El horror en el cementerio

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    05-Aug-2016

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  • EL HORROR EN EL CEMENTERIO*

    Cuando la carretera estatal a Rutland est cerrada, los viajeros se ven obliga-dos a tomar la ruta de Stillwater que cruza Swamp Hollow. El paisaje es sober-bio en ciertos lugares,pero por alguna razn esa va ha sido impopular durante aos. Hay algo deprimente en ella, especialmente cerca del propio Stillwater. Los motoristas sienten una ligera desazn ante la granja cerrada a cal y canto del montculo al norte del pueblo, y ante el idiota de barba que ronda el viejo cementerio del sur, hablando aparentemente con los ocupantes de algunas tumbas. Actualmente no queda mucho de Stillwater. El suelo se ha agotado, y la mayora de la gente se ha mudado a los pueblos del otro lado del lejano ro o la ciudad de ms all de las distantes colinas. El campanario de la antigua igle-sia blanca se ha derrumbado, y la mitad de la escasa veintena de dispersas casas estn vacas y en diverso estado de decadencia. La va normal existe slo alrededor del almacn y estacin de servicio de Peck, donde un curioso se detiene a veces para preguntar por la casa cerrada y el idiota que cuchichea con los muertos. La mayora de los preguntones se marchan con una sensa-cin de disgusto e inquietud. Encuentran a los cansados y ociosos extraamen-te descorteses y llenos de innombrables insinuaciones al comentar sucesos del pasado. Hay una cualidad amenazadora y portentosa el tono que emplean para describir sucesos triviales una incalificable e injustificada tendencia a asumir un aire furtivo, insinuante y confidencial, as como en caer en espantados susurros al entrar en ciertos pormenores que turba insidiosamente al oyente. Los viejos yanquis a menudo hablan as, pero, en este caso, el melanclico aspecto de la aldea semidesmoronada y la deprimente naturaleza de la historia narrada prestan a esos ademanes lbregos y oscurantistas un significado adicional. Uno siente profundamente el horror intrnseco que acecha tras el aislado puri-tano y sus extraas represiones; siente esto y se apresura a escapar precipita-damente en busca de aires mas puros. Los ociosos susurraban, de un modo impresionante, que la casa cerrada era la de la vieja Miss Sprague: Sophie Sprague, cuyo hermano Tom fue enterrado el 17 de junio de 1886. Sophie nun-ca fue la misma tras el funeral tras de eso y de lo que sucedi despus del fu-neral, y al fin eligi permanecer dentro por siempre. Nunca se la ve, pero deja notas bajo la esterilla de la puerta trasera y hace que el chico de Ned Peck le lleve las cosas desde el almacn. Tiene miedo de algo del cementerio de Swamp Hollow segn la mayora. Nunca pudieron llevarla a sus proximidades desde que su hermano y el otro fueron sepultados all. No es de extraar, sin embargo, en vista de las imprecaciones del loco Johnny Dow. Merodea por el cementerio da y noche, y asegura que habla con Tom y con el otro. Luego se va a casa de Sophie y le grita cosas, por eso comenz a dejar cerrados los postigos. l dice que hay cosas que irn desde algn sitio para llevrsela algn da. Aunque debieron pararle los pies, uno no puede ser muy duro con el po-bre Johnny. Adems, Steve Barbour siempre tuvo su propia opinin. Johnny hablaba con dos que estn en las tumbas. Uno es Tom Sprague. El otro, en el lado opuesto del camposanto, es Henry Thorndike, que fue enterrado el mismo da. Henry tena la funeraria de la aldea la nica en kilmetros a la redonda y no era nada querido en Stillwater. Originario de Rutland, haba ido a la univer-sidad y era un hombre muy leido. Saba cosas extraas de las que nadie haba nunca odo hablar, y haca experimentos qumicos con dudosos propsitos.

  • Siempre intentando inventar algo nuevo: algn lquido embalsamador revolu-cionario o alguna estpida especie de medicamento. Algunos decan que quiso hacerse mdico y fracas, abrazando entonces la profesin ms cercana. Por supuesto, no haba muchos funerales en un lugar como Stillwater, pero Henry ejerca al mismo tiempo labores de granjero. Ordinario, de temperamento mor-boso y bebedor a escondidas, a juzgar por las botellas vacas en su cubo de la basura. No es de extraar que Tom Sprague le odiara y vetara su ingreso a la logia masnica, y le advirtiera que se apartase de Sophie. La forma en que experimentaba con animales iba contra la Naturaleza y las Escrituras. Quin podra olvidar el estado en que se encontr a aquel perro, o lo que le sucedi al gato de la vieja Miss Akeley? Luego vino el caso del ternero del dicono Lea-vitt, cuando Tom capitaneo a un grupo de mozos para pedir explicaciones. Lo ms curioso fue que el ternero estaba vivo despus de todo, aunque Tom lo haba encontrado tan tieso como una badila. Algunos dijeron que alguien haba gastado una broma a Tom, pero Thorndike probablemente pens de otra ma-nera, ya que haba cado bajo el puo de su enemigo antes que se descubriera el error. Tom, por supuesto, estaba medio borracho en ese momento. Era un bruto vicioso en el mejor de los casos y, con sus amenazas, tenia medio aco-bardada a su pobre hermana. Probablemente se es el motivo que ella siga siendo una criatura atenazada por el miedo. Eran los dos nicos miembros de su familia, y Tom nunca la dejara marchar, ya que eso significara dividir la propiedad. La mayora de los vecinos le tenan miedo como para cortejar a Sophie l media un metro ochenta en calcetines, pero Henry Thorndike era un sujeto taimado que conoca la forma de hacer cosas a espaldas de los aldea-nos. Ordinario y feo como era., ella lo recibira con los brazos abiertos con tal de librarse de su hermano. Debi pararse a pensar cmo podra zafarse de l tras escapar de Tom. Bien, as estaban las cosas en junio de 1886. Hasta el momento, los chismes de los ociosos del almacn de Peck no son portentos increbles; pero, segn continan, los elementos de tensin oculta y maligna crecen. Tom Sprague, segn parece, sola ir a Rutland para peridicas juergas, y sus ausencias brindaban grandes oportunidades a Henry Thorndike. Volva siempre con mal aspecto, y el viejo doctor Pratt, sordo y medio ciego como es-taba, sola advertirle sobre su corazn y el peligro de delrium trmens. Los al-deanos siempre podan saber, por el vocero y las maldiciones, cuando volva a casa. Fue la noche del 9 de junio en mircoles, el da despus que el joven Joshua Goodenough acabar de construir su moderno silo cuando Tom parto para su ltima y ms larga juerga. Volvo el siguiente martes por la maana y los paisanos del almacn le vieron fustigando a su garan bayo como sola hacer cuando estaba empapado en gisqui. Luego llegaron golpes y gritos, y juramentos, desde la casa Sprague, y lo primero que nadie supo fue que Sop-hie corra a toda velocidad buscando al viejo doctor Pratt. Al llegar a la casa de Sprague, el doctor encontr a Thorndike en ella, y Tom estaba en la cama de su habitacin, con los ojos fijos y espuma en la boca. El viejo Pratt le explor e hizo las pruebas ordinarias, luego agit solemnemente la cabeza y comunic a Sophie que haba sufrido una gran perdida: que su ms cercano y querido pa-riente haba cruzado las puertas perladas hacia una mejor vida, tal como todos saban que sucedera si no dejaba la bebida. Sophie sollozo un poco, insinan los ociosos, pero no pareci excesivamente afectada. Thorndike no hizo nada excepto sonrer, quizs ante la irona que l, un enemigo jurado, fuera ahora la nica persona que poda ser de alguna utilidad a Thomas Sprague. Grit en la

  • oreja sorda del viejo doctor Pratt algo acerca de adelantar el funeral, habda cuenta la condicin de Tom. Los bebedores como aquel eran siempre sujetos dudosos y una tardanza extra contando con simples medios rurales podra aca-rrear consecuencias, visuales y de otras clases, a duras penas aceptables para los dolientes deudos del fallecido. El doctor haba murmurado que la vida alco-hlica de Tom deba haberle embalzamado anticipadamente, pero Thorndike aseguro lo contrario, al tiempo que se jactaba de su habilidad y de los iniguala-bles mtodos que haba desarrollado con sus experimentos. Es aqu donde las murmuraciones de los ociosos se vuelven sumamente perturbadoras. Hasta aqu la historia es narrada habitualmente por Ezra Davenport o Luther Fry, si Ezra est en cama con sabaones, como suele ocurrir en invierno; pero a partir de aqu toma riendas Calvin Wheeler y su voz tiene una condenada e insidiosa forma de sugerir horrores ocultos. Si Johnny Dow acierta a pasar por all, siem-pre se hace una pausa, ya que en Stillwater no gustan que Johnny hable mu-cho con los forasteros. Calvin se acerca al viajero y a veces aferra la solapa de la chaqueta con su nudosa mano llena de pecas mientras entorna sus acuosos ojos azules. Bien, seor susurra, Henry se fue a casa y cogi sus trastos fune-rarios el loco Johnny Dow llev la mayor parte, ya que siempre estaba haciendo faenas para Henry y cuentan que Doc Pratt y el loco Johnny ayuda-ron a amortajar el cadver. Doc Siempre deca que pensaba que Henry habla-ba demasiado presumiendo de lo bueno que era en su trabajo y de lo afortu-nado que era Stillwater por tener un funerario regular en cez de enterrar a la gente tal cual, como en de Whitby. Suponga deca que alguien tenga un ca-lambre paralizante como los que ud habr ledo. Qu sentira cuando le baja-ron y comenzaron a echarle tierra encima? Qu sentira cuando se estaba sofocando all, bajo la lpida nueva, araando y rasguando si le vuelven las fuerzas, pero sabiendo todo el tiempo que es intil? No seor, le digo que es una bendicin para Stillwater el tener un doctor espabilado que sabe cando un hombre esta muerto y cuando no, y un funerario avezado que sabe disponer un cuerpo para que pueda reposar sin problemas. >>Esta era la forma en que Henry sola hablar, y as se diriga a los restos del pobre Tom, y al viejo Doc Pratt no le gustaba lo que coga de ello, aunque Henry dijese que era un buen doctor. El loco Johnny estaba mirando el cadver, y no era demasiado agrada-ble la forma en que babeaba cosas como no est fro, Doc o Veo moverse los parpados o hay un agujero en su brazo como el que me hizo Henry cuando me dio una jeringa llena de eso que me hace sentir tan bien. Thorndike le hizo cerrar la boca cuando dijo esto, aunque todos sabamos que haba estado dan-do drogas al pobre Johnny. Es un milagro que el pobre tipo an no tenga el hbito. Pero lo peor, segn el doctor, fue la forma en que el cuerpo se sacudi cuando Henry comenz a llenarle de lquido embalsamador. Haba estado pre-sumiendo de una nueva frmula que haba practicado con perros y gatos, cuando de repente el cadver de Tom comenz a doblarse, como tratando de defenderse. Por Dios, Doc dijo que se quedo tieso del susto, aunque conoca lo que pasa con los cadveres cuando los msculos comienzan a envararse. Bien, seor, lo que sucedi fue que el cadver se sent y se arranco la jeringa de Thorndike de forma que se clavo propio Henry y le meti tanta dosis de su propio fluido de embalsamar como quiera usted pensar. Fue un buen susto pa-ra Henry, aunque se sac la aguja de un tirn y se las arregl para acostar al cuerpo y meterle todo el lquido. Y le inyect an ms como si quisiera cercio-rarse que era bastante y asegurarse a s mismo que no haba recibido mucho

  • de l mismo, pero el loco Johnny comenz a canturrear. Esto es lo que distes al perro de Lige Hopkins cuando estaba muerto y tieso y volvi a andar. Ahora te vas a morir y quedar tan tieso como Tom Sprague! Recuerda que, si no has metido mucho, no acta hasta despus de un buen rato.

    >> Sophie estaba abajo con algunos vecinos mi esposa Matildy, que muri hace ya treinta aos, era una de ellos. Estaban tratando de saber si Thorndike estaba all cuando Tom volvi a casa, y el encontrarlo all fue lo que mucha gente pensara que era divertido que no contara ms, por no decir nada de la forma en que Thorndike haba sonredo. No es que nadie estuviera insinuando que Henry ayudo a Tom a irse con sus extraos fluidos de invencin propia y sus jeringas, o que Sophie pudiera guardar silencio si pensaba eso. Todos sa-bamos el odio casi demente de Thorndike hacia Tom no sin razn, desde lue-go Emily Barbour dijo a Matildy que Henry era afortunado de tener al viejo Doc Pratt a mano pasa extender un certificado de defuncin y no dejar lugar a du-das. Cuando El viejo Calvin llega a este punto comienza a murmurar de forma incomprensible por su enmaraada y sucia barba blanca. La matora de los oyentes tratan de alejarse de l, pero l apenas parece prestar atencin a los gestos. Generalmente es Fred Pack, que era un nio muy pequeo cuando sucedi todo, quien continua la narracin. El funeral de Thomas Sprague se realiz el jueves 17 de junio, sol dos das despus de su fallecimiento. Tanta prisa fue considerada casi indecente en la remota e inaccesible Stillwater, don-de los que acudan tenan que cubrir largas distancias, pero Thorndike haba insistido que las peculiares condiciones del fallecido lo demandaban. El funera-rio se haba mostrado bastante nervioso mientras preparaba el cuerpo, y pudie-ron verle tomndose frecuentemente el pulso. El viejo doctor Pratt pensaba que deba temer la dosis accidental de fluido embalsamador. Naturalmente, la historia del haba cundido, por lo que un doble regusto animaba a los asistentes que se reunieron para satisfacer su curiosidad y en-fermizo inters. Thorndike, aunque obviamente transtornado, pareci tratar de cumplir sus deberes profesionales con magnifico estilo. Sophie y otros que vie-ron el cuerpo quedaron asombrados por la apariencia de vida, y el virtuoso fu-nerario se reaseguro su trabajo inyectando repetidas dosis a intervalos regula-res. Casi consigui despertar una especie de renuente admiracin entre sus paisanos y los visitantes, aunque tenda a arruinar esta impresin con su fanfa-rronera y charla de mal gusto. Siempre que inyectaba a su silencioso paciente, repeta la eterna cantinela sobre la suerte de tener un enterrador de primera clase. Qu haba dicho como si se dirigiera directamente al cuerpo hubiera sucedido si Tom hubiera topado con uno de esos descuidados paisanos que entierran vivos a sus pacientes? Su forma de porfiar en los horrores del entierro prematuro era verdaderamente brbara y repelente. Los servicios se oficiaron en la mal ventilada sala principal, abierta por primera vez desde que muriera Mrs. Sprague. El pequeo y desafinado rgano del recibidor graznaba descon-soladamente, y el atad, sostenido por caballetes cerca del vestbulo, estaba cubierto por flores de olor enfermizo. Era obvio que una multitud que bata to-das las marcas haba llegado desde cerca y de lejos, y en su beneficio, Sophie se esforzaba en adoptar un aspecto apropiadamente desconsolado. En mo-mentos de descuido pareca desconcertada e inquieta, dividiendo su escrutinio entre el febril funerario y el cuerpo con apariencia de vida de su hermano. Un sordo disgusto hacia Thorndike pareca tramarse en su interior, y los vecinos

  • murmuraron libremente que ella podra abandonarle pronto, una vez que Tom estaba fuera de su camino esto es, si poda, ya que un tipo tan astuto era difcil de manejar. Pero con su dinero y el atractivo que conservaba sera capaz de encontrar otro compaero que se las entendera sin duda con Henry. Mien-tras el rgano resollaba Beautiful Isle of Somewhere, el coro de la iglesia meto-dista aada sus lgubres voces a la horripilante cacofona, y cada cual miraba piadosamente al dicono Leavitt; todos excepto, por supuesto, el loco Johnny Dow, que tena los ojos clavados en la inmvil forma bajo el cristal del fretro. Estaba murmurando por lo bajo, para si mismo. Stephen Barbour de la granja ms cercana fue el nico que se fij en Johnny. Se estremecio cuando vio que el idiota estaba hablando directamente al cadver e incluso haciendo locos gestos con sus dedos, como mofndose del durmiente que reposaba bajo la lamina de cristal. Tom, reflexion, haba pateado al pobre Johnny en ms de una ocasin, aunque probablemente no sin provocacin. Algo en todo esto afecto a los nervios de Stephen. Haba una tensin escondida y una latente anormalidad en el aire que no pudo precisar. Johnny no debi haber sido admi-tido en la casa era curioso los esfuerzos que Thorndike pareca hacer para no mirar el cuerpo. A cada momento, el enterrador pareca tomarse el pulso con aire extrao. El reverendo Silas Atwood zumb con lastimera monotona acerca del fallecido sobre el golpe de la espada de la muerte en mitad de una pequea familia, partiendo el lazo terrenal entre los amados hermana y herma-no. Algunos de los vecinos cruzaron miradas furtivas tras parpados entornados, mientras Sophie comenzaba a sollozar nerviosamente. Thorndike se removi en su asiento y trat de consolarla, pero ella pareci apartarse curiosamente de l. Sus movimientos eran claramente inquietos y pareca resentirse especial-mente de la anormal tensin que flotaba en el aire. Finalmente, consciente de sus deberes como maestro de ceremonias, avanz anunciando con voz sepul-cral que el cadver poda ser visto por ltima vez. Lamentablemente, los ami-gos y vecinos desfilaron ante el fretro, del que Throndike alej con rudeza a Johnny. Tom pareca descanzar en paz. Aquel diablo haba sido hermoso en su da. Se oyeron unos pocos sollozos genuinos y otros muchos fingidos, aunque la mayora de los asistentes se content con contemplarlo con curiosidad y murmurar despus. Steve Barbour se demor estudiando larga y atentamente la faz inmvil, y se alej sacudiendo la cabeza. Su mujer, Emily, siguiendole, susurr que Henry Throndike hara bien en no jactarse tanto de su trabajo, por-que los ojos de Tom se haban abierto. Haban estado cerrados al comenzar los oficios, porque ella lo haba visto. Pero tenan una mirada natural no lo que uno espera despus de dos das. Cuando Fred Peck llega tan lejos, nor-malmente se detiene como si no le gustara continuar. El oyente, tambin, tien-de a sentir que algo desazonador est prximo. Pero Peck tranquiliza a su au-diencia declarando que no sucedi nada tan malo como suele decir la gente. Aun Steve nunca soltaba palabra de lo que pens, y el loco Johnny, desde lue-go, no pinta nada. Fue Luella Morse la nerviosa solterona que cantaba en el coro quien pareci haberlo causado todo. Estaba desfilando ante el atad como el resto cuando se detuvo para observar ms de cerca de lo que nadie, ecepto los Barbour, lo haba hecho. Entonces, sin mediar palabra, lanz un alarido y cay desvanecida. Naturalmente, la estancia se convirti al momento un caos de confusin. El viejo doctor Pratt se abro paso hasta Luella Y pidi agua para mojar su rostro, y se acercaron para mirarla a ella y al fretro. Johnny Dow co-menz a Canturrear para s mismo:
  • dicen y ve todo lo que hacen, y le van a enterrar de esa forma pero nadie se par a descifrar sus murmullos, a excepcin de Steve Barbour. En pocos ins-tantes Luella comenz a recobrarse de su desmayo y no pudo decir exacta-mente qu la haba sobresaltado. Todo lo que pudo murmurar fue: Pero a ojos de los dems, el cuerpo pareca exactamente igual. Era una vista desagradable, empero, con aquellos ojos abiertos y ese excesivo colorido. Y entonces la perpleja concurrencia descubri algo que aparto a Luella y el cuerpo de sus mentes por un instante. Era Thorn-dike, a quien la repentina excitacin y apiada multitud pareca haber hecho mal efecto. Evidentemente, haba sido golpeado en el tumulto y estaba en el suelo tratando de arrastrarse hasta una posicin sentada. La expresin de su rostro era extremadamente aterradora, y sus ojos comenzaban a tomar una helada expresin de pez. Apenas pudo hablar alto, pero el ronco sonido de su garganta tena una inefable desesperacin que resulto ser inconfundible para todos. Llvenme a casa, rapido, y djenme all. El fluido que puse por error en mi brazo acta sobre el corazn esta maldita excitacin demasiado esperen esperen llega tarde, no saben cuanto todo el tiempo estar consciente y sabr qu sucede no os equivoquis. Mientras sus palabras se desvanecan, el viejo doctor Pratt lleg hasta l y tom su pulso esper largo tiempo y finalmente agit la cabeza. No hay nada que hacer ha muerto. No tena bien el corazn y el fluido inyectado en su brazo no le ha hecho ningn bien. No se lo que es. Una especie de estupor pareci caer sobre la asamblea. Una nueva defuncin en la cmara de la muerte! Slo Steve Barbour pens en atender las ltimas y espasmdicas palabras de Thorndike. Estaba verdade-ramente muerto, cuando l mismo haba dicho que lo pareca falsamente? No podran esperar un tiempo y aguardar acontecimientos? Y sobre eso, qu mal habra en que Doc Pratt diera otro vistazo a Tom Sprague antes del entierro?

    El loco Johnny estaba gimoteando y se haba lanzado sobre el cuerpo de Thorndike como un perro fiel. No le enterris, no le enterris! No est ms muerto que el perro de Lige Hopkins o el ternero del dicono Leavitt cuando les inyect. Tiene una cosa que les pone y les hace parecer muertos sin que lo esten! Parece muerto pero sabe todo lo que est pasando y maana volver tan bien como siempre. No le enterris Despertar bajo tierra y no podr abrirse paso! Es un buen hombre no como Tom Spargue. Rogad a Dios para que arae y se ahogue durante las horas y horas Pero nadie excepto Bar-bour prest ninguna atencin al pobre Johnny. De hecho, lo que el propio Steve dijo haba cado en odos sordos. El desconcierto era total. El viejo Doc Pratt realizaba pruebas finales y murmuraba sobre certificados de defuncin en blanco y el untuoso Atwood el viejo sugera un entierro doble. Con Throndike muerto, no haba enterrador a este lado de Rutland, y sera un gran gasto mandar llamar a uno desde all, y si Thorndike no era embalsamado con aquel caluroso tiempo de junio bueno, es difcil decir. Y no tena parientes ni ami-gos para impedirlo, salvo que Sophie quisiera hacerlo pero Sophie estaba al otro lado de la habitacin mirando silenciosa, fija, y casi morbosamente al inter-ior del atad de su hermano. El dicono Leavitt intent restaurar un aspecto de decoro, e hizo llevar al pobre Thorndike por el vestbulo a la sala de estar, al tiempo que enviaba a Zenas Wells y Water Perkins a la casa del enterrador en busca un atad de su tamao. La llave estaba en el bolsillo del pantaln de Henry. Johnny contino gimiendo y manoseando el cuerpo de Thorndike, ya

  • que Henry no atenda a los oficios locales. Por fin se lleg a la conclusin que su gente de Rutland todos ya muertos haban sido baptistas, y el reverendo Silas decidi que el dicono hara mejor en ofrecer una somera plegaria. Fue un da de gala para los amantes del los funerales en Stillwater y alrededores. An Luella se haba recobrado lo bastante para acudir. Chismes, murmuracio-nes y susurros zumbaban ajetreados mientras se daban unos pocos retoques al cuerpo de Thorndike, que se enfriaba y atiesaba. Johnny haba sido expul-sado de la casa, y la mayora concordaba en que deba haberse hecho desde l primer momento, pero sus distantes aullidos resonaban groseramente y a cada instante en el interior. Cuando el cuerpo fue introducido en el atad y ya-ci junto al de Thomas Sprague, la silenciosa Sophie, que resultaba tan espan-tosa de ver, le observ tan intensamente como haba hecho su hermano. No haba pronunciado una palabra durante un periodo peligrosamente largo, y la confusa expresin de su rostro estaba ms all de cualquier descripcin o in-terpretacin. Cuando los dems se retiraban para dejarla sola con los muertos se las arregl para articular una especie de habla maquinal, pero nadie pudo entender las palabras, y ella pareci hablar primero con un cuerpo y luego con el otro. Y entonces, con lo que parecera a un forastero el colmo de una desal-mada comedia de mal gusto, toda la insensatez de la tarde se repiti fielmente. Otra vez chirri el rgano, de nuevo el corro chill y carraspe, nuevamente un cntico zumbante se alz, y una vez ms los espectadores, morbosamente curiosos, desfilaron con macabro objetivo esta vez un conjunto mortuorio do-ble. Algunos de los ms sensibles temblaron ante el mismo procedimiento, y de nuevo Steve Barbour sinti una subyacente nota de terror espantoso y anorma-lidad demonaca. Dios, la apariencia de vida de ambos cadveres era y cun ansiosamente haba pedido el pobre Thorndike en que no le creyeran muerto y cuanto haba odiado a Tom Sprague pero Cmo ir contra el sentido co-mn? Un muerto era un muerto , y all estaba el viejo Doc Pratt con los aos de experiencia si nadie se molestaba. por que hacerlo uno?... Por todo cuanto haba hecho, Tom probablemente se lo mereca y s Henry haba hecho algo con l, la cuenta estaba igualmente saldada bueno, Sophie era libre por fin. Cuando la procesin de mirones se desplaz por fin hacia el saln y la puerta exterior, Sophie se qued a solas con los muertos una vez ms. El viejo atwood estaba fuera, en la carretera, buscando un conductor de coche fnebre en las caballerizas de Lee, y el dicono Leavitt estaba arreglando una doble tarifa con los porteadores de fretros. Afortunadamente, la carroza poda contener dos atades. Sin prisas, Ed Plummer y Ethan Stone se adelantaron con palas para abrir una segunda tumba. Haba tres carros engalanados y algn nmero de carruajes privados en la cabalgata no tena sentido tratar de mantener a la gente alejada de las tumbas. Entonces lleg un frentico grito desde la sala donde se hallaban Sophie y los cuerpos. Esto estremeci de forma casi parali-zante a la gente y renov la sensacin provocada a raz del grito y desmayo de Luella. Steve Barbour y el dicono Leavitt se abalanzaron al interior, pero antes que pudieran entrar Sophie sali sollozando y boqueando. Esa cara en la ven-tana!... Esa cara en la ventana! Al mismo tiempo, una figura de ojos salvajes rode la esquina de la casa, desvelando el misterio del dramtico grito de Sophie. Era, obviamente, el dueo de la cara el pobre loco Johnny, que co-menz a brincar sealando a Sophie y gritando.

  • Ella sabe! Ella sabe! Lo he visto en su cara cuando los mira y les habla! Ella sabe y va a dejar que los metan en la tierra para que araen y escarben en busca de aire pero ellos le hablarn a ella porque ella puede orles le hablarn y se le aparecern Y algn da volvern para llevarsela! Zenas Wells arrastr al vociferante subnormal hasta una leera, en la parte trasera de la casa, y lo encerr lo mejor que pudo. Sus gritos y aporreos podan orse a distancia, pero nadie le prest ninguna atencin. La procesin estaba en cami-no, con Sofa en el primer carruaje, y lentamente cubri la pequea distancia entre la aldea y el cementerio de Swamp Hollow. El viejo atwood ofici mientras Thomas Sprague descenda a su descanso eterno; mientras tanto, Ed y Ethan haban terminado la tumba de Thorndike en el otro lado del cementerio hacia donde se encaminaron los presentes. El dicono Leavitt habl entonces retri-camente, y todo el proceso se repiti. La gente haba comenzado a marcharse en grupos, y el traqueteo de las calesas y carruajes que se marchaban era casi total cuando las palas comenzaron su trabajo. Mientras la tierra resonaba sobre las tapas de los atades, la de Thordike primero, Steve Barbour descubri ex-traas expresiones revoloteando sobre el rostro de Sophie Sprague. No pudo segurilas muy bien, pero de las que pudo captar se desprenda una especie de mirada torcida, perversa y medio sorprendida de vago triunfo. l agit la cabe-za. Zenas haba vuelto atrs y sac al loco Johnny de la leera antes que Sop-hie llegar a casa, y el pobre tipo al momento corri frenticamente hacia el cementerio. Lleg antes que los enterradores hubieran acabado y mientras muchos de los curiosos dolientes se demoraban an por all. De lo que voce a la tumba, parcialmente llena de Tom Sprague y de cmo escarb en la suelta tierra del tmulo recin finalizado de Thorndike al otro lado del cementerio, los espectadores supervivientes an se estremecen al recordarlo. Jotham Blake, el guardia, le hizo retroceder hacia el pueblo a la fuerza, y sus gritos despertaron temibles ecos. Aqu es donde Fred Peck normalmente abandona la historia. Qu ms pregunta, hay que contar? Fue una tenebrosa tragedia, y uno ape-nas puede maravillarse que Sophie se volviera rara despus de aquello. Esto es todo cuanto uno puede escuchar si es tan tarde que el viejo Calvin Wheeler se ha marchado tambalendose a la cama, pero si an permanece por all pro-rrumpe de nuevo ese murmullo malditamente insinuante e insidioso. A veces, aquellos que le escuchan temen pasar por la casa cerrada del cementerio des-pus de eso, especialmente de noche.

    Je,je Fred era un imberbe entonces, y no puede recordar ms que la mitad de lo que pas! Usted quiere saber por qu Sophie guarda su casa cerrada y por qu el loco Johnny an sigue hablando con los muertos, y gritando por a las ventanas de Sophie? Bueno, seor, no se si s cuanto hay que saber, pero escucho lo que escucho. _Aqu el anciano escupe tabac y se inclina hacia el ojal del oyente. Fue la misma noche, me parece hacia la maana, y unas ocho horas despus de los entierros cuando escuch el primer grito en casa de Sophie. Nos despertamos todos Steve y Emily Barbour, y yo y Matildy, fuimos corriendo, todos en ropa de noche, y encontramos a Sophie vestida y tirada en el suelo de la sala de estar. Suerte que no haba cerrado la puerta. Cuando la reanimamos temblaba como una hoja, y no pudo decir ni una pala-bra de lo que la asustaba. Matildy y Emily hicieron cuanto pudieron para cal-marla, pero Steve me murmur cosas que no me dejaron muy tranquilo. Sobre una hora ms tarde, cuando nos bamos a ir a casa, Sophie comenz a inclinar

  • la cabeza a un lado como si escuchara algo. Entonces, de repente, grit de nuevo y volvi a desmayarse. Bueno, seor, estoy contando lo que estoy con-tando y no supongo lo que Steve Barbour hubiera hecho de haberese atrevido. Tuvo siempre mucha maa para las cosas inusitadas muri hace diez aos de neumona.

    >>Lo que escuchamos tan dbilmente era el pobre loco Johnny , por supuesto. Hay ms de un kilmetro al cementerio, y debi salir por la ventana donde le encerraron en la granja aunque el guardia Blake dice que no sali en toda la noche. Desde ese da ha estado rondando las tumbas y hablando con esos dos maldiciendo y pateando el tmulo de Tom y poniendo cosas y regalos en la de Henry. Y cuando no est haciendo eso es que esta rondando las venta-nas cerradas de Sophie aullando que ran pronto a buscarla.

    >>Ella nunca volvi al cementerio, y no sale de la casa, y nadie la ha visto. Lle-g a decir que hay una maldicin sobre Stillwater y yo estoy tonto si no tiene medio razn, tal como las cosas se estn haciendo pedazos en estos das. Desde luego hay algo raro en Sophie. Una vez Sally Hopkins fue a llamarla en el 1897 o el 1898, creo hubo un espantoso entrechocar de sus celosas y Johnny estaba bien encerrado esa vez o, al menos, eso jura y perjura el guar-dia Dodge. Pero no tengo en cuenta esas historias sobre ruidos cada 17 de junio, o sobre figuras fantasmales tanteando la puerta y las contraventanas de Sophie cada madrugada, como a las dos.

    >>Sabe, eran sobre las dos de la madrugada cuando Sophie escuch los soni-dos y se desmay por segunda vez aquella primera noche tras el entierro. Ste-ve y yo, y Matildy Y Emily, escuchamos la segunda parte, dbil como era, pero como se lo digo. Estoy contndole de nuevo que debi ser el loco Johnny Blake diga lo que quiera. No se puede recornocer el sonido de una voz humana tan lejos, y con nuestras orejas llenas de insensateces no me extraa que pens-ramos que eran dos voces que no deban hablar.

    >>Steve afirmaba haber escuchado ms que yo. De verdad cero que prestaba atencin a asuntos de fantasmas Matildy y Emily estaban tan asustadas que no recuerdan lo que oyeron. Y es bastante curioso, nadie en el pueblo si alguien estaba despierto a esa maldita hora dijo haber escuchado ningn sonido.

    >>Lo que fuera, eran tan dbil que pudiera haber sido el viento, de no mediar palabras. Entend un poco, pero no quiero decir que respalde cuanto Steve ju-raba haber odo

    Diableza todo el tiempo Henry y vivo eran claras, y tambin t sabes dijistes que esperaras te librastes de l y me has enterrado en una especie de voz cambiante Entonces vino la espantosa volver algn da con un graznido mortal pero no me diga que Johnny no pudo hacer esos sonidos. Eh, usted! Por qu se va tan aprisa? Quizs pueda contarle ms, si me acuerdo