Antonio Madinaveitia y Tabuyo

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    02-Jul-2015

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Antonio Madinaveitia y Tabuyo (1890-1974) Miguel López Pérez y Mar Rey Bueno Historia de la Farmacia. Facultad de Farmacia. U.C.M. “Un hombre a quien nada... ni el fugaz triunfo político de sus ideas, ni la ulterior y sangrienta derrota de unos y otras, logró apartar de la tarea que reduplicativamente acabo de nombrar: hacer ciencia” PEDRO LAÍN ENTRALGO A principios de este año, una vez recibida la concesión de la ayuda del Ministerio de Cultura, Educación y Deporte que facilitaba la realización de este seminario sobre “Españoles en el exilio”, recibimos la honrosa aunque suicida tarea de presentar una comunicación sobre Madinaveitia. Honrosa, porque nos permitía trabajar al lado de un maestro a quién, hasta ese momento, sólo habíamos leído y admirado: el Profesor José Luis Abellán. Suicida, porque ninguno de nosotros dos sabíamos una sola palabra del exilio científico, más allá de las cuatro generalidades propias de cualquier ciudadano medianamente informado de la historia de su país. Más que suicida, creo que sería apropiado denominar esta actividad nuestra como osada y temeraria. ¿Qué hacían dos becarios postdoctorales, especializados en la Edad Moderna, hablando al lado de eminentes expertos en la materia a tratar? Aún hoy seguimos haciéndonos la misma pregunta, y sólo podemos agradecer a Javier Puerto y a José Luis Abellán el haber contado con nosotros. Antes de entrar en materia, sólo nos queda pedir disculpas ante los posibles errores que, a ciencia cierta, cometeremos, pues sólo somos recién llegados a un tema apasionante pero en extremo complejo, como es el exilio científico de 1939. ETAPA ESPAÑOLA (1890-1939) El hijo de Don Juan Madinaveitia De todos los científicos que partieron hacia destinos europeos o americanos en la primera mitad del año 1939 vamos a centrarnos en un personaje que, si bien destacó con luz propia en el ejercicio de su disciplina, no ha sido merecedor, hasta el momento actual, de ningún estudio monográfico. La búsqueda de datos relacionados con sus vivencias personales y profesionales deben rastrearse en el quehacer de otros científicos ilustres, maestros y compañeros suyos, que despuntaron en el desarrollo de las ciencias experimentales durante las tres primeras décadas del siglo XX. Su nombre, Antonio Madinaveitia y Tabuyo, nos remite de inmediato a una figura de extraordinario calado dentro de la llamada Edad de Plata de la ciencia española, el médico guipuzcoano Juan Madinaveitia y Ortiz de Zárate (Oñate, 1861-Barcelona, 1937). Representante destacado de la medicina española durante el primer tercio del siglo XX, el doctor Madinaveitia compaginó el ejercicio médico en el Hospital Provincial de Madrid con la docencia en la Facultad de Medicina madrileña. Perteneció a la llamada Generación del 98 científica, que comprendió, entre otros, a Ramón y 1 Cajal, Olóriz y Sañudo. Su labor docente tuvo una gran trascendencia y fue de los que crearon en este país la Gastroenterología como especialidad. Fue el doctor Madinaveitia un decidido defensor de las ideas izquierdistas, aunque nunca se afilió a partido político alguno. Próximo a la ideología anarquista, cuenta de él Federico Urales, padre de la futura ministra de Sanidad anarquista Federica Montseny, la siguiente anécdota: "La duquesa tal (no recuerdo el título), clienta mía, se puso enfermas hace día y no quiso que se llamara a su médico hereje [el hereje era Madinaveitia, por sus intervenciones de marcado corte anarquista en el Ateneo de Madrid], pero el médico que fue llamado en mi lugar, no dio con la dolencia de mi clienta y al ver ésta que cada día estaba peor, exclamó: «Que se vaya, que se vaya en busca del hereje Madinaveitia, que, aunque hereje, es el único que entiende mi mal»"1 Casado con Dolores Tabuyo, el matrimonio tuvo cinco hijos: Antonio, Carmen, Juan Manuel, José y Luis. Juan Madinaveitia influyó poderosamente en la educación de sus hijos quienes, pese a las ideas de su padre, estaban bautizados. Formados todos en la Institución Libre de Enseñanza, se decantaron por las disciplinas sanitarias: Juan Manuel y José se hicieron médicos como su padre, influidos por la temprana muerte de su hermano Luis, a los trece años, víctima de una epidemia de tifus, y que sentía una vocación médica clarísima. Por su parte, Antonio optó por la Farmacia, primero, y la Química, después. Años de formación. El Laboratorio de Química de la Residencia de Estudiantes El 31 de octubre de 1890 nacía en Madrid Antonio Madinaveitia y Tabuyo. Estudió enseñanza secundaria en el Instituto del Cardenal Cisneros, graduándose de Bachiller en 1906. Cinco años después se licenciaba en Farmacia por la Facultad de Farmacia de la Universidad de Barcelona, doctorándose en 1913 por la Facultad de Farmacia de la Universidad de Madrid con la tesis doctoral Los fermentos oxidantes2. Fue pensionado por la Junta para la Ampliación de Estudios para trabajar con el gran maestro Richard Willstätter, judío alemán ganador del Premio Nobel de Química en 1915. Con él estudió en Zurich y Berlín, desde donde publicó una breve comunicación sobre el estudio de las grasas3, así como algunos trabajos sobre el estudio de la técnica de hidrogenación catalítica, recién introducida en los laboratorios químicos4. Madinaveitia 1 ZULAICA ARISTI, Daniel (1985), Vida y obra del Dr. Madinaveitia, Zarautz, Diputación Foral de Guipúzcoa, p. 101. 2 Madrid, Imp. Bernardo Rodríguez, 1913. Compuesta por 51 páginas, comenzaba con una serie de consideraciones sobre las reacciones energéticas y acciones catalíticas. Pasaba, a continuación, al estudio de los fermentos, explicando sus características y estableciendo su división. Estudiaba, después, los fermentos oxidantes, especialmente la catalasa, explicando detalladamente sus propiedades y obtención a partir de la sangre y del tejido hepático, y las peroxidasas, de las que estudiaba su obtención y acción peroxidante de la hemoglobina y de la hematina. Por último, condensaba el estudio y lo aplicaba a la farmacia. ROLDÁN GUERRERO, Rafael (1958-1963), "Antonio Madinaveitia y Tabuyo", en: Diccionario biográfico y bibliográfico de autores farmacéuticos españoles, Madrid, 4 vols., 3, pp. 168173. 3 MADINAVEITIA Y TABUYO, Antonio (1910), "Análisis de las grasas", Anales de la Sociedad Española de Física y Química, 8, p. 153. 4 En 1912 publicó "Uniones dobles", Anales de la Sociedad Española de Física y Química, 10, p. 381, donde analizaba la hidrogenación catalítica comparada de uniones dobles en compuestos aromáticos, con negro de platino o de paladio y platino coloidal; al año siguiente veía la luz "Sobre la hidrogenación catalítica por los metales muy divididos", Anales de la Sociedad Española de Física y Química, 11, p. 2 mantuvo siempre una estrecha relación con su maestro, a la vez que inculcó a todos sus alumnos un gran respeto y simpatía por este químico que, ocupando la cátedra en la Universidad de Munich, fue la primera víctima del antisemitismo alemán (1927)5. De vuelta a España, y antes de ser Catedrático de Química Orgánica en la Facultad de Farmacia de la Universidad de Madrid, Madinaveitia trabajó en el laboratorio de Química Biológica de José Rodríguez Carracido, uno de los adelantados de las ciencias experimentales españolas de principios del siglo XX. Química Orgánica y Química Biológica eran disciplinas afines, de difícil separación en el período señalado. Las cátedras de Química Orgánica estaban dotadas en las facultades de Farmacia y de Ciencias desde la reforma universitaria de mediados del siglo XIX; por su parte, la primera cátedra de Química Biológica se creó en 1886 para la Facultad de Farmacia de Madrid, con carácter multidisciplinar, pues atendía a los doctorados de Farmacia, Medicina y Química6. Fruto de la colaboración de Madinaveitia con Rodríguez Carracido son los trabajos dedicados a la síntesis de compuestos de posible actividad farmacológica y la iniciación a la química de productos naturales. Entre los primeros se encuentra la síntesis de una alcalamina con claras propiedades anestésicas7; entre los segundos, destaca el estudio químico y farmacológico de la salicarina8. Madinaveitia compaginó sus colaboraciones con Rodríguez Carracido con la dirección del Laboratorio de Química de la Residencia de Estudiantes de Madrid, establecido a partir de 1916. Aunque la Residencia de Estudiantes se ha ligado tradicionalmente a lo artístico y literario, fue también, desde sus inicios, sede una intensa actividad científica. Para ello, se construyó, entre 1913 y 1916, el pabellón de los laboratorios, que acabó siendo más conocido por el sobrenombre de Transatlántico, debido al largo balcón que le hacía asemejarse a esa figura. En el Transatlántico se instalaron una serie de laboratorios destinados, en primer lugar, a la enseñanza de diferentes disciplinas experimentales de interés para los estudiantes de ciencias, medicina o farmacia. Al frente de los mismos se colocaron destacadas figuras de la ciencia del momento, como Juan Negrín, Pío del Río Hortega, Luis Calandre, Paulino Suárez, José Ranedo, Antonio de Zulueta y el ya mencionado Antonio Madinaveitia. Uno de sus alumnos fue el destacado farmacólogo Rafael Méndez Martínez, que recuerda aquella época en sus memorias con las siguientes palabras: 328, donde utilizaba otros elementos del octavo grupo distintos del hierro, cobre y níquel, preparando negro de rutenio, rodio, osmio e iridio. 5 Así lo manifiesta su alumno Francisco Giral, futuro Catedrático de Química Orgánica aplicada a la Farmacia en la Universidad de Santiago de Compostela, que también realizó estudios de ampliación en Alemania, como estudiante en la Universidad de Munich y como investigador en el Kaiser Wilhelm Institut für medizinische Forschung de Heidelberg, trabajando dos años bajo la dirección de Richard Kuhn (discípulo de Willstätter). Según nos cuenta Giral: "Don Antonio ponía mucho interés en puntualizarnos que, a pesar de haber sido expulsado de la Universidad en Munich, donde se estaba gestando el movimiento hitleriano, en realidad los dirigentes de la ola antisemita eran los «junkers prusianos» que recogían el espíritu imperialista del Káiser con sus raíces étnicas para exaltar la raza aria". GIRAL, Francisco (1994), Ciencia española en el exilio (1939-1989), Barcelona, Anthropos, p. 314. 6 Un estudio más detallado de este y otros aspectos de la Química española a lo largo de los siglos XIX y XX se encuentra en LORA-TAMAYO, Manuel (1981), La investigación química española, Madrid, Alhambra. 7 RODRÍGUEZ CARRACIDO, José y MADINAVEITIA TABUYO, Antonio (1914), "Determinación cuantitativa de la colesterina en la sangre", Anales de la Sociedad Española de Física y Química, 12, p. 428. 8 RODRÍGUEZ CARRACIDO, José y MADINAVEITIA TABUYO, Antonio (1921), "Estudio químico de la salicaria", Anales de la Sociedad Española de Física y Química, 19, pp. 148-151. 3 “En la segunda mitad de los veinte hervía en trabajos entusiastas el laboratorio de Negrín de la Junta para Ampliación de Estudios que albergaba la Residencia de Estudiantes. Se contaba con una amplia biblioteca, y la planta baja y el sótano de uno de los pabellones albergaban laboratorios de investigación y de enseñanza en química, bacteriología, histología y fisiología, con maestros de la talla de don Juan Negrín, don Pío del Río Hortega y don Antonio Madinaveitia. Se me asignó una habitación en el cuarto pabellón, arriba de los laboratorios”9 Entre las investigaciones realizadas en este laboratorio destacan las colaboraciones con José Ranedo10, Fernando Díaz Aguirreche11 e Ignacio Ribas12. La labor de acercamiento a instituciones e investigadores extranjeros, propiciada desde los orígenes de la Junta para la Ampliación de Estudios, favoreció el contacto de Madinaveitia con el especialista francés Ernest Fourneau13, Director del Laboratorio de Química Terapéutica del Instituto Pasteur. Su estrecha relación personal y científica favoreció la venida de Fourneau a Madrid, como invitado de la Junta para la Ampliación de Estudios y la Facultad de Farmacia, para que dictara un curso sobre síntesis de medicamentos. Sus lecciones fueron recogidas en un libro sencillo y muy útil, tanto en la teoría como en la parte experimental, Síntesis de medicamentos orgánicos14, que tuvo una magnífica acogida entre investigadores y estudiantes. Fruto de esta relación con Fourneau fue una decantación de Madinaveitia hacia la síntesis orgánica de proyección farmacológica y la formación de una serie de discípulos ilustres que pasaron, sin excepción, por el Instituto Pasteur para completar su experiencia. Entre otros, cabe señalar a Ignacio Ribas Marqués, futuro catedrático de Química Orgánica en Salamanca y Santiago y a Francisco Giral, que luego sería catedrático de Química Orgánica en Santiago y, una vez exiliado, en la Universidad Nacional Autónoma de México. Catedrático de Química Orgánica en la Facultad de Farmacia de Madrid Tras más de una década de trabajo junto a Rodríguez Carracido y al frente del Laboratorio de Química de la Residencia de Estudiantes, Antonio Madinaveitia Tabuyo ganó la cátedra de Química Orgánica de la Facultad de Farmacia de Madrid en 1926. 9 MÉNDEZ MARTÍNEZ, Rafael (1987), Caminos inversos, México, Fondo de Cultura Económica. "Síntesis con derivados organosodados", Anales de la Sociedad Española de Física y Química, 1918, 16. 11 "Acción catalítica y magnitud micelar", Anales de la Sociedad Española de Física y Química, 1921, 19, trabajo donde se da cuenta de las investigaciones realizadas para determinar la influencia que tiene el tamaño de las disoluciones coloidales del oro en el poder catalítico necesario para la descomposición del agua oxigenada. 12 "Isomería de los ácidos difenilsuccínicos", Anales de la Sociedad Española de Física y Química, 1925, 23, pp. 96-99. 13 (Biarritz, 1872-París, 1949). Prestigioso farmacólogo, al que se considera fundador de esta disciplina en Francia, fue Director del Laboratorio de Química Terapéutica del Instituto Pasteur entre 1911 y 1949. Su descubrimiento más notable fue la estovaína, derivado arsenical activo contra la sífilis y ciertas tripanosomiasis. Introdujo en terapéutica el uso de las sulfamidas y estudió los primeros antihistamínicos de síntesis, así como diversas sustancias activas sobre el sistema neurovegetativo. 14 Madrid, Imp. Helénica, 1921. Dividido en dos partes, en la primera se describen el guayacol y la fenacetina, antipiréticos, antisépticos, anestésicos locales, hipnóticos, antisépeticos, derivados orgánicos del arsénico, derivados del mercurio, adrenalina, fosfátidos, ácidos nucleínicos y alcaloides, terminando con una revista de conjunto de productos farmacéuticos; en la segunda parte, se ofrecen unos consejos a los principiantes y se describe la síntesis de gran número de medicamentos orgánicos, con toda clase de detalles y datos, para poder reproducirlos con facilidad. 10 4 Como flamante catedrático, fue el encargado de pronunciar el discurso inaugural del curso académico 1927-1928 de la Universidad Central15, que dedicó a la enseñanza de la química orgánica en España pues, según sus propias palabras, aprovechaba la oportunidad que le brindaba la ceremonia de apertura del curso académico, momento en que la Universidad entraba en contacto directo con el país, para “exponer las dificultades con que tropezamos en la enseñanza [para lo cual] expondré algunos problemas relacionados con la enseñanza de la Química orgánica por serme los más conocidos; tendrán seguramente muchos puntos de contacto con los que se presentan en la enseñanza de otras ciencias experimentales”16 A lo largo de 47 páginas, Madinaveitia hace un lúcido análisis de la situación universitaria española, muy lejana a lo que él había tenido oportunidad de comprobar en sus estancias en el extranjero. La falta de presupuestos económicos destinados a la dotación de laboratorios experimentales en la universidad, unida a una incorrecta formación del alumnado, hacían del panorama español un erial científico que, sólo en los últimos años, se había intentado paliar: “Sería mi deseo interesar en este problema a los estudiantes, que es a quienes mas directamente atañe, pues de que salgan de la Universidad con una preparación mejor o peor, dependen en gran parte sus probabilidades de triunfo en la vida; a los padres de estos alumnos, a estos padres españoles a quienes en su inmensa mayoría no les interesa sino que sus hijos aprueben las asignaturas, preocupándose mucho menos de si aprenden o no; que creen que han cumplido con su misión dejando a sus hijos en posesión de un título académico, sin hacerse cargo de que aumentando como aumenta en estos últimos años el número de licenciados en todas las facultades, el título va perdiendo en valor; y en la competencia natural que ha de establecerse entre los profesionales, triunfarán aquellos que estén mejor preparados. Y sobre todo, pienso en la masa de nuestros compatriotas, pues de que sea mejor o peor la enseñanza de la Química orgánica, de que haya buenos químicos o farmacéuticos con formación de Química orgánica, depende buena parte de la prosperidad y bienestar del país”17 Aprovechó la oportunidad, asimismo, para denunciar la falta de industrias farmacéuticas y químicas, circunstancia que repercutía de manera directa en la economía del país, tal y como comenta al inicio de su discurso: “Recuerdo el triste efecto que me produjo ver obtener en una gran fábrica francesa sales de litio partiendo de minerales españoles, oyendo, además, decir que buena parte de ellas volvían a España para ser vendidas. Es verdad que la industria farmacéutica no puede desarrollarse sola, que es una consecuencia de la gran industria química, como han aprendido a costa propia los franceses; y es que en España debiera existir esta gran 15 MADINAVEITIA Y TABUYO, Antonio (1927), La enseñanza de la química orgánica: discurso leído en la solemne inauguración del curso académico de 1927 a 1928, Madrid, Impr. Colonial. 16 Ibídem, pp. 8-9. 17 Ibídem, p. 9. 5 industria, puesto que tenemos todos los elementos esenciales; si no existe, es porque faltan químicos”18 Pese a las reformas planteadas por los científicos españoles durante las primeras décadas del siglo XX aún quedaba mucha tarea por hacer, fundamentalmente, porque se necesitaba que la universidad se involucrase de forma directa en esta incipiente labor de renovación. El caso más evidente, en este sentido, es el expuesto por Madinaveitia al recordar que, cuarenta años antes, su maestro José Rodríguez Carracido había planteado en la misma tribuna, la misma denuncia: “Hoy hace cuarenta años que ocupaba este mismo lugar nuestro Rector honorario, D. José Rodríguez Carracido, el maestro de muchas generaciones de farmacéuticos, que desempeñaba entonces la cátedra de Química orgánica. En un brillante discurso exponía el estado de la enseñanza de las ciencias experimentales en España, haciendo ver cómo esta enseñanza, en realidad, no existía en nuestro país, por carecer la Universidad de los medios y de los locales necesarios para darla. Cuarenta años después, un discípulo suyo, su sucesor en la cátedra de Química orgánica, tiene que volver a señalar aquí los mismo defectos, esta vez aumentados, porque además de haber más que doblado el número de alumnos, y de haberse hecho mucho más complicados los métodos de estudio de la Química orgánica, el local de que disponemos para dar la enseñanza práctica, la parte de la enseñanza que más importa en una ciencia experimental, es de una extensión igual a la que tenía el de Carracido. ¡Cuánto nos ha de costar ganar este retraso, por lo menos de medio siglo, que llevamos en Química con respecto a los demás países!19 [...] Esperemos que dentro de cuarenta años no vuelva a ocupar este puesto un nuevo catedrático de Química orgánica de la facultad de Farmacia para decirnos que por falta de medios esta enseñanza no existe aún en España. Entonces será ya demasiado tarde para corregir nuestros errores”20 Proféticas palabras de las que el propio Madinaveitia sería protagonista y testigo. Fue en esta época cuando Madinaveitia comienza sus estudios sobre la plumbagina, producto aislado de las partes aéreas y de los rizomas de Plumbago europea. Se inició en 1928, cuando publica con M. Gallego un trabajo acabado de sistematización analítica y posterior de síntesis21, labor que seguirá al lado de Jesús Sáenz de Buruaga22. La plumbagina, una naftoquinona natural empleada en el tratamiento de la Leishmaniasis, había sido descrita un siglo antes por el farmacéutico Dulong, aunque no fue capaz de cristalizarla. Esta tarea ocupó a Madinaveitia y sus alumnos hasta el año 18 19 Ibídem, p. 10. Ibídem, p.13. 20 Ibídem, p. 47. 21 MADINAVEITIA Y TABUYO, Antonio y GALLEGO, M. (1928), “ Estudio de la plumbagina”, Anales de la Sociedad Española de Física y Química, 26, pp. 263-270. 22 MADINAVEITIA Y TABUYO, Antonio y SÁENZ DE BURUAGA, Jesús (1929), “Estudio de algunos derivados de las metil-naftalinas”, Anales de la Sociedad Española de Física y Química, 27, pp. 647-658. De hecho, este fue el tema de tesis doctoral presentado por Sáenz de Buruaga un año después: SÁENZ DE BURUAGA Y SÁNCHEZ, Jesús (1930), Estudio de la efedrina del tolueno y contribución al conocimiento de la plumbagina, Madrid, C. Bermejo. 6 193423, cuando se publicaron algunos trabajos que fueron reconocidos a nivel mundial y citados en la bibliografía internacional. El Instituto Nacional de Física y Química Madinaveitia compaginó, a partir de 1932, su actividad docente con la dirección del Laboratorio de Química Orgánica del recién nacido Instituto Nacional de Física y Química. Esta nueva institución tenía sus orígenes en el Laboratorio de Investigaciones Físicas que la Junta para la Ampliación de Estudios había fundado en 1910, hito en el desarrollo de la física y química modernas españolas. Desde su fundación, fue dirigido por Blas Cabrera y Felipe, el más destacado físico que ha tenido la disciplina en España. Estaba constituido por cuatro secciones: Espectrometría y Espectrografía, Química y Física, Electricidad y Metrología. En sus dos primeros años de vida se publicaron diez trabajos salidos de sus laboratorios, producción que se incrementaría exponencialmente en los años subsiguientes. En 1924 visitaba Europa una comisión de la Internacional Education Board (Fundación Rockefeller) con el propósito de financiar tareas distinguidas de producción intelectual europea. Se ha dicho que recaló en España con la intención de conocer al prestigioso grupo español cuyos trabajos histórico-filológicos eran reconocidos internacionalmente pero, al ver la destacada labor realizada por el Laboratorio de Investigaciones Físicas, pese a la escasez de espacio y medios, decidió recomendar una donación al Estado español para que este grupo de investigadores dispusiera de los instrumentos y locales que su esfuerzo merecía. Con tal motivo, la Fundación Rockefeller libró 420.000 dólares y, en 1928, dos distinguidos científicos del Laboratorio, Enrique Moles y Miguel Catalán, junto a los arquitectos Sánchez Arcas y Lacasa, viajaron por Europa para documentarse sobre los últimos adelantos en organización y arquitectura de edificios científicos24. El 2 de febrero de 1932 se inauguró oficialmente un soberbio edificio, funcional y vanguardista, donde se albergaría, desde ese mismo momento, el Instituto Nacional de Física y Química, nueva denominación del hasta entonces Laboratorio de Investigaciones Físicas. Quedó organizado en seis secciones: Electricidad y Magnetismo, dirigida por Blas Cabrera; Rayos Roentgen, dirigida por Julio Palacios; Espectroscopía, dirigida por Miguel Ángel Catalán; Química-Física, dirigida por Enrique Moles; Química orgánica, dirigida por Antonio Madinaveitia y Electroquímica, dirigida por Julio Guzmán. La sección de Madinaveitia contó con cuatro becarios y diez colaboradores25. La culminación de un período: el IX Congreso Internacional de Química Pura y Aplicada Como remate de esta época brillante en la química española, de la que Madinaveitia fue un representante destacado, la primavera de 1934 fue testigo de la celebración, en 23 Destacan las aportaciones de Francisco GIRAL (1933), "Derivado del 2-metil naftaleno", Anales de la Sociedad Española de Física y Química, 31, p. 861 y la tesis doctoral inédita de Eladio OLAY CABAL (1934), Desmotropía de algunos naftoles, Universidad de Madrid, Facultad de Ciencias. 24 BONET CORREA, Antonio (1982), “El Edificio Rockefeller”, en: Cincuenta años de Investigación en Física y Química (1932-1982), Madrid, C.S.I.C. 25 Los becarios fueron Francisco García González, Eladio Olay, León Lemmel y José Luis Gómez Caamaño; los colaboradores, José Cerezo, M. Gil, E. Gómez Mujica, G. Iglesias, E. Milheiro, Luis Socías Miñals, Juan Madinaveitia, M. Zúñiga, T. Catalán y Mª C. Gómez Escobar. OTERO CARVAJAL, Luis Enrique (2001), “La destrucción de la ciencia en España. Las consecuencias del triunfo militar de la España franquista”, Historia y Comunicación Social, 6, pp. 149-186. 7 Madrid, del IX Congreso Internacional de Química Pura y Aplicada, primero que se celebraba después de la guerra europea. Mil doscientos congresistas, procedentes de treinta países de tres continentes, y doscientos setenta y cuatro trabajos publicados, de los cuales noventa y seis eran españoles, fueron las cifras de un Congreso realizado gracias a las extraordinarias capacidades organizadoras del profesor Enrique Moles, químico de gran fama internacional y figura cumbre de la Química Inorgánica española, a cuyo talento y rigor se debe la creación de numerosos datos atómicos26. Fue tal el éxito del Congreso que la Unión Internacional de Química Pura y Aplicada (IUPAC) le eligió vicepresidente del Comité. Para garantizar el éxito del Congreso, el propio Moles organizó un año antes una reunión preparatoria en el marco de la Universidad Internacional de Verano (Santander), fundada en 1932 para la convivencia en un plano internacional de estudiantes y maestros extranjeros y españoles. Esta reunión, celebrada en el verano de 1933, contó con un grupo de científicos españoles y extranjeros, entre los que se encontraban personalidades tan destacadas como Hans von Euler, de la Universidad de Estocolmo, premio Nobel de Química en 1929 por sus investigaciones en la fermentación del azúcar y las enzimas fermentativas, que dictó una conferencia sobre vitaminas, o el ya mencionado Willstätter, que vino por mediación de su antiguo discípulo Madinaveitia, y que dictó una conferencia sobre fermentos. ETAPA MEXICANA (1939-1974) La actividad de Antonio Madinaveitia, al igual que la de todos sus colegas científicos, se vio paralizada y, finalmente, cercenada con la guerra civil y posterior dictadura de Franco, que dio al traste con la labor desarrollada durante tres décadas y que había supuesto la reincorporación de España al panorama internacional de la Ciencia. Todos los hermanos Madinaveitia abandonaron España a través del País Vasco, origen de la gran familia Madinaveitia, con sus mujeres e hijos, excepto José, que ya estaba en París. Asenchi, la hija de Antonio, nos contó cómo, en el camino, andando en el país vecino, los naturales les ofrecían a todos los que pasaban lo necesario para continuar o dormir, no escaseaba esta ayuda, conscientes los franceses de la tragedia de la que se huía. Familias enteran caminando con sólo lo puesto encima, con algunos hatillos, cansados, hambrientos, veían en los habitantes de Francia una esperanza y, al poco, una satisfacción al comprobar tanta generosidad. Afortunadamente, a la familia Madinaveitia les unía una gran amistad con el entonces Rector de la Universidad de la Sorbona. Enterado éste de las vicisitudes, no dudó un minuto en alojarles durante los dos meses de verano en el hotel que solía alquilar todos los años en la costa atlántica. Tras este tiempo, dieron el salto a México. Al llegar a México como exiliado, en 1939, Antonio Madinaveitia desplegó ideas muy originales que fueron de gran provecho para el país, tal y como nos cuenta su antiguo discípulo Francisco Giral, exiliado como él27. Decidió no ocuparse de su labor personal, abandonando la investigación y la publicación, y dedicándose a la doble labor de explotar los recursos naturales del país y formar a jóvenes mexicanos para la investigación superior. 26 Sobre Moles hay una abundante bibliografía, destacando las siguientes obras: BERROJO JARRIO, R. (1980), Enrique Moles y su obra, Barcelona, 3 vols.; MOLES CONDE, Enrique (1975), Enrique Moles, un gran químico de España, Madrid; NOGAREDA, Carlos (1983), En el centenario del profesor Moles, Salamanca; PÉREZ-VITORIA, Augusto (1985), Enrique Moles, la vida y la obra de un gran científico español, Madrid; PÉREZ-VTORIA, Augusto (1986), La Era Moles en la química española, Santander y PÉREZ-VITORIA, Augusto (1991), Un químico y una exposición: Enrique Moles, Santander. 27 GIRAL (1994), p. 315. 8 Actividad universitaria Imaginamos que, pese al exilio forzado, Antonio Madinaveitia encontró un gran aliciente en el prometedor futuro académico que se le ofrecía en México. Así parece desprenderse de las palabras que manuscribió en un álbum dedicado al Presidente Lázaro Cárdenas en diciembre de 1940, con motivo del término de su mandato presidencial: "Me es muy grato manifestar al general D. Lázaro Cárdenas mi agradecimiento profundo, como universitario español, por la atención que con nosotros ha tenido, dándonos la posibilidad de salir de los horrores de Europa, donde todo trabajo de investigación científica es actualmente imposible, para traernos a laborar en este país hermano. En México, los químicos hemos encontrado, además de una cantidad grande de materias primas por estudiar, una tradición muy interesante tanto en la antigua civilización indígena como en la historia de sus Centros de cultura. El medio científico es muy semejante al nuestro y hemos podido desde el primer momento colaborar en él sin dificultad. El exilio de esta colaboración, si llega, como espero, a ser fructífero para nuestra cultura, se deberá a su promotor"28 Su actividad académica mexicana despegó tan sólo dos años después de su llegada, cuando, en 1941, se creaba en la Universidad Autónoma de México, con fondos provenientes de la Casa de España y del Banco de México, el Instituto de Química. Esta nueva institución venía a llenar el vacío de investigación química que existió durante muchos años, a la vez que llenó el vacío sentido por muchos de los exiliados españoles, formados en esta disciplina. El primer director del Instituto fue Antonio Madinaveitia, máxima figura de la química exiliada española. El Instituto de Química fue uno de los primeros centros de investigación que se fundaron en la Universidad gracias a la estrecha colaboración existente entre Madinaveitia y el entonces director de la Escuela de Química, Fernando Orozco. La primera generación de doctores formados por Madinaveitia ha sido la impulsora de la investigación química de alto nivel en México29. Madinaveitia encontró en suelo mexicano el caldo de cultivo apropiado para llevar a cabo sus ideales pedagógicos. Ya en su discurso inaugural de 1927 manifestaba el interés que mostraban los países iberoamericanos por desarrollar las enseñanzas químicas, circunstancia que no observaba en su España natal: "estamos obligados a mantener nuestro rango científico, a no irnos quedando indefinidamente atrás; está nuestro interés en seguir lo más cerca posible a los países que figuran a la cabeza de la Química. Debiera preocuparnos también el modo de atraer alumnos extranjeros: los de Iberoamérica. Si queremos conseguir algo en este sentido, hemos de darnos mucha prisa; los sudamericanos han estudiado en Europa las organizaciones de enseñanza eficaces, han puesto toda su voluntad y su 28 29 GIRAL (1994), pp. 316-317. Una mayor información sobre el trabajo académico de Antonio Madinaveitia en el Instituto de Química puede consultarse en Exilio español y ciencia mexicana. Génesis del Instituto de Química y Laboratorio de Estudios Médicos y Biológicos de la Universidad Nacional Autónoma de México, 1939-1945, México, El Colegio de México y la Universidad Nacional Autónoma de México, 2000. 9 dinero para copiarlas, han llevado profesores extranjeros, y si aquí no se arreglan pronto las cosas, antes de muchos años, su cultura química será superior a la nuestra. Yo no he estado en Sudamérica, pero he tenido algún alumno formado en universidades argentinas, y he sufrido la tristeza de poder comparar su formación con la de nuestros alumnos"30 Un año antes de fundarse este Instituto, Antonio Madinaveitia había sido invitado por el Rectorado de la Universidad Michoacana para impartir un curso en la nueva Universidad de Primavera "Vasco de Quiroga", nacida a imagen y semejanza de la malograda Universidad de Verano "Marcelino Menéndez Pelayo" española31. El primer programa de la Vasco de Quiroga, denominado El Siglo XX, estuvo orientado a hacer una revisión de diversos aspectos científicos, tecnológicos y culturales, caracterizados por las crisis ocasionadas por las grandes confrontaciones bélicas de las cuatro primeras décadas del siglo XX. El temario de los cursos correspondientes a 1940 quedó organizado en dos bloques: uno correspondiente a la Teoría y otro a los Hechos. Tanto en este primer programa, como en los que tuvieron lugar en años posteriores, participaron intelectuales mexicanos al lado de los españoles exiliados en México. Entre ellos, figura Madinaveitia, encargado de impartir un curso que, bajo el título de La Nueva Química, quedaba enmarcado en el bloque correspondiente a la Teoría. Las lecciones del curso dieron lugar a un libro que fue publicado en 1942 en las ediciones encuadernables de El Nacional32. Actividad científica Fiel a sus ideales, Antonio Madinaveitia fue asesor químico de la compañía privada organizada por Antonio Sacristán para financiar la creación de nuevas industrias, entre otras, la gran fábrica de álcalis Sosa Texcoco, en la que el otrora catedrático de Química orgánica desplegó una fecunda actividad para producir sosa, carbonato y bicarbonato de sodio a partir del fondo salino del lago Texcoco, en las afueras de la ciudad de México. El fondo del lago esta constituido por un sesquicarbonato sódico llamado tequesquite, que requiere gran habilidad técnica y muchos conocimientos científicos para un buen resultado. Ambas circunstancias concurrían en Madinaveitia, que desarrolló una moderna tecnología del tequesquite, utilizada por la empresa Sosa Texcoco desde sus orígenes, en 1942. 30 31 MADINAVEITIA (1927), p. 13. El origen de esta Universidad de Primavera debe buscarse en los eventos conmemorativos del IV Centenario de la fundación del Colegio de San Nicolás, antecedente de la Universidad Michoacana. Fue en agosto de 1939 cuando el entonces estudiante de Filosofía Juan Hernández Luna sugirió al Rector Natalio Vázquez Pallares realizar un programa de actos semejantes a los desarrollados en España, en la Universidad Internacional de Verano. La propuesta fue considerada y, en el mes de enero de 1940, se publicaron los objetivos centrales del programa académico a desarrollar en la Universidad de Primavera: por una parte, dar a los estudiantes de las escuelas profesionales y técnicas de México, la oportunidad de cultivarse en ciencias y disciplinas que presentasen el panorama general de la cultura actual del mundo; por otra, realizar en forma efectiva el intercambio universitario por medio de la convivencia material y cultural de profesores y estudiantes de todos los institutos de cultura superior del país. SÁNCHEZ DÍAZ, Gerardo (2002), "Las Voces del Exilio Español en Morelia. Científicos y Humanistas en la Universidad Michoacana. 1938-1943", en: SÁNCHEZ ANDRÉS, Agustín y FIGUEROA ZAMUDIO, Silvia (coords.), De Madrid a México. El exilio español y su impacto sobre el pensamiento, la ciencia y el sistema educativo mexicano, Madrid, Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo y Comunidad de Madrid. 32 MADINAVEITIA Y TABUYO, Antonio (1942), La Nueva Química, México, Ediciones Encuadernables de El Nacional. 10 Su legado Una vez superados los primeros años de exilio, Antonio Madinaveitia se dedicó a formar generaciones de químicos mexicanos. Los primeros doctores fueron Alberto Sandoval Landázuri, que sustituyó al maestro en la dirección del Instituto de Química; Jesús Romo, uno de los más originales químicos mexicanos, cuya brillante carrera se vio truncada por su temprano fallecimiento; y José F. Herrán, que fue director de la Facultad de Química y creador de la División de Estudios Superiores. Tal y como había manifestado, recién llegado a México, decidió no volver a publicar nada y se mantuvo fiel a su palabra. Ni siquiera consintió poner su nombre en las publicaciones de sus primeros alumnos, aunque se le convenció para que revisase las de algunos de ellos. Su firma sólo apareció en el ya mencionado curso michoacano sobre la Nueva Química, en la traducción y prólogo de La fabricación de los alcaloides, del suizo J. Schwyzer33 y en las dos biografías de su maestro alemán Richard Willstätter y su director de Madrid Blas Cabrera publicadas en la revista Ciencia34. 33 Editado por La Casa de España en 1941, se trata de uno de los libros más útiles para la preparación práctica de alcaloides en la industria y el laboratorio. 34 "El Profesor Richard Willstätter", Ciencia, 1942, 3, p. 320 y "Don Blas Cabrera Felipe", Ciencia, 1945, 6, p. 241. Esta última ha sido reproducida en PUIG-SAMPER, Miguel Ángel (2002), "La Revista Ciencia y las primeras actividades de los científicos españoles en el exilio", en: SÁNCHEZ ANDRÉS, Agustín y FIGUEROA ZAMUDIO, Silvia (coords.), De Madrid a México. El exilio español y su impacto sobre el pensamiento, la ciencia y el sistema educativo mexicano, Madrid, Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo y Comunidad de Madrid, pp. 277-328. 11