Historia del santuario de nuestra seora de copacabana

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    29-Jul-2015

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1. Historia del santuario de NuestraSeora de CopacabanaBaj del cielo en el deseo de un indio noble, sangre de los Ingas reyes, llamadoD. Francisco Titu Yupangui, el ver en la Iglesia de su pueblo un bulto de laVirgen. No tenan con qu comprarlo, y dio en querer hacer de barro un bulto asu amada Seora; dndole nimo no el saber de aquel arte, sino el impulsoque haca entallador al deseo, y su devocin, pintura al retrato, Acable de unavara, y aunque feo, tosco y desproporcionado bulto, le puso a un lado del altar,y consintile poner el cura Antonio de Almeida, o por consolar al indio, o porqueentonces haba en el Per pocos bultos. Los cuerdos pedan se quitase delaltar, porque era causa de irrisin, y los indevotos tenan materia de qu triscar.El indio sufra los baldones y lloraba el no saber de pintura y no tener caudalpara comprar el bulto que deseaba. (Dej escrito este indio los sucesos quetuvo con su imagen y as, aadiendo yo a la relacin del Padre Fray AlonsoRamos lo que el indio declara quedar la relacin entera, si bien este autor laspone ambas divididas). All estuvo ao y medio, hasta que entr otro cura, elbachiller Antonio de Montoro. Viendo el nuevo doctrinante lo feo del bulto, yque era ms para dar risa que para causar devocin, dice el indio que,echndolo a l noramala, porque lo defenda, envi el bulto fuera de la iglesia,y psose en un rincn de la sacrista. Corrido D. Francisco de ver su obraexcluida, y deseoso de hacer una imagen de la Virgen, trat de ser pintor, yfuse a Potos con un hermano suyo D. Felipe de Len; all los puso conmaestro D. Alonso Viracocha Inga su cacique, que a lasazn estaba en Potos,donde se quedaron aprendices, y D. Alonso se volvi a Copacabana a darrazn de las cosas que en materia de indios estaban a su cargo, y a ver siablandaban los Urinsayas en su tema.Don Alonso Viracocha Inga, pasado algn tiempo, volvi (por ser gobernadorde los Anansayas) a la villa de Potos, y llev consigo a don Pablo su hermano.Hallaron a D. Francisco Titu Yupangui, deudo suyo, que saba poco ms queaprendiz primerizo en pintar, si bien ansioso por obrar antes de aprender.Haba comenzado otro bulto, casi como el primero, que para la maravilla queDios iba disponiendo, convena que no se adelantase en el arte por ms quecreciese a las ganas, porque quien le vio la devocin quera ser el pincel. Alltrataron los tres de su nueva cofrada, y de lo que en el caso deban hacer paraconseguir su efecto, sin que la contradiccin de los Urinsayas les fueseestorbo. Djole don Francisco Titu cmo tena comenzado un bulto de tallaentera para una imagen de la Candelaria, el cual pretenda acabar, porquedems de la inclinacin natural que le llevaba a saber de aquel arte, tenahecha promesa de dar a su pueblo una imagen de la Virgen que fuese de sumano, aunque en la demanda gastase plata y tiempo, sin que el ser aprendiz leachicase el nimo, y que para negociar favor de la Virgen haba interpuestooraciones y ayunos, pidiendo gracia para acertar en la imagen, y con estedeseo haba visitado las iglesias y registrado altares. Concertronse los tres yvolvieron a visitar los conventos. En el de Santo Domingo hallaron una imagende la Candelaria; mirla y remirla cada uno, porque se les quedase en la ideaaquel retrato para despus, conforme al prototipo, sacar a luz su deseada obra,porque la hecha no era a propsito. Los tres hicieron otro molde, que dejndole 2. acabado de noche, le hallaron quebrado por la maana. Sucediles esto tres ocuatro veces. Si no era contradiccin del demonio, era probar su devocin elcielo, para que conociesen los espaoles los deseos y devocin que obraba enlos recin convertidos la gracia: y reprender con estos ardores de indios losresfros de sus eclesisticos. El devoto indio lloraba su insuficiencia, afligale ladificultad, animbale el deseo, consolbale la esperanza, y a todo recurra conlgrimas a la Madre de Dios. Dice que mand decir una Misa a la SantsimaTrinidad para que le alumbrase y favoreciese. Creca a varas su deseo, y nomedraba dos dedos en el arte. Comenz el ltimo bulto, que es el milagroso, a4 de junio del ao 1582. Hzole de maguey (varas que cra esta tierra msgruesa que el molledo, muy largas, y es madera ms liviana que el corcho).Fue uniendo los trozos con pasta negra; sacle sin arte, como aprendiz. Elrostro de la Virgen no era ni razonable ni devoto, burda la obra, y todo malaliado. Enamorse el indio de su hechura, parecindole que ya tena imagensu pueblo, y su devocin quietud. Trataron l y su gobernador de ir aChuquisaca a negociar licencia para fundar en Copacabana la cofrada;furonse al obispo, que lo era don Alonso Granero, prelado piadoso y amparode indios. Esto no era lo que ms les animaba, sino unos ardores ocultos quela Virgen les encenda por pagarles los primeros deseos. En oyendo lademanda un criado del obispo, los desanim diciendo que el obispo su seorno daba tales licencias, ni las concedera sino con dificultad, y que no llevasenadelante aquel propsito, si no tenan renta para la cofrada; y todo era porsacarles algo en pago de algunas esperanzas que les dio. Atajados y conturbacin quedaron los indios, y casi resueltos en desistir de su demanda.Veanse pobres, fuera de su patria, y sin protector, mas como la Virgen lo era, ytenan dispuestos los medios para que no se impidiese con dificultades,provey de un sacerdote de buena intencin que les facilit la licencia, y dio laorden que haban de tener en pedir la splica.Parecile a don Francisco que, llevando con su peticin una imagen en lienzode su mano, alcanzaran del obispo no slo la licencia para la cofrada, perootra que l pretenda en particular para poder libremente pintar y entallarimgenes; lo cual le sali muy al revs, porque as el obispo como los demsque vean la obra de aquel simple y nuevo pintor, la rean mucho, satirizndoletodos. Y refiere don Francisco que el obispo le deca que pintase monas y noimgenes, y dejase el pintarlas para espaoles maestros. Vindose el escultortan baldonado de todos, sali encomendndose a la Virgen, creciendo en losdeseos al peso de los baldones. Mostraba el bulto a otros de inferior estado porver si alguno le consolaba; y por ms que pretendan disimular la risa,manifestaban la burla. Estuvo en notable conflicto, considerando la befa que dela imagen hacan cuantos la miraban, y la crtica que del bulto que dej enPotos hicieron los que le haban visto. Ninguno de estos vaivenes ymenosprecios desmay el pecho del devoto indio, antes, a lo que l dice, sesenta ms inflamado.Estos efectos, sin duda, se fundieron en aquel honor que vio San Juan, sobreel cual estaba nuestro Redentor con pies semejantes al auricalco. A todosparecern estos pies pobres y aun encontrada la semejanza si no encerrarasoberano misterio. El auricalco es el latn, bronce o cobre. El auricalco es ellatn, bronce o cobre; metal que si se parece al oro noble, tiene propiedades de 3. cosa baja. Si acabado de limpiar brilla, muestra visos de oro, por momentos losva perdiendo, y se va anublando. Si engaa a la vista su color dorado, enmanosendolo deja un olor nocivo. En l se ven las propiedad s del hipcrita,como dice Berchorio: son duros, son indevotos, son pecadores, y por elaparente color de la modestia o virtud, parecen oro rico; siendo infame cobre,parecen santos siendo inicuos. Oyesme, hipcrita, dice San Crisstomo,Hypocrita, aut appare quod es, aut esto quod appares: o muestra lo que eres, oseas lo que muestras. Siendo esto as, por qu hace Cristo resea de tenerpies de cobre cuando su esposa dice que los vio de oro? El misterio est claro;sus pies significan (dice la Glosa, San Agustn, Beda y Primasio) los fieles.Estos, como le sucede al cobre, mientras estn ms y ms en el fuego de lastribulaciones y en el horno de las fatigas, resplandecen y se purifican ms yms en sus deseos, en la fortaleza y en las tribulaciones; y quiere nuestroRedentor significar stos en el cobre, metal abatido y bajo, porque donde msse muestra la valenta de su gracia es en los pobres humildes, que padecencon longanimidad oprobios, y en los incapaces desvalidos, que llevan por suamor los trabajos. stos, en el horno, que tiene el mundo para persecuciones,estn lejos de ser hipcritas, que siendo oro excelente por sus virtudes,parecen cobre bajo el juicio de quien los mira. Que por esto no dijo elevangelista que los pies de Cristo eran de cobre, sino que parecan de cobre; ypor eso dijo la esposa que estos pies eran de oro, y no dijo que se parecan aloro. Porque los santos son, a la verdad, oro fino, y a la apariencia, cobre bajo.Que cuanto tiene de bueno encubrir las virtudes, tiene de malo fingirsantidades. Sucdeles lo que dijo Cicern: "Estar vendiendo oro uno que noes malicioso, sino de corazn sano, y dice: Hay quin me compre este cobre?Por ventura (pregunta Cicern) habr algn buen hombre, alguno tan sincodicia, que le diga: Mira que lo que te parece cobre, es oro fino? Lo primerotienen los que sirven a Dios, que siendo oro cuanto venden, lo tienen comohumildes por cobre; y lo segundo usan los mundanos, pues aunque les parezcaoro lo que el virtuoso, le vende por cobre, no solo le dice que no es oro, pero olo compra por cobre, o publica que es cobre, y no oro. Oh resabios de lamalicia, y cuntos monipodios hacis contra la inocencia.Este indio don Francisco entr en este horno desde que tuvo el primer impulso,pues enamorado de la devocin a la Virgen, form sin saber el arte, una ycuatro veces el bulto. Cada trabajo, cada fatiga, as de las que habemos vistocomo de las que adelante veremos, le encenda ms y ms los deseos y ledaba ms ardores la de devocin. Pareca, por desvalido y pobre, metal bajo alos ojos del mundo y era, por su fe y afectos, a los ojos de Dios oro rico.Mientras ms padeca ms se acrisolaba. Con semejantes pies se honra deandar Cristo; de stos hace gala, con stos sale a fiestas.La fortaleza de este indio y su perseverancia prue a que no eran veleidades lassuyas, sino tesones santo pues, como dijo Sneca, nada simulado, nadafingido puede ser diuturno ni fue permanente, y Dios sufrir cien mil pecadosaos muchos, y no le sufre su verdad que deje permanecer lo que slo se hacepor fingir. Yo llam, dice por Isaas, al matador para que haga aicos todos losvasos hechizos, todos los vasos fingidos. Pues, para eso era menestermatador, no teniendo alma los vasos? S; que habla de los que fingiendodevocin, muestran ser vasos de oro, de que se serva dios en su templo. 4. Comenzaban obras que prometan permanencias, y eran de vil barro hechospor la ambicin o por la codicia, olleros de hipocresa. Este indio mostrtesones de justo y valentas de verdadero devoto. Dejen que ahora semenosprecie su obra, que presto veremos lo que vale en la parte donde Dios latiene dedicada, que aun en esto se parea lo que dice la letra griega, que lee:Chalco Lbano: mixtura de incienso y cobre, como explica Pannonio, y por estollama la Glosa al horno auricalco del Lbano. Parecironse los trabajos, que ensu muerte padeci Cristo, en la fortaleza y perseverancia, al cobre y bronce; yel olor de soberana fragancia, al incienso del Lbano. Incienso, y en honor desahumerio, era para que diese suave olor a todo el mundo y fraganciasuavsima a los cielos.Afligido, lloroso y desdeado dejamos a nuestro don Francisco, pero recurri aDios y a su Madre, y acompaando a la promesa oraciones y ayunos, enviabaordinarios ruegos al cielo, pidiendo a Madre y a hijo, a vueltas de humildessuspiros, facilitase en l lo que por ser indio rudo imposibilitaban a losespaoles. Eran, pues, tan encendidas las lgrimas de nuestro escultor,nacidas de santo deseo, que abrasaron el pecho de Dios, y le obligaron acondescender con la splica del indio aprendiz. No ha sido tan celebrado elms insigne del arte, ni tan famoso el mejor pincel, como lo fue este indio, porhaber hecho la imagen portentosa de Copacabana, formando Dios con susmanos y buril lo que falt al indio en el arte: pincel; pues para acabar el mismoDios la obra escogi pintor ignorante, negando este nombre y fama a los msnicos oficiales, porque si ellos echaran el resto en sacar este bultoacabadsimo, pensara el mundo que lo humano negociaba las devociones, y noquiso Dios sino que se viese que lo milagroso atraa las almas. Despus hizo elde Nuestra Seora de Pucarani, de quien, ya dijimos mucho.Visto pues por el escultor bisoo cun vanos le haban salido hasta all susdeseos y cun sin posesin sus esperanzas, determin salir de la ciudad de LaPlata y dar la vuelta a Potos, donde tena el bulto. Quedronse en la Plata donAlonso y don Pablo, diligenciando su cofrada. Detuvironse algunos meses,tiempo en que don Francisco desbast algo el bulto de la imagen. Resolvisacarla de Potos y venir con ella a la ciudad de Chuquiago, donde haba dehacer alto, no queriendo llegar a su pueblo, que est de all veinticuatro leguas,hasta mejorar su obra; parecindole no sera bien recibido y que antes seramofado si no la llevaba puesta en perfeccin. Trat de dorarla porque, como lefaltaban el oro, los follajes, y el esgrafiado, el bulto estaba feo y nada pulido;era ms para desechar que para ver. Sac de Potos su imagen en compaade algunos indios sus paisanos que le ayudaban a llevarla. Y si l pens quemudando tierra mejorara de fortuna, de su discurso se vali el cielo para iracercando la ocasin, porque ya se iba madurando el fruto en el rbol de laeterna providencia.Continuando, su viaje, lleg al pueblo de Hayohayo, donde pusieron el bulto enel zagun de las casas del Cabildo. A la sazn estaba all aposentado unCorregidor de Larecaja. ste, entrando a recogerse, como viese el bulto a lapuerta y en una manera de andas, pensando que era cuerpo muerto le dio unpuntapi, riendo a los indios porque le haban puesto all y no en elcementerio o en alguna casa. Decanle los indios que era imagen; l no 5. entenda lo que en lengua de indiole plagueaban, y as con mucha cleramand que lo echasen fuera. Lleg un indio ms ladino, que hablabacastellano, y dijo al Corregidor que era un bulto de la Virgen que llevaban a supueblo. El, para enterarse bien de la verdad, hizo traer lumbre y descubri laimagen; postrose de rodillas, adorla y por aquella noche la puso en lugardecente, bien confuso de lo que le haba sucedido, sin saber lo que haca. Otroda prosigui don Francisco su viaje y lleg a la ciudad de Chuquiago, dondesupo que estaba a la sazn un espaol llamado Vargas, dorando un retablo delconvento del serfico P. S. Francisco. Determin quedarse con l, y aunservirle, esperando por paga, no inters, sino aprovechar en el arte y negociarcon l le dorase la imagen. Como lo pens, as lo hizo, y a pocos das le diocuenta de los sucesos de su imagen y que su deseo era dorarla, trabajo que lepagara con servicio y plata. Concertaron ir ambos. Fue al da siguiente a verlaa casa de don Francisco, y l, desenvolviendo su bulto para tenerle a puntocuando viniese el dorador, le hall (como otras veces le haba sucedido enPotos) medio quebrado, desecho, muy descompuesto y maltratado. Hizoextremos sin poder rastrear la causa de aquel dao; fue grande el disgusto queel afligido indio tuvo de esto, y estuvo cerca de dar de mano a su cuidadoprolijo por ver que tan al revs le sala de su deseo. Tal vez le diran que elquebrrsele tantas veces era insinuar Dios que no quera servirse de susobras, y no era sino probar su fe y mostrar a los ms catlicos que sabe obrarla gracia tesones con valor y perseverancia con afecto en los recinconvertidos, para hacer ejemplar de que aprenden los ms buenos.Al fin, en nada descaeci la devocin de don Francisco, porque como aquellaobra la trazaba el soberano artfice, que tan primorosamente labr el original,fcilmente dispuso el corazn del simple entallador a que a instancia deldorador volviese a su obra y soldase su quiebra. Trabaj a ratos en ella otrostres meses, y todo fue menester para volver al ser que antes tena segnestaba despedazada. Pretendi Dios destruir con el tesn de un indio humilde,sin fuerzas, ni favor, la arrogancia del demonio ms arrogante que sus fuerzas,befa que le hizo Isaas. Que lo necio de la arrogancia no tiene lo ms enpretender soberanas, sino en quererlas, sin que haya simbolizacin con lasfuerzas y trnsito a la posibilidad. Quiso Dios desbaratar sus aras viles y dar entierra con sus altares locos, que tan soberbios se levantaban en Copacabanacontra el cielo, y poner en ella un retrato de su Madre, que slo basta susombra para poner en vergonzosa fuga los valentones del infierno. Quera queaquella selva y fiera de dragones fuese un agradable prado que, con suapacible vista, entretejido de diversas flores y acompaado de suavesfragancias, suspendiese los sentidos, y fiaba la imagen en las toscas manos deun inculto indio, a quien slo disculpaba su fe simple y daba el valor su deseodevoto. Era todo ensearnos que no hemos de buscar milagros, donde elimportuno trabajo y continua diligencia es bastante para lo que se pretende, yque solo con un indio devoto de la Virgen sabe arrastrar valentas de Lucifer,monarquas de infidelidad, torres de falsa religin; castigndole con un indioslo los daos, los homicidios, los engaos y adoraciones que introdujo enmillares de indios. Esto tengo por sin duda y que, para comenzar Dios losmilagros de esta imagen, quiso que fuese idiota el artfice, para que vindola(como despus la vemos) los que antes la vieron, dijesen que slo Dios le diola forma, dejando a las manos y al deseo del indio la materia. 6. Quiere Dios que para hacer el propiciatorio, el tabernculo y el arca, en queestaba el man, la vara y la ley, no sea el oficial ms cientfico que se halle enel mundo, de aquellos que aprendiendo el oficio de ensamblar o entallar,llegaron a ser primos en el arte, ni algn plebeyo de sangre balad, sino unnoble a quien Dios hiciese docto, siendo su gracia la que le ensease laciencia. "Oyes, Moiss, le dice, yo llam por su nombre a Beseleel, hijo de Bely nieto de Hur, de la tribu de Jud, para que haga mi tabernculo y arca". Esteera de gran autoridad y nobleza, que tena el primer lugar despus de Moiss yAarn, y as fueron juntos a la guerra de Amalec. Eran concuados, puesestaba casado (como dice Josefo y otros) con Mara su hermana. Dice Diosque llam por su nombre a Beseleel, y si significa en ello ser hombreconocidsimo o ser varn santo, encierra otro misterio, pues pocos nombrespropios dejan de tenerle en la Sagrada Escritura, como se ve en los doctoressantos y en los evangelistas; y as Beseleel, como advierte Mario y la Glosa,quiere decir: el que est debajo de la sombra y proteccin de Dios. Que paraobrar el tabernculo y arca, ninguno pudo ser tan excelente oficial como el queestaba a la sombra y a la proteccin de Dios. Este Beseleel no saba nada delarte, y dile Dios ciencia, inteligencia y sabidura, asistiendo en su alma elEspritu Santo; y as (porque luciese el milagro y se atribuyese slo a la gracialo excelentsimo de la obra) escogi a ste que no saba de los rudimentos delarte; y quiso para hacer arca que figuraba a su Madre, que fuese noble y de latribu de los reyes. Cul cotejo puede venir ms ajustado para la fbrica denuestra imagen, figura de la Virgen como el arca, tabernculo y propiciatorio deDios? Para esta escogi, no el que fuese cientfico oficial, sino el que por suvirtud fuese benemrito de la gracia y ciencia que le dara Dios; no indioplebeyo, sino de sangre real; que la fortuna, si abati la persona de donFrancisco, siempre la razn estim la nobleza de la sangre: que lo real nopierde en el indio cuando no pierde en el rabe o en el moro. A este peruanoBeseleel le dio el cielo el arte y destreza que bast para que no se atribuyese alarte lo que era celestial, y le dio perseverancia la Virgen porque le tena desdeel primer impulso a la sombra de su proteccin.Si fuera hbil nuestro escultor, poda atender a lo que personas de buendiscurso le advertan o le vituperaban en la talla, para enmendarlo o aadirlo;con que fuera el bulto mejor o subiera a razonable , pues segn aquel granpintor de quien habla Annimo, y cita Manucio, preguntndole quin le habaenseado el arte, seal con el dedo al pueblo, como diciendo: "Yo voypintando al juicio de muchos, considero lo que el discreto alaba o lo que elcientfico vitupera, y as consigo lo cabal de la pintura; que se yerra pococuando el consejo es de muchos". Trabaj don Francisco en su imagen, y deesta ltima mano qued mejorada la talla, tal que puso ganas de dorarla alespaol dorador. Trjola de noche al convento de san Francisco, psola ocultaen el taller y oficina del espaol dorador, y entrambos trabajaban de da en laobra del retablo, y hurtando de noche al sueo muchos ratos, los gastaban endorar su imagen. Acabose de dorar, si bien nunca de perfeccionarse. Muycontento don Francisco de haber salido de su intento, dio por muy bienempleados sus ultrajes, y por premiados sus trabajos.En este tiempo volvieron de la ciudad de La Plata don Alonso Viracocha Inga ydon Pablo, su hermano; llegaron a la de La Paz, donde, vindose con don 7. Francisco hablaron: l del gozo que tena viendo su imagen acabada, y ellos dehaber ganado la licencia del obispo para fundar su cofrada; y que el obispo,por dar como pastor buen ejemplo y encender los dems nimos a tan grandevocin, se haba mandado escribir por primer cofrade y primer fundador,dando buena limosna; con que juzgaban estar muy honrada su cofrada.Estiman en mucho los indios cualquier favor del obispo, de justicia o decorregidor, y es que, como todos los menosprecian, con cualquier favor seaniman. Manifestronle la licencia y ordenanzas del obispo a don Francisco,selladas con su sello episcopal; y haciendo la cuenta de los das, hallaron queel conceder el obispo la licencia y acabarse la santa imagen haba sido a untiempo. Que las obras de Dios, aunque estn distantes, siempre maduranjuntas y cumplen el plazo cuando conviene el efecto.Bien le pareci a don Alonso la obra de la imagen, juzgando que la parcialidadde los Urinsayas no dudara de recibirla, pues ya traa la licencia y lasordenanzas para la cofrada. Pas a Copacabana con sus recaudos; puso enpltica lo hecho tratando lo que se haba de hacer, y que don Francisco tenaen Chuquiago una imagen muy a propsito, que no tendra ms de costo que eloro que en dorarla se haba gastado, cuya paga poda sacarse de la fbrica olimosna de la cofrada, porque lo quedaba debiendo,y no se hallaba conposible. En orden a esto encareci don Alonso lo que supo, alabando lahechura y ponderando lo que se haba trabajado en alcanzar la licencia, conotras razones suficientes para que los Urinsayas sin rplica prestasenconsentimiento. Mas, al cabo, todo sirvi de encender ms los pechos deaquellos mulos tan contradictores, porque, aunque vieron en lo que era, que lacofrada se fundase, no consintieron en que la imagen fuese aqulla, instandocon apretadas razones que no haba de ser hechura de don Francisco, sino deespaol, que fuese excelente; o que se enviase a Lima o a Espaa por una,porque no era justo que la primera que se fundaba en su pueblo tuvieseimagen de quien en Potos y en Chuquisaca hacan todos burla. Tantoprevaleci aquella confusa gritera, que don Alonso Viracocha se sali de aquelbrbaro cnclave, y luego escribi a don Francisco Yupangui lo que pasaba, yque le aconsejaba vendiese la hechura de su imagen y aprovechase del precio,porque los Urinsayas no queran ver obra suya. Enfadado de esta nueva, donFrancisco determin hacerlo as y suspender el cumplimiento de su promesapara tiempo ms oportuno. Qu mucho que desflaqueciese el nimo de unindio y que enfermase el deseo de un devoto, viendo tajamares de imposiblesdespusdehaber pasado maresdedificultades!Ya 2 quiere Dios abrir la caja y que comience el cielo, cuando combates demundo estorban devociones. El Seor que cuidaba de esta imagen, o parapagar los afectos del devoto de su Madre, o para mostrar al mundo lasgrandezas de su magnificencia, comenz a mostrar en la imagen susmaravillas; porque tenindola en su celda en Chuquiago un religioso delserfico padre san Francisco, llamado fr. Francisco Navarrete, gran siervo deDios y hombre contemplativo, todas las veces que entraba en su recogimientoa deshoras, le deslumbraban unos rayos que salan de la santa imagen; yadmirado deca al don Francisco y a otros indios: "No s, hijos, qu es esto queveo en vuestra imagen, que me parece echa rayos de fuego o vierte celestialesluces. Comenzaba ya la santa imagen a obrar maravillas, y daba principio al 8. cumplimiento de las bizarras que de la Virgen dice San Cirilo, y ningunasanteriores a las de esta imagen deben tener prelaca en la grandeza, si la hantenido en otros reinos en su antecedencia es dulce toda su homila, pero alpropsito nacieron para este lugar los siguientes encomios: "Salve, oh Madresanta de Dios, tesoro precioso del universo que enriquece el mundo; lmparainextinguible que ofrece luces de gloria; corona de la virginidad, cual reina delas vrgenes; cetro de la doctrina santa en que estriba la verdadera ley; temploque ni se pudo desatar ni enemigo le pudo deshacer; lugar de Aquel que nocabe en lugar. Tu eres por quien la Trinidad Dios por todo el universo orbe seadora y glorifica, por quien los ngeles y arcngeles se alegran, por quienfinalmente la inmensidad de criaturas ciegas en la locura de adorar dolosfalsos, vienen al conocimiento de la verdad del Dios verdadero". Todas estasgrandezas haba de obrar en Copacabana y en varias provincias del Per; yacomienza a dar resplandores de lmpara divina, y a buena cuenta que seantales y tantos sus milagros, que la Trinidad se glorifique, los cielos y susespritus se alegren. Claro est que a las provincias que adoraban dolos conimpulsos locos, ha de predicar con milagros ya hacerles conocer la verdad conmaravillas. Y se ver que aquella santa imagen tiene lo que aade San Cirilo,que por todo el mundo se fundarn iglesias, siendo ella por quien gentilesidolatras y pecadores catlicos se reducirn a penitencia. Acaso digo mucho?Echar el resto, dice San Cirilo. "Esta Virgen es por quien el Unignito Hijo deDios resplandeci dando luces de fe, de gracia y gloria a los que en lastinieblas y sombras de la muerte vivan de asiento, y por quien Dios resucitaraa los muertos". Presto lo veremos todo, y que a este nuevo mundo llen deiglesias con ttulo de Copacabana, y que con luz de fe alumbr a tantasnaciones idlatras; veremos resucitados muertos a esta vida y convertidospecadores grandes a la gracia.Trat don Francisco, por consejo de don Alonso Viracocha, de vender lahechura de su imagen, bien triste de venderla, creciendo ms la pena de susansias cuanto ms repetan que echaba de su rostro resplandores.Ofrecironse a comprarla y tuvironla concertada los indios de Guaqui para suiglesia; hacan puja los de Calamarca, y muchas diligencias por quedar con ellalos de Achacachi. En qu se cansan si la tiene Dios dedicada paraCopacabana? Entre estos pueblos hubo una devota controversia sobre quinhaba de llevar aquella prenda divina. Esta cosas vinieron a noticia de donJernimo Maran, que a la sazn era corregidor de Omasuyo y del pueblo deCopacabana, y estaba en estos das en Chuquiago. Dio orden como ningunode los conciertos pasase adelante, pues la imagen se haba hecho paraCopacabana, y porque el escultor don Francisco no tratase de la venta diocuarenta pesos de limosna para ayuda a la costa, asegurando al dueo que lla hara admitir en su pueblo, pues estaba razonable y no tenan all otra mejorhechura. Tambin se hall a esta coyuntura en Chuquiago don DiegoChuratopa, cabeza y gobernador de los contradictores Urinsayas. El cual,habiendo visto la santa imagen y la determinacin de su corregidor, quisotraerla l mismo en persona a su dichoso pueblo de Copacabana; y sinembargo de que actualmente estaba ocupado en la ciudad, donde era alcaldede los naturales, aprest diez indios, y en unas andas que para el efectomand hacer, puso la santa imagen; y as salieron con ella de la ciudad unaventurosa maana, llevando el alba consigo y el sol sobre sus hombros. 9. Ya la piedra que reprobaron los que edificaban se lleva por los mismos mulospara que ponga por remate del edificio. Corri este bulto santo por losdesmanes que Cristo su Hijo, de quien lo dijo David, y lo aleg el Redentor,pues los que reprobaban la piedra Cristo le hicieron piedra angular del edificiode su Iglesia. Caminan los diez indios; llegan al estrecho de Tiquina, donde haydos lugarejos muy cortos de indios Uros, que recogen en medio de aquellaestrechura, como ya dijimos, y sirven de balseros a los que por all hacen viaje.A esta sazn estaba en uno de los pueblos, que dista cinco leguas deCopacabana, el P. Antonio de Montoro, cura de estos pueblos, hombre expertoen las dos lenguas quichua y aymara, con que haca gran fruto en losnaturales. Deseaba este buen sacerdote ver en su pueblo de Copacabanaalguna devota imagen de la Virgen, pero favoreca el partido de los indiosUrinsayas, queriendo que la imagen fuese tal que moviese a devocin loscorazones de los que la viesen y atrajese las almas de los que la visitasen.Sabiendo don Diego de Churatopa, gobernador de los Urinsayas, que su curaestaba de esotra parte del estrecho, se entr en una balsa adelantndose,mandando poner en otra balsa la santa imagen. Lleg a donde estaba el cura,diole cuenta de su viaje y de la imagen que traa. Significole el gran gusto quedeba tener, de que qued el padre Montoro muy alegre. Lleg la balsa y,virando en tierra, sacaron la preciosa mercanca, no de las vistosas de Miln,sino el retrato de aquel brocado inestimable de que se cort el vestido al Verboeterno; aquel dechado de la margarita preciosa, por quien el divino mercaderCristodio sus riquezas,ganandoen la mercanca.Descubrieron el bulto, ador postrndose el padre Montoro a la que estnsiempre adorando los ms supremos serafines. Hizo ponerla en el altar de lapequea iglesia de San Pedro, donde qued algunos das detenida. Culpablefue en este buen sacerdote esta vez dejar el tesoro escondido en el campo,sino es que la detencin fuese por prevenir el debido recibimiento o el aderezode altar a tan gran Seora. Si acaso se disculp con esto, no lo comprob elefecto, pues ni dispuso altar ni trat de llevarla desagradado de la escultura. Locierto fue que esto y la porfiada contradiccin de los indios Urinsayas causaquella enfadosa tardanza; o mejor diremos, que fue traza del cielo, para quequien viese la imagen despus tan hermossima, considerando que por pocohermosa no la admitan, conociesen la maravilla comprobando el milagro.El afligido devoto don Francisco iba los ms das a la iglesia a pedirle a nuestraSeora se sirviese de disponer que aquella imagen se trajese y colocase en elaltar; y otros das iba el cortijo donde con a imagen estaba su corazn, pedaleque negociase con su Hijo que la sacase de aquel destierro o prisin y lallevase a pueblo grande, donde siendo conocida fuese festejada. All lloraba,all besaba la tierra. En ir a la aldea donde la imagen estaba, y en venir a laiglesia donde deba de estar, se entretuvo don Francisco los das de ladetencin. Oh, cun bien se pareci en esto este indio devoto al santo David!;si ste era rey, don Francisco, de sangre real. Omos, dice, hablar de ella enEfrata, y hallmosla en los campos de la selva; entrmonos en su aposento otabernculo y adoramos el suelo donde ha de poner los pies, como si ya lohubiera pisado. Ea, Seora, ven ya con tu arca al aposento de tu descanso; allveremos a Cristo, Mesas prometido. Quin es aquella de quien oy hablar en 10. Efrata, que es lo mismo que decir Beln? Qu ausento es este en que entrabaDavid y en que adoraba la tierra que aquella deba pisar? Quin es aquesta?Oigmoles explicar a nuestro santo Toms de Villanueva: "Haba revelado aDavid su encarnacin en Mara que de l haba de descender. Revelole quehaba de nacer en Beln, y que sera su nacimiento en aquella pequeacncava que estaba en el portal, y con esto entraba y sala David en l, ydeca: Ecce, ni ves no os? Hemos odo en Beln o Efrata el nombre deaquella? Quin es aquella? Mara; que no merecen mis labios nombrarla.Hallmosla en el campo de la selva, all cerca de Beln, no con los ojos delcuerpo, sino con la profeca, que son los antojos de larga vista con que mira elalma. Cada rato me voy del monte Moria, donde ha de estar el templo y el arca,y a donde ha de entrar Mara y mi Dios, al portal de Beln, donde en msdichoso templo parir el Arca al Mesas, al Verbo eterno, Hombre y Dios. Allbeso la tierra que han de pisar tal Madre y tal Hijo, y digo que ya la pisaron, porla certidumbre que tengo de que ambos la pisarn. Dichosos pasos!, Dulcesidas y venidas! Esto haca nuestro don Francisco entallador; andarse de laiglesia donde estaba la imagen, a la iglesia donde haba de estar, besando elsuelo en que pondra sus plantas. Y tanto se honra Dios de tener un indio deCopacabana que haga esto, como un David en Jerusaln que haga aquello.Viendo don Diego que no se hacia el agasajo que pens de la imagen, sevolvi del estrecho a la ciudad de Chuquiago. Algunos indios iban a ver laimagen al cortijo de San Pedro, y aunque los que la vean hablaban conalabanza de ella, no se podan persuadir los Urinsayas, mulos tenaces, queobra de Tito Yupangui tuviese tan adelantada enmienda como les decan,porque como haban visto la otra imagen o borrn (que tal pareca la queprimero sali de sus manos, que, como dijimos, la quitaron del altar y lapusieron en un rincn de la sacrista) pensaban, o les daba a pensar suemulacin, que siempre sera una la talla, pues era siempre uno el entallador.Que una voluntad encontrada no hace discursos de que con el tiempo y elejercicio aprenden los que no saban y se mejoran en el arte los que contrabajo aprenden.Mucha era la tenacidad de los Urinsayas, pues habiendo trado su gobernadory cacique la imagen y siendo l que solicitaba su colocacin, contradecan suentrada: que los indios negarn diez preceptos de Dios para venerar uno desus caciques. Pero en esta ocasin se embraveci todo, y los arroyos setrocaron en mares. Ya se quedaba la imagen en la iglesia de San Pedro,parecindoles razonable para una aldehuela y no la que convena para elpueblo principal. Era el Arca del Testamento nuevo el original de aquellaestampa, y quiso Dios que, como la del Testamento viejo, pudiendo llegar enbreves das desde los destierros donde se hizo la tierra de promisin, donde sehaba de colocar, la fue deteniendo tantos aos; en cuyas detenciones seesconden soberanos misterios. Hacan estas demoras con esta arca demadera, y retrato de la celestial defica, permitiendo Dios los desdenes que sehan visto y el tibio agasajo con que la dejaron en una pobre aldehuela. Estopermita Dios que hiciese el mundo para mostrar despus lo que se adelantabael cielo, o porque se contase de esta imagen, segunda arca, los pasos yjornadas que tuvo. Ya despus de entrada en Palestina el arca que la figuraba,sali de manos de los filisteos, detvose en Gabaa en casa de Abinadab, 11. llvla David a la casa de geteo Obededn, donde estuvo tres meses detenida;sacla David y vistindose el Ephod, acompandole los grandes de Israel yhaciendo generales jbilos con instrumentos la multitud, la puso David en eltabernculo de Jerusaln. Lo que a esto corresponde, parte queda dicho, y lodems con que todo ajusta, veremos ahora. Acercse la fiesta de Candelaria, ados de febrero, y queriendo el corregidor don Jernimo Maran hallarse enella, creyendo que en aquel da, por ser la advocacin de la imagen, se hara lafiesta de su colocacin, parti del pueblo de Achacachi un da antes de la fiestade la Virgen. Lleg a Tiquina a hacer noche, y hallando en aquel cortijodetenida o dejada tantos das a la Emperatriz de los cielos, mostr enojos deque no la hubiesen llevado a Copacabana. Pas luego al pueblo, donde hizosingular escrutinio de la causa; y averiguando el estorbo de la venida de lasanta imagen, hall que no era otro sino la contradiccin de los Urinsayas, queprevalecan. Enojse y reprendindoles con aspereza; mand con rigor fuesenluego los indios necesarios para traerla; encargles la brevedad, porque el dasiguiente haba de sacarla en procesin. Cosa admirable!, pues salieron losindios casi al sol puesto, y llegaron a Tiquina cuando las primeras estrellassalan. Fue milagro manifiesto, por haber tres leguas del Inga, que de losespaoles son cinco. Conocieron los indios que no deban la priesa a los piesque los llevaban, sino a las sobrenaturales alas con que iban. Aquella mismahora trataron de aderezar andas previniendo lo necesario para hacer viaje, msno se apresuraron como debieran. Trazas de Dios para reduplicar la maravilla.Una hora o dos antes del da salieran de la aldehuela de San Pedro, y llegarona Copacabana al salir el sol. Fecundo milagro, sino es que sea mayor, puescargados y llevando andas caminaron en dos horas cinco penosas leguas.Al tiempo que divisaron desde un cerro su dichoso pueblo de Copacabana,hicieron alarde los que traan la imagen santa con reseas de alegra;pregonndola con alaridos alegres, muestras de regocijo. Pareciles a algunosque la traan que a su ligereza se deba la brevedad, pero luego echaron de verque era obra de Dios, que milagrosamente los haba trado en tan corto tiempopor tan largas leguas. Concurri la multitud del pueblo, corriendo entre losdems el dichoso entallador don Francisco Tito Yupangui. Djese a laconsideracin el gozo con que ira, premio bastante de lo mucho que lecostaba. Llegaron a recibir la imagen al pie del cerro, desde cuya cumbrehaban dado los portapaces las voces de alegra. Pararon all con el milagrosobulto, porque venan de tropel unos en pos de otros, y queran que con multitudde gento entrase la soberana imagen; y es que quiso Dios que la viesenmillares con la poca hermosura que le dio el entallador y conociesen la muchaque luego le haba de dar Dios con celestial pincel. All se comenz un alegreruido de trompetas, un confuso festejo con voces de la multitud,correspondiendo los montes con los ecos y los cielos con la maravilla.Sali el cura con vestidos sacerdotales hasta fuera del pueblo a recibir a laimagen santa, con el corregidor que llevaba el guin, y con l los caciques y losnobles indios que all asistan de sangre real. Pusironla en otras andas que ladevocin del corregidor y cura tenan prevenidas. Ordense procesin solemneal tamao de su cortedad: totora en vez de juncia, y ramas ligustres en vez deolivas, oyndose a vueltas de los bailes de regocijo, lgrimas y suspiros dedevocin. Con luces, aunque pocas, salieron algunos, ms dignos de alabanza 12. que merecieron por su obsequio los que salieron a recibir al emperador Eraclio,cuando, deseadsimo del pueblo, entr en Constantinopla, saliendo alrecibimiento augusto (como refiere Tefanes, y Baronio), su hijo el emperadorConstantino o Constancio, el patriarca y pueblo, llevando ramos de olivas ylmparas de luces, alabando al que entraba y llorando de gozo porque vena. Ypondrase este recibimiento, no por lo que tuvo de majestuoso, que esto eraordinario, sino por lo que tuvo de lgrimas manifestando gozo. Si en este casotan ponderado se estimaron lgrimas de amor, al recibir a esta emperatriz delos serafines, estimara el cielo de unos indios ver recibir a su reina conlgrimas de devocin, cultos de fe y obsequios de humildad.Si all Constantino, ya emperador, se arroj a los pies de su padre Eraclio, yechndole los brazos lloraron ambos, ac, arrojndose a los pies de la Virgentantos indios de sangre real, vertiendo lgrimas, vertera la Virgen alegras y losespritus celestiales gozos, mientras los infernales arrojaban dolores.Camina la procesin; llegan a la hora dicha a Copacabana aquellos nuevosatlantes, llevando sobre sus hombros, no el globo esfrico del mundo, mentiraque creyeron los antiguos de sus atlantes soados, sino la imagen de aqullaque en su vientre y en las manos sustent al que en tres dedos tiene todo elorbe; aqulla que fue el cielo que encerr en su virginal claustro y dio eldescansado hospedaje al mismo que la cri inmensa. Al entrar los dichososindios con la imagen sobre sus hombros, la transfigur Dios, o le hizo el rostrode nuevo, pues resplandeci con tan extraa belleza que se arrebat los ojosde todos, llevndoles las almas con tanta dulzura, que la mostraban en losgozos y en la reverencia. Decan admirados los que vean entonces a los quela haban visto antes, cmo nos decais que esta imagen no era hermosa,siendo tan hermossima? Y respondan ms admirados: o no es sta la queestaba en San Pedro o ha muddose toda.Es aquella santa imagen desde aquel punto un asombro de la naturaleza, unpasmo de humanos ojos y un xtasis de cualquier entendimiento; pues ningunoacaba de entender la grandeza o la maravilla que encierra en s aquel rostrosobrenatural, porque en un cuarto de hora que la estn mirando, la vista msatenta titubea, y los ms cuidados miran raras transformaciones, sino en lamateria, en la forma soberana; pues cada instante ven ms aventajadosprimores de peregrina belleza, mostrando por momentos hermosuras nuevasaquel rosto divino: cosa que experimentan cuantos la miran, y que asombra acuantos la cuentan.Continubase la procesin, y quiso la Virgen no slo mostrar parte de lahermosura que goza, sino mostrar piedades con quien la sirve. Y as, sucedique el corregidor don Jernimo Maran llevaba el guin (como dejamos dicho)delante de la imagen. El guin que usan los indios en sus procesiones, no eshecho de vara corta, como los nuestros, sino larga como las banderas militares,que ellos llaman pendones. El que llevaba el corregidor, como de pueblo pobre,tena como remate una cruz de bronce bien pesada. Esta, por no estar bienpuesta, o porque as lo permiti la Virgen sacrosanta, cay sobre la cabeza delcorregidor, y con ser tan pesada la cruz, no slo no le hizo dao, pero pareci 13. haber cado papel o algodn sobre la cabeza. Los que la vieron caer llegaron aver el dao que dejaba, y no vieron ni seal en la cabeza, ni que hubiesetenidos semejas de dolor. Tvose por milagro, y fue razn que la Virgen lohiciese, estrenndose con quien libr de olvido su retrato; ttulo bastante paraque el nombre de este caballero ni lo oscurezca el tiempo, ni las memorias leolviden. Que si all Eneas alcanz nombre de piadoso, no tanto por haberlibrado a su padre Anquises del universal incendio, como por haber hecho lugara sus dioses Penates, llevndolos consigo y colocndolos en lugar supremo,con ms justo ttulo debe gozar encomias de la fama y alabanzas de laposteridad quien hizo lugar y dio aplausos a esta divina Seora, mostrandofinezas de gratitud por estrenas de su poder, queriendo pagar con milagros decruz muestras de amor; o por dar a entender que quien la sirve no tendrcastigos de cruz, sino efectos de piedad que en la cruz de su Hijo nos gan.Este caso, por haber sido a vista de tantos y en da tan pblico, gan laadmiracin; y en los indios creci grandemente el respeto, sindolesprovechosa la maravilla, pues corri por todos la voz de que agradecida laVirgen, haba hecho milagro con el corregidor que llevaba el estandarte;atribuyendo el favor a merced que la Virgen haca por el servicio en que lahaba obligado. Que no esta Seora como los vicios y deidades que adora elmundo, pues al mismo tiempo que las estn sirviendo, a ese, o poco despusles dan ellos mismos castigos por paga y dolor por servicios. Los de Siciliaadoraban a los dioses que llamaban Palicos, y contando su cronologaMacrobio, dice que, junto al ro Symetro de Sicilia, haba una ninfa llamad Tala,que habiendo concebido de Jpiter y temiendo los celos de Juno, dese que laescondiese la tierra; y que habiendo sucedido as, cumplidos los nuevesmeses, abrindose otra vez la tierra, salieron nacidos los infantes nios, yfueron adorados por los de Sicilia por dioses Palicos, hijos de Tala y Jpiter. Aeste dios le pintaban siempre con un guila, por lo cual veneraban a las guilaspor aves deficas los sicilianos, como dicen Sylla y Virgilio. Sucedi, pues,como refieren Valerio Mximo y Policiano que viva un poeta llamado Esquiloen los muros de Sicilia, donde tena el albergue con la pobreza de poeta en unaabrigo solitario; era muy calvo (segunda desdicha despus de ser poeta). Unguila levant una tortuga, y como de ordinario usa para quebrarle concha ycomer la carne derribarla sobre algn peasco o piedra, engale lo liso de lacalva, y diole con la tortuga tal golpe en la cabeza, que muri Esquilo de golpe.Esto se refiere por escritores, para que con este caso se pruebe que el quems sirve y adora a deidades falsas y a deleites locos, muere a manos de lomismo que adora, y da la vida agraviado cuando estaba sirviendo a quien se laquita. Si esto conocieron los mundanos, a slo Dios y a su Madre estuvieransirviendo; al mundo y a sus fingidas deidades estuvieran anatematizando.Entr por las plazas en la iglesia a hora de Misa Mayor a dos de febrero delao de mil quinientos ochenta y tres. Colocse esta imagen tan devota comohermosa, y ms hermosa que el cielo, en el altar, que si era pobre y con pocoadorno, era riqusimo por los muchos deseos; telas que estima Dios en msque los majestuosos atavos; porque stos suelen a veces poner losostentativos, no para glorias del culto, sino para cascabeles de su aplauso. Nose puede encarecer la devocin que aquel humilde pueblo mostr este da;que, ya que para la grandeza de la fiesta no le prest Flandes sus ricastapiceras, ni la China sus sedas, ellos la engrandecieron con verdaderos 14. afectos de las almas, rindiendo por los suelos, en vez de ricas alfombras delCairo, humildes corazones por donde la Virgen pasase y en que se detuviese.Su entrada llen con luces de fe corazones gentiles; aument la devocin enlos indios catlicos. Asentronse luego por cofrades todos, no siendo lospostreros los Urinsayas, si fueron tan primeros en su contradiccin. Inflam loscorazones de todos y confeder las voluntades de los ms encontrados, siendolos festejadores los que antes fueron contumaces; confesando que lahermosura con que la vieron entrar fue la que les rob los corazones paradesearla servir. La fimbria de esta devota cofrada comenz en Chuquisaca elpiadoso obispo don Alonso Granero, imitronle el corregidor don Jernimo, elcura Antonio Montoro y todos los nobles y plebeyos de aquel territorio. Vinieronde Juli los devotos y religiossimos padres de la Compaa de Jess, siendo surector el p. Diego de Torres Villalpando, religioso de grandes letras y demayores virtudes. Asentronse por cofrades, prometiendo cada ao unasmisas por los que lo fuesen de aquella santa imagen, que de tan cristianospechos y de tan verdaderos celadores de la honra de Dios y culto de su Madresagrada no se podan esperar sino semejantes afectos. Hasta hoy lleva aquellacasa adelante con su ejemplo y persuasin santa la devocin de nuestraimagen bendita, siendo los pregoneros de sus maravillas y los festejadores desus grandezas.La entrada de esta imagen a su pueblo fue entrar un inmenso ro a tener all sucaja de agua para repartirse por este nuevo mundo, siendo su entrada elremedio universal de las desdichas, el consuelo vital de los catlicos.Mandaban con ley, que esta en el Cdigo de los emperadores romanos y sujurisconsultos, que cuando se llevaba alguna nueva alegre, o avisaba elemperador o el consulado de algn suceso prspero, que pueblos, ciudades yprovincias, o avisando haberse acabado las guerras; o consegudose grandesvictorias, o premindose a los valerosos con insignias reales; o si entraba enlos pueblos (deseosos de ver en sus pases los retratos laureados de losemperadores) el sello en que iba su figura coronada de laureles; o su imagencesrea (que siempre la llevaban los que portaban nuevas felices de sucesosprsperos), mandaban que se fuesen a la mano en el ostentoso gasto de losrecibimientos y festines; bien que se hiciesen grandes, pero no demasiados;que fuesen costosos pero no excesivos. Y es que lleg a crecer tanto el amor yel aplauso que tenan y con que festejaban a las imgenes y retratos de susemperadores, que fue menester ley para enfrenar el exceso y atajar lademasa. Qued en un proporcionado medio que refiere Optato. Cuandoenviaban a las ciudades, provincias o regiones los retratos laureados de losemperadores triunfantes, o las imgenes en sellos figuradas, salan a recibirlaslos pueblos con incensarios olorosos y con cirios encendidos. No era estahonra (aade Optato) a la tabla, sino al prototipo de la figura; no al retrato laadoracin, sino al emperador en su retrato. Oh Virgen de Copacabana! OhEmperatriz laureada! Oh laurel (como veremos adelante) con que se coron elemperador eterno, el Csar Cristo Al entrar tu imagen sale tu pueblo concirios, con incensarios, con festines, adorando en ese retrato su prototipo, suoriginal en tu figura. Con cunta ms razn se debe este culto a la imagen dela emperatriz de los cielos que a las imgenes de los emperadores romanos!Con esta de Copacabana entr en este nuevo mundo, en este Per dichoso, lanueva alegre de sus prosperidades, el fin de sus guerras civiles, las victorias 15. contra los ejrcitos infernales, el premio de los penitentes vencedores, el honorde sus devotos, la tranquilidad de sus queridos y la salud de todos.

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