El horror de Dunwich

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    05-Aug-2016

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  • El horror de DunwichH. P. Lovecraft

    Las Gorgonas, las Hidras y las Quimeras, las terrorficas leyendas deCeleno y las Arpas, pueden reproducirse en el cerebro de las mentes supersticiosas...pero ya estaban all desde mucho antes. Son meras transcripciones, tipos; losarquetipos estn dentro de nosotros y son eternos. De lo contrario, cmo podrallegar a afectarnos el relato de lo que sabemos a ciencia cierta que es falso? Serque concebimos naturalmente el terror de tales entes en tanto que pueden infligirnosun dao fsico? No, ni mucho menos! Esos terrores estn ah de antiguo. Seremontan a antes de que existiese el cuerpo humano... No precisan siquiera de l,pues habran existido igualmente... El hecho de que el miedo de que tratamos aqusea puramente espiritual -tan intenso en proporcin como sin objeto en la tierra- yque predomine en el perodo de nuestra inocente infancia, plantea problemas cuyasolucin puede aportarnos una idea de nuestra condicin previa a la venida al mundoo, cuando menos, un atisbo del tenebroso reino de la preexistencia.

    CHARLES LAMB: Witches and Other Night-Fears

    I

    Cuando el que viaja por el norte de la regin central de Massachusetts se equivoca de direccinal llegar al cruce de la carretera de Aylesbury nada ms pasar Deans Corners, ver que se adentra en unaextraa y apenas poblada comarca. El terreno se hace ms escarpado y las paredes de piedra cubiertas demaleza van encajonando cada vez ms el sinuoso camino de tierra. Los rboles de los bosques son all deunas dimensiones excesivamente grandes, y la maleza, las zarzas y la hierba alcanzan una frondosidadrara vez vista en las regiones habitadas. Por el contrario, los campos cultivados son muy escasos yridos, mientras que las pocas casas diseminadas a lo largo del camino presentan un sorprendenteaspecto uniforme de decrepitud, suciedad y ruina. Sin saber exactamente por qu, uno no se atreve apreguntar nada a las arrugadas y solitarias figuras que, de cuando en cuando, se ve escrutar desde puertasmedio derruidas o desde pendientes y rocosos prados. Esas gentes son tan silenciosas y huraas que unotiene la impresin de verse frente a un recndito enigma del que ms vale no intentar averiguar nada. Yese sentimiento de extrao desasosiego se recrudece cuando, desde un alto del camino, se divisan lasmontaas que se alzan por encima de los tupidos bosques que cubren la comarca. Las cumbres tienenuna forma demasiado ovalada y simtrica como para pensar en una naturaleza apacible y normal, y aveces pueden verse recortados con singular nitidez contra el cielo unos extraos crculos formados poraltas columnas de piedra que coronan la mayora de las cimas montaosas.

    El camino se halla cortado por barrancos y gargantas de una profundidad incierta, y los toscospuentes de madera que los salvan no ofrecen excesivas garantas al viajero. Cuando el camino inicia eldescenso, se atraviesan terrenos pantanosos que despiertan instintivamente una honda repulsin, y hastallega a invadirle al viajero una sensacin de miedo cuando, al ponerse el sol, invisibles chotacabrascomienzan a lanzar estridentes chillidos, y las lucirnagas, en anormal profusin, se aprestan a danzar alritmo bronco y atrozmente montono del horrsono croar de los sapos. Las angostas y resplandecientesaguas del curso superior del Miskatonic adquieren una extraa forma serpenteante mientras discurren alpie de las abovedadas cumbres montaosas entre las que nace.

    A medida que el viajero va acercndose a las montaas, repara ms en sus frondosas vertientesque en sus cumbres coronadas por altas piedras. Las vertientes de aquellas montaas son tan escarpadasy sombras que uno deseara que se mantuviesen a distancia, pero tiene que seguir adelante pues no haycamino que permita eludirlas. Pasado un puente cubierto puede verse un pueblecito que se encuentraagazapado entre el curso del ro y la ladera cortada a pico de Round Mountain, y el viajero se maravillaante aquel puado de techumbres de estilo holands en ruinoso estado, que hacen pensar en un perodoarquitectnico anterior al de la comarca circundante. Y cuando se acerca ms no resulta nadatranquilizador comprobar que la mayora de las casas estn desiertas y medio derruidas y que la iglesia-con el chapitel quebrado- alberga ahora el nico y destartalado establecimiento mercantil de toda laaldea. El simple paso del tenebroso tnel del puente infunde ya cierto temor, pero tampoco hay manerade evitarlo. Una vez atravesado el tnel, es difcil que a uno no le asalte la sensacin de un ligero hedoral pasar por la calle principal y ver la descomposicin y la mugre acumuladas a lo largo de siglos.Siempre resulta reconfortante salir de aquel lugar y, siguiendo el angosto camino que discurre al pie delas montaas, cruzar la llanura que se extiende una vez traspuestas las cumbres montaosas hasta volver

  • a desembocar en la carretera de Aylesbury. Una vez all, es posible que el viajero se entere de que hapasado por Dunwich.

    Apenas se ven forasteros en Dunwich, y tras los horrores padecidos en el pueblo todas lasseales que indicaban cmo llegar hasta l han desaparecido del camino. No obstante ser una regin desingular belleza, segn los cnones estticos en boga, no atrae para nada a artistas ni a veraneantes. Hacedos siglos, cuando a la gente no se le pasaba por la cabeza rerse de brujeras, cultos satnicos osiniestros seres que poblaban los bosques, daban muy buenas razones para evitar el paso por la localidad.Pero en los racionales tiempos que corren -silenciado el horror que se desat sobre Dunwich en 1928 porquienes procuran por encima de todo el bienestar del pueblo y del mundo- la gente elude el pueblo sinsaber exactamente por qu razn. Quiz el motivo de ello radique -aunque no puede aplicarse a losforasteros desinformados- en que los naturales de Dunwich se han degradado de forma harto repulsiva,habiendo rebasado con mucho esa senda de regresin tan comn a muchos apartados rincones de NuevaInglaterra. Los vecinos de Dunwich han llegado a constituir un tipo racial propio, con estigmas fsicos ymentales de degeneracin y endogamia bien definidos. Su nivel medio de inteligencia es increblementebajo, mientras que sus anales despiden un apestoso tufo a perversidad y a asesinatos semiencubiertos, aincestos y a infinidad de actos de indecible violencia y maldad. La aristocracia local, representada por losdos o tres linajes familiares que vinieron procedentes de Salem en 1692, ha logrado mantenerse algo porencima del nivel general de degeneracin, aunque numerosas ramas de tales linajes acabaron por sumirsetanto entre la srdida plebe que slo restan sus apellidos como recordatorio da origen de su desgracia.Algunos de los Whateley y de los Bishop siguen an enviando a sus primognitos a Harvard yMiskatonic, pero los jvenes que se van rara vez regresan a las semiderruidas techumbres de estiloholands bajo las que tanto ellos como sus antepasados nacieron y crecieron.

    Nadie, ni siquiera quienes conocen los motivos por los que se desat el reciente horror, puededecir qu le ocurre a Dunwich, aunque las viejas leyendas aluden a idoltricos ritos y cnclaves de losindios en los que invocaban misteriosas figuras provenientes de las grandes montaas rematadas enforma de bveda, al tiempo que oficiaban salvajes rituales orgisticos contestados por estridentescrujidos y fragores salidos del interior de las montaas. En 1747, el reverendo Abijah Hoadley, recinincorporado a su ministerio en la iglesia congregacionalista de Dunwich, predic un memorable sermnsobre la amenaza de Satans y sus demonios que se cerna sobre la aldea en el que, entre otras cosas,dijo:

    No puede negarse que semejantes monstruosidades integrantes de un infernal cortejo de demonios sonfenmenos harto conocidos como para intentar negarlos. Las impas voces de Azazel y de Buzrael, de Belceb y deBelial, las oyen hoy saliendo de la tierra ms de una veintena de testigos de toda confianza. Y hasta yo mismo, nohar ms de dos semanas, pude escuchar toda una alocucin de las potencias infernales detrs de mi casa. Loschirridos, redobles, quejidos, gritos y silbidos que all se oan no podan proceder de nadie de este mundo, eran deesos sonidos que slo pueden salir de recnditas simas que nicamente a la magia negra le es dado descubrir y aldiablo penetrar.

    No haba pasado mucho tiempo desde la lectura de este sermn cuando el reverendo Hoadleydesapareci sin que se supiera ms de l, si bien sigue conservndose el texto del sermn, impreso enSpringfield. No haba ao en que no se oyese y diese cuenta de estrepitosos fragores en el interior de lasmontaas, y an hoy tales ruidos siguen sumiendo en la mayor perplejidad a gelogos y fisigrafos.

    Otras tradiciones hacen referencia a ftidos olores en las inmediaciones de los crculos derocosas columnas que coronan las cumbres montaosas y a entes etreos cuya presencia puede detectarsedifusamente a ciertas horas en el fondo de los grandes barrancos, mientras otras leyendas tratan deexplicarlo todo en funcin del Devils Hop Yard, una ladera totalmente balda en la que no crecen nirboles, ni matorrales ni hierba alguna. Por si fuera poco, los naturales del lugar tienen un miedo cerval ala algaraba que arma en las clidas noches la legin de chotacabras que puebla la comarca. Afirman quetales pjaros son psicopompos* que estn al acecho de las almas de los muertos y que sincronizan alunsono sus pavorosos chirridos con la jadeante respiracin del moribundo. Si consiguen atrapar el almafugitiva en el momento en que abandona el cuerpo se ponen a revolotear al instante y prorrumpen endiablicas risotadas, pero si ven frustradas sus intenciones se sumen poco a poco en el silencio.

    Claro est que dichas historias ya no se oyen y no hay quien crea en ellas, pues datan de tiemposmuy antiguos. Dunwich es un pueblo increblemente viejo, mucho ms que cualquier otro en treintamillas a la redonda. Al sur an pueden verse las paredes del stano y la chimenea de la antiqusima casade los Bishop, construida con anterioridad a 1700 en tanto que las ruinas del molino que hay en lacascada, construido en 1806, constituyen la pieza arquitectnica ms reciente de la localidad. Laindustria no arraig en Dunwich y el movimiento fabril del siglo XIX result ser de corta duracin en lalocalidad. Con todo, lo ms antiguo son las grandes circunferencias de columnas de piedra toscamentelabradas que hay en las cumbres montaosas, pero esta obra se atribuye por lo general ms a los indiosque a los colonos. Restos de crneos y huesos humanos, hallados en el interior de dichos crculos y en

    * Conductores de almas al reino de los muertos. (N del T.)

  • torno a la gran roca en forma de mesa de Sentinel Hill, apoyan la creencia de que tales lugares fueron enotras pocas enterramientos de los indios pocumtuk, aun cuando numerosos etnlogos, obviando laprctica imposibilidad de tan disparatada teora, siguen empeados en creer que se trata de restoscaucsicos.

    II

    Fue en el trmino municipal de Dunwich, en una granja grande y parcialmente deshabitadalevantada sobre una ladera a cuatro millas del pueblo y a una media de la casa ms cercana, donde eldomingo 2 de febrero de 1913, a las 5 de la maana, naci Wilbur Whateley. La fecha se recuerdaporque era el da de la Candelaria, que los vecinos de Dunwich curiosamente observan bajo otro nombre,y, adems, por el fragor de los ruidos que se oyeron en la montaa y por el alboroto de los perros de lacomarca que no cesaron de ladrar en toda la noche. Tambin cabe hacer notar, aunque ello tenga menosimportancia, que la madre de Wilbur perteneca a la rama degradada de los Whateley. Era una albina detreinta y cinco aos de edad, un tanto deforme y sin el menor atractivo, que viva en compaa de suanciano y medio enloquecido padre, de quien durante su juventud corrieron los ms espantosos rumoressobre actos de brujera. Lavinia Whateley no tena marido conocido, pero siguiendo la costumbre de lacomarca no hizo nada por repudiar al nio, y en cuanto a la paternidad del recin nacido la gente pudo -yas lo hizo- especular a su gusto. La madre estaba extraamente orgullosa de aquella criatura de tezmorena y facciones de chivo que tanto contrastaba con su enfermizo semblante y sus rosceos ojos dealbina, y cuentan que se la oy susurrar multitud de extraas profecas sobre las extraordinariasfacultades de que estaba dotado el nio y el impresionante futuro que le aguardaba.

    Lavinia era muy capaz de decir tales cosas, pues de siempre haba sido una criatura solitaria aquien encantaba correr por las montaas cuando se desataban atronadoras tormentas y que gustaba deleer los voluminosos y aejos libros que su padre haba heredado tras dos siglos de existencia de losWhateley, libros que empezaban a caerse a pedazos de puro viejos y apolillados. En su vida haba ido ala escuela, pero saba de memoria multitud de fragmentos inconexos de antiguas leyendas populares queel viejo Whateley le haba enseado. De siempre haban temido los vecinos de la localidad la solitariagranja a causa de la fama de brujo del viejo Whateley, y la inexplicable muerte violenta que sufri sumujer cuando Lavinia apenas contaba doce aos no contribuy en nada a hacer popular el lugar. Siempresolitaria y aislada en medio de extraas influencias, Lavinia gustaba de entregarse a visiones alucinantesy grandiosas, a la vez que a singulares ocupaciones. Su tiempo libre apenas se vea reducido por loscuidados domsticos en una casa en que ni los menores principios de orden y limpieza se observabandesde haca tiempo.

    La noche en que Wilbur naci pudo orse un grito espantoso, que retumb incluso por encimade los ruidos de la montaa y de los ladridos de los perros, pero, que se sepa, ni mdico ni comadronaalguna estuvieron presentes en su llegada al mundo. Los vecinos no supieron nada del parto hasta pasadauna semana, en que el viejo Whateley recorri en su trineo el nevado camino que separaba su casa deDunwich y se puso a hablar de forma incoherente al grupo de aldeanos reunidos en la tienda de Osborn.Pareca como si se hubiera producido un cambio en el anciano, como si un elemento subrepticio nuevose hubiese introducido m su obnubilado cerebro transformndole de objeto en sujeto de temor, aunque, adecir verdad, no era persona que se preocupase especialmente por las cuestiones familiares. Con todo,mostraba algo de orgullo que ltimamente haba podido advertirse en su hija, y lo que dijo acerca de lapaternidad del recin nacido sera recordado aos despus por quienes entonces escucharon sus palabras.

    -Me trae sin cuidado lo que piense la gente. Si el hijo de Lavinia se parece a su padre, ser biendistinto de cuanto puede esperarse. No hay razones para creer que no hay otra gente que la que se ve porestos aledaos. Lavinia ha ledo y ha visto cosas que la mayora de vosotros ni siquiera sois capaces deimaginar. Espero que su hombre sea tan buen marido como el mejor que pueda encontrarse por esta partede Aylesbury, y si supierais la mitad de cosas que yo s no desearais mejor casamiento por la iglesia niaqu ni en ninguna otra parte. Escuchad bien esto que os digo: algn da oiris todos al hijo de Laviniapronunciar el nombre de su padre en la cumbre de Sentinel Hill.

    Las nicas personas que vieron a Wilbur durante el primer mes de su vida fueron el viejoZechariah Whateley, de la rama an no degenerada de los Whateley, y Mamie Bishop, la mujer conquien viva desde haca aos Earl Sawyer. La visita de Mamie obedeci a la pura curiosidad y lashistorias que cont confirmaron sus observaciones, en tanto que Zechariah fue por all a llevar un par devacas de raza Alderney que el viejo Whateley le haba comprado a su hijo Curtis. Dicha adquisicinmarc el comienzo de una larga serie de compras de ganado vacuno por parte de la familia del pequeoWilbur que no finalizara hasta 1928 -es decir, el ao en que el horror se abati sobre Dunwich-, pero enningn momento dio la impresin de que el destartalado establo de Whateley estuviese lleno hastarebosar de ganado. A ello sigui un perodo en que la curiosidad de ciertos vecinos de Dunwich les lleva subir a escondidas hasta los pastos y contar las cabezas de ganado que pacan precariamente en laempinada ladera justo por encima de la vieja granja, y jams pudieron contar ms de diez o doce

  • anmicos y casi exanges ejemplares. Deba ser una plaga o enfermedad, originada quiz en losinsalubres pastos o transmitida por algn hongo o madera contaminados del inmundo establo, lo queproduca tan crecida mortalidad entre el ganado de Whateley. Extraas heridas o llagas, semejantes aincisiones, parecan cebarse en las vacas que podan verse paciendo por aquellos contornos y una o dosveces en el curso de los primeros meses de la vida de Wilbur algunas personas que fueron a visitar a losWhateley creyeron ver llagas similares en la garganta del anciano canoso y sin afeitar y en la de sudesaliada y desgreada hija albina.

    En la primavera que sigui al nacimiento de Wilbur, Lavinia reanud sus habituales correraspor las montaas, llevando en sus desproporcionados brazos a su criatura de tez oscura. La curiosidad delos aldeanos hacia los Whateley remiti tras ver al retoo, y a nadie se le ocurri hacer el menorcomentario sobre el portentoso desarrollo del recin nacido, visible de un da para otro. La realidad esque Wilbur creca a un ritmo impresionante, pues a los tres meses haba alcanzado ya una talla y fuerzamuscular que raramente se observa en nios menores de un ao. Sus movimientos y hasta sus sonidosvocales mostraban una contencin y una ponderacin harto singulares en una criatura de su edad, yprcticamente nadie se asombr cuando, a los siete meses, comenz a andar sin ayuda alguna, conpequeas vacilaciones que al cabo de un mes haban desaparecido por completo.

    Al poco tiempo, exactamente la Vspera de Todos los Santos, pudo divisarse una gran hoguera amedianoche en la cima de Sentinel Hill, all donde se levantaba la antigua piedra con forma de mesa enmedio de un tmulo de antiguas osamentas. Por el pueblo corrieron toda clase de rumores a raz de queSilas Bishop -de la rama no degradada de los Bishop- dijese haber visto al chico de los Whateleysubiendo a toda prisa la montaa delante de su madre, justo una hora antes de advertirse las llamas. Silasandaba buscando un ternero extraviado, pero casi olvid la misin que le haba llevado all al divisarfugazmente, a la luz del farol que portaba, a las dos figuras que corran montaa arriba. Madre e hijo sedeslizaban sigilosamente por entre la maleza, y Silas, que no sala de su asombro, crey ver que ibanenteramente desnudos. Al recordarlo posteriormente, no estaba del todo seguro por cuanto al niorespecta, y cree que es posible que llevase una especie de cinturn con flecos y un par de calzones opantalones de color oscuro. Lo cierto es que a Wilbur nunca volvi a vrsele, al menos vivo y en estadoconsciente, sin toda su ropa encima y ceidamente abotonado, y cualquier desarreglo, real o supuesto, ensu indumentaria pareca irritarle muchsimo. Su contraste con el esculido aspecto de su madre y de suabuelo era tremendamente marcado, algo que no se explicara del todo hasta 1928, ao en que el horrorse abati sobre Dunwich.

    Por el mes de enero, entre los rumores que corran por el pueblo se haca mencin de que elrapaz negro de Lavinia haba comenzado a hablar, cuando apenas contaba once meses. Su lenguaje eraimpresionante, tanto porque se diferenciaba de los acentos normales que se oan en la regin como por laausencia del balbuceo infantil apreciable en muchos nios de tres y cuatro aos. No era una criaturaparlanchina, pero cuando se pona a hablar pareca expresar algo inaprensible y totalmente desconocidopara los vecinos de Dunwich. La extraeza no radicaba en cuanto deca ni en las sencillas expresiones aque recurra, sino que pareca guardar una vaga relacin con el tono o con los rganos vocalesproductores de los sonidos silbicos. Sus facciones se caracterizaban, asimismo, por una nota demadurez, pues si bien tena en comn con su madre y abuelo la falta de mentn, la nariz, firme yprecozmente perfilada, junto con la expresin de los ojos -grandes, oscuros y de rasgos latinos-, hacanque pareciese casi adulto y dotado de una inteligencia fuera de lo comn. Pese a su aparente brillantezera, empero, rematadamente feo. Desde luego, algo de chotuno o animal haba en sus carnosos labios, ensu tez amarillenta y porosa, en su spero y desgreado pelo y en sus orejas increblemente alargadas.Pronto la gente empez a sentir aversin hacia l, de forma incluso ms marcada que hacia su madre yabuelo, y todo cuanto sobre l se aventuraban a decir se hallaba salpicado de referencias al pasado debrujo del viejo Whateley y a cmo retumbaron las montaas cuando profiri a pleno pulmn elespantoso nombre de Yog-Sothoth, en medio de un crculo de piedras y con un gran libro abierto entresus manos. Los perros se enfurecan ante la sola presencia del nio, hasta el punto de que continuamentese vea obligado a defenderse de sus amenazadores ladridos.

    III

    Entre tanto, el viejo Whateley sigui comprando ganado sin que se viera incrementar el nmerode su cabaa. Asimismo, tal madera y se puso a restaurar las partes hasta entonces sin utilizar de lacasa, un espacioso edificio con el tejado rematado en pico y la fachada posterior totalmente empotradaen la rocosa ladera de la montaa. Hasta entonces, las tres habitaciones en estado menos ruinoso de laplanta baja haban bastado para albergar a su hija y a l. El anciano deba conservar an una fuerzaprodigiosa para poder realizar por s solo tan ardua tarea, y aunque a veces murmuraba cosas que sesalan de lo normal su trabajo de carpintera demostraba que conservaba el sano juicio. Empez las obrasnada ms nacer Wilbur, tras poner un da en orden uno de los numerosos cobertizos donde se guardabanlos aperos, entablarlo y colocar una nueva y resistente cerradura. Ahora, al emprender las obras de

  • reparacin del abandonado piso superior, demostr seguir estando en posesin de excelentes facultadesmanuales. Su mana se reflejaba tan slo en un afn por tapar hermticamente con tablones todas lasventanas del ala restaurada, aunque a juicio de muchos el mero hecho de intentar repararla ya era unalocura. Ya se explicaba mejor que quisiese acondicionar otra habitacin en la planta baja para el nietorecin nacido, habitacin sta que varios visitantes pudieron ver, si bien nadie logr jams acceder a laplanta superior hermticamente cerrada por gruesos tablones de madera. Revisti toda la habitacin delnieto con slidas estanteras hasta el techo, sobre las cuales fue colocando, poco a poco y en ordenaparentemente cuidadoso, los antiguos volmenes apolillados y los fragmentos sueltos de libros quehasta entonces haban estado amontonados de mala manera en los ms inslitos rincones de la casa.

    -Me han sido muy tiles -deca Whateley mientras trataba de pegar una pgina suelta decaracteres gticos con una cola preparada en el herrumbroso horno de la cocina-, pero estoy seguro deque el chico sabr sacar mejor provecho de ellos. Quiero que estn en las mejores condiciones posibles,pues todos van a servirle para su educacin.

    Cuando Wilbur contaba un ao y siete meses -esto es, en septiembre de 1914- su estatura y, engeneral, las cosas que haca se salan por completo de lo normal. Tena ya la altura de un nio de cuatroaos, hablaba con fluidez y demostraba hallarse dotado de una inteligencia bien despierta. Andaba solopor los campos y empinadas laderas, y acompaaba a su madre en sus correras por la montaa. Cuandoestaba en casa, no cesaba de escudriar los extraos grabados y cuadros que encerraban los libros de suabuelo, mientras el viejo Whateley le instrua y catequizaba en medio del silencio reinante de muchaslargas e interminables tardes. Para entonces ya haban concluido las obras de la casa, y quienes tuvieronocasin de verlas se preguntaban por qu habra transformado el viejo Whateley una de las ventanas delpiso superior en una maciza puerta entablada. Se trataba de la ltima ventana abuhardillada en la fachadaposterior orientada a poniente, pegada a la ladera montaosa, y nadie se haca la menor idea de por quhabra construido una slida rampa de madera para subir hasta ella. Para cuando las obras estaban apunto de concluir la gente advirti que el viejo cobertizo de los aperos, hermticamente cerrado y con lasventanas cubiertas por tablones desde el nacimiento de Wilbur, volvi a quedar abandonado. La puertaestaba siempre abierta de par en par, y cuando Earl Sawyer un da se adentr en su interior, con ocasinde una visita al viejo Whateley relacionada con la venta de ganado, se extra enormemente del apestosoolor que se respiraba en el cobertizo; un hedor -segn dira posteriormente- que no guardaba parecidocon nada conocido salvo con el olor que se perciba en las inmediaciones de los crculos indios de lamontaa, y que no poda provenir de nada sano ni de esta tierra. Pero tambin es cierto que las casas ycobertizos de los vecinos de Dunwich nunca se caracterizaron precisamente por sus buenos olores.

    No hay nada digno de destacar en los meses que siguieron, salvo que todo el mundo jurabapercibir un ligero pero constante aumento de los misteriosos ruidos que salan de la montaa. La vsperadel primero de mayo de 1915 se dejaron sentir tales temblores de tierra que hasta los vecinos deAylesbury pudieron percibirlos, y unos meses despus, en la Vspera de Todos los Santos, se produjo unfragor subterrneo asombrosamente sincronizado con una serie de llamaradas -ya estn otra vez losWhateley con sus brujeras, decan los vecinos de Dunwich- en la cima de Sentinel Hill. Wilbur seguacreciendo a un ritmo prodigioso, hasta el punto de que al cumplir cuatro aos pareca como si tuviera yadiez. Lea vidamente, sin ayuda alguna, pero se haba vuelto mucho ms reservado. Su semblantedenotaba un natural taciturno, y por vez primera la gente empez a hablar del incipiente aspectodemonaco de sus facciones de chivo. A veces se pona a musitar en una jerga totalmente desconocida ya cantar extraas melodas que hacan estremecer a quienes las escuchaban invadindoles un indecibleterror. La aversin que mostraban hacia l los perros era objeto de frecuentes comentarios, hasta el puntode verse obligado a llevar siempre una pistola encima para evitar ser atacado en sus correras a travs delcampo. Y, claro est, su utilizacin del arma en diversas ocasiones no contribuy en absoluto agranjearle la simpata de los dueos de perros guardianes.

    Las pocas visitas que acudan a la casa de los Whateley encontraban con harta frecuencia aLavinia sola en la planta baja, mientras se oan extraos gritos y pisadas en el entablado piso superior.Jams dijo Lavinia qu podran estar haciendo su padre y el muchacho all arriba, aunque en ciertaocasin en que un jovial pescadero intent abrir la atrancada puerta que daba a la escalera empalideci yun pnico cerval se dibuj en su rostro. El pescadero cont luego en la tienda de Dunwich que le parecior el pataleo de un caballo en el piso superior. Los dientes que en aquel momento se encontraban en latienda pensaron al instante en la puerta, en la rampa y en el ganado que con tal celeridad desapareca,estremecindose al recordar las historias de los aos mozos del viejo Whateley y las extraas cosas queprofiere la tierra cuando se sacrifica un ternero en un momento propicio a ciertos dioses paganos. Desdehaca tiempo poda advertirse que los perros teman y detestaban la finca de los Whateley con igual furiaque anteriormente haban demostrado hacia la persona de Wilbur.

    En 1917 estall la guerra, y el juez de paz Sawyer Whateley, en su condicin de presidente de lajunta de reclutamiento local, tuvo grandes dificultades para lograr constituir el contingente de jvenesfsicamente aptos de Dunwich que haban de acudir al campamento de instruccin. El gobierno,alarmado ante los sntomas de degradacin de los habitantes de la comarca, envi varios funcionarios yespecialistas mdicos para que investigaran las causas, los cuales llevaron a cabo una encuesta que an

  • recuerdan los lectores de diarios de Nueva Inglaterra. La publicidad que se dio en torno a lainvestigacin puso a algunos periodistas sobre la pista de los Whateley, y llev a las edicionesdominicales del Boston Globe y del Arkham Advertiser a publicar artculos sensacionalistas sobre laprecocidad de Wilbur, la magia negra del viejo Whateley, las estanteras repletas de extraos volmenes,el segundo piso hermticamente cerrado de la antigua granja, el misterio que rodeaba a la comarca enteray los ruidos que se oan en la montaa. Wilbur contaba por entonces cuatro aos y medio, pero tena todoel aspecto de un muchacho de quince. Su labio superior y mejillas estaban cubiertos de un vello spero yoscuro, y su voz haba comenzado ya a enronquecer.

    Un da Earl Sawyer se dirigi a la finca de los Whateley acompaado de un grupo de periodistasy fotgrafos, llamndoles su atencin hacia la extraa fetidez que sala de la planta superior. Segn dijo,era exactamente igual que el olor reinante en el abandonado cobertizo donde se guardaban los aperosuna vez finalizadas las obras de reconstruccin, y muy semejante a los dbiles olores que crey percibira veces en las proximidades del crculo de piedra de la montaa. Los vecinos de Dunwich leyeron lashistorias sobre los Whateley al verlas publicadas en los peridicos, y no pudieron menos de sonrerseante los crasos errores que contenan. Se preguntaban, asimismo, por qu los periodistas atribuiran tantaimportancia al hecho de que el viejo Whateley pagase siempre al comprar el ganado en antiqusimasmonedas de oro. Los Whateley recibieron a sus visitantes con mal disimulado disgusto, si bien no seatrevieron a ofrecer violenta resistencia o a negarse a contestar sus preguntas por miedo a que dieranmayor publicidad al caso.

    IV

    Durante toda una dcada la historia de los Whateley se mezcl inextricablemente con laexistencia general de una comunidad patolgicamente enfermiza que se hallaba acostumbrada a suextraa conducta y se haba vuelto insensible a sus orgisticas celebraciones de la Vspera de mayo y deTodos los Santos. Dos veces al ao los Whateley encendan hogueras en la cima de Sentinel Hill, y entales fechas el fragor de la montaa se reproduca con violencia cada vez ms inusitada; y tampoco erararo que tuviesen lugar acontecimientos extraos y portentosos en su solitaria granja en cualquier otrafecha del ao. Con el tiempo, los visitantes afirmaron or ruidos en la cerrada planta alta, incluso enmomentos en que todos los miembros de la familia estaban abajo, y se preguntaron a qu ritmo solansacrificar los Whateley una vaca o un ternero. Se hablaba incluso de denunciar el caso a la SociedadProtectora de Animales, pero al final no se hizo nada pues los vecinos de Dunwich no tenan ningunagana de que el mundo exterior reparase en ellos.

    Hacia 1923, siendo Wilbur Un muchacho de diez aos y con una inteligencia, voz, estatura ybarba que le daban todo el aspecto de una persona ya madura, se inici una segunda etapa de obras decarpintera en la vieja finca de los Whateley. Las obras tenan lugar en la cerrada planta superior, y porlos trozos de madera sobrante que se vean por el suelo la gente dedujo que el joven y el abuelo habantirado todos los tabiques y hasta levantado la tarima del piso, dejando slo un gran espacio abierto entrela planta baja y el tejado rematado en pico. Asimismo haban demolido la gran chimenea central einstalado en el herrumbroso espacio que qued al descubierto una endeble caera de hojalata con salidaal exterior.

    En la primavera que sigui a las obras el viejo Whateley advirti el crecido nmero dechotacabras que, procedentes del barranco de Cold Spring, acudan por las noches a chillar bajo suventana. Whateley atribuy a la presencia de tales pjaros un significado especial y un da dijo en latienda de Osborn que crea cercano su fin.

    -Ahora chirran al ritmo de mi respiracin -dijo-, as que deben estar ya al acecho para lanzarsesobre mi alma. Saben que pronto va a abandonarme y no quieren dejarla escapar. Cuando haya muertosabris si lo consiguieron o no. Caso de conseguirlo, no cesarn de chirriar y proferir risotadas hasta elamanecer, de lo contrario se callarn. Los espero a ellos y a las almas que atrapan pues si quieren mialma les va a costar lo suyo.

    En la noche de la fiesta de la Recoleccin de la Cosecha* de 1924, el doctor Houghton, deAylesbury, recibi una llamada urgente de Wilbur Whateley, que se haba lanzado a todo galope enmedio de la oscuridad reinante, en el nico caballo que an restaba a los Whateley, con el fin de llegar loantes posible al pueblo y telefonear desde la tienda de Osborn. El doctor Houghton encontr al viejoWhateley en estado agonizante, con un ritmo cardaco y una respiracin estertrea que presagiaban unfinal inminente. La deforme hija albina y el nieto adolescente, pero ya barbudo, permanecan junto allecho mortuorio, mientras que del tenebroso espacio que se abra por encima de sus cabezas llegaba ladesagradable sensacin de una especie de chapoteo u oleaje rtmico, algo as como de las olas en unaplaya de aguas remansadas. Con todo, lo que ms le molestaba al mdico era el ensordecedor griteroque armaban las aves nocturnas que revoloteaban en torno a la casa: una verdadera legin de chotacabras

    * El 1 de agosto.

  • que chirriaba su montono mensaje diablicamente sincronizado con los entrecortados estertores delagonizante anciano. Aquello sobrepasaba decididamente lo siniestro y lo monstruoso, pens el doctorHoughton, que al igual que el resto de los vecinos de la comarca haba acudido de muy mala gana a lacasa de los Whateley en respuesta a la llamada urgente que se le haba hecho.

    Hacia la una de la noche el viejo Whateley recobr la conciencia y, al tiempo que cesaban susestertores, balbuceo algunas entrecortadas palabras a su nieto.

    -Ms espacio, Willy, necesita ms espacio y cuanto antes. T creces, pero eso an crece msdeprisa. Pronto te servir, hijo. Abre las puertas de par en par a Yog-Sothoth salmodiando el largo cantoque encontrars en la pgina 75l de la edicin completa, y luego prndele fuego a la prisin. El fuego dela tierra no puede quemarlo.

    No haba duda, el viejo Whateley estaba loco de remate. Tras una pausa durante la cual labandada de chotacabras que haba fuera sincroniz sus chirridos al nuevo ritmo jadeante de larespiracin del anciano y pudieron orse extraos ruidos que venan de algn remoto lugar en lasmontaas, an tuvo fuerzas para pronunciar una o dos frases ms.

    -No dejes de alimentarlo, Willy y ten presente la cantidad en todo momento. Pero no dejes quecrezca demasiado deprisa para el lugar, pues si revienta en pedazos o sale antes de que abras a Yog-Sothoth, no habrn servido de nada todos los esfuerzos. Slo los que vienen del ms all pueden hacerque se reproduzca y surta efecto... Slo ellos, los ancianos que quieren volver...

    Pero tras las ltimas palabras volvieron a reproducirse los estertores del viejo Whateley, yLavinia lanz un pavoroso grito al ver cmo a gritero que armaban los chotacabras cambiaba paraadaptarse al nuevo ritmo de la respiracin. No hubo ningn cambio durante una hora, al cabo de la cualla garganta del moribundo emiti el postrer vagido. El doctor Houghton cerr los prpados sobre losresplandecientes ojos grises del anciano, mientras la barahnda que armaban los pjaros remita pormomentos hasta acabar cayendo en el ms absoluto silencio. Lavinia no cesaba de sollozar, en tanto queWilbur se ech a rer sofocadamente y hasta ellos lleg el dbil fragor de la montaa.

    -No han conseguido atrapar su alma -susurr Wilbur con su potente voz de bajo.Por entonces, Wilbur era ya un estudioso de impresionante erudicin -si bien a su parcial

    manera-, y empezaba a ser conocido por la correspondencia que mantena con numerosos bibliotecariosde remotos lugares en donde se guardaban libros raros y misteriosos de pocas pasadas. Al mismotiempo, cada vez se le detestaba y tema ms en la comarca de Dunwich por la desaparicin de ciertosjvenes que todas las sospechas hacan confluir, difusamente, en el umbral de su casa. Pero siempre selas arregl para silenciar las investigaciones ya fuese mediante el recurso a la intimidacin o echandomano del caudal de antiguas monedas de oro que, al igual que en tiempos de su abuelo, salan de formaperidica y en cantidades crecientes para la compra de cabezas de ganado. Daba toda la impresin de seruna persona madura, y su estatura, una vez alcanzado el lmite normal de la edad adulta, pareca quefuese a seguir aumentando sin lmite. En 1925, con ocasin de una visita que le hizo un corresponsalsuyo de la Universidad de Miskatonic, que sali de la reunin que sostuvieron lvido y desconcertado,meda ya sus buenos seis pies y tres cuartos.

    Con el paso de los aos, Wilbur fue tratando a su semideforme y albina madre con un despreciocada vez mayor, hasta llegar a prohibirle que le acompaase a las montaas en las fechas de la Vsperade Mayo y de Todos losantos. En 1926, la infortunada madre le dijo a Mamie Bishop que su hijo leinspiraba miedo.

    -S multitud de cosas acerca de l que me gustara poder contarte, Mamie -le dijo un da-, peroltimamente pasan muchas cosas que incluso yo ignoro. Juro por Dios que ni s lo que quiere mi hijo nilo que trata de hacer.

    En la Vspera de Todos los Santos de aquel ao, los ruidos de la montaa resonaron con uninusitado furor, y al igual que todos los aos pudo verse el resplandor de las llamaradas en la cima deSentinel Hill. Pero la gente prest ms atencin a los rtmicos chirridos de enormes bandadas dechotacabras -extraamente retrasados para la poca del ao en que se encontraban- que parecancongregarse en las inmediaciones de la granja de los Whateley. Pasada la medianoche sus estridentesnotas estallaron en una especie de infernal barahnda que pudo orse por toda la comarca, y hasta elamanecer no cesaron en su ensordecedor gritero. Seguidamente, desaparecieron, dirigindoseapresuradamente hacia el sur, donde llegaron con un mes de retraso sobre la fecha normal. Lo quesignificaba tamao estruendo nadie lo sabra con certezaa hasta pasado mucho tiempo. En cualquiercaso, aquella noche no muri nadie en toda la comarca, pero jams volvi a verse a la infortunadaLavinia Whateley, la deforme y albina madre de Wilbur.

    En el verano de 1927, Wilbur repar dos cobertizos que haba en el corral y comenz a trasladara ellos sus libros y efectos personales. Al poco tiempo, Earl Sawyer dijo en la tienda de Osborn que en lagranja de los Whateley haban vuelto a emprenderse obras de carpintera. Wilbur se aprestaba a tapartodas las puertas y ventanas de la planta baja, y daba la impresin de que estuviese tirando todos lostabiques, tal como su abuelo y l hicieran en la planta superior cuatro aos atrs. Se haba instalado enuno de los cobertizos, y segn Sawyer tena un aspecto un tanto preocupado y temeroso. La gente de lalocalidad sospechaba , que saba algo acerca de la desaparicin de su madre, y eran muy pocos los que se

  • atrevan a rondar por las inmediaciones de la granja de los Whateley. Por aquel entonces, Wilbursobrepasaba ya los siete pies de altura y nada indicaba que fuese a dejar de crecer.

    V

    Aquel invierno trajo consigo el nada desdeable acontecimiento del primer viaje de Wilburfuera de la comarca de Dunwich. Pese a la correspondencia que vena manteniendo con la BibliotecaWidener de Harvard, la Biblioteca Nacional de Pars, el Museo Britnico, la Universidad de BuenosAires y la Biblioteca de la Universidad de Miskatonic, en Arkham, todos sus intentos por hacerse con unlibro que precisaba desesperadamente haban resultado fallidos. En vista de lo cual, a la postre, acab pordesplazarse en persona -andrajoso, mugriento, con la barba sin cuidar y aquel nada pulido dialecto quehablaba- a consultar el ejemplar que se conservaba en Miskatonic, la biblioteca ms prxima a Dunwich.Con casi ocho pies de altura y portando una maleta de ocasin recin comprada en la tienda de Osborn,aquel espantajo de tez triguea y rostro de chivo se present un da en Arkham en busca del temiblevolumen guardado bajo siete llaves en la biblioteca de la Universidad de Miskatonic: el pavorosoNecronomicn, del enloquecido rabe Abdul Alhazred, en versin latina de Olaus Wormius, impreso enEspaa en el siglo XVII. Jams hasta entonces haba visto Wilbur una ciudad, pero su nico inters alllegar a Arkham se redujo a encontrar el camino que llevaba al recinto universitario. Una vez all, passin inmutarse por delante del gran perro guardin de la entrada que se ech a ladrar, mostrndole susblancos colmillos, con inusitado furor al tiempo que tiraba con violencia de la gruesa cadena a la queestaba atado.

    Wilbur llevaba consigo el inapreciable, pero incompleto, ejemplar de la versin inglesa delNecronomicn del Dr. Dee que su abuelo le haba legado, y nada ms le permitieron acceder al ejemplaren latn se puso a cotejar los dos textos con el propsito de descubrir cierto pasaje que, de no hallarse encondiciones defectuosas, habra debido encontrarse en la pgina 751 del volumen de su propiedad. Porms que intent refrenarse, no pudo dejar de decrselo con buenos modales al bibliotecario -HenryArmitage, hombre de gran erudicin y licenciado en Miskatonic, doctor por la Universidad de Princetony por la Universidad de Johns Hopkins-, que en cierta ocasin haba acudido a visitarle a la granja deDunwich y que ahora, en buen tono, le acribillaba a preguntas. Wilbur acab por decirle que buscaba unaespecie de conjuro o frmula mgica que contuviese el espantoso nombre de Yog-Sothoth, pero lasdiscrepancias, repeticiones y ambigedades existentes complicaban la tarea de su localizacin,sumindole en un mar de dudas. Mientras copiaba la frmula por la que finalmente se decidi, el Dr.Armitage mir involuntariamente por encima del hombro de Wilbur a las pginas por las que estabaabierto el libro; la que se vea a la izquierda, en la versin latina del Necronomicn, contena toda unaretahla de estremecedoras amenazas contra la paz y el bienestar del mundo:

    Tampoco debe pensarse -rezaba el texto que Armitage fue traduciendo mentalmente- que el hombre es elms antiguo o el ltimo de los dueos de la tierra, ni que semejante combinacin de cuerpo y alma se pasea sola porel universo. Los Ancianos eran, los Ancianos son y los Ancianos sern. No en los espacios que conocemos, sinoentre ello. Se pasean serenos y primigenios en esencia, sin dimensiones e invisibles a nuestra vista. Yog-Sothothconoce la puerta. Yog-Sothoth es la puerta. Yog-Sothoth es la llave y el guardin de la puerta. Pasado, presente yfuturo, todo es uno en Yog-Sothoth. El sabe por dnde entraron los Ancianos en el pasado y por dnde volvern ahacerlo cuando llegue la ocasin. El sabe qu regiones de la tierra hollaron, dnde siguen hoy hollando y por qunadie puede verlos en su avance. Los hombres perciben a veces Su presencia por el olor que despiden, pero ningnser humano puede ver Su semblante, salvo nicamente a travs de las facciones de los hombres engendrados porEllos, y son de las ms diversas especies, difiriendo en apariencia desde la mismsima imagen del hombre hasta esasfiguras invisibles o sin sustancia que son Ellos. Se pasean inadvertidos y pestilentes por los solitarios lugares dondese pronunciaron las Palabras y se profirieron los Rituales en su debido momento. Sus voces hacen tremolar el vientoy Sus conciencias trepidar la tierra. Doblegan bosques enteros y aplastan ciudades, pero jams bosque o ciudadalguna ha visto la mano destructora. Kadath los ha conocido en los pramos helados, pero quin conoce a Kadath?En el glacial desierto del Sur y en las sumergidas islas del Ocano se levantan piedras en las que se ve grabado Susello, pero quin ha visto la helada ciudad hundida o la torre secularmente cerrada y recubierta de algas ymoluscos? El Gran Cthulhu es Su primo, pero slo difusamente puede reconocerlos. I! Shub-Niggurath! Por suinsano olor Los conoceris. Su mano os aprieta las gargantas pero ni aun as Los veis, y Su morada es una mismacon el umbral que guardis. Yog-Sothoth es la llave que abre la puerta, por donde las esferas se encuentran. Elhombre rige ahora donde antes regan Ellos, pero pronto regirn Ellos donde ahora rige el hombre. Tras el verano elinvierno, y tras el invierno el verano. Aguardan, pacientes y confiados, pues saben que volvern a reinar sobre latierra.

    Al asociar el Dr. Armitage lo que lea con lo que haba odo hablar de Dunwich y de susmisteriosas apariciones, y de la lgubre y horrible aureola que rodeaba a Wilbur Whateley y que ibadesde un nacimiento en circunstancias ms que extraas hasta una fundada sospecha de matricidio, sinticomo si le sacudiera una oleada de temor tan tangible como pudiera serlo cualquier corriente de aire froy pegajoso emanada de una tumba. Pareca como si el gigante de cara de chivo enfrascado en la lectura

  • de aquel libro hubiese sido engendrado en otro planeta o dimensin, como si slo parcialmente fuesehumano y procediese de los tenebrosos abismos de una esencia y una entidad que se extenda, cualtitnico fantasma, allende las esferas de la fuerza y la materia, del espacio y el tiempo. De pronto, Wilburlevant la cabeza y se puso a hablar con una voz extraa y resonante que haca pensar en unos rganosvocales distintos a los del comn de los mortales.

    -Mr. Armitage -dijo- me temo que voy a tener que llevarme el libro a casa. En l se habla decosas que tengo que experimentar bajo ciertas condiciones que no reno aqu, y sera una verdaderatropela no dejrmelo sacar alegando cualquier absurda norma burocrtica. Se lo ruego, seor, djemellevrmelo a casa y le juro que nadie advertir su falta. Ni que decirle tengo que lo tratar con el mejorcuidado. Lo necesito para poner mi versin de Dee en la forma en que...

    Se interrumpi al ver la resuelta expresin negativa dibujada en la cara del bibliotecario, y alpunto sus facciones de chivo adquirieron un aire de astucia. Armitage, cuando estaba ya a punto dedecirle que poda sacar copia de cuanto precisara, pens de repente en las consecuencias que podranoriginarse de semejante contravencin y se ech atrs. Era una responsabilidad demasiado grandeentregar a aquella monstruosa criatura la llave de acceso a tan tenebrosas esferas de lo exterior.Whateley, al ver el cariz que tomaban las cosas, trat de poner la mejor cara posible.

    -Bueno! qu le vamos a hacer si se pone as! A ver si en Harvard no son tan picajosos y hayms suerte. Y sin decir una sola palabra ms se levant y sali de la biblioteca, debiendo agachar lacabeza por cada puerta que pasaba.

    Armitage pudo or el tremendo aullido del gran perro que haba en la entrada y, a travs de laventana, observ las zancadas de gorila de Whateley mientras cruzaba el pequeo trozo de campus quepoda divisarse desde la biblioteca. Le vinieron a la memoria las espantosas historias que haban llegadoa sus odos y record lo que se deca en las ediciones dominicales del Advertiser, as como lasimpresiones que pudo recoger entre los campesinos y vecinos de Dunwich durante su visita a lalocalidad. Horribles y malolientes seres invisibles que no eran de la tierra -o, al menos, no de la tierratridimensional que conocemos- corran por los barrancos de Nueva Inglaterra y acechabanimpdicamente desde las montaosas cumbres. Haca tiempo que estaba convencido de ello, pero ahoracrea experimentar la inminente y terrible presencia del horror extraterrestre y vislumbrar un prodigiosoavance en los tenebrosos dominios de tan antigua, y hasta entonces aletargada, pesadilla. Estremecido ycon una honda sensacin de repugnancia, encerr el Necronomicn en su sitio, pero un atroz einidentificable hedor segua impregnando an toda la estancia. Por su insano olor los conoceris, cit.S, no caba duda, aquel ftido olor era el mismo que haca menos de tres aos le provoc nuseas en lagranja de Whateley. Pens en Wilbur, en sus siniestras facciones de chivo, y solt una irnica risotada alrecordar los rumores que corran por el pueblo sobre su paternidad.

    -Incestuoso vstago? -Armitage murmur casi en voz para sus adentros- Dios mo, pero sernsimplones! Dales a leer El Gran Dios Pan, de Arthur Machen, y creern que se trata de un escndalonormal y corriente como los de Dunwich! Pero qu informe y maldita criatura, salida o no de esta tierratridimensional, era el padre de Wilbur Whateley? Nacido el da de la Candelaria, a los nueve meses de laVspera del uno de mayo de 1912, fecha en que los rumores sobre extraos ruidos en el interior de latierra llegaron hasta Arkham. Qu pasaba en las montaas aquella noche de mayo? Qu horrorengendrado el da de la Invencin de la Cruz* se haba abatido sobre el mundo en forma de carne y huesosemihumanos?

    Durante las semanas que siguieron, Armitage estuvo recogiendo toda la informacin que pudoencontrar sobre Wilbur Whateley y aquellos misteriosos seres que poblaban la comarca de Dunwich. Sepuso en contacto con el doctor Houghton, de Aylesbury, que haba asistido al viejo Whateley en supostrer agona, y estuvo meditando detenidamente sobre las ltimas palabras que pronunci, tal como lasrecordaba el mdico. Una nueva visita a Dunwich apenas report fruto alguno. No obstante, un detenidoexamen del Necronomicn -en concreto, de las pginas que con tanta avidez haba buscado Wilbur-pareci aportar nuevas y terribles pistas sobre la naturaleza, mtodos y apetitos del extrao y maligno sercuya amenaza se cerna difusamente sobre la tierra. Las conversaciones sostenidas en Boston con variosestudiosos de saberes arcanos y la correspondencia mantenida con muchos otros eruditos de los msdiversos lugares, no hicieron sino incrementar la perplejidad de Armitage, quien, tras pasar gradualmentepor varias fases de alarma, acab sumido en un autntico estado de intenso temor espiritual. A medidaque se acercaba el verano crea cada vez ms que deba hacerse algo para interrumpir la escalada deterror que asolaba los valles regados por el curso superior del Miskatonic e indagar quin era elmonstruoso ser conocido entre los humanos por el nombre de Wilbur Whateley.

    VI

    * El 3 de mayo.

  • El verdadero horror de Dunwich tuvo lugar entre la fiesta de la Recoleccin de la cosecha y elequinoccio de 1928, siendo el Dr. Armitage uno de los testigos presenciales de su abominable prlogo.Haba odo hablar del esperpntico viaje que Whateley haba hecho a Cambridge y de sus desesperadosintentos por sacar el ejemplar del Necronomicn que se conservaba en la biblioteca Widener, de laUniversidad de Harvard. Pero todos sus esfuerzos fueron vanos, pues Armitage haba puesto en estadode alerta a todos los bibliotecarios que tenan a su cargo la custodia de un ejemplar del arcano volumen.Wilbur se haba mostrado asombrosamente nervioso en Cambridge; estaba ansioso por conseguir el libroy no menos por regresar a casa, como si temiera las consecuencias de una larga ausencia.

    A primeros de agosto se produjo el cuasi esperado acontecimiento. En la madrugada del tercerda de dicho mes el Dr. Armitage fue despertado bruscamente por los desgarradores y feroces ladridosdel imponente perro guardin que haba a la entrada del recinto universitario. Los estridentes y terriblesgruidos alternaban con desgarradores aullidos y ladridos, como si el perro se hubiese vuelto rabioso; losruidos iban en continuo aumento, pero entrecortados, dejando entre s pausas terriblementesignificativas. Al poco, se oy un pavoroso grito de una garganta totalmente desconocida, un grito quedespert a no menos de la mitad de cuantos dorman a aquellas horas en Arkham y que en lo sucesivo lesasaltara continuamente en sus sueos, un grito que no poda proceder de ningn ser nacido en la tierra omorador de ella.

    Armitage se puso rpidamente algo de ropa por encima y ech a correr por los paseos y jardineshasta llegar a los edificios universitarios, donde pudo ver que otros se le haban adelantado. An se oanlos retumbantes ecos de la alarma antirrobo de la biblioteca. A la luz de la luna se divisaba una ventanaabierta de par en par mostrando las abismales tinieblas que encerraba. Quienquiera que hubiese intentadoentrar haba logrado su propsito, pues los ladridos y gritos -que pronto acabaran confundindose en unasorda profusin de aullidos y gemidos- procedan indudablemente del interior del edificio. Un sextosentido le hizo entrever a Armitage que cuanto all suceda no era algo que pudieran contemplar ojossensibles y, con gesto autoritario, mand retroceder a la muchedumbre all congregada al tiempo queabra la puerta del vestbulo. Entre los all reunidos vio al profesor Warren Rice y al Dr. Francis Morgan,a quienes tiempo atrs haba hecho partcipes de algunas de sus conjeturas y temores, y con la mano leshizo una seal para que le siguiesen al interior. Los sonidos que de all salan haban remitido casi porcompleto, salvo los montonos gruidos del perro; pero Armitage dio un brusco respingo al advertirentre la maleza un ruidoso coro de chotacabras que haba comenzado a entonar sus endiabladamentertmicos chirridos, como si marchasen al unsono con los ltimos estertores de un ser agonizante.

    En el edificio entero reinaba un insoportable hedor que le resultaba harto familiar a Armitage,quien, en compaa de los dos profesores, se lanz corriendo por el vestbulo hasta llegar a la salita delectura de temas genealgicos de donde salan los sordos gemidos. Por espacio de unos segundos, nadiese atrevi a encender la luz, hasta que Armitage, armndose de valor, dio al interruptor. Uno de los treshombres -cul, no se sabe- profiri un estridente alarido ante lo que se vea tendido en el suelo entre unrevoltijo de mesas y sillas volcadas. El profesor Rice afirma que durante unos instantes perdi el sentido,si bien sus piernas no flaquearon ni lleg a caerse al suelo.

    En el suelo, encima de un ftido charco de lquido purulento entre amarillento y verdoso y deuna viscosidad bituminosa, medio recostado yaca un ser de casi nueve pies de estatura, al que el perrohaba desgarrado toda la ropa y algunos trozos de la piel. An no haba muerto. Se retorca en medio desilenciosos espasmos, al tiempo que su pecho jadeaba al abominable comps de los estridentes chirridosde las chotacabras que, expectantes, oteaban desde fuera de la sala. Esparcidos por toda la estanciapodan verse trozos de piel de zapato y jirones de ropa, y junto a la ventana se vea una mochila de lonavaca que debi arrojar all aquel gigantesco ser. Junto al pupitre central haba un revlver en el suelo,con un cartucho percutado pero sin plvora que posteriormente servira para explicar por qu no habasido disparado. No obstante, aquel ser que yaca en el suelo eclips un momento cualquier otra imagenque pudiera haber en la estancia. Sera harto trillado y no del todo cierto decir que ninguna plumahumana podra describirlo, pero ya sera menos errneo decir que no podra visualizarse grficamentepor nadie cuyas ideas acerca de la fisonoma y el perfil en general estuviesen demasiado apegadas a lasformas de vida existentes en nuestro planeta y a las tres dimensiones conocidas. No caba duda de que enparte se trataba de una criatura humana, con manos y cabeza de hombre, en tanto su rostro chotuno y sinmentn llevaba el inconfundible sello de los Whateley. Pero el torso y las extremidades inferiores tenanuna forma teratolgicamente monstruosa. Slo gracias a una holgada indumentaria pudo aquel ser andarsobre la tierra sin ser molestado o erradicado de su superficie.

    Por encima de la cintura era un ser cuasiantropomrfico, aunque el pecho, sobre el que an sehallaban posadas las desgarradoras patas del perro, tena el correoso y reticulado pellejo de un cocodriloo un lagarto. La espalda tena un color moteado, entre amarillo y negro, y recordaba vagamente laescamosa piel de ciertas especies de serpientes. Pero, con diferencia, lo ms monstruoso de todo elcuerpo era la parte inferior. A partir de la cintura desapareca toda semejanza con el cuerpo humano ycomenzaba la ms desenfrenada fantasa que cabe imaginarse. La piel estaba recubierta de un frondoso yspero pelaje negro, y del abdomen brotaban un montn de largo tentculos, entre grises y verdosos, delos que sobresalan flccidamente unas ventosas rojas que hacan las veces de boca. Su disposicin era

  • de lo ms extrao y pareca seguir las simetras de alguna geometra csmica desconocida en la tierra eincluso en el sistema solar. En cada cadera, hundido en una especie de roscea y ciliada rbita, se alojabalo que pareca ser un rudimentario ojo, mientras que en el lugar donde suele estar el rabo le colgaba algoque tena todo el aspecto de una trompa o tentculo, con marcas anulares violetas, y mltiples muestrasde tratarse de una boca o garganta sin desarrollar. Las piernas, salvo por el pelaje negro que las cubra,guardaban cierto parecido con las extremidades de los gigantescos saurios que poblaban la tierra en lostiempos prehistricos, y terminaban en unas carnosidades surcadas de venas que ni eran pezuas nigarras. Cuando respiraba, el rabo y los tentculos mudaban rtmicamente de color, como si obedecieran aalguna causa circulatoria caracterstica de su verdoso tinte no humano, mientras que el rabo tena uncolor amarillento que alternaba con otro blanco grisceo, de repugnante aspecto, en los espacios quequedaban entre los anillos de color violeta. De sangre no haba ni rastro, slo el ftido y purulentolquido verdoso amarillento que corra por el piso ms all del pringoso crculo, dejando tras de s unacuriosa y descolorida mancha.

    La presencia de los tres hombres debi despertar al moribundo ser all postrado, que se puso abalbucir sin siquiera volver ni levantar la cabeza. Armitage no recogi por escrito los sonidos queprofera, pero afirma categricamente que no pronunci ni uno solo en ingls. Al principio las slabasdesafiaban toda posible comparacin con ningn lenguaje conocido de la tierra, pero ya hacia el finalarticul unos incoherentes fragmentos que, evidentemente, procedan del Necronomicn, el abominablelibro cuya bsqueda iba a costarle la muerte. Los fragmentos, tal como los recuerda Armitage, rezabanas poco ms o menos: Ngai, nghaghaa, bugg-shoggog, yhah; Yog-Sothoth, Yog-Sothoth...,desvanecindose su voz en el aire mientras las chotacabras chirriaban en crescendo rtmico de malsanaexpectacin.

    Luego, se interrumpieron los jadeos y el perro alz la cabeza, emitiendo un prolongado ylgubre aullido. Un cambio se produjo en la faz amarillenta y chotuna de aquel ser postrado en el sueloal tiempo que sus grandes ojos negros se hundan pasmosamente en sus cavidades. Al otro lado de laventana, ces de repente el gritero que armaban los chotacabras, y por encima de los murmullos de lamuchedumbre all congregada se oy un frentico zumbido y revoloteo. Recortadas contra el trasfondode la luna podan verse grandes nubes de alados vigas expectantes que alzaban el vuelo y huan de lavista, espantados slo de ver la presa sobre la que se disponan a lanzarse.

    De pronto, el perro dio un brusco respingo, lanz un aterrador ladrido y se arrojprecipitadamente por la ventana por la que haba entrado. Un alarido sali de la expectante multitud,mientras Armitage deca a gritos a los hombres que aguardaban afuera que en tanto llegase la polica o elforense no podran entrar en la sala. Afortunadamente, las ventanas eran lo suficientemente altas comopara que nadie pudiera asomarse; para mayor seguridad, ech las oscuras cortinas con sumo cuidado.Entre tanto, llegaron dos policas, y el Dr. Morgan, que sali a su encuentro al vestbulo, les inst a que,por su propio bien, aguardasen a entrar en la hedionda sala de lecturas hasta que llegara el forense ypudiera cubrirse el cuerpo del ser all postrado.

    Mientras esto ocurra, unos cambios realmente espantosos tenan lugar en aquella gigantescacriatura. No se precisa describir la clase y proporcin de encogimiento y desintegracin que sedesarrollaba ante los ojos de Armitage y Rice, pero puede decirse que, aparte la apariencia externa decara y manos, el elemento autnticamente humano de Wilbur Whateley era mnimo. Cuando lleg elforense, slo quedaba una masa blancuzca y viscosa sobre el entarimado suelo, en tanto que el ftidoolor casi haba desaparecido por completo. Por lo visto, Whateley no tena crneo ni esqueleto seo, almenos tal como los entendemos. En algo haba de parecerse a su desconocido progenitor.

    VII

    Pero esto no fue sino simplemente el prlogo del verdadero horror de Dunwich. Las autoridadesoficiales, desconcertadas, llevaron a cabo todas las formalidades debidas, silenciando acertadamente losdetalles ms alarmantes para que no llegasen a odos de la prensa y el pblico en general. Mientras, unosfuncionarios se personaron en Dunwich y Aylesbury para levantar acta de las propiedades del difuntoWilbur Whateley y notificar, en consecuencia, a quienes pudieran ser sus legtimos herederos. A sullegada, encontraron a la gente de la comarca presa de una gran agitacin, tanto por el fragor crecienteque se oa en las abovedadas montaas como por el insoportable olor y sonidos -semejantes a un oleaje ochapoteo- que salan cada vez con mayor intensidad de aquella especie de gran estructura vaca que erala granja hermticamente entablada de los Whateley. Earl Sawyer, que cuidaba del caballo y del ganadodesde el fallecimiento de Wilbur, haba sufrido una aguda crisis de nervios. Los funcionarios hallaronenseguida una disculpa para que nadie entrase en el hediondo y cerrado edificio, limitndose a girar unarpida inspeccin a los aposentos que habitaba el difunto, es decir, a los cobertizos que Wilbur habaacondicionado en fecha reciente. Redactaron un voluminoso informe que elevaron al juzgado deAylesbury y, segn parece, los pleitos sobre el destino de la herencia siguen an sin resolverse entre los

  • innumerables Whateley, tanto de la rama degenerada como de la sin degenerar, que viven en el valleregado por el curso superior del Miskatonic.

    Un casi interminable manuscrito redactado en extraos caracteres en un gran libro mayor, y quedaba toda la impresin de una especie de diario por las separaciones existentes y las variaciones de tintay caligrafa, desconcert por completo a quienes lo encontraron en el viejo escritorio que haca las vecesde mesa de trabajo de Wilbur. Tras una semana de debates se decidi enviarlo a la Universidad deMiskatonic, junto con la coleccin de libros sobre saberes arcanos del difunto, para su estudio y eventualtraduccin. Pero al poco tiempo hasta los mejores lingistas comprendieron que no iba a ser tarea fcildescifrarlo. No se encontr, en cambio, la menor huella del antiguo oro con el que Wilbur y el viejoWhateley solan pagar sus deudas.

    El horror se desat en el transcurso de la noche del nueve de septiembre. Los ruidos de lamontaa haban sido muy intensos aquella tarde y los perros ladraron con fenomenal estrpito durantetoda la noche. Quienes madrugaron el da diez advirtieron un peculiar hedor en la atmsfera. Hacia lassiete de la maana Luther Brown, el mozo de la granja de George Corey, situada entre el barranco deCold Spring y el pueblo, baj corriendo, presa de una gran agitacin, del pastizal de diez acres a dondehaba llevado a pacer las vacas. Estaba aterrado de espanto cuando entr a trompicones en la cocina de lagranja, mientras las no menos despavoridas vacas se ponan a patalear y mugir en tono lastimero en elcorral, tras seguir al chico todo el camino de vuelta tan atemorizadas como l. Sin cesar de jadear, Luthertrat de balbucir lo que haba visto a Mrs. Corey.

    -Arriba, en el camino que hay por encima del barranco, Mrs. Corey... algo pasa all! Es como sihubiese cado un rayo. Todos los matorrales y arbolillos del camino han sido segados como si toda unacasa les hubiera pasado por encima. Y eso no es lo peor qua! Hay huellas en el camino, Mrs. Corey...tremendas huellas circulares tan grandes como la tapa de un tonel, y muy hundidas en la tierra, como sihubiese pasado un elefante por all, ; slo que las huellas tendrn ms de cuatro pies! Mir de cerca una odos antes de salir corriendo y pude ver que todas estaban cubiertas por unas lneas que salan del mismolugar, en abanico, como si fuesen grandes hojas de palmera -slo que dos o tres veces ms grandes-incrustadas en el camino. Y el olor era irresistible, igual que el que se respira cerca de la vieja casa deWhateley...

    Al llegar aqu el muchacho titube y pareca como si el miedo que le haba hecho venircorriendo todo el camino se apoderase de l de nuevo. Mrs. Corey, a la vista de que no poda sonsacarlems detalles, se puso a telefonear a los vecinos, con lo que empez a cundir el pnico, anticipo de nuevosy mayores horrores, por toda la comarca. Cuando llam a Sally Sawyer -ama de llaves en la granja deSeth Bishop, la finca ms prxima a la de los Whateley-, le toc escuchar en lugar de hablar, pues el hijode Sally, Chauncey, que no poda dormir, haba subido por la ladera en direccin a la casa de losWhateley y baj corriendo a toda prisa aterrado de espanto, tras echar una mirada a la granja y al pastizaldonde haban pasado la noche las vacas de los Bishop.

    -S, Mrs. Corey -dijo Sally con voz trmula desde el otro lado del hilo telefnico- Chaunceyacaba de regresar despavorido, y casi no poda ni hablar del miedo que traa. Dice que la casa entera delviejo Whateley ha volado por los aires y que hay un montn de restos de madera desperdigados por elsuelo, como si hubiese una carga de dinamita en su interior. Apenas queda otra cosa que el suelo de laplanta baja, pero est enteramente cubierto por una especie de sustancia viscosa que huele horriblementey corre por el suelo hasta donde estn los trozos de madera desparramados. Y en el corral hay unashuellas espantosas, unas tremendas huellas de forma circular, ms grandes que la tapa de un tonel, y todoest lleno de esa sustancia pegajosa que se ve en la casa destruida. Chauncey dice que el reguero llegahasta el pastizal, donde hay una franja de tierra mucho ms grande que un establo totalmente aplastada yque por todos los sitios se ven vallas de piedra cadas por el suelo.

    Chauncey dice, Mrs. Corey, que se qued aterrado a la vista de las vacas de Seth. Las encontren los pastizales altos, muy cerca de Devils Hop Yard, pero daba pena verlas. La mitad estaban muertasy a casi el resto de las que quedaban les haban chupado la sangre, y tenan unas llagas igualitas que lasque le salieron al ganado de Whateley a partir del da en que naci el rapaz negro de Lavinia. Seth hasalido a ver cmo estn las vacas, aunque dudo mucho que se acerque a la granja del mago Whateley.Chauncey no se par a mirar qu direccin segua el gran sendero aplastado una vez pasado el pastizal,pero cree que se diriga hacia el camino del barranco que lleva al pueblo.

    Crame lo que le digo, Mrs. Corey, hay algo suelto por ah que no me sugiere nada bueno, ypienso que ese negro de Wilbur Whateley -que tuvo el horrendo fin que mereca- est detrs de todoesto. No era un ser enteramente humano, y conste que no es la primera vez que lo digo. El viejoWhateley deba estar criando algo an menos humano que l en esa casa toda tapiada con clavos.Siempre ha habido seres invisibles merodeando en torno a Dunwich, seres invisibles que no tienen nadade humano ni presagian nada bueno.

    La tierra estuvo hablando anoche, y hacia el amanecer Chauncey oy a las chotacabras armartal gritera en el barranco de Cold Spring que no le dejaron dormir nada. Luego le pareci or otro ruidodbil hacia donde est la granja del brujo Whateley, una especie de rotura o crujido de madera, como sialguien abriese a lo lejos una gran caja o embalaje de madera. Entre unas cosas y otras no logr dormir

  • lo ms mnimo hasta bien entrado el da, y no mucho antes se levant esta maana. Hoy se proponevolver a la finca de los Whateley a ver qu sucede por all. Pero ya ha visto ms que suficiente, se lo digoyo, Mrs. Corey. No s qu pasara, aunque no presagia nada bueno. Los hombres deberan organizarse eintentar hacer algo. Todo esto es verdaderamente espantoso, y creo que se acerca mi turno. Slo Diossabe qu va a pasar.

    Le ha dicho algo Luther de la direccin que seguan las gigantescas huellas? No? Pues bien,Mrs. Corey, si estaban en este lado del camino del barranco y todava no se han dejado ver por su casa,supongo que deben haber descendido al fondo del barranco, dnde si no podran estar? De siempre hedicho que el barranco de Cold Spring no es un lugar saludable y no me inspira la menor confianza. Laschotacabras y las lucirnagas que hay en sus entraas no parecen criaturas de Dios, y hay quienes dicenque pueden orse extraos ruidos y murmullos all abajo si uno se pone a escuchar en el lugar apropiado,entre la cascada y la Guarida del Oso.

    A eso del medioda, las tres cuartas partes de los hombres y jvenes de Dunwich salieron a daruna batida por los caminos y prados que haba entre las recientes ruinas de lo que fuera la finca de losWhateley y el barranco de Cold Spring, comprobando aterrados con sus propios ojos las grandes ymonstruosas huellas, las agonizantes vacas de Bishop, toda la misteriosa y apestosa desolacin quereinaba sobre el lugar y la vegetacin aplastada y pulverizada por los campos y a orillas de la carretera.Fuese cual fuese el mal que se haba desatado sobre la comarca era seguro que se encontraba en el fondode aquel enorme y tenebroso barranco, pues todos los rboles de las laderas estaban doblados otronchados, y una gran avenida se haba abierto por entre la maleza que creca en el precipicio. Daba laimpresin de que una avalancha hubiese arrastrado toda una casa entera, precipitndola por laenmaraada floresta de la vertiente casi cortada a pico. Ningn ruido llegaba del fondo del barranco, tanslo se perciba un lejano e indefinible hedor. No tiene nada de extrao, pues, que los hombresprefirieran quedarse al borde del precipicio y ponerse a discutir, en lugar de bajar y meterse de lleno enel cubil de aquel desconocido horror ciclpeo. Tres perros que acompaaban al grupo se lanzaron aladrar furiosamente en un primer momento, pero una vez al borde del barranco cesaron de ladrar yparecan amedrentados e intranquilos. Alguien llam por telfono al Aylesbury Chronicle para comunicarla noticia, pero el director, acostumbrado a or las ms increbles historias procedentes de Dunwich, selimit a redactar un artculo humorstico sobre el tema, articulo que posteriormente sera reproducido porla Associated Press.

    Aquella noche todos los vecinos de Dunwich y su comarca se recogieron en casa, y no hubogranja o establo en que no se obstruyera la puerta lo ms slidamente posible. Huelga decir que ni unasola cabeza de ganado pas la noche en los pastizales. Hacia las dos de la maana un irrespirable hedor ylos furiosos ladridos de los perros despertaron a la familia de Elmer Frye, cuya granja se hallaba situadaal extremo este del barranco de Cold Spring, y todos coincidieron en decir haber odo afuera una especiede chapoteo o golpe seco. Mrs. Frye propuso telefonear inmediatamente a los vecinos, pero cuando sumarido estaba a punto de decirle que lo hiciese se oy un crujido de madera que vino a interrumpir susdeliberaciones. Al parecer, el ruido proceda del establo, y fue seguido al punto por escalofriantesmugidos y pataleos de las vacas. Los perros se pusieron a echar espumarajos por la boca y seacurrucaron a los pies de los miembros de la familia Frye, despavoridos de terror. El dueo de la casa,movido por la fuerza de la costumbre, encendi un farol, pero saba bien que salir fuera al oscuro corralsignificaba la muerte. Los nios y las mujeres lloriqueaban, pero evitaban hacer todo ruido obedeciendoa algn oscuro y atvico sentido de conservacin que les deca que sus vidas dependan de que guardasenabsoluto silencio. Finalmente, el ruido del ganado remiti hasta no pasar de lastimeros mugidos, seguidode una serie de chasquidos, crujidos y fragores impresionantes. Los Frye, apiados en el saln, no seatrevieron a moverse para nada hasta que no se desvanecieron los ltimos ecos ya muy en el interior delbarranco de Cold Spring. Luego, entre los dbiles mugidos que seguan saliendo del establo y losendiablados chirridos de las ltimas chotacabras an despiertas en el fondo del barranco, Selina Frye seacerc, tambalendose, al telfono y difundi a los cuatro vientos cuanto saba sobre la segunda fase delhorror.

    Al da siguiente, la comarca entera era presa de un pnico atroz, y poda verse un continuotrasiego de atemorizados y silenciosos grupos de gente que se acercaban al lugar donde se habaproducido el horripilante acontecimiento nocturno. Dos impresionantes franjas de destruccin seextendan desde el barranco hasta la granja de Frye, en tanto unas monstruosas huellas cubran la tierradesprovista de toda vegetacin y una fachada del viejo establo pintado de rojo se hallaba tirada por elsuelo. De los animales, slo se logr encontrar e identificar a la cuarta parte. Algunas de las vacasestaban pulverizadas en pequeos fragmentos y a las que sobrevivieron no hubo ms remedio quesacrificarlas. Earl Sawyer propuso ir en busca de ayuda a Arkham o Aylesbury, pero muchos rechazaronsu propuesta por estimarla intil. El anciano Zebuln Whateley, de una rama de la familia a caballo entreel sano juicio y la degradacin, aventur, de forma harto increble, que lo mejor sera celebrar rituales enlas cumbres montaosas. De siempre se haban observado escrupulosamente en su familia las tradicionesy sus recuerdos de cantos en los grandes crculos de piedra no tenan nada que ver con lo que pudieranhaber hecho Wilbur y su abuelo.

  • La noche se hizo, sobre la consternada comarca de Dunwich, demasiado pasiva para lograrponer en marcha una eficaz defensa contra la amenaza que se cerna sobre ella. En algunos casos, lasfamilias con estrechos vnculos se cobijaron bajo un mismo techo para estar ojo avizor en medio de lacerrada oscuridad nocturna, pero, por lo general, volvieron a repetirse las escenas de levantamiento debarricadas de la noche precedente y los ftiles e ineficaces gestos de cargar los herrumbrosos mosquetesy colocar las horcas al alcance de la mano. Sin embargo, aquella noche no aconteci nada nuevo salvoalgn que otro ruido intermitente en la montaa, y al despuntar el da muchos confiaban que el nuevohorror hubiese desaparecido con igual presteza con que se present. Incluso haba algunos espritustemerarios que proponan lanzar una expedicin de castigo al fondo del barranco, si bien no seaventuraron a predicar con el ejemplo a una mayora que, en principio, no pareca dispuesta a seguirles.

    Al caer de nuevo la noche volvieron a repetirse las escenas de las barricadas, aunque esta vezfueron menos las familias que se agruparon bajo un mismo techo. A la maana siguiente, tanto en lagranja de Frye como en la de Bishop pudo advertirse cierta agitacin entre los perros e indefinidossonidos y ftidos olores en la lejana, mientras que los expedicionarios ms madrugadores sehorrorizaron al ver de nuevo, y recientes, las monstruosas huellas en el camino que orillaba Sentinel Hill.Al igual que en ocasiones anteriores, los bordes del camino estaban aplastados, indicio de que por allhaba pasado el imponente y monstruoso horror infernal que asolaba la comarca. Esta vez laconformacin de las huellas pareca sugerir que haba marchado en ambas direcciones, como si unamontaa movediza hubiese salido del barranco de Cold Spring para regresar posteriormente por lamisma senda. Al pie de la montaa poda verse por lo ms abrupto una franja de unos treinta pies deanchura, de matorrales y arbolillos aplastados, y quienes aquello vean no salan de su asombro alcomprobar que ni siquiera las ms empinadas pendientes hacan torcer la trayectoria del inexorablesendero. Fuese lo que fuese, aquel horror poda escalar paredes de roca desnuda y cortadas a pico. Comolos expedicionarios optasen por subir a la cima por una ruta ms segura, se encontraron con que una vezarriba terminaban las huellas... o, mejor dicho, daban la vuelta.

    Era precisamente all, en la cumbre de Sentinel Hill, donde los Whateley solan celebrar susdiablicas hogueras y entonar sus no menos infernales rituales ante la piedra con forma de mesa en lasfechas de la Vspera de Mayo y de Todos los Santos. Ahora, la piedra constitua el centro de una ampliaextensin de terreno arrasado por el horror de la montaa, mientras que encima de su superficieligeramente cncava poda verse una masa espesa y ftida de la misma sustancia bituminosa que habaen el piso de la derruida granja de los Whateley cuando el horror se alej de all. Los hombres se miraronunos a otros y se susurraron algo al odo. Luego, dirigieron la mirada hacia abajo. Al parecer, el horrorhaba descendido prcticamente por el mismo sendero por el que haba ascendido. Toda especulacinholgaba. La razn, la lgica y las ideas normales que pudieran ocurrrseles se hallaban sumidas en el mscompleto marasmo. Slo el anciano Zebuln, que no iba acompaando al grupo, habra sabido apreciaren su justo trmino la situacin o hallar una posible explicacin a todo ello.

    La noche del jueves comenz igual que casi todas las precedentes, pero acab bastante peor. Laschotacabras del barranco no pararon de chirriar ni un momento armando tal estrpito que fueron muchoslos vecinos de Dunwich que no lograron conciliar el sueo, y a eso de las tres de la madrugada todos lostelfonos de la localidad se pusieron a sonar trmulamente. Quienes descolgaron el auricular oyeron auna aterrada voz proferir en todo desgarrador Socorro! Dios mo!... , y algunos creyeron escuchar unestruendoso ruido, tras lo cual la voz se cort. No se oy ni un sonido ms. Pero nadie se atrevi a salir yhasta la maana siguiente no se supo de dnde proceda la llamada. Todos cuantos la escucharon sellamaron por telfono entre s, advirtiendo que nicamente no contestaban en casa de los Frye. La verdadse descubri al cabo de una hora cuando, tras juntarse a toda prisa, un grupo de hombres armados sedirigi a la finca de los Frye que estaba en la boca misma del barranco. Lo que all se vea era espantoso,pero en modo alguno constitua una sorpresa. Haba nuevas franjas aplastadas y monstruosas huellas. Lacasa de los Frye se haba hundido como si del cascarn de un huevo se tratase, y entre las ruinas no pudoencontrarse resto alguno vivo o muerto. Slo un insoportable hedor y una viscosidad bituminosa. Lafamilia Frye haba sido por completo borrada de la faz de Dunwich.

    VIII

    Entre tanto, en Arkham, tras la puerta cerrada de una estancia con las paredes repletas deestanteras, se desarrollaba otra fase del horror, algo ms apacible pero no menos estimulante desde unaperspectiva espiritual. El extrao manuscrito o diario de Wilbur Whateley, entregado a la Universidad deMiskatonic para su oportuna traduccin, haba sido la causa de muchos quebraderos de cabeza y nopocas muestras de desconcierto entre los especialistas en lenguas antiguas y modernas del claustro. Sumismo alfabeto, no obstante la similitud que a primera vista guardaba con la variante del rabe habladoen Mesopotamia, resultaba totalmente desconocido a las autoridades en la materia. La conclusin finalde los lingistas fue que el texto representaba un alfabeto artificial, debiendo tratarse de criptogramas,aunque ninguno de los mtodos criptogrficos normalmente utilizados pudo aportar la menor pista para

  • su desciframiento, no obstante aplicarse en funcin de las lenguas que se supona conoca el autor deaquellas pginas. En cuanto a los antiguos libros encontrados en el domicilio de los Whateley, si bienpresentaban un gran inters y en varios casos prometan abrir nuevas y tenebrosas vas de investigacinentre los filsofos y hombres de ciencia, no contribuyeron para nada a dilucidar el enigma. Uno de ellos,un pesado volumen con un cierre metlico, estaba escrito en otro alfabeto igualmente desconocido, sibien sus caracteres eran muy diferentes y guardaba cierta semejanza con el snscrito. Finalmente, elviejo libro mayor cay en manos del Dr. Armitage, y ello tanto en atencin al especial inters que habademostrado en el caso Whateley como por sus vastos conocimientos lingsticos y experiencia en lasfrmulas msticas de la antigedad y del medioevo.

    Armitage saba que el alfabeto era utilizado con fines esotricos por ciertos cultos arcanosprocedentes de pocas pasadas y que haban adoptado numerosos rituales y tradiciones de los zahoresdel mundo sarraceno. Ahora bien, aquello no pasaba de tener una importancia secundaria, pues no eranecesario conocer el origen de los smbolos si, como sospechaba, eran utilizados a modo de criptogramasdentro de una lengua moderna. Estaba persuadido de que, habida cuenta de la voluminosa cantidad detexto que contena, el autor difcilmente se habra tomado la molestia de utilizar otra lengua que la suya,salvo quizs a la hora de expresar ciertas frmulas mgicas o conjuros especiales. En consecuencia, sedispuso a atacar el manuscrito partiendo de la hiptesis de que el grueso del mismo se hallaba en ingls.

    Armitage saba muy bien, tras los repetidos fracasos de sus colegas, que el enigma queencerraba aquel texto resultara difcil de desentraar y sera tarea harto dificultosa, por lo que haba quedesechar cualquier intento de aplicar mtodos sencillos de investigacin. La ltima decena de agosto ladedic a recopilar todos los tratados de criptografa que pudo encontrar, echando mano de la copiosabibliografa con que contaba la biblioteca y descifrando noche tras noche los saberes arcanos que seocultaban en textos como la Poligrophia de Tritemio, el De furtivis literarum notis de GiambattistaPorta, el Trait des chiffres de De Vigenere, el Cryptomenysis patefacta de Falconer, los tratados delsiglo XVIII de Davys y Thicknesse y otros de autoridades en la materia tan recientes como Blair, VonMarten, amn de los escritos de Kluber. Con el tiempo acab por convencerse de que se enfrentaba a unode esos criptogramas especialmente sutiles e ingeniosos en los que muchas listas de letras separadas yque se corresponden entre s se hallan dispuestas como si se tratara de una tabla de multiplicar,construyndose el mensaje a partir de palabras clave arbitrarias slo conocidas por los iniciados. Lasautoridades de mayor antigedad parecan ser de ayuda bastante ms valiosa que las de pocas msrecientes, de lo que Armitage dedujo que el cdigo del manuscrito deba tener una gran antigedad,transmitido sin duda a travs de toda una larga cadena de ensayistas msticos. Varias veces pareci estara punto de ver la luz esclarecedora, pero, de repente, algn obstculo imprevisto le haca retroceder en lamarcha de la investigacin. Hasta que, prcticamente ya encima septiembre, las nubes empezaron aclarear. Ciertas letras, tal como estaban utilizadas en determinados pasajes del manuscrito, fueronidentificadas definitiva e inequvocamente, ponindose de manifiesto que el texto se hallaba escrito eningls.

    En la tarde del dos de septiembre cay, por fin, la ltima barrera importante que se interpona ala inteligibilidad del texto, y Armitage vio coronados sus esfuerzos al leer por vez primera un pasajeentero de los anales de Wilbur Whateley. En realidad se trataba de un diario, como todo haca suponer, yestaba redactado en un estilo que mostraba claramente una mezcolanza de profunda erudicin en elcampo de las ciencias ocultas y de incultura general por parte del extrao ser que lo escribi. Ya elprimer pasaje extenso que logr descifrar Armitage -una anotacin fechada el 26 de noviembre de 1916-result harto asombroso e intranquilizador. Record que el autor de aquellas lneas era un nio de tresaos y medio por entonces, si bien aparentaba ser un adolescente de doce o trece.

    Hoy aprend el Aklo para el Sabaoth (sic), pero no me gust pues poda responderse desde la montaa yno desde el aire. Lo del piso de arriba me aventaja ms de lo que pensaba y no parece que tenga mucho cerebroterrestre. Al ir a morderme mat de un tiro a Jack, el perro pastor de Elam Hutchins, y Elam dijo que si llegaba amorderme me matara. Confo en que no lo haga. Anoche el abuelo me hizo pronunciar la frmula mgica Dho yme pareci ver la ciudad secreta en los dos polos magnticos. Una vez arrasada la tierra ir a esos polos, si es queno logro comprender la frmula Dho-Hna cuando la aprenda. Los del aire me dijeron en el Sabat que la tarea dearrasar la tierra me llevar muchos aos; para entonces supongo que ya habr muerto el abuelo, as que voy a tenerque aprender la posicin de todos los ngulos de las superficies planas y todas las frmulas mgicas que hay entreYr y Nhhngr. Los del exterior me ayudarn, pero para cobrar forma corprea requieren sangre humana. Parece quelo de arriba tendr buen aspecto. Puedo vislumbrarlo cuando hago la seal Voorish o soplo los polvos de Ibn Ghazi,y se parece mucho a ellos el da de la Vspera de mayo en la Montaa. La otra cara la encuentro algo borrosa. Mepregunto cmo ser cuando la tierra haya sido arrasada y no quede ni un solo ser sobre ella. El que vino con el AkloSabaoth dijo que podra transfigurarme para parecer menos del exterior y seguir haciendo cosas.

    El amanecer encontr al Dr. Armitage sudoroso y despavorido de terror, totalmente enfrascadoen su lectura. No haba levantado los ojos del manuscrito en toda la noche. Sentado en su escritorio, a laluz de una lmpara elctrica, fue pasando pgina tras pgina con temblorosa mano a medida quedescifraba el crptico texto. En medio de semejante estado de agitacin haba telefoneado a su mujer para

  • decirle que no ira a dormir aquella noche, y cuando a la maana siguiente le llev el desayuno a labiblioteca apenas prob bocado. No par de leer ni un instante durante todo el da, detenindose con grandesesperacin una que otra vez siempre que se haca necesario volver a aplicar la intrincada clave paradesentraar el texto. Le llevaron la comida y la cena a su despacho, pero apenas tom una pizca. Al dasiguiente, ya bien entrada la noche se qued adormecido sobre la silla, pero no tardara en despertarsetras asaltarle unas pesadillas casi tan horribles como la amenaza que se cerna sobre la humanidad enteray que acababa de descubrir.

    La maana del cuatro de septiembre el profesor Rice y el Dr. Morgan insistieron en ver aArmitage siquiera un momento, saliendo de la entrevista temblorosos y con el semblante demudado. Alanochecer Armitage se fue a la cama, pero slo espordicamente pudo conciliar el sueo. Al dasiguiente, mircoles, volvi a enfrascarse en la lectura del manuscrito y tom infinidad de notas, tanto delos pasajes que iba leyendo como de los ya descifrados. En la madrugada se qued dormido unosmomentos en un silln del despacho, pero antes de que amaneciese ya estaba de nuevo con la vista sobreel manuscrito. An no haban dado las doce cuando su mdico, el doctor Hartwell, fue a verle e insisti,por su propio ben, en la necesidad de que dejase de trabajar. Pero Armitage se neg a seguir losconsejos del mdico, alegando que para l era de vital importancia acabar de leer el diario, al tiempo quele prometa una explicacin ms detallada en su debido momento. Aquella tarde, justo en el momento enque empezaba a oscurecer, acab su alucinante y agotadora lectura y se dej caer sobre la sillatotalmente exhausto. Su mujer, que acudi a llevarle la cena, le encontr postrado en un estado casicomatoso, pero Armitage an conservaba la conciencia suficiente como para proferir un fenomenal grito,que la hizo retroceder al advertir que sus ojos se posaban en las notas que haba tomado. Levantndose aduras penas de la silla, recogi las hojas garrapateadas que haba sobre la mesa y las meti en un gransobre que guard en el bolsillo interior del abrigo. An le quedaban fuerzas para regresar a casa por supropio pie, pero era tan evidente que precisaba de auxilios mdicos que hubo que llamar urgentemente aldoctor Hartwell. Al irse a la cama, siguiendo las indicaciones del mdico, no cesaba de repetir una y otravez Pero, qu hacer, Dios mo? qu hacer?

    Armitage durmi toda aquella noche, pero al da siguiente estuvo delirando a intervalos. No dioninguna explicacin al doctor Hartwell, pero en sus momentos de lucidez hablaba de la imperiosanecesidad de mantener una larga reunin con Rice y Morgan. No haba quien entendiera sus desvaros,en los que haca desesperados llamamientos para que se destruyera algo que deca se encontraba en unacasa hermticamente cerrada con tablones, al tiempo que haca increbles alusiones a un plan paraeliminar de la faz de la tierra a toda la especie humana, y a toda la vida vegetal y animal, que se proponallevar a cabo una terrible y antiqusima raza de seres procedentes de otras dimensiones siderales. En susgritos deca cosas tales como que el mundo estaba en peligro, pues los Seres Ancianos se habanpropuesto desmantelarlo y barrerlo del sistema solar y del cosmos de la materia para sumirlo en otronivel, o fase incorprea, del que haba salido haca billones y billones de milenios. En otros momentospeda que le trajeran el temible Necronomicn y el Daemonoletreia de Remigio, volmenes ambos en losque estaba persuadido de encontrar la frmula mgica con la que conjurar tan aterrador peligro.

    -Hay que detenerlos, hay que detenerlos como sea! -se lanzaba a gritar desesperadamente-. LosWhateley se proponen abrirles el camino, y lo peor de todo an est por llegar. Digan a Rice y Morganque hay que hacer algo. Es una operacin que entraa un gran peligro, pero yo s cmo fabricar lospolvos... No ha recibido ningn alimento desde el dos de agosto, el da en que Wilbur vino a morir aqu,y a estas alturas...

    Pero Armitage, pese a sus setenta y tres aos, tena an una naturaleza resistente y el trastornose le pas en el curso de la noche y no vino acompaado de fiebres. El viernes se levant ya avanzado elda, con la cabeza despejada, aunque con el semblante adusto por el miedo que le roa las entraas y porla tremenda responsabilidad que ahora pesaba sobre l. El sbado por la tarde se sinti con fuerzas parair a la biblioteca y mantener una reunin con Rice y Morgan; los tres hombres estuvieron devanndoselos sesos el resto del da con las ms increbles especulaciones y los ms alucinantes debates. Sacaronmontones de terribles libros sobre saberes arcanos de las estanteras y de los lugares donde estabanencerrados a buen recaudo, y estuvieron copiando esquemas y frmulas mgicas con febril premura y encantidades ingentes. No caba la menor duda al respecto. Los tres haban visto el agonizante cuerpo deWilbur Whateley postrado en una estancia de aquel mismo edificio, por lo que a ninguno de ellos se lepas siquiera por la cabeza considerar el diario como los delirios de un loco.

    Las opiniones sobre la conveniencia de dar cuenta a la polica de Massachusetts estabanencontradas, imponindose la negativa en ltima instancia. Haba cosas en todo aquello que resultabanmuy difciles, por no decir imposibles, de creer por quienes no estaban al tanto de todo lo que allsuceda, como muy bien se vera tras varias investigaciones realizadas con posterioridad a los hechos. Yaentrada la noche la sesin se levant sin que hubieran trazado un plan definitivo, pero durante todo eldomingo Armitage estuvo ocupado cotejando frmulas mgicas y haciendo combinaciones de productosqumicos sacados del laboratorio de la universidad. Cuanto ms pensaba en el infernal diario, ms dudasle asaltaban sobre la eficacia de cualquier agente material para destruir al ser que Wilbur Whateley haba

  • dejado tras de s... el amenazador ser, desconocido para l, que unas horas despus habra de abatirsesobre la localidad y acabara siendo trgicamente conocido por el horror de Dunwich.

    El lunes apenas difiri de la vspera para Armitage, pues la tarea en que estaba embarcadorequera continuas bsquedas y experimentos. Nuevas consultas del diario de aquel monstruoso sertrajeron como consecuencia una serie de cambios en el plan originalmente trazado, y, con todo, saba queal final seguira adoleciendo de grandes faltas y riesgos. Para el martes ya haba esbozado una lneaprecisa de actuacin y crea que en menos de una semana estara en condiciones de trasladarse aDunwich. Pero con el mircoles vino la gran conmocin. Casi desapercibido, en una esquina del ArkhamAdvertiser, poda verse un pequeo despacho de la agencia Associated Press en el que se comentaba entono jocoso que el whisky introducido de contrabando en Dunwich haba producido un monstruo quebata todos los rcords. Armitage, sobrecogido ante la noticia, telefone al instante a Rice y a Morgan.Hasta bien entrada la noche estuvieron debatiendo los planes a seguir, y al da siguiente se lanzaronapresuradamente a hacer los preparativos para el viaje. Armitage saba muy bien que iban a tener quehabrselas con pavorosas fuerzas, pero tambin vea claramente que era el nico medio de acabar conaquel malfico embrollo que otros antes que l haban venido a complicar y agravar.

    IX

    El viernes por la maana Armitage, Rice y Morgan salieron en automvil hacia Dunwich,llegando al pueblo sobre la una de la tarde. Haca un da esplndido, pero hasta en el fuerte sol reinantepareca presagiarse una inquietante calma, como si algo espantoso se cerniese sobre aquellas montaasextraamente rematadas en forma de bveda y sobre los profundos y sombros barrancos de la asoladaregin. De vez en cuando poda divisarse recortado contra el cielo un lgubre crculo de piedras en lascumbres montaosas. Por la atmsfera de silenciosa tensin que se respiraba en la tienda de Osborn, lostres investigadores comprendieron que algo horrible haba sucedido, y pronto se enteraron de ladesaparicin de la casa y de la familia entera de Elmer Frye. Durante toda la tarde estuvieron recorriendolos alrededores de Dunwich, preguntando a la gente qu haba sucedido y viendo con sus propios ojos,en medio de un creciente horror, las pavorosas ruinas de la casa de los Frye con sus persistentes restos deaquella sustancia bituminosa, las espantosas huellas dejadas en el corral, el ganado malherido de SethBishop y las impresionantes franjas de vegetacin arrasada que haba por doquier. El sendero dejado atodo lo largo de Sentinel Hill le pareci a Armitage de una significacin casi devastadora, y durante unbuen rato se qued mirando la siniestra piedra en forma de altar que se divisaba en la cima.

    Finalmente, los investigadores de Arkham, enterados de que aquella misma maana habanllegado unos policas de Aylesbury en respuesta a las primeras llamadas telefnicas dando cuenta de latragedia acaecida a los Frye, resolvieron ir en busca de los agentes y contrastar con ellos sus impresionessobre la situacin. Pero una cosa fue decirlo y otra hacerlo, pues no se vea a los policas por ningunaparte. Haban venido en total cinco en un coche, que se encontr abandonado en un lugar prximo a lasruinas del corral de Elmer Frye. Las gentes de la localidad, que haca tan slo un rato haban estadohablando con los policas, se hallaban tan perplejas como Armitage y sus compaeros. Fue entoncescuando al viejo Sam Hutchins se le vino a la cabeza una idea y, lvido, dio un codazo a Fred Farr altiempo que apuntaba hacia el profundo y rezumante abismo que se abra frente a ellos.

    -Dios mo!. -dijo jadeando- Mira que les advert que no bajasen al barranco! Jams se meocurri que fuera a meterse nadie ah con esas huellas y ese olor y con las chotacabras armando talgritero a plena luz del da...

    Un escalofro se apoder de todos los congregados -granjeros e investigadores- al or laspalabras del viejo Hutchins, y todos aguzaron instintivamente el odo. Armitage, ahora que se encontrabapor vez primera frente al horror y su destructiva labor, no pudo evitar temblar ante la responsabilidad quese le vena encima. Pronto caera la noche sobre la comarca, las horas en que la gigantescamonstruosidad sala de su cubil para proseguir sus pavorosas incursiones. Negotium perambulans intenebris... El anciano bibliotecario se puso a recitar la frmula mgica que haba aprendido de memoria,al tiempo que estrujaba con la mano el papel en que se contena la otra frmula alternativa que no habamemorizado. Seguidamente, comprob que su linterna se encontraba en perfecto estado. Rice, que estabaa su lado, sac de un maletn un pulverizador de esos que se utilizan para combatir los insectos, mientrasMorgan desenfundaba el rifle de caza en el que segua confiando pese a las advertencias de suscompaeros de que las armas no valdran de nada frente a tan monstruoso ser.

    Armitage, que haba ledo el estremecedor diario de Wilbur, saba muy bien qu dase dematerializacin poda esperarse, pero no quiso atemorizar ms a los vecinos de Dunwich con nuevasinsinuaciones o pistas. Esperaba poder librar al mundo de aquel horror sin que nadie se enterase de laamenaza que se cerna sobre la humanidad entera. A medida que la oscuridad fue hacindose ms densalos vecinos de Dunwich comenzaron a dispersarse y emprendieron el regreso a casa, ansiosos porencerrarse en su interior pese a la evidencia de que no haba cerrojo o cerradura que pudiese resistir losembates de un ser de tal descomunal fuerza que poda tronchar rboles y triturar casas a su antojo.

  • Sacudieron la cabeza al enterarse del plan que tenan los investigadores de permanecer de guardia en lasruinas de la granja de Frye prxima al barranco. Al despedirse de ellos, apenas albergaban esperanzas devolver a verlos con vida a la maana siguiente.

    Aquella noche se oy un enorme fragor en las montaas y las chotacabras chirriaron conendiablado estrpito. De vez en cuando, el viento que suba del fondo del barranco de Cold Spring traaun hedor insoportable a la ya cargada atmsfera nocturna, un hedor como el que aquellos tres hombresya haban percibido en una anterior ocasin al encontrarse frente a aquella moribunda criatura quedurante quince aos y medio pas por un ser humano. Pero la tan esperada monstruosidad no se dej veren toda la noche. No caba duda, lo que haba en el fondo del barranco aguardaba el momento propicio, yArmitage dijo a sus compaeros que sera suicida intentar atacarlo en medio de la oscuridad nocturna.

    Al amanecer cesaron los ruidos. El da se levant gris, desapacible y con ocasionales rfagas delluvia, mientras oscuros nubarrones se acumulaban del otro lado de la montaa, en direccin noroeste.Los tres cientficos de Arkham no saban qu hacer. Comoquiera que la lluvia arreciase se guarecieronbajo una de las pocas construcciones de la granja de los Frye que an quedaban en pie, en dondedebatieron la conveniencia de seguir esperando o arriesgarse y bajar al fondo del barranco a la caza de lamonstruosa y abominable presa. El aguacero arreciaba por momentos y en la lejana se oa el fragorproducido por los truenos, en tanto que el cielo resplandeca por los relmpagos que lo rasgaban, y muycerca de donde se encontraban se vio caer un rayo, como si directamente se dirigiese al maldito barranco.El cielo se oscureci totalmente, y los tres cientficos esperaban que la tormenta, aunque violenta, pasararpidamente y luego esclareciera.

    An segua cubierto de oscuros nubarrones el cielo cuando, no hara siquiera una hora, hastaellos lleg un autntico babel de voces que se acercaba por el camino. Al poco, pudo divisarse un grupodespavorido integrado por algo ms de una docena de hombres que venan corriendo, y no cesaban degritar y hasta de sollozar histricamente. Uno de los que marchaban a la cabeza prorrumpi a balbucirpalabras sin sentido, sintiendo un pavoroso escalofro los investigadores de Arkham cuando las palabrasadquirieron coherencia.

    -Oh, Dios mo, Dios mo! -se oy decir a alguien con una voz entrecortada- .Vuelve de nuevo,y esta vez en pleno da! Ha salido, ha salido y se mueve en estos momentos! Que el Seor nos proteja!

    Tras orse unos jadeos, la voz se sumi en el silencio, pero otro de los hombres retom el hilo delo que deca el primero.

    -Hace casi una hora Zeb Whateley oy sonar el telfono. Quien llamaba era Mrs. Corey, lamujer de George, el que vive abajo en el cruce. Dijo que Luther, el mozo, haba salido en busca de lasvacas al ver el tremendo rayo que cay, cuando observ que los rboles se doblaban en la boca delbarranco -del lado opuesto de la vertiente- y percibi el mismo hedor que se respiraba en lasinmediaciones de las grandes huellas el lunes por la maana. Y segn ella, Luther dijo haber odo unaespecie de crujido o chapoteo, un ruido mucho ms fuerte que el producido por los rboles o arbustos aldoblarse, y de repente los rboles que haba a orillas del camino se inclinaron hacia un lado y se oy unhorrible ruido de pisadas y un chapoteo en el barro. Pero, aparte de los rboles y la maleza doblados,Luther no vio nada.

    Luego, ms all de donde el arroyo Bishop pasa por debajo del camino pudo or unosespantosos crujidos y chasquidos en el puente, y dijo que pareca como si fuese madera que estuvieseresquebrajndose. Pero, aparte de los rboles y los matorrales doblados, no vio nada en absoluto. Ycuando los crujidos se perdieron a lo lejos -en el camino que lleva a la granja del brujo Whateley y a lacumbre de Sentinel Hill-, Luther tuvo el valor de acercarse al lugar donde se oyeron los ruidos primero yse puso a mirar al suelo. No se vea otra cosa que agua y barro, el cielo estaba encapotado y la lluvia quecaa empezaba a borrar las huellas, pero cerca de la boca del barranco, donde los rboles se hallabancados por el suelo, an haba unas horribles huellas tan gigantescas como las que vio el lunes pasado.

    Al llegar aqu, tom la palabra el hombre que haba hablado en primer lugar.-Pero eso no es lo malo; eso fue slo el principio. Zeb convoc a la gente y todos estaban

    escuchando cuando se cort una llamada telefnica que hacan desde la casa de Seth Bishop. Sally, lamujer de Seth, no paraba de hablar en tono muy acalorado, acababa de ver los rboles tronchados alborde del camino, y dijo que una especie de ruido acorchado, parecido al de las pisadas de un elefante, sediriga hacia la casa. Luego, dijo que un olor espantoso se meti de repente por todos los rincones de lacasa y que su hijo Chauncey no cesaba de gritar que el olor era idntico al que haba en las ruinas de lagranja de Whateley el lunes por la maana. Y, a todo esto, los perros no paraban de lanzar horriblesaullidos y ladridos.

    De repente, Sally pego un fenomenal grito y dijo que el cobertizo que haba junto al camino sehaba derrumbado como si la tormenta se lo hubiese llevado por delante, slo que apenas corra vientopara pensar en algo as. Todos escuchbamos con atencin y a travs del hilo poda orse el jadeo demultitud de gargantas pegadas al telfono. De repente, Sally volvi a proferir un espantoso grito y dijoque la cerca que haba delante de la casa acababa de derrumbarse, aunque no se vea la menor seal queindicara a qu podra deberse. Luego, todos los que estaban pegados al hilo oyeron chillar tambin aChauncey y al viejo Seth Bishop, y Sally deca a gritos que algo enorme haba cado encima de la casa,

  • no un rayo ni nada por el estilo, sino algo descomunal que se abalanzaba contra la fachada y los embateseran constates, aunque no se vea nada a travs de las ventanas. Y luego y luego

    El terror poda verse reflejado en todos los rostros, y Armitage, aun cuando no estaba menosaterrado, tuvo el aplomo suficiente para decirle a quien tena la palabra que prosiguiera.

    -Y luego... luego, Sally lanz un grito estremecedor y dijo Socorro! La casa se vieneabajo! Y desde el otro lado del hilo pudimos or un fenomenal estruendo y un espantoso gritero...igual que pas con la granja de Elmer Frye, slo que esta vez peor...

    El hombre que hablaba hizo una pausa, y otro de los que vena en el grupo prosigui el relato.-Eso fue todo. No volvi a orse ni un ruido ni un chillido ms. Slo el ms absoluto silencio.

    Quienes lo escuchamos sacamos nuestros coches y furgonetas, y a continuacin nos reunimos en casa deCorey todos los hombres sanos y robustos que pudimos encontrar, y hemos venido hasta aqu para quenos aconsejen qu hacer ahora. Es posible que todo sea un castigo del Seor por nuestras iniquidades, uncastigo del que ningn mortal puede escapar.

    Armitage comprendi que haba llegado el momento de hacer algo y, con aire resuelto, sedirigi al vacilante grupo de despavoridos campesinos.

    -No queda ms remedio que seguirlo, seores -dijo tratando de dar a su voz el tono mstranquilizador posible-. Creo que hay una posibilidad de acabar de una vez por todas con lo que quieraque sea ese monstruo. Todos ustedes conocen de sobra la fama de brujos que tenan los Whateley, puesbien, este abominable ser tiene mucho de brujera, y para acabar con l hay que recurrir a los mismosprocedimientos que utilizaban ellos. He visto el diario de Wilbur Whateley y examinado algunos de losextraos y antiguos libros que acostumbraba a leer, y creo conocer el conjuro que debe pronunciarse paraque desaparezca para siempre. Naturalmente, no puede hablarse de una seguridad total, pero vale la penaintentarlo. Es invisible -como me imaginaba-, pero este pulverizador de largo alcance contiene unospolvos que deben hacerlo visible por unos instantes. Dentro de un rato vamos a verlo. Es realmente unser pavoroso, pero an hubiese sido mucho peor si Wilbur hubiese seguido con vida. Nunca llegar asaberse bien de qu se libr la humanidad con su muerte. Ahora slo tenemos un monstruo contra el queluchar, pero sabemos que no puede multiplicarse. Con todo, es posible que cause an mucho dao, asque no hemos de dudar a la hora de librar al pueblo de semejante monstruo.

    Hay que seguirlo, pues, y la forma de hacerlo es ir a la granja que acaba de ser destruida. Quealguien vaya delante, pues no conozco bien estos caminos, pero supongo que debe haber un atajo. Estnde acuerdo?

    Los hombres se movieron inquietos sin saber qu hacer, y Earl Sawyer, apuntando con un dedotiznado por entre la cortina de lluvia que amainaba por momentos, dijo con voz suave: Creo que elcamino ms rpido para llegar a la granja de Seth Bishop es atravesar el prado que se ve ah abajo yvadear el arroyo por donde es menos profundo, para subir luego por las rastrojeras de Carrier y losbosques que hay a continuacin. Al final se llega al camino alto que pasa a orillas de la granja de Seth,que est del otro lado.

    Armitage, Rice y Morgan se pusieron a caminar en la direccin indicada, mientras la mayora delos aldeanos marchaban lentamente tras ellos. El cielo empezaba a clarear y todo pareca indicar que latormenta haba pasado. Cuando Armitage tomaba involuntariamente una direccin equivocada, JoeOsborn se lo indicaba y se pona delante para mostrar el camino. El valor y la confianza de los hombresdel grupo crecan por momentos, aunque la luz crepuscular de la frondosa ladera casi cortada a pico quehaba al final del atajo -por entre cuyos fantsticos y aejos rboles hubieron de trepar cual si de unaescalera se tratase- pusieron tales cualidades a prueba.

    Al final, llegaron a un camino lleno de barro justo al tiempo que sala el sol. Se hallaban algoms all de la finca de Seth Bishop, pero los rboles tronchados y las inequvocas y horribles huellaseran buena prueba de que ya haba pasado por all el monstruo. Apenas se detuvieron unos momentos acontemplar los restos que quedaban en torno al gran hoyo. Era exactamente lo mismo que sucedi conlos Frye, y nada vivo ni muerto poda verse entre las ruinas de lo que en otro tiempo fueran la granja y elestablo de los Bishop. Nadie quiso permanecer all mucho tiempo entre aquel hedor insoportable yaquella viscosidad bituminosa; todos volvieron instintivamente al sendero de espantosas huellas que sedirigan hacia la granja en ruinas de los Whateley y las laderas coronadas en forma de altar de SentinelHill.

    Al pasar ante lo que fuera morada de Wilbur Whateley todos los integrantes del grupo seestremecieron visiblemente y sus nimos comenzaron a flaquear. No tena nada de divertido seguir lapista de algo tan grande como una casa y no lograr verlo, si bien poda respirarse en el ambiente unamalfica presencia infernal. Frente al pie de Sentinel Hill las huellas dejaban el camino poda apreciarsean fresca la vegetacin aplastada y tronchada a lo largo de la ancha franja que marcaba el caminoseguido por el monstruo en su anterior subida y descenso de la montaa.

    Armitage sac un potente catalejo y se puso a escrutar las verdes laderas de Sentinel Hill.Seguidamente, se lo pas a Morgan, que gozaba de una visin ms aguda. Tras mirar unos instantes porel aparato Morgan lanz un pavoroso grito, pasndoselo seguidamente a Earl Sawyer a la vez que lesealaba con el dedo un determinado punto de la ladera. Sawyer, tan desmaado como la mayora de

  • quienes no estn acostumbrados a utilizar instrumentos pticos, estuvo dndole vueltas unos segundoshasta que finalmente, y gracias a la ayuda de Armitage, logr centrar el objetivo. Al localizar el punto, sugrito an fue ms estridente que el de Morgan.

    -Dios Todopoderoso, la hierba y los matorrales se mueven! Est subiendo... lentamente... comosi reptara... en estos momentos llega a la cima. Qu el cielo nos ampare!

    El germen del pnico pareci cundir entre los expedicionarios. Una cosa era salir a la caza delmonstruoso ser, y otra muy distinta encontrarlo. Era muy posible que los conjuros funcionaran, pero ysi fallaban? Empezaron a levantarse voces en las que se le formulaba a Armitage todo tipo de preguntasacerca del monstruo, pero ninguna pareca satisfacerles. Todos tenan la impresin de hallarse muyprximos a fases de la naturaleza y de la vida absolutamente extraordinarias y radicalmente ajenas a laexistencia misma de la humanidad.

  • XAl final, los tres investigadores venidos de Arkham -el Dr. Armitage, de canosa barba, elprofesor Rice, rechoncho y de cabellos plateados, y el Dr. Morgan, delgado y de aspecto juvenil-acabaron subiendo solos la montaa. Tras instruir con suma paciencia a los aldeanos sobre cmo enfocary utilizar el catalejo, lo dejaron con el atemorizado grupo que se qued en el camino. A medida quesuban aquellos tres hombres, los aldeanos fueron pasndoselo de mano en mano para poder verlos decerca. La subida era ardua, y en ms de una ocasin tuvieron que echar una mano a Armitage. Muy porencima del esforzado grupo expedicionario el gran sendero abierto en la montaa retumbaba como si suinfernal hacedor volviera a pasar por l con premiosa alevosa. As pues, era patente que losperseguidores cobraban terreno.

    Curtis Whateley -de la rama no degenerada de los Whateley- era quien miraba por el catalejocuando los investigadores de Arkham se desviaron del sendero. Curtis dijo al resto del grupo que, sinduda, los tres hombres trataban de llegar a un pico inferior desde el que se divisaba el sendero, en unlugar muy por encima de donde se estaba aplastando la vegetacin en aquellos momentos. Y as fue enrealidad, pues los expedicionarios alcanzaron la pequea elevacin al poco de que el invisible monstruopasara por all.

    Luego, Wesley Corey, que a la sazn miraba por el objetivo, grit con todas sus fuerzas queArmitage se haba puesto a ajustar el pulverizador que llevaba Rice, y todo indicaba que algo iba aocurrir de un momento a otro. El desasosiego empez a cundir entre el grupo del camino, pues, segn leshaban dicho, el pulverizador debera hacer visible por unos instantes al desconocido horror. Dos o treshombres cerraron los ojos, en tanto que Curtis Whateley arrebat el catalejo a Wesley y lo dirigi haciael punto ms distante posible. Puro ver que Rice, desde el lugar de observacin en que se encontraban losexpedicionarios -por encima y justo detrs del monstruoso ser- tena una excelente oportunidad paraintentar diseminar los potentes polvos de prodigiosos efectos.

    El resto de los que estaban en el camino slo pudieron ver el fugaz resplandor de una nubegriscea -una nube del tamao de un edificio relativamente alto- prxima a la cima de la montaa.Curtis, que era quien en aquellos momentos miraba por el catalejo, lo dej caer de golpe sobre el barroque les cubra hasta los tobillos, al tiempo que lanzaba un grito aterrador. Se tambale, y habra cado alsuelo de no ser por dos o tres compaeros que le ayudaron y le sostuvieron en pie. Un casi inaudiblegemido era lo nico que sala de sus labios.

    -Oh, oh, Dios Todopoderoso!... eso... eso...Luego se organiz. un autntico pandemnium, pues todos queran preguntar a la vez, y slo

    Henry Wheeler se ocup de recoger el catalejo cado en tierra y de limpiarle el barro. Curtis seguadiciendo incoherencias y ni siquiera respuestas aisladas consegua dar.

    -Es mayor que un establo... todo hecho de cuerdas retorcidas... tiene una forma parecida a unhuevo de gallina, pero enorme, con docenas de patas... como grandes toneles medio cerrados que seecharan a rodar... no se ve que tenga nada slido es de una sustancia gelatinosa y est hecho decuerdas sueltas y retorcidas, como si las hubieran pegado... tiene infinidad de enormes ojos saltones...diez o veinte bocas o trompas que le salen por todos los lados, grandes como tubos de chimenea, y noparan de moverse, abrindose y cerrndose continuamente... todas grises, con una especie de anillosazules o violetas... Dios del cielo! y ese rostro semihumano encima...!

    El recuerdo de esto ltimo, fuera lo que fuese, result demasiado fuerte para el pobre Curtis,quien perdi el sentido antes de poder articular una sola palabra ms. Fred Farr y Will Hitcbins lotrasladaron a un lado del camino, dejndole tendido sobre la hmeda hierba. Henry Wheeler, temblando,cogi entre las manos el catalejo y lo enfoc hacia la montaa en un intento de ver qu pasaba. A travsdel objetivo podan divisarse tres pequeas figuras que ascendan hacia la cumbre con la rapidez con quese lo permita la abrupta pendiente. Eso era todo cuanto vea, ni ms ni menos. Luego, todos percibieronun raro e intempestivo ruido que proceda del fondo del valle a sus espaldas, e incluso sala de la mismamaleza de Sentinel Hill. Era el gritero que armaba una legin de chotacabras y en su estridente coropareca latir una tensa y maligna expectacin.

    Earl Sawyer cogi seguidamente el catalejo y dijo que se vea a las tres figuras de pie en lacumbre ms alta, prcticamente al mismo nivel del altar de piedra, pero todava a considerable distanciade ste. Uno de los hombres, dijo Earl Sawyer, pareca alzar los brazos por encima de su cabeza aintervalos rtmicos, y al decir esto los dems creyeron or un tenue sonido cuasimusical a lo lejos, comosi una ruidosa salmodia acompaara a sus gestos. La extraa silueta en aquel lejano pico deba constituirtodo un grotesco e impresionante espectculo, pero ninguno de los presentes se senta con humor parahacer consideraciones estticas.

    -Me imagino que ahora estn entonando el conjuro -dijo Wheeler en voz baja al tiempo quearrebataba el catalejo de manos de Sawyer. Mientras, las chotacabras chirriaban con singular estridenciay a un ritmo curiosamente irregular, que no guardaba ningn parecido con las modulaciones del ritual.

    De repente, la luz del sol disminuy sin que, a primera vista, se debiera a la accin de ningunanube. Era un fenmeno realmente singular, y as lo apreciaron todos. Pareca como si en el interior de las

  • montaas estuviera gestndose un estrepitoso fragor, extraamente acorde con otro fragor que vendradel firmamento. Un relmpago rasg el aire y los asombrados hombres buscaron en vano los indicios dela tormenta. La salmodia que entonaban los investigadores de Arkham llegaba ahora ntidamente hastaellos, y Wheeler vio a travs del catalejo que levantaban los brazos al comps de las palabras delconjuro. Poda orse, asimismo, el furioso ladrido de los perros en una granja lejana.

    Los cambios en las tonalidades de la luz solar fueron a ms y los hombres apiados en elcamino seguan mirando perplejos al horizonte. Unas tinieblas violceas, originadas como consecuenciade un espectral oscurecimiento del azul celeste, se cernan sobre las retumbantes colinas. Seguidamente,volvi a rasgar el cielo un relmpago, algo ms deslumbrante que el anterior, y todos creyeron ver comosi una especie de nebulosidad se levantara en torno al altar de piedra all en la lejana cumbre. Nadie,empero, miraba con el catalejo en aquellos instantes. Las chotacabras seguan emitiendo sus irregulareschirridos, en tanto los hombres de Dunwich se preparaban, en medio de una gran tensin, paraenfrentarse con la imponderable amenaza que pareca rondar por la atmsfera.

    De repente, y sin que nadie lo esperara, se dejaron or unos sonidos vocales sordos, cascados yroncos que jams olvidaran los integrantes del despavorido grupo que los oy. Pero aquellos sonidos nopodan proceder de ninguna garganta humana, pues los rganos vocales del hombre no son capaces deproducir semejantes atrocidades acsticas. Ms bien se dira que haban salido del mismo averno, si nofuese harto evidente que su origen se encontraba en el altar de piedra de Sentinel Hill. Y hasta casi eserrneo llamar a semejantes atrocidades sonidos, por cuanto su timbre, horrible a la par queextremadamente bajo, se diriga mucho ms a lbregos focos de la conciencia y al terror que al odo;pero uno debe calificarlos de tal, pues su forma recordaba, irrefutable aunque vagamente, a palabrassemiarticuladas. Eran unos sonidos estruendosos -estruendosos cual los fragores de la montaa o lostruenos por encima de los que resonaban- pero no procedan de ser visible alguno. Y como laimaginacin es capaz de sugerir las ms descabelladas suposiciones en cuanto a los seres invisibles serefiere, los hombres agrupados al pie de la montaa se apiaron todava ms si cabe, y se echaron haciaatrs como si temiesen que fuera a alcanzarles un golpe fortuito.

    -Ygnaiih... ygnaiih... thflthkhngha... Yog-Sothoth... -sonaba el horripilante graznido procedentedel espacio-. Ybthnk... hehye... ngrkdllh...

    En aquel momento, quienquiera que fuese el que hablase pareci titubear, como si estuvieralibrndose una pavorosa contienda espiritual en su interior. Henry Wheeler volvi a enfocar el catalejo,pero tan slo divis las tres figuras humanas grotescamente recortadas en la cima de Sentinel Hill, lascuales no paraban de agitar los brazos a un ritmo frentico y de hacer extraos gestos como si laceremonia del conjuro estuviese prxima a su culminacin. De qu lbregos avernos de terror propiosdel diablico Aqueronte, de qu insondables abismos de conciencia extracsmica, de qu sombra ysecularmente latente estirpe infrahumana procedan aquellos semiarticulados sonidos medio graznidosmedio truenos? De repente, volvan a orse con renovado mpetu y coherencia al acercarse a su mximo,final y ms desgarrador frenes.

    -Eh-ya-ya-ya-yahaah-eyayayayaaaa... nghaaaaa... nghaaa... hyuh... SOCORRO!SOCORRO!... pp-pp-pp-PADRE! PADRE! YOG-SOTHOTH!

    Eso fue todo. Los lvidos aldeanos que aguardaban en el camino sin salir de su estupor ante laspalabras indiscutiblemente inglesas que haban resonado, profusa y atronadoramente, en el enfurecido yvaco espacio que haba junto a la asombrosa piedra altar, no volveran a orlas. Al punto, hubieron dedar un violento respingo ante la terrorfica detonacin que pareci desgarrar la montaa; un estruendoensordecedor e imponente, cuyo origen -ya fuese el interior de la tierra o los cielos- ninguno de lospresentes supo localizar. Un nico rayo cay desde el cnit violceo sobre la piedra altar y unagigantesca ola de inconmensurable fuerza e indescriptible hedor baj desde la montaa baando lacomarca entera. Arboles, maleza y hierbas fueron arrasados por la furiosa acometida, y los despavoridosaldeanos del grupo que se encontraba al pie de la montaa, debilitados por el letal hedor que casi llegabaa asfixiarles, estuvieron a punto de caer rodando por el suelo. En la lejana se oa el furioso ladrido de losperros, en tanto que los prados y el follaje en general se marchitaban cobrando una extraa y enfermizatonalidad grisceo amarillenta, y los campos y bosques quedaban sembrados de chotacabras muertas.

    El hedor desapareci al poco tiempo, pero la vegetacin no volvi a brotar con normalidad.Incluso hoy sigue percibindose una extraa y nauseabunda sensacin ante las plantas que crecen en lasinmediaciones de aquella montaa de infausto recuerdo. Curtis Whateley comenzaba a volver en scuando se vio a los tres hombres de Arkham descender lentamente por la vertiente montaosa bajo losrayos de un sol cada vez ms resplandeciente e inmaculado. Su semblante era grave y calmado, yparecan consternados por unas reflexiones sobre lo que venan de presenciar de naturaleza mucho msangustiosa que las que haban reducido al grupo de aldeanos a un estado de postracin y acobardamiento.En respuesta a la lluvia de preguntas que cay sobre ellos, los tres investigadores se limitaron a sacudirla cabeza y a reafirmar un hecho de vital importancia.

    -El monstruoso ser ha desaparecido para siempre -dijo Armitage-. Ha vuelto al seno de lo queera en un principio y ya no puede volver a existir. Era una monstruosidad en un mundo normal. Slo enuna mnima parte estaba compuesto de materia, en cualquiera de las acepciones de la palabra. Era igual

  • que su padre, y una gran parte de su ser ha vuelto a fundirse con aqul en algn reino o dimensindesconocido allende nuestro universo material, en algn abismo desconocido del que slo los msendiablados ritos de la malevolencia humana le permitiran salir tras invocarlo por unos momentos en lascumbres montaosas.

    Seguidamente, se hizo un breve silencio, durante el cual los sentidos dispersos del infortunadoCurtis Whateley volvieron a entretejerse poco a poco hasta formar una especie de continuidad, yllevndose las manos a la cabeza solt un sordo gemido. La memoria le devolvi al momento en que lehaba abandonado, y volvi a invadirle la horrorosa visin que le haba hecho desfallecer.

    -Oh, oh, Dios mo, aquel rostro semihumano... aquel rostro semihumano!... aquel rostro de ojosrojos y albino pelo ensortijado, y sin mentn, igual que los Whateley... Era un pulpo, un ciempis, unaespecie de araa, pero tena una cara de forma semihumana encima de todo, y se pareca al brujoWhateley, slo que meda yardas y yardas...

    Y, exhausto, enmudeci, mientras el grupo entero de aldeanos se le quedaba mirando fijamentecon una perplejidad an no cristalizada en renovado terror. Slo entonces el viejo Zebuln Whateley, aquien solan venirle a la cabeza antiguos recuerdos pero que no haba abierto la boca hasta el momento,dijo en voz alta.

    -Hace quince aos -se puso a divagar-, o decir al viejo Whateley que un da oiramos al hijo deLavinia pronunciar el nombre de su padre en la cumbre de Sentinel Hill...

    Pero Joe Osborn le interrumpi para volver a preguntar a los hombres de Arkham.-Pero, qu era, despus de todo, y cmo logr el joven brujo Whateley llamarle para que

    acudiera de los espacios?Armitage escogi sus palabras cuidadosamente a la hora de contestar.-Era... bueno, era sobre todo una fuerza que no pertenece a la zona que habitamos del espacio

    sideral, una fuerza que acta, crece y obedece a otras leyes distintas de las que rigen nuestra Naturaleza.A ninguno de nosotros se nos ocurre invocar a tales seres del exterior, slo lo intentan las gentes y cultosms abominables. Y algo de ello puede decirse de Wilbur Whateley, algo que basta para hacer de l unser demonaco y un monstruo precoz, y para hacer de su muerte una escena de diablico patetismo. Loprimero que pienso hacer es quemar este maldito diario, y si quieren obrar como hombres prudentes lesaconsejo que dinamiten cuanto antes la piedra altar que hay en esa cima y echen abajo todos los crculosde monolitos que se levantan en las restantes montaas. Cosas as son las que, a la postre, traen a serescomo esos de los que tanto gustaban los Whateley, unos seres a los que iban a dar forma terrestre paraque borraran de la faz de la tierra a la especie humana y arrastraran a nuestro planeta al fondo de algnlugar execrable para alguna finalidad de naturaleza igualmente execrable.

    Pero por cuanto se refiere al ser que acabamos de devolver a su lugar de origen, los Whateleylo criaron para que desempeara un terrible papel en los monstruosos hechos que iban a acontecer.Creci deprisa y se hizo muy grande por las mismas razones por las que lo hizo Wilbur, pero le superporque contaba con un componente mayor de exterioridad. Y es innecesario preguntar por qu Wilbur lollam para que viniera del espacio... No lo llam. Era su hermano gemelo, pero se pareca ms a supadre que l.