"El dlar vale ms". Una reflexin sobre dinero, Estado e identidad

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    12-Feb-2017

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ICONOS 71Emilia Ferraro1Las relaciones entre personas y cosas gene-ralmente estn fetichizadas como dos cam-pos contradictorios, pensados en los trmi-nos de estados y mercados, actores abstractosen un universo Maniqueo de bien y mal quetiene espacio solamente para una sola cara dela moneda a la vez. Sin embargo, el caso esque la moneda tiene dos caras y que lo querealmente importa es su relacin, la mutuaconstitucin de la poltica y los mercados enun todo social mvil Hart (1986:647)PremisaEl debate sobre definiciones y conceptos depobreza es muy amplio2. Los acercamientosque hasta hace poco han dominado este deba-te son aquellos que privilegian los criterios deingreso y consumo; su importancia reposa enel hecho que tales acercamientos se centran so-bre los aspectos esenciales de la privacin, esdecir no tener suficiente comida; adems, se-gn algunos autores, estos acercamientos estnmejor equipados para medir y comparar situa-ciones de privacin, lo cual es necesario para laubicacin de las polticas anti-pobreza3.Sin embargo, desde hace unos aos existeun consenso en la comunidad internacionalacerca de que la pobreza es un fenmenomulti-dimensional que no puede ser fcil-mente reducido a unos cuantos indicadorescuantitativos4 y que es necesario ampliar loscriterios para su definicin y medicin. Esteconsenso se ha difundido y ha sido legitima-do gracias al trabajo y la difusin de docu-mentos por parte de organismos internacio-nales, como por ejemplo el UNDP HumanDevelopment Report, y de investigadores ypensadores como A. Sen y sus trabajos sobrelas capacidades humanas. Sin embargo, estareconocida multi-dimensionalidad de la po-breza no se refleja en una pluralidad de mar-cos analticos que guen, por ende, el diseode polticas multidimensionales. El dlar vale msUna reflexin sobre dinero, Estado e identidad** Este artculo fue elaborado gracias a la contribucindel Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales(CLACSO), a travs del esfuerzo conjunto del Pro-grama Regional de Becas y el Programa CLACSO-/CROP de estudios sobre pobreza en Amrica Latinay el Caribe. El trabajo forma parte de los resultadosdel Proyecto Las voces de la pobreza. Una etnografade la dolarizacin, que fue premiado con una beca deinvestigacin en el Concurso para investigadores se-nior La economa poltica de la pobreza en 2003 yque se encuentra todava en ejecucin. Este artculopresenta los resultados parciales de la investigacin.1 Ph.D. en antropologa social (Universidad de Kent,Inglaterra). Profesora e investigadora asociada deFLACSO-Ecuador; becaria senior de CLACSO. 2 Para una revisin de este debate ver por ejemplo elnmero monogrfico de IDS Bulletin (1998); tam-bin A. Sen (1985). 3. Cf. A. de Haan (1998: 17).4 L. Hanmer et al. (1996:24), citado en A. de Haan yS. Maxwell (1998:4). Ver tambin World Bank(2000).Ferraro Emilia, 2004, El dolar vale ms. Una reflexinsobre dinero, Estado e identidad, en ICONOS No.19,Flacso-Ecuador, Quito, pp.71-77.ICONOS 72dossierEn el pas, los debates sobre la dolariza-cin, sobre su validez, sus efectos y posiblesescenarios futuros, son un caso ilustrativo deesta tendencia, ya que se asume que el tema esde competencia exclusiva de los economistasy estos debates estn, consecuentemente, cir-cunscritos a la discusin tcnica del modelosegn los parmetros delineados por la disci-plina econmica. Con este artculo me pro-pongo contribuir a este debate enriquecin-dolo y complementndolo con datos obteni-dos a partir de una mirada antropolgica altema, con el intento de fomentar el dilogointerdisciplinario absolutamente imprescin-dible para la comprensin profunda de los fe-nmenos tan complejos que caracterizan elmomento actual. La era del dinero salvajeLa dcada de 1990 ha visto la celebracin, co-mo nunca antes, de los valores del libre mer-cado, que se han convertido en valores de re-ferencia a travs de los cuales todos los demsestn juzgados. Esta dcada se ha caracteriza-do, entre otras cosas, por el declive del poderrelativo del estado [que] ha coincidido con unrpido incremento de la violencia tnica, yaque las minoras luchan por el poder y el re-conocimiento (...) Los varios llamados al na-cionalismo y a la etnicidad son idiomas crea-dos en un contexto ms amplio de accionespolticas Gregory (1997:3).Gregory define esta poca como la era deldinero salvaje, es decir, la era del capitalismodesorganizado caracterizado por un decliveen el poder del Estado para domesticar lasfuerzas del mercado y por la desconfianza delos ciudadanos en la capacidad del Estado deactuar moralmente.La era del dinero salvaje no est marcadasolamente por la victoria de los valores delanarquismo del mercado libre, sino tambinpor la emergencia simultnea de culturas di-vididas, y se da en un contexto de globaliza-cin de la cultura y de la economa capitalis-ta en el cual existen varias contradicciones.Una de stas es, justamente, la coexistencia dela fragmentacin de la ilusin de los estados-naciones y la simultnea homogenizacin delas culturas5.Con estas premisas, en este artculo explo-ro una de las muchas dimensiones de la dola-rizacin, entendida justamente como produc-to de la era del dinero salvaje, es decir, explo-ro los imaginarios alrededor del dlar comomoneda circulante. Adopto como punto departida un concepto de economa definidacomo un sistema socio-cultural, es decir, par-to de la conviccin de que la economa no es-t conformada solamente por un conjunto deprcticas sino tambin por un entramado designificados que tiene un papel muy activo endeterminar las acciones y decisiones econ-micas prcticas. Por lo tanto, ambos niveles-de la prctica y de las representaciones- sonnecesarios de analizar para tener una visincompleta (y ms compleja) de cualquier fen-meno econmico. En el caso de la dolarizacin, esto signifi-ca salir de los debates y explicaciones tcni-cas del modelo y de las reformas que ameri-tara, y empezar a explorar sus otras dimen-siones ms discursivas y simblicas, teniendoen cuenta que la realidad humana siempre seescapa de los modelos a los cuales queremossometerla. Metodolgicamente, esto significadejar a un lado los nmeros y las cifras paratomar en cuenta las palabras de quienes vivena diario los estragos y/o beneficios supuestoso reales de tal medida.Mientras tales premisas pueden resultarintiles para los economistas, representan encambio la esencia de la antropologa, que es ladisciplina que enmarca mi acercamiento epis-temolgico y metodolgico al fenmeno de ladolarizacin.Las preocupaciones que planteo en este ar-tculo no son solamente acadmicas, pues tie-nen repercusiones polticas inmediatas; dehecho, es ya de conocimiento general que las5 Segn Gregory (1997) estos cambios se reflejan tam-bin en la academia, en donde el lenguaje de socie-dad e individuo se ha sustituido por el de cultu-ra e identidad.medidas polticas que se dirigen a solucionarproblemas econmicos apremiantes muchasveces se revelan ineficientes precisamenteporque fallan en entender las dinmicas ypracticas de la gente comn y las ideas y re-presentaciones que guan tales decisiones6.As, si la decisin de adoptar el dlar nortea-mericano como moneda nacional del Ecua-dor responda, en ltima anlisis, a la volun-tad de mejorar la situacin econmica delpas y de sus ciudadanos y ciudadanas, anali-zar lo que estos ciudadanos y ciudadanaspiensan de esta medida es un imperativo im-postergable. Las dos caras de la monedaToda moneda tiene literalmente dos caras: launa representa un personaje histrico quesimboliza la autoridad poltica que emite lamoneda; la otra cara (el reverso de la mone-da) representa un nmero, es decir la canti-dad especfica que, en un intercambio, hayque pagar por esa moneda. Estas dos carasrepresentan respectivamente el Estado y elmercado: la una nos recuerda que es el Esta-do que produce el sistema monetario nacio-nal (la moneda), pero nos recuerda tambinque originariamente el dinero encierra en s,y representa, una relacin entre las personasde una sociedad, es personalizado y es el sm-bolo de una identidad nacional que une aquienes lo usan. La otra cara nos revela quela moneda es un objeto capaz de entrar enrelaciones definidas con otros objetos, encuanto medida independiente de las perso-nas involucradas en cualquier transaccinparticular. En cuanto tal, el dinero es, enton-ces, tanto un smbolo de autoridad persona-lizada como una mercanca que tiene un pre-cio y, en este sentido, su lgica es la de losmercados annimos. La ambigedad que en-cierra esta doble cara de la moneda se reflejaen la ambigedad de percepciones, opinionesy manejo del dlar en la realidad ecuatoriana.Estas dos caras representan la organizacinsocial de la cual el dinero es producto; en lateora moderna estn sintetizadas respectiva-mente por el Estado y el mercado (cf. Hart1986). Sin embargo, a lo largo de la historiadel pensamiento econmico occidental, lasteoras econmicas sobre el dinero se hancentrado siempre sobre la una o la otra carade la moneda, llevando a que del debate selleve en los trminos de una falsa polariza-cin. Mientras, en general, las teoras econ-micas privilegian la cara del mercado y restanimportancia -cuando no la niegan- a la la ca-ra relacionada con el estado, en este artculodesdibujo (aunque parcialmente) las comple-jas relaciones que se establecen entre las dos7.La cara del mercadoLa investigacin sobre la cual se basa este ar-tculo -y que es de corte eminentemente cua-litativo-8 demuestra que la evaluacin que lagente comn hace de la dolarizacin se ubicaen campos no estrictamente econmicos si-no que se da en el mundo del imaginario.ICONOS 736 Ver por ejemplo, Arce y Long (2000:186).7 Segn Hart (1986: 638), el impulso medieval mani-questa est profundamente arraigado en el pensamien-to econmico moderno y, en el siglo XX, estas dos ten-dencias mutuamente excluyentes han sido infladas alpunto que han dado vida a una peligrosa lucha ideol-gica entre el socialismo estatal y el libre mercado.8 La investigacin se est desarrollando principalmenteen el barrio La Floresta de Quito, que ha sido esco-gido por varias razones, entre ellas, la heterogeneidadde sus habitantes que refleja la heterogeneidad pobla- Antonio MenaMis interlocutores, sujetos de esta investi-gacin, reconocen que la dolarizacin ha signi-ficado para casi todos una devaluacin de sussueldos, los cuales en el paso de sucres a dla-res han sufrido una fuerte disminucin de lacapacidad de adquisicin, provocando unadepreciacin del dinero mismo y simultnea-mente una subida muy fuerte en los precios deconsumos bsicos, etc. Todo est muy caro,todo, todo, es el lema casi de sus respuestas: Por ejemplo, tenan un sueldo de ahora, di-gamos de 100 dlares, pero equivalente ensucres creo que era dos millones y medio,pero al inicio era dos millones y medio queganaba la gente y le hicieron la transforma-cin a dlares qued con 100 dlares que ensucres poda comprar muchas cosas, creoque estuvo en 10.000 u 11.000 sucres y sepuso a un cambio de 25.000, cosa que lacantidad que l ganaba se puede decir queera 200 dlares, pero de la noche a la maa-na le rebajaron a 100 entonces ya no podacomprar lo mismo, compraba lo indispensa-ble nada ms.9A. D. es una joven mujer duea de una salade belleza, quien ha sido inicialmente benefi-ciada por el cambio de moneda, pues tenaunas propiedades que haba comprado en su-cres justo a la vspera de la dolarizacin y quevendi inmediatamente despus en dlares,con un margen de ganancias muy alto. Esto leha permitido comprar un local propio e im-plementar un negocio independiente quehasta ahora, dice, le ha ido muy bien. Sin em-bargo, as se expresa del dlar:...entonces, as cuando comentamos entregente decimos el maldito dlar, el malditodinero, porque cuando nosotros tenamossucres si bien es cierto que no, ahora el dlarnos ha permitido hacer cosas, pero nosotrosle tratamos a la moneda as como el malditodlar (...) porque decimos que si se cambiaun billete de diez dlares se desaparece el bi-llete, no sabemos ni en qu, y es como quemgicamente se va el billete (...) esta mone-da tonta cmo se va, ni bien se recibe ya sevan los billetes (...) por ejemplo, en el caso demi familia, entonces cuando nos ponemos aconversar ellos dicen ay este maldito dlar!,pero es que ni bien cambiamos el billete dedlares y ya no hay. Siempre nos estamosquejando de la parte econmica. Igual, cuan-do vamos al mercado, a m me parece terri-ble que todos quieran hacer montos de 50centavos, entonces decamos no nos educa-ron para tener la dolarizacin, porque esagente humilde lo nico que hizo, si antes va-la 5 mil sucres le convirti a 5 dlares las co-sas, as ms o menos.10Esta misma percepcin del dlar como unamoneda que tiene vida propia y se va ms r-pido y que, por ende, comercialmente ha-blando, tiene un valor menor, est presenteen la casi totalidad de mis interlocutores. Porejemplo, E.C., vendedora de comida en elmercado de la Floresta, dice: ICONOS 74dossier9 Entrevista a F. C. del 6 de noviembre de 2003.10 Entrevista a A. D. de noviembre de 2003.cional de la ciudad. La metodologa escogida combi-na la etnografa, es decir la observacin de la vida y lasactividades cotidianas en el sitio en el cual se desarro-llan, con entrevistas semi-estructuras y abiertas a los ylas habitantes del barrio, as como a los miembros delComit Barrial. Como toda investigacin cualitativa,no est tan preocupada de la representatividad num-rica de las y los sujetos de la investigacin, cuanto dela rigurosidad interna de sus premisas, mtodos y re-sultados. En otra palabras, el objetivo final de mi in-vestigacin no es arrojar datos que den cuenta de lasopiniones de una muestra numricamente represen-tativa de hombres y mujeres acerca de la dolariza-cin, sino dar cuenta de las relaciones que se estable-cen entre representaciones y actividades econmicas;en este caso especfico, lo que quiero demostrar es quelas consideraciones no econmicas tienen relacindirecta con los resultados econmicos.A pesar de algunas manifestaciones de contrariedad, mis entrevistadas/os se niegana la idea de "regresar" al sucre o de abandonar el dlar como moneda nacional.En el sentir popular, la dolarizacin ha cumplido con su objetivo: frenar el continuoaumento de la tasa de cambio del sucre a dlar.Me voy cada da al mercado de San Roque ahacer compras con un billete de $20. Un po-co de azcar, unas legumbres y el billete ya seha ido, no queda nada, no alcanza para nada.As es desde que cambiamos de moneda.11Cualquier tema relacionado con el dinero le-vanta la cuestin general del valor, pues im-plica adoptar algn estndar de valor. Los va-lores implican tanto el deber ser como lo quees, prescriben las normas y describen los he-chos, median entre las normas y los hechosentendidos como parte de una unidad dialc-tica. Los valores son aquellas cadenas invisi-bles que ligan las relaciones entre las cosascon las relaciones entre personas. Son invisi-bles en el sentido de que (...) son formas deconciencia humana que describen lo que es yprescriben lo que debe ser. Como descripcio-nes, aclaran las relaciones entre la reproduc-cin de cosas y de personas en contextos his-tricos, geogrficos y sociales especficos; co-mo prescripciones guan las acciones que setoman para cambiar un estado de cosas(Gregory 1997: 12).Cualquier sistema de valor necesita, a suvez, de un estndar aceptado, implica unaevaluacin, es decir un proceso de compara-cin entre entidades distintas que son juzga-das como iguales/diferentes en referencia conese estndar y que establezcan parmetros dereferencia. Las citas literales aqu transcritasnos revelan una construccin cultural del va-lor del dinero que es independiente de lacantidad objetiva marcada en la una cara dela moneda. Es decir, el valor de este nuevo di-nero no est dado tanto por el numeral queindica una cantidad numrica, cuanto por lacomparacin con un estndar de referenciaanterior, el sucre, a travs del cual se compa-ra la capacidad de adquisicin de los nme-ros de cada moneda.Sin embargo, cuando hablamos del valordel dinero no nos referimos solamente a suvalor comercial y a su poder de adquisicin.Como veremos a continuacin, hay otra face-ta del dinero y del valor que convierte la bs-queda de soluciones y de respuestas inmedia-tas en una empresa ms compleja.La cara del EstadoA pesar de las contrariedades manifestadasms arriba por mis entrevistadas/os, estasmismas personas, contradictoriamente, seniegan a la idea de regresar al sucre o deabandonar el dlar como moneda nacional. Esto coincide con los datos de los sondeosy encuestas de opinin llevadas adelante porlas mayores encuestadoras del pas que, enseptiembre de 2003, revelaban que en Quitoy Guayaquil el 63.5% y el 60.5% respectiva-mente estaban en desacuerdo con el regreso aun cualquier tipo de moneda nacional. Algunos economistas justifican esta resis-tencia a abandonar el dlar con la ausencia depolticas econmicas y de reformas apropia-das, que preparen adecuadamente el caminopara un nuevo cambio de moneda. Sin em-bargo, profundizando en las conversacionescon mis interlocutores, sus palabras comenza-ron a revelar la existencia de otra posible ex-plicacin para este apego al dlar, y que tie-ne sus races en la imagen percibida del Esta-do. En otras palabras, la resistencia a regresara un tipo de moneda nacional se debe a la fal-ta de legitimidad y confianza en el estadoecuatoriano, emisor de la moneda nacional.Estas personas consideran que el Estadoecuatoriano y el actual gobierno que lo re-presenta- ya no tenga la capacidad y la volun-tad de garantizar el valor y la estabilidad dela moneda. La cita literal que transcribo acontinuacin es ejemplar de muchas otrasque he recogido a este propsito:Desde mi punto de vista ha sido positivo ladolarizacin, porque ahora lo que tengo nose me va a desvalorizar, tengo esa confianzade que no se va, tengo lo mismo, cada da(...) no como antes que no tena esa confian-za (...) la estabilidad del dlar, ms le tengoconfianza en el dlar porque s que ese capi-tal no se me va a disminuir. [Lo que me daesta confianza] es la economa del gobiernoamericano [nfasis agregado].ICONOS 7511 Conversacin personal con E.C. de 9 de febrero de2003.(...) S, se est mejor con el dlar, por esa per-cepcin, porque igual es una moneda queotra, igual se puede trabajar con el dlar ocon el sucre, pero la confianza que uno llegaa tener en algo y no preocuparse por lo quepueda sucederle a esa moneda es algo magn-fico (...) Si regresaramos al sucre estaramossiempre preocupados que en momento se vaa desbaratar nuevamente, no hago negocio,qu voy a emprender, qu confianza me da elsucre y qu confianza me da el dlar.12La dolarizacin como tal es un fenmeno to-dava muy reciente y sus impactos empiezana estabilizarse solamente a partir de la segun-da mitad de 2003, como lo demuestran losartculos publicados en este nmero de ICO-NOS. La dolarizacin se implement unosmeses despus del feriado bancario, unamedida extrema tomada por el gobierno de J.Mahuad que jams se haba dado en el pas.La gente recibi un verdadero shock con estamedida y nunca le perdon al presidente,quien fue derrocado en una levantamientopopular en enero de 2000, no sin tener tiem-po, de todas formas, de elevar el cambio deldlar en 25.000 sucre, cifra rcord jams al-canzada antes. En el sentir popular, el feriado bancario estodava una herida abierta y la dolarizacinest asociada a esta crisis que precedi su im-plementacin: es entendida como la medidadestinada a frenar el continuo aumento de latasa de cambio del sucre a dlar y, en este sen-tido, la dolarizacin ha cumplido con su ob-jetivo. De esta manera, en el sentir popular eldlar es considerado una moneda fuerte, por-que fuerte es su gobierno y por lo tanto esegobierno fuerte Estados Unidos- no permi-tira un nuevo congelamiento bancario, quede todas formas, segn la opinin popular, nova a ser necesario en la medida en que la mo-neda nacional sea el dlar. As, en este caso, el estndar de referenciaque crea y da valor a la moneda es la confian-za en el Estado que emite esa moneda. Las ca-ractersticas de la economa estadounidenseson as definidas por mis interlocutores: el te-ner una moneda nacional que es tambin lamoneda de referencia internacional, fuerte,aceptada en todo lado, y que por ende no sedevala a los ritmos del sucre, produce unafuerte estabilidad econmica; los bancos fun-cionan y no hubo jams congelamiento ban-cario. Estas supuestas caractersticas del dlary de la economa en la cual circula, se trasla-dan con la moneda misma, son inherentes aella. Cuando Ecuador adopta esta moneda,adopta, por tanto, tambin sus caractersticasy garantas. En los tiempos actuales experimentamosla sociedad en dos formas principales: el esta-do y el mercado; de hecho, nos recuerda Gre-gory (1997:14), la caracterstica distintiva delestado es el dinero que crea, a travs de unproceso por el cual marca unas mercancascomo oro, bronce, papel, con signos especfi-cos (ej. $) y as todos las ciudadanas y ciuda-danos de ese estado reconocen ese productocreado como la moneda de uso legal dentrode un territorio definido. Sin embargo, laadopcin de una moneda extranjera y domi-nante como moneda nacional demuestra,concretamente, que la economa global sepresenta como una red social singular que de-safa las pretensiones de los estados territorial-mente individuales de convertirse en el refe-rente central y exclusivo de la idea de socie-ICONOS 76dossier12 Entrevista a F.C. de noviembre de 2003.dad que sus ciudadanas/os manejan. Mien-tras que una vez los mercados nacionales do-minaban la vida econmica, hoy en danuestra civilizacin se concibe a s misma co-mo a una economa ms que como un mediode asociacin poltica (Hart, 2001: 6).Gregory (1997:1) dice que el signo de to-do imperialismo es la capacidad de organiza-cin de mercancas especiales y la creacin deun estndar nacional de valor que es conver-tible en oro a una tasa de cambio fija; es de-cir, la creacin de una moneda. Cuando elpoder poltico de quien crea esta moneda em-pieza a desvanecer, as lo hace el valor de lamisma. Sin embargo, el dinero tambin es vehcu-lo del poder del Estado que lo emite. As, lasmonedas mas fuertes adquieren un uso y unvalor ms amplios a travs de polticas estata-les coercitivas, y el vaco dejado por el poderpoltico nacional viene colmado por un poderpoltico supra-nacional ms fuerte y domi-nante, que es el poder que da legitimidad a supropia moneda y se expresa a travs de ella.La adopcin del dlar como moneda na-cional significa, por lo tanto, la adopcin deuna nueva identidad nacional (cf. Alemn2002). Esto explica por qu, a pesar de losefectos econmicos negativos, en general lamayora de los y las entrevistadas perciben ala dolarizacin como positiva: lo que estnexpresando no es tanto su conformidad conuna moneda extranjera cuanto su inconfor-midad con un Estado y una identidad nacio-nal desgastada.BibliografaAlemn, A., 2002, Identidad cambiaria: re-latos sobre la nacin contados a travs deldinero, en Destiempos, No.5, Casa de laCultura Ecuatoriana, Quito.Arce, A. y N. Long, compiladores, 2000,Anthropology, Development and Moderni-ties, Routledge, Londres.de Haan, A., 1998, Social Exclusion. Analternative concept for the study of depri-vation?, en IDS Bulletin, vol. 29(1).de Haan, A. y S. Maxwell, 1998, Povertyand social exclusion in the North andSouth, en IDS Bulletin, vol. 29(1).Gregory, C.A. , 1997, Savage Money. Theanthropology and Politics of CommodityExchange, Studies in Anthropology andHistory, sl.Hanmer, L. et al., 1996, Poverty in Sub-Saha-ran Africa: GAT can we learn from theWorld Banks Poverty Assessment?, Instituteof Social Studies, The Hague.Hart, K., 1986, Heads or tails? Two sides ofthe coin, The Malinowski Memorial Lec-ture, en Man 21(4), pp. 637-656, sl., 2001, Money in an unequalworld, Texere, New York.IDS Bulletin, 1998, Poverty and Social Exclu-sion in North and South, Nmero Mono-grfico vol. 29(4).Narayan, D. et al., s.f., Voices of the Poor: cananyone hear us?, Oxford University Pressfor the World Bank, New York.Sen, A., 1985, Commodities and capabilities,Elsevier, The Netherlands.ICONOS 77El dlar es considerado una moneda fuerte, porque "fuerte es su gobierno"; un gobierno fuerte -EEUU- no permitira un nuevo congelamiento bancario. Lo que seest expresando no es tanto la conformidad con una moneda "extranjera" cuanto la inconformidad con un Estado y una identidad nacional desgastados.