Horror en el museo

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    HORROR EN EL MUSEOH. P. Lovecraft y Hazel Heald

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    Fue una desganada curiosidad lo que llev en un principio aStephen jones al Museo de Rogers. Alguien le habacomentado algo acerca del extrao establecimientosubterrneo de la calle Southwark, cruzando el ro, dondehaba estatuas de cera mucho ms horribles que las peoresefigies expuestas en el museo de Madame Tussaud, y sehaba acercado all uh da de abril para ver cunta decepcinpoda causarle. Extraamente, no fue as. Haba algodiferente y peculiar all, despus de todo. Por supuesto, nofaltaban los truculentos tpicos: Landr, el doctor Crippen,Madame Demers, Rizzio, Lady jane Grey, interminablesvctimas mutiladas de la guerra y la revolucin, y monstruosdel tipo de Gilles de Rais y el Marqus de Sade; pero tambinhaba otros seres que aceleraron su respiracin y le hicieronquedarse hasta que son la campanilla de cierre. El hombreque haba diseado tal coleccin no poda ser un vulgarsaltimbanqui. Haba imaginacin, incluso genio enfermizo,en algunos de sus trabajos.Ms tarde, haba indagado acerca de George Rogers. Elhombre haba estado en el equipo del Tussaud, pero algnproblema haba hecho que lo abandonara. Se comentabanmaledicencias acerca de su estado mental y chismes sobre suenloquecida forma de trabajar en secreto, aunque,posteriormente, la prosperidad de su propio museosubterrneo haba embotado el filo de algunas crticas, altiempo que afilado las insidiosas puntas de otras. Lateratologa e iconografa de pesadilla eran sus pasiones, eincluso l haba tenido el tacto de emplazar algunas de suspeores efigies en una sala especial reservada a los adultos.sa era la estancia que tanto fascinara a Jones. Hababastardas entidades hbridas que slo la fantasa podaincubar, modeladas con diablica pericia y coloreadas conuna horrible semejanza de vida.

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    Algunas eran las figuras de los mitos habituales: gorgonas,quimeras, dragones, cclopes y todos sus tenebrososcongneres. Otras estaban extradas de ciclos de soterradasleyendas ms oscuras y que se mencionaban en un tono msfurtivo; el negro e informe Tsathoggua, el multitentaculadoCthulhu, el proboscdeo Chaugnar Faugn y otras blasfemiasinsinuadas en prohibidos libros, tales como el Necronomicn,el Libro de Eibon, o los Unaussprechlicben Kulten de VonJunzt. Pero lo peor de todo eran aquellos seres:completamente nuevos para Rogers, y mostrando figuras queningn relato de la antigedad os jams siquiera insinuar.Algunas eran odiosas parodias de formas de vida orgnicasconocidas mientras que otras parecan extradas de febrilessueos sobre otros planetas o galaxias. Las extraas pinturasde Clark Asthon Smith podran sugerir algo de eso... peronada poda insinuar el efecto de punzante, espantoso terrorprovocado por el gran tamao y el trabajo diablicamentehbil, as como las infernales e ingeniosas condiciones de luzbajo las que se exhiban.Stephen Jones, como ocioso degustador de la extravaganciaen el arte, haba visitado al propio Rogers en su sombraoficina o taller, ms all de la estancia abovedada delmuseo... una cripta que causaba espanto a la Vista:alumbrada dbilmente por polvorientas ventanas emplazadascmo troneras horizontales en la pared de ladrillo, al nivel delos antiguos adoquines de un patio interior. Era all donde serestauraban las imgenes... all, tambin, era donde seelaboraban. Brazos, piernas, cabezas y torsos de cera yacanen grotesca mescolanza sobre varios bancos de trabajo,mientras que en altas estanteras se entremezclabanindiscriminadarnente pelucas enmaraadas, dientes deaspecto hambriento y ojos de cristal de mirada fija. Vestidosde todas clases pendan de ganchos y, en una estancia, habagrandes pilas de cera color carne, as como estantes colmadoscon botes de pintura y pinceles de todos tipos. En el centro dela habitacin haba un gran horno usado para preparar la cerapara su moldeado, con el hogar cubierto por un inmensorecipiente de hierro con bisagras, con un cao que permitaverter la cera fundida mediante el simple toque de un dedo.

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    Otras cosas en la deprimente cripta eran menos descriptibles:solitarias partes de problemticas entidades cuyas formascompletas eran los fantasmas del delirio. En otro extremohaba una puerta de pesadas planchas de madera aseguradacon un candado inslitamente grande y un smbolo muycurioso pintado en su superficie. Jones, que haba tenidoacceso, en cierta ocasin, al temible Necronomicn, seestremeci involuntariamente al reconocerlo. Esteempresario, reflexion, deba ser sin duda una persona deerudicin desconcertantemente amplia en campos oscuros ydudosos.Tampoco le defraud la conversacin de Rogers. El hombreera alto, delgado y bastante desaliado, con grandes ojosnegros que relumbraban en un semblante plido yhabitualmente cubierto por una barba de varios das. No lemolest la intrusin de Jones, antes al contrario, pareci darla bienvenida a la oportunidad de desahogarse con alguieninteresado. Su voz era singularmente profunda y resonante, yalbergaba una especie de refrenada intensidad que bordeabalo febril. Jones no se asombr de que muchos le consideraranun demente.Mediante sucesivas preguntas y las que en semanassucesivas se convertiran en algo parecido a un hbito-, Joneshaba encontrado a Rogers progresivamente comunicativo yabierto. Desde el principio, hubo indicios de extraascreencias y prcticas por parte del empresario, y, ms tarde,tales insinuaciones se convirtieron en relatos abiertos cuyaextravagancia a pesar de una pocas fotografas deprueba era casi cmica; Fue un da de junio, una noche queJones haba llevado una botella de buen whisky, cuandoreplic a su anfitrin algo libremente que los relatosresultaban verdaderamente demenciales. Previamente, hubosalvajes narraciones:comentarios sobre misteriosos viajes al Tbet, al interior defrica, al desierto de. Arabia, al valle del Amazonas, Alaskay algunas islas poco conocidas del Pacfico Sur, adems dejactancias de haber ledo algunos libros monstruosos y casimticos, tales como los prehistricos fragmentos Pnakticos ylos cnticos del Dhol, atribuidos a la maligna e inhumana

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    Leng; pero nada de todo esto haba sido taninconfundiblemente demencial como lo que haba salido arelucir aquella tarde de junio bajo el influjo del whisky Para ser sinceros, Rogers comenz haciendo vagos alardes dehaber descubierto ciertos seres en la naturaleza que nadieencontrara antes y haber vuelto con pruebas tangibles de talesdescubrimientos. Segn su perorata etlica, haba llegado mslejos que nadie en la interpretacin de los oscuros yprimordiales libros que estudiara, siendo encaminado porellos a algunos remotos lugares donde se ocultaban extraossupervivientes... supervivientes de eones y ciclos vitalesanteriores a la humanidad, en algunos casos conectados conotras dimensiones y mundos; una comunicacin que era fre-cuente en los olvidados das prehumanos. Jones se maravillde las fantasas que tales ideas podan conjurar y se pregunttambin cul sera el historial mental de Rogers. Habra sidosu trabajo entre los enfermizos espantajos del MadameTussaud el inicio de tales vuelos de la imaginacin o, por elcontrario, era una tendencia innata, y la eleccin de su trabajoera simplemente una de sus manifestaciones? De cualquierforma, el trabajo del hombre estaba estrechamente ligado asus ideas. Hasta entonces, no haba confundido la tendencia?de sus sombras insinuaciones con las monstruosidades depesadilla de la velada sala de Slo adultos>>. Descuidandoel ridculo, intentaba insinuar que no todo en aquellasanormalidades demonacas era artificial. Fue el abierto excepticismo y diversin de Jones ante talespretensiones irresponsables lo que cortaron la crecientecordialidad. Rogers, evidentemente, se tornaba todo aquellomuy en serio; de ah en adelante, se tom parco de palabras yresentido, tolerando a Jones slo gracias a una tenaz ansiedadde romper su muro de educada y complaciente incredulidad.Continuaron los cuentos estrafalarios y las sugerencias sobreritos y sacrificios a los indescriptibles dioses primordiales, y,a cada momento, Rogers poda guiar a su invitado a una delas odiosas blasfemias de la sala vedada y mostrar las faccio-nes difciles de compaginar con incluso la ms delicadaartesana. Jones continuaba sus visitas impelido por unafascinacin, aunque era consciente de haber perdido la estima

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    de su anfitrin. A veces intentaba congeniar con Rogersmediante fingidos asentimientos a sus locas insinuaciones oafirmaciones, pero el enjuto empresario rara vez resultabaengaado por tales tcticas.La tensin culmin en septiembre. Jones se haba dejado caercasualmente en el museo una tarde y deambulaba por lospenumbrosos corredores, cuyos horrores le eran ahora tanfamiliares, cuando escucho un sonido muy curiosoproveniente de la direccin del taller de Rogers. Otros loescucharon tambin y se sobresaltaron nerviosamentemientras los ecos retumbaban por el gran stano abovedado.Los tres empleados cambiaron extraas miradas, y uno deellos, un oscuro y taciturno sujeto de aspecto extranjero quesiempre oficiaba como encargado de Rogers, sonri de unaforma que pareci confundir a sus colegas y que hiriviolentamente la sensibilidad de Jones. Era el aullido o elgrito de un perro, y era un sonido lanzado bajo un espantosupremo entremezclado con agona. Su frenes desnudo yangustiado era espantoso de escuchar y, en aquelestablecimiento de grotesca anormalidad, resultabadoblemente odioso. Jones record que no se admitan perrosen el museo.Estaba a punto de ir hasta la puerta que llevaba al taller;cuando el oscuro empleado le detuvo con palabras y gestos.Mr. Rogers, dijo el hombre, con una suave y ligeramenteacentuada voz, al tiempo apologtica y vagamente sardnica,estaba fuera y haba rdenes tajantes de no admitir a nadie enel taller en su ausencia. Respecto a aquel aullido, sin dudaproceda del patio adjunto al museo. La vecindad estaba llenade chuchos extraviados, y sus peleas a veces eranimpresionantemente ruidosas. No haba perros en ningnlugar del museo. Pero si Mr. Jones deseaba ver a Mr. Rogers,podra encontrarle justo antes del cierre. Tras aquello, Jones subi los viejos peldaos de piedra haciala calle y examin el msero vecindario con curiosidad. Lospobres y decrpitos edificios antiguamente moradas yahora, en su mayora, tiendas y almacenes- eran realmentevetustos. Algunos de ellos tenan techos a dos aguas queparecan devolver a los tiempos de los Tudor, y un dbil

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    hedor miasmtico penda sobre toda la zona. Junto a la suciaconstruccin cuyos stanos albergaban el museo, haba unbajo soportal que daba paso a un oscuro callejn empedrado,y Jones sinti un vago deseo de encontrar el patio tras eltaller y tranquilizar a su mente respecto del asunto del perro.El patio estaba en penumbra bajo la tarda luz del ocaso,cercado por paredes traseras, an ms feas e intangiblementeamenazadoras que las destartaladas fachadas de las malignasy antiguas casas: No haba ningn perro a la vista, y Jones sepregunt cmo podran las consecuencias de aquel frenticoalboroto desvanecerse tan rpido.A pesar de la afirmacin del encargado sobre que no habaningn perro en el museo, Jones escrut nerviosamente lostres ventanucos del taller del stano: angostos rectnguloshorizontales; cercanos al pavimento lleno de hierbas, conhoscos cristales que parecan tan repulsivos e indiferentescomo los ojos de un pez muerto. A su izquierda, un gastadotramo de escalones guiaban a una gruesa y pesadamenteaherrojada puerta. Algn impulso le llev a agacharse sobrelos hmedos adoquines resquebrajados y escudriar,esperando que las gruesas cortinas verde, movidas mediantelargas cuerdas que pendan de un nivel asequible, estuvieranbajadas. La superficie exterior estaba enturbiada por lasuciedad, pero mientras las frotaba con su pauelo vio que nohaba cortinas entorpeciendo la visin.Tan oscuro estaba el interior del stano que no haba muchoque ver, pero el grotesco instrumental de trabajo amenazabaespectralmente a cada momento a Jones, segn iba probandocada ventana. Al principio pareca evidente que no habanadie en el interior, pero cuando observ por la ventana de laderecha -la ms cercana al corredor de entrada, vio unresplandor en el extremo ms alejado de la estancia que lehizo detenerse perplejo. No haba ninguna razn para lapresencia de esa luz. Era una zona interior de la estancia y nopoda recordar luces de gas o elctricas en ese lugar. Otramirada delimit el resplandor a un ampli rectngulovertical, y un pensamiento brot en su cabeza. En esadireccin, siempre se haba percatado de la pesada puerta deplanchas con el candado anormalmente grande; la puerta que

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    nunca estaba abierta y sobre la que estaba crudamentetrazado el odioso y crptico smbolo proveniente de losfragmentarios anales de prohibidas magias primordiales.Deba estar abierta en aquel instante, y haba una luz en suinterior. Todas sus primeras especulaciones acerca de dndeguiara aquella puerta, y lo que habra tras ella, se renovaronentonces con multiplicada e inquietante fuerza.Jones deambul sin objetivo alrededor del deprimentevecindario hasta el cierre, a las seis en punto, momento enque volvi al museo para interrogar a Rogers. Apenas podadecirse por qu deseaba tan fervientemente ver en aqulmomento al hombre, pero deba tener algunos recelosinconscientes sobre aquel terrible y no ubicado grito caninode la tarde, as como sobre el resplandor en aquel inquietante,y habitualmente cerrado, portn de pesado candado. Losempleados se haban ido cuando lleg, y pens que Orabonael cetrino encargado deaspecto extranjero le haba mirado con algo parecido a unadiversin astuta y soterrada. No le gustaba aquella mirada,aun cuando le haba visto dirigrsela a su patrn multitud deveces.La abovedada sala de exhibicin resultaba fantasmal al estardesierta, pero l la cruz rpidamente y golpe en la puertade la oficina y taller. La respuesta se demor, aunque hubopasos en el interior. Finalmente, respondiendo a una segundallamada, el cerrojo chasque, y la antigua puerta de seispaneles cruji abrindose renuentemente, revelando la figuradesganada y de ojos febriles de George Rogers. Desde elprincipio, result evidente que el empresario estaba de uninslito humor. Una peculiar mezcla de reluctancia y a la vezalegra al recibirle, y, en un instante, su charla s desvi haciaextravagancias de la clase ms espantosa e increble.Supervivientes dioses primordiales... sacrificios indes-criptibles... la pretensin de realidad sobre algunos de loshorrores de la sala... todos los alardes habituales, aunquecompletados con unas peculiares confidencias en aumento.Obviamente, reflexion Jones, la locura del pobre diablo seestaba imponiendo. A veces, Rogers lanzaba miradas furtivasa la pesada puerta interior cerrada con candado, del extremo

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    de la habitacin, o hacia una pieza de tosca arpilleradepositada en el suelo; no lejos de - l, bajo la que parecayacer algn objeto. Jones fue ponindose ms nervioso segntranscurra el tiempo, y comenz a tener dudas sobre laconveniencia de mencionar los extraos sucesos de la tarde,tal como primeramente haba querido ansiosamente hacer. La voz de bajo, sepulcralmente resonante, de Rogers casi serompi bajo la excitacin de su febril farfullo.Recuerdas espet lo que te dije sobre esa ciudad enminas de Indochina donde vivan los Tcho-Tcho? Tuvisteque admitir que haba estado cuando viste las fotografas, aunpensando que yo hice de cera a aquel nadador ovalado de laoscuridad. Si los hubieras Visto contorsionarse en laspiscinas subterrneas como yo...Bueno, esto es an mayor. Nunca te habl de ello, porquequera rematarla antes de hacer ninguna pretensin. Cuandoveas la instantnea, sabrs que la geografa no puede habersido falsificada, e imagino que tengo otra forma de probarque Eso no es ninguno de mis productos de cera. Nunca lahas visto porque los experimentos no me permitan ponerlaen exhibicin.El empresario mir de forma extraa hacia la puerta cerradacon el candado. Todo procede de ese gran ritual del octavo fragmentoPnaktico. Existieron seres en el norte; antes de la tierra deLomar -previos a la existencia de la humanidad-, y esto.es uno dc ellos. Tuvimos que ir a Alaska y remontar elNoatak desde Fort Morton, pero la cosa estaba all donde yosaba que estara. Grandes ruinas ciclpeas, hectreas deellas. Quedaba menos de lo que creamos, pero qu se puedeesperar despus de tres millones de aos? Y no apuntan lasleyendas de los esquimales en esa misma direccin? Nopudimos llevar uno de esos infelices con nosotros, y tuvimosque conducir el trineo todo el camino de vuelta a Nome enbusca de americanos. A Orabona no le sentaba bien aquelclima.., se volvi hosco e irritable. Ms tarde te contar cmo lo encontramos. Cuandovolarnos el hielo de los pilares de la ruina central, la escaleraestaba donde sabamos que deba estar. Quedaban algunas

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    tallas, y no hubo ningn problema para impedir que losyanquis nos siguieran al interior. Orabona temblaba comouna hoja... nunca pensaras eso por la forma en que sepavonea ese maldito insolente. Saba lo bastante de laTradicin Primigenia para estar apropiadamente temeroso. Laluz eterna desapareci, pero nuestras antorchas alumbrabanlo bastante. Vimos los huesos de otros que haban llegadoantes que nosotros... eones atrs, cuando el clima era clido.Algunos de esos huesos pertenecan a seres como jams hasimaginado. En el tercer nivel subterrneo encontrarnos eltrono de marfil sobre el que tanto hablan los fragmentos... ypuedo decirte con conocimiento de causa que no estabavaco.El ser del trono no se mova... y supimos que Eso necesitabaun sacrificio. Pero no desebamos despertarlo. Era mejorllevarlo primero a Londres. Orabona y yo volvimos a lasuperficie en busca de -una gran caja, pero cundo lohubimos metido no pudimos subirla los tres tramos deescalones. Aquellos peldaos estaban hechos para sereshumanos, y su tamao nos estorbaba. De cualquier forma, eradiablicamente pesado. Tuvimos que traer a los americanosabajo para -sacar a Eso. No estaban ansiosos de entrar en elsitio, pero, por supuesto, lo peor estaba a salvo dentro de lacaja. Les dijimos que era un lote de tallas de marfil.. muestrasarqueolgicas, y, tras ver el trono tallado, probablemente noscreyeron. Es un prodigio que no se imaginaran la existenciade un tesoro oculto y pidieran una parte. Habrn contadoextraos cuentos en Nome ms tarde, aunque dudo de quevolvieran a esas ruinas, incluso -bajo el seuelo del trono demarfil. Rogers hizo una pausa, revolvi en su escritorio y exhibi unsobre con fotografas de gran tamao. Sacando una ycolocndola ante s boca abajo, tendi el resto a Jones. Elescenario era verdaderamente extrao; colinas cubiertas dehielo, trineos de perros, hombres envueltos en pieles einmensas ruinas derrumbadas contra un teln de nieve..,ruinas cuyos contornos extravagantes e inmensos bloques depiedra a duras penas podan ser descritos. Una, realizada conflash, mostraba una increble estancia interior con extraas

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    tallas y un curioso trono cuyas proporciones implicaban queno haba sido diseado para ocupantes humanos. Las tallas dela gigantesca construccin elevados muros y techospeculiarmente abovedados eran totalmente simblicas eincluan diseos completamente desconocidos y algunosjeroglficos oscuramente citados en obscenas leyendas. Sobreel trono destacaba el mismo smbolo espantoso que ahoraestaba pintado en el taller sobre la puerta de hierro cerradacon candado. Jones lanz una nerviosa mirada al portalcerrado. Sin duda, Rogers haba estado en extraos lugares yvisto extraos seres. An as, aquellas demencialesfotografas de interior podan ser fcilmente un fraude,tomadas en un escenario inteligentemente diseado. Uno nodeba ser demasiado crdulo. Pero Rogers estabaprosiguiendo. -Bueno, embarcamos la caja en Nome y fuimos a Londres

    sin ningn problema. Era la primera vez que volvamostrayendo algo que tuviera un resto de vida. No lo exhibimos:haba cosas mas importantes que hacer con Eso. Necesitabael alimento de un sacrificio, ya que Eso era un dios. Desdeluego, yo no poda suministrarle la clase de sacrificio quesolan brindarle en sus das, ya que tales cosas no existenahora. Pero haba otros seres que podan servir. La sangre esvida, ya sabes. An los lemures y los elementales que sonms viejos que la tierra reaparecen cuando la sangre dehombres o bestias se les ofrece en las condiciones adecuadas.La expresin del rostro del narrador estaba volvindoteprogresivamente alarmante y repulsiva, por lo que Jones seremovi involuntariamente en su silla. Rogers parecipercatarse del nerviosismo de su invitado y prosigui conuna peculiar sonrisa maligna. Traje Eso el ao pasado, y desde entonces he estadoprobando ritos y sacrificios. Orabona no ha sido de muchaayuda, ya que siempre estuvo en contra de la idea dedespertarlo. Odia a Eso... probablemente porque tiene miedode lo que Eso pueda llegar a significar. Lleva encima unapistola, en todo momento, -para protegerse.. imbcil, comosi hubiera alguna proteccin humana contra ese Ser! Si lo veoalguna vez usar esa pistola, lo estrangulo. Quiere que lo mate

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    y haga una efigie con Eso. Pero estoy empecinado en mispropios planes y los llevar a cabo, a pesar de todos loscobardes como Orabona y todos los malditos escpticossardnicos como t, Jones! He entonado los ritos, realizadociertos sacrificios y la ltima semana hubo un cambio. Elsacrificio fue.... aceptado y agradecido!En ese momento, Rogers se relami los -labios, mientrasJones permaneca incmodamente rgido. El empresario sedetuvo y se alz, cruzando la sala hacia la pieza de arpilleraque tan a menudo ojeara. Inclinndose, asi una de lasesquinas mientras volva a hablar. Ya te has redo bastante de mi trabajo... es el momento deque conozcas ciertos hechos. Orabona me dijo queescuchaste el aullido de un perro por aqu esta tarde. Sabeslo que eso significa?- Jones se sobresalt. A pesar de toda su curiosidad, sehubiera contentado con salir sin arrojar ms luz sobre elasunto que tanto le desconcertaba. Pero Rogers fue ine-xorable y comenz a alzar la pieza de arpillera. Bajo ellayaca una exprimida, casi informe masa que Jones tard enclasificar. Qu fue aquel ser viviente que algo habaaplastado; exprimiendo su sangre y perforndolo en un millarde sitios, retorcindolo en una destrozada y grotesca masa dehuesos rotos? Tras un momento, Jones comprendi lo quedeba ser. Era lo que quedaba de un perro; un perro, quizs,de considerable tamao y color blanquecino. Su raza eraimposible de reconocer, ya que la torsin le haba convertidoen una indescriptible y odiosa forma. La mayor parte delpelaje estaba quemado como por efecto de un fuerte cido, yla desnuda piel sin sangre estaba plagada de innumerablesheridas o incisiones circulares. El mtodo de torturanecesario para -causar tal resultado estaba ms all de laimaginacin.Jones, con una neta aversin que se impuso a su ascendentedesazn, salt en pie con un grito.-T, maldito sdico... demente... haces una cosa as y te

    llamas un hombre decente!

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    Rogers dej caer la arpillera con una maligna sonrisadespectiva y encar a su husped, que se aproximaba.. Suspalabras transmitan una calma antinatural. Por qu, imbcil, crees que Yo hice esto? Admitamos queel resultado es desagradable para nuestros limitados criterioshumanos. Y qu? Ni es humano ni pretende serlo. Elsacrificio simplemente se le ofrece. Entregu este perro aEso. Lo sucedido es obra suya, no ma. Necesita alimentarsede lo ofrecido y lo hace a su propia manera. Pero djame qete ensee cmo es. Mientras Jones aguardaba dudoso, el orador volvi a suescritorio y cogi la fotografa que antes dejara boca abajosin mostrar. Ahora se la tendi con una -curiosa mirada.Jones la tom y la mir, de forma mecnica. Tras un instante,la mirada del visitante se volvi ms atenta y absorta, ya quela fuerza completamente satnica del ser retratado tena unefecto casi hipntico. Verdaderamente, Rogers se habasobrepasado al modelar la espantosa pesadilla captada por lacmara. El ser era una obra de genio puro e infernal, y Jonesse pregunt cmo reaccionara el pblico cuando fuerapuesto en exhibicin. Un ser tan odioso no tena derecho a laexistencia... probablemente, la simple visin de eso, tras serhecho, haba completado el desequilibrio de la mente de suautor, llevndole a adorarlo con brutales sacrificios. Slo unafuerte cordura poda resistir la insidiosa sugerencia de que -lablasfemia era -o haba sido alguna extica enfermiza formade vida. El ser del retrato se sentaba o estaba sujeto, sobre una hbilreproduccin del monstruosamente tallado trono de lascuriosas fotografas anteriores. Describirlo con unvocabulario ordinario sera imposible, ya que no exista nada,ni siquiera aproximadamente similar, que se correspondieracon lo que siempre ha llenado la imaginacin de lahumanidad cuerda. Representaba algo quizs lejanamenteconectado con los vertebrados de este planeta... aunque no sepoda estar muy seguro de eso. Sus dimensiones eranciclpeas, ya que, incluso sentado, se alzaba a casi el doblede altura que Orabona, que estaba retratado al lado. Mirando

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    con atencin, se podan seguir sus similitudes con las formascorporales de los vertebrados superiores.Tena un torso casi globular con seis largos y sinuososmiembros rematados en pinzas de cangrejo. En su extremosuperior, un globo secundario surga hacia delante como unaburbuja; el tringulo de tres ojos fijos de pescado, susgrandes patas y la evidentemente flexible trompa, as comoun distendido sistema lateral anlogo a las branquias, sugeraque era una cabeza. La mayor parte del cuerpo estabacubierto con lo que a primera vista pareca ser piel, pero a laque un examen ms detenido mostraba como una densa matade oscuros y delgados tentculos o filamentos de succin,cada uno provisto de una boca que recordaba a la cabeza deun spid. En la cabeza, tras la trompa, los tentculos tendana ser ms largos y gruesos, marcados con listas espirales...sugiriendo el tradicional cabello de serpiente de Medusa.Decir que tal ser tena una expresin pareca paradjico,aunque Jones sinti que el tringulo de saltones ojos de pez yque esa oblicuamente suspendida trompa desprendan unamezcla de odio, glotonera y completa crueldadincomprensibles para un ser humano, ya se hallabanentremezcladas con otras emociones ajenas al mundo oincluso al sistema solar. En esta bestial anormalidad,reflexion, Rogers deba haber vertido toda su demenciamaligna y todo su extraordinario genio de escultor. El ser eraincreble.., aun cuando la fotografa probara su existencia.Rogers interrumpi sus ensueos.Bueno... Qu piensas de Eso? No preguntas ahora qu eslo que ha aplastado al perro y lo ha exprimido con un millnde bocas? Necesitaba alimentarse... y volver a necesitarlo.Es un dios, y yo soy el primer sacerdote de su postrer culto.I! Shub-Niggurath! La Cabra con un Millar de Cras!Jones baj la foto con disgusto y piedad. Mira, Rogers, esto no puede ser. Todo tiene sus limites, tlo sabes. Es una gran obra y todo eso, pero no es tu dios.Mej6r sera que no la vieras nunca ms... deja que Orabonase deshaga de ella y trata de olvidarla. Y djame romper estafoto bestial, tambin.

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    Con un graznido, Rogers le arranc la foto y la devolvi alescritorio.Imbcil... t... t todava crees que todo es un fraude!Todava piensas que hice Eso y que mis figuras no son otracosa que cera inerte! Maldito seas, eres an ms patn queuna imagen de cera de ti mismo! Pero te dar pruebas ysabrs! No ahora mismo, ya que Eso descansa tras elsacrificio.., ms tarde. Oh, si... no te quedarn dudas entoncesacerca de su poder.Mientras Rogers observaba hacia la puerta interior delcandado, Jones tom sombrero y bastn de un banco cercano.Muy bien, Rogers, lo dejaremos para ms tarde.Ahora tengo que irme, pero volver maana por la tarde.Ten en cuenta mi advertencia y mira si no suena sensata.Pregunta tambin a Orabona lo que piensa. Rogers ense sus dientes como una bestia salvaje. Tienes que irte, eh? As que tienes miedo! Miedo apesar de toda esa palabrera! Dices que las efigies son slocera, pero sales corriendo cuando comienzo a probar que nolo son. Eres como los tipos que apuestan que son capaces depasar una noche en el museo... vienen envalentonados, perodespus de una hora estn gritando y aporreando para queles dejen salir! Quieres que pregunte a Orabona, eh?Vosotros dos... Siempre contra mi! Queris impedir elprximo reinado terrenal de Eso!Jones conserv la calma.-No, Rogers... nadie est en contra tuya. Tampoco tengo

    miedo de tus figuras; de hecho, admiro tu trabajo. Estamosun poco nerviosos esta noche, pero supongo que algo dedescanso nos har sentir mejor.De nuevo, Rogers refren la partida de su invitado.No tienes miedo, eh?... Entonces, por qu ests tanansioso de marcharte?... Te atreves o no a quedarte a solasaqu, en la oscuridad? A qu tanta prisa si no crees en Eso?Alguna nueva idea pareca haberse despertado en Rogers,yJones le observ atentamente. Bueno, no tengo especial prisa... pero qu ganaraquedndome aqu a solas en la oscuridad? Qu probara? Mi

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    nica pega es que es poco confortable para dormir. Qumejor podemos hacer?En ese momento, fue Jones quien tuvo una idea. Continu entono conciliador.

    Mira Rogers... te acabo de preguntar qu probaraquedndome aqu, cuando ambos lo sabemos. Probara quetus efigies son slo eso, y que no debes dejar que tuimaginacin te lleve por donde te ha llevado ltimamente.Supn que me quedo. Si aguanto hasta el amanecer,aceptars tomarte de otra forma las cosas... marcharte tresmeses de vacaciones o as y dejar que Orabona destruya esanueva creacin? Bueno... Qu te parece?El rostro del empresario resultaba difcil de interpretar. Erapatente que estaba pensando rpidamente y que, de lasdiversas emociones en conflicto, el triunfo maligno llevabalas de ganar. Su voz tuvo una cualidad estremecedora alresponder. Hecho! Si aguantas, seguir tus indicaciones. Pero tienesque aguantar. Iremos a cenar y volveremos. Te encerrar enla sala de exhibiciones y me ir a casa. Por la maana,volver antes que Orabona l viene media hora antes que losdems para ver cmo ests. Pero no digas nada hasta estartotalmente seguro de tu excepticismo. Otros se han echadoatrs... tienes esa opcin. Y supongo que aporrear en lapuerta exterior llamar la atencin de algn polica. Puedeque no te guste tanto despus de un rato... estars en elmismo edificio, aunque no en la misma habitacin, que Eso.Mientras dejaban la puerta trasera en el sucio patio interior,Rogers llev consigo la pieza de arpillera... lastrada con suhorrible carga. Cerca del centro del patio haba un agujero dealcantarilla cuya tapa quit silenciosamente el empresario,dando una estremecedora impresin de familiaridad conaquella tarea. Con arpillera y todo, el lastre cay al olvidodel laberinto de las cloacas. Jones se estremeci y casi seencogi ante la enjuta figura que iba a su lado cuandosalieron a la calle.De tcito acuerdo, no cenaron juntos, pero quedaron enreunirse frente al museo a las once.

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    Jones tom un coche y respir ms tranquilo al cruzar elpuente de Waterloo y aproxirnarse al brillantementeiluminado Strand. Cen en un caf tranquilo y, posterior-mente, volvi a su casa de Portland Place para baarse ycoger unas pocas cosas. Ociosamente, se pregunt qu estarahaciendo Rogers. Haba odo decir que el hombre tena unaamplia y sombra casa en Walworth Road, llena de librososcuros y prohibidos, tiles ocultistas e imgenes de cera queno se atreva a poner en exhibicin. Orabona, segn se deca,viva en otra ala de la misma casa.A las once, Jones encontr a Rogers esperando en la puertadel stano en Southwark Street. Cruzaron pocas palabras,pero ambos parecan sentir con la amenazadora tensin.Convinieron en que la sala de exhibicin abovedada sera ellugar de la prueba y Rogers no insisti en que el observadorse quedara en la estancia, especial para adultos, de lossupremos horrores. El empresario, habiendo apagado todaslas luces con interruptores manejados desde el taller, cerr lapuerta de la cripta con una de la llaves de su atestado llavero.Sin estrecharle la mano, sali a la calle, cerr la puerta tras des y ascendi los gastados peldaos hacia la calleja exterior.Cuando dejaron de orse las pisadas, Jones comprendi que lalarga y tediosa vigilia haba comenzado.

    II

    Ms tarde, en la completa oscuridad de aquel stano degrandes arcos, Jones maldijo la ingenuidad infantil que lehaba llevado all. Durante la primera media hora habaencendido su linterna a intervalos. Pero ahora, estar sentadoen uno de los bancos para visitantes se haba convertido enalgo que crispaba los nervios. Cada cierto tiempo, la luzsurga iluminando algn objeto grotesco y enfermizo: unaguillotina, un indescriptible monstruo hbrido, un rostro debarba pastosa pletrico de maldad, un cuerpo con torrentesrojos fluyendo de la garganta cercenada. Jones saba que no

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    haba ninguna realidad siniestra tras tales seres; pero, tras laprimera media hora, prefera no mirarlos.Por qu se haba molestado seguir la corriente a aqueldemente apenas poda imaginarlo. Hubiera sido mucho mssencillo dejarlo simplemente solo, o haber llamado a unespecialista en perturbaciones mentales. Probablemente,reflexionaba, era la camaradera de un artista hacia otro.Haba tanto genio en Rogers, que probaba cada formafactible de ayudarle a superar su creciente mana. Un hombrecapaz de imaginar y construir aquellos increbles serescon apariencia de vida, tal y como l haba hecho, no estaba,seguramente, alejado de la total grandeza. Tena la fantasade un Sime o un Dor unida a la minuciosa y cientficahabilidad de un Blatschkas. De hecho, haba realizado con elmundo de pesadilla lo que Blatschkas, mediante las rplicasmaravillosamente exactas de plantas realizadas en fino hierroforjado y cristal coloreado, haba hecho con el mundo de labotnica.A medianoche, los toques de un distante reloj se filtraron enla oscuridad, y Jones se sinti arropado por el mensaje de unmundo exterior que an exista. La abovedada sala del museoera como una tumba... espantosa en su total soledad. Aun unratn sera una bienvenida compaa; pero Rogers se habajactado de que por cierta razn, segn deca ni ratonesni insectos se acercaban jams al establecimiento. Era muycurioso, pero pareca ser cierto. La quietud mortal y elsilencio eran virtualmente completos. Si tan slo hubiera unsonido! Tosi, pero hubo algo burln en el coro dereververaciones. Se jur no comenzar a hablar consigomismo. Eso significara la desintegracin nerviosa. El tiempopareca discurrir anormal y desconcertantemente lento.Hubiera jurado que haban pasado horas desde que enfocarapor ltima vez la luz sobre su reloj, pero slo era el toque dela medianoche.Dese que sus sentidos no estuvieran tan preternaturalmenteagudos. Algo en la oscuridad y quietud pareca agudizarlos,como en respuesta a dbiles impulsos que no eran tan fuertescomo para llamarlos impresiones. Sus odos parecan a vecescaptar un dbil y elusivo susurro que no poda ser totalmente

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    identificado con el zumbido nocturno de las mseras callesdel exterior, y pens en algo tan vago e irrelevante como lamsica de las esferas y la desconocida e inaccesible vida deotras dimensiones presionando contra la nuestra. Rogersespeculaba bastante sobre tales cosas.Las motas de luz que flotaban ante sus ojos sumidos en laoscuridad parecan crear curiosas simetras de perfiles ymovimientos. A menudo se haba preguntado sobre esosextraos rayos del abismo insondable que centellean antenosotros en ausencia de iluminacin terrenal, pero nuncahaba sabido que se comportara as. Les faltaba el tranquilosin sentido de las motas de luz ordinarias.., insinuandoalguna voluntad o propsito distante de cualquier concepcinterrestre.Luego vino la sugerencia de extraos movimientos. No habanada abierto, pero, a pesar de la total falta de corrientes deaire, Jones sinti que el aire no estaba totalmente en calma.Haba intangibles variaciones de presin... aunque no lobastante como para sugerir el espantoso movimiento deinvisibles elementales. Era anormalmente fri, adems. No legustaba nada de eso. El aire tena un regusto salado, como siestuviera mezclado con la salmuera de oscuras aguassubterrneas y hubiera un descarnado indicio de algn aromade inefable humedad. Durante el da nunca se habapercatado de que las figuras de cera tuvieran olor. Aunentonces senta a medias que no eran las figuras de cera lasque deban oler as. Era ms bien como el dbil olor deespecimenes en los museos de historia natural. Curioso,dadas las pretensiones de Rogers acerca de que sus figuras noeran completamente artificiales... de hecho, era probable quetal pretensin fuera lo qe hacia a su imaginacin conjurartales sospechas olfativas. Deba guardarse contra los excesosde la imaginacin... No haban enloquecido tales cosas aRogers?Pero la completa soledad de aquel sitio era espantosa. Inclusolas distantes campanadas parecan llegar atravesando abismoscsmicos. Esto hizo a Jones pensar en la demente fotografaque le mostrara Rogers... la estrafalariamente tallada

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    habitacin del crptico trono, que aquel sujeto pretenda queera parte de unas ruinas con tres millones de aos deantigedad, emplazadas en las rehuidas e inaccesiblessoledades del rtico. Quizs Roger haba estado en Alaska,pero la fotografa no era ms que un montaje. No poda serde otra manera, con todas aquellas tallas y terribles smbolos.Y la monstruosa figura supuestamente encontrada en aqueltrono... Que explosin de fantasa enfermiza! Jones sepreguntaba cun lejos estara de la demente obra maestra decera... quizs estaba tras aquella pesada puerta de planchas demadera, cerrada con candado, que llevaba ms all del taller.Pero no deba dejarse obsesionar por una imagen de cera.No estaba aquella estancia repleta de tales seres, algunos delos cuales eran apenas menos horribles que el espantosoEllo? Y, ms all de una gruesa lona a la izquierda, estabala estancia de Slo adultos>>, con sus indescriptiblesespejismos del delirio.La proximidad de las innumerables formas de cera comenza crispar progresivamente los nervios de Jones mientraspasaba el cuarto de hora. Conoca tan bien el museo quepoda ubicar sus habituales imgenes incluso en la totaloscuridad. De hecho, las tinieblas tenan el efecto de prestar alas recordadas imgenes algn elemento imaginariosumamente perturbador. La guillotina pareca crujir y elbarbudo semblante de Landr que mat a sus quinceesposas se contorsionaba con expresin de monstruosaamenaza. De la cercenada garganta de Madame Demerspareca brotar un gorgoteante sonido, mientras que ladescabezada y desmembrada vctima de un asesino del balintentaba aproximarle ms y ms sus ensangrentadosmuones. Jones comenz a entornar sus ojos para ver sipoda difuminar las imgenes, sin el menor resultado. Dehecho, al entornar los ojos, el extrao e intencional trasfondode granos de luz se haca ms perturbadoramentepronunciado.Luego, repentinamente, comenz a intentar distinguir lasodiosas imgenes que primitivamente haba tratado de hacerdesvanecerse. Lo hizo porque estaban dando paso a entidadesan ms odiosas. A pesar de s mismo, su memoria comenz

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    a reconstruir las blasfemias totalmente inhumanas queacechaban las oscuras esquinas, y aquellos grumosos hbridosbrotaban rezumando y serpenteando hacia l, como tratandode encerrarle en un crculo. El negro Tsathoggua se model as mismo, desde una grgola de aspecto de rana, en una largay sinuosa lnea con centenares de rudimentarios pies, y unblando y enjuto ser nocturno extendi sus alas como paraavanzar y sofocar al observador. Jones se forz a s mismopara no gritar. Saba que estaba volviendo a los tradicionalesterrores de su infancia y decidi utilizar su razn de adultopara mantener a raya los fantasmas. Esto -le ayud un poco,segn descubri, al encender de nuevo la luz. Espantosascomo eran las imgenes reveladas, no lo eran tanto como lasque haba conjurado su fantasa en la total oscuridad.Pero haba un inconveniente. Aun a la luz de la linterna, nopudo dejar de sospechar un leve y furtivo temblor en unaparte de la lona que mantena oculta la terrible sala de Sloadultos. Conoca lo que haba detrs y se estremeci. Suimaginacin conjur las impresionantes formas del fabulosoYog-Sothoth... tan slo una aglomeracin de globosiridiscentes, pero inmenso en su sugerencia de maldad. Quera esa maldita masa flotando lentamente hacia l ysacudiendo la particin que estorbaba su camino? Una ligeraprotuberancia en la lona y a la derecha insinuaba el afiladocuerno del Gnoph-keh, el peludo ser mtico del hielogroenlands, que caminaba a veces sobre dos piernas, otrassobre cuatro y en ocasiones sobre seis. Para apartar esto de sucabeza, Jones camin audazmente hacia la infernal sala conla linterna luciendo constantemente. Por supuesto, ningunode sus temores era real. Aunque, no ondulaban lenta einsidiosamente los largos tentculos faciales del granCthulhu? Saba que eran flexibles, pero no comprenda que elmovimiento de aire causado por su avance bastase paraagitarlos.Volviendo a su asiento en el exterior de la sala, entre-cerrlos ojos y dej que los simtricos puntos de luz jugaran. Eldistante reloj lanz un solitario toque. Seda tan slo la una?Enfoc la linterna sobre su reloj y vio que as era. Seda, enefecto, duro aguardar hasta el alba. Roger volvera sobre las

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    ocho, antes incluso que Orabona. Habra luz en el exterior enel stano principal mucho antes de eso, pero nada de staentrara all. Todas las ventanas de este stano haban sidotapiadas, excepto los tres ventanucos que daban al patio.Sera una espera muy larga, en resumen.Sus odos estaban sufriendo tambin alucinaciones ahora... yaque poda jurar que oa pisadas sigilosas y pesadas en el tallerdel otro lado de la puerta cerrada y asegurada. No tenasentido pensar en el no exhibido horror que Rogers llamabaEso. El ser era una contaminacin... haba vuelto loco a sucreador, e incluso su retrato evocaba terrores de laimaginacin. No poda estar en el taller... estaba, obviamente,ms all de la puerta de pesadas planchas y candado.Aquellos pasos eran en verdad pura imaginacin.Luego crey escuchar girar la llave de la puerta del taller.Encendiendo su linterna, no vio nada excepto el antiguoportn de seis paneles en su posicin correcta. De nuevoprob la oscuridad y cerr los ojos, pero sigui unaangustiosa ilusin de crujido; esta vez no fue la guillotina,sino la lenta y furtiva apertura de la puerta del taller. Noquera gritar. Si gritaba, estara perdido. Haba ahora unaespecie de reptar o arrastrar audible y avanzaba lentamentehacia l. Deba retener el control sobre si mismo. No lohaba hecho cuando las indescriptibles formas del cerebrotrataron de acercrsele? El arrastrar reson ms cerca y suresolucin desfalleci. No grit, simplemente barbot undesafo.Quin est ah? Quin es usted? Qu quiere?No hubo respuesta, pero el arrastrar sigui. Jones no sabaqu era lo que ms tema... encender la linterna o permaneceren la oscuridad mientras el ser reptaba hacia l. Este ser eradiferente, lo saba con certeza, a los otros terrores de la tarde.Sus dedos y garganta se agitaban espasmdicamente. Elsilencio era imposible, y la espera en la total negruracomenzaba a ser la ms intolerable de todas las condiciones.De nuevo grit histricamente.Alto! Quin est ah? -Encendi los reveladores rayos desu linterna. Luego, paralizado por lo que vio, dej caer lalinterna y grit.., no una, sino muchas veces.

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    El ser que se arrastraba hacia l en la oscuridad era lagigantesca y blasfema forma de una negra entidad que no eratotalmente mono ni completamente insecto. Su piel colgabaflojamente de su estructura, y su rugosa cabeza de ojosmuertos se balanceaba constantemente de un lado a otro. Suspatas superiores estaban extendidas con las garras abiertas, ytodo el cuerpo se tensaba con malignidad homicida, a pesarde la completa ausencia de expresin facial. Tras los gritos yla llegada de la oscuridad, brinc y, en un instante, tena aJones sujeto contra el suel. No hubo lucha, ya que elobservador se haba desmayado.El desvanecimiento de Jones no pudo durar ms de uninstante, ya que el indescriptible ser estaba arrastrndolesimiescamente por la oscuridad cuando recobr laconsciencia. Lo que le despert plenamente eran los sonidosque profera el ser... o mejor dicho, la voz con la que losprofera. Aquella voz era humana, y adems familiar. Slo unser viviente poda tener los roncos y febriles acentos con losque entonaba cnticos a un horror desconocido.I! I! aullaba. Ya voy, oh, Rhan-Tegoth, voy contu alimento. Largo tiempo has esperado y malcomido, peroahora tendrs lo prometido. Esto y ms, ya que en vez deOrabona ser uno de los que ms han dudado de ti. Loaplastars y secars, con todas sus dudas, y as -te hars msfuerte. E incluso entre los hombres ser mostrado como unmonumento a tu gloria. Rhan-Tegoth, infinito e invencible,soy tu esclavo y sumo sacerdote. Tienes hambre, yo laaplaco. He ledo el signo y te lo he llevado derecho. Tealimentar con sangre y t me alimentars con poder. I!Shub-Niggurath! La Cabra con un Millar de Retoos!En un instante todos los terrores de la noche abandonaron aJones como un manto que cae. De nuevo era dueo de simismo, ya que sabia que era un peligro totalmente terrenal ymaterial al que tena que enfrentar-se. No era ningnmonstruo de fbula, sino un peligroso demente. Era Rogers,vestido con algn disfraz de pesadilla de su propio yenloquecido diseo, dispuesto a realizar un espantososacrificio al dios-demonio que haba creado en cera.Evidentemente, deba haber entrado al taller por el patio

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    trasero, se haba disfrazado y haba avanzado para apresar asu vctima finamente encerrada y presa del pnico. Su fuerzaera prodigiosa, y si deba ser frustrado habra de actuarrpido. Continuara alimentando la creencia del loco en suinconsciencia, mientras la presa fuera relativamente dbil. Lasensacin de pasar un umbral le dijo que estaba entrando enel taller negro como la tinta.Con la fuerza que da el miedo mortal, Jones dio un bruscosalto desde la medio yacente postura en la que estaba siendoarrastrado. Durante un instante se liber de las manos delatnito maniaco, y, en otro instante, una embestidaafortunada puso sus manos alrededor de la gargantaextravagantemente disfrazada de su captor. Simultneamente,Rogers le aferr a l y, sin mayores preliminares, ambos setrabaron en una lucha a vida o muerte. El entrenamientoatltico de Jones, sin duda, fue su nica salvacin, ya que suenloquecido atacante, abandonando cualquier exhibicin dejuego limpio, decencia o incluso autopreservacin, era unamquina de salvaje destruccin tan formidable como un loboo una pantera. Gritos guturales salpicaban ocasionalmente la terrible luchaen la oscuridad. Salt la sangre, las ropas se rasgaron, y al finJones sinti la garganta del maniaco, libre ya de su mscaraespectral. No dijo una palabra, sino que puso cada gramo deenerga en defender su vida. Rogers pate, busc los ojos desu enemigo, dio cabezazos, mordi, rasg y escupi... y anencontr fuerzas para vociferar ocasionales frases. La mayorparte de su palabrera era una jerga ritual llena de referenciasa Eso o Rhan-Tegoth y, para los crispados nervios deJones, era como silos gritos tuvieran respuesta de bufidos yaullidos demonacos, provenientes de una infinita distancia.Hacia el final, ambos rodaron por el suelo, volcando bancos ogolpendose contra los muros y los basamentos de ladrillodel horno de mezcla del centro. Hasta el fin, Jones no pudoestar seguro de salvarse, pero el ltimo lance se inclin a sufavor. Un rodillazo contra el pecho de Rogers produjo unatotal relajacin y, un instante despus, supo que habaganado.

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    A pesar de lo duro que le resultaba sostenerse, Jones selevant y tante los muros buscando el interruptor de la luz,ya que haba perdido su linterna, junto con la mayor parte desus ropas. Mientras palpaba, arrastraba a su desvanecidocontrario, temiendo un repentino ataque cuando el dementevolviera en si. Encontrando la caja, prob hasta hallar elinterruptor correcto. Luego, mientras el taller, salvajementedesordenado, apareca bajo la repentina luz, volvi para atara Rogers con cuantas cuerdas y cinturones pudo encontrar amano. El disfraz del sujeto o lo que quedaba de lpareca estar realizado con alguna desconcertante clase decuero. Por diversas razones, a Jones se le puso la carne degallina al tocarlo, y pareca haber un extrao y oxidado oloren l. En las ropas de calle de debajo, estaba el llavero deRogers, y la exhausta vctima lo aferr como su pasaportefinal a la libertad. Las pantallas de las pequeas ventanasparecidas a troneras estaban bajadas y aseguradas, y as lasdej.Enjugando la sangre de la lucha en un recipiente apropiado,Jones busc las ropas ms ordinarias y menos extravagantesque pudo encontrar en los percheros. Probando la puerta delpatio, descubri que estaba asegurada con un cerrojo deresorte que no necesitaba llave desde el interior. Guard elllavero, no obstante, para entrar, cuando volviera, conayuda... ya que, claramente, lo que haba que hacer era llamara un psiquiatra. No haba telfono en el museo, pero no seradifcil de encontrar en un restaurante nocturno o en unafarmacia de guardia. Casi haba abierto la puerta para salircuando un torrente de odiosas injurias del otro lado de lahabitacin le indic que Rogers cuyas heridas visibles selimitaban a un largo y profundo rasguo en la mejillaizquierda. haba recobrado la consciencia.Idiota! Desove de Noth-Yidik y efluvio de Kthun! Hijo

    de los perros que allan en el torbellino de Azathoth! Podrashaber sido sagrado e inmortal, y ahora traicionas a Eso y a susacerdote! Cuidado... porque est hambriento! Debiera habersido Orabona... ese maldito perro traicionero listo pararevolverse contra Eso y contra m... pero termin

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    concedindote el primer honor. Ahora, ambos debis temer,ya que Eso no es agradable sin su sacerdote.I!I! La venganza se acerca! Sabes que podras habersido inmortal? Mira al horno! El fuego est listo y hay ceraen la olla. hubiera hecho contigo lo que hice con las otrasformas vivientes. Ey! T que has jurado que todas misefigies eran de cera, te habras convertido en una de ellas!Cuando Eso se hubiera saciado, y fueras como aquel perroque te mostr, hubiera inmortalizado tus pedazos aplastadosy lacerados! La cera lo hubiera hecho. No decas que soy ungran artista? Cera en cada poro... cera en cada centmetrocuadrado tuyo... I! I! Y despus el mundo hubiera podidocontemplar tu mutilada carcasa y preguntarse cmo podrayo haber imaginado tal cosa! Ey! Y Orabona hubiera sido elsiguiente, y otros tras de l... y todos hubieran acrecentadomi familia de cera!Perro... An crees que be fabricado todas mis efigies? Nosera mejor decir preservado? Ya sabes los extraos lugaresque he visitado y los extraos seres que he trado. Cobarde...nunca osaras encarar al destructor csmico cuyo disfraz mecoloqu para darte un susto... su simple presencia viva, oincluso el hecho de concebirlo, te hubieran matadoinstantneamente de miedo! I! I! Eso aguardahambriento la sangre que es vida!Rogers, sostenindose contra la pared, tirone de susataduras. Mira esto, Jones... y si me sueltas y yo te dejo marchar?Hay que ser respetuosos con el sumo sacerdote de Eso.Orabona bastar para mantenerlo vivo.., y, cuando termine,inmortalizar sus pedazos en cera para que el mundo los vea.Debieras haber sido t, pero has rehusado tal honor. No temolestar ms. Sultame y repartir contigo el poder que Esome dar. I! I! Grande es Rhan-Tegoth! Sultame! Esthambriento al otro lado de la puerta y, si muere, losPrimordiales nunca volvern. Ey! Ey! Sultame! Jones simplemente agit la cabeza, a pesar de que larepugnancia hacia los delirios del empresario le asqueaban.Rogers, ahora mirando salvajemente hacia la puerta de hierrocon el candado, golpe su cabeza una y otra vez contra el

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    muro de ladrillo y comenz a dar puntapis con sus tobillosfuertemente atados. Jones comenz a temer que se lesionaray avanz para atarlo ms firmemente a algn objeto fijo.Contorsionndose, Rogers se apart de l y comenz a lanzaruna serie de frenticos aullidos cuya total y monstruosainhumanidad resultaba espantosa y cuyo volumen era casiincreble. Pareca imposible que cualquier garganta humanapudiera producir ruidos tan estrepitosos y penetrantes, yJones pens que, de continuar, no necesitara telfono parapedir ayuda. En poco tiempo, algn polica llegara ainvestigar, aun admitiendo que no hubiera vecinos quepudieran escuchar en aquel desierto distrito de almacenes.Wza-yei! Wza-yei! aullaba el demente Ykaa haabho... ii, Rhan-Tegotb... Ctbulhujhtagn... Fi! Fi! Fi! Fi!...RhanJegoth, Rban-Tegoth, Rhan-Tegoth!La estrechamente atada criatura, que haba comenzado aserpentear por el sucio suelo, alcanz la puerta de planchascon el candado y comenz a golpear atronadoramente sucabeza contra ella. Jones temi tener que volver a sujetarle ydese no estar tan agotado por la lucha previa. El violentoresultado estaba crispando de forma espantosa sus nervios ycomenz a sentir un rebrote de los indescriptibles temoresque le asaltaran en la oscuridad. Todo lo concernienteRogers y su museo era tan infernalmente enfermizo ysugerente de negros panoramas al otro lado de la vida! Eraodioso el pensar en la obra maestra de cera, fruto del anormalgenio, que en aquel momento deba agazaparse cerca en laoscuridad, ms all de la pesada puerta del candado.Luego sucedi algo que envi un fro adicional por lacolumna de Jones e hizo que cada pelo -hasta los del dorso desu mano se erizaran con un vago espanto ms all decualquier clasificacin. Rogers haba parado bruscamente degritar y golpear su cabeza contra la slida puerta de hierro, yestaba buscando colocarse en una postura sentada. Tena lacabeza torcida y escuchaba intensamente algo. Y entoncesuna sonrisa de diablico triunfo ilumin su rostro y comenza hablar de forma inteligible nuevamente.., esta vez en unronco murmullo que contrastaba extraamente con su previoaullar estentreo.

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    -Escucha, idiota! Escucha atentamente! Eso me haescuchado y acude. No puedes orlo chapotear mientras salede su tanque al final del tnel? Lo aloj en las profundidadesporque nada es demasiado bueno para Ello. Es anfibio, ya losabes... viste las branquias en la foto. Lleg a la tierraprocedente del plomizo Yuggoth, donde las ciudades estnbajo los clidos y profundos mares. Eso no puede erguirseaqu... demasiado alto... tiene que sentarse o agazaparse.Dame mis llaves.., debemos dejarle salir y arrodillamos antesu presencia. Luego saldremos y encontraremos un perro oun gato... quizs un borracho... para darle el alimento quenecesita.No era lo que el loco deca, sino la forma de decirlo, lo quealter seriamente a Jones. La total y demente confianza, y lasinceridad del enloquecido susurro, era condenadamentecontagiosa. La imaginacin, con tales estmulos, poda-descubrir una amenaza activa en la diablica figura de ceraque se agazapaba invisible al otro lado de la pesada plancha.Mirando a la puerta con atroz fascinacin, Jones descubrique se producan varios y distintos crujidos, aunque noaparecieron marcas de violencias en la superficie. Sepregunt cun grande sera la habitacin o armario del otrolado, y cmo estara colocada la figura de cera. Aquella ideadel loco sobre un tanque y un tnel era tan delirante como susotras fantasas.Despus, en un terrible instante, Jones perdi por completo larespiracin. El cinturn de cuero, con el que haba pensadosujetar an ms a Rogers, cay de sus manos inertes y unespasmo de terror le sacudi de pies a cabeza. Debiera habersabido que el lugar le volvera loco, tal como haba sucedidocon Rogers; y ya estaba loco. Estaba loco, ya que sufraalucinaciones ms salvajes que las que le haban asaltadoanteriormente en la noche. El loco le deca que escuchara elchapoteo de un monstruo mtico en un tanque del otro ladode la puerta... y entonces, Dios le ayudara, Lo escuch!Rogers observ el espasmo de horror cubrir el rostro de Jonesy convertirlo en una rgida mscara de miedo. Cacare.

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    Por fin, loco, crees! Por fin sabes! Lo escuchas y Esoviene! Dame mis llaves, idiota... debemos reverenciarle yservirle!Pero Jones no prestaba ninguna atencin a una voz humana,loca o cuerda. Una parlisis fbica le inmoviliz sumindoleen el estupor, con salvajes imgenes recorriendo suimaginacin desamparada. Hubo un chapoteo. Hubo unarrastrar o pisar, como de grandes patas hmedas sobre unasuperficie slida. Algo se acercaba. Su olfato fue asaltado porun hediondo olor animal que brotaba desde las grietas enaquella puerta de pesadilla, parecido y a la vez diferente al delas jaulas de mamferos de Regents Park.No saba si Rogers estaba hablando o no. La realidad se habadesvanecido y era una estatua acosada por sueos yalucinaciones tan antinaturales que se convertan casi enobjetivas y distantes para l. Crey oir un husmeo o bufidoproveniente de los desconocidos golfos al otro lado de lapuerta y, cuando un repentino ruido aullante y trompeteantegolpe sus tmpanos, no pudo estar seguro de que procedieradel estrechamente atado maniaco cuya imagen rielaba en suenturbiada visin. La fotografia de aquel maldito e invisibleser de cera insista en revolotear por su mente. Tal ser notena derecho a existir. Acaso no le haba vuelto loco?Mientras reflexionaba, una nueva evidencia de locura leasalt. Algo, pens, estaba palpando el pestillo de la puertacerrada con candado. Estaba pateando, araando yempujando la plancha. Hubo un trueno y la recia madera quese debilit ms y ms. El hedor era espantoso. Y entonces elasalto contra la puerta desde el interior se convirti en unamaligna y decidida embestida, como los redobles de unariete. Hubo un ominoso crujido... un astillarse... un hedorcloacal... una plancha cayendo.. -una pata negra rematadaen una pinza como la de un cangrejo.. jSocorro! Socorro! Dios, aydame!.. Aaaaaaah!Con intenso esfuerzo, Jones es capaz, hoy en da, de recordarla sbita ruptura de su parlisis de temor, descargndose enuna frentica huida automtica. Aquello debi sercuriosamente similar a las salvajes y desesperadas huidas delas enloquecedoras pesadillas,. ya que pareca haber saltado

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    por la desordenada cripta en casi un latido de corazn,franqueado la puerta exterior y haberla cerrado y atrancadotras de si de golpe, saltado sobre los gastados peldaos detres en tres y volado, frenticamente y sin rumbo, por elhmedo patio empedrado y a travs de las mseras calles delSouthwark. Aqu se detiene su memoria. Jones no sabe cmo lleg a sucasa, y no existe evidencia de que cogiera un coche.Probablemente hizo todo el camino por ciego instinto: por elpuente de Waterloo, a lo largo del Strand y Charing Cross ysubiendo Haymarket y Regent Street hacia su vecindad.Todava vesta la extraa mezcolanza de ropas del museocuando recobr la consciencia lo suficiente como para llamaral mdico.Una semana ms tarde, el psiquiatra le permiti abandonar lacama y salir al aire libre.Pero no haba contado todo a los especialistas. Sobre toda laexperiencia colgaba un manto de locura y pesadilla, y sintique el silencio era el nico camino. Cuando estuvorecuperado, estudi exhaustivamente los peridicos que habacoleccionado desde aquella espantosa noche , sin encontrarreferencias a nada extrao en el museo. Cunto, despus detodo, haba sido realidad? Dnde terminaba la realidad ycomenzaba el delirio enfermizo? Haba cedido su mente enaquella oscura sala de exposicin y todo, hasta la lucha conRogers, era un fantasma de la fiebre? Le ayudada arecobrarse el aclarar aquellos puntos enloquecedores. Debaver la maldita fotografa de la imagen de cera apodada

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    animadamente. Quizs todo fuera un sueo. Se atrevera allamar a la puerta del taller y buscar a Rogers?Enseguida, Orabona avanz para darle la bienvenida. Suoscuro y picado semblante apareca un tanto sardnico, peroJones sinti que no era hostil. Habl con algo de acento. Buenos das, Mr. Rogers. Hace tiempo que no le veamos.Buscaba a Mr. Rogers? Lstima, no est. Tenacompromisos en Amrica y tuvo que marcharse. S, todo fuemuy repentino. Ahora yo estoy a cargo... aqu y en la casa.Trato de mantener los altos niveles de Mr. Rogers... hasta quevuelva.El extranjero sonri... quizs slo por amabilidad. Jonesapenas saba qu responder, pero se las arregl paramurmurar unas pocas preguntas sobre el da posterior a sultima visita. Orabona pareci sumamente divertido por laspreguntas y tuvo sumo cuidado al formular las respuestas.Oh, s, Mr. Jones... el 28 del pasado mes. Lo recuerdo pordiversos motivos. Por la maana... antes de que llegara Mr.Rogers, ya sabe... encontr el taller algo desordenado. Fue ungran trabajo el... limpiar.., todo. Hubo... trabajo nocturno, yasabe. Una nueva e importante produccin recibi un procesosecundario de coccin. Me hice cargo de todo al llegar.Era un ejemplar difcil de preparar... pero, por supuesto, Mr.Rogers me ha enseado bien. Es, ya sabe, un gran artista. Alllegar, me ayud a terminar la figura... me ayud de formamuy material, se lo aseguro... pero se march tanrepentinamente que ni se despidi de la gente. Tal como ledigo, le llamaron repentinamente. Haba importantesreacciones qumicas involucradas. Hubo fuertes sonidos... dehecho, algunos camioneros del patio exterior imaginaron quehaban odo algunos disparos de pistola... que idea tandivertida!Respecto a la nueva obra... el asunto es muy desgraciado. Esuna gran obra maestra... diseada y realizada, ya meentiende, por Mr. Rogers. Ya la ver cuando vuelva.De nuevo, Orabona sonri.La polica, ya sabe. La pusimos de vigilancia una semanadespus y hubo dos o tres desvanecimientos. Un pobrehombre sufri un ataque epilptico frente a l. Sabe, es un

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    pelo.., ms fuerte... que el resto. Es ms grande de lo normal.Por supuesto, estaba en la sala de adultos. Al da siguiente,una pareja de Scotland Yard lo examin y dijo que erademasiado morboso para ser exhibido. Afirm que tenamosque quitarlo. Fue una tremenda vergenza... una obra de arteas... pero no me sent justificado para acudir a los tribunalesen ausencia de Mr. Rogers. No le gustan los problemas con lapolica... cuando vuelva.., cuando vuelva...Por una u otra razn, Jones sinti una ascendente marea dedesazn y repulsin. Pero Orabona prosegua.-Usted es un entendido, Mr. Jones. Estoy seguro de no violar

    la ley brindndole una visita privada. Puede ser..., porsupuesto, segn los deseos de Mr. Rogers... que destruyamosel espcimen algn da... pero ser un crimen.Jones sinti un poderoso impulso de rechazar la visita y huirprecipitadamente, pero Orabona le llevaba cogido del brazocon el entusiasmo de un artista. La sala de adultos, abarrotadade horrores indescriptibles, no tena visitantes. En el extremoms alejado s haba tapado un nicho y hacia all avanz elsonriente empleado.-Debe saber, Mr. Jones, que el ttulo de esta obra es ElSacrificio de Rhan-Tegoth>>.Jones se sobresalt violentamente, pero Orabona no diomuestras de notarlo. El informe y colosal dios es una rplica de ciertas oscurasleyendas estudiadas por Mr. Rogers. Se supone que lleg delespacio exterior y vivi en el rtico hace tres millones deaos. Realizaba sus sacrificios de una forma bastante peculiary horrible, como podr ver. Mr. Rogers lo ha dotado de undiablico aspecto de vida... aun en el rostro de la vctima.Temblando ahora violentamente, Jones se asi al pasamanosde latn frente al velado nicho. Casi estuvo por detener aOrabona cuando vio que la cortina comenzaba a abrirse, peroalgn impulso contrapuesto le cotuvo. El extranjero sonritriunfalmente.Vea!Jones se tambale a pesar de estar agarrado al pasamanos. -Dios!... Dios mo!

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    Con sus buenos dos metros y medio, y a pesar de su actitudconfusa y agazapada que expresaba una malignidadinfinitamente csmica, se mostraba a un increble horrorplantado frente a un ciclpeo trono de marfil cubierto degrotescas tallas. En el par central de sus seis patas llevaba unarrugado, aplastado, distorsionado ser sin sangre, perforadopor un milln de punciones y, en ciertos lugares, quemadopor la accin de un activo cido. Slo la mutilada cabeza dela vctima, pendiendo a un lado, revelaba que representaba aalgo que fuera humano.El propio monstruo no necesitaba presentacin para alguienque hubiera visto cierta fotografa infernal. La malditainstantnea haba sido demasiado fiel, aunque no podamostrar el pleno horror que subyaca en la gigantescaentidad. El torso globular.., la burbujeante sugerencia decabeza... los tres ojos de pescado... la larga trompa... lasagallas protuberantes... el monstruoso pelaje de ventosascomo spides... los seis sinuosos miembros con sus patasnegras y pinzas de cangrejo... Dios!, la familiaridad de lapata negra rematada en una pinza de cangrejo!...La sonrisa de Orabona era completamente condenable. Jonesse atragant y observ fijamente la odiosa exhibicin concreciente fascinacin que le aturda y le perturbaba. Quentrevisto horror le suma y le obligaba a mirar ms y buscardetalles. Eso haba vueko loco a Rogers... Rogers, supremoartista... deca que no eran artificiales.Luego vio lo que le perturbaba. Era la aplastada y cadacabeza de cera de la vctima, y lo que insinuaba. Su rostro noestaba totalmente destruido y era familiar. Era como elenloquecido semblante del pobre Rogers. Jones observ msde cerca, sin saber del todo qu le impulsaba. No era naturalen un enloquecido eglatra moldear sus

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    poda distinguirse una irregularidad que desentonaba con elaspecto general... como si el autor hubiera tratado de cubrirun defecto de su primer modelo. Cuanto ms lo miraba Jones,ms misterioso y horrible le pareca... luego, bruscamente,record algo que le llen de horror. Aquella espantosanoche... la lucha... el demente atado... y el largo y profundoaraazo en la mejilla izquierda del verdadero Rogers...Jones, soltando la desesperada presa del pasamanos, cay enun profundo desvanecimiento.Orabona segua sonriendo

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