se servan de unos palillos con hilos arrollados de diversos colores. Ana estaba muy ocupada, e iba de un lado a otro tomando lana, repartindola y dando trabajo a cada una de ellas.

    Jos debe volver hoy a Nazaret. Se hallaba en Jerusaln donde haba ido a llevar animales para el sacrificio, dejndolos en una pequea posada dirigida por una pareja sin hijos situada a un cuarto de legua de la ciudad, del lado de Beln. Eran personas piadosas, en cuya casa se poda habitar confiadamente. Desde all se fue Jos a Beln; pero no visit a sus parientes, queriendo tan slo tomar informes relativos a un empadronamiento o una percepcin de impuestos que exiga la presencia de cada ciudadano en su pueblo natal.

    Con todo, no se hizo inscribir an, pues tena la intencin, una vez realizada la purificacin de Mara, de ir con ella de Nazaret al Templo de Jerusaln, y desde all a Beln, donde pensaba establecerse. No s bien qu ventajas encontraba en esto, pero no gustndole la estada en Nazaret, aprovech esta oportunidad para ir a Beln. Tom informes sobre piedras y maderas de construccin, pues tena la idea de edificar una casa. Volvi luego a la posada vecina a Jerusaln, condujo las vctimas al Templo y retorn a su hogar.

    Atravesando hoy la llanura de Kimki, a seis leguas de Nazaret, se le apareci un ngel, indicndole que partiera con Mara para Beln, pues era all donde deba nacer el Nio.

  • Le dijo que deba llevar pocas cosas y ninguna colcha bordada. Adems del asno sobre el cual deba ir Mara montada, era necesario que llevase consigo una pollina de un ao, que an no hubiese tenido cra. Deba dejarla correr en libertad, siguiendo siempre el camino que el animal tomara.

    Esta noche Ana se fue a Nazaret con la Virgen Mara, pues saban que Jos deba llegar. No pareca, sin embargo, que tuvieran conocimiento del viaje que deba hacer Mara con Jos a Beln. Crean que Mara dara a luz en su casa de Nazaret, pues vi que fueron llevados all muchos objetos preparados, envueltos en grandes esteras.

    Por la noche lleg Jos a Nazaret. Hoy he visto a la Virgen con su madre Ana en la casa de Nazaret, donde Jos les hizo conocer lo que el ngel le haba ordenado la noche anterior. Ellas volvieron a la casa de Ana, donde las vi hacer preparativos para un viaje prximo. Ana estaba muy triste. La Virgen saba de antemano que el Nio deba nacer en Beln; pero por humildad no haba hablado. Estaba enterada de todo por las profecas sobre el nacimiento del Mesas que Ella conservaba consigo en Nazaret.

    Estos escritos le haban sido entregados y explicados por sus maestras en el Templo. Lea a menudo estas profecas y rogaba por su realizacin, invocando siempre, con ardiente deseo, la venida de ese Mesas. Llamaba bienaventurada a aqulla que deba dar a luz y deseaba ser tan slo la ltima de sus servidoras. En su humildad no pensaba que ese honor deba tocarle a ella. Sabiendo por los textos que el Mesas deba nacer en Beln, acept con jbilo la voluntad de Dios, preparndose para un viaje que habra de ser muy penoso para ella, en su actual estado y en aquella estacin, pues el fro suele ser muy intenso en los valles entre cadenas montaosas.

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    XXXVIPartida de Mara y de Jos hacia Beln

    Esta noche vi a Jos y a Mara, acompaados de Ana, Mara de Cleofs y algunos servidores, salir de la casa de Ana para su viaje. Mara iba sentada sobre la albarda del asno, cargado adems con el equipaje, Jos lo conduca. Haba otro asno sobre el cual deba regresar Ana. Esta maana he visto a los santos viajeros a unas seis leguas de Nazaret, llegando a la llanura de Kimki, que era el lugar donde el ngel se le haba aparecido a Jos dos das antes. Ana posea un campo en aquel lugar y los servidores deban tomar all la burra de un ao que Jos quera llevar, la cual corra y saltaba delante o al lado de los viajeros.

    Ana y Mara de Cleofs se despidieron y regresaron con sus servidores. Vi a la Sagrada Familia caminando por un sendero que suba a la cima de Gelbo. No pasaban por los poblados, y seguan a la pollina, que tomaba caminos de atajo. Pude verlos en una propiedad de Lzaro, a poca distancia de la ciudad de Ginim, por el lado de Samaria. El

  • cuidador los recibi amistosamente, pues los haba conocido en un viaje anterior. Su familia estaba relacionada con la de Lzaro.

    Veo all muchos hermosos jardines y avenidas. La casa est sobre una altura; desde la terraza se alcanza a contemplar una gran extensin de la comarca. Lzaro hered de su padre esta propiedad. He visto que Nuestro Seor se detuvo con frecuencia durante su vida pblica en este lugar y ense en los alrededores. El cuidador y su mujer trataron muy amistosamente a Mara. Se admiraron que hubiese emprendido semejante viaje en el estado en que se encontraba, dado que hubiera podido quedarse tranquilamente en casa de Ana.

    He visto a la Sagrada Familia a varias leguas del sitio anterior, caminando en medio de la noche hacia una montaa a lo largo de un valle muy fro, donde haba cado escarcha. La Virgen Mara, que sufra mucho el fro, dijo a Jos: "Es necesario detenernos aqu, pues no puedo seguir". No bien dijo estas palabras se detuvo la borriquilla debajo de un gran rbol de terebinto, junto al cual haba una fuente. Se detuvieron y Jos prepar con las colchas un asiento para la Virgen, a la cual ayud a desmontar del asno. Mara sentse debajo del rbol y Jos colg del rbol su linterna. A menudo he visto hacer lo mismo a las personas que viajan por estos lugares. La Virgen pidi a Dios ayuda contra el fro. Sinti entonces un alivio tan grande y una corriente de calor tal, que tendi sus manos a Jos para que l pudiera calentar un tanto sus manos ateridas. Comieron algunos panecillos y frutas, y bebieron agua de la fuente vecina, mezclndola con gotas del blsamo que Jos llevaba en su cntaro.

    Jos consol y alegr a Mara. Era muy bueno y sufra mucho en ese viaje tan penoso para Ella. Habl del buen alojamiento que pensaba conseguir en Beln. Conoca una casa cuyos dueos eran gente buena y pensaba hospedarse all con ciertas comodidades. Mientras iban de camino, haca el elogio de Beln, recordando a Mara todas las cosas que podan consolarla y alegrarla. Esto me causaba lstima, pues yo saba todo lo que sufrira: todo iba a acontecer de diferente manera.

    A esta altura haban pasado ya dos pequeos arroyos, uno a travs de un alto puente, mientras los dos asnos lo cruzaban a nado. La borriquilla que iba en libertad, tena curiosas actitudes. Cuando el camino era recto y bien trazado, sin peligros para perderse, como entre dos montaas, corra delante o detrs de los viajeros. Cuando el camino se divida, aguardaba y tomaba el sendero recto. Cuando deban detenerse, se paraba como lo hizo bajo el terebinto.

    No s si pasaron la noche bajo este rbol o buscaron otro hospedaje. Este viejo terebinto era un rbol sagrado, que haba formado parte del bosque de Mor, cerca de Siquem. Abrahn, viniendo de Canan, haba visto aparecer all al Seor, el cual le haba prometido aquella tierra para su posteridad, y el Patriarca alz un altar debajo del terebinto. Jacob, antes de ir a Betel para ofrecer sacrificio al Seor, haba enterrado bajo el rbol los dolos de Labn y las joyas de su familia. Josu haba levantado all el tabernculo donde se hallaba el Arca de la Alianza, y, reunida la poblacin, le haba exigido renunciar a los dolos. En este mismo sitio Abimelec, hijo de Geden, fue proclamado rey por los siquemitas.

    Hoy vi a la Sagrada Familia llegar a una granja, a dos leguas al Sur del terebinto. La duea de la finca estaba ausente y el hombre no quiso recibir a Jos, dicindole que bien

  • poda ir ms lejos. Un poco ms adelante vieron que la borriquilla entraba en una cabaa de pastores, y entraron ellos tambin. Los pastores que se hallaban all, vaciando la cabaa, los recibieron con benevolencia: les dieron paja y haces de junco y ramas para que encendieran fuego.

    Los pastores fueron despus a la finca donde haba sido rechazada la Sagrada Familia, e hicieron el elogio de Jos y de la belleza y santidad de Mara, ante la seora de la casa, la cual reproch a su marido por haber rechazado a personas tan buenas. Luego vi a esta mujer ir adonde estaba Mara; pero no se atrevi a entrar por timidez y volvi a su casa a buscar alimentos.

    La cabaa estaba en el flanco Oeste de una montaa, ms o menos entre Samaria y Tebez. Al Este, ms all del Jordn, est Sucot. Ainn se encuentra un poco ms al Medioda, al otro lado del ro. Salim est ms cerca. Desde all habra unas doce leguas hasta Nazaret.

    La mujer volvi en compaa de dos nios a visitar a la Sagrada Familia, trayendo provisiones. Disculpse afablemente y se mostr muy conmovida por la difcil situacin de los caminantes. Despus que stos hubieron comido y descansado, presentse el marido de aquella mujer y pidi perdn a San Jos por haberlo rechazado. Le aconsej que subiera una legua ms por la cima de la montaa, que all encontrara un buen refugio antes de comenzar las fiestas del sbado, donde podra pasar el da del reposo festivo.

    Se pusieron en camino y despus de haber andado una legua llegaron a una posada de varios edificios, rodeados de rboles y jardines. Vi algunos arbustos que dan el blsamo, plantados a espaldera. La posada estaba en la parte Norte de la montaa. La Virgen Santsima haba desmontado y Jos llevaba el asno. Se acercaron a la casa y Jos pidi alojamiento; pero el dueo se disculp, diciendo que estaba lleno de viajeros. Lleg en esto su mujer, y al pedirle la Virgen alojamiento con la ms conmovedora humildad, aqulla sinti una profunda emocin. El dueo no pudo resistir y les arregl un refugio cmodo en el granero cercano y llev el asno a la cuadra. La borriquilla corra libre por los alrededores. Siempre estaba lejos de ellos cuando no tena que sealar camino.

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    XXXVIILa festividad del Sbado

    Jos prepar su lmpara y se puso a orar en compaa de la Virgen Santsima, guardando la observancia del sbado con piedad conmovedora. Comieron alguna cosa y descansaron sobre esteras extendidas en el suelo. Vi a la Sagrada Familia permanecer all todo el da. Mara y Jos oraban juntos. He visto a la mujer del dueo de la posada pasar el da al lado de Mara con sus tres hijos. Allegse tambin aquella mujer que los

  • haba hospedado la vspera, con dos de sus hijos. Se sentaron al lado de Mara amigablemente, quedando muy impresionados por la modestia y la sabidura de la Virgen, que convers tambin con los nios, dndoles algunas tiles instrucciones. Los nios tenan pequeos rollos de pergamino. Mara les hizo leer y les habl de modo tan amable que las criaturas no apartaban la vista ni un instante de Ella. Era algo muy conmovedor ver esta atencin de los nios y escuchar las enseanzas de Mara.

    Al caer la tarde vi a Jos paseando con el dueo de la posada por los alrededores, mirando los campos y los jardines y tratndose familiarmente. As veo a las personas piadosas del pas en el da festivo del sbado. Los santos viajeros quedaron en ese lugar la noche siguiente. Los buenos esposos de la posada se encariaron sumamente con Mara y le pidieron que se quedara con ellos hasta el nacimiento del Nio. Le mostraron una habitacin muy cmoda, y la mujer se ofreci a servirles de todo corazn y con amable insistencia; pero los viajeros reanudaron su viaje por la maana muy temprano y descendieron por el Suroeste de la montaa, hacia un hermoso valle. Se alejaron an ms de Samaria. Mientras iban descendiendo se poda ver el templo del monte Garizim, pues se lo ve desde muy lejos. Sobre el techo hay figuras de leones o de otros animales semejantes, que brillan a los rayos del sol.

    Hoy los he visto hacer unas seis leguas de camino. Al atardecer se encontraban en una llanura a una legua al Sureste de Siquem. Entraron en una casa de pastores bastante grande donde fueron recibidos bien. El dueo de casa estaba encargado de cuidar los campos y jardines, propiedad de una vecina ciudad. La casa no estaba en la llanura sino sobre una pendiente. Todo era frtil en esta comarca y en mejores condiciones que el pas recorrido anteriormente; pues aqu se estaba de cara al sol, lo que en la Tierra Prometida es causa de una diferencia notable en esta poca del ao.

    Desde este lugar hasta Beln se encuentran muchas de estas viviendas pastoriles diseminadas en los valles. Algunas hijas de pastores, que vivan en estos lugares, se casaron ms tarde con servidores que haban venido con los Reyes Magos, y se quedaron en la comarca. De uno de estos matrimonios era un nio curado por Nuestro Seor, en esta misma casa, a instancias de Mara, el 31 de Julio de su segundo ao de predicacin, despus de su dilogo con la Samaritana. Jess eligi luego a este joven y a otros dos para acompaarlo durante el viaje que hizo por Arabia despus de la muerte de Lzaro. Este joven fue ms tarde discpulo del Seor. He visto que Jess se detuvo aqu con frecuencia para predicar y ensear. Ahora Jos bendice a algunos nios que encontr en la casa.

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    XXXVIIILos viajeros son rechazados en varias casas

  • Hoy los he visto seguir un sendero ms uniforme. La Virgen desmontaba a ratos, siguiendo a pie algunos trechos. A menudo se detenan en lugares apropiados para tomar alimento. Llevaban panecillos y una bebida que refresca y fortalece, en recipientes muy elegantes, con dos asas que parecan de bronce por el brillo. Esta bebida era el blsamo que tomaban mezclado con agua. Recogan bayas y frutas de los rboles y arbustos en los lugares ms expuestos al sol. La montura de Mara tena a derecha e izquierda unos rebordes sobre los cuales apoyaba los pies: de esa manera no quedaban en el aire, como veo a la gente de nuestro pas. Los movimientos de Mara eran siempre sosegados, singularmente modestos. Se sentaba alternativamente a derecha e izquierda.

    La primera diligencia de Jos, cuando llegaban a un lugar, era buscar un sitio donde Mara pudiese sentarse y descansar cmodamente. Ambos se lavaban con frecuencia los pies. Era de noche cuando llegaron a una casa aislada. Jos llam y pidi hospitalidad; pero el dueo de casa no quiso abrir. Jos le explic la situacin de Mara, diciendo que no estaba en condicin de seguir su camino y agregando que no peda hospedaje gratis. Todo fue intil: aquel hombre duro y grosero respondi que su casa no era una posada, que lo dejaran tranquilo, que no golpeasen a la puerta. Ni siquiera abri la puerta para hablar, sino que dio su respuesta desde el interior.

    Los viajeros continuaron su camino, y al poco tiempo entraron en un cobertizo cerca del cual haban visto detenerse a la borriquilla. El refugio estaba sobre un terreno llano. Jos encendi luz y prepar un lecho para Mara, que lo ayudaba en todo esto. Meti al asno y le dio forraje. Rezaron, comieron y durmieron algunas horas. Desde la ltima posada hasta aqu habra unas seis leguas. Se hallaban ahora a unas veintisis de Nazaret y a unas diez de Jerusaln. Hasta aquel camino no haban seguido el sendero principal, sino atravesando otros de comunicacin que iban del Jordn a Samaria, tocando las grandes rutas que llevan de Siria a Egipto. Los atajos eran muy angostos y en las montaas se hallaban a menudo tan apretados que les era necesario tomar muchas precauciones para poder andar sin tropezar ni caerse. Los asnos avanzaban con paso muy seguro.

    Antes de aclarar el da partieron y tomaron un camino que volva a subir. Me parece que llegaron a la ruta que lleva de Gbara hasta Jerusaln, que en este lugar era el lmite entre Samaria y Judea. En otra casa donde pidieron hospitalidad fueron igualmente rechazados groseramente.

    A varias leguas al Nordeste de Betania, Mara se sinti muy fatigada y dese descansar y tomar alimento. Jos se desvi una legua de camino en busca de una higuera grande que sola estar cargada de higos, en torno de la cual haba asientos para descansar a su sombra. Jos conoci el lugar en uno de sus anteriores viajes. Al llegar a la higuera no encontr en ella ni una fruta, lo cual lo entristeci mucho. Recuerdo vagamente que Jess hall ms tarde esta higuera cubierta de hojas verdes, pero sin frutos. Creo que el Seor la maldijo en la ocasin que haba salido de Jerusaln, y el rbol se sec por completo.

    Ms tarde se acercaron a una casa cuyo dueo trat asperamente a Jos, que le haba pedido humildemente hospitalidad. Mir luego a la Santsima Virgen, a la luz de una linterna y se burl de Jos porque llevaba una mujer tan joven. En cambio la duea de casa se acerc y se compadeci de Mara: le ofreci una habitacin en un edificio vecino y les llev panecillos para su alimento. El marido se arrepinti de haber sido descomedido y se mostr luego ms servicial con los santos viajeros.

  • Ms tarde llegaron a otra casa habitada por una pareja joven. Aunque fueron recibidos, no lo hicieron con cortesa y casi ni se ocuparon de ellos. Estas personas no eran pastores sencillos, sino como campesinos ricos, gente ocupada en negocios. Jess visit una de estas casas, despus de su bautismo. La habitacin donde la Sagrada Familia haba pasado la noche, la haban convertido en oratorio. No recuerdo si era propiamente la casa aqulla cuyo dueo se burl de Jos. Recuerdo vagamente que el arreglo lo hicieron despus de los milagros que sucedieron al Nacimiento de Jess.

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    XXXIX ltimas etapas del camino

    En las ltimas etapas Jos se detuvo varias veces, pues Mara estaba cada vez ms fatigada. Siguiendo el camino indicado por la borriquilla, hicieron un rodeo de un da y medio al Este de Jerusaln. El padre de Jos haba posedo algunos pastizales en aquella comarca, y l conoca bien la regin. Si hubieran seguido atravesando directamente el desierto que se halla al Medioda, detrs de Betania, hubieran podido llegar a Beln en seis horas; pero el camino era montaoso y muy incmodo en esta estacin.

    Siguieron a la borriquilla a lo largo de los valles y se acercaron algo al Jordn. Hoy vi a los santos caminantes que entraban en pleno da en una casa grande de pastores. Est a tres leguas de un lugar donde Juan bautizaba ms tarde en el Jordn y a siete de Beln. Es la misma casa donde Jess, treinta aos ms tarde, estuvo la noche del 11 de Octubre, vspera del da en que por primera vez, despus de su bautismo, pas delante de Juan Bautista.

    Junto a la casa, y un tanto apartada de ella, haba una granja donde guardaban los instrumentos de labranza y los que usaban los pastores. El patio tena una fuente rodeada de baos que reciban las aguas de aqulla mediante conductos especiales. El dueo pareca tener extensas propiedades y all mismo tena un trfico considerable. He visto que iban y venan varios servidores que coman en aquella finca.

    El dueo recibi a los viajeros muy amigablemente, se mostr muy servicial y los condujo a una cmoda habitacin, mientras algunos servidores se ocuparon del asno. Un criado lav en una fuente los pies de Jos y le dio otras ropas mientras limpiaba las suyas cubiertas de polvo. Una mujer rindi los mismos servicios a Mara. En esta casa tomaron alimento y durmieron.

    La duea de casa tena un carcter bastante raro: se haba encerrado en su casa y a hurtadillas observaba a Mara, y como era joven y vanidosa, la belleza admirable de la Virgen la haba llenado de disgusto. Tema tambin que Mara se dirigiera a ella para pedirle que le permitiese quedarse hasta dar a luz a su Nio. Tuvo la descortesa de no

  • presentarse siquiera y busc medios para que los viajeros partieran al da siguiente. Esta es la mujer que encontr Jess all, treinta aos ms tarde, ciega y encorvada, y que san y cur despus de hacerle advertencias sobre su poca caridad y su vanidad de un tiempo.

    He visto algunos nios. La Santa Familia pas la noche en este lugar.

    Hoy al medio da vi a la Sagrada Familia abandonar la finca donde se haban alojado. Algunos de la casa los acompaaron cierta distancia. Despus de unas, dos leguas de camino, llegaron al anochecer a un lugar atravesado por un gran sendero, a cuyos lados se levantaba una fila de casas con patios y jardines. Jos tena all parientes. Me parece que eran los hijos del segundo matrimonio de su padrastro o madrastra. La casa era de muy buena apariencia; sin embargo, atravesaron este lugar sin detenerse.

    A media legua dieron vuelta a la derecha, en direccin de Jerusaln, y arribaron a una posada grande en cuyo patio haba una fuente con caeras de agua. Encontraron reunidas a muchas gentes que celebraban un funeral. El interior de la casa, en cuyo centro estaba el hogar con una abertura para el humo, haba sido transformado en una amplia habitacin, suprimiendo los tabiques movibles que separaban ordinariamente las diversas piezas. Detrs del hogar haba colgaduras negras y frente a l algo as como un atad cubierto de pao negro. Varios hombres rezaban. Tenan largas vestimentas de color negro y encima otros vestidos blancos ms cortos. Algunos llevaban una especie de manpulo negro, con flecos, colgado del brazo. En otra habitacin estaban las mujeres completamente envueltas en sus vestiduras, llorando, sentadas sobre cofres muy bajos.

    Los dueos de casa, ocupados en la ceremonia fnebre, se contentaron con hacerles seas de que entrasen; pero los servidores los recibieron muy cortsmente y se ocuparon de ellos. Les prepararon un alojamiento aparte con esteras suspendidas, que le daba aspecto de carpa. Ms tarde he visto a los dueos de casa visitando a la Sagrada Familia, en amigable conversacin con ellos. Ya no llevaban las vestiduras blancas. Jos y Mara tomaron alimento, rezaron juntos y se entregaron al descanso.

    Hoy a medioda, Mara y Jos se pusieron en camino hacia Beln de donde se hallaban slo a unas tres leguas. La duea de casa insista en que se quedaran, parecindole que Mara dara a luz de un momento a otro. Mara, bajndose el velo, respondi que deba esperar treinta y seis horas an. Hasta me parece que haya dicho treinta y ocho. Aquella mujer los hubiera hospedado con gusto, no en su casa, sino en otro edificio cercano. En el momento de la partida vi que Jos, hablando de sus asnos con el dueo de la casa, elogiaba los animales de ste, y dijo que llevaba la borriquilla para empearla en caso de necesidad. Los huspedes hablaron de lo difcil que sera para ellos encontrar alojamiento en Beln, y Jos dijo que tena varios amigos all y que estaba seguro de ser bien recibido. A m me apenaba orle hablar con tanta conviccin de la buena acogida que le haran. An habl de esto mismo con Mara en el camino. Vemos, pues, que hasta los santos pueden estar en error.

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    XLLlegada a Beln

    Desde el ltimo alojamiento, Beln distaba unas tres leguas. Dieron un rodeo hacia el Norte de la ciudad acercndose por el Occidente. Se detuvieron debajo de un rbol, fuera del camino, y Mara baj del asno, ordenndose los vestidos. Jos se dirigi con Mara hacia un gran edificio rodeado de construcciones pequeas y de patios a pocos minutos de Beln. Haba all muchos rboles. Numerosas personas haban levantado sus carpas en ese lugar. sta era la antigua casa paterna de la familia de David, que fue propiedad del padre de San Jos. Habitaban en ella parientes o gente relacionada con Jos; pero stos no lo quisieron reconocer y lo trataron como a extrao. En esta casa se cobraban entonces los impuestos para el gobierno romano.

    Jos entr acompaado de Mara, llevando el asno del cabestro, pues todos deban darse a conocer cuando llegaban, y all reciban el permiso para entrar en Beln. La borriquilla no est junto a ellos: va corriendo alrededor de la ciudad, hacia el Medioda, donde hay un vallecito. Jos ha entrado en el gran edificio. Mara se encuentra en compaa de varias mujeres en una casa pequea que da al patio. Estas mujeres son bastante benvolas y le dan de comer, pues cocinan para los soldados de la guarnicin. Son soldados romanos; tienen correas que cuelgan de la cintura. La temperatura no es fra: es agradable; el sol se muestra por encima de la montaa, entre Jerusaln y Betania. Desde este lugar se contempla un paisaje muy hermoso.

    Jos se halla en una habitacin espaciosa, que no est en el piso bajo. Le preguntan quin es y consultan grandes rollos escritos, algunos suspendidos de los muros; los despliegan y leen su genealoga, como tambin la de Mara. Jos pareca no saber que tambin Mara, por Joaqun, descenda en lnea directa de David. El hombre pregunta dnde se halla su mujer.

    Haca unos siete aos que no haban regularizado el impuesto para la gente del pas, a causa de cierta confusin y desorden. Este impuesto se halla en vigor desde hace dos meses: se pagaba en los siete aos precedentes, pero sin regularidad. Ahora es necesario pagarlo dos veces. Jos ha llegado un poco retrasado para pagarlo, pero a pesar de ello lo tratan con cortesa. An no ha pagado. Le preguntan cules son sus medios de vida; l responde que no posee bienes races, que viva de su oficio y que adems reciba ayuda de su suegra.

    Hay en la casa gran cantidad de escribientes y empleados. Arriba estn los romanos y los soldados. Veo fariseos, saduceos, sacerdotes, ancianos, cierto nmero de escribas y otros funcionarios romanos y judos. No hay ningn otro comit semejante en Jerusaln; pero los hay en otros lugares del pas, como Magdala, cerca del lago de Genesaret, donde acuden a pagar las gentes de Galilea y de Sidn, segn creo. Slo aqullos que no tienen bienes races, sobre los cuales recae el impuesto correspondiente, tienen que presentarse en el lugar de su nacimiento. Este impuesto ser dividido dentro de tres meses en tres partes, cada uno con destino diferente. Una parte es para el emperador Augusto, para Herodes y para otro prncipe que habita cerca de Egipto. Habiendo

  • participado en una guerra y teniendo derechos sobre una parte del pas, es preciso darle algo. La segunda parte est destinada a la construccin del Templo: me parece que debe servir para abonar una deuda contrada. La tercera debiera ser para las viudas y los pobres, que desde tiempo no reciben nada; pero como casi siempre sucede, an en nuestra poca, este dinero no llega casi nunca adonde debe llegar. Se dan estos buenos motivos para exigir el impuesto, pero casi todo queda en manos de los poderosos.

    Cuando estuvo arreglado lo de Jos, hicieron venir a Mara ante los escribas, pero no pidieron papeles. Dijeron a Jos que no era necesario haber trado a su mujer consigo. Aadieron algunas bromas a causa de la juventud de Mara, dejando al pobre Jos lleno de confusin.

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    XLILa Sagrada Familia busca refugio

    Entraron en Beln por entre escombros, como si hubiese sido una puerta derruida. Las casas aparecen muy separadas unas de otras. Mara se qued tranquila, junto al asno, al comienzo de una calle, mientras Jos buscaba intilmente alojamiento entre las primeras casas. Haba muchos extranjeros y se vean numerosas personas yendo de un lado a otro. Jos volvi junto a Mara, dicindole que no era posible encontrar alojamiento; que deban penetrar ms adentro de la ciudad. Caminaban llevando Jos al asno del cabestro y Mara iba a su lado.

    Cuando llegaron a la entrada de otra calle, Mara permaneci junto al asno, mientras Jos iba de casa en casa; pero no encontr ninguna donde quisieran recibirlos. Volvi lleno de tristeza al lado de Mara. Esto se repiti varias veces y as tuvo Mara que esperar largo rato. En todas partes decan que el sitio estaba ya tomado y habindolo rechazado en todas partes, Jos dijo a Mara que era necesario ir a otro lado en donde, sin duda, encontraran lugar.

    Retomaron la direccin contraria a la que haban tomado al entrar y se dirigieron hacia el Medioda. Siguieron una calleja que ms pareca un camino entre la campia, pues las casas estaban aisladas, sobre pequeas colinas. Las tentativas fueron tambin all infructuosas.

    Llegados al otro lado de Beln, donde las casas se hallaban an ms dispersas, encontraron un gran espacio vaco, como un campo desierto en el poblado. En l haba una especie de cobertizo y a poca distancia un rbol grande, parecido al tilo, de tronco liso, con ramas extendidas, formando techumbre alrededor. Jos condujo a Mara bajo este rbol y le arregl un asiento con los bultos al pie, para que pudiera descansar, mientras l volva en busca de mejor asilo en las casas vecinas. El asno qued all con la cabeza pegada al rbol.

  • Mara, al principio, permaneca de pie, apoyada al tronco del rbol. Su vestido de lana blanca, sin cinturn, caale en pliegues alrededor. Tena la cabeza cubierta por un velo blanco. Las personas que pasaban por all la miraban, sin saber que su Salvador, su Mesas, estaba tan cerca de ellos. Qu paciente, qu humilde y qu resignada estaba Mara! Tuvo que esperar mucho tiempo. Por fin sentse sobre las colchas, ponindose las manos juntas en el pecho, con la cabeza baja.

    Jos regres lleno de tristeza, pues no haba podido encontrar posada ni refugio. Los amigos de quienes haba hablado a Mara apenas si lo reconocan. Jos llor y Mara lo consol con dulces palabras. Fue una vez ms, de casa en casa, representando el estado de su mujer, para hacer ms eficaz la peticin; pero era rechazado precisamente tambin a causa de eso mismo.

    El paraje era solitario. No obstante, algunas personas se haban detenido mirndola de lejos con curiosidad, como sucede cuando se ve a alguien que permanece mucho tiempo en el mismo sitio a la cada de la tarde. Creo que algunos dirigieron la palabra a Mara, preguntndole quin era.

    Al fin volvi Jos, tan conturbado, que apenas se atreva a acercarse a Mara. Le dijo que haba buscado intilmente; pero que conoca un lugar, fuera de la ciudad, donde los pastores solan reunirse cuando iban a Beln con sus rebaos: que all podran encontrar siquiera un abrigo. Jos conoca aquel lugar desde su juventud. Cuando sus hermanos lo molestaban, se retiraba con frecuencia all para rezar fuera del alcance de sus perseguidores. Deca Jos que si los pastores volvan, se arreglara fcilmente con ellos; que venan raramente en esa poca del ao. Aadi que cuando Ella estuviera tranquila en aquel lugar, l volvera a salir en busca de alojamiento ms apropiado.

    Salieron, pues, de Beln por el Este siguiendo un sendero desierto que torca a la izquierda. Era un camino semejante al que anduvieran a lo largo de los muros desmoronados de los fosos de las fortificaciones derruidas de una pequea ciudad: se suba un tanto al principio, luego descenda por la ladera de un montecillo y los condujo en algunos minutos al Este de Beln, delante del sitio que buscaban, cerca de una colina o antigua muralla que tena delante algunos rboles: terebintos o cedros de hojas verdes; otros tenan hojas pequeas como las del boj.

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    XLII Descripcin de la gruta de Beln

    En la extremidad Sur de la colina, alrededor de la cual torca el camino que lleva al valle de los pastores, estaba la gruta en la cual Jos busc refugio para Mara. Haba all otras grutas abiertas en la misma roca. La entrada estaba al Oeste y un estrecho pasadizo

  • conduca a una habitacin redondeada por un lado, triangular por otro, en la parte Este de la colina.

    La gruta era natural; pero por el lado del Medioda, frente al camino que llevaba al valle de los pastores, se haban hecho algunos arreglos consistentes en trabajos toscos de mampostera. Por el lado que miraba al Medioda haba otra entrada que, generalmente estaba tapiada. Jos volvi a abrirla para mayor comodidad.

    Saliendo por all hacia la izquierda, haba otra abertura ms amplia, que llevaba a una cueva estrecha e incmoda a mayor profundidad, que terminaba debajo de la gruta del pesebre.

    La entrada comn a la gruta del pesebre miraba hacia el Oeste. Desde el lugar se podan ver los techos de algunas casitas de Beln. Saliendo de all y torciendo a la derecha, se llegaba a una gruta ms profunda y oscura, en la cual hubo de ocultarse Mara alguna vez.

    Delante de la entrada, al Oeste, haba un techito de juncos apoyado sobre estacas, que se extenda al Medioda y cubra la entrada de ese lado, de modo que se poda estar a la sombra delante de la gruta. En la parte Meridional tena la gruta tres aberturas, con rejas por arriba, por donde entraba aire y luz. Una abertura semejante haba en la bveda de la misma roca: estaba cubierta de csped y era la extremidad de la altura sobre la cual estaba edificada la ciudad de Beln.

    Pasando del corredor, que era ms alto, a la gruta, formada por la misma naturaleza, haba que descender ms. El suelo en torno de la gruta se alzaba, de modo que la gruta misma estaba rodeada de un banco de piedra de variable anchura. Las paredes de la gruta, aunque no completamente lisas, eran bastantes uniformes y limpias, hasta agradables a la vista.

    Al Norte del corredor haba una entrada a otra gruta lateral ms pequea. Pasando delante de esta entrada, se hallaba el sitio donde Jos sola encender fuego; luego la pared daba vuelta al Nordeste en la otra gruta, ms amplia, situada a mayor altura. All he visto ms tarde el asno de Jos. Detrs de este sitio haba un rincn bastante grande, donde caba el asno con suficiente forraje.

    En la parte Este de esta gruta, frente a la entrada, fue donde se encontraba la Virgen Santsima cuando naci de Ella la Luz del mundo. En la parte que se extiende al Medioda estaba colocado el pesebre donde fue adorado el Nio Jess. El pesebre no era sino una gamella excavada en la piedra misma, destinada a dar de beber a los animales. Encima tena un comedero, con ancha abertura, hecho de enrejado de maderas y alzado sobre cuatro patas, de modo que los animales podan alcanzar cmodamente el heno o el pasto colocado all. Para beber no tenan ms que agachar la cabeza al bebedero de piedra que estaba debajo.

    Delante del pesebre, hacia el Este de esta parte de la gruta, estaba sentada la Virgen con el Nio Jess cuando vinieron los tres Reyes a ofrecerle sus dones. Saliendo del pesebre y dando vuelta al Oeste en el corredor delante de la gruta, se pasaba por frente a la entrada Meridional antedicha y se llegaba a un sitio donde hizo Jos ms tarde su

  • habitacin, separndola del resto mediante tabiques de zarzos. En ese lado haba una cavidad donde l depositaba varios objetos.

    Afuera, en la parte Meridional de la gruta, pasaba el camino que conduca al valle de los pastores. Diseminadas por las colinas, veanse casitas y en el llano, cobertizos con techos de caas, sostenidos por estacas. Delante de la gruta la colina bajaba a un valle sin salida, cerrado por el Norte, ancho de ms o menos medio cuarto de legua. Haba all zarzales, rboles y jardines. Atravesando una hermosa pradera, donde haba una fuente y pasando bajo los rboles alineados con simetra, se llegaba al Este del valle, en el cual se encontraba una colina prominente y en ella la gruta de la tumba de Maraha, la nodriza de Abrahn. Se llama tambin la Gruta de la leche. La Virgen Santsima se refugi all con el Nio Jess repetidas veces. Sobre esta gruta haba un gran rbol, alrededor del cual veanse algunos asientos. Desde aqu se poda contemplar Beln mejor que desde la entrada de la gruta del pesebre.

    He sabido muchas cosas de la gruta del pesebre, sucedidas en los antiguos tiempos. Recuerdo, entre otras, que Set, el nio de la promesa, fue concebido y dado a luz en esta gruta por Eva, despus de un perodo de penitencia de siete aos. Fue all donde un ngel le dijo a Eva que Dios le daba a Set en lugar de Abel. Aqu en la gruta de Maraha, fue escondido y alimentado Set, pues sus hermanos queran quitarle la vida, como los hijos de Jacob lo intentaron con Jos.

    En una poca muy lejana, donde he visto que los hombres vivan en grutas, pude verlos a menudo haciendo excavaciones en la piedra para poder habitar y dormir cmodamente en ellas con sus hijos, sobre pieles de animales o sobre colchones de hierbas. La excavacin hecha debajo de la gruta del pesebre, puede haber servido de lecho a Set y a los habitantes posteriores. No tengo ya certeza de estas cosas.

    Recuerdo tambin haber visto en mis visiones sobre la predicacin de Jess, que el 6 de Octubre el Seor, despus de su bautismo, celebr la festividad del sbado en la gruta del pesebre, que los pastores haban transformado en oratorio. Abrahn tena una nodriza llamada Maraha, muy honrada por l y que lleg a edad muy avanzada. Esta nodriza segua a Abrahn en todas partes montada en un camello y viv a su lado, en Sucot, mucho tiempo. En sus ltimos tiempos lo sigui tambin al valle de los pastores, donde Abrahn haba alzado sus carpas en los alrededores de la gruta. Habiendo pasado los cien aos y viendo llegar su ltima hora pidi a Abrahn que la enterrara en esa gruta, acerca de la cual hizo algunas predicciones y a la que llam Gruta de la leche o Gruta de la nodriza. Aconteci en ella un hecho milagroso, que he olvidado, y brot all una fuente del suelo. La gruta era entonces un corredor estrecho y alto, abierto en una piedra blanca, no muy dura. De un lado haba una capa de esta materia que no alcanzaba hasta la bveda. Trepando sobre esta capa de materia se poda llegar hasta la entrada de otra gruta ms alta. La gruta fue ensanchada ms tarde, puesto que Abrahn hizo excavar su parte lateral para la tumba de Maraha. Sobre un gran bloque de piedra haba una especie de gamella, tambin de piedra, sostenida por patas cortas y gruesas. Qued muy asombrada al no ver nada de esto en tiempos de Jesucristo.

    Esta gruta de la tumba de la nodriza tena una relacin proftica con la Madre del Salvador, al alimentar all oculto a su Hijo, al cual perseguan; pues en la historia de la juventud de Abrahn se halla tambin una persecucin figurativa de sta, y su nodriza le

  • salv la vida ocultndolo en la gruta. Esta gruta era desde tiempos de Abrahn lugar de devocin, sobre todo para las madres y nodrizas: en esto haba algo de proftico, pues en la nodriza de Abrahn se veneraba, de modo figurado, a la Santsima Virgen; lo mismo como Elas la haba visto en aquella nube que traa la lluvia y le haba dedicado un oratorio en el monte Carmelo.

    Maraha haba cooperado en cierta manera al advenimiento del Mesas, habiendo alimentado con su leche a un antepasado de Mara. No puedo expresar esto bien; pero todo era como un pozo profundo que iba hasta la fuente de la vida universal y del que siempre se sirvieron, hasta que Mara surgi como nica fuente de agua limpia e inmaculada.

    El rbol que extenda su sombra sobre la gruta, desde lejos pareca un gran tilo; era ancho por abajo y terminaba en punta: era un terebinto. Abrahn se encontr con Melquisedec debajo de este rbol, no recuerdo ahora en qu ocasin. Este coposo rbol tena algo de sagrado para los pastores y las gentes de los alrededores: les gustaba descansar bajo su sombra y orar. No recuerdo bien su historia, pero creo que el mismo Abrahn lo plant. Junto a l haba una fuente donde los pastores iban por agua en ciertas ocasiones y le atribuan virtudes singulares. A ambos lados del rbol haban levantado cabaas abiertas para descansar y todo esto estaba rodeado de un cerco protector. Ms tarde he visto que Santa Elena hizo construir all una iglesia, donde se celebr la santa Misa.

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    XLIII Jos y Mara se refugian en la gruta de Beln

    Era bastante tarde cuando Jos y Mara llegaron hasta la boca de la gruta. La borriquilla, que desde la entrada de la Sagrada Familia en la casa paterna de Jos haba desaparecido corriendo en torno de la ciudad, corri entonces a su encuentro y se puso a brincar alegremente cerca de ellos. Viendo esto la Virgen, dijo a Jos:

    "Ves? seguramente es la voluntad de Dios que entremos aqu".

    Jos condujo el asno bajo el alero, delante de la gruta; prepar un asiento para Mara, la cual se sent mientras l haca un poco de luz y penetraba en la gruta. La entrada estaba un tanto obstruida por atados de paja y esteras apoyadas contra las paredes. Tambin dentro de la gruta haba diversos objetos que dificultaban el paso. Jos la despej, preparando un sitio cmodo para Mara, por el lado del Oriente. Colg de la pared una lmpara encendida e hizo entrar a Mara, la cual se acost sobre el lecho que Jos le haba preparado con colchas y envoltorios.

  • Jos le pidi humildemente perdn por no haber podido encontrar algo mejor que este refugio tan impropio; pero Mara, en su interior, se senta feliz, llena de santa alegra. Cuando estuvo instalada Mara, Jos sali con una bota de cuero y fue detrs de la colina, a la pradera, donde corra una fuente y llenndola de agua volvi a la gruta. Ms tarde fue a la ciudad, donde consigui pequeos recipientes y un poco de carbn. Como se aproximaba la fiesta del sbado y eran numerosos los forasteros que haban entrado en la ciudad, se instalaron mesas en las esquinas de algunas calles con los alimentos ms indispensables para la venta. Creo que haba personas que no eran judas. Jos volvi trayendo carbones encendidos en una caja enrejada; los puso a la entrada de la gruta y encendi fuego con un manojito de astillas; prepar la comida, que consisti en panecillos y frutas cocidas.

    Despus de haber comido y rezado, Jos prepar un lecho para Mara Santsima. Sobre una capa de juncos tendi una colcha semejante a las que yo haba visto en la casa de Ana y puso otra arrollada por cabecera. Luego meti al asno y lo at en un sitio donde no poda incomodar; tap las aberturas de la bveda por donde entraba aire y dispuso en la entrada un lugarcito para su propio descanso.

    Cuando empez el sbado, Jos se acerc a Mara, bajo la lmpara, y recit con ella las oraciones correspondientes; despus sali a la ciudad. Mara se envolvi en sus ropas para el descanso. Durante la ausencia de Jos la vi rezando de rodillas. Luego se tendi a dormir, echndose de lado. Su cabeza descansaba sobre un brazo, encima de la almohada. Jos regres tarde. Rez una vez ms y se tendi humildemente en su lecho a la entrada de la gruta.

    Mara pas la fiesta del sbado rezando en la gruta, meditando con gran concentracin. Jos sali varias veces: probablemente fue a la sinagoga de Beln. Los vi comiendo alimentos preparados das antes y rezando juntos. Por la tarde, cuando los judos suelen hacer su paseo del sbado, Jos condujo a Mara a la gruta de Maraha, nodriza de Abrahn. All se qued algn tiempo. Esta gruta era ms espaciosa que la del pesebre y Jos dispuso all otro asiento. Tambin estuvo bajo el rbol cercano, orando y meditando, hasta que termin el sbado.

    Jos la volvi a llevar, porque Mara le dijo que el nacimiento tendra lugar aquel mismo da a medianoche, cuando se cumplan los nueve meses transcurridos desde la salutacin del ngel del Seor. Mara le haba pedido que lo tuviera dispuesto todo, de modo que pudiesen honrar en la mejor forma posible la entrada al mundo del Nio prometido por Dios y concebido en forma sobrenatural. Pidi tambin a Jos que rezara con ella por las gentes que, a causa de la dureza de sus corazones, no haban querido darles hospitalidad. Jos le ofreci traer de Beln a dos piadosas mujeres, que conoca; pero Mara le dijo que no tena necesidad del socorro de nadie.

    En cuanto se puso el sol, antes de terminar el sbado, Jos volvi a Beln, donde compr los objetos ms necesarios: una escudilla, una mesita baja, frutas secas y pasas de uva, volviendo con todo esto a la gruta. Fue a la gruta de Maraha y llev a Mara a la gruta del pesebre, donde Mara se sent sobre sus colchas, mientras Jos preparaba la comida. Comieron y rezaron juntos.

  • Hizo Jos una separacin entre el lugar para dormir y el resto de la gruta, ayudndose de unas prtigas de las cuales suspendi algunas esteras que se encontraban all. Dio de comer al asno que estaba a la izquierda de la entrada, atado a la pared. Llen el comedero del pesebre de caas y de pasto y musgo y por encima tendi una colcha. Cuando la Virgen le indic que se acercaba la hora, instndole a ponerse en oracin, Jos colg del techo varias lmparas encendidas y sali de la gruta, porque haba escuchado un ruido a la entrada. Encontr a la pollina que hasta entonces haba estado vagando en libertad por el valle de los pastores y volva ahora, saltando y brincando, llena de alegra, alrededor de Jos. Este la at bajo el alero, delante de la gruta y le dio su forraje.

    Cuando volvi a la gruta, antes de entrar, vio a la Virgen rezando de rodillas sobre su lecho, vuelta de espaldas y mirando al Oriente. Le pareci que toda la gruta estaba en llamas y que Mara estaba rodeada de luz sobrenatural. Jos mir todo esto como Moiss la zarza ardiendo. Luego, lleno de santo temor, entr en su celda y se prostern hasta el suelo en oracin.

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    XLIV Nacimiento de Jess

    He visto que la luz que envolva a la Virgen se haca cada vez ms deslumbrante, de modo que la luz de las lmparas encendidas por Jos no eran ya visibles. Mara, con su amplio vestido desceido, estaba arrodillada en su lecho, con la cara vuelta hacia el Oriente. Llegada la medianoche la vi arrebatada en xtasis, suspendida en el aire, a cierta altura de la tierra. Tena las manos cruzadas sobre el pecho. El resplandor en torno de ella creca por momentos. Toda la naturaleza pareca sentir una emocin de jbilo, hasta los seres inanimados. La roca de que estaban formados el suelo y el atrio, pareca palpitar bajo la luz intensa que los envolva. Luego ya no vi ms la bveda.

    Una estela luminosa, que aumentaba sin cesar en claridad, iba desde Mara hasta lo ms alto de los cielos. All arriba haba un movimiento maravilloso de glorias celestiales, que se acercaban a la tierra y aparecieron con toda claridad seis coros de ngeles celestiales. La Virgen Santsima, levantada de la tierra en medio del xtasis, oraba y bajaba la mirada sobre su Dios, de quien se haba convertido en Madre. El Verbo Eterno, dbil Nio, estaba acostado en el suelo delante de Mara.

    Vi a nuestro Seor bajo la forma de un pequeo Nio todo luminoso, cuyo brillo eclipsaba el resplandor circundante, acostado sobre una alfombrita ante las rodillas de Mara. Me pareca muy pequeito y que iba creciendo ante mi mirada; pero todo esto era la irradiacin de una luz tan potente y deslumbradora que no puedo explicar cmo pude mirarla. La Virgen permaneci algn tiempo en xtasis; luego cubri al Nio con un pao, sin tocarlo y sin tomarlo an en sus brazos.

  • Poco tiempo despus vi al Nio que se mova y lo o llorar. En ese momento fue cuando Mara pareci volver en s misma y, tomando al Nio, lo envolvi en el pao con que lo haba cubierto y lo tuvo en sus brazos, estrechndolo contra su pecho.

    Se sent, ocultndose toda Ella con el Nio bajo su amplio velo y creo que le dio el pecho. Vi entonces en torno a los ngeles, en forma humana, hincndose delante del Nio recin nacido, para adorarlo. Cuando habra transcurrido una hora desde el nacimiento del Nio Jess, Mara llam a Jos, que estaba an orando con el rostro pegado a la tierra. Se acerc, prosternndose, lleno de jbilo, de humildad y de fervor. Slo cuando Mara le pidi que apretara contra su corazn el Don Sagrado del Altsimo, se levant Jos, recibi al Nio entre sus brazos y derramando lgrimas de pura alegra, dio gracias a Dios por el Don recibido del cielo. Mara faj al Nio: tena slo cuatro paales. Ms tarde vi a Mara y a Jos sentados en el suelo, uno junto al otro: no hablaban, parecan absortos en muda contemplacin. Ante Mara, fajado como un nio comn, estaba recostado Jess recin nacido, bello y brillante como un relmpago. "Ah, -deca yo- este lugar encierra la salvacin del mundo entero y nadie lo sospecha!"

    He visto que pusieron al Nio en el pesebre, arreglado por Jos con pajas, lindas plantas y una colcha encima. El pesebre estaba sobre la gamella cavada en la roca, a la derecha de la entrada de la gruta, que se ensanchaba all hacia el Medioda. Cuando hubieron colocado al Nio en el pesebre, permanecieron los dos a ambos lados, derramando lgrimas de alegra y entonando cnticos de alabanza. Jos llev el asiento y el lecho de reposo de Mara junto al pesebre. Yo vea a la Virgen, antes y despus del nacimiento de Jess, arropada en un vestido blanco, que la envolva por entero. Pude verla all durante los primeros das sentada, arrodillada, de pie, recostada o durmiendo; pero nunca la vi enferma ni fatigada.

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    XLV Seales en la naturaleza. Anuncio a los pastores

    He visto en muchos lugares, hasta en los ms lejanos, una inslita alegra, un extraordinario movimiento en esta noche. He visto los corazones de muchos hombres de buena voluntad reanimados por un ansia, plena de alegra y, en cambio, los corazones de los perversos llenos de temores. Hasta en los animales he visto manifestarse alegra en sus movimientos y brincos. Las flores levantaban sus corolas, las plantas y los rboles tomaban nuevo vigor y verdor y esparcan sus fragancias y perfumes.

  • He visto brotar fuentes de agua de la tierra. En el momento mismo del Nacimiento de Jess, brot una fuente abundante en la gruta de la colina del Norte. Cuando al da siguiente lo not Jos, le prepar en seguida un desage. El cielo tena un color rojo oscuro sobre Beln, mientras se vea un vapor tenue y brillante sobre la gruta del pesebre, el valle de la gruta de Maraa y el valle de los pastores.

    A legua y media ms o menos de la gruta de Beln, en el valle de los pastores, haba una colina donde empezaba una serie de viedos que se extenda hasta Gaza. En las faldas de la colina estaban las chozas de tres pastores, jefes de las familias de los dems pastores de las inmediaciones. A distancia doble de la gruta del pesebre se encontraba lo que llamaban la torre de los pastores. Era un gran andamiaje piramidal, hecho de madera, que tena por base enormes bloques de la misma roca: estaba rodeado de rboles verdes y se alzaba sobre una colina aislada en medio de una llanura. Estaba rodeado de escaleras; tena galeras y torrecillas, todo cubierto de esteras. Guardaba cierto parecido con las torres de madera que he visto en el pas de los Reyes Magos, desde donde observaban las estrellas. Desde lejos produca la impresin de un gran barco con muchos mstiles y velas.

    Desde esta torre se gozaba de una esplndida vista de toda la comarca. Se vea Jerusaln y la montaa de la tentacin en el desierto de Jeric. Los pastores tenan all a los hombres que vigilaban la marcha de los rebaos y avisaban a los dems tocando cuernos de caza, si acaso haba alguna incursin de ladrones o gente de guerra. Las familias de los pastores habitaban esos lugares en un radio de unas dos leguas. Tenan granjas aisladas, con jardines y praderas. Se reunan junto a la torre, donde guardaban los utensilios que tenan en comn. A lo largo de la colina de la torre, estaban las cabaas, y algo apartado de stas haba un gran cobertizo con divisiones donde habitaban las mujeres de los pastores guardianes: all preparaban la comida.

    He visto que en esta noche parte de los rebaos estaban cerca de la torre, parte en el campo y el resto bajo un cobertizo cerca de la colina de los pastores. Al nacimiento de Jesucristo vi a estos tres pastores muy impresionados ante el aspecto de aquella noche tan maravillosa; por eso se quedaron alrededor de sus cabaas mirando a todos lados. Entonces vieron maravillados la luz extraordinaria sobre la gruta del pesebre. He visto que se pusieron en agitado movimiento los pastores que estaban junto a la torre, los cuales subieron a su mirador dirigiendo la vista hacia la gruta.

    Mientras los tres pastores estaban mirando hacia aquel lado del cielo, he visto descender sobre ellos una nube luminosa, dentro de la cual not un movimiento a medida que se acercaba. Primero vi que se dibujaban formas vagas, luego rostros, finalmente o cnticos muy armoniosos, muy alegres, cada vez ms claros. Como al principio se asustaran los pastores, apareci un ngel ante ellos, que les dijo:

    "No temis, pues vengo a anunciaros una gran alegra para todo el pueblo de Israel. Os ha nacido hoy, en la ciudad de David, un Salvador, que es Cristo, el Seor. Por seal os doy sta: encontraris al Nio envuelto en paales, echado en un pesebre".

    Mientras el ngel deca estas palabras, el resplandor se haca cada vez ms intenso a su alrededor. Vi a cinco o siete grandes figuras de ngeles muy bellos y luminosos.

  • Llevaban en las manos una especie de banderola larga, donde se vean letras del tamao de un palmo y o que alababan a Dios cantando:

    "Gloria a Dios en las alturas y paz en la tierra para los hombres de buena voluntad".

    Ms tarde tuvieron la misma aparicin los pastores que estaban junto a la torre. Unos ngeles tambin aparecieron a otro grupo de pastores, cerca de una fuente, al Este de la torre, a unas tres leguas de Beln. No he visto que los pastores fueran enseguida a la gruta del pesebre, porque unos se encontraban a legua y media de distancia y otros a tres; los he visto, en cambio, consultndose unos a otros acerca de lo que llevaran al recin nacido y preparando los regalos con toda premura. Llegaron a la gruta del pesebre al rayar el alba.

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    XLVISeales en Jerusaln, en Roma y en otros pueblos

    Esta noche vi en el Templo a Noem, la maestra de Mara, a la profetisa Ana y al anciano Simen. Vi en Nazaret a Ana y en Juta a Santa Isabel. Todos tenan visiones y revelaciones del Nacimiento del Salvador. He visto al pequeo Juan Bautista, cerca de su madre, manifestando una alegra muy grande. Vieron y reconocieron a Mara en medio de aquellas visiones, aunque no saban donde haba tenido lugar el acontecimiento. Isabel tampoco lo saba. Slo Ana saba que tena lugar en Beln.

    Esta noche vi en el Templo un acontecimiento admirable y extrao: todos los rollos de escrituras de los saduceos saltaban fuera de los armarios donde estaban encerrados, dispersndose. Este suceso caus mucho espanto en todos, pero los saduceos lo atribuyeron a efectos de brujera y repartieron dinero a los que lo saban para que mantuvieran el secreto.

    He visto muchas cosas en Roma esta noche. Cuando Jess naci, vi un barrio de la ciudad, donde vivan muchos judos: all brot una fuente de aceite que caus maravilla a todos los que la vieron. Una estatua magnfica de Jpiter cay de su pedestal en aicos, porque se desplom la bveda del templo. Los paganos se llenaron de terror, hicieron sacrificios y preguntaron a otro dolo, el de Venus, creo, qu significaba aquello. El demonio respondi, por medio de la estatua: "Esto ha sucedido porque una Virgen ha concebido un Hijo sin dejar de ser virgen; y este Nio acaba de nacer". Este dolo habl tambin desde la fuente de aceite. En el sitio donde brot la fuente se alz una iglesia dedicada a la Virgen Mara, Madre de Dios. Los sacerdotes paganos estaban consternados y hacan averiguaciones.

  • Setenta aos antes de estos hechos viva en Roma una buena y piadosa mujer. No recuerdo ahora si era juda. Se llamaba algo as como Serena o Cyrena y posea algunos bienes de fortuna. Por ese tiempo se haba recubierto de oro y piedras preciosas el dolo de Jpiter y se le ofrecan sacrificios solemnes. La mujer tuvo visiones y a consecuencia de ellas hizo varias profecas, diciendo pblicamente a los paganos que no deban rendir honores al dolo de Jpiter ni hacerle sacrificios, pues vendra un da en que lo veran caer hecho pedazos. Los sacerdotes la hicieron comparecer y le preguntaron cundo haban de suceder estas cosas. Como no pudo determinar el tiempo, fue encerrada en prisin y maltratada, hasta que Dios le hizo conocer que ello sucedera cuando una Virgen pursima diera a luz un Nio. Cuando dio esta respuesta, se burlaron de ella y la dejaron en libertad, reputndola por loca. Slo cuando se derrumb el templo, haciendo pedazos al dolo, reconocieron que haba dicho la verdad, maravillndose de la poca fijada y del acontecimiento, aunque no saban que la Santsima Virgen haba sido la Madre, e ignorando el Nacimiento del Salvador.

    He visto que los magistrados de Roma se informaron de estos hechos, como de la fuente que haba brotado. Uno de ellos fue un tal Lntulo, abuelo de Moiss, sacerdote y mrtir y de aquel otro Lntulo, que fue amigo de San Pedro en Roma. Relacionado con el emperador Augusto he visto algo que ahora no recuerdo bien. Vi al emperador con otras personas sobre una colina de Roma, en uno de cuyos lados se encontraba el Templo, cuya techumbre se haba derrumbado. Por unas gradas se llegaba hasta la cumbre de la colina donde haba una puerta dorada. Era un lugar donde se ventilaban asuntos de inters.

    Cuando el emperador baj de la colina, vio a la derecha, encima de ella, una aparicin en el cielo. Era una Virgen sobre un arco iris, con un Nio en el aire, que pareca salir de Ella. Creo que, el emperador fue el nico que vio esta aparicin. Para conocer su significado hizo consultar a un orculo que haba enmudecido, el cual en esa ocasin habl de un Nio recin nacido, a quien todos deban adorar y rendir homenaje. El emperador hizo erigir un altar en el sitio de la colina donde haba visto la aparicin, y despus de haber ofrecido sacrificios, lo dedic al Primognito de Dios. He olvidado otros detalles de este hecho.

    He visto en Egipto un hecho que anunci el Nacimiento de Jesucristo. Mucho ms all de Matarea, de Helipolis y de Menfis haba un gran dolo que pronunciaba habitualmente toda clase de orculos y que de pronto enmudeci. El Faran mand hacer sacrificios en todo el pas a fin de saber por qu causa haba callado. El dolo fue obligado por Dios a responder que guardaba silencio y deba desaparecer, porque haba nacido el Hijo de la Virgen y que en aquel mismo sitio se levantara un templo en honor de la Virgen. El Faran hizo levantar un templo all mismo cerca del que haba antes en honor del dolo. No recuerdo todo lo sucedido; slo s que el dolo fue retirado y que se levant un templo a la anunciada Virgen y a su Nio, siendo honrados a la manera de ellos.

    Al tiempo del Nacimiento de Jesucristo, vi una maravillosa aparicin que se present a los Reyes Magos en su pas. Estos Magos eran observadores de los astros y tenan sobre una montaa una torre en forma de pirmide, donde siempre se encontraba uno de ellos con los sacerdotes observando el curso de los astros y las estrellas. Escriban sus observaciones y se las comunicaban unos a otros. Esta noche creo haber visto a dos de los Reyes Magos sobre la torre piramidal. El tercero, que habitaba al Este del Mar

  • Caspio, no estaba all. Observaban una determinada constelacin en la cual vean de cuando en cuando variantes, con diversas apariciones. Esta noche vi la imagen que se les presentaba. No la vieron en una estrella, sino en una figura compuesta de varias de ellas, entre las cuales pareca efectuarse un movimiento.

    Vieron un hermoso arco iris sobre la media luna y sobre el arco iris sentada a la Virgen. Tena la rodilla izquierda ligeramente levantada y la pierna derecha ms alargada, descansando el pie sobre la media luna. A la izquierda de la Virgen, encima del arco iris, apareci una cepa de vid y a la derecha, un haz de espigas de trigo. Delante de la Virgen vi elevarse como un cliz semejante al de la ltima Cena. Del cliz vi salir al Nio y por encima de l, un disco luminoso parecido a una custodia vaca, de la que partan rayos semejantes a espigas. Por eso pens en el Santsimo Sacramento. Del costado derecho del Nio sali una rama, en cuya extremidad apareci, a semejanza de una flor, una iglesia octogonal con una gran puerta dorada y dos pequeas laterales. La Virgen hizo entrar al cliz, al Nio y a la Hostia en la Iglesia, cuyo interior pude ver, y que en aquel momento me pareci muy grande. En el fondo haba una manifestacin de la Santsima Trinidad. La iglesia se transform luego en una ciudad brillante, que me pareci la Jerusaln celestial.

    En este cuadro vi muchas cosas que se sucedan y parecan nacer unas de otras, mientras yo miraba el interior de la iglesia. Ya no puedo recordar en qu forma se fueron sucediendo. Tampoco recuerdo de qu manera supieron los Reyes Magos que Jess haba nacido en Judea. El tercero de los Reyes, que viva muy distante, vio la aparicin al mismo tiempo que los otros. Los das que precedieron al Nacimiento de Jess, los vea sobre su observatorio donde tuvieron varias visiones. Los Reyes sintieron una alegra muy grande, juntaron sus dones y regalos y se dispusieron para el viaje. Se encontraron al cabo de varios das de camino.

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    XLVIIAntecedentes de los Reyes Magos

    Quinientos aos antes del nacimiento del Mesas, los antepasados de los tres Reyes Magos eran poderosos y tenan ms riquezas que sus descendientes, ya que sus posesiones eran extensas y su herencia menos dividida. Vivan entonces en tiendas de campaa, con excepcin del antepasado del rey que viva al Este del Mar Caspio, cuya ciudad veo en este momento. Esta ciudad tiene construcciones subterrneas de piedra, en lo alto de las cuales se alzan pabellones, pues se halla cerca del mar, que se desborda con frecuencia. Veo all montaas muy altas y dos mares, uno a mi derecha y otro a mi izquierda.

    Aquellos jefes de raza eran, segn sus tradiciones, observadores y adoradores de los astros y exista en el pas un culto abominable que consista en sacrificar a los viejos, a

  • los hombres deformes y a veces tambin a los nios. Lo ms horrible era que estos nios eran vestidos de blanco y luego arrojados en calderas donde moran hervidos. Toda esta abominacin fue abolida. A estos ciegos paganos Dios les anunci con mucha anticipacin el Nacimiento del Salvador.

    Aquellos prncipes tenan tres hijas versadas en el conocimiento de los astros. Las tres recibieron el espritu de profeca y supieron, por medio de una visin, que una estrella saldra de Jacob y que una Virgen dara a luz al Salvador del mundo. Vestidas de largos mantos recorran el pas predicando la reforma de las costumbres y anunciando que los enviados del Salvador vendran un da al pas trayendo el culto del Dios verdadero. Predecan muchas cosas ms relativas a nuestra poca y a pocas ms lejanas an.

    A raz de estas predicciones, los padres de estas jvenes elevaron un templo a la futura Madre de Dios hacia el Medioda del mar, en el mismo sitio de los lmites de sus pases y all ofrecieron sacrificios. La prediccin de las tres vrgenes se refera especialmente a una constelacin y a diversos cambios que habran de producirse.

    Desde entonces empezaron a observar aquella constelacin desde lo alto de una colina cercana al templo de la futura Madre de Dios, y de acuerdo con esas observaciones, cambiaban algunas cosas en los templos, en el culto religioso y en los ornamentos. As he visto que el pabelln del templo era unas veces azul, otras rojo, otras amarillo y dems colores. Me impresion que pasaran su da de fiesta al sbado, mientras antes celebraban el viernes. Todava recuerdo el nombre que daban a este da: Tanna o Tanneda.

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    XLVIII Fecha del nacimiento del Redentor

    Jesucristo naci antes de cumplirse el ao 3.997 del mundo. Ms tarde fueron olvidados los cuatro aos, menos algo, transcurridos desde su nacimiento hasta el fin del 4.000. Despus se hizo comenzar nuestra era cuatro aos ms tarde.

    Uno de los cnsules de Roma, llamado Lntulo, fue antepasado del sacerdote y mrtir Moiss, del cual tengo una reliquia. Haba vivido en tiempos de San Cipriano. De l desciende aquel otro Lntulo que fue amigo de San Pedro en Roma.

    Herodes rein cuarenta aos. Durante siete aos no fue independiente; pero ya desde aquel tiempo oprima al pas y cometa actos de crueldad. Muri, creo, en el ao sexto de la vida de Jess; su muerte se guard en secreto por algn tiempo. Herodes fue siempre sanguinario y hasta en sus ltimos das hizo mucho dao. Lo vi arrastrndose en medio de una amplia habitacin acolchada, con una lanza a su lado, queriendo herir a

  • las personas que se le acercaban. Jess naci ms o menos en el ao treinta y cuatro de su reinado.

    Unos dos aos antes de la entrada de Mara en el Templo, Herodes mand hacer algunas construcciones all. No hizo de nuevo el Templo, sino algunas reformas y mejoras.

    La huida a Egipto se produjo cuando Jess tena nueve meses y la matanza de los inocentes ocurri durante el segundo ao de la edad de Jess.

    El Nacimiento de Jess tuvo lugar en un ao judo de trece meses, que era un arreglo semejante a nuestros aos bisiestos. Creo, tambin, que los judos tenan meses de veinte das dos veces al ao y uno de veintids das. Pude or algo de esto a propsito de los das de fiesta; pero ahora no me queda ms que un recuerdo confuso.

    He visto que se hicieron varias veces cambios en el calendario. Sucedi esto al salir de un cautiverio, mientras se trabajaba en la reconstruccin del Templo. He visto al hombre que cambi el calendario y supe tambin su nombre.

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    XLIXLos pastores acuden con sus presentes

    A la cada de la tarde los tres pastores jefes se dirigieron a la gruta del pesebre con los regalos, consistentes en animalitos parecidos a los corzos. Si eran cabritos, eran muy distintos de los de nuestro pas, pues tenan cuello largo, ojos hermosos muy brillantes, eran muy graciosos y ligeros al correr; los pastores los llevaban atados con delgados cordeles. Traan sobre los hombros aves que haban matado, y bajo el brazo otras, vivas, de mayor tamao.

    Al llegar, llamaron tmidamente a la puerta de la gruta y San Jos les sali al encuentro. Ellos repitieron lo que les haban anunciado los ngeles y dijeron que deseaban rendir homenaje al Nio de la Promesa y a ofrecerle sus pobres obsequios. Jos acept sus regalos con humilde gratitud y los llev junto a la Virgen, que se hallaba sentada cerca del pesebre, con el Nio Jess sobre sus rodillas. Los tres pastores se hincaron con toda humildad, permaneciendo mucho rato en silencio, como absortos en una alegra indecible. Cantaron luego el cntico que haban odo a los ngeles y un salmo que no recuerdo. Cuando estaban por irse, Mara les dio al Nio, que ellos tomaron en sus brazos, uno despus de otro y, llorando de emocin, lo devolvieron a Mara y se retiraron. Por la noche vinieron de la torre de los pastores, a cuatro leguas del pesebre, otros pastores con sus mujeres y sus nios. Traan pjaros, huevos, miel, madejas de hilo de diversos colores, pequeos atados que parecan de seda cruda y ramas de una planta

  • parecida al junco. Esta planta tiene unas espigas llenas de semillas gruesas. Despus que entregaron estos regalos a San Jos, se acercaron humildemente al pesebre, al lado del cual se hallaba Mara sentada. Saludaron a la Madre y al Nio; despus, de rodillas, cantaron hermosos salmos, el Gloria in excelsis de los ngeles y algunos otros muy breves. Yo cantaba con ellos. Cantaban a varias voces y yo hice una vez la voz alta. Recuerdo ms o menos lo siguiente: "Oh Niito, bermejo como la rosa, pareces semejante a un mensajero de paz!"

    Cuando se despidieron, se inclinaban ante el pesebre como si besaran al Nio. Hoy he vuelto a ver a los tres pastores, ayudando a San Jos, uno despus de otro, a disponer todo con mayor comodidad en la gruta del pesebre y en las cavernas laterales. He visto tambin junto a la Virgen varias piadosas mujeres que la ayudaban en diversos servicios. Eran esenias que habitaban no lejos de la gruta, en una angostura situada al Oriente. Estas mujeres vivan en una especie de casas abiertas en la roca a considerable altura de la colina. Tenan jardincitos cerca de sus casas y se ocupaban en instruir a los nios de los esenios. San Jos las haba hecho venir porque desde su niez conoca a esta asociacin. Cuando hua de sus hermanos habase refugiado varias veces con esas piadosas mujeres en la gruta del pesebre. Estas acercbanse una tras otra a Mara, trayendo provisiones y atendan los quehaceres de la Sagrada Familia.

    Hoy he visto una escena muy conmovedora: Jos y Mara se hallaban junto al pesebre, contemplando con profunda ternura al Nio Jess. De pronto el asno se ech tambin de rodillas y agach la cabeza hasta la tierra en acto de adoracin. Mara y Jos lloraban emocionados. Por la noche lleg un mensaje de Santa Ana. Un anciano lleg de Nazaret con una viuda parienta de Ana, a la cual serva. Traan diversos objetos para Mara. Al ver al Nio se conmovieron extraordinariamente: el viejo derramaba lgrimas de alegra. Volvi a ponerse en camino llevando noticias de lo visto, a Ana, mientras la viuda se qued para servir a Mara.

    Hoy he visto que la Virgen con el Nio Jess, acompaada de la criada de Ana, salieron de la gruta del pesebre durante algunas horas. Mara se refugi en la gruta lateral, donde haba brotado la fuente despus del Nacimiento de Jesucristo. Pas unas cuatro horas en esa gruta, en la cual habra de estar ms tarde, dos das enteros. Jos haba estado arreglndola desde la maana para que pudiera estar all con ms comodidad. Se refugiaron en esa gruta, por inspiracin interior, pues haban venido personas de Beln a ver la gruta del pesebre, y parceme que eran emisarios de Herodes. A consecuencia de las conversaciones de los pastores, haba corrido la voz de que algo milagroso haba sucedido all al tener lugar el Nacimiento del Nio. Vi a esos hombres hablando un rato con Jos, a quien hallaron con los pastores delante de la gruta del pesebre, y luego se fueron, rindose y burlndose, cuando vieron la pobreza del lugar y la simplicidad de las personas.

    Mara, despus de haberse quedado cuatro horas oculta en la gruta lateral, volvi a la del pesebre con el Nio Jess. En la gruta del pesebre reina una amable tranquilidad, pues nadie viene hasta este lugar y slo los pastores estn en comunicacin con ella. En la ciudad de Beln nadie se ocupa de lo que pasa en la gruta, pues hay mucha gente, agitacin y movimiento, por razn de los forasteros. Se venden y matan muchos animales, porque algunos forasteros pagan sus impuestos con ganado. Veo que hay tambin paganos como criados y servidores.

  • Por la maana el dueo de la ltima posada adonde se haban alojado Jos y Mara a pasar la noche, envi un criado a la gruta del pesebre con varios regalos. l mismo lleg ms tarde para rendir homenaje al Nio Jess. La noticia de la aparicin del ngel a los pastores del valle en el momento del Nacimiento de Jess, fue causa de que todos los pastores y gentes del valle oyeran hablar del maravilloso Nio de la Promesa. Todos ellos acuden para honrarlo.

    Hoy mismo varios pastores y otras buenas personas llegaron a la gruta del Pesebre y honraron al Nio con mucha devocin. Llevaban trajes de fiesta porque iban a Beln para la solemnidad del sbado. Entre estos visitantes vi a aquella mujer que el 20 de Noviembre haba compensado la grosera de su marido con la Santa Familia, ofrecindole hospitalidad. Hubiera podido ir ms fcilmente a Jerusaln, porque est ms cerca, para la fiesta del sbado, pero quiso hacer un rodeo ms largo para ir a Beln y ver al Nio Santo y a sus padres. Sintise despus muy feliz por haberles ofrecido esta prueba de su afecto.

    Por la tarde vi a un pariente de Jos, al lado de cuya casa la Sagrada Familia haba pasado la noche del 22 de Noviembre: ahora vena al pesebre para ver y saludar al Nio. Este hombre era el padre de Jonadab, el cual, en la hora de la crucifixin, llev a Jess un lienzo para que se cubriera con l.

    Supo que Jos haba pasado cerca de su casa y haba odo hablar de los hechos maravillosos que acontecieron en el Nacimiento del Nio y teniendo que ir a Beln para el sbado, lleg hasta la gruta trayendo algunos regalos. Salud a Mara y rindi homenaje al Nio. Jos lo recibi amistosamente, pero no quiso aceptar de l nada y slo le pidi prestado algn dinero dndole en garanta la borriquilla a condicin de recuperarla al devolverle el dinero. Jos necesitaba ese dinero para emplearlo en los regalos que deba hacer en la ceremonia de la circuncisin y en la comida que habra de ofrecer.

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    L La Sagrada Familia celebra la fiesta del Sbado

    Mientras me hallaba meditando en la historia de la borriquilla empeada ahora para cubrir los gastos de la circuncisin, y pensando que el prximo Domingo, da en que tendr lugar la ceremonia, (se leera el Evangelio del Domingo de Ramos, que relata la entrada de Jess montado sobre un asno), vi un cuadro del cual no puedo explicar bien el sentido ni s donde se realizaba:

    Bajo una palmera haba dos carteles sostenidos por ngeles. Sobre uno de ellos estaban representados diversos instrumentos de martirio; en el centro haba una columna y sobre ella un mortero con dos asas. En el otro cartel haba unas letras: creo que eran cifras indicando aos y pocas de la historia de la Iglesia. Por encima de la palmera estaba

  • arrodillada una Virgen que pareca salir del tallo y cuyo traje flotaba en el aire. Tena en sus manos, debajo del pecho, un vaso de igual forma que el cliz de la ltima Cena, del cual sala la figura de un Nio luminoso. Vi al Padre Eterno, en la forma que siempre lo veo, acercarse a la palmera por encima de unas nubes, quitar una gruesa rama que tena la forma de una cruz y colocarla sobre el Nio. Despus vi al Nio atado a esa cruz de palma y a la Virgen Santsima presentando a Dios Padre la rama con el Nio crucificado, mientras ella llevaba en la otra mano el cliz vaco, que pareca tambin su propio corazn. Cuando me dispona a leer las letras del cartel, bajo la palmera, la llegada de una visita me sac de esta visin. No sabra decir si este cuadro lo vi en la gruta del pesebre o en otra parte. Cuando la gente se haba ido a la sinagoga de Beln, Jos prepar en la gruta la lmpara del sbado con las siete mechas; la encendi y coloc debajo de ella una pequea mesa con los rollos que contenan las oraciones. Bajo esta lmpara celebr el sbado con la Virgen Santsima y la criada de Ana. Se hallaban all dos pastores un poco hacia atrs en la gruta y algunas mujeres esenias. Hoy, antes de la fiesta del sbado, estas mujeres y la sirvienta prepararon los alimentos. Vi que asaron pjaros en un asador puesto encima del fuego. Los envolvan en una especie de harina hecha de semillas de espigas de unas plantas semejantes a caas, que se encuentran en estado silvestre en lugares pantanosos de la comarca. Las he visto cultivadas en diversos sitios; en Beln y en Hebrn crecen sin ser cultivadas. No las he visto cerca de Nazaret. Los pastores de la torre haban trado algunas para Jos. He visto que las mujeres con esas semillas hacan una especie de crema blanca bastante espesa y amasaban tortas con la harina. La Sagrada Familia guard para su uso una cantidad muy pequea de las abundantes provisiones que los pastores haban trado en sus visitas; lo sobrante lo regalaban a los pobres.

    Hoy he visto varias personas que acudieron a la gruta del pesebre, y por la noche, despus de la terminacin de las fiestas del Sbado, vi que las mujeres esenias y la criada de Ana preparaban comida en una choza construida de ramas verdes, que Jos, con la ayuda de los pastores, haba levantado a la entrada de la gruta. Haba desocupado la habitacin a la entrada de la gruta, tendido colchas en el suelo y arreglado todo como para una fiesta, segn le permita su pobreza. Dispuso as todas las cosas antes del comienzo del sbado, pues el da siguiente era el octavo despus del nacimiento de Jess, cuando deba ser circuncidado de conformidad con el precepto divino.

    Al caer la tarde Jos fue a Beln y trajo consigo a tres sacerdotes, un anciano, una mujer y una cuidadora para esta ceremonia. Tena sta un asiento, del que se serva en ocasiones parecidas y una piedra octogonal chata y muy gruesa, que contena los objetos necesarios. Todo esto fue colocado sobre esteras donde deba tener lugar la circuncisin, es decir en la entrada de la gruta, entre el rincn que ocupaba Jos y el hogar. El asiento era una especie de cofre con cajones, los cuales, puestos a continuacin de los otros, formaban como un lecho de reposo con un apoyo a un lado; se estaba uno all recostado ms que sentado. La piedra octogonal tena ms de dos pies de dimetro. En el centro haba una cavidad octogonal tambin cubierta por una placa de metal, donde se hallaban tres cajas y un cuchillo de piedra en compartimentos separados. Esta piedra fue colocada al lado del asiento, sobre un pequeo escabel de tres patas que hasta aquel momento haba quedado bajo una cobertura, en el sitio donde haba nacido el Salvador.

    Terminados estos arreglos los sacerdotes saludaron a Mara y al Nio Jess, y conversando amistosamente con la Virgen Santsima tomaron al Nio entre sus brazos,

  • y quedaron conmovidos. Despus tuvo lugar la comida en la glorieta. Muchos pobres que haban seguido a los sacerdotes, como solan hacer en tales ocasiones, rodeaban la mesa y durante la comida reciban los regalos de Jos y de los sacerdotes, de modo que pronto qued todo distribuido. Al ponerse el sol me pareca que su disco era ms grande que en nuestro pas. Lo vi descender en el horizonte; sus rayos penetraban por la puerta abierta al interior de la gruta.

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    LILa circuncisin de Jess

    Ardan varias lmparas en la gruta. Durante la noche se rez largo tiempo y se entonaron cnticos. La ceremonia de la circuncisin tuvo lugar al amanecer. Mara estaba preocupada e inquieta. Haba dispuesto por s misma los paos destinados a recibir la sangre y a vendar la herida, y los tena delante, en un pliegue de su manto. La piedra octogonal fue cubierta por los sacerdotes con dos paos, rojo y blanco, ste encima, con oraciones y varias ceremonias. Luego uno de los sacerdotes se apoy sobre el asiento y la Virgen que se haba quedado envuelta en el fondo de la gruta con el Nio Jess en brazos, se lo entreg a la criada con los paos preparados. Jos lo recibi de manos de la mujer y lo dio a la que haba venido con los sacerdotes. Esta mujer coloc al Nio, cubierto con un velo, sobre la cobertura de la piedra octogonal. Recitaron nuevas oraciones. La mujer quit al Nio sus paales y lo puso sobre las rodillas del sacerdote que se hallaba sentado. Jos inclinse por encima de los hombros del sacerdote y sostuvo al Nio por la parte superior del cuerpo. Dos sacerdotes se arrodillaron a derecha e izquierda, teniendo cada uno de ellos uno de sus piececitos, mientras el que realizaba la operacin se arrodill delante del Nio. Descubrieron la piedra octogonal y levantaron la placa metlica para tener a mano las tres cajas de ungento; haba all aguas para las heridas.

    Tanto el mango como la hoja del cuchillo eran de piedra. El mango era pardo y pulido; tena una ranura por la que se haca entrar la hoja, de color amarillento, que no me pareci muy filosa. La incisin fue hecha con la punta curva del cuchillo. El sacerdote hizo uso tambin de la ua cortante de su dedo. Exprimi la sangre de la herida y puso encima el ungento y otros ingredientes que sac de las cajas. La cuidadora tom al Nio y despus de haber vendado la herida lo envolvi de nuevo en sus paales. Esta vez le fueron fajados los brazos que antes llevaba libres y le pusieron en torno de la cabeza el velo que lo cubra anteriormente. Despus de esto el Nio fue puesto de nuevo sobre la piedra octogonal y recitaron otras oraciones.

    El ngel haba dicho a Jos que el Nio deba llamarse Jess; pero el sacerdote no acept al principio ese nombre y por eso se puso a rezar. Vi entonces a un ngel que se le apareca y le mostraba el nombre de Jess sobre un cartel parecido al que ms tarde estuvo sobre la cruz del Calvario. No s en realidad si el ngel fue visto por l o por otro

  • sacerdote: lo cierto es que lo vi muy emocionado escribiendo ese nombre en un pergamino, como impulsado por una inspiracin de lo alto.

    El Nio Jess llor mucho despus de la ceremonia de la circuncisin. He visto que Jos lo tomaba y lo pona en brazos de Mara, que se haba quedado en el fondo de la gruta con dos mujeres ms. Mara tom al Nio, llorando, se retir al fondo donde se hallaba el pesebre, se sent cubierta con el velo y calm al Nio dndole el pecho. Jos le entreg los paales teidos en sangre. Se recitaron nuevamente oraciones y se cantaron salmos.

    La lmpara arda, aunque haba amanecido completamente. Poco despus la Virgen se aproxim con el Nio y lo puso en la piedra octogonal. Los sacerdotes inclinaron hacia ella sus manos cruzadas sobre la cabeza del Nio, y luego se retir Mara con el Nio Jess. Antes de marcharse los sacerdotes comieron algo en compaa de Jos y de dos pastores bajo la enramada. Supe despus que todos los que haban asistido a la ceremonia eran personas buenas y que los sacerdotes se convirtieron y abrazaron la doctrina del Salvador.

    Entre tanto, durante toda la maana se distribuyeron regalos a los pobres que acudan a la puerta de la gruta. Mientras dur la ceremonia el asno estuvo atado en sitio aparte. Hoy pasaron por la puerta unos mendigos sucios y harapientos, llevando envoltorios, procedentes del valle de los pastores: pareca que iban a Jerusaln para alguna fiesta. Pidieron limosna con mucha insolencia, profiriendo maldiciones e injurias cerca del pesebre, diciendo que Jos no les daba bastante. No supe quienes eran, pero me disgust grandemente su proceder. Durante la noche siguiente he visto al Nio a menudo desvelado a causa de sus dolores, y que lloraba mucho. Mara y Jos lo tomaban en brazos uno despus de otro y lo paseaban alrededor de la gruta tratando de calmarlo.

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    LII Isabel acude a la gruta de Beln

    Esta noche vi a Isabel montada en un asno, conducido por un viejo criado en camino de Juta a la gruta de Beln. Jos la recibi afectuosamente y Mara la abraz con un sentimiento de indecible alegra. Isabel estrech al Nio contra su pecho, derramando lgrimas de jbilo. Le prepararon un lecho cerca del sitio donde haba nacido Jess. Delante de l haba un banquillo alto como el de aserrador, sobre el cual haba un cofre pequeo donde solan colocar al Nio Jess. Deba ser una costumbre que usaban con los nios, pues ya haba visto en casa de Ana a Mara en su primera infancia reposando en un banquillo parecido.

    Anoche y durante el da de hoy vi a Mara e Isabel sentadas juntas en afectuosa conversacin. Yo me hallaba tan cerca de ellas que escuchaba sus palabras con

  • sentimiento de viva alegra. La Virgen cont a su prima todo lo que haba sucedido hasta entonces y cuando habl de lo que haba sufrido buscando un albergue en Beln, Isabel llor muy conmovida. Le dijo muchas cosas referentes al nacimiento de Jess. Le explic que en el momento de la anunciacin, su espritu se haba sentido arrebatado durante diez minutos, teniendo la sensacin de que su corazn se duplicaba y que un bienestar indecible entraba en Ella llenndola por completo. En el momento del nacimiento, se haba sentido tambin arrebatada con la sensacin que los ngeles la llevaban arrodillada por los aires y le haba parecido que su corazn se divida en dos partes y que una mitad se separaba de la otra.

    Durante diez minutos haba perdido el uso de los sentidos. Luego sinti un vaco interior y un inmenso deseo de la felicidad infinita que hasta aquel momento haba habitado en ella y que ya no estaba ms. Haba visto delante de s una luz deslumbradora, en medio de la cual su Nio haba parecido crecer ante sus ojos. En ese momento lo vio moverse y lo oy llorar. Volviendo en s lo levant de la colcha y lo estrech contra su pecho, pues al principio haba credo estar soando y no se haba atrevido a tocar al Nio rodeado de tanta luz. Dijo no haberse dado cuenta del momento en que el Nio se haba separado de ella. Isabel le contest: "En vuestro alumbramiento habis gozado favores que no tienen las dems mujeres. El nacimiento de mi Juan fue tambin lleno de dulzura, pero todo se realiz en forma muy diversa". Esto es lo que recuerdo de sus plticas.

    Al caer la tarde Mara se ocult nuevamente con el Nio, acompaada de Isabel, en la caverna lateral, vecina a la gruta del pesebre; me parece que permanecieron all toda la noche. Mara procedi as porque muchas personas de distincin acudan de Beln al pesebre por pura curiosidad, y no quiso mostrarse a ellas.

    Hoy vi a Mara saliendo con el Nio de la gruta del pesebre, yendo a otra que est a la derecha. La entrada es estrecha y unos catorce escalones inclinados llevan primero a una pequea cueva y despus a una habitacin subterrnea ms amplia que la gruta del pesebre. Jos la separ en dos partes por medio de una colcha que suspendi de la techumbre. La parte contigua a la entrada era semicircular y la otra cuadrada. La luz no vena de arriba, sino de aberturas laterales que atravesaban una roca muy ancha. Unos das antes haba visto a un hombre sacar de aquella gruta haces de lea y de paja y paquetes de caas como los que usaba Jos para hacer fuego. Fue un pastor el que hizo este servicio. Esta gruta era ms amplia y clara que la del pesebre. El asno no estaba en ella. Vi al Nio Jess acostado en una gamella abierta en la roca.

    En los das precedentes vi a Mara a menudo junto a algunos visitantes mostrndoles al Nio cubierto con un velo y teniendo slo un pao alrededor del cuerpo. Otras veces lo vea del todo fajado. He visto que la cuidadora que haba asistido a la circuncisin vena a menudo a visitar al Nio. Mara le daba casi todo lo que traan los visitantes para que ella lo distribuyera entre los pobres del lugar y de Beln.

    LIIILos pases de los Reyes Magos

    Vi el nacimiento de Jesucristo anunciado a los Reyes Magos. He visto a Mensor y a Sair: estaban en el pas del primero y observaban los astros, despus de haber hecho los

  • preparativos del viaje. Observaban la estrella de Jacob desde lo alto de una torre piramidal. Esta estrella tena una cola que se dilat ante sus ojos, y vieron a una Virgen brillante, delante de la cual, en medio del aire, se vea un Nio luminoso. Al lado derecho del Nio brot una rama, en cuya extremidad apareci, como una flor, una pequea torre con varias entradas que acab por transformarse en ciudad. Inmediatamente despus de esta aparicin los dos Reyes se pusieron en marcha. Teokeno, el tercero de los Reyes, que viva ms hacia el oriente, a dos das de viaje, tuvo igual aparicin, a la misma hora, y parti en seguida aceleradamente para reunirse con sus dos amigos, a los que encontr en el camino.

    Me dorm con gran deseo de encontrarme en la gruta del pesebre, cerca de la Madre de Dios, con el ansia de que Ella me diera al Nio Jess para tenerlo en mis brazos algn tiempo y estrecharlo contra mi corazn. Me acerqu a la gruta del pesebre. Era de noche. Jos dorma apoyado en el brazo derecho, en su aposento, cerca de la entrada. Mara estaba despierta, sentada en su sitio de costumbre, cerca del pesebre, teniendo al pequeo Jess a su pecho, cubierta con un velo. Me arrodill all y le ador, sintiendo un gran deseo de ver al Nio. Ah, Mara bien lo saba! Ella lo sabe todo y acoge todo lo que se le pide con bondad muy conmovedora, siempre que se rece con fe sincera! Pero ahora estaba silenciosa, en recogimiento; adoraba respetuosamente a Aqul de quien era Madre. No me dio al Nio, porque creo lo estaba amamantando. En su lugar, yo hubiera hecho lo mismo.

    Mi ansia creca ms y se confunda con el de todas las almas que suspiraban por el Nio Jess. Pero esta ansia ma no era tan pura, tan inocente ni tan sincera como la del corazn de los buenos Reyes Magos del Oriente, que lo haban aguardado desde siglos en las personas de sus antepasados, creyendo, esperando y amando. As fue que mi deseo se volvi hacia ellos.

    Cuando acab de rezar, me deslic respetuosamente fuera de la gruta y fui llevada por un largo camino hasta el cortejo de los Reyes Magos. A travs del camino he visto muchos pases, moradas y gentes con sus trajes, sus costumbres y su culto; pero casi todo se me ha ido de la memoria. Fui llevada al Oriente a una regin donde nunca haba estado, casi toda estril y arenosa. Cerca de unas colinas habitaban en cabaas, bajo enramadas, pequeos grupos de hombres. Eran familias aisladas de cinco a ocho personas. El techo de ramas se apoyaba en la colina donde haban cavado las habitaciones. Esta regin no produca casi nada; slo brotaban zarzales y algn arbolillo con capullos de algodn blanco. En otros rboles ms grandes colocaban a sus dolos.

    Aquellos hombres vivan an en estado salvaje. Me pareci que se alimentaban de carne cruda, especialmente de pjaros y se dedicaban al latrocinio. Eran de color cobrizo y tenan los cabellos rojos como el pelo de zorro. Eran bajos, macizos, ms bien gordos que flacos; eran muy hbiles, activos y giles. En sus habitaciones no haba animales domsticos ni tenan rebaos. Confeccionaban una especie de colchas con algodn que recogan de sus pequeos rboles. Hilaban largas cuerdas del espesor de un dedo que luego trenzaban para hacer anchas tiras de tejidos. Cuando haban preparado cierta cantidad ponan sobre sus cabezas grandes atados de colchas e iban a venderlas a la ciudad.

    Tambin he visto sus dolos en varios lugares, bajo frondosos rboles: tenan cabeza de toro con cuernos y boca grande; en el cuerpo agujeros redondos y ms abajo una

  • abertura ancha donde encendan fuego para quemar las ofrendas colocadas en otras aberturas ms pequeas. Alrededor de cada rbol, bajo los cuales haba dolos, veanse otras figuras de animales sobre columnitas de piedra. Eran pjaros, dragones y una figura que tena tres cabezas de perro y una cola de serpiente arrollada sobre s misma.

    Al comenzar el viaje tuve la idea de que haba gran cantidad de agua a mi derecha y que me alejaba cada vez ms de ella. Pasada esta regin, el sendero suba siempre. Atraves la cresta de una montaa de arena blanca donde haba gran cantidad de piedrecillas negras quebradas semejantes a fragmentos de jarrones y escudillas. Del otro lado baj a una regin cubierta de rboles que parecan alineados en orden perfecto. Algunos de estos rboles tenan el tronco cubierto de escamas; las hojas eran extraordinariamente grandes. Otros eran de forma piramidal, con grandes y hermosas flores. Estos ltimos tenan hojas de un verde amarillento y ramas con capullos. He visto otros rboles con hojas muy lisas, en forma de corazn.

    Llegu despus a un pas de praderas que se extenda hasta donde alcanzaba la vista en medio de alturas. Haba all innumerables rebaos. Los viedos crecan alrededor de las colinas. Haba filas de cepas sobre terrazas con pequeos vallados de ramas para protegerlas. Los dueos de los rebaos habitaban en carpas, cuya entrada estaba cerrada por medio de zarzos livianos. Aquellas carpas estaban hechas con tejido de lana blanca fabricado por los pueblos ms salvajes que haba visto antes. En el centro haba una gran carpa rodeada de muchas otras pequeas. Los rebaos, separados en clases, vagaban por extensos prados divididos por setos de zarzales. Haba diferentes tipos de rebaos: carneros cuya lana colgaba en largas trenzas, con grandes colas lanudas; otros animales muy giles, con cuernos, como los de los chivos, grandes como terneros; otros tenan el tamao de los caballos que corren en libertad en nuestras praderas. Haba tambin manadas de camellos y animales de la misma especie pero con dos jorobas. En un recinto cerrado vi elefantes blancos y algunos manchados: estaban domesticados y servan para los trabajos ordinarios. Esta visin fue interrumpida tres veces por diversas circunstancias, pero volv siempre a ella.

    Aquellos rebaos y pastizales pertenecan, segn creo, a uno de los Reyes Magos que se hallaba entonces de viaje; me parece que eran del Rey Mensor y sus parientes. Haban sido puestos al cuidado de otros pastores subalternos que vestan chaquetas largas hasta las rodillas, ms o menos de la forma de las de nuestros campesinos, pero ms estrechas. Creo que por haber partido el jefe para un largo viaje todos los rebaos fueron revisados por inspectores, y los pastores subalternos tuvieron que decir la cantidad exacta, pues he podido ver a cierta gente, cubierta de grandes abrigos, venir de cuando en cuando para tomar nota de todo. Se instalaban en la gran carpa principal y central y hacan desfilar a todos los rebaos entre esta carpa y las ms pequeas. As se examinaba y contaba todo. Los que hacan las cuentas tenan en las manos una especie de tablilla, no s de qu materia, sobre la cual escriban. Viendo esto, me deca: "Ojal pudieran nuestros obispos examinar con el mismo cuidado los rebaos confiados a los pastores subalternos!"

    Cuando despus de la ltima interrupcin de esta visin volv a estas praderas, era ya de noche. La mayor parte de los pastores descansaban bajo carpas pequeas. Slo algunos velaban caminando de un lado a otro en torno a las reses, encerradas, segn su especie, en grandes recintos separados. Yo miraba con afecto estos rebaos que dorman en paz pensando que pertenecan a hombres, los cuales haban abandonado la contemplacin de

  • los azules prados del cielo, sembrados de estrellas, y haban partido siguiendo el llamado de su Creador Todopoderoso, como fieles rebaos, para seguirlo con ms obediencia que los corderos de esta tierra siguen a sus pastores terrenales.

    Vea a los pastores que miraban ms a menudo las estrellas del cielo que sus rebaos de la tierra. Yo pensaba: "Tienen razn en levantar los ojos asombrados y agradecidos hasta el cielo mirando hacia donde sus antepasados, desde hace siglos, perseverando en la espera y en la oracin, no han cesado de levantar sus miradas". El buen pastor que busca la oveja perdida, no descansa hasta haberla encontrado y trado de nuevo. Lo mismo acaba de hacer el Padre que est en los cielos, el verdadero pastor de los innumerables rebaos de estrellas extendidos en la inmensidad. Al pecar el hombre, a quien Dios haba sometido toda la tierra, Dios maldijo a sta en castigo de su crimen; fue a buscar al hombre cado en la tierra, su residencia, como a una oveja perdida; envi desde lo alto del cielo a su Hijo nico para que se hiciera hombre, guiara a aquella oveja descaminada, tomara sobre l todos sus pecados en calidad de Cordero de Dios y, muriendo, diera satisfaccin a la justicia divina. Y este advenimiento del Redentor haba tenido lugar.

    Los reyes de aquel pas, guiados por una estrella, haban partido la noche anterior para rendir homenaje al Salvador recin nacido. Por causa de esto, los que velaban sobre los rebaos, miraban con emocin los prados celestiales y oraban; pues el Pastor de los pastores acababa de bajar de los cielos, y fue a los pastores, antes que a nadie, a quienes haba anunciado su venida.

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    LIVLa comitiva de Teokeno

    Mientras yo contemplaba la inmensa llanura, el silencio de la noche fue interrumpido por el ruido que produca un grupo de hombres que llegaban apresuradamente montados en camellos. El cortejo, pasando a lo largo de los rebaos que descansaban, se dirigi rpidamente hacia la carpa central. Algunos camellos se despertaban aqu y all e inclinaban sus largos cuellos hacia la comitiva que pasaba. Se oa el balar de los corderos, interrumpidos en su sueo. Algunos de los recin llegados bajaron de sus monturas y despertaban a los pastores que dorman. Los vigas ms prximos se juntaron al cortejo. Pronto todos estuvieron en pie y en movimiento en torno de los viajeros. La gente conversaba mirando al cielo e indicando las estrellas. Se referan a un astro o a una aparicin celeste que ya no se perciba ms, pues yo misma ya no pude verla. Era el cortejo de Teokeno, el tercero de los Reyes Magos que habitaba ms lejos. Haba visto en su patria la misma aparicin en el cielo que vieron sus compaeros y de inmediato se puso en camino. Ahora preguntaba cunta ventaja le llevaban de camino Mensor y Sair, y si an se vea la estrella que haba tomado como gua. Cuando hubo recibido los informes necesarios, continu su viaje sin detenerse mayormente. Este era el lugar donde los tres Reyes, que vivan muy lejos uno de otro, solan reunirse para

  • observar los astros y en su cercana se hallaba la torre piramidal en cuya cumbre hacan observaciones.

    Teokeno era entre los tres el que habitaba ms lejos. Viva ms all del pas donde residi Abrahn al principio, y se haba establecido alrededor de esa comarca. En los intervalos entre las visiones que tuve tres veces, durante este da, relativas a lo que suceda en la gran llanura de los rebaos, me fueron mostradas diversas cosas sobre los pases donde haba vivido Abrahn: he olvidado la mayor parte. Vi una vez, a gran distancia, la altura donde Abrahn deba sacrificar a su hijo Isaac. La primera morada de Abrahn se hallaba situada sobre una gran elevacin, y los pases de los tres Reyes Magos eran ms bajos y estaban alrededor de aquel lugar de Abrahn.

    Otra vez vi, muy claramente, a pesar de ocurrir muy lejos, el hecho de Agar y de Ismael en el desierto. Relato lo que pude ver de esto. A un lado de la montaa de Abraham, hacia el fondo del valle, he visto a Agar con su hijo errando en medio de los matorrales. Pareca estar fuera de s. El nio era todava muy pequeo y tena un vestido largo. Ella andaba envuelta en un largo manto que le cubra la cabeza y debajo llevaba un vestido corto con un corpio ajustado. Puso al nio bajo un rbol cerca de una colina y le hizo unas marcas en la frente, en la parte superior del brazo derecho, en el pecho y en la parte alta del brazo izquierdo. No vi la marca de la frente; pero las otras, hechas sobre el vestido, permanecieron visibles y parecan trazadas en rojo. Tenan la forma de una cruz, no comn, sino parecida a una de Malta que llevara en el centro un crculo, del que partan los cuatro tringulos que formaban la cruz. En cada uno de los tringulos Agar escribi unos signos o letras en forma de gancho, cuyo significado no pude comprender. En el crculo del centro traz dos o tres letras. Hizo todo el dibujo muy rpidamente con un color rojo que pareca tener en la mano y que quizs era sangre. Se apart de all, levantando sus ojos al cielo, sin mirar el lugar donde dejaba a su hijo, y fue a sentarse a la sombra de un rbol como a la distancia de un tiro de fusil. Estando all oy una voz en lo alto; se apart ms an del lugar primero, y habiendo escuchado la voz por segunda vez, dio con una fuente de agua oculta entre el follaje. Llen de agua su odre, y volviendo de nuevo al lado de su hijo, le dio de beber; luego lo llev consigo junto a la fuente y encima del vestido que tena las marcas hechas, le puso otra vestimenta. Me parece haber visto otra vez a Agar en el desierto antes del nacimiento de Ismael.

    Al amanecer, el acompaamiento de Teokeno alcanz a unirse al de Mensor y de Sair cerca de una poblacin en ruinas. Se vean all largas filas de columnas, aisladas unas de otras, y puertas coronadas por torrecitas cuadradas, todo medio derruido. An se vean algunas grandes y hermosas estatuas, no tan rgidas como las de Egipto, sino en graciosas actitudes, cual si fueran vivientes. En general el pas era arenoso y lleno de rocas.

    He visto que en las ruinas de la ciudad se haban establecido gentes que ms bien parecan bandoleros y vagabundos; como nico vestido llevaban pieles de animales echadas sobre el cuerpo y tenan armas de flechas y venablos. Aunque eran de estatura baja y gruesos, eran giles en gran manera; tenan la piel tostada. Crea reconocer este lugar por haber estado antes, en ocasin de mis viajes a la montaa de los profetas y al pas del Ganges.

    Cuando se encontraron reunidos los tres Reyes, dejaron el lugar por la maana muy temprano, con nimo de continuar viaje con apuro. He visto que muchos habitantes

  • pobres siguieron a los Reyes, por la liberalidad con que los trataban. Despus de otro medio da de viaje se detuvieron. Despus de la muerte de Jesucristo, el apstol San Juan envi a dos de sus discpulos, Saturnino y Jonadab (medio hermano de San Pedro) para anunciar el Evangelio a los habitantes de la ciudad en ruinas.

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    LVNombres de los Reyes Magos

    Cuando estuvieron juntos los tres Reyes Magos, he visto que el ltimo, Teokeno, tena la piel amarillenta: lo reconoc porque era el mismo que unos treinta y dos aos ms tarde se encontraba en su tienda enfermo, al visitar Jess a estos Reyes en su residencia, cerca de la Tierra prometida.

    Cada uno de los Reyes Magos llevaba consigo a cuatro parientes cercanos o amigos ms ntimos, de modo que en el cortejo haba como unas quince personas de alto rango sin contar la muchedumbre de camelleros y de otros criados. Reconoc a Eleazar, que ms tarde fue mrtir, entre los jvenes que acompaaban a los Reyes. Tengo una reliquia de este santo. Estaban sin ropa hasta la cintura y as podan correr y saltar con mayor agilidad.

    Mensor, el de los cabellos negros, fue bautizado ms tarde por Santo Toms y recibi el nombre de Leandro. Teokeno, el de tez amarilla, que se encontraba enfermo cuando pas Jess por Arabia, fue tambin bautizado por Santo Toms con el nombre de Len. El ms moreno de los tres, que ya haba muerto cuando Jess visit sus tierras, se llamaba Sair o Seir. Muri con el bautismo de deseo.

    Estos nombres tienen relacin con los de Gaspar, Melchor y Baltasar y estn en relacin con el carcter personal de ellos, pues estas palabras significan: el primero, "va con amor"; el segundo, "vaga en torno acariciando, se acerca dulcemente"; el tercero, "recibe velozmente con la voluntad, une rpidamente su querer a la voluntad de Dios".

    Me parece haber encontrado reunido por primera vez el cortejo de los tres Reyes a una distancia como de medio da de viaje, ms all de la poblacin en ruinas donde haba visto tantas columnas y estatuas de piedra. El punto de reunin era una comarca frtil. Se vean casas de pastores diseminadas, construidas con piedras blancas y negras. Llegaron a una llanura, en medio de la cual haba un pozo y amplios cobertizos: tres en el centro y varios alrededor. Pareca un sitio preparado para descanso de los caminantes. Cada acompaamiento estaba compuesto de tres grupos de hombres. Cada uno comprenda cinco personajes de distincin, entre ellos el rey o jefe, que ordenaba, arreglaba y distribua todo como un padre de familia. Los hombres de cada grupo tenan tez de diferente color. Los hombres de la tribu de Mensor eran de un color moreno agradable; los de Sair eran mucho ms morenos y los de Teokeno eran de tez ms clara y amarillenta. A excepcin de algunos esclavos, no haba all ninguno de piel totalmente

  • negra. Las personas de distincin iban sentadas en sus cabalgaduras, sobre envoltorios cubiertos de alfombras y en la mano llevaban bastones. A stos seguan otros animales del tamao de nuestros caballos, montados por criados y esclavos que cargaban los equipajes.

    Cuando llegaron, desmontaron, descargaron a los animales, les daban de beber del agua del pozo, rodeado de un pequeo terrapln, sobre el cual haba un muro con tres entradas abiertas. En ese recinto se encontraba el pozo de agua en sitio ms bajo. El agua sala por tres conductos que se cerraban por medio de clavijas y el depsito, a su vez, estaba cerrado con una tapa que fue abierta por uno de los hombres de aquella ciudad en ruinas, agregado al cortejo. Llevaban odres de cuero divididos en cuatro compartimentos, de modo que cuando estaban llenos podan beber cuatro camellos a la vez. Eran tan cuidadosos del agua, que no dejaban perder ni una gota.

    Despus de haber bebido fueron instalados los animales en recintos sin techo, cerca del pozo, donde cada uno tena su compartimiento. Pusieron a las bestias delante de los comederos de piedra donde se les dio el forraje que haban trado. Les daban de comer unas semillas del tamao de bellotas, quizs habas. Traan como equipaje jaulones colgando de ambos lados de las bestias, en los cuales tenan pjaros como palomas o pollos, de los cuales se alimentaban durante el viaje. En unos recipientes de hierro traan panes como tablitas apretadas unas contra otras del mismo tamao. Llevaban vasos valiosos de metal amarillo, con adornos y piedras preciosas. Tenan la forma de nuestros vasos sagrados, clices y patenas. En ellos presentaban los alimentos o beban. Los bordes de estos vasos estaban adornados con piedras de color rojo.

    Los vestidos de estos hombres no eran iguales. Los hombres de Teokeno y los de Mensor llevaban sobre la cabeza una especie de gorro alto, con tira de gnero blanco enrollado; sus tnicas bajaban a la altura de las pantorrillas y eran simples con ligeros adornos sobre el pecho. Tenan abrigos livianos, muy largos y amplios, que arrastraban al caminar. Sair y los suyos llevaban bonetes con cofias redondas bordadas de diferentes colores y pequeo rodete blanco. Sus abrigos eran ms cortos y sus tnicas, llenas de lazos, con botones y adornos brillantes, descendan hasta las rodillas. A un lado del pecho llevaban por adorno una placa estrellada y brillante. Todos calzaban suelas sujetas por cordones que les rodeaban los tobillos. Los principales personajes tenan en la cintura sables cortos o grandes cuchillos; llevaban tambin bolsas y cajitas. Haba entre ellos hombres de cincuenta aos, de cuarenta, de veinte; unos usaban la barba larga, otros corta. Los servidores y camelleros vestan con tanta escasez, que muchos de ellos slo llevaban un pedazo de gnero o algn viejo manto.

    Cuando hubieron dado de beber a los animales y los encerraron, bebieron los hombres e hicieron un gran fuego en el centro del cobertizo donde se haban refugiado. Utilizaron para el fuego pedazos de madera de ms o menos dos pies y medio de largo que los pobres del pas traen en haces preparados de antemano para los viajeros. Hicieron una hoguera de forma triangular, dejando una abertura para el aire. Hicieron todo esto con mucha habilidad. No s cmo consiguieron hacer fuego; pero vi que pusieron un pedazo de madera dentro de otro perforado y le dieron vueltas algn tiempo, retirndolo luego encendido. De este modo hicieron fuego. Asaron algunos pjaros que haban matado.

    Los Reyes y los ms ancianos hacan cada uno en su tribu lo que hace un padre de familia: repartan las raciones y daban a cada uno la suya; colocaban los pjaros asados,

  • cortados en pedazos, sobre pequeos platos y los hacan circular. Llenaban las copas y daban de beber a cada uno. Los criados subalternos, entre ellos algunos negros, estaban sentados sobre tapetes en el suelo. Esperaban con paciencia su turno y reciban su porcin. Me parecieron esclavos. Qu admirables son la bondad y la simplicidad inocente de estos excelentes Reyes!... A la gente que va con ellos le dan de todo lo que tienen y hasta le hacen beber en sus vasos de oro, llevndolos a sus labios como si fueran nios.

    Hoy he sabido muchas cosas acerca de los Reyes Magos, especialmente el nombre de sus pases y ciudades; pero lo he olvidado casi todo. An recuerdo lo siguiente: Mensor, el moreno, era de Caldea y su ciudad tena un nombre como Acaiaia: estaba levantada sobre una colina rodeada de un ro. Mensor habitaba generalmente en la llanura cerca de sus rebaos. Sair, el ms moreno, el de la tez cetrina, estaba ya con l preparado para partir en la noche del Nacimiento. Recuerdo que su patria tena un nombre como Parthermo. Al Norte del pas haba un lago. Sair y su tribu eran de color ms oscuro y tenan los labios rojos. Los otros eran ms blancos. Slo haba una ciudad ms o menos del tamao de Mnster. Teokeno, el blanco, vena de la Media, comarca situada en un lugar alto, entre dos mares. Habitaba en una ciudad hecha de carpas, alzadas sobre bases de piedras: he olvidado el nombre. Me parece que Teokeno, que era el ms poderoso de los tres y el ms rico, habra podido ir a Beln por un camino ms directo y que slo por reunirse con los dems haba hecho un largo rodeo. Me parece que tuvo que atravesar a Babilonia para alcanzarlos.

    Sair viva a tres das de viaje del lugar de Mensor, calculando el da de doce leguas de camino. Teokeno se hallaba a cinco das de viaje. Mensor y Sair estaban ya reunidos en casa del primero cuando vieron la estrella del Nacimiento de Jess y se pusieron en camino al da siguiente. Teokeno vio la misma aparicin desde su residencia y parti rpidamente para reunirse con los dos Reyes, encontrndose en la poblacin en ruinas.

    La estrella que los guiaba era como un globo redondo y la luz sala como de una boca. Pareca que el globo estuviera suspendido de un rayo luminoso dirigido por una mano. Durante el da yo vea delante de ellos un cuerpo luminoso cuya claridad sobrepasaba la luz del sol. Me asombra la rapidez con que hicieron el viaje, considerando la gran distancia que los separaba de Beln. Los animales tenan un paso tan rpido y uniforme que su marcha pareca tan ordenada, veloz e igual como el vuelo de una bandada de aves de paso. Las comarcas donde habitaban los tres Reyes Magos formaban en conjunto un tringulo.

    La caravana permaneci hasta la noche en el lugar donde los haba visto detenerse. Las personas que se les agregaron, ayudaron a cargar de nuevo las bestias y se llevaron luego las cosas que dejaron abandonadas all los viajeros. Cuando se pusieron en camino, ya era de noche y se vea la estrella, con una luz algo rojiza como la luna cuando hay mucho viento. Durante un tiempo marcharon junto a sus animales, con la cabeza descubierta, recitando sus plegarias. El camino estaba muy quebrado y no se poda ir de prisa; slo ms tarde, cuando el camino se hizo llano, subieron a sus cabalgaduras. Por momentos hacan la marcha ms lenta y entonces entonaban unos cantos muy expresivos y conmovedores en medio de la soledad de la noche.

    En la noche del 29 al 30 me encontr nuevamente muy prximo al cortejo de los Reyes. Estos avanzaban siempre en medio de la noche en pos de la estrella, que a veces pareca

  • tocar la tierra con su larga cola luminosa. Los Reyes miran la estrella con tranquila alegra. A veces descienden de sus cabalgaduras para conversar entre ellos. Otras veces, con meloda lenta, sencilla y expresiva, cantan alternativamente frases cortas, sentencias breves, con notas muy altas o muy bajas. Hay algo extraordinariamente conmovedor en estos cantos, que interrumpe el silencio nocturno, y yo siento profundamente su significado.

    Observan un orden muy hermoso mientras avanzan en su camino. Adelante marcha un gran camello que lleva de cada lado cofres, sobre los cuales hay amplias alfombras y encima est sentado un jefe con su venablo en la mano y una bolsa a su lado. Le siguen algunos animales ms pequeos, como caballos o asnos y encima del equipaje, los hombres que dependen de este jefe. Viene despus otro jefe sobre otro camello y as sucesivamente. Los animales andan con rapidez, a grandes trancos, aunque ponen las patas en tierra con precaucin; sus cuerpos parecen inmviles mientras sus patas estn en movimiento. Los hombres se muestran muy tranquilos, como si no tuvieran, preocupaciones. Todo procede con tanta calma y dulzura que parece un sueo.

    Estas buenas gentes no conocen an al Seor y van hacia l con tanto orden, con tanta paz y buena voluntad, mientras nosotros, a quienes l ha salvado y colmado de beneficios con sus bondades, somos muy desordenados y poco reverentes en nuestras santas procesiones.

    Se detuvieron nuevamente en una llanura cerca de un pozo. Un hombre que sali de una cabaa de la vecindad, abri el pozo y dieron de beber a los animales, detenindose slo un rato sin descargarlas. Estamos ya en el da 30. He vuelto a ver al cortejo ascendiendo una alta meseta. A la derecha se vean montaas y me pareci que se acercaban a una regin con poblaciones, fuentes y rboles. Me pareci el pas que haba visto el ao pasado, y an recientemente, hilando y tejiendo algodn, donde adoraban dolos en forma de toros. Volvieron a dar con mucha generosidad alimento a los numerosos viajeros que seguan a la comitiva; pero no utilizaron los platos y bandejas; lo que me caus alguna sorpresa. Era un sbado, primer da del mes.

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    LVILlegan al pas del rey de Causur

    He vuelto a ver a los Reyes en las inmediaciones de una ciudad, cuyo nombre me suena como Causur. Esta poblacin se compona de carpas levantadas sobre bases de piedra. Se detuvieron en casa del jefe o rey del pas, cuya habitacin se encontraba a alguna distancia. Desde que se haban reunido en la poblacin en ruinas hasta aqu, haban andado cincuenta y tres o sesenta y tres horas de camino.

  • Contaron al rey del lugar todo lo que haban observado en las estrellas y este rey se asombr mucho del relato. Mir hacia el astro que les serva de gua y vio, en efecto, a un Niito en l con una cruz. Pidi a los Reyes volvieran a contarle lo que vieren, porque l tambin deseaba levantar altares al Nio y ofrecerle sacrificios. Tengo curiosidad de ver si cumplir su palabra.

    Era Domingo, da 2. O que hablaban al rey de sus observaciones astrales, y de esa conversacin recuerdo lo siguiente: Los antepasados de los Reyes eran de la estirpe de Job, que antiguamente haba habitado cerca del Cucaso, aunque tena posesiones en comarcas muy lejanas. Ms o menos 1500 aos antes de Cristo, aquella raza no se compona ms que de una tribu. El profeta Balaam era de su pas y uno de sus discpulos haba dado a conocer all su profeca:

    "Una estrella ha de nacer de Jacob"

    dando las instrucciones al respecto. Su doctrina se haba extendido mucho entre ellos. Levantaron una torre alta en una montaa y varios astrlogos se turnaban en ella alternativamente. He visto esa torre, parecida a una montaa, muy ancha en su base y terminada en punta. Todo lo que observaban era anotado y pasaba luego de boca en boca. Estas observaciones sufrieron repetidas interrupciones debido a diversas causas. Ms tarde se introdujeron prcticas execrables, como el sacrificio de nios, aunque conservaban la creencia de que el Nio prometido llegara pronto. Alrededor de cinco siglos antes de Cristo cesaron estas observaciones y aquellos hombres se dividieron en tres ramas diferentes, formadas por tres hermanos que vivieron separados con sus familias.

    Tenan tres hijas a las que Dios haba concedido el don de profeca, las cuales recorrieron el pas vestidas de largos mantos, haciendo conocer las predicciones relativas a la estrella y al Nio que deba salir de Jacob. Se dedicaron desde entonces nuevamente a observar los astros y la expectacin se hizo muy intensa en las tres tribus. Estos tres Reyes descendan de aquellos tres hermanos a travs de quince generaciones que se haban sucedido en lnea recta durante quinientos aos. Con la mezcla de unas razas con otras haba variado tambin la tez de estos tres Reyes, y en el color se diferenciaban unos de otros. Desde esos cinco siglos no haban dejado de reunirse los reyes de vez en cuando para observar los astros. Todos los hechos notables relacionados con el nacimiento de Jess y el advenimiento del Mesas les haban sido indicados mediante las seales maravillosas de los astros. He visto algunas de estas seales, aunque no las puedo describir con claridad.

    Desde la concepcin de Mara Santsima, es decir, desde quince aos atrs, estas seales indicaban con ms claridad que la venida del Nio estaba prxima. Los Reyes haban observado cosas que tenan relacin con la pasin del Seor. Pudieron calcular con exactitud la poca en que saldra la estrella de Jacob, anunciada por Balaam, porque haban visto la escala de Jacob, y, segn el nmero de escalones y la sucesin de los cuadros que all se encontraban, era posible calcular el advenimiento del Mesas, como sobre un calendario, porque la extremidad de la escala llegaba hasta la estrella o bien la estrella misma era la ltima imagen aparecida.

    En el momento de la concepcin de Mara haban visto a la Virgen con un cetro y una balanza, sobre cuyos platillos haba espigas de trigo y uvas. Algo ms tarde vieron a la

  • Virgen con el Nio. Beln se les apareci como un hermoso palacio, una casa llena de abundantes bendiciones. Vieron tambin all dentro a la Jerusaln celestial, y entre las dos moradas se extenda una ruta llena de sombras, de espinas, de combate y de sangre. Ellos creyeron que esto deba tomarse al pie de la letra: pensaron que el Rey esperado deba haber nacido en medio de gran pompa y que todos los pueblos le rendiran homenaje, y por esto iban con gran acompaamiento a honrarle y a ofrecerle sus dones.

    La visin de la Jerusaln celestial la tomaron por su reino en la tierra y pensaban encaminarse a esa ciudad. En cuanto al sendero lleno de sombras y espinas, pensaron que significaba el viaje que hacan lleno de dificultades o alguna guerra que amenazaba al nuevo Rey. Ignoraban que esto era el smbolo de la va dolorosa de su Pasin. Ms abajo, en la escala de Jacob, vieron, y yo tambin la vi, una torre artsticamente construida, muy semejante a las torres que veo sobre el monte de los Profetas, y donde la Virgen se refugi una vez durante una tormenta. Ya no recuerdo lo que esto significaba; pero podra ser la huida a Egipto. Sobre la escala de Jacob haba una serie de cuadros, smbolos figurativos de la Virgen, algunos de los cuales se encuentran en las Letanas, y adems "la fuente sellada", el jardn cerrado, como asimismo unas figuras de reyes entre los cuales uno tena un cetro y los otros ramas de rboles.

    Estos cuadros los vean en las estrellas continuamente durante las tres ltimas noches. Fue entonces que el principal envi mensajes a los otros; y viendo a unos reyes que presentaban ofrendas al Nio recin nacido, se pusieron en camino para no ser los ltimos en rendirle homenaje. Todas las tribus de los adoradores de astros haban visto la estrella; pero slo estos Reyes Magos se decidieron a seguirla.

    La estrella que los guiaba no era un cometa, sino un meteoro brillante, conducido por un ngel. Estas visiones fueron causa de que partieran con la esperanza de hallar grandes cosas, quedando despus muy sorprendidos al no encontrar nada de lo que pensaban. Se admiraron de la recepcin de Herodes y de que todo el mundo ignorase el acontecimiento. Al llegar a Beln y al ver una pobre gruta en lugar del palacio que haban contemplado en la estrella, estuvieron tentados por muchas dudas; no obstante, conservaron su fe, y ya ante el Nio Jess, reconocieron que lo que haban visto en la estrella se estaba realizando.

    Mientras observaban las estrellas hacan ayuno, oraciones, ceremonias y toda clase de abstinencias y purificaciones. El culto de los astros ejerca en la gente mala toda clase de influencias perniciosas por su relacin con los espritus malignos. En los momentos de sus visiones eran presas de convulsiones violentas, y como consecuencia de stas agitaciones tenan lugar los sacrificios sangrientos de nios. Otras personas buenas, como los Reyes Magos, vean todas estas cosas con claridad serena y con agradable emocin, y se volvan mejores y ms creyentes.

    Cuando los Reyes dejaron a Causur, he visto que se uni a ellos una caravana de viajeros distinguidos que segua el mismo derrotero. El 3 y el 4 del mes vi que atravesaban una llanura extensa, y el 5 se detuvieron cerca de un pozo de agua. All dieron de beber a sus bestias, sin descargarlas, y prepararon algunos alimentos. Canto con estos Reyes. Ellos lo hacen agradablemente, con palabras como stas: "Queremos pasar las montaas y arrodillarnos ante el nuevo Rey". Improvisan y cantan versos alternativamente. Uno de ellos empieza y los otros repiten; luego otro dice una nueva

  • estrofa, y as prosiguen, mientras cabalgan, cantando sus melodas dulces y conmovedoras.

    En el centro de la estrella o, mejor, dentro del globo luminoso, que les indicaba el camino, vi aparecer un Nio con la cruz. Cuando los Reyes vieron la aparicin de la Virgen en las estrellas, el globo luminoso se puso encima de esta imagen, ponindose prontamente en movimiento.

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    LVII La Virgen Santsima presiente la llegada de los Reyes

    Mara haba tenido una visin de la prxima llegada de los Reyes, cuando stos se detuvieron con el rey de Causur, y vio tambin que este rey quera levantar un altar para honrar al Nio. Comuniclo a Jos y a Isabel, dicindoles que sera preciso vaciar cuanto se pudiera la gruta del Pesebre y preparar la recepcin de los Reyes. Mara se retir ayer de la gruta por causa de unos visitantes curiosos, que acudieron muchos ms en estos ltimos das.

    Hoy Isabel se volvi a Juta en compaa de un criado. En estos dos ltimos das hubo ms tranquilidad en la gruta del Pesebre y la Sagrada Familia permaneci sola la mayor parte del tiempo. Una criada de Mara, mujer de unos treinta aos, grave y humilde, era la nica persona que los acompaaba. Esta mujer, viuda, sin hijos, era parienta de Ana, quien le haba dado asilo en su casa. Haba sufrido mucho con su esposo, hombre duro, porque siendo ella piadosa y buena, iba a menudo a ver a los esenios con la esperanza del Salvador de Israel. El hombre se irritaba por esto, como hacen los hombres perversos de nuestros das, a quienes les parece que sus mujeres van demasiado a la iglesia. Despus de haber abandonado a su mujer, muri al poco tiempo.

    Aquellos vagabundos que, mendigando, haban proferido injurias y maldiciones cerca de la gruta de Beln, e iban a Jerusaln para la fiesta de la Dedicacin del Templo, instituida por los Macabeos, no volvieron por estos contornos. Jos celebr el sbado bajo la lmpara del Pesebre con Mara y la criada. Esta noche empez la fiesta de la Dedicacin del Templo y reina gran tranquilidad. Los visitantes, bastante numerosos, son gentes que van a la fiesta. Ana enva a menudo mensajeros para traer presentes e inquirir noticias.

    Como las madres judas no amamantan mucho tiempo a sus criaturas, sino que les dan otros alimentos, as el Nio Jess tomaba tambin, despus de los primeros das, una papilla hecha con la mdula de una especie de caa. Es un alimento dulce, liviano y nutritivo. Jos enciende su lmpara por la noche y por la maana para celebrar la fiesta de la Dedicacin. Desde que ha empezado la fiesta en Jerusaln, aqu estn muy tranquilos. Lleg hoy un criado mandado por Santa Ana trayendo, adems de varios

  • objetos, todo lo necesario para trabajar en un ceidor y un cesto lleno de hermosas frutas cubiertas de rosas. Las flores puestas sobre las frutas conservaban toda su frescura. El cesto era alto y fino, y las rosas no eran del mismo color que las nuestras, sino de un tinte plido y color de carne, entre otras amarillas y blancas y algunos capullos. Me pareci que le agrad a Mara este cesto y lo coloc a su lado.

    Mientras tanto yo vea varias veces a los Reyes en su viaje. Iban por un camino montaoso, franqueando aquellas montaas donde haba piedras parecidas a fragmentos de cermica. Me agradara tener algunas de ellas, pues son bonitas y pulidas. Hay algunas montaas con piedras transparentes, semejantes a huevos de pjaros, y mucha arena blancuzca. Ms tarde vi a los Reyes en la comarca donde se establecieron posteriormente y donde Jess los visit en el tercer ao de su predicacin. Me pareci que Jos, deseando permanecer en Beln, pensaba habitar all despus de la Purificacin de Mara y que haba tomado ya informes al respecto.

    Hace tres das vinieron algunas personas pudientes de Beln a la gruta. Ahora aceptaran de muy buena gana a la Sagrada Familia en sus casas; pero Mara se ocult en la gruta lateral y Jos rehus modestamente sus ofrecimientos. Santa Ana est por visitar a Mara. La he visto muy preocupada en estos ltimos das revisando sus rebaos y haciendo la separacin de la parte de los pobres y la del Templo. De la misma manera la Sagrada Familia reparte todo lo que recibe en regalos.

    La festividad de la Dedicacin segua an por la maana y por la noche, y deben de haber agregado otra fiesta el da 13, pues pude ver que en Jerusaln hacan cambios en las ceremonias. Vi tambin a un sacerdote junto a Jos, con un rollo, orando al lado de una mesa pequea cubierta con una carpeta roja y blanca. Me pareci que el sacerdote vena a ver si Jos celebraba la fiesta o para anunciar otra festividad.

    En estos ltimos das la gruta estuvo muy tranquila porque no tena visitantes. La fiesta de la Dedicacin termin con el sbado, y Jos dej de encender las lmparas. El domingo 16 y el lunes 17 muchos de los alrededores acudieron a la gruta del Pesebre, y aquellos mendigos descarados se mostraron en la entrada. Todos volvan de las fiestas de la Dedicacin. El 17 llegaron dos mensajeros de parte de Ana, con alimentos y diversos objetos, y Mara, que es ms generosa que yo, pronto distribuy todo lo que tena. Vi a Jos haciendo diversos arreglos en la gruta del pesebre, en las grutas laterales y en la tumba de Maraha. Segn la visin que haba tenido Mara, esperaban prximamente a Ana y a los Reyes Magos.

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    LVIII El viaje de los Reyes Magos

  • He visto llegar hoy la caravana de los Reyes, por la noche, a una pobla cin pequea con casas dispersas, algunas rodeadas de grandes vallas. Me parece que es ste el primer lugar donde se entra en la Judea. Aunque aquella era la direccin de Beln, los Reyes torcieron hacia la derecha, quizs por no hallar otro camino ms directo. Al llegar all su canto era ms expresivo y animado; estaban ms contentos porque la estrella tena un brillo extraordinario: era como la claridad de la luna llena, y las sombras se vean con mucha nitidez. A pesar de todo, los habitantes parecan no reparar en ella. Por otra parte eran buenos y serviciales.

    Algunos viajeros haban desmontado y los habitantes ayudaban a dar de beber a las bestias. Pens en los tiempos de Abrahn, cuando todos los hombres eran serviciales y benvolos. Muchas personas acompaaron a la comitiva de los Reyes Magos llevando palmas y ramas de rboles cuando pasaron por la ciudad. La estrella no tena siempre el mismo brillo: a veces se oscureca un tanto; pareca que daba ms claridad segn fueran mejores los lugares que cruzaban. Cuando vieron los Reyes resplandecer ms a la estrella, se alegraron mucho pensando que sera all donde encontraran al Mesas. Esta maana pasaron al lado de una ciudad sombra, cubierta de tinieblas, sin detenerse en ella, y poco despus atravesaron un arroyo que se echa en el Mar Muerto. Algunas de las personas que los acompaaban se quedaron en estos sitios. He sabido que una de aquellas ciudades haba servido de refugio a alguien en ocasin de un combate, antes que Salomn subiera al trono. Atravesando el torrente, encontraron un buen camino.

    Esta noche volv a ver el acompaamiento de los Reyes que haba aumentado a unas doscientas personas porque la generosidad de ellos haba hecho que muchos se agregaran al cortejo. Ahora se acercaban por el Oriente a una ciudad cerca de la cual pas Jess, sin entrar, el 31 de Julio del segundo ao de su predicacin. El nombre de esa ciudad me pareci Manatea, Metanea, Medana o Madin. Haba all judos y paganos; en general eran malos. A pesar de atravesarla una gran ruta, no quisieron entrar por ella los Reyes y pasaron frente al lado oriental para llegar a un lugar amurallado donde haba cobertizos y caballerizas. En este lugar levantaron sus carpas, dieron de beber y comer a sus animales y tomaron tambin ellos su alimento.

    Los Reyes se detuvieron all el jueves 20 y el viernes 21 y se pusieron muy pesarosos al comprobar que all tampoco nadie saba nada del Rey recin nacido. Les o relatar a los habitantes las causas porque haban venido, lo largo del viaje y varias circunstancias del camino. Recuerdo algo de lo que dijeron. El Rey recin nacido les haba sido anunciado mucho tiempo antes. Me parece que fue poco despus de Job, antes que Abrahn pasara a Egipto, pues unos trescientos hombres de la Media, del pas de Job (con otros de diferentes lugares) haban viajado hasta Egipto llegando hasta la regin de Helipolis. No recuerdo por qu haban ido tan lejos; pero era una expedicin militar y me parece que haban venido en auxilio de otros. Su expedicin era digna de reprobacin, porque entend que haban ido contra algo santo, no recuerdo si contra hombres buenos o contra algn misterio religioso relacionado con la realizacin de la Promesa divina.

    En los alrededores de Helipolis varios jefes tuvieron una revelacin con la aparicin de un ngel que no les permiti ir ms lejos. Este ngel les anunci que nacera un Salvador de una Virgen, que deba ser honrado por sus descendientes. Ya no s cmo sucedi todo esto; pero volvieron a su pas y comenzaron a observar los astros. Los he visto en Egipto organizando fiestas regocijantes, alzando all arcos de triunfo y altares, que adornaban con flores, y despus regresaron a sus tierras. Eran gentes de la Media,

  • que tenan el culto de los astros. Eran de alta estatura, casi gigantes, de una hermosa piel morena amarillenta. Iban como nmadas con sus rebaos y dominaban en todas partes por su fuerza superior. No recuerdo el nombre de un profeta principal que se encontraba entre ellos. Tenan conocimiento de muchas predicciones y observaban ciertas seales trasmitidas por los animales. Si stos se cruzaban en su camino y se dejaban matar, sin huir, era un signo para ellos y se apartaban de aquellos caminos.

    Los Medos, al volver de la tierra de Egipto, segn contaban los Reyes, haban sido los primeros en hablar de la profeca y desde entonces se haban puesto a observar los astros. Estas observaciones cayeron algn tiempo en desuso; pero fueron renovadas por un discpulo de Balaam y mil aos despus las tres profetisas, hijas de los antepasados de los tres Reyes, las volvieron a poner en prctica. Cincuenta aos ms tarde, es decir, en la poca a que haban llegado, apareci la estrella que ahora seguan para adorar al nuevo Rey recin nacido. Estas cosas relataban los Reyes a sus oyentes con mucha sencillez y sinceridad, entristecindose mucho al ver que aqullos no parecan querer prestar fe a lo que desde dos mil aos atrs haba sido el objeto de la esperanza y deseos de sus antepasados.

    A la cada de la tarde se oscureci un poco la estrella a causa de algunos vapores, pero por la noche se mostr muy brillante entre las nubes que corran, y pareca ms cerca de la tierra. Se levantaron entonces rpidamente, despertaron a los habitantes del pas y les mostraron el esplndido astro. Aquella gente mir con extraeza, asombro y alguna conmocin el cielo; pero muchos se irritaron aun contra los santos Reyes, y la mayora slo trat de sacar provecho de la generosidad con que trataban a todos. Les o tambin decir cosas referentes a su jornada hasta all. Contaban el camino por jornadas a pie, calculando en doce leguas cada jornada. Montando en sus dromedarios, que eran ms rpidos que los caballos, hacan treinta y seis leguas diarias, contando la noche y los descansos. De este modo, el Rey que viva ms lejos pudo hacer, en dos das, cinco veces las doce leguas que los separaban del sitio donde se haban reunido, y los que vivan ms cerca podan hacer en un da y una noche tres veces doce leguas. Desde el lugar donde se haban reunido hasta aqu haban completado 672 leguas de camino, y para hacerlo, calculando desde el nacimiento de Jesucristo, haban empleado ms o menos veinticinco das con sus noches, contando tambin los dos das de reposo.

    La noche del viernes 21, habiendo comenzado el sbado para los judos que habitaban all, los Reyes prepararon su partida. Los habitantes del lugar haban ido a la sinagoga de un lugar vecino pasando sobre un puente hacia el Oeste. He visto que estos judos miraban con gran asombro la estrella que guiaba a los Magos; pero no por eso se mostraron ms respetuosos. Aquellos hombres desvergonzados estuvieron muy importunos, apretndose como enjambres de avispas alrededor de los Reyes, demostrando ser viles y pedigeos, mientras los Reyes, llenos de paciencia, les daban sin cesar pequeas piezas amarillas, triangulares, muy delgadas, y granos de metal oscuro. Creo por eso que deban ser muy ricos estos Reyes. Acompaados por los habitantes del lugar dieron vueltas a los muros de la ciudad, donde vi algunos templos con dolos; ms tarde atravesaron el torrente sobre un puente, y costearon la aldea juda. Desde aqu tenan un camino de veinticuatro leguas para llegar a Jerusaln.

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    LIXLlegada de Santa Ana a Beln

    He visto a Santa Ana con Mara de Hel, una criada, un servidor y dos asnos pasando la noche a poca distancia de Betania, de camino para Beln. Jos haba completado los arreglos tanto en la gruta del Pesebre como en las grutas laterales, para recibir a los Reyes Magos, cuya llegada haba anunciado Mara, mientras se hallaban en Causur, y tambin para hospedar a los venidos de Nazaret. Jos y Mara se haban retirado a otra gruta con el Nio, de modo que la del Pesebre se encontraba libre, no quedando en ella ms que el asno. Si mal no recuerdo Jos haba pagado ya el segundo de los impuestos haca algn tiempo, y nuevas personas venidas de Beln para ver al Nio tuvieron la dicha de tomarlo en sus brazos. En cambio, cuando otras lo queran alzar, lloraba y volva la cabeza.

    He visto a la Virgen tranquila en su nueva habitacin discretamente arreglada: el lecho estaba contra la pared y el Nio Jess se encontraba a su lado, en una cesta larga, hecha de cortezas, acomodada sobre una horqueta. Un tabique hecho de zarzos separaba el lecho de Mara y la cuna del Nio del resto de la gruta. Durante el da, para no estar sola, se sentaba delante del tabique con el Nio a su lado. Jos descansaba en otra parte retirada de la gruta. Lo he visto llevando alimentos a Mara, servidos en una fuente, como tambin ofrecerle un cantarillo con agua. Esta noche comenzaba un da de ayuno: todos los alimentos deban estar preparados para el da siguiente; el fuego estaba cubierto y las aberturas veladas.

    Entretanto haba llegado Santa Ana con la hermana mayor de Mara y una criada. Estas personas deban pasar la noche en la gruta de Beln: por eso la Sagrada Familia se haba retirado a la gruta lateral. Hoy he visto a Mara que pona el Nio en los brazos de Santa Ana. Esta se hallaba profundamente conmovida. Haba trado consigo colchas, paales y varios alimentos, y dorma en el mismo sitio donde haba reposado Isabel. Mara le relat todo lo sucedido. Ana lloraba en compaa de Mara. El relato fue alegrado por las caricias del Nio Jess. Hoy vi a la Virgen volver a la gruta del Pesebre y al pequeo Jess acostado all de nuevo. Cuando Jos y Mara se encuentran solos cerca del Nio, los veo a menudo ponerse en adoracin ante l. Hoy vi a Ana cerca del Pesebre con Mara en una actitud reverente, contemplando al Nio Jess con sentimiento de gran fervor. No s si las personas venidas con Ana haban pasado la noche en la gruta lateral o haban ido a otro lugar; creo que estaban en otro sitio.

    Ana trajo diversos objetos para el Nio y la Madre. Mara ha recibido ya muchas cosas desde que se encuentra aqu; pero todo sigue pareciendo muy pobre porque Mara reparte lo que no es absolutamente necesario. Le dijo a Ana que los Reyes llegaran muy pronto y que su llegada causara gran impresin. Esta misma noche, despus de terminado el Sbado, vi que Ana con sus acompaantes se retir de la compaa de Mara, durante la estada de los Reyes, a casa de su hermana casada, para volver despus. Ya no recuerdo el nombre de la poblacin, de la tribu de Benjamn, que se

  • compone de algunas casas, en una llanura y se encuentra a media legua del ltimo lugar del alojamiento de la Santa Familia en su viaje a Beln.

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    LXLlegada de los Reyes Magos a Jerusaln

    La comitiva de los Reyes parti de noche de Metanea y tom un camino muy transitable, y aunque los viajeros no entraron ni atravesaron ninguna otra ciudad, pasaron a lo largo de las aldeas donde Jess ms tarde ense, cur a enfermos y bendijo a los nios al finalizar el mes de Junio del tercer ao de su predicacin. Betabara era uno de esos sitios adonde llegaron una maana temprano para pasar el Jordn. Como era sbado encontraron pocas persona en el camino. Esta maana vi la caravana de los Reyes que pasaba el Jordn a las siete. Comnmente se cruzaba el ro sirvindose de un aparato fabricado con vigas; pero para los grandes pasajes, con cargas pesadas, se haca por una especie de puente. Los boteros que vivan cerca del puente hacan este trabajo mediante una paga; pero como era sbado y no podan trabajar, tuvieron que ocuparse los mismos viajeros, cooperando algunos hombres paganos ayudantes de los boteros judos. La anchura del Jordn no era mucha en este lugar y adems estaba lleno de bancos de arena. Sobre las vigas, por donde se cruzaba de ordinario, fueron colocadas algunas planchas, haciendo pasar a los camellos por encima. Demor mucho antes que todos hubieron pasado a la orilla opuesta del ro.

    Dejando a Jeric a la derecha van en direccin de Beln; pero se desvan hacia la derecha para ir a Jerusaln. Hay como un centenar de hombres con ellos. Veo de lejos una ciudad conocida: es pequea y se halla cerca de un arroyuelo que corre de Oeste a Este a partir de Jerusaln, y me parece que han de pasar por esta ciudad. Por algn tiempo el arroyo corre a la izquierda de ellos y segn sube o baja el camino. Unas veces se ve a Jerusaln, otras veces no se la puede ver. Al fin se desviaron en direccin a Jerusaln y no pasaron por la pequea ciudad.

    El Sbado 22, despus de la terminacin de la fiesta, la caravana de los Reyes lleg a las puertas de Jerusaln. He visto la ciudad con sus altas torres levantadas hacia el cielo. La estrella que los haba guiado casi haba desaparecido y slo daba una dbil luz detrs de la ciudad. A medida que entraban en la Judea y se acercaban a Jerusaln, los Reyes iban perdiendo confianza, porque la estrella no tena ya el brillo de antes y an la vean con menos frecuencia en esta comarca. Haban pensado encontrar en todas partes festejos y regocijo por el Nacimiento del Salvador, a causa de quien haban venido desde tan lejos y no vean en todas partes ms que indiferencia y desdn. Esto les entristeca y les inquietaba, y pensaban haberse equivocado en su idea de encontrar al Salvador.

    La caravana poda ser ahora de unas doscientas personas y, ocupaba ms o menos el trayecto de un cuarto de legua. Ya desde Causur se les haba agregado cierto nmero de

  • personas distinguidas y otras se unieron a ellos ms tarde. Los tres Reyes iban sentados sobre tres dromedarios y otros tres de estos animales llevaban el equipaje. Cada Rey tena cuatro hombres de su tribu; la mayor parte de los acompaantes montaban sobre cabalgaduras muy rpidas, de airosas cabezas. No sabra decir si eran asnos o caballos de otra raza, pero se parecan mucho a nuestros caballos. Los animales que utilizaban las personas ms distinguidas tenan bellos arneses y riendas, adornados de cadenas y estrellas de oro. Algunos del squito de los Reyes se desprendieron del cortejo y entraron en la ciudad, regresando con soldados y guardianes.

    La llegada de una caravana tan numerosa en una poca en que no se celebraba fiesta alguna, y no siendo por razones de comercio, y llegando por el camino que llegaban, era algo muy extraordinario. A todas las preguntas que se les haca respondan hablando de la estrella que los haba guiado y del Nio recin Nacido. Nadie comprenda nada de este lenguaje, y los Reyes se turbaron mucho, pensando que tal vez se haban equivocado, puesto que no encontraban a uno siquiera que supiese algo relacionado con el Nio Salvador del mundo, Nacido all, en sus tierras. Todos miraban con sorpresa a los Reyes, sin comprender el por qu de su venida ni lo que buscaban.

    Cuando estos guardianes de la puerta vieron la generosidad con que trataban los Reyes a los mendigos que se acercaban, y cuando oyeron decir que deseaban alojamiento, que pagaran bien, y que entretanto deseaban hablar al rey Herodes, algunos entraron en la ciudad y se sucedi una serie de idas y venidas, de mensajeros y de explicaciones, mientras los Reyes se entretenan con toda la suerte de gentes que se les haba acercado. Algunos de estos hombres haban odo hablar de un Nio Nacido en Beln; pero no podan siquiera pensar que pudiera tener relacin con la venida de los Reyes, sabiendo que se trataba de padres pobres y sin importancia. Otros se burlaban de la credulidad de los Reyes.

    Conforme a los mensajes que traan los hombres de la ciudad, comprendieron que Herodes nada saba del Nio. Como tampoco haban contado con encontrarse con el rey Herodes, se afligieron mucho ms y se inquietaron sumamente, no sabiendo qu actitud tomar en presencia del rey ni qu iban a decirle. Con todo, a pesar de su tristeza, no perdieron el nimo y se pusieron a rezar. Volvi el nimo a su atribulado espritu y se dijeron unos a otros: "Aqul que nos ha trado hasta aqu con tanta celeridad, por medio de la luz de la estrella, se mismo podr guiarnos de nuevo hasta nuestras casas".

    Al fin regresaron los mensajeros, y la caravana fue conducida a lo largo de los muros de la ciudad, hacindola entrar por una puerta situada no lejos del Calvario. Los llevaron a un gran patio redondo rodeado de caballerizas, con alojamientos no lejos de la plaza del pescado, en cuya entrada encontraron algunos guardianes. Los animales fueron llevados a las caballerizas y los hombres se retiraron bajo cobertizos, junto a una fuente que haba en medio del gran patio. Este patio, por uno de sus costados tocaba con una altura; por los otros estaba abierto, con rboles delante. Llegaron despus unos empleados, quizs aduaneros, que de dos en dos inspeccionaron los equipajes de los viajeros con sus linternas.

    El palacio de Herodes estaba ms arriba, no lejos de este edificio, y pude ver el camino que llevaba hasta l iluminado con linternas y faroles colocados sobre perchas. Herodes envi a un mensajero encargado de conducirle en secreto a su palacio al rey Teokeno. Eran las diez de la noche. Teokeno fue recibido en una sala del piso bajo por un

  • cortesano de Herodes, que le interrog sobre el objeto de su viaje. Teokeno dijo con simplicidad todo lo que se le preguntaba y rog al hombre que preguntara al rey Herodes dnde haba nacido el Nio, Rey de los Judos, y dnde se hallaba, ya que haban visto su estrella y haban venido tras de ella. El cortesano llev su informe a Herodes, que se turb mucho al principio; pero disimulando su malcontento hizo responder que deseaba tener ms datos relativos sobre ese suceso y que entretanto instaba a los reyes a que descansasen, aadiendo que al da siguiente hablara con ellos y les dara a conocer todo lo que lograse saber sobre el asunto.

    Volvi Teokeno y no pudo dar a sus compaeros noticias consoladoras; por otra parte, no se les haba preparado nada para que pudiesen reposar y mandaron rehacer muchos fardos que haban sido abiertos. Durante aquella noche no pudieron descansar y algunos de ellos andaban de un lado a otro como buscando la estrella que los haba guiado. Dentro de la ciudad de Jerusalen haba gran quietud y silencio; pero en torno de los Reyes haba agitacin, y en el patio se tomaban y daban toda clase de informes. Los Reyes pensaban que Herodes lo saba todo perfectamente, pero que trataba de ocultarles la verdad.

    Se celebraba una gran fiesta esa noche en el palacio de Herodes al tiempo de la visita de Teokeno, porque vea las salas iluminadas. Iban y venan toda clase de hombres y mujeres ataviadas sin decencia alguna. Las preguntas de Teokeno sobre el rey recin Nacido turbaron el nimo de Herodes, el cual llam en seguida a su palacio a los prncipes, a los sacerdotes y a los escribas de la Ley. Los he visto acudir al palacio antes de la media noche con rollos escritos. Traan sus vestiduras sacerdotales, llevaban condecoraciones sobre el pecho y cinturones con letras bordadas. Haba unos veinte de estos personajes en torno de Herodes, que pregunt dnde deba ser el lugar del Nacimiento del Mesas. Los vi cmo abran sus rollos y mostraban con el dedo pasajes de la Escritura:

    "Debe nacer en Beln de Jud, porque as est escrito en el profeta Miqueas. Y t Beln, no eres la ms mnima entre los prncipes de Jud, pues de ti ha de nacer el jefe que gobernar mi pueblo en Israel".

    Despus vi a Herodes con algunos de ellos paseando por la terraza del palacio, buscando intilmente la estrella de la que haba hablado Teokeno. Se mostraba muy inquieto. Los sacerdotes y escribas le hicieron largos razonamientos diciendo que no deba hacer caso ni dar importancia a las palabras de los Reyes Magos, aadiendo que aquellas gentes son amigas de lo maravilloso y se imaginan siempre grandes fantasas con sus observaciones estelares. Decan que si algo hubiera habido en realidad se hubiera sabido en el Templo y en la ciudad santa, y que ellos no podran haberlo ignorado.

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  • LXILos Reyes Magos conducidos al palacio de Herodes

    En esta maana muy temprano Herodes hizo llevar al palacio, en secreto, a los Reyes. Fueron recibidos bajo una arcada y conducidos luego a una sala, donde he visto ramas verdes con flores en vasos y refrescos para beber. Despus de algn tiempo apareci Herodes. Los Magos se inclinaron ante l y pasaron a interrogarle sobre el Rey de los Judos recin Nacido. Herodes ocult su gran turbacin y se mostr contento de la noticia. Vi que estaban con l algunos de los escribas. Herodes pregunt algunos detalles sobre lo que haban visto, y el Rey Mensor describi la ltima aparicin que haban tenido antes de partir. Era, dijo, una Virgen y delante de Ella un Nio, de cuyo costado derecho haba brotado una rama luminosa; luego, sobre sta haba aparecido una torre con varias puertas. La torre se transform en una gran ciudad, sobre la cual se manifest el Nio con una corona, una espada y un cetro, como si fuese Rey. Despus de esto se vieron ellos mismos, como tambin todos los reyes del mundo, postrados delante de ese Nio en acto de adoracin; pues posea un imperio delante del cual todos los dems imperios deban someterse; y as en esta forma describi lo que haban visto.

    Herodes les habl de una profeca que hablaba de algo parecido sobre Beln de Efrata; les dijo que fueran secretamente all y cuando hubiesen encontrado al Nio volvieran a decirle el resultado, para que l tambin pudiera ir a adorarle. Los Reyes no tocaron los alimentos que se les haba preparado y volvieron a su alojamiento. Era muy temprano, casi al amanecer, pues he visto todava las linternas encendidas delante del palacio de Herodes. Herodes conferenci con ellos en secreto para que no se hiciera pblico el acontecimiento. Al aclarar del todo prepararon la partida. La gente que los haba acompaado hasta Jerusaln se hallaba ya dispersa por la ciudad desde la vspera.

    El nimo de Herodes estaba en aquellos das lleno de descontento e irritacin. Al tiempo del Nacimiento de Jesucristo se encontraba en su castillo, cerca de Jeric, y haba ordenado haca poco un cobarde asesinato. Haba colocado en puestos altos del Templo a gente que le referan todo lo que all se hablaba, para que denunciasen a los que se oponan a sus designios. Un hombre justo y honrado, alto empleado en el Templo, era el principal de los que consideraba l como sus adversarios. Herodes con fingimiento lo invit a que fuera a verlo a Jeric y lo hizo atacar y asesinar en el camino, achacando ese crimen a algunos asaltantes.

    Algunos das despus de esto fue a Jerusaln para tomar parte en la fiesta de la Dedicacin del Templo, que tena lugar el 25 del mes de Casleu y all se encontr enredado en un asunto muy desagradable. Queriendo congraciarse con los judos haba mandado hacer una estatua o figura de cordero o ms bien de cabrito, porque tena cuernos, para que fuera colocada en la puerta que llevaba del patio de las mujeres al de las inmolaciones. Hizo esto de su propia iniciativa, pensando que los judos se lo agradeceran; pero los sacerdotes se opusieron tenazmente a ello, aunque los amenaz con hacerles pagar una multa por su resistencia. Ellos replicaron que pagaran, pero que no toleraban esa imagen contraria a las prescripciones de la Ley. Herodes se irrit mucho y pretendi colocarla ocultamente; pero al llevarla, un israelita muy celoso tom la imagen y la arroj al suelo, quebrndola en dos pedazos. Se promovi un gran tumulto y Herodes hizo encarcelar al hombre. Todo esto lo haba irritado mucho y

  • estaba arrepentido de haber ido a la fiesta; sus cortesanos trataban de distraerlo y divertirlo. En este estado de nimo lo encontr la noticia del Nacimiento de Cristo.

    En Judea haca tiempo que hombres piadosos vivan, en la esperanza de que pronto haba de llegar el Mesas y los sucesos acontecidos en el Nacimiento del Nio se haban divulgado por medio de los pastores. Con todo, muchas personas importantes oan estas cosas como fbulas y vanas palabras y el mismo Herodes haba odo hablar y enviado secretamente algunos hombres a tomar informes de lo que se deca. Estos emisarios estuvieron, en efecto, tres das despus de haber nacido Jess y luego de haber conversado con Jos, declararon, como hombres orgullosos, que todo era cosa sin importancia: que en la gruta no haba ms que una pobre familia de la cual no vala la pena que nadie se ocupara. El orgullo que los dominaba les haba impedido interrogar seriamente a Jos desde un principio, tanto ms que llevaban orden de proceder en el mayor secreto, sin llamar la atencin.

    Cuando de pronto llegaron los Reyes Magos con su numeroso squito, Herodes se llen de nuevas inquietudes, ya que estos hombres venan de lejos y todo esto era ms que rumores sin importancia. Como hablaran los Reyes con tanta conviccin del Rey recin Nacido, fingi Herodes deseos de ir a ofrecerle sus homenajes, lo cual alegr mucho a los Reyes, creyndolo bien dispuesto. La ceguera del orgullo de los escribas no acab de tranquilizarlo y el inters de conservar en secreto este asunto fue causa de la conducta que observ. No hizo objeciones a lo que decan los Reyes, no hizo perseguir en seguida al Nio para no exponerse a las crticas de un pueblo difcil de gobernar y resolvi recabar por medio de ellos noticias ms exactas para tomar luego las medidas del caso.

    Como los Reyes, advertidos por Dios, no volvieron a dar noticias, hizo explicar que la huida de los Reyes era consecuencia de la ilusin mentirosa que haban sufrido y que no se haban atrevido a comparecer de nuevo, porque estaban avergonzados del engao en que haban cado y al que haban querido arrastrar a los dems. Mandaba decir: "Qu razones podan tener para salir clandestinamente despus de haber sido recibidos aqu en forma tan amistosa?..." De este modo Herodes trat de adormecer este asunto disponiendo que en Beln nadie se pusiese en relacin con esa Familia, de la que se haba hablado tanto, ni recoger los rumores e invenciones que se propalaban para extraviar los espritus.

    Habiendo vuelto quince das ms tarde la Sagrada Familia a Nazaret, se dej pronto de hablar de cosas de las cuales la multitud no haba tenido ms que conocimientos vagos, y las gentes piadosas, por otro lado, llenas de esperanza, guardaban un discreto silencio. Cuando pareci que todo quedaba olvidado, pens entonces Herodes en deshacerse del Nio y supo que la Familia haba dejado a Nazaret, llevndose al Nio. Lo hizo buscar durante bastante tiempo; pero habiendo perdido toda esperanza de encontrarlo, creci mayormente su inquietud y determin ejecutar la medida extrema de la matanza de los nios. Tom en esta ocasin todas sus medidas y envi tropas de antemano a los lugares donde poda temerse una sublevacin. Creo que la matanza se hizo en siete lugares diferentes.

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    LXII Viaje de los Reyes de Jerusaln a Beln

    Veo la caravana de los Reyes junto a una puerta situada al Medioda. Un grupo de hombres los acompaaba hasta un arroyo delante de la ciudad, y luego volvieron. No bien haban pasado el arroyo, se detuvieron buscando con los ojos la estrella en el firmamento. Habindola visto prorrumpieron en exclamaciones de alegra y continuaron su marcha cantando sus melodas. La estrella no los llevaba en lnea recta sino que se desviaba algo hacia el Oeste. Pasaron frente a una pequea ciudad, que conozco muy bien; se detuvieron detrs de ella, y oraron mirando hacia el Medioda, en un paraje ameno cerca de un casero. En este lugar, delante de ellos, surgi un manantial de agua, que los llen de contento. Bajando de sus cabalgaduras cavaron para esta fuente un piln, rodendolo de piedras, arena y csped. Durante varias horas se detuvieron all dando de beber y alimentando a sus bestias. Tambin tomaron su alimento, ya que en Jerusaln no haban podido descansar ni comer debido a las preocupaciones de la llegada. He visto ms tarde que Jesucristo se detuvo varias veces junto a esta fuente en compaa de sus discpulos.

    La estrella, que brillaba en la noche como un globo de fuego, se pareca ahora ms bien a la luna cuando se la ve de da; no era perfectamente redonda, sino que pareca recortada y a menudo estaba oculta entre las nubes. En el camino de Beln a Jerusaln haba mucho movimiento de caminantes con equipajes y animales de carga. Eran personas que volvan quizs de Beln despus de pagar los impuestos, o que iban a Jerusaln al mercado o para visitar el Templo. Esto suceda en el camino principal; pero el sendero de los Reyes estaba solitario, y Dios los guiaba por all sin duda para que pudieran llegar de noche a Beln y no llamar demasiado la atencin.

    Se pusieron en camino cuando el sol estaba muy bajo; marchaban en el orden con que haban venido. Mensor, el ms joven, iba delante; luego Sair, el cetrino, y por ltimo, Teokeno, el blanco, por ser de ms edad. Hoy, a la hora del crepsculo, he visto a la caravana de los Reyes llegando a Beln, cerca de aquel edificio donde Jos y Mara se haban hecho inscribir y que haba sido la casa solariega de la familia de David. Quedan slo algunos restos de los muros del edificio que haba pertenecido a los padres de Jos. Era una casa grande rodeada de otras menores, con un patio cerrado, delante del cual haba una plaza con rboles y una fuente. Vi soldados romanos en esta plaza, porque la casa se haba convertido en una oficina de impuestos.

    Al llegar la caravana cierto nmero de curiosos se agolp en torno de los viajeros. La estrella haba desaparecido de nuevo y esto inquietaba a los Reyes. Se acercaron algunos hombres dirigindoles preguntas. Ellos bajaron de sus cabalgaduras y desde la casa he visto que acudan empleados a su encuentro, llevando palmas en las manos y ofrecindoles refrescos: era la costumbre de recibir a los extranjeros distinguidos. Yo pensaba para m: "Son mucho ms amables de lo que lo fueron con el pobre Jos; slo porque stos distribuan monedas de oro". Les dijeron que el valle de los pastores era apropiado para levantar las carpas, y ellos quedaron algn tiempo indecisos. No les he odo preguntar nada del Rey y Nio recin Nacido. An sabiendo que Beln era el lugar

  • designado por las profecas, ellos, recordando lo que Herodes les haba encargado, teman llamar la atencin con sus preguntas.

    Poco despus vieron brillar en el cielo un meteoro, sobre Beln: era semejante a la luna cuando aparece. Montaron en sus cabalgaduras, y costeando un foso y unos muros en ruina dieron la vuelta a Beln por el Medioda y se dirigieron al Oriente, en direccin a la gruta del Pesebre, que abordaron por el costado de la llanura, donde los ngeles se haban aparecido a los pastores.

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    LXIII La adoracin de los Reyes Magos

    Se apearon al llegar cerca de la gruta de la tumba de Maraa, en el valle, detrs de la gruta del Pesebre. Los criados desliaron muchos paquetes, levantaron una gran carpa e hicieron otros arreglos con la ayuda de algunos pastores que les sealaron los lugares ms apropiados. Se encontraba ya en parte arreglado el campamento cuando los Reyes vieron la estrella aparecer brillante y muy clara sobre la colina del Pesebre, dirigiendo hacia la gruta sus rayos en lnea recta. La estrella estaba muy crecida y derramaba mucha luz; por eso la miraban con grande asombro. No se vea casa alguna por la densa oscuridad, y la colina apareca en forma de una muralla. De pronto vieron dentro de la luz la forma de un Nio resplandeciente y sintieron extraordinaria alegra. Todos procuraron manifestar su respeto y veneracin.

    Los tres Reyes se dirigieron a la colina, hasta la puerta de la gruta. Mensor la abri, y vio su interior lleno de luz celestial, y a la Virgen, en el fondo, sentada, teniendo al Nio tal como l y sus compaeros la haban contemplado en sus visiones. Volvi para contar a sus compaeros lo que haba visto. En esto Jos sali de la gruta acompaado de un pastor anciano y fue a su encuentro. Los tres Reyes le dijeron con simplicidad que haban venido para adorar al Rey de los Judos recin Nacido, cuya estrella haban observado, y queran ofrecerle sus presentes. Jos los recibi con mucho afecto. El pastor anciano los acompa hasta donde estaban los dems y les ayud en los preparativos, juntamente con otros pastores all presentes.

    Los Reyes se dispusieron para una ceremonia solemne. Les vi revestirse de mantos muy amplios y blancos, con una cola que tocaba el suelo. Brillaban con reflejos, como si fueran de seda natural; eran muy hermosos y flotaban en torno de sus personas. Eran las vestiduras para las ceremonias religiosas. En la cintura llevaban bolsas y cajas de oro colgadas de cadenillas, y cubranlo todo con sus grandes mantos. Cada uno de los Reyes iba seguido por cuatro personas de su familia, adems, de algunos criados de Mensor que llevaban una pequea mesa, una carpeta con flecos y otros objetos.

  • Los Reyes siguieron a Jos, y al llegar bajo el alero, delante de la gruta, cubrieron la mesa con la carpeta y cada uno de ellos pona sobre ella las cajitas de oro y los recipientes que desprendan de su cintura. As ofrecieron los presentes comunes a los tres. Mensor y los dems se quitaron las sandalias y Jos abri la puerta de la gruta. Dos jvenes del squito de Mensor, que le precedan, tendieron una alfombra sobre el piso de la gruta, retirndose despus hacia atrs, siguindoles otros dos con la mesita donde estaban colocados los presentes. Cuando estuvo delante de la Santsima Virgen, el rey Mensor deposit estos presentes a sus pies, con todo respeto, poniendo una rodilla en tierra. Detrs de Mensor estaban los cuatro de su familia, que se inclinaban con toda humildad y respeto.

    Mientras tanto Sair y Teokeno aguardaban atrs, cerca de la entrada de la gruta. Se adelantaron a su vez llenos de alegra y de emocin, envueltos en la gran luz que llenaba la gruta, a pesar de no haber all otra luz que el que es Luz del mundo. Mara se hallaba como recostada sobre la alfombra, apoyada sobre un brazo, a la izquierda del Nio Jess, el cual estaba acostado dentro de la gamella, cubierta con un lienzo y colocada sobre una tarima en el sitio donde haba nacido.

    Cuando entraron los Reyes la Virgen se puso el velo, tom al Nio en sus brazos, cubrindolo con un velo amplio. El rey Mensor se arrodill y ofreciendo los dones pronunci tiernas palabras, cruz las manos sobre el pecho, y con la cabeza descubierta e inclinada, rindi homenaje al Nio. Entre tanto Mara haba descubierto un poco la parte superior del Nio, quien miraba con semblante amable desde el centro del velo que lo envolva. Mara sostena su cabecita con un brazo y lo rodeaba con el otro. El Nio tena sus manecitas juntas sobre el pecho y las tenda graciosamente a su alrededor. Oh, qu felices se sentan aquellos hombres venidos del Oriente para adorar al Nio Rey!

    Viendo esto deca entre m: "Sus corazones son puros y sin mancha; estn llenos de ternura y de inocencia como los corazones de los nios inocentes y piadosos. No se ve en ellos nada de violento, a pesar de estar llenos del fuego del amor". Yo pensaba: "Estoy muerta; no soy ms que un espritu: de otro modo no podra ver estas cosas que ya no existen, y que, sin embargo, existen en este momento. Pero esto no existe en el tiempo, porque en Dios no hay tiempo: en Dios todo es presente. Yo debo estar muerta; no debo ser ms que un espritu". Mientras pensaba estas cosas, o una voz que me dijo: "Qu puede importarte todo esto que piensas?... Contempla y alaba a Dios, que es Eterno, y en Quien todo es eterno".

    Vi que el rey Mensor sacaba de una bolsa, colgada de la cintura, un puado de barritas compactas del tamao de un dedo, pesadas, afiladas en la extremidad, que brillaban como oro. Era su obsequio. Lo coloc humildemente sobre las rodillas de Mara, al lado del Nio Jess. Mara tom el regalo con un agradecimiento lleno de sencillez y de gracia, y lo cubri con el extremo de su manto. Mensor ofreca las pequeas barras de oro virgen, porque era sincero y caritativo, buscando la verdad con ardor constante e inquebrantable.

    Despus se retir, retrocediendo, con sus cuatro acompaantes; mientras Sair, el rey cetrino, se adelantaba con los suyos y se arrodillaba con profunda humildad, ofreciendo su presente con expresiones muy conmovedoras. Era un recipiente de incienso, lleno de pequeos granos resinosos, de color verde, que puso sobre la mesa, delante del Nio

  • Jess. Sair ofreci incienso porque era un hombre que se conformaba respetuosamente con la Voluntad de Dios, de todo corazn y segua esta voluntad con amor. Se qued largo rato arrodillado, con gran fervor.

    Se retir y se adelant Teokeno, el mayor de los tres, ya de mucha edad. Sus miembros algo endurecidos no le permitan arrodillarse: permaneci de pie, profundamente inclinado, y puso sobre la mesa un vaso de oro que tena una hermosa planta verde. Era un arbusto precioso, de tallo recto, con pequeas ramitas crespas coronadas de hermosas flores blancas: la planta de la mirra. Ofreci la mirra por ser el smbolo de la mortificacin y de la victoria sobre las pasiones, pues este excelente hombre haba sostenido lucha constante contra la idolatra, la poligamia y las costumbres estragadas de sus compatriotas. Lleno de emocin estuvo largo tiempo con sus cuatro acompaantes ante el Nio Jess.

    Yo tena lstima por los dems que estaban fuera de la gruta esperando turno para ver al Nio. Las frases que decan los Reyes y sus acompaantes estaban llenas de simplicidad y fervor. En el momento de hincarse y ofrecer sus dones decan ms o menos lo siguiente: "Hemos visto su estrella; sabemos que l es el Rey de los Reyes; venimos a adorarle, a ofrecerle nuestros homenajes y nuestros regalos". Estaban como fuera de s, y en sus simples e inocentes plegarias encomendaban al Nio Jess sus propias personas, sus familias, el pas, los bienes y todo lo que tena para ellos algn valor sobre la tierra. Le ofrecan sus corazones, sus almas, sus pensamientos y todas sus acciones. Pedan inteligencia clara, virtud, felicidad, paz y amor. Se mostraban llenos de amor y derramaban lgrimas de alegra, que caan sobre sus mejillas y sus barbas. Se sentan plenamente felices. Haban llegado hasta aquella estrella, hacia la cual desde miles de aos sus antepasados haban dirigido sus miradas y sus ansias, con un deseo tan constante. Haba en ellos toda la alegra de la Promesa realizada despus de tan largos siglos de espera.

    Mara acept los presentes con actitud de humilde accin de gracias. Al principio no deca nada: slo expresaba su reconocimiento con un simple movimiento de cabeza, bajo el velo. El cuerpecito del Nio brillaba bajo los pliegues del manto de Mara. Despus la Virgen dijo palabras humildes y llenas de gracia a cada uno de los Reyes, y ech su velo un tanto hacia atrs.

    Aqu recib una leccin muy til. Yo pensaba: "Con qu dulce y amable gratitud recibe Mara cada regalo! Ella, que no tiene necesidad de nada, que tiene a Jess, recibe los dones con humildad. Yo tambin recibir con gratitud todos los regalos que me hagan en lo futuro". Cunta bondad hay en Mara y en Jos! No guardaban casi nada para ellos, todo lo distribuan entre los pobres.

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    LXIVLa adoracin de los servidores de los Reyes

  • Terminada la adoracin del Nio, los Reyes se volvieron a sus carpas con sus acompaantes. Los criados y servidores se dispusieron a entrar en la gruta. Haban descargado los animales, levantado las tiendas, ordenado todo; esperaban ahora pacientemente delante de la puerta con mucha humildad. Eran ms de treinta; haba algunos nios que llevaban apenas unos paos en la cintura y un manto. Los servidores entraban de cinco en cinco en compaa de un personaje principal, al cual servan; se arrodillaban delante del Nio y lo adoraban en silencio. Al final entraron todos los nios, que adoraron al Nio Jess con su alegra inocente.

    Los criados no permanecieron mucho tiempo en la gruta, porque los Reyes volvieron a hacer otra entrada ms solemne. Se haban revestido con mantos largos y flotantes, llevando en las manos incensarios. Con gran respeto incensaron al Nio, a la Madre, a Jos y a toda la gruta del Pesebre. Despus de haberse inclinado profundamente, se retiraron. Esta era la forma de adoracin que tena la gente de ese pas.

    Durante todo este tiempo Mara y Jos se hallaban llenos de dulce alegra. Nunca los haba visto as: derramaban a menudo lgrimas de contento, pues los consolaba inmensamente al ver los honores que rendan los Reyes al Nio Jess, a quien ellos tenan tan pobremente alojado, y cuya suprema dignidad conocan en sus corazones. Se alegraban de que la Divina Providencia, no obstante la ceguera de los hombres, haba dispuesto y preparado para el Nio de la Promesa lo que ellos no podan darle, enviando desde lejanas tierras a los que le rendan la adoracin debida a su dignidad, cumplida por los poderosos de la tierra con tan santa munificencia. Adoraban al Nio Jess juntamente con los santos Reyes y se alegraban de los homenajes ofrecidos al Nio Dios.

    Las tiendas de los visitantes estaban levantadas en el valle, situado detrs de la gruta del Pesebre hasta la gruta de Maraha. Los animales estaban atados a estacas enfiladas, separados por medio de cuerdas. Cerca de la carpa ms grande, al lado de la colina del Pesebre, haba un espacio cubierto con esteras. All haban dejado algo de los equipajes, porque la mayor parte fue guardada en la gruta de la tumba de Maraa. Las estrellas lucan cuando terminaron todos de pasar a la gruta de la adoracin. Los Reyes se reunieron en crculo junto al terebinto que se alzaba sobre la tumba de Maraa, y all, en presencia de las estrellas, entonaron algunos de sus cantos solemnes. Es imposible decir la impresin que causaban estos cantos tan hermosos en el silencio del valle, aquella noche! Durante tantos siglos los antepasados de estos Reyes haban mirado las estrellas, rezado, cantado, y ahora las ansias de tantos corazones haba tenido su cumplimiento. Cantaban llenos de exaltacin y de santa alegra.

    Mientras tanto Jos, con la ayuda de dos ancianos pastores, haba preparado una frugal comida en la tienda de los Reyes. Trajeron pan, fruta, panales de miel, algunas hierbas y vasos de blsamo; pusieron todo sobre una mesita baja cubierta con un mantel. Jos habase procurado todas estas cosas desde la maana, para recibir a los Reyes, cuya venida ya esperaba, porque la haba anunciado de antemano la Virgen Santsima. Cuando los Reyes volvieron a su carpa, vi que Jos los reciba muy cordialmente y les rogaba que, siendo ellos los huspedes, se dignaran aceptar la sencilla comida que les ofreca. Se coloc junto a ellos y dieron principio a la comida.

  • Jos no mostraba timidez alguna; pero estaba tan contento que derramaba lgrimas de pura alegra. Cuando vi esto pens en mi difunto padre, que era un pobre campesino, el cual con ocasin de mi toma de hbito se vio en la ocasin de sentarse a la mesa con muchas personas distinguidas. En su sencillez y humildad haba sentido al principio mucho temor; luego se puso tan contento que llor de alegra: sin pretenderlo, ocup el primer lugar en la fiesta.

    Despus de aquella pequea comida Jos se retir. Algunas personas ms importantes se fueron a una posada de Beln, y los dems se echaron sobre sus lechos tendidos formando crculo bajo la tienda grande, y all descansaron de sus fatigas. Jos, vuelto a la gruta, puso todos los regalos a la derecha del Pesebre, en un rincn, donde haba levantado un tabique que ocultaba lo que haba detrs.

    La criada de Ana que habase quedado despus de la partida de su ama, se mantuvo oculta en la gruta lateral durante todo el tiempo de la ceremonia, y no volvi a aparecer hasta que no se hubieron marchado todos. Era una mujer inteligente, de espritu muy reposado. No he visto ni a la Santa Familia ni a esta mujer mirar con satisfaccin mundana los regalos de los Reyes: todo fue aceptado con reconocimiento humilde y, casi enseguida, repartido caritativamente entre los necesitados.

    Esta noche hubo bastante agitacin con motivo de la llegada de la caravana a la casa donde se pagaba el impuesto. Hubo ms tarde muchas idas y venidas a la ciudad, porque los pastores, que haban seguido el cortejo, regresaban a sus lugares. Tambin he visto que mientras los Reyes, llenos de jbilo, adoraban al Nio y ofrecan sus presentes en la gruta del Pesebre, algunos judos rondaban por los alrededores, espiando desde cierta distancia, murmurando y conferenciando en voz baja. Ms tarde volv a verlos yendo y viniendo en Beln y dando informes. He llorado por estos desgraciados. Sufro viendo la maldad de estas personas que entonces como tambin ahora se ponen a observar y a murmurar, cuando Dios se acerca a los hombres, y luego propalan mentiras, fruto de malicia y perversidad. Oh, cmo me parecan aquellos hombres dignos de compasin! Tenan la salvacin entre ellos y la rechazaban, en tanto que estos Reyes, guiados por su fe sincera en la Promesa, haban venido desde tan lejos para buscar la Salvacin.

    En Jerusaln he visto hoy a Herodes en compaa de algunos escribas, leyendo rollos y hablando de lo que haban contado los Reyes. Despus, todo entr de nuevo en calma como si hubiese inters en hacer silencio en torno de este asunto.

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    LXVNueva visita de los Reyes Magos

    Hoy de maana, he visto a los Reyes Magos y a otras personas de su squito que visitaban sucesivamente a la Sagrada Familia. Los vi tambin durante el da junto a sus

  • campamentos y bestias de carga, ocupados en diversas distribuciones. Como estaban llenos de alegra y se sentan felices, repartan muchos regalos. He entendido que era costumbre entonces hacerlos en ocasin de acontecimientos felices. Los pastores que haban ayudado a los Reyes recibieron valiosos regalos, como tambin muchos pobres. Vi que ponan chales y paos sobre los hombros de algunas viejecitas que haban llegado hasta el lugar. Algunas personas del squito de los Reyes deseaban quedarse en el valle de los pastores para vivir con ellos. Hicieron conocer su deseo a los Reyes, los cuales no slo les dieron permiso sino que los colmaron de regalos, proveyndoles de colchas, vestidos, oro en grano y dejndoles los asnos en que haban venido montados.

    Cuando vi que los Reyes distribuan tantos trozos de pan, yo me preguntaba de dnde podan haberlo sacado, y record que los haba visto, en los lugares donde hacan campamento, preparar, con la provisin de harina que traan, panecillos chatos como galletas, en moldes y amontonarlos dentro de cajas de cuero muy livianas, que cargaban sobre sus bestias. Han llegado muchas personas de Beln que, bajo diversos pretextos, rodeaban a los Reyes para obtener obsequios.

    Por la noche volvieron los Reyes para despedirse. Apareci primero Mensor. Mara le puso al Nio en los brazos, que el rey recibi llorando de alegra. Luego acercronse los otros dos Reyes, derramando lgrimas. Trajeron muchos regalos a la Sagrada Familia: piezas de telas diversas, entre las cuales algunas parecan de seda sin teir y otras de color rojo o con diversas flores. Dejaron muy hermosas colchas. Dejaron sus grandes y amplios mantos de color amarillo plido, tan livianos que al menor viento eran agitados: parecan hechos de lana extremadamente fina. Traan varias copas, unas dentro de otras; cajas llenas de granos y en un canasto, tiestos donde haba hermosos ramos de una planta verde, con hermosas flores blancas: eran plantas de mirra. Los tiestos estaban colocados unos encima de otros dentro del canasto. Dejaron a Jos unos jaulones llenos de pjaros, que haban trado en cantidad sobre sus dromedarios, para su alimento durante el viaje.

    Al momento de despedirse de Mara y del Nio, derramaron abundantes lgrimas. Mara estaba de pie junto a ellos en el momento de la despedida. Llevaba en brazos al Nio envuelto en su velo y dio algunos pasos para acompaar a los Reyes hasta la puerta de la gruta. Se detuvo en silencio y para dejar un recuerdo a aquellos hombres tan buenos quitse el gran velo que tena sobre la cabeza, que era de tejido amarillo y con el cual envolva a Jess y lo puso en manos de Mensor. Los Reyes recibieron el regalo inclinndose profundamente. Una alegra llena de respeto los embarg cuando vieron a Mara sin velo, teniendo al Nio en brazos. Cun dulces lgrimas derramaron al dejar la gruta! El velo fue para ellos desde entonces la reliquia ms preciada que poseyeran.

    La Santsima Virgen reciba los dones, pero no pareca darles importancia alguna, aunque en su humildad encantadora mostraba un profundo agradecimiento a la persona que haca el regalo. En todos estos homenajes no he visto en Mara ningn acto o sentimiento de complacencia para consigo misma. Slo por amor al Nio Jess y por compasin a San Jos se dej llevar de la natural esperanza de que en adelante el Nio Jess y Jos encontraran en Beln ms simpata que antes y que ya no seran tratados con tanto desprecio como lo fueron a su llegada. La tristeza y la inquietud de Jos la haba afligido en extremo.

  • Cuando volvieron los Reyes a despedirse ya estaba la lmpara encendida en la gruta. Todo estaba oscuro afuera. Los Reyes se fueron en seguida con sus acompaantes y se reunieron debajo del terebinto, sobre la tumba de Maraa, para celebrar all, como en la vspera, algunas ceremonias de su culto. Debajo del rbol haban encendido una lmpara y al aparecer las estrellas comenzaron a rezar sus preces y a entonar melodiosos cantos, produciendo un efecto muy agradable en ese coro las voces de los nios. Despus se dirigieron a la carpa donde Jos haba preparado una modesta comida. Concluida sta, algunos se volvieron a la posada de Beln y otros descansaron bajo sus carpas.

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    LXVIEl ngel avisa a los Reyes los designios de Herodes

    A medianoche tuve una visin. Vi a los Reyes descansando bajo su carpa sobre colchas tendidas en el suelo y junto a ellos vi a un joven resplandeciente: un ngel los despertaba dicindoles que deban partir de inmediato, sin pasar por Jerusaln, sino a travs del desierto, costeando las orillas del Mar Muerto. Los Reyes se levantaron de sus lechos y todo el squito estuvo de pie en poco tiempo. Uno de ellos fue al Pesebre a despertar a Jos, quien corri a Beln para avisar a los que all se hospedaban; pero los encontr por el camino, porque haban tenido la misma aparicin. Plegaron la carpa, cargaron los animales con el equipaje y todo fue enfardado y preparado con asombrosa rapidez.

    Mientras los Reyes se despedan en forma sumamente conmovedora de San Jos, delante de la gruta del Pesebre, una parte del squito ya parta en grupos separados para tomar la delantera en direccin al Medioda, para costear el Mar Muerto a travs del desierto de Engaddi. Mucho instaron los Reyes a la Sagrada Familia de que partiesen con ellos, diciendo que un gran peligro los amenazaba y rogaron a Mara que por lo menos se ocultase con el pequeo Jess para que no sufriesen molestias por causa de ellos mismos. Lloraban como nios: abrazando a Jos decan palabras muy conmovedoras.

    Montando sobre sus cabalgaduras, ligeramente cargadas, se alejaron por el desierto, he visto al ngel a su lado indicndoles el camino y pronto desaparecieron de la vista. Siguieron separados, unos de otros, como un cuarto de legua; luego en direccin al Oriente, por espacio de una legua y finalmente torcieron hacia el Medioda. He visto que pasaron por una regin que Jess atraves ms tarde al volver de Egipto en el tercer ao de su predicacin.

    El aviso del ngel a los Reyes haba llegado a tiempo, pues las autoridades de Beln abrigaban la determinacin de prenderlos hoy mismo, con el pretexto de que perturbaban el orden pblico, de encerrarlos en las profundas mazmorras que existan debajo de la sinagoga y acusarlos despus ante el rey Herodes. No s si obraban as por

  • una orden secreta de Herodes o si lo hacan por exceso de celo ellos mismos. Cuando se conoci esta maana la huida de los Reyes, en el valle tranquilo y solitario donde haban acampado, los viajeros se encontraban ya cerca del desierto de Engaddi. En el valle no quedaban ms que los rastros de las pisadas de los animales y algunas estacas que haban servido para levantar las tiendas.

    La aparicin de los Reyes haba causado gran impresin en Beln y muchos se arrepentan de no haber hospedado a Jos. Otros hablaban de los Reyes como de aventureros que se dejaban llevar por imaginaciones extraas. Haba quienes crean, en cambio, encontrarles alguna relacin con los relatos de los pastores acerca de la aparicin de los ngeles. Todas estas cosas determinaron a las autoridades de Beln, quizs por instigacin de Herodes, a tomar medidas. He visto reunidos a todos los habitantes de la ciudad por una convocatoria en el centro de una plaza de la ciudad, donde haba un pozo rodeado de rboles delante de una casa grande, a la cual se suba por escalones. Precisamente desde esos escalones fue leda una especie de proclama, donde se declamaba contra las cosas supersticiosas y se prohiba ir a la morada de la gente que propalaba semejantes rumores.

    Cuando la muchedumbre se hubo retirado, vi a Jos acudir a esa casa, donde haba sido llamado y vi que fue interrogado por unos ancianos judos. Lo he visto volver al Pesebre y retornar ante el tribunal de ancianos. La segunda vez llevaba un poco del oro que le haban dado los Reyes y lo entreg a esos hombres, que luego lo dejaron en paz. Por eso me pareci que todo este interrogatorio no tuvo otro objeto que el de arrancarle un puado de oro. Las autoridades haban hecho poner un tronco de rbol atravesado para obstruir el camino que llevaba a los alrededores del Pesebre. Este camino no sala de la ciudad sino que comenzaba en la plaza donde la Virgen se haba detenido bajo el rbol grande, salvando una muralla. Dejaron un centinela en una choza junto al rbol y pusieron unos hilos sobre el camino, que hacan tocar una campanilla que estaba en la cabaa de aqul, que les permitira detener a quien intentase pasar.

    Por la tarde vi un grupo de diecisis soldados de Herodes hablando con Jos. Haban sido enviados all por causa de los tres Reyes como si fuesen perturbadores de la tranquilidad pblica. No hallaron ms que silencio y paz en todas partes y en la gruta no vieron ms que una pobre familia. Como por otra parte tenan orden de no hacer nada que llamara la atencin, regresaron como haban venido, informando de lo que haban podido ver. Jos haba llevado ya los regalos de los Reyes y dems cosas que haban dejado antes de su partida, guardndolos en la gruta de Maraa y en otras cavernas escondidas en la colina del Pesebre. Las cuevas existan desde los tiempos del patriarca Jacob. En aquella poca en que slo haba all algunas cabaas en la que es hoy plaza de Beln, Jacob haba levantado su tienda sobre la colina del Pesebre.

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  • LXVII Visita de ZacarasLa Sagrada Familia se traslada a la tumba de Mahara

    Esta noche he visto a Zacaras de Hebrn que iba por primera vez: a visitar a la Sagrada Familia. Mara estaba en la gruta y Zacaras, llorando lgrimas de alegra, tom en sus brazos al Nio y repiti, cambiando algunas frases, el cntico de alabanza que haba dicho en el momento de la circuncisin de Juan Bautista. Ms tarde Zacaras volvi a su casa y Ana acudi al lado de la Santa Familia con su hija mayor. Mara de Hel era ms alta que su madre y pareca de ms edad que ella. Reina gran alegra entre los parientes de la Sagrada Familia y Ana se siente muy feliz. Mara pone con frecuencia al Nio en sus brazos y lo deja a su cuidado. Con ninguna otra persona he visto que hiciera esto.

    Una cosa me conmovi mucho: los cabellos del Nio Jess, rubios y formando bucles, tenan en su extremidad hermosos rayos de luz. Creo que le rizan el cabello, pues veo que le frotan la cabecita al lavarlo, ponindole un pequeo abrigo sobre el cuerpo. Veo en la Sagrada Familia una piadosa y tierna veneracin en el trato con el Nio; pero todo lo hacen sencilla y naturalmente, como pasa entre los santos y elegidos de Dios. El Nio muestra un cario y una ternura tal con su madre como nunca he visto en otros nios de corta edad.

    Mara contaba a su madre Ana todo lo sucedido con la visita de los Reyes, alegrndose mucho Ana de ver cmo haban sido llamados desde tan lejos esos hombres para conocer al Nio de la Promesa. Observ los regalos de los Reyes, ocultos en una excavacin abierta en la pared y ayud en la distribucin de una gran parte de ellos y a poner en orden los dems.

    Todo estaba tranquilo en los alrededores de Beln, porque los caminos que llevaban a la gruta y que no pasaban por la puerta de la ciudad estaban obstruidos por las autoridades y Jos no iba ya a Beln a hacer sus compras porque los pastores le traan cuanto necesitaba.

    La parienta a cuya casa iba Ana y que estaba en la tribu de Benjamn, se llamaba Mar, hija de Rhod, hermana de Santa Isabel. Era pobre y tuvo varios hijos, que luego fueron discpulos de Jess. Uno de ellos fue Natanael, el novio de las bodas de Cana. Esta Mar se hall presente en feso en los momentos de la muerte de Mara. Ana est en este momento sola con Mara en la gruta lateral. Estn trabajando juntas tejiendo una colcha ordinaria. La gruta del Pesebre estaba completamente vaca. El asno de Jos estaba oculto detrs de unas zarzas.

    Hoy volvieron algunos agentes de Herodes y pidieron en Beln noticias acerca de un Nio recin Nacido. Llenaron especialmente de preguntas a una mujer juda que poco tiempo antes haba dado a luz a un nio. No fueron a la gruta porque antes no haban encontrado all nada ms que a una pobre familia: estuvieron lejos de pensar que podra tratarse del Nio de esa familia. Dos hombres de edad, de los pastores que haban adorado al Nio Jess, relataron a Jos la historia de esas investigaciones. La Sagrada Familia y Ana se refugiaron en la gruta de la tumba de Maraha. En la gruta del Pesebre no quedaba nada que pudiera dar a entender que hubiera estado habitada: pareca un

  • lugar abandonado. Los vi durante la noche caminando por el valle con una luz velada: Ana llevaba el Nio y Mara y Jos caminaban a su lado. Los pastores los guiaban llevando las colchas y todo lo que necesitaban las mujeres y el Nio.

    Tuve una visin, que no s si la tuvo tambin la Sagrada Familia. Vi una gloria formada por siete rostros de ngeles colocados uno sobre otro alrededor del Nio Jess. Aparecieron otras caras y otras formas luminosas, junto a Ana y a Jos, que parecan llevarlos por el brazo. Al entrar en el vestbulo cerraron la puerta y al llegar a la gruta de la tumba hicieron los preparativos para el descanso.

    He visto a dos pastores que avisaban a Mara de la llegada de gente enviada por las autoridades para tomar informes sobre su Nio. Mara sinti gran inquietud. De pronto vi a Jos que entraba, tomaba al Nio en brazos y lo envolva en un manto para llevarlo. No recuerdo ya dnde fue con l. Entonces vi a Mara, sola, durante todo un medio da, en la gruta, llena de inquietud materna, sin el Nio en su presencia. Cuando lleg la hora en que la llamaron para dar el pecho al Nio, hizo lo que hacen las madres cuidadosas que han sufrido alguna agitacin violenta o tenido una conmocin de terror. Antes de amamantar al Nio, exprimi de su seno la leche que se habra podido alterar, en una pequea cavidad de la piedra blanca de la gruta.

    Mara habl de esta preocupacin con uno de los pastores, hombre piadoso y grave que haba ido a buscarla para llevarla junto al Nio. Este hombre, profundamente convencido de la santidad de la Madre del Redentor, sac cuidadosamente aquella leche de la cavidad de la piedra y lleno de fe sencilla y simple, la llev a su mujer, que tena un nio de pecho al que no poda calmar ni acallar. Aquella buena mujer tom ese alimento con confianza y respeto y su fe se vio recompensada, pues se encontr desde entonces con leche buena y abundante para su hijo.

    Despus de esto, la piedra blanca de la gruta recibi una virtud semejante: he visto que an hoy en da tambin infieles y mahometanos usan de ella como un remedio en ste y otros casos anlogos. Desde entonces aquella tierra mezclada con agua y comprimida en pequeos moldes es distribuida a toda la cristiandad como objeto de devocin y a esta especie de reliquias llaman "Leche de la Virgen Santsima".

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    LXVIII Preparativos para la partida de la Sagrada Familia

    En estos ltimos das y hoy mismo he visto a Jos haciendo preparativos para la prxima partida de la Sagrada Familia. Cada da iba disminuyendo los muebles y utensilios. A los pastores les daba los tabiques movibles, los zarzos y otros objetos con los cuales haba hecho ms habitable la gruta. Por la tarde, muchas personas que iban a Beln para la fiesta del sbado, pasaban por la gruta del Pesebre, pero la hallaron

  • abandonada y prosiguieron su camino. Ana debe volver a Nazaret despus del sbado. He visto que estn ordenando, envolviendo paquetes y que cargan sobre dos asnos los objetos recibidos de los Reyes, especialmente las alfombras, colchas y diversas piezas de gnero.

    Esta noche celebraron la fiesta del sbado en la gruta de Maraa continundola durante el da 29, mientras en los alrededores reinaba gran tranquilidad. Terminada la fiesta del sbado se prepar la partida de Ana. Esta noche vi por segunda vez que Mara sala de la gruta de Maraa y llevaba al Nio a la gruta del Pesebre en medio de las tinieblas de la noche. Lo coloc sobre una alfombra en el lugar donde haba nacido y rez de rodillas junto al Nio. Se llen toda la gruta de luz celestial, como en el da del Nacimiento. Creo que Mara debi ver toda esa luz.

    El Domingo 30, por la maana, Ana se despeda con ternura de la Sagrada Familia y de los tres pastores, y se encaminaba con su gente a Nazaret. Llevaban sobre sus bestias de carga todo lo que quedaba an de los regalos de los Reyes y me admir mucho de que se llevasen un atadito que me perteneca a m. Tuve la impresin de que se hallaba dentro de su equipaje y no poda comprender cmo Ana se llevase algo que era mo. Ana se llev muchos regalos de los tres Reyes, especialmente ciertos tejidos. Una parte de ellos sirvi en la Iglesia primitiva y algunas de estas cosas han llegado hasta nosotros. Entre mis reliquias hay un trocito de colcha que cubra la mesita donde se pusieron los regalos de los Reyes y otro es de uno de sus mantos. Yo misma debo tener un pedazo de gnero que procede de los Reyes Magos. Posean varios mantos: uno grueso y de tela tupida para el mal tiempo; otro de color amarillo y un tercero, rojo, de una hermosa lana muy fina. En las grandes ceremonias llevaban mantos de seda sin teir: los bordes estaban bordados de oro y la larga cola era llevada por los hombres del squito. Creo que hay cerca de mi un trozo de aquellos mantos y por esta razn he podido ver junto a los Reyes, antes y esta noche, de nuevo, algunas escenas relativas a la produccin y al tejido de la seda.

    En una regin del Oriente, entre el pas de Teokeno y el de Sair, haba rboles cubiertos de gusanos de seda. Alrededor de cada rbol haban cavado un pequeo foso, para que estos gusanos no pudieran irse de all y vi que colocaban con frecuencia unas hojas debajo de esos rboles. En las ramas estaban suspendidas cajitas, de donde sacaban objetos redondeados ms largos que un dedo. Pens que se tratase de huevos de pjaros de alguna especie rara; pero luego entend que eran capullos hilados por estos gusanos al ver cmo las gentes los devanaban y sacaban hilos muy delgados. Sujetaban una gran cantidad de ellos contra su pecho e hilaban con un hermoso hilo que enrollaban sobre algo que tenan en la mano. Tejan entre los rboles y su telar era muy sencillo. La pieza del gnero era del ancho de la sbana que tengo en mi lecho.

  • Biografa de la Beata Ana Catalina Emmerich1774-1824

    El 8 de septiembre de 1774, naci Anne Katherine Emmerick en una humilde granja del pueblo de Flamske en Coesfeld, cerca de Dlmen. Fue bautizada ese mismo da en la dicesis de Mnster, Westphalia, al nordeste de Alemania.

    Anna Catalina, una nia despierta y muy vivaz, aunque siempre delicada de salud, naci y creci en medio de la pobreza. Posea el uso de razn desde su nacimiento y poda entender latn litrgico desde el primer da que acudi a Misa. Desde los cuatro aos recibi frecuentes visitas y visiones celestiales. Ana Catalina conversaba familiarmente con el Nio Jess y viva estas experiencias msticas tan habituales desde su niez y con tanta normalidad que, en su inocencia infantil, crea que todos los dems nios tambin las experimentaban.

    Su familia era muy humilde y piadosa, se dedicaba a las labores del campo, tareas que tambin Ana Catalina tuvo que ejercer desde los doce aos, para ms tarde trabajar como costurera y de ese modo ayudar econmicamente en su hogar y ahorrar algo de dinero, pues su deseo era, desde muy joven, ingresar en un convento, para lo cual, entonces, se precisaba entregar una dote a la congregacin.

    Sin embargo, sus padres decidieron que su hija estudiara y la llevaron a un organista para que le enseara msica. Su madre le llevaba alimento en los recreos, viendo que Ana Catalina pasaba necesidades; pero la familia del organista era tambin muy pobre y Ana Catalina les entregaba su comida, los escasos ahorros para la dote que haba conseguido como costurera y por un tiempo fue adems sirvienta en la casa parroquial, ayudando en las tareas del hogar de la familia del organista por unos aos.

    A pesar de la precaria situacin econmica y la oposicin de su familia de nueve hermanos, a los 28 aos de edad en 1802 ingres en el humilde monasterio de las Agustinas de Agnetenberg, en Dlmen, el cual careca de la biblioteca ms bsica. All padeci la incomprensin de las monjas a causa de su vida mstica y del hecho de haber ingresado sin dote. Su ascetismo y sobretodo sus xtasis producidos mientras trabajaba o durante la oracin, tanto en su celda como en el oratorio, su celo religioso y sus extraas dolencias, creaban malestar a la comunidad que, al no comprenderla, la tachaban de privilegiada y la trataban con cierto desprecio. Sin embargo, esta fue la poca ms feliz de su vida y cumpla sus tareas con alegra por el hecho de que, adems la tuvieran de menos.

    Durante los procesos de exclaustracin de 1813, tras la invasin napolenica de Alemania, la supresin de conventos decretada por Jernimo Bonaparte, Rey de Westphalia, dispers a las monjas; Anne Katherine fue recogida por caridad en la casa particular de una pobre viuda, en Dlmen. Ana Catalina predijo la cada de Napolen unos doce aos antes de que sucediera y as, de algn modo que encierra cierto misterio, se lo hizo llegar al Papa.

  • Su vida transcurri sembrada de continuas enfermedades, agravadas al quedarse postrada en cama, invlida tras un accidente en 1813. Fue en casa de la viuda donde recibi los estigmas de Nuestro Seor Jesucristo durante la Pasin: los de las manos y pies, la herida de la lanza, Corona de Espinas e incluso una cruz sobre su pecho; signos externos que ella trataba intilmente de ocultar. Sufra y rezaba mucho por las almas de Purgatorio, a quienes vea con frecuencia; adems, por la salvacin de los pecadores. Slo mucho tiempo despus se supo que las sbanas empapadas del sudor producido por el sufrimiento fsico y espiritual de la hermana Ana Catalina, se helaban literalmente sobre su cuerpo por el viento que, en las fras noche de la Europa Central, se colaba por las rendijas de las paredes.

    Durante toda su vida fue adornada de muchos otros dones msticos: locucin o xtasis entre otros; visiones de la historia de la Salvacin, tanto del Antiguo como del Nuevo Testamento; de la Virgen Mara y la vida pblica de Jess; las visiones de la primitiva Iglesia naciente y las futuras sobre la Iglesia; as como de la vida despus de la muerte: experiment la vida de la Iglesia triunfante (en el cielo), la Iglesia purgante (en el purgatorio) adems de la Iglesia militante (sobre la tierra). De est poca son conocidas sus visiones sobre los acontecimientos de estos ltimos siglos de la historia, como la cada del Muro de Berln o el Concilio Vaticano II.

    Ana Catalina posea un sobrenatural conocimiento para con los pobres y enfermos que se le acercaban buscando ayuda y consuelo en la que llamaban la brillante hermanita; el sufrimiento de los dems le causaba gran compasin muy fcilmente y, conociendo de antemano sus enfermedades, les recomendaba remedios infalibles.

    Desde ese mismo ao hasta el final de su vida, su nico sustento fue la Sagrada Comunin y agua. Este extremo fue tres veces exhaustivamente investigado por la dicesis, la polica bonapartista y las autoridades. En 1818 una comisin episcopal, encabezada por el famoso Vicario General Overberg, la investig por primera vez junto a tres mdicos que la examinaron escrupulosamente, con el objeto de no dar lugar a crticas por parte de los enemigos de la Iglesia. Los exmenes dieron como resultado la veracidad de los estigmas y la santa vida espiritual de la hermana Ana Catalina. El Seor, entonces premi su heroicidad y paciencia, con la cicatrizacin y curacin de los estigmas de las manos y los pies y el alivio de las dems seales externas. Ms en el Viernes Santo de ese mismo ao se le volvieron a manifestar sangrantes.

    En 1819, "la piadosa Beguina", como tambin la conoca el pueblo que la quera, se encontraba prcticamente en el umbral de la muerte. No contentos con las escrupulosas investigaciones anteriores, Ana Catalina fue encerrada en contra de su voluntad por orden gubernamental. Permaneci en otra habitacin aislada de todos y vigilada estrictamente da y noche durante unos veinte das, teniendo que sufrir insultos y amenazas, tratando de obligarle a declarar que sus dones divinos constituan un fraude. Finalmente no consiguieron encontrar en ella nada sospechoso y demoraron la publicacin de sus resultados. En vista de la presin ejercida por el pueblo y las autoridades eclesiales, la comisin del Gobierno viendo que Ana Catalina se negaba a declarar culpabilidad alguna, dieron por concluido apresuradamente que todo era un engao.

  • Desde entonces la vida de Anna Katherina Emmerick fue un permanente sufrimiento expiatorio: carga sobre s los sufrimientos de otros y se ofrece a Nuestro Seor como alma vctima por la conversin de los pecadores, cuyas miserias ella conoca an cuando estuviesen muy lejos. Sufra y se ofreca asimismo en reparacin por tantas ofensas, sacrilegios y desprecios a la Iglesia y a los sacramentos. Ella vivi tiempos muy decadentes que la atormentaban. La impiedad invada pueblos y naciones enteras de tal modo que la Fe pareca haberse extinguido, sucumbiendo la Iglesia ante la revolucin reinante.

    Desde el 18 de febrero de 1818 hasta el 6 de abril de 1823 vivi msticamente y da a da la predicacin y Pasin de Jess, que trat de describir en su dialecto del alemn, ofreciendo innumerables y grandes sufrimientos. Los escritos de Ana Catalina Emmerich constituyen un rico tesoro de sus visiones cotidianas, que ella misma encontraba inefables. Han llegado hasta nosotros gracias a Klemens Brentano, un notable poeta alemn, famoso intelectual y reconocido escritor, requerido por mandato divino para transcribir las visiones de Ana Catalina Emmerich, para el bien de innumerables almas. Esta revelacin del Seor se la comunic ella misma nada ms verlo en su primera visita; una visita que le haban insinuado unos terceros y que, tras conocer datos sobre la vida de la mstica, realiz con curiosidad e inters.

    Permaneciendo da a da, al pie de la cama de la enferma, traduca del dialecto de Westphalia que ella hablaba, los relatos de la vidente, transcriba sus palabras y le traa de nuevo los escritos volviendo a lerselos para comprobar la fidelidad del relato. Se cuenta que Ana Catalina era Analfabeta y que por esa causa no poda escribir ni leer lo que Bretano transcriba de sus palabras. A medida que el escritor iba viviendo con ella los relatos y viendo la paciencia de la religiosa enferma, ante sus indescriptibles sufrimientos, su humildad y pureza, Klemens fue recuperando la fe de su infancia. "No hall en su fisonoma ni en su persona el menor rastro de tensin ni exaltacin" - afirm tras conocer a la que l respetaba como a la novia escogida de Jesucristo - "Todo lo que dice es breve, simple, coherente y a la vez lleno de profundidad, amor y vida".

    A Brentano slo le dio tiempo a ordenar un ndice de las diferentes visiones y la edicin en 1833 de "La amarga Pasin de Nuestro Seor Jesucristo conforme a las Meditaciones de Anne Katherine Emmerick": uno de los libros ms conocidos y singulares de la mstica alemana, de ms de doscientas pginas, el cual es tan singular como lo fue su vida y que, ya por entonces, su publicacin constituy un acontecimiento mundial. La muerte sorprendi al transcriptor preparando las visiones de "La Vida de la Santsima Virgen Mara" publicado en 1852 en Munich y los "Diarios", un material muy voluminoso que tambin ha sido compilado y publicado por distintos especialistas.

    El relato de la Pasin tal y como ella la ve, comienza con la ltima Cena y concluye con la Resurreccin. El estilo del libro es muy directo, con gran fuerza, debida a una prosa muy sobria, sin dar lugar a los comentarios; su lectura engancha de tal modo que no se puede abandonar hasta el final. Dividido en escenas muy breves, que bien podran asemejarse a leos llenos de expresin, narra la Pasin de Jesucristo desde la Oracin en el Huerto a travs de minuciosas descripciones concretas de personas, lugares y acontecimientos, expresadas muy vivamente, por lo que resulta comprensible que este

  • libro haya servido de gran ayuda e inspiracin para el catlico director y actor de cine Mel Gibson, a la hora de hacer su pelcula "La Pasin de Cristo". Cuenta el mismo Gibson que se encontraba rezando en su despacho tratando de ser iluminado sobre el guon de su pelcula, cuando este libro de Ana Catalina se desprendi de la librera y cay sobre su regazo, como una seal del cielo.

    La veracidad de lo que vio Ana Catalina a todo lo largo de su vida, ha servido de punto de partida para realizar numerosas investigaciones arqueolgicas. Con sus visiones en la mano se descubri Reynolds, los restos de la ciudad de Ur de Caldea. La recientemente descubierta morada de la Virgen en feso result ser tambin tal como ella la haba descrito. Del mismo modo se descubrieron en 1981 los pasadizos bajo el Templo de Jerusaln, que Ana Catalina vio al contemplar el misterio de la lnmaculada Concepcin de Mara, dogma que no sera proclamado por la Iglesia hasta treinta aos despus de la muerte de esta vidente.

    Ana Catalina Emmerich escuch del mismo Jesucristo que el regalo de sus revelaciones del pasado, presente y el futuro en visin mstica, era mayor que el posedo por nadie jams en la historia.

    El lunes 9 de febrero de 1824, en la localidad de Dulmen, su alma se liber de su cuerpo consumido por las enfermedades y las penitencias. Su cuerpo se encontr incorrupto a casi dos meses de su fallecimiento; la tumba haba sido abierta con autorizacin, tras los rumores que corran de que sus restos mortales haban sido hurtados. En 1892 el obispo de Mnster introdujo la causa de beatificacin y fue declarada Venerable a finales del siglo XIX. Proceso de beatificacin reabierto en 1972. En el ao 2001 se declar la heroicidad de sus virtudes (Venerable) anunciando el Vaticano que pronto sera beatificada.

    Ana Catalina ha sido recientemente beatificada, el 3 de octubre de 2004 por Su santidad Juan Pablo II en la Baslica de Roma ante ms de mil peregrinos que acudieron a la ceremonia. El prefecto de la Congregacin de las Causas de los Santos, el cardenal Jos Saraiva Martins, al leer el pasado julio el decreto de reconocimiento del milagro, que abri las puertas a la canonizacin de Catalina Emmerich, constat ante Juan Pablo II:

    Llev consigo los estigmas de la Pasin del Seor y recibi carismas extraordinarios que emple para consuelo de numerosos visitantes. Desde el lecho desarroll un gran y fructfero apostolado. La vida de Anne Katherine Emmerick est caracterizada por una profunda unin con Cristo y una ardiente devocin a la Virgen Mara. Servir a la obra de la salvacin por medio de la fe y del amor es el aspecto en que la futura beata puede servir de modelo a los fieles de hoy.

    El postulador de la causa de beatificacin, Andrea Ambrosi, explic ante los micrfonos de Radio Vaticana:

  • La vida claustral fue bastante dura porque las otras cannigas no dejaban de subrayar su baja condicin social y por su salud, que comenz a declinar rpidamente. Desde pequea padeca cierto raquitismo que, entre las paredes del convento se acentu tanto que durante aos permaneci en cama. A partir del final de 1812, desde el momento en que en ella ya se manifestaban los dones sobrenaturales, se aadi aquel fenmeno constituido por la aparicin de los estigmas. Al principio hizo de todo para ocultarlos, pero despus el caso fue conocido y toda la gente quera verla, pero no slo por el hecho externo de los estigmas, sino tambin por su gran bondad y por un don que tena, que era el de penetrar las almas que ms sufran, las ms laceradas, llevndoles la paz. Viva en perfecta sintona con el misterio de la Vida, Pasin y Muerte de Jess. Sus estigmas son el testimonio clarsimo de su unin existencial con Jess. Su disponibilidad al sufrimiento no tena otro fundamento que su amor hacia el Crucifijo y su preocupacin por el prjimo.

    Despus de su muerte, estaba tan viva su fama de santidad que entre toda la poblacin y tambin entre el clero se dio un vivo deseo de promover su causa de beatificacin. Pero tambin surgieron dificultades por los difciles momentos histricos y religiosos que atravesaba entonces Alemania y por la falta de claridad de los escritos de Sor Ana Catalina, textos incluso en el lmite de un catolicismo poco ortodoxo, motivo por el cual el entonces Santo Oficio intervino varias veces para bloquear la causa y pedir nuevos pareceres de telogos. En cuanto se aclar qu aadidos en los escritos eran del escritor Bretano, la causa emprendi un camino ms veloz.

    Palabras de Prspero Gueranger, abad de Solesmes (1860) - en proceso de canonizacin - en relacin a las visiones de la Bienaventurada Ana Catalina Emmerich, declar:

    Qu diremos si el ordenador de semejante drama es una sencilla campesina del corazn de Europa, sin ninguna idea de las costumbres de Oriente, las cuales, sin apartarse un pice, describe y pinta, superando el pincel de un artista y la ciencia de un arquelogo? Lina Murr Nehm, ortodoxa libanesa, historiadora, que ha escrito numerosos libros en el campo de la historia, del arte y la exgesis, y recientemente una nueva versin de La amarga Pasin de Cristo, declara a Zenit sobre Ana Catalina:

    Su mensaje esencial es ecumnico y quienes la acusan de ser sectaria no la conocen. Para ella, los hombres y las mujeres no son buenos o malos en funcin de su religin o ideas, sino por motivo de sus actos. Por ejemplo, describe a Pilatos y a los grandes sacerdotes judos con la misma severidad, pero utiliza un tono muy diferente cuando habla de la mujer de Pilatos, o de los judos, o de los romanos compadecidos que mostraban gestos de misericordia hacia esta persona que, para ellos, no era ni Dios, ni el Mesas, sino un simple condenado.

    Es verdad que en La Amarga Pasin escribe acusaciones sobre todo contra los judos, pero es porque narra una tragedia que tuvo lugar en tierra juda. Cuando narra tragedias que han tenido lugar en tierras paganas, acusa a los paganos. De hecho, es lgico: la

  • muchedumbre, con algunas excepciones, en general es perseguidora, y la escena de la Pasin lo demuestra con fuerza.

    Anne Katherine ha vivido el Evangelio y est en el cielo. Como ortodoxa, me d cuenta de que contaba cosas, que en su mayora eran lgicas, me vi obligada, por honestidad, a darme cuenta de que estaba equivocada mi visin tan negativa del papado, del Antiguo Testamento, de Moiss, de los profetas y de los judos de la Antigedad. He investigado en la Biblia, y me vi obligada a reconocer que lo que deca de los judos y de sus profetas era exacto desde el punto de vista evanglico. Me parece ridculo que se acuse a Anne Katherine de antisemitismo, cuando obliga al lector ms hostil, a los judos, a rehabilitarles en lo que tienen de ms sagrado y a amarles.

    Me hablaron de ella sacerdotes franceses cuando era joven. Me prestaron el libro sobre la Pasin. Lo abr y lo cerr inmediatamente: Es un camelo, pens. Pero diez aos despus, al querer escribir un libro sobre Cristo, me d cuenta de que, aparte de la Biblia y de Flavio Josefo, prcticamente no haba otros escritos de esa poca que hablaran de esa sociedad. La mayora, por desgracia, han desaparecido. Y como me haban dicho que Anne Katherine ofreca informacin histrica y arqueolgica, que despus se demostrara exacta, compr sus libros para poder contar con pistas que yo despus podra verificar o descalificar con mis investigaciones. Lo que escribo se lo debo a las investigaciones que he realizado para ver si lo que deca era verdadero.

    Ante todo hay que situar a Anne Katherinne en su Orden Religiosa, la de los Agustinos, que fue tambin la Orden de Martn Lutero y de Erasmo. Es una coincidencia curiosa, pues Anne Katherine es su anttesis, sobre todo la anttesis de Erasmo. Anne Katherine, como Erasmo, tuvo una influencia decisiva en la Europa de su poca con sus escritos. Pero Erasmo se dedicaba a criticar; Anne Katherine haca lo contrario. De hecho, ella fue vctima del espritu de burla y de hostilidad que l haba sembrado. Si hubiera vivido uno o dos siglos antes que l, no se habra necesitado tanto tiempo para canonizarla a causa de sus visiones, como lo prueba el ejemplo de santa Catalina de Siena, cuyos textos son todava menos fciles que los de Anne Katherine Emmerick. Pero, por qu slo criticamos a los santos? Qu se podra decir de Erasmo?

    Nos preguntamos por qu una mujer, Anne Katherine, ha recibido esta ciencia que tantos hombres habran querido tener. Quiz porque, como deca san Pablo, la fuerza de Dios se manifiesta en los dbiles. Si los ricos le abandonan, Dios llamar a los pobres. Si los hombres le abandonan, Dios escoger a mujeres para darles lecciones, como hizo despus de la Pasin, cuando envi a las mujeres a anunciar la Resurreccin a los discpulos.

    Anne Katherine era eso que los hombres situados en puestos elevados, amantes del nuevo arte pagano, consideraban como lo ms despreciable: una campesina analfabeta, una religiosa expulsada de su convento, una enferma. De este modo nos damos cuenta de cmo la igualdad que nos han llevado a reclamar es ficticia: qu igualdad poda exigir Anne Katherine, si no tena la fuerza para mover la cesta de ropa mojada que

  • ponan sobre su cama, porque nadie la quera? Y sin embargo, Klemens Brentano, una de las estrellas literarias de su poca, la consideraba infinitamente superior a l. Hoy sentimos la necesidad de arrodillarnos ante ella, y no ante sus perseguidores.

    Hay que reconocer la valenta de Juan Pablo II y de su Iglesia, que han reconocido la santidad de Anne Katherine Emmerick; en una poca en la que basta decir que uno no la desprecia, para ser despreciado.

    Su Santidad Juan Pablo II, dirigindose a los fieles congregados el 3 de octubre de 2004, durante la beatificacin de Ana Catalina, declar:

    La beata Ana Catalina Emmerich mostr y experiment en su propia piel la amarga Pasin de Nuestro Seor Jesucristo. El hecho de que, de hija de pobres campesinos que insistentemente buscaba la cercana de Dios, se convirtiera en la famosa mstica de Mnster es una obra de la Gracia divina. A su pobreza material se contrapone su rica vida interior. Igual que la paciencia para soportar sus debilidades fsicas, nos impresiona la fuerza del carcter de la nueva beata y su firmeza en la fe.

    Esta fuerza la recibi ella de la Santa Eucarista. De este modo su ejemplo abri a la completa pasin amorosa hacia Jesucristo, los corazones de los hombres pobres y ricos, de las personas cultas y humildes. An hoy comunica a todos el mensaje salvfico: Gracias a sus heridas hemos sido curados (Cf. 1 P 2, 24).

    Profecas de la Beata Ana Catalina Emmerich

    Cuando los ngeles echaron las puertas abajo, fue como un mar de imprecaciones, de injurias, de aullidos y de lamentos. Todos tuvieron que conocer y adorar a Jess. Y ste fue el mayor de sus suplicios. En el medio del infierno haba un abismo de tinieblas. Lucifer fue precipitado en l y encadenado, y negros vapores se extendan sobre l. Es sabido que debe ser desencadenado por algn tiempo, cincuenta o sesenta aos antes del ao 2000 de Cristo. Otros muchos nmeros que no me acuerdo fueron marcados. Algunos demonios deben ser sueltos antes ya para castigar y tentar al mundo.( pg 187).

    LOS DEMOLEDORES

    EL MISTERIO DE INIQUIDAD

    Vi diferentes partes de la tierra: mi gua me nombr Europa y, mostrndome un rincn arenoso, me dijo estas importantes palabras: He aqu la Prusia enemiga. El me enseo a continuacin un punto ms al norte diciendo: He aqu la Moscovia trayendo con ella muchos males. (AA.III.133)

  • Los habitantes eran de un orgullo inusitado. Vi que se armaban y que se trabajaba por todos los lados. Todo era sombro y amenazante

    Vi ah a San Basilio y a otros. Vi sobre el castillo de tejados relucientes, al maligno que se sostena en las agujas

    Vi que de entre los demonios encadenados por Cristo, cuando su descenso a los infiernos, algunos estaban sueltos, desde no hace mucho y haban suscitado esta secta. Vi que otros sern soltados de dos generaciones en dos generaciones. (19 octubre 1823).

    Ella vio (habla Brentano; el transcriptor) con sus terribles consecuencias, las medidas que los propagadores de las luces tomaban por todas partes por donde llegaban al poder y a la influencia, para abolir el culto divino as como todas las prcticas y los ejercicios de piedad, o para hacer de estos algo tan vano como lo eran las grandes palabras de luz, de caridad de espritu, bajo las cuales ellos se ocultaban a si mismos y a los dems el vaco desolador de sus asuntos en los que Dios no estaba para nada. (AA.III.161)

    Mi gua me condujo alrededor de toda la tierra: me hizo recorrer sin cesar inmensas cavernas hechas de tinieblas y en las cuales vi una inmensa cantidad de personas errando por todas partes y ocupadas en obras tenebrosas. Pareca que yo recorriera todos los puntos habitados del globo, no viendo ms que el mundo del vicio

    A menudo vea nuevas tropas de hombres caer como desde lo alto en esta ceguera del vicio. No vi que nada mejorase... Me hizo entrar en las tinieblas y considerar de nuevo la malicia, la ceguera, la perversidad, los engaos, las pasiones vindicativas, el orgullo, el engao, la envidia, la avaricia, la discordia, el asesinato, la lujuria y la horrible impiedad de los hombres, todo tipo de cosas que sin embargo no les eran de ningn beneficio, sino que les haca cada vez ms ciegos y miserables y les hundan en las tinieblas cada vez ms profundas. A menudo tuve la impresin de que ciudades enteras se encontraban situadas sobre una corteza de tierra muy fina y corran el riesgo de hundirse muy pronto en el abismo.

    Vi a esos hombres cavar ellos mismos para otros fosas ligeramente recubiertas: pero no vi personas de bien en esas tinieblas, ni a nadie por consiguiente, caer en las fosas. Vi todos a estos malvados como grandes espacios tenebrosos que se extendan de un lado hasta otro; los vea en barullo como en la confusin tumultuosa de una gran feria, formando diversos grupos que se ejercan en el mal y masas que se mezclaban unas con otras: ellos cometan todo tipo de actos culpables y cada pecado traa como consecuencia otro. A menudo me pareca que me sumerga ms profundamente todava en la noche. El camino descenda una pendiente escarpada: era algo horriblemente espantoso y que se extenda alrededor de la tierra entera. Vi pueblos de todos los colores, llevando los ropajes ms diversos y todos sumergidos en las abominaciones: (AA.II.151)

    A menudo me despertaba lleno de angustia y de terror: vea la luna brillar apaciblemente a travs de la ventana, y oraba a Dios suplicndole que no me hiciera ver esas imgenes espantosas. Pero enseguida El me haca descender de nuevo en esos terribles espacios tenebrosos y ver las abominaciones que se cometan. Me encontraba una vez en una esfera de pecado tan horrible que cre estar en el infierno y me puse a

  • gritar y a gemir. Entonces mi gua me dijo: Yo no estoy cerca de ti, y el infierno no puede estar ah donde yo estoy.

    Me pareci ver un lugar muy amplio que reciba ms la claridad del da. Era como la imagen de una ciudad perteneciente a la parte del mundo que nosotros habitamos. Un horrible espectculo me fue mostrado. Vi crucificar a Nuestro Seor Jesucristo. Yo temblaba hasta los huesos: porque no haba ah ms que hombres de nuestra poca. Era un martirio del Seor mucho ms espantoso y mucho ms cruel que el que debi sufrir de los Judos. (AA.II.157)

    Terminando el relato de esta horrible visin cuyo recuerdo le provocaban palpitaciones convulsivas, y que nada pudo convencerla para contarlo todo entero, ella dijo: mi conductor me habl as: Tu has visto las abominaciones a las cuales los hombres ciegos se libran en las tinieblas

    Vi ah con horror un gran nmero de personas conocidas mas, incluso sacerdotes. Muchas lneas y ramificaciones partiendo de las personas que erraban en las tinieblas desembocaban en este lugar (El lugar de la nueva Crucifixin) (AA.II.157)

    Vi una muchedumbre innumerable de desgraciados oprimidos, atormentados y perseguidos de nuestros das en varios lugares, y vi siempre que se maltrataba por ello a Jesucristo en persona. Estamos en una poca deplorable en la que no hay ya ms, refugio contra el mal: una densa nube de pecado pesa sobre el mundo entero, y veo a los hombres hacer las cosas ms abominables con una tranquilidad y una indiferencia completas.(...)Vi todo esto en varias visiones mientras que mi alma era conducida a travs de diversos pases sobre toda la tierra (CC.89)

    Vi nuevos mrtires, no del tiempo presente (1820, ao de la visin) sino del tiempo que vendr.(...) Sin embargo veo que se les oprime ya (AA.III.112)

    LA DEMOLICIN DE LA IGLESIA

    He visto personas de la secta secreta minar sin descanso a la gran Iglesia... (AA.III.113)

    ... y he visto cerca de ellos una horrible bestia que haba surgido del mar. Tena una cola como la de un pez, garras como las de un len, y varias cabezas que rodeaban como una corona una cabeza ms grande. Sus boca era ancha y roja. Estaba manchada como un tigre y se mostraba muy familiar con los demoledores. Se acostaba a menudo en medio de ellos durante su trabajo: a menudo tambin, ellos iban a encontrarla en la caverna donde se esconda a veces.

    Durante ese tiempo, vi por un lado y por otro, en el mundo entero, muchas personas buenas y piadosas, sobretodo eclesisticos, vejados, prisioneros y oprimidos, y tuve el sentimiento de que ellos llegaran a ser mrtires un da (AA.III.113)

    Como la Iglesia estaba ya en gran parte demolida, no quedando en pi mas que el coro con el altar, vi a estos demoledores penetrar en la iglesia con la bestia

  • (Los demoledores encontraron en el templo)... una mujer llena de majestad. Me pareca que ella estaba embarazada, ya que caminaba lentamente: los enemigos fueron presa del pnico al verla y la bestia no pudo ya dar ni un paso adelante. La bestia alargaba el cuello hacia la mujer con el aspecto ms furioso, como si quisiera devorarla. Pero la mujer se volvi y se postern con el rostro contra la tierra. Vi entonces a la bestia huir de nuevo hacia el mar y los enemigos correr en el mayor desorden) (AA.III.113)

    Vi la iglesia de San Pedro y una enorme cantidad de hombres que trabajaban en invertirla, pero vi ah tambin a otros que hacan reparaciones. Cadenas de trabajo ocupadas de este doble trabajo se extendan a travs de todo el mundo y me qued asombrada de la coordinacin con la que todo ello se haca. Los demoledores extraan grandes fragmentos; eran particularmente sectarios en gran nmero y con ellos los apstatas. Estas personas, haciendo su trabajo de destruccin, parecan seguir ciertas prescripciones y una cierta regla: llevaban delantales blancos rodeados de una cinta azul y provedos de bolsillos, con paletas de albail en la cintura. Ellos tenan adems vestidos de todo tipo: haba entre ellos hombre distinguidos, altos y gruesos, con uniformes y cruces, los cuales sin embargo no trabajaban directamente en la labor, sino que marcaban en los muros con la paleta los lugares donde haba que demoler. Vi con horror que haba tambin entre ellos sacerdotes catlicos (AA.II.202)

    Ya toda la parte anterior de la Iglesia estaba destruida: no quedaba en pi ms que el santuario con el Santsimo Sacramento (AA.II.203)

    He visto la Iglesia de San Pedro: estaba demolida con excepcin del coro y del altar mayor (10 septiembre 1820). (AA.III.118)

    Vi tambin como, al final, Mara extendi su manto por encima de la Iglesia y como los enemigos de Dios fueron ahuyentados (AA.II.414)

    Mayo de 1823. Tuve de nuevo la visin de la secta secreta socavando por todas partes la iglesia de San Pedro. Ellos trabajaban con instrumentos de toda especie y corran por aqu y por all, llevado piedras que haban arrancado. Fueron obligados a dejar el altar, no pudieron quitarlo. Vi profanar y quitar una imagen de Mara. (AA.III.556)

    Yo me lamentaba al Papa y le preguntaba como l poda tolerar que hubiera tantos sacerdotes entre los demoledores. (...) Vi en esta ocasin porque la Iglesia ha sido fundada en Roma; es porque ah est el centro del mundo y que todos los pueblos si vinculan con ella por diferentes relaciones. Vi tambin que Roma permanecer en pi como una isla, como una roca en medio del mar, cuando todo, alrededor de ella, caer en ruinas.

    Cuando vi a los demoledores, me qued maravillada de su gran habilidad. Tenan todo tipo de mquinas: todo se haca siguiendo un plan: nada se produca por si mismo. Ellos no hacan ruido; ponan atencin a todo; recurran a artimaas de todo tipo, y las piedras parecan a menudo desaparecer de sus manos. Algunos de entre ellos reconstruan: destruan lo que era santo y grande y lo que edificaban no era ms que vaco, hueco, superfluo. Llevaban las piedras del altar y hacan con ellas una escalinata en la entrada. (AA.III.556)

  • EL OSCURECIMIENTO DE LA IGLESIA

    Vi la Iglesia terrestre, es decir la sociedad de los fieles sobre la tierra, el ejercito de Cristo en su estado de paso sobre la tierra, completamente oscurecida y desolada (AA.II.352)

    Vosotros sacerdotes, que no os movis! Estis dormidos y el redil arde por todos lados! No hacis nada! Como llorareis por eso un da! Si tan solo hubierais dicho un Pater! (...) Veo tantos traidores! No soportan que se diga : esto va mal. Todo est bien a sus ojos con tal de que puedan glorificarse con el mundo! (AA.III.184)

    Vi las carencias y la decadencia del sacerdocio, as como sus causas. Vi los castigos que se preparan (AA.II.334)

    Los servidores de la Iglesia son tan laxos! Ya no hacen uso de la fuerza que poseen en el sacerdocio(AA.II.245)

    Si algn da las almas reclaman lo que el clero les debe al ocasionarles tantas perdidas por su incuria y su indiferencia, sera algo terrible! (AA.II.342)

    Ellos tendrn que dar cuenta de todo el amor, todas las consolaciones, todas las exortaciones, todas las instrucciones referentes a los deberes de la religin, que ellos no nos dan; de todas las bendiciones que no distribuyen, a pesar de que la fuerza de la mano de Jess est sobre ellos, por todo lo que omiten de hacer a semejanza de Jess (AA.II.358)

    ... (por) las caricias hechas al espritu de la poca por parte de los servidores de la Iglesia (AA.II.377)

    Vi reliquias dejadas a la aventura y otras cosas del mismo gnero(AA.II.347)

    ... para una infinidad de personas que tenan buena voluntad, el acceso a las fuentes de la gracia del corazn de Jess se encontraba impedido y cerrado por la supresin de los ejercicios de devocin, por el cierre y la profanacin de las iglesias (AA.III.167)

    Tuve una visin concerniente a las faltas de incontables pastores y la omisin de todos sus deberes hacia su rebao (AA.II.347)

    Vi muchos buenos y piadosos obispos, pero estaban mudos y dbiles y el mal partido tomaba a menudo la fuerza (AA.II.414)

    Todo esto me hizo conocer que la recitacin de la genealoga de Nuestro Seor ante el Santsimo Sacramento, en la fiesta del Corpus Christi encierra un grande y profundo misterio; he conocido por ello que lo mismo, que entre los ancestros de Jesucristo, segn la carne, muchos no fueron santos y fueron incluso pecadores si dejar de ser grados de la escala de Jacob, por los cuales Dios descendi hasta la humanidad, por lo mismo tambin los obispos indignos permanecen capaces de consagrar el Santsimo Sacramento y de conferir el sacerdocio con todos los poderes que le estn ligados (CC.175)

  • Vi en una ciudad, una reunin de eclesisticos, de laicos y de mujeres, los cuales estaban sentados juntos, comiendo y haciendo bromas frvolas, y por encima de ellos una nube oscura que desembocaba en una planicie sumergida en las tinieblas. En medio de esta niebla, vi a Satn sentado bajo una forma horrible y, alrededor de l, tantos acompaantes como personas haba en la reunin que ocurra debajo. Todos estos malos espritus estaban continuamente en movimiento y ocupados en empujar al mal a esta reunin de personas. Ellos les hablaban a la oreja y actuaban sobre ellos de todas las maneras posibles. Estas personas estaban en un estado de excitacin sensual muy peligroso y ocupados en conversaciones ociosas y provocantes. Los eclesisticos eran de esos que tienen como principio: Hay que vivir y dejar vivir. En nuestra poca no hay que estar aparte ni ser un misntropo: hay que alegrarse con los que se alegran. (AA.II.488)

    Como l (Satn) hablaba de su derecho y como quiera que ese lenguaje me sorprenda mucho, fui instruida que l realmente adquira un derecho positivo cuando una persona bautizada que haba recibido por Jesucristo el poder de vencerle se libraba por el contrario a l por el pecado libremente y voluntariamente. (AA.II.489)

    Veo una cantidad de eclesisticos castigados de excomunin, que no parecen inquietarse ni incluso saberlo. Y sin embargo son excomulgados cuando toman parte en esas empresas, cuando entran en asociaciones y se adhieren a opiniones sobre las que pesa el anatema. Veo estos hombres rodeados de una nube como de un muro de separacin. Se ve por esto cuanto Dios tiene en cuenta de los decretos, de las ordenes y de las defensas del jefe de la Iglesia y los mantiene en vigor cuando incluso los hombres no se inquietan de ello, reniegan de eso o se ren. (AA.III.148)

    Se me mostr como los paganos de antao adoraban humildemente a otros dioses diferentes de ellos mismos (...) El culto (de esos paganos) vala menos que el culto de aquellos que se adoraban a si mismos en mil dolos y no dejaban ningn lugar al Seor entre estos dolos. (AA.III.102)

    Vi cuan funestas seran las consecuencias de esta falsificacin de la Iglesia. Yo la vi crecer, vi a los herticos de todas las condiciones venir e la ciudad (Roma)

    Vi acrecentarse la tibieza del clero local, vi hacerse una gran oscuridad

    Entonces la visin se agrand por todos los lados. Vi por todo comunidades catlicas oprimidas, vejadas, encarceladas y privadas de libertad. Vi muchas iglesias cerradas. Vi grandes miserias producirse por todas partes. Vi guerras y sangre vertida. Vi el pueblo salvaje e ignorante, intervenir con violencia. (AA.III.103)

    ... eso no durar mucho tiempo...

    De nuevo vi la visin en la que la iglesia de San Pedro era minada, siguiendo un plan hecho por la secta secreta, al mismo tiempo que era deteriorada por las tormentas (AA.III.103)

    Vi la ayuda llegar en el momento de mayor angustia (AA.III.104)

  • LA IGLESIA DE LOS APSTATAS

    Vi la iglesia de los apstatas crecer grandemente. Vi las tinieblas que partan de ella, repartirse alrededor y vi muchas personas abandonar a la Iglesia legtima y dirigirse hacia la otra diciendo: Ah todo es mas bonito, ms natural y ms ordenado (AA.II.414)

    Vi cosas deplorables: se jugaba, se beba, se parloteaba, se seduca a las mujeres en la iglesia, en una palabra se cometan all todo tipo de abominaciones (AA.III.120)

    Los sacerdotes dejaban que se hiciera cualquier cosa y decan la misa con mucha irreverencia. Vi pocos que tuvieran todava piedad y juzgasen sanamente las cosas. Todo eso me afligi mucho. Entonces mi Esposo celeste me cogi por medio del cuerpo, como l mismo haba sido atado a la columna y me dijo: Es as como la Iglesia ser todava encadenada, es as como ser estrechamente atada antes de que pueda revelarse (AA.III.120)

    El (mi esposo celeste) me mostr tambin en cuadros innumerables la deplorable conducta de los cristianos y de los eclesisticos, en las esferas cada vez ms vastas extendindose a travs del mundo entero estando mi pas incluido. Era un cuadro inmenso e indeciblemente triste que es imposible describir. Me fue as mostrado que no hay casi ya ms cristianos en el antiguo significado de la palabra. Esta visin me llen de tristeza. (AA.III.125)

    Vi en el futuro la religin cada muy bajo y conservndose nicamente en algunos lugares, en algunos hogares y en algunas familias que Dios ha protegido tambin de los desastres de la guerra (AA.III.557)

    (12 de septiembre de 1820). Vi construir una iglesia extraa y al revs de todas las reglas. El coro estaba dividido en tres partes, de las que cada una era unos grados ms alta que la otra. Por debajo haba una sombra bodega llena de humo. (AA.III.104)

    ... en la primera parte vi arrastrar un trono ... en la segunda un barreo lleno de agua. El agua sola pareca tener algo de santificado... en la ms elevada una mesa ...

    No vi ningn ngel asistir a la construccin: pero diversos espritus planetarios (que se encargan de engaar a los hombres) de los ms violentos arrastraban todo tipo de objetos al stano, donde personajes en pequeos mantos eclesiales los tomaban para llevarlos con ellos. Nada vena de lo alto en esta iglesia: todo vena de la tierra (...) y de la regin tenebrosa (...) todo en esa iglesia, era oscuro, a contra sentido y sin vida: no haba mas que burla y ruina

    Vi cerca otra iglesia donde reinaba la claridad y que estaba provista de toda especie de gracias de lo alto. Vi a los ngeles subir y descender, vi vida y crecimiento... (y tambin) tibieza y disipacin

    Sin embargo, la Iglesia tradicional (todo lo imperfecta u oscurecida que est para no saber la luz que le espera) era como un rbol lleno de sabia en comparacin de la otra que pareca un bal lleno de objetos inanimados. Esta era como un pjaro que planea,

  • esta como un dragn de papel, con una cola cargada de cintas y de letreros, que se arrastra en un rastrojo en vez de volar. Vi que muchos de los instrumentos que estaban en la nueva iglesia, como por ejemplo las flechas y dardos, no estaban reunidos ms que para ser empleados contra la iglesia viva (AA.III.104)

    Ellos amasaban pan en la bodega de abajo; pero de ello no resultaba nada y se trabajaba en balde (AA.III.105)

    Vi tambin a los hombres con pequeos mantos llevar madera ante las graderas donde se encontraba la sede del predicador, encender fuego, soplar con todas sus fuerzas y producirse un dolor extremo, pero todo esto no produca ms que un humo y un vapor abominables (AA.III.105)

    Entonces hicieron un agujero en lo alto con una vara, pero el humo no quera subir y todo permaneca sumergido en una oscuridad asfixiante.

    Todo permaneca en la tierra e iba a la tierra, y todo estaba muerto, artificial y hecho por la mano del hombre: es propiamente una iglesia de fbrica humana siguiendo la ltima moda, tan bien como la nueva iglesia heterodoxa de Roma, que es de la misma especie (AA.III105)

    Me encontraba en una gran sala. A los dos lados haba delante de los pupitres, jvenes en hbito largo que parecan ser seminaristas. En medio un hombre grueso iba y vena. De repente en el lugar de los hombres, ya no vi ms que caballos, a los dos lados, y en medio un gran buey rumiando que iba y vena, mientras que detrs de l los caballos mostraban los dientes y hacan todo tipo de muecas. Esperaba que el buey les mostrara los cuernos y que les obligara a estar tranquilos, pero la nica cosa que hizo, fue, llegando a un lado de la sala, golpear la pared con sus cuernos. Ya haba un agujero y yo me deca que todo iba a derrumbarse sobre ellos (AA.III.176)

    LA FALSA IGLESIA

    12 de noviembre de 1820. Viajaba a travs de una comarca sombra y fra y llegue a la gran ciudad (Roma). Vi all de nuevo la gran y singular iglesia que se estaba construyendo; no haba nada de santo en ella; vi aquello de la misma manera que veo una obra catlica, eclesistica, en la cual trabajan en comn los ngeles, los santos y los cristianos; pero aqu la colaboracin se haca de otras maneras ms mecnicas. (AA. III. 105)

    Vi arriba dibujar lneas y trazar figuras, y vi como, en seguida, en la tierra, un hombre haba levantado un plano, un dibujo. Vi la accin de los orgullosos espritus planetarios en sus relaciones con esta construccin hacerse sentir hasta en las regiones ms alejadas. Vi llegar hasta distancias inmensas el impulso dado para la preparacin de todo lo que poda ser necesario y til para la construccin y para la existencia de esta iglesia; vi all concurrir a todo tipo de personas y de cosas, de doctrinas y de opiniones. Haba en todo esto, algo de orgulloso, de presuntuoso, de violento y todo pareca tener xito y me era mostrado en una multitud de escenas.

  • Vi subir y bajar a los espritus planetarios, los vi enviar rayos sobre las personas que construan el edificio. Todo se haca segn la razn humana. (AA.III.105)

    No vi ni un solo ngel, ni un solo santo cooperar en esta obra. Pero vi mucho ms lejos, en el fondo, el trono de un pueblo salvaje armado de espadas, y una figura que rea y que deca: Constryela todo lo slida que quieras, nosotros la derrumbaremos (AA.III.105)

    (Vi) que se mina y se asfixia la religin tan hbilmente que no queda a penas ms que un pequeo nmero de sacerdotes que no estn seducidos. No puedo decir como se ha hecho esto, pero veo la niebla y las tinieblas extenderse cada vez ms. Sin embargo hay tres iglesias en las que no pueden pertrecharse: son las de San Pedro, la de Santa Mara Mayor y la de San Miguel. Ellos trabajan continuamente para demolerlas pero no lo consiguen. Todos trabajan para la demolicin, incluso los eclesisticos. Una gran devastacin est prxima. (AA.III.122)

    Vi muchas abominaciones con gran detalle; reconoc a Roma y vi a la Iglesia oprimida y su decadencia en el interior y en el exterior. (AA.III.159)

    Vi sobre una verde pradera muchas personas, entre los cuales haba sabios, reunirse aparte... (AA.III.156)

    ... y apareci una nueva iglesia en la cual ellos estaban reunidos. Esta iglesia era redonda con una cpula gris y tantas personas afluan que yo no comprenda como ese edificio poda contenerlas a todas. Era como un pueblo entero.

    Sin embargo esta nueva iglesia se volva cada vez ms sombra y negra (al comienzo solo era gris) y todo lo que se haca en ella era como un vapor negro. Estas tinieblas se extendieron fuera y todo el verdor se marchit; varias parroquias de los alrededores fueron invadidas por la oscuridad y la sequedad, y el prado, a una gran distancia, se volvi como una sombra cinaga.

    Vi entonces varios grupos de gentes bien intencionadas corres hacia un lado de la pradera donde haba todava verdor y luz.

    No puedo encontrar palabras para describir la accin terrible, siniestra, mortfera, de esta iglesia. Todo verdor se marchitaba, los rboles moran, los jardines perdan su aderezo. Vi, como se puede ver en una visin, las tinieblas producir su efecto a una gran distancia; por todo donde ellas llegaban, se extenda como una cuerda negra. No se lo que pas con todas las personas que estaban dentro de esa iglesia. Era como si devorara a los hombres: se volva cada vez ms negra, semejaba totalmente al carbn de forja y se descamaba de manera horrible.

    Tras esto (tras la horrible visin de la iglesia negra) fui, guiada por tres ngeles, a un lugar verdeante rodeado de muros, grande aproximadamente como el cementerio que est aqu ante la puerta;

    Fui colocada all como en una banqueta elevada. No saba si estaba viva o muerta, pero tena un gran vestido blanco. (AA.III.157)

  • El mayor de los tres me dijo: Alabado sea Dios! Aqu todava queda luz y verdor entonces cay del cielo, entre la iglesia negra y yo, como una lluvia de perlas brillantes y de piedras preciosas deslumbrantes...

    Y uno de mis compaeros (uno de los tres ngeles) me ordeno recibirlas.

    Despus se fueron. No se si partieron todos; me acuerdo solamente que, en la gran ansiedad que me causaba la iglesia negra, no tuve el coraje de recibir las piedras preciosas. Pero cuando el ngel volvi a mi, me pregunt si las haba recogido y le respond que no; entonces me ordeno hacerlo en seguida.

    Entonces me inclin hacia delante y encontr todava tres pequeas piedras con las caras talladas como cristales. Estaban situadas por orden: la primera era azul, la segunda de un rojo claro, la tercera de un blanco brillante y transparente. Yo las llevaba a mis dos otros acompaantes que eran ms pequeos que el primero, y, siempre marchando de aqu para all, ellos las frotaban unas contra otras e hicieron surgir de ellas los ms bellos colores y los ms bellos rayos de luz que se extendieron por todo.

    All a donde llegaban, el verdor renaca, la luz y la vida se propagaban. Vi tambin a un lado a la iglesia tenebrosa que se degradaba.

    Despus, de golpe, una gran multitud se extendi por el prado verdeante e iluminado, dirigindose hacia una villa luminosa.

    Por el otro lado de la iglesia negra todo permaneca todava en una noche sombra. (AA.III.156)

    Quieren ellos ser un solo cuerpo en algo diferente que el Seor.

    Se form un cuerpo, una comunidad fuera del cuerpo de Jess que es la Iglesia: una falsa Iglesia sin Redentor, en la que el misterio es no tener misterio. (AA.II.89)

    Es cuando la ciencia se ha separado de la fe cuando nade esta Iglesia sin Salvador, las pretendidas buenas obras sin la fe, la comunin de los incrdulos teniendo la apariencia de virtud, en una palabra la anti-Iglesia cuyo centro est ocupado por la malicia, el error, la mentira, la hipocresa, la laxitud, los artificios de todos los demonios de la poca. (AA.II.89)

    LA COMUNIN DE LOS PROFANOS

    Todo es (en esta falsa iglesia) fundamentalmente malo; es la comunin de los profanos.

    No se decir hasta donde todo lo que ellos hacen es abominable, pernicioso y vano. (AA.II.89)

    Quieren ser uno solo cuerpo en algo diferente que el Seor! (AA.II.89)

  • Tuve una visin en la que vi a los otros en la falsa iglesia, edificio cuadrado, sin campanario, negro y sucio, con una cpula elevada. Ellos estaban en gran intimidad con el espritu que reinaba ah. Esta iglesia est llena de inmundicias, de vanidades, de necedad y de oscuridad. Casi nadie de ellos conoca las tinieblas en medio de las cuales trabajaba. Todo es puro en apariencia: pero no es ms que vaco. (AA.II.88)

    (La falsa iglesia) est llena de orgullo y de presuncin, y con eso destruye y conduce al mal con toda clase de buenas apariencias. Su peligro est en su inocencia aparente (AA.II.89)

    Ellos hacen y quieren cosas diferentes: en ciertos lugares su accin es inofensiva: adems trabajan para corromper a un pequeo nmero de sabios, y as todos juntos desembocan en un centro, en una cosa mala por su origen, en un trabajo y en una accin fuera de Jesucristo por el cual nicamente toda vida es santificada y fuera del cual todo pensamiento y toda accin permanecen como el imperio de la muerte y del demonio. (AA.II.89)

    Me encontraba en un navo agujereado y estaba tumbada en el fondo, en el nico lugar que estaba intacto: las personas estaban sentadas en los dos bordes del navo. Yo oraba continuamente para que no fueran precipitados a las olas: sin embargo ellos me maltrataban y me daban patadas. Vea a cada instante el navo a punto de hundirse y estaba muerta de miedo. (AAA.III.147)

    Finalmente ellos fueron obligados a conducirme a tierra donde mis amigos me esperaban para llevarme a otro lugar.

    Yo rezaba siempre para que estos desdichados desembarcasen tambin...

    ... pero a penas estaba sobre la orilla que el navo se hundi y ninguno de los que all estaban pudo salvarse, lo cual me llen de tristeza. En el lugar donde fui haba una gran abundancia de frutos. (AA.III.147)

    Cuando miraba debajo de mi, vi muy distintamente, a travs de un velo de color sombro, los errores, extravos y los pecados innumerables de los hombres, y con que necedad y que maldad ellos actuaban contra toda verdad y toda razn. Vi escenas de toda especie: volv a ver el navo en peligro, llevando a estos hombres convencidos de su inmenso mrito y admirados tambin por muchos otros, pasar cerca de m sobre un mar peligroso y yo esperaba que en cualquier momento pereceran. Vi entre ellos a sacerdotes y sufr profundamente para ayudarles a volver al arrepentimiento. (AA.III.149)

    Vi tantos traidores! Ellos no soportan que se les diga: esto va mal. Todo est bien ante sus ojos con tal de que puedan glorificarse con el mundo. (AA.III.184)

    EL PAPA TRAICIONADO

    Vi al Papa en oracin; estaba rodeado de falsos amigos que a menudo hacan lo contrario de lo que deca. (AA.II.203)

  • Vi al santo Padre en una gran tribulacin y una gran angustia que afectaba a la Iglesia. Le vi muy rodeado de traiciones. (AA.II.414)

    Ellos quieren quitar al pastor el prado que le es propio! Quieren imponer otro que deja todo en manos de los enemigos! Entonces, tomada por la clera, ella elevaba el puo cerrado diciendo: Alemanes Bribones! Escuchad! no lo conseguiris! El pastor est en una rocalla! Ustedes, sacerdotes, no se mueven! Dorms y la granja arde por todos los lados! no hacis nada! como lloraris por eso un da! (AA.III.184)

    Vi que, en ciertos casos de extrema desdicha, el Papa tiene visiones y apariciones (AA.II.414)

    EL FALSO ECUMENISMO

    Vi, bajo una imagen de varios jardines formando un crculo alrededor mo, la relaciones del Papa con los obispos. Vi al Papa mismo sobre su trono, colocado como en un jardn. Vi en diversos jardines, los derechos y los poderes de estos obispos, bajo forma de plantas, flores y frutos, y vi relaciones, corrientes, influencias, como hilos o rayos yendo de la sede de Roma a los jardines. Vi sobre la tierra, en estos jardines, la autoridad espiritual del momento: vi en el aire, encima de ellos, la cercana de nuevos obispos. As, por ejemplo, vi en el aire (en el futuro), encima del jardn donde se encontraba el severo superior (el obispo de entonces, severo porque era firme en la fe), un nuevo obispo mitrado, la mitra y todo lo dems. Vi alrededor de l protestantes que queran hacerle descender en el jardn, pero no con las condiciones que el Papa haba exigido. (AA.III.128)

    Ellos buscaban infiltrarse por toda clase de medios: desordenaban ciertas partes del jardn donde plantaban malas semillas. Les vi tanto en un lugar, tanto en otro, cultivar, o dejar en baldo, demoler y no quitar los escombros, etc. todo estaba lleno de trampas y de ruinas. Les vi interceptar y desviar las vas que iban al Papa. (AAA.III.128)

    Vi a continuacin que cuando ellos introducan el obispo de la manera que se haban propuesto, l era intruso, introducido contra la voluntad del Papa y que no posea legtimamente la autoridad espiritual. (AA.III.128)

    Vi, por lo que creo, casi todos los obispos del mundo, pero un pequeo nmero solamente perfectamente sano. (AA.III.136)

    Vi todo lo que respecta al protestantismo tomar cada vez ms poder, y la religin caer en decadencia completa. (AA.III.137)

    Haba en Roma, incluso entre los prelados, muchas personas de sentimientos poco catlicos que trabajaban para el xito de este asunto (la fusin de las iglesias).

    Vi tambin en Alemania a eclesisticos mundanos y protestantes iluminados manifestar deseos y formar un plan para la fusin de las confesiones religiosas y para la supresin de la autoridad papal. (AA.III.179)

    ... y este plan tena, en Roma misma, a sus promotores entre los prelados! (AA.III.179)

  • Ellos construan una gran iglesia, extraa y extravagante; todo el mundo tena que entrar en ella para unirse y poseer all los mismos derechos; evanglicos, catlicos, sectas de todo tipo: lo que deba ser una verdadera comunin de los profanos donde no habra ms que un pastor y un rebao. Tena que haber tambin un Papa pero que no poseyera nada y fuera asalariado. Todo estaba preparado de antemano y muchas cosas estaban ya hechas: pero en el lugar del altar, no haba ms que desolacin y abominacin. (AA.III.188)

    PROFANACIN DE LA EUCARISTA

    Vi muy a menudo a Jess mismo cruelmente inmolado sobre el altar por la celebracin indigna y criminal de los santos misterios. Vi ante los sacerdotes sacrlegos la santa Hostia reposar sobre un altar como un Nio Jess vivo que ellos cortaban en trozos con la patena y que martirizaban horriblemente. Su misa, aunque realizando realmente el santo sacrificio, me pareca como un horrible asesinato. (CC.89)

    ... la devocin al Santsimo Sacramento caera completamente en decadencia y el sacramento mismo en el olvido. Ella deca esto aplicndolo particularmente a esa parte de la Iglesia en la que vio todas las cosas desecarse y morir ante el progreso de las luces y bajo el rgimen de la libertad, de la caridad y de la tolerancia. (AA.III.164)

    Veo los enemigos del Santsimo Sacramento que cierran las Iglesias e impiden que se le adore, acercarse a un terrible castigo. Yo los veo enfermos y en el lecho de muerte sin sacerdote y sin sacramento (AA.III.167)

    La fiesta del Santsimo Sacramento se haba vuelto una necesidad porque en esa poca (la de su institucin) la adoracin que le era debida estaba muy descuidada y la Iglesia deba proclamar su fe por una adoracin pblica. No hay fiesta y devocin establecidas por la Iglesia, artculo de fe promulgado por ella que no sean indispensables, necesarios y exigidos para el mantenimiento de la verdadera doctrina en una poca dada. (AA.II.286)

    LA BENDICIN DESCUIDADA

    Es muy triste que los sacerdotes, en nuestro tiempo, (el de Ana Catalina) sean tan indiferentes en lo que toca al poder de bendecir. Se dira a menudo que ya no saben lo que es la bendicin sacerdotal; muchos a penas creen en ella y se avergenzan de la bendicin como de una ceremonia anticuada y supersticiosa.

    Muchos, finalmente, no reflexionan nada en esa virtud y en esa gracia que se les ha dado por Jesucristo y tratan la cosa muy ligeramente. Como el Seor ha instituido el sacerdocio y le ha transmitido el poder de bendecir, me es necesario languidecer y consumirme en el deseo de recibir la bendicin. Todo en la Iglesia no hace ms que un solo cuerpo: el rechazo de una parte hace que la otra quede afectada. (AA.I.523)

    EL CELIBATO DE LOS SACERDOTES

  • Desde el domingo de Quasimodo hasta el tercer domingo tras la Pascua (1820), sus sufrimientos expiatorios aumentaron hasta tal punto que su entorno, a pesar de estar acostumbrado desde haca tiempo a parecidos espectculos, poda a penas soportarlo. Ana Catalina sufra a causa de los ataques dirigidos por los adherentes de Wessemberg contra el celibato de los sacerdotes y de los numerosos escndalos ligados a esos desgraciados manejos. (AA.III.167)

    He sido conducida hacia un rebao, en una de las extremidades del campo de la casa de bodas. Entre los corderos que lo componan, haba muchos malos carneros que deterioraban el rebao golpendolo con sus cuernos. (AA.III.174)

    Se me orden poner a parte a los carneros malos. Esto era muy desagradable y muy penoso para mi, ya que yo no poda distinguirlos bien de los otros.

    LENGUA PROFANA Y LENGUA SAGRADA

    No puedo hacer uso de las oraciones de la Iglesia traducidas al alemn. Ellas son para mi demasiado inspidas y demasiado repelentes. En la oracin no estoy ligada a ninguna lengua y, en el transcurso de mi vida, las oraciones latinas de la Iglesia me han parecido siempre mucho ms profundas y ms inteligibles. En el convento, me regocijaba siempre de antemano cuando debamos cantar los himnos y responsos en latn. La fiesta era todava ms viva para m y vea todo lo que cantaba. Sobre todo cuando catbamos en latn las letanas de la Santa Virgen, vea sucesivamente en una maravillosa visin todas las figuras simblicas de Mara. Era como si mis palabras hubieran hecho aparecer esas imgenes, y al comienzo estaba muy asustada de ello; pero pronto eso fue para mi una gracia y un fervor que estimulaban mucho mi devocin. He visto as las escenas ms admirables. (AA.I.258)

    LA ANARQUA EN LA IGLESIA

    No hay ms que una Iglesia, la Iglesia catlica romana. Y cuando no quedare sobre la tierra ms que un catlico, este constituira la Iglesia una, universal, es decir catlica, la Iglesia de Jesucristo, contra la cual las puertas del infierno no prevalecern.

    El conocimiento de la grandeza y de la magnificencia de esta Iglesia, en la cual los sacramentos son conservados con toda su virtud y su santidad inviolable, es desgraciadamente una cosa rara en nuestros das, incluso entre los sacerdotes. Y es porque tantos sacerdotes no saben ya ms lo que ellos son y no comprenden ms el sentido de esta palabra, pertenecer a la Iglesia.

    Es algo muy grande, pero tambin algo imposible sin la verdadera luz, sin la simplicidad y la pureza, el vivir segn la fe de esta santa Iglesia. (AA.I.528)

    Veo en todos ellos, incluso en los mejores de entre ellos, un orgullo espantoso, pero en ninguno veo humildad, simplicidad, obediencia. Son terriblemente vanos de la separacin en la que viven. Hablan a veces de fe, de luz, de cristianismo vivo; pero

  • menosprecian y ultrajan la santa Iglesia en la cual nicamente hay que buscar la luz y la vida. (AA.I.535)

    Se sitan por encima de todo poder y de toda jerarqua eclesistica y no conocen ni la sumisin ni el respeto hacia la autoridad espiritual. En su presuncin, pretenden comprenderlo todo mejor que los jefes de la Iglesia e incluso que los santos doctores. Rechazan las buenas obras y quieren sin embargo poseer toda perfeccin, ellos que, con su pretendida luz, no juzgan necesarias la obediencia, ni las reglas de disciplina, ni mortificaciones, ni penitencia. Yo los veo siempre alejarse cada vez ms de la Iglesia, y veo un mal porvenir para ellos. (AA.I.536)

    Ninguna desviacin lleva a consecuencias tan desastrosas y es tan difcil de curar como este orgullo del espritu por consecuencia del cual el hombre pecador pretende llegar a la suprema unin con Dios sin pasar por el camino laborioso de la penitencia, sin practicar incluso las primeras y las ms necesarias de las virtudes cristianas y sin otra gua que el sentimiento ntimo y la luz que da al alma la certeza infalible que Cristo opera en ella. (AA.I.536)

    Estos iluminados, los veo siempre en una cierta relacin con la venida del Anticristo, ya que ellos tambin, por sus manejos, cooperan en el cumplimiento del misterio de iniquidad. (AA.I.536)

    JESS! JESS! JESS!

    Cristo para nosotros! Cristo en nosotros! (AA.I.536)

    Ellos haban rechazado todo juicio de la autoridad legtima de la Iglesia, que nicamente ella ha recibido su poder de Dios, que nicamente ella tiene misin para poder decidir sobre la verdad o falsedad de estos tipos de manifestaciones interiores; ellos se haban puesto por encima de las reglas de la fe y de los mandamientos divinos y haban por ello quitado toda barrera que hubiera podido preservar a estos infortunados de este mal cuya influencia desastrosa hacan crecer como una simiente de maldicin por todo lugar por donde pasaban. (AA.I.537)

    Jess les habl de diferentes sectas religiosas que existan entonces, y que l las describi como sepulcros blanqueados y llenos de la corrupcin ms espantosa. (BB.II.180)

    El tiempo del Anticristo no est tan prximo como algunos creen. Habr todava algunos precursores. He visto en dos ciudades doctores, de cuya escuela podran salir estos precursores. (AA.II.441)

    ... ella vio el cese del sacrificio en la poca del Anticristo (AA.II.492)

    27 de junio de 1822 He tenido un penoso trabajo que hacer en una iglesia en la que se haba, por temor a una profanacin, cerrado y tapiado el Santsimo Sacramento en un pilar y donde se deca la misa en secreto en una bodega debajo de la sacrista. No puedo decir donde ocurra esto: la iglesia era muy vieja y tena yo un terror mortal de que el sacramento estuviera expuesto a algn peligro. Entonces mi conductor me exhort de

  • nuevo a orar y a pedir con todo mi conocimiento oraciones para la conversin de los pecadores y sobre todo para que los sacerdotes tengan una fe firme: ya que los tiempos muy difciles se acercan: los no catlicos quieren por todos los medios posibles disputar y quitar a la Iglesia todo lo que es de su dominio. La confusin ser cada vez mayor. (AA.II.475)

    EL HEDONISMO Y LA CRUZ

    ... se guardaba silencio sobre la cruz, sobre el sacrificio y la satisfaccin, sobre el mrito y el pecado, donde los hechos, los milagros y los misterios de la historia de nuestra redencin deban dejar paso a profundas teoras de la revelacin, donde el hombre-Dios, para ser soportado, slo deba ser presentado como el amigo de los hombres, de los nios, de los pescadores, donde su vida no tena valor ms que como enseanza, su Pasin como ejemplo de virtud, su muerte como caridad sin objeto; donde se le quitaba al pueblo creyente el antiguo catecismo que se reemplazaba por historias bblicas donde la falta total de doctrina deba de ser velada bajo un lenguaje ingenuo al alcanza de todas las inteligencias; donde los fieles estaban forzados a cambiar todos sus libros de piedad, sus viejas formulas de plegaria y sus antiguos cnticos por producciones de fbrica moderna tan malas y tan impas como aquellas por las que se intentaba reemplazar el misal, el breviario y el ritual. (AA.II.415)

    No es solamente para los incrdulos y los enemigos de Dios que combatan a la santa Iglesia con todas las armas de la violencia y de la astucia, que la cruz era una locura y un escndalo, sino que, al margen de los hombres que no queran renegar de la fe en Jesucristo, uno se asustaba del nmero de aquellos que comprendan todava el testimonio del prncipe de los Apstoles: Sabed que no habis sido buscados por el oro y la plata, cosas perecederas, sino por la sangre preciosa de Cristo, como por la de un cordero sin mancha.

    II

    LA GRAN TRIBULACIN

    LA ESCISIN DE LA IGLESIA

    12 de abril de 1820 - Tuve todava una visin sobre la gran tribulacin, bien en nuestra tierra, bien en pases alejados. Me pareci ver que se exiga del clero una concesin que no poda hacer. Vi muchos ancianos sacerdotes y algunos viejos franciscanos, que ya no portaban el hbito de su orden y sobre todo un eclesistico muy anciano, llorar muy amargamente. Vi tambin algunos jvenes llorar con ellos. (AA.III.161)

    Vi a otros, entre los cuales todos tibios, se prestaban gustosos a lo que se les demandaba.

  • Vi a los viejos, que haban permanecido fieles, someterse a la defensa con una gran afliccin y cerrar sus iglesias. Vi a muchos otros, gentes piadosas, paisanos y burgueses, acercarse a ellos: era como si se dividieran en dos partes, una buena y una mala. (AA.III.162)

    EL ROSARIO, ARMA DEL COMBATE ESCATOLGICO

    Como los propagadores de las luces tenan un odio muy especial a la devocin del rosario, la importancia de esta devocin me fue mostrada en una visin de sentido muy profundo. (AA.III.162)

    Despus de esto (de la visin de los propagadores de las luces, enemigos del rosario), Ana Catalina hizo la descripcin del rosario; pero fue imposible al Peregrino (el transcriptor de sus visiones) reproducir sus palabras, ella misma, en el estado de vigilia no poda expresar bien lo que haba visto... Los diversos Ave Mara eran estrellas formadas por cientos de piedras preciosas sobre las cuales los patriarcas y los ancestros de Mara estaban figurados en escenas que se relacionaban con la preparacin de la Encarnacin y con la Redencin. As, este rosario abrazaba al cielo y la tierra, Dios, la naturaleza, la historia, la restauracin de todas las cosas y del hombre por el Redentor que ha nacido de Mara; y cada figura, cada materia, cada color, segn su significado esencial, era empleado para la realizacin de esta obra de arte divino. (AA.III.162)

    LA TRASLACIN DE LA IGLESIA

    Llegu a la casa de San Pedro y San Pablo (Roma) y vi un mundo tenebroso lleno de angustia, de confusin y de corrupcin. (AA.II.413)

    Vi al santo Padre en una gran tribulacin y una gran angustia respecto a la Iglesia. (AA.II.414)

    Vi la Iglesia de San Pedro que un hombre pequeo llevaba sobre sus hombros; tena algo de judo en los trazos del rostro. El asunto pareca muy peligroso. Mara estaba de pi sobre la iglesia en el lado norte y extenda su manto para protegerla. (AA.III.124)

    Ese hombrecito pareca sucumbir. Pareca ser todava laico y yo lo conoca.

    Los doce hombres que veo siempre como nuevos apstoles deban ayudarle a llevar su carga: pero ellos venan demasiado lentamente. Pareca que l caera bajo el peso de la carga, entonces, finalmente, llegaron todos ellos, se pusieron debajo y numerosos ngeles vinieron en su ayuda. Eran solamente los cimientos y la parte posterior de la iglesia (el coro y el altar), todo el resto haba sido demolido por la secta y por los servidores de la iglesia mismos. (AA.III.124)

    Ellos llevan la Iglesia a otro lugar y me parece que varios palacios caan ante ellos como campos de trigo que se cosechan. (AA.III.124)

  • Cuando incluso no quedara ms que un solo cristiano catlico, la Iglesia podra triunfar de nuevo. (AA.III.124)

    Cuando vi la iglesia de San Pedro en su estado de ruina y como tantos eclesisticos trabajaban, estos tambin, a la obra de destruccin, sin que ninguno de ellos lo hiciera abiertamente ante los dems, sent una tal afliccin que grit hacia Jess con todas mis fuerzas, implorando su misericordia. Entonces vi ante mi a mi esposo celeste bajo la forma de un hombre joven y me habl durante largo tiempo. l dijo, entre otras cosas, que esta translacin de la iglesia de un lugar a otro significaba que ella estaba en completa decadencia, pero que reposaba sobre esos porteadores y se revelara con su ayuda. Incluso cuando slo quedara un solo cristiano catlico, la Iglesia podra triunfar de nuevo, ya que ella no tiene su fundamento en la inteligencia y los consejos de los hombres.

    l me mostr entonces como nunca haban faltado personas orando y sufriendo por la Iglesia. Me hizo ver todo lo que l mismo haba sufrido por ella, qu virtud haba dado a los mritos y a los trabajos de los mrtires y como l padecera de nuevo todos los sufrimientos inimaginables si le fuera posible sufrir de nuevo. Me mostr tambin en escenas innumerables la deplorable conducta de los cristianos y de los eclesisticos, en esferas cada vez ms vastas, extendindose a travs del mundo entero, includo mi pas, despus me exhort a perseverar en la oracin y el sufrimiento. Era una escena inmensa e indeciblemente triste que es imposible describir. Se me mostr tambin que ya no hay apenas cristianos en el antiguo sentido del trmino, por lo mismo que todos los judos que existen todava hoy son puros fariseos, solamente ms endurecidos que los antiguos: no hay ms que le pueblo de Judith en Africa que es semejante a los judos de antao. Esta visin me llen de tristeza. (AA.III.125)

    LA TORMENTA

    Vi una gran tormenta venir del Norte. Avanzaba en semicrculo hacia la ciudad de alta torre (Viena) y se extenda tambin hacia el poniente. Vi a lo lejos combates y surcos de sangre en el cielo por encima de varios lugares, y vi acercarse infinitas desgracias y miserias para la Iglesia. (AA.II.244)

    He visto en esta villa (Roma) terribles amenazas viniendo del Norte. (AA.II.414)

    Vi el sacrificio de Isaac en el monte Calvario. La parte de atrs del altar estaba vuelta hacia el Norte: los patriarcas colocaban siempre as el altar porque el mal vena del Norte. (AA.II.484)

    Oh ciudad, oh ciudad (Roma)! de qu ests amenazada? La tormenta est prxima. Mantnte en guardia! Pero espero que permanezcas inquebrantable. (AA.III.127)

    Vi a Roma en un estado tan deplorable que la menor chispa poda prender fuego por todas partes. Vi a Sicilia en sombras, espantosa y abandonada por todos aquellos que pudieran huir. (AA.III.127)

    Un da, estando en xtasis, ella exclam en voz alta y gimi: Veo la Iglesia completamente aislada y como completamente abandonada. Parece que todo el mundo

  • huye de ella. Todo est en lucha a su alrededor. Por todas partes veo grandes miserias, el odio, la traicin y el resentimiento, el conflicto, el abandono y una ceguera completa. (AA.III.127)

    Veo desde un punto central y tenebroso (y situado, parece ser, en Roma misma) partir mensajeros para llevar algo a varios lugares: esto sale de su boca como un vapor negro que cae sobre el pecho de los oyentes y enciende en ellos el odio y la rabia. (AA.III.127)

    Oro ardientemente por los oprimidos. Sobre los lugares donde oran algunas personas, veo descender la luz, en otros veo descender espesas tinieblas. La situacin es terrible. Cunto he rezado! (AA.III.127)

    VIENA

    Tuve la visin de una gran iglesia con una torre muy alta y muy artsticamente trabajada, situada en una gran ciudad, cerca de un largo ro. El patrn de la iglesia era san Esteban y vi cerca de l otro santo que fue martirizado tras l. (AA.II.243)

    Cerca de esta iglesia, vi a muchas personas distinguidas, entre las cuales varios extranjeros, con delantales y paletas de albail. Parecan enviados ah para demoler esta iglesia que estaba cubierta de pizarra. Todo tipo de personas del pas se unan a ellos: haba incluso sacerdotes y religiosos.

    Vi a continuacin a cinco hombres entrar en esta iglesia (la catedral de Viena), tres que parecan sacerdotes se haban revestido de ornamentos sacerdotales pesados y antiguos; los otros dos eran eclesisticos muy jvenes que parecan llamados a las santas rdenes. Me pareci tambin que estos recurran a la santa comunin y que estaban destinados a despertar la vida de las almas.

    De golpe, una llama parti la torre, se extendi sobre el tejado y pareca que todo se iba a consumir. Pensaba yo entonces en el ancho ro que pasaba por uno de los lados de la ciudad, preguntndome si no se podra con su agua apagar el fuego. Pero las llamas hirieron muchos de los que haban puesto su mano en el trabajo de demolicin: las llamas los cazaron y la iglesia continu de pi. Sin embargo vi que no se salvara ms que tras la gran tormenta que se aproximaba.

    Este incendio, cuyo aspecto era espantoso, indicaba en primer lugar un gran peligro, en segundo lugar un nuevo esplendor de la Iglesia tras la tempestad. En este pas ellos han comenzado ya a arruinar a la Iglesia por medio de escuelas que entregan a la incredulidad.

    Vi una gran tormenta venir del norte. Avanzaba en semicrculo hacia la ciudad de la alta torre y se extenda hacia el poniente. Vi a lo lejos combates y surcos de sangre en el cielo por encima de varios lugares, y vi acercarse desdichas y miserias infinitas para la Iglesia. (AA.III.245)

    Los protestantes se ponen por todas partes a atacar a la Iglesia. (AA.III.245)

  • PARIS

    En un lugar, me pareca que se minaba por debajo una gran ciudad en la que el mal estaba a sus anchas. Haba varios diablos ocupados en este trabajo. Estaban ya muy avanzados y yo crea que con tantos y tan pesados edificios la ciudad se derrumbara pronto. He tenido siempre a propsito de Pars la impresin de que deba de ser as engullido: veo tantas cavernas por debajo, pero que no se parecen a las grutas subterrneas de Roma con las esculturas que las decoran. (AA.II.157)

    LA CRISIS UNIVERSAL

    Cuando llego a un pas, veo lo mas a menudo en su capital, como en un punto central, el estado general de este pas bajo forma de noche, de bruma, de fro; veo tambin de muy cerca las sedes principales de la perdicin, yo comprendo todo y veo en escenas donde estn los mayores peligros. De estos focos de corrupcin, veo derrames y cenagales extenderse a travs del pas como canales envenenados y veo en medio de todo esto a gentes piadosas en oracin, las iglesias donde reposa el Santo Sacramento, los cuerpos innumerables de santos y bienaventurados, todas las obras de virtud, de humildad, de fe, ejercer una accin que sofoca, que apacigua, que detiene el mal, que ayuda donde hace falta. A continuacin tengo visiones donde los malvados como los buenos pasan ante mis ojos. (AA.II.408)

    Veo planear sobre ciertos lugares y ciertas ciudades, apariciones espantosas que les amenazan con grandes peligros o incluso con una destruccin total. Veo tal lugar derrumbarse de alguna manera en la noche: en otro, veo la sangre correr a ros en las batallas libradas en el aire, en las nubes. (AA.II.408)

    Y esto peligros, estos castigos, no los veo como cosas aisladas, sino que los veo como consecuencias de lo que pasa en otros lugares donde el pecado estalla en violencias y en combates encarnizados, y veo el pecado devenir la vara que golpea a los culpables. (AA.II.409)

    Atravesaba la via (la dicesis) de Saint Ludger (Munich) donde encontr todo en sufrimiento como anteriormente y pase por la via de saint Liboire (Paderborn) donde trabaj en ltimo lugar y que encontr en vias de mejora. Pas por el lugar (Praga) donde reposan san Juan Nepomuceno, san Wenceslao, Santa Ludmila y otros santos. Haban muchos santos, pero entre los vivos pocos sacerdotes piadosos y me pareca que las personas buenas y piadosas se mantenan escondidas ordinariamente. Iba siempre hacia el medioda (tras esa subida hacia el nordeste) y pasaba delante de la gran ciudad (Viena) que domina una alta torre y alrededor de la cual hay muchas avenidas y barrios. Dejaba esta ciudad a la izquierda y atraves una regin de altas montaas (los Alpes austracos) donde todava haba, por aqu y por all, mucha gente piadosa, especialmente entre aquellos que vivan dispersos: despus, yendo siempre hacia el medioda, llegue a la villa martima (Venecia) donde vi recientemente a San Ignacio y sus compaeros. Vi ah tambin una gran corrupcin: vi a San Marcos y otros santos. Iba por la via de san Ambrosio (la dicesis de Miln). Me acuerdo de muchas visiones y de gracias obtenidas por la intercesin de san Ambrosio, sobre todo la accin ejercida por l sobre san Agustn. He aprendido muchas cosas sobre l y, entre otras, que haba conocido a una persona que tena, en un cierto grado, el don de reconocer las reliquias.

  • Tuve visiones a propsito de ese asunto y creo que l ha hablado de ello en uno de sus escritos...

    Llegu a la casa de san Pedro y san Pablo (Roma) y vi un mundo tenebroso lleno de angustia, de confusin y de corrupcin... vi en esta ciudad terribles amenazas viniendo del norte.

    ESPAA

    Partiendo de ah, atraves el agua (el Mediterrneo), tocando a las islas donde hay una mezcla de bien y de mal y encontr que los ms aislados eran los ms felices y los ms luminosos: despus fui a la patria de Francisco Javier (Espaa), por que yo viajaba en la direccin del poniente. Vi all numerosos santos y vi el pas ocupado por soldados rojos. (AA.II.411)

    Su jefe (el de Espaa) estaba hacia el medioda ms all del mar. Vi a este pas (donde se encontraba el jefe) pasablemente tranquilo en comparacin de la patria de san Ignacio en donde yo entr a continuacin y vi en un estado espantoso. (AA.II.414)

    Vi a las tinieblas extendidas por toda esta regin, sobre la cual reposaba un tesoro de mritos y de gracias provenientes de san Ignacio. Yo me encontraba en el punto central del pas (Madrid). Reconoc el lugar donde, mucho tiempo antes, yo haba visto en una visin a inocentes arrojados en una hoguera. (AA.II.414)

    Vi finalmente a los enemigos del interior avanzando por todos los lados y aquellos que atizaban el fuego arrojados ellos mismos a la hoguera. (AA.II.415)

    Vi enormes abominaciones extenderse sobre el pas. Mi gua me dijo: Hoy Babel est aqu. Y vi por todo el pas una larga cadena de sociedades secretas, con un trabajo como en Babel, y vi el encadenamiento de estas cosas, hasta la construccin de la torre, en un tejido, fino como una tela de araa, extendindose a travs de todos los lugares y toda la historia: el producto supremo de esta floracin era Semiramis, la mujer diablica. (AA.II.415)

    Vi destruir todo lo que era sagrado y la impiedad y la hereja hacer irrupcin. (AA.II.415)

    Haba una amenaza de guerra civil prxima y de una crisis interior que iba a destruirlo todo. (AA.II.415)

    IRLANDA

    Desde este desgraciado pas (Espaa) fui conducida por encima del mar, aproximadamente hacia el norte, en una isla donde estuvo san Patricio (Irlanda). No haba ms que catlicos pero estaban muy oprimidos: tenan sin embargo relaciones con el Papa, pero en secreto. Haba todava mucho de bueno en este pas porque las personas estaban unidas entre ellas. (AA.II.416)

    De la isla de san Patricio llegue por encima de un brazo de mar (mar de Irlanda) a una gran isla. Estaba sombra, brumosa y fra.

  • Vi por aqu y por all algunos grupos de piadosos sectarios (...) el resto estaba todo en una gran fermentacin.

    Casi todo el pueblo estaba dividido en dos partidos, y ellos estaban ocupados en intrigas tenebrosas y desagradables.

    El partido ms numeroso era el mas malo: el menos numeroso tena los soldados a sus rdenes; no vala tampoco gran cosa, pero sin embargo vala ms. Vi una gran confusin y una lucha que se aproximaba y vi el partido menos numeroso tomar el poder.

    Haba en todo esto abominables maniobras: haba traiciones mutuas, todos se vigilaban los unos a los otros y cada uno pareca ser el espa de su vecino.

    Encima de este pas vi una gran cantidad de amigos de Dios pertenecientes a los tiempos pasados: cuantos santos reyes, obispos, propagadores del cristianismo que haban venido de all hacia Alemania a trabajar en nuestro beneficio! Vi a santa Walburge, el rey Eduardo, Edgar y tambin santa Ursula.

    Vi mucha miseria en el pas fro y brumoso: vi la opulencia, vicios y numerosos navos.

    De all, fui al levante, ms all del mar, a un territorio fro donde vi a santa Brigida (de Suecia), san Canut (rey de Dinamarca y patrn de ese pas) y a san Eric (rey de Suecia). Este pas estaba ms tranquilo y ms pobre que el precedente, pero era tambin fro, brumoso y sombro. No s ya ms que es lo que he visto y hecho all. Todo el mundo era protestante. (AA.II.417)

    Desde ese lugar fui a un inmenso territorio (Rusia) completamente tenebroso y lleno de maldad, de all surgan grandes tormentas. Los habitantes eran de un orgullo inusitado. (AA.II.418)

    Construan grandes iglesias y crean tener la razn de su parte. Vi que se armaban y que se trabajaba por todos los lados: todo era sombro y amenazante. Vi ah a san Basilio y a otros. Vi sobre el castillo de tejados deslumbrantes el Maligno que se mantena en las agujas. (AA.II.418)

    Mientras que todo esto surge como un desarrollo de los cuadros tenebrosos que veo en al tierra en estos pases, veo los buenos grmenes luminosos que hay en ellos, dar nacimiento a escenas situadas en una regin ms elevada. Veo por encima de cada pas un mundo de luz que representa todo lo que se ha hecho por l por los santos, hijos de ese pas, los tesoros de gracia de la Iglesia que ellos han hecho descender sobre l por los mritos de Jesucristo. Vi por encima de iglesias devastadas planear iglesias en la luz, vi a los obispos y los doctores, los mrtires, los confesores, los videntes y todos los privilegiados de la gracia que han vivido all: entro en las escenas donde figuran sus milagros y las gracias que ellos han recibido, y veo las visiones, las revelaciones, las apariciones ms importantes que ellos han recibido: veo todas sus vidas y sus relaciones, la accin que han ejercido de cerca o de lejos, el encadenamiento de sus trabajos y los efectos producidos por ellos hasta las distancias ms alejadas. Veo todo lo que ha sido hecho, como ha sido todo ello aniquilado; y como, con todo, la bendicin permanece siempre sobre las vas que ellos han recorrido, como ellos permanecen

  • siempre en unin con su patria y su rebao por la intermediacin de gentes piadosas que guardan su memoria y particularmente como sus osamentas, all donde reposan, son, por medio de una relacin intima que las religa a ellos, fuentes de su caridad y de su intercesin.

    Sin el socorro de Dios, no se podran contemplar tantas miseria y abominaciones hacia esta caridad y esta misericordia, sin morir por ello de dolor. (AA.II.409)

    LA NATURALEZA HERIDA DE MUERTE

    Vi la tierra como una superficie redonda que estaba cubierta de oscuridad y de tinieblas. (AA.II.158)

    Todo se desecaba y pareca perecer. Vi esto con detalles innumerables en criaturas de toda especie, tales como los rboles, los arbustos, las plantas, las flores y los campos. Era como si el agua hubiera sido quitada de los arroyos, las fuentes, los ros y los mares, o como si ella volviera a su origen, a las aguas que estn por encima del firmamento y alrededor del paraso. Atraves la tierra desolada y vi los ros como lneas delgadas, los mares como negros abismos donde no se vea ms que algunos charcos de agua en el centro. Todo el resto era un fango espeso y turbio en el cual vea animales y peces enormes atrapados luchando contra la muerte. Iba lo suficientemente lejos par poder reconocer la orilla del mar donde yo haba visto antes ahogar a san Clemente. Vi tambin lugares y hombres en el ms triste estado de confusin y de perdicin y vi, a medida que la tierra se volva ms desolada y ms rida, las obras tenebrosas de hombres que las cruzaban. Vi muchas abominaciones con un gran detalle; reconoc Roma y vi a la Iglesia oprimida y su decadencia en el interior y en el exterior. (AA.III.158)

    CINCUENTA O SESENTA AOS ANTES DEL AO 2000

    En medio del infierno haba un abismo espantoso; Lucifer fue precipitado all cargado de cadenas, una espesa humareda lo rodeaba por todas partes. Su destino era regulado por una ley que Dios mismo haba dictado; vi que, cincuenta o sesenta aos, si no me equivoco entes del ao 2000, Lucifer deba salir durante algn tiempo del abismo.

    Vi muchos otros datos que he olvidado, otros demonios deban tambin ser puestos en libertad en una poca ms o menos alejada, con el fin de tentar a los hombre y de servir de instrumentos a la justicia divina. Muchos de estos demonios deben salir del abismo en esta poca y otros de aqu a poco tiempo. (DD.452)

    Vi que los apstoles fueron enviados a la mayor parte de la tierra para abatir por todas partes el poder de Satn y para aportar bendiciones, y que las regiones donde operan eran las que haban sido ms fuertemente envenenadas por el enemigo.

    Si estos pases no han perseverado en la fe cristiana y estn ahora dejados al abandono, eso ha sido, como lo he visto, por una sabia disposicin de la Providencia. Ellos deban ser solamente bendecidos para el porvenir y ellos permanecen baldos con el fin de que

  • sembrados de nuevo, lleven frutos abundantes cuando los dems se hayan quedado sin cultura. (AA.II.340)

    Cuando Jess descendi sobre la tierra y fue la tierra regada con su Sangre, la potencia infernal disminuy considerablemente , y sus manifestaciones se hicieron ms tmidas. (BV.56)

    III

    LA GLORIA CREPUSCULAR DE LA IGLESIA

    LA RECONSTRUCCIN DE LA IGLESIA

    Entonces vi reconstruir la Iglesia muy rpidamente y con ms magnificencia que nunca. (AA.III.114)

    Vi una mujer llena de majestad avanzar en la gran plaza que est ante la Iglesia. Ella mantena su amplio manto sobre los dos brazos y se elevaba suavemente en el aire. Se pos sobre el domo y extendi sobre toda la extensin de la Iglesia su manto que pareca irradiar oro. Los demoledores se haban tomado un momento de reposo, pero, cuando quisieron volver al trabajo, les fue absolutamente imposible acercarse al espacio cubierto por el manto. (AA.II.204)

    Despus vi, a lo lejos, acercarse grandes cohortes, ordenadas en crculo alrededor de la iglesia, unas sobre la tierra, otras en el cielo. La primera se compona de hombres y mujeres jvenes, la segunda de personas casadas de toda condicin entre los cuales reyes y reinas, la tercera de religiosos, la cuarta de gentes de guerra. Ante ellos vi a un hombre montado sobre un caballo blanco. La ltima tropa estaba compuesta de burgueses y de paisanos de los cuales muchos estaban marcados en la frente con una cruz roja. (AA.III.113)

    Vi la iglesia de San Pedro: estaba desnuda, con excepcin del coro y del altar mayor. Despus vinieron de todas partes del mundo sacerdotes y laicos que rehicieron los muros de piedra. (AA.III.118)

    Mientras se acercaban, cautivos y oprimidos fueron liberados y se unieron a ellos. (AA.III.114)

    Todos los demoledores y los conjurados fueron expulsados de todas partes y fueron, sin saber como, reunidos en una nica masa confusa y cubierta de una bruma. Ellos no saba ni lo que haban hecho, ni lo que deban hacer, y corran, dndose cabezazos unos contra otros. Cuando fueron todos reunidos en una sola masa, los vi abandonar su trabajo de demolicin de la iglesia y perderse en los diversos grupos. (AA.III.114)

  • Entonces vi rehacer la Iglesia muy rpidamente y con ms magnificencia que nunca: porque las personas de todas las cohortes se hacan pasar las piedras de un extremo del mundo al otro. Cuando los grupos ms alejados se acercaban, el que estaba ms cerca del centro se retiraba tras los otros. Era como si ellos representasen diversos trabajos de la oracin y el grupo de soldados las obras de la guerra. Vi en este a amigos y enemigos pertenecientes a todas las naciones. Eran simplemente gentes de guerra como los nuestros (como los soldados de su tiempo) y vestidos igual (con uniformes).

    El crculo que formaban no estaba cerrado, pero haba hacia el norte un gran intervalo vaco y sombro: era como un agujero, como un precipicio. Tuve el sentimiento de que haba all una tierra cubierta de tinieblas. (AA.III.114)

    Vi tambin a una parte de este grupo permanecer atrs: no queran ir hacia delante y todos tenan un aspecto sombro y permanecan juntos unos contra otros. En todos estos grupos, vi muchas personas que deban sufrir el martirio por Jess: haba todava ah muchos malvados y otra separacin tendra que suceder ms adelante...

    Sin embargo vi a la iglesia completamente restaurada; por encima de ella, sobre una montaa, el Cordero de Dios rodeado de un grupo de vrgenes con palmas en las manos, y tambin los cinco crculos formados por las cohortes celestiales correspondientes a aquellos de aqu abajo que pertenecen a la tierra. (AA.III.113-115)

    LA GUERRA ESPIRITUAL

    Vi grandes tropas viviendo de varios pases dirigirse hacia un punto y combates que se libraban por todas partes. Vi en medio de ellos una gran mancha negra, como un enorme agujero; aquellos que combatan alrededor eran cada vez menos numerosos, como si muchos cayeran sin que se dieran cuenta.

    Durante ese tiempo, vi todava en medio de los desastres a los doce hombres, de los que ya he hablado, dispersados en diversos lugares sin saber nada los unos de los otros, recibir rayos del agua viva. Vi que todos hacan el mismo trabajo en diversos lados; que ellos no saban de donde se les haba pedido hacerlo y que cuando una cosa se haba hecho, otra se les daba para hacer. Eran siempre doce de los cuales ninguno tena ms de cuarenta aos... vi que todos reciban de Dios lo que se haba perdido y que operaban el bien por todos lados; eran todos catlicos. Vi tambin, en los tenebrosos destructores, falsos profetas y gentes que trabajaban contra los escritos de los doce nuevos apstoles.

    Como las fuerzas de los que combatan alrededor del abismo tenebroso se iban debilitando cada vez ms, y como durante el combate toda una ciudad haba desaparecido, los doce hombres apostlicos ganaban sin cesar un gran nmero de adherentes, y de la otra ciudad (Roma) parta como un cono luminoso que entraba en el crculo sombro. (AA.III.159)

    LAS DOS CIUDADES

    Vi en dos esferas opuestas, al imperio de Satn y al imperio del Salvador. Vi la ciudad de Satn y una mujer, la prostituta de Babilonia, con sus profetas y sus profetisas, sus taumaturgos y sus apstoles. Ah todo era rico, brillante, magnifico, comparado con el

  • imperio del Salvador. Vi all a reyes, emperadores, sacerdotes magnficamente vestidos y subidos en carrozas; Satn tena un trono magnfico.

    Al mismo tiempo vi el imperio del Salvador, pobre y a penas visible sobre la tierra, sumergido en el luto y la desolacin. La Iglesia me fue presentada a la vez bajo los rasgos de la Virgen y bajo los del Salvador en la cruz, cuyo costado entreabierto pareca indicar al pecador el asilo de la gracia. (BB.IV.168)

    MARA, PROTECTORA DE LA IGLESIA

    Vi por encima de la iglesia (San Pedro de Roma) muy disminuida, una mujer majestuosamente vestida con un manto azul cielo que se situaba a lo lejos, portando una corona de estrellas sobre la cabeza. (AA.III.160)

    Vi una especie de gran manto que iba amplindose constantemente y que acab por abrazar todo un mundo con sus habitantes. Al mismo tiempo este smbolo fue para mi una imagen del tiempo presente, y vi a sacerdotes hacer agujeros en ese manto para mirar a travs de l. (BB.III.344)

    Vi en una gran ciudad una iglesia que era la mas pequea, llegar a ser la primera. (AA.III.160)

    Los nuevos apstoles se reunieron todos en la luz. Creo haberme visto entre los primeros con otro que yo conoca. (AA.III.160)

    Ahora todo volva a florecer. Vi un nuevo Papa, muy firme; vi tambin el negro abismo retraerse cada vez ms: al final lleg un momento que un cubo de agua poda cubrir la abertura.

    En ltimo lugar vi todava tres grupos o tres reuniones de hombres unirse a la luz. Tenan entre ellos personas iluminadas, y entraron en la iglesia.

    Las aguas abundaban por todas partes: todo era verde y florido. Vi construir iglesias y conventos. (AA.III.161)

    Vi tambin que la ayuda llegaba en el momento de ms desolacin.

    Vi de nuevo a la Santa Virgen subir a la iglesia y extender su manto. Cuando tuve esta ltima visin, no vi al Papa actual. Vi uno de sus sucesores. Le vi a la vez suave y severo. El saba atraerse a los buenos sacerdotes y expulsar a los malos.

    Vi todo renovarse y una iglesia que se elevaba hasta el cielo. (AA.III.103)

    EL COMBATE DE SAN MIGUEL

    Ya toda la parte anterior de la iglesia se haba derrumbado: no quedaba de pi ms que el santuario con el Santsimo Sacramento. Estaba yo derrumbada de tristeza y me

  • preguntaba donde estaba ese hombre que haba visto otras veces sobre la iglesia para defenderla, llevando una vestimenta roja y un estandarte blanco. (AA.II.203)

    Vi de nuevo la iglesia de San Pedro con su alta cpula. San Miguel se mantena en lo alto, brillante de luz, llevando una vestimenta roja de sangre y sosteniendo en la mano un gran estandarte de guerra.

    Sobre la tierra haba un gran combate. Los verdes y los azules combatan contra los blancos, y estos blancos que tenan por encima de ellos una espada roja y llameante, parecan estar derrotados: pero todos ignoraban por que combatan. (AA.II.205)

    La Iglesia estaba completamente roja de sangre como el ngel, y se me dijo que ella sera lavada en la sangre.

    Cuanto ms duraba el combate, ms el color sangrante se borraba de la iglesia y se volvi cada vez ms transparente. Sin embargo el ngel descendi, fue hacia los blancos y le vi varias veces al frente de todas sus cohortes. Entonces fueron animados de un coraje maravilloso sin que ellos supieran de donde vena eso; era el ngel que multiplicaba sus golpes entre los enemigos, los cuales huan por todos lados. La espada de fuego que estaba por encima de los blancos victorioso desapareci entonces.

    Durante el combate, las tropas de enemigos pasaban continuamente a su lado y una vez vino una muy numerosa.

    Por encima del campo de batalla, tropas de santos aparecieron en el aire: mostraron, indicaban lo que haba que hacer, hacan signos con las mano: todos eran diferentes entre ellos, pero inspirados de un mismo espritu y actuando en un mismo espritu.

    Cuando el ngel descendi de lo alto de la iglesia, vi por encima de l en el cielo una gran cruz luminosa a la cual el Salvador estaba ligado; de sus cicatrices surgan haces de rayos resplandecientes que se extendan sobre el mundo. Las cicatrices eran rojas y semejantes a puertas brillantes cuyo centro era del color del sol. No llevaba corona de espinas, sino que de todas las heridas de la cabeza surgan rayos que se dirigan horizontalmente sobre el mundo. Los rayos de sus manos, del costado y de los pies tenan los colores del arco iris; se dividan en lneas muy menudas, a veces tambin se reunan y alcanzaban de esa manera a pueblos, ciudades, casas sobre toda la superficie del globo. Los vi por un lado y por otro, a veces lejos, a veces cerca, caer sobre diversos moribundos y aspirar las almas que, entrando en uno de estos rayos coloreados, penetraban en la llaga del Seor. Los rayos de la herida del costado se repartan sobre la iglesia situada por encima, como una corriente abundante y muy amplia. La iglesia estaba toda iluminada, y vi la mayor parte de las almas entrar en el Seor por esta corriente de rayos.(AA.II.205)

    Vi tambin planear sobre la superficie del cielo un corazn brillando con una luz roja, del cual parta una va de rayos blancos que conducan a la llaga del costado...

    ... y otra va que se extenda sobre la Iglesia y sobre muchos pases...

  • ... estos rayos atraan hacia ellos un gran nmero de almas que, por el corazn y la va luminosa, entraban en el costado de Jess. Se me dijo que el corazn era Mara. (AA.II.205)

    Tuve entonces la visin de una inmensa batalla. Toda la planicie estaba cubierta de una gran humo: haba bosquecillos llenos de soldados de donde surgan continuamente. Era un lugar bajo: se vean grandes ciudades en la lejana. Vi a san Miguel descender con una numerosa tropa de ngeles y separar a los combatientes. Pero esto no llegar ms que cuando todo parezca perdido. Un jefe invocar a san Miguel y entonces la victoria descender.

    Ella ignoraba la poca de esta batalla. Dijo una vez que eso ocurrira en Italia, no lejos de Roma donde muchas cosas antiguas seran destruidas y donde muchas santas cosas nuevas (es decir desconocidas hasta entonces) reapareceran un da. (AA.III.24)

    San Miguel descendi en la iglesia (demolida con excepcin del coro y del altar mayor) revestido con su armadura, y detuvo, amenazndoles con su espada, a varios malos pastores que queran penetrar all. Los expuls a un rincn oscuro donde se sentaron, mirndose unos a otros. La parte de la Iglesia que estaba demolida fue enseguida rodeada de una ligera claridad, de manera que se pudo celebrar perfectamente el servicio divino. Despus vinieron de todas partes del mundo sacerdotes y laicos, que rehicieron los muros de piedra, ya que los demoledores no haban podido quitar las fuertes piedras de los cimientos. (AA.III.118)

    LA MUJER FUERTE

    Vi a la hija del rey de reyes atacada y perseguida. Lloraba mucho por toda la sangre que se iba a verter y pasaba su vista sobre una tribu de vrgenes fuertes que deban combatir a su lado. Tuve mucho que hacer con Ella y le supliqu que pensara en mi pas y en ciertos lugares que le recomend. Ped para los sacerdotes algo de sus tesoros, Ella me respondi: S, tengo grandes tesoros, pero son pisoteados. Ella llevaba una vestimenta azul cielo. (AA.III.181)

    All arriba, recib de mi conductor una nueva exhortacin a orar yo misma y a animar a todo el mundo, todo lo posible, a orar por los pecadores y en particular por los sacerdotes desviados. Muy malos tiempos van a venir, me dijo l. (AA.III.182)

    Los no catlicos seducirn a muchas personas y buscarn por todos los medios imaginables quitarle todo a la Iglesia. Seguir de ello una gran confusin (AA.III.182)

    Tuve otra visin donde vi como se preparaba la armada de la hija del rey. Una multitud de personas contribuan a ello. Y lo que ellas aportaban consista en oraciones, en buenas obras, en victorias sobre s mismas y en trabajos de toda especie. Todo esto iba de mano en mano hasta el cielo y all, cada cosa, tras haber pasado por un trabajo particular, llegaba a ser una pieza de la armadura de la que se revesta la Virgen. No se poda dejar de admirar hasta qu punto todo se ajustaba bien y era impresionante ver como cada cosa significaba otra. La Virgen fue armada de la cabeza a los pies. Reconoc varias de las personas que daban su ayuda y vi con sorpresa que establecimientos enteros y grandes y sabios personajes no provean nada, mientras que las piezas

  • importantes de la armadura provenan de gentes pobres y de pequea condicin. (AA.III.182)

    Vi la batalla. Los enemigos eran infinitamente ms numerosos; pero la pequea tropa fiel abata a filas enteras. Durante el combate la Virgen armada estaba sobre una colina: yo corr hacia Ella y le recomend mi patria y los lugares por los cuales yo rezaba. Su armadura tena algo de extrao: todo tena un significado: llevaba un casco, un escudo y una coraza. En cuanto a las gentes que combatan, se asemejaban a los soldados actuales. Era una guerra terrible: al final no qued ms que una pequea tropa de lderes de la buena causa, los cuales tuvieron la victoria. (AA.III.182)

    LA PURIFICACIN

    La incredulidad de la poca (en la que viva Ana Catalina) est en su plenitud: habr todava una confusin increble; pero despus de la tormenta la fe se restablecer. (AA.II.132)

    Sin embargo, del otro lado, aquellos que restauraban se pusieron a trabajar con una increble actividad. Vinieron hombres de mucha edad, impotentes, olvidados, despus muchos jvenes fuertes y vigorosos, mujeres, nios, eclesisticos y seglares y el edificio fue muy pronto restaurado enteramente. (AA.II.204)

    Vi entonces a un nuevo Papa venir con una procesin. Era ms joven y mucho ms severo que el precedente. Se le recibi con una gran pompa. Pareca listo para consagrar a la iglesia (San Pedro de Roma) pero o una voz diciendo que una nueva consagracin no era necesaria, que el Santsimo Sacramento haba permanecido siempre all. (AA.II.204)

    Deban entonces celebrarse muy solemnemente una doble fiesta: un jubileo universal y la restauracin de la iglesia. El Papa, antes de comenzar la fiesta, haba ya dispuesto a sus gentes que echaron fuera de la asamblea de los fieles, sin encontrar ninguna oposicin, una muchedumbre de miembros del alto y bajo clero. (AA.II.204)

    Vi que ellos dejaron la asamblea murmurando y llenos de clera. El Papa tom a su servicio otras personas, eclesisticas e incluso laicas. Entonces comenz la gran solemnidad en la iglesia de San Pedro. (AA.II.204)

    Los hombres del delantal blanco continuaban trabajando en su obra de demolicin sin ruido y con cuidado, cuando los otros no les vean: eran cuidadosos y estaban al acecho. (AA.II.204-205)

    En la fiesta de la Purificacin, en 1822, ella cont lo que sigue:

    He visto, estos das, cosas maravillosas en torno a la Iglesia. La iglesia de San Pedro estaba casi enteramente destruida por la secta: pero los trabajos de la secta fueron tambin destruidos y todo lo que les perteneca, sus delantales y sus pertrechos fueron quemados por el verdugo en una plaza marcada de infamia. Era solamente cuero de caballo y la hediondez era tan grande que me puso enferma.

  • He visto en esta visin a la Madre de Dios trabajar de tal manera para la Iglesia que mi devocin hacia Ella todava se increment ms. (AA.III.115)

    LA CASA NUPCIAL

    El Esposo celebra su boda, es decir su indisoluble unin con la Iglesia, como renovndose constantemente, y para presentarla a Dios el Padre puro y sin mancha en todos sus miembros, l vierte incesantemente torrentes de gracia. Pero cada uno de estos dones debe ser tenido en cuenta y entre aquellos que los reciben, un pequeo nmero solamente podra encontrarse en regla para esta rendicin de cuentas, si el Esposo de la Iglesia no preparase en todas las pocas instrumentos que recojan lo que otros dejan perder, que hacen valer los talentos que otros rechazan, que paguen las deudas contradas por otros.

    Antes de haberse manifestado en carne en la plenitud de los tiempos para concluir en su Sangre el nuevo matrimonio, l haba, por el misterio de la Inmaculada Concepcin, preparado a Mara para ser el tipo primordial y eternamente inmaculado de la Iglesia. (AA.II.247)

    Hace veinte aos ahora que mi novio me condujo a la casa nupcial y me puso sobre el spero lecho de novia en el cual estoy todava yaciendo. (AA.I.246)

    Me encontraba en la Casa Nupcial y vi un ruidoso cortejo matrimonial llegar en varias carrozas. La novia, que tena cerca de ella muchos hombres y mujeres, era una persona de gran talla, con aspecto descarado y con una apariencia de cortesana.

    Tena sobre la cabeza una corona, en el pecho muchas joyas, tres cadenas y tres broches de oropel de los que estaban suspendidos una cantidad de instrumentos, de figuras representando cangrejos de ro, ranas, sapos, saltamontes, y tambin pequeos cuernos, anillos, silbatos, etc. Su vestimenta era escarlata. Sobre su hombro se agitaba un bho, que le hablaba a la oreja, tanto a la derecha, tanto a la izquierda: pareca ser su espritu familiar.

    Esta mujer, con toda su corte y numerosos equipajes, entr pomposamente en la casa nupcial y expuls a todos los que all estaban. Los viejos seores y eclesisticos tuvieron a penas tiempo de recoger sus libros y sus papeles, todos fueron obligados a salir, unos llenos de horror, otros llenos de simpata hacia la cortesana. Unos fueron a la iglesia, otros en diversas direcciones, marchando en grupo separados.

    Ella dio la vuelta a todo lo que haba en la casa, hasta la mesa y los vasos que estaban encima.

    Tan solo la habitacin donde estaban los hbitos de la novia y la sala que yo vi transformarse en una iglesia consagrada a la Madre de Dios permanecieron firmes e intactas.

    Cosa remarcable, la cortesana, todos sus pertrechos y sus libros brillaban lustrosos, y ella tena el olor infecto de ese escarabajo brillante que huele tan mal. Las mujeres que la rodeaban eran profetisas magnticas: ellas profetizaban y la sostenan.

  • Pero esta innoble novia quera casarse y, lo que es ms, con un joven sacerdote piadoso e iluminado. Creo que era uno de los doce que veo a menudo operar obras importantes bajo la influencia del Espritu Santo. El haba huido de la casa ante esta mujer. Ella le hizo volver dirigindole las palabras ms aduladoras.

    Cuando l lleg, ella le mostr todo y quera poner todo en sus manos. El se detuvo algn tiempo: pero como ella se mostraba con l presionante y sin discrecin, y que ella empleaba todos los medios imaginables para llevarlo a tomarla como mujer, l tomo un aspecto muy grave y muy imponente: la maldijo as como todos sus manejos, como siendo los de una infame cortesana, y se retir.

    Entonces vi todo lo que haba con ella, irse, ceder el lugar, morir y calumniar. Toda la Casa nupcial devino en un instante sombra y negra, y las cosas brillantes comenzaron a carcomerse. La mujer misma, carcomida enteramente, cay por tierra y quedo en el suelo, conservando su forma exterior: pero todo en ella se haba descompuesto.

    Entonces, cuando todo se redujo a polvo y el silencio rein por todo, el joven sacerdote volvi y con l otros dos, de los cuales uno, que era un hombre de edad, pareca enviado de Roma.

    El viejo llevaba una cruz que plant ante la Casa nupcial, que se haba vuelto totalmente negra: sac algo de esa cruz, entr en la casa, abri las puertas y ventanas, y pareci que los dems que estaban ante la casa oraban, consagraban y hacan exorcismos.

    Se levant una tormenta impetuosa que pas a travs de la casa y sali de ella un vapor negro que se fue a lo lejos hacia una gran ciudad en la que se dividi en nubes de diverso tamao. En cuanto a la Casa, fue de nuevo ocupada por un nmero elegido entre los antiguos habitantes. Se instalaron tambin algunos de aquellos que haban venido con la novia impura y que se haban convertido. Todo fue purificado y comenz a prosperar. El jardn tambin volvi a su primitivo estado. (AA.II.398)

    Vi una gran fiesta en la iglesia que, tras la victoria irradiaba como el sol

    Vi un nuevo Papa muy austero y muy enrgico

    Vi antes del comienzo de la fiesta, muchos obispos y pastores expulsados por l a causa de su maldad.

    Vi entonces, cerca de ser cumplida, la plegaria: Venga a nosotros tu reino. (AA.II.209)

    El 27 de diciembre, fiesta de San Juan Evangelista, ella vio a la Iglesia romana brillante como un sol. Partan de ella rayos que se repartan por el mundo entero: Se me dijo que eso se relacionaba con el Apocalipsis de san Juan, sobre el cual diversas personas en la Iglesia deben recibir luces y esa luz caer toda ella sobre la Iglesia. (AA.II.202)

    Mientras el combate tena lugar sobre la tierra, la Iglesia y el ngel, que desapareci pronto, se haban vuelto blancos y luminosos. La cruz tambin se desvaneci y en su

  • lugar se mantena de pi sobre la Iglesia una gran mujer brillante de luz que extenda hasta lejos y por encima de ella su manto de oro irradiante.

    LA RENOVACIN DE LA IGLESIA

    En la Iglesia se vio operar una reconciliacin acompaada de testimonios de humildad. Vi a los obispos y pastores aproximarse unos a otros y cambiar sus libros: las sectas reconocan a la Iglesia, a su maravillosa victoria y a las claridades de la revelacin que ellas haban visto con sus ojos irradiar sobre ella. Estas claridades venan de los rayos del surtidor que san Juan haba hecho brotar del lago de la montaa de los profetas. Cuando vi esta reunin, sent una profunda impresin de la proximidad del reino de Dios. Sent un esplendor y una vida superior manifestarse en toda la naturaleza y una santa emocin embargar a todos los hombres, como en los tiempos cuando el nacimiento del Seor estaba prximo y sent de tal manera la cercana del reino de Dios que me sent forzada a correr a su encuentro y a dar gritos de alegra.

    Tuve el sentimiento del advenimiento de Mara en sus primeros ancestros. Vi su estirpe ennoblecerse a medida que Ella se aproximaba al punto en el que se producira esta flor. Vi llegar a Mara, cmo fue? Yo no s expresarlo; es de la misma manera que tengo el presentimiento de un acercamiento del reino de Dios. Yo lo he visto aproximarse, atrado por el ardiente deseo de muchos cristianos, llenos de humildad, de amor y de fe; era el deseo que le atraa.

    Vi una gran fiesta en la Iglesia que, tras la victoria conseguida, irradiaba como el sol. Vi un nuevo Papa austero y muy enrgico. Vi, antes del comienzo de la fiesta, muchos obispos y pastores expulsados por l, a causa de su maldad. Vi a los santos apstoles tomar una parte muy especial en la celebracin de esta fiesta en la Iglesia. Vi entonces muy cerca de su realizacin la plegaria: Venga a nosotros tu reino. Me pareca ver jardines celestes, brillantes de luz, descender de arriba, reunirse en la tierra, en lugares donde el fuego estaba encendido, y baar todo lo que est por debajo en una luz primordial.

    (...)

    Lo mismo que en la estirpe de David, la promesa fue preservada hasta su cumplimiento en Mara en la plenitud de los tiempos; lo mismo que esa estirpe fue cuidada, protegida, purificada hasta el momento en el que ella produjo en la Santa Virgen la luz del mundo, de la misma manera, este santo de la montaa de los profetas purifica y conserva todos los tesoros de la creacin y de la promesa, as como el significado y la esencia de toda palabra y de toda criatura hasta que los tiempos se cumplan. l rechaza y borra todo lo que es falso y malo; entonces es una corriente tan pura como cuando sale del seno de Dios, y es as como fluye hoy en la naturaleza entera.

    Yo estaba en el jardn de la Casa nupcial. La matrona estaba todava enferma, pero sin embargo ella pona en orden, limpiaba y quitaba los escombros por aqu y por all en el jardn.

    Vi a varios santos revestidos de antiguos hbitos sacerdotales que limpiaban diversas partes de la iglesia y quitaban las telas de araa. La puesta estaba abierta, la iglesia se

  • volva cada vez ms luminosa. Era como si los dueos hicieran el trabajo de los criados: ya que aquellos que estaban en la casa nupcial no hacan nada y muchos estaban descontentos. (AA.II.361)

    Haba sin embargo por aqu un gran movimiento. Pareca que algunos dudaran de entrar aun cuando la iglesia estaba totalmente puesta en orden: pero algunos entonces deban ser apartados a un lado. (AA.II.361)

    Mientras que la iglesia se volva cada vez mas bella y ms luminosa, surgi de repente en su seno una bella fuente limpia que extendi por todas partes un agua pura como el cristal, sali a travs de los muros y, fluyendo en el jardn, reanim todo. (AA.II.361)

    A la efusin de esta fuente, todo se volvi luminoso y ms dichoso y vi por encima de ella un altar resplandeciente como un espritu celeste, como una manifestacin y un crecimiento futuros (AA.II.361)

    Pareca que todo iba creciendo en la iglesia, muros, tejados, decoraciones, cuerpo del edificio, en fin todo; y los santos continuaban trabajando y el movimiento cada vez ms grande en la Casa nupcial. (AA.II.361)

    Entonces tuve una nueva visin. Vi a la Santa Virgen por encima de la iglesia, y alrededor de ella a los apstoles y obispos. Vi por encima grandes procesiones y ceremonias solemnes.

    Vi grandes bendiciones repartidas desde lo alto y muchos cambios. Vi tambin al Papa ordenar y regular todo ello. Vi surgir hombres pobres y simples de los cuales muchos eran todava jvenes. Vi muchos antiguos dignatarios eclesisticos que, habindose puesto al servicio de los malos obispos, haban dejado en el olvido los intereses de la Iglesia, arrastrarse en muletas, como cojos y paralticos; fueron llevados por dos conductores y recibieron su perdn.

    Vi una cantidad de malos obispos, que haban credo poder hacer algo ellos mismos y que no reciban por sus trabajos la fuerza de Cristo por la intermediacin de sus santos predecesores y de la Iglesia, alejados y reemplazados por otros. (AA.II.492)

    Los enemigos que haban huido en el combate no fueron perseguidos; pero se dispersaron por todos lados. (AA.II.240)

    Vi al sacerdocio y a las rdenes religiosas renovarse tras una larga decadencia.

    Me pareca que una masa de personas piadosas haba surgido y que todo sala de ellos y se desarrollaba (AA.III.176)

    Vi en la iglesia de San Pedro, en Roma, una gran fiesta con muchas luces y vi que el Santo Padre, as como muchos otros, ha sido fortalecido por el Espritu Santo.

    Vi tambin, en diversos lugares del mundo, la luz descender sobre los doce hombres que veo tan a menudo como doce nuevos apstoles o profetas de la Iglesia. (AA.II.429)

  • EL PAPA FUTURO

    Le vi a la vez suave y severo. Saba atraerse a los buenos sacerdotes y rechazar lejos de l a los malos. Vi todo renovarse y una iglesia que se elevaba hasta el cielo. (AA.III.103)

    Vi un nuevo Papa muy firme (AA.III.161)

    Hubo en la iglesia espiritual una fiesta de accin de gracias; haba all una gloria esplndida, un trono magnficamente adornado. San Pablo, San Agustn y otros santos convertidos figuraban all de una manera muy especial. Era una fiesta en la que la Iglesia triunfante daba gracias a Dios de una gran gracia que no debe llegar a su madurez ms que en el futuro. Era algo como una consagracin futura. Esto tena relacin con el cambio moral operado en un hombre de condicin esbelta y bastante joven, el cual debe un da llegar a ser Papa.

    He visto tambin en esta visin muchos cristianos entrar en la Iglesia. Entraban a travs de los muros de la iglesia. (AA.III.177)

    Vi que este Papa debe ser severo y que l alejar de s a todos los obispos tibios y fros. Pero mucho tiempo debe todava pasar hasta que esto ocurra.(AA.III.177)

    Vi a este futuro Papa en la iglesia rodeado de otros hombres piadosos: estaba relacionado con ese viejo sacerdote que vi morir en Roma, hace algunos das.

    El joven estaba ya en las ordenes y pareca que recibiera hoy (27 de enero de 1822) una dignidad. No es Romano, sino Italiano, de un lugar que no est muy alejado de Roma, y pertenece, creo, a una piadosa familia principesca. (Se trataba del futuro Papa Po IX) (AA.III.178)

    EL LIBRO DE LOS SIETE SELLOS

    Hubo una gran solemnidad en la iglesia y vi por encima de ella una nube luminosa sobre la cual descendan los apstoles y los santos obispos que se reunan en coros por encima del altar. Vi entre ellos a san Agustn, san Ambrosio y todos aquellos que han trabajado mucho por la exaltacin de la Iglesia. (AA.II.493)

    Era una gran solemnidad; la misa fue celebrada, y vi en medio de la iglesia un gran libro abierto del que pendan tres sellos por el lado ms ancho y dos otros sellos por cada uno de los otros lados. Vi tambin en lo alto al apstol san Juan y aprend que eran las revelaciones que l haba tenido en Pathmos. El libro estaba situado sobre un pupitre en el coro. Antes de que ese libro fuera abierto, ocurri algo que he olvidado. Es una pena que haya esta laguna en la visin. (AA.II.493)

    El 27 de diciembre ella vio la Iglesia romana brillante como un sol:

    Se me dijo que eso se relacionaba con el Apocalipsis de san Juan, sobre el cual diversas personas en la iglesia deben recibir luces y esta luz caer toda ella sobre la Iglesia. (AA.II.202)

  • LA VUELTA A LA UNIDAD CRISTIANA

    El Papa no estaba en la Iglesia. Estaba oculto. (AA.II.493)

    Creo que aquellos que estaban en la iglesia no saban donde estaba. No se si l rezaba o estaba muerto. Pero vi que todos los asistentes, sacerdotes y laicos, deban poner la mano sobre un cierto pasaje del libro de los Evangelios y que sobre muchos de ellos descenda, como un signo particular, una luz que era transmitida por los santos apstoles y los santos obispos. Vi tambin que varios de ellos no hacan esto ms que por la forma. (AA.II.493)

    Vi muchos antiguos dignatarios eclesisticos que, habindose puesto al servicio de los malos obispos, haban dejado en el olvido los intereses de la Iglesia, arrastrarse en muletas, como cojos y paralticos; fueron llevados por dos conductores y recibieron su perdn. (AA.II.492)

    Fuera, alrededor de la iglesia, vi llegar muchos judos que queran entrar, pero que no lo podan hacer todava. (AA.II.493)

    Al final, aquellos que no haban entrado al comienzo llegaron, formando una multitud innumerable: pero vi entonces el libro cerrarse de golpe, como bajo el impulso de un poder sobrenatural.

    Al fondo en lontananza, vi un sangriento y terrible combate y vi especialmente una inmensa batalla del lado norte y por el poniente.

    Fue una gran visin muy impactante. Siento mucho haber olvidado el lugar del libro sobre el cual se deba poner el dedo. (AA.II.493)

    Conoc, por una visin, que hacia el fin del mundo, una batalla ser librada contra el Anticristo, en la planicie de Mageddo. (EE.I.234)

    EL TIEMPO DE PAZ

    Ese da Ana Catalina tuvo una larga conversacin con dos de sus visitantes celestes, san Francisco de Sales y San Francisco de Chantal:

    Ellos decan que la poca actual era muy triste, pero que tras muchas tribulaciones, vendra un tiempo de paz en el que la religin retomara su imperio y en el que habra entre los hombres mucha cordialidad y caridad, y que entonces muchos conventos refloreceran en el verdadero sentido de la palabra. Vi tambin una imagen de este tiempo lejano que no puedo describir, pero vi sobre toda la tierra retirarse la noche y el amor extender una nueva vida. Tuve en esta ocasin visiones de toda especie sobre el renacimiento de las ordenes religiosas. (AA.II.440)

  • El tiempo del Anticristo, no est tan prximo como algunos piensan. Habr todava precursores. He visto en dos ciudades a doctores, de la escuela de los cuales podran salir estos precursores. (AA.II.441)

    EL NUEVO PENTECOSTS

    He visto Pentecosts, en tanto que fiesta en la Iglesia, la comunicacin del Espritu Santo, a travs del mundo entero, me ha sido mostrada en diversas escenas, tal y como me ha ocurrido a menudo. He visto tambin a los doce nuevos apstoles y su relacin con la Iglesia.. He visto todava una iglesia espiritual formarse con muchas parroquias reunidas y estas recibir el Espritu Santo. Era un nuevo despertar de la Iglesia catlica. He visto un gran nmero de personas recibir el Espritu Santo. (AA.III.144

    LA IGLESIA ESPIRITUAL

    Tuve una visin del Espritu Santo: era como una figura alada, en una superficie triangular, con una efusin de luz de siete colores. Vi como esta luz se extendi sobre la Iglesia espiritual flotando en el aire, y sobre aquellos que se encontraban en relacin con ella. (AA.III.144)

    Un incendio estallar en la Iglesia, amenazndola de una ruina total. (AA.II.244)

    Este incendio, cuyo aspecto era espantoso, indicaba en primer lugar un gran peligro; en segundo lugar, un nuevo esplendor en la Iglesia, tras la tempestad. (AA.II.244)

    Vi sobre toda la tierra una gran cantidad de efusiones del Espritu: algunas veces era como un relmpago que descenda sobre una iglesia; yo vea a los fieles en la iglesia, y entre ellos a aquellos que haban recibido la gracia: o bien los vean aisladamente en sus moradas o en las iglesias en las que llegaba la luz y la fuerza. Esto me caus una gran alegra y me dio confianza, de que en medio de las tribulaciones siempre crecientes, la Iglesia no sucumbir, puesto que he visto en todos los pases del mundo al Espritu Santo suscitar instrumentos. Si, he sentido que la opresin exterior que le hacen sufrir los poderes de este mundo prepara a la Iglesia mejor a recibir una fuerza interior.

    Vi en la iglesia de San Pedro, en Roma, una gran fiesta con muchas luces y vi que el Santo Padre, as como muchos otros, fue fortificado en el Espritu Santo. (AA.II.429)

    Vi tambin, en diversos lugares del mundo, la luz descender sobre los doce hombres que veo a menudo como doce nuevos apstoles o profetas de la Iglesia. (AA.II.429)

    LOS DOCE APSTOLES FUTUROS

    Del lado oriental de esta iglesia avanz con un esplendor infinito una figura sacerdotal: era como si fuera el Seor. Pronto se mostraron alrededor de el doce hombres luminosos y alrededor de estos muchos ms todava. Entonces sali de la boca del Seor un pequeo cuerpo luminoso que, habiendo salido, se hizo cada vez ms grande y con una forma ms definida, despus, repitindose de nuevo, entr como una figura de nio

  • resplandeciente en la boca de los doce que rodeaban al Seor, despus en la de los dems. No era la escena histrica del Seor haciendo la cena con los discpulos, tal como la vi el jueves santo, sin embargo lo que vi me la record. Aqu todos eran luminosos e irradiantes, era un oficio divino, era como una solemnidad eclesistica.

    Vi la fiesta eclesistica llegar a su fin y eso fue par mi como si hubiera visto all a esos hombres que iban a despertar y animar de un fervor nuevo el sentimiento adormecido del admirable misterio de la presencia de Dios multiplicndose sobre la tierra. (AA.II.425)

    Los sacerdotes estaban sumidos en un profundo sueo y lo que hacan me pareca semejante a telas de araa. Por varios lados la malicia, la astucia y la violencia tomaban tal crecimiento que se traicionaban a si mismas. Vi a algunas personas perder sus lugares que eran tomados por otros, y todo un encadenamiento de infamias descendiendo de arriba hacia abajo hacia el mundo.

    Entonces vi a un grupo de hombres que avanzaban por una gran pradera que vea a cierta distancia. Uno de ellos se elevaba por encima de todos los dems. Eran una centena al menos. Me preguntaba si sera el lugar donde el Seor dio de comer a siete mil hombres.

    El Seor vino a mi encuentro con todos sus discpulos y eligi doce de entre ellos. Vi como pona los ojos en uno y en otro. Los reconoc a todos: los viejos llenos de simplicidad y los jvenes robustos con tez curtida. Vi tambin como l les enviaba a lo lejos en todas direcciones, y los segua con la mirada en sus caminatas lejanas entre las naciones. Y como yo me deca: ay! qu puede hacer un tan pequeo nmero de hombres entre las multitudes innumerables? el Seor me dijo aproximadamente: Su voz se hace or a lo lejos por todos los lados. As, ahora todava, varios son enviados; cualesquiera que sean, hombres y mujeres, pueden lo mismo. Mira la salvacin que esos doce han aportado; los que envo a tu poca la aportan tambin, aunque permanezcan oscuros y despreciados. (AA.II.128)

    Ella vio a los doce apstoles futuros, cada uno en su lugar. (AA.II.422)

    Vi la Iglesia de San Pedro que un hombre pequeo llevaba sobre sus hombros; tena algo de judo en los trazos del rostro. El asunto pareca muy peligroso. Mara estaba de pi sobre la iglesia en el lado norte y extenda su manto para protegerla. (AA.III.124)

    Ese hombrecito pareca sucumbir. Pareca ser todava laico y yo lo conoca.

    Los doce hombres que veo siempre como nuevos apstoles deban ayudarle a llevar su carga: pero ellos venan demasiado lentamente. Pareca que l caera bajo el peso de la carga, entonces, finalmente, llegaron todos ellos, se pusieron debajo y numerosos ngeles vinieron en su ayuda. Eran solamente los cimientos y la parte posterior de la iglesia (el coro y el altar), todo el resto haba sido demolido por la secta y por los servidores de la iglesia mismos. (AA.III.124)

    Vi muchas abominaciones con gran detalle; reconoc a Roma y vi a la Iglesia oprimida y su decadencia en el interior y en el exterior.

  • Durante ese tiempo, vi todava en medio de los desastres a los doce hombres de lo que ya he hablado, dispersos en diversos lugares sin saber nada los unos de los otros, recibir rayos del agua viva. Vi que todos hacan el mismo trabajo de diversos lados; que ellos no saban de donde se les encomendaba ese trabajo y que cuando una cosa se haba hecho, otra se les daba para hacer. Siempre eran doce de los cuales ninguno tena ms de cuarenta aos.

    No haba nada de particular en su vestimenta, pero cada uno estaba vestido a la manera de su pas y siguiendo la moda actual: vi que todos reciban de Dios lo que se haba perdido y que ellos operaban el bien por todos los lados; eran todos catlicos. (AA.III.159)

    Vi tambin en los tenebrosos destructores a falsos profetas y a personas que trabajaban contra los escritos de los doce nuevos apstoles. Vi tambin una centena de mujeres sentadas con en estado de maravillamiento y cerca de ellas hombres que las magnetizaban; las vi profetizar. (AA.III.160)

    LOS QUE REHUSAN EL ADVENIMIENTO

    El tiempo del martirio de los santo Inocentes est prximo! (AA.III.227)

    Un da en la Casa nupcial, Ana Catalina vio un beln... con imgenes de santos Inocentes y la escena del castigo infligido a Herodes por haber querido suprimir el advenimiento del Salvador. Conoc que esta imgenes se aplicaban al tiempo presente, sobre todo como se relacionaban con aquellos que quieren quitar del mundo y destruir la gracia renovada de este advenimiento. (AA.III.476)

    Vi, prxima a ser realizada la plegaria VENGA A NOSOTROS TU REINO. (AA.II.209)

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    VISIN DE LA ISLA DE LAS PROFECAS

    Algunas semanas antes de la Navidad de 1819, Ana Catharina fue conducida por el ngel, su gua, como cada ao, sobre el alto-lugar que ella llamaba La Montaa de los Profetas situada, segn nos dice ella, encima de la cima ms elevada y completamente inaccesible de una montaa del Tbet.

    Aqu est el relato casi entero de las impresiones que cont de su extraordinario viaje. Fue anotado por Brentano los das 9 y 10 de Diciembre de 1819. No fue ms que algunos das ms tarde, parece ser, cuando Ana Catharina comprendi todo el asunto. Ella lo describe aqu sin comentarios segn su costumbre:

    Esta noche he recorrido en diversas direcciones la Tierra prometida, tal como era en tiempos de Nuestro Seor... Vi varias escenas y fui rpidamente de lugar en lugar.

  • Partiendo de Jerusaln, avanc muy lejos hacia Oriente. Pas varias veces cerca de grandes cantidades de agua y por encima de las montaas que haban franqueado los magos de oriente para venir a Beln. Atraves tambin pases muy poblados, pero no tocaba los lugares habitados: la mayor parte del tiempo pasaba por desiertos. Llegue a continuacin a una regin en la que haca mucho fro y fui conducida cada vez ms alto hasta un punto extremadamente elevado; a lo largo de las montaas, desde el poniente al levante, se diriga una gran ruta sobre la cual vi pasar grupos de hombres. Haba una raza de pequea talla, pero muy viva en sus movimientos, llevaban con ellos pequeos estandartes, los de la otra raza eran de una talla alta, no eran cristianos. Esta ruta iba descendiendo; mi camino me conduca hacia arriba a una regin de una belleza increble. All haca calor y todo era verde y frtil, haba flores maravillosamente bellas, bellos bosquecillos y bellos bosques; una cantidad de animales jugueteaban por alrededor, no parecan peligrosos.

    Esta tierra no estaba habitada por ninguna criatura humana y nunca ningn hombre vena por aqu; porque de la gran ruta no se vean ms que nubes.

    Vi grupos de animales semejantes a pequeos corzos con las patas muy finas; no tenan cuernos, su piel era de un marrn claro con manchas negras. Vi tambin un animal rechoncho de color negro semejante a un cerdo, y despus animales como machos cabros de gran tamao, pero ms parecidos a corzos; eran muy familiares, muy ligeros a la carrera: tenan unos bellos ojos muy brillantes: vi a otros semejantes a corderos; eran muy gruesos, tenan como una peluca de lana y colas muy gruesas: otros parecan pequeos asnos, pero moteados; grandes aves con largas patas que corran muy rpido, otros semejantes a pollos agradablemente adornados y finalmente una cantidad de bonitos pjaros muy pequeos y de colores variados. Todos estos animales jugaban libremente, como si ignoraran la existencia de los hombres.

    De este lugar paradisaco, sub ms arriba y era como si fuera conducida a travs de las nubes. Llegu as a la cumbre de esa alta regin de montaas donde vi muchas cosas maravillosas. En lo alto de la montaa haba una gran planicie y en esta planicie un lago; en el lago una isla verdeante. Esta isla estaba rodeada de grandes arboles semejantes a cedros. Fui elevada a la cumbre de uno de esos rboles y agarrndome fuertemente a las ramas, vi desde lo alto toda la isla.

    (...)

    Cuando desde lo alto de mi rbol, pasaba la mirada sobre la isla, poda ver en su otro extremo el agua del lago, pero no la montaa. Esta agua estaba viva y de una limpidez extraordinaria: el agua atravesaba la isla por diferentes afluentes y se derramaba bajo tierra a travs de varios arroyos ms o menos grandes.

    Frente a la estrecha lengua de tierra, en la verde planicie, se elevaba una gran tienda extendindose a lo ancho, que pareca estar hecha de tejido gris; estaba decorada en el interior, en la parte de atrs, con largos paneles de tejidos de diversos colores y cubierta con toda especie de figuras pintadas o bordadas. Alrededor de la mesa que se encontraba en medio, haba asientos de piedra sin respaldos y con forma de cojines: estaban recubiertos de un verdor siempre fresco.

  • En el asiento de honor situado en medio, tras la mesa de piedra que era baja y de forma oval, un hombre rodeado de una aureola como la de los santos estaba sentado con las piernas cruzadas, a la manera oriental y escriba con una pluma de caa sobre un gran libro. La pluma era como una pequea rama. A la derecha y a la izquierda se vean varios grandes libros y pergaminos enrollados en varas de madera con bolas en sus extremos; y cerca de la tienda haba en la tierra un agujero que pareca estar revestido de ladrillos y donde arda un fuego cuya llama no sobrepasaba el borde. Todo el lugar alrededor era como una bella isla verde rodeada de nubes. El cielo por encima de mi cabeza era de una serenidad inexpresable. No vi del sol ms que un semicrculo de rayos brillando tras las nubes. Este semicrculo perteneca a un disco que pareca mucho ms grande que en nuestro mundo.

    El aspecto general tena algo de inexpresablemente santo.

    Era una soledad, pero llena de encanto. Cuando tena ese espectculo bajo mis ojos, me pareci saber y comprender lo que era y lo que significaba todo ello, pero sent que no poda llevar conmigo y conservar este conocimiento. Mi conductor haba estado a mi lado hasta ese momento pero, cerca de la tienda, se hizo invisible para m.

    Como yo consideraba todo esto, me dije: Qu tengo que hacer yo aqu, y por que es necesario que una pobre criatura como yo vea todas estas cosas?. Entonces la figura me dijo desde dentro de la tienda: Es porque tu tienes una parte de todo esto. Esto redoblo entonces mi asombro y descend o vol hacia esa figura, en la tienda, donde estaba sentada, vestida como lo estn los espritus que veo: la figura tena en su exterior y en su apariencia algo que recordaba a San Juan Bautista o a Elas.

    Los libros y los volmenes numerosos que estaban por el suelo alrededor de esa figura, eran muy antiguos y muy preciosos. En algunos de estos libros haba ornamentos y figuras de metal en relieve, por ejemplo un hombre sosteniendo un libro en la mano. La figura me dijo, o me hizo conocer de otra manera, que estos libros contenan todo lo que haba de ms santo de lo que vena de los hombres; ella examinaba, comparaba todo y desechaba lo que era falso en el fuego encendido cerca de la tienda. El me dijo que estaba all para que nadie pudiera llegar a ello: estaba encargado de vigilar sobre todo eso y guardarlo hasta que el tiempo llegara de hacer uso de ello. Este tiempo haba podido llegar en ciertas ocasiones; pero haba siempre grandes obstculos. Yo le ped si l no tena el sentimiento de la espera tan larga que se le haba impuesto. Me respondi: En Dios no hay tiempo.

    Me dijo tambin que debera ver todo, me condujo fuera de la tienda y me mostr el pas que la rodeaba.

    La tienda tena aproximadamente la altura de dos hombres: era larga como de aqu a la iglesia de la ciudad: su anchura era de aproximadamente la mitad de su altura. Tena en la cumbre una especia de nudo por el cual la tienda estaba como suspendida a un hilo que suba y se perda en el aire, de manera que yo no poda comprender donde estaba atado. En los cuatro ngulos haban columnas que no se podan abarcar con las dos manos. La tienda estaba abierta por delante y en los lados. En medio de la mesa estaba depositado un libro de una dimensin extraordinaria que se poda abrir y cerrar: pareca que estaba sujeto sobre la mesa. El hombre miraba en ese libro para verificar la

  • exactitud. Me pareci que haba una puerta bajo la mesa y que un gran santo tesoro, una cosa santa estaba conservada all.

    (...)

    El me mostr entonces los alrededores y entonces hice, a lo largo del ro exterior, la vuelta al lago cuya superficie estaba perfectamente nivelada con la isla. Esta agua que yo senta correr bajo mis pies se diversificaba bajo la montaa por muchos canales y sala a la luz muy por debajo, bajo forma de fuentes grandes y pequeas. Me pareca que toda esta parte del mundo reciba de ah, salud y bendicin: en lo alto, no se desbordaba por ningn lugar. Descendiendo por el levante y por el medioda, todo era verde y cubierto de bellas flores; en el poniente y al norte, haba tambin verdor, pero no flores.

    Llegando al extremo del lago, atraves el agua sin puente y pas a la isla que recorr circulando en medio de torres. Todo el suelo pareca ser una cama de espuma muy espesa y fuerte; se dira que todo era hueco por debajo: las torres salan de la espuma como un crecimiento natural...

    Tuve el sentimiento de que en las torres se conservaban los ms grandes tesoros de la humanidad: me pareca que all reposaban cuerpos santos. Entre algunas de esas torres vi un carro muy extrao con cuatro ruedas bajas: cuatro personas podan sentarse bien; haba dos bancos y mas adelante un pequeo asiento. Este carro, como todo el resto aqu, estaba totalmente revestido de una vegetacin verde o bien de una herrumbre verde. No tena timn y estaba adornado de figuras esculpidas, si bien que a primera vista cre que haba en el personas sentadas. Las ruedas eran gruesas como las de los carros romanos. Este me pareci bastante ligero para poder ser tirado por hombres. Yo miraba todo muy atentamente, porque el hombre me haba dicho: Tu tienes aqu tu parte y puedes enseguida tomar posesin de l. Yo no poda de ninguna manera comprender que especia de parte poda tener ah. Qu tengo que hacer me preguntaba con este singular carro, estas torres y estos libros? Pero tena una viva impresin de la santidad del lugar. Era para mi como si, con esta agua, la salvacin de varias pocas hubiera descendido a los valles y como si los hombres mismos hubieran venido a estas montaas de donde ellos haban descendido para hundirse cada vez ms profundamente. Yo tena tambin el sentimiento de que celestiales presentes eran ah conservados, guardados, purificados, preparados de antemano para los hombres. Tuve de todo ello una percepcin muy clara: pero me pareca que no poda llevar conmigo esta claridad: conservaba solamente la impresin general.

    Cuando entr en la tienda, el hombre me dijo todava una vez lo mismo: T tienes una parte en todo esto y t puedes enseguida tomar posesin de ello. Y como yo le mostraba mi ineptitud, l me dijo con una tranquilidad llena de confianza: Volvers pronto hacia m. El no sali de la tienda mientras yo estuve all, pero daba vueltas continuamente alrededor de la mesa y de los libros.

    En la tienda, tuve la impresin de que un cuerpo santo estaba all enterrado: me pareca que haba all debajo un subterrneo y que un olor suave exhalaba de una tumba sagrada. Tuve la sensacin de que el hombre no estaba siempre en la tienda cerca de los libros. El me haba acogido y me haba hablado como si me hubiera conocido de toda la vida y supiera que yo iba a llegar a ese lugar: me dijo con la misma seguridad que yo volvera y me mostr un camino descendente; yo iba en direccin del medioda, pasaba

  • de nuevo por la parte escarpada de la montaa, despus a travs de las nubes y descend a la risuea tierra donde haba tantos animales. Vi muchas pequeas fuentes surgir de la montaa, precipitarse en cascadas y correr hacia abajo: vi tambin pjaros, ms grandes que una oca, aproximadamente del color de la perdiz, con tres uas delante y una detrs, con una cola un poco baja y un largo cuello, despus otros pjaros de plumaje azulado, semejantes al avestruz pero ms pequeo: vi finalmente todos los dems animales.

    En este viaje, vi de nuevo muchas cosas y ms seres humanos que en los primeros viajes. Atraves una vez un pequeo ro que, como lo he sabido interiormente, surga del lago de arriba: mas tarde, segu sus orillas y despus lo perd de vista. Llegue entonces a un lugar donde pobres gentes de colores diversos vivan en chabolas. Me pareci que eran cristianos cautivos. Vi venir hacia ellos a otros hombres de tez morena con telas blancas alrededor de la cabeza. Les llevaban alimentos en cestas trenzadas: hacan esto extendiendo el brazo hacia delante como si tuvieran miedo, despus se iban, con aspecto asustado, como si hubieran sido expuestos a algn peligro. Estas personas vivan en una ciudad en ruinas y habitaban cabaas de construccin ligera. Vi tambin agua donde crecan rosales de una densidad y una fuerza completamente extraordinarios.

    Volv a continuacin cerca del ro: en este lugar, el ro era muy ancho, lleno de escollos, de islotes de arena y de bellos macizos de verdor entre los cuales zigzagueaba. Era el mismo curso de agua que vena de la alta montaa y que yo haba atravesado ms arriba, cuando era todava pequeo: una gran cantidad de personas con tez morena, hombres, mujeres y nios, vestidos de diferentes maneras, estaban ocupados en las rocas y los islotes, en beber y lavarse. Tenan el aspecto de haber venido de lejos. Haba en su manera de ser algo que me record lo que yo haba visto en los bordes del Jordn en la Tierra santa. Se encontraba all tambin un hombre de gran talla que pareca ser su sacerdote. Llenaban con agua las vasijas que llevaban. Vi adems muchas otras cosas: no estaba lejos del pas donde estuvo san Francisco Javier: yo atravesaba el mar pasando por encima de islas innumerables.

    El 22 de diciembre, Ana Catalina dijo al Peregrino:

    Ya se porque fui a la montaa: mi libro se encuentra entre los escritos que estn sobre la mesa, se me dar para que lea las cinco ultimas hojas. El hombre sentado ante la mesa volver en su tiempo. Su carro permanece all como recuerdo eterno. Es sobre este carro que el subi a esta altura y los hombres, con gran extraeza, le vern descender sobre este carro.

    Es ah, en esta montaa, la ms elevada del mundo y donde nadie puede llegar, que se ha puesto a buen recaudo, cuando la corrupcin se acrecienta entre los hombres, los tesoros y los misterios sagrados. El lago, la isla, las torres no existen ms que para que estos tesoros sean conservados y garantizados de todo ataque. Es por la virtud del agua que hay en esta cumbre que todas las cosas son refrescadas y renovadas. El ro que desciende de all y cuya agua es objeto de una tan gran veneracin para los hombres que he visto, tiene realmente una virtud y los fortifica: es por eso que ellos la estiman ms que sus vinos. Todos los hombres, todos los bienes han descendido de esta altura y todo lo que deba ser garantizado de la devastacin ha sido all preservado.

  • El hombre que est sobre la montaa me ha conocido: porque yo tengo all mi parte. Nosotros nos conocemos todos, nos sostenemos todos los unos a los otros. No puedo expresarlo bien; pero somos como una simiente repartida en el mundo entero.

    El paraso no est lejos de aqu. He visto ya anteriormente como Elas vive siempre en un jardn ante el paraso.

    El 26 de diciembre:

    He visto de nuevo la montaa de los profetas. El hombre que est en la tienda presentaba a una figura que vena del cielo y planeaba por encima de l, hojas y libros y reciba otros en su lugar. Este espritu tena un exterior diferente del primero. Este que flotaba en el aire me record vivamente a San Juan. Era ms gil, ms rpido, ms amable, ms delicado que el hombre de la tienda, el cual tena algo de ms enrgico, de ms severo, de ms estricto, de ms inflexible. El segundo se relacionaba a l como el Nuevo Testamento al Antiguo, es por eso que yo le llamara gustosamente Juan y llamara al otro Elas. Era como si Elas presentase a Juan revelaciones que ya se haban cumplido y recibiera otras nuevas.

    All encima vi de repente, saliendo de la nube blanca, una fuente semejante a un surtidor de agua elevarse perpendicularmente bajo la forma de un rayo de apariencia cristalina que, en su extremidad superior, se divida en rayos y en gotas innumerables; las cuales volvan a caer, formando inmensas cascadas, hasta los lugares ms alejados de la tierra: y vi hombres iluminados por esos rayos en las casas, en las cabaas, en las ciudades de diversas partes del mundo.

    El 27 de diciembre, fiesta de San Juan Evangelista, vio a la Iglesia de Roma brillante como un sol. Habl de los rayos que se repartan sobre el mundo entero:

    Se me dijo que eso se relacionaba con el Apocalipsis de San Juan, sobre el cual diversas personas en la Iglesia deben recibir luces y esta luz caer toda entera sobre la Iglesia. He visto una visin muy distinta en torno a este tema, pero no puedo reproducirla bien.

    Vi la Iglesia de Pedro y una enorme cantidad de hombres que trabajaban para destruirla, pero vi all tambin a otros que hacan reparaciones (...) Vi de nuevo a la Iglesia de Pedro con su alta cpula. San Miguel estaba en la cumbre brillante de luz, llevando una vestimenta roja de sangre y manteniendo en la mano un estandarte de guerra. En la tierra, haba un gran combate.

    Lo que vi era inconmensurable, indescriptible... vi tambin de repente como si la montaa de los profetas fuera empujada hacia la cruz y acercada a ella; sin embargo, la montaa tena sus races sobre la tierra y permaneca unida a ella. Tena el mismo aspecto que cuando la primera visin, y ms arriba, tras de ella, vi maravillosos jardines completamente luminosos en los cuales percib animales y plantas brillantes; tuve el sentimiento de que era el Paraso...

    Mientras el combate tena lugar sobre la tierra, la Iglesia y el ngel, que desapareci pronto, se haban vuelto blancos y luminosos. La cruz tambin se desvaneci y en su lugar se mantena de pi sobre la Iglesia una gran mujer brillante de luz que extenda hasta lejos y por encima de ella su manto de oro irradiante. En la Iglesia se vio operar

  • una reconciliacin acompaada de testimonios de humildad. Vi a los obispos y pastores aproximarse unos a otros y cambiar sus libros: las sextas reconocan a la Iglesia, a su maravillosa victoria y a las claridades de la revelacin que ellas haban visto con sus ojos irradiar sobre ella. Estas claridades venan de los rayos del surtidor que san Juan haba hecho brotar del lago de la montaa de los profetas. Cuando vi esta reunin, sent una profunda impresin de la proximidad del reino de Dios. Sent un esplendor y una vida superior manifestarse en toda la naturaleza y una santa emocin embargar a todos los hombres, como en los tiempos cuando el nacimiento del Seor estaba prximo y sent de tal manera la cercana del reino de Dios que me sent forzada a correr a su encuentro y a dar gritos de alegra.

    Tuve el sentimiento del advenimiento de Mara en sus primeros ancestros. Vi su estirpe ennoblecerse a medida de que ella se aproximaba al punto en el que se producira esta flor. Vi llegar a Mara, cmo fue? Yo no se expresarlo; es de la misma manera que tengo el presentimiento de un acercamiento del reino de Dios. Yo lo he visto aproximarse, atrado por el ardiente deseo de muchos cristianos, llenos de humildad, de amor y de fe; era el deseo que le atraa.

    Vi una gran fiesta en la Iglesia que, tras la victoria conseguida, irradiaba como el sol. Vi un nuevo papa austero y muy enrgico. Vi, antes del comienzo de la fiesta, muchos obispos y pastores expulsados por l, a causa de su maldad. Vi a los santos apstoles tomar una parte muy especial en la celebracin de esta fiesta en la Iglesia. Vi entonces muy cerca de su realizacin la plegaria: Venga a nosotros tu reino. Me pareca ver jardines celestes, brillantes de luz, descender de arriba, reunirse en la tierra, en lugares donde el fuego estaba encendido, y baar todo lo que est por debajo en una luz primordial.

    (...)

    Lo mismo que en la estirpe de David, la promesa fue preservada hasta su cumplimiento en Mara en la plenitud de los tiempos; lo mismo que esa estirpe fue cuidada, protegida, purificada hasta el momento en el que ella produjo en la Santa Virgen la luz del mundo, de la misma manera, este santo de la montaa de los profetas purifica y conserva todos los tesoros de la creacin y de la promesa, as como el significado y la esencia de toda palabra y de toda criatura hasta que los tiempos se cumplan. El rechaza y borra todo lo que es falso y malo; entonces es una corriente tan pura como cuando sale del seno de Dios, y es as como fluye hoy en la naturaleza entera.

    Profecas de otros Santos

    SAN VICENTE FERRER (1350-1419)

    "Vendr un tiempo que ninguno lo habr visto hasta entonces . . . Se producir un estruendo tan grande, de modo que ni fue ni se espera otro mayor, sino el que se experimente en el juicio

    Llorar la iglesia . . . Ahora est lejos; pero la tristeza se convertir en gozo. El rey de reyes y el seor de los seores todo lo purificar y regenerar. La Francia con su orgullo

  • ser del todo abatida; los das no distarn; estn ya a las puertas. Veris una seal y no la conoceris; pero advertid que en aquel tiempo las mujeres vestirn como hombres y se portarn segn sus gustos y licenciosamente y los hombres vestirn de mujeres".

    "En los das de paz que han de venir luego de la desolacin de revoluciones y guerras, antes del fin del mundo, los Cristianos se volvern muy tibios en su religin y rehusarn recibir el Sacramento de la Confirmacin, diciendo es un Sacramento innecesario"

    REVELACIN A MARA DE AGREDA

    "Me fue revelado que a travs de la intercesin de la madre de dios todas las herejas desaparecern. La victoria sobre las herejas ha sido reservada por Cristo para su santsima madre.

    En los ltimos tiempos, el seor quiere extender de una manera especial el renombre de su madre. Mara empez la salvacin, y por su intercesin se completar.

    Antes de la segunda venida de Cristo, Mara, ms que nunca, debe brillar en misericordia, podero, y gracia para traer a los incrdulos a la fe catlica. El poder de Mara en los ltimos tiempos ser muy eminente.

    Un inusual castigo a la raza humana tendr lugar hacia el fin de los tiempos."

    TERESA MUSCO (1943-1976)

    20 de mayo de 1951:

    "Teresa, hija de mi corazn, estoy aqu para confiarte unas cosas que debers guardar solo para ti, hasta que yo lo desee. Vers muchos cambios en la iglesia. Los cristianos que recen sern pocos. Muchas almas caminan hacia el infierno. Las mujeres perdern el pudor y la vergenza. Satans tomar su forma para hacer caer a muchos. En el mundo habr crisis comunes. El gobierno caer. El papa pasar horas de agona; al final yo est ah para conducirlos al paraso. Tendr lugar una gran guerra. Muertos y heridos incalculables. Satans cantar su victoria pero ser el momento en que todos vern a mi hijo aparecer sobre las nubes y el juzgar a cuantos han despreciado su sangre inocente y divina. Entonces mi corazn inmaculado triunfar".

    13 de agosto de 1951:

    "Hija ma, estoy aqu para decirte que el padre enviar un gran castigo al gnero humano en la segunda mitad del siglo XX. Sbete hija ma que Satans reina en los mas altos puestos. Cuando Satans llegue a la cima de la iglesia, entiende que este instante habr conseguido seducir a los espritus de los grandes cientficos y ser el momento en que ellos intervendrn con armas potentsimas con las cuales es posible destruir gran parte de la humanidad".

  • 7 de octubre de 1951:

    "Hija ma, estn preparadas las tribulaciones que el padre tiene dirigidas a Italia y slo las almas que se ofrezcan como vctimas pueden tocar de lleno el corazn de mi hijo y del padre. A partir de 1972 se iniciar el tiempo de Satans, los cardenales se opondrn a los cardenales y los obispos contra los obispos. Te encuentras en medio de una generacin muy difcil, en la cual se pretende explicarlo todo cientficamente y nadie piensa en dar un poco de calor, un poco de amor, inclusive para los ms pobres".

    3 de enero de 1952:

    "Quiero decirte que el mundo est pervertido. Me he aparecido en Portugal y he dado mensajes pero ninguno me ha escuchado".

    "He hablado en Lourdes, en la Salette, pero pocos corazones duros se han ablandado. Quiero tambin decirte muchas cosas que afligen a mi corazn. Te quiero hablar incluso del tercer secreto que diera a luca en Ftima, te debo decir que hace tiempo que ha sido ledo (por las autoridades eclesisticas) pero ninguno se pronunciar en pblico si no es elegido Paulo VI (aqu se adelanta profticamente la subida del papa Juan XXIII). Con el paso del tiempo, el papa se encontrar con luca (Paulo VI elegido papa se traslad en viaje a Ftima y se encontr con luca en el ao de 1967), pero este papa pedir oracin y penitencia en todo el mundo y no se atrever a hablar del secreto porque es espantoso".

    "El fuego y el humo descompondrn al mundo. Las aguas de los ocanos se convertirn en fuego y vapor. Las espumas se elevarn anegando a Europa y todo se hundir bajo la lava de fuego. Los pocos elegidos que vivan envidiarn a los muertos . . . "

    TERESA NEUMANN (1898-1942)

    "Est prximo a caer sobre el mundo un castigo terrible, que exceder a cuanto haya acontecido en la historia de la humanidad, y que el mismo seor jesucristo lo calific como un juicio final en miniatura" (1952)

    VENERABLE P. BERNARDO MARA CLAUSI ( - 1849)

    ". . . Este azote se har sentir en todo el mundo y ser tan terrible que cada uno de los que sobrevivieren se imaginar que ser el nico que ha quedado libre. Todos se arrepentirn y sern buenos. Este castigo ser muy corto, instantneo, pero terrible. Hasta el principio de las tinieblas, la persecucin de los justos por los malos y los impos ser tan grande que habrn de padecer un verdadero martirio. Las cosas vendrn a tal extremo que parecer imposible humanamente hacer nada y que todo est perdido. Entonces nuestro seor har un cambio tan notable en un momento, como de la maana a la noche, que el pondr todas las cosas en orden. El triunfo de la iglesia vendr precedido de un gran castigo. Ser un nuevo castigo y principalmente contra los impos, que sern juzgados y castigados. Sern muchos ms los que sucumbirn a el que los que

  • se vern libres. Y enseguida vendr el gran triunfo de la santa iglesia y el reinado del amor fraternal; dichoso aquel que viva en tan venturosos das".

    PADRE PO DE PIETRELCINA (1887-1968)

    "Precedido de tormentas, vientos desencadenados y terribles terremotos, que abrirn la tierra y la harn temblar, yo vendr una noche, durante los fros meses de invierno, a este mundo cargado de pecados: rayos y centellas, salidos de incandescentes nubes, encendern y reducirn a cenizas todo lo que est contaminado por el pecado. La destruccin ser total. El aire envenenado de gases sulfurosos y levantando asfixiantes humaredas, ser llevado a grandes distancias por las rfagas del viento. Las obras levantadas por el hombre con espritu loco y atrevido de adoracin a s mismo, queriendo demostrar su ilimitado poder, sern aniquiladas. Entonces la raza humana comprender que hay una voluntad muy superior a la suya, que destruir sus vacos alardes de vanagloria. Rpidamente, cerrar vuestras puertas y ventanas, tapar toda vista del mundo exterior durante el ms terrible de los acontecimientos; no profanis vuestra vista con miradas curiosas porque santa, santa es la ira de dios. La tierra ser purificada para vosotros, los restos del fiel rebao".

    "Encomendaos a la proteccin de mi santsima madre; no os desanimis a pesar de lo que viereis y oyereis; es una ficcin del infierno que no os podr hacer ningn dao. Cobijaos en constantes oraciones bajo la proteccin de mi cruz e invocar a los ngeles de vuestras almas. Luchad con confianza en mi eterno amor y no dejis que se levanten en vosotros dudas acerca de vuestra salvacin. Cuanto ms firme y perseverantemente permanezcais en mi amor, tanto ms seguramente os defender contra todo dao. Luchad por las almas amadas de mi corazn".

    "Perseverad por una noche y un da y por una noche y un da, y a la siguiente noche se calmarn los terrores. . . Al amanecer del prximo da el sol brillar otra vez y su calor y su luz disiparn los horrores de la oscuridad. Aceptad la nueva vida con humilde gratitud. Vividla con sencillez y gratitud en paz y amor, segn mi intencin. Orad y sacrificaos para que vuestro sacrificio produzca abundantes frutos de bendicin y para que florezca una raza nueva que alegre vuestros corazones . . . "

    "El mundo os llamar fanticos, locos y creaturas miserables; amenazarn haceros vacilar en vuestra constancia con su elocuencia engaosa. Y los tramposos intrigantes del infierno intentarn ganaros con sus astutos engaos. Luchad con humildad y silencio; combatir con las almas de las buenas obras; oracin, sacrificios y con la conviccin interior del deber. Buscad refugio en la madre de la gracia, para que el flagelo inevitable resulte una victoria sobre el infierno y para que mis ngeles puedan dar la bienvenida en las eternas venturas del padre a las ovejas penitentes . . . "

    Mensaje tomado de su testamento y hecho distribuir por los sacerdotes franciscanos a todos los grupos de oracin catlicos en el mundo, ya desde la Navidad de 1990:

    La hora del castigo est prxima, pero yo manifestar mi misericordia.

  • Nuestra poca ser testigo de un castigo terrible. Mis ngeles se encargarn de exterminar a todos los que se ren de m y no creen a mis profetas. Huracanes de fuego sern lanzados por las nubes y se extendern sobre toda la tierra.

    Temporales?, Tempestades, truenos, lluvias ininterrumpidas, terremotos cubrirn la tierra. Por espacio de tres das y tres noches la una lluvia ininterrumpida de fuego seguir entonces, para demostrar que dios es el dueo de la creacin.

    Los que creen y esperan en mi palabra no tendrn nada que temer, porque yo no los abandonar, lo mismo que os que escuchen mis mensajes. Ningn mal herir a los que estn en estado de gracia y buscan la proteccin de mi madre.

    A vosotros, preparados a esta prueba, quiero dar seales y avisos. La noche ser muy fra, surgir el viento, se harn... Y truenos.

    Cerrad todas las puertas y ventanas. No hablis con ninguna persona fuera de la casa. Arrodillaos ante vuestro crucifijo. Arrepentos de vuestros pecados. Rogad a mi madre, para obtener su proteccin. No miris hacia fuera mientras la tierra tiembla, porque el enojo de mi padre es santo. La vista de su ira no la podrais soportar vosotros.

    Los que no presten atencin a esta advertencia, sern abandonados e instantneamente matados por el furor de la clera divina.

    El viento transportar gases envenenados que se difundirn por toda la tierra.

    Los que sufran inocentemente sern mrtires y entrarn en mi reino.

    Despus de los castigos, los ngeles bajarn del cielo y difundirn el espritu de paz sobre la tierra.

    Un sentimiento de inconmensurable gratitud se apoderar de los que sobrevivan a esta terrible prueba.

    Rezad piadosamente el rosario, en lo posible en comn o solos.

    Durante estos tres das y tres noches de tinieblas, podrn ser encendidas slo las velas bendecidas el da de la candelaria (2 de febrero) y darn luz sin consumirse.

    MARA JULIA JAHENNY (1850-1941)

    "Vendrn tres das de grandes tinieblas. Las velas de cera bendita iluminarn durante estas tinieblas horrorosas. Una vela durar los tres das, pero en las casas de los impos no ardern. Durante esos tres das los demonios aparecern en formas horribles y abominables y harn resonar el aire con espantosas blasfemias. Los rayos y centellas penetrarn en las casas, pero no apagarn la luz de las velas benditas los vientos, tormentas y terremotos". . . "las tres cuartas partes de la humanidad sern aniquiladas. El castigo ser mundial".

  • "Si, hijos mos, en estos ltimos tiempos, aunque todava ellos estn alejados del fin que se llama fin de los fines de la tierra, es decir, el fin de toda existencia mortal, comprendedme bien, en estos ltimos tiempos la tierra ser testigo de grandes y espectaculares prodigios, sobre todo en el cielo. Habr manejos impos, falsos cristos bajo capa de piedad se van introduciendo en la iglesia",

    MADRE ELENA AIELLO ( - 1961)

    "Despus de comenzar los sufrimientos usuales, aproximadamente a la 1:00 de la tarde, Jess se me apareci cubierto de llagas y de sangre y me dijo: mira, hija ma, como los pecados del mundo me han herido. El mundo se ha sumergido enteramente en la suciedad y desborda corrupcin. Los gobiernos de los pueblos se han levantado como demonios encarnados.

    Mientras hablan de paz, se estn preparando para una guerra con armas devastadoras para la destruccin de pueblos y naciones. Los hombres abusan de mi misericordia y han transformado la tierra en una escena de crmenes. Muchos escndalos llevan a las almas a la perdicin . . . Especialmente por la corrupcin de la juventud. El rezo est casi muerto en los labios de muchos. La voluntad de los hombres ya no cambia. Viven en la obstinacin del pecado".

    "Se necesita oracin y penitencia de mis almas fieles para aplacar la justicia divina, para atemperar la justa sentencia del castigo, que ha sido suspendida en la tierra por la intercesin de mi amada madre, que es tambin madre de todo el linaje humano. Oh, que triste est mi corazn al ver que los hombres no responden a los muchos llamamientos de mi amor y de dolor, dirigidos por mi amada madre a la humanidad errante. Errado en la oscuridad siguen viviendo en sus pecados y se alejan ms de dios; pero el castigo de fuego se acerca para purificar la tierra de las iniquidades de los perversos".

    "La justicia de dios exige reparacin por las muchas ofensas y crmenes que cubren la tierra y que ya no se pueden comprometer ms. Anuncia a la humanidad que deben volver a dios, haciendo penitencia y hacindolo as tienen esperanza de ser perdonados y salvados de la justa venganza de un dios despreciado" (revelacin hecha el 16 de abril de 1954).

    Un ao despus tuvo una revelacin de la santsima virgen, quien se present con un vestido negro y siete espadas atravesando su inmaculado corazn, y le revel lo siguiente:

    "Oyeme con atencin y revela a todo el mundo: mi corazn est muy triste por los sufrimientos que vendrn sobre el mundo que se bate en una catstrofe inminente. La justicia de dios es ofendida al extremo. Los hombres viven en la obstinacin de sus pecados. La ira de dios est muy cerca. Proclama, grita en alta voz, hasta que los sacerdotes de dios oigan mi voz para que avisen a la humanidad de que el castigo est muy cerca. Y si los hombres no vuelven hacia dios con la oracin y la penitencia, el mundo ser lanzado a una nueva y ms terrible guerra".

  • "Una tempestad de fuego caer sobre la tierra. Este castigo terrible que nunca se ha visto en la historia de la humanidad durar 70 horas. Los ateos sern aplastados y aniquilados y muchos se perdern porque permanecern en la obstinacin de sus pecados. Entonces se ver el poder de la luz sobre el poder de las tinieblas. No guardes silencio, hija ma, porque las horas de las tinieblas y el abandono se acercan".

    "Me inclino sobre el mundo teniendo en suspenso la justicia de dios. De otra manera estas cosas hubieran venido ya sobre la tierra. Oraciones y penitencias son necesarias porque los hombres deben volver a dios y a mi corazn inmaculado, la mediadora entre los hombres y dios, y de esta manera el mundo al menos ser salvado en parte. Proclamara, gritando, estas cosas a todos, como si fueras el mismo eco de mi voz. Anuncia esto a todos, porque ayudar a salvar a muchas almas e impedir muchas destrucciones en la iglesia y en el mundo".

    Revelacin del 7 de enero de 1950:

    "Cuando en el cielo aparezca una seal extraordinaria, sabed los hombres que est prximo el castigo del mundo (el famoso aviso?). Bienaventurados los que en aquellos momentos puedan llamarse verdaderos devotos de Mara . . . El azote del fuego est prximo y purificar a la tierra de la iniquidad de los malvados. . . La justicia de dios gravita sobre el mundo y la humanidad manchada de fuego ser lavada en su propia sangre, enfermedades, hambre, terremotos, naufragios y en la guerra. Algunas naciones sern purificadas, mientras otras desaparecern completamente. Italia ser castigada y purificada por una gran revolucin".

    El 27 de marzo de 1959, que fue viernes santo, tuvo la siguiente revelacin:

    "Qu de estragos hacen en medio de la juventud y de los nios el pecado de la impureza. La familia cristiana ha dejado de existir. Rogad incansablemente . . . Roma ser castigada . . . Rusia se impondr sobre todas las naciones, de manera especial sobre Italia, y elevar la bandera roja sobre la cpula de san Pedro; la baslica ser rodeada de leones muy feroces".

    LA VENERABLE ISABEL CANORI-MORA (1774-1825)

    En una visin del 25 de marzo de 1816 vio:

    "A los miserables que cada da con mayor orgullo y desfachatez, de palabra y de obra, con incredulidad y apostasa, van pisoteando la santa religin y la divina ley. Se sirven de las palabras de la sagrada escritura y del evangelio, corrompiendo su verdadero sentido para respaldar, as sus perversas intenciones y sus torcidos principios".

    El 15 de octubre de 1818 tuvo otra visin terrible:

    "De repente, dice, le fue mostrado el mundo. Lo vea todo en revolucin, sin orden ni justicia. Los siete vicios capitales (soberbia, lujuria, ira, envidia, pereza, gua y avaricia) eran llevados en triunfo, y por todas partes se vea reinar la injusticia, el fraude, el libertinaje y toda clase de iniquidades. Vio tambin sacerdotes despreciando la santa ley

  • de dios y cmo se cubra el cielo de nubes negras; se levantaba un tremendo huracn y en el mayor desconcierto se mataban los hombres unos a otros. En castigo de los soberbios que con impa presuncin intentaban demoler la iglesia desde los cimientos, permita dios a los poderes de las tinieblas abandonar los abismos del infierno . . ."

    El triunfo de la iglesia.

    En 1821 oy al seor hablar del triunfo de la iglesia, pues sta saldra renovada de aquellas tormentas, encendida en el primitivo celo de la gloria de dios, y que sera recordada universalmente por los pueblos. Vendr la reforma de la iglesia . . . "y la restauracin de todas las cosas no se verificar sin un profundo trastorno de todo el mundo, de todas las poblaciones".

    LA BEATA ANA MARA TAIGI (1769-1837)

    "Despus de purificar al mundo y a su iglesia y de arrancar de cuajo toda la mala hierba, preparaba un renacimiento, milagroso triunfo de su misericordia, y mi mano todopoderosa volver a imponer el orden ah donde es impotente el esfuerzo humano".

    "Dios enviar dos castigos: uno en forma de guerras, revoluciones y peligros originados en la tierra; y otro enviado del cielo. Vendr sobre la tierra una oscuridad intensa que durar tres das y tres noches. Nada ser visible y el aire se volver pestilente y nocivo y daar, aunque no exclusivamente, a los enemigos de la religin".

    "Durante los tres das de tinieblas la luz artificial ser imposible; slo las velas benditas alumbrarn. Durante estos das de tinieblas los fieles deben permanecer en sus casas rezando el santo rosario y pidiendo a dios misericordia".

    "Millones de hombre morirn por el hierro, unos en guerra, otros en industrias civiles; otro millones perecern de muerte imprevista. A la prueba le seguir un renacimiento universal. Este cambio ocurrir cuando parezca que la iglesia ha perdido los medios humanos de hacer frente a las persecuciones".

    FAUSTINA KOWALSKA (1905-1938)

    Entre las revelaciones que tuvo se encuentra la siguiente:

    "Antes de venir como juez, vendr primero como rey de misericordia. Precediendo el da de la justicia, har una seal en el cielo dada a los hombres. Toda luz ser apagada en el firmamento y en la tierra. Entonces aparecer venida del cielo la seal de la cruz, de cada una de mis llagas de las manas y de los pies saldrn luces que iluminarn la tierra por un momento".

    "Quiero a Polonia de una manera especial. Si es fiel y dcil a mi voluntad, la elevar en poder y santidad, y de ella saltar la chispa que preparar al mundo a mi ltima venida". (parece que se refiere al papa Juan Pablo II)

  • En 1936, el da 25 de marzo, fiesta de la anunciacin, se le apareci la santsima virgen y le dijo estas palabras:

    "Yo di al mundo al redentor y t tienes que hablarle al mundo acerca de su misericordia y prepararlo para su segunda venida".

    "Este da terrible vendr, ser el da de la justicia, el da de la ira de dios . . . Los ngeles tiemblan al pensar en ese da (...) Habla a las almas de la gran misericordia de dios, mientras haya tiempo. Si te quedas en silencio ahora, sers responsable de la prdida de un gran nmero de almas en aquel da terrible. No tengas miedo y s fiel hasta el fin".

    BERTA PETIT (1870-1944)

    "El corazn de mi madre tiene derecho al ttulo de doloroso, que debe preceder al de inmaculado, ya que ella se lo gan con sus merecimientos . . . Por medio de ella se han obtenido y se obtendrn muchas gracias . . . Se propagar mientras esperamos la exaltacin de la santa iglesia y la renovacin del mundo, que se lograrn por la consagracin del mundo y de toda la humanidad al corazn doloroso e inmaculado de Mara".

    "Este es el ltimo auxilio que yo doy antes del fin de los tiempos, el refugio de mi madre bajo el ttulo que yo deseo para ella universalmente: "corazn doloroso e inmaculado de Mara", y luego aadi: como hijo, yo he concebido esta devocin a mi madre, y como dios la exijo".

    Por ltimo, en 1943, recibi estas ltimas manifestaciones:

    "La humanidad marcha hacia una tormenta espantosa que dividir ms an a los pueblos; reducir a la nada todas las combinaciones humanas; mostrar que nada subsiste sin m y que yo sigo siendo el director de los pueblos . . .un espantoso huracn se est preparando: veranse desencadenar con furor todas las fuerzas preparadas y ese ser el tiempo de abandonaros al corazn doloroso e inmaculado de Mara".

    SIGLO XV: NICOLS DE FLUH

    "La iglesia ser castigada porque la mayora de sus miembros, altos y bajos, se pervertirn. La iglesia se hundir ms y ms profundamente hasta que parezca extinguirse, y la sucesin de Pedro y los otros apstoles parezca tambin haber expirado."

    SIGLO XIV: HERMANO JUAN DE CLEF ROCK

  • "Hacia los ltimos tiempos, tirnicas y hostiles chusmas robarn a la iglesia y al clero todas sus posesiones, los afligirn y martirizarn. Aqullos que acumulan los mayores abusos sern tenidos en gran estima."

    "En ese momento, el papa con sus cardenales tendr que huir de roma en trgicas circunstancias a un lugar dnde sern desconocidos. El papa morir en una muerte cruel durante su destierro. Los sufrimientos de la iglesia serio mayores a cualquier momento histrico previo."

    "Se dice que veinte siglos despus de la encarnacin de la palabra, la bestia en su giro se volver hombre. Aproximadamente el ao 2000 d.c., El anticristo se revelar al mundo."

    SIGLO XIV: SANTA BRGIDA

    "Cuarenta aos antes del ao 2000, el demonio ser dejado suelto por un tiempo para tentar a los hombres. Cuando todo parecer perdido, dios mismo, de improviso, pondr fin a toda maldad. La seal de estos eventos ser: cuando los sacerdotes habrn dejado el hbito santo y se vestirn como gente comn, las mujeres como hombres y los hombres como mujeres".

    SIGLO XVI: MARA LAACH MONASTERY

    "El siglo veinte traer muerte y destruccin, apostasa de la iglesia, discordia en las familias, ciudades y gobiernos; ser el siglo de tres grandes guerras con intervalos de unas pocas dcadas. Se volvern ms que nunca devastadores y sangrientos y no slo quedar en ruinas Alemania, sino finalmente todos los pases del este y el oeste."

    "Despus de una derrota terrible de Alemania la prxima gran guerra seguir. No habr pan ya para las personas y ningn forraje para los animales. Las nubes venenosas, fabricadas por manos humanas, bajarn y exterminarn todo. La mente humana enloquecer."

    SIGLO XIX: EL EXTTICO DE TOURS

    "Antes de que rompa nuevamente la guerra, la comida ser escasa y cara. Habr poco trabajo para los obreros, y los padres oirn a sus nios llorar por la comida. Habr terremotos y seales en el sol. Hacia el fin, la oscuridad cubrir la tierra. Cuando todos crean que la paz est asegurada, cuando nadie lo espere, el gran acontecimiento comenzar. La revolucin romper casi al mismo tiempo en Italia como en Francia. Durante algn tiempo la iglesia estar sin un Papa."

    SIGLO XIX: SOR MARA DE JESS CRUCIFICADO

  • "Todos los estados se agitarn por la guerra y el conflicto civil. Durante una oscuridad que durar tres das las personas dadas al mal perecern por lo que slo unos cuantos hombres bondadosos sobrevivirn sobrevivir."

    SIGLO XIX: SAN JUAN BOSCO

    "Del sur vendr la guerra, del norte la paz. Italia ser sumida en la desolacin. Francia castigada. Roma conocer el exterminio. El padre tendr que huir. Habr un lucha terrible entre la luz y las tinieblas. Cese la oscuridad. Luce un sol esplndido. La tierra est arrasada, muchsimos han desaparecido. El papa vuelve. El pecado tendr fin..."

    SAN ANTONIO ABAD (SIGLO IV)

    "Los hombre se sometern al espritu de la edad. Ellos dirn que si hubieran vivido en nuestros das, la fe hubiera sido simple y fcil. Pero en sus tiempos, ellos dirn, que las cosas son complejas, y que la Iglesia debe ser actualizada de acuerdo a los tiempos y sus problemtica. Cuando el mundo y la Iglesia sean uno, entonces esos das habrn llegado"

    SAN SENANUS (SIGLO VI)

    "La falsedad caracterizar ese tipo de hombres que se basaran en juicios para emitir sentencias de acuerdo a las leyes: entre el padre y su hijo, las litigaciones subsistirn. Los clrigos de la Santa Iglesia sern adictos a la oracin y la injusticia. Las mujeres abandonaran sus sentimientos de delicadez , y habitaran con hombres fuera del matrimonio"

    SAN HILDEGARO (SIGLO XII)

    "El tiempo esta llegando en que prncipes y la gente desconocern la autoridad del Papa. Algunos pases preferirn sus propias reglas de iglesia en vez del Papa. El Imperio Germano ser dividido."

    OBISPO CRISTIANOS AGEDA (SIGLO XII)

    "En el siglo XX habrn guerras y el odio subsistir por un largo periodo; todas las provincias sern vaciadas de sus habitantes, y los reinos caern en confusin.

  • En muchos lugares la tierra ser dejada sin sembrar, y habrn entonces grandes matanzas de las clases altas. La mano derecha del mundo temer a la izquierda, y el norte prevalecer sobre el sur."

    SAN HILDEGARO (SIGLO XII)

    "Antes de que el cometa llegue, muchas naciones, exceptuadas las buenas, sern azotadas por el deseo y el hambre. La gran nacin en el ocano que esta habitada por gente de diferentes tribus y descendencias ser desbastada por un terremoto, tormentas y una gran marejada. Esta ser dividida y, en gran parte sumergida. Esa nacin tambin tendr muchos infortunios en el mar y perder sus colonias"

    JUAN DE VITIGUERRO (SIGLO XIII)

    "El Papa cambiar su residencia y la Iglesia no ser sostenida por veinticinco meses o mas ya que, durante todo este tiempo no habr Papa en Roma.... Luego de muchas tribulaciones, un Papa ser electo entre aquellos que hayan sobrevivido las persecuciones"

    ABATE WERDIN D'ORANTE (SIGLO XIII)

    "El gran Monarca y el gran Papa precedern al Anticristo. Las naciones estarn en guerras por cuatro aos y gran parte del mundo ser destruida. El Papa se ira a travs del mar llevando el signo de la Redencin en la frente. El gran Monarca volver a restaurar la paz y el Papa compartir la victoria."

    MADRE SHIPTON (SIGLO XVI) ( No es una profeca Catlica )

    "El castigo vendr cuando los carros vayan sin caballos y muchos accidentes llenen el mundo con infortunios. Este vendr cuando los pensamientos estn volando alrededor de la tierra en un pestaeo, cuando largos tneles sean hechos para maquinas sin caballos, cuando el hombre pueda volar en el aire y circular bajo el mar, cuando las naves sean todas hechas de metal, cuando el agua y el fuego hagan maravillas, cuando aun los pobres puedan leer libros, y cuando muchos impuestos sean aplicados por la guerra."

    VEN. BARTOLOMEO HOLZHAUSER (SIGLO XVII)

    "El quinto perodo de la Iglesia , el cual empieza cerca de 1520, terminar con el arribo de santo Papa y el poderoso Monarca quien es llamado "Ayuda de Dios" debido a que el

  • restaurar todo. El quinto perodo es uno de afliccin, desolacin, humillacin, y pobreza para la Iglesia. Jess Cristo purificar Su gente a travs de crueles guerras, hambrunas, plagas ,epidemias, y otras horribles calamidades. El tambin afligir y debilitara la Iglesia Latina con muchas herejas. Este es un perodo de deserciones, calamidades y exterminios. Aquellos cristianos que sobrevivan a la espada, plagas y hambrunas, sern solo algunos en la tierra."

    VEN. BARTOLOMEO HOLZHAUSER (SIGLO XVII)

    "Durante este perodo, muchos hombres abusarn de la libertad de conciencia concedida. Es a este tipo de hombre que el Apstol Judas se refera cuando deca: "Esos hombres blasfeman de cualquier cosa que no puedan entender; y ellos corrompen todo lo que conocen de manera natural tal como los animales irracionales lo hacen. Ellos ridiculizarn la simplicidad Cristiana; ellos la llamaran tonta y sin sentido, y tendrn el mayor avance tecnolgico, y por las maas de la ley y sus axiomas, los preceptos de moralidad, los Cnones Sagrados y los dogmas religiosos sern opacados por preguntas sin sentido y elaborados argumentos."

    VEN. BARTOLOMEO HOLZHAUSER (SIGLO XVII)

    "Aquellos son los tiempos de la maldad, un siglo lleno de peligros y calamidades. La Hereja esta en todas partes y los seguidores de la Hereja tendrn poder en casi todos los lugares.... Pero Dios permitir una gran maldad en contra de Su Iglesia: Los Herejes y tiranos caern sbita e inesperadamente sobre la Iglesia destruyndola ...Ellos entrarn en Italia y dejarn Roma desbastada; ellos incendiaran las iglesias y lo destruirn todo."

    BENDITO REMBORDT (SIGLO XVIII)

    "Dios castigar el mundo cuando los hombres conciban maravillosos inventos que nos lleven al olvido de Dios. Ellos tendrn carros sin caballos, y ellos volarn como pjaros"

    MARA JULIA JAHENNY (SIGLO XIX)

    "La crisis llegara en un instante y el Castigo caer a travs de todo el mundo."

    INSCRIPCIN EN PIEDRA, CEMENTERIO KIRBY (ESSEX SIGLO XVII?)

    "Cuando las pinturas luzcan vivas, con movimientos libres, Cuando las naves como peces naden bajo el mar, Cuando el hombre sobrepase a las aves y atraviese los cielos, Entonces la mitad del mundo profundamente baada en sangre perecer."

  • * * * * * * * * * * * *

    LOS ULTIMOS TIEMPOS Y EL FIN DEL MUNDOExplicacin de San Bernardo Sobre las venidas de Jesucristo

    "Sabemos de una triple venida del Seor. Adems de la primera y de la ltima, hay una venida intermedia. Aqullas son visibles, pero sta no.

    En la primera, el Seor se manifest en la tierra y convivi con los hombres, cuando, como atestigua l mismo, lo vieron y lo odiaron.

    En la ltima, todos vern la salvacin de Dios y mirarn al que traspasaron.

    La intermedia, en cambio, es oculta, y en ella slo los elegidos ven al Seor en lo ms ntimo de s mismos, y as sus almas se salvan.

    De manera que, en la primera venida, el Seor vino en carne y debilidad; en esta segunda, en espritu y poder; y, en la ltima, en gloria y majestad.

    Esta venida intermedia es como una senda por la que se pasa de la primera a la ltima; en la primera, Cristo fue nuestra redencin; en la ltima, aparecer como nuestra vida; en sta, es nuestro descanso y nuestro consuelo...

    El Hijo vendr a ti en compaa del Padre, vendr el Gran Profeta, que renovar Jerusaln, el que lo hace todo nuevo. Tal ser la eficacia de esta venida, que nosotros, que somos imagen del hombre terreno, seremos tambin imagen del hombre celestial. Y as como el viejo Adn se difundi por toda la humanidad y ocup el hombre entero, as es ahora preciso que Cristo posea todo, porque l lo cre todo, lo redimi todo, y lo glorificar todo."

    Pasin, Muerte y Resurreccin de JessLa ltima Cena de JessRevelaciones a la recientemente declarada BeataAna Catalina EmmerichEn proceso de canonizacin

    IPreparativos de la Cena Pascual

    "Ayer tarde fue cuando tuvo lugar la ltima gran comida del Seor y sus amigos, en casa de Simn el Leproso, en Betania, en donde Mara Magdalena derram por la ltima vez los perfumes sobre Jess. Los discpulos haban preguntado ya a Jess dnde quera celebrar la Pascua.

  • Hoy, antes de amanecer, llam el Seor a Pedro, a Santiago y a Juan: les habl mucho de todo lo que deban preparar y ordenar en Jerusaln, y les dijo que cuando subieran al monte de Sin, encontraran al hombre con el cntaro de agua. Ellos conocan ya a este hombre, pues en la ltima Pascua, en Bethania, l haba preparado la comida de Jess: por eso San Mateo dice: cierto hombre. Deban seguirle hasta su casa y decirle: "El Maestro os manda decir que su tiempo se acerca, y que quiere celebrar la Pascua en vuestra casa". Despus deban ser conducidos al Cenculo y ejecutar todas las disposiciones necesarias.

    Yo vi los dos Apstoles subir a Jerusaln; y encontraron al principio de una pequea subida, cerca de una casa vieja con muchos patios, al hombre que el Seor les haba designado: le siguieron y le dijeron lo que Jess les haba mandado. Se alegr mucho de esta noticia, y les respondi que la comida estaba ya dispuesta en su casa (probablemente por Nicodemus); que no saba para quin, y que se alegraba de saber que era para Jess. Este hombre era Hel, cuado de Zacaras de Hebrn, en cuya casa el ao anterior haba Jess anunciado la muerte de Juan Bautista. Iba todos los aos a la fiesta de la Pascua con sus criados, alquilaba una sala, y preparaba la Pascua para las personas que no tenan hospedaje en la ciudad. Ese ao haba alquilado un Cenculo que perteneca a Nicodemus y a Jos de Arimatea. Ense a los dos Apstoles su posicin y su distribucin interior.

    II

    Sobre el lado meridional de la montaa de Sin, se halla una antigua y slida casa, entre dos filas de rboles copudos, en medio de un patio espacioso cercado de buenas paredes. Al lado izquierdo de la entrada se ven otras habitaciones contiguas a la pared; a la derecha, la habitacin del mayordomo, y al lado, la que la Virgen y las santas mujeres ocuparon con ms frecuencia despus de la muerte de Jess. El Cenculo, antiguamente ms espacioso, haba servido entonces de habitacin a los audaces capitanes de David: en l se ejercitaban en manejar las armas. Antes de la fundacin del templo, el Arca de la Alianza haba sido depositada all bastante tiempo, y an hay vestigios de su permanencia en un lugar subterrneo.

    Yo he visto tambin al profeta Malaquas escondido debajo de las mismas bvedas; all escribi sus profecas sobre el Santsimo Sacramento y el sacrificio de la Nueva Alianza. Cuando una gran parte de Jerusaln fue destruida por los babilonios, esta casa fue respetada: he visto otras muchas cosas de ella; pero no tengo presente ms que lo que he contado. Este edificio estaba en muy mal estado cuando vino a ser propiedad de Nicodemus y de Jos de Arimatea: haban dispuesto el cuerpo principal muy cmodamente y lo alquilaban para servir de Cenculo a los extranjeros, que la Pascua atraa a Jerusaln.

    As el Seor lo haba usado en la ltima Pascua. El Cenculo, propiamente, est casi en medio del patio; es cuadrilongo, rodeado de columnas poco elevadas. Al entrar, se halla primero un vestbulo, adonde conducen tres puertas; despus se entra en la sala interior, en cuyo techo hay colgadas muchas lmparas; las paredes estn adornadas para la fiesta, hasta media altura, de hermosos tapices y de colgaduras. La parte posterior de la sala est separada del resto por una cortina. Esta divisin en tres partes da al Cenculo, cierta

  • similitud con el templo. En la ltima parte estn dispuestos, a derecha e izquierda, los vestidos necesarios para la celebracin de la fiesta. En el medio hay una especie de altar; en esta parte de la sala estn haciendo grandes preparativos para la comida pascual. En el nicho de la pared hay tres armarios de diversos colores, que se vuelven como nuestros tabernculos para abrirlos y cerrarlos; vi toda clase de vasos para la Pascua; ms tarde, el Santsimo Sacramento repos all. En las salas laterales del Cenculo hay camas en donde se puede pasar la noche. Debajo de todo el edificio hay bodegas hermosas. El Arca de la Alianza fue depositada en algn tiempo bajo el sitio donde se ha construido el hogar. Yo he visto all a Jess curar y ensear; los discpulos tambin pasaban con frecuencia las noches en las laterales.

    III

    Vi a Pedro y a Juan en Jerusaln entrar en una casa que perteneca a Serafia (tal era el nombre de la que despus fue llamada Vernica, por ser ella de Verona). Su marido, miembro del Consejo, estaba la mayor parte del tiempo fuera de la casa, atareado con sus negocios; y aun cuando estaba en casa, ella lo vea poco. Era una mujer de la edad de Mara Santsima, y que estaba en relaciones con la Sagrada Familia desde mucho tiempo antes: pues cuando el nio se qued en el templo despus de la fiesta, ella (la Vernica Serafia) le dio de comer. Los dos apstoles tomaron all, entre otras cosas, el cliz de que se sirvi el Seor para la institucin de la Sagrada Eucarista. El cliz que los apstoles llevaron de la casa de (Serafia) Vernica, es un vaso maravilloso y misterioso.

    Haba estado mucho tiempo en el templo entre otros objetos preciosos y de gran antigedad, cuyo origen y uso se haba olvidado. Haba sido vendido a un aficionado de antigedades. Y, comprado por Serafia, haba servido ya muchas veces a Jess para la celebracin de las fiestas, y desde ese da fue propiedad constante de la santa comunidad cristiana.

    El gran cliz estaba puesto en una azafata, y alrededor haba seis copas. Dentro de l haba otro vaso pequeo, y encima un plato con una tapadera redonda. En su pie estaba embutida una cuchara, que se sacaba con facilidad. El gran cliz se ha quedado en la iglesia de Jerusaln, cerca de Santiago el Menor, y lo veo todava conservado en esta villa: aparecer a la luz como ha aparecido esta vez! Otras iglesias se han repartido las copas que lo rodeaban; una de ellas est en Antioqua; otra en Efeso: pertenecan a los Patriarcas, que beban en ellas una bebida misteriosa cuando reciban y daban la bendicin, como lo he visto muchas veces. El gran cliz estaba en casa de Abraham: Melquisedec lo trajo consigo del pas de Semramis a la tierra de Canan cuando comenz a fundar algunos establecimientos en el mismo sitio donde se edific despus Jerusaln: l lo us en el sacrificio, cuando ofreci el pan y el vino en presencia de Abraham, y se lo dej a este Patriarca.

    IV

  • Por la maana, mientras los dos Apstoles se ocupaban en Jerusaln en hacer los preparativos de la Pascua, Jess, que se haba quedado en Bethania, hizo una despedida tierna a las santas mujeres, a Lzaro y a su Madre, y les dio algunas instrucciones. Yo vi al Seor hablar solo con su Madre; le dijo, entre otras cosas, que haba enviado a Pedro, el Apstol de la fe, y a Juan, el Apstol del amor, para preparar la Pascua en Jerusaln. Dijo que Mara Magdalena, cuyo dolor era muy violento, que su amor era grande, pero que todava era un poco segn la carne, y que por ese motivo el dolor la pona fuera de s. Habl tambin del proyecto de Judas, y la Virgen Santsima rog por l. Judas haba ido otra vez de Bethania a Jerusaln con pretexto de hacer un pago. Corri todo el da a casa de los fariseos, y arregl la venta con ellos. Le ensearon los soldados encargados de prender al Salvador. Calcul sus idas y venidas de modo que pudiera explicar su ausencia. Volvi al lado del Seor poco antes de la cena. Yo he visto todas sus tramas y todos sus pensamientos. Era activo y servicial; pero lleno de avaricia, de ambicin y de envidia, y no combata estas pasiones. Haba hecho milagros y curaba enfermos en la ausencia de Jess.

    Cuando el Seor anunci a la Virgen lo que iba a suceder, Ella le pidi de la manera ms tierna que la dejase morir con l. Pero l le recomend que tuviera ms resignacin que las otras mujeres; le dijo tambin que resucitara, y el sitio donde se le aparecera. Ella no llor mucho, pero estaba profundamente triste. El Seor le dio las gracias, como un hijo piadoso, por todo el amor que le tena.

    Se despidi otra vez de todos, dando todava diversas instrucciones. Jess y los nueve Apstoles salieron a las doce de Bethania para Jerusaln; anduvieron al pie del monte de los Olivos, en el valle de Josafat y hasta el Calvario. En el camino no cesaba de instruirlos. Dijo a los Apstoles, entre otras cosas, que hasta entonces les haba dado su pan y su vino, pero que hoy quera darles su carne y su sangre, y que les dejara todo lo que tena. Deca esto el Seor con una expresin tan dulce en su cara, que su alma pareca salirse por todas partes, y que se deshaca en amor, esperando el momento de darse a los hombres. Sus discpulos no lo comprendieron: creyeron que hablaba del cordero pascual. No se puede expresar todo el amor y toda la resignacin que encierran los ltimos discursos que pronunci en Bethania y aqu. Cuando Pedro y Juan vinieron al Cenculo con el cliz, todos los vestidos de la ceremonia estaban ya en el vestbulo. Enseguida se fueron al valle de Josafat y llamaron al Seor y a los nueve Apstoles. Los discpulos y los amigos que deban celebrar la Pascua en el Cenculo vinieron despus.

    V

    El cordero Pascual

    Jess y los suyos comieron el cordero pascual en el Cenculo, divididos en tres grupos: el Salvador con los doce Apstoles en la sala del Cenculo; Natanael con otros doce discpulos en una de las salas laterales; otros doce tenan a su cabeza a Eliazim, hijo de Cleofs y de Mara, hija de Hel: haba sido discpulo de San Juan Bautista. Se mataron para ellos tres corderos en el templo. Haba all un cuarto cordero, que fue sacrificado en el Cenculo: ste es el que comi Jess con los Apstoles. Judas ignoraba esta circunstancia; continuamente ocupado en su trama, no haba vuelto cuando el sacrificio del cordero; vino pocos instantes antes de la comida. El sacrificio del cordero destinado

  • a Jess y a los Apstoles fue muy tierno; se hizo en el vestbulo del Cenculo. Los Apstoles y los discpulos estaban all cantando el salmo CXVIII. Jess habl de una nueva poca que comenzaba. Dijo que los sacrificios de Moiss y la figura del Cordero pascual iban a cumplirse; pero que, por esta razn, el cordero deba ser sacrificado como antiguamente en Egipto, y que iban a salir verdaderamente de la casa de servidumbre. Los vasos y los instrumentos necesarios fueron preparados.

    Trajeron un cordero pequeito, adornado con una corona, que fue enviada a la Virgen Santsima al sitio donde estaba con las santas mujeres. El cordero estaba atado, con la espalda sobre una tabla, por el medio del cuerpo: me record a Jess atado a la columna y azotado. El hijo de Simen tena la cabeza del cordero. El Seor lo pic con la punta de un cuchillo en el cuello, y el hijo de Simen acab de matarlo. Jess pareca tener repugnancia de herirlo: lo hizo rpidamente, pero con gravedad; la sangre fue recogida en un bao, y trajronle un ramo de hisopo que moj en la sangre. Enseguida fue a la puerta de la sala, ti de sangre los dos pilares y la cerradura y fij sobre la puerta el ramo teido de sangre. Despus hizo una instruccin, y dijo, entre otras cosas, que el ngel exterminador pasara ms lejos; que deban adorar en ese sitio sin temor y sin inquietud cuando l fuera sacrificado, a l mismo, el verdadero Cordero pascual; que un nuevo tiempo y un nuevo sacrificio iban a comenzar, y que duraran hasta el fin del mundo. Despus se fueron a la extremidad de la sala, cerca del hogar donde haba estado en otro tiempo el Arca de la Alianza. Jess verti la sangre sobre el hogar, y lo consagr como un altar; seguido de sus Apstoles, dio la vuelta al Cenculo y lo consagr como un nuevo templo.

    Todas las puertas estaban cerradas mientras tanto. El hijo de Simen haba ya preparado el cordero. Lo puso en una tabla: las patas de adelante estaban atadas a un palo puesto al revs; las de atrs estaban extendidas a lo largo de la tabla. Se pareca a Jess sobre la cruz, y fue metido en el horno para ser asado con los otros tres corderos trados del templo.

    Los convidados se pusieron los vestidos de viaje que estaban en el vestbulo, otros zapatos, un vestido blanco parecido a una camisa, y una capa ms corta de adelante que de atrs; se arremangaron los vestidos hasta la cintura; tenan tambin unas mangas anchas arremangadas. Cada grupo fue a la mesa que le estaba reservada: los discpulos en las salas laterales, el Seor con los Apstoles en la del Cenculo. Segn puedo acordarme, a la derecha de Jess estaban Juan, Santiago el Mayor y Santiago el Menor; al extremo de la mesa, Bartolom; y a la vuelta, Toms y Judas Iscariote. A la izquierda de Jess estaban Pedro, Andrs y Tadeo; al extremo de la izquierda, Simn, y a la vuelta, Mateo y Felipe.

    Despus de la oracin, el mayordomo puso delante de Jess, sobre la mesa, el cuchillo para cortar el cordero, una copa de vino delante del Seor, y llen seis copas, que estaban cada una entre dos Apstoles. Jess bendijo el vino y lo bebi; los Apstoles beban dos en la misma copa. El Seor parti el cordero; los Apstoles presentaron cada uno su pan, y recibieron su parte. La comieron muy deprisa, con ajos y yerbas verdes que mojaban en la salsa. Todo esto lo hicieron de pie, apoyndose slo un poco sobre el respaldo de su silla. Jess rompi uno de los panes cimos, guard una parte, y distribuy la otra. Trajeron otra copa de vino; y Jess deca: "Tomad este vino hasta que venga el reino de Dios". Despus de comer, cantaron; Jess rez o ense, y habindose lavado otra vez las manos, se sentaron en las sillas.

  • Al principio estuvo muy afectuoso con sus Apstoles; despus se puso serio y melanclico, y les dijo: "Uno de vosotros me vender; uno de vosotros, cuya mano est conmigo en esta mesa". Haba slo un plato de lechuga; Jess la reparta a los que estaban a su lado, y encarg a Judas, sentado enfrente, que la distribuyera por su lado. Cuando Jess habl de un traidor, cosa que espant a todos los Apstoles, dijo: "Un hombre cuya mano est en la misma mesa o en el mismo plato que la ma", lo que significa: "Uno de los doce que comen y beben conmigo; uno de los que participan de mi pan". No design claramente a Judas a los otros, pues meter la mano en el mismo plato era una expresin que indicaba la mayor intimidad. Sin embargo, quera darle un aviso, pues, que meta la mano en el mismo plato que el Seor para repartir lechuga.

    Jess aadi: "El hijo del hombre se va, segn esta escrito de l; pero desgraciado el hombre que vender al Hijo del hombre: ms le valdra no haber nacido". Los Apstoles, agitados, le preguntaban cada uno: "Seor, soy yo?", pues todos saban que no comprendan del todo estas palabras. Pedro se recost sobre Juan por detrs de Jess, y por seas le dijo que preguntara al Seor quin era, pues habiendo recibido algunas reconvenciones de Jess, tena miedo que le hubiera querido designar. Juan estaba a la derecha de Jess, y, como todos, apoyndose sobre el brazo izquierdo, coma con la mano derecha: su cabeza estaba cerca del pecho de Jess. Se recost sobre su seno, y le dijo: "Seor, quin es?". Entonces tuvo aviso que quera designar a Judas. Yo no vi que Jess se lo dijera con los labios: "Este a quien le doy el pan que he mojado". Yo no s si se lo dijo bajo; pero Juan lo supo cuando el Seor moj el pedazo de pan con la lechuga, y lo present afectuosamente a Judas, que pregunt tambin: "Seor, soy yo?". Jess lo mir con amor y le dio una respuesta en trminos generales. Era para los judos una prueba de amistad y de confianza. Jess lo hizo con una afeccin cordial, para avisar a Judas, sin denunciarlo a los otros; pero ste estaba interiormente lleno de rabia. Yo vi, durante la comida, una figura horrenda, sentada a sus pies, y que suba algunas veces hasta su corazn. Yo no vi que Juan dijera a Pedro lo que le haba dicho Jess; pero lo tranquiliz con los ojos.

    VI

    El lavatorio de pies: simbolismo de la confesin

    Se levantaron de la mesa, y mientras arreglaban sus vestidos, segn costumbre, para el oficio solemne, el mayordomo entr con dos criados para quitar la mesa. Jess le pidi que trajera agua al vestbulo, y sali de la sala con sus criados. De pie en medio de los Apstoles, les habl algn tiempo con solemnidad. No puedo decir con exactitud el contenido de su discurso. Me acuerdo que habl de su reino, de su vuelta hacia su Padre, de lo que les dejara al separarse de ellos. Ense tambin sobre la penitencia, la confesin de las culpas, el arrepentimiento y la justificacin. Yo comprend que esta instruccin se refera al lavatorio de los pies; vi tambin que todos reconocan sus pecados y se arrepentan, excepto Judas. Este discurso fue largo y solemne. Al acabar Jess, envi a Juan y a Santiago el Menor a buscar agua al vestbulo, y dijo a los Apstoles que arreglaran las sillas en semicrculo. l se fue al vestbulo, y se puso y ci una toalla alrededor del cuerpo. Mientras tanto, los Apstoles se decan algunas palabras, y se preguntaban entre s cul sera el primero entre ellos; pues el Seor les

  • haba anunciado expresamente que iba a dejarlos y que su reino estaba prximo; y se fortificaban ms en la opinin de que el Seor tena un pensamiento secreto, y que quera hablar de un triunfo terrestre que estallara en el ltimo momento.

    Estando Jess en el vestbulo, mand a Juan que llevara un bao y a Santiago un cntaro lleno de agua; enseguida fueron detrs de l a la sala en donde el mayordomo haba puesto otro bao vaco. Entr Jess de un modo muy humilde, reprochando a los Apstoles con algunas palabras la disputa que se haba suscitado entre ellos: les dijo, entre otras cosas, que l mismo era su servidor; que deban sentarse para que les lavara los pies. Se sentaron en el mismo orden en que estaban en la mesa. Jess iba del uno al otro, y les echaba sobre los pies agua del bao que llevaba Juan; con la extremidad de la toalla que lo cea, los limpiaba; estaba lleno de afeccin mientras haca este acto de humildad.

    Cuando lleg a Pedro, ste quiso detenerlo por humildad, y le dijo: "Seor, Vos lavarme los pies?". El Seor le respondi: "T no sabes ahora lo que hago, pero lo sabrs mas tarde". Me pareci que le deca aparte: "Simn, has merecido saber de mi Padre quin soy yo, de dnde vengo y adnde voy; t solo lo has confesado expresamente, y por eso edificar sorbe ti mi Iglesia, y las puertas del infierno no prevalecern contra ella. Mi fuerza acompaar a tus sucesores hasta el fin del mundo". Jess lo mostr a los Apstoles, diciendo: "Cuando yo me vaya, l ocupar mi lugar".

    Pedro le dijo: "Vos no me lavaris jams los pies". El Seor le respondi: "Si no te lavo los pies, no tendrs parte conmigo". Entonces Pedro aadi: "Seor, lavadme no slo los pies, sino tambin las manos y la cabeza". Jess respondi: "El que ha sido ya lavado, no necesita lavarse ms que los pies; est purificado en todo el resto; vosotros, pues, estis purificados, pero no todos". Estas palabras se dirigan a Judas.

    Haba hablado del lavatorio de los pies como de una purificacin de las culpas diarias, porque los pies, estando sin cesar en contacto con la tierra, se ensucian constantemente si no se tiene una grande vigilancia. Este lavatorio de los pies fue espiritual, y como una especie de absolucin. Pedro, en medio de su celo, no vio ms que una humillacin demasiado grande de su Maestro: no saba que Jess al da siguiente, para salvarlo, se humillara hasta la muerte ignominiosa de la cruz.

    Cuando Jess lav los pies a Judas, fue del modo ms cordial y ms afectuoso: acerc la cara a sus pies; le dijo en voz baja, que deba entrar en s mismo; que haca un ao que era traidor e infiel. Judas haca como que no le oa, y hablaba con Juan. Pedro se irrit y le dijo: "Judas, el Maestro te habla". Entonces Judas dio a Jess una respuesta vaga y evasiva, como: "Seor, Dios me libre!". Los otros no haban advertido que Jess hablaba con Judas, pues hablaba bastante bajo para que no le oyeran, y adems, estaban ocupados en ponerse su calzado. En toda la pasin nada afligi ms al Salvador que la traicin de Judas. Jess lav tambin los pies a Juan y a Santiago. Ense sobre la humildad: les dijo que el que serva a los otros era el mayor de todos; y que desde entones deban lavarse con humildad los pies los unos a los otros; enseguida se puso sus vestidos. Los Apstoles desataron los suyos, que los haban levantado para comer el cordero pascual.

    VII

  • Institucin de la Eucarista

    Por orden del Seor, el mayordomo puso de nuevo la mesa, que haba lazado un poco: habindola puesto en medio de la sala, coloc sobre ella un jarro lleno de agua y otro lleno de vino. Pedro y Juan fueron a buscar al cliz que haban trado de la casa de Serafia. Lo trajeron entre los dos como un Tabernculo, y lo pusieron sobre la mesa delante de Jess. Haba sobre ella una fuente ovalada con tres panes cimos blancos y delgados; los panes fueron puestos en un pao con el medio pan que Jess haba guardado de la Cena pascual: haba tambin un vaso de agua y de vino, y tres cajas: la una de aceite espeso, la otra de aceite lquido y la tercera vaca.

    Desde tiempo antiguo haba la costumbre de repartir el pan y de beber en el mismo cliz al fin de la comida; era un signo de fraternidad y de amor que se usaba para dar la bienvenida o para despedirse. Jess elev hoy este uso a la dignidad del ms santo Sacramento: hasta entonces haba sido un rito simblico y figurativo. El Seor estaba entre Pedro y Juan; las puertas estaban cerradas; todo se haca con misterio y solemnidad. Cuando el cliz fue sacado de su bolsa, Jess or, y habl muy solemnemente. Yo le vi explicando la Cena y toda la ceremonia: me pareci un sacerdote enseando a los otros a decir misa. Sac del azafate, en el cual estaban los vasos, una tablita; tom un pao blanco que cubra el cliz, y lo tendi sobre el azafate y la tablita. Luego sac los panes cimos del pao que los cubra, y los puso sobre esta tapa; sac tambin de dentro del cliz un vaso ms pequeo, y puso a derecha y a izquierda las seis copas de que estaba rodeado.

    Entonces bendijo el pan y los leos, segn yo creo: elev con sus dos manos la patena, con los panes, levant los ojos, rez, ofreci, puso de nuevo la patena sobre la mesa, y la cubri. Tom despus el cliz, hizo que Pedro echara vino en l y que Juan echara el agua que haba bendecido antes; aadi un poco de agua, que ech con una cucharita: entonces bendijo el cliz, lo elev orando, hizo el ofertorio, y lo puso sobre la mesa. Juan y Pedro le echaron agua sobre las manos. No me acuerdo si este fue el orden exacto de las ceremonias: lo que s es que todo me record de un modo extraordinario el santo sacrificio de la Misa.

    Jess se mostraba cada vez ms afectuoso; les dijo que les iba a dar todo lo que tena, es decir, a S mismo; y fue como si se hubiera derretido todo en amor. Le vi volverse transparente; se pareca a una sombra luminosa. Rompi el pan en muchos pedazos, y los puso sobre la patena; tom un poco del primer pedazo y lo ech en el cliz. Or y ense todava: todas sus palabras salan de su boca como el fuego de la luz, y entraban en los Apstoles, excepto en Judas. Tom la patena con los pedazos de pan y dijo: Tomad y comed; este es mi Cuerpo, que ser dado por vosotros. Extendi su mano derecha como para bendecir, y mientras lo haca, un resplandor sala de l: sus palabras eran luminosas, y el pan entraba en la boca de los Apstoles como un cuerpo resplandeciente: yo los vi a todos penetrados de luz; Judas solo estaba tenebroso. Jess present primero el pan a Pedro, despus a Juan; enseguida hizo seas a Judas que se acercara: ste fue el tercero a quien present el Sacramento, pero fue como si las palabras del Seor se apartasen de la boca del traidor, y volviesen a l. Yo estaba tan agitada, que no puedo expresar lo que senta. Jess le dijo: "Haz pronto lo que quieres hacer". Despus dio el Sacramento a los otros Apstoles.

  • Elev el cliz por sus dos asas hasta la altura de su cara, y pronunci las palabras de la consagracin: mientras las deca, estaba transfigurado y transparente: pareca que pasaba todo entero en lo que les iba a dar. Dio de beber a Pedro y a Juan en el cliz que tena en la mano, y lo puso sobre la mesa. Juan ech la sangre divina del cliz en las copas, y Pedro las present a los Apstoles, que bebieron dos a dos en la misma copa. Yo creo, sin estar bien segura de ello, que Judas tuvo tambin su parte en el cliz. No volvi a su sitio, sino que sali enseguida del Cenculo. Los otros creyeron que Jess le haba encargado algo.

    El Seor ech en un vasito un resto de sangre divina que qued en el fondo del cliz; despus puso sus dedos en el cliz, y Pedro y Juan le echaron otra vez agua y vino. Despus les dio a beber de nuevo en el cliz, y el resto lo ech en las copas y lo distribuy a los otros Apstoles. Enseguida limpi el cliz, meti dentro el vasito donde estaba el resto de la sangre divina, puso encima la patena con el resto del pan consagrado, le puso la tapadera, envolvi el cliz, y lo coloc en medio de las seis copas. Despus de la Resurreccin, vi a los Apstoles comulgar con el resto del Santsimo Sacramento. Haba en todo lo que Jess hizo durante la institucin de la Sagrada Eucarista, cierta regularidad y cierta solemnidad: sus movimientos a un lado y a otro estaban llenos de majestad. Vi a los Apstoles anotar alguna cosa en unos pedacitos de pergamino que traan consigo.

    VIII

    Uncin de los Apstoles

    Jess hizo una instruccin particular. Les dijo que deban conservar el Santsimo Sacramento en memoria suya hasta el fin del mundo; les ense las formas esenciales para hacer uso de l y comunicarlo, y de qu modo deban, por grados, ensear y publicar este misterio. Les ense cundo deban comer el resto de las especies consagradas, cundo deban dar de ellas a la Virgen Santsima, cmo deban consagrar ellos mismos cuando les hubiese enviado el Consolador.

    Les habl despus del sacerdocio, de la uncin, de la preparacin del crisma, de los santos leos. Haba tres cajas: dos contenan una mezcla de aceite y de blsamo. Ense cmo se deba hacer esa mezcla, a qu partes del cuerpo se deba aplicar, y en qu ocasiones. Me acuerdo que cit un caso en que la Sagrada Eucarista no era aplicable: puede ser que fuera la Extremauncin; mis recuerdos no estn fijos sobre ese punto. Habl de diversas unciones, sobre todo de las de los Reyes, y dijo que aun los Reyes inicuos que estaban ungidos, reciban de la uncin una fuerza particular. Despus vi a Jess ungir a Pedro y a Juan: les impuso las manos sobre la cabeza y sobre los hombros. Ellos juntaron las manos poniendo el dedo pulgar en cruz, y se inclinaron profundamente delante de l, hasta ponerse casi de rodillas. Les ungi el dedo pulgar y el ndice de cada mano, y les hizo una cruz sobre la cabeza con el crisma. Les dijo tambin que aquello permanecera hasta el fin del mundo.

    Santiago el Menor, Andrs, Santiago el Mayor y Bartolom recibieron asimismo la consagracin. Vi que puso en cruz sobre el pecho de Pedro una especie de estola que

  • llevaba al cuello, y a los otros se la coloc sobre el hombro derecho. Yo vi que Jess les comunicaba por esta uncin algo esencial y sobrenatural que no s explicar. Les dijo que en recibiendo el Espritu Santo consagraran el pan y el vino y daran la uncin a los Apstoles. Me fue mostrado aqu que el da de Pentecosts, antes del gran bautismo, Pedro y Juan impusieron las manos a los otros Apstoles, y ocho das despus a muchos discpulos.

    Juan, despus de la Resurreccin, present por primera vez el Santsimo Sacramento a la Virgen Santsima. Esta circunstancia fue celebrada entre los Apstoles. La Iglesia no celebra ya esta fiesta; pero la veo celebrar en la Iglesia triunfante. Los primeros das despus de Pentecosts yo vi a Pedro y a Juan consagrar solos la Sagrada Eucarista: ms tarde, los otros hicieron lo mismo. El Seor consagr tambin el fuego en una copa de hierro, y tuvieron cuidado de no dejarlo apagar jams: fue conservado al lado del sitio donde estaba puesto el Santsimo Sacramento, en una parte del antiguo hornillo pascual, y de all iban a sacarlo siempre para los usos espirituales.

    Todo lo que hizo entonces Jess estuvo muy secreto y fue enseado slo en secreto. La Iglesia ha conservado lo esencial, extendindolo bajo la inspiracin del Espritu Santo para acomodarlo a sus necesidades. Cuando estas santas ceremonias se acabaron, el cliz que estaba al lado del crisma fue cubierto, y Pedro y Juan llevaron el Santsimo Sacramento a la parte ms retirada de la sala, que estaba separada del resto por una cortina, y desde entonces fue el santuario. Jos de Arimatea y Nicodemus cuidaron el Santuario y el Cenculo en la ausencia de los Apstoles. Jess hizo todava una larga instruccin, y rez algunas veces. Con frecuencia pareca conversar con su Padre celestial: estaba lleno de entusiasmo y de amor. Los Apstoles, llenos de gozo y de celo, le hacan diversas preguntas, a las cuales responda.

    La mayor parte de todo esto debe estar en la Sagrada Escritura. El Seor dijo a Pedro y a Juan diferentes cosas que deban comunicar despus a los otros Apstoles, y estos a los discpulos y a las santas mujeres, segn la capacidad de cada uno para estos conocimientos. Yo he visto siempre as la Pascua y la institucin de la Sagrada Eucarista. Pero mi emocin antes era tan grande, que mis percepciones no podan ser bien distintas: ahora lo he visto con ms claridad. Se ve el interior de los corazones; se ve el amor y la fidelidad del Salvador: se sabe todo lo que va a suceder. Como sera posible observar exactamente todo lo que no es ms que exterior, se inflama uno de gratitud y de amor, no se puede comprender la ceguedad de los hombres, la ingratitud del mundo entero y sus pecados. La Pascua de Jess fue pronta, y en todo conforme a las prescripciones legales. Los fariseos aadan algunas observaciones minuciosas."

    Pasin, Muerte y Resurreccin de JessOracin de Jess en el Huerto del Monte de los OlivosVisiones de la recientemente declaradaBeata Ana Catalina EmmerickEn proceso de canonizacin

    I

  • "Cuando Jess, despus de instituido el Santsimo Sacramento del altar, sali del Cenculo con los once Apstoles, su alma estaba turbada, y su tristeza se iba aumentando. Condujo a los once por un sendero apartado en el valle de Josafat. El Seor, andando con ellos, les dijo que volvera a este sitio a juzgar al mundo; que entonces los hombres temblaran y gritaran: "Montes, cubridnos!". Les dijo tambin: "Esta noche seris escandalizados por causa ma; pues est escrito: Yo herir al Pastor, y las ovejas sern dispersadas. Pero cuando resucite, os preceder en Galilea". Los Apstoles conservaban an algo del entusiasmo y del recogimiento que les haba comunicado la santa comunin y los discursos solemnes y afectuosos de Jess. Lo rodeaban, pues, y le expresaban su amor de diversos modos, protestando que jams lo abandonaran; pero Jess continu hablndoles en el mismo sentido, y entonces dijo Pedro: "Aunque todos se escandalizaren por vuestra causa, yo jams me escandalizar". El Seor le predijo que antes que el gallo cantare le negara tres veces, y Pedro insisti de nuevo, y le dijo: "Aunque tenga que morir con Vos, nunca os negar". As hablaron tambin los dems.

    Andaban y se paseaban alternativamente, y la tristeza de Jess se aumentaba cada vez ms. Queran ellos consolarlo de un modo puramente humano, asegurndole que lo que prevea no sucedera. Se cansaron en esta vana tentativa, comenzaron a sudar, y vino sobre ellos la tentacin. Atravesaron el torrente de Cedrn, no por el puente donde fue conducido preso Jess ms tarde, sino por otro, pues haban dado un rodeo. Getseman, adonde se dirigan, est a media legua del Cenculo. Desde el Cenculo hasta la puerta del valle de Josafat, hay un cuarto de legua, y otro tanto desde all hasta Getseman. Este sitio, donde Jess en los ltimos das haba pasado algunas noches con sus discpulos, se compona de varias casas vacas y abiertas, y de un gran jardn rodeado de un seto, adonde no haba ms que plantas de adorno y rboles frutales. Los Apstoles y algunas otras personas tenan una llave de este jardn, que era un lugar de recreo y de oracin. El jardn de los Olivos estaba separado del de Getseman por un camino; estaba abierto, cercado slo por una tapia baja, y era ms pequeo que el jardn de Getseman. Haba en l grutas, terraplenes y muchos olivos, y fcilmente se encontraban sitios a propsito para la oracin y para la meditacin. Jess fue a orar al ms retirado de todos.

    II

    Eran cerca de las nueve cuando Jess lleg a Getseman con sus discpulos. La tierra estaba todava oscura; pero la luna esparca ya su luz en el cielo. El Seor estaba triste y anunciaba la proximidad del peligro. Los discpulos estaban sobrecogidos, y Jess dijo a ocho de los que le acompaaban que se quedasen en el jardn de Getseman, mientras l iba a orar. Llev consigo a Pedro, Juan y Santiago, y entr en el jardn de los Olivos. Estaba sumamente triste, pues el tiempo de la prueba se acercaba. Juan le pregunt cmo l, que siempre los haba consolado, poda estar tan abatido. "Mi alma est triste hasta la muerte", respondi Jess; y vea por todos lados la angustia y la tentacin acercarse como nubes cargadas de figuras terribles. Entonces dijo a los tres Apstoles: "Quedaos ah: velad y orad conmigo para no caer en tentacin". Jess baj un poco a la izquierda, y se ocult debajo de un peasco en una gruta de seis pies de profundidad, encima de la cual estaban los Apstoles en una especie de hoyo. El terreno se inclinaba

  • poco a poco en esta gruta, y las plantas asidas al peasco formaban una especie de cortina a la entrada, de modo que no poda ser visto.

    Cuando Jess se separ de los discpulos, yo vi a su alrededor un crculo de figuras horrendas, que lo estrechaban cada vez ms. Su tristeza y su angustia se aumentaban; penetr temblando en la gruta para orar, como un hombre que busca un abrigo contra la tempestad; pero las visiones amenazadoras le seguan, y cada vez eran ms fuertes. Esta estrecha caverna pareca presentar el horrible espectculo de todos los pecados cometidos desde la cada del primer hombre hasta el fin del mundo, y su castigo. A este mismo sitio, al monte de los Olivos, haban venido Adn y Eva, expulsados del Paraso, sobre una tierra ingrata; en esta misma gruta haban gemido y llorado.

    Parecime que Jess, al entregarse a la divina justicia en satisfaccin de nuestros pecados, haca volver su Divinidad al seno de la Trinidad Santsima; as, concentrado en su pura, amante e inocente humanidad, y armado slo de su amor inefable, la sacrificaba a las angustias y a los padecimientos.Postrado en tierra, inclinado su rostro ya anegado en un mar de tristeza, todos los pecados del mundo se le aparecieron bajo infinitas formas en toda su fealdad interior; tomolos todos sobre s, y ofrecise en la oracin, a la justicia de su Padre celestial para pagar esta terrible deuda. Pero Satans, que se agitaba en medio de todos estos horrores con una sonrisa infernal, se enfureca contra Jess; y haciendo pasar ante sus ojos pinturas cada vez ms horribles, gritaba a su santa humanidad: "Como!, tomars t ste tambin sobre ti?, sufrirs su castigo?, quieres satisfacer por todo esto?". Entre los pecados del mundo que pesaban sobre el Salvador, yo vi tambin los mos; y del crculo de tentaciones que lo rodeaban vi salir hacia m como un ro en donde todas mis culpas me fueron presentadas.

    Al principio Jess estaba arrodillado, y oraba con serenidad; pero despus su alma se horroriz al aspecto de los crmenes innumerables de los hombres y de su ingratitud para con Dios: sinti un dolor tan vehemente, que exclam diciendo: "Padre mo, todo os es posible: alejad este cliz!". Despus se recogi y dijo: "Que vuestra voluntad se haga y no la ma". Su voluntad era la de su Padre; pero abandonado por su amor a las debilidades de la humanidad temblaba al aspecto de la muerte. Yo vi la caverna llena de formas espantosas; vi todos los pecados, toda la malicia, todos los vicios, todos los tormentos, todas las ingratitudes que le opriman: el espanto de la muerte, el terror que senta como hombre al aspecto de los padecimientos expiatorios, le asaltaban bajo la figura de espectros horrendos. Sus rodillas vacilaban; juntaba las manos; inundbalo el sudor, y se estremeca de horror. Por fin se levant, temblaban sus rodillas, apenas podan sostenerlo; tena la fisonoma descompuesta, y estaba desconocido, plido y erizados los cabellos sobre la cabeza.

    Eran cerca de las diez cuando se levant, y cayendo a cada paso, baado de sudor fro, fue a donde estaban los tres Apstoles, subi a la izquierda de la gruta, al sitio donde estos se haban dormido, rendidos, fatigados de tristeza y de inquietud. Jess vino a ellos como un hombre cercado de angustias que el terror le hace recurrir a sus amigos, y semejante a un buen pastor que, avisado de un peligro prximo, viene a visitar a su rebao amenazado, pues no ignoraba que ellos tambin estaban en la angustia y en la tentacin.

  • Las terribles visiones le rodeaban tambin en este corto camino. Hallndolos dormidos, junt las manos, cay junto a ellos lleno de tristeza y de inquietud, y dijo: "Simn, duermes?". Despertronse al punto; se levantaron y djoles en su abandono: "No podais velar una hora conmigo?". Cuando le vieron descompuesto, plido, temblando, empapado en sudor; cuando oyeron su voz alterada y casi extinguida, no supieron qu pensar; y si no se les hubiera aparecido rodeado de una luz radiante, lo hubiesen desconocido. Juan le dijo: "Maestro, qu tenis? Debo llamar a los otros discpulos? Debemos huir?". Jess respondi: "Si viviera, enseara y curara todava treinta y tres aos, no bastara para cumplir lo que tengo que hacer de aqu a maana. No llames a los otros ocho; helos dejado all, porque no podran verme en esta miseria sin escandalizarse: caeran en tentacin, olvidaran mucho, y dudaran de M, porque veran al Hijo del hombre transfigurado, y tambin en su oscuridad y abandono; pero vela y ora para no caer en la tentacin, porque el espritu es pronto, pero la carne es dbil".

    Quera as excitarlos a la perseverancia, y anunciarles la lucha de su naturaleza humana contra la muerte, y la causa de su debilidad. Les habl todava de su tristeza, y estuvo cerca de un cuarto de hora con ellos. Volviose a la gruta, creciendo siempre su angustia: ellos extendan las manos hacia l, lloraban, se echaban en los brazos los unos a los otros, y se preguntaban: "Qu tiene?, qu le ha sucedido?, est en un abandono completo?". Comenzaron a orar con la cabeza cubierta, llenos de ansiedad y de tristeza.

    Todo lo que acabo de decir ocup el espacio de hora y media, desde que Jess entr en el jardn de los Olivos. En efecto, dice en la Escritura: "No habis podido velar una hora conmigo?". Pero esto no debe entenderse a la letra y segn nuestro modo de contar. Los tres Apstoles que estaban con Jess haban orado primero, despus se haban dormido, porque haban cado en tentacin por falta de confianza. Los otros ocho, que se haban quedado a la entrada, no dorman: la tristeza que encerraban los ltimos discursos de Jess los haba dejado muy inquietos; erraban por el monte de los Olivos para buscar algn refugio en caso de peligro.

    III

    Haba poco ruido en Jerusaln; los judos estaban en sus casas ocupados en los preparativos de la fiesta; yo vi ac y all amigos y discpulos de Jess, que andaban y hablaban juntos; parecan inquietos y como si esperasen algn acontecimiento. La Madre del Seor, Magdalena, Marta, Mara hija de Cleofs, Mara Salom, y Salom, haban ido desde el Cenculo a la casa de Mara, madre de Marcos. Mara asustada de lo que decan sobre Jess, quiso venir al pueblo para saber noticias suyas. Lzaro, Nicodemus, Jos de Arimatea, y algunos parientes de Hebrn, vinieron a velar para tranquilizarla. Pues habiendo tenido conocimiento de las tristes predicciones de Jess en el Cenculo, haban ido a informarse a casa de los fariseos conocidos suyos, y no haban odo que se preparase ninguna tentativa contra Jess: decan que el peligro no deba ser tan grande; que no atacaran al Seor tan cerca de la fiesta; ellos no saban nada de la traicin de Judas. Mara les habl de la agitacin de ste en los ltimos das; de qu manera haba salido del Cenculo; seguramente haba ido a denunciar a Aqul: Ella le haba dicho con frecuencia que era un hijo de perdicin. Las santas mujeres se volvieron a casa de Mara, madre de Marcos.

  • IV

    Cuando Jess volvi a la gruta y con l todos sus dolores, se prostern con el rostro contra la tierra y los brazos extendidos, y en esta actitud rog a su Padre celestial; pero hubo una nueva lucha en su alma, que dur tres cuartos de hora. Vinieron ngeles a mostrarle en una serie de visiones todos los dolores que haba de padecer para expiar el pecado. Mostrronle cul era la belleza del hombre antes de su cada, y cunto lo haba desfigurado y alterado sta. Vio el origen de todos los pecados en el primer pecado; la significacin y la esencia de la concupiscencia; sus terribles efectos sobre las fuerzas del alma humana, y tambin la esencia y la significacin de todas las penas correspondientes a la concupiscencia. Le mostraron, en la satisfaccin que deba de dar a la divina Justicia, un padecimiento de cuerpo y alma que comprenda todas las penas debidas a la concupiscencia de toda la humanidad; la deuda del gnero humano deba ser satisfecha por la naturaleza humana, exenta de pecado, del Hijo de Dios. Los ngeles le presentaban todo esto bajo diversas formas, y yo perciba lo que decan, a pesar de que no oa su voz.

    Ningn lenguaje puede expresar el dolor y el espanto que sobresaltaron el alma de Jess a la vista de estas terribles expiaciones; el dolor de esta visin fue tal, que un sudor de sangre sali de todo su cuerpo. Mientras la humanidad de Jesucristo estaba sumergida en esta inmensidad de padecimientos, yo not en los ngeles un movimiento de compasin; hubo un momento de silencio; parecime que deseaban ardientemente consolarle, y que por eso oraban ante el trono de Dios. Hubo como una lucha de un instante entre la misericordia y la justicia de Dios, y el amor que se sacrificaba. Me pareci que la voluntad divina del Hijo se retiraba al Padre, para dejar caer sobre su humanidad todos los padecimientos que la voluntad humana de Jess peda a su Padre que alejara de l. Vi esto en el momento de consolar a Jess, y en efecto, recibi en ese instante algn alivio. Entonces todo desapareci, y los ngeles abandonaron al Seor cuya alma iba a sufrir nuevos ataques.

    V

    Habiendo resistido victoriosamente Jess a todos estos combates por su abandono completo a la voluntad de su Padre celestial, le fue presentado un nuevo crculo de horribles visiones. La duda y la inquietud que preceden al sacrificio, en el hombre que se sacrifica, asaltaron el alma del Seor, que se hizo esta terrible pregunta: "Cul ser el fruto de este sacrificio?". Y el cuadro ms terrible vino a oprimir su amante corazn. Aparecironse a los ojos de Jess todos los padecimientos futuros de sus Apstoles, de sus discpulos y de sus amigos; vio a la Iglesia primitiva tan pequea, y a medida que iba creciendo vio las herejas y los cismas hacer irrupcin, y renovar la primera cada del hombre por el orgullo y la desobediencia; vio la frialdad, la corrupcin y la malicia de un nmero infinito de cristianos; la mentira y la malicia de todos los doctores orgullosos, los sacrilegios de todos los sacerdotes viciosos, las funestas consecuencias de todos estos actos, la abominacin y la desolacin en el reino de Dios en el santuario de esta ingrata humanidad, que l quera rescatar con su sangre al precio de padecimientos indecibles.

  • Vio los escndalos de todos los siglos hasta nuestro tiempo y hasta el fin del mundo, todas las formas del error, del fanatismo furioso y de la malicia; todos los apstatas, los herejes, los reformadores con la apariencia de Santos; los corruptores y los corrompidos lo ultrajaban y lo atormentaban como si a sus ojos no hubiera sido bien crucificado, no habiendo sufrido como ellos lo entendan o se lo imaginaban, y todos rasgaban el vestido sin costura de la Iglesia; muchos lo maltrataban, lo insultaban, lo renegaban: muchos al or su nombre alzaban los hombros y meneaban la cabeza en seal de desprecio; evitaban la mano que les tenda, y se volvan al abismo donde estaban sumergidos.

    Vio una infinidad de otros que no se atrevan a dejarlo abiertamente, pero que se alejaban con disgusto de las llagas de su Iglesia, como el levita se alej del pobre asesinado por los ladrones. Se alejaban de su esposa herida, como hijos cobardes y sin fe abandonan a su madre cuando llega la noche, cuando vienen los ladrones, a los cuales, la negligencia o la malicia ha abierto la puerta. El Salvador vio con amargo dolor toda la ingratitud, toda la corrupcin de los cristianos de todos los tiempos; juntaba las manos, caa como abrumado sobre sus rodillas, y su voluntad humana libraba un combate tan terrible contra la repugnancia de sufrir tanto por una raza tan ingrata, que el sudor de sangre caa de su cuerpo a gotas sobre el suelo. En medio de su abandono, miraba alrededor como para hallar socorro, y pareca tomar el cielo, la tierra y los astros del firmamento por testigos de sus padecimientos.

    Como elevaba la voz los tres Apstoles se despertaron, escucharon y quisieron ir hacia l; pero Pedro detuvo a los otros dos, y dijo: "Estad quietos: yo voy a l". Lo vi correr y entrar en la gruta, exclamando: "Maestro, qu tenis?" . Y se qued temblando a la vista de Jess ensangrentado y aterrorizado. Jess no le respondi. Pedro se volvi a los otros, y les dijo que el Seor no le haba respondido, y que no haca ms que gemir y suspirar. Su tristeza se aument, cubrironse la cabeza, y lloraron orando. Muchas veces le o gritar: "Padre mo, es posible que he de sufrir por esos ingratos? Oh Padre mo! Si este cliz no se puede alejar de m, que vuestra voluntad se haga y no la ma!".

    VI

    En medio de todas esas apariciones, yo vea a Satans moverse bajo diversas formas horribles, que representaban diferentes especies de pecados. Estas figuras diablicas arrastraban, a los ojos de Jess, una multitud de hombres, por cuya redencin entraba en el camino doloroso de la cruz. Al principio vi rara vez la serpiente, despus la vi aparecer con una corona en la cabeza: su estatura era gigantesca, su fuerza pareca desmedida, y llevaba contra Jess innumerables legiones de todos los tiempos, de todas las razas. En medio de esas legiones furiosas, de las cuales algunas me parecan compuestas de ciegos, Jess estaba herido como si realmente hubiera sentido sus golpes; en extremo vacilante, tan pronto se levantaba como se caa, y la serpiente, en medio de esa multitud que gritaba sin cesar contra Jess, bata ac y all con su cola, y desollaba a todos lo que derribaba. Entonces me fue revelado que estos enemigos del Salvador eran los que maltrataban a Jesucristo realmente presente en el Santsimo Sacramento. Reconoc entre ellos todas las especies de profanadores de la Sagrada Eucarista.

  • Yo vi con horror todos esos ultrajes desde la irreverencia, la negligencia, la omisin, hasta el desprecio, el abuso y el sacrilegio; desde la adhesin a los dolos del mundo, a las tinieblas y a la falsa ciencia, hasta el error, la incredulidad, el fanatismo y la persecucin. Vi entre esos hombres, ciegos, paralticos, sordos, mudos y aun nios. Ciegos que no queran ver la verdad, paralticos que no queran andar con ella, sordos que no queran or sus avisos y amenazas; mudos que no queran combatir por ella con la espada de la palabra, nios perdidos por causa de padres o maestros mundanos y olvidados de Dios, mantenidos con deseos terrestres, llenos de una vana sabidura y alejados de las cosas divinas. Vi con espanto muchos sacerdotes, algunos mirndose como llenos de piedad y de fe, maltratar tambin a Jesucristo en el Santsimo Sacramento. Yo vi a muchos que crean y enseaban la presencia de Dios vivo en el Santsimo Sacramento, pero olvidaban y descuidaban el Palacio, el Trono, lugar de Dios vivo, es decir, la Iglesia, el altar, la custodia, los ornamentos, en fin, todo lo que sirve al uso y a la decoracin de la Iglesia de Dios. Todo se perda en el polvo y el culto divino estaba si no profanado interiormente, a lo menos deshonrado en el exterior.

    Todo eso no era el fruto de una pobreza verdadera, sino de la indiferencia, de la pereza, de la preocupacin de vanos intereses terrestres, y algunas veces del egosmo y de la muerte interior. Aunque hablara un ao entero, no podra contar todas las afrentas hechas a Jess en el Santsimo Sacramento, que supe de esta manera. Vi a los autores de ellas asaltar al Seor, herirle con diversas armas, segn la diversidad de sus ofensas. Vi cristianos irreverentes de todos los siglos, sacerdotes ligeros o sacrlegos, una multitud de comuniones tibias o indignas. Qu espectculo tan doloroso! Yo vea la Iglesia, como el cuerpo de Jess, y una multitud de hombres que se separaban de la Iglesia, rasgaban y arrancaban pedazos enteros de su carne viva. Jess los miraba con ternura, y gema de verlos perderse. Vi las gotas de sangre caer sobre la plida cara del Salvador.

    Despus de la visin que acabo de hablar, huy fuera de la caverna. Cuando vino hacia los Apstoles, tenan la cabeza cubierta, y se haban sentado sobre las rodillas en la misma posicin que tiene la gente de ese pas cuando est de luto o quiere orar. Jess, temblando y gimiendo, se acerc a ellos, y despertaron. Pero cuando a la luz de la luna le vieron de pie delante de ellos, con la cara plida y ensangrentada, no lo conocieron de pronto, pues estaba muy desfigurado. Al verle juntar las manos, se levantaron, y tomndole por los brazos, le sostuvieron con amor, y l les dijo con tristeza que lo mataran al da siguiente, que lo prenderan dentro de una hora, que lo llevaran ante un tribunal, que sera maltratado, azotado y entregado a la muerte ms cruel. No le respondieron, pues no saban qu decir; tal sorpresa les haba causado su presencia y sus palabras.Cuando quiso volver a la gruta, no tuvo fuerza para andar. Juan y Santiago lo condujeron y volvieron cuando entr en ella; eran las once y cuarto, poco ms o menos.

    VII

    Durante esta agona de Jess, vi a la Virgen Santsima llena de tristeza y de amargura en casa de Mara, madre de Marcos. Estaba con Magdalena y Mara en el jardn de la casa, encorvada sobre una piedra y apoyada sobre sus rodillas. Haba enviado un mensajero a saber de l, y no pudiendo esperar su vuelta, se fue inquieta con Magdalena y Salom

  • hacia el valle de Josafat. Iba cubierta con un velo, y con frecuencia extenda sus brazos hacia el monte de los Olivos, pues vea en espritu a Jess baado de un sudor de sangre, y pareca que con sus manos extendidas quera limpiar la cara de su Hijo. En aquel momento los ocho Apstoles vinieron a la choza de follaje de Getseman, conversaron entre s, y acabaron por dormirse. Estaban dudosos, sin nimo, y atormentados por la tentacin. Cada uno haba buscado un sitio en donde poderse refugiar, y se preguntaban con inquietud: "Qu haremos nosotros cuando le hayan hecho morir? Lo hemos dejado todo por seguirle; somos pobres y desechados de todo el mundo; nos hemos abandonado enteramente a l, y ahora est tan abatido, que no podemos hallar en l ningn consuelo".

    VIII

    Vi a Jess orando todava en la gruta, luchando contra la repugnancia de su naturaleza humana, y abandonndose a la voluntad de su Padre. Aqu el abismo se abri delante de l, y los primeros grados del limbo se le presentaron. Vi a Adn y a Eva, los Patriarcas, los Profetas, los justos, los parientes de su Madre y Juan Bautista, esperando su llegada al mundo inferior, con un deseo tan violento, que esta vista fortific y anim su corazn lleno de amor. Su muerte deba abrir el Cielo a estos cautivos. Cuando Jess hubo mirado con una emocin profunda estos Santos del antiguo mundo, los ngeles le presentaron todas las legiones de los bienaventurados futuros que, juntando sus combates a los mritos de su Pasin, deban unirse por medio de l al Padre celestial. Era esta una visin bella y consoladora. Vio la salvacin y la santificacin saliendo como un ro inagotable del manantial de redencin abierto despus de su muerte.

    Los Apstoles, los discpulos, las vrgenes y las mujeres, todos los mrtires, los confesores y los ermitaos, los Papas y los Obispos, una multitud de religiosos, en fin, todo el ejrcito de los bienaventurados se present a su vista. Todos llevaban una corona sobre la cabeza, y las flores de la corona diferan de forma, de color, de olor y de virtud, segn la diferencia de los padecimientos, de los combates, de las victorias con que haban adquirido la gloria eterna. Toda su vida y todos sus actos, todos sus mritos y toda su fuerza, como toda la gloria de su triunfo, venan nicamente de su unin con los mritos de Jesucristo.

    Pero estas visiones consoladoras desaparecieron, y los ngeles le presentaron su Pasin, que se acercaba. Vi todas las escenas presentarse delante de l, desde el beso de Judas hasta las ltimas palabras sobre la Cruz. Vi all todo lo que veo en mis meditaciones de la Pasin. La traicin de Judas, la huida de los discpulos, los insultos delante de Ans y de Caifs, la apostasa de Pedro, el tribunal de Pilatos, los insultos de Herodes, los azotes, la corona de espinas, la condenacin a muerte, el camino de la Cruz, el sudario de la Vernica, la crucifixin, los ultrajes de los fariseos, los dolores de Mara, la Magdalena y de Juan, la abertura del costado; en fin, todo le fue presentado con las ms pequeas circunstancias. Aceptolo todo voluntariamente, y a todo se someti por amor de los hombres.

    IX

  • Al fin de las visiones sobre la Pasin, Jess cay sobre su cara como un moribundo; los ngeles desaparecieron; el sudor de la sangre corri con ms abundancia y atraves sus vestidos. La ms profunda oscuridad reinaba en la caverna. Vi bajar un ngel hacia Jess. Estaba vestido como un sacerdote, y traa delante de l, en sus manos, un pequeo cliz, semejante al de la Cena. En la boca de este cliz se vea una cosa ovalada del grueso de una haba, que esparca una luz rojiza. El ngel, sin bajar hasta el suelo, extendi la mano derecha hacia Jess, que se enderez, le meti en la boca este alimento misterioso y le dio de beber en el pequeo cliz luminoso. Despus desapareci.

    Habiendo Jess aceptado libremente el cliz de sus padecimientos y recibido una nueva fuerza, estuvo todava algunos minutos en la gruta, en una meditacin tranquila, dando gracias a su Padre celestial. Estaba todava afligido, pero confortado naturalmente hasta el punto de poder ir al sitio donde estaban los discpulos sin caerse y sin sucumbir bajo el peso de su dolor. Cuando Jess lleg a sus discpulos, estaban stos acostados como la primera vez; tenan la cabeza cubierta, y dorman. El Seor les dijo que no era tiempo de dormir, que deban despertarse y orar. "Ved aqu a hora en que el Hijo del hombre ser entregado en manos de los pecadores, les dijo; levantaos y andemos: el traidor est cerca: ms le valdra no haber nacido".

    Los Apstoles se levantaron asustados, mirando alrededor con inquietud. Cuando se serenaron un poco, Pedro dijo con animacin: "Maestro, voy a llamar a los otros para que os defendamos". Pero Jess le mostr a cierta distancia del valle, del lado opuesto del torrente del Cedrn, una tropa de hombres armados que se acercaban con faroles, y le dijo que uno de ellos le haba denunciado. Les habl todava con serenidad, les recomend que consolaran a su Madre, y les dijo: "Vamos a su encuentro: me entregar sin resistencia entre las manos de mis enemigos". Entonces sali del jardn de los Olivos con sus tres discpulos, y vino al encuentro de los soldados en el camino que estaba entre el jardn y Getseman."

    Pasin, Muerte y Resurreccin de JessPrendimiento de JessVisiones de la recientemente declaradaBeata Ana Catalina EmmerickEn proceso de canonizacin

    I

    "No crea Judas que su traicin tendra el resultado que tuvo; el dinero slo preocupaba su espritu, y desde mucho tiempo antes se haba puesto en relacin con algunos fariseos y algunos saduceos astutos, que le excitaban a la traicin halagndole. Estaba cansado de la vida errante y penosa de los Apstoles. En los ltimos meses no haba cesado de robar las limosnas de que era depositario, y su avaricia, excitada por la liberalidad de Magdalena cuando derram los perfumes sobre Jess, lo llev al ltimo de sus crmenes. Haba esperado siempre en un reino temporal de Jess, y en l un empleo

  • brillante y lucrativo. Se acercaba ms y ms cada da a sus agentes, que le acariciaban y le decan de un modo positivo que en todo caso pronto acabaran con Jess.

    Se ceb cada vez ms en estos pensamientos criminales, y en los ltimos das haba multiplicado sus viajes para decidir a los prncipes de los sacerdotes a obrar. Estos no queran todava comenzar, y lo trataron con desprecio. Decan que faltaba poco tiempo antes de la fiesta, y que esto causara desorden y tumulto. El Sanhedrn slo prest alguna atencin a las proposiciones de Judas.

    Despus de la recepcin sacrlega del Sacramento, Satans se apoder de l, y sali a concluir su crimen. Busc primero a los negociadores que le haban lisonjeado hasta entonces, y que le acogieron con fingida amistad. Vinieron despus otros, entre los cuales estaban Caifs y Ans; este ltimo le habl en tono altanero y burlesco. Andaban irresolutos, y no estaban seguros del xito, porque no se fiaban de Judas. Cada uno presentaba una opinin diferente, y antes de todo preguntaron a Judas: "Podremos tomarlo? No tiene hombres armados con l?". Y el traidor respondi: "No; est solo con sus once discpulos: l est abatido, y los once son hombres cobardes". Les dijo que era menester tomar a Jess ahora o nunca, que otra vez no podra entregarlo, que no volvera ms a su lado, que haca algunos das que los otros discpulos de Jess comenzaban a sospechar de l. Les dijo tambin que si ahora no tomaban a Jess, se escapara, y volvera con un ejrcito de sus partidarios para ser proclamado rey.

    Estas amenazas de Judas produjeron su efecto. Fueron de su modo de pensar, y recibi el precio de su traicin: las treinta monedas. Judas, resentido del desprecio que le mostraban, se dej llevar por su orgullo hasta devolverles el dinero hasta que lo ofrecieran en el templo, a fin de parecer a sus ojos como un hombre justo y desinteresado. Pero no quisieron, porque era el precio de la sangre que no poda ofrecerse en el templo. Judas vio cunto le despreciaban, y concibi un profundo resentimiento. No esperaba recoger los frutos amargos de su traicin antes de acabarla; pero se haba entremetido tanto con esos hombres, que estaba entregado a sus manos, y no poda librarse de ellos. Observbanle de cerca, y no le dejaban salir hasta que explic la marcha que haban de seguir para tomar a Jess.

    Cuando todo estuvo preparado, y reunido el suficiente nmero de soldados, Judas corri al Cenculo, acompaado de un servidor de los fariseos para avisarles si estaba all todava. Judas volvi diciendo que Jess no estaba en el Cenculo, pero que deba estar ciertamente en el monte de los Olivos, en el sitio donde tena costumbre de orar. Pidi que enviaran con l una pequea partida de soldados, por miedo de que los discpulos, que estaban alertas, no se alarmasen y excitasen una sedicin. El traidor les dijo tambin tuviesen cuidado de no dejarlo escapar, porque con medios misteriosos se haba desaparecido muchas veces en el monte, volvindose invisible a los que le acompaaban. Les aconsej que lo atasen con una cadena, y que usaran ciertos medios mgicos para impedir que la rompiera. Los judos recibieron estos avisos con desprecio, y le dijeron: "Si lo llegamos a tomar, no se escapar". Judas tom sus medidas con los que lo deban acompaar, y besar y saludar a Jess como amigo y discpulo; entonces los soldados se presentaran y tomaran a Jess.

    Deseaba que creyeran que se hallaba all por casualidad; y cuando ellos se presentaran, l huira como los otros discpulos, y no volveran a or hablar de l. Pensaba tambin que habra algn tumulto; que los Apstoles se defenderan, y que Jess desaparecera,

  • como haca con frecuencia. Este pensamiento le vena cuando se senta mortificado por el desprecio de los enemigos de Jess; pero no se arrepenta, porque se haba entregado enteramente a Satans. Los soldados tenan orden de vigilar a Judas y de no dejarlo hasta que tomaran a Jess, porque haba recibido su recompensa y teman que escapase con el dinero. La tropa escogida para acompaar a Judas se compona de veinte soldados de la guardia del templo y de los que estaban a las rdenes de Ans y de Caifs. Judas march con los veinte soldados; pero fue seguido a cierta distancia de cuatro alguaciles de la ltima clase, que llevaban cordeles y cadenas; detrs de stos venan seis agentes con los cuales haba tratado Judas desde el principio. Eran un sacerdote, confidente de Ans, un afiliado de Caifs, dos fariseos y dos saduceos, que eran tambin herodianos.

    Estos hombres eran aduladores de Ans y de Caifs; le servan de espas, y Jess no tena mayores enemigos. Los soldados estuvieron acordes con Judas hasta llegar al sitio donde el camino separa el jardn de los Olivos del de Getseman; al llegar all, no quisieron dejarlo ir solo delante, y lo trataron dura e insolentemente.

    II

    Hallndose Jess con los tres Apstoles en el camino, entre Getseman y el jardn de los Olivos, Judas y su gente aparecieron a veinte pasos de all, a la entrada del camino: hubo una disputa entre ellos, porque Judas quera que los soldados se separasen de l para acercarse a Jess como amigo, a fin de no aparecer en inteligencia con ellos; pero ellos, parndolo, le dijeron: "No, camarada; no te acercars hasta que tengamos al Galileo". Jess se acerc a la tropa, y dijo en voz alta e inteligible: "A quin buscis?". Los jefes de los soldados respondieron: "A Jess Nazareno". - "Yo soy", replic Jess. Apenas haba pronunciado estas palabras, cuando cayeron en el suelo, como atacados por apopleja. Judas, que estaba todava al lado de ellos, se sorprendi, y queriendo acercarse a Jess, el Seor le tendi la mano, y le dijo: "Amigo mo, qu has venido a hacer aqu?". Y Judas balbuceando, habl de un negocio que le haban encargado. Jess le respondi en pocas palabras, cuya sustancia es sta: "Ms te valdra no haber nacido!". Mientras tanto, los soldados se levantaron y se acercaron al Seor, esperando la seal del traidor: el beso que deba dar a Jess. Pedro y los otros discpulos rodearon a Judas y le llamaron ladrn y traidor. Quiso persuadirlos con mentiras, pero no pudo, porque los soldados lo defendan contra los Apstoles, y por eso mismo atestiguaban contra l.

    Jess dijo por segunda vez: "A quin buscis?". Ellos respondieron tambin: "A Jess Nazareno". "Yo soy, ya os lo he dicho; soy yo a quien buscis; dejad a stos". A estas palabras los soldados cayeron una segunda vez con contorsiones semejantes a las de la epilepsia. Jess dijo a los soldados: "Levantaos". Se levantaron, en efecto, llenos de terror; pero como los soldados estrechaban a Judas, los soldados le libraron de sus manos y le mandaron con amenazas que les diera la seal convenida, pues tenan orden de tomar a aqul a quien besara. Entonces Judas vino a Jess, y le dio un beso con estas palabras: "Maestro, yo os saludo". Jess le dijo: "Judas, tu vendes al Hijo del hombre con un beso?". Entonces los soldados rodearon a Jess, y los alguaciles, que se haban acercado, le echaron mano.

  • Judas quiso huir, pero los Apstoles lo detuvieron: se echaron sobre los soldados, gritando: "Maestro, debemos herir con la espada?". Pedro, ms ardiente que los otros, tom la suya, peg a Malco, criado del Sumo Sacerdote, que quera rechazar a los Apstoles, y le hiri en la oreja: ste cay en el suelo, y el tumulto lleg entonces a su colmo. Los alguaciles haban tomado a Jess para atarlo: los soldados le rodeaban un poco ms de lejos, y, entre ellos, Pedro que haba herido a Malco. Otros soldados estaban ocupados en rechazar a los discpulos que se acercaban; o en perseguir a los que huan. Cuatro discpulos se vean a lo lejos: los soldados no se haban an serenado del terror de su cada, y no se atrevan a alejarse por no disminuir la tropa que rodeaba a Jess. Tal era el estado de cosas cuando Pedro peg a Malco, mas Jess le dijo enseguida: "Pedro, mete tu espada en la vaina, pues el que a cuchillo mata a cuchillo muere: crees t que yo no puedo pedir a mi Padre que me enve ms de doce legiones de ngeles? No debo yo apurar el cliz que mi Padre me ha dado a beber? Cmo se cumplira la Escritura si estas cosas no sucedieran?". Y aadi: "Dejadme curar a este hombre". Se acerc a Malco, toc su oreja, or, y la cur.

    Los soldados que estaban a su alrededor con los alguaciles y los seis fariseos; stos le insultaron, diciendo a la tropa: "Es un enviado del diablo; la oreja pareca cortada por sus encantos, y por sus mismos encantos la ha curado". Entonces Jess les dijo: "Habis venido a tomarme como un asesino, con armas y palos; he enseado todos los das en el templo, y no me habis prendido; pero vuestra hora, la hora del poder de las tinieblas, ha llegado". Mandaron que lo atasen, y lo insultaban dicindole: "Tu no has podido vencernos con tus encantos". Jess les dio una respuesta, de la que no me acuerdo bien, y los discpulos huyeron en todas direcciones. Los cuatro alguaciles y los seis fariseos no cayeron cuando los soldados, y por consecuencia no se haban levantado. As me fue revelado, porque estaban del todo entregados a Satans, lo mismo que Judas, que tampoco se cay, aunque estaba al lado de los soldados. Todos los que se cayeron y se levantaron se convirtieron despus, y fueron cristianos. Estos soldados haban puesto las manos sobre l. Malco se convirti despus de su cura, y en las horas siguientes sirvi de mensajero a Mara y a los otros amigos del Salvador.

    Los alguaciles ataron a Jess con la brutalidad de un verdugo. Eran paganos, y de baja extraccin. Tenan el cuello, los brazos y las piernas desnudos; eran pequeos, robustos y muy giles; el color de la cara era moreno rojizo, y parecan esclavos egipcios. Ataron a Jess las manos sobre el pecho con cordeles nuevos y dursimos; le ataron el puo derecho bajo el codo izquierdo, y el puo izquierdo bajo el codo derecho. Le pusieron alrededor del cuerpo una especie de cinturn lleno de puntas de hierro, al cual le ataron las manos con ramas de sauce; le pusieron al cuello una especie de collar lleno de puntas, del cual salan dos correas que se cruzaban sobre el pecho como una estola, y estaban atadas al cinturn. De ste salan cuatro cuerdas, con las cuales tiraban al Seor de un lado y de otro, segn su inhumano capricho. Se pusieron en marcha, despus de haber encendido muchas hachas. Diez hombres de la guardia iban delante; despus seguan los alguaciles, que tiraban a Jess por las cuerdas; detrs los fariseos que lo llenaban de injurias: los otros diez soldados cerraban la marcha. Los alguaciles maltrataban a Jess de la manera ms cruel, para adular bajamente a los fariseos, que estaban llenos de odio y de rabia contra el Salvador.

    Lo llevaban por caminos speros, por encima de las piedras, por el lodo, y tiraban de las cuerdas con toda su fuerza. Tenan en la mano otras cuerdas con nudos, y con ellas le pegaban. Andaban deprisa y llegaron al puente sobre el torrente de Cedrn. Antes de

  • llegar a l vi a Jess dos veces caer en el suelo por los violentos tirones que le daban. Pero al llegar al medio del puente, su crueldad no tuvo lmites: empujaron brutalmente a Jess atado, y lo echaron desde su altura en el torrente, dicindole que saciara su sed. Sin la asistencia divina, esto slo hubiera bastado para matarlo. Cay sobre las rodillas y sobre la cara, que se le hubiera despedazado contra los cantos, que estaban apenas cubiertos con un poco de agua, si no le hubiera protegido con los brazos juntos atados; pues se haban desatado de la cintura, sea por una asistencia divina, o sea porque los alguaciles lo haban desatado. Sus rodillas, sus pies, sus codos y sus dedos, se imprimieron milagrosamente en la piedra donde cay, y esta marca fue despus un objeto de veneracin. Las piedras eran ms blandas y ms creyentes que el corazn de los hombres, y daban testimonio, en aquellos terribles momentos, de la impresin que la verdad suprema haca sobre ellas.

    Yo no he visto a Jess beber, a pesar de la sed ardiente que sigui a su agona en el jardn de los Olivos; le vi beber agua del Cedrn cuando le echaron en l, y supe que se cumpli un pasaje proftico de los Salmos, que dice que beber en el camino del agua del torrente (Salmo 109). Los alguaciles tenan siempre a Jess atado con las cuerdas. Pero no pudindole hacer atravesar el torrente, a causa de una obra de albailera que haba al lado opuesto, volvieron atrs, y lo arrastraron con las cuerdas hasta el borde. Entonces aqullos lo empujaron sobre el puente, llenndolo de injurias, de maldiciones y de golpes. Su larga tnica de lana, toda empapada en agua, se pegaba a sus miembros; apenas poda andar, y al otro lado del puente cay otra vez en el suelo. Lo levantaron con violencia, le pegaron con las cuerdas, y ataron a su cintura los bordes de su vestido hmedo.

    No era an media noche cuando vi a Jess al otro lado del Cedrn, arrastrado inhumanamente por los cuatro alguaciles por un sendero estrecho, entre las piedras, los cardos y las espinas. Los seis perversos fariseos iban lo ms cerca de l que el camino les permita, y con palos de diversas formas le empujaban, le picaban o le pegaban. Cuando los pies desnudos y ensangrentados de Jess se rasgaban con las piedras o las espinas, le insultaban con una cruel irona, diciendo: "Su precursor Juan Bautista no le ha preparado un buen camino"; o bien: "La palabra de Malaquas: Envo delante de Ti mi ngel para prepararte el camino, no se aplica aqu". Y cada burla de estos hombres era como un aguijn para los alguaciles, que redoblaban los malos tratamientos con Jess.

    Sin embargo, advirtieron que algunas personas se aparecan ac y all a lo lejos; pues muchos discpulos se haban juntado al or la prisin del Seor, y queran saber qu iba a suceder a su Maestro. Los enemigos de Jess, temiendo algn ataque, dieron con sus gritos seal para que les enviasen refuerzo. Distaban todava algunos pasos de una puerta situada al medioda del templo, y que conduce, por un arrabal, llamado Ofel, a la montaa de Sin, adonde vivan Ans y Caifs. Vi salir de esta puerta unos cincuenta soldados. Llevaban muchas hachas, eran insolentes, alborotadores y daban gritos para anunciar su llegada y felicitar a los que venan de la victoria. Cuando se juntaron con la escolta de Jess, vi a Malco y a algunos otros aprovecharse del desorden, ocasionado por esta reunin, para escaparse al monte de los Olivos.

    Los cincuenta soldados eran un destacamento de una tropa de trescientos hombres, que ocupaba las puertas y las calles de Ofel; pues el traidor Judas haba dicho a los prncipes de los sacerdotes que los habitantes de Ofel, pobres obreros la mayor parte, eran

  • partidarios de Jess, y que se poda temer que intentaran libertarlo. El traidor saba que Jess haba consolado, enseado, socorrido y curado un gran nmero de aquellos pobres obreros. En Ofel se haba detenido el Seor en su viaje de Bethania a Hebrn, despus de la degollacin de Juan Bautista, y haba curado muchos albailes heridos en la cada de la torre de Silo. La mayor parte de aquella pobre gente, despus de Pentecosts, se reunieron a la primera comunidad cristiana. Cuando los cristianos se separaron de los judos y establecieron casas para la comunidad, se elevaron chozas y tiendas desde all hasta el monte de los Olivos, en medio del valle.

    Tambin viva all San Esteban. Los buenos habitantes de Ofel fueron despertados por los gritos de los soldados. Salieron de sus casas y corrieron a las calles y las puertas para saber lo que suceda. Mas los soldados los empujaban brutalmente hacia sus casas, dicindoles: "Jess, el malhechor, vuestro falso profeta, va a ser conducido preso. El Sumo Sacerdote no quiere dejarle continuar el oficio que tiene. Ser crucificado". Al saber esta noticia, no se oan ms gemidos y llantos. Aquella pobre gente, hombres y mujeres, corran ac y all, llorando, o se ponan de rodillas con los brazos extendidos, y gritaban al Cielo recordando los beneficios de Jess. Pero los soldados los empujaban, les pegaban, los hacan entrar por fuerza en sus casas, y no se hartaban de injuriar a Jess, diciendo: "Ved aqu la prueba de que es un agitador del pueblo". Sin embargo, no queran ejercer grandes violencias contra los habitantes de Ofel, por miedo de que opusieran una resistencia abierta, y se contentaban con alejarlos del camino que deba seguir Jess.

    Mientras tanto, la tropa inhumana que conduca al Salvador se acercaba a la puerta de Ofel. Jess se haba cado de nuevo, y pareca no poder andar ms. Entonces un soldado caritativo dijo a los otros: "Ya veis que este infeliz hombre no puede andar. Si hemos de conducirle vivo a los prncipes de los sacerdotes, aflojadle las manos ara que pueda apoyarse cuando se caiga". La tropa se par, y los alguaciles desataron los cordeles; mientras tanto, un soldado compasivo le trajo un poco de agua de una fuente que estaba cerca. Jess le dio las gracias, y cit con este motivo un pasaje de los Profetas, que habla de fuentes de agua viva, y esto le vali mil injurias y mil burlas de parte de los fariseos. Vi a estos dos hombres, el que le hizo desatar las manos y el que le dio de beber, ser favorecidos de una luz interior de la gracia. Se convirtieron antes de la muerte de Jess, y se juntaron con sus discpulos. Se volvieron a poner en marcha y en todo el camino no cesaron de maltratar al Seor."

    Pasin, Muerte y Resurreccin de JessJuicio contra JessVisiones de la recientemente declaradaBeata Ana Catalina EmmerickEn proceso de canonizacin

    IIIJess ante Ans

    "Ans y Caifs haban recibido inmediatamente el aviso de la prisin de Jess, y en su casa estaba todo en movimiento. Los mensajeros corran por el pueblo para convocar los miembros del Consejo, los escribas y todos los que deban tomar parte en el juicio. Toda

  • la multitud de los enemigos de Jess iba al tribunal de Caifs, conducida por los fariseos y los escribas de Jerusaln, a los cuales se juntaban muchos de los vendedores, echados del templo por Jess, muchos doctores orgullosos, a los cuales haba cerrado la boca en presencia del pueblo y otros muchos instrumentos de Satans, llenos de rabia interior contra toda santidad, y por consecuencia contra el Santo de los santos.

    Esta escoria del pueblo judo fue puesta en movimiento y excitada por alguno de los principales enemigos de Jess, y corra por todas partes al palacio de Caifs, para acusar falsamente de todos los crmenes al verdadero Cordero sin mancha, que lleva los pecados del mundo, y para mancharlo con sus obras, que, en efecto, ha tomado sobre s y expiado.

    Mientras que esta turba impura se agitaba, mucha gente piadosa y amigos de Jess, tristes y afligidos, pues no saban el misterio que se iba a cumplir, andaban errantes ac y all, y escuchaban y geman. Otras personas bien intencionadas, pero dbiles e indecisas, se escandalizaban, caan en tentacin, y vacilaban en su conviccin. El nmero de los que perseveraba pequeo. Entonces suceda lo que hoy sucede: se quiere ser buen cristiano cuando no se disgusta a los hombres, pero se avergenza de la cruz cuando el mundo la ve con mal ojo. Sin embargo, hubo muchos cuyo corazn fue movido por la paciencia del Salvador en medio de tantas crueldades y que se retiraron silenciosos y desmayados.

    A media noche Jess fue introducido en el palacio de Ans, y lo llevaron a una sala muy grande. Enfrente de la entrada estaba sentado Ans, rodeado de veintiocho consejeros. Su silla estaba elevada del suelo por algunos escalones. Jess, rodeado an de una parte de los soldados que lo haban arrestado, fue arrastrado por los alguaciles hasta los primeros escalones. El resto de la sala estaba lleno de soldados, de populacho, de criados de Ans, de falsos testigos, que fueron despus a casa de Caifs. Ans esperaba con impaciencia la llegada del Salvador Estaba lleno de odio y animado de una alegra cruel. Presida un tribunal, encargado de vigilar la pureza de la doctrina, y de acusar delante de los prncipes de los sacerdotes a los que la infringan.

    Vi al divino Salvador delante de Ans, plido, desfigurado, silencioso, con la cabeza baja. Los alguaciles tenan la punta de las cuerdas que apretaban sus manos. Ans, viejo, flaco y seco, de barba clara, lleno de insolencia y orgullo, se sent con una sonrisa irnica, haciendo como que nada saba y que extraaba que Jess fuese el preso que le haban anunciado. He aqu lo que dijo a Jess, o a lo menos el sentido de sus palabras: "Cmo, Jess de Nazareth? Pues dnde estn tus discpulos y tus numerosos partidarios? dnde est tu reino? Me parece que las cosas no se han vuelto como t creas; han visto que ya bastaba de insultos a Dios y a los sacerdotes, de violaciones de sbado. Quines son tus discpulos? dnde estn? Callas? Habla, pues, agitador, seductor! No has comido el cordero pascual de un modo inusitado, en un tiempo y en un sitio adonde no debas hacerlo? Quieres t introducir una nueva doctrina? Quin te ha dado derecho para ensear? Dnde has estudiado? Habla, cul es tu doctrina?".

    Entonces Jess levant su cabeza cansada, mir a Ans, y dijo: "He hablado en pblico, delante de todo el mundo: he enseado siempre en el templo y en las sinagogas, adonde se juntan los judos. Jams he dicho nada en secreto. Por qu me interrogas? Pregunta a los que me han odo lo que les he dicho. Mira a tu alrededor; ellos saben lo que he dicho". A estas palabras de Jess, el rostro de Ans expres el resentimiento y el furor.

  • Un infame ministro que estaba cerca de Jess lo advirti; y el miserable peg con su mano cubierta de un guante de hierro, una bofetada en el rostro del Seor, diciendo: "As respondes al Sumo Pontfice?". Jess, empujado por la violencia del golpe, cay de un lado sobre los escalones, y la sangre corri por su cara.

    La sala se llen de murmullos, de risotadas y de ultrajes. Levantaron a Jess, maltratndolo, y el Seor dijo tranquilamente: "Si he hablado mal, dime en qu; pero si he hablado bien, por qu me pegas?". Exasperado Ans por la tranquilidad de Jess, mand a todos los que estaban presentes que dijeran lo que le haban odo decir. Entonces se levant una explosin de clamores confusos y de groseras imprecaciones. "Ha dicho que era rey; que Dios era su padre; que los fariseos eran unos adlteros; subleva al pueblo; cura, en nombre del diablo, el sbado; los habitantes de Ofel le rodeaban con furor, le llaman su Salvador y su Profeta; se deja nombrar Hijo de Dios; se dice enviado por Dios; no observa los ayunos; come con los impuros, los paganos, los publicanos y los pecadores".

    Todos estos cargos los hacan a la vez: los acusadores venan a echrselos en cara, mezclndolos con las ms groseras injurias, y los alguaciles le pegaban y le empujaban, dicindole que respondiera. Ans y sus consejeros aadan mil burlas a estos ultrajes, y le decan: "Esa es tu doctrina! Qu respondes? Qu especia de Rey eres tu? Has dicho que eres ms que Salomn. No tengas cuidado, no te rehusar ms tiempo el ttulo de tu dignidad real". Entonces Ans pidi una especie de cartel, de una vara de largo y tres dedos de ancho; escribi en l una serie de grandes letras, cada una indicando una acusacin contra el Seor. Despus lo envolvi, y lo meti en una calabacita vaca, que tap con cuidado y at despus a una caa. Se la present a Jess, dicindole con irona: "Este es el cetro de tu reino: ah estn reunidos tus ttulos, tus dignidades y tus derechos. Llvalos al Sumo Sacerdote para que conozca tu misin y te trate segn tu dignidad. Que le aten las manos a ese Rey, y que lo lleven delante del Sumo Sacerdote".

    Ataron de nuevo las manos a Jess; sujetaron tambin con ello el simulacro del cetro, que contena las acusaciones de Ans; y condujeron a Jess a casa de Caifs, en medio de la risa, de las injurias y de los malos tratamientos de la multitud. La casa de Ans estara a trescientos pasos de la de Caifs. El camino, que era a lo largo de paredes y de pequeos edificios dependientes del tribunal del Sumo Pontfice, estaba alumbrado con faroles y cubierto de judos, que vociferaban y se agitaban. Los soldados podan apenas abrir por medio de la multitud. Los que haban ultrajado a Jess en casas de Ans repetan sus ultrajes delante del pueblo; y el Salvador fue injuriado y maltratado todo el camino. Vi hombres armados rechazar algunos grupos que parecan comparecer al Seor, dar dinero a los que se distinguan por su brutalidad con Jess y dejarlos entrar en el patio de Caifs.

    IVJess ante Caifs

    Para llegar al tribunal de Caifs se atraviesa un primer patio exterior, despus se entra en otro patio, que rodea todo el edificio. La casa tiene doble de largo que de ancho. Delante hay una especie de vestbulo descubierto, rodeado de tres rdenes de columnas, formando galeras cubiertas. Jess fue introducido en el vestbulo en medio de los

  • clamores, de las injurias y de los golpes. Apenas estuvo en presencia del Consejo, cuando Caifs exclam: "Ya ests aqu, enemigo de dios, que llenas de agitacin esta santa noche!". La calabaza que contena las acusaciones de Ans fue desatada del cetro ridculo puesto entre las manos de Jess. Despus que las leyeron, Caifs con ms ira que Ans, haca una porcin de preguntas a Jess, que estaba tranquilo, paciente, con los ojos mirando al suelo. Los alguaciles queran obligarle a hablar, lo empujaban, le pegaban, y un perverso le puso el dedo pulgar con fuerza en la boca, dicindole que mordiera.

    Pronto comenz la audiencia de los testigos, y el populacho excitado daba gritos tumultuosos, y se oa hablar a los mayores enemigos de Dios, entre los fariseos y los saduceos reunidos en Jerusaln de todos los puntos del pas. Repetan las acusaciones a que l haba respondido mil veces: "Que curaba a los enfermos y echaba a los demonios por arte de stos, que violaba el Sbado, que sublevaba al pueblo, que llamaba a los fariseos raza de vboras y adlteros, que haba predicho la destruccin de Jerusaln, frecuentaba a los publicanos y los pecadores, que se haca llamar Rey, Profeta, Hijo de Dios; que hablaba siempre de su Reino, que desechaba el divorcio, que se llamaba Pan de vida". As sus palabras, sus instrucciones y sus parbolas eran desfiguradas, mezcladas con injurias, y presentadas como crmenes. Pero todos se contradecan, se perdan en sus relatos y no podan establecer ninguna acusacin bien fundada.

    Los testigos comparecan ms bien para decirle injurias en su presencia que para citar hechos. Se disputaban entre ellos, y Caifs aseguraba muchas veces que la confusin que reinaba en las deposiciones de los testigos era efecto de sus hechizos. Algunos dijeron que haba comido la Pascua la vspera, que era contra la ley y que el ao anterior haba ya hecho innovaciones en la ceremonia. Pero los testigos se contradijeron tanto, que Caifs y los suyos estaban llenos de vergenza y de rabia al ver que no podan justificar nada que tuviera algn fundamento. Nicodemus y Jos de Arimatea fueron citados a explicar sobre que haba comido la pascua en una sala perteneciente a uno de ellos, y probaron, con escritos antiguos, que de tiempo inmemorial los galileos tenan el permiso de comer la Pascua un da antes. Al fin, se presentaron los dos diciendo: "Jess ha dicho: Yo derribar el templo edificado por las manos de los hombres y en tres das reedificar uno que no estar hecho por mano de los hombres". No estaban stos tampoco acordes. Caifs, lleno de clera, exasperado por los discursos contradictorios de los testigos, se levant, baj los escalones, y dijo: "Jess: No respondes t nada a ese testimonio?". Estaba muy irritado porque Jess no lo miraba. Entonces los alguaciles, asindolo por los cabellos, le echaron la cabeza atrs y le pegaron puadas bajo la barba; pero sus ojos no se levantaron.

    Caifs elev las manos con viveza, y dijo en tono de enfado: "Yo te conjuro por el Dios vivo que nos digas si eres el Cristo, el Mesas, el Hijo de Dios". Haba un profundo silencio, y Jess, con una voz llena de majestad indecible, con la voz del Verbo Eterno, dijo: "Yo lo soy, t lo has dicho. Y yo os digo que veris al Hijo del hombre sentado a la derecha de la Majestad Divina, viniendo sobre las nubes del cielo". Mientras Jess deca estas palabras, yo le vi resplandeciente: el cielo estaba abierto sobre l, y en una intuicin que no puedo expresar, vi a Dios Padre Todopoderoso; vi tambin a los ngeles, y la oracin de los justos que suba hasta su Trono. Debajo de Caifs vi el infierno como una esfera de fuego, oscura, llena de horribles figuras. l estaba encima, y pareca separado slo por una gasa. Vi toda la rabia de los demonios concentrada en l.

  • Toda la casa me pareci un infierno salido de la tierra. Cuando el Seor declar solemnemente que era el Cristo, Hijo de Dios, el infierno tembl delante de l, y despus vomit todos sus furores en aquella casa. Caifs asi el borde de su capa, lo rasg con ruido, diciendo en alta voz: "Has blasfemado! Para qu necesitamos testigos? Habis odo? l blasfema: cul es vuestra sentencia?". Entonces todos los asistentes gritaron cuna voz terrible: "Es digno de muerte! Es digno de muerte!". Durante esta horrible gritera, el furor del infierno lleg a lo sumo. Pareca que las tinieblas celebraban su triunfo sobre la luz. Todos los circunstantes que conservaban algo bueno fueron penetrados de tan horror que muchos se cubrieron la cabeza y se fueron. Los testigos ms ilustres salieron de la sala con la conciencia agitada. Los otros se colocaron en el vestbulo alrededor del fuego, donde les dieron dinero, de comer y de beber. El Sumo Sacerdote dijo a los alguaciles: "Os entrego este Rey; rendid al blasfemo los honores que merece". Enseguida se retir con los miembros del Consejo a otra sala donde no se le poda ver desde el vestbulo.

    Cuando Caifs sali de la sala del tribunal, con los miembros del Consejo, una multitud de miserables se precipit sobre Nuestro Seor, como un enjambre de avispas irritadas. Ya durante el interrogatorio de los testigos, toda aquella chusma le haba escupido, abofeteado, pegado con palos y pinchado con agujas. Ahora, entregados sin freno a su rabia insana, le ponan sobre la cabeza coronas de paja y de corteza de rbol y decan: "Ved aqu al hijo de David con la corona de su padre. Es el Rey que da una comida de boda para su hijo". As se burlaban de las verdades eternas, que l presentaba en parbolas a los hombres que vena a salvar; y no cesaban de golpearle con los puos o con palos. Le taparon los ojos con un trapo asqueroso, y le pegaban, diciendo: "Gran Profeta, adivina quin te ha pegado". Jess no abra la boca; peda por ellos interiormente y suspiraba. Vi que todo estaba lleno de figuras diablicas; era todo tenebroso, desordenado y horrendo. Pero tambin vi con frecuencia una luz alrededor de Jess, desde que haba dicho que era el Hijo de Dios. Muchos de los circunstantes parecan tener un presentimiento de ello, ms o menos confuso; sentan con inquietud que todas las ignominias, todos los insultos no podan hacerle perder su indecible majestad. La luz que rodeaba a Jess pareca redoblar el furor de sus ciegos enemigos.

    VNegacin de Pedro

    Pedro y Juan que haban seguido a Jess de lejos, lograron entrar en el tribunal de Caifs. Ya no tuvieron fuerzas para contemplar en silencio las crueldades e ignominias que su Maestro tuvo que sufrir. Juan fue a juntarse con la Madre de Jess, que en estos momentos se hallaba en casa de Marta. Pedro estaba silencioso; pero su silencio mismo y su tristeza lo hacan sospechoso. La portera se acerc, y oyendo hablar de Jess y de sus discpulos, mir a Pedro con descaro, y le dijo: "T eres tambin discpulo del Galileo". Pedro, asustado, inquieto y temiendo ser maltratado por aquellos hombres groseros, respondi: "Mujer, no le conozco; no s lo que quieres decir". Entonces se levant y queriendo deshacerse de aquella compaa, sali del vestbulo. Era el momento en que el gallo cantaba la primera vez.

  • Al salir, otra criada le mir, y dijo: "Este tambin se ha visto con Jess de Nazareth"; y los que estaban a su lado preguntaron: "No eras t uno de sus discpulos?". Pedro, asustado, hizo nuevas protestas, y contest: "En verdad, yo no era su discpulo; no conozco a ese hombre". Atraves el primer patio, y vino al del exterior. Ya no poda hallar reposo, y su amor a Jess lo llev de nuevo al patio interior que rodea el edificio. Mas como oa decir a algunos: "Quin es ese hombre?", se acerc a la lumbre, donde se sent un rato. Algunas personas que haban observado su agitacin se pusieron a hablarle de Jess en trminos injuriosos. Una de ellas le dijo: "T eres uno de sus partidarios; t eres Galileo; tu acento te hace conocer". Pedro procuraba retirarse; pero un hermano de Maleo, acercndose a l le dijo: "No eres t el que yo he visto con ellos en el jardn de las Olivas, y que ha cortado la oreja de mi hermano?". Pedro, en su ansiedad, perdi casi el uso de la razn: se puso a jurar que no conoca a ese hombre, y corri fuera del vestbulo al patio interior. Entonces el gallo cant por segunda vez, y Jess, conducido a la prisin por medio del patio, se volvi a mirarle con dolor y compasin.

    Las palabras de Jess: "Antes que el gallo cante dos veces, me has de negar tres", le vinieron a la memoria con una fuerza terrible. En aquel instante sinti cun enorme era su culpa, y su corazn se parti. Haba negado a su Maestro cuando estaba cubierto de ultrajes, entregado a jueces inicuos, paciente y silencioso en medio de los tormentos. Penetrado de arrepentimiento, volvi al patio exterior con la cabeza cubierta y llorando amargamente. Ya no tema que le interpelaran: ahora hubiera dicho a todo el mundo quin y cun culpable era.

    VIMara en casa de Caifs

    La Virgen Santsima, hallndose constantemente en comunicacin espiritual con Jess, saba todo lo que le suceda, y sufra con l. Estaba como l en oracin continua por sus verdugos; pero su corazn materno clamaba tambin a Dios, para que no dejara cumplirse este crimen, y que apartara esos dolores de su Santsimo Hijo. Tena un vivo deseo de acercarse a Jess, y pidi a Juan que la condujera cerca del sitio donde Jess sufra. Juan, que no haba dejado a su divino Maestro ms que para consolar a la que estaba ms cerca de su corazn despus de l, condujo a las santas mujeres a travs de las calles, alumbradas por el resplandor de la luna. Iban con la cabeza cubierta; pero sus sollozos atrajeron sobre ellas la atencin de algunos grupos, y tuvieron que or palabras injuriosas contra el Salvador.

    La Madre de Jess contemplaba interiormente el suplicio de su Hijo, y lo conservaba en su corazn como todo lo dems, sufriendo en silencio como l. Al llegar a la casa de Caifs, atraves el patio exterior y se detuvo a la entrada del interior, esperando que le abrieran la puerta. Esta se abri, y Pedro se precipit afuera, llorando amargamente. Mara le dijo: "Simn, qu ha sido de Jess, mi Hijo?". Estas palabras penetraron hasta lo ntimo de su alma. No pudo resistir su mirada; pero Mara se fue a l, y le dijo con profunda tristeza: "Simn, no me respondes?". Entonces Pedro exclam, llorando: "Oh Madre, no me hables! Lo han condenado a muerte, y yo le he negado tres veces vergonzosamente". Juan se acerc para hablarle; pero Pedro, como fuera de s, huy del patio y se fue a la caverna del monte de las Olivas.

  • La Virgen Santsima tena el corazn destrozado. Juan la condujo delante del sitio donde el Seor estaba encerrado. Mara estaba en espritu con Jess; quera or los suspiros de su Hijo y los oy con las injurias de los que le rodeaban. Las santas mujeres no podan estar all mucho tiempo sin ser vistas; Magdalena mostraba una desesperacin demasiado exterior y muy violenta; y aunque la Virgen en lo ms profundo de su dolor conservaba una dignidad y un silencio extraordinario, sin embargo, al or estas crueles palabras: "No es la madre del Galileo? Su hijo ser ciertamente crucificado; pero no antes de la fiesta, a no ser que sea el mayor de los criminales"; Juan y las santas mujeres tuvieron que llevarla ms muerta que viva. La gente no dijo nada, y guard un extrao silencio: pareca que un espritu celestial haba atravesado aquel infierno.

    VIIJess en la crcel

    Jess estaba encerrado en un pequeo calabozo abovedado, del cual se conserva todava una parte. Dos de los cuatro alguaciles se quedaron con l, pero pronto los relevaron otros. Cuando el Salvador entr en la crcel, pidi a su Padre celestial que aceptara todos los malos tratamientos que haba sufrido y que tena an que sufrir, como un sacrificio expiatorio por sus verdugos y por todos los hombres que, sufriendo iguales padecimientos, se dejaran llevar de la impaciencia o de la clera. Los verdugos no le dieron un solo instante de reposo. Lo ataron en medio del calabozo a un pilar, y no le permitieron que se apoyara; de modo que apenas poda tenerse sobre sus pies cansados, heridos e hinchados. No cesaron de insultarle y de atormentarle, y cuando los dos de guardia estaban cansados, los relevaban otros, que inventaban nuevas crueldades. Puedo contar lo que esos hombres crueles hicieron sufrir al Santo de los Santos; estoy muy mala, y estaba casi muerta a esta vista. Ah! qu vergonzoso es para nosotros que nuestra flaqueza no pueda decir u or sin repugnancia la historia de los innumerables ultrajes que el Redentor ha padecido por nuestra salvacin! Nos sentimos penetrados de un horror igual al de un asesino obligado a poner la mano sobre las heridas de su vctima. Jess lo sufri todo sin abrir la boca; y eran los hombres, los pecadores, los que derramaban su rabia sobre su Hermano, su Redentor y su Dios. Yo tambin soy una pobre pecadora; yo tambin soy causa de su dolorosa pasin. El da del juicio, cuando todo se manifieste, veremos todos la parte que hemos tomado en el suplicio del Hijo de Dios por los pecados que no cesamos de cometer, y que son una participacin en los malos tratamientos que esos miserables hicieron sufrir a Jess.

    En su prisin el Divino Salvador peda sin cesar por sus verdugos; y como al fin le dejaron un instante de reposo, lo vi recostado sobre el pilar, y completamente rodeado de luz. El da comenzaba a alborear: era el da de su Pasin, el da de nuestra redencin; un tenue rayo de luz caa por el respiradero del calabozo sobre nuestro Cordero pascual. Jess elev sus manos atadas hacia la luz que vena, y dio gracias a su Padre, en alta voz y de la manera ms tierna, por el don de este da tan deseado por los Patriarcas, por el cual l mismo haba suspirado con tanto ardor desde la llegada a la tierra. Antes ya haba dicho a sus discpulos: "Debo ser bautizado con otro bautismo, y estoy en la impaciencia hasta que se cumpla". He orado con l, pero no puedo referir su oracin; tan abatida estaba. Cuando daba gracias por aquel terrible dolor que sufra tambin por

  • m, yo no poda sino decir sin cesar: "Ah! Dadme, dadme vuestros dolores: ellos me pertenecen, son el precio de mis pecados". Era un espectculo que parta el corazn verlo recibir as el primer rayo de luz del grande da de su sacrificio. Pareca que ese rayo llegaba hasta l como el verdugo que visita al reo en la crcel, para reconciliarse con l antes de la ejecucin.

    Los alguaciles, que se haban dormido un instante, despertaron y le miraron con sorpresa, pero no le interrumpieron. Jess estuvo poco ms de una hora en esta prisin. Entre tanto Judas, que haba andado errante como un desesperado en el valle de Hinnn, se acerc al tribunal de Caifs. Tena todava colgadas de su cintura las treinta monedas, precio de su traicin. Pregunt a los guardias de la casa, sin darse a conocer, qu haran con el Galileo. Ellos le dijeron: "Ha sido condenado a muerte y ser crucificado". Judas se retir detrs del edificio para no ser visto, pues hua de los hombres como Can, y la desesperacin dominaba cada vez ms a su alma. Permaneci oculto en los alrededores, esperando la conclusin del juicio de la maana.

    VIIIJuicio de la maana

    Al amanecer, Caifs, Ans, los ancianos y los escribas se juntaron de nuevo en la gran sala del tribunal, para pronunciar un juicio en forma, pues no era legal el juzgar en la noche: poda haber slo una instruccin preparatoria, a causa de la urgencia. La mayor parte de los miembros haba pasado el resto de la noche en casa de Caifs. La asamblea era numerosa, y haba en todos sus movimientos mucha agitacin. Como queran condenar a Jess a muerte, Nicodemus, Jos y algunos otros se opusieron a sus enemigos, y pidieron que se difiriese el juicio hasta despus de la fiesta: hicieron presente que no se poda fundar un juicio sobre las acusaciones presentadas ante el tribunal, porque todos los testigos se contradecan. Los prncipes de los sacerdotes y sus adeptos se irritaron y dieron a entender claramente a los que contradecan, que siendo ellos mismos sospechosos de ser favorables a las doctrinas del Galileo, les disgustaba ese juicio, porque los comprenda tambin. Hasta quisieron excluir del Consejo a todos los que eran favorables a Jess; estos ltimos, declarando que no tomaran ninguna parte en todo lo que pudieran decidir, salieron de la sala y se retiraron al templo. Desde aquel da no volvieron a entrar en el Consejo.

    Caifs orden que trajeran a Jess delante de los jueces, y que se preparasen para conducirlo a Pilatos inmediatamente despus del juicio. Los alguaciles se precipitaron en tumulto a la crcel, desataron las manos de Jess, le ataron cordeles al medio del cuerpo, y le condujeron a los jueces. Todo esto se hizo precipitadamente y con una horrible brutalidad. Caifs, lleno de rabia contra Jess, le dijo: "Si t eres el ungido por Dios, si eres el Mesas, dnoslo". Jess levant la cabeza, y dijo con una santa paciencia y grave solemnidad: "Si os lo digo, no me creeris; y si os interrogo, no me responderis, ni me dejaris marchar; pero desde ahora el Hijo del hombre est sentado a la derecha del poder de Dios". Se miraron entre ellos, y dijeron a Jess: "T eres, pues, el Hijo de Dios?". Jess, con la voz de la verdad eterna, respondi: "Vos lo decs: yo lo soy". Al or esto, gritaron todos: "Para qu queremos ms pruebas? Hemos odo la blasfemia de su propia boca". Al mismo tiempo prodigaban a Jess palabras de

  • desprecio: "Ese miserable, decan, ese vagabundo, que quiere ser el Mesas y sentarse a la derecha de Dios!".

    Le mandaron atar de nuevo y poner una cadena al cuello, como hacan con los condenados a muerte, para conducirlo a Pilatos. Haban enviado ya un mensajero a ste para avisarle que estuviera pronto a juzgar a un criminal, porque deban darse prisa a causa de la fiesta. Hablaban entre s con indignacin de la necesidad que tenan de ir al gobernador romano para que ratificase la condena; porque en las materias que no concernan a sus leyes religiosas y las del templo, no podan ejecutar la sentencia de muerte sin su aprobacin. Lo queran hacer pasar por un enemigo del Emperador, y bajo este aspecto principalmente la condenacin pertenecera a la jurisdiccin de Pilatos. Los prncipes de los sacerdotes y una parte del Consejo iban delante; detrs, el Salvador rodeado de soldados; el pueblo cerraba la marcha. En este orden bajaron de Sin a la parte inferior de la ciudad, y se dirigieron al palacio de Pilatos.

    IXDesesperacin de Judas

    Mientras conducan a Jess a casa de Pilatos, el traidor Judas oy lo que se deca en el pueblo, y entendi palabras semejantes a stas: "Lo conducen ante Pilatos; el gran Consejo ha condenado al Galileo a muerte; tiene una paciencia excesiva, no responde nada, ha dicho slo que era el Mesas, y que estara sentado a la derecha de Dios; por eso le crucificarn; el malvado que le ha vendido era su discpulo, y poco antes an haba comido con l el cordero pascual; yo no quisiera haber tomado parte en esa accin; que el Galileo, sea lo que sea, al menos no ha conducido a la muerte a un amigo suyo por el dinero: "verdaderamente ese miserable merecera ser crucificado!".

    Entonces la angustia, el remordimiento y la desesperacin luchaban en el alma de Judas. Huy, corri como un insensato hasta el templo, donde muchos miembros del Consejo se haban reunido despus del juicio de Jess. Se miraron atnitos, y con una risa de desprecio lanzaron una mirada altanera sobre Judas, que, fuera de s, arranc de su cintura las treinta piezas, y presentndoselas con la mano derecha, dijo con voz desesperada: "Tomad vuestro dinero, con el cual me habis hecho vender al Justo; tomad vuestro dinero, y dejad a Jess. Rompo nuestro pacto; he pecado vendiendo la sangre del inocente". Los sacerdotes le despreciaron; retiraron sus manos del dinero que les presentaba, para no manchrsela tocando la recompensa del traidor, y le dijeron: "Qu nos importa que hayas pecado! Si crees haber vendido la sangre inocente, es negocio tuyo; nosotros sabemos lo que hemos comprado, y lo hallamos digno de muerte!". Estas palabras dieron a Judas tal rabia y tal desesperacin, que estaba como fuera de s; los cabellos se le erizaron; rasg el cinturn donde estaban las monedas, las tir en el templo, y huy fuera del pueblo.

    Lo vi correr como un insensato en el vale de Hinnn. Satans, bajo una forma horrible, estaba a su lado, y le deca al odo, para llevarle a la desesperacin, ciertas maldiciones de los Profetas sobre este valle, donde los judos haban sacrificado sus hijos a los dolos. Pareca que todas sus palabras lo designaban, como por ejemplo: "Saldrn y vern los cadveres de los que han pecado contra m, cuyos gusanos no morirn, cuyo fuego no se apagar". Despus repeta a sus odos: "Can dnde est tu hermano Abel?

  • qu has hecho? Su sangre me grita: eres maldito sobre la tierra, ests errante y fugitivo". Cuando lleg al torrente de Cedrn, y vio el monte de los Olivos, empez a temblar, volvi los ojos y oy de nuevo estas palabras: "Amigo mo, qu vienes a hacer? Judas, t vendes al Hijo del hombre con un beso!". Penetrado de horror hasta el fondo de su alma, lleg al pie de la montaa de los Escndalos, a un lugar pantanoso, lleno de escombros y de inmundicias.

    El ruido de la ciudad llegaba de cuando en cuando a sus odos con ms fuerza, y Satans le deca: "Ahora le llevan a la muerte; t le has vendido; sabes t lo que hay en la ley? El que vendiere un alma entre sus hermanos los hijos de Israel, y recibiere el precio, debe ser castigado con la muerte. Acaba contigo, miserable, acaba!". Entonces Judas, desesperado, tom su cinturn y se colg de un rbol que creca en un bajo y que tena muchas ramas. Cuando se hubo ahorcado, su cuerpo revent, y sus entraas se esparcieron por el suelo.

    XJess conducido a presencia de Pilatos

    Condujeron al Salvador a Pilatos por en medio de la parte ms frecuentada de la ciudad. Caifs, Ans y muchos miembros del gran Consejo marchaban delante con sus vestidos de fiesta; los seguan un gran nmero de escribas y de judos, entre los cuales estaban todos los falsos testigos y los perversos fariseos que haban tomado la mayor parte de la acusacin de Jess. A poca distancia segua el Salvador, rodeado de soldados. Iba desfigurado por los ultrajes de la noche, plido, la cara ensangrentada; y las injurias y los malos tratamientos continuaban sin cesar.

    Haban reunido mucha gente, para aparentar su entrada del Domingo de Ramos. Lo llamaban Rey, por burla; echaban delante de sus pies piedras, palos y pedazos de trapos; se burlaban de mil maneras de su entrada triunfal. Jess deba probar en el camino cmo los amigos nos abandonan en la desgracia; pues los habitantes de Ofel estaban juntos a la orilla del camino, y cuando lo vieron en un estado de abatimiento, su fe se alter, no pudiendo representarse as al Rey, al Profeta, al Mesas, al Hijo de Dios. Los fariseos se burlaban de ellos a causa de su amor a Jess, y les decan: "Ved a vuestro Rey, saludadlo. No le decs nada ahora que va a su coronacin, antes de subir al trono? Sus milagros se han acabado; el Sumo Sacerdote ha dado fin a sus sortilegios"; y otros discursos de esta suerte. Estas pobres gentes, que haban recibido tantas gracias y tantos beneficios de Jess, se resfriaron con el terrible espectculo que daban las personas ms reverenciadas del pas, los prncipes, los sacerdotes y el Sanhedrn. Los mejores se retiraron, dudando; los peores se juntaron al pueblo en cuanto les fue posible; pues los fariseos haban puesto guardias para mantener algn orden.

    Eran poco ms o menos las seis de la maana, segn nuestro modo de contar, cuando la tropa que conduca a Jess lleg delante del palacio de Pilatos. Ans, Caifs y los miembros del Consejo se pararon en los bancos que estaban entre la plaza y la entrada del tribunal. Jess fue arrastrado hasta la escalera de Pilatos, quien estaba sobre una especie de azotea avanzada. Cuando vio llegar a Jess en medio de un tumulto tan grande, se levant y habl a los judos con aire de desprecio. "Qu vens a hacer tan temprano? Cmo habis puesto a ese hombre en tal estado? Comenzis tan temprano

  • a desollar vuestras vctimas?". Ellos gritaron a los verdugos: "Adelante, conducidlo al tribunal!"; y despus respondieron a Pilatos: "Escuchad nuestras acusaciones contra ese criminal. Nosotros no podemos entrar en el tribunal para no volvernos impuros".

    Los alguaciles hicieron subir a Jess los escalones de mrmol, y lo condujeron as detrs de la azotea desde donde Pilatos hablaba a los sacerdotes judos. Pilatos haba odo hablar mucho de Jess. Al verle tan horriblemente desfigurado por los malos tratamientos y conservando siempre una admirable expresin de dignidad, su desprecio hacia los prncipes de los sacerdotes se redobl; les dio a entender que no estaba dispuesto a condenar a Jess sin pruebas, y les dijo con tono imperioso: "De qu acusis a este hombre?". Ellos le respondieron: "Si no fuera un malhechor, no os lo hubiramos presentado". - "Tomadle, replic Pilatos, y juzgadle segn vuestra ley".

    Los judos dijeron: "Vos sabis que nuestros derechos son muy limitados en materia de pena capital". Los enemigos de Jess estaban llenos de violencia y de precipitacin; queran acabar con Jess antes del tiempo legal de la fiesta, para poder sacrificar el Cordero pascual. No saban que el verdadero Cordero pascual era el que haban conducido al tribunal del juez idlatra, en el cual teman contaminarse. Cuando el gobernador les mand que presentasen sus acusaciones, lo hicieron de tres principales, apoyada cada una por diez testigos, y se esforzaron, sobre todo, en hacer ver a Pilatos que Jess haba violado los derechos del Emperador.

    Le acusaron primero de ser un seductor del pueblo, que perturbaba la paz pblica y excitaba a la sedicin, y presentaron algunos testimonios. Aadieron que seduca al pueblo con horribles doctrinas, que deca que deban comer su carne y beber su sangre para alcanzar la vida eterna. Pilatos mir a sus oficiales sonrindose, y dirigi a los judos estas palabras picantes: "Parece que vosotros queris seguir tambin su doctrina y alcanzar la vida eterna, pues queris comer su carne y beber su sangre". La segunda acusacin era que Jess excitaba al pueblo, a no pagar el tributo al Emperador. Aqu Pilatos, lleno de clera, los interrumpi con el tono de un hombre encargado especialmente de esto, y les dijo: "Es un grandsimo embuste; yo debo saber eso mejor que vosotros".

    Entonces los judos pasaron a la tercera acusacin. "Este hombre oscuro, de baja extraccin, se ha hecho un gran partido, se ha hecho dar los honores reales; pues ha enseado que era el Cristo, el ungido del Seor, el Mesas, el Rey prometido a los judos, y se hace llamar as". Esto fue tambin apoyado por diez testigos. Cuando dijeron que Jess se haca llamar el Cristo, el Rey de los judos, Pilato pareci pensativo. Fue desde la azotea a la sala del tribunal que estaba al lado, ech al pasar una mirada atenta sobre Jess, y mand a los guardas que se lo condujeran a la sala. Pilatos era un pagano supersticioso, de un espritu ligero y fcil de perturbar. No ignoraba que los Profetas de los judos les haban anunciado, desde mucho tiempo, un ungido del Seor, un Rey libertador y Redentor, y que muchos judos lo esperaban. Pero no crea tales tradiciones sobre un Mesas, y si hubiese querido formarse una idea de ellas, se hubiera figurado un Rey victorioso y poderoso, como lo hacan los judos instruidos de su tiempo y los herodianos. Por eso le pareci tan ridculo que acusaran a aquel hombre, que se le presentaba en tal estado de abatimiento, y de haberse tenido por ese Mesas y por ese Rey. Pero como los enemigos de Jess haban presentado esto como un ataque a los derechos del Emperador, mand traer al Salvador a su presencia para interrogarle.

  • Pilatos mir a Jess con admiracin, y le dijo: "T eres, pues, el Rey de los judos?". Y Jess respondi: "Lo dices t por ti mismo, o porque otros te lo han dicho de m?". Pilatos, picado de que Jess pudiera creerle bastante extravagante para hacer por s mismo una pregunta tan rara, le dijo: "Soy yo acaso judo para ocuparme de semejantes necedades? Tu pueblo y sus sacerdotes te han entregado a mis manos, porque has merecido la muerte. Dime lo que has hecho". Jess le dijo con majestad: "Mi reino no es de este mundo. Si mi reino fuese de este mundo, yo tendra servidores que combatiran por m, para no dejarme caer en las manos de los judos; pero mi reino no es de este mundo". Pilatos se sinti perturbado con estas graves palabras y le dijo con tono ms serio: "T eres Rey?". Jess respondi: "Como t lo dices, yo soy Rey. He nacido y he venido a este mundo para dar testimonio de la verdad. El que es de la verdad, escucha mi voz". Pilatos le mir, y dijo, levantndose: "La verdad! Qu es la verdad?". Hubo otras palabras, de que no me acuerdo bien.

    Pilatos volvi a la azotea: no poda comprender a Jess; pero vea bien que no era un rey que pudiera daar al Emperador, pues no quera ningn reino de este mundo. Y el Emperador se inquietaba poco por los reinos del otro mundo. Y as grit a los prncipes de los sacerdotes desde lo alto de la azotea: "No hallo ningn crimen en este hombre". Los enemigos de Jess se irritaron, y por todas partes sali un torrente de acusaciones contra l. Pero el Salvador estaba silencioso, y oraba por los pobres hombres; y cuando Pilatos se volvi hacia l, dicindole: "No respondes nada a esas acusaciones?", Jess no dijo una palabra. De modo que Pilatos, sorprendido, le volvi a decir: "Yo veo bien que no dicen ms que mentiras contra ti". Pero los acusadores continuaron hablando con furor, y dijeron: "Cmo!, no hallis crimen contra l? Acaso no es un crimen el sublevar al pueblo y extender su doctrina en todo el pas, desde la Galilea hasta aqu?". Al or la palabra Galilea, Pilatos reflexion un instante, y dijo: "Este hombre es Galileo sbdito de Herodes?". "S - respondieron ellos -: sus padres han vivido en Nazareth, y su habitacin actual es Cafarnaum". "Si es sbdito de Herodes -replic Pilatos - conducidlo delante de l: ha venido aqu para la fiesta, y puede juzgarle".

    Entonces mand conducir a Jess fuera del tribunal, y envi un oficial a Herodes para avisarle que le iban a presentar a Jess de Nazareth, sbdito suyo. Pilatos, muy satisfecho con evitar as la obligacin de juzgar a Jess, deseaba por otra parte hacer una fineza a Herodes, quien estaba reido con l, y quera ver a Jess. Los enemigos del Salvador, furiosos de ver que Pilatos los echaba as en presencia de todo el pueblo, hicieron recaer su rencor sobre Jess. Lo ataron de nuevo, y lo arrastraron, llenndolo de insultos y de golpes en medio de la multitud que cubra la plaza hasta el palacio de Herodes. Algunos soldados romanos se haban juntado a la escolta. Claudia Procla, mujer de Pilatos, le mand a decir que deseaba muchsimo hablarle; y mientras conducan a Jess a casa de Herodes, subi secretamente a una galera elevada, y miraba la escolta con mucha agitacin y angustia.

    XIOrigen del Via Crucis

    Durante esta discusin, la Madre de Jess, Magdalena y Juan estuvieron en una esquina de la plaza, mirando y escuchando con un profundo dolor. Cuando Jess fue conducido a Herodes, Juan acompa a la Virgen y a Magdalena por todo el camino que haba

  • seguido Jess. As volvieron a casa de Caifs, a casa de Ans, a Ofel, a Getseman, al jardn de los Olivos, y en todos los sitios, donde el Seor se haba cado o haba sufrido, se paraban en silencio, lloraban y sufran con l. La Virgen se prostern ms de una vez, y bes la tierra en los sitios en donde Jess se haba cado.

    Este fue el principio del Via Crucis y de los honores rendidos a la Pasin de Jess, aun antes de que se cumpliera. La meditacin de la Iglesia sobre los dolores de su Redentor comenz en la flor ms santa de la humanidad, en la Madre virginal del Hijo del hombre. La Virgen pura y sin mancha consagr para la Iglesia el Va Crucis, para recoger en todos los sitios, como piedras preciosas, los inagotables mritos de Jesucristo; para recogerlos como flores sobre el camino y ofrecerlos a su Padre celestial por todos los que tienen fe.

    El dolor haba puesto a Magdalena como fuera de s. Su arrepentimiento y su gratitud no tenan lmites, y cuando quera elevar hacia l su amor, como el humo del incienso, vea a Jess maltratado, conducido a la muerte, a causa de sus culpas, que haba tomado sobre s. Entonces sus pecados la penetraban de horror, su alma se le parta, y todos esos sentimientos se expresaban en su conducta, en sus palabras y en sus movimientos. Juan amaba y sufra. Conduca por primera vez a la Madre de Dios por el camino de la cruz, donde la Iglesia deba seguirla, y el porvenir se le apareca.

    XIIPilatos y su mujer

    Mientras conducan a Jess a casa de Herodes, vi a Pilatos con su mujer Claudia Procla. Habl mucho tiempo con Pilatos, le rog por todo lo que le era ms sagrado, que no hiciese mal ninguno a Jess, el Profeta, el Santo de los Santos, y le cont algo de las visiones maravillosas que haba tenido acerca de Jess la noche precedente. Mientras hablaba, yo vi la mayor parte de esas visiones, pero no me acuerdo bien de qu modo se seguan. Ella vio las principales circunstancias de la vida de Jess: la Anunciacin de Mara, la Natividad, la Adoracin de los Pastores y de los Reyes, la profeca de Simen y de Ana, la huida a Egipto, la tentacin en el desierto. Se le apareci siempre rodeado de luz, y vio la malicia y la crueldad de sus enemigos bajo las formas ms horribles, vio sus padecimientos infinitos, su paciencia y su amor inagotables, la santidad y los dolores de su Madre. Estas visiones le causaron mucha inquietud y mucha tristeza; que todos esos objetos eran nuevos para ella, estaba suspensa y pasmada, y vea muchas de esas cosas, como, por ejemplo, la degollacin de los inocentes y la profeca de Simen, que sucedan cerca de su casa.

    Yo s bien hasta qu punto un corazn compasivo puede estar atormentado por esas visiones; pues el que ha sentido una cosa, debe comprender lo que sienten los dems. Haba sufrido toda la noche, y visto ms o menos claramente muchas verdades maravillosas, cuando la despert el ruido de la tropa que conduca a Jess. Al mirar hacia aquel lado, vio al Seor, el objeto de todos esos milagros que le haban sido revelados, desfigurado, herido, maltratado por sus enemigos. Su corazn se trastorn a esta vista, y mand en seguida llamar a Pilatos, y le cont, en medio de su agitacin, lo que le acababa de suceder.

  • Ella no lo comprenda todo, y no poda expresarlo bien; pero rogaba, suplicaba, instaba a su marido del modo ms tierno. Pilatos, atnito y perturbado, una lo que le deca su mujer con lo que haba recogido de un lado y de otro acerca de Jess, se acordaba del furor de los judos, del silencio de Jess y de las maravillosas respuestas a sus preguntas. Agitado e inquieto, cedi a los ruegos de su mujer, y le dijo: "He declarado que no hallaba ningn crimen en ese hombre. No lo condenar: he reconocido toda la malicia de los judos".

    Le habl tambin de lo que le haba dicho Jess; prometi a su mujer no condenar a Jess, y le dio una prenda como garanta de su promesa. No s si era una joya, un anillo o un sello. As se separaron.

    Pilatos era un hombre corrompido, indeciso, lleno de orgullo, y al mismo tiempo de bajeza: no retroceda ante las acciones ms vergonzosas, cuando encontraba en ellas su inters, y al mismo tiempo se dejaba llevar por las supersticiones ms ridculas cuando estaba en una posicin difcil. As en la actual circunstancia consultaba sin cesar a sus dioses, a los cuales ofreca incienso en lugar secreto de su casa, pidindoles seales. Una de sus prcticas supersticiosas era ver comer a los pollos; pero todas estas cosas me parecan horribles, tan tenebrosas y tan infernales, que yo volva la cara con horror. Sus pensamientos eran confusos, y Satans le inspiraba tan pronto un proyecto como otro. La mayor confusin reinaba en sus ideas, y l mismo no saba lo que quera.

    XIIIJess ante Herodes

    El Tetrarca Herodes tena su palacio situado al norte de la plaza, en la parte nueva de la ciudad, no lejos del de Pilatos. Una escolta de soldados romanos se haba juntado a la de los judos, y los enemigos de Jess, furiosos por los paseos que les hacan dar, no cesaban de ultrajar al Salvador y de maltratarlo. Herodes, habiendo recibido el aviso de Pilatos, estaba esperando en una sala grande, sentado sobre almohadas que formaban una especie de trono. Los prncipes de los sacerdotes entraron y se pusieron a los lados, Jess se qued en la puerta. Herodes estuvo muy satisfecho al ver que Pilatos le reconoca, en presencia de los sacerdotes judos, el derecho de juzgar a un Galileo. Tambin se alegraba viendo delante de su tribunal, en estado de abatimiento, a ese Jess que nunca se haba dignado presentrsele. Haba recibido tantas relaciones acerca de l, de parte de los herodianos y de todos sus espas, que su curiosidad estaba excitada.

    Cuando Herodes vio a Jess tan desfigurado, cubierto de golpes, la cara ensangrentada, su vestido manchado, aquel prncipe voluptuoso y sin energa sinti una compasin mezclada de disgusto. Profiri el nombre de Dios, volvi la cara con repugnancia, y dijo a los sacerdotes: "Llevadlo, limpiadlo; cmo podis traer a mi presencia un hombre tan lleno de heridas?". Los alguaciles llevaron a Jess al vestbulo, trajeron agua y lo limpiaron, sin cesar de maltratarlo. Herodes reprendi a los sacerdotes por su crueldad; pareca que quera imitar la conducta de Pilatos, pues tambin les dijo: "Ya se ve que ha cado entre las manos de los carniceros; comenzis las inmolaciones antes de tiempo". Los prncipes de los sacerdotes reproducan con empeo sus quejas y sus acusaciones.

  • Herodes, con nfasis y largamente, repiti a Jess todo lo que saba de l, le hizo muchas preguntas y le pidi que hiciera un prodigio. Jess no responda una palabra, y estaba delante de l con los ojos bajos, lo que irrit a Herodes. Me fue explicado que Jess no habl, por estar Herodes excomulgado, a causa de su casamiento adltero con Herodas y de la muerte de Juan Bautista.

    Ans y Caifs se aprovecharon del enfado que le causaba el silencio de Jess, y comenzaron otra vez sus acusaciones: aadieron que haba llamado a Herodes una zorra, y que pretenda establecer una nueva religin. Herodes, aunque irritado contra Jess, era siempre fiel a sus proyectos polticos. No quera condenar al que Pilatos haba declarado inocente, y crea conveniente mostrarse obsequioso hacia el gobernador en presencia de los prncipes de los sacerdotes. Llen a Jess de desprecios, y dijo a sus criados y a sus guardias, cuyo nmero se elevaba a doscientos en su palacio: "Tomad a ese insensato, y rendid a ese Rey burlesco los honores que merece. Es ms bien un loco que un criminal".

    Condujeron al Salvador a un gran patio, donde lo llenaron de malos tratamientos y de escarnio. Uno de ellos trajo un gran saco blanco y con grandes risotadas se lo echaron sobre la cabeza a Jess. Otro soldado trajo otro pedazo de tela colorada, y se la pusieron al cuello. Entonces se inclinaban delante de l, lo empujaban, lo injuriaban, le escupan, le pegaban en la cara, porque no haba querido responder a su Rey. Le hacan mil saludos irrisorios, le arrojaban lodo, tiraban de l como para hacerle danzar; habindolo echado al suelo, lo arrastraron hasta un arroyo que rodeaba el patio, de modo que su sagrada cabeza pegaba contra las columnas y los ngulos de las paredes. Despus lo levantaron, para renovar los insultos. Su cabeza estaba ensangrentada y lo vi caer tres veces bajo los golpes; pero vi tambin ngeles que le ungan la cabeza, y me fue revelado que sin este socorro del cielo, los golpes que le daban hubieran sido mortales.

    El tiempo urga, los prncipes de los sacerdotes tenan que ir al templo, y cuando supieron que todo estaba dispuesto como lo haban mandado, pidieron otra vez a Herodes que condenara a Jess; pero ste, para conformarse con las ideas de Pilatos, le mand a Jess cubierto con el vestido de escarnio.

    XIVDe Herodes a Pilatos

    Los enemigos de Jess le condujeron de Herodes a Pilatos. Estaban avergonzados de tener que volver al sitio donde haba sido ya declarado inocente. Por eso tomaron otro camino mucho ms largo, para presentarle en medio de su humillacin a otra parte de la ciudad, y tambin con el fin de dar tiempo a sus agentes para que agitaran los grupos conforme a sus proyectos.

    Ese camino era ms duro y ms desigual, y todo el tiempo que dur no cesaron de maltratar a Jess. La ropa que le haban puesto le impeda andar, se cay muchas veces en el lodo, lo levantaron a patadas, y dndole palos en la cabeza; recibi ultrajes infinitos, tanto de parte de los que le conducan, como del pueblo que se juntaba en el camino. Jess peda a Dios no morir, para poder cumplir su pasin y nuestra redencin. Eran las ocho y cuarto cuando llegaron al palacio de Pilatos. La Virgen Santsima,

  • Magdalena, y otras muchas santas mujeres, hasta veinte, estaban en un sitio, donde lo podan or todo.

    Un criado de Herodes haba venido ya a decir a Pilatos que su amo estaba lleno de gratitud por su fineza, y que no habiendo hallado en el clebre Galileo ms que un loco estpido, le haba tratado como tal, y se lo volva. Los alguaciles hicieron subir a Jess la escalera con la brutalidad ordinaria; pero se enred en su vestido, y cay sobre los escalones de mrmol blanco, que se tieron con la sangre de su cabeza sagrada; el pueblo rea de su cada y los soldados le pegaban para levantarlo.

    Pilatos avanz sobre la azotea, y dijo a los acusadores de Jess: "Me habis trado a este hombre, como a un agitador del pueblo, le he interrogado delante de vosotros y no le he hallado culpable del crimen que le imputis. Herodes tampoco le encuentra criminal. Por consiguiente, le mandar azotar y dejarle". Violentos murmullos se elevaron entre los fariseos. Era el tiempo en que el pueblo vena delante del gobernador romano para pedirle, segn una antigua costumbre, la libertad de un preso. Los fariseos haban enviado sus agentes con el fin de excitar a la multitud, a no pedir la libertad de Jess, sino su suplicio. Pilatos esperaba que pediran la libertad de Jess, y tuvo la idea de dar a escoger entre l y un insigne criminal, llamado Barrabs, que horrorizaba a todo el mundo.

    Hubo un movimiento en el pueblo sobre la plaza: un grupo se adelant, encabezado por sus oradores, que gritaron a Pilatos: "Haced lo que habis hecho siempre por la fiesta". Pilatos les dijo: "Es costumbre que liberte un criminal en la Pascua. A quin queris que liberte: a Barrabs o al Rey de los Judos, Jess, que dicen el ungido del Seor?". A esta pregunta de Pilatos hubo alguna duda en la multitud, y slo algunas voces gritaron: "Barrabs!". Pilatos, habiendo sido llamado por un criado de su mujer, sali de la azotea un instante, y el criado le present la prenda que l le haba dado, dicindole: "Claudia Procla os recuerda la promesa de esta maana".

    Mientras tanto los fariseos y los prncipes de los sacerdotes estaban en una grande agitacin, amenazaban y ordenaban. Pilatos haba devuelto su prenda a su mujer, para decirle que quera cumplir su promesa, y volvi a preguntar con voz alta: "Cul de los dos queris que liberte?". Entonces se elev un grito general en la plaza: "No queremos a este, sino a Barrabs". Pilatos dijo entonces: "Qu queris que haga con Jess, que se llama Cristo?". Todos gritaron tumultuosamente: "Que sea crucificado! que sea crucificado!". Pilatos pregunt por tercera vez: "Pero, qu mal ha hecho? Yo no encuentro en l crimen que merezca la muerte. Voy a mandarlo azotar y dejarlo". Pero el grito "crucificadlo! crucificadlo!" se elev por todas partes como una tempestad infernal; los prncipes de los sacerdotes y los fariseos se agitaban y gritaban como furiosos. Entonces el dbil Pilatos dio libertad al malhechor Barrabs, y conden a Jess a la flagelacin."

    Pasin, Muerte y Resurreccin de JessJess es ultrajado y condenado a muerteVisiones de la recientemente declaradaBeata Ana Catalina EmmerickEn proceso de canonizacin

  • XVFlagelacin de Jess

    "Pilatos, juez cobarde y sin resolucin, haba pronunciado muchas veces estas palabras, llenas de bajeza: "No hallo crimen en l; por eso voy a mandarle azotar y a darle libertad". Los judos continuaban gritando: "Crucificadlo! crucificadlo!". Sin embargo, Pilatos quiso que su voluntad prevaleciera y mand azotar a Jess a la manera de los romanos.

    Al norte del palacio de Pilatos, a poca distancia del cuerpo de guardia, haba una columna que serva para azotar. Los verdugos vinieron con ltigos, varas y cuerdas, y las pusieron al pie de la columna. Eran seis hombres morenos, malhechores de la frontera de Egipto, condenados por sus crmenes a trabajar en los canales y en los edificios pblicos, y los ms perversos de entre ellos hacan el oficio de verdugos en el Pretorio. Esos hombres crueles haban ya atado a esa misma columna y azotado hasta la muerte a algunos pobres condenados. Dieron de puetazos al Seor, le arrastraron con las cuerdas, a pesar de que se dejaba conducir sin resistencia, y lo ataron brutalmente a la columna. Esta columna estaba sola y no serva de apoyo a ningn edificio. No era muy elevada; pues un hombre alto, extendiendo el brazo, hubiera podido alcanzar la parte superior. A media altura haba anillas y ganchos.

    No se puede expresar con qu barbarie esos perros furiosos arrastraron a Jess: le arrancaron la capa de irrisin de Herodes y le echaron casi al suelo. Jess abraz la columna; los verdugos le ataron las manos, levantadas por alto a un anillo de hierro, y extendieron tanto sus brazos en alto, que sus pies, atados fuertemente a lo bajo de la columna, tocaban apenas al suelo. El Seor fue as extendido con violencia sobre la columna de los malhechores; y dos de esos furiosos comenzaron a flagelar su cuerpo sagrado desde la cabeza hasta los pies. Sus ltigos o sus varas parecan de madera blanca flexible; puede ser tambin que fueran nervios de buey o correas de cuero duro y blanco.

    El Hijo de Dios temblaba y se retorca como un gusano. Sus gemidos dulces y claros se oan como una oracin en medio del ruido de los golpes. De cuando en cuando los gritos del pueblo y de los fariseos, cual tempestad ruidosa, cubran sus quejidos dolorosos y llenos de bendiciones, diciendo: "Hacedlo morir! crucificadlo!". Pilatos estaba todava hablando con el pueblo, y cada vez que quera decir algunas palabras en medio del tumulto popular, una trompeta tocaba para pedir silencio. Entonces se oa de nuevo el ruido de los azotes, los quejidos de Jess, las imprecaciones de los verdugos y el balido de los corderos pascuales. Ese balido presentaba un espectculo tierno: eran las sotavoces que se unan a los gemidos de Jess.

    El pueblo judo estaba a cierta distancia de la columna, los soldados romanos ocupando diferentes puntos, iban y venan, muchos profiriendo insultos, mientras que otros se sentan conmovidos y pareca que un rayo de Jess les tocaba. Algunos alguaciles de los prncipes de los sacerdotes daban dinero a los verdugos, y les trajeron un cntaro de una bebida espesa y colorada, para que se embriagasen. Pasado un cuarto de hora, los

  • verdugos que azotaban a Jess fueron reemplazados por otros dos. La Sangre del Salvador corra por el suelo. Por todas partes se oan las injurias y las burlas.

    Los segundos verdugos se echaron con una nueva rabia sobre Jess; tenan otra especie de varas: eran de espino con nudos y puntas. Los golpes rasgaron todo el cuerpo de Jess; su sangre salt a cierta distancia, y ellos tenan los brazos manchados. Jess gema, oraba y se estremeca. Muchos extranjeros pasaron por la plaza, montados sobre camellos y se llenaron de horror y de pena cuando el pueblo les explic lo que pasaba. Eran viajeros que haban recibido el bautismo de Juan, o que haban odo los sermones de Jess sobre la montaa. El tumulto y los griegos no cesaban alrededor de la casa de Pilatos.

    Otros nuevos verdugos pegaron a Jess con correas, que tenan en las puntas unos garfios de hierro, con los cuales le arrancaban la carne a cada golpe. Ah! quin podra expresar este terrible y doloroso espectculo! La horrible flagelacin haba durado tres cuartos de hora, cuando un extranjero de clase inferior, pariente del ciego Ctesifn, curado por Jess, se precipit sobre la columna con una navaja, que tena la figura de una cuchilla, gritando en tono de indignacin: "Parad! No peguis a ese inocente hasta hacerle morir". Los verdugos, hartos, se pararon sorprendidos; cort rpidamente las cuerdas, atadas detrs de la columna, y se escondi en la multitud. Jess cay, casi sin conocimiento, al pie de la columna sobre el suelo, baado en sangre. Los verdugos le dejaron, y se fueron a beber, llamando antes a los criados, que estaban en el cuerpo de guardia tejiendo la corona de espinas.

    Vi a la Virgen Santsima en un xtasis continuo durante la flagelacin de nuestro divino Redentor. Ella vio y sufri con un amor y un dolor indecibles todo lo que sufra su Hijo. Muchas veces salan de su boca leves quejidos y sus ojos estaban baados en lgrimas. Las santas mujeres, temblando de dolor y de inquietud, rodeaban a la Virgen y lloraban como si hubiesen esperado su sentencia de muerte. Mara tena un vestido largo azul, y por encima una capa de lana blanca, y un velo de un blanco casi amarillo. Magdalena, plida y abatida de dolor, tena los cabellos en desorden debajo de su velo.

    La cara de la Virgen estaba plida y desencajada, sus ojos colorados de las lgrimas. No puedo expresar su sencillez y dignidad. Desde ayer no ha cesado de andar errante, en medio de angustias, por el valle de Josafat y las calles de Jerusaln, y, sin embargo, no hay ni desorden ni descompostura en su vestido, no hay un solo pliegue que no respire santidad; todo en ella es digno, lleno de pureza y de inocencia. Mara mira majestuosamente a su alrededor, y los pliegues de su velo, cuando vuelve la cabeza, tienen una vista singular. Sus movimientos son sin violencia, y en medio del dolor ms amargo, su aspecto es sereno. Su vestido est hmedo del roco de la noche y de las abundantes lgrimas que ha derramado. Es bella, de una belleza indecible y sobrenatural; esta belleza es pureza inefable, sencillez, majestad y santidad.

    Magdalena tiene un aspecto diferente. Es ms alta y ms fuerte, su persona y sus movimientos son ms pronunciados. Pero las pasiones, el arrepentimiento, su dolor enrgico han destruido su belleza. Da miedo al verla tan desfigurada por la violencia de su desesperacin; sus largos cabellos cuelgan desatados debajo de su velo despedazado. Est toda trastornada, no piensa ms que en su dolor, y parece casi una loca. Hay mucha gente de Magdalum y de sus alrededores que la han visto llevar una vida escandalosa. Como ha vivido mucho tiempo escondida, hoy la sealan con el dedo y la llenan de

  • injurias, y an los hombres del populacho de Magdalum le tiran lodo. Pero ella no advierte nada, tan grande y fuerte es su dolor.

    Cuando Jess, despus de la flagelacin, cay al pie de la columna, vi a Claudia Procla, mujer de Pilatos, enviar a la Madre de Dios grandes piezas de tela. No s si crea que Jess sera libertado, y que su Madre necesitara esa tela para curar sus llagas o si esa pagana compasiva saba a qu uso la Virgen Santsima destinara su regalo.

    Mara viendo a su Hijo despedazado, conducido por los soldados, extendi las manos hacia l y sigui con los ojos las huellas ensangrentadas de sus pies. Habindose apartado el pueblo, Mara y Magdalena se acercaron al sitio en donde Jess haba sido azotado; escondidas por las otras santas mujeres, se bajaron al suelo cerca de la columna, y limpiaron por todas partes la Sangre sagrada de Jess con el lienzo que Claudia Procla haba mandado. Eran las nueve de la maana cuando acab la flagelacin.

    XVILa Coronacin de espinas

    La coronacin de espinas (1) se hizo en el patio interior del cuerpo de guardia. El pueblo estaba alrededor del edificio; pero pronto fue rodeado de mil soldados romanos, puestos en buen orden, cuyas risas y burlas excitaban el ardor de los verdugos de Jess, como los aplausos del pblico excitan a los cmicos. En medio del patio haba el trozo de una columna; pusieron sobre l un banquillo muy bajo. Habiendo arrastrado a Jess brutalmente a este asiento, le pusieron la corona de espinas alrededor de la cabeza, y le atacaron fuertemente por detrs. Estaba hecha de tres varas de espino bien trenzadas, y la mayor parte de las puntas eran torcidas a propsito para adentro. Habindosela atado, le pusieron una caa en la mano; todo esto lo hicieron con una gravedad irrisoria, como si realmente lo coronasen rey. Le quitaron la caa de las manos, y le pegaron con tanta violencia en la corona de espinas, que los ojos del Salvador se inundaron de sangre. Sus verdugos arrodillndose delante de l le hicieron burla, le escupieron a la cara, y le abofetearon, gritndole: "Salve, Rey de los judos!". No podra repetir todos los ultrajes que imaginaban estos hombres. El Salvador sufra una sed horrible, su lengua estaba retirada, la sangre sagrada, que corra de su cabeza, refrescaba su boca ardiente y entreabierta. Jess fue as maltratado por espacio de media hora en medio de la risa, de los gritos y de los aplausos de los soldados formados alrededor del Pretorio.

    XVIIEcce Homo!

    Jess, cubierto con la capa colorada, la corona de espinas sobre la cabeza, y el cetro de caas en las manos atadas, fue conducido al palacio de Pilatos. Cuando lleg delante del gobernador, este hombre cruel no pudo menos de temblar de horror y de compasin, mientras el pueblo y los sacerdotes le insultaban y le hacan burla. Jess subi los escalones. Tocaron la trompeta para anunciar que el gobernador quera hablar. Pilatos se

  • dirigi a los prncipes de los sacerdotes y a todos los circunstantes, y les dijo: "Os lo presente otra vez para que sepis que no hallo en l ningn crimen".

    Jess fue conducido cerca de Pilatos, de modo que todo el pueblo poda verlo. Era un espectculo terrible y lastimoso la aparicin del Hijo de Dios ensangrentado, con la corona de espinas, bajando sus ojos sobre el pueblo, mientras Pilatos, sealndole con el dedo, gritaba a los judos: "Ecce Homo!". Los prncipes de los sacerdotes y sus adeptos, llenos de furia, gritaron: Que muera! Que sea crucificado!". "No basta ya?", dijo Pilatos. "Ha sido tratado de manera que no le quedar gana de ser Rey". Pero estos insensatos gritaron cada vez ms: "Que muera! Que sea crucificado!".

    Pilatos mand tocar la trompeta, y dijo: "Entonces, tomadlo y crucificadlo, pues no hallo en l ningn crimen". Algunos de los sacerdotes gritaron: "Tenemos una ley por la cual debe morir, pues se ha llamado Hijo de Dios!". Estas palabras, se ha llamado Hijo de Dios, despertaron los temores supersticiosos de Pilatos; hizo conducir a Jess aparte, y le pregunt de dnde era. Jess no respondi, y Pilatos le dijo: "No me respondes? No sabes que puedo crucificarte o ponerte en libertad?". Y Jess respondi: "No tendras t ese poder sobre m, si no lo hubieses recibido de arriba; por eso el que me ha entregado en tus manos ha cometido un gran pecado".

    Pilatos, en medio de su incertidumbre, quiso obtener del Salvador una respuesta que lo sacara de este penoso estado: volvi al Pretorio, y se estuvo solo con l. "Ser posible que sea un Dios? se deca a s mismo, mirando a Jess ensangrentado y desfigurado; despus le suplic que le dijera si era Dios, si era el Rey prometido a los judos, hasta dnde se extenda su imperio, y de qu orden era su divinidad. No puedo repetir ms que el sentido de la respuesta de Jess. El Salvador le habl con gravedad y severidad; le dijo en qu consista su reino y su imperio; despus le revel todos los crmenes secretos que l haba cometido; le predijo la suerte miserable que le esperaba, y le anunci que el Hijo del hombre vendra a pronunciar contra l un juicio justo.

    Pilatos, medio atemorizado y medio irritado de las palabras de Jess, volvi al balcn, y dijo otra vez que quera libertar a Jess. Entonces gritaron: "Si lo libertas, no eres amigo del Csar!". Otros decan que lo acusaran delante del Emperador, de haber agitado su fiesta, que era menester acabar, porque a las diez tenan que estar en el templo. Por todas partes se oa gritar: "Que sea crucificado!"; hasta encima de las azoteas, donde haba muchos subidos.

    Pilatos vio que sus esfuerzos eran intiles. El tumulto y los gritos eran horribles, y la agitacin del pueblo era tan grande que poda temerse una insurreccin. Pilatos mand que le trajesen agua; un criado se la ech sobre las manos delante del pueblo, y el grit desde lo alto de la azotea: "Yo soy inocente de la sangre de este Justo; vosotros responderis por ella". Entonces se levant un grito horrible y unnime de todo el pueblo, que se compona de gentes de toda la Palestina: "Que su sangre caiga sobre nosotros y sobre nuestros descendientes!

    XVIIIJess condenado a muerte

  • Cuando los judos, habiendo pronunciado la maldicin sobre s y sobre sus hijos, pidieron que esa sangre redentora, que pide misericordia para nosotros, pidiera venganza contra ellos; Pilatos mand traer sus vestidos de ceremonia, se puso un tocado, en donde brillaba una piedra preciosa y otra capa. Estaba rodeado de soldados, precedido de oficiales del tribunal y por delante tena un hombre que tocaba la trompeta. As fue desde su palacio hasta la plaza, donde haba, enfrente de la columna de la flagelacin, un sitio elevado para pronunciar los juicios. Este tribunal se llamaba Gabbata: era una elevacin redonda, donde se suba por escalones. Muchos de los fariseos se haban ido ya al templo. No hubo ms que Ans, Caifs y otros veintiocho, que vinieron al tribunal cuando Pilatos se puso sus vestidos de ceremonia. Los dos ladrones tambin fueron conducidos al tribunal, y el Salvador, con su capa colorada y su corona de espinas, fue colocado en medio de ellos.

    Cuando Pilatos se sent, dijo a los judos: "Ved aqu a vuestro Rey!"; y ellos respondieron: "Crucificadlo!". "Queris que crucifique a vuestro Rey?", volvi a decir Pilatos. "No tenemos ms Rey que Csar!" gritaron los prncipes de los sacerdotes. Pilatos no dijo nada ms, y comenz a pronunciar el juicio.

    Los prncipes de los sacerdotes haban diferido la ejecucin de los dos ladrones, ya anteriormente condenados al suplicio de la cruz, porque queran hacer una afrenta ms a Jess, asocindolo en su suplicio a dos malhechores de la ltima clase. Pilatos comenz por un largo prembulo, en el cual daba los nombres ms sublimes al emperador Tiberio; despus expuso la acusacin intentada contra Jess, que los prncipes de los sacerdotes haban condenado a muerte, por haber agitado la paz pblica y violado su ley, hacindose llamar Hijo de Dios y Rey de los judos, habiendo el pueblo pedido su muerte por voz unnime. El miserable aadi que encontraba esa sentencia conforme a la justicia; l, que no haba cesado de proclamar la inocencia de Jess, y al acabar dijo: "Condeno a Jess de Nazareth, Rey de los judos, a ser crucificado"; y mand traer la cruz. Me parece que rompi un palo largo y que tir los pedazos a los pies de Jess.

    Mientras Pilatos pronunciaba su juicio inicuo, vi que su mujer Claudia Procla le devolva su prenda y la renunciaba. La tarde de este mismo da se sali secretamente del palacio, para refugiarse con los amigos de Jess. Ese mismo da, a poco tiempo despus, vi a un amigo del Salvador grabar sobre una piedra verdusca, detrs de la altura de Gabbata, dos lneas donde haba estas palabras: Judex injustus, y el nombre de Claudia Procla. Esta piedra se halla todava en los cimientos de una casa o de una iglesia en Jerusaln, en el sitio donde estaba Gabbata. Claudia Procla se hizo cristiana, sigui a San Pablo, y fue su fiel discpula.

    Los dos ladrones estaban a derecha y a izquierda de Jess: tenan las manos atadas y una cadena al cuello; el que se convirti despus, se mantuvo desde entonces tranquilo y pensativo; el otro, grosero e insolente, se uni a los alguaciles para maldecir e insultar a Jess, que miraba a sus dos compaeros con amor, y ofreca sus tormentos por la salvacin. Los alguaciles juntaban los instrumentos del suplicio y lo preparaban todo para esta terrible y dolorosa marcha. Ans y Caifs haban acabado sus discusiones con Pilatos: tenan dos bandas de pergamino con la copia de la sentencia y se dirigan con precipitacin al templo, temiendo llegar tarde."

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  • (1) Sor Ana Catalina viendo da por da esta serie de escenas sufri dolores indecibles de cuerpo y de alma; su cara pareca la de una moribunda; padeca una sed tan grande que regularmente por la maana su lengua estaba retirada y contrada, de tal suerte que a veces no poda articular una palabra para pedir alivio. As cuando tuvo la visin sobre la coronacin de espinas se hall tan enferma y abatida que no pudo referir sino las pocas palabras que se hallan en el texto.

    La Venerable Ana Catalina Emmerich relat sus visiones para que, quienes las conocieran pudiesen tener una imagen vvida, en sus meditaciones, sobre la Pasin de Jess.

    Pasin, Muerte y Resurreccin de JessJess con la Cruz camino al CalvarioVisiones de la recientemente declaradaBeata Ana Catalina EmmerickEn proceso de canonizacin

    XIXJess con la Cruz a cuestas

    Retazos de "La Pasin de Cristo" en Flash

    Cuando Pilatos sali del tribunal, una parte de los soldados le sigui, y se form delante del palacio; una pequea escolta se qued con los condenados. Veintiocho fariseos armados, entre los cuales estaban los seis enemigos de Jess que haban estado presentes en su arresto en el Huerto de Los Olivos, vinieron a caballo para acompaar al suplicio a Nuestro Redentor. Los alguaciles lo condujeron al medio de la plaza, donde vinieron esclavos a echar la Cruz a sus pies. Los dos brazos estaban provisionalmente atados a la pieza principal con cuerdas. Jess se arrodill cerca de ella, la abraz y la bes tres veces, dirigiendo a su Padre acciones de gracias por la Redencin del gnero humano. Como los sacerdotes paganos abrazaban un nuevo altar, as Nuestro Salvador abrazaba su Cruz.

    Los solados colocaron con gran esfuerzo sobre el hombro derecho la carga pesada de la Cruz, con mucho dolor para Jess. Vi ngeles invisibles ayudarle, pues sino, no hubiera podido levantarla. Mientras Jess oraba, pusieron sobre el pescuezo a los dos ladrones las piezas traveseras de sus cruces, atndoles las manos a ellas; las grandes piezas las llevaban los esclavos. La trompeta de la caballera de Pilatos toc; uno de los fariseos a caballo se acerc a Jess, arrodillado bajo su carga y le dijo: "Ahora se acabaron las bellas palabras, arriba!". Lo levantaron con violencia y sinti asentarse sobre sus hombros todo el peso que nosotros deberemos llevar despus de l, segn sus santas palabras; y entonces comenz la marcha triunfal del Rey de Reyes, tan ignominiosa sobre la tierra y tan gloriosa en el cielo.

    Haban atado dos cuerdas a la punta trasera del rbol de la cruz que deba arrastras por el suelo, pero dos soldados a caballo la mantenan en el aire; otros cuatro tenan cuerdas

  • atadas a la cintura de Jess. El Salvador, temblaba bajo su peso, me record a Isaac, llevando a la montaa la lea para su sacrificio. La trompeta de Pilatos dio la seal de marcha, porque el gobernador en persona quera ponerse a la cabeza de un destacamento para impedir todo movimiento tumultuoso. Iba a caballo con sus armaduras, rodeado de sus oficiales y de la tropa de caballera. Detrs vena un cuerpo de trescientos hombres de infantera, todos de la frontera de Italia y de Suiza. Delante se vea una trompeta que tocaba en todas las esquinas y proclamaba la sentencia. A pocos pasos segua una multitud de hombres y de chiquillos, que traan cordeles, clavos, cuas y cestas que contenan diferentes objetos; otros, ms robustos, traan los palos, las escaleras y las piezas principales de las cruces de los dos ladrones. Detrs se vean algunos fariseos a caballo y un joven que llevaba sobre el pecho la inscripcin que Pilatos haba ordenado escribir para la Cruz. Este llevaban tambin en la punta de un palo la corona de espinas de Jess, que no haban querido dejarle sobre la cabeza mientras cargaba la Cruz. Este joven no pareca tan malvado como el resto.

    Al final vena Nuestro Seor, los pies desnudos y ensangrentados, abrumado bajo el peso de la Cruz, temblando, lleno de llagas y heridas, debilitado por la prdida de la sangre y por no haber comido ni bebido nada desde la vspera, devorado de calentura y de sed y asaeteado por dolores infinitos. Con la mano derecha sostena la Cruz sobre su hombro derecho; con su mano izquierda, exhausta, haca de cuando en cuando esfuerzos para levantarse su larga tnica, con la que tropezaban sus pies heridos. Cuatro soldados tenan a grande distancia la punta de los cordeles atados a la cintura; los dos de delante le tiraban; los dos que seguan le empujaban, de suerte que no poda asegurar su paso. Sus manos estaban heridas por las cuerdas con las que se las haban atado; su cara estaba ensangrentada e hinchada; su barba y sus cabellos manchados de sangre; el peso de la Cruz y las cadenas apretaban contra su Cuerpo la tnica de lana, que se pegaba a sus llagas y las abra. A su derredor no haba ms que irrisin y crueldad; mas su boca rezaba y sus ojos perdonaban.

    Detrs de Jess iban los dos ladrones, llevados tambin por cuerdas, con los brazos atados a los travesaos de sus cruces separados del pie. No tenan ms vestidos que un largo delantal; la parte superior del cuerpo la llevaban cubierta con una especie de escapulario sin mangas abierto por ambos lados y en la cabeza un gorro de paja. El buen ladrn estaba tranquilo mientras que el otro no cesaba de protestar y quejarse.

    La mitad de los fariseos a caballo cerraba la marcha; algunos de ellos corran ac y all para mantener el orden. A una distancia bastante grande vena la escolta de Pilatos: el gobernador romano tena su uniforme de batalla; en medio de sus oficiales, precedido de un escuadrn de caballera, y seguido de trescientos infantes, atraves la plaza y entr en una calle bastante ancha. Se movan por la ciudad para prevenir una insurreccin popular. Jess fue conducido por una calle estrecha, dando un rodeo, para no estorbar a la gente que iba al Templo ni a la tropa de Pilatos. La mayor parte del pueblo se haba dispersado, despus de haber condenado a Jess. Una gran parte de los judos se fueron a sus casas o al Templo a fin de terminar los preparativos para el sacrificio del cordero pascual; sin embargo, la multitud era todava numerosa y se precipitaban desordenadamente para ver pasar la triste procesin. La escolta romana impeda que se acercasen excesivamente, as que los curiosos tenan que dar la vuelta por otras calles transversales y correr delante de ellos para verles pasar. Casi todos ellos llegaron antes que Jess al Calvario.

  • La calle por donde pasaba Jess era muy estrecha y muy sucia; tuvo mucho que sufrir pasando por ella, porque los esclavos lo atormentaban tirando de las cuerdas; el pueblo lo injuriaba desde las ventanas, los esclavos le tiraban lodo e inmundicias y hasta los nios traan piedras en sus vestidos para tirrselas o echarlas bajo los pies del Salvador.

    XXPrimera cada de Jess bajo la Cruz

    La calle, poco antes de su fin, tuerce a la izquierda, se ensancha y sube; por ella pasa un acueducto subterrneo, que viene del monte de Sin. Antes de la subida hay un hoyo, que tiene con frecuencia agua y lodo cuando llueve, por cuya razn han puesto una piedra grande para facilitar el paso. Cuando lleg Jess a este sitio, ya no poda andar; como los solados tiraban de l y lo empujaban sin misericordia, cay a lo largo contra esa piedra y la Cruz cay a su lado. Los verdugos se detuvieron, llenndolo de imprecaciones y pegndole; en vano Jess tenda la mano para que le ayudasen, exclamando: "Ah, presto se acabar todo!", y rog por sus verdugos; mas los fariseos gritaron: "Levantadlo, si no morir en nuestras manos!". A los dos lados del camino haba mujeres llorando y nios asustados. Sostenido por un socorro sobrenatural, Jess levant la cabeza y aquellos hombres atroces, en lugar de aliviar sus tormentos, le pusieron la corona de espinas. Habindolo levantado, le cargaron la Cruz nuevamente sobre los hombros, y a causa de la corona hubo de ladear la cabeza, con dolores infinitos, para poder colocar sobre su hombro el peso de la Cruz con que estaba cargado y as continu su camino, cada vez ms duro.

    XXI Jess encuentra a su Santsima Madre Segunda cada

    La dolorosa Madre de Jess haba salido de la plaza despus de pronunciada la sentencia inicua, acompaada de Juan y de algunas mujeres, haba recorrido muchos sitios santificados por los padecimientos de Jess; pero cuando el sonido de la trompeta, el ruido del pueblo y la escolta de Pilatos anunciaron la marcha hasta el Calvario, no pudo resistir al deseo de ver todava a su Divino Hijo, y pidi a Juan que la condujese a uno de los sitios por donde Jess deba pasar: se fueron a un palacio, cuya puerta daba a la calle, donde entr la escolta despus de la primera cada de Jess; era, si no me equivoco, la residencia del Sumo Pontfice Caifs, cuyo Tribunal est en la llanura de Sin. Juan obtuvo de un criado o portero compasivo el permiso de ponerse en la puerta con Mara y los que la acompaaban: Jos de Arimatea, Susana, Juana Chusa y salom de Jerusaln.

    La Madre de Dios estaba plida y con los ojos enrojecidos de tanto llorar y cubierta enteramente de una capa gris parda azulada. Se oa ya el ruido que se acercaba, el sonido de la trompeta y la voz del pregonero, publicando la sentencia en las esquinas. El criado abri la puerta, el ruido era cada vez ms fuerte y espantoso. Mara se arrodill y or fervientemente; luego dijo a Juan volvindose: "Me quedo? Debo irme? Cmo podr soportar este espectculo?" Juan le respondi: "Si no te quedas a verlo pasar luego lamentars no haberlo hecho". Al fin salieron a la puerta con los ojos fijos en la

  • procesin que an estaba distante, pero que avanzaba poco a poco. La gente no se pona delante sino detrs y a los lados. La escolta estaba a ochenta pasos. Cuando los que llevaban los instrumentos de suplicio se acercaron con aire insolente y triunfante, la Madre de Jess se puso a temblar y a gemir, juntando las manos, y uno de esos hombres pregunt: "Quin es esa mujer que se lamenta?" y otro respondi: "Es la Madre del Galileo". Los miserables al or tales palabras, llenaron de injurias a esta dolorosa Madre, la sealaban con el dedo y uno de ellos tom en sus manos los clavos con que deban clavar a Jess en la Cruz y se los present a la Virgen en tono de burla. Pero Mara miraba a Jess que se acercaba y se agarr al pilar de la puerta para no caerse, plida como un cadver, con los labios azules. Los fariseos pasaron a caballo, despus el nio que llevaba la inscripcin, detrs su Santsimo Hijo Jess, temblando, doblado bajo la pesada carga de la Cruz, inclinando sobre su hombro la cabeza coronada de espinas. Ech sobre su Madre una mirada de compasin y habiendo tropezado cay por segunda vez sobre sus rodillas y sobre sus manos.

    Mara, en medio de la violencia de su dolor, no vio ni soldados ni verdugos; no vio ms que a su querido Hijo; se precipit desde la puerta de la casa en medio de los soldados que maltrataban a Jess, cay de rodillas a su lado y se abraz a l. Yo o estas palabras: "Hijo mo!" y "Madre ma!". Pero no s si realmente fueron pronunciadas, o slo las o en mi pensamiento. Hubo un momento de desorden y confusin: Juan y las santas mujeres queran levantar a Mara. Los alguaciles la injuriaban; uno de ellos le dijo: "Mujer, qu vienes a hacer aqu? Si lo hubieras educado mejor, no estara ahora en nuestras manos". Algunos soldados sin embargo tuvieron compasin y, aunque se vieron obligados a separar a la Santsima Virgen, ninguno le puso las manos encima.

    Juan y las santas mujeres la rodearon y condujeron atrs a la misma puerta, donde la vi caer sobre sus rodillas y dejar en la piedra angular la impresin de sus manos. Esta piedra, que era muy dura, fue transportada a la primera Iglesia Catlica, cerca de la piscina de Betseda, en el episcopado de Santiago el Menor. Los discpulos se llevaron a la Madre de Jess al interior de la casa y cerraron la puerta. Mientras tanto, los alguaciles levantaron a Jess y habindole acomodado de otro modo la Cruz sobre sus hombros. Los brazos de la Cruz se haban desatado, uno de ellos haba resbalado y era con la que Jess haba tropezado. Jess llevaba la Cruz ahora de tal modo que, por detrs, todo el peso de la Cruz arrastraba por el suelo. Yo vi ac y all, en medio de la multitud que segua la comitiva profiriendo maldiciones e injurias; a lagunas mujeres con velos y derramando lgrimas. Le empujaron a Jess con mucha crueldad para que siguiese adelante.

    XXII Simn Cirineo Tercera cada de Jess

    Recorrieron un tramo ms de cale y llegaron a la cuesta de una muralla vieja interior de la ciudad. Delante de ella hay una plaza abierta, de donde salen tres calles. En esa plaza, Jess, al pasar sobre una piedra gruesa, tropez y cay; la Cruz se desliz de su hombro, qued a su lado y ya no se pudo levantar. Algunas personas bien vestidas que pasaban para ir al Templo, exclamaron llenas de compasin: "Ah, mira este pobre hombre, est agonizando!". Pero sus enemigos no tenan piedad de l. Esto caus un tumulto y retraso; no podan poner a Jess en pie y los fariseos dijeron a los soldados: "No llegar

  • vivo si no buscis a un hombre que le ayude a llevar la Cruz". Vieron a poca distancia un pagano, llamado Simn el Cirineo, acompaado de sus tres hijos, que llevaba debajo del brazo un haz de ramas menudas, pues era jardinero y vena de trabajar en los jardines situados cerca de la muralla oriental de la ciudad. Estaba atrapado en medio de la multitud y los soldados, habiendo reconocido por su vestido que era un pagano y un obrero de la clase inferior, lo agarraron y le mandaron que ayudara al Galileo a llevar su Cruz. Primero rehus, pero tuvo que ceder a la fuerza. Sus hijos lloraban y gritaban y algunas mujeres que los conocan, se hicieron cargo de ellos.

    Simn senta mucho disgusto y vejacin por tener que caminar junto a un hombre en tan deplorable estado como en el que se hallaba Jess: sucio, herido y su ropa toda llena de lodo. Mas Jess lloraba y le miraba con ternura, de modo que Simn se sinti conmovido. Le ayud a levantarse y al instante los alguaciles ataron sobre sus hombros uno de los brazos de la Cruz. l segua a Jess detrs, que se senta aliviado de su carga. Se pusieron otra vez en marcha. Simn era un hombre robusto, de cuarenta aos; sus hijos llevaban vestidos de color rojo. Dos eran ya crecidos, se llamaban Rufo y Alejandro: se reunieron despus a los discpulos de Jess. El tercero era ms pequeo y lo he visto viviendo con San Esteban, an nio. Simn no llev mucho tiempo la Cruz sin sentirse penetrado de compasin y profundamente tocado por la gracia.

    XXIIILa Vernica y el Sudario

    La escolta entr en una calle larga que torca un poco a la izquierda, y que estaba cortada por otras transversales. Muchas personas bien vestidas se dirigan al templo; pero algunas se retiraban a la vista de Jess, por el temor farisico de contaminarse; otras mostraban alguna compasin de sus sufrimientos. Haban andado unos doscientos pasos desde que Simn ayudaba a Jess a llevar la Cruz, cuando una mujer de elevada estatura y de aspecto majestuoso, llevando de la mano a una nia, sali de una bella casa situada a la izquierda y se puso a caminar delante de la procesin. Era Serafia, mujer de Sirac, miembro del Consejo del Templo, quien desde ese instante la conocieron por Vernica, de Vera e Icon (verdadero retrato), a causa de lo que hizo en ese da.

    Serafia haba preparado en su casa un excelente vino aromatizado, con la piadosa intencin de drselo a beber al Seor para refrescarlo en su camino de dolor. Cuando la vi por vez primera iba envuelta en un largo velo llevando de la mano a una nia de nueve aos que haba adoptado y del otro brazo le colgaba un lienzo; la nia esconda, al acercarse la escolta, el vaso lleno de vino. Los que iban delante quisieron apartarla, mas ella se abri paso en medio de la multitud, de los soldados y de los alguaciles y llegando hasta Jess, se arrodill, y le present el lienzo extendido diciendo: "Permitidme que limpie la cara de mi Seor". El Seor tom el pao con su mano izquierda, enjug con l su cara ensangrentada y se lo devolvi, dndole las gracias. Serafia, despus de haberlo besado, lo meti debajo de su capa y se levant. La nia levant tmidamente el vaso de vino hacia Jess, pero los soldados no permitieron que bebiera. La osada de la Vernica y su prontitud en esta accin haba sorprendido a los soldados y excitado un movimiento en la multitud, por lo que se par la escolta como unos dos minutos.

  • Vernica haba podido presentarle el sudario a Jess. Los fariseos y los alguaciles, irritados de esta parada, y sobre todo, de este homenaje pblico, rendido al Salvador, pegaron y maltrataron a Jess, mientras Vernica entraba corriendo en su casa. Apenas haba penetrado en su cuarto, extendi el sudario sobre la mesa que tena delante y cay de rodillas casi sin conocimiento. La nia se arrodill a su lado llorando. Una conocida que vena a verla la hall as al lado del lienzo extendido, donde la cara ensangrentada de Jess estaba estampada de un modo maravilloso. Se sorprendi con este milagro, e hizo volver en s a Vernica mostrndole el sudario delante del cual ella se arrodill, llorando y diciendo: "Ahora puedo morir feliz, pues el Seor me ha dado un recuerdo de S mismo". Este sudario era de lana fina, tres veces ms largo que ancho y se llevaba habitualmente alrededor del cuello: era costumbre ir con un sudario semejante a socorrer a los afligidos o enfermos, o a limpiarles la cara en seal de dolor o de compasin. Vernica guard siempre el sudario en la cabecera de su cama. Despus de su muerte fue para la Virgen, y despus para la Iglesia por intermedio de los Apstoles.

    XXIVLas hijas de Jerusaln llorosas - Cuarta y quinta cadas

    La escolta estaba todava a cierta distancia de la puerta, situada en la direccin del sudoeste. Para llegar a ella hay que pasar bajo una bveda, por encima de un puente y luego por debajo de otra bveda. A la izquierda de la puerta, la muralla de la ciudad se dirige hacia el sur y rodea el monte Sin. Al acercarse a la puerta los alguaciles empujaron brutalmente a Jess en medio de un lodazal. Simn Cirineo quiso evitar el lodazal y, ladeado la Cruz, Jess cay por cuarta vez, ahora en el lodo. Entonces, en medio de sus lamentos, dijo con voz inteligible: "Ah Jerusaln, cunto te he amado! He querido juntar a tus hijos como la gallina cobija a sus polluelos bajo sus alas y t me echas tan cruelmente fuera de tus puertas!". Al or estas palabras, los fariseos le insultaron de nuevo y pegndole lo arrastraron para sacarlo del lodo. Simn Cirineo se indign tanto de ver esta crueldad, que exclam: "Si no cesis en vuestros ultrajes, suelto la Cruz, aunque me matis tambin a m!".

    Al salir de la puerta se ve un camino estrecho y pedregoso, que se dirige al Monte Calvario. El camino principal del cual se parta aquel, se divide en tres a cierta distancia: el uno tuerce a la izquierda y conduce a Beln por el valle de Sin; el otro se dirige al occidente y llega has Emas y Jope; el tercero rodea el Calvario y finaliza en la puerta del ngulo, que conduce a Betsur. Desde esta puerta por donde sali Jess, se puede ver la de Beln. Haban puesto en el lugar por donde comienza el camino al Calvario, una tabla anunciando la muerte de Jess y los dos ladrones. Cerca de este punto haba una multitud de mujeres que lloraban y geman. Eran vrgenes y pobres mujeres de Jerusaln con sus nios en brazos, que haban ido delante de la procesin; otras haban venido para la Pascua, desde Beln, de Hebrn y de otros lugares circunvecinos.

    Jess desfalleci; Simn se acerc a l y le sostuvo, impidiendo as que se cayera del todo al suelo. Esta es la quinta cada de Jess bajo la Cruz. A vista de su cara tan desfigurada y tan llena de heridas, las mujeres comenzaron a llorar y dar lamentos y, segn la costumbre de los judos, le presentaron sus lienzos para que se limpiase el rostro. El Salvador se volvi hacia ellas y les dijo: "Hijas de Jerusaln, no lloris por m; llorad por vosotras mismas y por vuestros hijos, pues vendr un tiempo en que se dir:

  • "Felices las estriles y las entraas que no han engendrado y los pechos que no han dado de mamar". Entonces empezarn a decir a los montes: "Caed sobre nosotros!" y a las alturas: "Cubridnos, pues! Si as se trata al leo verde, qu se har con el seco?". Despus les dirigi unas palabras de consuelo que he olvidado. En este sitio se detuvieron durante unos momentos. Los que llevaban los instrumentos de suplicio se fueron al monte Calvario, seguidos de cien soldados romanos de la escolta de Pilato, quien les segua de lejos, pero al llegar a la puerta, se volvi al interior de la ciudad.

    XXVJess sobre el Glgota - Sexta y sptima cadas

    Se pusieron en marcha. Jess, doblado bajo su carga y bajo los golpes de los verdugos, subi con mucho trabajo el rudo camino que se diriga al norte, entre las murallas de la ciudad y el monte Calvario. En el sitio en donde el camino tuerce al medioda se cay por sexta vez y esta cada fue muy dolorosa. Los golpes y empujones que aqu le dieron fueron los ms brutales, llegando a su colmo. El Salvador lleg a la roca del Calvario, donde cay por sptima vez. Simn Cirineo, maltratado tambin y agobiado por el cansancio, estaba lleno de indignacin y piedad; pese a la fatiga hubiera querido seguir aliviando todava a Jess, pero los alguaciles lo echaron, llenndole de injurias. Se reuni poco tiempo despus a los discpulos. Echaron tambin a toda la gente que haba venido por curiosidad.

    Los fariseos a caballo haban seguido caminos cmodos, situados al lado occidental del Calvario; desde esa altura se puede ver por encima de los muros de la ciudad. El llano que hay en la elevacin, el sitio del suplicio, es de forma circular y est rodeado de un terrapln cortado por cinco caminos; este es al parecer un nmero usual en muchos sitios del pas, en los cuales se baa, se bautiza, en la piscina de Betseda: muchos pueblos tienen tambin cinco puertas. Hay en esto, como en todo lo de la Tierra Santa, una profunda significacin proftica, a causa de la abertura de los cinco medios de salvacin en las cinco llagas del Salvador.

    Los fariseos a caballo se pararon delante de la llanura al lado occidental de la montaa, donde la cuesta es suave; el lado por donde conducen a los condenados, es spero y arduo. Cien soldados romanos se hallaban alrededor del llano dispersos ac y all. Algunos estaban con los dos ladrones, que no haban sido conducidos al llano, para dejar el lugar libre; pero a quienes haban dejado recostar en el suelo un poco ms abajo, dejndoles los brazos atados a los traveseros de las cruces. Los soldados los vigilaban mientras mucha gente, la mayor parte de baja clase, extranjeros, esclavos, paganos, muchas mujeres y todos los que no teman contaminarse, rodeaban el llano o las elevaciones prximas.

    Eran las doce menos cuarto cuando Nuestro Seor llevando su Cruz sufri la ltima cada lleg al lugar donde iba a ser crucificado y echaron a Simn. Los brbaros tiraron de Jess para levantarlo; desataron los diversos trozos de la Cruz y los depositaron en el suelo. Qu doloroso espectculo representaba el Salvador all de pie, en el sitio de su suplicio, tan triste, tan plido, tan destrozado, tan ensangrentado! Los alguaciles lo tiraron al suelo para medirlo y burlndose e insultando a Jess, le decan: "Rey de los

  • judos, deja que vamos a componer tu trono". Pero l mismo se acost sobre la Cruz y lo extendieron para tomar la medida para los soportes de sus pies y sus manos; en seguida lo condujeron setenta pasos al norte, a una especie de hoyo abierto en la roca, que pareca un silo: lo empujaron tan brutalmente, que se hubiera roto las rodillas contra la piedra, si los ngeles no lo hubiesen socorrido. Le o gemir de dolor, de un modo que parta el corazn. Cerraron la entrada y dejaron centinelas fuera, mientras los esclavos continuaban los preparativos para la crucifixin.

    En medio del llano circular estaba el punto ms elevado de la roca del Calvario; era un montculo redondeado, de dos pies de altura, al cual se suba por unos escalones. Los esclavos abrieron en ella tres hoyos, adonde deban plantarse las tres cruces, y pusieron a derecha e izquierda las cruces de los dos ladrones, excepto las piezas transversales, a las cuales ellos tenan las manos atadas, y que fueron fijadas despus sobre la pieza principal. Situaron la Cruz de Jess en el lugar donde deban situarla, de modo que despus pudieran levantarla sin dificultad para dejarla caer dentro del agujero. Clavaron los dos brazos y el pedazo de madera para sostener los pies. Horadaron la madera para meter los clavos y colgar la inscripcin. Hicieron incisiones para la cabeza y la espalda de Nuestro Seor, a fin de que todo su Cuerpo fuese sostenido por la Cruz y no colgado, y que todo el peso no dependiera de las manos, ya que entonces podran abrirse y llegar la muerte ms rpido de lo deseado. Clavaron estacas en la tierra y fijaron en ellas un madero que deba servir de apoyo a las cuerdas para levantar la Cruz, e hicieron, en fin, otros preparativos similares.

    XXVIMara y las santas mujeres van al Calvario

    La afligida Madre, fue recogida sin conocimiento por Juan y las Santas mujeres despus de su doloroso encuentro con Jess portando la Cruz; habase retirado a casa de Lzaro, cerca de la puerta del ngulo donde estaban reunidas Marta, Magdalena y otras santas mujeres; diecisiete de ellas abandonaron la casa para seguir a Jess en el camino de la Pasin, es decir, para seguir cada paso que l hubiera dado en su penoso avance. Las vi cubiertas con sus velos ir a la plaza sin hacer caso de las injurias del pueblo, besar el suelo en donde Jess haba cargado con la Cruz y as seguir adelante por todo el camino que l haba seguido. Mara buscaba los vestigios de sus pasos e interiormente iluminada mostraba a sus compaeras los sitios consagrados por alguna circunstancia dolorosa de Jess. De este modo la devocin ms tierna de la Iglesia fue escrita por la primera vez en el corazn maternal de Mara con la espada que predijo el viejo Simen; pas de su sagrada boca a sus compaeras y de stas hasta nosotros. As la Santa Tradicin de la Iglesia se perpeta del corazn de la Madre al corazn de los hijos.

    Estas santas mujeres entraron en casa de Vernica, porque Pilatos volva por la misma calle con su escolta y no queran tropezarse con ellos; examinaron llorando la cara de Jess estampada en el sudario y admiraron la gracia que haba hecho a esta fiel sierva. Cogieron la jarrita de vino aromatizado que no haban dejado beber a Jess y se dirigieron todas juntas hacia el Glgota. Su nmero se iba incrementando con muchas otras personas de buena voluntad, entre ellas cierto nmero de hombres. Subieron al Calvario por el lado occidental, por donde la subida es ms cmoda. La Madre de Jess,

  • su sobrina Mara, hija de Cleofs, Salom y Juan, se acercaron hasta el llano circular; Marta, Mara de Hel, Vernica, Juana Chusa, Susana y Mara, madre de Marcos, se detuvieron a cierta distancia con Magdalena, que estaba transida de dolor, como fuera de s. Ms abajo de la montaa haba un tercer grupo de otras siete santas mujeres y unas pocas personas compasivas que llevaban mensajes de un grupo al otro. Los fariseos a caballo iban y venan por los alrededores de la llanura y en los cinco accesos haba soldados romanos.

    Qu espectculo para Mara el ver este sitio del suplicio, los clavos, los martillos, las cuerdas, la terrible Cruz, los verdugos medio desnudos y casi borrachos empeados en hacer los preparativos para la crucifixin con mil imprecaciones! La ausencia de Jess prolongaba y aumentaba su martirio: saba que estaba todava vivo, deseaba verlo y temblaba al pensar en los tormentos a que lo vera expuesto.

    Desde las diez de la maana, hora en que la sentencia fue pronunciada, hubo granizo por intervalos, despus el cielo se seren; mas a partir de las doce una niebla rojiza oscureci el sol.

    Pasin, Muerte y Resurreccin de JessCrucifixin de JessVisiones de la recientemente declaradaBeata Ana Catalina EmmerickEn proceso de canonizacin

    XXVII

    Jess despojado de sus vestiduras y clavado en la Cruz

    Cuatro alguaciles fueron a sacar a Jess del sitio en donde le haban encerrado. Le dieron golpes llenndole de ultrajes en estos ltimos pasos que le quedaban por andar y arrastrronle sobre la elevacin. Cuando las santas mujeres vieron al Salvador dieron dinero a un hombre para que le procurase el permiso de dar a Jess el vino aromatizado de Vernica. Mas los alguaciles las engaaron y se quedaron con el vino, ofreciendo al Seor una mezcla de vino y mirra. Jess moj sus labios, pero no bebi. En seguida los alguaciles quitaron a Nuestro Seor su capa y como no podan sacarle la tnica sin costuras que su Madre le haba hecho, a causa de la corona de espinas, arrancaron con violencia esta corona de la cabeza, abriendo todas sus heridas. No le quedaba ms que un lienzo alrededor de los riones. El Hijo del hombre estaba temblando, cubierto de llagas y despedazados sus hombros hasta los huesos. Habindole hecho sentar sobre una piedra le pusieron la corona sobre la cabeza y le presentaron un vaso con hiel y vinagre; mas Jess volvi la cabeza sin decir palabra.

    Despus que los alguaciles extendieron al Divino Salvador sobre la Cruz y habiendo estirado su brazo derecho sobre el brazo derecho de la Cruz, lo ataron fuertemente; uno de ellos puso la rodilla sobre su pecho sagrado, otro le abri la mano, y el tercero apoy sobre la carne un clavo grueso y largo, y lo clav con un martillo de hierro. Un gemido

  • dulce y claro sali del pecho de Jess y su sangre salt sobre los brazos de sus verdugos. Los clavos era muy largos, la cabeza chata y del dimetro de una moneda mediana, tenan tres esquinas y eran del grueso de un dedo pulgar a la cabeza: la punta sala detrs de la Cruz.

    Habiendo clavado la mano derecha del Salvador, los verdugos vieron que la mano izquierda no llegaba al agujero que haban abierto; entonces ataron una cuerda a su brazo izquierdo y tiraron de l con toda su fuerza, hasta que la mano lleg al agujero. Esta dislocacin violenta de sus brazos lo atorment horriblemente, su pecho se levantaba y sus rodillas se estiraban. Se arrodillaron de nuevo sobre su cuerpo, le ataron el brazo para hundir el segundo clavo en la mano izquierda; otra vez se oan los quejidos del Seor en medio de los martillazos. Los brazos de Jess quedaban extendidos horizontalmente, de modo que no cubran los brazos de la Cruz.

    La Virgen Santsima senta todos los dolores de su Hijo: Estaba cubierta de una palidez mortal y exhalaba gemidos de su pecho. Los fariseos la llenaban de insultos y de burlas. Haban clavado a la Cruz un pedazo de madera para sostener los pies de Jess, a fin de que todo el peso del cuerpo no pendiera de las manos y para que los huesos de los pies no se rompieran cuando los clavaran. Ya se haba hecho el clavo que deba traspasar los pies y una excavacin para los talones. El cuerpo de Jess se hallaba contrado a causa de la violenta extensin de los brazos. Los verdugos extendieron tambin sus rodillas atndolas con cuerdas; pero como los pies no llegaban al pedazo de madera, puesto para sostenerlos, unos queran taladrar nuevos agujeros para los clavos de las manos; otros vomitando imprecaciones contra el Hijo de Dios, decan: "No quiere estirarse, pero vamos a ayudarle". En seguida ataron cuerdas a su pierna derecha, y lo tendieron violentamente, hasta que el pie lleg al pedazo de madera. Fue una dislocacin tan horrible, que se oy crujir el pecho de Jess, quien, sumergido en un mar de dolores, exclam: "Oh Dios mo! Oh Dios mo!".

    Despus ataron el pie izquierdo sobre el derecho y habindolo abierto con una especie de taladro, tomaron un clavo de mayor dimensin para atravesar sus sagrados pies. Esta operacin fue la ms dolorosa de todas. Cont hasta treinta martillazos. Los gemidos de Jess eran una continua oracin, que contena ciertos pasajes de los salmos que se estaban cumpliendo en aquellos momentos. Durante toda su larga Pasin el divino Redentor no ha cesado de orar. He odo y repetido con l estos pasajes y los recuerdo algunas veces al rezar los salmos; pero actualmente estoy tan abatida de dolor, que no puedo coordinarlos. El jefe de la tropa romana haba hecho clavar encima de la Cruz la inscripcin de Pilatos. Como los romanos se burlaban del ttulo de Rey de los judos, algunos fariseos volvieron a la ciudad para pedir a Pilatos otra inscripcin. Eran las doce y cuarto cuando Jess fue crucificado y en el mismo momento en que elevaban la Cruz, el templo resonaba con el ruido de las trompetas que celebraban la inmolacin del cordero pascual.

    XXVIII

    Exaltacin de la Cruz

  • Los verdugos, habiendo crucificado a Nuestro Seor, alzaron la Cruz dejndola caer con todo su peso en el hueco de una pea con un estremecimiento espantoso. Jess dio un grito doloroso, sus heridas se abrieron, su sangre corri abundantemente. Los verdugos, para asegurar la Cruz, la alzaron nuevamente, clavando cinco cuas a su alrededor. Fue un espectculo horrible y doloroso el ver, en medio de los gritos e insultos de los verdugos, la Cruz vacilar un instante sobre su base y hundirse temblando en la tierra; mas tambin se elevaron hacia ella voces piadosas y compasivas. Las voces ms santas del mundo, las de las santas mujeres y de todos aquellos que tenan el corazn puro, saludaron con acento doloroso al Verbo humanado elevado sobre la Cruz. Sus manos vacilantes se elevaron para socorrerlo; pero cuando la Cruz se hundi en el hoyo de la roca con grande estruendo, hubo un momento de silencio solemne; todo el mundo pareca penetrado de una sensacin nueva y desconocida hasta entonces. El infierno mismo se estremeci de terror al sentir el golpe de la Cruz que se hundi y redobl sus esfuerzos contra ella. Las almas encerradas en el limbo lo oyeron con una alegra llena de esperanza: para ellas era el anuncio del Triunfador que se acercaba a las puertas de la Redencin. La sagrada Cruz se elevaba por primera vez en medio de la tierra, cual otro rbol de vida en el Paraso, y de las llagas de Jess salan cuatro arroyos sagrados para fertilizar la tierra y hacer de ella el nuevo Paraso. El sitio donde estaba clavada la Cruz era ms elevado que el terreno circunvecino; los pies del Salvador bastante bajos para que sus amigos pudieran besarlos. El rostro del Seor miraba al noroeste.

    XXIX

    Crucifixin de los ladrones

    Mientras crucificaban a Jess, los dos ladrones estaban tendidos de espaldas a poca distancia de los guardas que lo vigilaban. Los acusaban de haber asesinado a una mujer con sus hijos, en el camino de Jerusaln a Jop. Haban estado mucho tiempo en la crcel antes de su condenacin. El ladrn de la izquierda tena ms edad, era un gran criminal, el maestro y el corruptor del otro; los llamaban ordinariamente Dimas y Gesmas. Formaban parte de una compaa de ladrones de la frontera de Egipto, los cuales en aos anteriores, haban hospedado una noche a la Sagrada Familia, en la huida a Egipto.

    Dimas era aquel nio leproso, que en aquella ocasin fue lavado en el agua que haba servido de bao al nio Jess, curando milagrosamente su enfermedad. Los cuidados de su madre para con la Sagrada Familia fueron recompensados con este milagro. Dimas no conoca a Jess; pero como su corazn no era malo, se conmova al ver su paciencia ms que humana.

    Entretanto los verdugos ya haban plantado la Cruz del Salvador y se daban prisa para crucificar a los dos ladrones; pues el sol se oscureca ya y en toda la naturaleza haba un movimiento como cuando se acerca una tormenta. Arrimaron escaleras a las dos cruces ya plantadas y clavaron las piezas transversales. Sujetados los brazos de los ladrones a

  • los de las cruces, les ataron los puos, las rodillas y los pies, apretando las cuerdas con tal vehemencia que se dislocaron las coyunturas. Dieron gritos terribles y el buen ladrn dijo cuando lo suban: "Si nos hubieseis tratado como al pobre Galileo, no tendrais el trabajo de levantarnos as en el aire".

    Mientras tanto los ejecutores haban hecho partes de los vestidos de Jess para repartrselos. No pudiendo saber a quin le tocara su tnica inconstil trajeron una mesa con nmeros, sacaron unos dados que tenan figura de habas y la sortearon. Pero un criado de Nicodemus y de Jos de Arimatea vino a decirles que hallaran compradores de los vestidos de Jess; consintieron en venderlos y as conservaron los cristianos estos preciosos despojos.

    XXX

    Jess crucificado y los dos ladrones

    Los verdugos, habiendo plantado las cruces de los ladrones, aplicaron escaleras a la Cruz del Salvador, para cortar las cuerdas que tenan atado su Sagrado Cuerpo. La sangre, cuya circulacin haba sido interceptada por la posicin horizontal y compresin de los cordeles, corri con mpetu de las heridas y fue tal el padecimiento, que Jess inclin la cabeza sobre su pecho y se qued como muerto durante unos siete minutos. Entonces hubo un rato de silencio: se oa otra vez el sonido de las trompetas del templo de Jerusaln. Jess tena el pecho ancho, los brazos robustos; sus manos bellas y, sin ser delicadas, no se parecan a las de un hombre que las emplea en penosos trabajos. Su cabeza era de una hermosa proporcin, su frente alta y ancha; su cara formaba un lindo valo; sus cabellos, de un color de cobre oscuro, no eran muy espesos. Entre las cruces de los ladrones y la de Jess haba bastante espacio para que un hombre a caballo pudiese pasar. Los dos ladrones sobre sus cruces ofrecan un espectculo muy repugnante y terrible, especialmente el de la izquierda, que no cesaba de proferir injurias y blasfemias contra el Hijo de Dios.

    XXXI

    Primera palabra de Jess en la Cruz

    Acabada la crucifixin de los ladrones, los verdugos se retiraron y los cien soldados romanos fueron relevados por otros cincuenta, bajo el mando de Abenadar, rabe de nacimiento, bautizado despus con el nombre de Ctesifn; el segundo jefe se llamaba Casio y recibi despus el nombre de Longinos. En estos momentos llegaron doce fariseos, doce saduceos, doce escribas y algunos ancianos, que haban pedido intilmente a Pilatos que mudase la inscripcin de la Cruz y cuya rabia se haba aumentado por la negativa del gobernador. Pasando por delante de Jess, menearon

  • desdeosamente la cabeza, diciendo: "Y bien, embustero; destruye el templo y levntalo en tres das! - Ha salvado a otros y no se puede salvar a s mismo! - Si eres el Hijo de Dios, baja de la Cruz! Si es el Rey de Israel, que baje de la Cruz, y creeremos en l". Los soldados se burlaban tambin de l.

    Cuando Jess se desmay, Gesmas, el ladrn de la izquierda, dijo: "Su demonio lo ha abandonado". Entonces un soldado puso en la punta de un palo una esponja con vinagre, y la arrim a los labios de Jess, que pareci probarlo. El soldado le dijo: "Si eres el Rey de los judos, slvate t mismo". Todo esto pas mientras que la primera tropa dejaba el puesto a la de Abenadar. Jess levant un poco la cabeza, y dijo: "Padre mo, perdnalos, pues no saben lo que hacen!". Gesmas grit: "Si t eres Cristo, slvate y slvanos".

    Dimas, el buen ladrn, estaba conmovido al ver que Jess peda por sus enemigos. La Santsima Virgen, al or la voz de su Hijo, se precipit hacia la Cruz con Juan, Salom y Mara Cleofs. El centurin no los rechaz. Dimas, el buen ladrn, obtuvo en este momento, por la oracin de Jess, una iluminacin interior: reconoci que Jess y su Madre le haban curado en su niez y dijo en voz distinta y fuerte: "Cmo podis injuriarlo cuando pide por vosotros? Se ha callado, ha sufrido paciente todas vuestras afrentas, es un Profeta, es nuestro Rey, es el Hijo de Dios". Al or esta reprensin de la boca de un miserable asesino sobre la Cruz, se elev un gran tumulto en medio de los circunstantes: tomaron piedras para tirrselas; mas el centurin Abenadar no lo permiti.

    Mientras tanto la Virgen se sinti fortificada con la oracin de su Hijo y Dimas dijo a su compaero, que continuaba injurindolo: "No tienes temor de Dios, t que ests condenado al mismo suplicio? Nosostros lo merecemos justamente, recibimos el castigo de nuestros crmenes; pero ste no ha hecho ningn mal. Piensa en tu ltima hora y convirtete". Estaba iluminado y tocado: confes sus culpas a Jess, diciendo: "Seor, si me condenis, ser con justicia; pero tened misericordia de m". Jess le dijo: "T sentirs mi Misericordia". Dimas recibi en este momento la gracia de un profundo arrepentimiento. Todo lo que acabo de contar sucedi entre las doce y las doce y media y pocos minutos despus de la Exaltacin de la Cruz; pero pronto hubo un gran cambio en el alma de los espectadores, a causa de la mudanza de la naturaleza.

    XXXII

    Eclipse de sol Segunda y tercera palabras de Jess

    Cuando Pilatos pronunci la inicua sentencia, cay un poco de granizo; despus el Cielo se aclar hasta las doce, en que vino una niebla colorada que oscureci el sol: a la sexta hora, segn el modo de contar de los judos, que corresponde a las doce y media, hubo un eclipse milagroso del sol. Yo vi cmo sucedi, mas no encuentro palabras para expresarlo. Primero fui transportada como fuera de la tierra: vea las divisiones del cielo y el camino de los astros, que se Cruzaban de un modo maravilloso; vi la luna a un lado de la tierra, huyendo con rapidez, como un globo de fuego. En seguida me hall en Jerusaln y vi otra vez la luna aparecer llena y plida sobre el monte de los Olivos; vino

  • del Oriente con gran rapidez y se puso delante del sol oscurecido con la niebla. Al lado occidental del sol vi un cuerpo oscuro que pareca una montaa y que lo cubri enteramente. El disco de este cuerpo era de un amarillo oscuro y estaba rodeado de un crculo de fuego, semejante a un anillo de hierro hecho ascua. El cielo se oscureci y las estrellas aparecieron despidiendo una luz ensangrentada.

    Un terror general se apoder de los hombres y de los animales: los que injuriaban a Jess bajaron la voz. Muchos se daban golpes de pecho, diciendo: "Que la sangre caiga sobre sus verdugos!". Otros de cerca y de lejos, se arrodillaron pidiendo perdn y Jess, en medio de sus dolores, volvi los ojos hacia ellos. Las tinieblas se aumentaban y la Cruz fue abandonada de todos, excepto de Mara y de los caros amigos del Salvador. Dimas levant la cabeza hacia Jess, y con una humilde esperanza, le dijo: "Seor, acordaos de m cuando estis en vuestro reino!". Jess le respondi: "En verdad te lo digo; hoy estars conmigo en el Paraso".

    Mara peda interiormente que Jess la dejara morir con l. El Salvador la mir con una ternura inefable y volviendo los ojos hacia Juan, dijo a Mara: "Mujer, este es tu hijo". Despus dijo a Juan: "Esta es tu Madre". Juan bes respetuosamente el pie de la Cruz del Redentor. La Virgen Santsima se sinti acabada de dolor, pensando que el momento se acercaba en que su Divino Hijo deba separarse de ella. No s si Jess pronunci expresamente todas estas palabras; pero yo sent interiormente que daba a Mara por Madre a Juan y a Juan por hijo a Mara.

    En tales visiones se perciben muchas cosas y con gran claridad que no se hallan escritas en los Santos Evangelios. Entonces no parece extrao que Jess, dirigindose a la Virgen, no la llame Madre ma, sino Mujer; porque aparece como la mujer por excelencia, que debe pisar la cabeza de la serpiente, sobre todo, en este momento en el que se cumple esta promesa por la muerte de su Hijo. Tambin se comprende muy claramente que, dndola por Madre a Juan, la da por Madre a todos los que creen en su nombre y se hacen hijos de Dios. Se comprende tambin que la ms pura, la ms humilde, la ms obediente de las mujeres, que habiendo dicho al ngel: "Ved aqu la esclava del Seor, hgase en m segn tu palabra", se hizo Madre del Verbo hecho hombre: oyendo la voz de su Hijo moribundo obedece y consiente en ser la Madre espiritual de otro hijo, repitiendo en su corazn estas mismas palabras con una humilde obediencia y adopta por hijos suyos a todos los hijos de Dios, a todos los hermanos de Jesucristo. Es ms fcil sentir todo esto por la gracia de Dios, que expresarlo con palabras y entonces me acuerdo de lo que me haba dicho una vez el Padre Celestial: "Todo est revelado a los hijos de la Iglesia que creen, que esperan y que aman".

    XXXIII

    Estado de la ciudad y del templo - Cuarta y quinta palabra de Jess

    Era poco ms o menos la una y media; fui transportada a la ciudad para ver lo que pasaba. La hall llena de agitacin y de inquietud; las calles estaban oscurecidas por una niebla espesa; los hombres, tendidos por el suelo con la cabeza cubierta; unos se daban golpes de pecho, y otros suban a los tejados, mirando al cielo y se lamentaban. Los

  • animales aullaban y se escondan; las aves volaban bajo y se caan. Pilatos mand venir a su palacio a los judos ms ancianos y les pregunt qu significaban aquellas tinieblas; les dijo que l las miraba como un signo espantoso, que su Dios estaba irritado contra ellos, porque haban perseguido de muerte al Galileo, que era ciertamente su Profeta y su Rey; que l se haba lavado las manos; que era inocente de esa muerte; mas ellos persistieron en su endurecimiento, atribuyendo todo lo que pasaba a causas que no tenan nada de sobrenatural. Sin embargo, mucha gente se convirti y todos aquellos soldados que presenciaron la prisin de Jess en el monte de los Olivos, que entonces cayeron y se levantaron.

    La multitud se reuna delante de la casa de Pilatos y en el mismo sitio en que por la maana haban gritado: "Que muera! que sea crucificado!", ahora gritaba: "Muera el juez inicuo! que su sangre recaiga sobre sus verdugos!". El terror y la angustia llegaban a su como en el templo. Se ocupaban en la inmolacin del cordero pascual, cuando de pronto anocheci. Los prncipes de los sacerdotes se esforzaron en mantener el orden y la tranquilidad, encendieron todas las lmparas; pero el desorden aumentaba cada vez ms. Yo vi a Ans, aterrorizado, correr de un rincn a otro para esconderse.

    Cuando me encamin para salir de la ciudad, los enrejados de las ventanas temblaban y sin embargo no haba tormenta. Entretanto la tranquilidad reinaba alrededor de la Cruz. El Salvador estaba absorto en el sentimiento de un profundo abandono; se dirigi a su Padre Celestial, pidindole con amor por sus enemigos. Sufra todo lo que sufre un hombre afligido, lleno de angustias, abandonado de toda consolacin divina y humana, cuando la fe, la esperanza y la caridad se hallan privadas de toda luz y de toda asistencia sensible en el desierto de la tentacin y a solas en medio de un padecimiento infinito. Este dolor no se puede expresar. Entonces fue cuando Jess nos alcanz la fuerza de resistir a los mayores terrores del abandono, cuando todas las afecciones que nos unen a este mundo y a esta vida terrestre se rompen y que, al mismo tiempo, el sentimiento de la otra vida se oscurece y se apaga: nosotros no podemos salir victoriosos de esta prueba sino uniendo nuestro abandono a los mritos del suyo sobre la Cruz. Jess ofreci por nosotros su misericordia, su pobreza, sus padecimientos y su abandono: por eso el hombre, unido a l en el seno de la Iglesia, no debe desesperar en la hora suprema, cuando todo se oscurece, cuando toda luz y toda consolacin desaparecen. Jess hizo su testamento delante de Dios y dio todos sus mritos a la Iglesia y a los pecadores. No olvid a nadie; pidi an por esos herejes que dicen que Jess, siendo Dios, no sinti los dolores de su Pasin; y que no sufri lo que hubiera padecido un hombre en el mismo caso. En su dolor nos mostr su abandono con un grito, y permiti a todos los afligidos que reconocen a Dios por su Padre un quejido filial y de confianza.

    A las tres, Jess grit en alta voz: "Eli, Eli, lamma sabactani!". Lo que significa: "Dios mo! Dios mo! Por qu me has abandonado?". El grito de Nuestro Seor interrumpi el profundo silencio que reinaba alrededor de la Cruz: los fariseos se volvieron hacia l y uno de ellos le dijo: "Llama a Elas". Otro dijo: "Veremos si Elas vendr a socorrerlo". Cuando Mara oy la voz de su Hijo, nada pudo detenerla. Vino al pie de la Cruz con Juan, Mara, hija de Cleofs, Magdalena y Salom. Mientras el pueblo temblaba y gema, un grupo de treinta hombres de la Judea y de los contornos de Jop pasaban por all para ir a la fiesta y cuando vieron a Jess crucificado y los signos amenazadores que presentaba la naturaleza, exclamaron llenos de horror: "Mal halla esta ciudad! Si el templo de Dios no estuviera en ella, merecera que la quemasen por

  • haber tomado sobre s tal iniquidad". Estas palabras fueron como un punto de apoyo para el pueblo y todos los que tenan los mismos sentimientos se reunan.

    Los circunstantes se dividieron en dos partidos: los unos lloraban y murmuraban, los otros pronunciaban injurias e imprecaciones. Sin embargo, los fariseos ya no ostentaban la misma arrogancia que antes y ms bien, temiendo una insurreccin popular, se entendieron con el centurin Abenadar. Dieron rdenes para cerrar la puerta ms cercana de la ciudad y cortar toda comunicacin. Al mismo tiempo enviaron un expreso a Pilatos y Herodes, para pedir al primero quinientos hombres y al segundo, sus guardias para impedir una insurreccin. Mientras tanto, el centurin Abenadar mantena el orden e impeda los insultos contra Jess, para no irritar al pueblo. Poco despus de las tres, paulatinamente desaparecieron las tinieblas. Los enemigos de Jess recobraron su arrogancia conforme la luz volva. Entonces fue cuando dijeron: "Llama a Elas!".

    Por la prdida de sangre el sagrado cuerpo de Jess estaba plido y sintiendo una sed abrasadora, dijo: "Tengo sed". Uno de los soldados moj una esponja en vinagre y habindola rociado de hiel, la puso en la punta de su lanza para presentarla a la boca del Seor. De estas palabras que dijo recuerdo solamente las siguientes: "Cuando mi voz no se oiga ms, la boca de los muertos hablar". Entonces algunos gritaron: "Blasfema todava". Mas Abenadar les mand estarse quietos.

    Pasin, Muerte y Resurreccin de Jess Muerte y sepultura de JessVisiones de la recientemente declaradaBeata Ana Catalina EmmerickEn proceso de canonizacin

    XXXIV

    Muerte de JessSexta y sptima palabras.

    La hora del Seor haba llegado: un sudor fro corri sus miembros, Juan limpiaba los pies de Jess con su sudario. Magdalena, partida de dolor, se apoyaba detrs de la Cruz. La Virgen Santsima de pie entre Jess y el buen ladrn, miraba el rostro de su Hijo moribundo. Entonces Jess dijo: "Todo est consumado!". Despus alz la cabeza y grit en alta voz: "Padre mo, en tus manos encomiendo mi espritu". Fue un grito dulce y fuerte, que penetr el cielo y la tierra: enseguida inclin la cabeza y rindi el espritu.

    Juan y las santas mujeres cayeron de cara sobre el suelo. El centurin Abenadar tena los ojos fijos en la cara ensangrentada de Jess, sintiendo una emocin muy profunda. Cuando el Seor muri, la tierra tembl, abrindose el peasco entre la Cruz de Jess y la del mal ladrn. El ltimo grito del Redentor hizo temblar a todos los que le oyeron. Entonces fue cuando la gracia ilumin a Abenadar. Su corazn, orgulloso y duro, se

  • parti como la roca del Calvario; tir su lanza, se dio golpes en el pecho gritando con el acento de un hombre nuevo: "Bendito sea el Dios Todopoderoso, el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob; ste era justo; es verdaderamente el Hijo de Dios!". Muchos soldados, pasmados al or las palabras de su jefe, hicieron como l. Abenadar, convertido del todo, habiendo rendido homenaje al Hijo de Dios, no quera estar ms al servicio de sus enemigos. Dio su caballo y su lanza a Casio, el segundo oficial, quien tom el mando y habiendo dirigido algunas palabras a los soldados, se fue en busca de los discpulos del Seor, que se mantenan ocultos en las grutas de Hinnn. Les anunci la muerte del Salvador y se volvi a la ciudad a casa de Pilatos.

    Cuando Abenadar dio testimonio de la divinidad de Jess, muchos soldados hicieron como l: lo mismo hicieron algunos de los que estaban presentes y an algunos fariseos de los que haban venido ltimamente. Mucha gente se volva a su casa dndose golpes de pecho y llorando. Otros rasgaron sus vestidos y se cubrieron con tierra la cabeza. Era poco ms de las tres cuando Jess rindi el ltimo suspiro. Los soldados romanos vinieron a guardar la puerta de la ciudad y a ocupar algunas posiciones para evitar todo movimiento tumultuoso. Casio y cincuenta soldados se quedaron en el Calvario.

    XXXVTemblor de tierra Aparicin de los muertos en Jerusaln

    Cuando Jess expir, vi su alma rodeada de mucha luz, entrar en la tierra, al pie de la Cruz; muchos ngeles, entre ellos Gabriel, la acompaaron. Estos ngeles arrojaron de la tierra al abismo una multitud de malos espritus. Jess envi desde el limbo muchas almas a sus cuerpos para que atemorizaran a los impenitentes y dieran testimonio de l.

    En el templo, los prncipes de los sacerdotes haban continuado el sacrificio, interrumpido por el espanto que les causaron las tinieblas y crean triunfar con la vuelta de la luz; mas de pronto la tierra tembl, el ruido de las paredes que se caan y del velo del templo que se rasgaba, les infundi un terror espantoso. Se vio de repente aparecer en el santuario al sumo sacerdote Zacaras, muerto entre el templo y el altar, pronunciar palabras amenazadoras; habl de la muerte del otro Zacaras, padre de Juan Bautista, de la de Juan Bautista y en general de la muerte de los profetas. Dos hijos del piadoso sumo sacerdote Simn el Justo se presentaron cerca del gran plpito y hablaron igualmente de la muerte de los profetas y del sacrificio que iba a cesar. Jeremas se apareci cerca del altar y proclam con voz amenazadora el fin del antiguo sacrificio y el principio del nuevo.

    Estas apariciones, habiendo tenido lugar en los sitios en donde slo los sacerdotes podan tener conocimiento de ellas, fueron negadas o calladas y prohibieron hablar de ellas bajo seversimas penas. Pero pronto se oy un gran ruido: las puertas del santuario se abrieron y una voz grit: "Salgamos de aqu". Nicodemus, Jos de Arimatea y otros muchos abandonaron el templo. Muertos resucitados se vean asimismo que andaban por el pueblo. Ans que era uno de los enemigos ms acrrimos de Jess, estaba casi loco de terror: hua de un rincn a otro, en las piezas ms retiradas del templo. Caifs quiso animarlo, pero fue en vano: la aparicin de los muertos lo haba consternado.

  • Dominado Caifs por el orgullo y la obstinacin, aunque sobrecogido por el terror, no dej traslucir nada de lo que senta, oponiendo su frrea frente a los signos amenazadores de la Ira Divina. No pudo, a pesar de sus esfuerzos, hacer continuar la ceremonia. Dijo y mand decir a los otros sacerdotes que estos signos de la ira del cielo haban sido ocasionados por los secuaces del Galileo, que muchas cosas provenan de los sortilegios de ese hombre que, en su muerte como en su vida haba agitado el reposo del templo.

    Mientras todo esto pasaba en el templo, el mismo sobresalto reinaba en muchos sitios de Jerusaln. No slo en el Templo hubo apariciones de muertos: tambin ocurrieron en la ciudad y sus alrededores. Entraron en las casas de sus descendientes y dieron testimonio de Jess con palabras severas contra los que haban tomado parte en su muerte. Plidos o amarillos, su voz dotada de un sonido extrao e inaudito, iban amortajados segn la usanza del tiempo en que vivan: al llegar a los sitios en donde la sentencia de muerte de Jess fue proclamada, se detuvieron un momento y gritaron: "Gloria a Jess y maldicin a sus verdugos!". El terror y el pnico producidos por estas apariciones fue grande: el pueblo se retir por fin a sus moradas, siendo muy pocos los que comieron por la noche el Cordero pascual.

    XXXVIJos de Arimatea pide a Pilatos el cuerpo de Jess

    Apenas se restableci un poco la tranquilidad en la ciudad, el gran consejo de los judos pidi a Pilatos que mandara romper las piernas a los crucificados, para que no estuvieran en la cruz el sbado. Pilatos dio las rdenes necesarias. En seguida Jos de Arimatea vino a verle; pues con Nicodemus haban formado el proyecto de enterrar a Jess en un sepulcro nuevo, que haba hecho construir a poca distancia del Calvario. Habl a Pilatos, pidindole el cuerpo de Jess. Pilatos se extra que un hombre tan honorable pidiese con tanta instancia el permiso de rendir los ltimos honores al que haba hecho morir tan ignominiosamente. Hizo llamar al centurin Abenadar, vuelto ya despus de haber conversado con los discpulos y le pregunt si el Rey de los judos haba expirado. Abenadar le cont la muerte del Salvador, sus ltimas palabras, el temblor de tierra y la roca abierta por el terremoto. Pilatos pareci extraar slo que Jess hubiera muerto tan pronto, porque ordinariamente los crucificados vivan ms tiempo; pero interiormente estaba lleno de angustia y de terror por la coincidencia de esas seales con la muerte de Jess. Quiz quiso en algo reparar su crueldad dando a Jos de Arimatea el permiso de tomar el cuerpo de Jess. Tambin tuvo la mira de dar un desaire a los sacerdotes, que hubiesen visto gustosos a Jess enterrado ignominiosamente entre dos ladrones. Envi un agente al Calvario para ejecutar sus rdenes, que fue Abenadar. Le vi asistir al descendimiento de la Cruz.

    XXXVIIAbertura del costado de Jess Milagro de la vista de Casio

  • Mientras tanto el silencio y el duelo reinaban sobre el Glgota. El pueblo atemorizado se haba dispersado; Mara, Juan, Magdalena, Mara hija de Cleofs y Salom, estaban de pie o sentadas en frente de la Cruz, la cabeza cubierta y llorando. Se notaban algunos soldados recostados sobre el terrapln que rodeaba la llanura; Casio, a caballo, iba de un lado a otro. El cielo estaba oscuro y la naturaleza pareca enlutada.

    Pronto llegaron seis alguaciles con escalas, azadas, cuerdas y barras de hierro para romper las piernas a los crucificados. Cuando se acercaron a la Cruz, los amigos de Jess se apartaron un poco y la Virgen Santsima tema que ultrajasen an el cuerpo de su Hijo. Aplicaron las escalas a la Cruz para asegurarse de que Jess estaba muerto. Habiendo visto que el cuerpo estaba fro y rgido lo dejaron y subieron a las cruces de los ladrones. Dos alguaciles les quebraron los brazos por encima y por debajo de los codos con sus martillos. Gesmas daba gritos horribles y le pegaron tres golpes sobre el pecho para acabarlo de matar. Dimas lanz un gemido y expir, siendo el primero de los mortales que volvi a ver a su Redentor.

    Los verdugos dudaban todava de la muerte de Jess. El modo horrible como haban fracturado los miembros de los ladrones haca temblar a las santas mujeres por el cuerpo del Salvador. Mas el subalterno Casio, hombre de veinticinco aos, cuyos ojos bizcos excitaban la befa de sus compaeros, tuvo una inspiracin sbita. La ferocidad brbara de los verdugos, la angustia de las santas mujeres y el ardor grande que excit en l la Divina gracia, le hicieron cumplir una profeca. Empu la lanza y dirigiendo su caballo hacia la elevacin donde estaba la Cruz, se puso entre la del buen ladrn y la de Jess. Tom su lanza con las dos manos y la clav con tanta fuerza en el costado derecho del Seor, que la punta atraves el corazn, un poco ms abajo del pulmn izquierdo. Cuando la retir sali de la herida una cantidad de sangre y agua que llen su cara, que fue para l bao de salvacin y de gracia. Se ape y de rodillas, en tierra, se dio golpes de pecho, confesando a Jess en alta voz. La Virgen Santsima y sus amigas, cuyos ojos estaban siempre fijos en Jess, vieron con inquietud la accin de ese hombre y se precipitaron hacia la Cruz dando gritos. Mara cay en los brazos de las santas mujeres, como si la lanza hubiese atravesado su propio corazn, mientras Casio, de rodillas, alababa a Dios; pues los ojos de su cuerpo y de su alma se haban curado y abierto a la luz.

    Todos estaban conmovidos profundamente a la vista de la sangre del Salvador, que haba cado en un hoyo de la pea, al pie de la Cruz. Casio, Mara, las santas mujeres y Juan recogieron la sangre y el agua en frascos y limpiaron el suelo con paos. Casio, que haba recobrado toda la plenitud de su vista, estaba en una humilde contemplacin. Los soldados, sorprendidos del milagro que haba obrado en l, se hincaron de rodillas, dndose golpes de pecho y confesaron a Jess. Casio, bautizado con el nombre de Longinos, predic la fe como dicono y llev siempre sangre de Jess sorbe s. Esta se haba secado y se hall en su sepulcro, en Italia, en una ciudad a poca distancia del sitio donde vivi Santa Clara. Hay un lago con una isla cerca de esta ciudad. El cuerpo de Longinos debe haber sido transportado a ella. Los alguaciles que, mientras tanto, haban recibido orden de Pilatos de no tocar el cuerpo de Jess, no volvieron.

  • XXXVIIIEl descendimiento

    En el momento en que la Cruz se qued sola y rodeada de algunos guardias, vi a cinco personas que haban venido de Betania por el valle acercarse al Calvario, elevar los ojos hacia la Cruz y alejarse furtivamente. Creo que eran discpulos. Tres veces me encontr en las inmediaciones a dos hombres deliberando y consultndose. Eran Jos de Arimatea y Nicodemo. La primera vez los vi en las inmediaciones de la crucifixin, quiz cuando mandaron a comprar las vestiduras que iban a repartirse los esbirros; otra vez, cuando, despus de ver que la muchedumbre se dispersaba fueron al sepulcro a preparar algunas cosas. La tercera fue cuando volvan a la Cruz mirando a todas partes, como si esperasen una ocasin favorable. Entonces quedaron de acuerdo en como bajaran el Cuerpo del Salvador de la Cruz y se volvieron a la ciudad.

    Su siguiente paso fue ocuparse de transportar los objetos necesarios para embalsamar el Cuerpo del Seor. Sus criados cogieron algunos instrumentos para desenclavarlo de la Cruz. Nicodemo haba comprado cien libras de races, que equivalan a treinta y siete libras de nuestro peso, como me han explicado. Sus servidores llevaban una parte de esos aromas en pequeos recipientes hechos de corcho colgados del cuello sobre el pecho. En uno de esos corchos haba unos polvos y llevaban tambin algunos paquetes de hierbas en sacos de pergamino o de piel. Jos tom consigo adems una caja de ungento; en fin, todo lo necesario.

    Los criados prepararon fuego en una linterna cerrada y salieron de la ciudad antes que sus seores, por otra puerta encaminndose despus hacia el Calvario. Pasaron por delante de la casa donde la Virgen, Juan y las santas mujeres haban ido a coger diversas cosas para embalsamar el Cuerpo de Jess. Juan y las santas mujeres siguieron a los criados a corta distancia. Haba cinco mujeres, algunas llevaban debajo de los mantos largos, lienzos de tela. Las mujeres tenan la costumbre, cuando salan por la noche o para hacer secretamente alguna accin piadosa, de envolverse con una sbana larga. Comenzaban por un brazo y se iban rodeando el resto del cuerpo con la tela tan estrechamente que apenas podan caminar. Yo las he visto as ataviadas. En esa ocasin presentaban un aspecto mucho ms extrao a mis ojos. Iban vestidas de lujo. Jos y Nicodemo llevaban tambin vestidos de lujo, de mangas negras y cintura ancha. Sus mantos que se haban echado sobre su cabeza, eran anchos, largos y de color pardo. Les servan para esconder lo que llevaban.

    Se encaminaron hacia la puerta que conduce al Calvario. Las calles estaban desiertas, el terror general haca que todo el mundo permaneciese encerrado en sus casas. La mayora de ellos empezaban a arrepentirse, y muy pocos celebraban la fiesta. Cuando Jos y Nicodemo llegaron a la puerta, la hallaron cerrada y todo alrededor, el camino y las calles lleno de soldados. Eran los mismos que los fariseos haban solicitado a las dos, cuando teman una insurreccin, y hasta entonces no haban recibido orden ninguna de regresar. Jos present la orden firmada por Pilatos para dejarlo pasar libremente. Los soldados la encontraron conforme mas le dijeron que haban intentado abrir ya la puerta antes, sin poderlo conseguir y que, sin duda el terremoto deba de haberla desencajado por alguna parte, y que por esa razn, los esbirros encargados de romper las

  • piernas a los crucificados haban tenido que pasar por otra puerta. Pero cuando Jos y Nicodemo probaron, la puerta se abri sola, dejando a todos atnitos.

    El cielo estaba todava oscuro y nebuloso; cuando llegaron al Calvario se encontraron con sus criados y las santas mujeres que lloraban sentadas en frente de la Cruz. Casio y muchos soldados, que se haban convertido, estaban a cierta distancia, tmidos y respetuosos. Jos y Nicodemus contaron a La Virgen y a Juan todo lo que haban hecho para librar a Jess de una muerte ignominiosa y cmo haban obtenido que no rompiesen los huesos al Seor y la profeca se haba cumplido. Hablaron tambin de la lanzada de Casio. Entre tanto lleg el centurin Abenadar y luego comenzaron en medio de la tristeza y de un profundo recogimiento, su dolorosa y piadosa obra del descendimiento de Jess y el embalsamamiento del sagrado Cuerpo del Seor.

    La Santsima Virgen y Magdalena esperaban sentadas al pie de la Cruz, a la derecha, entre la cruz de Dimas y la de Jess; las otras mujeres estaban ocupadas en preparar los paos, los aromas, el agua, las esponjas y las vasijas. Casio se acerc tambin y le cont a Abenadar la milagrosa curacin de la vista. Todos se sentan muy conmovidos, llenos de tristeza y de amor y al mismo tiempo silenciosos y solemnes; slo cuando la prontitud y la atencin que exigan esos cuidados piadosos, lo permitan, se oan lamentos y gemidos ahogados. Sobretodo Magdalena, se hallaba entregada enteramente a su dolor, y nada poda consolarla ni distraerla, ni la presencia de los dems ni alguna otra consideracin.

    Nicodemus y Jos pusieron las escaleras detrs de la Cruz, subieron con unos lienzos, ataron el Cuerpo de Jess por debajo de los brazos y de las rodillas al tronco de la Cruz con las piezas de lino y fijaron asmismo los brazos por las muecas. Entonces, fueron arrancando los clavos, martillendolas por detrs. Las manos de Jess no se movieron mucho a pesar de los golpes, y los clavos salieron fcilmente de las llagas, que se haban abierto grandemente debido al peso del Cuerpo. La parte inferior del Cuerpo, que, al expirar Nuestro Seor haba quedado cargado sobre las rodillas, reposaba en su posicin natural, sostenida por una sbana atada a los brazos de la Cruz. Mientras Jos sacaba el clavo izquierdo y dejaba ese brazo, sujeto por el lienzo caer sobre el Cuerpo, Nicodemo iniciaba la misma operacin con el brazo derecho, y levantaba con cuidado su cabeza, coronada de espinas, que haba cado sobre el hombro de ese lado. Entonces arranc el clavo derecho, y dej caer despacio el brazo, sujeto con una tela, sobre el Cuerpo. Al mismo tiempo, el centurin Abenadar arrancaba con esfuerzo el gran clavo de los pies. Casio recogi religiosamente los clavos y los puso a los pies de la Virgen.

    Sin perder un segundo, Jos y Nicodemo llevaron la escalera a la parte delante de la Cruz, la apoyaron casi recta y muy cerca del Cuerpo; desataron el lienzo de arriba y lo colgaron a uno de los ganchos que haban colocado previamente en la escalera, hicieron lo mismo con los otros dos lienzos, y bajndolos de gancho en gancho, consiguieron ir separando despacio el Sagrado Cuerpo de la Cruz hasta llegar enfrente del centurin, que, subido en un banco, lo rode con sus brazos por debajo de las rodillas, y lo fue bajando, mientras jos y Nicodemus, sosteniendo la parte superior del Cuerpo iban bajando escaln por escaln con las mayores precauciones; como cuando se lleva el cuerpo de un amigo gravemente herido, as el Cuerpo del Salvador fue llevado hasta abajo. Fue un espectculo muy tierno; tenan el mismo cuidado, las mismas precauciones como si hubiesen temido causar algn dolor a Jess: parecan haber concentrado sobre el Sagrado Cuerpo, todo el amor y la veneracin que haban sentido

  • hacia el Salvador durante su vida. Todos los circunstantes tenan los ojos fijos en el grupo y y el Cuerpo del Seor y contemplaban todos sus movimientos; a cada instante levantaban las manos al cielo, derramaban lgrimas y daban seales del ms profundo dolor. Todos estaban penetrados de un respeto profundo, hablando slo en voz baja para ayudarse o avisarse los unos a otros.

    Mientras los martillazos se oan, Mara, Magdalena y todos los que estubieran presentes en la crucifixin, tenan el corazn partido. El ruido de esos golpes les recordaba los padecimientos de Jess; temblaban al recordar el grito penetrante de sus sufrimientos y al mismo tiempo se afligan del silencio de su boca divina, prueba incontestable de su muerte.

    Habiendo descendido del todo los tres hombres el Santo Cuerpo, lo envolvieron desde las rodillas hasta la cintura y lo pusieron en los brazos de su Madre, que los tenda hacia el Hijo poseda de dolor y de amor.

    El embalsamamiento

    La Virgen Santsima se sent sobre una amplia tela extendida sobre el suelo; con la rodilla derecha un poco levantada y un hatillo de ropas en la espalada. Lo haban dispuesto todo para facilitar a la Madre de alma profundamente afligida, la Madre de los dolores. Las tristes honras fnebres que iban a dispensar al Cuerpo de su Hijo. La sagrada cabeza de Jess estaba reclinada sobre las rodillas de la Madre; su Cuerpo, tendido sobre una sbana. La Virgen Santsima sostena por ltima vez en sus brazos el Cuerpo de su querido Hijo, a quien no haba podido dar ninguna prueba de su amor en todo su martirio; contempl sus heridas, cubri de sculos su cara ensangrentada, mientras Magdalena reposaba la suya sobre sus pies.

    Mientras los hombres se retiraron a una hondonada pequea al suroeste del Calvario, a preparar todo para el embalsamamiento del cadver. Casio, con algunos de los soldados que se haban convertido al Seor, se mantena a una distancia respetuosa. Toda la gente malintencionada se haba vuelto a la ciudad y los soldados presentes formaban nicamente una guardia de seguridad para impedir que nadie interrumpiese los ltimos honores que iban a ser rendidos a Jess. Algunos de esos soldados prestaban su ayuda cuando se lo pedan. Las santas mujeres entregaban vasijas, esponjas, paos, ungentos y aromas, cuando les era requerido y el resto del tiempo permanecan atentas a corta distancia. Magdalena no se apartaba del Cuerpo de Jess, pero Juan daba continuo apoyo a La Virgen e iba de aqu para all, serva de mensajero entre las mujeres y los hombres, ayudando a unas y otros. Las mujeres tenan a su lado botas incipientes a su lado de boca ancha y un jarro de agua, puesto sobre un fuego de carbn. Entregaban a Mara y a Magdalena, conforme lo necesitaban, vasijas llenas de agua y esponjas que expriman despus en los recipientes de cuero.

    La Virgen Santsima conservaba un valor admirable en su indecible dolor. Era absolutamente imposible dejar el Cuerpo de su Hijo en el estado en que lo haba dejado el suplicio, por lo que procedi con inefable dedicacin a lavarlo y a limpiarle las seales de los ultrajes que haba recibido. Le quit, con la mayor precaucin la corona de espinas, abrindola por atrs y contando una por una las espinas clavadas en la

  • cabeza de Jess, para no abrir las heridas al intentar arrancarlas. Puso la corona junto a los clavos, entonces La Virgen fue sacando los restos de espinas que haban quedado, con una especie de pinzas redondas y las ense con tristeza a sus compaeras.

    El divino Rostro de Nuestro Seor, apenas se poda conocer, tan desfigurado estaba con las llagas que lo cubra, la barba y el cabello estaban apelmazados por la sangre. Mara le alz suavemente la cabeza y con esponjas mojadas fue lavndole la sangre seca. Conforme lo haca, las horribles crueldades ejercidas sobre Jess se hacan ms visibles en el Rostro de Jess y se acrecentaban herida tras herida. Lav las llagas de la cabeza, la sangre que cubra los ojos, la nariz y las orejas de Jess, con una pequea esponja y un pao extendido sobre los dedos de su mano derecha. Lav del mismo modo, su boca entreabierta, la lengua, los dientes y los labios. Limpi y desenred lo que restaba del cabello del Salvador y lo dividi en tres partes, una sobre cada sien y la tercera sobre su nuca.

    Tras haberle limpiado la cara, La Santsima Virgen se la cubri despus de haberla besado, luego se ocup del cuello, de los hombros y el cuello, de los brazos y de las manos. Todos los huesos del pecho, todas las coyunturas de los miembros estaban dislocados y no podan doblarse. El hombro que haba llevado la Cruz, era una llaga enorme, toda la parte superior del Cuerpo estaba cubierta de heridas y desgarrada por los azotes. Cerca del pecho izquierdo se vea una pequea abertura, por donde haba salido la punta de la lanza de Casio. Y en el lado derecho, el ancho corte por donde haba entrado la lanza que le haba atravesado el corazn.

    La Virgen Mara lav todas las llagas de Jess. Mientras Magdalena, de rodillas le ayudaba en algn momento, pero si apartarse de los pies de Jess que baaba con lgrimas y secaba con sus cabellos. La cabeza, el pecho y los pies del Salvador estaban ya limpios: el Sagrado Cuerpo, blanco y azulado como carne sin sangre, lleno de manchas moradas y rojas, all donde se le haba arrancado la piel reposaba sobre las rodillas de la Madre, que fue abriendo las partes elevadas, despus se encarg de embalsamar todas las heridas, empezando por la cara.

    Las santas mujeres arrodilladas frente a Mara, le presentaron una caja donde sacaba algn ungento precioso con el que untaba las heridas y tambin el cabello. Tom en su mano izquierda las manos de su Hijo, las bes con amor y llen con ungento y perfume las heridas de los clavos. Ungi tambin las orejas, la nariz y la herida del costado. No tiraban el agua que haban usado, sino que la vertan dentro de las botas de cuero, en las que expriman las esponjas. Yo vi muchas veces a Casio ir por agua a la fuente de Gihn, que estaba bastante cerca. Cuando La Virgen hubo ungido todas las heridas, envolvi la cabeza del Salvador en paos, mas no cubri todava la cara; le cerr los ojos entreabiertos y dej reposar un tiempo su mano sobre ellos. Cerr su boca y abraz el Sagrado Cuerpo de su Hijo y dej caer su cara sobre la de l.

    Jos y Nicodemo llevaban un rato esperando en respetuoso silencio cuando Juan, acercndose a la Virgen, le suplic que se separase de su Hijo para que le pudieran embalsamar, porque se acercaba el sbado. Mara abraz el Cuerpo de su Hijo y se despidi de l en los trminos ms tiernos. Entonces los hombres cogieron la sbana donde estaba depositado el Cuerpo y as lo tomaron de los brazos de su Madre y lo llevaron aparte para embalsamarlo. Mara Santsima de nuevo abandonada a su dolor, que haban aliviado un poco los tiernos cuidados dispensados al Cuerpo de Nuestro

  • Seor, se derrumb ahora con la cabeza cubierta en brazos de las santas mujeres. Magdalena como si hubieran querido robarle a su amado corri algunos pasos hacia l con los brazos abiertos, pero tras un momento volvi junto a la Santsima Virgen.

    El Sagrado Cuerpo fue trasladado a un sitio ms bajo y all lo depositaron encima de una roca plana, que era un lugar adecuado para embalsamarlo. Vi como primero pusieron sobre la roca un lienzo de malla, seguramente para dejar que corriese el agua; tendieron el Cuerpo sobre ese lienzo calado y mantuvieron otra sbana extendida sobre l. Jos y Nicodemo se arrodillaron y, debajo de esta cubierta, le quitaron el pao con el que lo haban cubierto al descenderlo de la Cruz y el lienzo de la cintura, y con esponjas le lavaron todo el Cuerpo, lo untaron con mirra, perfume y espolvorearon las heridas con unos polvos que haba comprado Nicodemo y, finalmente envolvieron la parte inferior del Cuerpo.

    Entonces llamaron a las santas mujeres, que se haban quedado al pie de la Cruz. Mara Santsima se arrodill cerca de la cabeza de Jess, puso debajo un lienzo muy fino que le haba dado la mujer de Pilatos, y que llevaba Ella alrededor de su cuello, bajo su manto; despus, con la ayuda de las santas mujeres lo ungi desde los hombros hasta la cara con perfumes, aromas y perfumes aromticos. Magdalena ech un frasco de blsamo en la llaga del costado y las santas mujeres pusieron tambin hierbas en las llagas de las manos y de los pies. Despus, los hombres envolvieron el resto del Cuerpo, cruzaron los brazos de Jess sobre su pecho y envolvieron su Cuerpo en la gran sbana blanca hasta el pecho, ataron una venda alrededor de la cabeza y de todo el pecho. Finalmente colocaron al Dios Salvador en diagonal sobre la gran sbana de seis varas que haba comprado Jos de Arimatea y lo envolvieron con ella; una punta de la sbana fue doblada desde los pies hasta el pecho y la otra sobre la cabeza y los hombros; las otras dos, envueltas alrededor del Cuerpo.

    Cuando la Santsima Virgen, las santas mujeres, los hombres, todos los que, arrodillados rodeaban el Cuerpo del Seor para despedirse de l, se oper delante de sus ojos un conmovedor milagro: el Sagrado Cuerpo de Jess, con sus heridas, apareci representado sobre el lienzo que lo cubra, como si hubiese querido recompensar su celo y su amor y dejarles su retrato a travs de los velos que lo cubran. Abrazaron su adorable Cuerpo llorando y reverentemente besaron la milagrosa imagen que les haba dejado. Su asombro aument cuando, alzando la sbana, vieron que todas las vendas que envolvan el Cuerpo estaban blancas como antes y que solamente en la sbana superior haba quedado fijada la milagrosa imagen. No eran manchas de las heridas sangrantes, puesto que todo el Cuerpo estaba envuelto y embalsamado, era un retrato sobrenatural, un testimonio de la divinidad creadora, que resida siempre en el Cuerpo de Jess. Esta sbana qued despus de la Resurreccin en poder de los amigos de Jess; cay tambin dos veces en manos de los judos y fue venerada ms tarde en diferentes lugares. Yo la he visto en Asia, en casa de cristianos no catlicos; he olvidado el nombre de la ciudad, que estaba situada en un lugar cercano al pas de los tres Reyes Magos. (Vase Sbana Santa)

    XXXIXJess colocado en el sepulcro

  • Los hombres pusieron el Sagrado Cuerpo sobre unas parihuelas de cuero, tapadas con un cobertor oscuro. Eso me recordaba el Arca de la Alianza. Nicodemus y Jos llevaban sobre sus hombros los palos de delante y Abenadar y Juan los de atrs. En seguida venan la Virgen, Mara de Hel, Magdalena y Mara la de Cleofs, despus las mujeres que haban estado al pie de la Cruz sentadas a cierta distancia: Vernica, Juana Chusa, Mara madre de Marcos, Salom mujer de Zebedeo, Mara Salom, Salom de Jerusaln, Susana y Ana sobrina de San Jos; Casio y los soldados cerraban la marcha. Las otras mujeres haban quedado en Betania con Lzaro y Marta. Dos soldados con antorchas iban delante para alumbrar la gruta del sepulcro. Anduvieron as cerca de siete minutos, cantando salmos con voces dulces y melanclicas. Vi sobre una altura del otro lado del valle a Santiago el mayor, hermano de Juan, que los vio pasar y se fue a contar a los dems discpulos lo que haba visto. Se detuvieron a la entrada del jardn de Jos, que abrieron arrancando algunos palos, que sirvieron despus de palancas para llevar a la gruta la piedra que deba tapar el sepulcro.

    Cuando llegaron a la pea, trasladaron el Santo Cuerpo a una tabla cubierta con una sbana. La gruta que haba sido excavada recientemente, haba sido barrida por los esbirros de Nicodemus; se vea limpio en el interior y agradable a la vista. Las santas mujeres se sentaron en frente de la entrada. Los cuatro hombres introdujeron el Cuerpo del Seor, llenaron de aromas una parte del sepulcro, extendieron una sbana sobre la cual pusieron el Cuerpo. Le testimoniaron una ltima vez su amor con sus lgrimas y salieron de la gruta. Entonces entr la Virgen, se sent al lado de la cabeza y se ech llorando sobre el Cuerpo de su Hijo. Cuando sali de la gruta, Magdalena entr precipitadamente; haba cogido en el jardn flores y ramos que ech sobre Jess; cruz las manos y bes, llorando, los pies sagrados de Jess; pero habindole dicho los hombres que deban cerrar el sepulcro, se volvi con las otras mujeres.

    Doblaron las puntas de la sbana sobre el pecho de Jess y pusieron encima de todo una tela oscura y salieron. La piedra gruesa destinada a cerrar el sepulcro que estaba aun lado de la gruta era muy pesada y solo con las palancas pudieron hacerla rodar hasta la entrada del sepulcro. La entrada de la gruta dentro de la que estaba el sepulcro era de ramas entretejidas. Todo lo que se hizo dentro de la gruta, tuvo que hacerse con antorchas porque la luz del da nunca penetraba en ella.

    LX

    Los judos ponen guardia en el sepulcro

    Todos volvieron a la ciudad; Jos y Nicodemus encontraron en Jerusaln a Pedro, a Santiago el Mayor y a Santiago el Menor. Vi despus a la Virgen Santsima y a sus compaeras entrar en el Cenculo; Abenadar fue tambin introducido y poco a poco la mayor parte de los Apstoles y de los discpulos se reunieron en l. Tomaron algn alimento y pasaron todava unos momentos reunidos llorando y contando lo que haban visto. Los hombres cambiaron de vestido y los vi despus, debajo de una lmpara, orar.

  • En la noche del viernes al sbado vi a Caifs y a los principales judos consultarse respecto de las medidas que deban adoptarse, vistos los prodigios que haban sucedido y la disposicin del pueblo. Al salir de esta deliberacin, fueron por la noche a casa de Pilatos y le dijeron que como ese "seductor" haba asegurado que resucitara el tercer da, era menester guardar el sepulcro tres das; porque si no, sus discpulos podan llevarse su Cuerpo y esparcir la voz de su Resurreccin. Pilatos, no queriendo mezclarse en ese negocio, les dijo: "Tenis una guardia: mandad que guarde el sepulcro como queris". Sin embargo, les dio a Casio, que deba observarlo todo, para hacer una relacin exacta de lo que viera.

    Vi salir de la ciudad a unos doce, antes de levantarse el sol; los soldados que los acompaaban no estaban vestidos a la romana, eran soldados del templo. Llevaban faroles puestos en palos para alumbrarse en la oscura gruta donde se encontraba el sepulcro. As que llegaron, se aseguraron de la presencia del cuerpo de Jess; despus ataron una cuerda atravesada delante de la puerta del sepulcro y otra segunda sobre la piedra gruesa que estaba delante y lo sellaron todo con un sello semicircular.

    Los fariseos volvieron a Jerusaln y los guardas se pusieron enfrente de la puerta exterior. Casio no se movi de su puesto. Haba recibido grandes gracias interiores y la inteligencia de muchos misterios. No acostumbrado a ese estado sobrenatural, estuvo todo el tiempo como fuera de s, sin ver los objetos exteriores. Se transform en un nuevo hombre y pas todo el da haciendo penitencia y oracin. Pasin, Muerte y Resurreccin de JessLa ResurreccinVisiones de la recientemente declaradaBeata Ana Catalina EmmerickEn proceso de canonizacin

    La Resurreccin

    Cuando se acab el sbado, Juan fue con las santas mujeres, las consol. Pero no poda contener sus propias lgrimas por lo que se qued con ellas solo un corto espacio de tiempo. Entonces, Pedro y Santiago el menor fueron tambin a verlas con el mismo propsito de confortarlas. Ellas prosiguieron con su pena despus de que ellos se fueran.

    Vi el alma de Nuestro Seor entre dos ngeles ataviados de guerreros; era luminosa, resplandeciente como el sol del medioda, la vi atravesar la piedra y unirse con el Sagrado Cuerpo. Vi moverse sus miembros, y el Cuerpo del Seor, unido con su alma y con su divinidad, salir de su mortaja brillante de luz. En ese mismo instante me pareci que una forma monstruosa, con cola de serpiente y una cola de dragn sala de la tierra debajo de la pea, y que se levantaba contra Jess. Creo que tambin tena una cabeza humana. Vi que en la mano del Resucitado ondeaba un estandarte. Jess pis la cabeza del dragn y peg tres golpes en la cola con el palo de su bandera. Desapareci primero el cuerpo, despus la cabeza del dragn y qued solo la cabeza humana. Yo haba visto

  • muchas veces esta misma visin antes de la Resurreccin y una serpiente igual a la que estaba emboscada en la concepcin de Jess. Me record tambin la serpiente del paraso, pero esta todava era ms horrorosa. Creo que era una alegora de la profeca: "El hijo de la mujer romper la cabeza de la serpiente", y me pareci un smbolo de la victoria sobre la muerte, pues cuando Nuestro Seor aplast la cabeza del dragn, ya no vi el sepulcro.

    Jess resplandeciente, se elev por medio de la pea. La tierra tembl. Uno de los ngeles guerreros, se precipit del cielo al sepulcro como un rayo, apart la piedra que cubra la entrada y se sent sobre ella. Los soldados cayeron como muertos y permanecieron en el suelo sin dar seales de vida. Casio, viendo la luz brillar en el sepulcro se acerc, toc los lienzos vacos y se fue con la intencin de anunciar a Pilato lo sucedido. Sin embargo aguard un poco porque haba sentido el terremoto y haba visto al ngel apartar la piedra a un lado y el sepulcro vaco. Mas no haba visto a Jess.

    Mientras la Santsima Virgen oraba interiormente llena de un ardiente deseo de ver a Jess, un ngel vino a decirle que fuera a la pequea puerta de Nicodemo, porque Nuestro Seor estaba cerca. El corazn de Mara se inund de gozo; se envolvi en su manto y se fue, dejando all a las santas mujeres sin decir nada a nadie. Le vi encaminarse de prisa hacia la pequea puerta de la ciudad por donde haba entrado con sus compaeras al volver del sepulcro. Caminaba con pasos apresurados, cuando la vi detenerse de pronto en un sitio solitario. Mir a lo alto de la muralla de la ciudad y el alma de Nuestro Seor, resplandeciente, baj hasta su Madre acompaada de una multitud de almas y patriarcas. Jess, volvindose hacia ellos dijo: "He aqu a Mara, he aqu a mi Madre". Pareci darle un beso y luego desapareci.

    En el mismo instante en que un ngel entraba en el sepulcro y la tierra temblaba vi a Nuestro Seor resucitado aparecindose a su Madre en el Calvario; estaba hermoso y radiante. Su vestido que pareca una copa, flotaba tras l, era de un blanco azulado, como el humo visto a la luz del sol. Sus heridas resplandecan, y se podan ver a travs de los agujeros de las manos. Rayos luminosos salan de las puntas de sus dedos. Las almas de los patriarcas se inclinaron ante la Madre de Jess. El Salvador mostr sus heridas a su Madre, que se postern para besar sus pies, mas l la levant y desapareci. Se vean luces de antorchas a lo lejos cerca del sepulcro, y el horizonte se esclareca hacia el oriente, encima de Jerusalen.

    La Santa Virgen cay de rodillas y bes el lugar donde haba aparecido su Hijo. Deban ser las nueve de la noche. Sus rodillas y sus pies quedaron marcados sobre la piedra. La visin que haba tenido la haba llenado de un gozo indecible. Y regres confortada junto a las santas mujeres, a quienes hall ocupadas en preparar ungentos y perfumes. No les dijo lo que haba visto, pero sus fuerzas se haban renovado, consol a las dems y las fortaleci en su fe

    La Santa Virgen se uni a la preparacin de los blsamos que las santas mujeres haban empezado a elaborar en su ausencia. La intencin de ellas era ir al sepulcro antes del amanecer del da siguiente, y verter esos perfumes en el Cuerpo de nuestro Seor.

  • Las santas mujeres

    Estaban las mujeres cerca de la pequea puerta de Nicodemus cuando Nuestro Seor resucit pero no vieron nada de los prodigios que haban acontecido en el sepulcro. Tampoco saban que haban puesto all una guardia, porque no haban ido la vspera a causa del sbado. Mientras se acercaban se preguntaban entre s con inquietud: "Quin nos apartar la piedra de la entrada?" Queran echar agua de nardo y aceite aromatizado con flores sobre el Cuerpo de Jess. Queran ofrecer a Nuestro Seor lo ms precioso que pudieran encontrar para honrar su sepultura. La que haba llevado ms cosas era Salom, no la madre de Juan, sino una mujer rica de Jerusaln, pariente de san Jos.

    Decidieron que, cuando llegaran, dejaran sus perfumes sobre la piedra y esperaran a que alguien pasara para apartarla. Los guardias seguan tendidos en el suelo y las fuertes convulsiones que los sacudan, demostraban cun grande haba sido su terror. La piedra estaba corrida hacia la derecha de la entrada, de modo que se poda penetrar en el sepulcro sin dificultad. Los lienzos que haban servido para envolver a Jess estaban sobre el sepulcro. La gran sbana estaba en su sitio pero sin su Cuerpo. Las vendas haban quedado sobre el borde anterior del sepulcro, las telas con que Mara Santsima haba envuelto la cabeza de su Hijo estaban en donde haba reposado esta.

    Vi a las santas mujeres acercarse al jardn, pero, cuando vieron las luces y los soldados tendidos alrededor del sepulcro, tuvieron miedo y se alejaron un poco. Pero Magdalena, sin pensar en el peligro, entr precipitadamente en el huerto y Salom la sigui a cierta distancia. Otras dos, menos osadas se quedaron en la puerta. Magdalena, al acercarse a los guardias, se sinti sobrecogida y esper a Salom; las dos juntas pasaron entre los soldados cados en el suelo y entraron en la gruta del sepulcro. Vieron la puerta apartada de la entrada y cuando, llenas de emocin penetraron en el sepulcro, encontraron los lienzos vacos. El sepulcro resplandeca y un ngel estaba sentado a la derecha sobre la piedra. No s si Magdalena oy las palabras del ngel, mas sali perturbada del jardn y corri rpidamente a la ciudad, donde se hallaban reunidos los discpulos. No s tampoco si el ngel habl a Mara Salom, que haba quedado en la entrada del sepulcro, pero la vi salir tambin muy deprisa del jardn, detrs de Magdalena, y reunirse con las otras dos mujeres anuncindoles lo que haba sucedido. Se llenaron de sobresalto y de alegra al mismo tiempo, y no se atrevieron a entrar.

    Casio que haba esperado un rato, pensando quiz que poda ver a Jess, fue a contrselo todo a Pilato. Al salir se encontr con las santas mujeres, les cont lo que haba visto y las exhort a que fueran a asegurarse por sus propios ojos. Ellas se animaron y entraron en el huerto. A la entrada del sepulcro vieron a dos ngeles vestidos de blanco. Se asustaron y se cubrieron los ojos con las manos y se postraron en el suelo; pero uno de los ngeles les dijo que no tuvieran miedo y que no buscaran all al crucificado porque haba resucitado y estaba vivo. Les mostr el sudario vaco y les mand decir a los discpulos lo que haban visto y odo aadiendo que Jess les predecera en Galilea y que recordaran sus palabras: "El Hijo del hombre ser entregado en manos de los pecadores que lo crucificarn pero l resucitar al tercer da. Entonces los ngeles desaparecieron. Las santas mujeres temblando pero llenas de gozo se volvieron hacia la ciudad. Estaban sobrecogidas y emocionadas; no se apresuraban sino que se paraban de vez en cuando para mirar a ver si vean a Nuestro Seor o si volva Magdalena.

  • Mientras tanto Magdalena haba ya llegado al cenculo, estaba fuera de s y llam a la puerta con fuerza. Algunos discpulos estaban todava acostados. Pedro y Juan le abrieron. Magdalena les dijo desde fuera: "Se han llevado el Cuerpo del Seor y no sabemos a dnde lo han llevado". Despus de estas palabras se volvi corriendo al huerto. Pedro y Juan entraron alarmados en la casa y dijeron algunas palabras a los otros discpulos. Despus la siguieron corriendo; Juan ms deprisa que Pedro.

    Magdalena entr en el jardn y se dirigi al sepulcro. Llegaba trastornada por su dolor y sus carreras, cubierta de roco con el manto cado y sus hombros descubiertos al igual que sus largos cabellos. Como estaba sola no se atrevi a bajar a la gruta y se detuvo un instante en la entrada. Se arrodill para mirar adentro del sepulcro y al echar hacia atrs sus cabellos que caan por su cara vio dos ngeles vestidos de blanco sentados a ambos extremos del sepulcro. Oy la voz de uno de ellos que deca: "Mujer, por qu lloras?" Ella grit en medio de su dolor, pues no repeta ms que una cosa y no tena ms que un pensamiento al saber que el Cuerpo de Jess no estaba all: "Se han llevado a mi Seor y no s dnde lo han puesto". Despus de estas palabras se puso a buscar frenticamente aqu y all parecindole que iba a encontrar al Salvador, presintiendo confusamente que iba a encontrarlo y que estaba cerca de ella. Ni la aparicin de los ngeles poda distraerla de este pensamiento. Pareca que no se diera cuenta de que eran ngeles y no poda pensar ms que en su Maestro: "Jess no est ah, dnde est Jess?". La vi moverse de un lado a otro como el que ha perdido la razn.

    El cabello le caa sobre amos lados sobre la cara, se lo recogi con las manos echndoselo hacia atrs y entonces, a diez pasos del sepulcro, en el oriente, donde el jardn sube hacia la ciudad vio aparecer una figura vestida de blanco, entre los arbustos a la luz del sepulcro y corriendo hacia l oy que le diriga estas palabras: "Mujer por qu lloras?" Crey que era el huertano porque llevaba una azada en la mano y sobre la cabeza un sombrero ancho, que pareca hecho de corteza de rbol. Yo haba visto bajo esta forma al jardinero de la parbola de Jess que contara en Betania a las santas mujeres poco antes de su Pasin. No resplandeca sino que era como un simple hombre vestido de blanco a la luz del crepsculo. l le pregunt de nuevo: "Por qu lloras?" Entonces ella en medio de sus lgrimas respondi: "Porque se han llevado a mi Seor y no s a dnde. Si lo has visto dime dnde est y yo ir a por l." Y volvi a dirigir la vista frenticamente a su alrededor. Entonces Jess le dijo con su voz de siempre: "Magdalena!" Ella reconociendo su voz y olvidando crucifixin, muerte y sepultura, como si siguiera vivo dijo volvindose repentinamente hacia l: "Rab!" postrndose de rodillas ante l, con sus brazos extendidos hacia los pies del Resucitado. Pero l la detuvo dicindole: "No me toques, pues an no he subido hacia mi Padre. Ve a decirles a mis hermanos que subo hacia mi Padre y Vuestro Padre, hacia mi Dios y Vuestro Dios" y desapareci.

    Jess le dijo que no le tocara a causa de la impetuosidad de ella, que pensaba que l viva la misma vida que antes. En cuanto a las palabras de "an no he subido a mi Padre" quera expresar que an no haba dado las gracias al Padre por la obra de la Redencin, a quin pertenecen las primicias de la alegra. Pero ella en el mpetu de su amor, ni siquiera se daba cuenta de las cosas grandes que haban pasado. Lo nico que quera era poder besar sus pies como antes.

  • Despus de un momento de perturbacin Magdalena corri al sepulcro, donde seguan los ngeles, que le repitieron las mismas palabras que haban dicho a las otras mujeres, que no buscaran all al Crucificado porque haba resucitado como haba predicho. Segura entonces del milagro sali a buscar a las santas mujeres encontrndolas en el camino que conduce al Glgota.

    Toda esta escena no dur ms de tres minutos. Eran las dos y media cuando Nuestro Seor se haba aparecido a Magdalena y Juan y Pedro llegaban al jardn justo cuando ella acababa de irse. Juan entr el primero detenindose a la entrada del sepulcro. Mir por la piedra apartada y vio que estaba vaco. Despus lleg Pedro y entr en la gruta donde vio los lienzos doblados. Juan le sigui e inmediatamente crey que haba resucitado y ambos comprendieron claramente todas las palabras que les haba dicho. Pedro escondi los lienzos bajo su manto y volvieron corriendo. Los ngeles seguan all pero creo que Pedro no los vio. Juan dijo ms tarde a los discpulos de Emas que haba visto desde fuera a un ngel.

    En ese momento los guardias revivieron, se levantaron y recogieron sus picas y faroles. Estaban aterrorizados. Yo los vi correr hasta llegar a las puertas de la ciudad. Mientras tanto Magdalena cont a las santas mujeres que haba visto a Nuestro Seor y lo que los ngeles le haban dicho; luego se volvi a Jerusaln y las mujeres al jardn creyendo que all encontraran a los dos Apstoles. Cuando ya estaban cerca Jess se les apareci vestido de blanco y les dijo: "Yo os saludo". Ellas se echaron a sus pies anonadadas. l les dijo algunas palabras y pareca indicarles algo con la mano. Luego desapareci.

    Entonces las santas mujeres corrieron al cenculo y contaron a los discpulos que quedaran all, lo que haban visto. Ellos no queran creerlas ni a ellas ni a Magdalena, calificando todo lo que les decan de sueos de mujeres, hasta que volvieron Pedro y Juan. Al regresar estos se haban encontrado tambin con Tadeo y Santiago el menor, que los haban seguido y estaban muy conmovidos, ya que Nuestro Seor se les haba aparecido a ellos tambin cerca del cenculo. Yo haba visto a Jess pasar delante de Pedro y de Juan y me pareci que Pedro lo vio porque lo vi sobrecogerse sbitamente. No s si Juan lo reconoci.

    Los guardias

    Casio fue a ver a Pilato una hora tras la Resurreccin cuando an el Gobernador romano estaba durmiendo. Le cont emocionado cuanto haba visto en el huerto. Le relat sobre el temblor de la pea y cmo un ngel haba apartado la piedra del sepulcro y que los lienzos quedaran vacos. Le dijo que Jess de Narzaret era efectivamente el Mesas, el Hijo de Dios y que, verdaderamente haba resucitado. Pilato escuch todo el relato con terror escondido y sin querer demostrarlo dijo a Casio: "Eso son supersticiones, has cometido una necedad acercndote tanto al sepulcro del Galileo, sus dioses se han apoderado de ti y te han hecho ver todas esas visiones fantsticas que ahora me cuentas. Te aconsejo que no digas nada de esto a los sacerdotes, porque ellos podran perjudicarte". Hizo como si creyera que los discpulos hubieran robado y escondido el Cuerpo de Jess mientras los guardias se haban dormido borrachos y que contaban esas supercheras para no declarar y reconocer su negligencia. Cuando Pilato hubo dicho todo esto y Casio se fue, l corri a ofrecer sacrificios a sus dioses.

  • Los cuatro soldados que haban estado custodiando el sepulcro llegaron a continuacin y relataron a Pilato lo mismo que Casio, pero l no queriendo escucharles ms, los envi a Caifs. Los dems soldados estaban ya en el templo donde se haban reunido muchos ancianos judos, ante los que narraban lo que haba ocurrido en el huerto del sepulcro. Despus de las deliberaciones, los ancianos cogieron a los soldados uno a uno y a fuerza de dinero o amenazas, los fueron convenciendo para que contaran que los discpulos se haban llevado el Cuerpo de Jess mientras ellos dorman. Los soldados dijeron que sus compaeros haban ido a casa de Pilato a contarles lo mismo y que les iban a contradecir, pero los fariseos les prometieron que lo amaaran todo con el gobernador. En esto llegaron los soldados que haban ido a casa de Pilato y se negaron a rectificar lo que le haban contado a este.

    Se haba ido corriendo el rumor de que Jos de Arimatea se haba librado milagrosamente de la prisin. As que cuando los soldados fueron acusados por los fariseos de haberse dejado sobornar por los discpulos de Cristo para dejarles llevarse el Cuerpo y amenazados con fuertes castigos por no presentar el cadver de Jess, los soldados dijeron que cmo era que no castigaran tambin a los que no haban podido custodiar y presentar el de Jos. Algunos que se mantuvieron firmes en lo que haban dicho y hablaron libremente del juicio inicuo de la antevspera y del modo en que se haba interrumpido la Pascua, fueron enviados a la crcel. Los dems difundieron el embuste que fue extendido por los saduceos, herodianos y fariseos, esparcindolo por todas las sinagogas y acompandolo de injurias contra Jess.

    Sin embargo todas esas calumnias no consiguieron lo que pretendan, porque tras la Resurreccin de Jess, muchos de los judos de la ley antigua se aparecieron a muchos de sus descendientes que eran capaces de recibir la gracia, exhortndolos a que se convirtiesen. Muchos discpulos dispersados por el pas y atemorizados, vieron tambin apariciones semejantes que los consolaron y afirmaron en la Fe.

    La aparicin de los muertos que salieron de sus sepulcros no tenan el aspecto de Jess Resucitado, renovado y con su Cuerpo glorificado, no sujeto a la muerte, con el que subi al cielo ante sus discpulos; sino que esos cuerpos que haban salido del sepulcro para dar testimonio de Cristo, eran simples cadveres, prestados como vestiduras a las almas que los haban habitado, para luego volver a dejarlos nuevamente en la tierra, hasta que resuciten como todos nosotros el da del Juicio Final. Ninguno resucit como Lzaro, que realmente volvi a la vida y luego muri por segunda vez.

    Final de las visiones de la Pasin, Muerte y Resurreccin de Jess

    El domingo siguiente, si mal no recuerdo, vi a los judos lavar y purificar el Templo ofreciendo sacrificios expiatorios, escondiendo las seales del terremoto con tablas y alfombras y continuaron las celebraciones de la Pascua que se haban interrumpido. Dijeron que no se haban podido terminar aquel mismo da por la presencia de impuros al Templo y aplicaron no s de qu modo, una visin de Ezequiel sobre la resurreccin de los muertos. Amenazaron con graves castigos a los que murmuraran o hablaran; sin embargo no calmaron sino a la parte del pueblo ms ignorante e inmoral. Los mejores se convirtieron, primero en secreto y despus de Pentecosts, abiertamente.

  • El Sumo Sacerdote y sus aclitos perdieron una gran parte de su osada al ver que la doctrina de Jess se propagaba tan rpidamente. En el tiempo del diaconado de San Esteban, Ofel y la parte oriental del Sin no podan contener la comunidad cristiana y fueron ocupando el espacio que se extiende desde la ciudad hasta Betania.

    Vi a Ans como posedo por el demonio y al final fue confinado para no volver a ser visto nunca ms pblicamente. La locura de Caifs era menos evidente exteriormente, en cambio era tal la violencia de la rabia secreta que lo devoraba, que acab perturbado en su raciocinio.

    El jueves despus de la Pascua, vi a Pilato hacer buscar a su mujer intilmente por la ciudad. Estaba escondida en casa de Lzaro, en Jerusaln. No podan adivinarlo, pues ninguna mujer habitaba en aquella casa. Esteban, que era primo de San Pablo, le llevaba comida y le contaba lo que suceda en la ciudad. Tambin vi a Simn el Cirineo el da despus de la Pascua; fue a ver a los Apstoles y les pidi ser instruido y bautizado por ellos. Casio dej la milicia y se junt con los discpulos. Fue uno de los primeros que recibieron el bautismo, despus de Pentecosts, junto con otros soldados convertidos al pie de la Cruz.

    Aqu se terminan estas visiones que comprendieron desde el da 18 de febrero de 1823 hasta el 6 de abril del mismo ao.

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